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domingo, 26 de mayo de 2019

#hemeroteca #arte #sida | Siguen las guerras culturales y del sida: David Wojnarowicz llega al Reina Sofía

Imagen: Vanity Fair / David Wojnarowicz
Siguen las guerras culturales y del sida: David Wojnarowicz llega al Reina Sofía.
Este artista y activista fue uno de los protagonistas del entorno cultural del East Village, en Nueva York. Aunque falleció con 38 años le dio tiempo convertirse en uno de los autores de referencia de su época.
Ianko López | Vanity Fair, 2019-05-26
https://www.revistavanityfair.es/cultura/articulos/llega-a-madrid-david-wojnarowicz-el-artista-y-activista-victima-del-sida/38370

Cuando el verano pasado se inauguraba en el Whitney Museum de Nueva York la exposición “David Wojnarowicz: History Keeps Me Awake at Night” la crítica alabó su calidad y relevancia, pero también hubo polémica. Para muchos era vital que al abordar la figura de David Wojnarowicz (1954-1992) se tuviera en cuenta que no solo fue un artista plástico, sino un activo militante por los derechos LGTBI y contra el sida, la pandemia que acabó segando su vida. Miembros de la organización ACT UP, dedicada a llamar la atención sobre el sida y promover los avances necesarios para su erradicación, llegaron a protestar ante las puertas del museo.

Bajo su perspectiva, la exposición incidía tanto en el retrato de un determinado lugar y tiempo –el barrio del East Village neoyorquino de finales de los 70 a principios de los 90- que parecía deducirse la idea de que la crisis del sida es hoy materia de historiadores más que de científicos y políticos, es decir, una cuestión del pasado: “El sida no es historia”, afirmaban en un manifiesto.

”La crisis del sida no murió con David Wojnarowicz. Cuando hablamos del VIH/sida sin admitir que aún hay una epidemia, la crisis continúa tranquilamente y la gente sigue muriendo”. El Whitney dio por concluida la cuestión incluyendo en la muestra una etiqueta adhesiva que reconocía la contribución de ACT UP a la lucha contra la enfermedad y sus consecuencias.

La exposición llega ahora al Reina Sofía (desde el 29 de mayo) con el mismo título (“La historia me quita el sueño”) y los mismos comisarios, David Breslin y David Kiehl, lo que hace pensar que se mantendrá el enfoque original. Pocos dudan de que se trata de uno de los eventos culturales de mayor calidad en esta temporada en Madrid, pero también se constata la expectación por comprobar si se reproducen las críticas recibidas en la versión neoyorquina.

David Wojnarowicz nació en New Jersey en 1954, en una familia disfuncional. Su padre, Ed, tripulante en embarcaciones de pasajeros, era un hombre alcohólico y violento y maltrataba a la madre y a los tres hermanos. Es conocida la anécdota de que en una ocasión les sirvió para cenar el conejo que hasta entonces había sido su mascota doméstica. David se trasladó con su madre a Nueva York, pero siendo aún adolescente se independizó para empezar una nueva vida que pasaba por ganarse el sustento en las calles. Se acostumbró a balancearse al borde del abismo vendiendo su cuerpo en los piers del este de Manhattan, mientras comenzaba a desarrollar un trabajo como escritor y artista plástico. Cantó en un grupo musical llamado 3 Teens Kill 4 (“Tres adolescentes asesinan a cuatro personas”), nombre que reproducía irónicamente un titular sensacionalista del New York Post. También trabajó como chico para todo en Danceteria, el mítico night club donde además de pincharse música se proyectaban vídeos, entonces una novedad. Con las experiencias recogidas en aquellos días (y noches) publicó un libro titulado “The Watefront Journals”, compuesto por una serie de monólogos de los personajes marginales con los que se cruzó.

