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viernes, 17 de enero de 2025

#hemeroteca #lgtbifobia | ¿De vueltas con la patologización de las personas LGTBIQA+? Consensos precarios en la nueva etapa de las redes

Una manifestación de repulsa del asesinato de Samuel Luiz //

¿De vueltas con la patologización de las personas LGTBIQA+? Consensos precarios en la nueva etapa de las redes

Las recientes decisiones de las Big Tech sobre comentarios patologizadores para el colectivo LGTBIQA+ devuelven debates que se creían superados.
Konstantinos Argyriou | El Salto, 2025-01-17
https://www.elsaltodiario.com/mapas/vueltas-patologizacion-personas-lgtbiqa+-consensos-precarios-nueva-etapa-redes

Es significativo que el ataque actual proveniente de la Silicon Valley contra el colectivo LGTBIQA+ tenga como foco principal la patologización. En el umbral de una nueva era reaccionaria, no solo en Estados Unidos pero también en Europa, llamar “enferma mental” a una persona que es, o incluso parece, perteneciente a dicha comunidad, nos trae como sociedades de vuelta al patio del colegio. Y a los acosadores que se sentían con el poder de hacernos la vida imposible, les deja sin miedo a repercusión.

En julio de 2024, antes incluso de las elecciones en Estados Unidos, la red social X había movido sus sedes de California y aprobado una nueva política, que permitía la circulación de noticias falsas sobre el colectivo. La propia historia familiar del CEO de X puede, en cierta medida, explicar la razón por la que se han ido tomando decisiones tan radicales tan abruptamente: ha repudiado su hija por ser trans. Eso quizá da pistas sobre cómo puede reaccionar frente a otras partes del colectivo, que ya no formen parte de su extensa familia.

Llamar “enferma mental” a una persona que es, o incluso parece, perteneciente a dicha comunidad, nos trae como sociedades de vuelta al patio del colegio
Meta se sumó a la causa con el fin de mostrar más abiertamente su alineamiento con el cambio de mandato en la Casa Blanca a principios de enero de 2025. La compañía tomó la decisión, por un lado, de suspender los comités internos de fact-checking, remplazando la tarea a “las comunidades” de la gente usuaria; y por otro, de dejar de considerar inaceptable que entre Facebook, Instagram y Whatsapp se pueda insultar a personas pertenecientes al colectivo de ser enfermas mentales. Según las noticias más recientes, al cambio de políticas “comunitarias” de X y Meta se suma ahora Amazon, la multinacional de Bezos.

Excepto por asociaciones activistas, sobre todo LGTBIQA+ pero también antipsiquiátricas, las sociedades o colegios de profesionales de salud mental no han mostrado, al menos todavía, una voz unánimemente contraria a esas medidas, que incluso acompañara las noticias mencionadas. En un escenario transnacional en el que parecía que los consensos científicos se habían consolidado, y donde los países que seguían estigmatizando al colectivo lo hacían arriesgando sanciones por parte de la justicia internacional, de repente parece que los acuerdos alcanzado han sido, más que nada, papel mojado.

Para la historia, la homosexualidad dejó de ser considerada un trastorno mental por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) en 1973, después de una infame deliberación en la que un psiquiatra representante del colectivo tuviera que esconder su cara en público y distorsionar su voz para poder expresar las demandas antipatologizadoras. En la tercera revisión del Manual Estadístico y Diagnóstico de la APA, el DSM, en 1980, el lugar de la homosexualidad lo ocupó el “transexualismo”. Así, se inauguraría una nueva etapa de estigmatización, esta vez para las personas trans.
Para la historia, la homosexualidad dejó de ser considerada un trastorno mental por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) en 1973
Del transexualismo del DSM-III se pasaría al “trastorno de identidad de género”, en el DSM-IV de 1994, y después a la “disforia de género”, en el DSM-5 de 2013. Mientras en los primeros dos diagnósticos eran obligatorias hasta dos cartas de psiquiatras o psicólogos para obtener acceso a tratamientos hormonales y quirúrgicos, el último se celebró al principio como un acto de despatologización, es decir, de no consideración de las personas trans como enfermas mentales. Sin embargo, no fue así, porque el tutelaje seguía, con tener que alcanzar este diagnóstico para conseguir tratamientos.

Tampoco es cierto del todo que la homosexualidad desapareció del DSM en 1973. El diagnóstico de homosexualidad egodistónica, es decir de sufrir por ser homosexual sin supuestamente quererlo, permaneció en el Manual hasta 1987, fecha de revisión de la tercera edición.

Aunque el DSM se utiliza en varios países fuera de Estados Unidos, la versión con pretensiones más universales y consensos más amplios del Manual, la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud. Además, esta goza de cada vez mayor prestigio en este ámbito, también tiene una trayectoria curiosa respecto a considerar la diversidad sexual y de género. A lo largo de su historia, la CIE ha ido imitando vagamente la trayectoria que antes trazaba el DSM. De hecho, reproducía denominaciones muy similares a las de los psiquiatras estadounidenses, y tardó más años en conseguir posturas despatologizantes.

Por ejemplo, la homosexualidad se consideraba un trastorno mental en la CIE hasta su revisión de 1990. En cuanto a las personas trans, ellas seguían bajo tutela institucional y profesional hasta muy recientemente: la decisión de mover la transexualidad de los códigos F (trastornos mentales) al capítulo de salud sexual (pero no eliminar del todo la transexualidad de la CIE) llegó en 2019, y no se efectuó hasta 2022.

