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martes, 29 de enero de 2019

#hemeroteca #pinkwashing | Más de 60 colectivos LGTB piden boicotear el festival de Eurovisión en Israel

Imagen: El Diario / Netta Bazilai
Más de 60 colectivos LGTB piden boicotear el festival de Eurovisión en Israel.
EFE | El Diario, 2019-01-29
https://www.eldiario.es/politica/colectivos-LGTB-boicotear-Eurovision-Israel_0_862314594.html

Más de 60 grupos de todo el mundo de lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGTB+) condenaron hoy el uso que consideran hace Israel de Eurovisión, con fuerte apoyo de este colectivo, y pidieron boicotear el evento de este año en Tel Aviv por su política hacia los palestinos.

Los firmantes acusan a Israel de "avanzar su agenda Pinkwashing (Lavado Rosa)" por "el uso cínico de los derechos de los homosexuales para distraer y normalizar la ocupación israelí, el colonialismo y el apartheid".

Los grupos LGTB+ criticaron que Israel celebrara el pasado 14 de mayo un concierto en Tel Aviv de la ganadora de Eurovisión 2018, Netta Barzilai, durante la jornada más mortal de las protestas semanales que se celebran en Gaza, cuando murieron 62 palestinos por disparos del Ejército israelí.

"Tenemos una razón para estar felices", reprocha el manifiesto que Barzilai dijera al inicio del concierto y censura que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la haya calificado como "la mejor embajadora de Israel".

El manifiesto comienza con los disturbios de Stonewall de 1969, que marcaron el inicio de la normalización del colectivo LGTB "contra el acoso y la violencia", dicen, y presenta un paralelismo con la llamada Gran Marcha del Retorno en Gaza, que comenzó en marzo.

Los colectivos también piden el boicot al Orgullo de Tel Aviv porque creen que junto con Eurovisión, que se celebrará el 14, 16 y 18 de mayo en la ciudad costera, sirve este año a Israel en su estrategia "Pinkwashing".

La petición, iniciada por los grupos LGTB+ palestinos "al-Qaws", "Pinkwatching Israel" y "Aswat (Centro feminista palestino para las libertades sexuales y de género)" incluye apoyos de Honduras, España, Reino Unido, Portugal y Estado Unidos, entre otros, y está ligado al Movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

"Las comunidades LGTBQIA se niegan a permitir que el régimen de opresión israelí utilice la liberación trans y queer como una cortina de humo progresiva para ocultar su opresión violenta hacia los palestinos", valoró la directora de alQaws, Haneen Maikey.

martes, 26 de junio de 2018

#hemeroteca #orgullo #homonacionalismo | Del ‘pinkwashing’ de Israel al homonacionalismo en Madrid

Imagen: El Salto / Netta Barzilai celebra el triunfo en Eurovisión 2018
Del ‘pinkwashing’ de Israel al homonacionalismo en Madrid.
La participación de la cantante israelí Netta Barzilai en un evento privado durante el Orgullo en Madrid abre la reflexión sobre el papel de los intereses económicos y empresariales en estos actos; la responsabilidad de las administraciones públicas; las posiciones políticas de personas erigidas en pregoneras o representantes; y también el racismo y el clasismo dentro del movimiento LGTBI.
Ignacio Elpidio Domínguez Ruiz | El Salto, 2018-06-26
https://www.elsaltodiario.com/ocupacion-israeli/del-pinkwashing-israel-al-homonacionalismo-en-madrid

El pasado 12 de mayo, por casi 100 puntos sobre su rival inmediata, Netta Barzilai ganó el Festival de la Canción de Eurovisión 2018 para Israel. Su canción, “Toy”, se alzó con la victoria hablando del acoso y del empoderamiento, mediante una coreografía y una puesta en escena llenas de color y de movimiento.

Pocos minutos después de saberse el resultado, Benjamin Netanyahu le felicitó en Twitter, multiplicándose las publicaciones en esta red social que leyeron la victoria como parte de un estudiado lavado de cara para el Estado israelí. Cuando pocos días después se fotografiaron juntos la cantante y el presidente, compartiendo el ya icónico baile de “Toy”, la reciente masacre de varias decenas de personas palestinas planeaba como una ineludible sombra, rompiendo el idilio de Europa con la cantante y la imagen desenfadada del Estado israelí. Sombra que ya salió a relucir en la parodia en un programa de televisión neerlandés.

