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jueves, 13 de febrero de 2025

Fachada renovada de la Casa Vella en la calle Roteros //

De mítica discoteca a hotel de lujo en Valencia
Pablo Alcaraz | Las Provincias, 2025-02-13

https://www.lasprovincias.es/valencia-ciudad/mitica-discoteca-valencia-hotel-20250212193504-nt.html

La antigua discoteca Casa Vella de Valencia, uno de los símbolos de la 'movida' del Carmen, está a un sólo paso de convertirse en todo un hotel de lujo y se espera que pueda abrir sus puertas a lo largo de este año. De la mano de la disruptiva cadena hotelera Axel Hotels, los números 23 y 25 de la calle Roteros y la esquina con Pintor Fillol sufrirán un lavado de cara con la revolución de su uso. Durante este 2025 se pondrá en marcha un nuevo alojamiento turístico 'gay-friendly', es decir, amigable con la comunidad LGTBI, «pero abierto a todo el mundo», tal y como reza el lema de la empresa gestora.

La Casa Vella y su edificio colindante pasarán a convertirse en un alojamiento hotelero de cuatro estrellas con capacidad para albergar en su interior un total de 72 habitaciones. Además, entre las dependencias de sus cinco alturas habrá diferentes servicios para el disfrute de los alojados como un bar-restaurante, un 'área para el bienestar' equipada con gimnasio para hacer fitness o instalaciones destinadas al relax de sus inquilinos como un spa y una terraza con piscina.

«El futuro Axel Hotel Valencia estará situado en el barrio del Carmen, referencia del ocio nocturno de la ciudad y ubicado en un edificio histórico que fue una antigua casa señorial», enuncia la web de la empresa gestora que resume dichas cualidades en que el enclavamiento del alojamiento se encuentra en «ambiente e historia de una ciudad de vanguardia».

La reforma integral que ha sufrido el recinto en los últimos tiempos se hace patente a un simple golpe de vista. El número 25 de la calle Roteros ha pasado del abandono, el deterioro y de estar carcomido por los grafittis a tener una nueva capa de pintura azul en la fachada alrededor de un portón de madera. Gracias al buen ritmo de avance de las obras, se intuye que el recinto puede estar abierto al público más pronto que tarde. Según puede apreciarse en el trasiego de los operarios encargados de la reforma cuando alguna de las puertas de la finca se mantiene abierta, el interior del complejo ya estaría amueblado y decorado.

La apertura se esperaba como agua de mayo después de que el proyecto de rehabilitación estuviera parado durante casi seis años por culpa del laberinto burocrático interadministrativo, las acciones acometidas y la documentación presentada por la encargada de la reforma con el contenido del plan especial de protección patrimonial de Ciutat Vella. Además, la presión vecinal por parte de la asociación Amics del Carme se materializó en una denuncia por presuntas «irregularidades» en el expediente relativas al cambio de uso del inmueble de residencial plurifamiliar a terciario hotelero allá por agosto de 2019 dejando los trabajos en el dique seco.

En 2023, el Ayuntamiento, aún por aquel entonces en manos del Rialto, terminó decidió desestimar la alegación presentada por los vecinos y seguir adelante con el reacondicionamiento. Cabe recordar que el edificio Casa Vella, el número 25 de la calle Roteros, cuenta con protección parcial y está catalogado como Bien de Relevancia Local (BRL) mientras el bloque número 23 de la misma vía ostenta el nivel de protección 3. Según la versión de los vecinos, en la normativa municipal para la defensa patrimonial de Ciutat Vella se plasmas que «queda rotundamente prohibido que los edificios BRL inscritos en el Inventario General de Patrimonio Cultural Valenciano puedan agregarse, unirse o conectarse funcionalmente a edificios contiguos»,

Cadena 'gay-friendly'

Axel Hotels es una cadena disruptiva, o mejor dicho, lo lleva siendo desde su creación allá por el año 2003 en Barcelona. En sus más de dos décadas de vida, la firma catalana ha conseguido abrir más de una decena de establecimientos por todo el mundo y tiene en mente inaugurar otros dos durante este ejercicio en Valencia y Oporto. En el resto de territorio nacional hay abiertos dos hoteles en Barcelona, Madrid, Maspalomas (Canarias), Ibiza, Bilbao y San Sebastián. En el resto de Europa, también cuentan con dos sedes en Berlín y una en Venecia mientras que al otro lado del Atlántico también han llegado a Miami (Estados Unidos), La Habana (Cuba) y Buenos Aires (Argentina).

Bajo el lema 'Celebrating freedom inside' la Axel Hotels dice no ser una cadena hotelera como el resto, sino que su reputación se basa en que las personas «no buscan sólo un sitio en el que pasar la noche, sino un hogar en el que ser ellas mismas»: «Diseñamos y promovemos espacios seguros, en los que la diferencia no solo se respeta, sino que se celebra», rematan mientras se recuerda que pese defender los valores LGTBI y queer también es 'heterofriendly'.

La propia compañía hotelera se define como como «un lugar en el que solo cabe la libertad en el más amplio sentido de la palabra. Un paraíso sin etiquetas ni estigmas de ningún tipo, que va más allá de las paredes de un edificio».

jueves, 16 de enero de 2025

#hemeroteca #gaypitalismo | Una asociación critica ante el Ayuntamiento que un hotel gay de Bilbao fomente el «capitalismo rosa»

Ecuador Etxea / Concentración contra el Hotel Axel en Bilbao //

Una asociación critica ante el Ayuntamiento que un hotel gay de Bilbao fomente el «capitalismo rosa»

El colectivo cuestiona el proyecto porque «impulsa la 'gentrificación' en uno de los barrios más precarizados y oprimidos de la ciudad»
María de Maintenant | El Correo, 2025-01-16
https://www.elcorreo.com/bizkaia/asociacion-critica-ante-ayuntamiento-hotel-gay-bilbao-20250116140016-nt.html 

El colectivo EHGAM (Euskal Herriko Gay Askapen Mugimendua) ha presentado un recurso en el Ayuntamiento de Bilbao contra el Hotel Axel porque «fomenta el capitalismo rosa e impulsa la 'gentrificación' en uno de los barrios más precarizados y oprimidos de la ciudad». El local, situado en el Muelle de La Merced, está dirigido -no exclusivamente- al colectivo LGTBI+.

En una rueda de prensa celebrada este jueves en las inmediaciones del edificio, han criticado que «mucha gente tiene que irse del barrio de San Francisco, Bilbao La Vieja y Zabala porque no pueden pagar el alquiler o una casa, y la emancipación de los jóvenes se ha convertido en una misión imposible», han denunciado Daniela Becerra e Ibai Fresnedo, miembros de la asociación. Han añadido, además, que la construcción de estos edificios está diseñada para atraer «a un turismo gay, blanco y rico».

EHGAM registró el pasado junio un escrito en el Consistorio denunciando las irregularidades del hotel, «pero ha recurrido al silencio administrativo». «No intentan garantizar el derecho a una vivienda digna. Va en sentido contrario porque impulsa proyectos turísticos que elevan los precios de los pisos. Se necesitan verdaderas políticas sociales para combatir el 'sinhogarismo' y la precarización», han reprochado. El colectivo se ha mostrado contrario a la construcción de este tipo de proyectos, porque, según indican, «promueven un plan lucrativo y se olvidan de las políticas públicas reales que demanda el colectivo LGTBI+ de la ciudad».

«El capitalismo rosa va en contra de la comunidad. Sus políticas se basan en hacer negocio con nuestras vidas», han denunciado. Además, explican que el barrio cada vez cuenta con más viviendas turísticas y pocas disponibles para alquilar. «Ante la situación actual, EHGAM pide que se proceda al cierre del Hotel Axel».

Por su parte, Ortzadar LGBT, asociación organizadora del BBHARRO, explica en un comunicado que «lamenta que una organización como EHGAM, que fue referente en la lucha por los derechos del colectivo LGBTI+ en pleno franquismo, actualmente priorice intereses en clave partidista, atacando a otras organizaciones LGBTI+ en vez de trabajar por buscar puntos en común que nos unan contra el discurso del odio de la extrema derecha y de los movimientos antiderechos».

Y TAMBIÉN...
Piden el cierre del Hotel Axel de Bilbao: atrae turismo «gay, blanco y rico»

EHGAM junto a otros colectivos denuncian las irregularidades que rodean su construcción, la “alfombra roja” que le ha puesto el Ayuntamiento, fomentando un Turismo que gentrifica y expulsa a la gente del barrio.
Laura Fontalba | Ecuador Etxea, 2025-01-16
https://www.ecuadoretxea.org/piden-el-cierre-del-hotel-axel-de-bilbao-atrae-turismo-gay-blanco-y-rico/

miércoles, 19 de junio de 2024

#hemeroteca #lgtbi #gentrificacion | EHGAM denuncia que el Ayuntamiento de Bilbo ampara irregularidades del Hotel Axel

Comparecencia de varios colectivos ante las obras del Hotel Axel en Bilbao //

EHGAM denuncia que el Ayuntamiento de Bilbo ampara irregularidades del Hotel Axel

EHGAM denuncia las irregularidades que el Ayuntamiento de Bilbo está permitiendo en la construcción del Hotel Axel y pide que se corrijan. Varios colectivos critican las políticas municipales que están acrecentando la gentrificación de «uno de los barrios más precarizados y oprimidos».
Naiz, 2024-06-19
https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20240619/ehgam-denuncia-que-el-ayuntamiento-de-bilbo-ampara-irregularidades-del-hotel-axel

EHGAM, junto a otros colectivos, ha denunciado este miércoles que el Ayuntamiento de Bilbo está amparando irregularidades en la construcción del Hotel Axel, que se ubica en el muelle de la Merced. Asimismo, cuestionan que estos proyectos impulsan aún más la gentrificación de este centro histórico.

