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sábado, 20 de febrero de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | "Estuve un porrón de años luchando contra quien soy; ahora estoy feliz"

Imagen: El Diario / Sandra Herrero

"Estuve un porrón de años luchando contra quien soy; ahora estoy feliz".

El proceso para que las personas trans cambien el sexo legal está en el centro de un duro debate en el seno del Gobierno y en el feminismo. Sandra tuvo que presentar un informe que le diagnostica un "trastorno de la identidad sexual" y Mario espera desde hace año y medio a que su DNI refleje su nombre.
Marta Borraz / Carmen Moraga | El Diario, 2021-02-20
https://www.eldiario.es/sociedad/estuve-porron-anos-luchando-ahora-feliz_1_7224105.html 

Sandra Herrero no recuerda con precisión cuántos años tenía cuando fue consciente de que era una chica, pero al echar la vista atrás, se ve a sí misma rezando por las noches para que aquella losa que sentía desapareciera. "Yo desde siempre sabía que algo iba mal, que algo no cuadraba, pero no tienes palabras para ello. Llega un día en que piensas que por mucho que reces, no va a cambiar", explica en conversación con elDiario.es. A punto de cumplir 23 años, Sandra vive en el madrileño municipio de Móstoles con sus padres, toca el saxofón y busca trabajo como realizadora audiovisual. Hace cuatro que logró cambiar el sexo masculino que figuraba en su DNI por el femenino, y adoptar su nuevo nombre: "Puede parecer una tontería, pero no hacerlo da lugar a situaciones duras".

Este proceso está actualmente en el centro de un duro debate en el seno del Gobierno y en el movimiento feminista. El borrador de Ley Trans elaborado por el Ministerio de Igualdad prevé eliminar los requisitos médicos para que las personas trans puedan modificar su mención en el Registro Civil con la única condición de su "declaración expresa". Actualmente es obligatorio tener un informe que les diagnostique disforia de género y haber estado dos años en tratamiento hormonal. Sin embargo, para el ala socialista del Gobierno, el texto aún debe trabajarse más en aras de la seguridad jurídica. La negociación amaga con enquistarse mientras desde la vicepresidencia primera de Carmen Calvo apuntan a que están estudiando la legislación europea para ofrecer una alternativa a los informes médicos y psicológicos.

Tal y como exige la ley actual, Sandra tuvo que presentar uno de estos diagnósticos. Lo habitual es que los hagan o bien psicólogos privados o los que ejercen en las Unidades de Identidad de Género (UIG), que son servicios integrados en hospitales en algunas comunidades. El de Sandra lo elaboró la psicóloga que la atendía desde los 13 años y a la que sus padres la habían llevado para tratar el malestar que sufría. Fechado a finales de 2016, el informe habla de ella en masculino y acredita que tiene un "trastorno de la identidad sexual". Con este documento y el resto exigidos, acudió a punto de cumplir los 19 años al Registro Civil de Móstoles para modificar sus datos.

El trámite administrativo fue, dice, un "calvario" que duró más de diez meses, debido a que se topó con una cascada de errores burocráticos que alargaron el proceso. Pero lo que "más humillante" le parece es haberse visto obligada a presentar el informe diagnóstico: "Yo tengo ansiedad porque me pegaban en el instituto, tengo asma y puedo tener problemas por ser persona, pero no tengo una enfermedad por ser trans, que es lo que está diciendo este papel", cree la joven, que alude a que lo que buscan las personas trans con el cambio de sexo legal "es el reconocimiento de lo que ya somos": "Tener que fingir algo que no eres por miedo es muy duro. He vivido un porrón de años luchando contra quien soy, pero hay un momento que no puedes más. Ahora estoy feliz", confiesa.

En su caso, Maribel Torregrosa, que empezó a visibilizarse como la mujer que siempre había sentido que era pasados los 50 años, siguió todo su proceso, que empezó hace más de diez, en la UIG del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. La idea de este tipo de servicios es atender a las personas trans de manera integral y cuentan con equipos multidisciplinares formados por psicólogos, endocrinos, ginecólogos, cirujanos... Es allí donde a Maribel le hicieron el informe diagnóstico: "Me lo tomé como un mero trámite, un precio que había que pagar. ¿Acaso no sabía yo de sobra quién era?", cuenta. "En realidad sentía que había que cumplir unos estándares de género para poder pasar el filtro. Tuve compañeras que se vestían y maquillaban 'de mujer' en los servicios antes de entrar...", recuerda la mujer.

