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viernes, 10 de enero de 2025

#hemeroteca #gais #redessociales #arte | Brontë, el ‘influencer’ del modernismo: “No solo Gaudí vale la pena. En España solo cuidamos lo que les gusta a los guiris”

Brontë, el ‘influencer’ del modernismo: “No solo Gaudí vale la pena. En España solo cuidamos lo que les gusta a los guiris”
Desde sus redes sociales, este madrileño de 27 años reivindica el legado del ‘art nouveau’ más allá de Gaudí, ese que no sale en las guías turísticas, y confiesa que el modernismo le salvó la vida
Diego Parrado | El País, 2025-01-10
https://elpais.com/icon-design/arte/2025-01-10/bronte-el-influencer-del-modernismo-en-espana-solo-cuidamos-los-sitios-que-les-gustan-a-los-guiris.html 

Brontë en el palacio de Longoria //
“¡Jódete, Gaudí!”, le atiza en sus vídeos. Pero, como buena némesis del arquitecto, Brontë es también un gran conocedor de su obra, y sus respectivas vidas se reflejan como en una obsidiana. “Nacimos un 25 de junio, soy vegetariano como él, y los dos fuimos un poco raritos en el colegio. Aunque yo salí del armario y él no”, precisa frente a un café. “No, no hay pruebas de que Gaudí fuese gay”, ríe. Les une sobre todo una loca afición a las curvas y los ornamentos, porque como bien saben sus seguidores de Instagram y TikTok (@brontesbien), a este madrileño de 27 años le fascinan los edificios modernistas. En estas páginas posa en uno de sus preferidos, el palacio de Longoria, al que en uno de esos vídeos sobre modernismo ha descrito como el “jódete Gaudí definitivo”. También ha elogiado con este grito de guerra la Colonia de la Prensa en Carabanchel o a Antonio Palacios, pero ni siquiera es que Gaudí le disguste. “Lo que de verdad quiero decir con esa frase es que su modernismo no es el único que merece la pena. Me fastidia su ‘marketing’, que se promocione tanto sus edificios mientras otros modernistas de Barcelona están cayéndose a pedazos”, explica. Y en su móvil enseña un azulejo que acaba de “rescatar” en una visita a la capital catalana. “En España solo cuidamos los sitios que les gustan a los guiris”.

A Brontë el modernismo le salvó una vez la vida. Fue precisamente allí, en Barcelona, adonde se mudó cuando, tras estudiar Sociología y Políticas en Madrid, empezó a trabajar de guía en el castillo de Santa Florentina de Canet del Mar. “Hacía de todo. De hecho lo que más me gustaba era limpiar las vidrieras de Montaner”, dice en alusión a su ídolo e iniciador en el modernismo, Lluís Domènech i Montaner, quien en 1910 diseñó algunos espacios de ese castillo. Allí Brontë descubrió que había días en los que solo la belleza conseguía animarle, y cuando poco después entró “en una racha muy oscura”, se echó a las calles de Barcelona a aumentar la dosis. “Pedía citas en dentistas solo porque quería colarme en determinados portales. Sonará tonto, pero visitar edificios modernistas fue mi salvación”. Se refiere, por ejemplo, al hospital de Sant Pau, una de las joyas del modernismo de Montaner, donde el pasado enero grabó uno de sus primeros vídeos de TikTok. Se hizo viral (“púdrete, Gaudí”) y eso le animó a divulgar otros edificios modernistas como los de Alicante, de la que ha dicho que es como “esa prima choni que tiene muchas cosas guays pero las mezcla mal”. “Hasta ahora el más visto es el de las cafeterías para buscar marido rico. Gustó por lo que gustó, pero muchos seguidores me han dicho que también hizo que empezaran a interesarse por el modernismo”.

De todos los estilos, él prefiere este último porque “es el más ‘drag’”, así que no es de extrañar que, como un buen programa de RuPaul, sus vídeos y chascarrillos (todo un diccionario Z, habla de edificios para “divorciadas” y otros “a punto de volcar de chorro”) tengan un trasfondo reivindicativo. “Jamás colaboraría con una de esas inmobiliarias tiktokeras. La especulación tiene mucha culpa de que las ciudades cada vez tengan menos identidad propia, que es una de las cosas contra las que intento luchar. Creo, como Montaner, que la gente tiene que sentirse representada por los edificios de su ciudad, y eso es algo que el modernismo consiguió incorporando no solo símbolos locales como el dragón de Sant Jordi sino artesanías como la del azulejo”, explica Brontë, y añade que también se ha puesto límites como guía de las visitas que organiza en Madrid y Barcelona. “Me niego a hacerlas en inglés. Yo lo que quiero es enseñarle los edificios de una ciudad a la gente que de verdad va a sentirlo si alguna vez los derriban”.

Con ese mismo objetivo le gustaría grabar documentales y comisariar una exposición sobre suelos modernistas, su debilidad, de los que dice que no entiende que no tengan ya un museo en Barcelona siendo tan famosos los de esta ciudad. Por supuesto ya ha pensado el título. No, es uno más bonito: “Jardines de interior”.

jueves, 30 de mayo de 2024

#libros #feminismo #urbanismo | La renovación del sueño americano : el género, la vivienda y la vida familiar

La renovación del sueño americano : el género, la vivienda y la vida familiar / Dolores Hayden ; traducción de María Hernández Díaz.
Barcelona : Reverté, 2024 [05-30].
Serie: EUA ; 36. 

/ ES / EN* / Libros / ENS / Arquitectura / Cuidados / Espacio público / Feminismo / Perspectiva de género / Urbanismo

📘 Ed. impresa: ISBN 9788429121360 / 30.00 €
📝 Cita APA-7: Hayden, Dolores (2024). La renovación del sueño americano : el género, la vivienda y la vida familiar. Reverté.

Este libro se publicó originalmente en 1984, con una segunda edición, revisada y ampliada, en 2002, que es la que se presenta aquí en versión española. Dolores Hayden aborda el mito del 'sueño americano' y estudia unos modelos más satisfactorios de vivienda, trabajo y vida familiar en los Estados Unidos, así como en otros países donde el trabajo remunerado de las mujeres ha creado tensiones similares. Primero se hace un recorrido por la historia de los tipos de viviendas desde la época colonial, con especial atención a la casa unifamiliar suburbana, y se analizan los retos para esa 'casa de ensueño' planteados por ambientalistas, grupos de mujeres y defensores de los derechos humanos. Luego se identifican las necesidades y los deseos más profundos asociados al ideal de hogar, y se describen tres modelos de vivienda: la 'estrategia del refugio', la 'estrategia industrial' y la 'estrategia del vecindario', de los que se analizan los puntos fuertes y débiles. Además de las experiencias estadounidenses, se incluyen ejemplos de China, Cuba, Dinamarca, Suecia y Rusia.

Por último, se examina la relación entre los proyectos de vivienda y el espacio público; se estudia en qué circunstancias y lugares la vivienda coincide con el desarrollo comunitario; se considera la rehabilitación del tejido de viviendas y barrios; y se incluyen muchos ejemplos de proyectos experimentales realizados por particulares, grupos pequeños y gobiernos locales y nacionales. La vivienda es un problema que afecta a los padres trabajadores preocupados por sus hijos y por el futuro que les aguarda, así como a las personas solteras y los ancianos que buscan nuevas opciones. Esta edición incluye un epílogo de Daniel Díez Martínez, profesor del Departamento de Composición Arquitectónica de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid.

😏 Dolores Hayden estudió arquitectura en el Mount Holyoke College (Massachusetts), la Universidad de Cambridge y la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard, donde obtuvo su título profesional en 1972; ha impartido docencia en la Universidad de California (Berkeley y Los Ángeles), el Massachusetts Institute of Technology y la Universidad de Yale, de la que es profesora emérita; de sus numerosos libros, en 2023 se publicó la versión española de ‘The grand domestic revolution’ (1981); es una de las principales pensadoras sobre temas de arquitectura y urbanismo analizados desde la óptica feminista.

jueves, 28 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #arquitectura | Catálogo de los mayores referentes LGTB de la arquitectura (por fin)

El País / Casa Finella, una de las obras recogidas en 'Queer Spaces' //

Catálogo de los mayores referentes LGTB de la arquitectura (por fin).

Un nuevo libro engloba casi un centenar de espacios y nombres en todo el mundo, biografiados por 50 arquitectos, historiadores, escritores y activistas.
Diego Parrado | Icon, El País, 2022-07-28
https://elpais.com/icon-design/2022-07-28/catalogo-de-los-mayores-referentes-lgtb-de-la-arquitectura-por-fin.html 

Vista por fuera, la casa que el profesor e historiador británico Mansfield Forbes reformó en Cambridge a finales de los años veinte no parecía muy distinta de las demás. Dentro, el pasillo forrado de vidrio y pan de plata que la atravesaba como una espada evocaba el palacio de cristal de lady Finella, la legendaria noble escocesa a la que este profesor homosexual había consagrado su hogar. Las luces del abovedado pasillo rebotaban de noche en sus paredes transformándolo en una corriente de agua iridiscente, un trasunto de la cascada a la que, según la leyenda, se arrojó lady Finella después de asesinar al rey Kenneth II de Escocia para evitar que la capturasen.

Diseñada por Forbes junto al arquitecto moderno Raymond McGrath, la casa Finella es uno de los espacios que el diseñador Adam Nathaniel Furman y el historiador de la arquitectura Joshua Mardell han reunido en 'Queer Spaces, un atlas de lugares LGTBIQ+' con el que se han propuesto cubrir un hueco en la bibliografía arquitectónica que creían inexcusable. El libro ha sido publicado por la editorial del Royal Institute of British Architects (la organización profesional de arquitectos de Reino Unido), lo que facilitará que los estudiantes de arquitectura puedan referenciar la villa de Mansfield Forbes y el resto de los espacios incluidos en el atlas en sus proyectos académicos. Furman se define como ‘queer’ y asegura que durante la carrera no tuvo esa suerte.