Representantes de EHGAM, acompañados de integrantes de la Coordinadora de Grupos de San Francisco, Bilbao la Vieja y Zabala, Koloretxe, Lady Festa, Raízes, Sare Lesbianista y Steilas, han comparecido ante las obras de construcción del Hotel Axel, en el muelle de la Merced número 4, para denunciar irregularidades que han detectado en el proyecto. Han citado los vuelos de las balconadas –que no deberían superar los 1,2 metros, según el Plan Especial de Rehabilitación y Reforma Interior de Bilbao la Vieja–, y sin embargo alcanzan los 2 metros de longitud.

En un recurso presentado se advierte de que se ha levantado una planta más de las permitidas por el Plan, con el permiso del Consistorio. Ante esas irregularidades, han solicitado que se revise de oficio la licencia de obras y se obligue a su subsanación.

Gentrificación
Han cuestionado proyectos como el Hotel Axel, dirigido «a un turismo gay, blanco y rico», que impulsan la gentrificación de «uno de los barrios más precarizados y oprimidos» de Bilbo. Han acusado al Ayuntamiento de poner «una alfombra roja» a la cadena hotelera. En 2019, han recordado, en un Europride impulsado por el plan Bilbao Bizkaia Harro, al que no acudió ningún colectivo LGTBI+, su gerente impartió «una serie de conferencias vendiendo el capitalismo rosa como un modelo de éxito»-

El grupo sexo disidente se opone a proyectos como este, «que no hacen sino promover un plan lucrativo, olvidándose de las políticas pública reales que demanda el colectivo LGTBI+». «El capitalismo rosa va en contra de la comunidad. Sus políticas se basan en hacer negocio con nuestras vidas», han denunciado. «Es un paso más en la gentrificación que ya sufre el barrio, con bastantes viviendas turísticas y muy pocas viviendas disponibles para alquilar», han expuesto.

viernes, 1 de julio de 2022

#hemeroteca #gais #gaypitalismo | Cómo el colectivo LGTBI y los 80 han cambiado Chueca, Malasaña o Lavapiés

Idealista / Plaza de Chueca //

Cómo el colectivo LGTBI y los 80 han cambiado Chueca, Malasaña o Lavapiés.

Carlos Lospitao / David Marrero | Idealista, 2022-07-01

https://www.idealista.com/news/inmobiliario/vivienda/2022/07/01/797682-como-el-colectivo-lgtbi-y-los-80-han-cambiado-chueca-malasana-o-lavapies 

Este viernes Vuelve el Orgullo LGTBIQA+ a las calles de la capital. Madrid acogerá las fiestas del Orgullo después de dos años marcados por la pandemia. Este año, MADO Madrid Orgullo está enmarcado en las celebraciones que la Asociación Europea de Organizadores de Orgullo (EPOA) ha elaborado con motivo del 30 Aniversario del primer EuroPride, el cual se celebró en 1992 en Londres.

El pistoletazo de salida del MADO 2022 estará marcado por los actos y eventos en los locales de Chueca. Un barrio perteneciente al distrito Centro y que desde hace un poco más de 30 años se ha convertido en un lugar de referencia para este colectivo. “La zona de Chueca y Malasaña cobró especial relevancia en los años 80 al convertirse en el lugar de residencia del colectivo LGTBI. Con su llegada, lo que era un barrio céntrico, pero algo anticuado, se modernizó hasta el punto de traer hasta sus calles las tiendas y los locales más ‘cool’. Un lugar donde comenzaron a acudir, no sólo dicho colectivo sino todo madrileño ávido de acudir a los locales y tiendas más vanguardistas de la capital”, afirma Carmen Tomás, directora del distrito Centro en Engel & Völkers Madrid.

La realidad es que desde la década de los 80 estos barrios no han dejado de reinventarse. “Este vanguardismo y estandarte de la modernidad ha hecho, con el paso de los años, que se haya convertido en una de las zonas más demandadas para vivir y no sólo para el público nacional, sino para un perfil de cliente internacional que busca un pied-à-terre (casa de vacaciones) en Madrid, o con fines de inversión al destinar los inmuebles que adquieren al alquiler”, añade Tomás.

La evolución de estos barrios ha ido más allá de sus fronteras y ha comenzado a expandirse por otras zonas de Madrid. “La influencia de esta fiebre por la vanguardia, no se queda sólo en Chueca y Malasaña, sino que se ha extendido a la zona de Lavapiés, perteneciente al barrio de Embajadores, tan en auge estos últimos años y que lo han convertido en el objeto de deseo de parejas jóvenes e inversores”, asevera la directora del distrito Centro de Engel & Völkers Madrid.

Unas zonas a las que próximamente se podrían unir otras, según apuntan algunas voces del mercado. “El efecto expulsión que puede provocar el alto precio del alquiler facilitará que áreas próximas como Arganzuela y todos los barrios colindantes a Madrid Río absorban la demanda insatisfecha del Centro”, relata Ángel Matarranz, agente y team leader de RE/MAX Urbe.

Con estudios universitarios y sin hijos
Con respecto al perfil de público que se interesa por estas zonas, los dos agentes coinciden en muchos aspectos de su descripción. “Suelen ser ‘singles’ o parejas que quieren disfrutar de la vida del centro de Madrid o con perfil de inversores que buscan la máxima rentabilidad. Y este público objetivo ha revalorizado estos céntricos barrios de la capital”, explica en este sentido Tomás. “El inquilino tipo de estos barrios es una pareja, frecuentemente gay, de entre 30 y 40 años, sin hijos, con mascota, con estudios universitarios y trabajos intermedios. Otros perfiles habituales son solteros, divorciados, profesionales liberales y ocasionalmente jóvenes para compartir”, añade Matarranz.

Con respecto a la evolución de la oferta y precios reciente, el agente de Remax señala los efectos del covid-19 para justificar una caída en 2020 para acabar en una sobredemanda en 2022. “Durante el confinamiento de 2020 y los meses posteriores se produjo un aumento drástico de la oferta en barrios del distrito Centro como Chueca, Malasaña y Lavapiés, debido a que muchos inquilinos dejaron Madrid para irse a sus lugares de origen o a ubicaciones en las afueras. Esto provocó una caída de precios muy intensa, rápida, pero también muy corta. A partir del inicio de 2021 la demanda de alquiler en estos mismos barrios se recuperó con fuerza pasando de sobreoferta en 2020 a sobredemanda en la actualidad”, relata.

“Hay muchos tipos de propietarios en esas zonas, lo que más me he encontrado es gente que lleva viviendo más de 20 años en su casa y ahora decide vender para irse a las afueras o fuera de Madrid… Sobre los inquilinos, por norma general son gente joven que comparten piso, estudiantes o trabajadores”, afirman desde Gilmar.

Además, Matarranz explica que en estas zonas predomina el alquiler por encima de la compra de vivienda. “Se producen más transacciones de alquiler que de compra, y las compraventas en estos barrios suelen ser precisamente como inversiones para reformar y vender o alquilar. Hay bastante rotación de inquilinos, con duraciones medias entre 1 y 3 años”, afirma.

“Antes de ser denominados "barrio gay", había mucho menos movimiento de alquiler, atrayendo menos inversión y con un parque residencial y comercial obsoleto. Desde entonces hasta ahora, el mercado gay ha mejorado notablemente la imagen de los barrios, lo cual se aprecia en los diseños y calidades tanto de viviendas como de locales y comercios. Este glamour ha incidido de manera directa tanto en los precios como en el número de transacciones”, narra el agente de RE/MAX Urbe con respecto a la influencia del colectivo LGTBI en estos barrios.

Cabe destacar que cada vez se demandan menos m2 con estilos más vanguardistas. “Por el perfil personal y económico del inquilino medio de estos barrios, la tendencia del piso típico en alquiler será de menos superficie, diseños más llamativos y calidades premium. Esta tipología hará que sea aún más probable el aumento del precio/m2”, asevera Matarranz.

Los precios en los barrios ‘gayfriendly’
Prácticamente, todos estos barrios más ‘gayfriendly’ de Madrid han experimentado aumentos de los precios de las casas en el último año, tanto en venta como en alquiler. El barrio de Chueca-Justicia es el más caro con sus 5.981 euros/m2 para la vivienda usada en venta. Le sigue Sol, con sus 5.575 euros/m2, nuevo máximo para la zona tras ver aumento de los precios del 21% en el último año. Por detrás, el barrio de Malasaña-Universidad, con sus 5.404 euros/m2, también ha registrado subidas de dos dígitos (10%), mientras que el más asequible del distrito Centro es Lavapiés-Embajadores, con sus 4260 euros/m2, y el que menos ha crecido en el último año, con un 0,8%.

