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lunes, 16 de enero de 2017

#hemeroteca #arquitectura #sexualidad | Así pensaban los arquitectos del sexo

Imagen: Google Imágenes / Reconstrucción de la habitación de Adolf Loos para su mujer Lina
Así pensaban los arquitectos del sexo.
El burdel que imaginó el marqués de Sade, la comuna en que se inspiraron los hippies... Una exposición en Barcelona reflexiona sobre la arquitectura del sexo desde el siglo XVIII.
Ignacio Vidal-Folch | Papel, El Mundo, 2017-01-16
http://www.elmundo.es/papel/sexo/2017/01/16/587ca294e5fdea53698b4601.html

Un día José María Valverde -profesor, poeta, intelectual- nos dijo en la universidad: «El hombre no tiene solución. Está condenado, porque se le ofreció una arquitectura a su medida y la rechazó». ¿A qué arquitectura se refería? ¿Qué estilo nos hubiera podido redimir? No me atreví a preguntárselo.

Quizá se refería al racionalismo, que considera el ornato poco menos que delictivo; el racionalismo, donde todos los elementos están pensados atendiendo a la más depurada funcionalidad.

En su libro sobre la Viena del fin del Imperio, Valverde dedicó unas páginas a Adolf Loos, que sostenía que menos es más y cuyo edificio-manifiesto en la Michaelplatz de Viena, delante del palacio del Hofburg, disgustaba tanto al emperador Francisco José que mandó mantener siempre cerradas las persianas de las ventanas de palacio que daban a la desnuda casa de Loos.

Pero ni el más severo racionalista está exento de pasiones. El mismo Loos era una persona con una peculiar sensualidad. La exposición '1.000 metros cuadrados de deseo. Arquitectura y sexualidad', que despliega en el CCCB de Barcelona un muestrario de espacios pensados para el goce a lo largo de los últimos tres siglos, documenta dos obras de Loos bajo el signo de lo erótico. Una, la casa parisiense pensada para la diosa de ébano Josephine Baker, con una piscina dispuesta con tal arte que los huéspedes o visitantes pudieran observar desde todas partes las evoluciones en el agua de la bailarina negra, a la que por otra parte no le costaba nada desnudarse en público. La otra pieza es el dormitorio que Loos diseñó para su esposa Lina, forrado todo él (suelo, techo, paredes y cama) con piel peluda, como un estuche para la preciosa joya: Lina.

Los 1.000 metros cuadrados de deseo de la exposición abundan en piezas como éstas e invitan a pensar en cómo el espacio construido condiciona el deseo y cuánto, en ese deseo, está socialmente inducido y cuánto es íntimo y espontáneo.

Hay un área donde se representan las 'petites maisons' (casitas), los pabellones para el placer de los aristócratas franceses del siglo XVIII, y se puede consultar la copiosa literatura libertina de la época sobre este tema. Ficciones como 'Point de landemain' (Sin mañana) de Vivant Denon; 'El sofá', de Crébillon; o 'La petite maison', de Jean-François de Bastide, en colaboración con el teórico de la arquitectura Jacques-François Blondel, que cuenta un desafío amoroso en el que la casita, sus formas, perfumes y volúmenes, se constituye en herramienta irresistible para la persuasión erótica de una joven que se resistía a caer.

Otras salas muestran las casas de placer o burdeles racionalizados, higienizados, pensados para la práctica de una sexualidad comercial sin riesgos para la salud de clientes y prostitutas (como el 'Partenion', el burdel estatal del escritor Restif de La Bretonne) y el burdel ideal cuyos salones públicos y privados, rituales y ceremonias, imaginó hasta el último detalle, y dibujó, el marqués de Sade.

Las comisarias -Rosa Ferré, jefa de exposiciones del CCCB, y la arquitecta belga Adélaïde de Caters- se han propuesto invitar al visitante de la exposición a que piense «en cómo vivimos la sexualidad y qué espacio y qué tiempo le dedicamos a nuestro deseo». Entre obras de arte, ediciones, instalaciones, maquetas y espacios reconstruidos que con su inesperada, fulgurante contigüidad establecen vínculos por encima de los siglos y sugieren parentescos inesperados, destacan las ciudades utópicas que postuló Charles Fourier.