“En arquitectura, los estudiantes solo pueden presentar sus trabajos si utilizan como referencia precedentes que vengan de una fuente que los tutores reconozcan como reputable”, explica el diseñador por teléfono. “Algunos de mis compañeros presentaban garabatos a carboncillo y maquetas de muy mala calidad, pero citaban ‘El elogio de la sombra’ o a Peter Zumthor y los tutores les daban el visto bueno. Por el contrario, yo usaba de referencia a artistas y escritores ‘queer’ que los tutores no conocían ni consideraban dignos de aparecer en un proyecto de arquitectura, así que mi trabajo, que al igual que yo era profundamente ‘queer’, era objeto de burlas y siempre me ridiculizaban. No había estudios de arquitectura ‘queer’ que pudiera utilizar como fundamento”.

‘Queer Spaces’ engloba casi un centenar de estos espacios en todo el mundo, biografiados en el libro por los cincuenta arquitectos, historiadores, escritores, activistas y demás colaboradores que Adam Nathaniel Furman y Joshua Mardell han reclutado para su misión. El primero de los tres capítulos del libro se centra en los espacios de tipo doméstico, “pequeños mundos ‘queer’ en los que aquellos cuyo estilo de vida era desaprobado en la esfera pública encontraban un lugar donde acumular sus recuerdos, celebrar los hitos de sus vidas, y contar como seres humanos”.

Los lugares más conocidos dentro de este primer grupo son el castillo de Neuschwanstein y los palacios que Luis II de Baviera mandó construir en pleno siglo XIX para (según en el que eligiera retirarse con sus favoritos) huir de su época y vivir como el Rey Sol o el héroe de una ópera de Richard Wagner. El escritor inglés William Beckford también utilizó la arquitectura para escapar de la mediocridad de su tiempo. Después de que un escándalo sexual le descubriera como homosexual ante sus vecinos, el autor de ‘Vathek’ construyó Fonthill Abbey, una impresionante mansión de estilo neogótico derruida a los pocos años. En Italia, la clave del éxito de Capri y otros lugares turísticos hay que buscarlo en casas como Villa Lysis, construida en la isla por el poeta francés Jacques d’Adelswärd-Fersen cuando, a principios del siglo pasado, tuvo que exiliarse al sur de Italia para poder vivir su sexualidad igual que habían hecho Oscar Wilde y otros artistas homosexuales.

Menos conocida que las casas anteriores es Dracula’s Den (La guarida de Drácula), construida en los años noventa en la ciudad japonesa de Chiba y llamada así porque, al carecer su fachada de ventanas, recordaba a un ataúd. La hizo el arquitecto Osamu Ishiyama para que un pintor y su novio pudieran “sentirse protegidos del entorno y las miradas de sus vecinos”, escribe la arquitecta japonesa Alyssa Ueno. La luz del ventanal del techo caía sin obstáculos en el interior de la casa, diseñada sin apenas compartimentar por considerar sus propietarios que no necesitaban ni un dormitorio separado ni un salón como otras familias.

El concepto de espacio doméstico que presenta ‘Queer Spaces ‘está tan abierto como el que tenía esta pareja. Así, el primer lugar que aparece en el libro no es una casa sino el vagón de un tren: el del cercanías en el que la escritora transexual Ailo Ribas aprovechaba para colocarse sus primeras prótesis mamarias mientras viajaba entre su ciudad, Premià de Mar, y Barcelona.

En el segundo capítulo y el último, ‘Queer Spaces’ se ocupa de aquellos espacios “comunales” y “públicos” que la gente ‘queer’ ha utilizado para reunirse de una manera más o menos segura a lo largo de la historia. Aparecen una librería de Glasgow especializada en títulos de temática ‘queer’ (Category Is Books), la ciudad siciliana de Taormina (parada obligada para los viajeros homosexuales del Grand Tour en el siglo XIX), o New Sazae, uno de los bares preferidos de Yukio Mishima en el barrio gay de Tokyo.

De todos estos espacios, solo algunos fueron creados con la comunidad LGTBQ en mente. Un ejemplo es Homomonument, el monumento de Amsterdam que desde 1987 conmemora a aquellas personas asesinadas por su orientación sexual. Otro caso es el Victorian Pride Centre, un edificio de Melbourne inaugurado el año pasado para servir de sede a distintas organizaciones LGTB. Por el contrario, la mayoría de las veces la gente ‘queer’ ha tenido que adueñarse de espacios preexistentes. Así, la comunidad LGTBIQ+ de Managua (Nicaragua) ocupó la catedral de Santiago Apóstol después de que en 1972 un terremoto dejara el edificio sin su uso religioso original. Por su parte, los homosexuales del Moscú de Stalin practicaban ‘cruising’ en el baño del viejo Museo Central de Lenin. El artista ruso Yevgeniy Fiks explica en su texto que también solían encontrarse alrededor de las estatuas y monumentos de Lenin, ya que mientras que Stalin castigó la homosexualidad al llegar al poder, los bolcheviques de “la abuela Lena” (así se referían a Lenin en ‘camp’) la habían despenalizado.

La inclusión en el libro de estos lugares tan variopintos y heterodoxos refleja la miríada de maneras que los ‘queers’ han tenido que ingeniarse para conseguir su espacio. Ahora, podrán figurar en el mundo académico, algo que según Furman ya ha empezado ocurrir: durante las últimas semanas, varios estudiantes de arquitectura le han enviado fotos de los proyectos que han presentado en la carrera con ‘Queer Spaces’ como referencia. “De los compañeros ‘queer’ que empezaron a estudiar arquitectura conmigo, o bien abandonaron la carrera y terminaron metiéndose a interioristas o acabaron produciendo el tipo de proyectos heteronormativos que los tutores nos forzaban a hacer. Los jóvenes de ahora pertenecen a un mundo más político y abierto y se cuestionan el sistema de valores que rige la arquitectura profesional y su brazo académico. Este libro es para ellos”.

jueves, 21 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura | Hogar, dulce, hogar

Imagen: Campusa
Hogar, dulce, hogar.
Tres arquitectos abordan el papel de nuestras casas en este período de confinamiento domiciliario causado por la pandemia de la COVID-19.
UPV/EHU, Campusa, 2020-05-21
https://www.ehu.eus/es/web/guest/-/hogar-dulce-hogar

Desde el 14 de marzo nuestras viviendas se han convertido en un refugio ante la pandemia mundial que nos asola. Vivimos desterrados en nuestro hogar. Pero, el cada vez mayor aumento de la exposición de los hogares a través de videollamadas e imágenes en las redes sociales, deja expuesto la clara situación de desigualdad que vive la ciudadanía.

En esta situación de confinamiento y pandemia, en vías de una desescalada en distintas fases, las viviendas se han convertido en las protagonistas de muchos debates y polémicas. “El foco de la discusión- en opinión de Juana Otxoa-Errarte, presidenta del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (Gipuzkoa), se ha centrado en los cotizados balcones que han permitido a unos pocos disfrutar de un pedacito del exterior sin salir de su casa, pero ¿y si el virus nos hubiera sorprendido durante los meses de invierno? Probablemente, nadie se hubiera acordado de los balcones, y la pobreza energética de las personas que no encienden la calefacción porque el dinero no les llega para pagar la factura, hubiera estado en boca de todos y todas”.

Esta percepción de desigualdad entre la ciudadanía es compartida por Alex Mitxelena, arquitecto y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad del País Vasco. “El estándar de las casas que conocemos hoy en día se cristalizó hace tan solo cien años. Fue entonces, también a causa de una crisis sanitaria, cuando se acordó que todas las casas, para poder ser consideradas habitables, debían tener una cocina, un baño, un espacio de estar o salón y un número de dormitorios acorde con la cantidad de individuos alojados. Esto quiere decir que, antes de esto, algunas personas vivían en construcciones que ahora no consideraríamos ‘viviendas’. Muchas personas vivían hacinadas en espacios que no tenían un programa funcional que hoy consideramos esencial”.

Sin embargo, en estos cien años la situación ha variado en dos direcciones en opinión del profesor de la UPV/EHU. “Por un lado, se ha considerado este estándar insuficiente y ha ido incrementando las necesidades. Así, se han incrementado los metros cuadrados por cada habitante, se han añadido segundos y terceros baños, etc. Por otro lado, determinados dinámicas continúan hacinando a las personas y haciendo que la mejora de las viviendas sea excesivamente difícil. En los casos más extremos encontramos las viviendas “patera” que son poco mejores a las que existían hace cien años”.

Para Ibai Gandiaga, arquitecto y profesor en la Escuela de Ingeniería de Bilbao (Náutica y Máquinas Navales), en los centros urbanos, los espacios privados de las viviendas tienden a complementarse con los espacios públicos de la ciudad. “La sala de estar se complementa con la plazoleta, la terraza o balcón -o la falta de éste- se complementa con la playa, con el parque o el bulevar, la sala de juegos se complementa con el patio de la urbanización, etc. En las viviendas unifamiliares, sobre todo en zonas con poca presión inmobiliaria, los metros cuadrados de las viviendas son más generosos, y se tiende a generar un microcosmos propio: jardín, terraza, zona de juegos, piscina, huerto, parking de coches, trastero”.

Aspectos a tener en cuenta
“Llevamos años trabajando y viendo los avances de las Smart Solutions: todo lo tenemos que hacer ‘inteligente’ y la ciudad no es una excepción- continúa la presidenta del COAVN-Gipuzkoa. En esa línea, uno de los puntos fundamentales para hacer que nuestras ciudades sean cada vez más sostenibles es apostar por la rehabilitación frente a la nueva construcción. Tenemos unas ciudades y pueblos con edificios envejecidos, que no cumplen las condiciones mínimas de temperatura interior, de ventilación, de iluminación o de accesibilidad. En definitiva: tenemos un gran parque de edificios poco saludables y confortables”.

Para esta arquitecta, ante esta situación, tanto en viviendas de nueva construcción como en las que se rehabilitan, hay aspectos que estaban descuidados. “La estanqueidad es uno de ellos: hay que garantizar que no se produzcan filtraciones ‑principalmente por las ventanas‑ que provoquen corrientes de aire y creen un espacio que no sea confortable. Una vez obtenida la estanqueidad, el siguiente paso será llegar a la correcta ventilación de las viviendas. Es vital controlar la necesaria renovación y la calidad del aire que respiramos para evitar la generación de humedades y garantizar la salud tanto del edificio como de las personas. Para ello, la tecnología puede ser nuestra gran aliada, ya que nos ofrece óptimas soluciones”.