Los precios en estos barrios del distrito Centro se han mantenido por debajo de los máximos alcanzados en pleno boom inmobiliario hasta 2018. Desde entonces, han ido batiendo poco a poco esas marcas. El barrio de Sol acaba de alcanzar un nuevo máximo de la serie histórica, mientras que en Chueca los precios tocaron tope en julio de 2019 cuando llegó a reflejar 6.120 euros/m2. Lavapiés lo hizo justo antes del estallido de la pandemia en febrero de 2020, y sus 4.489 euros/m2, mientras que Malasaña sumó su récord en pleno confinamiento, con 5.497 euros/m2 en mayo de 2020.

En el distrito de Carabanchel, los precios son más asequibles, con los 2.266 euros/m2 de San Isidro, o los 2.271 euros/m2 de Opañel, que ha sido el único de los barrios analizados donde el precio de la vivienda ha caído en el último año, hasta un 4,5%. La zona del PAU de Carabanchel sigue subiendo (4,3%), aunque lejos de máximos, hasta los 3.135 euros/m2.

Frente a su evolución histórica, ninguno de los barrios analizados ha alcanzado los niveles recogidos en 2009-2010. De hecho, Opañel (-25,4%) o San Isidro (-22%) están lejos de precios máximos actualmente, El PAU de Carabanchel también sigue por debajo, con un 13% menos que hace 12 años.

Chueca, el barrio más caro para alquilar
En cuanto al mercado del alquiler, Chueca-Justicia vuelve a ser el barrio más caro de los analizados con 20 euros/m2 al mes por sus pisos en alquiler, tras experimentar una subida del 19% en el último año, la más alta de todas las zonas analizadas. Por detrás, Sol (18,7 euros/m2/mes), Malasaña (18,6 euros/m2/mes) y Lavapiés (18 euros/m2/mes) van prácticamente de la mano, aunque es el primero el que más ha crecido en el último año, un 16,4% interanual, frente al 13,9% del segundo y el 13% de la zona de Embajadores.

De nuevo, en los barrios del distrito de Carabanchel, las rentas del alquiler son mucho más asequibles, encontrando 12,5 euros/m2 al mes en Opañel, 12,2 euros/m2/mes en San Isidro o 11,8 euros/m2/mes en el PAU de Carabanchel, y registrar subidas interanuales que van del 6% de los dos primeros a solo el 1,5% en el ensanche del distrito madrileño.

Frente a la evolución histórica de los alquileres, los arrendamientos estuvieron prácticamente estables durante una década hasta 2018, cuando empezaron a subir hasta tocar máximos en plena pandemia. Opañel, por ejemplo, llegó a los 14,5 euros/m2/mes en febrero, lo mismo que en el PAU de Carabanchel (12,8 euros/m2/mes). Solo San Isidro alcanzó tope antes del estallido de la crisis por el covid-19, en noviembre de 2019, con 12,8 euros/m2/mes.

En el distrito Centro se repite prácticamente el mismo esquema. Malasaña y Lavapiés alcanzaron sus precios más altos en febrero de 2020, con 20 euros/m2 y 19,2 euros/m2 de mensualidad, respectivamente, y entre un 6%-7% más que ahora. Chueca lo hizo en mayo de 2020, para registrar un nuevo máximo de 20,9 euros/m2 al mes, lo que supone un 4,3% más que los precios actuales. Mientras, el barrio de Sol llegó a récord antes de la pandemia, en agosto de 2019, y tocar los 19,9 euros/m2 al mes, un 6,3% más que las rentas actuales.

lunes, 27 de junio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | ¿En qué se diferencia el Orgullo Crítico del oficial?

Orgullo Crítico 2022, Madrid //
¿En qué se diferencia el Orgullo Crítico del oficial?

En Madrid, pero cada vez en más ciudades de España, confluyen dos Orgullos LGTBIQ+. El oficial, el MADO, y el Crítico, que recibe este nombre al menos desde 2010, aunque existen antecedentes desde los años 80.
Candela Barro | Público, 2022-06-27
https://www.publico.es/sociedad/diferencia-orgullo-critico-del-oficial.html

La primera diferencia es la fecha. El Orgullo oficial, cuya representación directa es el MADO (Orgullo de Madrid), se celebra del 1 al 10 de julio. Se trata de una serie de eventos durante toda esa semana coronados por la manifestación estatal del día 9 de julio. Sin embargo, el Orgullo Crítico tiene un objetivo claro con la fecha de la celebración: volver a fijarla en el 28 de junio. Ese día se conmemora la revolución de Stonewall (1969) y significa el retorno a un Orgullo en clave de protesta. Para los y las organizadoras del Orgullo Crítico, el Orgullo oficial ha sido desposeído de su carácter reivindicativo, por eso centran su acción en la manifestación.

Punto por punto
Una de las principales causas por las que el Orgullo oficial habría perdido la esencia reivindicativa es el ‘pinkwashing’ o lavado de cara rosa. Este fenómeno hace referencia al lucro que hacen las empresas privadas de los movimientos sociales como la lucha LGTBIQ+. Con el MADO ocurre desde el momento en el que se cede su organización a empresas privadas como AEGAL.

"Todas las entidades que promueven el Orgullo oficialista promueven el ‘pinkwashing’ y el blanqueamiento de la entrada de empresas privadas" declara a Público, Deva Mar Escobedo, una de las portavoces de la plataforma Orgullo Crítico Madrid.

La plataforma se ha posicionado sobre la salida de los dos concejales populares del Ayuntamiento de Madrid durante la reunión del Orgullo al ser criticados por no colgar la bandera arcoíris. Han lanzado una campaña crítica con el Ayuntamiento de Madrid dándole la vuelta al lema del Orgullo del consistorio: "Ames a quien ames, ¿Madrid te quiere?" Con ella pretenden señalar al Ayuntamiento como promotor directo de la entrada del capitalismo en el Orgullo y afean la exclusión que ejerce el MADO sobre distintos colectivos vulnerables.

Antirracismo
Una de las peticiones más claras de los organizadores del Orgullo Crítico es la incorporación de la perspectiva antirracista en la manifestación y su materialización con medidas claras como la eliminación de la Ley de Extranjería y la regularización de las personas migrantes para que tengan plenos derechos. De hecho, el Orgullo Crítico de este año tiene como lema: "¡Sin papeles no hay orgullo. Que ardan las fronteras del ‘racisistema’!" Y puntualizan en su manifiesto: "Estamos hartes de este sistema racista y cishetero que excluye, persigue, tortura, encierra y deporta."

Este año, además, Orgullo Crítico se ha aliado con la campaña 'Regularización Ya' que reclama una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para regularizar a todas las personas migrantes que lleven viviendo en España desde antes del 1 de noviembre de 2021.

Transfeminismo
El manifiesto de los distintos Orgullos Críticos se menciona rigurosamente el transfeminismo (la lucha feminista trans inclusiva) porque sus promotores consideran que la no mención es la invisibilización de una parte del colectivo: "En el Orgullo oficial hay un vacío de contenido, por eso en el Orgullo Crítico está presente la reivindicación transfeminista y la lucha antirracista, se necesitan derechos y un orgullo para todas, no vacíos", declara a ‘Público’, Deva Mar Escobedo.

Anticapacitismo
El Orgullo Crítico incorpora la visión anticapacitista y la necesidad de repensar la lucha desde la visión de las personas neurodivergentes. Por eso, se hermanan con el Orgullo Loco y apoyan reivindicaciones concretas como la denuncia de maltrato por parte de instituciones psiquiátricas.

"La interseccionalidad plantea el cruce de ejes, en este caso, identidad de género y orientación con capacitismo. A muchas personas neurodivergentes se les quita la autonomía para decidir, se les infantiliza y desposee de deseo, por lo tanto queremos reivindicar la sexualidad de las personas neurodivergentes", relata a Público, Deva Mar Escobedo.

Descentralización y gentrificación
Otra de las características es el papel descentralizador. Critican al Orgullo oficial por gentrificar el barrio LGTBIQ+ de Madrid, Chueca, generando solo espacios para el turismo de masas. Pensar el Orgullo desde distintos puntos de la geografía española y activar el Orgullo Crítico en caso de que se haya perdido la capacidad de remover el status quo y la normatividad: "Hay sitios en los que no hace falta un Orgullo Crítico porque desde el inicio se respetó la reivindicación y no se mercantilizó el Orgullo. En Madrid, se ha mercantilizado la lucha. Esto no pasa de la misma forma en todos los lugares del Estado pero por ejemplo Murcia tiene su propio Orgullo Crítico", comenta Deva Mar Escobedo a Público.

