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sábado, 30 de noviembre de 2019

#hemeroteca #tradiciones #politica | Innovar en el belén es tradicional: la polémica por el pesebre de Barcelona

Imagen: La Vanguardia / El belén de la plaza Sant Jaume, Barcelona
Innovar en el belén es tradicional: la polémica por el pesebre de Barcelona.
El belén del Ayuntamiento catalán no se parece al montaje clásico, pero no es tan raro que estas representaciones se alejen de lo habitual.
Emilio Sánchez Hidalgo | Verne, El País, 2019-11-30
https://verne.elpais.com/verne/2019/11/30/articulo/1575123273_055625.html

El belén municipal instalado en la plaza Sant Jaume de Barcelona, abierto al público este viernes 29 de noviembre, está siendo muy criticado. Muchas personas han expresado su descontento con esta versión de la escena del nacimiento, compuesta de cajas de madera y objetos navideños. Este belén es rompedor, pero innovar es más común de lo que parece en el mundo de los belenes.

“El belenismo es una forma de arte, y como cualquier expresión artística se manifiesta con diferentes estilos”, dice a ‘Verne’ Carles Tarragó, presidente de la Federación Española de Belenistas. En opinión de Tarragó, el pesebre situado en la plaza Sant Jaume es más “una instalación artística navideña” que “un belén”, pero puntualiza: “Entre las cajas del belén hay figuras de la escena del nacimiento. Para mí, el belenismo está representado ahí”. El belén frente al Ayuntamiento barcelonés es obra de la escenógrafa gerundense Paula Bosch.

Para ejemplificar la diversidad en esta materia, Tarragó menciona el Museo de Belenes de Mollina (Málaga), en el que se exponen más de 70 pesebres. “En este museo se pueden encontrar muchas variantes del belenismo. Son creaciones que sorprenden a muchas personas, pero que son verdaderas obras de arte”, dice. Por ejemplo, los personajes de este belén italiano visten ropa parecida a la de hoy en día.

En los belenes napolitanos, una tendencia tradicional dentro del belenismo, las figuras visten como en el siglo XVIII. Son personajes que parecen sacados de la alta burguesía de la Ilustración. Este tipo de belén es el que se instala cada año en el Palacio Real. "Hay personas que si no ven al burro o al buey ya piensan que no se trata de un belén. Pero hay muchas formas de representar la escena del nacimiento", añade Tarragó.

Las figuras del belén no solo viajan en el tiempo, también se desplazan espacialmente. En estas imágenes, los Reyes Magos pasan junto a las casas colgantes de Cuenca y la escena del nacimiento se representa en el Teatro Romano de Cartagena.

Muchos belenes viajan a Cataluña y al País Vasco. Las escenas de estas comunidades autónomas tienen rasgos muy regionalistas: los catalanes tienen pastores que llevan barretina y nunca falta el caganer; las figuras vascas llevan trajes típicos de Euskadi y, además, se suele incluir a Olentzero, un carbonero que lleva regalos a los niños.

Otros belenes, ya sean artísticos u obra de aficionados, intentan lanzar mensajes políticos. A la izquierda en la siguiente imagen se puede ver un belén que separa a los Reyes Magos del nacimiento con un muro, como el que se interpone en el camino de muchos migrantes. Es obra de Íñigo Bastida, expresidente de la Federación Española de Belenistas. A la derecha, un montaje de Josep Font expuesto en el Museo de Belenes de Mollina. Recrea una zona devastada por la guerra.

Tarragó cree que uno de los pesebres recientes que mejor condensa la apuesta por lo innovador es obra del belenista José Manuel Coto. En 2018, creó una escena inspirada en la obra de Charles Dickens ‘Cuento de Navidad’. En el montaje tenía cabida Papa Noel, mientras el niño jugaba con figuras de Reyes Magos. "Cuando llega un artista rompedor, al principio la gente se horroriza, pero el tiempo les acaba dando la razón. Puede que con los belenes pase lo mismo. Creo que los belenistas tenemos menos problemas con las propuestas arriesgadas que el público general", añade Tarragó.

Como en cualquier disciplina artística, entre los belenistas también hay diferencias de opinión: en 2017, la presidenta de la Asociación Castellana de Belenistas, Carmen de la Fuente, nos decía en un reportaje sobre pesebres que no le gustaban "los experimentos", mientras que el presidente de la Federación Andaluza, Andrés Quijano, aseguraba que "los belenes que innovan" le parecen "muy bien". "En la variedad está la calidad. Si todo es igual, me aburro", decía Quijano.