El ciclo habitual de noticias sobre Eurovisión hacía esperar pocas novedades sobre 2019 hasta que este verano se revelase la ubicación del próximo festival: la obcecación del Estado israelí sobre la celebración en Jerusalén, en contra de las recomendaciones de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), provocó tempranas críticas hacia el carácter político del evento. Aun habiéndose celebrado ya en dos ocasiones en Jerusalén, el contexto actual no tiene precedentes no solo en las frecuentes muertes palestinas a manos de las Fuerzas de Defensa Israelí sino también en la consciencia sobre la gravedad del conflicto entre movimientos sociales y actores políticos clave.

Tal y como recogía un periódico israelí, diferentes miembros del Sinn Féin irlandés pidieron explícitamente el boicot a Eurovisión 2019, mientras la UER mostró su negativa a que el Estado israelí invitase a Arabia Saudí a participar, tomándoselo el ente europeo como un desafío o imposición. El conflicto político internacional sobre la ubicación podía obligar a la UER a celebrar el evento en Chipre o en Austria —siguiendo los resultados finales del certamen en 2018—, en función de las expectativas de seguridad y de cumplimiento de sus requisitos.

Desconociéndose todavía la ubicación o el desarrollo final del festival europeo de la canción, Netta Barzilai volvió a las noticias madrileñas y españolas: el 12 de junio se hacía pública su participación en una fiesta, el Tanga! Pride Festival. Del 6 al 7 de julio, en pleno fin de semana del Orgullo madrileño, Netta compartirá cartel con otras dos artistas europeas, Inna y Eleni Foureira, la representante chipriota que quedó en segundo lugar en 2018.

Uno de los primeros medios en hacerse eco de la noticia habló explícitamente de la participación de Barzilai en el Orgullo, dando pie a críticas que no se hicieron esperar. Desde el Orgullo Crítico de Madrid se pronunciaron mostrando su firme rechazo a la participación de la cantante en el MADO (Madrid Orgullo), la programación oficial elaborada desde las organizaciones activistas FELGTB y COGAM y la asociación empresarial AEGAL.

Aludían a las muertes a manos del ejército israelí, pocos días después del último festival de Eurovisión. La expresidenta de la FELGTB y diputada madrileña Beatriz Gimeno se mostró igual de contundente, condenando la presencia de la cantante como parte de una campaña de lavado de imagen del Estado israelí, diciendo “no a la limpieza del estado genocida”.

FELGTB, COGAM y AEGAL tardaron poco en consensuar una postura, publicada como comunicado de prensa en las redes sociales del MADO. Aclararon que la cantante israelí participa en una fiesta privada, y en ningún caso en escenario oficial del evento, eximiéndose así de cualquier posible responsabilidad. Recordaban que diferentes agentes privados, completamente al margen de la organización oficial, aprovechan las mismas fechas para programar sus propias actividades. Desde la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales, consultada al respecto, respondían en esta línea. Destacan que “FELGTB, COGAM y AEGAL hemos cerrado filas oponiéndonos a que Netta o cualquier otro representante de Israel participe en el Orgullo como lavado rosa”.

El ‘pinkwashing’ estuvo presente en sus explicaciones, aun reconociendo que al ser una fiesta privada ninguna de estas organizaciones activistas puede hacer nada: en palabras del responsable de prensa de la Federación, “nuestro poder de influencia llega hasta donde llega, y lo que no podemos hacer es cerrarle las fronteras”.

Si bien no es el Ayuntamiento de Madrid quien organiza los escenarios ni el resto de los aspectos lúdicos del Orgullo —sí aporta infraestructuras necesarias—, la posición del consistorio es clara al respecto, negando la participación de Barzilai en la programación oficial.

Berta Cao, comisionada del Ayuntamiento de Madrid para el Orgullo, secunda la versión del MADO sobre las noticias de Netta y Madrid: “Es absolutamente falso que Netta estuviera programada en el Orgullo de Madrid”. El evento privado no casa, en todo caso, con la perspectiva sobre el Orgullo de la persona responsable de la coordinación del World Pride 2017, quien espera “que las fiestas y actividades en los espacios públicos, organizadas por el tejido social, sigan representando el sentir mayoritario de las personas LGTB y de la ciudadanía madrileña”. Este choque con un evento privado llega tras años de buena relación entre el ayuntamiento madrileño y el Estado israelí, destacando el papel de Alberto Ruiz-Gallardón y, de forma tangible, la Casa Sefarad-Israel, como centro cultural.