Fourier (Besançon, 1772- París, 1837) creyó descubrir que existe una Ley de la Atracción Pasional: un fluido o energía erótica que conecta la totalidad del universo y las pasiones humanas. Desdeñando instituciones como el matrimonio, la familia y el orden laboral jerárquico imperante, propuso un minucioso programa alternativo de desarrollo económico y transformación social que se basaba en el reconocimiento de todas las pasiones individuales -salvo que fueran dañinas para el prójimo- y su satisfacción total: planificó con el máximo rigor los falansterios: ciudades que eran paraísos sexuales para la realización de sus habitantes.

Estaba convencido de que la transformación social sólo era posible mediante la arquitectura, de forma que diseñó hasta el último detalle el funcionamiento de sus falansterios: ciudades de explotación agraria e industrial cuyas comunidades trabajan y se divierten, se reúnen y conviven según los gustos naturales o manías de cada miembro, y todos son gobernados por el Deseo, tanto en el trabajo como en el placer, cuyos límites se difuminan y confunden.

Su propuesta fue recibida como un disparate o en el mejor de los casos como una utopía, y como tal quedó hasta los años 60 del siglo XX, cuando el movimiento hippie, en busca de modelos alternativos de convivencia, rescató algunas de sus ideas para regir las comunas.

La exposición habla de éstas y de otras proyecciones del ideal 'fourierista', por ejemplo en la arquitectura radical de los años 60 y 70 (Ettore Sottsass, los grupos Archigram y Superstudio, etc) y en la enorme instalación que reproduce el Centro de Entretenimientos Sexuales -espacio hecho de sexo, voltios, esculturas cinéticas que bailan y perfume- que diseñó el visionario miembro del movimiento de arquitectura radical francesa Nicolas Schöffer para su utópica ciudad Ville Cybernétique.

Yo salí de la visita recordando a Valverde. Me hubiera gustado preguntarle qué pensaba de Fourier, si era un extravagante, si su arquitectura estaba a la altura del hombre. Me hubiera gustado visitar esta exposición con aquel sabio y preguntarle muchas más cosas.

jueves, 10 de noviembre de 2016

#hemeroteca #arquitectura | La verdadera Barcelona secreta

Imagen: El Periódico / Cartografía de cuartos oscuros
La verdadera Barcelona secreta.
Pol Esteve y Marc Navarro cartografiaron en el 2006 los 15 cuartos oscuros de la ciudad, la guinda que le faltaba a la mayúscula obra de Ernst Neufert.
Carles Cols | El Periódico, 2016-11-10
http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/verdadera-barcelona-secreta-5619934

Entre los meses de agosto y septiembre del 2006, el arquitecto Pol Esteve y su colega Marc Navarro cartografiaron la verdadera Barcelona secreta, un término que se usa muy alegremente por ahí, pues internet, por ejemplo, va lleno de entradas si se realiza esa búsqueda, medio millón más o menos, un despiporre. A algunas de esas barcelonas el calificativo de secretas les viene grande. A lo que exploraron Esteve y Navarro, no. Con una cinta métrica y un cierto espíritu de aventurero agrimensor visitaron en horas poco concurridas los cuartos oscuros de la comunidad gay más osezna de Barcelona. Levantaron los planos con oficio, como lo hace un buen profesional de su especialidad. El resultado es una cartografía inédita de Barcelona. ¿Qué, es secreta o no?

Esteve explica desde Londres, donde imparte clases en la Architectural Association, algunos pormenores de aquella exploración sin antecedentes conocidos y sin émulos después. “Íbamos a primera hora, cuando el local acaba de abrir, y tomábamos las medidas”. En total visitaron 15 cuartos oscuros, tantos como se supone había aquel año en Barcelona y que, por situar a quien aún no sepa de qué va la cosa (lo cual es normal, porque recuérdese que son secretos), decir solo que son espacios sin apenas luz consagrados al furtivismo homosexual, la evolución extrema de las londinenses ‘molly houses’ del siglo XVIII.

La arquitectura olvidada
¿Por qué? ¿Para qué? No, esto no fue el juego infantil de tocar el timbre y salir corriendo, una travesura de arquitectos adultos, en este caso. Esteve y Navarro sostienen que hay espacios públicos de los que la arquitectura se olvida, eso en una profesión que destaca por ser especialmente exhaustiva en la publicación de vademécums dirigidos a los profesionales del sector. Aunque descatalogado, ahí está, por ejemplo, el 'Atlas de plantas' de Friedericke Scheneider, un compendio de planos de hogares de medio mundo, pero sobre todo despunta en esa biblioteca lo que se considera la biblia si de esta materia se trata, 'El arte de proyectar en arquitectura', de Ernst Neufert, un manual publicado por primera vez en 1936 en Alemania y ampliado y reeditado hasta 40 veces en aquel país y 16 en España por la editorial Gustavo Gili, que detalla con precisión de relojero todo cuanto es indispensable saber para edificar a escala humana. ¿Todo?