Otro de los aspectos clave en este periodo de encierro ha sido la reorganización de espacios. “Una estancia debería poder convertirse fácilmente en despacho, en sala de juegos infantiles, cine o centro de deporte. Con un simple gesto, tendría que ser capaz de incorporar un espacio exterior al interior. Esta necesidad de flexibilidad la hemos sentido a consecuencia de la pandemia, pero también existe en las diferentes fases de vida de las personas, por lo que las viviendas han estar preparadas para adaptarse y responder a las mismas. Está claro que estas mejoras en los edificios no pueden quedarse ahí. Junto con la rehabilitación debería venir la regeneración de los espacios urbanos, de nuestras calles y de nuestros barrios, y de esta forma se conseguirá una ciudad más cercana, accesible y sostenible”.

Arquitectura post-pandemia
“Cuando superemos este shock-añade el profesor Alex Mitxelena- tendremos que volver a acatar cuestiones como el cambio climático, el problema de la especulación con la vivienda, los desahucios, la soledad no deseada, etc. Pero también tendremos nuevos retos a los que dar respuesta. Podremos pensar, más que nunca, en soluciones colectivas para crear espacios compartidos propios. Como los que se llevan explorando en las viviendas colaborativas. A modo de ejemplo, las personas mayores que están solicitando ayuda para construir viviendas colaborativas lo hacen también para evitar las situaciones dramáticas que están sucediendo estos días en las residencias para mayores. También podremos pensar en soluciones individuales y preparar nuestras casas para pasar más tiempo en ellas, realizar más tareas (como trabajar, hacer deporte y “pasarlo bien”). Tendremos que organizar el espacio que tenemos de forma más flexible y adaptable a las diferentes necesidades. No poder salir de casa también nos está haciendo anhelar estar en el exterior y tener contacto con la naturaleza, con el sol. Es también una forma de mantenernos ‘sanos’ como era necesario hace cien años. Así, tal vez, pondremos en valor de nuevo las terrazas y los balcones que, en algunos contextos, habían quedado infravalorados”. El profesor Ibai Gandiaga a su vez pone en valor el papel de los caseríos. “Tradicionalmente, el caserío es un centro de producción agrícola y ganadera autosuficiente. Y, en la actualidad, ante esta nueva situación, se han convertido en paradigma de esta pretendida autosuficiencia espacial”.

miércoles, 20 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura | En Berlín han diseñado unos columpios antiCOVID

Imagen: AD / Proyecto de parque infantil 'Rimbin'
En Berlín han diseñado unos columpios antiCOVID.
El diseñador Martin Binder y el psicólogo Claudio Rimmele han diseñado en Berlín unos columpios anti-Covid. Inspirados en los nenúfares gigantes del Amazonas, es difícil que aquí los niños se contagien.
Itziar Narro | AD, 2020-05-20
https://www.revistaad.es/decoracion/diseno/articulos/berlin-disenado-unos-columpios-anticovid/26032

El diseñador alemán Martin Biden y el psicólogo italiano Claudio Rimmele se han inventado en Berlín unos columpios antiCovid sin peligro de contagios y muy divertidos. Inspirados en las hojas gigantes de los nenúfares del Amazonas, donde los biólogos solían montar a sus hijos ya en el siglo XIX (así de resistentes eran), estos dos amigos han creado un parque de juegos de nombre ‘Rimbin’ en el que los peques pueden hablar a través de tubos comunicantes y verse sin tocarse. Aunque todavía es un prototipo, ya les han contactado en Alemania para ver si se puede hacer realidad. 

"Martin y yo somos amigos pero nunca habíamos trabajado juntos. Paseando por Berlín al principio del confinamiento, nos dimos cuenta de que casi todos los columpios estaban cerrados. Era una sensación muy triste. Como yo soy psicólogo y él había hecho varios proyectos para niños, decidimos encontrar una solución", nos cuenta Rimmele. "Por mi profesión, sé lo importante que es que los más pequeños puedan hablar y jugar entre ellos, sin padres de por medio. Ese diálogo es fundamental para su desarrollo", sigue. Así que se les ocurrió crear una serie de hojas de nenúfar independientes pero conectadas entre sí en las que los críos pueden interactuar sin estar demasiado cerca, y disfrutar del aire libre y de la naturaleza. 

"Los materiales son metal, que se puede desinfectar y limpiar fácilmente, y madera, pero en realidad está concebido para ser adaptado y personalizado según el clima y las necesidades del lugar en el que se vaya a construir", explica Rimmele. Creen, y concordamos, que el diseño también puede ser divertido e interesante sin pandemia. "El objetivo es estimular los sentidos de los niños, ayudarles a hablar y relacionarse de otra manera", concluye. 

El nombre, ‘Rimbin’, es un neologismo hecho a partir de las primeras sílabas de los apellidos de sus creadores, pero también es la unión de dos palabras en inglés: ‘rim’ en el sentido de frontera, riesgo, ‘edge’, y ‘bin’, que podría traducirse como contenedor. Con él, todos los objetivos que Claudio y Martin se propusieron, están cumplidos: que cada niño tuviera su propia área de juego con un acceso individual, que pudieran verse y hablarse sin tocarse, jugar respetando la distancia de seguridad y que los padres pudiesen vigilarles desde fuera.

Y TAMBIÉN…
Los inventos más sorprendentes para el distanciamiento social en las calles.

Diseñadores de todo el mundo se han puesto manos a la obra para crear objetos que nos ayuden a mantener el distanciamiento social en las calles. Estos inventos tan prácticos como sorprendentes son algunos ejemplos.
Aleks Gallardo | AD, 2020-05-20
https://www.revistaad.es/decoracion/diseno/articulos/inventos-mas-sorprendentes-para-distanciamiento-social-calles/26026
¿Cómo será nuestra casa después del COVID-19?
Estar en casa nos hace tomar conciencia del espacio doméstico, de sus virtudes y sus carencias. Dos expertas nos cuentan cómo después del COVID-19 cambiarán nuestros criterios de interiorismo y mejorarán nuestros espacios.
Sara Barragán del Rey | AD, 2020-04-02
https://www.revistaad.es/decoracion/articulos/como-sera-nuestra-casa-despues-covid-19/25530

lunes, 27 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #urbanismo | Diseñan el parque perfecto para pasear durante la pandemia

Imagen: AD / Parque de la Distancia
Diseñan el parque perfecto para pasear durante la pandemia.
El estudio austríaco 'Precht' ha diseñado un parque laberíntico perfecto para la pandemia. Los altos setos y árboles permiten a las personas pasear y estar al aire libre, manteniendo la distancia de seguridad.
Ekaterina Karpukhina | AD, 2020-04-27
https://www.revistaad.es/decoracion/articulos/disenan-parque-perfecto-para-pasear-durante-pandemia/25791

Chris Precht, fundador de Precht Studios, ha desarrollado el Parque de la Distancia considerando que muchas áreas abiertas en todo el mundo han cerrado debido a la pandemia del coronavirus. El arquitecto se preguntó cómo sería y funcionaría un parque que siguiera la regla de distanciamiento social, y este fue el resultado.

El estudio ha planteado infinidad de rutas en el parque, todas separadas por setos de 90 cm de ancho –proporcionando así una distancia segura entre los visitantes. La localización de pistas en forma de huella digital creará muchos caminos que se pueden usar simultáneamente, aportando además ese efecto laberíntico.

Cada uno de los caminos, con una longitud de aproximadamente 600 metros, dirigirá a los visitantes desde el borde del parque hasta el centro (donde se ubicarán las fuentes, bancos, etc.) y viceversa. Al principio y al final de cada ruta habrá puertas que indicarán si hay un visitante en tiempo real. Aproximadamente, han calculado que un paseo por la ruta duraría unos 20 minutos.

sábado, 25 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura | Las vergüenzas de los pisos españoles quedan al descubierto

Imagen: El País / Viviendas en Barcelona
Las vergüenzas de los pisos españoles quedan al descubierto.
El confinamiento ha puesto en evidencia la falta de terrazas, espacios flexibles, luz natural y ventilación de millones de casas.
Sandra López Letón | El País, 2020-04-25
https://elpais.com/economia/2020-04-24/las-verguenzas-de-los-pisos-espanoles-quedan-al-descubierto.html

Algo más de 1.000 horas confinados desde el pasado 14 de marzo han sido suficientes para constatar la forzosa necesidad de mejorar y corregir las viviendas, sobre todo las que tienen más de una década. Buena parte de las casas construidas en España carecen de ventilación e iluminación natural, salubridad, accesibilidad y confort. Muchas no tienen terraza (tanto las más antiguas como las recién construidas) o son interiores. Las hay que van tan justas de metros cuadrados que se hace difícil encontrar un rincón en el que teletrabajar y hacer algo de deporte. Así viven, en propiedad y en alquiler, millones de españoles.

“Los arquitectos debemos imaginar y construir hogares donde prime la luz natural, la ventilación y una movilidad sencilla y cómoda, con independencia del tipo de vivienda. Estamos aprendiendo que hay que idear viviendas versátiles para un mundo imprevisto”, advierte el arquitecto Carlos Lamela. Cuando termine esta crisis “valoraremos la flexibilidad en la distribución, la entrada de luz natural, las vistas, la capacidad de realizar ventilación cruzada, los condicionantes acústicos y la presencia de zonas exteriores privadas”, coincide Sonia Hernández-Montaño, coordinadora de salud y arquitectura del Colegio de Arquitectos de Cataluña.

Son las lecciones de la crisis. Algunos, los que puedan, se plantearán cambiar de casa, sobre todo los alquilados en infraviviendas. Dicho sea de paso, esta podría ser la puntilla a muchos propietarios, que no tendrían más remedio que meter la piqueta si quieren seguir rentabilizando sus inmuebles. Otros, los que puedan, repensarán sus casas, porque no siempre es una cuestión de recursos, “sino de diseño, de cómo están ideadas las viviendas”, recalca Lamela.