Que la APA o la OMS hayan trazado estas directrices no significa que sus mandatos sean absolutos. Las profesiones de salud mental, aunque se forman en estas clasificaciones, no están obligadas a aplicar estos parámetros a raja tabla. Este margen de objeción abre la puerta a malas prácticas, a poder ir en contra de consensos alcanzados, y sobre todo a considerar las indicaciones científicas como meras sugerencias, en vez de motivos de denuncia o privación de licencia.

Y esta idea nos retrotrae al giro actual de Meta, X y Amazon, que permite que una ofensa contra personas o grupos del colectivo no se considere ilegítima. Es más, la impunidad de quienes decidan clasificar a las personas LGTBIQA+ de trastornadas será aceptada o normalizada como cualquier otra aserción. Estas redes invitan a cualquier persona usuaria a operar de psiquiatra, a pisotear datos científicos y relatos de personas estigmatizadas, y a equiparar una opinión discriminatoria desinformada con décadas de estudios, estadísticas y relatos en primera persona.

Mientras tanto, el silencio, la ignorancia o la incomodidad de las organizaciones de profesionales de salud mental y de los colegios de psicología, está siendo rampante. O están tardando mucho en sacar comunicados contra los gigantes tecnológicos, o simplemente están cediendo sus pretensiones de cientificidad a Musk, Zuckenberg y Bezos, si es que esas pretensiones llegaron en algún momento a significar algo.
Mientras tanto, el silencio, la ignorancia o la incomodidad de las organizaciones de profesionales de salud mental y de los colegios de psicología, está siendo rampante
Que no se me malinterprete: no se niega que alguna que otra asociación local o estatal haya llegado a publicar una nota de prensa o mostrar su desacuerdo. Lo sorprendente es que este desacuerdo no haya acompañado rotundamente la propia noticia sobre dichas redes sociales. ¿Será quizá porque la propia idea de despatologización nunca gozó de demasiada aprobación? ¿O es, más bien, una muestra de inseguridad, incredulidad, o resignación?

La decisión de los cargos directivos de las redes sociales más influenciables del planeta de levantar las posibles barreras que contenía el odio (posibles, porque en el escenario anterior tampoco se aseguraba que denunciar un acto LGTBI-fóbico implicaría sufrir una penalización) es problemática también desde el punto de vista de las enfermedades mentales. Muchos colectivos contrarios a institucionalizar, medicalizar y vigilar las condiciones de salud mental, han realizado un trabajo impecable señalando los abusos y responsabilidades de psiquiatras y psicólogos en la historia de discriminación de la comunidad. Opiniones contestadas que pasaron por científicas y progresivamente fueron refutadas demuestran lo precario que es el sistema biomédico hegemónico, y que nadie nos asegura que los consensos mencionados den una vuelta de timón en algún momento. Al fin y al cabo, muchas veces el poder económico determina no solo qué estudios financiar, sino qué consensos aprobar.

En un mundo donde cada vez se descubre que los límites entre lo sano y lo patológico se desbordan, ¿qué implica tachar un colectivo ya estigmatizado y etiquetado de enfermo mental? El legado moralista y biologicista de la disidencia sexual y genérica no solo proviene de creencias religiosas, sino que muchas veces ha sido apoyado por discursos profesionales, científicos y políticos, según quién tenía disposición de promoverlos en cada ocasión. De hecho, sigue habiendo lugares geográficos y entornos sociales donde cuestionar los valores tradicionales no es nada conveniente.

¿No debería, a estas alturas, haberse banalizado esta idea de que sean las élites quienes definan lo “normal” y lo “amoral”? Y a la vez, ¿no es preocupante que sean las personas del colectivo quienes tengan que insistir que su propia existencia no tiene por qué ser un problema? De hecho, está siendo cada vez más evidente que la enfermiza es la norma, cuando esa se vuelve obsesiva y excluyente. ¿Es la falta de alianzas y consensos lo que está fallando aquí, o el hecho de que nunca llegó a calar la idea de que formar parte de lo LGTBIQA+ no viene acompañado de patologías mentales?

Ante la pregunta “¿por qué estamos de vueltas con la patologización?”, la respuesta es desoladora: porque parece que, a estas alturas, a pesar de las ingentes evidencias científicas, continúa habiendo gente no convencida con “la causa”. Aceptar incondicionalmente siempre es un reto social y político, porque suena utópico. Pero si se puede extirpar tan fácilmente una legitimidad que costó siglos conseguir, entonces no hablamos solo de utopías, sino de vidas que molestan por su propia existencia.

viernes, 26 de julio de 2024

#hemeroteca #lgtbifobia #ideologiadeodio | Entonces, ¿soy libre de dejar de ser gay?

Participantes en una marcha del Orgullo Crítico //

Entonces, ¿soy libre de dejar de ser gay?

Saúl Castro | Público, 2024-07-26

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/85470/entonces-soy-libre-de-dejar-de-ser-gay/

El pasado 15 de julio de 2024, después de destapar la prensa que un profesor de inglés del colegio Madre Josefa de Alaquàs y director del Centro Diocesano de Orientación Familiar Mater Misericordiae de Valencia captaba y proponía terapias de conversión a sus alumnos de secundaria, amanecí con unas declaraciones repugnantes.

El obispo de Orihuela-Alicante, viejo conocido al que llevo años investigando, declaraba en su programa ‘Sexto Continente’ de Radio María que las personas LGTBI deben tener el derecho a recibir terapia de conversión.