Neufert fijó el canon de cientos de materias. La media común de una puerta es de 72 centímetros por Neufert. Los ladrillos miden 25 centímetros de largo por 12,5 de ancho, también por él. Los electrodomésticos, 60 centímetros de profundidad y 45 o 60 de ancho. Cualquiera que quiera salirse de ese estándar necesitará un trabajo de carpintería por encargo. ¿Qué altura es la correcta para una pila bautismal? Neufert. ¿De un pinball? Neufert de nuevo. Aquel sajón hizo tanto o más por el racionalismo arquitectónico que Le Corbusier, pero, a lo que íbamos, hubo rincones oscuros, y nunca tan bien dicho, en los que no reparó.

¿Cuál es la altura humana a la que debe situarse un ‘glory hole’ en un cuarto oscuro, que, de nuevo para los profanos, subrayar que es el agujero en la pared a través del cual se mantienen relaciones sexuales en esas salas sin luz? Y, ya puestos, ¿de qué diámetro? Y la pared, ¿es conveniente un ladrillo Neufert (recuérdese, 12,5 centímetros, ¿demasiado?) o mejor una simple plancha de pladur, que las hay en el mercado de hasta solo 10 milímetros de espesor?

Cajeros, probadores y nichos
La investigación neufertiana de Esteve y Navarro fue en realidad más allá de los cuartos oscuros. Cartografiaron también las diferentes tipologías de los cajero automáticos, los probadores de las tiendas de moda de Portal de l’Àngel y Portaferrissa y los nichos de los cementerios, la última de las viviendas. Poner el foco aquí y ahora en los cuartos oscuros no es un capricho. El conjunto de 15 planos que ambos levantaron en el 2006 forman parte de la exposición que hasta el próximo 19 de marzo dedica el CCCB a la arquitectura concebida expresamente para la práctica del sexo. Es solo una hoja colgada de un pared, casi una pequeña obra abstracta, porque no hay dos plantas iguales, pero tiene el magnético efecto sobre los visitantes de todo aquello que es tabú.

La mayoría de aquellos cuartos oscuros, puntualiza Esteve, ya no existen. La razón, en cualquier caso, podría ser materia para otra ocasión.

domingo, 6 de noviembre de 2016

#hemeroteca #arquitectura | Beatriz Colomina: "La cama se convertirá en la nueva oficina"

Imagen: El Periódico / Beatriz Colomina en una copia de la cama de Hugh Hefner
Beatriz Colomina: "La cama se convertirá en la nueva oficina".
La historiadora de la arquitectura, profesora en Princeton (Nueva Jersey), da otra perspectiva del pasado –"Gaudí es todo sexualidad"– y anticipa el mundo que viene. Excepto para los fabricantes de móviles y de colchones, todo da un poco de grima.
Núria Navarro | El Periódico, 2016-11-06
http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/cama-sera-nueva-oficina-5602190

Beatriz Colomina, uno de los cerebros que se fugaron a EEUU y –desgraciadamente– no ha vuelto más que de paso, dice que "si miras a las cosas mucho tiempo, ves lo extraño en lo que crees conocer". Eso ha hecho con la historia de la arquitectura. Mirarla desde diferentes ángulos. El de la enfermedad –"la arquitectura moderna no se puede entender sin la tuberculosis"–, el de los medios de comunicación –"el tema principal de la arquitectura de la modernidad es su imagen en los medios"–, el de la sexualidad y ahora el de las redes.

¿De veras tienen relación arquitectura moderna y sexualidad?
No existe arquitectura sin sexualidad, ni sexo sin arquitectura.

Caramba.
La arquitectura moderna, que la representamos de manera tan racional y funcional, en realidad está llena de perversiones. Está interesada en la sexualidad, la violencia, las filosofías esotéricas, lo oculto, la farmacología, la vida extraterrestre, el fetiche. Siempre ha sido así.