El rapapolvo comienza en las terrazas, a las que se ha dado muy mala vida en ciudades como Madrid y que ahora son las grandes protagonistas de la crisis. Los propietarios que eliminaron estos espacios para ganar algunos metros cuadrados no han dejado de arrepentirse ni un solo día. De hecho, las búsquedas de viviendas con terraza o jardín han crecido el 26% desde el inicio del confinamiento, según Servihabitat.

“Es incomprensible que se permitiera cerrar las terrazas en Madrid, es algo que no ocurre en ninguna ciudad o país, es un auténtico cáncer de nuestro urbanismo”, lamenta Lamela. Porque, además de las vistas, protegen las fachadas del sol y la lluvia. Tras la crisis, “la terraza va a ganar protagonismo en tamaño y calidad. Una de las lecciones es la de valorar este espacio intermedio, este pulmón entre la calle y la casa”, apunta el arquitecto Julio Touza.

Siempre que la normativa no ponga zancadillas. En Madrid computan como edificabilidad, con lo que el promotor las elimina, las deja en la mínima expresión o las sustituye por un pequeño mirador. Esto no ocurre en la Comunidad Valenciana o Cataluña, donde se incentiva su colocación. Es una cuestión que solivianta a los arquitectos, que esperan que las ordenanzas municipales sean revisadas al terminar la crisis para fomentar “estos espacios de desahogo”, como los define José Antonio Tenorio, científico titular del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja-CSIC.

Peor solución tienen los pisos interiores. “Con esto habría que acabar mediante políticas de rehabilitación urbana”, opina Tenorio. El 7,9% de los españoles está pasando el confinamiento sin ver la calle desde su vivienda. Madrid es la capital con más pisos interiores (el 20,3%), seguida por Bilbao y Cádiz, según Idealista.

A la vivienda de mañana se le van a exigir distribuciones flexibles —añadir o quitar alguna estancia fácilmente— y nuevas funciones, que han llegado para quedarse. El teletrabajo y el desarrollo de actividades de ocio plantean un nuevo escenario. “Si vamos a pasar más tiempo en casa, deberemos tener nuevos espacios”, razona Touza. Este arquitecto propone volver a las distribuciones de las viviendas burguesas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX del barrio de Salamanca (Madrid) o del Eixample (Barcelona), donde había una pequeña biblioteca o despacho cerca del salón. “Hay que pensar en espacios diáfanos, polivalentes e integrados”.

La polivalencia cobra más sentido desde que hay que trabajar, entretenerse y hacer deporte en casa. Gonzalo Pardo, director de Gon Architects de la plataforma Houzz, asegura que el mayor impacto “será en la inclusión de más espacios habilitados para el teletrabajo, desde estancias específicas hasta habitaciones reconfigurables en función de la hora del día”. Cierto es que algunas promociones de vivienda nueva se han adelantado a estas necesidades y comercializan pisos con terraza y despacho y áreas de 'coworking' (compartido) para residentes. “La experiencia del confinamiento potenciará el tamaño y uso de áreas comunitarias y de las relaciones vecinales”, cree Teresa Marzo, directora general de negocio de Vía Célere.

Salubridad
Además, la pandemia ha evidenciado que lo de construir casas saludables iba en serio. Apenas 2,3 millones de viviendas están edificadas bajo el paraguas del Código Técnico de la Edificación, que entró en vigor en 2006 y que exige mayor calidad constructiva. En el resto “falta iluminación, ventilación y accesibilidad”, indica Enrique Rovira-Beleta, director del área de Accesibilidad de UIC Barcelona School of Architecture. Considera que cambiará la visión de los hogares y “las normativas se modificarán para conseguir que el espacio de las viviendas existentes esté mejor distribuido, iluminado y ventilado”. ¿Cómo? “Ampliando los huecos de ventanas, haciendo alguna de las paredes del baño traslúcida y agrandando pasillos y puertas para el paso de una silla de ruedas”, añade.

La ventilación será más importante que nunca, ya sea natural cruzada (ventanas contrapuestas para que las corrientes de aire atraviesen la vivienda) o mecánica (aparato que extrae el aire contaminado del interior e introduce aire limpio filtrado del exterior). La siguiente lección es la automatización de los accesos para evitar sistemas táctiles. Se potenciará el reconocimiento facial y de voz para puertas, tiradores y ascensores. “Es trasladar la arquitectura de los aeropuertos, que precisamente está diseñada con criterios de higiene”, apuesta Touza.

Y podría ser más que razonable que a medio plazo se potencie el uso de materiales y acabados antimicrobianos. Pablo Muñoz, experto en arquitectura de salud y consejero delegado de Espacios Evalore, habla de algunas medidas como “pintura fotocatalítica, y agarradores, mobiliario y encimeras antimicrobianos”. Y añade: “Las plantas contribuyen a mantener una humedad relativa interior entre un 40% y un 60% lo que, según algunos estudios, ayuda a reducir la transmisión del coronavirus”.

domingo, 19 de abril de 2020

#hemeroteca #gais #arquitectura | El mayor estratega de la arquitectura

Imagen: El País / Philip Johnson en su estudio en 1979
El mayor estratega de la arquitectura.
Una nueva biografía analiza al camaleónico Philip Johnson, creador de modas que pasó de defender el nazismo a construir para Trump.
Anatxu Zabalbeascoa | El País, 2020-04-19
https://elpais.com/cultura/2020-04-18/el-mayor-estratega-de-la-arquitectura.html

Un ‘klee’ por menos de 100 dólares. Ese fue el primer lienzo que el estadounidense Philip Johnson (1906-2005) compró en Berlín. Tenía 23 años. Su padre había invertido en aluminio y él nunca tuvo que trabajar para vivir. Esa circunstancia decidió el tipo de arquitectura —siempre nueva, siempre arriesgada— que apoyó durante toda su vida. Otra cosa fue la que el autor del edificio ATT en Nueva York o de las Torres Kio en Madrid logró construir. Pero juzgar por sus edificios a quien llevó la arquitectura y el diseño a los museos, a quien donó al MoMA más de 2.000 obras, a quien consiguió para Mies van der Rohe uno de sus encargos más aplaudidos (la Torre Seagram de Park Avenue) o a quien, en ese rascacielos, diseñó el restaurante más famoso de Manhattan (el Four Seasons donde sedujo a Andy Warhol o Jackie Kennedy) sería minimizar lo mejor y lo peor de su legado.

Aunque el propio Johnson autorizó su primera biografía, y varios le dedicaron polémicos libros, un nuevo volumen, ‘Philip Johnson, a Visual Biography’ (ya disponible en la web de Phaidon), somete su historia a escrutinio al tiempo que indaga en el archivo personal del arquitecto. Con nuevas revelaciones de cartas, notas y cientos de fotografías de uno de los pocos arquitectos declaradamente homosexuales de la historia, el periodista Ian Volner logra esclarecer los vaivenes de un personaje camaleónico. Culto y cotilla, oscuro y festivo, fue secundario como arquitecto aunque decisivo como comisario arquitectónico. Johnson queda retratado como un hombre superficial capaz de provocar profundos cambios: un creador de tendencias con un ojo infalible que vivió en renovación continua hasta que murió con 99 años.

“Era defensor de lo contemporáneo antes de que lo contemporáneo fuera respetable”, dijo de él Alfred H. Barr Jr., el primer director del MoMA, que lo llevó a dirigir su departamento de arquitectura. Barr convertiría a Johnson en su comprador de mayor confianza. Lo pondría en contacto con clientes como los Rockefeller, le encargaría el primer jardín de esculturas del MoMA, recibiría de él generosas donaciones y asistiría con estupor a la conversión de su arquitecto de cabecera en un enfervorecido filonazi.

Corría 1931 cuando Johnson declaró sin reparo que quería ser influyente. Poco después abandonó el MoMA obsesionado con acercarse al círculo de Hitler. Aunque el primer Míster Johnson fue Jimmie Daniels, un cantante afroamericano al que conoció en un bar de Harlem, la pompa de los desfiles alemanes y la belleza aria de los fascistas lo tenían todo para gustarle: novedad, grandilocuencia y poder. Tras unos años tratando de fundar el Partido Nacional en EE UU, en 1940 intentó pasar página convirtiéndose, de nuevo, en estudiante de Harvard. Fue Barr quien le pidió que desapareciera. Y en Cambridge construyó su primera casa. Regresó a Nueva York dispuesto a abrir despacho. “Soy una puta. Me pagan muy bien”, contestaría años después al ser preguntado por el hotel que diseñó para Trump en Columbus Circle.

“Fue un creativo de segunda con un cerebro de primera. Mitad monstruo, mitad modelo de urbanidad”, sentenció el periódico 'The Guardian' cuando Johnson murió en su famosa Casa de Cristal, una de las más célebres de la historia de la arquitectura. Fue su obra más aplaudida. Cada movimiento que defendió desde el MoMA tuvo junto en esa vivienda su pabellón representativo. No construía el futuro, lo veía en los demás. Siempre defendió la arquitectura como un arte visual. Y su papel como generador de tendencias lo llevó hasta el pop de la mano de su pareja más longeva: David Whitney. Si en los años treinta Johnson fue importante en la carrera del exquisito Paul Klee, en los ochenta volvió a serlo en la del grafitero Keith Haring.

Demostró tanto ojo para comprar obras de arte como para acuñar -ismos arquitectónicos. En el MoMA organizó las exposiciones que formatearon cualquier manual de arquitectura. Y decidió quién entraba en el canon y quién no. Fue el caso de Louis Kahn, al que ninguneó, o de Frank Lloyd Wright, al que despachó como “el mejor arquitecto del siglo XIX”. Una fotografía recoge la fiesta de su 90º aniversario. Estaban todos: Gehry, Hadid, Koolhaas, Isozaki.