La polémica llega el año después del World Pride, u Orgullo Mundial de Madrid. Como parte del evento global, bajo la marca propiedad de la ONG InterPride, los organizadores celebraron una Gala World Pride: homenajearon a las ciudades que, desde el año 2000, han acogido una edición. Jerusalén lo hizo en los años 2005 y 2006, y el hecho de que esta ciudad fuese presentada en la gala como capital israelí provocó las críticas de la campaña de boicot, desinversiones y sanciones a Israel desde el Estado español. Resonaban en Madrid las críticas que una década antes habían pedido que el evento global no se celebrase en Jerusalén: si a nivel interno fueron representantes de las tres religiones abrahámicas quienes se opusieron al World Pride, fuera del Levante mediterráneo fueron los grupos y las redes activistas LGTBI quienes se plantearon defender o no el boicot al evento. El polémico World Pride de Jerusalén se saldó finalmente como un éxito amargo para la organización activista convocante, salpicado por problemas de seguridad que obligaron a ir demorando actividades desde 2005 hasta 2006.

La coincidencia del evento con una gran campaña de ‘rebranding’ por parte del Estado israelí en 2005 llamó la atención de analistas, tanto desde el periodismo como desde la academia. Destacó desde un primer momento la profesora y activista Jasbir Puar, quien en 2010 hablaba del marco de una campaña masiva de Israel por mejorar sus malos resultados en rankings de percepción de países. Esta autora desarrolló como nadie los conceptos de ‘pinkwashing’ y homonacionalismo, hablando del primero como “un método potente a través del que los términos de la ocupación de Palestina son reiterados: Israel es civilizado, los palestinos son bárbaros”.

La escritora y activista Sarah Schulman difundió aún más este concepto, el del lavado rosa, a través de un frecuentemente citado artículo en el New York Times . Habló del ‘pinkwashing’ como “una estrategia deliberada para esconder las continuadas violaciones de derechos humanos de los palestinos tras una imagen de modernidad significada por la vida gay israelí”.

Al igual que Puar, Schulman argumentó en clave binaria, transmitiendo que el ‘pinkwashing’ busca hacer elegir entre un país que se vende como moderno y respetuoso con la diversidad y otro que es producido como retrógrado, al margen de que en ambos haya diferentes formas de opresión así como organizaciones activistas. Argumentó Schulman que “el legado emocional de la homofobia”, el peso que la opresión vivida ha tenido en las personas LGTBI occidentales, hace que el ‘pinkwashing’ cale fácilmente.

Las críticas a estas estrategias desde círculos activistas occidentales, no obstante, dieron pronto lugar a iniciativas como el ‘pinkwatching’: el control de las prácticas gubernamentales y corporativas en busca de lavado rosa o de instrumentalización de la diversidad sexual y de género.

La propia gran autora del desarrollo conceptual, Jasbir Puar, escribió en 2012 un artículo con Maya Mikdashi alertando de los problemas de esta observación crítica. Reconocieron que, pese a las intenciones, las prácticas de ‘pinkwatching’ reproducen —a veces incluso de forma intencionada— los mismos discursos que el ‘pinkwashing’: el marco más amplio del homonacionalismo. Las autoras sostienen que “los críticos del ‘pinkwashing’, que asumen una camaradería ‘queer’ internacional, repiten un argumento central del homonacionalismo: las y los homosexuales deberían solidarizarse y empatizar los unos con los otros porque son homosexuales”.

Destacaron cómo, en la agitada vida conceptual y política del ‘pinkwashing’, esta idea desarrollada desde una perspectiva crítica había acabado hablando “el idioma del homonacionalsimo”, haciéndolo “uno en nombre de Israel, el otro en el nombre de Palestina”.

Siguiendo la misma línea, el académico Jason Ritchie ahondó en esta polémica dualidad de la crítica al pinkwashing. Relató una crisis en torno al New York City’s LGBT Community Center, donde se enfrentaron —primero con vetos, después como un debate— activistas LGTBI favorables y críticas con el Estado israelí y su marketing como país LGTBI-friendly.

Rastreando la vida teórica de los conceptos enfrentados, Ritchie llegó a la conclusión de que las discusiones tenían que ver más con la distinción entre unas y otras formas de activismo en Nueva York —y en el resto de “capitales gais”, en sus términos— que con la realidad de Israel-Palestina. En otras palabras: fue una negociación entre diferentes formas de entender el activismo LGTBI, así de diferentes capitales sociales y simbólicos. El hecho de que tanto el ‘pinkwashing’ como el ‘pinkwatching’ sean tan fácilmente aplicables, concluyó Ritchie, hace que no solo sean términos populares y extendidos sino también que sus fronteras sean porosas y las trincheras complejas.