Este necio dijo, sin que le temblara la voz, que "está permitido el cambio de sexo para quien lo desee, se pueden hormonar, se pueden hacer cirugías, pueden hacer lo que les dé la gana, pero en cambio se persigue legalmente a quien libremente trate de tener una supuesta terapia psicológica para revertir su tendencia homosexual. Es un liberticidio y lo primero que hay que hacer es reivindicar la libertad". Este discurso no es nuevo ni está circunscrito a la Iglesia católica. En noviembre de 2020, Vox defendía en el Congreso el derecho de las personas homosexuales de ir a un especialista para que, en libertad, eligieran su identidad y su orientación sexual. Un argumentario que siguen manteniendo en la actualidad.

Por tanto, ante estas osadas afirmaciones, yo me pregunto: Monseñor, ¿soy realmente libre de dejar de ser gay?

Para responder a esta pregunta, lo primero que hay que hacer es ver cómo está formulada. Libre, ¿en qué sentido? ¿De qué libertad estamos hablando? Entiendo que lo que quiere decir su ilustrísima es que si quiero dejar de ser gay, el Estado no solo no puede impedírmelo, sino que debería de permitir que se me ofrezca un acompañamiento para modificar voluntariamente mi orientación sexual.

Sin embargo, el primer escollo que encontramos ante esta cuestionable proposición es: ¿es esto posible?

La libertad de elección no opera frente a imposibles. Yo puedo querer aprender a volar y el señor Munilla puede decirme que, si sigo su itinerario –consistente en leer libros, no masturbarme, jugar al fútbol y tomarme unas pastillitas– lo lograré. Sin embargo, cuando me disponga a saltar de un sexto piso para comprobar si he rectificado mi incapacidad de volar, me estrellaré contra el suelo. Por tanto, no cabe libertad de elección donde esta no existe.

La cuestión sobre la eficacia de las terapias de conversión es algo que ha sido hartamente estudiado en la actualidad y un tema sobre el que existe consenso de todas las organizaciones de profesionales de la salud y de derechos humanos. Hoy en día, es imposible modificar la orientación sexual a voluntad siguiendo una terapia o proceso de acompañamiento. Todo ello independientemente de que, a lo largo de nuestra vida, podamos descubrir que sentimos atracción hacia personas de uno u otro género.

No lo digo yo, lo dice la Asociación Estadounidense de Psicología (o APA, en inglés). Concretamente, en su informe de 2009 sobre la eficacia y riesgos de las ‘terapias de conversión’, donde revisó todos los estudios empíricos producidos entre 1960 y 2007 que afirmaban que "revertir" la homosexualidad era posible –y que Munilla refiere en su intervención como bases científicas que avalan sus acompañamientos pastorales.

Sus conclusiones son abrumadoras y categóricas:

(1) Los únicos estudios que muestran, de forma limitada, la capacidad de reducir a corto plazo y en situaciones de laboratorio la atracción sexual por personas del mismo género son los procedimientos aversivos como los de electroshock.

(2) Las "terapias de conversión" no permiten desarrollar atracción sexual hacia el otro género en aquellos casos en que esta no existía, teniendo un efecto limitado en personas bisexuales, es decir, acentuando la atracción sexual hacia el otro género entre aquellos que ya la experimentaban.

(3) Ningún estudio que valida la eficacia de estos métodos de conversión sexual ha evaluado el bienestar y salud mental de las víctimas de estas prácticas, por lo que no se puede afirmar que su calidad de vida mejore tras ser sometidas a estas formas de violencia. En 2018, la APA reiteró, en un nuevo informe de seguimiento, que "no existe ninguna prueba sólida de que alguna intervención psicológica pueda modificar la orientación sexual de forma segura y confiable".

Por tanto, la respuesta al primer interrogante es no. No es posible cambiar ni modificar la orientación sexual a voluntad mediante ningún tipo de técnica o acompañamiento.

Luego, los charlatanes –como Munilla– que afirman que sí que lo es, además de estar mintiendo y engañando deliberadamente a sus víctimas, se están prevaliendo de este engaño –a saber, que pueden reparar una supuesta heterosexualidad verdadera– para conseguir su consentimiento a ser sometidas a unas prácticas salvajes, aberrantes y genocidas que no funcionan.

No puede existir libertad para someterse a terapia de conversión porque no se puede consentir libremente a las mismas, ya que, este consentimiento parte del engaño de que estas son posibles. Cosa que no son.

Pero, avancemos un paso más. Imaginemos que estas prácticas son posibles. El siguiente interrogante que se me plantea es: ¿son seguras? ¿acaso son unas prácticas inocuas? ¿o, por el contrario, generan daños graves e, incluso, irreversibles?

De nuevo, los estudios publicados enumeran una larga lista de nefastas y gravísimas consecuencias que hacen de las ‘terapias de conversión’ no solo un crimen atroz, sino un problema de salud pública. La exposición a terapias de conversión duplica la probabilidad de que las víctimas intenten suicidarse y aumenta, en misma medida, la ideación suicida a lo largo de la vida. También se correlaciona con una mayor aparición de cuadros depresivos y ansiosos, así como con el desarrollo de trastornos psicosociales. No solo eso, sino que los estudios señalan que los supervivientes presentan sentimientos severos de culpa, impotencia, falta de esperanza, vergüenza, retraimiento social, soledad, decepción, pérdida de autoestima y aumento del autoodio; pudiendo llegar a provocar cambios permanentes en la personalidad.