Tras un breve viaje a París para visitar a su hermana Pat, que se había mudado a Francia, tomó contacto con la figura del poeta simbolista del siglo XIX Arthur Rimbaud, prototipo del artista maldito de vida breve y vertiginosa. De vuelta a Nueva York, a finales de los 70 realizó 'Rimbaud in New York', una serie fotográfica en la que varios de sus conocidos posaban realizando distintas actividades cotidianas en distintos entornos de la ciudad y con el rostro cubierto por una máscara de Rimbaud, como doble retrato íntimo y social, colectivo e individual, en el que el rostro del poeta francés le servía al mismo tiempo de disfraz y espejo.

En 1980 conoció a otra persona fundamental en su formación artística y emocional, el fotógrafo Peter Hujar. Era forzoso que de aquel encuentro surgieran chispas. Ambos compartían un historial de maltrato infantil y una irrupción precoz y conflictiva en la vida adulta. Pero Hujar tenía veinte años más, y había participado en 1969 en las revueltas por los derechos de la comunidad homosexual de Stonewall, por lo que poseía un robusto carnet de militancia. Además, había estudiado con el maestro de la foto de moda Richard Avedon y trabajado para publicaciones mainstream como GQ y Harper’s Bazaar antes de dedicarse en exclusiva a la fotografía artística.

Hujar vio en Wojnarowicz potencial como artista plástico, y fue él quien le convenció para que se aplicara en el dibujo y la pintura en lugar de centrarse en su vocación original como escritor. Que al inicio ambos se implicaran en una relación erótico-sentimental puede entenderse como una etapa breve y necesaria hacia una relación más compleja, que los convertía al mismo tiempo en amigos, hermanos, padre e hijo. El arte de Hujar, más estático y plásticamente sofisticado, tendía pese a su superficie moderna al pictoricismo de maestros como Avedon o Horst P. Horst, mientas el arte radical de Wojnarowicz resultaba más “sucio” estéticamente y performativo en su desarrollo.

Gracias a una dinámica escena creativa y a la abundancia de edificios abandonados, en aquellos días el East Village se convirtió en el nuevo SoHo: donde antes no se registraba más vitalidad que la de los siempre boyantes negocios de la droga y la prostitución, ahora (también) abrían galerías de arte y espacios alternativos. A la espera de la explosión gentrificadora por llegar, una comunidad de artistas hacían la guerra por su cuenta, lo que incluía nombres como Keith Haring, Nan Goldin, Jenny Holzer o Jean-Michel Basquiat.

En una breve visita a Madrid el año pasado con motivo de la exposición que la Fundación Loewe dedicó a las fotografías de Hujar y Wojnarowicz, la escritora Fran Lebowitz, amiga de los artistas, rememoraba el frenesí de aquellos días y bromeaba sobre la escasa importancia que entonces daba al trabajo de sus compañeros: “No paraban de regalarme sus obras. Llegó un momento que no me cabían en la basura, tenía que saltar encima del cubo para que entraran” (en una reciente subasta se vendían obras de Wojnarowicz por precios que se acercaban al millón de dólares).

Pero por aquel entonces empezaban a librarse dos grandes batallas cuyo fragor arrasó especialmente en aquel entorno. La primera tienen de hecho nombre de contienda militar: las llamadas guerras culturales enfrentaban al establishment conservador (la administración Reagan comenzaba en 1981) con el sector de los creadores, a menudo irreverentes en su enfoque cuestiones políticas y religiosas (recordemos el caso del Piss Christ de Andrés Serrano).