Laura Montanez Fernández
, del Servicio de Endocrinología y Nutrición de la UIG del Ramón y Cajal, descarta que en el servicio se haga "un examen psicológico para 'demostrar' la identidad libremente manifestada" porque "creemos en una visión despatologizadora de las identidades". La unidad ha atendido desde 2007, año de su creación, a cerca de 2.000 personas; solo en 2020, comenzaron el proceso 220. Los informes que realizan, explica, son los exigidos por la ley actual y que pretende reformar la Ley Trans: uno médico "que certifica que la persona lleva dos años en tratamiento hormonal" y otro psicológico que acredita "disforia de género estable y persistente" y "la ausencia de psicopatología asociada".

Sobre si desde la UIG se considera que este tipo de requisitos deberían eliminarse, en consonancia con el borrador que propone Igualdad, la doctora concluye que se trata de algo "complejo". Alude a los estudios médicos que apuntan a que las personas trans que no tienen documentos que reconocen su identidad "presentan tasas de depresión, ideación suicida y ansiedad más elevadas que las que sí", tal y como ha reflejado una investigación publicada en The Lancet el pasado marzo que entrevistó a 20.000 personas trans estadounidenses. Y en este sentido, prosigue, la norma vigente, la 3/2007, "condiciona al menos una espera de dos años que puede llegar a ser muy angustiosa para algunas personas, además de que no tiene en cuenta a las que no necesitan o no quieren iniciar el tratamiento hormonal por decisión propia".

Para un sector del feminismo, hacer depender la rectificación registral únicamente de la libre manifestación de la voluntad pondría en peligro "las posibilidades de hacer políticas públicas que combatan la discriminación por razón de sexo de las mujeres". Defienden una "certificación" por parte de profesionales de la salud, según esgrime la Alianza contra el Borrado de las Mujeres en una carta enviada a Carmen Calvo hace una semana. En verano, el PSOE, que en 2017 impulsó una reforma en el Congreso para reconocer la autodeterminación de género, dio a conocer un argumentario en esta línea, que se mostraba contrario a "los posicionamientos que defienden que los sentimientos, expresiones y manifestaciones de la voluntad de la persona tienen automáticamente efectos jurídicos plenos".

Imagen: El Diario / Mario Martín

"Se crean dudas, confusiones, risas..."

Mario Martín, un joven trans bilbaíno de 20 años, empezó a hormonarse hace casi dos y el pasado jueves pasó por el quirófano para someterse a lo que en términos médicos se denomina "masculinización de tórax" o eliminación de los pechos. A diferencia de Sandra y Maribel, aún no cumple con los requisitos para modificar el sexo legal en el Registro Civil, pero confiesa que es un paso que le genera "mucha controversia". "Es una letra distinta en el DNI, la verdad es que no me afecta emocionalmente porque yo sé quien soy, pero desgraciadamente no es solo una letra". No solo le genera incomodidad tener que presentar un diagnóstico, sino que califica de "barbaridad" que se obligue a la hormonación "porque hay muchísimas personas trans y no binarias que están contentas con su cuerpo y no quieren".

El cambio en la documentación oficial no suele ser para las personas trans un mero trámite. Desde la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) apuntan a que en ocasiones los plazos para adaptarla se alargan hasta los tres años, mientras que el Consejo de Europa ha pedido a los Estados que implementen mecanismos "rápidos, transparentes y accesibles". Y es que llevar un DNI, una tarjeta bancaria o un carnet de conducir que no se corresponde con su identidad suele abocar a las personas trans a situaciones incómodas, cuando no violentas, en su vida cotidiana, denuncia la FELGTB.

"Mientras no tienes tu documentación en regla, se sufre de muy distintas maneras. No te sientes una mujer de pleno derecho, recibes constantes miradas de desaprobación, se siguen dirigiendo a ti por un nombre que ya no reconoces, se crean dudas y confusiones, risas...", esgrime Maribel, que apunta también a un "elemento empoderador porque te hace sentir que formas parte de la sociedad". Sandra recuerda una de estas situaciones cuando aún no había hecho el cambio: "Dos agentes de Policía nos pidieron una vez a mis amigos y a mí el DNI para identificarnos, y claro, yo intenté explicarles que no se iban a creer que era el mío, pero uno de ellos empezó a preguntar que a ver de quién era ese documento. Le dije que era una persona trans y se dio la vuelta para comentárselo a su compañero riéndose. El mal trago no te lo quita nadie".

