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martes, 22 de septiembre de 2020

#hemeroteca #testimonios | Benjamin Moser: "Susan Sontag predijo nuestro mundo de una forma espantosa"

Imagen: El Mundo / Susan Sontag

Benjamin Moser: "Susan Sontag predijo nuestro mundo de una forma espantosa".

Con acceso a los diarios de la gran intelectual, el biógrafo de la intelectual estadounidense publica su imponente trabajo en España tras ganar el Pulitzer y 10 años de trabajo.
Javier Blánquez | El Mundo, 2020-09-22
https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2020/09/22/5f69026e21efa089398b45d4.html 

‘Sontag. Vida y obra’ (Ed. Anagrama) tiene más de 800 páginas, pesa un kilogramo y se presentó el año pasado, en su edición en inglés, con ese halo de autoridad que emiten las semblanzas que aspiran a ser definitivas, tanto es así que ganó el premio Pulitzer de biografía. Pero su autor, Benjamin Moser, indica -y no es una provocación-, que le parece «un libro cortito» para lo que pudiera haber sido, si la prudencia -y la paciencia del lector- no le hubieran impuesto límites.

Y es que nunca antes se le había permitido a un investigador acceder a la totalidad de las fuentes primarias de Susan Sontag -entre ellas, los 100 volúmenes de sus diarios, casi todos inéditos-, ni entrevistar a tantas personas que conocieron a «la reina coronada de nuestra cultura». Tras una década de trabajo, Moser ha conseguido dar con una síntesis explosiva de una vida no menos abrumadora en la que Sontag aparece con todas su luces intelectuales y sus miserias personales.

Susan Sontag no puede resumirse a una idea, era tan desbordante como inspiradora, y tan corrosiva como errática. Fue una estrella en vida, una polemista feroz y, a día de hoy, más de 15 años después de su muerte, una figura intelectual que aún irradia influencia. «Predijo nuestro mundo de manera espantosa», explica Moser. «Yo me dije que nunca más haría una biografía después de la que escribí sobre Clarice Lispector [‘Por qué este mundo’, editada por Siruela], pero cuando me hicieron la propuesta y vi el nombre de Sontag... Era como un sueño».

La primera biografía oficial de Susan Sontag era un caramelo porque todavía sigue siendo recordada, citada, odiada y admirada en los círculos intelectuales más nobles. Hoy, más incluso que cuando estaba en la cúspide de su fama -cuando avasallaba con su cultura desbordante a los popes de las universidades por las que pasó y los críticos literarios de la posguerra-, Sontag es un referente para articular un comentario sobre la cultura de nuestro tiempo: las tesis del feminismo, el rechazo de la masa al principio de autoridad, la degradación del debate público mediante las redes sociales, la ausencia de un centro moral en la posmodernidad fragmentada.

«En la actualidad», señala Moser, «no hay una figura como ella, capaz de decir tantas cosas importantes sobre tantos asuntos esenciales y para tanta gente». Fue, en su opinión, la guardiana de una idea hoy en crisis: la legitimidad de un canon de obras de arte y pensamiento que nos expliquen quiénes somos y cuáles son los cimientos de nuestra civilización, todo ello sin dejar de comprometerse nunca con un firme pensamiento progresista y humanista centrado en conceptos como «la igualdad entre hombre y mujer, la tolerancia religiosa, el valor de la palabra, de la investigación científica y de la vida». De ahí sus textos sobre el dolor, la enfermedad, el liberalismo y la guerra.

En su biografía, Moser narra la vida de Sontag de manera cronológica y construye una imagen poliédrica -amén de caótica- de la intelectual que mejor reflexionó sobre la fotografía y la idea de alta cultura. En sus primeros años se dieron varias circunstancias importantes: creció sin un padre, estaba enfrentada a su madre frívola y se refugió en los libros. A los 14 años había devorado colecciones de clásicos y había leído más que su profesora de literatura. Esto incrustó en ella la idea de que el canon era algo serio, el cimiento de una idea noble para escalar en cotas de progreso e inteligencia.

«Hay un hecho interesante en su vida», indica Moser. «Tuvo alguna clase de relación con todas las personas clave de la cultura de su tiempo. Conoció a Thomas Mann de adolescente en Los Ángeles, a Sartre cuando vivió en Francia, a Bergman cuando fue a Suecia...». Todas esas mentes explicaban el mundo a través de la alta cultura y sus ramales: la política, la ciencia...

Sontag aspiraba a lo mismo y saltó un muro por entonces casi infranqueable, el que obstaculizaba el paso, en los 60, de las mujeres al mundo académico y editorial. Con menos de 30 años ya daba clases en Columbia, escribía en revistas como ‘Partisan Review’ o ‘New York Review of Books’, y se convirtió en una estrella -expresión que su biógrafo cree pertinente- con su ensayo ‘Notas sobre lo camp'.

Moser equipara a Sontag con las grandes divas de su tiempo: Jackie Kennedy, Maria Callas... Era ese perfil de personaje público, de un atractivo magnético, de una gran autoridad que intimidaba, de una modernidad que todavía hoy colea. Y, como todas las divas, tenía sus aspectos geniales y todo tipo de ángulos espinosos en su personalidad que configuran la parte negativa de cómo se le percibía en sus años gloriosos.