Este año trabajan, además, en un manifiesto conjunto que suma la denuncia de la violencia institucional y policial, señala a la OTAN por "su papel imperialista y colonialista" o reclaman una mejor atención sanitaria a personas LGTBIQ+ (VIH, atención a personas migrantes, viruela del mono, chemsex), entre otros requerimientos.

lunes, 16 de septiembre de 2019

#hemeroteca #trabajosexual | Ámsterdam estudia remodelar el Barrio Rojo

Imagen: El Salto
Ámsterdam estudia remodelar el Barrio Rojo.
El gobierno de la capital neerlandesa debate con vecinos, trabajadoras sexuales y empresarios qué hacer con el controvertido centro de la prostitución. La corriente abolicionista gana espacio y advierte de que la legalización no ha frenado el tráfico de personas.
Carles Planas Bou | El Salto, 2019-09-16
https://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/amsterdam-estudia-remodelar-barrio-rojo

Las luces de neón del distrito rojo de Ámsterdam se van apagando: hace una década había hasta 500 ventanas; hoy, quedan unas 330. Según la ley, cada ciudad es autónoma para organizar su propia industria sexual y establecer licencias. La estrategia del anterior gobierno local de la capital neerlandesa, que impulsó el cierre de los escaparates en callejones —los más preciados por su privacidad— por considerar que daban amparo a actividades criminales explica la mengua estos ventanales.

La nueva alcaldesa de la ciudad, la ecologista Femke Halsema —elegida en junio de 2018—, se ha sumado al debate sobre qué hacer con el Barrio Rojo proponiendo varias medidas que van desde cerrarlo y abrir burdeles en otras zonas de la ciudad a ampliar los escaparates del barrio, pero manteniendo las cortinas de las ventanas cerradas para evitar que se conviertan en una atracción turística.

Los pasos que se han dado hasta ahora hacen pensar que el cambio es inevitable: en marzo de este año, el Ayuntamiento aprobó la prohibición de las visitas guiadas por esa área. Además, durante este verano, agentes municipales se han reunido con vecinos, trabajadoras autónomas y propietarios en un debate público sobre esas propuestas cuya resolución se votará a finales de año.

Con ello, el equipo del Gobierno local quiere “garantizar los derechos” de las prostitutas autónomas y combatir las actividades criminales asociadas a este mundo. La prostitución en burdeles se legalizó completamente en el año 2000 para combatir el tráfico sexual y el maltrato de las prostitutas, pero esa problemática sigue más que viva dos décadas después.

En 2017, las autoridades procesaron a 157 traficantes, 127 de los cuales fueron declarados culpables, más que en 2016. Aún así, esos datos pueden referirse a otro tipo de trata, como la que destina al sector agrícola a personas en régimen de semiesclavitud. También asistieron a menos víctimas, 952, algo que se achaca a la disminución de recursos destinados a combatir este problema, que han sido destinados a la vigilancia antiterrorista.

La falta de datos oficiales sobre la industria hace que el debate sea más complejo, pero las estimaciones del Gobierno y de las Naciones Unidas señalan que de las 30.000 trabajadoras sexuales que hay en todo el país hasta 3.000 mujeres podrían estar siendo forzadas a prostituirse cada año, muchas de ellas del este de Europa. De éstas, casi la mitad —unas 1.320— son menores. La situación es preocupante porque, en muchos casos, esas víctimas tienen poca visibilidad.

“Es un barrio antiguo, extremadamente caro, y para tener a gente rica y privilegiada deben desaparecer los burdeles y los escaparates”, lamenta Antje. A sus 53 años, esta enfermera nacida en la capital que optó hace media década por salir del hospital y ejercer de ‘escort’ para gente con discapacidades ve en las medidas de los últimos años una agenda oculta de gentrificación.

Trabajadoras que pagan impuestos
Es otro día gris y húmedo en Ámsterdam, pero cuando uno sale a la calle los grandes ventanales sin cortinas siguen mostrando la intimidad de sus habitantes. También en el concurrido Barrio Rojo, cuyos canales medievales serpentean entre las luces de neón de tiendas de juguetes eróticos, burdeles y locales donde operan, cada vez menos, las trabajadoras sexuales de la capital neerlandesa. Desde 2000, ofrecer servicios sexuales es legal, pero aún hoy ser trabajadora sexual en los Países Bajos es difícil.

El gobierno legalizó la prostitución a finales del siglo pasado. Aunque aceptada, la industria del sexo no tenía un sitio legal donde ejercerse, creando un absurdo parecido al que vive actualmente el mundo cannábico. En el año 2000 se puso fin a esa situación con la regulación de los burdeles: se convirtieron en negocios autorizados con licencias y, desde entonces, las prostitutas entraron al sistema, crearon su sindicato y pagan impuestos como otra trabajadora más. El turismo sexual es un jugoso negocio que actualmente aporta al país unos 100 millones de euros al año.

No obstante, su situación no es idílica. “Es horrible como hay gente de la calle que se ríe de ti, te saca fotos o te mira con pena como si fuese una víctima”, explica Kim, una socióloga estadounidense de 26 años que en 2016 se mudó a Ámsterdam para estudiar y que por curiosidad empezó a trabajar en las ventanas. “Exhausta”, tuvo que parar y ponerse a trabajar en un restaurante, pero al poco tiempo también lo abandonó, explica, por su “ambiente sexista”.

Por temor al qué dirán, Kim evitó compartir su realidad con su familia. Antje la entiende, pasó por lo mismo. “No estoy avergonzada de lo que hago, pero aún debo llevar una vida en paralelo”, asegura. A diferencia de otras, ella está registrada como autónoma de cuidado personal, no como prostituta, una situación que puede considerarse en cierto modo afortunada, ya que estar registrada como trabajadora sexual dificulta alquilar un piso, adquirir una hipoteca e incluso abrir una cuenta en un banco, como denuncia el sindicato de las trabajadores y trabajadoras sexuales PROUD. “Siguen siendo mal vistas”, remarcan. Legalización sí; aceptación, ya no tanto.

A pesar de ese estigma social, las trabajadoras sexuales también destacan los beneficios de un sistema que les permite “ser independientes”, aseguran, y tener un espacio legal con derechos. Hay quien opera como ‘escort’, quien trabaja por internet y quien lo hace en burdeles o en las ventanas del Barrio Rojo —en la calle sigue prohibido—. Esas ventanas se alquilan por tiempo y las prostitutas pueden decidir cuando, cómo y con qué clientes trabajan. Los servicios sexuales suelen pagarse a 50 euros, aunque cada trabajadora pone sus condiciones. “Me siento más segura y empoderada detrás de la ventana que como mujer andando por la calle”, señala Kim. Las ventanas cuentan con un espacio sanitario y un mecanismo de protección que, en caso extremo, las conecta con la policía.

Debate feminista
Dentro y fuera de los Países Bajos, la prostitución se ha convertido en uno de los temas que más divide al movimiento feminista. La corriente más presente en Ámsterdam es la regulacionista, que aboga por una legalización del trabajo sexual que dote de derechos a las prostitutas voluntarias para que ejerzan de manera digna y que persiga el tráfico. “Las mujeres siempre somos utilizadas como objetos”, asegura Kim. “Al menos en este trabajo yo tengo el control y establezco las condiciones”.

Aunque reconoce que no es un trabajo “que todo el mundo pueda y deba hacer”, la antropóloga cultural de la Universidad de Ámsterdam Marie-Louise Janssen ve en la prostitución regulada una “vuelta de tuerca al patriarcado” que permite a la mujer controlar su sexualidad sin paternalismos, y le reporta un salario para ser más independiente. “No es un modelo perfecto, pero al menos da a las chicas un entorno de seguridad jurídica”, explica. “Es ridículo pensar que todas las mujeres de las ventanas son esclavas”.

Sin embargo, otra corriente está haciéndose visible en la capital. Según la visión abolicionista, la prostitución es una institución patriarcal que fuerza a mujeres y niñas a ser explotadas sexualmente en beneficio de un proxeneta que las oprime y que condena a las más vulnerables perpetuando la desigualdad.

Así, a principios de abril, la asociación ‘Exxpose’ recabó 42.000 firmas para impulsar una ley que criminalice a los clientes que paguen por sexo con mujeres explotadas, siguiendo el modelo ya aplicado en los países nórdicos y en Francia, algo que ahora se debatirá en el Parlamento. “La prostitución es un círculo de abuso y violencia”, explica Natasja Bos, psicóloga y fundadora de esta iniciativa. “Si su legalización no sirvió para frenar el tráfico, ¿por qué no cambiamos de modelo?”. El debate sigue abierto.

sábado, 24 de agosto de 2019

#hemeroteca #gentrificacion #seguridad | Seguridad y urbanismo, el relato perdido de las izquierdas

Imagen: El Salto
Seguridad y urbanismo, el relato perdido de las izquierdas.
Un reciente estudio ha puesto de manifiesto las diferencias de criterio a la hora de medir los efectos de la gentrificación. En esta divergencia subyace un debate ideológico. La existencia de alternativas o límites a la gentrificación no se ha traducido en políticas concretas en ciudades como Madrid. La derecha y las promotoras siguen teniendo la sartén por el mango.
Carlos Marcote Blanco | El Salto, 2019-08-24
https://www.elsaltodiario.com/ciudad/seguridad-urbanismo-relato-perdido-izquierdas

El pasado 19 de julio Juan Ramón Rallo publicaba en El Confidencial un artículo bajo el titular “Viva la gentrificación” en el que desgranaba las bondades del fenómeno gentrificador usando como justificación de sus tesis el reciente estudio “Los efectos de la gentrificación en el bienestar y la oportunidad de los residentes originales adultos y niños”.