A pesar de que trató de encubrir su pasado fascista, o precisamente por eso, diseñó gratis para Israel una sinagoga y una central nuclear. Quiso “encontrar a los Medici de su tiempo”, escribe Volner. Así, fue moderno trabajando para los Rockefeller y posmoderno para Trump. Rápido al anticipar transformaciones, efectista en su vida social, despectivo con los problemas sociales, camaleónico en su moralidad y astuto en todas sus versiones, logró ser el arquitecto más famoso de América estando muy lejos de ser el mejor. Fue también el primer galardonado con el Pritzker, que recibió en 1979. Todo un signo para un premio que, como el propio Johnson, conseguiría ser el más célebre del mundo.

sábado, 18 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura | Beatriz Colomina lo contó primero: cuando las grandes crisis sanitarias transforman la arquitectura

Imagen: Valencia Plaza
Beatriz Colomina lo contó primero: cuando las grandes crisis sanitarias transforman la arquitectura.
Criada a las faldas de la Escuela de Arquitectura de València, Colomina es el gran referente mundial en el vínculo teórico entre arquitectura y salud.
Vicent Molins | Valencia Plaza, 2020-04-18
https://valenciaplaza.com/beatriz-colomina-lo-conto-primero-cuando-las-grandes-crisis-sanitarias-transforman-la-arquitectura

Beatriz Colomina es hoy la gran referente en el mundo por su teorización del contacto entre arquitectura y salud, en una vía interconectada: cómo la salud cambió las costuras de la arquitectura, cómo la arquitectura propulsó la prevención sanitaria. Colomina, primero en Columbia, luego en Princeton, localizó como pocos los puntos de conexión que hacen que habitemos como lo hacemos. Desprovista de obsesión por lo estético o figurativo, ha volcado su mirada en lo más revolucionario: la vida real de aquellos lugares donde pretendemos vivir.

Pero -inciso va- antes de Beatriz estuvo Miguel, su padre. Miguel Colomina definió gran parte de la arquitectura en València en la segunda mitad del siglo XX. Fue director de la Escuela de Arquitectura de València. Fue premio extraordinario a su trayectoria por el Colegio de Arquitectos. Influido por Coderch, Khan, Wright o Le Corbusier, algunos de los mayores elogios le vinieron por su vivienda unifamiliar en Xàbia, en 1963, edificios de viviendas en Cirilo Amorós, 1966, y en la calle Doctor Albiñana de València, 1972.

Justo el abrumador reconocimiento a su padre colaboró a que Beatriz Colomina rastreara su espacio más allá de València. “Todo el mundo allí sabía quién era. Y también quién era yo”, comentó Colomina para El País. “Siempre se gana saliendo. Ha habido dos momentos cruciales en mi vida: cuando decidí estudiar en Barcelona en lugar de en Valencia, donde vivía, y cuando me fui a Nueva York. Esos cambios me hicieron ver la vida de otra manera. No me puedo entender a mí misma sin pensar en esas dos transformaciones”.

Ahora los textos de Beatriz Colomina se revisitan, forman parte de esa gran vela de conocimiento que se iza en busca de la certidumbre. Fundadora y directora del programa Medios y Modernidad en la Escuela de Arquitectura de Princeton, ella, de alguna manera, lo vio primero. Vio cómo la salud, y por tanto la enfermedad, siempre habían estado ahí, propulsando los cambios principales, colándose entre nuestros principios, influyendo desde el principio de los días. Solo el deslumbramiento que provoca el avance desmemoriado hace que la enfermedad se extravíe de nuestros planes. Al entrar en contacto con Susan Sontag entendió la relevancia de su mensaje en el libro ‘La enfermedad y sus metáforas’ -seguido por ‘El sida y sus metáforas’-. Despertó en Colomina todo un horizonte nuevo. “El modo más sano de estar enfermo es huyendo de la metáfora”, señala Sontag, incidiendo en la romantización literaria de la tuberculosis frente a la oscuridad y la habladuría soterrada en torno al cáncer.

Fue la tuberculosis la que infringió, sostiene Colomina, uno de los mayores cambios en las reglas de la arquitectura moderna. “No se puede entender sin la tuberculosis. La hemos estudiado desde todos los puntos de vista: el industrial, el estético... Y nos hemos olvidado de lo más obvio: la vida real. Lo que los arquitectos modernos ofrecían era casi como una receta de salud igual a la que proponían los manuales médicos para tratar la tuberculosis: el aire libre, las terrazas, el sol, la blancura, la higiene... La tuberculosis dominó la primera mitad del siglo XX. Es normal que no solo estuviera en la literatura, sino también en la arquitectura. No hablo de la arquitectura sanitaria. Es la arquitectura moderna la que internaliza este trauma inmenso que era la tuberculosis y trata de ayudar. Se vuelve curativa”, adelantaba Colomina en El País Semanal en 2013.

Si en el siglo XIX los hospitales eran lugares abyectos -indica Colomina-, la realidad comenzó a cambiar cuando las mayores rentas se pusieron a frecuentar los sanatorios con los que calmar sus nervios. El sanatorium de Purkersdorf, en Viena, fue uno de los primeros. Fue entonces cuando esos destinos de salud se convertían en “espacios de deseo”. En ‘X-Ray Architecture’, Beatriz Colomina corrobora cómo los centros sanitarios se convirtieron en el modelo para la vida cotidiana.

Y si la tuberculosis agitó las normas, su técnica de diagnóstico, los rayos X, ejemplifican el impacto de la enfermedad en los edificios: los rayos X permitían ver el interior del cuerpo mientras que la arquitectura moderna, como respuesta, buscaba mostrar el interior de los edificios a través de las fachadas de cristal.

El afán médico por la higiene, la ventilación, la cercanía a la naturaleza, definiría la formación arquitectónica de los hoteles y del turismo de masas, primero en un entorno alpino y más tarde cerca del sol y playa. La aparición de la estreptomicina se demostró mucho más provechosa, pero la influencia en la manera de habitar ya no tenía vuelta atrás.

El sanatorio antituberculoso Paimio, de Alvar Aalto, entre los bosques de pinos finlandeses, suele ser buena muestra de aquel momento. La enfermedad del propio arquitecto Aalto fue determinante para que concibiera sus edificios desde otra perspectiva. Beatriz Colomina se refiere a ello estos días. “Dijo que la arquitectura siempre se concibe para personas sanas, que están en pie, y sin embargo debemos diseñar para las personas en posición más débil. Esto fue revelador para mí”, comenta Colomina para la publicación arquitectónica Pin-Up. “Hoy, con nuestra creciente conciencia de la cuestión de la discapacidad, se agregan rampas y otros dispositivos como una ocurrencia tardía, pero a menudo los edificios no funcionan para todos. Pero lo que Aalto estaba diciendo es el camino que no se tomó en arquitectura: que si siempre diseñamos para aquellos en la posición más débil, todos los demás estarán bien”.

Beatriz Colomina, preguntada por lo inevitable -los efectos transformadores de la nueva crisis sanitaria- apunta: “se parece más a las epidemias de cólera del siglo XIX que asolaron ciudades de todo el mundo oleada tras oleada y provocaron enormes cambios en la infraestructura y el diseño urbano. La pregunta para nosotros es cómo el coronavirus cambiará la arquitectura y la ciudad (...) los arquitectos estaban muy involucrados en el diseño de la salud, colaborando activamente con médicos y científicos. ¡Tenemos que despertar y hacerlo de nuevo!”.

‘X-Ray Architecture’ o ‘La domesticidad en guerra’ son dos de los libros que acompañan bien la lectura de este tiempo. Escritos por quien se marchó de València para encontrarse.

viernes, 17 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura #urbanismo | Janet Sanz: “La Barcelona de mañana debe tener más balcones, aceras anchas y supermanzanas”

Imagen: Spanews24h / Janet Sanz
“La Barcelona de mañana debe tener más balcones, aceras anchas y supermanzanas”.
Spanews24h, 2020-04-17
http://spanews24h.com/la-barcelona-de-manana-debe-tener-mas-balcones-aceras-anchas-y-supermanzanas/

La crisis del coronaviurs se gestiona ahora mismo en dos escenarios: el inmediato, de atender la emergencia sanitaria, y lo que ya empieza a pensar cómo será el día de mañana, cuando se levante el confinamiento y se recupere la “nueva normalidad “. Cómo será la Barcelona post estado de alarma? El confinamiento ha puesto de manifiesto lo que era una evidencia: que muchos de los pisos de la ciudad no están bien preparados o no tienen las dimensiones mínimas para estar cerrado. La teniente de alcalde de Urbanismo de la ciudad, Janet Sanz, trabaja ahora en este doble escenario: el inmediato, para decidir qué obras se podrán retomar de manera urgente, y el más reposado, para empezar a diseñar los cambios en la ciudad. Desde hace un par de semanas han creado un grupo de trabajo con las diferentes gerencias municipales que han bautizado como Reset y que está definiendo las primeras propuestas.

¿El confinamiento ha evidenciado que Barcelona necesita cambios urbanísticos?
Hemos empezado a hablar de cómo hacer este ‘reset’, De proponer cambios que hasta ahora parecían imposibles pero que esta crisis ha puesto de manifiesto que quizás serán necesarios. Nos planteamos qué no hay que volver a encontrar si hay una nueva crisis. Y aquí está claro, por ejemplo, que los colectores de recogida de agua deben ser una prioridad, debemos tener hechos. Y que también tenemos que hacer una reflexión urgente sobre las viviendas que tenemos. Nadie nos puede decir ahora si nos tendremos que volver a confinar y ya hemos visto que hay pisos que no están bien preparados. Los balcones, por ejemplo, son un elemento clave si te has de estar encerrado en casa.

Pero hasta ahora el planeamiento urbanístico no promovía que se hicieran. ¿Se harán cambios?
Estamos planteando un paquete de cambios normativos, que todavía no tenemos concretados. Hay un modelo de pisos que es lo que se ha hecho en proyectos de ‘cohabitatge’ como el de La Borda, en la Bordeta, que nos gusta mucho y que es hacia donde creemos que deberían tender todas las promociones, también las privadas. En este modelo hay espacios de uso común, techos altos, buena ventilación, relación con el espacio exterior... No es una casualidad que tengan todo ello teniendo en cuenta que el diseño lo han hecho las mismas personas que han ido a vivir. Debemos mejorar las viviendas también a nivel de eficiencia energética, estos días veremos facturas brutales de suministros por el mal aislamiento de algunos pisos. Invertir en rehabilitar el parque de vivienda es fundamental y, hasta ahora, las otras administraciones no lo han hecho.