Volviendo al belén de la plaza Sant Jaume de Barcelona, el presidente de la Federación Española de Belenistas recuerda que "aquellos barceloneses que quieran ver un belén tradicional, pueden hacerlo en el Museo Frederic Marès", obra de la Asociación de Belenistas de Barcelona. Se ajusta a los canones tradicionales, al igual que el recién presentado belén del Ayuntamiento de Madrid. Tiene algunos elementos que no recuerdan a Belén en el siglo I, como la gran bandera de España que lo rodea.

Licencias históricas de los belenes navideños
Los belenes tienen muchas diferencias respecto a lo que sabemos sobre la apariencia de Belén cuando nació Jesús de Nazaret. Es normal que el pesebre no se parezca a Belén: esta tradición nació en el siglo XIII, más de un milenio después de la escena que intenta representar. Estos son algunos ejemplos de esas diferencias:
  • La ropa en Belén era poco colorida: En muchos belenes, María y José visten colores vivos. En aquel momento de la historia, esas prendas eran caras. “El tinte era un proceso largo que no estaba necesariamente disponible para las personas más humildes", explica Miriam Feinberg, autora del libro 'La vida diaria en tiempos de Jesús'.
  • En Belén no hay ríos: Belén no está cerca del Jordán, el río más cercano. "La Biblia no hace ninguna relación entre la escena del nacimiento y algún río, lago o manantial cercano", dice Feinberg.
  • Belén no tiene tanta vegetación: No es un desierto, pero el musgo que tantas veces se coloca no se aproxima a la imagen de Belén. "Es una zona de arbustos", dice Feinberg.
  • La nieve no es normal: Que nevase el día del nacimiento de Jesús, como muestran tantos belenes, es "una forma de mejorar la historia desde Occidente", según la experta.
Y TAMBIÉN…
El debate está servido: así es el pesebre de Barcelona.

La instalación se inaugurará este viernes y se podrá ver hasta el 6 de enero.
La Vanguardia, 2019-11-28
https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20191128/471926757730/pesebre-belen-colau-ayuntamiento-plaza-sant-jaume-navidad-barcelona.html

viernes, 17 de agosto de 2018

#hemeroteca #eurocentrismo | Contra el universalismo

Imagen: El salto
Contra el universalismo.
La Modernidad eurocentrada impuso la obsesión por lo ‘universal’, una manera de aplanar las diferencias y de ningunear los ‘localismos’.
Paco Gómez Nadal | El Salto, 2018-08-17
https://www.elsaltodiario.com/descentradas/contra-el-universalismoo

Ya se sabe, quien no es cosmopolita no es moderno, quien no es moderno es una reliquia destinada a desaparecer y no es cosmopolita quien no tienen una visión universalista. Si esa fórmula impuesta sigue siendo vigente es porque ese ‘universalismo’ ha impregnado todas las ideologías contemporáneas.

Es universalista el fascismo, que traduce lo universal en lo totalitario: una sola forma homogénea de ver y organizar la sociedad, sin brechas, sin disensos. Es universalista el liberalismo, que no convive con otras formas ideológicas aunque se llene la boca con cierto respeto a la diferencia y que aplica la supuesta libertad de mercado (que es el mercado de unos pocos defendido por el Estado). Es universalista la izquierda tradicional (que, paradójicamente, es la ‘Moderna’), que tipifica al sujeto revolucionario sin importar la latitud de la que trate y que apuesta por el desarrollismo sin importar el idioma en el que se conjugue.

La Modernidad eurocentrada (que es la única Modernidad existente porque es ‘universal’) impuso la obsesión por lo ‘universal’ de una forma nada casual porque fue la Europa imperial y dominante la que denominó, pulió y dio esplendor a todo lo que ella misma decidió que era ‘universal’. Y esa aplanadora universalizadora nos empujó a despreciar, anecdotizar o exotizar los localismos, lo pequeño, lo que no tenía la vocación ‘inmanente’ de trascender y convertirse en universal.