Moser no ha querido escribir una hagiografía de Susan Sontag, sino un retrato ponderado en el que también se da cuenta de su dificultad para devolver el amor que le dedicó su última pareja estable, la fotógrafa Annie Leibovitz, su rol controlador y traumatizante como madre de su hijo David, que tuvo a los 19 años con el profesor Philip Rieff durante un matrimonio fallido, o su dependencia durante años del tabaco y las anfetaminas. Por no hablar de su pobre higiene personal y su cobardía para salir públicamente del armario y luchar en favor de los derechos de gais y lesbianas.

Sin embargo, muchos de sus escritos transformaron el mundo. ‘Sobre la fotografía’ y ‘Contra la interpretación’ ayudaron a elevar el arte gay, la imagen fija y el cine al estatus de alta cultura -«en una época en la que la alta cultura era Dante o Shakespeare, pero no Godard»-, y sobre todo se convirtió en una interlocutora atendida por la clase media que, aun sin una fuerte formación cultural, tenía la aspiración de crecer en referentes y encontraba en Sontag una presencia carismática que frecuentaba fiestas y óperas -de ahí su estatus de estrella y diva-, además de una divulgadora que también iba a la guerra del Vietnam o asistía a la caída in situ del muro de Berlín.

El interés por Sontag se mantiene porque sus logros se han fortalecido -«ahora las mujeres están en todo el ámbito intelectual, antes era ella sola»-, a la vez que sus miedos, sobre todo la pérdida de autoridad de nuestra tradición cultural para otorgar un marco moral al mundo, se van haciendo realidad cuando las masas hablan sin formación, se extiende la mentira y se degrada el debate público. Por eso, las 800 páginas de Moser, que con otras vidas serían una extensión suficiente para agotarlas, en este caso sólo rascan la superficie de una mujer genial, caótica, actualísima e irrepetible.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

#libros #biografias | Sontag : vida y obra

Sontag : vida y obra / Benjamin Moser ; traducción de Rita Da Costa.
Barcelona : Anagrama, 2020 [09-02].
832 p.
/ ES / Libros / Biografías / Susan Sontag
📘 ISBN 9788433908131 / 24,90 €
 
[.es] Esta es, sí, una biografía de Sontag: el paradigma de la intelectual pública en la segunda mitad del siglo veinte americano; la renovadora de la crítica, que abarcó y valoró (sin necesariamente nivelarlos) lo supuestamente «alto» y «bajo»; la figura totémica, tan intimidante como magnética, presente en todas las conferencias, y también en todas las portadas de las revistas: casi una marca registrada.

Pero esta biografía empieza siendo la de Sue Rosenblatt, que comenzó a transformarse cuando a los once años, y tras adoptar el apellido de su padrastro, decidió dejar de ser una ‘outsider’. «Solo me interesa la gente que se ha embarcado en un proyecto de transformación personal», escribió Susan Sontag en sus diarios, y en Sontag Benjamin Moser resigue su metamorfosis sin dejar de atender a las grietas por las que aún puede entreverse a Sue: «mi “verdadero yo”, ese ser inerte. Ese yo del que huyo, en parte, cuando estoy con otras personas». Sus primeros textos en ‘Chicago Review’; su matrimonio con el profesor y ensayista Philip Rieff, y la verdadera autoría del primer libro de este; el nacimiento de su hijo David, al que lo unió una problemática dependencia; sus temporadas en Inglaterra y París; el redescubrimiento de su sexualidad y sus relaciones más duraderas, con la dramaturga María Irene Fornés y la fotógrafa Annie Leibovitz; y, por encima de todo, la construcción de una carrera cultivada en ‘The New York Review of Books’ y en la editorial Farrar, Straus and Giroux, en la que sus ensayos señalaron a generaciones enteras qué valía la pena mirar, dónde había que mirarlo y qué implicaba hacerlo en realidad.

Y, recorriendo todos los sitios donde Sontag puso la mirada, Moser dibuja también un mapa de los principales debates intelectuales de su época: la oposición a la Guerra del Vietnam, Cuba como promesa, el comunismo, el compromiso feminista o la crisis del sida, pero también el sitio de Sarajevo o la fetua decretada contra Salman Rushdie.

Personal, penetrante, abarcadora y guiada por un respeto que no cae nunca en lo hagiográfico, ‘Sontag’, que ha sido merecedora del Premio Pulitzer 2020 a la Mejor Biografía, recurre a un despliegue de voces y documentos inéditos hasta ahora para constituir el retrato definitivo de Sue Rosenblatt, Susan Sontag y todas las transformaciones que mediaron entre ellas.

sábado, 18 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura | Beatriz Colomina lo contó primero: cuando las grandes crisis sanitarias transforman la arquitectura

Imagen: Valencia Plaza
Beatriz Colomina lo contó primero: cuando las grandes crisis sanitarias transforman la arquitectura.
Criada a las faldas de la Escuela de Arquitectura de València, Colomina es el gran referente mundial en el vínculo teórico entre arquitectura y salud.
Vicent Molins | Valencia Plaza, 2020-04-18
https://valenciaplaza.com/beatriz-colomina-lo-conto-primero-cuando-las-grandes-crisis-sanitarias-transforman-la-arquitectura

Beatriz Colomina es hoy la gran referente en el mundo por su teorización del contacto entre arquitectura y salud, en una vía interconectada: cómo la salud cambió las costuras de la arquitectura, cómo la arquitectura propulsó la prevención sanitaria. Colomina, primero en Columbia, luego en Princeton, localizó como pocos los puntos de conexión que hacen que habitemos como lo hacemos. Desprovista de obsesión por lo estético o figurativo, ha volcado su mirada en lo más revolucionario: la vida real de aquellos lugares donde pretendemos vivir.