El cambio de nombre, sin diagnósticos
Lo que sí ha hecho ya Mario, que estudia en Madrid un grado medio de Telecomunicaciones, es iniciar el trámite para modificar su nombre en el DNI y que refleje el que usa y por el que le conoce todo el mundo. A diferencia del sexo legal, el nombre se puede cambiar ya sin necesidad de aportar informes diagnósticos debido a una resolución de la Dirección de los Registros y del Notariado, dependiente del Ministerio de Justicia, que en 2018 lo ordenó "a la luz del estado actual de la ciencia" y después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejara de considerar la transexualidad una enfermedad para pasar a denominarla "condición", especifica la resolución. Sin embargo, a pesar de que entregó ya hace año y medio las pruebas del uso de su nombre [un recibo del gimnasio y una receta médica] en el Registro Civil, Mario sigue esperando: "No es nada agradable seguir manteniendo en el DNI uno que no utilizo para absolutamente nada", reflexiona.

En todo el proceso, Mario ha contado con el apoyo de su familia, sus amigos y su novia, pero no ha sido un camino fácil. "Nunca he tenido una apariencia muy femenina y eso en parte me ha facilitado a nivel personal esta transición, aunque socialmente me ha creado sufrimiento. No era muy popular en el colegio, en donde algunos me llamaban 'marimacho'. Se metían conmigo y me preguntaban: ¿eh, pero tú qué eres, una chica o un chico?", recuerda. No obstante, afirma que entonces él no lo percibía como acoso. "No dramatizaba. Me daba la vuelta y pasaba de ellos", se sincera. Al llegar al instituto las cosas cambiaron porque la sociedad también había ido evolucionando y se rodeó de "un grupito pequeño de amigos" que siempre le han ayudado a integrarse "en el mundo y ambiente LGTBI", que le ha facilitado las cosas.

No obstante, le sigue costando que la gente se acostumbre a llamarle Mario. En el instituto fue a hablar con la jefa de estudios y con los profesores "uno a uno" para explicarles su nueva identidad. No todos respondieron igual. "Uno de los profesores jamás se dirigía a mí por mi nombre, cuando antes sí lo hacía. Yo se lo decía pero le daba igual. Me empezó a llamar por el apellido para no pronunciar 'Mario' y eso me creó mucha ansiedad".

Por ello, desde la Unidad de Identidad de Género del Ramón y Cajal, la doctora Montanez defiende el abordaje psicológico y la "labor de acompañamiento" que realizan "fundamentalmente" los profesionales de psicología del servicio. "Se ofrecen estrategias de afrontamiento ante determinadas situaciones, manejo de los altibajos emocionales durante la transición, trabajo con las familias y colegios... Es importante recordar que las personas trans sufren en muchas ocasiones situaciones de transfobia, discriminación o acoso, motivos por los que la atención psicológica es todavía más importante".

La decisión de someterse a la operación por la que pasó el pasado jueves, cuenta Mario, "no ha sido fácil" pero sí fruto de "una reflexión larga y sosegada". "Sé que mucha gente no lo entenderá pero me da igual. Soy Mario", insiste, satisfecho de llamarse por fin como se siente y de que se le conozca como él es, un joven trans.

Distintos modelos de atención
Desde el Grupo de Identidad y Diferenciación Sexual de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) defienden un marco de atención especializada a las personas trans. Su coordinador, Antonio Becerra, no se opone a eliminar los requisitos médicos para hacer la rectificación registral, pero sí lamenta que, en ocasiones, "se esté intentando banalizar" el proceso de tránsito y hormonación. "Es algo complejo que requiere de especialización y no sé si ahora mismo en todo el debate se está contando con los profesionales", explica.

En este sentido, pone el foco en el caso de los menores. El borrador de Ley Trans prevé el acceso a bloqueadores hormonales al inicio de la pubertad, algo que por otro lado ya regulan varias comunidades. Y también incluye que los mayores de 16 años puedan dar su consentimiento para acceder a los tratamientos cruzados. Becerra alude a que "en ocasiones se frivoliza" en estos casos, con los que "hay que tener claro que su transexualidad tiene fundamento" y para ello "es necesaria una evaluación clínica, de la que hay mucha experiencia en las Unidades de Identidad de Género", explica el que fuera también coordinador de la UIG madrileña. "El tratamiento hormonal no es un juego, va a producir unos cambios importantes, por lo que hace falta una atención rigurosa y especializada", añade.

A este respecto, varios profesionales sanitarios que ejercen en UIG de distintos puntos de España publicaron a finales del año pasado un artículo en la Revista Española de Salud Pública en el que, entre otras cosas, defienden que haya una valoración previa para acceder al tratamiento con hormonas por parte de los profesionales de salud mental. Los sanitarios consideran que la actividad médica en este asunto no debe descentralizarse de estas unidades y muestran su preocupación por algunas cuestiones: entre ellas, los "conflictos de identidad en la infancia y la adolescencia" que, a su juicio, "no deberían ser inicialmente nominados ni tratados como transexualidad hasta ver su evolución". También nombran las "destransiciones" o los "casos de arrepentimiento".