¿Se plantean proyectos para añadir balcones a bloques ya construidos?
Nos queremos reunir con el Colegio de Arquitectos para plantear qué proyectos se podrían hacer y qué cambios normativos deberían impulsar para que fueran posibles.

¿Hay que cambiar la normativa?
Estamos trabajando en repensar toda la norma. Pero todo estará sujeto a la disponibilidad de presupuesto, porque el momento no será fácil. Hemos visto, por ejemplo, que las residencias de ancianos que tenemos son un modelo que no funciona, que hay mucho riesgo de contagios. Se podrían reconvertir en pisos dotacionales para personas mayores que tengan espacios comunes y cuidadores. También queremos aprovechar la crisis para reenfocar el modelo turístico y conseguir ganar vivienda en pisos turísticos.

¿Cómo?
Hay que conseguir que las licencias dejen de ser perpetuas y pasen a ser temporales.

Pero esto no es de su competencia.
No, pero es el momento de plantear los grandes cambios.

En los edificios faltan espacios de uso común.
Aún tenemos muchas cubiertas desaprovechadas, que podrían tener diferentes funcionalidades. Muchas azoteas están dañadas, tenemos que hacer un diagnóstico de cómo están para poderlos utilizar de manera comunitaria y ampliar el proyecto de cubiertas verdes. La ciudad necesita balcones y más azoteas de uso comunitario.

Y en movilidad, ¿hay alguna manera de hacer que el tráfico no se vuelva a disparar?
Debemos seguir apostando por los cambios que ya habíamos preparado. Lo urgente es tener más frecuencia de paso al transporte público, y tendremos para evitar las aglomeraciones. Estamos buscando más buses para hacerlo posible. Debemos dar prioridad semafórica al transporte público, multiplicar los carriles bici y en algunos puntos dibujar carriles bus dobles. También creo que es importante que promovamos un debate sobre los horarios laborales, para que se pueda mantener la flexibilidad y evitar, así, las aglomeraciones en hora punta. Debemos tener horarios más racionales, intentar que algunas de las medidas que prueban ahora las empresas se queden cuando se levante el confinamiento.

¿Los cambios en el presupuesto harán renunciar al proyecto del tranvía?
No renuncio, pero está claro que queda sujeto a la disponibilidad económica. Es un buen proyecto porque mejora la oferta de transporte público y permite la transformación urbana de la Diagonal. Lo que tengo claro es que es bueno para la Barcelona del futuro, que también deberá tener más balcones, un transporte público mejor, aceras más anchas y supermanzanas. Esta es la ciudad saludable. Y nos plantearemos también recuperar espacios agrarios que habíamos perdido.

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura #urbanismo | De la cerca para que no entren apestados al derribo de murallas: las ciudades llevan siglos intentando evitar epidemias

Imagen: El Diario / Restos de la cerca de Madrid en Puerta de Toledo
De la cerca para que no entren apestados al derribo de murallas: las ciudades llevan siglos intentando evitar epidemias.
Los sistemas de alcantarillado, el emplazamiento de los cementerios, la anchura de las calles... Muchas características que hoy definen la vida urbana se implementaron tras enfermedades pasadas. La España encerrada: así son las viviendas en las que el país sobrelleva la cuarentena.
Analía Plaza | El Diario, 2020-04-17
https://www.eldiario.es/economia/apestados-murallas-ciudades-intentando-epidemias_0_1016649030.html

Aunque apenas quedan restos porque fue "una auténtica chapuza", Madrid tuvo a partir del siglo XVI una cerca que ejercía —entre otras cosas— de barrera para contener enfermedades. El primer perímetro lo estableció Felipe II en 1566, tras una peste que mató a 10.000 personas en Zaragoza. Pero no llegó a completarse en su reinado y fue su nieto, Felipe IV, quien la terminó.

"En la época antigua, las ciudades eran pequeñas y estaban amuralladas para defenderse de los enemigos. Las murallas siguen siendo defensivas durante la Edad Media, pero cuando hay grandes epidemias sirven como elemento de control: si no entran los apestados, hay menos probabilidad de contagios", explica Ricardo Aroca, arquitecto y autor de 'La historia secreta de los edificios'. "También son un elemento de control económico, para recolectar impuestos sobre lo que entra y lo que sale".

"La cerca es una chapuza que hizo Felipe II, en principio, para las epidemias", añade Alberto Tellería, vocal técnico de la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio. "Cuando había una, las ciudades se cerraban. El confinamiento era a lo bestia. Madrid no tenía murallas, así que cuando el rey ordenó cerrarla se rellenaron los huecos entre las tapias. Poco a poco se hizo más firme". El trazado de esta cerca resultará familiar a muchos madrileños, porque, quitando el Retiro, se asemeja a lo que hoy es Madrid Central.

No han hecho falta murallas para cerrar ninguna ciudad española durante la crisis del coronavirus, aunque sí hemos sabido de municipios costeros que han levantado barricadas para bloquear el acceso de turistas a sus playas (el Gobierno ordenó retirarlas). Sin embargo, una cuestión que aflora ahora que estamos a punto de entrar en fase de 'desescalada' es si las ciudades, que concentran altas densidades de población, están preparadas para mantener el distanciamiento social.

De Berlín a Bogotá pasando por Auckland (Nueva Zelanda), llegan noticias de proyectos que habilitan carriles temporales, habitualmente dedicados al coche, para peatones y bicicletas. El objetivo es que haya más espacio entre personas. Ninguna urbe en España ha contado aún sus planes: solo el Gobierno ha dicho que, en una primera fase, estudia dejar salir con niños o a hacer deporte.

Hay hipótesis sobre cómo cambiará el coronavirus las ciudades de todo el mundo. Pero no es necesario viajar al futuro para saber cómo impacta una epidemia en una ciudad. Sorprendentemente, muchas de las características que hoy definen la vida urbana se implementaron tras enfermedades pasadas. "Las epidemias de cólera han influido sobre los temas de agua. La peste, sobre los cementerios. La tuberculosis, sobre los parques y jardines. La lepra, sobre los lazaretos", resume Javier Ruiz, profesor de urbanística y ordenación del territorio en la Universidad Politécnica de Madrid. Los lazaretos son recintos aislados, normalmente en puertos marítimos, para 'aparcar' a los enfermos durante su cuarentena.

Cuando los cementerios salieron del centro
Las pestes europeas de los siglos XVII y XVIII provocaron, en muchos casos, la prohibición de cementerios parroquiales. En España fue la peste de Pasajes (Guipúzcoa) en 1781 la que impulsó este cambio. La epidemia causó 83 fallecidos en un mes y llevó a Carlos III a promulgar una real cédula por la que se prohibía la inhumación dentro de las iglesias y se establecía la construcción de cementerios en el exterior.

"En el País Vasco y otras zonas era costumbre enterrar dentro de la iglesia. En el siglo XVIII ya se hacía fuera, pero en terrenos aledaños", cuenta Adrián Aginigalde, médico especialista en medicina preventiva y autor de un trabajo sobre el tema presentado en el Museo Vasco de Historia de la Medicina. "Lo que ocurre en Pasajes desencadena un cambio urbano relevante. Carlos III promulga que los cementerios deben ir fuera de las iglesias. Luego ya empiezan a hacerse extramuros, aunque costó mucho que se desarrollase". La ocupación napoleónica y los brotes de cólera, a partir de 1833, favorecieron esta adopción.

"A finales del s.XVIII se extiende la idea de que las iglesias son un foco de contaminación. Por lo visto, los olores eran horribles", añade Tellería. "Pero hay mucha resistencia de la gente y tardan en hacerse fuera. De hecho, el primero que se construyó en despoblado no fue por una epidemia sino por un derrumbe: se cayó la iglesia de un pueblo de Palencia (Villarramiel de Campos) y se murieron los vecinos dentro. Lo hizo Ventura Rodríguez, era un cementerio sencillito".

En Madrid, los cementerios de fuera se concentraron en el barrio de Chamberí hasta que en 1879 se construyó La Almudena. Precisamente durante su construcción hubo una epidemia de cólera, así que se habilitó un cementerio provisional llamado "de epidemias".

Según explica Aginigalde, la falta de espacio en las urbes y el marco científico de la época también tuvieron mucho que ver. Por aquel entonces aún imperaba la teoría del miasma, de que las enfermedades se propagaban en forma de aire venenoso. "Pensaban que cualquier cuerpo en descomposición liberaría las miasmas", continúa. "Tenía sentido sacarlos fuera de las murallas como forma de limpiar el aire".

Objetivo: sanear la ciudad
En 1854, un brote de cólera mató a 650 personas en quince días en Londres. La idea del miasma seguía presente, pero un médico llamado John Snow sospechaba que la calidad del agua —que en la época dejaba mucho que desear— podía ser relevante en la transmisión de la enfermedad. Junto al reverendo Henry Whitehead, Snow visitó las casas de familias afectadas, trazó un mapa de la enfermedad, encontró al paciente cero y a la culpable de la propagación del brote. Resultó ser una fuente pública en la calle Broad Street de la que salía agua contaminada.

El mapa de Snow es muy conocido porque sentó las bases del método epidemiológico, aunque murió cuando aún no estaba ampliamente aceptado. Solo cuatro años después del brote, Londres vivió el verano del Gran Hedor: aún no había hecho nada para evitar que las aguas residuales fueran al río Támesis y una ola de calor provocó muy malos olores. El Gobierno encargó un sistema de alcantarillado al ingeniero Joseph Bazalgette. Este cambió la apariencia de la ciudad porque se hizo bajo terraplenes construidos sobre el río.

Justo antes de terminarlo, hubo otro brote de cólera en una zona donde aún no había llegado el alcantarillado. El reverendo Whitehead, que ayudó a descubrir su origen, pudo entonces demostrar que la teoría de Snow era cierta y que la finalización del sistema de Bazalgette evitaría nuevos brotes.