La segunda ofensiva a la que tuvo que hacer frente fue al estallido de la crisis del sida. En 1987, Hujar fallecería como consecuencia de complicaciones derivadas de la infección. Ese mismo año le esperaba el diagnóstico positivo al propio Wojnarowicz. Pero también era aquel el año en que se creaba la organización ACT UP, dedicada a llamar la atención sobre la pandemia y promover los avances necesarios para su erradicación, a la que Wojnarowicz se adscribió rápidamente. En los años siguientes combinó este activismo con un intenso proceso creativo, de manera que de algún modo ambas cosas –y su propia vida- se convirtieron en una misma. En ese tiempo realizó algunas de sus mejores obras, como el foto-collage 'One Day, This Kid'. En él vemos una imagen de él siendo niño –un niño de rasgos irregulares y poco clásicos, que parece anticipar al hombre que surgirá de él pero que en su sonrisa aún conserva una ingenuidad inconmovible- plantado ante un texto que afirma:

“Un día, este niño llegará a un punto en el que sentirá una división que no es matemática. Un día, este niño sentirá algo despertarse en su corazón, en su garganta, en su boca (...). Un día, este niño hará algo que provocará que los hombres que utilizan los uniformes de sacerdotes y rabinos, hombres que habitan ciertos edificios de piedra, exijan su muerte. Un día los políticos aprobarán legislación contra este niño (...) Todo esto empezará en uno o dos años, cuando descubra que desea situar su cuerpo desnudo sobre el cuerpo desnudo de otro chico”.

Wojnarowicz falleció en 1992, con 37 años. La misma edad a la que, casi un siglo exacto antes, lo había hecho Arthur Rimbaud.

Manuel Borja Villel, director del Museo Reina Sofía, resume a ‘Vanity Fair’ la importancia artística de Wojnarowicz: “Aunque con demasiada frecuencia se circunscribe su trabajo a un determinado contexto histórico de Estados Unidos, su obra es intemporal y resulta de enorme actualidad porque se instala en la tradición filosófica de la investigación y la defensa de las nociones de justicia e injusticia. Su labor artística y su activismo sirvieron para cuestionar un poder arbitrario y excluyente y para realizar una lúcida y cruda denuncia social y política del momento que le tocó vivir, y que a día de hoy sigue siendo completamente válida más allá de cualquier forma”.

Al hilo de la reflexión de Borja Villel, apuntemos que muchas de las cosas que consideramos parte del pasado siguen sucediendo hoy en día, o al menos extienden sus implicaciones al presente. Como sabemos, la crisis del sida no ha dejado de arreciar, aunque el número de víctimas no se acerque al de sus terribles inicios. Y las guerras culturales tampoco nos quedan tan lejos: en 2010, la National Portrait Gallery del Smithsonian en Washington cedió a las protestas de organizaciones católicas y retiró de una exposición temporal un vídeo de David Wojnarowicz llamado ‘A Fire in My Belly’ en el que se incluía un crucifijo recorrido por hormigas. Ir a ver ‘David Wojnarowicz. La historia me quita el sueño’ es un buen modo de recordar de dónde venimos y sobre todo dónde estamos ahora.

lunes, 9 de julio de 2018

#hemeroteca #homosexualidad #historia | Orgullo y denuncia en 64 imágenes

Imagen: El País / Detalle de la exposición sobre Peter Hujar y David Wojnarowicz
Orgullo y denuncia en 64 imágenes.
La Fundación Loewe expone hasta el 26 de agosto una muestra del trabajo de Peter Hujar y David Wojnarowicz, fotógrafos de la homosexualidad en el Manhattan de Warhol.
Jacobo Pedraza | El País, 2018-07-09
https://elpais.com/cultura/2018/07/06/actualidad/1530904043_813502.html

Muy cerca de la Plaza de Pedro Zerolo y el barrio de Chueca —el epicentro del Orgullo madrileño—, una tienda de lujo alberga en su sótano una exposición que trae a 2018 las coordenadas sociales, culturales, temporales y espaciales de lo que hoy es, sobre todo comparado con aquello, principalmente una celebración. Peter Hujar (1934-1987) y David Wojnarowicz (1954-1992) captaron con sus objetivos las dos décadas de mayor transformación de Manhattan tras la guerra, los 70 y los 80, y la situación de práctica marginalidad en la que vivía la comunidad LGTB de Nueva York, donde una serie de protestas espontáneas contra la redada en el pub Stonewall del 28 de junio de 1969 supusieron el inicio de un movimiento mundial por la igualdad y el respeto que dura hasta nuestros días. Hujar y Wojnarowicz fotografiaron y convirtieron en arte las razones del Orgullo neoyorquino de entonces. La vigencia de su relato se puede comprobar con una muestra de 64 piezas que se puede visitar gratuitamente hasta el 26 de agosto en la Galería Loewe (Gran Vía, 8).