Otro modelo de atención sanitaria alejado de las malas experiencias que entonces reportaban personas que habían pasado por la UIG del Hospital Clinic de Barcelona es el que, sin embargo, quiso poner en marcha la ginecóloga Rosa Almirall en Catalunya. Tránsit, como se denomina el servicio, funciona desde 2012 desde una perspectiva "despatologizante" y basada en el acompañamiento, explica su impulsora. Su influencia ha ido creciendo con el paso de los años y ha llegado a atender a casi 4.000 personas, 700 de fuera de la comunidad. "No hay ninguna prueba médica ni psicológica que pueda valorar cuál es la identidad de género de una persona. Nadie lo sabe más que ella y a ella le pertenece", defiende la ginecóloga.

El equipo de Trànsit está formado por ginecólogas y psicólogos, entre otros profesionales, que trabajan "dando voz a la persona, que es la que define y decide quién es", apunta Almirall. "Nosotros aceptamos cualquier opción que nos dé, no cuestionamos ni juzgamos su identidad. Ella es experta en quién es y nosotras en acompañarla, dándole estrategias para socializarse en su entorno, información sobre tratamientos hormonales, sobre los cambios reversibles e irreversibles, las pautas, los efectos secundarios... Pero es la persona la que escoge, con toda la información, qué hacer con su identidad", resume la experta.

Sobre la idea de que sean estamentos médicos los que certifiquen la "situación estable de transexualidad" para cambiar el DNI, Almirall recela de las pruebas de verificación sobre la identidad y alude a que quizás un elemento podría ser que la voluntad se mantuviera al cabo de un tiempo. "Pero es que el sufrimiento que ha llevado esa persona durante ese año yendo con una documentación que no le pertenece es enorme. Son personas que inician el tratamiento hoy y empiezan a sufrir cambios físicos. Imagínate cómo podría ser tu vida si ahora mismo vas con un DNI contrario. Imagina buscar empleo, viajar, comprar... ¿Te lo imaginas? Pues eso es lo que les pasa a las personas trans".

jueves, 29 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Las víctimas invisibles de la violencia LGTBfóbica: personas bisexuales, mujeres trans y mayores

Imagen: El Salto
Las víctimas invisibles de la violencia LGTBfóbica: personas bisexuales, mujeres trans y mayores.
La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales recoge 629 incidentes contra el colectivo en 2017. La mayoría de los reportes de incidentes se refieren a situaciones sufridas por hombres gais, mientras que personas bisexuales, trans o mayores de 51 apenas reportan la LGTBfobia. La activista Maribel Torregrosa, mujer trans y lesbiana, fue agredida en la calle en 2016: “A pesar de mi empoderamiento y de invisibilidad soy vulnerable”.
Patricia Reguero | El Salto, 2018-11-29
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/las-victimas-invisibles-de-la-violencia-lgtbfobica-personas-bixesuales-mujeres-trans-y-mayores

Un total de 629 casos de delitos de odio e incidentes discriminatorios en 2017, de los que 332 han sido analizados por un observatorio por contar con información suficiente para analizarlos. Es la cifra que recoge el informe ‘La cara oculta de la violencia hacia el colectivo LGTBI - Informe delitos de odio e incidentes discriminatorios al colectivo LGTBI 2018’, y que especifica que el 73% de las víctimas de estos incidentes fueron hombres gais. El resto son mujeres lesbianas, en un porcentaje del 21%, seguidas por un 8% de personas transexuales y un 2% de personas bisexuales. El informe recopila los incidentes y delitos que a lo largo de 2017 recogieron ALAS, COGAM, Gamá, Lambda, Ojalá y Somos, además del Observatori contra l’homofobia de Catalunya.

El hecho de que sean hombres gais quienes están detrás de la mayoría de los incidentes reflejados indica “que hay un empoderamiento, están reconocidos y se sienten legitimados para denunciar”, ha explicado Violeta Assiego Cruz, una de las autoras del informe. Según Assiego, lo importante del informe que se ha presentado este jueves no son tanto las cifras como la ausencia de ellas.

Entre los aspectos que destaca esta investigadora está la edad de las víctimas: quienes se siente empoderados para denunciar estas violencias tienen edades comprendidas entre los 18 y los 35 años en un porcentaje de un 53%: “Es decir, se trata de personas nacidas en democracia”, ha explicado. Las personas mayores de 51, en cambio, suponen solo un 4%: “Las personas mayores tienen un alto grado de hermetismo y autoimposición y nos encontramos con datos escalofriantes, como los de algunas personas ni siquiera se revelan como LGTB ante su médico de cabecera”.