Estas consecuencias no solo afectan a su salud mental y física, sino que se ha publicado que afectan la dimensión familiar –odio hacia sus padres–, social –pérdida de amistades e incapacidad de forjar nuevas, así como aumento de adicciones–, afectiva –imposibilidad de trabar relaciones románticas–, sexual –tanto problemas en la intimidad y disfunción sexual, como la participación en conductas de alto riesgo sexual–, académica –disminución del rendimiento escolar–, económica –pérdida de oportunidades laborales y una menor capacidad adquisitiva– y religiosa –pérdida de fe y sensación de vacío existencial– de sus vidas. Todo esto es lo que ha llevado a Naciones Unidas a calificar cualquier intento –incluidos los supuesto acompañamientos religiosos– de modificar la orientación sexual de una persona como prácticas inherentemente discriminatorias, humillantes y denigrantes. A ello, yo le añado el calificativo de genocidas porque, lo que eventualmente buscan, es eliminarnos. Acabar con las personas LGTBI y con las características personales e individuales que nos definen.

En último lugar, me asalta una duda final: ¿Y si no fueran peligrosas? ¿Sería deseable un mundo que, en lugar de modificar sus políticas públicas para combatir la violencia estructural contra la diversidad, nos diera la opción de "dejar de ser LGTBI"?

Rotundamente no. Por lo menos, quizás, hasta que en dicho mundo distópico existiera el mismo número de personas cisheterosexuales que solicitaran ser sometidas a "terapia homosexualizante", que de personas LGTBI que optaran por dejar de serlo.

Si no fuera así, y solo se ofreciera la conversión a las personas LGTBI –como sucede en la actualidad–, ¿no estaríamos camuflando bajo el rótulo de libertad una política dirigida a "solucionar el problema" sin atajar las circunstancias estructurales que determinan que en una sociedad sea preferible ser cishetero a ser LGTBI? ¿Es esa una sociedad en la que sería deseable vivir?

Quiero decir, la LGTBIfobia no se puede combatir ofreciendo a las personas LGTBI la posibilidad de dejar de serlo, como si el problema fuera su identidad y no la existencia de un sistema que permite y no castiga las violencias que sufrimos. La sociedad utópica, a la que hemos de aspirar, es aquella que busque eliminar las prácticas e instituciones llevan a que las personas LGTBI, en algún momento de nuestras vidas, nos lleguemos a plantear que es mejor dejar de serlo.

Para Munilla, sin embargo, es claramente deseable una sociedad que permita –solo a los homosexuales, y no a la inversa– la posibilidad de dejar de serlo. Aun a costa del sufrimiento de niños y de adultos, a los que engaña con su discurso para confundir tortura con libertad y para reafirmarles en la idea de que es mejor vivir una vida atormentada pero heterosexual, que aceptarse y quererse a uno mismo tal y como es.

Saúl Castro. Abogado especializado en derechos humanos y derechos LGTBI

jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Euskal Herria: Una cuarta parte de los delitos de odio son contra diversidad sexual

Imagen: El Diario / Manifestación 28J 2017 en Bilbao
Una cuarta parte de los delitos de odio son contra diversidad sexual.
El Servicio de Información y Asistencia al colectivo LGTBI del Gobierno Vasco anima a la ciudadanía a que celebre los avances logrados por la liberación sexual y que participe en todos los actos de sensibilización y reivindicación que se convoquen.
El Diario, 2018-06-28
https://www.eldiario.es/norte/euskadi/cuarta-parte-delitos-diversidad-sexual_0_787071679.html

Una cuarta parte de los delitos de odio registrados en Euskadi están relacionados con la diversidad sexual. Una cifra que demuestra que no se puede "bajar la guardia", advierte Berdindu, el Servicio de Información y Asistencia al colectivo LGTBI del Gobierno Vasco.

Coincidiendo con el Día Internacional de la Liberación Sexual y el Orgullo LGTBI Berdindu ha hecho pública una declaración en la que también subraya que todavía hay 72 estados que tienen legislaciones que criminalizan la orientación sexual y tan solo 47 muestran un reconocimiento positivo.

"Mientras haya un lugar en el mundo donde alguien sea discriminado por su orientación o identidad sexual o de género, no descansaremos", han asegurado desde Berdindu que han reclamado así mismo tanto a la Organización Mundial de la Salud como a su homóloga americana, la APA, que modifiquen sus manuales por el reconocimiento de la identidad sexual de todas las personas.

"No podemos olvidar que todavía nos persiguen, todavía nos señalan, todavía molestamos, todavía hay mentes cerradas que no entienden la diversidad como valor que es", indica la declaración.

Berdindu valora por otro lado el "orgullo de vivir en una sociedad que ha firmado su compromiso por la diversidad" y reconoce que cada año en Euskadi la acogida es "mejor y cada vez son más quienes pueden vivir su sexualidad de forma libre". Así, anima a la ciudadanía a que celebre los avances logrados por la liberación sexual y que participe en todos los actos de sensibilización y reivindicación que se convoquen.

jueves, 3 de mayo de 2018

#hemeroteca #endohomofobia | El superviviente de la masacre de Orlando que hoy promueve terapias para “curar” la homosexualidad

Imagen: Google Imágenes / Luis Javier Ruiz
El superviviente de la masacre de Orlando que hoy promueve terapias para “curar” la homosexualidad.
Luis Javier Ruiz, que hace dos años estaba en un club gay donde murieron 49 personas, es la estrella de una marcha a favor de los programas de reconversión.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2018-05-03
https://elpais.com/elpais/2018/05/03/icon/1525340953_835608.html

Este sábado, 5 de mayo, una manifestación que obedece al nombre de ‘Freedom March’ (‘Marcha por la libertad’), organizada por la asociación ‘Voice of the voiceless’ (‘La voz de los sin voz’) reunirá en Washington D.C. a supuestos exmiembros de la comunidad LGTB (gais, lesbianas, bisexuales y transexuales) para proclamar que Jesús los ha “liberado”.