Ambos conceptos, tanto el lavado rosa como la crítica u observación rosa, comparten por lo tanto un marco, el del homonacionalismo, que según Jasbir Puar, “puede ser resistido y resignificado, pero no abandonado: estamos todas condicionadas por él y a través de él”. La autora defiende que, tras tantos viajes y adaptaciones, su concepto lleva años aplicándose de forma limitada, siendo el ejemplo más conocido la promoción de la Israel moderna como opuesta al bárbaro contexto a civilizar.

Puar defiende ir más allá, y no usar el término “como una acusación, una identidad o mala política”, sino como una parte ineludible de la modernidad y de los estados-nación contemporáneos, en conjunción con el neoliberalismo. Defiende que es “una faceta de la modernidad y un cambio histórico marcado por la entrada de (algunos) cuerpos homosexuales como merecedores de protección por estados-nación”. Defiende por lo tanto distinguir entre el ‘pinkwashing’, como práctica estatal y corporativa concreta, y el marco del homonacionalismo que hace posible tanto al lavado rosa como al ‘pinkwatching’.

En el estudio crítico de la ocupación de Palestina y en la operación de lavado de cara que practica Israel desde hace años, Puar defiende cuestionar las prácticas de este Estado, pero adentrándonos en todos los actores cómplices en la historia de la ocupación y en todos los intereses cruzados: destaca no solo el papel de los poderes coloniales pasados y actuales sino también de la islamofobia en Occidente y del capitalismo como producción de niches y de solidaridades limitadas. Plantea, dicho de otra forma, que miremos hacia todas las fuerzas que hacen que la comunidad internacional no consiga cambiar nada de la ofensiva israelí, y que no nos fijemos solo en ese Estado cuando hablemos de ‘pinkwashing’.

Poniendo de nuevo el foco en el Orgullo de Madrid y en la polémica sobre Netta Barzilai, la mirada de Puar puede suponer ir más allá de criticar la gira de la cantante por Europa como una táctica más de marketing rosa de Israel. Puede suponer cuestionar, como han hecho desde el medio LGTBI Estoy Bailando, las posiciones de más personas participantes en el Orgullo en cuestiones como los derechos para las personas no heterocisexuales.

Hablan desde el medio sobre la incoherencia de criticar la presencia de Netta en Madrid —aunque no sea en la programación oficial del Orgullo— con el silencio sobre las actuaciones en diferentes años de personas que, como Leticia Sabater, Marta Sánchez o Alaska y Mario Vaquerizo, son cercanas a políticos y a medios con posturas claramente contrarios a los derechos de las personas LGTBI.

Siguiendo la lógica de Puar, puede que la práctica del ‘pinkwatching’, al ahondar en la crítica a la participación israelí en un movimiento reivindicativo como es el Orgullo, sirva para contribuir —consciente o inconscientemente— a que otras formas y fuentes de opresión queden invisibilizadas y asumidas. En palabras del periodista Marcos Bartolomé, el ejemplo de diferentes expresiones del homonacionalismo supone “el desmarque del colectivo gay de otras minorías sexuales y de luchas que buscan el fin del racismo, el clasismo, la islamofobia o el sexismo”.

El ‘pinkwashing’ puede ser hoy, tal y como escribió Jasbir Puar en 2010, “una estrategia agotada que en última instancia desvela la desesperación del Estado israelí”. Eso no obsta para que, con el marco homonacionalista en mente, la participación de Netta Barzilai pueda o deba hacernos reflexionar sobre más fenómenos: el papel de los intereses económicos y empresariales en los Orgullos, las fronteras entre una imagen de evento público y la realidad de programaciones privadas paralelas —aliadas o no con la oficial del MADO—, la responsabilidad de las administraciones públicas, las posiciones políticas de personas erigidas en pregoneras o representantes, el racismo y el clasismo dentro del movimiento LGTBI, y un largo etcétera. En definitiva, sobre todas las formas de opresión, de control, pero también de resistencia y de emancipación entre las que nos movemos.

viernes, 14 de julio de 2017

#hemeroteca #pinkwashing | El Orgullo de defender Palestina

Imagen: Pikara / BDS Pinkwatching en el World Pride de Madrid
El Orgullo de defender Palestina.
Isabel Pérez | Pikara, 2017-07-14
http://www.pikaramagazine.com/2017/07/pinkwashing-israel-wold-pride/

Asociaciones LGBTIQ+ han rechazado la legitimación de la anexión ilegal de Jerusalén como ciudad israelí en la gala de clausura del World Pride 2017, ofreciendo su apoyo a ‘BDS Comisión Pinkwatching’ (Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel), que denuncia cómo el Gobierno de Israel instrumentaliza la diversidad sexual y de género para presentarse ante el mundo como una democracia ‘gayfriendly’.