Entre los datos más preocupantes, Assiego ha señalado el alto porcentaje de incidentes que se registran en lo que debe ser el entorno de seguridad de cualquier persona: el hogar, el portal, el barrio. “Una característica del colectivo LGTB es que muchas veces no compartimos esta característica con nuestra familia, como ocurre a otros colectivos vulnerables como las personas racializadas”, ha explicado. Por eso, “en muchas ocasiones la familia es el primer entorno hostil y nos causa mucho sufrimiento”.

Entre las zonas de sombra se encuentra también el mundo rural: el 71% de los casos registrados tuvo lugar en una gran ciudad, algo que lleva a preguntarse, han explicado las responsables del informe, si este hecho tiene que ver con la posibilidad de conservar el anonimato, y la accesibilidad de recursos.

En la presentación del informe la acompañaban Jennifer Rebollo, gerente de la FELGT, Jesús Generelo, responsable del Observatorio Redes Contra el Odio, y Maribel Torregrosa, activista y promotora de igualdad, que han insistido en la necesidad de acelerar la tramitación de la Ley de Igualdad LGTBI. Generelo ha llamado a tomar con prudencia las cifras y ha puesto el valor en “el esfuerzo en colaborar con otras asociaciones para poner de manifiesto violencias invisibles”. Porque la violencia LGTBfófica es una violencia infradenunciada. Algunos organismos como la Agencia Europea de Derechos Fundamentales estiman que solo se denuncian en torno a un 10% de las agresiones.

Carne de cañón
“Yo he sido un dato”, ha explicado Maribel Torregrosa, coach, activista, promotora de Igualdad y mujer trans. “Fui un dato, pero es un dato de alguna manera necesario”. A Torregrosa la dejaron inconsciente de un puñetazo en 2016. Tenía 59 años y sintió culpa. “Tenía culpa por haberme desprotegido y no haber podido impedir que me sucediera la agresión”, ha contado.

“Hace diez años que salí del armario, y esa visibilidad que es necesaria, pero también es necesario ser visible como víctima”, asegura. Torregrosa denunció en comisaría, donde encontró cierta reticencia a registrar su caso como delito de odio. “Había conseguido llegar a los 59 sin que me zurraran, pero me di cuenta de que a pesar de mi empoderamiento y de mi visibilidad soy vulnerable, como mujer y como persona trans soy carne de cañón”.

Su caso ocurrió en 2016 y no es uno de los que cuenta el informe, en el que sí está la agresión a una pareja de mujeres delante de su hija de corta edad por parte de un grupo de chicos jóvenes tras verlas darse un beso. O la paliza a un hombre iniciada por parte de un hombre y su hijo, que agarraron a la víctima por el cuello, la inmovilizaron y empezaron a pegarle puñetazos y patadas a las que luego se sumaron otras personas. Una agresión sexual. Hay también tres casos de revelación a terceros de la orientación sexual, entre ellos el de una socorrista que increpó públicamente a un cliente de un club de natación para que “revelara” su orientación sexual. Y pintadas homófobas. Y denegación de servicios comerciales, como el que tuvo lugar en una tienda de ropa cuando un empleado le soltó a una mujer trans al querer probarse un vestido que “por ley está prohibido que un hombre se vista de mujer”.

“La LGTBfobia sigue campando a sus anchas y por eso necesitamos con urgencia un marco legal que nos proteja”, ha recordado la presidenta de la FELGTB, Uge Sangil, sobre la Ley de Igualdad LGTB. Ignacio Sola, director general para la Igualdad de Trato y no discriminación ha recogido el guante: “Los delitos de odio no solo atentan contra las víctimas sino que lo hacen contra la convivencia y empobrecen a la sociedad”.

viernes, 26 de octubre de 2018

#hemeroteca #transfobia #feminismo | Hablan las mujeres trans: "Excluir del feminismo a otras compañeras es lo más antifeminista que hay"

Imagen: El Diario / Elizabeth Duval
Hablan las mujeres trans: "Excluir del feminismo a otras compañeras es lo más antifeminista que hay".
Varias mujeres trans se refieren al debate de estas semanas sobre el sujeto político del feminismo y a la transfobia que a veces enfrentan del propio movimiento. "Yo creo que en el feminismo de base no hay este debate. Yo en mi día a día, con otras mujeres no he tenido problemas más allá de las dudas y las fricciones lógicas que se producen y se solucionan con una conversación", explica la escritora Alana Portero. Elizabeth Duval califica de "irresponsables" las tesis que excluyen a las mujeres trans del feminismo "cuando al mismo tiempo estamos viendo un alza de ideas tránsfobas por el avance de la ultraderecha".
Marta Borraz | El Diario, 2018-10-26
https://www.eldiario.es/sociedad/Hablan-Asumir-diversidad-feminismo-destruirlo_0_829067499.html