En esencia, Rallo aseguraba que la gentrificación es un proceso bueno para los barrios ya que supone la recuperación de zonas deprimidas y la llegada a las mismas de individuos de mayor nivel educativo y adquisitivo. Afirmaba además que el número de población original desplazada tras el proceso de transformación es mucho menor que el que la izquierda —y sus, según él, atávicos prejuicios— quiere hacer ver a la opinión pública. Como era previsible, la columna tuvo considerable eco entre quienes enarbolan la bandera del neoliberalismo económico aplicado a los entornos urbanos —Begoña Villacís de Ciudadanos la retuiteó por ejemplo—.

El artículo, basado en el estudio realizado por el Federal Reserve Bank of Philadelphia, sostiene que el porcentaje de población original que se ve obligada a desplazarse del barrio gentrificado apenas llega al 3% y que, por regla general, la población total de estas áreas urbanas aumenta, aunando a la gran mayoría de pobladores anteriores al proceso de cambio y a esos nuevos habitantes de extracción educativa y financiera más alta que llegan con él. Serían estos últimos quienes hacen disminuir el nivel de pobreza de estos barrios, que su población infantil tenga más posibilidades de ingresar en la universidad, que los precios de los inmuebles aumenten con todos los beneficios que ello supone para sus dueños, etc.

Sin embargo, existen ciertos elementos a tener en cuenta cuando se trata de medir los efectos de los procesos de gentrificación. Es difícil justificar la extrapolación de las conclusiones del informe cuando las mismas se basan en un objeto de estudio muy concreto: los suburbios gentrificados de Estados Unidos.

Álvaro Ardura, arquitecto urbanista y profesor en la Universidad Politécnica de Madrid, no cree que los casos europeos y estadounidenses sean comparables. “Hay una gran diversidad contextual que hace que los procesos de gentrificación sean distintos en cada caso. En primer lugar, por la historia: en las ciudades continentales europeas las clases medias nunca han abandonado los centros urbanos de una manera tan fuerte como en Estados Unidos (con un fuerte componente racial) o en Inglaterra (en este caso por presión de la industria), así que las condiciones de partida son distintas”, explica.

O sea, la estructura e idiosincrasia propia de los barrios no hace posible calibrar de la misma manera los procesos de gentrificación en Estados Unidos y Europa. Un ejemplo cercano: a diferencia de los suburbios estadounidenses, barrios madrileños como Lavapiés o Tetuán no están capacitados para absorber grandes promociones urbanísticas —el caso de las torres Skyline en Tetuán es una excepción a la regla— ya que no hay suelo suficiente para acogerlas. En estas condiciones no es posible complementar a los habitantes nuevos y a los originales ya que si unos entran otros tienen que salir. La única manera de mantener a la población original sería a través de la oferta de vivienda social y la regulación de los precios de alquiler.

Otro elemento diferenciador es el del régimen de tenencia de la vivienda, es decir, si eres propietario o inquilino. “El estudio alude a los posibles beneficios para los vecinos que logren mantenerse en el barrio por el aumento de precio de su vivienda. Ese beneficio no existe para los inquilinos de viviendas en alquiler”, matiza Ardura.

Análisis cuantitivo vs cualitativo
La forma de ponderar y analizar los efectos de la gentrificación enfrenta dos posiciones: los que defienden el análisis cuantitativo como único método adecuado para identificar dichos efectos y los que acusan a los primeros de ignorar la dimensión cualitativa. El estudio del Federal Reserve Bank of Philadelphia es un ejemplo de análisis puramente cuantitativo. Para Álvaro Ardura es difícil captar cuantitativamente los problemas de la población original de un barrio ya que “no suele haber datos homogéneos longitudinales (a lo largo del tiempo), con diversidad de datos (formación, nivel de renta, etc) y suficientemente desagregados”. “Muchas veces solo se puede constatar el cambio a posteriori, no cuando el proceso está en marcha”, añade.

Por ejemplo, el aludido estudio solo tiene en cuenta el desplazamiento directo. “Marcuse ya habla desde los ochenta de otros tipos de desplazamiento: el indirecto, que impide la llegada de nuevos vecinos de clases bajas, y la presión de desplazamiento que sufren los vecinos originales que permanecen al dificultarse su vida por cambios en la estructura comercial, aumento de precios de productos básicos o desaparición de las redes sociales”, señala.

Precisamente el reciente artículo de Loretta Lees (entre otros autores) “Medición y mapeo del desplazamiento: el problema de la cuantificación en la batalla contra la gentrificación” pone el foco en cómo las diferentes investigaciones cuantitativas analizadas han fallado a la hora de mostrar estimaciones significativas del número de individuos desplazados por la gentrificación y, en general, en la dificultad de medir solo cuantitativamente sus consecuencias. También hay ya investigaciones que buscan dar a lo cualitativo un papel central en el análisis. El estudio “Gentrificación y salud en dos ciudades globales: una llamada para identificar los impactos para los residentes socialmente vulnerables” investiga cómo se ve afectada la salud y el bienestar de residentes de larga duración por los procesos de gentrificación en Boston y Barcelona a través de datos cualitativos.

Políticas contra el desplazamiento
Por más que los agentes neoliberales reivindiquen la gentrificación como la panacea que transforma áreas urbanas deprimidas en nuevas Arcadias, es evidente que el fenómeno del desplazamiento —directo o indirecto— es una realidad palpable que afecta sobre todo a las rentas más bajas. Los ayuntamientos, empero, tienen la posibilidad de llevar a cabo políticas que al menos limiten ese desplazamiento, a través de la promoción del valor de uso de la vivienda frente al valor financiero por ejemplo, lo que es para muchos una utopía.

“Habría que generar un parque de vivienda social y blindarlo de posibles privatizaciones como las que hemos vivido en España”, afirma Ardura. Una alternativa complementaria sería la de promocionar alquileres fuera de mercado (más baratos) y limitar los precios como ya se está haciendo por ejemplo Portugal. Ardura amplía el abanico de posibilidades: “Habría que estimular otros tipos de regímenes de vivienda, mejorar la protección de los inquilinos, aumentar la duración de los contratos de alquiler o gravar fiscalmente las transmisiones especulativas de vivienda”.

Seguridad, terreno vedado para la izquierda
Estas políticas suponen poco menos que una ofensa ideológica para la derecha neoliberal, por lo que se antoja difícil que puedan realizarse en ciudades como Madrid donde las nuevas autoridades han retomado la campaña de difamación contra barrios que interesa que sean percibidos como conflictivos. Ciertos medios y parte de la opinión pública han hecho suyo el relato.

Especialmente hiperbólicas son las medidas que el consistorio de Almeida aplicará en Lavapiés, Puente de Vallecas o Bellas Vistas (Tetuán), donde se instalarán cámaras de vigilancia y se van a destinar grupos de antidisturbios municipales bajo la eufemística denominación de Unidades de Apoyo a la Seguridad (UAS). Cabe destacar que, aunque la implantación de cámaras se va a realizar en esta legislatura, las medidas se aprobaron durante el mandato de Manuela Carmena —en Puente de Vallecas con los votos a favor de todos los partidos y en el caso de Tetuán con la única oposición de Ahora Madrid— y que también se planteó la presencia de UAS durante el mismo.

Gonzalo Gárate Prieto, exasesor del gabinete del área de salud, seguridad y emergencias del Ayuntamiento de Madrid, no cree que estas medidas vayan a redundar en una disminución de la criminalidad en esas zonas. “Los indicadores de delincuencia no eran elementos en principio diferenciales. Creo que ha sido más el ruido mediático generado alrededor de estos barrios lo que ha propiciado la implantación de las cámaras. Viendo los datos del distrito Centro, observamos que la delincuencia no disminuye sino que se desplaza a otras zonas sin cámaras o con menor presencia policial. La delincuencia, como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, señala. “Las cámaras vienen a generar una sensación mayor de seguridad subjetiva que facilita el paso a los procesos de gentrificación, como ha ocurrido en Malasaña o Lavapiés”, concluye.

Montserrat Galcerán, exconcejala de Ahora Madrid en Tetuán (aunque fue en la lista de Madrid en Pie en las últimas elecciones), habla del caso de Bellas Vistas: “La instalación de cámaras no ayuda en demasía y puede provocar otros problemas. Nuestro convencimiento y el de muchos vecinos es que éste es un problema de convivencia más que de seguridad”. Además, Ciudadanos viene utilizando la supuesta inseguridad del barrio como arma arrojadiza en la Junta de distrito y Ahora Madrid no introdujo un cambio sustancial en términos urbanísticos. “La política urbanística ha sido manzana de la discordia en el grupo municipal. Todos firmamos un pacto contra la especulación urbanística que no se ha respetado. La amenaza de que las promotoras nos llevarían a juicio ha sido constante, pero aún así mi opinión es que se admitió con demasiada ligereza que no podía hacerse más”, lamenta Galcerán.

