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miércoles, 11 de marzo de 2020

#hemeroteca #lesbianismo #lesbofobia | Obligadas a ser madres para 'curar' su lesbianismo: "Sus familias creen que están poseídas por un espíritu maligno"

Imagen: El Diario / Melibea Obongo
Obligadas a ser madres para 'curar' su lesbianismo: "Sus familias creen que están poseídas por un espíritu maligno".
La periodista Melibea Obono recoge el testimonio de una treintena de mujeres guineanas lesbianas, bisexuales o transexuales en 'Yo no quería ser madre. Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma'.
David Noriega | El Diario, 2020-03-11
https://www.eldiario.es/desalambre/embarazos-forzosos-lesbianas-guinea_0_1000200323.html

"El imbécil este de marido que me buscaron se caía encima de mí como un loco y mi corazón decía: 'Termina, termina, por dios, termina'"."La familia ordenó que tuviera un bebé que me sustituyera, porque me había perdido". "Casi me muero en la sala de operaciones por un bebé que no quería". "No me sale el amor de madre. Lo odio mucho". "Este que está allí sentado, mi hijo, es una carga. Ya no soy yo. Ya no soy libre. Quienes me obligaron a tenerlo también me han dejado sola".

No lo dice una sola mujer. Son frases que ilustran los testimonios de una treintena de mujeres lesbianas, bisexuales u hombres transexuales de Guinea Ecuatorial que la periodista Melibea Obono ha recogido en su libro 'Yo no quería ser madre. Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma' (editorial Egales). Obono, que se ha reunido recientemente en Madrid con representantes de todas las formaciones políticas, menos Vox, en un encuentro organizado por la plataforma 'The Equality Advocacy Project', visibiliza así las terapias de 'curación', exorcismos, torturas, embarazos forzosos y vulneraciones de los derechos humanos a las que es sometido el colectivo LGTBI en su país.

P. ¿Fue difícil encontrar estos testimonios?

R. No es que me costara la vida, pero sí me costó encontrar a personas que viven excluidas de la exclusión. No es lo mismo ser lesbiana que ser una persona transexual. Si bien una persona cisgénero puede pasar desapercibida en algún espacio, no ocurre eso con los transgénero. Hay entrevistas a mujeres a las que llaman ‘Dog Woman’. Los ‘Dog Man’ son como los delincuentes de un barrio, los que controlan el barrio, algo así como 'Ciudad de Dios'. Algunos son transexuales que quieren llegar a interiorizar la masculinidad e incorporan el tema de la violencia en estos grupos para protegerse. Es la única manera que encuentran para que ni la familia ni la calle les agreda y ejerza más violencia sobre ellos. Acceder a estos testimonios ha sido mucho más difícil, porque en un barrio controlado por ellos tienen hasta guardaespaldas.

P. En el libro se aprecia que en las parejas de mujeres lesbianas o de mujeres y hombres transexuales se reproducen los estereotipos de género hombre-mujer.

R. Las personas homosexuales guineanas viven en un entorno donde todo el mundo aprende que ser mujer es parte de la normalidad. ¿Qué ocurre? En Guinea, cuando una familia descubre que su hijo o hija es homosexual, ya no accede a una educación con normalidad. Cuando alrededor de los diez años empiezan a mostrar rasgos de género o sexo contrario, les llevan a los establecimientos de 'curación' de la homosexualidad, a curanderos, a las sectas. Esto hace que la mayoría tenga problemas de alfabetización. El único conocimiento que queda en su mente es lo que les han enseñado en el catecismo y en la sociedad: solo puedes ser hombre o mujer. Viven en constante contradicción con su propia identidad. La educación obligatoria y gratuita no es un derecho accesible para las personas homosexuales o transexuales.

P. Lo que describe de los curanderos son torturas.

R. Sí, pero no se llama tortura, se llama curación. En el año 2019, el colectivo 'Somos parte del mundo' decide enviar un informe a Ginebra, porque la curandería y la Iglesia católica estaba tapando estas prácticas, para que no se visibilizaran y la comunidad internacional no les llamara la atención. Los Estados han hecho unas doscientas y pico recomendaciones donde figura el tema LGTB como una competencia que le corresponde solucionar al Gobierno. Porque en esos espacios, las curanderías, las iglesias, la sectas, practican la tortura.

Una de las prácticas es el ayuno seco: encierran a un niño o una niña LGTBI en una habitación durante una semana, sin comer, con agua de vez en cuando, y sometido a música alta, como en Guantánamo. Cuando se realiza esa práctica para que salga el espíritu de blanco, porque los negros no son homosexuales, cuanto más grita de dolor, mejor, porque te dicen que no llora la persona, que llora el espíritu. Yo lo he visto. Cuando salen de allí ya tienen la salud mental literalmente dañada.

