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martes, 4 de abril de 2017

#hemeroteca #memoria | La Ruta del 'Bakalao': la fiesta que nos libró de la heroína

Imagen: Público
La Ruta del 'Bakalao': la fiesta que nos libró de la heroína.
València también tuvo su verano del amor, como la Inglaterra del 89. Duró lo que duran los besos, y se expandió a lo largo de los 40 km de la CV-500 donde, entre arrozales y huertas, los jóvenes se bailaban el fin de semana a la conquista de unas libertades que todavía tenían vetadas.
Sara Calvo Tarancón | Público, 2017-04-04
http://www.publico.es/culturas/herencia-destroy-ruta-bakalao-fiesta.html

Una "microutopía del placer", dijeron de ella. O también, una "revolución contra la nada, nacida de la nada y abocada a la nada". Son palabras de Joan Oleaque, autor de ‘En èxtasi’, uno de los pocos ensayos que hay sobre esos años. Algo pasó en aquellos 40 km de la CV-500 en los que más de 50.000 jóvenes a principios de los ochenta se reunían dispuestos a conquistar la noche y de paso su libertad, por los rincones de las salas de las discotecas que conformaron la Ruta del Bakalao.

"Una de las cosas que más molesta de la Ruta era que los que se divertían fueran de clase trabajadora", lanza el periodista Víctor Lenore. Muchos sitúan el principio del fin en 1993, fecha en la que la DGT empieza a publicar escalofriantes cifras de muertes en accidentes de tráfico en la zona. La campaña mediática para desprestigiarla estaba en marcha. Las redadas policiales se sucedían. Y un jovencísimo Carles Francino ponía voz a un documental, ‘Hasta que el cuerpo aguante’, con el que los padres de los hijos de la transición se escandalizaron.

"Lo que no puede ser es todo trabajo. ¿Nos van a quitar también el sábado y el domingo?", comentan a la cámara los protagonistas del documental. "El fin de semana es para nosotros, dejadnos disfrutar e ir donde queramos", replica una chica, y su compañera la anima: "Es que nos prohíben un montón de cosas y lo prohibido es lo bueno".

Anécdotas hay muchas. Cuentan que los dueños de Chocolate decidieron echar la persiana sin avisar en 2004 y que fueron los propios ‘ruteros’ los que, al sábado siguiente, se congregaron en su parking para seguir la fiesta fuera. A Juan el Nazario, mítico ‘segurata’ de la discoteca, le despertaron a las 3 de la mañana y le tocó el papelón de apaciguar a los cientos de ‘chocolateros’ con el maletero abierto y sus mixtapes de techno a todo trapo que no querían ‘el chape’ de un templo de la música abierto desde los 70. Y lo consiguieron, puesto que la discoteca abrió al siguiente fin de semana.

Lo político de una rave
Para los arquitectos Juan Carlos Castro y Massimiliano Casu, esta anécdota tiene mucho de movimiento político guiado por el deseo y ven en esa colonización del espacio público algún tinte de lo que fue el movimiento transnacional Reclaim the streets, organizadores del Carnaval contra el Capital, por aquello de la reapropiación del territorio con connotaciones lúdicas.

El acceso al ocio es lo que reviste de tinte político a la Ruta según Lenore. Para el sociólogo Isidro López, la forma de vivir la fiesta generaba sobre todo comunidad, al estilo de lo que hizo, en esos mismos años, el movimiento rave en Inglaterra. Aunque allí el paro y la reconversión industrial convirtieron esas raves en auténticos movimientos sociales donde la fiesta se autogestionaba porque no existía la figura del club, como en València.

Con Thatcher, las ‘raves’ inglesas, se convirtieron en un problema de orden público solventado con cargas policiales e incluso penas de cárcel para los organizadores. Aquí en casa, en cambio, "se trató más de llevar hasta el límite la permisibilidad progre", añade López.

"Si Almodóvar quería fiesta de verdad se iba a València"
Destroy, bakalao, ruteros, mescalina. Lo que queda claro es que fue un fenómeno sociocultural sin parangón vinculado a la música electrónica y precursor de la música de club de hoy. "En ninguna discoteca de España ni de Europa ni del mundo sonaba esa música", recuerda el periodista Luis Costa, autor de ‘¡Bacalao! Historia oral de la música de la música de baile en València, 1980-1995’. Esa horquilla de años fueron los buenos para Costa, donde los sonidos más ‘underground’ de la Europa del postpunk, de los nuevos románticos o de la ‘new wave’, salieron de los pubs oscuros de Londres, Berlín o Detroit y llegaron a las salas valencianas ocupadas por más de 2.000 personas que, a fuerza de repetir cada fin de semana jornadas maratonianas de fiesta, se las sabían bailar de memoria.

"En España el ocio estaba reservado para varones de clase media que querían encontrar espacios donde no estuviera su mujer", explica Víctor Lenore. "Con la llegada de la música electrónica, las drogas sintéticas y las discotecas asequibles, los chicos y las chicas se empiezan a relacionar en condiciones de igualdad. Fue un fenómeno interclasista y muy ecléctico en lo musical", aunque también muy marginado, recuerda Lenore. Algo que se ve cuando se compara a nivel de repercusión hoy en día con la Movida madrileña. "Almodóvar, McNamara, Victoria Abril o Ana Curra cuando querían salir de fiesta de verdad se iban a València", sigue Lenore.