Lo universal se impone de diversas maneras. Nos inventamos el Estado-nación para ‘incluir’ al planeta en la lógica de la democracia delegada universal (tan útil para el disciplinamiento social imprescindible para la acumulación capitalista); el aparato de lo que ahora se llama la industria cultural (en la que podríamos incluir la educación reglada) ha servido para que universalicemos las formas; las instituciones financieras internacionales (IFIs) han forzado a países de las latitudes más singulares a aplicar las fórmulas económicas del capitalismo depredador sin reparar en las ‘anécdotas’ localistas; la ONU nació para que nada (o casi nada) se saliera del guión de los derechos humanos universales que redactaron unos pocos y para que universalmente se pudieran controlar (no transformar) los desbordamientos fronterizos o los excesos del universalismo; y Frontex ha nacido para explicar a los ingenuos y anticuados localistas que las fronteras de lo realmente universal (y Moderno) son las de la Europa que siempre ha despreciado los otros afueras que ella no eligiera como potencialmente adentros.

Lo local es antiguo, limitado, atrasado, étnico quizá. Poco más. Y, sin embargo, es en las luchas concretas, locales, inmensamente pequeñas, territoriales, donde se está jugando la cuarta guerra mundial, esa que planta cara de frente al extractivismo voraz, a la gestión de las poblaciones como residuos sólidos, a los cantos de sirenos (siempre llevan corbata) que venden el ‘desarrollo’ y la educación eurooccidental como las puertas combinadas que nos pueden introducir en lo universal. Aprende inglés, o chino, saca un máster triple con certificación internacional, alójate en un servidor de internet para poder ser cósmico, no dudes en irte de vacaciones a 12.000 kilómetros de casa para poder tomarte un selfie con un decorado exótico... El mensaje para los más jóvenes vástagos del universalismo (los nacidos en eurooccidente) es claro y las familias se encargan de descartar una vida localista, localizada, situada, obtusa y aburrida. No es cool quedarse en el pueblo, no es ‘moderno’ cuidar vacas o mantener la tienda de barrio, es de fracasados hacer trabajos manuales (algo tan poco acorde a la revolución tecnológica que habita la minoría universal)... esas cosas sólo las hacen aquellos que no han sido capaces de incorporarse a ‘su’ tiempo (que es el tiempo determinado por los universalistas).

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ya no es tan sexy desde que decidió concentrarse en su autonomía tras intentar (con poco éxito) de contagiar a las otras que aspiraban a ser mexicanas modernas o europeas revolucionarias a punta de facebookear poéticas frases de algún subcomandante que fuera personaje antes que sucio revolucionario anclado a la tierra. No hay nada que mirar en África o en Asia, continentes llenos de experiencias locales que pecan de un déficit de universalismo lamentable. Llevamos cinco siglos largos construyendo lo universal como para ahora mirar al terruño o a la propia comunidad. Y lo universal, que se traduce en lo estatal, es contradictorio e incompatible con lo comunitario. Por eso, en Europa, cuna del universalismo, acabamos con lo comunitario hace mucho tiempo: a sangre y fuego, primero, a punta de colegios e industria cultural después. Fuera de este espacio universalmente diminuto, que es la Europa imperial, las luchas van justo en contravía y buscan recuperar, potenciar y resistir desde/en/con lo comunitario.

Escribe Raúl Zibechi que “la lógica estatal y la lógica comunitaria son opuestas, antagónicas. La primera descansa en el monopolio de la fuerza legítima en un determinado territorio y en su administración a través de una burocracia civil y militar permanente, no elegible, que se reproduce, y es controlada por ella misma. Transformarla desde dentro es muy difícil y supone procesos de larga duración. (...) La lógica comunitaria está basada en la rotación de tareas y funciones entre todos los miembros de la comunidad, cuya máxima autoridad es la asamblea. En este sentido, la asamblea como espacio/tiempo para la toma de decisiones debe considerarse un ‘bien común’. (...) La comunidad se mantiene viva no por la propiedad común sino por los trabajos colectivos que son un hacer creativo, que re-crean y afirman la comunidad en su vida cotidiana. Esos trabajos colectivos son el modo como los comuneros y comuneras hacen comunidad, como forma de expresar relaciones sociales diferentes a las hegemónicas”.