Pero -inciso va- antes de Beatriz estuvo Miguel, su padre. Miguel Colomina definió gran parte de la arquitectura en València en la segunda mitad del siglo XX. Fue director de la Escuela de Arquitectura de València. Fue premio extraordinario a su trayectoria por el Colegio de Arquitectos. Influido por Coderch, Khan, Wright o Le Corbusier, algunos de los mayores elogios le vinieron por su vivienda unifamiliar en Xàbia, en 1963, edificios de viviendas en Cirilo Amorós, 1966, y en la calle Doctor Albiñana de València, 1972.

Justo el abrumador reconocimiento a su padre colaboró a que Beatriz Colomina rastreara su espacio más allá de València. “Todo el mundo allí sabía quién era. Y también quién era yo”, comentó Colomina para El País. “Siempre se gana saliendo. Ha habido dos momentos cruciales en mi vida: cuando decidí estudiar en Barcelona en lugar de en Valencia, donde vivía, y cuando me fui a Nueva York. Esos cambios me hicieron ver la vida de otra manera. No me puedo entender a mí misma sin pensar en esas dos transformaciones”.

Ahora los textos de Beatriz Colomina se revisitan, forman parte de esa gran vela de conocimiento que se iza en busca de la certidumbre. Fundadora y directora del programa Medios y Modernidad en la Escuela de Arquitectura de Princeton, ella, de alguna manera, lo vio primero. Vio cómo la salud, y por tanto la enfermedad, siempre habían estado ahí, propulsando los cambios principales, colándose entre nuestros principios, influyendo desde el principio de los días. Solo el deslumbramiento que provoca el avance desmemoriado hace que la enfermedad se extravíe de nuestros planes. Al entrar en contacto con Susan Sontag entendió la relevancia de su mensaje en el libro ‘La enfermedad y sus metáforas’ -seguido por ‘El sida y sus metáforas’-. Despertó en Colomina todo un horizonte nuevo. “El modo más sano de estar enfermo es huyendo de la metáfora”, señala Sontag, incidiendo en la romantización literaria de la tuberculosis frente a la oscuridad y la habladuría soterrada en torno al cáncer.

Fue la tuberculosis la que infringió, sostiene Colomina, uno de los mayores cambios en las reglas de la arquitectura moderna. “No se puede entender sin la tuberculosis. La hemos estudiado desde todos los puntos de vista: el industrial, el estético... Y nos hemos olvidado de lo más obvio: la vida real. Lo que los arquitectos modernos ofrecían era casi como una receta de salud igual a la que proponían los manuales médicos para tratar la tuberculosis: el aire libre, las terrazas, el sol, la blancura, la higiene... La tuberculosis dominó la primera mitad del siglo XX. Es normal que no solo estuviera en la literatura, sino también en la arquitectura. No hablo de la arquitectura sanitaria. Es la arquitectura moderna la que internaliza este trauma inmenso que era la tuberculosis y trata de ayudar. Se vuelve curativa”, adelantaba Colomina en El País Semanal en 2013.

Si en el siglo XIX los hospitales eran lugares abyectos -indica Colomina-, la realidad comenzó a cambiar cuando las mayores rentas se pusieron a frecuentar los sanatorios con los que calmar sus nervios. El sanatorium de Purkersdorf, en Viena, fue uno de los primeros. Fue entonces cuando esos destinos de salud se convertían en “espacios de deseo”. En ‘X-Ray Architecture’, Beatriz Colomina corrobora cómo los centros sanitarios se convirtieron en el modelo para la vida cotidiana.

Y si la tuberculosis agitó las normas, su técnica de diagnóstico, los rayos X, ejemplifican el impacto de la enfermedad en los edificios: los rayos X permitían ver el interior del cuerpo mientras que la arquitectura moderna, como respuesta, buscaba mostrar el interior de los edificios a través de las fachadas de cristal.

El afán médico por la higiene, la ventilación, la cercanía a la naturaleza, definiría la formación arquitectónica de los hoteles y del turismo de masas, primero en un entorno alpino y más tarde cerca del sol y playa. La aparición de la estreptomicina se demostró mucho más provechosa, pero la influencia en la manera de habitar ya no tenía vuelta atrás.

El sanatorio antituberculoso Paimio, de Alvar Aalto, entre los bosques de pinos finlandeses, suele ser buena muestra de aquel momento. La enfermedad del propio arquitecto Aalto fue determinante para que concibiera sus edificios desde otra perspectiva. Beatriz Colomina se refiere a ello estos días. “Dijo que la arquitectura siempre se concibe para personas sanas, que están en pie, y sin embargo debemos diseñar para las personas en posición más débil. Esto fue revelador para mí”, comenta Colomina para la publicación arquitectónica Pin-Up. “Hoy, con nuestra creciente conciencia de la cuestión de la discapacidad, se agregan rampas y otros dispositivos como una ocurrencia tardía, pero a menudo los edificios no funcionan para todos. Pero lo que Aalto estaba diciendo es el camino que no se tomó en arquitectura: que si siempre diseñamos para aquellos en la posición más débil, todos los demás estarán bien”.