Cuente, cuente.
Por ejemplo, todos los historiadores tratan de ocultar que Adolf Loos [1870-1933], considerado como uno de los arquitectos más correctos del movimiento moderno, se mudó de Viena a París porque le acusaron de pederastia. ¿Y quién puede pensar en el holandés Rem Koolhaas –autor de la sede de la televisión china en Pekín– sin pensar en la sexualidad? Para la Trienal de Milán [1985] plantó una escultura de la primera 'bodybuilder' de Los Ángeles en una interpretación del Pabellón de Mies de Barcelona.

¿Qué me dice de Gaudí?
¡Gaudí es todo sexualidad!

Pero si era un soltero ascético y ultracatólico, un santo laico.
A mayor represión, más salen los uniformes y otras excentricidades. El arquitecto y diseñador italiano Carlo Mollino [1905-1973], fascinado por Gaudí, montó la Casa Miller inspirándose en la Casa Milà, un escenario para sus fantasías sexuales.

Las mujeres ocupan un papel secundario en las fantasías.
Las mujeres siempre han estado muy presentes en la arquitectura, pero como fantasmas. Tenemos más influencia que si estuviéramos. Se sabe que Koolhaas sin Madelon [Vriesendorp] no hubiera sido nunca nada. Y no se puede entender a Le Corbusier sin la colaboración con Charlotte Perriand, ni a Mies van der Rohe sin la de Lilly Reich.

Eso era antes de que aparecieran los móviles, las redes sociales. ¿Se avecinan cambios?
Estamos entrando en una revolución de la misma envergadura que la de principios del siglo XX. El 'smartphone' ya nos ha convertido en otra especie. Y no es algo exclusivo del primer mundo. Lo emplean los masai para consultar el precio del grano (hay más teléfonos en África que personas). ¿Sabe qué es lo primero que preguntan la mayoría de los refugiados sirios al llegar a Europa?

¿Dónde pueden dormir, por ejemplo?
¡Dónde pueden cargar el móvil! El móvil es un nuevo tipo de habitación. Te protege. Da luz. Es donde guardas las fotografías. Te conecta a los tuyos. El teléfono se ha convertido en el refugio, que ya no tiene nada que ver con las paredes.

¿Qué tipo de espacio doméstico saldrá de todo esto?
Con la industrialización se separó el lugar del trabajo –la fábrica o la oficina– del de la vivienda. Ese es el tipo de ciudad en la que vivimos todavía. Pero con la llegada de los móviles, la idea de un horario de 9 a 5 ya es cosa del pasado. Ahora estás disponible las 24 horas, vivimos en el '24/7'. El 'Wall Street Journal' dijo que el 80% de los jóvenes profesionales en Nueva York trabajaban habitualmente desde la cama.

¿El 80% dice?
La cama se ha convertido en el espacio de trabajo. De alguna manera Hugh Hefner, el patrón de 'Playboy', se anticipó. El magnate casi no ha abandonado su cama redonda desde 1960, cuando se instaló en la Mansión Playboy de Chicago y la convirtió en el epicentro de un imperio global que ha dirigido en pijama y batín de seda.

Colchonero, una profesión con futuro.
Eso parece. La cama se convertirá en la nueva oficina de este siglo.

¿Bromea?
En absoluto. La era postindustrial devuelve el trabajo a la casa, y en particular, a la cama. El capitalismo representa el fin de la posibilidad de dormir. Coloniza cada minuto de nuestras vidas para que produzcamos y consumamos. Eso transforma la arquitectura porque definitivamente cambia la temporalidad y el espacio. Viviremos en un continuo, que es otra forma de explotación. ¿Qué forma tiene esta prisión en la que dejan de diferenciarse la noche y el día, el trabajo y el ocio?

¿La cama?
Exacto. Pese a que crees estar en ella viendo sitios para obtener el mejor precio de un viaje al Caribe, estás trabajando. Produces data. Todos trabajamos para ellos. Los refugiados mismos contribuyen a esta nueva economía.

Una lógica perversa.
Para entenderla es inspirador el 'snapchat', una red social en la que el archivo desaparece del dispositivo del destinatario entre uno y 10 segundos después. O que un niño de 5 años sea capaz de diseñar su propio avatar y diseñar su página en Facebook. Todos nos vamos a construir a nosotros mismos en este espacio. Existiremos como personas físicas, pero también en nuestros avatares, en lo que querríamos ser.