La izquierda tradicional desprecia la lógica comunitaria porque ésta, siendo un contrapoder poderoso, no aspira a la toma del poder. La asamblea y la rotación de las responsabilidades, como explica Zibechi, dispersa el poder y no reproduce las lógicas piramidales y jerárquicas del Estado. Cada comunidad busca soluciones a sus problemas concretos. Pero, para que eso ocurra, debe existir lo comunitario. En el territorio arrasado de Europa toca reconstruir o reinventar el concepto de comunidad partiendo de lógicas locales, no universales. No significa encerrarse en una lógica autárquica e híper localista que niegue a las otras experiencias de contrapoder, sino de cultivar lo comunitario con paciencia para luego trabajar en la urdimbre de las alianzas entre experiencias. Es poco universal y poco moderno pero… ¿quién quiere ser universal y moderno?

lunes, 5 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismoblanco | Huelga del 8M, o cómo el feminismo blanco sigue dominando la narrativa de la lucha feminista

Imagen: El Diario / Manifestación antirracista en Madrid
Huelga del 8M, o cómo el feminismo blanco sigue dominando la narrativa de la lucha feminista.
Nosotras somos las sin papeles. Somos las que trabajamos en el mercado informal. Somos las que no estamos en condiciones de poner en riesgo nuestros contratos basura porque, si los perdemos, nos quedaríamos nuevamente sin papeles y lo que sigue a eso es el CIE y la deportación.
Paula Guerra | El Diario, 2018-03-05
https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Huelga-feminismo-dominando-narrativa-feminista_6_746885345.html

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, está convocada una huelga laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo. Bajo la consigna “si nosotras paramos, se para el mundo”, distintos colectivos feministas están haciendo un llamamiento generalizado con el fin de que todas las mujeres nos sumemos a este paro de actividades.

La huelga está contando con una gran difusión entre los medios de comunicación y ya son varias las mujeres del mundo de la cultura y la política quienes han mostrado su apoyo a esta iniciativa.

Visto así, pareciera que todas las mujeres que luchamos por nuestra igualdad de derechos formaremos parte, alegremente, de esta gran fiesta de reivindicación feminista. Que todas nosotras, hermanadas en la opresión, gritaremos bien alto el 8M que sin nosotras el mundo se para.

La realidad es muy distinta. La realidad es que en España miles de mujeres no podremos sumarnos a este paro aunque quisiéramos. Como mujeres migrantes / racializadas, subalternizadas por el racismo estructural, la convocatoria que nos hacen las feministas blancas nos parece una invitación surrealista proveniente de un mundo paralelo. Un mundo de derechos que no es el nuestro.

Nosotras somos las sin papeles. Somos las que trabajamos en el mercado informal. Somos las que no estamos en condiciones de poner en riesgo nuestros contratos basura porque, si los perdemos, nos quedaríamos nuevamente sin papeles y lo que sigue a eso es el CIE y la deportación. Somos las que no podemos delegar en nadie de nuestro entorno las labores de cuidado. Somos las que no paramos nunca porque no contamos con el privilegio de poder parar.

Feminismo hegemónico vs. feminismos
Por eso es necesario preguntarse ¿a qué idea de mundo y de feminismo responde esta llamada a la huelga del 8 de marzo?, ¿qué narrativa se perpetúa con la consigna de que todas las mujeres somos iguales en la opresión?

En primer lugar, la huelga como método de lucha surge de una cosmovisión eurocéntrica que desconoce otras formas de organización laboral basadas en los conceptos de comunidad y cooperativismo. El feminismo de la huelga es el feminismo que bebe de los postulados clásicos de la izquierda europea, que sitúa al patriarcado y al capitalismo como las principales fuerzas de opresión de las mujeres.

En segundo lugar, la narrativa del feminismo blanco / eurocéntrico es una narrativa con pretensión universalista que consolida la idea de que, dentro de nuestra diversidad, “las mujeres” somos una unidad condicionada por el género. La consecuencia directa de esto es una interpretación hegemónica tanto de las problemáticas que nos aquejan, como de las herramientas que deberíamos utilizar para combatirlas.

Esta narrativa invisibiliza el relato de las feministas latinoamericanas, negras, moras, gitanas, etc., y por tanto deja fuera, o relega a un tercer plano de su discurso, el principal eje de opresión que nos atraviesa como mujeres migrantes / racializadas: el racismo estructural. Racismo que, como dice Fanon, responde a una jerarquía global políticamente construida de superioridad e inferioridad, que hace que algunas personas habitemos siempre en una zona de “no ser” dentro de la estructura social.

Las mujeres blanco-europeas están por encima de nosotras con todos sus privilegios de mujeres no racializadas. No se trata aquí de organizar una jerarquía de opresiones, sino de tomar conciencia de que los privilegios fijan el espacio que habitamos en el mundo, y eso debe llevarnos a una reflexión crítica respecto a la forma en que determinados discursos y métodos de lucha continúan subalternizando a millones de mujeres en el mundo.