Corrían los años 90. La franja de Gaza era un hervidero de familias colonas traídas por el Gobierno israelí. Vivían en cómodas viviendas conectadas a carreteras privadas. A su disposición estaban las mejoras líneas de costa. Desde 1967 la población gazatí había visto cómo esa ocupación explotaba sus recursos naturales, hundía su día a día en una miseria y fragmentaba familias. Dividir familias en el espacio y el tiempo había sido (y es) uno de los apartados del manual cómo colonizar Palestina hasta el último rincón, también romperlas, por dentro, utilizando una de las tácticas más abominables. En cuanto los israelíes conocían la existencia de una persona palestina homosexual, la extorsionaban. A veces incluso no era necesario que dicha identidad fuese real. El aparato de inteligencia israelí iba principalmente a por ellos, los palestinos. Más fáciles de descubrir en sus encuentros con otros hombres y más valiosos para el fin último de dicho chantaje: convertirse en espías, colaboradores de Israel. Si no lo hacían, la noticia llegaba a oídos de su familia, cuyos miembros masculinos no permitían desviaciones de la norma heteropatriarcal.

Con la llegada del año 2005 se produjo la reubicación de las tropas israelíes alrededor de la franja de Gaza, bloqueándola por mar, tierra y aire. Las colonias se desmantelaron y sus ocupantes fueron conducidos fuera de la misma, a Israel. Sin embargo, la presión a personas LGTBIQ+ palestinas para semejantes fines sigue llevándose a cabo en Cisjordania y Jerusalén-Este, todavía bajo la presencia militar israelí.

Tiñendo de rosa el rojo de la sangre derramada
Israel, según la ONU, es la “entidad ocupante” de Palestina. Con una doctrina largoplacista diseñada para extenuar al ocupado, el pueblo palestino, incumple varios tratados internacionales y la carta universal de los Derechos Humanos. Con ese sistema a sus espaldas y un historial de explotación homófoba contra gente palestina, Israel no duda en presentarse al mundo como una democracia gay-friendly. Arrojando litros y litros de pintura rosa, Israel quiere mostrarse como un país de acogida para la comunidad LGTBIQ+. Esto es lo que activistas que defienden los derechos del pueblo palestino llaman “pinkwashing”, un “lavado rosa”.

“Con el pinkwashing intentan, por un lado, lavarse la imagen porque Israel está violando los derechos humanos en Palestina y, por otro, quieren atraer más turismo a Tel Aviv”, cuenta una activista española. Todavía recuerda cómo vivió una de las operaciones militares israelíes sobre la franja de Gaza. De hecho, poco le faltó para perder la vida en uno de los bombardeos. “Recuerdo también a un niño en Qalandia, Cisjordania. Por la noche, los israelíes habían terminado de levantar el muro y a la mañana siguiente ese niño y sus padres se toparon con la cruel realidad. Nunca olvidaré esa mirada”, continúa.

La activista forma parte de un colectivo, el LGTBIQ+, acostumbrado a luchar por sus derechos, por su visibilidad, por su libertad. “Como activista de derechos humanos que somos, nos comprometemos a luchar contra el apartheid y el colonialismo en su conjunto. Tejemos vínculos con personas, como la gente palestina, que tienen el mismo sufrimiento”, asegura.

Este año 2017, en el contexto del World Pride en Madrid ha estado presente la solidaridad con Palestina, la denuncia del apartheid y el colonialismo israelí. Aunque tampoco ha faltado el pinkwashing. “Israel dedica muchísimo dinero a esa estrategia, que el año pasado fue criticada duramente por el colectivo LGTBIQ+ israelí porque se estaba gastando más dinero fuera que dentro. En España también está presente”, asevera la activista. Este año se estrena la Comisión BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel) ‘Pinkwatching’, de vigilancia del pinkwashing israelí en nuestras sociedades.