"A mediados del siglo XIX hubo un desarrollo muy importante de las ciencias. Fueron dos movimientos: el higienismo y la estadística", apunta Vicente Guallart, que fue arquitecto jefe del Ayuntamiento de Barcelona. "En Barcelona hay un antecedente. La revolución industrial se producía dentro de las murallas, las fábricas estaban ahí. La población creció en 150.000 personas. El Ayuntamiento lanzó un concurso para sacarlas. Y lo ganó un médico higienista con un manifiesto que se llamaba 'Abajo las Murallas'. Era Pere Felip Monlau".

Las ciudades eran aún lugares donde la gente vivía sin agua corriente, sin cloacas y sin ventilación. Actuaciones como el alcantarillado de Londres o el derribo de murallas de Barcelona venían a sanearlas para evitar nuevas enfermedades. "El higienismo era un movimiento que trataba de mejorar la vida de los espacios habitables", continúa Guallart, "algo que hoy en día es muy recurrente".

¡Abajo las murallas!
"Los salubristas, llamados higienistas en la época, abogaron por derruir las murallas en casi todas las ciudades, especialmente con el fin de las Guerras Carlistas. La ciudad no ventilaba, era un criadero de mosquitos y restos orgánicos. Derribándolas evitarían las miasmas y disminuirían el hacinamiento intramuros. Querían que la ciudad creciera", agrega Aginigalde.

El derribo, en el que París toma la delantera, se produjo en multitud de ciudades españolas: en San Sebastián, Valencia, Barcelona, Bilbao y en Madrid, aunque su cerca fuera "una birria".

Es curioso que lo que siglos atrás había servido como método de contención de epidemias fuera ahora el problema. Pero la población aumentaba tanto que no quedaba otra. "Fue una cuestión estructural. La calidad de vida era muy baja. ¿Qué ocurrió? Una vez comenzó el derribo de murallas, Ildefonso Cerdá, que había estudiado arquitectura, economía y estadística, se basó en todas estas corrientes y estudió la Teoría General de la Urbanización".

De hecho, una de las cosas que hizo Cerdá fue analizar las muertes del brote de cólera de 1865 en Barcelona por pisos y edificios, para ver dónde se concentraban y saber si los muertos vivían mejor o peor.

Tras su estudio, Cerdá diseñó el plan de ensanche de Barcelona. "Su respuesta no fue para responder a una epidemia concreta, sino a todas de manera estructural. En Valencia hicieron un ensanche similar. También hizo uno para Madrid, aunque no se llegó a ejecutar. La idea era el higienismo a través del urbanismo: cambiar la calidad de las calles, poner alcantarillado, que las ventanas fueran más grandes... Eso ocurrió a mediados de siglo". En Madrid, donde la cerca seguía siendo útil para cobrar impuestos, el plan Castro (otro plan de ensanche) mantenía un foso con el mismo fin. A diferencia de la cerca, el foso permitiría airear. Cuando cambió la forma de pagar los impuestos perdió su sentido y lo que se había excavado se llenó de nuevo.

El higienismo abogó por la instalación de parques y jardines. En Estados Unidos, el máximo exponente fue el arquitecto paisajista Frederick Law Olmsted, diseñador de Central Park. Olmsted argumentaba que los grandes parques públicos funcionarían como "pulmones" que limpiarían el aire (aún no se había derribado del todo la teoría del miasma).

"Olmsted estableció principios de jardines que intentaban reproducir el campo dentro de la ciudad. Viene del paisajismo inglés", comenta el vocal de Madrid Ciudadanía y Patrimonio. "En Londres había 'squares' (parques) porque la gente echaba de menos la vegetación. En París se estableció una política de 'squares'. Influyó en Madrid: en la plaza de Santa Ana, en la de Pedro Zerolo... se tiraron edificios para construir plazas ajardinadas. Todo eso era para sanear la ciudad. Pero después se hicieron parkings subterráneos, se perdió el arbolado y nos las cargamos". Cerdá tenía la idea de llevar la naturaleza a la ciudad poniendo vegetación en el interior de las manzanas de Barcelona. Pero, al final, se construyó dentro de ellas.

¿Cambiará el coronavirus el paisaje urbano? "El gran debate, a nivel internacional, es el de utilizar bien las calles y el espacio destinado al automóvil para renaturalizar y peatonalizar. Las supermanzanas de Barcelona van en esa línea", concluye Guallart. "Una de las consecuencias será que habremos experimentado cómo son las ciudades con aire limpio y cómo la gente puede usar las calles para pasear e ir en bici".

Para el resto de consultados, sin embargo, el problema no está tanto en las calles como dentro de las casas. "Hay sitios donde nos acumulamos mucho, pero en la calle procuramos espaciarnos. El problema está en las viviendas", dice Tellería. "Te diría que, en principio, no hay grandes medidas a adoptar. Es verdad que las ciudades son irrespirables, pero las medidas ya se adoptaron", concluye Aginigalde. "El tema está en cumplir las ordenanzas. El baño y la cocina están separados del lugar de dormir por un motivo de salubridad, pero eso se incumple a través de las reformas. También en oficinas se puso de moda el espacio abierto en los 80 y 90. Es posible que eso se vea afectado. Nosotros lo llevamos viendo en la tuberculosis de siempre: se ve favorecida por el hacinamiento. En vivienda, hay mucho por recuperar y hacer cumplir".

lunes, 13 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura #urbanismo | Una mirada urbanística de la pandemia

Imagen: Izquierda Diario
Una mirada urbanística de la pandemia.
Si realmente queremos minimizar futuras pandemias, es necesario modelar una alternativa que posibilite una nueva distribución territorial, unas nuevas dinámicas poblacionales, una economía que no se base en la deuda y el crecimiento infinito, pero sobre todo es necesario un nuevo sistema que lo permita.
Ángel Lezcano Orús | Izquierda Diario, 2020-04-13
http://www.izquierdadiario.es/Una-mirada-urbanistica-de-la-pandemia

Una de romanos...
En el 165 d.C. el Imperio Romano sufrió una gran pandemia en la que murieron más de cinco millones de personas. Conocida como plaga o peste Antonina, tuvo su origen en oriente, y fue propagada por las tropas militares romanas. La falta de higiene, el agrupamiento masivo de las tropas y el desplazamiento de miles de soldados a lo largo del Imperio fueron los principales factores de expansión y el aumento del riesgo epidemiológico.

Según los historiadores afectó a todas las clases sociales, entre un 7 y un 10% de la población, pero en las ciudades la mortandad fue de entre el 13 y el 15% debido a la gran concentración de población y la falta de higiene que previniera la expansión y permitiera el control de la enfermedad.

Los emperadores antoninos promulgaron numerosas leyes que incluían sanciones al incumplimiento de las normas establecidas, pero a pesar de que el Imperio Romano era pionero en la ingeniería civil y medidas higiénicas con el sistema de alcantarillado, los baños públicos o los sistemas de agua corriente, éstas no fueron suficientes para evitar que las condiciones de insalubridad fueran la constante en la época.

La gente apenas se lavaba las manos, la contaminación de los alimentos era la norma general, los propios baños públicos eran focos de infección, las ciudades estaban infestadas de ratas y moscas, la alta densidad de población y la gran conectividad dentro del Imperio facilitaba la transmisión de todo tipo de bacterias y virus.

Los romanos transformaron el paisaje y lo modificaron a su voluntad, talando y quemando bosques, modificando ríos y drenando cuencas fluviales enteras. Tal y como menciona el historiador Kyle Harper en su ensayo 'El fatal destino de Roma': "Los romanos vivieron en una encrucijada fatídica de la historia humana y la civilización que crearon fue, en aspectos que no podían ni imaginar, víctima de su propio éxito y los caprichos del medio ambiente". La pandemia afectó principalmente a las ciudades, pero su origen estaba fuera de ellas.

Higienismo y especulación bajo el primer capitalismo

Dejemos atrás al Imperio Romano y viajemos en el tiempo hasta la Ciudad Condal, Barcelona, a 1854, a finales de la Primera Revolución Industrial en España. Durante los siglos XVIII y XIX la población fue creciendo hasta tener una densidad de población tal que se estaba poniendo en peligro la salud de las personas. La ciudad por aquel entonces todavía conservaba sus murallas y su crecimiento estaba limitado por el propio espacio definido por su perímetro. Los problemas de salud pública no solo eran frecuentes en Barcelona; las epidemias azotaron duramente las grandes urbes, cada vez más pobladas y con serios problemas de hacinamiento.
 
A pesar de las cuarentenas impuestas para lidiar con la expansión de las enfermedades, la ciencia fue clara respecto a las soluciones que se debían aplicar: era necesaria una ciudad higiénica y funcional que permitiera la igualdad de todos los habitantes.

El urbanismo asumió la responsabilidad que le correspondía y propuso una serie de transformaciones que fueron factores clave para la mejora de la ciudad y de las condiciones de vida de las personas, y en 1859 se abre el proyecto de creación del Eixample de Barcelona.

El responsable del proyecto de expansión de la ciudad derribando las murallas que la constreñían fue Ildefonso Cerdá, ingeniero, urbanista y político. Cerdá, considerado como uno de los fundadores del urbanismo moderno, que pertenecía a la corriente de los socialistas utópicos, muy concienciado con la lucha contra la desigualdad y la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera desarrolló numerosos estudios y tratados en torno a ella defendiendo un equilibrio entre los valores urbanos y las ventajas del medio rural.

Propuso una ampliación de la ciudad en forma de cuadrícula regular, integrando espacios verdes y servicios, calles de anchuras que minimizaban la gran densidad de población y anteponiéndose a las necesidades del futuro, proponiendo un modelo basado en manzanas con patios interiores, que favorecía la ventilación, la entrada de luz natural, e incorporaba una batería de medidas de los movimientos higienistas pero también de necesidades de la clase obrera.

Lamentablemente, en 1859, a pesar de que su proyecto se llevó a cabo, contribuyendo enormemente a la transformación de la ciudad, las presiones del capital hicieron que éste sufriera multitud de modificaciones, como la eliminación de la propuesta de edificar únicamente dos de los cuatro lados de cada manzana, y dedicar los dos restantes a zonas verdes.