Beatriz Colomina, preguntada por lo inevitable -los efectos transformadores de la nueva crisis sanitaria- apunta: “se parece más a las epidemias de cólera del siglo XIX que asolaron ciudades de todo el mundo oleada tras oleada y provocaron enormes cambios en la infraestructura y el diseño urbano. La pregunta para nosotros es cómo el coronavirus cambiará la arquitectura y la ciudad (...) los arquitectos estaban muy involucrados en el diseño de la salud, colaborando activamente con médicos y científicos. ¡Tenemos que despertar y hacerlo de nuevo!”.

‘X-Ray Architecture’ o ‘La domesticidad en guerra’ son dos de los libros que acompañan bien la lectura de este tiempo. Escritos por quien se marchó de València para encontrarse.

viernes, 27 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #vih | No es una guerra: el coronavirus y la advertencia de Susan Sontag

Imagen: El Confidencial / Susan Sontag
No es una guerra: el coronavirus y la advertencia de Susan Sontag.
La desaparecida escritora estadounidense escribió 'La enfermedad y sus metáforas' cuando el cáncer era un tabú absoluto, y sus enseñanzas siguen siendo útiles en estos tiempos de pandemia.
Rubén Amón | El Confidencial, 2020-03-27
https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-03-27/coronavirus-guerra-advertencia-susan-sontag_2519016/

La primera vez que las enfermedades se convirtieron en metáfora militar fue en 1880, precisamente cuando se observaron las bacterias como agentes patógenos y cuando se las relacionó con la invasión y la infiltración en el cuerpo humano. Había que combatirlas. Y transformarlas en un enemigo de connotaciones bélicas cuyo valor alegórico ha terminado generalizándose. La guerra contra el cáncer es ahora la guerra contra el coronavirus.

Explica el fenómeno Susan Sontag en un ensayo de 1978 cuya vigencia se entiende en la propia repercusión epidemiológica y sanitaria del Covid-19. “La enfermedad se convierte en el enemigo contra el que la sociedad entera debe alzarse en pie de guerra”, señala la escritora neoyorquina en alusión al cáncer, pero también advierte del efecto contraproducente que implica la analogía castrense, no ya porque se desvirtúa el rigor científico y se degrada a los enfermos, sino porque la retórica militar o la épica suscitan el desasosiego y el desánimo de quienes la padecen o la combaten.

Una guerra es devastadora, independientemente de que se termine ganando. Y es un mal enfoque cultural en el que se está volviendo a incurrir cada vez que cogen el megáfono los coroneles laicos. Habla Sánchez de economía de guerra. Y de guerra al coronavirus. Se recrudecen las crónicas belicistas tanto como se descuida el efecto psicológico que conlleva luchar desde el frente, atrincherarse, derrotar a un virus hipercontagioso e invisible.

Susan Sontag escribió 'La enfermedad y sus metáforas' cuando el cáncer era un tabú absoluto y cuando la tuberculosis estaba casi erradicada, pero el ensayo también aludía a la buena fama literaria de esta última enfermedad. Por los mártires que la padecieron —Chejov, las Brönte, Chopin, Modigliani, Novalis— y por la reputación del padecimiento entre los románticos, más o menos como si un cuerpo frágil y lánguido predispusiera la visita de las musas, antes de que aparecieran las parcas. La enfermedad de los poetas, se llamaba a la tuberculosis, mientras que el cáncer se clasificaba como una enfermedad siniestra y oculta que solo tenía sentido exponerse en el campo de batalla. El tumor avanzaba silencioso. E intentaba derrotarse con el acopio de química y radiaciones devastadoras.

La propia Sontag padeció cáncer y tuvo que prolongar sus consideraciones metafóricas cuando apareció la epidemia aniquiladora del sida. Una suerte de maldición bíblica que condenaba a los homosexuales y a los libertinos. Y que luego extendía su ferocidad a los promiscuos y a los drogadictos, de tal manera que los más exacerbados militantes religiosos observaron en el acrónimo del VIH al Dios justiciero y vengador del Antiguo Testamento.

Guerra y estigma
El sida era una enfermedad más vergonzosa aún que el cáncer. Porque escarmentaba el desorden de la vida sexual. Porque maldecía a los sodomitas. Y porque convertía al enfermo en culpable, amén de prisionero de guerra en el lenguaje social. “Las metáforas militares”, escribe Sontag, “contribuyen a estigmatizar ciertas enfermedades y, por ende, a quienes están enfermos (...) Todas las enfermedades metaforizadas que rondan la imaginación colectiva tienen muertes duras, o así se cree. Que una enfermedad sea mortal no basta para provocar terror —el infarto es un claro ejemplo de patología mortal prestigiosa—. Las enfermedades más aterradoras son las que parecen no solo letales sino deshumanizadoras, en sentido literal”.

Tienen un valor premonitorio las palabras de Sontag. Las escribió en 1989, pero tanto sirven para definir la situación de psicosis en que nos encontramos. Y la clasificación de la sociedad entre infectados y no infectados. El coronavirus es una pandemia cuyo valor simbólico es más letal incluso que su ferocidad biológica. Lo demuestra, evocando a Sontag, la naturalidad y familiaridad con que ha reaparecido el lenguaje militar entre los cronistas, los políticos y hasta los enfermos que padecen el brote.