Gárate Prieto se muestra pesimista: “La reflexión sobre la seguridad que se ha realizado desde las izquierdas ha sido históricamente muy deficiente, lo que ha permitido que ese campo quede como terreno exclusivo para la derecha”.

De este modo, con la derecha detentando la hegemonía del relato de la seguridad y con la permanencia del poder coercitivo de las grandes promotoras urbanísticas, el futuro en los centros de las grandes ciudades no parece halagüeño. Así y todo, es lícito enumerar las alternativas existentes a un modelo de ciudad que, además de ignorar a un porcentaje alto de población, amenaza con extenderse como un virus respondiendo a la inclemente lógica del mercado.

jueves, 25 de julio de 2019

#hemeroteca #gentrificacion | Abajo la gentrificación

Imagen: El Confidencial / Protesta en Berlín contra un campus de Google
Abajo la gentrificación.
La gentrificación es el proceso en que los vecinos de las clases medias, medias-bajas y bajas son sustituidos por otros de clases medias-altas y altas en un área urbana.
José Mansilla | El Confidencial, 2019-07-25
https://blogs.elconfidencial.com/espana/tribuna/2019-07-25/abajo-gentrificacion_2142923/

El pasado día 19 de julio, el conocido economista liberal Juan Ramón Rallo publicaba un artículo en estas páginas titulado 'Viva la gentrificación'. En él, y justo después de tan poco disimulado título, Rallo procedía a loar la labor de esta compleja dinámica urbana mediante el siguiente argumento: la gentrificación no deja de ser un proceso beneficioso para los vecinos y vecinas de los barrios desfavorecidos ya que, entre sus características, se encontraría la atracción de determinado capital humano y social que repercutiría positivamente en la zona disminuyendo la pobreza y facilitando la movilidad social.

El texto continúa con una definición de la gentrificación basada en tres elementos principales. Primero, el objeto de la gentrificación, esto es, un vecindario previamente deteriorado. A esto le sigue el hecho de que dicho lugar es transformado por la llegada de nuevos residentes con una mayor capacidad adquisitiva y nivel de estudios que los residentes tradicionales. Y tercero, estos nuevos residentes mejoran el paisaje físico del barrio iniciando un círculo virtuoso que acabaría por modernizar completamente la zona.

Rallo se extiende en sus consideraciones sobre la gentrificación señalando que la izquierda, ese ente lleno de prejuicios, estaría profundamente equivocada en su análisis de dicho proceso, ya que, como demuestra una investigación en marcha financiada e impulsada por la Federal Reserve Bank of Philadelphia (sic!), la gentrificación no solo no desplaza a los vecinos y vecinas con menos ingresos, sino que estos, al permanecer en el barrio, pueden disfrutar de los beneficios generados por las mejoras inducidas tras la llegada de los nuevos residentes.

Pero esto no queda aquí, el estudio citado por Rallo –no publicado en revista académica alguna y, por tanto, sin pasar por la prescriptiva revisión científica- también parece demostrar que ese pequeño porcentaje de población que se ve obligado a abandonar la zona –menor al 3%, es decir, la gentrificación no generaría desplazamiento socio-espacial, sino un incremento total de la población-, no ve alteradas sus posibilidades de empleabilidad, salida de la pobreza o movilidad, sino que únicamente ve aumentada su “tristeza” por tener que abandonar su barrio, amigos y redes sociales.

Por último, una vez superado ese pequeño obstáculo, la gentrificación continuaría inundando la zona con sus beneficios: reducción de la pobreza, incremento de los precios de la vivienda y, atención, aumento de la probabilidad de acceso a los estudios universitarios por parte de los niños y niñas de aquellos entornos familiares más desfavorecidos de la zona, y todo gracias al contacto continuado –y a la magia, se entiende- de estos con los nuevos residentes universitarios.

Lo más destacable de la argumentación del estudio, y del propio Rallo, es que todo el proceso parece darse en un cierto vacío social, es decir, en un entorno urbano donde no opera ningún sistema social y económico que pueda determinar y ser determinado por el comportamiento de los grupos sociales que en él interactúan. Esto, no obstante, podría no ser olvido de Rallo, sino, más bien, el principal esquema conceptual con el que trabaja el (neo)liberalismo, esto es, el de la supuesta existencia de una sociedad formada por sujetos conscientes e iguales que toman decisiones altamente razonadas bajo la premisa de la maximización de sus egoísmos particulares, los cuales, desde una perspectiva agregada conducirían al mejor de los mundos posibles. En definitiva, la gentrificación sería, simplemente, el mercado trabajando.

Ahora bien, si cambiamos el foco y lo situamos en la forma en que la ciudad es producida bajo el capitalismo, quizás podamos añadir un poco más de luz a las causas de la gentrificación y desmontar, de paso, las argumentaciones esgrimidas en el mencionado artículo. Para comenzar, podemos reformular el concepto de gentrificación dado por Rallo de la siguiente manera: este sería aquel proceso en marcha en una determinada área urbana –una calle, un barrio, etc.- donde los vecinos y vecinas pertenecientes a las clases medias, medias-bajas y bajas son sustituidos por otros de clases medias-altas y altas. La introducción del concepto 'clase' no es baladí, pues la gentrificación debe ser considerada como un eslabón más de las dinámicas de acumulación de capital protagonizadas, cada vez más, por las ciudades desde los años 70, y abre la posibilidad de actuaciones colectivas.

La gentrificación, pero también la turistificación, la disneyficación o la museificación de los centros históricos suponen desarrollos que expresan, mediante el protagonismo de distintas variables, la constitución de la ciudad en mera mercancía. Así, a raíz del giro neoliberal, las urbes de todo el mundo se han constituido en escenario ideal para la supervivencia del capitalismo; las dinámicas de explotación han saltado las paredes de las fábricas y se extienden a lo largo y ancho de las ciudades vinculadas a la producción inmobiliaria, a los servicios, etc. No se trata únicamente de la vivienda, aunque su protagonismo es ineludible, sino de la totalidad del entorno urbano y de su reconfiguración en espacio de y para el consumo.

Una vez resituado el concepto, la llegada de los nuevos residentes -actores necesarios para la generación de plusvalías y, por tanto, igualmente explotados- con formas de relacionarse entre sí y con el espacio, distintas de las tradicionales en el vecindario, generaría una sucesión de cambios en el paisaje urbano -el comercio, los espacios de socialización, etc.-, inducidos por las formas de hacer ciudad de estos nuevos residentes. Así, el inherente desplazamiento se produciría no solo por el incremento del precio de la vivienda –aquí Rallo parece olvidar que gran parte de las clases populares de las ciudades no son propietarias de sus viviendas, sino que viven de alquiler y, por lo tanto, no se benefician de su revalorización-, sino también por la nueva especialización funcional del entramado socioeconómico local, el cual originalmente está destinado a la reproducción social.

Para demostrar esto, no hace falta, como lleva a cabo el estudio financiado por la Reserva Federal de Filadelfia, abarcar los barrios centrales de las 100 mayores urbes de Estados Unidos, aunque también es cierto que seleccionando y ampliando una muestra, cualquier resultado es posible. Siendo mucho más humildes, para el caso, por ejemplo, del barrio del Poblenou, en Barcelona, entre los años 2008 y 2018 la renta territorial aumentó 6,3 puntos, mientras la población y la estructura de edad se mantuvieron más o menos constantes.

Pese a la evidente dificultad de extraer enseñanzas desde los censos a la hora de cuantificar los desplazamientos de población, podemos conjeturar que este incremento de la renta, que además abarca los años más duros de la crisis, no se ha debido a una mejora económica ni a un súbito incremento de los ingresos de las familias, sino a la sustitución parcial de la población local agilizada por la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 2013, la cual facilitaba una aceleración en la rotación de los inquilinos e incrementos de hasta dos dígitos en la renta los alquileres, al menos en los últimos cuatro años.

Además, para que esto ocurra no es necesario que el barrio o la calle se deteriore previamente. De hecho, en aquellas transformaciones altamente vinculadas al turismo sería más bien al revés: barrios de clase media, ya reformados, que pasan a formar parte de los destinos turísticos; ningún turista se adentra en entornos deteriorados. En este caso, además, el desplazamiento socio-espacial es más evidente, ya que, en gran cantidad de ocasiones, antiguos hogares son mercantilizados como apartamentos turísticos.

Ni la reducción de la pobreza, ni el ingreso en la universidad de los hijos e hijas de las clases populares de barrios bajo procesos de gentrificación son posibles si estos se han tenido que marchar con sus familias a zonas más asequibles, rompiendo un tejido social que, en gran cantidad de ocasiones, sustituye al salario social que suponen escuelas infantiles cercanas y baratas, o permite jornadas laborales poco flexibles y empleos mal remunerados.

En definitiva, y como decía hace poco el sociólogo Javier Gil, negar las consecuencias negativas de las dinámicas de gentrificación para las clases más desfavorecidas sería algo así como una forma de terraplanismo inmobiliaro. Abajo la gentrificación.