"La Movida tiene mucho de amplificación de una escena bastante reducida porque sucede en Madrid y porque se quiere dejar atrás a la España de las luchas de la transición, pero no se puede comparar con la explosión que fue la Ruta del Bakalao en cuanto a gente involucrada", replica López.

Spook Factor, ACTV, Chocolate, Puzzle, The Face o Barraca, sobre todo, Barraca, fueron los locales de moda. Fueron años de ensalzar flyers y quemar ‘cassettes’ de las pinchadas de esas discotecas que se ganaron a base de romper horarios y forzar vatios de sonido la fama de míticas. Muchos asistentes pasaban las cintas al ‘pincha’ antes de la sesión con una ‘pastillita’ pegada, de regalo, recordaba José Manuel Sebastián, periodista de Radio3.

Costa distingue varias generaciones de pinchadiscos: la primera la funda el pionero Juan Santamaría, curtido en las pistas hippies de Ibiza y garitos truculentos de Londres. "Yo iba a las tiendas de discos y les decía, a mí dadme lo que nadie más se quede". Fue el fundador de Zic Zac discos y alimentó la guerra por ser el primero en hacer sonar solo lo más de lo más en las cabinas. Él ocupó la de Barraca hasta que dejó paso a Carlos Simó; ambos terminaron de extinguir la música lenta que se bailaba ‘agarrao’ en esos primeros años ochenta para fomentar el gusto por lo que llamaron, en ese momento, ‘música blanca’, para contraponerla con el funk, tan de moda aquellos años.

Rock y EBM belga, gótico, Krautrock, techno industrial... Toda la nueva ola a la que España y la mitad de Europa todavía daba la espalda, sonaba en València: desde Siouxsie and the Banshees hasta REM, New Order, Soft Cell, Sigue Sigue Sputnik, B-Movie, Visage, Anne Clark o Nitzer Ebb... Grupos como los Stone Roses o los Happy Mondays tocaron en directo, a las tantas de la madrugada, en las pistas de las discotecas a las que llegaron locos por las historias que contaban sobre las pastillas verdes, las ‘mescas’. València tuvo, además, su propia droga.

"La mescalina es una sustancia que está bien vista, incluso se cree que inspira canciones. Se la toma a pitorreo porque el referente anterior es muy duro", narra Joan Oleaque. "Aquí nos salvamos de la heroína gracias a la fiesta", aseguraba Vicente Pizcueta, en aquellos años gerente de Barraca: "Nadie quería estar de muermo; aunque algunos se pasaron de vuelta y siguieron con la heroína, aquí no hizo los mismos estragos que en Madrid o Barcelona", añade Pizcueta. "La ‘mesca’ ha sido la mejor droga que ha habido", afirma Toni 'el gitano', dj de Chocolate. El batería de New Order da buena fe de ello porque cuando tocaron en Pachá, en 1984, se ganó una ‘pasti’ después de una apuesta, según recoge Costa en su libro.

Los 'pinchas' de la Ruta, al Sónar
Simó y Santamaría inspiraron una segunda generación de djs entre los que destaca Fran Lenaers quien, por cierto, encabeza el cartel del próximo Sónar en Barcelona. Todos los nostálgicos son unánimes: Lenaers era -y lo sigue siendo- un virtuoso de los platos: fue el primero que consiguió mezclar dos temas a tiempo real y al mismo ritmo, durante largos periodos de tiempo. Combinaba a la perfección la técnica con un muy buen gusto musical. Quienes pisaron Spook Factory a partir del 86 podrán dar fe.

Para Isidro López, "Lenaers marcó la pauta de lo que musicalmente fue la ruta", con sus sesiones de más de seis horas seguidas en Spook y ACTV y su refinado gusto musical. València, casi sin saberlo, se miraba a los ojos con Bélgica, Inglaterra, Detroit y Chicago: "Es la primera vez que algo que sucede en el Estado español se encuentra a la vanguardia del mundo".

miércoles, 14 de diciembre de 2016

#libros #cronicas | ¡Bacalao! : historia oral de la música de baile en Valencia, 1980 – 1995

¡Bacalao! : historia oral de la música de baile en Valencia, 1980 – 1995 / Luis Costa.
Barcelona : Contra, 2016 [12-14].
368 p.
ISBN 9788494561252 / 18,90 €

/ ES / Crónicas
/ Comunidad Valenciana / Fiestas / Historia – Siglo XX / Música / Ocio nocturno / Ruta del Bakalao / Sociología / Testimonios

Fruto de un año y medio de trabajo, y de cientos de horas de entrevistas con los principales actores y protagonistas de la escena musical y empresarial, ‘¡Bacalao!’ es el primer libro que aborda de manera exhaustiva, seria y rigurosa el panorama musical y de ocio nocturno valenciano del periodo que se extiende desde principios de los ochenta a mediados de los noventa.

Tras la muerte de Franco, y en plena Transición, España vivió un periodo de esplendor cultural underground que, influido por la eclosión del punk británico, sentó las bases de una nueva escena artística, sobre todo musical, que, en Valencia, a partir de la iniciativa de unos pocos emprendedores y visionarios, fraguó el alumbramiento de algunas de las discotecas más innovadoras y avanzadas de Europa. Allí empezaron a operar los primeros DJ del país, mezclando los vinilos que importaban de Londres o que traían las intrépidas tiendas de discos que empezaron a proliferar en la ciudad. Nacía así una cultura de clubs cuyos bastiones fueron discotecas como Barraca, Chocolate, Espiral, Spook Factory, Puzzle, A.C.T.V o N.O.D.