Suena poco apetecible.
No hay vuelta atrás. Nos enfrentamos a una situación que puede significar el final del trabajo tal y como lo entendíamos para mucha gente.

¿Entonces?
Hay visiones terroríficas, pero también iniciativas como la de Suiza, que plantó las urnas para saber qué pensaban sus ciudadanos sobre la renta básica universal (ganó el "no", pero es positivo que se planteara la pregunta). También la incubadora californiana Y Combinator ha repartido a 100 familias de Oakland un ingreso de entre 1.000 y 2.000 dólares mensuales durante un periodo de entre seis a 12 meses para ver qué pasa cuando no dependes del trabajo para vivir.

¿Pura jauja?
No esté tan segura. Habrá que esperar a los resultados.

¿Qué tiene que decir la arquitectura de todo esto?
Mucho.

La mitad de los profesionales no tienen trabajo.
En un momento tan difícil como el actual, los arquitectos pueden diseñar la mejor tienda de campaña para el refugiado, sí. O poner un parche aquí y otro, allá. Pero lo más importante es que no solo resuelven cosas, sino que imaginan e incluso filosofan. Es el momento de pensar. Siempre se piensa mejor cuando hay crisis que cuando no.

De eso no se come.
Deben pensar alternativas de futuro junto a las oenegés y las asociaciones de derechos humanos.

¿En qué sentido?
En Londres existe un grupo llamado Forensic Architecture que aporta pruebas a la justicia internacional, a organizaciones políticas y a Naciones Unidas. Por ejemplo, la reconstrucción digital de la cárcel siria de Saydnaya, cerca de Damasco, a partir del relato de los sonidos escuchados por los internos a través de cañerías y muros. El fin es llevar a los responsables de las torturas ante un tribunal.

Mientras, en su país adoptivo, Donald Trump podría ganar.
Yo vivo en Nueva York, 'cerca de EEUU'.

Ahí tiene el republicano un ático. ¿Opinión de experta?
Es una especie de pesadilla kitch. Todo lleno de oro, diamantes y mármoles. Es el escenario de la ostentación banal.

Puede que a los políticos no les interese la arquitectura.
A Clinton no le interesó, pero sí a Obama. Para su biblioteca y museo de Chicago –el futuro Centro Presidencial Obama–, se entrevistó con arquitectos buenísimos como Renzo Piano, Diller Scofidio, el estudio Snøhetta o el africano David Adjaye. Al final ha dejado el proyecto en manos de la pareja Tod Williams y Billie Tsien.

Y si no es indiscreción, ¿cómo es la casa de una teórica de la materia?
Es un loft en el Soho, un espacio industrial que fue una imprenta. Mi marido y yo pensamos que nos daría buenas vibraciones para escribir. Me gusta mucho ir de una punta a otra. Es como caminar en un paisaje.
  • Claves biográficas
  • Nació en Madrid, en 1950. Hija del director de la Escuela de Arquitectura de Valencia, eligió cursar Arquitectura en Barcelona. Se trasladó a Nueva York en 1982, y en 1988 empezó a dar clases en Princeton, donde fundó el programa en ‘Medios y Modernidad’.
  • Acaba de comisariar la Bienal de Estambul y es autora de los libros ‘Privacidad y publicidad’ y ‘La domesticidad en guerra’.
  • Ha inaugurado la exposición ‘1.000 m2 de deseo ’ en el CCCB con la conferencia titulada 'Las perversiones de la arquitectura moderna'.

martes, 25 de octubre de 2016

#hemeroteca #sexualidad #arquitectura | Sexo y arquitectura, una expo para quedar exhausto

Imagen: El Periódico / Diseño de Rudolf Michael Schindler
Sexo y arquitectura, una expo para quedar exhausto.
El CCCB inaugura un recorrido por la historia de la arquitectura lúbrica desde la Francia libertina hasta la actualidad.
Carles Cols | El Periódico, 2016-10-25
http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/sexo-arquitectura-una-expo-para-quedar-exhausto-5587452

París era en el siglo XVIII la capital más libertina de Europa. También, conforme avanzaba la centuria, era un caldero intelectual en el que despuntaban propuestas para edificar una nueva sociedad, como los falansterios de Fourier, por los que los estudiantes de secundaria actualmente pasan de puntillas en las clases de historia. Una lástima. Aquel licencioso siglo XVIII francés es el del real marqués de Sade y de los ficticios y no menos depravados vizconde de Valmont y marquesa de Merteuil y sus amistades peligrosas. Pero puestos a buscar una imagen icónica y menos común de aquella etapa, puede que nada mejor que el Oikema, la casa del placer que sobre plano concibió el arquitecto, urbanista y visionario Claude-Nicolas Ledoux. Si la planta de una iglesia es una cruz, la del edificio que proyectó Ledoux era, inequívocamente, un falo testiculado.