La exposición, enmarcada en Photespaña 2018, está comisariada por María Millán, que ya trajo hace un año a Minor White al mismo lugar. “El East Village vivió en ese tiempo una profunda crisis social que dejaba entre otras cosas edificios abandonados y marginalidad. Esto es lo que exponen Peter y David, con especial énfasis en su entorno, que en buena parte era homosexual”, explica. Hujar y Wojnarowicz fueron amantes, el primero mentor del segundo, y mantuvieron una actitud crítica hacia el mundo del arte que los tuvo a menudo en una situación de precariedad, cuando no pobreza. Eran cronistas y coprotagonistas de lo que contaban. “Denunciaban la doble moralidad de Estados Unidos, pero siempre con una búsqueda de la normalización de la identidad sexual en el mundo gay”.

Sobre esos dos ejes, denuncia y normalización, pilota la muestra de la Fundación Loewe. La crítica toma varias formas y tonos en las imágenes de ambos autores, cedidas por coleccionistas privados y por el Archivo Hujar de Nueva York. “Hay fotos de espacios abandonados, como los muelles de Manhattan, que funcionaban como laboratorios o puntos de reunión”, relata Millán. En esos lugares semiolvidados se encontraban los amigos y artistas del círculo de Hujar y Wojnarowicz, realizaban ‘performances’, pintaban las paredes, hablaban y tenían encuentros sexuales. Su espacio seguro era aquello que carecía de interés para el resto del mundo. Las imágenes de animales, como los búfalos despeñándose por un acantilado captados por Wojnarowicz (1988-89, portada de su autobiografía ‘Close to the knives’ y del sencillo ‘One’, de U2) abundan en esa visión de arrinconamiento. La denuncia se hace totalmente explícita en los trabajos de Wojnarowicz tras la muerte de su mentor a causa del sida: un chico sirve de ilustración a un texto sobre la incesante violencia que sufrirá por parte de todos a medida que tome consciencia de su homosexualidad.

Los desnudos masculinos también son una reivindicación, pero a la vez una forma de asentar su condición y de ‘legalizarla’ como arte. "Mandar fotos de desnudos por correo había estado prohibido hasta 1965. Ellos fotografían su entorno, homosexual, trans... Y buscan normalizar el desnudo en la cultura americana", desarrolla María Millán. El tríptico del bailarín Bruce de Sainte Croix, que rebosa erotismo y belleza, es el mejor ejemplo: "Bruce se pensó mucho hacer ese posado por la doble moral. Decidió que su cuerpo era su herramienta y no debía causarle problemas. Por suerte no hubo repercusión".

La obra de Hujar y Wojnarowicz narra la historia de una comunidad. "Peter murió sin entrar en el mundo del arte. Su trabajo es muy intimista. En sus retratos se nota una conexión extraordinaria con el protagonista y apartada del sensacionalismo de otros fotógrafos como [Robert] Mapplethorpe". De Hujar son la mayor parte de los retratos de la exposición. "Todas las imágenes de personas que hemos traído no están elegidas gratuitamente. Todos los personajes, amigos de David y Peter, hicieron con su trabajo, fuera cual fuera, un gran llamamiento para que la actitud de la sociedad cambiara y se reconociera a las personas LGTB como ciudadanos de a pie, iguales que todos los demás", valora María Millán. Ahí están Lynn Davis,William Burroughs, Kiki Smith, Allen Ginsberg, Susan Sontag, Merce Cunningham y John Cage (fotografiados en pareja) o Andy Warhol.Y por supuesto Hujar y Wojnarowicz en diferentes momentos de sus vidas.