Los primeros años de espíritu vanguardista y transgresor, y los pioneros conciertos que se organizaron en algunas de estas salas, desembocaron en la consolidación de un modelo de ocio nocturno que explotó el frenesí de una juventud que buscaba encontrar sus propios referentes y halló en el esparcimiento frenético de la noche una forma de liberación. Liberación que propiciaron las drogas —al principio la mescalina, y luego el éxtasis, la cocaína y el speed— que cientos de jóvenes consumían en las diferentes discotecas, algunas de las cuales abrían en horario de ‘after hours’, en un circuito que se podía prolongar ininterrumpidamente durante el fin de semana, y a veces más allá.

Pronto, el fenómeno se tornó masivo, y las fiestas de la llamada «Ruta del Bakalao» o «Ruta Destroy» se hicieron multitudinarias. Brotaron sellos discográficos y productoras que alimentaban la demanda musical de las salas, y los gigantescos parkings que se habilitaron para los coches que allí acudían acabaron por transformarse en prolongaciones de las fiestas que tenían lugar en el interior de los clubs.

Este libro pretende dar cuenta por primera vez de esta historia de nuestra cultura cuyo legado ha quedado desdibujado y deformado por lo que trascendió a través del eco distorsionado de los medios de comunicación. En forma de historia oral, ¡Bacalao! revive tanto aquellos años de frenesí como la música que se produjo y pinchó en aquel tiempo.

lunes, 12 de diciembre de 2016

#hemeroteca #testimonios | Valencia, bakalao y mescalina: hablan los que de verdad estuvieron en la Ruta

Imagen: El País
Valencia, bakalao y mescalina: hablan los que de verdad estuvieron en la Ruta.
Killing Joke o Play Dead tocando para mil personas hasta las cejas, Bez de Happy Mondays viajando esde Ibiza solo para abastecerse de pastillas... Hablamos con Luis Costa, autor del libro.
Òscar Broc | El País, 2016-12-12
http://elpais.com/elpais/2016/12/11/tentaciones/1481489507_852039.html

Españoles, Valencia ha vuelto. Al menos, durante la segunda mitad de este agónico 2016. La publicación de la novela de Chimo Bayo y Emma Zafón, ‘No iba a salir y me líe’ (Roca), ha despertado un titán que llevaba casi treinta años aletargado: la mal llamada Ruta del Bakalao.

A rebufo de este curioso experimento literario, se ha practicado en los medios una autopsia colectiva del cadáver valenciano; una etapa musical que todavía hoy se nos revela como una anomalía de la España de los 80 y que para muchos entusiastas merecía ser explicada por sus propios hacedores, sin recurrir a anécdotas de farmacopea extrema distorsionadas por el paso del tiempo, viejas leyendas o rumores sobre rumores.

Y aquí es donde entra ‘¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995’ (Editorial Contra). Luis Costa –DJ, periodista y jefe de prensa de la sala barcelonesa Razzmatazz- vio claro que había que acudir a las fuentes originales para escribir la historia definitiva del fenómeno valenciano. “Había poca información sobre el tema. Toda me había llegado sesgada. Era una historia apenas documentada. Hay un ensayo de Joan Oleaque que se titula ‘En Éxtasi’ y algunos documentales, poco más. Así que hice unas primera entrevistas y enseguida vi que tenía algo muy gordo y desconocido”, explica Luis Costa.

En un esfuerzo admirable de coordinación, el autor ha encontrado y entrevistado a prácticamente todos los implicados en aquel ‘boom’ –empresarios, DJs, músicos, periodistas-, para que sean ellos quienes nos muestren, más allá de la nebulosa, las vísceras del monstruo que crearon. Aquí los que hablan son los tipos que oficiaban misas multitudinarias en ‘Barraca’, ‘Chocolate’, ‘Spook’ y otros santuarios de la fiesta. Los que ponían el dinero. Los que trajeron a Stone Roses por primera vez a España. Los maestros del sonido Valencia. Más de 20 entrevistados. Nunca se ha hecho un ejercicio periodístico sobre el asunto de esta envergadura.

Quizás, nombres como Juan Santamaría, Toni “El Gitano”, Kike Jaén, Fran Lenaers o Juanito “Torpedo” os suenan a personajes secundarios de una película de Eloy de la Iglesia. Un par de ellos, de hecho, habrían tumbado al Torete saliendo de fiesta. Sin embargo, se trata de visionarios que, a golpe de chaladura, tozudez y amor por la música de vanguardia, cambiaron por completo el concepto de ocio nocturno en España y alumbraron algo parecido a una cultura de clubs… cuando la cultura de clubs todavía ni se había inventado.

En ‘¡Bacalao!’ hablan ellos y solo ellos construyen el relato más fidedigno y cualificado que hasta ahora se ha volcado en papel sobre la edad dorada de este fenómeno. “En su momento no les hicieron caso, pero piensa que ellos sabían que tenían algo muy especial entre manos y lo protegieron celosamente. Tampoco se dieron mucha bola. Un DJ tan importante como Fran Lenaers no pinchaba fuera de Valencia ni falta que le hacía: no necesitaba salir de allí, tenía la mejor sala, el mejor equipo, el mejor público”, explica el autor.