P. Y luego llegan los embarazos forzosos de las mujeres para 'curar' el lesbianismo.

R. La familia considera que es una etapa en la que la niña está un poco perdida, con una posesión de su cuerpo por un espíritu maligno de un varón blanco. El embarazo es como una pastilla. Es tan grave que casi todas han pasado por la maternidad forzada. Cuando no se cura con el embarazo, que obviamente no se cura, hay que ir a por otra pastilla. Es como cuando tienes un catarro y vas al hospital: si no se cura con un medicamento, prueban con otro. Aquí puede ser un segundo hijo, un tercero, un cuarto...

P. En algunos testimonios las mujeres relatan que después les quitan a los niños porque "una lesbiana no puede ser buena madre".

R. Hay varias opciones. Una chica a la que entrevisté me contaba que cuando se iba a la cama por la noche, venía su madre y le quitaba al niño para que no le contagiara con sus espíritus de brujería lésbica y se hiciera maricón. Otra fase suele ser que en la comisaría de policía o en la curandería -depende del pastor o del comisario que te encuentres- le digan a la familia que la mujer se lleve al niño, no vaya a ser que haya nacido ya con el espíritu y contagie a otros niños jugando. Así que se aísla a la madre y a la hija.

P. Muchas de las madres de tu libro afirman odiar a esos niños.

R. Están estigmatizados. No son hijos deseados por las familias, ni por la abuela ni por el abuelo: son el medicamento que viene a curar a su hija. A veces el rechazo surge cuando a la chica le dicen que se embarace, que ella ya es un caso perdido pero que quieren que tenga un bebé para sustituirla. Es decir, tú ya eres una persona sustituida en vida por tu hijo. No puedes querer a un hijo que te está quitando a tu familia. Son muchos los factores que repercuten en los niños. Como nadie lo ha deseado, no es un niño querido y hereda el estigma.

P. ¿En qué situación viven esos niños?

R. Muchas veces cuando visito a las mujeres en las casas familiares me encuentro al niño descalzo, desnutrido, sin ropa decente. Comparas cómo está el bebé con los demás niños y no hace falta que te diga nada. Y la encuentras a ella, quizás fumada... Es solo ir y verlo. O en los casos en los que ya la han echado de casa con todos los niños porque se han cansado de que no se cure te encuentras en la puerta a uno, a otro, a otro. Y la mayoría sin escolarizar, porque la propia mamá no se escolarizó. El repudio social, institucional e individual se extiende hacia los hijos y las hijas de ellas.

P. Muchas mujeres hablan de la presión por encontrar un hombre para sustentar a la familia. ¿Tener una hija lesbiana en Guinea Ecuatorial está visto como una ruina económica?

R. En el caso de los hombres transexuales o mujeres con rasgos físicamente masculinos, desde la adolescencia precoz las familias ya dan por sentado que esa niña no va a representar la productividad económica a nivel sexual de la familia. No va a traer dinero, no habrá hombres que vayan a cuidar de ella a cambio de relaciones sexuales, etc. En el caso de las personas trans, lo asumen. Pero es más duro en el caso de las cisgénero. Tiene un cuerpo de chica generalmente definido, es 'normal', etc. Cuando no sale con un hombre, para la familia es mucho más duro porque rompe con las expectativas económicas que se tenían puestas en ella.

El decreto ley que el Gobierno ha preparado y que no hemos visto hasta ahora habla de regular la prostitución y la homosexualidad, de combatir esos males. De alguna manera, la prostitución en mi país es una práctica normalizada. Lo que no sabemos es qué prostitución va a castigar nuestro gobierno, si la prostitución oficial o la que se practica en todas partes pero nadie llama prostitución.

P. ¿Cómo lo llaman?

R. Pues que eres guapa y los hombres te quieren. Cuantos más, mejor.

P. Algunas mujeres recurren al consumo de drogas

R. Las psicólogas que trabajan con el colectivo nos dijeron que las razones por las que consumen drogas y alcohol en exceso es que, en primer lugar, se sienten como la escoria social, no son aceptadas y, en segundo lugar, buscan alguna manera de olvidarse de lo que les ha pasado. Entonces consumen, consumen y consumen.