Le decepcionaría a Sontag la ineficacia de sus ensayos. Los había escrito para liberarnos de las “metáforas siniestras”. Y para sustituirlas acaso por metáforas de connotaciones científicas, incluidas las “defensas naturales” (sistema inmunológico) y las alegorías terapéuticas no culpabilizadoras. Era y es una tarea imposible. El coronavirus se nutre de la mixtificación y de la sobrecarga fantasiosa que tanto preocupaban a Sontag cuando exponía ante la sociedad el tabú del cáncer.

“Las metáforas que hemos impuesto”, razona Sontag, “denotan las vastas deficiencias de nuestra cultura, la falta de profundidad en nuestro modo de encarar la muerte, nuestras angustias en materia sentimental, nuestra negligencia y nuestros problemas de crecimiento”.

martes, 2 de julio de 2019

#hemeroteca #arquitectura #enfermedades | Cómo la tuberculosis y los rayos X cambiaron la arquitectura y nuestras ciudades

Imagen: El País / Sanatorio en Paimio diseñado por Alvar Aalto
Cómo la tuberculosis y los rayos X cambiaron la arquitectura y nuestras ciudades.
La obsesión por evitar el polvo y la nueva visión que iluminaron los avances en técnicas diagnósticas renovaron las normas constructivas. Hoy, enfermedades como las alergias o el autismo configuran nuevas formas de crear edificios.
Ianko López | Icon Design, 2019-07-02
https://elpais.com/elpais/2019/07/02/icon_design/1562053428_488068.html

La relación entre la enfermedad y la arquitectura puede no resultar evidente, y sin embargo está ahí. Para la arquitecta y teórica Beatriz Colomina (Madrid, 1952) es incluso el tema sobre el que han girado la mayor parte de sus investigaciones durante las últimas cuatro décadas. En 1980, y tras haber estudiado arquitectura en Barcelona, llegó como ‘fellow’ al New York Instiute for the Humanities, donde coincidió con compañeros tan prestigiosos como la escritora Susan Sontag. Hacía un par de años que se había publicado un libro de esta última, ‘Illness as Metaphor’ (Picador USA, 1978), donde se cuestionaba y exploraba el entramado simbólico asociado a distintas enfermedades (ella misma estaba tratándose de un cáncer de mama mientras lo escribía, aunque esta circunstancia no se citaba en el texto), entre ellas la tuberculosis, tradicionalmente considerada una "enfermedad creativa".

"Aquel libro me causó una gran impresión", explica Beatriz Colomina a ICON Design. "Y de repente empecé a ver la arquitectura moderna desde el punto de vista de la enfermedad, incluyendo todas las patologías, reales o imaginarias". Agorafobia, claustrofobia, desórdenes nerviosos en general... y, sobre todo, la tuberculosis.

En su libro ‘X-Ray Architecture’ (Lars Müller Publishers, 2019), publicado en inglés, condensa la relación particularmente intensa entre esta última dolencia y la arquitectura moderna. Colomina explica aquí cómo en el siglo XIX y principios del siglo XX se extendió en la sociedad occidental una obsesión por la tuberculosis y por los medios para combatirla —la higiene extrema, la adecuada ventilación, la aversión al polvo, las paredes blancas—, que habrían determinado los derroteros del Movimiento Moderno de Arquitectura.

Así, se remite a un edificio totémico de la modernidad nórdica, el sanatorio para tuberculosos en Paimio de Alvar Aalto, proyectado en 1929, donde incluso las uniones entre los muros y el suelo son redondeadas para evitar la acumulación del polvo, considerado letal para los enfermos (al describir cómo los cadáveres de los enfermos menos afortunados eran hurtados al ojo del resto de los pacientes y después rápidamente desalojados, Colomina obtiene uno de los fragmentos más fascinantes de su análisis).

Pero el libro no se limita a glosar casos tan evidentes como este: también dedica un buen número de páginas a desarrollar el caso de Le Corbusier, cuyas viviendas orientadas al sol, con amplias terrazas y azoteas en los que practicar la "vida sana" —irónicamente, Colomina advierte de que, al parecer, el riesgo de desarrollar cáncer de piel no entraba en sus cálculos—, y elevadas sobre pilotes para despegarse del contacto con la tierra insalubre, serían consecuencia de esta misma obsesión con la infección pulmonar. Se recuerda asimismo cómo en su ensayo ‘Vers une architecture’ (1923) el arquitecto suizo ya había denunciado las casas tradicionales como agentes debilitantes del organismo.

Por cierto, Colomina tampoco teme explorar las vinculaciones entre Le Corbusier y el fascismo a partir de su relación con el doctor Pierre Winter, que le introdujo en el culto a la actividad física al aire libre como medio para librarse de la fatiga y el estrés. Además de amar la práctica deportiva, Winter era seguidor de Georges Valois, el autoproclamado Mussolini francés que fundó el partido ultraderechista Le Faisceau en 1925. "El impulso totalitario está por todas partes en la obra de Le Corbusier", afirma Colomina. "Era muy controlador, y para él la salud era una excusa para crear nuevas reglas. En cuanto a Winter, él llega a escribir del plan de Le Corbusier para París que solo un fuerte programa de urbanismo, el de un gobierno fascista, es capaz de adaptar la ciudad moderna a las necesidades de todos".