Entre los fotografiados está también la escritora y periodista Fran Lebowitz, que pasó por Madrid para charlar sobre Hujar y Wojnarowicz en Conversaciones Loewe junto a la galerista Gracie Mansion. Mansion subrayaba que era la primera muestra conjunta de los dos fotógrafos. Lebowitz, que alabó la sensibilidad de la selección de Millán, recordó las conversaciones con Hujar sobre su escaso éxito: "El estaba convencido de que no triunfaba porque su nombre y su apellido no empezaban por la misma letra, como los de Marilyn Monroe. Me decía '¿Crees que debería cambiarme el nombre?', y yo le contestaba 'No, David, deberías cambiar tu carácter".

María Millán destaca que en la exposición "también hay muchos personajes del mundo trans, actores que durante la noche hacían sus performances". Candy Darling, musa del propio Warhol y de The Velvet Underground, aparece "en su lecho de muerte". "La exposición también habla de la muerte, de vivir en el margen. Candy muere en el 73, y esta foto la hicieron porque Peter y ella querían hacer su última performance glorificando las escenas de muerte de Hollywood. Es un anuncio de lo que venía", cuenta la comisaria. Aunque Candy murió por un linfoma, ‘lo que venía’ era el sida. Fue la causa de muerte de Hujar, a los 53 años, y de Wojnarowicz a los 37, y también causa de su lucha y activismo durante sus últimos años.

jueves, 26 de enero de 2017

#hemeroteca #fotografia #exposiciones | Peter Hujar, la cámara y la intimidad

Imagen: Fundación Mapfre / Susan Sontag (1977), por Peter Hujar
Peter Hujar, la cámara y la intimidad.
Hoyesarte, 2017-01-26
http://www.hoyesarte.com/evento/2017/01/peter-hujar-la-camara-y-la-intimidad/

La Sala Garriga i Nogués de Fundación MAPFRE en Barcelona acoge 'A la velocidad de la vida', una exposición del fotógrafo estadounidense Peter Hujar (Nueva Jersey, Trenton, 1934 - Nueva York, 1987) que reúne 160 obras que van desde 1950 hasta su fallecimiento. Sus retratos ejercieron una influencia clave y transformadora en la fotografía de la segunda mitad del siglo XX. La muestra se organiza, según las preferencias del artista, en yuxtaposiciones enérgicas, sorprendentes y a veces desconcertantes.

Su trayectoria, que estuvo marcada por su evolución personal más que por éxitos palpables, se desarrolló durante las décadas de los años 1950, 1960 y 1970, coincidiendo con un Nueva York que era escenario de los primeros movimientos de liberación homosexual y de los estragos causados por el sida en la década de 1980.

La utilización del blanco y negro, junto con un estilo definido por la sencillez, hace que sus fotografías resulten profundamente evocadoras y conmovedoras. A través de su cámara, Hujar profundiza en el que es su principal interés: generar una atmósfera de intimidad que le permita establecer una relación directa con el retratado y adentrarse en su verdadera naturaleza.

En el primer tramo de la exposición se encuentran las fotografías que realizó entre 1950 y 1960. Hujar aspiraba a ser fotógrafo de moda como sus ídolos, Lisettet Model, Irving Penn y Richard Avedon, de quien recibió clases magistrales.

Sontag y Warhol
Entre los años 1958 y 1963 vivió principalmente en Italia y tras estudiar un año de cinematografía en Roma regresó a Nueva York. De esta época destacan las fotografías sobre las catacumbas de Palermo.

Una vez establecido en la Gran Manzana se movió en el círculo de la escritora Susan Sontag, a la que retrató en 1975, y la Factoría de Andy Warhol, y durante cuatro años se dedicó a ser fotógrafo de moda. Publicó sus fotografías en ‘Harper’s Bazaar’ y ‘GQ’ antes de llegar a la conclusión de que el ajetreo del trabajo en las revistas no era lo suyo.