Esto no es llamativo: existen muchas organizaciones y supuestos profesionales que aseguran que con sus terapias de reconversión pueden cambiar la orientación sexual de sus clientes. El más popular es, tal vez, Richard A. Cohen, que escribió un polémico libro llamado ‘Comprender y sanar la homosexualidad’. Organizaciones LGTB y también FACUA (Consumidores en Acción) han pedido a diversas cadenas de librerías y grandes almacenes que se retire este libro de sus estanterías por contener un mensaje de odio. Solo FNAC lo hizo.

Lo más llamativo es que uno de sus invitados –de hecho, el invitado estrella– es Luis Javier Ruiz (Puerto Rico, 1983), uno de los supervivientes de la masacre de la discoteca Pulse, local gay de Orlando (EE. UU.) en el que Omar Mateen asesinó a 49 personas antes de suicidarse. El 12 de junio se cumplirán dos años desde aquella masacre, que se convirtió en la más mortífera en Estados Unidos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y fue superada el 1 de octubre de 2017 con la matanza del festival Route 91 Harvest en Las Vegas, donde fueron asesinadas 58 personas.

Luis Javier Ruiz, que había ido a celebrar su 33 cumpleaños con veinte amigos a Pulse, fue uno de los afortunados que pudo correr hacia el fondo del club, tirar una valla y abrir una vía para que él y otras personas escapasen del local. Quince de sus amigos no sobrevivieron. Según recordó en una entrevista concedida al medio The Florida Catholic un año después de la masacre, la masa de personas que salieron por aquella vía que él había abierto lo pisotearon y lo dejaron inconsciente. “Un tipo apareció de la nada, me recogió y me llevó a un ‘7 Eleven’ [cadena de tiendas abiertas las 24 horas] al otro lado de la calle. Y me dijo: Ahora tenemos que rezar”. Y él lo hizo.

En la entrevista realizada hace un año se deja claro que Ruiz no era entonces un católico practicante, pero encontró apoyo en una asociación de Florida llamada ‘Catholic Charities’ (‘Caridades Católicas’) que le ayudó a encontrar un trabajo y a superar el trauma vivido en la discoteca en un momento en el que, además, había perdido contacto con su familia.

El propio Luis declaró hace días su “cambio” en un mensaje publicado en su perfil de Facebook, desde entonces ya borrado, pero recogido por medios como NBC o Huffpost. “Yo debería haber sido la víctima número 50. Al ver imágenes de la noche en Pulse, recuerdo mi lucha contra la perversión, mis excesos con el alcohol para ahogar mis sentimientos y el sexo promiscuo que condujo al VIH. ¡Mis luchas eran reales! El enemigo tomó el control, y ahora Dios me ha sacado de ahí y me ha ofrecido a Cristo”.

Pese a que el propio Luis borró este texto de su cuenta de Facebook, la página oficial de Freedom March en Facebook lo ha recuperado y ha utilizado una foto de Ruiz en la que se lee en letras grandes: “¡Comparte si crees que los homosexuales pueden cambiar!”.

¿Pero pueden los homosexuales cambiar? El propio Ruiz, más allá de ser utilizado como reclamo para esta marcha, no ha especificado si él mismo se ha sometido a algunas de esas terapias. Unas terapias que continúan siendo promovidas en entornos religiosos y por organizaciones ultraconservadoras, pero no cuentan con el apoyo de la Asociación Mundial de Psiquiatría, que en 2016 emitió un comunicado en el que ponía de manifiesto “la falta de eficacia científica de los tratamientos que intentar modificar la orientación sexual y subraya el daño y los efectos adversos de tales 'terapias” (entrecomillado en el texto original).

La APA (American Psychological Association) dice en su web: "Algunos terapeutas que siguen la denominada terapia de conversión informan de que fueron capaces de cambiar la orientación sexual de sus clientes de homosexual a heterosexual. El examen detallado de estos informes, sin embargo, muestra varios factores que ponen en duda sus afirmaciones. Por ejemplo, muchas de estas afirmaciones provienen de organizaciones con una perspectiva ideológica que condena la homosexualidad. Asimismo, sus afirmaciones están mal documentadas; por ejemplo, no hay seguimiento al resultado del tratamiento ni informes al respecto, lo cual sería el estándar para probar la validez de cualquier intervención de salud mental".

Una posición que comparte el Consejo General de la Psicología de España: "Parecen persistir tratamientos que prometen curar la homosexualidad con las llamadas ‘terapias de conversión’. Ante esto, el Consejo General de la Psicología de España quiere transmitir su total acuerdo con la postura adoptada por la American Psychological Assotiation (APA) en 2009 en la que se declaraba del todo inadmisible que los profesionales de la salud mental indicaran, instaran o hicieran creer a sus pacientes que es posible modificar su orientación sexual y convertirse en heterosexuales mediante algún tipo de intervención terapéutica o tratamiento. Dicha declaración tiene como base 83 estudios acerca del cambio de orientación sexual que llevan a concluir que no existe ninguna evidencia científica de que una persona homosexual pueda dejar de serlo. Al contrario: los fallidos esfuerzos por conseguirlo suelen derivar en problemas de ansiedad, depresión y suicidio".