Visión de rayos X: cuando el interior deja de ser oculto
Tan interesante o más que todas estas vinculaciones es la que Colomina establece entre la arquitectura y los rayos X en su aplicación al diagnóstico médico, un descubrimiento de finales del siglo XIX que revolucionó el modo en que el ser humano contemplaba la realidad, cambiando para siempre las nociones de lo interior y lo exterior, de lo visible y lo invisible, que de pronto quedaban invertidas. Las célebres y muy influyentes casas de cristal de Richard Neutra o Mies Van der Rohe se habrían hecho eco de esta nueva cosmovisión, en la que la transparencia de los muros permitía contemplar desde el exterior las entrañas de la vida doméstica, antes ocultas.

Este paradigma aún perdura, y no solo por la vigencia de los muros de cristal en distintas tipologías arquitectónicas. Basta con pararnos a pensar en momentos de nuestra vida cotidiana que ya damos por hecho, como cuando debemos coger un avión o un tren, o simplemente acceder a algunos edificios institucionales. "¿Cuántas veces al día somos escaneados?", se pregunta Colomina. "El de los rayos X no es un capítulo cerrado, e incluso quizá se haya intensificado".

Pero cada época tiene su enfermedad característica, y del mismo modo que hace más de un siglo advino el imperio de la tuberculosis, nuestros tiempos están marcados entre otros fenómenos por la infección por VIH. De hecho es importante recordar que, poco después de que Susan Sontag publicara el ensayo que sirvió de inspiración para la línea de investigación de Beatriz Colomina, estallaba oficialmente la crisis del sida. Y la arquitectura tampoco ha sido inmune a sus efectos, como admite la arquitecta española: "Cada enfermedad cambia el paisaje de la arquitectura. Uno de mis estudiantes de doctorado, Ivan López Munuera, está estudiando el impacto arquitectónico y urbanístico del sida. Y hoy tenemos otro tipo de enfermedades con efectos diferentes: piensa en la epidemia de alergias, o en el autismo. La arquitectura no puede permanecer igual".

martes, 23 de enero de 2018

#hemeroteca #literatura #mujeres | Susan Sontag: La otra cara de una autora ineludible

Imagen: Página 12 / Susan Santog
La otra cara de una autora ineludible.
Aparece "Declaración. Cuentos reunidos", con textos inéditos de Susan Sontag. La escritora estadounidense es mucho más conocida por sus ensayos, pero el libro, que incluye un cuento nunca editado en castellano, permite tomar el peso a su calidad narrativa.
Silvina Friera | Página 12, 2018-01-23
https://www.pagina12.com.ar/90878-la-otra-cara-de-una-autora-ineludible

“La sala de estar está bien para los ensayos, pero los relatos hay que escribirlos en el dormitorio”, decía la escritora estadounidense Susan Sontag (1933-2004), más recordada por sus ensayos que por sus ficciones, estableciendo una división donde la intimidad queda en el campo de maniobras de la narrativa breve. A trece años de la muerte de una de las intelectuales más importantes de la segunda mitad del siglo XX, en febrero llegará a las librerías "Declaración. Cuentos reunidos", publicado por Literatura Random House, revisado y prologado por Aurelio Major, que incorpora cuatro nuevas piezas a la edición británica, hasta ahora no recogidas en libro. Los cuentos que se añaden son: “Descripción (de una descripción)” (1984), “El cómico lamento de Píramo y Lisbe” (1990), “Diálogo entre un descendiente de Noé y un pájaro” (1992) y “Un Parsifal” (1991), este último en versión castellana de Carlos Mayor, que aún permanecía inédito en español.
 
"Declaració"' reúne cuentos de Sontag escritos a lo largo de casi tres décadas. La diversidad de estilos constituye uno de sus mayores atractivos: la alegoría, la parábola, el diario, el cuento autobiográfico, el documental o la escena teatral son algunas de las formas de las que se sirve para atrapar fragmentos de vida y dar respuesta a sus miedos y aflicciones, algo que no podía hacer en el ensayo. Al volumen de relatos "Yo, etcétera", publicado en 1978, se añaden piezas posteriores como “Peregrinación”, en la que una Sontag adolescente conoce al escritor alemán Thomas Mann (1875-1955) en su casa de Los Ángeles, o “Así vivimos ahora”, en el que da cuenta de la devastadora crisis que trajo consigo la irrupción del sida en determinados círculos sociales. Benjamin Taylor, autor del prólogo, plantea que fue una autora de cuentos “esporádica, más que empedernida, y recurrió al género en la medida en que surgían determinadas necesidades expresivas que de otro modo no podían satisfacerse”.

Taylor advierte que en los relatos se libra “una batalla campal por la sabiduría: a un golpe experiencial le sigue una declaración”. “Semejantes confesiones no eran cómodas para Sontag. Al leerlas –sobre todo las más personales–, se descubre el motivo. Antón Chéjov, el mayor cuentista, se refirió a su ‘autobiografifobia’, un padecimiento con el que Sontag se identificaba. En relatos maestros como ‘Proyecto para un viaje a China’, ‘Declaración’, ‘Viaje sin guía’ y otros, burla esa reticencia natural. El peso de la dificultad que dichos cuentos desplazan –la muerte de un padre; el suicidio de una amiga; la amenaza de una enfermedad mortal–, los aleja de su producción ensayística, mucho más extensa y frecuente. Si esta última siempre será más célebre, los cuentos son adonde debemos dirigirnos para conocer a Sontag más íntimamente”, plantea el prologuista. “Algunos críticos han señalado que sus cuentos bien podrían llamarse ensayos personales. Pero ello es no entenderlos”, aclara Taylor. Sontag consideraba que los ensayos eran una palestra para llegar a comprender lo que pensaba, para decidirse. Sus cuentos emanan, por el contrario, de la necesidad de permanecer en suspenso, de aferrarse a las contradicciones, aunque también de lograr que dicha perplejidad rinda frutos”. Taylor cita como ejemplo un fragmento de “Proyecto para un viaje a China”: “Consentiría gustosamente en permanecer callada. Pero entonces, ¡ay!, es difícil saber algo. Para renunciar a la literatura debería estar realmente segura de que podría saber. Certidumbre que demostraría groseramente mi ignorancia”.