‘¡Bacalao!’ se recrea en la etapa más efervescente de la ruta, más o menos desde principios de los 80 hasta los primeros compases de los 90. “Es una etapa de una variedad musical sin parangón. Se abarca un abanico de estilos amplísimo en muy poco tiempo”, comenta el autor. Efectivamente, es un periodo apasionante e injustamente maltratado por la historia, que solo parece interesada en el apocalipsis final de la movida: el de la coca, el ‘speed’ y el ‘pitch’ al máximo. En los últimos capítulos, el libro también intenta arrojar una luz sobre las causas de la debacle, pero donde reside su auténtico valor es en la radiografía de los años en los que Valencia le pintó la cara a Madrid y Barcelona.

Porque mientras que en España, la Movida copaba los focos de la modernidad, en Valencia se pirraban por el ‘post punk’, la ‘new wave’ y los sonidos más alternativos anglosajones. Como se cuenta en la obra, hasta en el bar más cochambroso de cualquier pueblecito podías escuchar a Cabaret Voltaire o Suicide. Parece que en los 80, los auténticos modernos no estaban ni en Madrid ni en Barcelona, sino en Valencia. “Escribiendo este libro me he dado cuenta de que Valencia es un enclave muy musical. Es cierto, en cualquier bar de pueblo tenían dos platos y compraban vinilos en las tiendas especializadas, que colocaban miles de copias. Siempre hubo una cultura musical muy avanzada”, explica Luis Costa.

Y la primera etapa de la ruta valenciana adquiere en el libro tintes épicos en lo que se refiere a vanguardia y osadez. Grupos como Killing Joke o Play Dead, adscritos al ‘underground’ en sus país de origen, tocaban en salas con mil personas hasta las cejas de mescalina, que cantaban sus canciones como si fueran himnos. Las bandas anglosajonas alucinaban, especialmente cuando comprobaban que tenían que tocar en dos sesiones imposibles: un concierto a las 2 de la madrugada y otro a las 7 de la mañana. Parece una broma, pero esto ocurría en Chocolate. “Andy Jarman cuenta que cuando leyeron el contrato pensaban que se habían equivocado con los horarios, pero se quedaron a cuadros cuando les dijeron que no”, asegura el autor. “Por eso, muchos grupos acababan como acaban. Había grupos que decían que no sabían quién estaba peor: si ellos o el público.”

Evidentemente, ‘¡Bacalao!’ aborda también el asunto de la química. El capítulo de la mescalina, la cápsula verde que marcó los años dorados de la Ruta y desapareció sin previo aviso en los 90, tiene hasta tintes de ‘Breaking Bad’, pues se habla de un misterioso químico de Barcelona que la fabricaba, y se puede deducir también que el cambio de la mescalina a la zarpa fue cosa las mafias. De todos modos, el libro evita acertadamente el empacho de anécdotas lisérgicas (Nando Dixkontrol escalando las cañerías de A.C.T.V. en busca de la Virgen, Bez de Happy Mondays viajando de Ibiza a Valencia solo para abastecerse de mescalinas) e intenta darle a esta sustancia legendaria la importancia relativa que tuvo. “La mescalina se ha mitificado un poco. No fue tan decisiva. Coincide en un momento en que la juventud empieza a disfrutar de unas libertades inexistentes hasta entonces en España. Y todo era intenso. Se divertían de verdad. Muchísimo. Dicen que era de una calidad superior, que no daba bajón, bueno, todo se mitifica mucho, pero lo atribuyo más al momento que a esa droga en concreto”, comenta Luis Costa.

Ante todo, ‘¡Bacalao!’ evidencia la enorme brecha que hasta ahora había entre el conocimiento popular de los que fuimos ajenos al fenómeno y lo que realmente ocurría en el corazón de la tormenta. Es un libro dignificante, aunque todavía hoy se percibe cierto resentimiento por parte de algunos entrevistados. “Están quemados con la prensa, porque se hizo un uso muy sensacionalista del fenómeno que contribuyó a la masificación y a la proliferación de controles policiales, con la Ley Corcuera que permitía registros exprés”, apunta el autor. Los implicados no quieren ni oír hablar del concepto Bakalao; odian esa K degradante. Y reniegan del concepto Ruta del Bakalao, una expresión excretada por los medios sensacionalistas que los ‘ruteros’ y DJs jamás emplearon.

Es una reluctancia comprensible: el libro, a través de sus protagonistas, constata que Valencia estuvo a un paso de convertirse en una de las primeras capitales de la música electrónica de Europa, pero los medios solo se interesaron por la degradación del movimiento. El documental de ‘Hasta que el cuerpo aguante’, (Canal Plus, 1993) dejó en el imaginario español imágenes aterradoras de críos enzarpados con las mandíbulas fuera de órbita. Los mascachapas como estigma. Y así hasta hoy.