En España varias organizaciones como ‘Es Posible el Cambio’ (cuya web está cerrada a día de hoy) y ‘Es Posible la Esperanza’ (con una página ‘online’ en funcionamiento) ofrecen talleres de fin de semana, con lecturas recomendadas de autores como Joseph Nicolosi (‘Terapia reparativa de la homosexualidad masculina’), Gerard J.M. Van den Aardwer (‘Homosexualidad y esperanza’) o Aquilino Polaino, que el PP llevó al Senado en 2005 cuando era director del departamento de Psicología en la Universidad San Pablo-CEU para afirmar que ser gay era una enfermedad.

Muchos amigos de Ruiz y otros valedores de estos tipos de terapias de conversión lo felicitan y lo apoyan en su intento de superar el trauma causado por el atentado, pero abundan también los comentarios de tristeza y desconcierto. “El autoodio puede llegar muy lejos”, comenta un seguidor llamado Ricky Ayala. “Sí, Luis Javier Ruiz, muestras una gran falta de respeto hacia esos 49 que perdimos y a los que ahora llamas pecadores. Ellos no murieron por estar en pecado. Ellos solo eran inocentes viviendo sus vidas, como tú y yo deberíamos hacer. Sigue mintiéndote a ti mismo. La ayuda psicológica tras un tiroteo es necesaria y todos lo sabemos”.

jueves, 16 de febrero de 2017

#hemeroteca #homofobia | Rechazo total de los psicólogos a las 'terapias de conversión homosexual'

Imagen: Redacción Médica / Francisco Santolaya, presidente del CGPsE
Rechazo total de los psicólogos a las 'terapias de conversión homosexual'.
Considera que estas prácticas solo promueven más problemas de ansiedad, depresión e incluso suicidio.
Redacción Médica, 2017-02-16
https://www.redaccionmedica.com/secciones/otras-profesiones/rechazo-total-de-los-psicologos-a-las-terapias-de-conversion-homosexual--4869

Lucha contra la discriminación sexual. El Consejo General de la Psicología de España ha emitido, a través de un comunicado, su total rechazo contra los profesionales que persisten en ofertar tratamientos que prometen “curar” la homosexualidad a través de la llamada ‘terapia de conversión’. En esta línea, adopta la postura de la American Psychological Assotiation (APA) en 2009, cuando se declaró del todo inadmisible que los profesionales de la salud mental indicaran, instaran o hicieran creer a sus pacientes que es posible modificar su orientación sexual y convertirse en heterosexuales mediante algún tipo de intervención terapéutica o tratamiento.

El Consejo General de la Psicología recuerda que la decisión está argumentado con un total de 83 estudios acerca del cambio de orientación sexual que llevan a concluir que no existe ninguna evidencia científica de que una persona homosexual pueda dejar de serlo. Al contrario, existen pruebas de fallidos esfuerzos por conseguirlo que “suelen derivar en problemas de ansiedad, depresión y suicidio”. De ahí que muestren su total apoyo a la decisión tomada, en 1973, por la Asociación Americana de Psiquiatría para la eliminación de la homosexualidad del 'Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales' (DSM).

“Muchas personas se acercan a este tipo de terapias debido a las fuertes presiones que reciben en su entorno y al rechazo a su orientación sexual”, indica el comunicado. En esta línea, apuntan que “es mucho más probable que aquellos entornos que consideran la homosexualidad como una enfermedad mental o un pecado, ejerzan un mayor nivel de presión sobre las personas con una orientación homosexual, pudiendo favorecer la génesis de conflictos internos, tal como la homofobia interiorizada, que coloca a quienes lo sufren en una situación de mayor vulnerabilidad frente a quienes ofrecen soluciones falsas, milagrosas y evidentemente ineficaces”.

Desde el Consejo General de la Psicología han recomendado intervenir en el sentido de la aceptación de la homosexualidad como forma de eliminar el conflicto interno, de manera que las personas vivan integrando su orientación de una forma asertiva.

viernes, 7 de octubre de 2016

#hemeroteca #homosexualidad #historia | Evelyn Hooker: la mujer que demostró que la homosexualidad es natural

Evelyn Hooker: la mujer que demostró que la homosexualidad es natural.
Andrea Puggelli · 1 de cada 10 | 20 Minutos, 2016-10-07
http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2016/10/07/evelyn-hooker/

La homosexualidad nunca ha tenido vida fácil: ha pasado de ser aceptada a ser considerada una enfermedad para después, a fecha de hoy, reconocer que las personas homosexuales tienen derechos.

El aspecto de ‘patologización de la homosexualidad’ tiene sus raíces en la Edad Media, cuando se llamaba ‘vicio moral’. Fue mucho después cuando pasó a ser luego considerada como ‘trastorno mental’ en la obra de Richard Von Krafft-Ebing, ‘Psicopatía sexualis’, de finales del siglo XIX (1886). En este libro la homosexualidad era comparada a la pedofilia y el sadomasoquismo. Incluso en Psiquiatría pasó mucho tiempo hasta que se incorporó al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM III) y a la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-10 como un trastorno. Ahora sabemos, sin embargo, que es una variante natural de la conducta sexual y es una de las posibles orientaciones sexuales. Pero, ¿cómo hemos llegado a este resultado?.