Por su vasta formación filosófica y su pasión por la literatura de vanguardia, Sontag se convirtió, “más que ningún otro estadounidense, en el eslabón con la literatura europea actual”, opinaba su colega Gore Vidal (1925-2012), al editar tempranamente textos escogidos de Roland Barthes y Antonin Artaud. En 1963 publicó su primera novela "El benefactor", a la que seguirían "Estuche de muerte" (1967), "El amante del volcán" (1992) y "En América" (1999), con la que ganó el National Book Award en 2000, uno de los premios más prestigiosos de su país. “Tengo la impresión de que la literatura amplió mi capacidad de compasión”, estimó la escritora, por “la forma de llevarnos a mundos diferentes, envolvernos en su contexto, y hacernos sentir partícipes de una historia ajena”. Cuando a mediados de los 70 le diagnosticaron cáncer, con la misma actitud combativa con la que se comprometía en luchas políticas y sociales, le torció el brazo a la muerte escribiendo uno de sus ensayos más conocidos: "La enfermedad y sus metáforas" (1977).

Al final del prólogo de "Declaración", Taylor augura que una nueva generación de lectores descubrirá que los cuentos de la escritora estadounidense son absolutamente contemporáneos. “Sontag, como siempre, iba por delante de la gente”, concluye el prologuista.

jueves, 26 de enero de 2017

#hemeroteca #fotografia #exposiciones | Peter Hujar, la cámara y la intimidad

Imagen: Fundación Mapfre / Susan Sontag (1977), por Peter Hujar
Peter Hujar, la cámara y la intimidad.
Hoyesarte, 2017-01-26
http://www.hoyesarte.com/evento/2017/01/peter-hujar-la-camara-y-la-intimidad/

La Sala Garriga i Nogués de Fundación MAPFRE en Barcelona acoge 'A la velocidad de la vida', una exposición del fotógrafo estadounidense Peter Hujar (Nueva Jersey, Trenton, 1934 - Nueva York, 1987) que reúne 160 obras que van desde 1950 hasta su fallecimiento. Sus retratos ejercieron una influencia clave y transformadora en la fotografía de la segunda mitad del siglo XX. La muestra se organiza, según las preferencias del artista, en yuxtaposiciones enérgicas, sorprendentes y a veces desconcertantes.

Su trayectoria, que estuvo marcada por su evolución personal más que por éxitos palpables, se desarrolló durante las décadas de los años 1950, 1960 y 1970, coincidiendo con un Nueva York que era escenario de los primeros movimientos de liberación homosexual y de los estragos causados por el sida en la década de 1980.

La utilización del blanco y negro, junto con un estilo definido por la sencillez, hace que sus fotografías resulten profundamente evocadoras y conmovedoras. A través de su cámara, Hujar profundiza en el que es su principal interés: generar una atmósfera de intimidad que le permita establecer una relación directa con el retratado y adentrarse en su verdadera naturaleza.

En el primer tramo de la exposición se encuentran las fotografías que realizó entre 1950 y 1960. Hujar aspiraba a ser fotógrafo de moda como sus ídolos, Lisettet Model, Irving Penn y Richard Avedon, de quien recibió clases magistrales.

Sontag y Warhol
Entre los años 1958 y 1963 vivió principalmente en Italia y tras estudiar un año de cinematografía en Roma regresó a Nueva York. De esta época destacan las fotografías sobre las catacumbas de Palermo.

Una vez establecido en la Gran Manzana se movió en el círculo de la escritora Susan Sontag, a la que retrató en 1975, y la Factoría de Andy Warhol, y durante cuatro años se dedicó a ser fotógrafo de moda. Publicó sus fotografías en ‘Harper’s Bazaar’ y ‘GQ’ antes de llegar a la conclusión de que el ajetreo del trabajo en las revistas no era lo suyo.

La segunda parte de la exposición muestra sus obras más tardías, fotografías que van desde 1970 hasta su muerte. En 1973, Hujar dejó sus aspiraciones profesionales para centrarse en lo que verdaderamente le motivaba. Fotografió, siempre en blanco y negro, el ambiente bohemio y radical del ‘downtown’ neoyorquino de estos años, donde los protagonistas son escritores, cineastas, actores y las subculturas.

Destacan los retratos que hizo a su amigo el actor ‘drag’ Ethyl Eichelberger y las que realizó en las zonas más deprimidas de los alrededores de la ciudad. Aquí fotografió las ruinas industriales y los muelles abandonados del Hudson en la parte baja de Manhattan.

Peter Hujar murió en 1987, 11 meses después de ser diagnosticado de sida.