P. Cuál es el marco legal en Guinea respecto a los derechos del colectivo LGTBI

R. Guinea, a nivel jurídico, es un estado subsidiario. Fue colonia de España y cuando se independiza en 1968 el marco legal vigente era el franquista. Ya sabemos cómo estaba el tema de la homosexualidad y de la prostitución. Cuando llega al poder el primer presidente -Francisco Macías Nguema-, las relaciones con España se rompen y deroga todo el marco legal vigente, pero no elabora leyes. En 1979 fue derrocado y llega un nuevo presidente -el actual, Teodor Obiang-, y decreta que las normas que estaban vigentes en Guinea Ecuatorial antes del gobierno derrocado volverían a estar en vigor.

¿Qué ha pasado? Que se ha elaborado una constitución aparentemente guay, pero no se han elaborado leyes. Hay una parte de la constitución que establece que todas las normas vigentes en el país que contradicen la constitución de facto quedan derogadas, pero si tú no haces una ley que se aplique en cada situación, se va a aplicar la que está. La que está es la ley de vagos y maleantes o la ley de rehabilitación social franquista. Cuando una familia detecta que su hijo o hija es homosexual y va a la comisaría, los policías son los que hacen esa función que en tiempos de Franco en España hacía el juez de instrucción, de determinar si una persona es peligrosa, vaga o maleante y le dicen a la familia donde hay un curandero, un cura o un exorcista. Ellos son los que determinan cuánto dura tu estancia allí.

Este marco se mezcla con la homofobia étnica. Las etnias guineanas tienen también sus prácticas homofóbicas. La ley de peligrosidad social allí funciona con una estructura que si ellas mismas no te cuentan sus experiencias no sabes lo que pasa. He tenido que ir atando cabos a través de las entrevistas. Cuando te dicen que si ven a un policía echan a correr, lo describen como cuando un gay veía en España a un policía en tiempos de Franco.

P. ¿Hay componentes racistas?

R. Sí, pero allí no se llama racista, se llama bonito -ríe-. La África Negra está anclada en esas independencias mal realizadas de las colonias, donde todavía no se acaba de asumir que las personas negras somos tan personas como las blancas y todo lo malo se atribuye al blanco. Todo lo que desconocemos es culpa de los blancos. Es racismo, claro, pero cuando lo dices entre ellos te dicen que no, que es que los blancos son los malos. Como nos colonizaron... Pero es que eso ya pasó, lo otro aún no ha pasado.

P. ¿Cuál es la solución?

R. Lo primero es que tiene que haber un reconocimiento. El reconocimiento de que existen personas negras homosexuales. Eso no se concibe en Guinea. Parece que los gais son los blancos. Tiene que haber un reconocimiento de que las personas negras somos personas y, por tanto, si las personas pueden amar a quien le dé la gana, siempre que no le hagan daño a nadie, ¿por qué nosotros no?

Segundo, que haya sensibilización a nivel institucional. No es lo mismo que lo haga una ONG por su cuenta a que lo haga el Gobierno a través de los medios, la escuela, que reconozca que existen. El problema es que ni siquiera lo reconoce, entonces cualquier persona tiene vía libre para hacer cualquier cosa con una persona homosexual. Si el gobierno a través de la ley no reconoce que existen personas homosexuales en su país, no hay negociación, no hay nada. Para proteger, primero hay que reconocer. Cualquier ley tiene una exposición de motivos donde se alega por qué se hace.

P. ¿Y con las familias?

R. ¿Por qué razón las familias rechazan a sus hijas o hijos homosexuales? Porque creen que están enfermas, poseídas por un espíritu blanco, tienen brujería... En el momento en el que se empiezan a hacer campañas y le dicen a una familia que tienen un hijo hermoso, que no está enfermo, que ama a otro hombre, que tiene una vida que vivir, que no puedes hacerle unas cosas porque tiene unos derechos... la familia se lo empieza a pensar. Si aquí en España le das una paliza de muerte a tu hijo y acaba en el hospital, el hospital llama directamente a la policía. Ya sabes lo que te espera si tú le haces daño a tu hijo.

miércoles, 19 de febrero de 2020

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | Embarazadas a la fuerza como remedio contra la homosexualidad

Imagen: El País / Trifonia Melibea Obono
Embarazadas a la fuerza como remedio contra la homosexualidad.
La autora Trifonia Melibea Obono compendia, en ‘Yo no quería ser madre’, los testimonios de mujeres lesbianas, trans y bisexuales de Guinea Ecuatorial obligadas a parir contra su deseo.
Analía Iglesias | Planeta Futuro, El País, 2010-02-19
https://elpais.com/elpais/2020/02/17/planeta_futuro/1581961967_262800.html

Las historias de vida de treinta mujeres lesbianas, trans y bisexuales de Guinea Ecuatorial se reúnen en 'Yo no quería ser madre' (Editorial Egales), el último título de la prolífica autora Trifonia Melibea Obono (Afaetom, Guinea Ecuatorial, 1982). Son asuntos que preocupan desde hace años a esta investigadora en temas de género y politóloga guineoecuatoriana. Ahora les da la hondura del testimonio en primera persona en un libro con el que, según ella, “ha roto las estructuras aprendidas en los trabajos de campo de la universidad”.