Se lo debemos a Evelyn Hooker, psicóloga estadounidense (1907-1996), que fue una de las figuras más influyentes en el movimiento LGBT porque, utilizando el método científico, convenció a la población estadounidense de que la homosexualidad era solo una variante del comportamiento sexual. Su estudio ‘Sobre la adaptación psicológica en los hombres gays’, publicado en 1957 en la revista científica ‘Journal of projective techniques’, es la más importante fuente científica cuando se habla de la despatologización de la homosexualidad .

Evelyn Hooker impulsada por la curiosidad científica y por algunos de sus amigos homosexuales que le pedían que investigara sobre la homosexualidad, decidió iniciar una investigación para probar la hipótesis de que no había diferencias entre varones homosexuales y heterosexuales. Demostrar esto le permitió afirmar que los homosexuales no estaban enfermos como se pensaba y empezar, de este modo, el largo proceso que llevaría después a la eliminación de la homosexualidad de todos los listados de trastornos mentales.

Hasta entonces, los únicos estudios sobre la homosexualidad implicaban modelos animales y nadie había ampliado la investigación a un entorno clínico, es decir, a seres humanos. Hooker recibió fondos para su investigación por parte del ‘National Institute of Mental Health’ (‘Instituto Nacional de Salud Mental’) en 1953 y se reclutaron sesenta personas que eran consideradas mentalmente sanas. Se dividieron en dos grupos en función de la orientación sexual: exclusivamente heterosexual u exclusivamente homosexual.

Más tarde se les entregó algunas pruebas validadas, en particular, la prueba de ‘Rorschach’, el ‘Test de Percepción Temática’ (TAT) y la prueba de ‘Make-a-Picture’ (MAPS). Las tres son pruebas proyectivas, es decir, diseñadas para medir las dimensiones de la personalidad, la estabilidad emocional y la coherencia del pensamiento (actualmente, estas pruebas se utilizan sobre todo en el contexto de diagnóstico clínico y forense). Después de revisar los datos, Hooker encontró que no podían distinguirse los homosexuales de los heterosexuales, demostrando así que la orientación sexual no crea diferencias.

A pesar de algunos límites de la investigación, Evelyn Hooker intentó, con un enfoque riguroso, hacer afirmaciones que no sólo abrieron una nueva “vía” en los textos de Psicología, sino que también proporcionó una base científica para las decisiones más importantes en procesos judiciales como la prohibición de trabajo para los homosexuales en algunas agencias estatales y locales, o en las escuelas y departamentos de policía (por ejemplo, la prueba de Rorschach se sigue utilizando en el campo forense).

El estudio de Hooker -junto a la teoría de Kinsey sobre la orientación sexual de 1948- se convirtieron en las ‘armas más potentes’ con base científica sólida para demostrar que los heterosexuales y los homosexuales son iguales. Sin embargo, la homosexualidad no sería eliminada del manual de los trastornos mentales tan rápido como se pensaba. La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) eliminó la homosexualidad como enfermedad solo en el 1973 mientras que en el DSM III (1980) lo consideraba solo el ‘trastorno egodistónico’ cuando la ‘condición’ creara dificultades personales y sociales al individuo. La completa exclusión de la categoría de ‘patologías’ ocurrió con la segunda versión revisada del DSM III (1987). Será el 17 de mayo de 1990 cuando la OMS declararía oficialmente la homosexualidad ‘una variante natural de la conducta humana’.

A pesar de los prejuicios y del estigma social que todavía existen en la sociedad, esta investigación ha ayudado a millones de hombres y mujeres homosexuales a aceptarse como tales. Algo invalorable.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

#hemeroteca #trans #despatologizacion | Los transexuales ya no son enfermos mentales

Marcha 2012 del 'Octubre Trans' en Barcelona //

Los transexuales ya no son enfermos mentales

La nueva 'biblia' psiquiátrica, el DSM-5, destierra el Trastorno de Identidad de Género La clasificación de la OMS, menos utilizada por los profesionales, conserva el trastorno Se suman nuevas enfermedades, como el síndrome de acaparamiento
Ana Alfageme | El País, 2012-12-05
https://elpais.com/sociedad/2012/12/04/actualidad/1354628518_847308.html

Los transexuales ya no son enfermos mentales. Así lo certifica la nueva edición de la ‘biblia’ de la psiquiatría. El DSM-5, acrónimo en inglés del ‘Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales’, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, en sus siglas en inglés), solo conserva la "disforia de género", es decir, la angustia que sufre la persona que no está identificada con su sexo masculino o femenino.

En España hay entre 7.000 y 12.000 transexuales, que llevan años pidiendo ser excluidos de los manuales psiquiátricos, al igual que activistas y transgénero de todo el mundo. En este país su derecho a sentirse hombre o mujer está reconocido desde 2007. Pueden cambiar de nombre legalmente u operarse para tener genitales del otro sexo, pero sobre el papel padecían una enfermedad. No por el dolor causado por sentirse mujer viviendo en el cuerpo de un hombre o viceversa, sino por el mero hecho de ser transexual.

El estigma se sumaba al rechazo social, la incomprensión o el largo tratamiento al que muchos de ellos se someten y que incluye repetidas intervenciones quirúrgicas para adecuar su aspecto al del sexo deseado. Pero hay mucho más. Estudios citados por las asociaciones aseguran que los transexuales padecen una tasa de paro de entre el 60% y el 80%

El órgano directivo de la APA aprobó el pasado 1 de diciembre el nuevo manual, la primera revisión a fondo en 20 años de los criterios diagnósticos más compartidos en el mundo de la psiquiatría. Se publicará en mayo de 2013 y en él, junto a otras modificaciones, ha desaparecido el término "Trastorno de la Identidad de Género", según ha explicado este martes una portavoz de la asociación.