José Mansilla, Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU).

viernes, 19 de julio de 2019

#hemeroteca #gentrificacion | Viva la gentrificación

Imagen: El Confidencial
Viva la gentrificación.
La gentrificación beneficia a los residentes tradicionales merced a la atracción de capital humano y capital social a barrios desfavorecidos: menor pobreza y mayor movilidad social.
Juan Ramón Rallo | El Confidencial, 2019-07-19
https://blogs.elconfidencial.com/economia/laissez-faire/2019-07-19/viva-gentrificacion_2133067/

Por gentrificación entendemos el proceso de transformación de un vecindario previamente deteriorado merced a la atracción de nuevos residentes con unos niveles de renta o de estudios superiores a los de los residentes tradicionales. En otras palabras, nuevos residentes “ricos” mejoran las edificaciones del barrio, lo que atrae a más residentes “ricos” que continúan rehabilitando la zona hasta completar su modernización.

En principio, la gentrificación debería ser celebrada y no repudiada, puesto que en última instancia supone 'mejorar' un barrio. Sin embargo, desde la izquierda han solido demonizar los procesos de gentrificación por cuanto —según dicen— van asociados a un encarecimiento generalizado de los alquileres —mejores viviendas y entornos urbanos, inmuebles más caros— que termina expulsando a los vecinos castizos.

Sin embargo, la evidencia no parece respaldar los prejuicios de la izquierda contrarios a la gentrificación. No en vano, los economistas Quentin Brummet y David Reed acaban de publicar un estudio analizando los procesos de gentrificación experimentados por EEUU entre el año 2000 y el 2014, y los resultados no avalan precisamente los clichés que suelen airearse al respecto.

Primero, la gentrificación (entendida como el incremento en la proporción de universitarios que residen en barrios céntricos de las ciudades) es un proceso que tiene lugar esencialmente por la atracción de 'nuevos' residentes —con un nivel educativo y económico elevado— y no tanto por la 'expulsión' de residentes tradicionales. Más en particular, entre 2000 y 2014, la gentrificación solo aumenta en un 10% la probabilidad de que abandonen el barrio los vecinos con menores niveles de estudio; de hecho, en agregado, la gentrificación apenas provoca la salida del 3% de los residentes tradicionales.

Además, el estudio no detecta perjuicios relevantes entre quienes cambian de barrio en términos de empleabilidad, pobreza o pérdida de tiempo en desplazamientos, es decir, que quienes se marchan no salen perdiendo en esas variables (cuestión distinta son los perjuicios no económicos que puedan sufrir, como la tristeza por abandonar el barrio donde uno mantiene su familia, sus amigos o sus redes sociales). En suma, si el barrio se gentrifica es esencialmente porque su población total aumenta merced a la atracción de nuevos residentes con una formación y un estatus económico superior.

Segundo, la gentrificación resulta altamente beneficiosa para la inmensa mayoría de residentes tradicionales que no se ven desplazados del barrio. Por un lado, contribuye a reducir la pobreza: la exposición a la pobreza del residente tradicional medio se reduce en 3,5 puntos para aquellas personas con menores estudios. Por otro, incrementa el valor de las viviendas de los propietarios que originalmente residían en el barrio —incluyendo a los propietarios con menor formación—, lo que mejora su situación patrimonial (también si deciden vender a los mayores precios y mudarse a otro barrio no gentrificado).

Es más, los principales beneficiados de los procesos de gentrificación parecen ser los niños: y es que los menores que han nacido en un barrio que experimenta una fase de gentrificación crecen dentro de un vecindario que sufre de menor pobreza y que disfruta de un mayor número de residentes universitarios, todo lo cual contribuye a aumentar la probabilidad de que aquellos niños que han nacido en familias con baja formación acudan a la universidad y finalicen exitosamente sus estudios. Es decir, el entorno social gentrificado impulsa la movilidad económica de los adolescentes de hogares más pobres.

En definitiva, la gentrificación beneficia a los residentes tradicionales merced a la atracción de capital humano y capital social a barrios desfavorecidos: menor pobreza, mayor movilidad social y mejor situación financiera. Tales beneficios, conviene insistir, no dependen de que las personas pobres o sin estudios sean expulsados de tales barrios (algo que, además, tiende a ocurrir en un porcentaje bastante modesto), sino más bien de que permanezcan en un barrio que pasa a acoger a muchas más personas con rentas y niveles formativos más altos. De ahí que sea posible preservar las ganancias de la gentrificación incrementando el número de viviendas disponibles dentro de tales barrios y, por tanto, dando acomodo a los nuevos residentes sin necesidad de ahuyentar a los vecinos tradicionales.

Quien realmente expulsa a algunos de esos vecinos y, en consecuencia, 'les impide' beneficiarse de la gentrificación del barrio en el que nacieron, no son los nuevos residentes que acuden a tales barrios, sino las políticas urbanísticas municipales que constriñen la oferta de vivienda y, por tanto, incrementan artificialmente la escasez de inmuebles. Gentrificación más aumento de la oferta de vivienda sería una combinación absolutamente ganadora para revitalizar, modernizar y hacer progresar nuestras ciudades sin dificultar que aquellos que deseen permanecer en sus barrios puedan hacerlo sin padecer ningún quebranto económico.

viernes, 26 de abril de 2019

#hemeroteca #lesbianismo | ¿Lo escuchan? Es el ruido de las bolleras tomando las calles

Imagen: Cuarto Poder
¿Lo escuchan? Es el ruido de las bolleras tomando las calles.
Postpotorras | Cuarto Poder, 2019-04-26
https://www.cuartopoder.es/ideas/2019/04/26/lo-escuchan-es-el-ruido-de-las-bolleras-tomando-las-calles/

Hace unos días, mientras dos señoras pasaban la mopa, cuatro señoros pasaban el rato. Aparece el bolsillo mágico de Albert Doraemon, Pablo Iglesias VUELVE en formato audiolibro de la Carta Magna, se pilla antes a Pablo Casado que a un mentiroso y Pedro Sánchez da lecciones de feminismo mientras se dirige solo al señor Vallés (la señora Pastor, a pastar con las de la mopa).

Cuatro varones cisheterosexuales euroblancos y sin diversidad funcional. Por un momento, hemos dudado seriamente de si se trataba de un concurso de privilegios o era un debate electoral. ¿Lo escuchan? Es el silencio postpotorro de las que no nos sentimos representadas porque nuestras disidencias no caben en sus urnas. Sin ánimo de caer en una metonimia oportunista de considerar al líder por el partido o sugerir que en este parchís electoral todas las fichas valen lo mismo (hay colores que te comen a ti, a tus derechos y se cuentan veinte), es inevitable atender a lo simbólico de los protagonistas de esta contienda política.

En el Día de la Visibilidad Lésbica y con las elecciones pisándonos la pluma, estas cuatro mamarrachas desviadas conversamos al calorcito de la mesa camilla y al fresquito del vermú sobre los nulos referentes bolleros con los que hemos crecido, representaciones ausentes que vemos que se repiten en el tablero de los “asuntos serios” de la política. Todavía recordamos cómo en nuestra adolescencia éramos buscadoras profesionales de algún personaje bollo en nuestras series y películas. Merecía la pena tragarse 200 capítulos de Hospital Central por ver cuatro besos entre Maca y Esther, pareja que vivía completamente ajena a la lesbofobia aunque estaba rodeada de heterosexualidad en cada esquina. Y antes de que ninguna ola feminista nos golpease al más puro estilo Rocío Jurado, buceábamos en Internet para descubrir un mundo de foros y chats donde lo bollo se hacía real, a pesar de que en nuestras aulas lo bollo continuase siendo Voldemort: lo que no debía ser nombrado a no ser que fuese en forma de insulto.

Como provincianas que somos, cuando escuchábamos hablar de Chueca sentíamos una especie de susto-gusto. Susto por qué era aquello de lo que hablan en la tele como espacio LGTB+ y gusto por sentir que había un espacio para nosotras. Terminado el idilio, nuestras escasas experiencias en Chueca nos devolvían un panorama desolador. El lugar que parecía recibirnos con los brazos abiertos nos daba la bienvenida con puñales en las manos. Pretender consumir en cualquiera de sus establecimientos era una sangría asegurada. Entrábamos en las míticas discotecas y teníamos que buscar a las bolleras con lupa, porque hasta las que en teoría eran “de chicas” estaban plagadas de gais (que no marikas) de los que agradan hasta al PP. Y hablando de plagas, la de las terrazas en cada plaza. Gentrificación era y es la palabra mágica: dígala tres veces y aparecerán por generación espontánea una mesa y cuatro sillas alrededor. Lo cierto es que con este panorama sentíamos que no encajábamos... ¿No se suponía que era aquel “nuestro lugar”? ,¿cómo acomodarnos entre tanto pijerío?, ¿cómo era posible sentir en el hipotético espacio de seguridad las mismas miradas censoras que en el patio del colegio?