El debate que en las últimas semanas ha estallado con fuerza en España sobre el sujeto político del feminismo ha pillado a Elizabeth Duval en Francia. Vive en París desde el pasado mes de septiembre, cuando se trasladó para empezar estudios superiores de Filosofía y Letras Modernas. Desde allí ha seguido de cerca la polémica surgida a raíz de las declaraciones sobre "arriesgar el sujeto del feminismo" pronunciadas en un encuentro organizado hace 15 días por Podemos. Estas palabras han desatado una discusión teórica en torno a la inclusión de las mujeres trans en el feminismo y la transfobia a la que a veces se enfrentan dentro del propio movimiento y ha propiciado artículos, reflexiones, tuits e incluso varias preguntas a la teórica y activista antirracista Angela Davis en su visita a Madrid.

"Me parece vergonzosa la irresponsabilidad de ciertos sectores del feminismo de plantear tesis que nos excluyen del feminismo cuando al mismo tiempo estamos viendo que Trump quiere directamente negar nuestra existencia y hay un alza de ideas tránsfobas por el avance de la ultraderecha", explica Elizabeth, que empezó su transición hace unos años. En su opinión, la exclusión de las mujeres trans del feminismo es algo "minoritario", pero que "sí se da", lo que provoca "la amplificación de la violencia que ya de por sí vivimos".

Todas las mujeres consultadas para este reportaje coinciden al afirmar que la mayor parte del feminismo sí es inclusivo y opinan que el debate teórico sobre el sujeto político del feminismo está más radicado en el plano teórico que en la práctica. "Yo creo que en el feminismo de base no hay este debate. Yo en mi día a día, con otras mujeres feministas y compañeras no he tenido problemas más allá de las dudas y las fricciones lógicas que se producen y se solucionan con una conversación", dice al escritora Alana Portero.

Lo mismo opina la cantautora trans Alicia Ramos, para la que el debate "no es real" porque "la gente que de verdad se está batiendo el cobre en los barrios y en la lucha contra la violencia machista y las mujeres que inundan la calle para protestar contra la justicia patriarcal no están inmersas en ningún debate por el estilo, estamos codo con codo en todos los frentes. Y así es como se avanza", dice reconociendo que no le sorprendió "la pequeña ola de transfobia" que suscitó la polémica en redes, de las que confiesa haber intentado mantenerse al margen.

Uno de los ejemplos de la transfobia que desataron las declaraciones sobre el sujeto del feminismo pronunciadas en el evento de Podemos fueron varios tuits publicados por el Partido Feminista, integrado en Izquierda Unida, unos días después en los que se podía leer "Ni al patriarcado, ni al capital, ni a los trans, ni a los proxenetas, ni a los puteros" relacionando la transexualidad con el proxenetismo o la prostitución. Posteriormente el partido aseguró que no fueron mensajes autorizados por la dirección, pero la Plataforma por los Derechos Trans exigió a IU la salida de la formación.

En este sentido, Elizabeth, de 18 años, critica aquellas posiciones que acaban reduciendo el sujeto político del feminismo a las mujeres cis –cuyo género sentido coincide con el género asignado al nacer– y asegura que este tipo de postulados "conducen a ideas más radicales como las que algunos sectores defienden en países anglosajones, que directamente tratan a las mujeres trans como intrusas, como si en realidad fuéramos hombres disfrazados que venimos a ocupar los espacios de mujeres y violentarlas". Por otro lado, propone que este tipo de reflexiones se alejen lo máximo posible de las nociones biológicas sobre las mujeres y apela a su pluralidad: "Asumir la diversidad del sujeto político mujer en el feminismo no es destruirlo".

Más mujeres fuera que dentro
A esto se refería precisamente Angela Davis este jueves en la charla impartida en Madrid sobre el feminismo antirracista. La histórica activista afroamericana desgranó su discurso sobre un feminismo lo más espacioso posible e interseccional, es decir, que tenga en cuenta otras opresiones como la raza o la orientación sexual y no solo la de género. "Hablo de las mujeres desde el sentido más amplio de la palabra. Y eso incluye a las mujeres transexuales", espetó para desatar la ovación del público. Un día antes, en el encuentro que mantuvo con varios periodistas ya se había referido al tema al afirmar que "hay que dejar muy claro que la categoría 'mujer' no es unitaria".