LGTBIQ+ bajo apartheid israelí
ASWAT, ‘Palestinian Gay Women’, es una de las asociaciones LGTBIQ+ que trabaja, codo con codo, con la Comisión Pinkwatching del BDS en España. Una de sus activistas, Ghadir Al-Shafie, ha participado en la extensa agenda del Orgullo Crítico con conferencias y acción de calle realizadas en Madrid del 26 de junio al 2 de julio. “La intersección con otros grupos es importante – afirma Al- Shafie-, de este modo conseguimos ganar más atención sobre LGTBIQ+, el pinkwashing israelí y la lucha contra la ocupación y el régimen colonial de asentamientos”.

ASWAT trabaja junto con otros grupos de la sociedad civil palestino-israelíes. La misma Al-Shafie es palestina con nacionalidad israelí. Es profesora y por esta razón puede hablar con propiedad sobre una de las demandas principales del colectivo LGTBIQ+: más educación para combatir la homofobia. El sistema educativo israelí se divide en dos ramas: el hebreo y el árabe. La división es una buena herramienta que permite aplicar políticas de discriminación y segregación al sistema minoritario, el que acoge a la población palestina: el sistema árabe. Un hecho constatado en informes de organizaciones de igualdad y justicia social en Israel. “Como vimos que el ministerio les estaba financiando [al sistema hebreo] para aumentar la concienciación con respecto al LGTBIQ+, quisimos negociar también para hacer lo propio en nuestras escuelas”, relata Al-Shafie. Pero no consiguieron la misma bienvenida que la representación del sistema educativo hebreo. “¡En la reunión nos dejaron hablar solo dos minutos!”, critica Al-Shafie.

Como dice la activista palestino-israelí, la sociedad palestina no es más homófoba que otra sociedad del mundo y es imperante que se desarrolle un buen currículo porque no son pocas las personas (incluidas madres y padres) que acuden a sus conferencias sobre diversidad sexual. Si la educación no incluye esta realidad, seguirá siendo fácilmente utilizada como una herramienta para la ocupación y el apartheid en detrimento del pueblo palestino.

“Lo más significativo es que el BDS, Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel, se ha convertido en un movimiento muy extendido en todo el mundo – recalca Al-Shafie.- El BDS busca el respeto de los derechos humanos y, hay que decir, está siendo muy beneficioso el trabajo realizado desde España donde desenmascaran el pinkwashing israelí”.

“Quien defiende los derechos humanos los defiende todos”
Sin embargo, el World Pride 2017 culminó el domingo 2 de julio con, tal y como apunta la Comisión BDS Pinkwatching, “la mayor escenificación de pinkwashing y legitimación del apartheid y ocupación israelí jamás realizada fuera de Israel”. Según informó la Comisión, la Asociación de Empresas y Profesionales para Gays y lesbianas de Madrid y su Comunidad (AEGAL) se había comprometido con la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y la Plataforma 28J, una confluencia de diferentes colectivos LGTBIQ+ madrileños, a que en dicha gala “no tuviera lugar la participación de la embajada de Israel y que no habría presencia de signos físicos, como por ejemplo la bandera de Israel u otros relacionados”.

Asociaciones LGTBIQ+ y de derechos humanos, así como partidos políticos como Izquierda Unida y Podemos Comunidad de Madrid se habían adherido a dicha demanda, pero en el evento de clausura, muy al contrario de lo esperado, la ciudad de Jerusalén fue relacionada enteramente con el Estado de Israel, mientras la ley internacional mantiene que Jerusalén-Este es una ciudad palestina bajo ocupación.

“El pinkwashing israelí alimenta la arabofobia. ¿Qué pasa con nuestros compañeros y compañeras LGTBIQ+ de Palestina? ¿Qué ocurre con las personas que quieren salir del armario?”, afirma sin titubeo Roberto, miembro de la Comisión BDS Pinkwatching y de la plataforma 28 J. “Esa doble vida, necesaria para las personas LGTBIQ+, como salir de casa de tus padres, trasladarte de un pequeño pueblo a una ciudad, buscar un trabajo, hacerte independiente… Eso no existe en Palestina bajo ocupación israelí porque no hay libertad de movimiento”, denuncia Roberto.

La Comisión BDS Pinkwatching ha exigido a la junta directiva de AEGAL que rectifique públicamente por la complicidad con el apartheid israelí, “precisamente cuando se cumplen 50 años de ocupación ilegal de Palestina”, apunta en una nota de prensa. Pide, además, la auditoría de las cuentas del evento para conocer si ha existido financiación por parte de Israel.

A pesar del desenlace de este año, Roberto subraya la necesidad de que siga existiendo una sinergia, la lucha unida de la comunidad LGTBIQ+ en cualquier país del mundo junto a Palestina. Y añade: “Quien defiende los derechos humanos los defiende todos”.