La segunda parte de la exposición muestra sus obras más tardías, fotografías que van desde 1970 hasta su muerte. En 1973, Hujar dejó sus aspiraciones profesionales para centrarse en lo que verdaderamente le motivaba. Fotografió, siempre en blanco y negro, el ambiente bohemio y radical del ‘downtown’ neoyorquino de estos años, donde los protagonistas son escritores, cineastas, actores y las subculturas.

Destacan los retratos que hizo a su amigo el actor ‘drag’ Ethyl Eichelberger y las que realizó en las zonas más deprimidas de los alrededores de la ciudad. Aquí fotografió las ruinas industriales y los muelles abandonados del Hudson en la parte baja de Manhattan.

Peter Hujar murió en 1987, 11 meses después de ser diagnosticado de sida.

#hemeroteca #fotografia #exposiciones | La herida tranquila

Imagen: El País / David Wojnarowcz Reclining (2), de Peter Hujar
La herida tranquila.
Las fotografías de Peter Hujar devuelven la vida en Barcelona a los protagonistas del 'underground' neoyorquino.
Ángela Molina | El País, 2017-01-26
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/25/babelia/1485371399_274603.html

La Fundación Maphre ofrece una exposición de Peter Hujar (1934-1987), autor más conocido por sus relaciones con otros artistas y escritores que como fotógrafo por derecho propio, aun cuando el oficio fue para él más que una obsesión: una forma de mirar el mundo. Concienzudo y enamorado de lo específico, jamás idealizó un tema. Le interesaba la belleza, pero no la ideal, sino la que era fruto de un acuerdo entre lo que encontraba en las calles, en el campo y en las relaciones con sus amigos y amantes, y aquello que deseaba. Deseo e impulso daban como resultado la imagen de una sola pierna desnuda, el mármol hecho carne en un cuerpo contorsionado, las efigies gemelas de dos vacas, un rascacielos, una casucha derrumbada.

Joel Smith, comisario de la retrospectiva y director del departamento de Fotografía de la Morgan and Library & Museum de Nueva York, institución que presta los fondos, apunta que Hujar solía alimentar el misterio sobre su pasado. “Ocultaba su infancia mediante el silencio y la distracción. Según una versión que él mismo utilizaba, era hijo de una corista de Hollywood. Si le presionaban, llegaba a admitir que era de Nueva Jersey y que se crio en una granja con sus abuelos, inmigrantes polacos”. Su padre, panadero y quizás contrabandista, le abandonó antes de nacer. Su madre era camarera y vivía -y bebía- con un corredor de apuestas. Era larguirucho y tenía un humor cambiante. Su madre lo veía como un ser “horrible”, el perfecto modelo que hubiera atraído el objetivo de Diane Arbus. Un día, borracha, le tiró una botella de alcohol a la cabeza. Tras el incidente, el joven Peter se marchó de casa. Deseaba afirmar el sentimiento de su propia individualidad y descubrió que sólo la fotografía le podía conceder ese aura.

A los dieciséis años se matriculó en la High School of Art & Design y consiguió una codiciada plaza en las clases magistrales de Richard Avedon. Empezó a frecuentar los ambientes alternativos y trash del East Village y muy pronto formó una nueva familia con sus amigos: William S. Borroughs, Andy Warhol, Fran Lebowitz, Robert Wilson, Vince Aletti, Paul Thek, David Wojnarowicz o Nan Goldin. Todos formaban parte de la arqueología social del Manhattan de los setenta y más inequívocamente de los años del SIDA. Hujar vivía una vida precaria que iba salvando con pequeños trabajos en revistas de moda y publicidad. Detestaba la economía moral del mundo artístico neoyorquino y se quejaba de no tener más reconocimiento que Robert Mapplethorpe, de quien envidiaba su “notoriedad inmerecida”.