Con su afable sonrisa pero el implacable discurso contra la discriminación que sufren las mujeres LGTBi de su país, Melibea presentó, la semana pasada, en una librería especializada de Chueca, en Madrid, su séptimo libro, cuyo subtítulo es 'Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma'. La obra contiene, además, un informe actualizado sobre la situación de los derechos de este colectivo. “Las palizas no funcionan con las mujeres”, “Dos mujeres juntas es cosa de blancas”, “El embarazo me trajo la desgracia” o “Tendría que haber nacido hombre para ser feliz” son algunos de los jirones verbales de ‘Yo no quería ser madre’, expresiones que desgarran cualquier aproximación académica.

“El único elemento en común entre ellas es el haber sido madres a la fuerza”, resume la autora de la novela ‘La bastarda’ (Flores Raras, 2016). O no querían ser madres de esta manera: “La mayoría lo han sido de manera violenta y en la adolescencia. Se trata de mujeres que aman a otras mujeres, que no quieren estar con hombres, y de todos los grupos étnicos. Para ellas, el medicamento para curar su orientación sexual es el embarazo, y hay que repetir la dosis hasta la sanación. Sus hijos y sus hijas heredan el estigma, en tanto daños colaterales de un tratamiento que no funcionó. Todas ellas hacen referencia a los modos en que se las fuerza desde su propio grupo de pertenencia. La familia amenaza, se embarazan, se deprimen, se encierran, se avergüenzan porque tienen otra identidad de género y terminan trabajando en el único mercado que las acepta, que es el de la prostitución. Yo tenía que dejarlas hablar sobre lo que ellas quisieran, no podía preguntar directamente por la manera en que llegan al embarazo, porque lo han vivido con mucha dureza”.

Melibea sostiene que ellas le han enseñado lo que es ser fémina en su propia sociedad y, gracias a un acercamiento sincero pudo conectar con mujeres de grupos étnicos que no conocía, porque en la escuela no les enseñan a hablar otros idiomas que los occidentales. “Son las personas a quienes se les niega sistemáticamente la palabra las que aquí relatan sus padecimientos y sus emociones; las reflexiones surgen, pues, en una charla que solo es posible con empatía verdadera”, explica. Porque a la persecución y la violencia social e institucional, se suman muchos otros problemas, como “la falta de información y de referentes, la pérdida del arraigo, el odio interiorizado, el consumo de drogas y alcohol para soportar la marginación y la violación intrafamiliar”, agrega Melibea con gesto desconsolado.

Se trata de un libro que denuncia la segregación que sufre cualquier persona que ose expresar su identidad de género o su sexualidad de un modo no normativo, “en el continente africano y en la cultura ‘fang’ (de origen bantú), en particular”, especifica. De hecho Melibea que, hasta 2016, no participaba de lleno en el mundo del activismo, entendió que la invisibilidad de lo que el país no quiere mostrar es superlativa en el caso de las personas excluidas por su diversidad sexual. Y, en algunos casos, más que desprecio hay violencia explícita. Así, en el transcurso de una caminata con una transexual por las calles de Malabo, experimentó que “no había manera de circular en el espacio público sin recibir comentarios despectivos”. En aquel paseo, entre burlas, una frase fue quizá la que marcó el comienzo de este proyecto: “La gente como tú no es de este país”. De nada valió que la chica respondiera: “Sí, soy de Baney”.

Trifonia Melibea había constatado, tras la primera celebración de la semana cultural de expresión LGTB, también en 2016, que “para la sociedad guineana, aquello era algo medio festivo, una cosa de blancos en un centro cultural de ellos y terminaría allí, pero con el segundo orgullo empezó a crecer la tensión social e institucional”. Entonces ya les arrancaron las fotografías que habían expuesto y todo el mundo entendió que eso no era “cosa de blancos”.

Vagos y maleantes de Malabo
En un Estado autoritario, con apenas medio siglo de historia como país independiente, tras haber vivido décadas como colonia de la España franquista, aún existen normativas “contra vagos y maleantes”, como las de hace cuarenta años en España, para reprimir “los vicios”, en palabras de las propias autoridades. Así, el Gobierno argumenta que tiene la “buena voluntad” de escuchar lo que le pide el pueblo, y que es la sociedad ecuatoguineana la que quiere “erradicar dichas prácticas nocivas”. Melibea relata que, después del orgullo del año pasado, el Gobierno emitió un comunicado “expresando su preocupación” por un “colosal aumento de la publicidad y el exhibicionismo tanto de los heterosexuales como de los homosexuales, la prostitución y la promiscuidad sexual”.