Alana Portero alude a las palabras de Davis al explicar lo que, para ella, es un concepto reduccionista del sujeto político del feminismo. "Delimitar con unos contornos muy fijos y concretos la categoría 'mujer' provoca que siempre nos dejemos a más mujeres fuera que dentro. Y no hablo solo de mujeres trans, esto ya ha pasado antes y pasa con otros tipos de mujeres. Para las sufragistas blancas, las negras no eran sujeto político", explica en una conversación telefónica con eldiario_es.

También se expresa en este sentido Maribel Torregrosa, que comenzó su transición pasados los 50 años. Esta feminista reconoce estar "dolida" ante determinadas expresiones y comentarios que ha escuchado y leído en redes sociales en las últimas semanas y lamenta que, ante el escenario de eclosión y de empuje feminista actual, "nos permitamos retroceder y ser excluyentes. La participación diversa y la interseccionalidad debe ser algo necesario en esta cuarta ola feminista en la que nos vemos envueltas".

Ante ello, Alana hace hincapié en la problemática que, en su opinión, suscita lo que en términos coloquiales se suele llamar "repartir carnets de feminista", es decir, decidir quién puede o no serlo y en qué medida. "Excluir del feminismo o no dejar entrar a determinadas compañeras, ya sea basándose en esencialismos biológicos o culturales, es lo más antifeminista que hay", comenta mientras pone como ejemplo algunas ideas con las que ha tenido que pelear. Entre ellas, la acusación de que "las mujeres trans perpetúan una feminidad contra la que lucha el feminismo".

"Probablemente esté perpetuando roles de género, pero no más que una mujer cis. Cargar sobre nuestras espaldas la perpetuación de los roles de género es un poco injusto y exagerado", explica. Alana considera que la mayor parte de transfobia que a veces se encuentra en el colectivo feminista "responde y parte del desconocimiento de nuestra realidad" y apela al diálogo y a la reflexión colectiva sosegada. "Entiendo que hay mujeres que quizás no nos consideran compañeras de lucha o sujetos políticos para avanzar en este camino, pero mi mano la tienen tendida".

El tema también ha derivado en otros frentes teóricos como el grado de alianza que debe darse entre el movimiento feminista y el movimiento trans, una conversación que emerge cada poco dando lugar a posiciones más o menos encontradas Alicia, Maribel, Alana y Elizabeth no pueden separar un movimiento del otro porque es en sus propias vidas y en sus cuerpos donde ambos confluyen. "Para mí son indivisibles. Somos mujeres y yo los derechos que quiero para unas los quiero para todas", zanja Alana.

lunes, 31 de julio de 2017

#hemeroteca #transexualidad | Nadie es demasiado mayor para ser transexual

Imagen: El Diario / Maribel Torregrosa
Nadie es demasiado mayor para ser transexual.
Dos mujeres trans cuentan su experiencia de comenzar el proceso de reasignación en torno a los 50 años. "Las personas trans que empezamos mayores éramos delincuentes cuando descubrimos nuestra identidad", explica Amanda Azañón. Para Maribel Torregrosa la madurez hace más llevadero el proceso: "No me arrepiento de haber tirado mi vida por la borda si el objetivo era ser yo misma".
Marta Borraz | El Diario, 2017-07-31
http://www.eldiario.es/sociedad/empezamos-proceso-mayores-descubrimos-identidad_0_659684639.html

Decía La Agrado en la oscarizada ‘Todo sobre mi madre’ que una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma. Para Maura Pfefferman el camino empieza dejando atrás a Mort para ejercer su derecho a ser. Es una mujer que ha estado disfrazada durante 30 años y decide desvelar su identidad a una edad madura. Aunque la magia de ‘Transparent’, la serie que cuenta su historia, radica en que la transexualidad de su protagonista es el gancho para hablar de todo, la aclamada producción de Amazon ha contribuido a visibilizar no solo la realidad trans, sino también la ‘salida del armario’ a una edad que no es la más común.

Las razones y las experiencias son diversas, pero Amanda Azañón y Maribel Torregrosa tienen las suyas propias. Y coinciden. Ambas comenzaron la transición en torno a los 50 años sabiendo que eran mujeres desde muy temprana edad en medio de los últimos coletazos del franquismo. Sin embargo, en aquella época la dictadura penalizaba la disidencia sexual y de género y ser diferente a lo que el régimen concebía como correcto era ser considerado un peligro social.