En este sentido, ‘¡Bacalao!’ es la historia de un subidón cósmico y un bajón letal. Es una historia oral trepidante que sería perfecta si Chimo Bayo hubiera accedido a participar en ella. “Contacté con él en marzo. Y durante el tiempo que lo intenté, me dijo que no podía, porque estaba liado. También me explicó que estaba escribiendo su novela. Todo parecía ir bien hasta el momento en que le dije que necesitaba hacer la entrevista ya, porque había que entregar el texto, y entonces me dijo que no. Es una pena, me hubiera encantado tenerle”, asegura Luis Costa. Lo cierto es que en el libro, no hay buenas palabras de los entrevistados hacia Chimo Bayo. Muchos le identifican como el comienzo de la gangrena, el showman que dio sentido a la odiada 'K' de Bakalao. Definitivamente, después de esta lectura, es la hora de ponerle la C que le corresponde.

viernes, 9 de diciembre de 2016

#hemeroteca #testimonios | ¡Bacalao! Así suena la historia oral de la Valencia que fue capital de vanguardias

Imagen: Valencia Plaza / La Barraca Club
¡Bacalao! Así suena la historia oral de la Valencia que fue capital de vanguardias.
¿Y si la ruta pudo derivar en una industria sostenible? El periodista y dj Luis Costa reúne a más de 40 voces en un libro que alumbra el primer legado documental sobre los precedentes durante toda la década de los 70, además de la historia de los 80 y 90 parcialmente conocida.
Eugenio Viñas | Valencia Plaza, 2016-12-09
http://valenciaplaza.com/bacalao-valencia-libro-ruta-luis-costa-contra

En 'Spotlight', la película de Tom McCarthy, uno de sus personajes deja caer la idea de que la revelación sobre el 'sistema de pederastia' en la Iglesia Católica de Boston ha sido posible gracias a que un judío ha acabado dirigiendo el periódico más importante de la ciudad. Salvando las distancias, que son todas, a veces es necesario que un agente exógeno se asome a una realidad para ejercer de testigo documental. Especialmente si esa realidad es turbia (o ha sido enturbiada). Especialmente si esa realidad ha sido manoseada desde dentro con todas las intenciones para ser deformada en todas direcciones.

En este viaje el ‘octavo pasajero’ es el conocido periodista y dj Luis Costa; ‘la Nostromo’ del asunto es la Ruta; el resultado: ‘¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995’ (Contra, 2016). Él mismo, en el prólogo, advierte que las casi 50 voces propias del fenómeno "tuercen el gesto" cuando suena el término. Con un punto de chulería y -quizá- amor propio a las decenas de entrevistas y cientos o miles de horas de trabajo, Costa no esquiva el sustantivo y cambia la ka por la ce recordando las muchas expresiones del castellano que acabarían sirviendo para definir los años en los que Valencia fue la capital de la vanguardia musical en Europa. El libro documenta que así fue, al menos durante buena parte de los años 80.

‘¡Bacalao!’ es un relato oral en su máximo esplendor. Costa alterna las voces que ha "perfilado" con la técnica periodística. Están crudas (Carles Simó, Juan Santamaría, Toni 'El Gitano', Juan 'Torpedo', Fran Lenaers, Vicente Pizcueta, José Conca, Kike Jaén, Arturo Roger y tantas otras). A cada párrafo de información le precede su autor y para el lector especializado o el valenciano, el libro sirve para ‘empastrar’ -en el gastronómico y mejor sentido del término- un gran número de nombres propios, casi todos, y los lugares y mitos del pasado.

Lo más curioso es que su aportación más preciosa tiene que ver con una horquilla en el tiempo que no se incluye en el título. La década dorada de la ruta, entre los primeros 80 y los primeros 90, es la consecuencia de una serie de influencias en las que son determinantes el rock, la llegada de extranjeros a través del ‘boom’ turístico y el sistema de prescripción a través de vendedores de tiendas de electrodomésticos y cabinas de escucha (de almacenes Vda. Miguel Roca hasta Lanas Aragón a El Corte Inglés). Conciertos de Led Zeppelin en Benidorm, de Triana en Quart de Poblet o de Soft Cell en Llombai son cronológicamente las piedras de toque de un conocimiento musical imprescindible para comprender los riesgos que se asumen musicalmente en las discotecas.

La publicación describe cómo los ‘casales’ falleros destapan la necesidad práctica de que alguien ponga la música, de la influencia de los pases por estilo, los lentos y las rumbas, de un ecosistema de discotecas previo sin rastro documental (Las Vegas, Quart de Poblet; Club 61, Xirivella; Bony, Torrent; Tres Tristres Tigres, Valencia; etcétera) o de los años en los que las ahora icónicas salas de baile no estaban ni medio llenas, silbaban a los dj's y se mezclaban bajo un mismo techo los llamados 'siniestros' con los llamados 'cañeros'. De todo ello hablamos con el autor del volumen:

-Eres de Barcelona, vives y trabajas allí. Por tu edad, tampoco estuviste en la Ruta. ¿Ese punto de vista externo te motivó a iniciar la investigación? ¿Ha sido un obstáculo en algún caso?
-Es algo que había reflexionado previamente. Ninguno de todos los que participan me conocen directamente y lo vi como algo positivo: podía hacer mi aproximación al fenómeno desde fuera. Mi intención era, a partir de ello, tener una visión de lo sucedido poco o nada condicionada. Un relato fresco en ese sentido. Lo que sí puede haber influido a su favor es que todos aquellos con los que he hablado saben que soy periodista, que tengo ciertos conocimientos tanto musicales como del contexto y, sobre todo, que soy dj desde 1994. También ha podido influir que sea el jefe de prensa de Razzmatazz y que, con todo lo dicho, supieran que de alguna forma entendía el entorno en el que se trabaja en una cabina o en la noche. Al fin y al cabo, en el caso de los dj's, hablaban con una persona que conoce el oficio.