#hemeroteca #fotografia #exposiciones | La herida tranquila

Imagen: El País / David Wojnarowcz Reclining (2), de Peter Hujar
La herida tranquila.
Las fotografías de Peter Hujar devuelven la vida en Barcelona a los protagonistas del 'underground' neoyorquino.
Ángela Molina | El País, 2017-01-26
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/25/babelia/1485371399_274603.html

La Fundación Maphre ofrece una exposición de Peter Hujar (1934-1987), autor más conocido por sus relaciones con otros artistas y escritores que como fotógrafo por derecho propio, aun cuando el oficio fue para él más que una obsesión: una forma de mirar el mundo. Concienzudo y enamorado de lo específico, jamás idealizó un tema. Le interesaba la belleza, pero no la ideal, sino la que era fruto de un acuerdo entre lo que encontraba en las calles, en el campo y en las relaciones con sus amigos y amantes, y aquello que deseaba. Deseo e impulso daban como resultado la imagen de una sola pierna desnuda, el mármol hecho carne en un cuerpo contorsionado, las efigies gemelas de dos vacas, un rascacielos, una casucha derrumbada.

Joel Smith, comisario de la retrospectiva y director del departamento de Fotografía de la Morgan and Library & Museum de Nueva York, institución que presta los fondos, apunta que Hujar solía alimentar el misterio sobre su pasado. “Ocultaba su infancia mediante el silencio y la distracción. Según una versión que él mismo utilizaba, era hijo de una corista de Hollywood. Si le presionaban, llegaba a admitir que era de Nueva Jersey y que se crio en una granja con sus abuelos, inmigrantes polacos”. Su padre, panadero y quizás contrabandista, le abandonó antes de nacer. Su madre era camarera y vivía -y bebía- con un corredor de apuestas. Era larguirucho y tenía un humor cambiante. Su madre lo veía como un ser “horrible”, el perfecto modelo que hubiera atraído el objetivo de Diane Arbus. Un día, borracha, le tiró una botella de alcohol a la cabeza. Tras el incidente, el joven Peter se marchó de casa. Deseaba afirmar el sentimiento de su propia individualidad y descubrió que sólo la fotografía le podía conceder ese aura.

A los dieciséis años se matriculó en la High School of Art & Design y consiguió una codiciada plaza en las clases magistrales de Richard Avedon. Empezó a frecuentar los ambientes alternativos y trash del East Village y muy pronto formó una nueva familia con sus amigos: William S. Borroughs, Andy Warhol, Fran Lebowitz, Robert Wilson, Vince Aletti, Paul Thek, David Wojnarowicz o Nan Goldin. Todos formaban parte de la arqueología social del Manhattan de los setenta y más inequívocamente de los años del SIDA. Hujar vivía una vida precaria que iba salvando con pequeños trabajos en revistas de moda y publicidad. Detestaba la economía moral del mundo artístico neoyorquino y se quejaba de no tener más reconocimiento que Robert Mapplethorpe, de quien envidiaba su “notoriedad inmerecida”.

Nunca fue un hábil retratista ni buscó un estilo propio. Prefería la tradición: retrataba a sus amantes como lo hubiera hecho Julia Margaret Cameron y escrutaba a los marineros de la calle Christopher como si fuera el geógrafo John Thomson. Sus modelos naturales italianos parecían haberse detenido momentáneamente para posar frente al ojo de August Sander; y en sus autorretratos, buscaba el espejo de Richard Avedon (le gustaba dejar a la vista los bordes negros para demostrar que él mismo había impreso el negativo). Miraba Nueva York como William Klein; y sus educados retratos de travestidos y gemelos tenían el sesgo de Diane Arbus.

La fotografía de Hujar es una herida tranquila, delicada, sin sangre, que se ahonda en la interpretación de una existencia corrompida por las ‘metáforas de la enfermedad ‘y contra lo que no pudo hacer nada su amiga, la ensayista y escritora Susan Sontag. En las salas de la Casa Garriga Nogués, decenas de imágenes en blanco y negro aparecen agrupadas por constelaciones, conversan unas con otras eludiendo los géneros (animal, retrato, pose de moda, ruina, paisaje) como su autor las habría mostrado. Son un tributo a una mirada desconcertada que siempre buscó la levedad.

viernes, 10 de octubre de 2008

#libros #filosofia #sida | La enfermedad y sus metáforas ; El sida y sus metáforas

La enfermedad y sus metáforas ; El sida y sus metáforas / Susan Sontag ;  traducción de Mario Muchnik Clemans.
Barcelona : Debolsillo, 2008 [10-10].
208 p.
Colección: Contemporánea.
ISBN 9788483467800 / 9,95 €

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/ Enfermedades / Estigma / Filosofía / VIH-Sida

Este volumen reúne los ensayos, ‘La enfermedad y sus metáforas’ y ‘El sida y sus metáforas’, que siguen ejerciendo una influencia enorme en la reflexión médica y en las vidas de miles de pacientes y cuidadores. Susan Sontag escribió ‘La enfermedad y sus metáforas’ en 1978, mientras se trataba de un cáncer. En el libro quiso demostrar cómo los mitos acerca de algunas enfermedades, en especial del cáncer, añaden más dolor al sufrimiento de los pacientes y a menudo los cohíben en la búsqueda de tratamiento adecuado. Casi una década después, con la irrupción de una nueva enfermedad estigmatizada y transida de incertidumbres y «fantasías punitivas», Sontag escribió ‘El sida y sus metáforas’, extendiendo los argumentos del libro anterior a la pandemia de sida.