¿O acaso no se subalterniza todavía más a las mujeres que trabajan en el servicio doméstico y de cuidados cuando se les dice que, sin no pueden sumarse a la huelga del 8M, cuelguen sus delantales en los balcones porque “así sabremos que estás con nosotras”? El cartel con esta desafortunada frase es un claro ejemplo de cómo el feminismo blanco sigue mirándose el ombligo, incapaz de ver más allá de su horizonte.

Hacia un discurso contra-hegemónico
Es indispensable que se difunda y conozca el trabajo de las feministas antirracistas decoloniales gitanas / moras / negras / latinoamericanas, quienes están produciendo nuevas epistemologías y formas de hacer a partir de nuestras realidades y cosmovisiones. Es nuestro deber contribuir y ampliar este conocimiento. El racismo estructural tiene que comenzar a ser visto como lo que es, un sistema mayor de opresión que condiciona la vida de millones de personas en el mundo.

No vamos contra las feministas blancas. Vamos hacia una reivindicación de nuestros derechos desde lo que somos y tomando en cuenta todos los ejes de opresión que nos cruzan. Una alianza entre mujeres tiene que ser una alianza donde ni la narrativa ni las herramientas de lucha estén monopolizadas por el relato eurocéntrico y neo-colonial. Tiene que ser una alianza donde estén incluidas todas las visiones, todas las realidades.

Si no somos capaces de subvertir el discurso hegemónico, todos los 8M volverá a ocurrir lo que muy bien resume Yos, compañerx de lucha antirracista: “por una blanca que pare, diez migrantes trabajarán ese día”.

viernes, 10 de noviembre de 2017

#hemeroteca #afroconciencia #racismo | La España afro es invisible

Imagen: El País
La España afro es invisible.
Los afrodescendientes españoles se quejan de racismo e invisibilidad y reivindican la inclusión social y política.
Sara Rosati | El País, 2017-11-10
https://elpais.com/elpais/2017/11/06/planeta_futuro/1509973183_806384.html

El mismo fin de semana que se llevaba a cabo el referéndum ilegal del 1 de octubre en Cataluña tuvo lugar en Madrid el festival de la "Afroconciencia". Ambos eventos parecieran no tener nada que ver, pero cerca de 15.000 personas se reunieron ese día en el Matadero de Madrid con un objetivo. “Asumir que España va más allá de catalanes, andaluces o vascos: los afrodescendientes formamos parte de la sociedad desde que nació este país”, explica Lucía Mbomio, una periodista madrileña de padre guineano y madre española. “A mí no me tienen que integrar, yo he nacido aquí; a mí me tienen que visibilizar”, sentencia.

¿Pero qué significa el término afroconciencia? Para el rapero y escritor madrileño Domingo Antonio Edjang Moreno, más conocido como El Chojín, es "el mejor invento que se ha creado en referencia a lo afro”. Une a distintas comunidades afrodescendientes de América Latina, Europa y África en torno al reconocimiento de su historia y la construcción de una autoestima sólida, a través del sentimiento de orgullo de sus raíces. “La afroconciencia significa recuperar algunas cuestiones identitarias que el colonialismo nos robó”, explica Rita Bosaho, la primera diputada negra de la historia de la democracia española (con Podemos en Alicante, en 2016). La parlamentaria de 52 años, nacida en Guinea Ecuatorial cuando aún era colonia de España, se pregunta por qué no aparecen los afrodescendientes en los libros de texto.

“En un momento en el que la diversidad parece estar denostada, la afroconciencia viene a reivindicar igualdad y a enriquecer el mundo” explica el director de cine Santiago Zannou. Como primera generación de afrodescendientes en España, el ganador de un premio Goya a la mejor dirección novel siente la responsabilidad de tender un puente entre la cultura africana y la europea.

Entre los asistentes al evento también se encontraba Daude Dieye, un jornalero y activista senegalés que pertenece a la asociación de manteros de Barcelona. Lleva puesta una camiseta con el logo 'Top Manta' y dice que todos sus actos son ilegales. “Si te definen como una persona ilegal, todo lo que haces está fuera de la ley”. Dieye señala un problema común a todos los afrodescendientes: el racismo. “Da igual que seas latinoamericano, europeo o africano. Si vienes a este mundo vas a encontrar discriminación por ser negro”. En este sentido, Mbomio añade: “No hace falta que me maten para que hablemos de racismo. En España existe racismo sí, pero más refinado”.