Todas estas modificaciones fueron resultado del rechazo y la presión de la burguesía dominante, que no comulgaba con el carácter antiautoritario, antijerárquico, igualitario y racionalista del proyecto de Cerdá; pero también de muchos arquitectos e instituciones públicas que continuaron la inercia del sistema, vaciándolo de gran parte de sus fundamentos ideológicos, de clase e higienistas. La especulación y la densificación acabaron desvirtuando completamente el proyecto, y a pesar de todo ello supuso un claro cambio de paradigma en la forma de planificar las ciudades.

A lo largo de la historia, vemos cómo el conocimiento y la lógica no solo tiene que luchar con el desconocimiento o la ignorancia, sino que el principal obstáculo reside en los poderes económicos y políticos de cada época. Cada fase histórica del capitalismo se puede analizar desde una perspectiva urbanística y geográfica, cualquier sistema socioeconómico modifica directamente el espacio para adaptarlo a sus necesidades, y la propia ejecución de las dinámicas sistémicas y la configuración del espacio influyen directamente en la aparición y dispersión de enfermedades, epidemias y pandemias.

El capitalismo no atiende más que sus propios intereses. Sus respuestas no serán nunca un proceso de reversión de sus propias inercias sistémicas, sino la propuesta de medidas adaptativas a las nuevas condiciones históricas. El propio capitalismo se modifica a sí mismo y se adapta como si de un virus se tratara.

El capitalismo adapta el urbanismo a sus necesidades según la etapa

La industrialización de los siglos XVIII y XIX provocó importantes cambios en el modelo territorial y urbanístico debido a las nuevas necesidades del sistema capitalista y sus diferentes sectores económicos, que requerían una gran concentración de mano de obra y servicios auxiliares.

Esta fase de transformación territorial se compuso de tres factores principales: la migración poblacional del medio rural a las ciudades, la vinculación entre avances industriales y urbanísticos, y la construcción de infraestructuras con una red de carreteras y ferrocarriles. Tal y como refleja Saskia Sassen, de la Universidad de Columbia: "la primera fase keynesiana se caracterizó por la producción en masa, el consumo de masas y la construcción de grandes zonas suburbanas; las personas solo eran consideradas como trabajadores y consumidores."

El capitalismo del siglo XX requirió un modelo territorial y urbanístico concreto, caracterizado por la concentración poblacional y de los centros de producción, una alta sectorización del espacio público, la especulación, gran impacto medioambiental y limitación de la mejora de las condiciones de vida.

En los años setenta y ochenta muchas ciudades sufrieron la ruina económica, los centros urbanos se vaciaron de las empresas tradicionales y de clase media, y se llenaron de firmas especializadas e innovadoras que, aunque contribuyeron a la recuperación económica, profundizaron en la especulación del suelo y la vivienda, así como en la pérdida de capacidad adquisitiva con el aumento de costes de manutención y necesidades básicas.

Este hecho es el mismo que hemos observado en la última fase del capitalismo tardío, con la gentrificación y turistificación de muchos de los barrios obreros y cascos históricos. En la actualidad, con el aumento del comercio electrónico, vemos cómo la ciudad se vacía de tiendas de comercio local, se llena de camiones de reparto, se construyen grandes centros logísticos, y aumenta la congestión con el consiguiente aumento de la contaminación.

¿Y cuáles son las propuestas del capitalismo? Más capitalismo, de manos de soluciones tecnológicas, apostando por la Inteligencia Artificial, el Big Data, la implantación del 5G, el empleo de vehículos eléctricos autónomos y de drones.

Vemos cómo el actual modelo económico y social, basado en el crecimiento exponencial de la economía, en la deuda, en el extractivismo masivo de recursos naturales y el consumismo moldea el espacio natural y urbano a su antojo, sin asumir la responsabilidad de las consecuencias que genera con su funcionamiento (incluyendo las crisis cíclicas que forman parte de su dinámica natural). Y ahora, a paso cambiado, experimentamos otra consecuencia más, hasta ahora infravalorada: el aumento de las enfermedades urbanas y el riesgo epidemiológico.

Según el estudio "Targeting Transmission Pathways for Emerging Zoonotic Disease Surveillance and Control" (Loh et al, 2015): "las principales causas de la aparición de enfermedades zoonóticas (transmitidas de animales no humanos a humanos) son la deforestación y cambios en el uso del suelo (31%), la agricultura industrial (15%), el comercio y el transporte internacional (13%), la industria médica y farmacéutica (11%), las guerras y las hambrunas (7%), el clima (6%), la demografía y el comportamiento del ser humano (4%), el desmantelamiento de la sanidad pública (3%) y el mercado de carne de alimentos silvestres (3%)."

Si atendemos a los agentes que influyen en la dispersión de enfermedades, podemos destacar el clima, la estacionalidad, la demografía y la globalización. Según estimaciones de la ONU, en tan solo un siglo, desde 1950 a 2050, la población mundial que vive en ciudades o zonas urbanas pasará de 700 millones de personas a cerca de 6,5 mil millones.

Actualmente más del 55% de la población mundial vive en ciudades o zonas urbanas. En la UE esta cifra llega a ser superior al 73%, y en España del 79%, además de tener una enorme concentración en las ciudades más pobladas. Para el año 2050 se estima que las cifras mundiales aumentarán hasta casi el 70%, por lo que se puede llegar fácilmente a la conclusión de que el riesgo de dispersión de enfermedades también aumentará.

Es evidente que las enfermedades urbanas y las pandemias son también un problema de planificación urbana y territorial, pero sobre todo son un problema sistémico, ya que es éste el que genera la mayor parte de las causas y factores de dispersión de las mismas. La actual crisis sanitaria, ecológica y económica debe hacernos cuestionar radicalmente el propio sistema, siendo indispensable acudir a la raíz de los problemas, y realizar un análisis deductivo e inductivo del capitalismo.

Capitalismo y pandemias en el siglo XXI
Si atendemos a la particularidad de los espacios urbanizados debemos cuestionar cómo modificamos y habitamos el espacio natural, qué tipo de espacios urbanos generamos, a qué causas responden o qué consecuencias generan. La aglomeración masiva de millones de personas en un mismo espacio, dentro de un mundo globalizado e interdependiente genera inevitablemente una serie de complejidades sistémicas mayor que las soluciones que propone y lleva a cabo.

La interrelación de las actividades socioeconómicas de los diferentes territorios, la elevada influencia de las grandes ciudades sobre los territorios circundantes, la densidad poblacional, y la elevada cantidad de desplazamientos diarios favorece la dispersión de cualquier enfermedad.

Es necesario realizar un análisis profundo y una crítica fundamentada que cuestione la idoneidad de nuestro actual modo de vida, la actual ordenación del territorio, los modelos urbanos de concentración de población, producción y economía; el aumento del tejido urbano, el impacto medioambiental de las zonas urbanas, la dependencia de recursos de las ciudades, etc.

Si trasladamos la reflexión a la cotidianeidad actual, podemos hacer un claro autoanálisis de cómo todas esas consecuencias urbanas del capitalismo condicionan nuestras vidas. Basta con responder una serie de sencillas preguntas sobre la vivienda en las que estamos confinados: superficie, número de estancias, personas que habitamos en ella, existencia de zonas exteriores (balcón, terraza o jardín), cantidad de sol que recibe, si es interior o exterior, número de estancias que tienen ventanas, existencia de problemas de habitabilidad (acústicos, térmicos, de ventilación y de confort espacial y visual), accesibilidad, antigüedad de la vivienda, acceso a servicios básicos (agua, electricidad, gas, calefacción, comunicaciones), proximidad de zonas verdes, distancia al centro de trabajo o de estudios o la proximidad de servicios básicos (hospitales, centros médicos, tiendas, etc.).

El análisis debe ser extendido a la forma en que el entorno urbano condiciona nuestras vidas directa o indirectamente: población total, densidad de población, densidad de viviendas, compacidad del espacio urbano, distancia, tiempo y modo de desplazamientos; morfología de la ciudad, existencia de zonas sectorizadas o no (en barrios residenciales, zona empresarial, zona monumental, zona de servicios y ocio), tipos de transporte más empleados, superficie del área urbana, superficie y distribución de zonas verdes, calidad del aire, confort acústico, confort térmico, accesibilidad, proporción de calles, cantidad de árboles, distancia a redes de transporte público, etc.

Estos indicadores intervienen en la dispersión de enfermedades y la generación de epidemias o pandemias, pero también en la habitabilidad de los entornos urbanizados en el caso de que esas enfermedades se propaguen. El urbanismo no puede desentenderse jamás de su dimensión sanitaria y ecológica, ni del sistema socioeconómico que lo genera. La ruptura del equilibro natural suele desencadenar una serie de cambios ecológicos con consecuencias fatales.

En la crisis sanitaria actual, vemos que existen una serie de factores potenciadores de la probabilidad de riesgo de propagación e impacto: las zonas más castigadas se corresponden con las más densamente pobladas, las más dependientes del turismo, las que más desplazamientos generan, y las que tienen niveles más altos de contaminación.

La transformación del urbanismo hacia una sostenibilidad real no puede darse sin la conformación de una alternativa al capitalismo. Todas las propuestas reactivas adaptativas que se planteen en las ciudades serán insuficientes al intervenirse en un nivel intermedio en la responsabilidad de las causas y propagación de esas enfermedades.

Si realmente queremos minimizar futuras enfermedades y pandemias, es necesario modelar una alternativa que posibilite una nueva distribución territorial, unas nuevas dinámicas poblacionales, una economía que no se base en la deuda y el crecimiento infinito, pero sobre todo es necesario un nuevo sistema que lo permita. Dejemos de normalizar y convivir en la distopía, y luchemos por crear y hacer realidad la utopía.
 
 
NOTA DE IGLU: A pesar de que se afirme en este artículo que algunas de las zonas más afectadas por la actual crisis sanitaria son las más dependientes del turismo, los datos disponibles hasta este momento no lo corroboran: tanto Canarias como Baleares, por ejemplo, son las menos afectadas, siendo las zonas más turísticas de España. El resto de consideraciones parecen bastante acertadas, pero será necesario realizar análisis más precisos al respecto.