Nunca fue un hábil retratista ni buscó un estilo propio. Prefería la tradición: retrataba a sus amantes como lo hubiera hecho Julia Margaret Cameron y escrutaba a los marineros de la calle Christopher como si fuera el geógrafo John Thomson. Sus modelos naturales italianos parecían haberse detenido momentáneamente para posar frente al ojo de August Sander; y en sus autorretratos, buscaba el espejo de Richard Avedon (le gustaba dejar a la vista los bordes negros para demostrar que él mismo había impreso el negativo). Miraba Nueva York como William Klein; y sus educados retratos de travestidos y gemelos tenían el sesgo de Diane Arbus.

La fotografía de Hujar es una herida tranquila, delicada, sin sangre, que se ahonda en la interpretación de una existencia corrompida por las ‘metáforas de la enfermedad ‘y contra lo que no pudo hacer nada su amiga, la ensayista y escritora Susan Sontag. En las salas de la Casa Garriga Nogués, decenas de imágenes en blanco y negro aparecen agrupadas por constelaciones, conversan unas con otras eludiendo los géneros (animal, retrato, pose de moda, ruina, paisaje) como su autor las habría mostrado. Son un tributo a una mirada desconcertada que siempre buscó la levedad.

#hemeroteca #fotografia #exposiciones | Una exposición recorre en la Fundación Mapfre de Barcelona la trayectoria de Peter Hujar

Imagen: El Diario / Exposición de la obra de Peter Hujar
Una exposición recorre en la Fundación Mapfre de Barcelona la trayectoria de Peter Hujar.
EFE | El Diario, 2017-01-26
http://www.eldiario.es/cultura/Fundacion-Mapfre-Barcelona-Peter-Hujar_0_605790235.html

La Fundación Mapfre de Barcelona recorre la trayectoria del fotógrafo norteamericano Peter Hujar en una exposición en la que se presentan 160 fotografías, procedentes de la Morgan Library & Museum y de otras nueve colecciones.

Peter Hujar (Trenton, 1934 - Nueva York, 1987) inició su carrera en la década de 1950 vinculado a la fotografía comercial, sin embargo abandonó pronto esta vertiente para centrarse en la práctica de la fotografía artística.

Estrechamente vinculado a los movimientos contraculturales del momento, capturó fragmentos de la realidad neoyorquina de los años 1970 y retrató la escena sociocultural "underground", fotografiando a artistas y escritores de renombre como Andy Warhol, Susan Sontag o William S. Burroughs, así como a otros personajes anónimos del centro de Nueva York.

Peter Hujar se enmarca dentro de la tradición fotográfica del retrato, fue un retratista en todo lo que hizo, fuera cual fuera el tema, un amante, un actor, un caballo, la superficie del río Hudson o los apacibles rasgos de su propio rostro.

Uno de los temas que se reflejan en la obra de Hujar es la homosexualidad y, de hecho, el fotógrafo, aunque no fue activista, estuvo presente en las primeras reuniones del Frente de Liberación Gay y aportó su conocida fotografía que serviría como imagen del cartel de la organización en 1970.

El recorrido establecido en la exposición atiende a las preferencias del artista, que optaba sistemáticamente por presentar sus fotografías en yuxtaposiciones enérgicas, sorprendentes y, a veces, desconcertantes.

La mayoría de las fotografías aparecen agrupadas en conjuntos, algunos de los cuales reflejan preocupaciones recurrentes del artista, mientras que otros ejemplifican su interés en enfatizar la diversidad y las contradicciones internas de su trabajo.

Un rasgo distintivo de su arte es la invisibilidad de la técnica en sus fotografías y al mismo tiempo su preocupación y cuidado por la misma, hasta el punto de que Hujar realizaba sus propias copias y se consideraba asimismo como un buen impresor.

En la presente exposición, un friso de seis fotografías situadas al inicio rinde homenaje a su metodología expositiva en forma de tablero de ajedrez, en la que tres imágenes de interiores tomadas en condiciones controladas entablan una conversación con otras tantas imágenes de exteriores.