Mbomio es directa y tiene seis respuestas para cada pregunta. Aclara con exactitud a qué clase de racismo se refiere: “Me preguntan más veces de dónde soy que cómo me llamo. Parece imposible que una persona con mis características sea española”. No entiende que en el cine no existan personajes negros que sean como su padre, un profesor ya jubilado. “Los actores negros siguen teniendo que poner el acento de sus padres para conseguir un papel”. Tampoco entiende por qué solo se entrevista a los negros para hablar de racismo. “Hay que tener en cuenta la perspectiva de raza porque igual te vamos a contar una España que es la tuya pero que tú nunca has visto.”

La negación constante de la existencia de racismo es el principal problema para Annette Davis, una activista francesa de 32 años que ha viajado a Madrid para participar del festival. Annette presume de tener el mismo apellido que Angela Davis, la reconocida activista afroamericana. Viste de negro, lleva el pelo afro y habla como si estuviera en un estrado frente a una multitud. “Francia es un país blanco y colonial que niega la realidad de los afrodescendientes. Si no la reconocemos, es como luchar contra algo imaginario”, explica, “pero el racismo institucional está presente en España, Francia, Bélgica o Reino Unido”.

Davis explica que en Europa se trata como criminales a los migrantes que quieren cruzar la valla. “Los criminales son los dirigentes europeos blancos que con sus decisiones, la venta de armas y la influencia política en los países de origen provocan la pobreza y desigualdad”, opina.

Mamadou Dia, activista y escritor senegalés, realizó ese viaje hacia el primer mundo y se dio de bruces contra la realidad de la vida en Europa. “Salí de mi país en búsqueda de El Dorado y tuve la suerte de desmitificar muy pronto la mentira del desarrollo europeo”, cuenta. Dia vivió varios años en la clandestinidad y decidió retornar a su país. Escribió un libro, 'A las 15', donde denunció la violencia policial sufrida por siete jóvenes negros en Madrid. Mamadou vive entre España, donde da conferencias, y Senegal, donde coordina una ONG centrada en la educación.

Y precisamente la educación es la herramienta más potente, según Dia. “Una educación eurocéntrica muy bien pensada para adoctrinar a los africanos. Pero también a los europeos para que piensen que son los maestros de las soluciones y los responsables de la civilización”. Se reconcilió consigo mismo cuando comprendió que la civilización no está en Europa, sino que se construye en cualquier parte del mundo.

Para Daude Dieye, el activista senegalés de 33 años, la afroconciencia es “saber que todos nuestros actos condicionan nuestras vidas”. Daude explica que esos actos deben estar encaminados a que la comunidad afro sea reconocida más allá de las artes y el deporte. “Tenemos que ser abogados y diputados. Tenemos que tener referentes negros que sean un ejemplo para nuestros hijos”, afirma.

Inevitablemente, Zannou se considera uno de esos referentes. Un joven negro lo saluda al pasar. Le comenta que quiere ser director de cine. “Que existan referentes es bueno porque generan una línea donde otras personas se pueden mirar y decir si Santiago Zannou lo ha hecho, yo también lo puedo hacer”. La diputada Bosaho también comparte la responsabilidad de ser un ejemplo para los afrodescendientes. “Cuando me eligieron, no solo me estaban mirando las personas que me votaron, sino que me miraban desde África y América Latina”, explica.

“Yo tengo un altavoz, que es la música”, explica El Chojín, rapero de 40 años. Mediante sus letras, muy encaminadas a la denuncia social y a la identidad, ha hecho que muchos afrodescendientes se sientan identificados con su mensaje. El músico entiende que no se trata de formar un guetto. “Convivimos con semejantes que en muchas ocasiones no nos reconocen. Al compartir nuestras experiencias y normalizarlas somos más capaces de relacionarnos con nuestros semejantes blancos de una manera más positiva y constructiva”.

Mbomio afirma que con sus denuncias no pretende fastidiar a nadie. “Queremos mejorar la sociedad a la cual pertenecemos hayamos nacido aquí o no”. A lo que El Chojín añade: “Cuando de verdad no veamos el color en las personas sino que veamos a la persona, podremos hablar de una sociedad que se acerque mucho más a la justicia social”.

Y TAMBIÉN…
Autorretrato de un negro español.
El fotógrafo madrileño Rubén H. Bermúdez reflexiona en un libro sobre el racismo latente en la sociedad a partir de su experiencia. El resultado se expone en Caixaforum.
Toño Angulo Daneri | El País, 2017-11-10
https://elpais.com/cultura/2017/11/10/actualidad/1510343608_061563.html