-¿Cómo surgió la idea de hacer el libro?
-Desde hacía tiempo tenía ganas de centrar en un libro parte de mis estudios e investigaciones de música. Desde que nació la editorial Contra he reseñado sus libros, nos conocemos y hablamos de la posibilidad de hacer algo juntos. Yo sabía que 'aquí' había un tema con necesidad de ser estudiado y nos cuadraba a ambas partes. Avancé un poco para ver si había la posibilidad de que pudiera convertirse en libro y me di cuenta de que la primera parte cronológica apenas estaba documentada. Pocas entrevistas, algunas sesiones por internet y sin más referencias. A poco que me puse a indagar me di cuenta de que había un tema gordo por resolver.

-¿Por qué ese estilo de narración indirecta? ¿Fue premeditado? ¿Tenías alguna referencia concreta?
-Es un estilo que me encontré por el camino. Es cierto que es un tipo de estructura que me gusta y que he leído en otros libros de música. O por ejemplo en ‘El otro Hollywood: Una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno’ (Es Pop, 2008). Cuando hice las primeras entrevistas me di cuenta de que era la mejor opción.

-¿Cómo preparaste ese itinerario de entrevistas?
-Traté de encontrar todas las referencias periodísticas al respecto. También fue fundamental el libro de Joan Oleaque, que como digo es el de referencia (‘En Èxtasi’, Ara Llibres -2004). También el libro autoeditado de David Sáenz (‘La Ruta. Una historia a ritmo de música bacalao’). A partir de ahí hice una lista y, en cualquier caso, estaba claro que todo iba a empezar por Juan Santamaría, Carlos Simó y sus coetáneos. Con sus relatos también me di cuenta de que había una historia musical previa absolutamente desconocida.

-El libro se divide en 'Cara A' y 'Cara B'. Quitando el capítulo de A.C.T.V. en esa segunda parte, ¿querías reflejar de una manera clara la parte de crecimiento y creatividad y la decadencia y final con ese corte?
-Sí, es exactamente eso. Aunque A.C.T.V. esté en esa segunda parte, para mí es la discoteca bisagra para la vanguardia. Es la última gran discoteca, por así decirlo. Es un proyecto que nace para mantenerse en la vanguardia, para seguir arriesgando y generar un foco de atención a nivel europeo. A la vez es de las primeras que va perdiéndose por ese camino. Pese al esfuerzo de sus impulsores, a su gran aportación estética y a su programación genial, se ve atrapada en la rueda colectiva de las salas atenazadas por los controles policiales y la presión mediática y social.

-¿La presión social, mediática y policial, en el orden que se sucediera según el caso, es la que marca el final de la Ruta?
-No. Sin duda es un factor importante, pero no es una consecuencia de esto. Es la consecuencia de muchos factores. Por ejemplo, el cambio generacional de público. Es algo lógico: la gente que lleva 10 años saliendo va dejando de acudir con frecuencia a las discotecas. Aparece un público nuevo que no tiene el ‘background’ musical del primer público. No ha acudido a esos conciertos de grupos extranjeros que tienen en Valencia incluso más repercusión que en su país. No es un público que entiende de dónde viene esa música, cómo ha evolucionado, que baila y disfruta, que llena las salas. Se generó un ecosistema original que se iba retroalimentando y que nutría a nuevas discotecas. Pero ese público languidece por edad y hay un cambio musical importante.

-¿En caída?
-En mi opinión, sí. Se pierde calidad. Las salas no saben reinventarse lo suficientemente rápido o de la manera más inteligente desde el punto de vista de la gestión. Algunos dj's se quedan solos intentando apostar por las vanguardias del ‘hardcore’ porque los jóvenes demandan música más acelerada, pero a Valencia no llega ese ‘hardcor’e más acelerado que está cogiendo el relevo de vanguardia y que suena en Bélgica o Alemania. Valencia pierde esa 'capitalidad' por así llamarla habiendo música tan acelerada como esos jóvenes demandan. Descerebradamente acelerada, diría yo, pero que existe y que no llega a Valencia. Llegan un ‘hardcore’ de tercera o cuarta calidad, el conocido como ‘pitufeo’ porque aparecen las canciones de ‘Los Pitufos Makineros’. Poco después, Valencia se recupera a través de discotecas como Le Club y de repente vuelve a iniciar una actividad de gran nivel, pero ya será una más en Europa. No volverá a ser el centro de atención ni a marcar el ritmo de lo que suena en el continente como sí sucedió durante años, aunque muchos de sus protagonistas no eran de todo conscientes del impacto exterior.

-Antes mencionabas la presión policial, derivada también a causa de las muertes, tanto por accidentes de tráfico como por sucesos derivados del consumo de estupefacientes. ¿Hay una crónica negra en paralelo a la historia de la Ruta?
-No la he advertido como tal, pero creo que no habría problema en seguirla.

-En el libro citas el icono mediático para el periodismo de sucesos que es el incendio de la discoteca madrileña ‘Alcalá 20’. De ahí hasta el ‘crimen de las niñas de Alcàsser’ pasando por otros tantos hechos luctuosos intermedios, ¿cuánto influyen todas estas historias y la propia nueva realidad de los medios de comunicación en España sobre el fenómeno?
-Es cierto que en los medios existe esa apertura a la crónica negra. Es el momento previo a la telebasura que se acuñará con el citado crimen de Alcàsser. Van brotando programas y reportajes cada vez más sensacionalistas que buscan los momentos de impacto y en ‘prime time’. Un ‘prime time’ que había que copar a toda costa, llevándose por el camino lo que se llevara. La Ruta encaja perfectamente en los estereotipos de lo que se puede denunciar. Esa imagen de sodoma y gomorra que transmiten los medios y que también ayuda en cierto punto a ver el fenómeno de una manera más amplia.