El proceso parece similar al de la normalización de la homosexualidad. Desapareció como enfermedad mental en 1973, pero se conservó, con el nombre de "homosexualidad egodistónica", el supuesto que describe la angustia y el sufrimiento que padece un gay o una lesbiana por el hecho de serlo. El término se retiró en 1986.

El DSM tiene sesenta años de historia y ha constituido durante estas décadas una poderosa herramienta de trabajo para psiquiatras, psicólogos y otros trabajadores de ese campo. Es una suerte de guía para ordenar y nombrar las distintas enfermedades mentales.

La revisión del DSM, que ha llegado a su quinta edición, supone un trabajo de seis años y la aportación de 1.500 expertos de 39 países. Incluso se ha sometido al escrutinio público. De hecho, se han escrito 13.000 comentarios en la web donde ha estado colgado el documento preliminar y se recibieron 12.000 aportaciones en forma de ‘e-mails’ o cartas. "Ha habido mucho más interés por parte de los ciudadanos y cobertura mediática del DSM-5 que en anteriores revisiones", ha explicado el presidente de la APA, Dilip Jeste, en el anuncio de la aprobación del tratado, "ello refleja mayor conciencia pública e interés de los medios de comunicación en la enfermedad mental".

"El DSM es la herramienta de referencia para el mundo de la clínica", asegura Enrique García Bernardo, jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, "no tanto en el ámbito académico, que sigue la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ICD-10". Este último listado, que es un compendio de enfermedades de todo tipo, no solo psiquiátricas, sí que conserva el trastorno de identidad sexual. Está en proceso de revisión, como ha ocurrido con el DSM. "Habitualmente la OMS sigue los pasos del tratado estadounidense", asegura el psiquiatra, "y además su clasificación tiene una razón más administrativa y ordenadora"

Esta revisión del DSM recoge otros cambios. Algunas enfermedades mentales, como la transexualidad, han dejado de serlas. Otras se incorporan. Pero el resultado es muy parecido en términos numéricos. La evolución social y la investigación aclaran situaciones y conductas y la nueva referencia en enfermedades mentales no patologiza más a la sociedad.

Nuevas dolencias: el acaparamiento y la excoriación
En el grueso volumen se podrá consultar los criterios diagnósticos de una afección relacionada con el síndrome de Diógenes, que se ha trasladado al tratado con el nombre de Trastorno de Acaparamiento. Se justifica su inclusión "con una extensa investigación científica. Su incorporación", asegura la asociación en una nota de prensa, "ayudará a caracterizar a la gente con dificultades persistentes para deshacerse de sus posesiones, independientemente de su valor real. Esta conducta tiene efectos dañinos (emocionales, físicos, sociales, económicos e incluso legales) para un acaparador y sus familiares".

El síndrome de Asperger desaparece bajo el paraguas del Trastorno del Espectro Autista, que incorporará varias condiciones patológicas existentes en la anterior edición del volumen, el DSM-IV, como el autismo, el síndrome antes mencionado, el Trastorno Desintegrador de la Infancia y el de Desarrollo Infantil. Los niños que padecen la dolencia bautizada con el nombre del pediatra austriaco que lo definió suelen tener un habla sin ritmo e intereses muy limitados. Hacen acopio de infinidad de datos sobre ellos sin categorización.

Otra enfermedad mental nueva es el Trastorno de Estado de Ánimo Disruptivo y No Regulado, que sirve para describir el caso de niños "que muestran irritabilidad persistente y episodios frecuentes de arrebatos de conducta tres o más veces a la semana durante más de un año", observa la asociación. "Se pretende evitar el diagnóstico erróneo o el sobretratamiento de trastornos bipolares en niños".

Se incorpora también la excoriación, es decir, el acto de arrancarse la piel de manera continuada, dentro de las dolencias vinculadas a la enfermedad obsesiva-compulsiva

sábado, 30 de junio de 2012

#articulos #trans | Diversidades cuestionadoras : la campaña internacional «Stop Trans Patologización 2012»

Diversidades cuestionadoras : la campaña internacional «Stop Trans Patologización 2012» / Aitzole Araneta Zinkunegi
En: Feminismo/s (ISSN-e 1989-9998), n. 19 (Junio 2012), p. 143-163. Número dedicado a: Miradas trans/identitarias
/ ES / Artículos
/ Activismo / APA / CIE / DSM / Identidad sexual / OMS / Patologización / Transexualidad / Transgénero / STP-2012 / Teoría Queer / Visibilidad
TEXTO COMPLETO | RUA · Universitat d’Alicant
http://hdl.handle.net/10045/27606 
TEXTO COMPLETO | Dialnet
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4128295

En los últimos años ha saltado a la agenda pública el concepto de «despatologización trans», gracias al surgimiento de un movimiento internacional que aboga por deconstruir arraigados estereotipos de género, que son los que llevan a este colectivo a ser tildado de «enfermo», en medio de un imbricado sistema de imperativos legales, médicos y económicos. En este artículo se realiza un análisis general, sobre las causas que han llevado, bajo la inminente publicación de las nuevas versiones de los manuales de enfermedad internacionales DSM-5 y CIE-11, a la visibilización de estos hechos. Deslavazando diferencias sustanciales en un conjunto de países que denominaremos «del norte» y «del sur», para pasar después al análisis de los últimos acontecimientos acaecidos, considerándolos pistas de lo que puede suceder en un futuro inminente a este respecto.