Estos preliminares viene al caso porque el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) abre hasta el próximo 19 de marzo 1.000 metros cuadrados dedicados al deseo, bajo el título inequívoco de ‘Arquitectura y sexualidad’, un viaje en el tiempo desde los espacios concebidos expresamente para el goce antes y durante la revolución francesa hasta la actualidad, hasta los cines porno, los espacios burbuja de los años 60 que dieron pie a la psicodélica ‘Barbarella’, con Jane Fonda condenada a morir de una sobredosis de orgasmos, las habitaciones oscuras de las noches homosexuales de Barcelona, el sexo virtual y, sobre todo, porque merece un capítulo aparte, Playboy. La exposición del CCCB no es una sino varias expos primorosamente cosidas. Tanto es así que ‘Arquitectura y sexualidad’ no tiene una comisaria, sino dos, AdélaIde de Caters y Rosa Ferré, y además una batería de responsables de cada sección, entre las que merece una mención especial Beatriz Colomina, tal vez una de las mayores expertas del mundo en Playboy, profesora en Princeton que sostiene, con fundamento, que lo más importante de la revista que en 1953 fundó Hugh Hefner son los artículos de fondo. En resumen, una expo para quedar exhausto.

"Lúdica, seria y juguetona"
Como director del centro cultural, Vicenç Villatoro explica que el CCCB aborda por primera vez el sexo como materia de debate y análisis “porque no se entiende la sociedad actual si no se habla también de sexo”. No es, queda todo el mundo avisado, una exposición destinada a la lubricidad. El único espacio vetado a los menores de 18 años es una recreación de un cine porno. El resto es un relato antítesis de los frívolo, profusamente documentado y denso, pero también, explica Villatoro, “lúdico, nada aburrido y juguetón”. Como ejemplo de ese último calificativo sirve a la perfección una réplica del orgón, un artilugio patentado en 1940 por el sexólogo austriaco, discípulo de Freud y víctima de la caza de brujas del macarthismo Wilhelm Reich. Era (y es, porque el CCCB exhibe uno) una cabina, más pequeña que una telefónica, confeccionada con más de 20 capas de materiales orgánicos e inorgánicos y que, según Wilhem, mejoraba la salud, sobre todo la sexual. A cualquier fiel al cine de Woody Allen le recordará el orgasmatrón de ‘El dormilón’. Al CCCB, también. Por eso la pieza se acompaña de un video en bucle de esa divertida escena de la película.

El relato de la exposición es, efectivamente, profundo, pero merecería incluso la pena solo por la gran cantidad de piezas originales cedidas por otros centros culturales, como el MoMA, la Bibliothèque Nationale de France, la Biblioteca Nacional de España, además de libros raros y grabados procedentes de colecciones particulares. Sorprende y da envidia lo que la gente puede tener en casa. Por ejemplo, ‘El triunfo del falo’, un conjunto de tres grabados cedidos por la enigmática Colección Mony Vibescu.

Sade, cómo no
El CCCB dedica una buena parte de los 1.000 metros cuadrados de la exposición a proyectos arquitectónicos reales (fueran o no ejecutados), pero abre una puerta también a la arquitectura ficticia contenida en la literatura de aquel rijoso final del siglo XVIII, como aquella “mazmorra abovedada” en cuyo interior “se hallaba todo lo que el arte más cruel o la barbarie más refinada pueden inventar en cuanto a atrocidad”, según palabras del propio Sade, que concluía tan inquietante párrafo con un giro narrativo magistral: “Y allí, ¡qué tranquilidad!”.

El CCCB, en definitiva, propone una excursión al oceánico mundo del sexo de un modo inusual, pero con el convencimiento de que tendrá tirón. Lo explica bien una de las dos comisarias, Rosa Ferré, cuando subraya que en la cama nunca se está solo. Cuando se acuesta una sola persona en ella, son dos, y cuando parece una pareja, en realidad es un trío. “Se cuela siempre entre las sábanas un tercer personaje, la fantasía”.