-El libro es, seguramente, el bestiario más extenso que se ha compilado de la Ruta, desde los años 70 hasta A.C.TV. pasando por la Movida valenciana o los años de apogeo en Chocolate, Barraca y Espiral. La cantidad de nombres propios es ingente, pero sale a la palestra el de German Bou, autor de 'Así me gusta a mí' o 'Dunne'. ¿Sabías hasta donde calaba su relevancia en el 'Sonido de Valencia'?

-Sí, llegaba más o menos hasta donde suponía. Es uno de los protagonistas de otro de los momentos más potentes de la historia, el de la producción musical. Junto a Meagabeat es quien está a inicios de los años 90 dejándonos otro de los interrogantes en los que abunda el libro: ¿por qué no se estableció una base de producción musical en Valencia como referente en Europa? Tuvo algunas canciones de marca, pero cuando fue a levantar cabeza quedó todo fagocitado por ese ‘hardcore’ de tercera generación del que ya hemos hablado. Bou es el primer productor en España que crea un estudio completo destinado a la electrónica, tanto para la música como para la publicidad. Es, seguro, una de las primeras personas en todo el Estado que maneja ese lenguaje, que es pionero absoluto tecnológicamente, está a la vanguardia y la usa.

-Además del de Bou, ¿hay algún otro nombre que tú consideres que es trascendental en toda esta historia?
-Hay muchos... por ejemplo, el de Juanito 'Torpedo' cuya historia me sorprendió gratamente. Es trascendental el papel de Toni 'El Gitano', más conocido, como puede pasar con Carlos Simó. También me parece un nombre muy relevante el de Quique Serrano, otro pionero capaz de crear una escena, con una apuesta musical muy valiente que genera un público propio (Espiral), un lenguaje propio para sus pistas de baile con difíciles símiles en Europa antes de su existencia, pero sí posteriores. También el caso de José Conca, por ejemplo. Hay nombres totalmente reconocidos como dj's en la Ruta, como puede ser el caso de Fran Lenaers, pero para mí lo que hace Conca en Chocolate está a un nivel altísimo en cuanto a técnica o a selección musical. Hay muchos nombres importantes en el libro por distintos motivos, como pueden ser Arturo Roger o Kike Jaén, pero creo que estos son más conocidos.

-En el prólogo adviertes que Chimo Bayo no ha querido participar. ¿Intuyes por qué?

-No. Estuvimos en contacto. Estaba previsto que participase e incluso me habló hace meses del proyecto de libro que ahora ha publicado. Llegado un día me dijo que no tenía tiempo y que tenía otras prioridades. Yo lo achaco a la falta de tiempo, no puedo intuir nada más.

-Es una constelación de nombres más o menos conocida, pero en referencia a la historia y una vez recopilada, ¿qué es lo que más te ha fascinado?
-Directamente, la propia historia. Es muy potente a nivel estatal y fuera de España. Me ha fascinado como dj la evolución técnica y artística de algo que surge casi como la necesidad de poner discos y cómo evoluciona sin apenas influencia externa. Me fascina la sensación de todo por hacer y por inventar en el mundo de las discotecas, las configuraciones técnicas más rudimentarias o como todo surge de salas en las que ni tan solo había mesas de mezcla. Es también muy importante el relato que tiene que ver con lo que nos influye en este sentido lo que nos llega en verano y por el turismo extranjero. En invierno, como cuentan los protagonistas, las discotecas eran una cosa; en verano, cambia todo y ahí si hay una influencia externa. Hay un triángulo muy interesante que da para una investigación en profundidad: Benidorm, Ibiza y Sitges. Son tres escenarios que sufren escenas de libertad en los 70 que contrastan con la realidad gris del país. Y todo se desata ahí, en esos puntos, que ejercen de principio de todo [de Benidorm por un lado y de Ibiza por otro surgirá la historia del propio Juan Santamaría]. Empiezan a marcar modelos de ocio nocturno y de escena de baile. Santamaría ve allí que el camino es ese y lo lleva a Valencia.

-¿Chocolate, Barraca y Espiral conforman el primer tridente asentado de discotecas con un público masivo y repercutiendo su selección en lo que acaba por escucharse en Europa?

-Cuesta destacarlas porque antes, Santamaría está influyendo ya con salas como Oggi o Metrópolis. La selección que hace es radical y él cuenta cómo, con la sala llena, hay momentos en los que la pista está vacía de gente bailando porque no saben cómo hacerlo. Es una imagen esclarecedora y potente del principio de toda esta historial. Simó cuenta lo mucho que costó mover a la gente en Barraca y cómo nadie le hacía ni puto caso cuando pinchaba a Joy Division (a 'El Gitano' le silbaban por pincharles). Era demasiado pronto para casi todo. Serrano cuenta también lo mucho que le costó mover a la gente el primer año de Espiral. Estamos en la horquilla decisiva, entre 1980 y 1983. Entonces todo empieza a engrasarse con los públicos en Barraca, Chocolate y Espiral, con el trabajo de Torpedo y El Gitano. Para mí esas tres marcan el momento en que confluyen éxito y programación aunque luego hay una discoteca que creo que es igual de importante a nivel europeo: Spook Factory. Llegó más tarde, pero hizo una apuesta muy grande y gracias a que Barraca y Chocolate tuvieron que cerrar un corto espacio de tiempo por una cuestión administrativa [una de las mejores anécdotas del libro contada en su contexto de relevancia] pasó a colarse y a competir al menos al mismo nivel. Aun así, me cuesta destacar alguna... Pacha Auditorium [posteriormente Arena Auditorium] aportaría mucho a la ciudad. La Isla también, ambas con conciertos de altísimo nivel que nutren musicalmente al público y que generan la idea del concierto a primera hora y la discoteca como continuación.