Nuestros pelos, nuestra pluma, nuestro mamarrachismo frente a dinámicas hipersexualizadas y sin cuidados, donde ni siquiera podíamos encarnar el deseo en este exigente mercado. Chueca es un triste espejismo de lo que fue en su momento. La única diversidad que impera en sus calles es la de las modalidades de pago de sus establecimientos, donde se mantienen banderas de colores como un ornamento más bajo en el que sepultar nuestras reivindicaciones. Territorio despolitizado, centro neurálgico del lavado rosa donde ocultar con este parque de atracciones inaccesible la represión de nuestras identidades diversas y subversivas.

Por suerte, por destino o porque la Butler dijo que sí éramos guapas, estas cuatro marichochos postpotorras pudimos encontrar otros espacios en los que desparramar nuestra pluma más a gusto que un arbusto. Las mil caras de una ciudad, que todavía hoy se nos hace infinita, nos posibilitaron también lugares de resistencia. Sin embargo, a pesar de los pesares, de las kafetas, de las okupas, de los Orgullos Críticos, de los fachitours, de las cuerdas, de los cueros, del poliamor y la purpurina, el armario a veces nos sigue pesando. Tanto, que podríamos protagonizar la próxima campaña de una conocida marca de muebles, pero en su versión de familia desviada.

Porque aún hoy volvemos a nuestras ciudades pequeñas y nos encontramos a esa típica amiga de la infancia que hace diez años que no vemos. En plena conversación sobre su boda, nos pregunta “y tú, ¿tienes novio?” y no sabemos reaccionar. Y decimos que no. “Muy bien que haces, soltera se está mejor”. Asentimos. Nudo en la garganta. Quizá la peor lesbofobia la llevamos bien adentro. Cómo jode reconocer que el cisheteropatriarcado nos ha marcado a fuego. Una salida tardía del armario, ser leída desde la feminidad, relaciones pasadas con tíos en el currículum. El armario parece perseguirnos de un modo u otro. ¿Cómo vas a ser tú lesbiana con lo que te han gustado los tíos? o ¿cómo no vas a ser lesbiana si estás con una tía? Lo has sido todo el tiempo y tus relaciones anteriores con tíos han sido una mentira. Aunque estemos hablando de bolleras, creemos importante también hacer una mención a la bifobia, presente tanto en Chueca como en nuestros propios círculos, por muy deconstruidos que se nombren.

Las consultas médicas, especialmente las de ginecología, también son fábricas de invisibilidad servida en bandeja. Aparece cuando nos referirnos a nuestra pareja evitando el uso de pronombres hasta que el lenguaje nos hace un quiebro y no hay manera de encajar una frase y pum... terminamos usando el masculino. Menudo ardor interno, pero la presión de la norma está ahí y es difícil jugar en este partido eterno de romper las expectativas de quien escucha. Muchas de esas batas blancas están cargadas de ignorancia y al pronunciar la dichosa palabra «lesbiana» el silencio pesa en la sala. Si la pregunta de quien te trata es “¿qué es un dildo?”, la conversación acaba de terminar. ¿Lo escuchan? ¿Lo oyen? Es el silencio de que no me sale de la entrepierna hacer pedagogía contigo.

Por eso, hoy, 26 de abril, así como debería ser todos los días del año, es el momento de sacar nuestras plumas a las calles. Porque todavía nos quieren invisibles, nos quieren normativas. Bolleras, pero discretas. Desviadas, pero bajo control. La Plataforma de Encuentros Bolleros ha posibilitado un espacio intergeneracional donde bolleras diversas nos encontramos. Lo crean o no, hasta hace relativamente poco, muchas de nosotras solo conocíamos bolleras que rondaran nuestra edad. Qué necesaria la memoria, la historia, para tejer hilos entre los colectivos de hoy y de ayer, entre quienes ya estaban y quienes ahora llegan. Hacía tiempo que no nos sentíamos tan cómodas en un espacio activista que cada vez crece más. Porque en cada acción, en cada asamblea, en cada encuentro, estamos generando también una alternativa al ocio que no tenemos, una familia diversa que tanto tiempo se nos ha negado. Hoy, Día de la Visibilidad Lésbica, las postpotorras sacamos nuestra pluma para pasearla junto a nuestras compañeras de la Plataforma. ¿Lo escuchan de nuevo? Es el silencio de quienes nos quisieron callar y no pudieron frente al ruido de hordas de bolleras tomando las calles.

jueves, 1 de noviembre de 2018

#libros #lgtbi | Cuando muera Chueca : origen, evolución y final(es) de los espacios LGTBI

Cuando muera Chueca : origen, evolución y final(es) de los espacios LGTBI / Ignacio Elpidio Domínguez Ruiz.
Barcelona [etc.] : Egales, 2018 [11-01].
246 p.
ISBN 9788417319397 / 18,95 €

/ ES / ENS
/ Antropología social / Chueca / Diversidad sexual / Gentrificación / Gueto / LGTBI / Mercantilización / Sociología / Urbanismo

Chueca es uno de los barrios LGTBI más conocidos del mundo, habiendo llegado en cerca de tres décadas a ser un símbolo de la transformación urbana y de la diversidad sexual y de género. El barrio tal y como ha sido celebrado y reconocido por administraciones públicas y asociaciones activistas se formó a partir de la decadencia urbana y de la gentrificación. Esta transformación permite ir más allá del caso madrileño, por el parecido con otros barrios y espacios LGTBI de todo el mundo.

‘Cuando muera Chueca’ explora este movimiento: de Chueca al resto de los espacios LGTBI posibles, desde la perspectiva de la antropología, los estudios urbanos y la geografía. Este ensayo revisa diferentes explicaciones sobre cómo y por qué se han ido desarrollando estos espacios, incluyendo también modelos y teorías sobre la decadencia y la gentrificación de barrios como Chueca, Castro o Le Marais. A través de una variedad de casos y de explicaciones se presenta una reflexión sobre la diversidad sexual y de género y el espacio, así como sobre el papel que pueden tener la política representativa y el activismo.

miércoles, 24 de octubre de 2018

#hemeroteca #postureo | De lo ‘hipster’ a lo paleto

Imagen: El País
De lo ‘hipster’ a lo paleto.
Sufrimos una modernidad que no transgrede un pimiento.
Sergio C. Fanjul | El País, 2018-10-24
https://elpais.com/ccaa/2018/10/24/madrid/1540360351_205177.html

En el siglo XIX a la burguesía europea elegante y enterada le flipaban las cosas misteriosas y exóticas procedentes del Oriente, así que artistas y mercaderes se dedicaron a imitar lo oriental de forma exagerada y bombástica para atender a esta demanda, estereotipando, de paso, lo auténtico oriental.

Igual que aquellos viajeros románticos ingleses que se introducían en la España profunda y volvían con fantásticos cuentos de bandoleros, brujas y gitanos, justo lo que sus compatriotas querían oír: lo pintoresco.

En Madrid, y por ende en España, ocurre lo mismo, ‘mutatis mutandis’, con lo moderno. Regreso de Nueva York, la cinematográfica capital donde se dictamina cómo han de ser las cosas en el resto del mundo, y he visitado los barrios hipergentrificados, hipotéticamente ‘cool’, como Greenwich Village o el SoHo, fundamentalmente dedicados ahora a la ‘boutique’ pija y al restaurante bien, rendidos a la exuberancia irracional inmobiliaria. En NYC hay la más absurda riqueza y muchísima miseria.

En Brooklyn está el barrio de Williamsburg, deslumbrante faro del moderneo ‘hipster’ global: qué tristeza comprobar que los restaurantes, los bares, las tiendas de segunda mano, las panaderías clónicas que invaden Malasaña, Chueca, La Latina, buena parte del centro de Barcelona, etcétera, y nos venden como vanguardia, son una copia insulsa e hipertrofiada, calcada punto por punto, pero peor, de lo ‘williamsburgués’. Igual que los orientalistas exageraban de forma un tanto ridícula lo que sus clientes querían que fuese Oriente, el moderneo patrio exagera y plastifica, en busca del mayor beneficio, lo que allí se inventa.

Hay quien llama innovación a la burda imitación. “Creo que en España se ha entendido mal lo que significa ‘cool’”, me dice una vecina de allá, “aquí significa más desenfadado o relajado que moderno: no hay tanto ‘postureo’”. En Williamsburg, en efecto, no hay tanta impostura: al menos tienen la legitimidad del pionero; entre tanto ‘hipsterismo’, y desplazamiento de la población más pobre, y aumento de la desigualdad social, y revanchismo urbano, se encuentra alguna diminuta, muy diminuta, verdad, e incluso alguna ambición política al fondo de alguna librería perdida. Williamsburg no es un modelo a seguir, pero aquí ni siquiera sabemos seguirlo sin ‘horterizarlo’ y ‘turistificarlo’. El ‘hipster’ madrileño se parece más al Bob Esponja de la Puerta del Sol que a su ideal platónico neoyorquino.

Sufrimos una modernidad que no propone nada, que no critica nada, que no transgrede un pimiento, solo enfocada al ejercicio de la apariencia y de la compraventa. Una modernidad prosistema, aliada de las marcas y las franquicias, cómplice del negociete turístico e inmobiliario, de la destrucción de la ciudad, de la precariedad laboral. Una joven derechina ‘avant garde’, genuinamente madrileña, que ha obrado el milagroso salto del acróbata: decirse moderna y ser paleta.