En muchos casos "las personas trans que empezamos el proceso mayores lo hacemos por una cuestión generacional. Eramos delincuentes cuando descubrimos nuestra identidad", explica Azañón, que inició la transición en 2010 a los 47 años. "No es que nos levantáramos de la cama un día y dijéramos 'venga, voy a hacerlo'", prosigue. "En aquella época ser trans era asumir algunas cosas como la precariedad, la persecución policial o incluso ser internada en un psiquiátrico. Luego está el miedo a perder el trabajo, al rechazo familiar, al estigma... Y también hay mucha autotransfobia aprendida. Te han educado para odiarte".

La transfobia sigue siendo una experiencia cotidiana para las personas trans, pero el avance es innegable y cada vez más jóvenes y menores se muestran tal cual son. Según los datos que maneja el Gobierno y que plasmó en una respuesta parlamentaria hace unos meses, la mayor parte de modificaciones registrales de nombre y sexo se dan entre los 18 y 30 años. Del total de cambios comprendidos entre 2012 y 2016, el 54% se hicieron en ese tramo de edad, un 36% entre los 31 y 50 años y solo un 5% entre las personas mayores de 50.

Imagen: El Diario / Amanda Azañón
Más visibilidad, menos estigma
Aunque la transición y el nivel de modificación corporal depende de cada persona, la identidad de género suele descubrirse a edad temprana. Las dos mujeres lo hicieron en torno a los cinco años, pero a la sensación no le ponían palabras. El tiempo pasó y Torregrosa, que ha vivido siempre en Madrid, empezó la transición hace ocho años. Ahora, con casi 60, ha roto el disfraz "de la cabeza a los pies" y la presión de comportarse y ser alguien que no era.

"Adopté el rol de hombre, lo que se esperaba de mí para no ser rechazada. Y por muchos esfuerzos que hiciera para ser quien tenía que ser, sabía que algo pasaba, que había algo en mi interior que ha durado siempre". Como otras personas que crecieron en la invisibilidad, la confusión le hizo pensar que, a pesar de que le gustaban las mujeres, quizás era un hombre homosexual. En su mundo la transexualidad no existía ni como palabra ni como realidad.

La situación ha cambiado y a pesar de que el estigma está presente, "el que había hace años era tremendo", apunta Azañón. Las asociaciones de menores trans están más presentes que nunca, el rechazo social a campañas como el autobús tránsfobo de HazteOir se ha hecho patente y hay mucha más información: "Nunca tuve la oportunidad de que alguien me preguntara cómo me sentía; eso ha cambiado mucho. Hay más posibilidades de que si un niño o niña se expresa de manera diferente, los padres indaguen o hablen con él o ella", analiza Torregrosa.

Ser una misma
La presencia en la década de los 70 de mujeres trans y travestis en el mundo del espectáculo y la popularidad que alcanza Bibiana Fernández contribuye a instalar referencias en su imaginario colectivo. Pero Azañón recuerda la adolescencia como una época "terrible" en la que apenas quería salir de casa. Después, el desierto: "Una vida plana, como si fuera una película que ves pasar sin participar en ella".

Torregrosa reconoce haber tenido una vida plena, con éxito en el trabajo y una relación sentimental satisfactoria con otra mujer, que se fue deteriorando, entre otras cosas, porque salió de la clandestinidad y Maribel empezó a estar cada vez más presente en su existencia. Su vida laboral comenzó a decaer porque inició el proceso con el principio de la crisis y "encontrar trabajo más allá de los 50, y más siendo una mujer transexual, es misión imposible".

Azañón tuvo que soportar la presión familiar de no iniciar el tránsito por miedo a que la despidieran; Torregrosa estuvo dos años sin ver ni hablar con su hija porque le dijo que no quería saber nada de ella. A pesar del rechazo de algunos amigos, los insultos, las miradas o los comentarios, ambas celebran la reacción de su entorno. Una realidad atravesada por el ambiente en el que se mueven. Torregrosa es activista LGTBI y feminista, donde encuentra "un espacio seguro" y Azañón, por su parte, es dinamizadora del Grupo de Políticas Transexuales de la FELGTB.

Las dos coinciden en que el tránsito siendo mayor tiene la desventaja de la visibilidad porque la hormonación va a dejar determinados rasgos físicos, por eso Azañón insiste en que, aunque nunca es tarde, "mejor pronto". En el otro lado, lo positivo de la madurez, que hace que el proceso "sea más llevadero porque cuanto más mayor eres, más igual te da lo que piense la gente", apunta Torregrosa, que como La Agrado en ‘Todo sobre mi madre’ echa la vista atrás y celebra ser lo que soñó de sí misma: "Todavía me encanta oír mi nombre en boca de otras personas. Para nada me arrepiento de haber tirado mi vida por la borda si el objetivo al final era este, ser yo misma".