-La relevancia de los conciertos no trasciende casi en ningún momento de la historia de la Ruta conocida, ¿por qué?
-Sigue siendo un espacio misterioso de esta historia. Ha sido imposible encontrar críticas musicales sobre ellos que destacaran rasgos de la cultura, del momento...

-Es más conocida la trascendencia de la mescalina. ¿No te resultó sorprendente que los protagonistas se deshagan en elogios, 30 años después, sobre sus efectos e influencia en todo lo que sucedió?
-A veces pienso si es verdaderamente una inflexión o no. Tengo mis dudas, pero no puedo obviar que para que estas voces hablen así de la mescalina 30 años después... algo sucedía con aquella sustancia. Es importante, como apunta Vicente Pizcueta, entender los vacíos legales del momento. La libertad de horarios, la falta de regulación y la ausencia de códigos sancionadores o evaluadores de las sustancias psicotrópicas. Esto se une a una generación de gente joven en Valencia que empieza a disfrutar por primera vez de verdad de una serie de libertades que no se han vivido antes en España. Es un momento de absoluta intensidad juvenil. Todo es nuevo y uno puede bailar en discotecas súper modernas durante días. Pude ver a The Damned con 20 años y luego a las 7 de la mañana ver a A Popular History of Sign. Ahí es donde la mescalina juega un papel de facilitador de horarios, de unión de públicos y buen rollo... no obstante, puede haber un componente de magnificación en todo el asunto.

-De vuelta al momento de los conciertos, ¿es Toni 'El Gitano' el que logra con sus "dos pases" en Chocolate mezclar a 'siniestros' y 'cañeros? ¿Cuándo sucede esa aparición de las dos tendencias de una manera más clara?
-En Barraca es donde predominan las guitarras con un concepto más pop. De ahí que Simó haga sonar la maqueta de Glamour allí, además de los conciertos que se sucederían. Ese pop inglés está más próximo a Barraca, que acaba por acoger los conciertos de The Stone Roses o Happy Mondays, pirrados por saber qué pasaba en ese sitio llamado Valencia. En Barraca había guitarras más limpias, por decirlo así. Chocolate opta por un menú musical más oscuro. Es la música que pinta Toni, cuya mayor referencia vital cuenta en el libro es Ian Curtis (Joy Division). Pero a la parte más siniestra también suma la más cañera. En 1986 es José Conca el que recoge ese testigo y va introduciendo músicas más electrónicas, como el EBM. En Chocolate, desde la etapa de Toni, ya se ven las dos tendencias muy claras: pintas más góticas y pintas cada vez más extremas. El público está mezclado y, en efecto, es un momento brutal. El público se define. En Spook se va generando un público más luminoso y el propio Lenaers también destaca cómo existen zonas dentro de la discoteca, con gente más punk y gente más pija. Todo está mezclado y la escena de baile se va definiendo en Valencia.

-Y, entre tanto, como factor de confluencia, la mescalina.
-Se van generando públicos y tendencias musicales dentro de las discotecas y la mescalina, según todos relatan, genera una suerte de apertura musical. Dicen que les abre las orejas, textualmente. Los dj's aseguran que pueden arriesgar más musicalmente porque la sustancia hace que acepten otros estilos, otras músicas, que se abran a distintas tendencias. Se preocupan más de bailar que de la etiqueta de la canción.

-Hay una última pregunta que surge a lo largo de la lectura y que quizá puedas responder ahora que has dado voz a una cincuentena de protagonistas de todo aquel periplo: apenas hay nombres o voces de mujer, más allá de lo que añade Ana Curra casi como agente externo a la etapa de la Movida valenciana. ¿La Ruta fue una historia de hombres?
-Pues... me hubiera gustado que no fuese así. Las he echado en falta a lo largo de la investigación y de la escritura y la presencia de Curra, que per se ya es notoria e importante en la música, está justificada, me llena de felicidad, pero desde luego es corta. Y no han aparecido más mujeres al frente de esta historia. En ningún campo: producción, pinchando, en la gestión de empresas, en la venta de las tiendas de discos... durante un largo tiempo, el que aborda el libro y en Valencia, fue un mundo dominado por los hombres. Afortunadamente eso ha cambiado.

Y TAMBIÉN…
25 años de 'Así me gusta a mí', la historia tras la canción que marcó el final de la Ruta.

La intrahistoria de un hito musical.
Eugenio Viñas | Valencia Plaza, 2016-07-14
http://valenciaplaza.com/chimo-bayo-asi-me-gusta-a-mi-ruta
ACTV: historia de la marca que marcó a una generación.
Eugenio Viñas | Valencia Plaza, 2016-03-10

http://valenciaplaza.com/actv-historia-de-la-marca-que-marco-a-una-generacion