En el diálogo de presentación del libro, junto a Gerjo Pérez Meliá, de LesgaiCineMad, se argumentó que si hasta ahora no ha habido una ley que prohíba la homosexualidad, el hecho de que tantas personas estén atreviéndose a ‘salir del armario’ ha llevado al gobierno de Guinea Ecuatorial a considerar “un paquete de medidas para perseguir y limitar estos comportamientos, ya sea de nativos o expatriados”. Estas medidas podrían incluir, según se lee textualmente en despachos oficiales, “sanciones a fin de reducir estas actividades, para protección de la familia ecuatoguineana como base de la sociedad, así como la imagen pública del país”.

En este contexto se refuerza el ‘deber’ moral, y también demográfico, de tener hijos, y la coacción de las mujeres, con especial énfasis en las que consideran que deben ser madres para curarles su homosexualidad. Aunque no todo es imputable a las leyes coloniales, según deja bien claro la investigadora, que ha indagado en la ideología, las prácticas discriminatorias y hasta en la las etimología de palabras con las que en cada etnia se designan a los gais y las lesbianas, y ha concluido en que “todas las etnias son patriarcales, y si bien, en algunas se puede encontrar algún rasgo de matrilinealidad, esto significa que, por esa línea de parentesco, mandan los hombres de la familia de la madre”.

La autora subraya, además, cuánta intersección hay en la manera en que se ejerce la discriminación, ya que no es lo mismo ser soltera y LGTB que ser de un grupo minoritario y homosexual o serlo y pertenecer o no a la Iglesia católica. En cualquier caso, la precariedad y la enfermedad han marcado a fuego demasiadas adolescencias y vidas jóvenes, en Guinea Ecuatorial; incluso más allá de lo que lo han hecho con otros colectivos de su propio continente: “Nuestro día a día es mucho más arriesgado que organizar un ‘World Pride’. Con las altísimas cifras de VIH y sida y lo deficitaria que es la atención primaria en Guinea, estamos de velorio en velorio”. Su escritura de madre guineoecuatoriana seguirá intentando redimir esas vidas.

lunes, 14 de octubre de 2019

#libros #lesbianismo #lesbofobia | Yo no quería ser madre : vidas forzadas de mujeres fuera de la norma

Yo no quería ser madre : vidas forzadas de mujeres fuera de la norma / Trifonia Melibea Obono Obono.
Barcelona [etc.] : Egales, 2019 [10-14].
306 p.
Colección: G.
ISBN 9788417319748 / 20 €

/ ES / ENS
/ África / Guinea Ecuatorial / Lesbianismo / Lesbofobia / LGTBI / LGTBIfobia / Terapias reparadoras / Testimonios / Trans / Violencia lesbófoba

«Yo tenía que haber nacido hombre para ser feliz. Creo que los hom­bres son felices. Y yo no lo soy. Soy una mujer».

«A lo largo del embarazo, el hombre que me embarazó fue declara­do héroe. Todo el mundo le buscaba. La gente se preguntaba quién había sido capaz de embarazar a una lesbiana. Yo estaba muy aver­gonzada».

«Mi familia y yo estamos unidas por el dinero de mi pareja y de la calle que sigo haciendo. Soy como el cordón umbilical que lxs une a mi vagina, de la que esperaron dinero toda la vida».


Treinta mujeres guineanas toman la voz en este libro para denunciar la situación de las personas LGTB en Guinea Ecuatorial. A la per­secución y la violencia social e institucional se suman muchos otros problemas: la falta de información y de referentes, la pérdida del arraigo, el odio interiorizado, el consumo de drogas y alcohol para soportar la marginación... El panorama es todavía más preocupante para las mujeres en una sociedad patriarcal y tribal que las condena a la sumisión, la trata, la explotación sexual y la violencia machista. Por primera vez, este grupo de mujeres rompen el tabú del sufri­miento silencioso y cuentan en primera persona los padecimientos, las emociones y las reflexiones de aquellas a quienes se les deniega sistemáticamente la palabra.

Trifonia Melibea Obono tiene un decidido compromiso feminista que pone de manifiesto las desigualdades e injusticias contra las muje­res, especialmente las lesbianas, bisexuales y trans, en el continente africano en general y la cultura fang en particular.