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viernes, 13 de septiembre de 2019

#hemeroteca #mujeres #ciencia | Cuando las mujeres dominaban el software

Imagen: El País / Grace Hopper
Cuando las mujeres dominaban el software.
Las programadoras tuvieron un papel fundamental en el inicio del desarrollo de la informática, pero desde los años 80 su papel ha ido cayendo.
Jordi Pérez Colomé | El País, 2019-09-13
https://elpais.com/tecnologia/2019/09/11/actualidad/1568211819_635943.html

En abril de 1967, la edición estadounidense de la revista femenina Cosmopolitan publicó un reportaje titulado "Las chicas informáticas". Las fotos eran de una joven programadora de IBM rodeada de hombres ingenieros. "Hace 20 años [en 1947] una chica podía ser secretaria, maestra, quizá bibliotecaria, trabajadora social o enfermera", decía el texto. "Si era realmente ambiciosa podía competir con hombres, a menudo trabajando más horas por menos dinero. Pero ahora han llegado los grandes, fascinantes ordenadores y un nuevo tipo de trabajo para las mujeres: programar", añadía.

El sueldo en 1967 en ese nuevo trabajo podía alcanzar 20.000 dólares al año, cerca de 150.000 euros al cambio actual y tras calcular la inflación.

Antes de la llegada del ordenador personal, cuando las computadoras eran aparatos que ocupaban habitaciones enteras, las mujeres eran casi la mitad de las empleadas en programarlos. Fue un momento histórico especial, con sus características y que duró hasta mediados de los 80, según recuerda el escritor Clive Thompson en su nuevo libro ‘Programadores. La creación de una nueva tribu y la recreación del mundo’, de momento publicado solo en inglés. "Es increíble lo poco que se habla de las mujeres pioneras", dice Patricia Ordóñez, catedrática asociada de Informática en la Universidad de Puerto Rico Río Piedras.

¿Por qué las mujeres dominaron el inicio del software? Porque era un sector nuevo y el prestigio estaba en algo cercano pero distinto: el hardware. "Una de las razones por las que en los 60 los hombres no eran programadores a tiempo completo es porque la parte sexy, gratificante era el hardware", construir los ordenadores, dice Thompson. Ahí estaba el dinero que invertía el Gobierno y las grandes dificultades intelectuales. La programación era un punto intermedio entre los ingenieros y las secretarias: "Las programadoras de carrera no eran personal investigador, sino que servían al personal investigador", escribe Thompson.

A pesar de su peso, los clichés de la época eran imbatibles. Grace Hopper, una de las pioneras que ayudó crear el primer ordenador programable, el Eniac, decía en el texto de Cosmopolitan, que programar es "como preparar una cena". Había que planificar "los detalles con paciencia", decía Hopper, que añadía: "Las mujeres están hechas para programar ordenadores". No era un comentario raro para la época: un libro de 1968 sobre cómo llegar a ser informático sugería que quien disfrutaba "cocinando a partir de un libro de cocina" podía tener aptitudes naturales para programar.

También saber coser era bueno para programar, decían. Las comparaciones eran con labores rutinarias y de atención al detalle. Nadie sabía exactamente en realidad qué era programar. Los primeros lenguajes compiladores –que traducían algo parecido a nuestras lenguas a ceros y unos– acababan de crearse. Las mujeres tenían además un pedigrí añadido por haber colaborado desde laboratorios clave como con el Eniac o en Bletchley Park en Reino Unido en la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial.

Esa mezcla de valores que hacían que las mujeres se consolidaran como programadoras llegó a su cima, según Thompson, en 1984. Al principio de ese año un 37,1% de los estudiantes de informática en Estados Unidos eran mujeres. A partir de ahí, la caída. En 2012, el porcentaje rondaba el 17%. El dato es más impactante porque en otras carreras, las mujeres estudiantes aumentan desde los años 60. En medicina o derecho rondan el 50% desde unos inicios que no llegaban al 10%.

Los tres motivos de las desaparición
¿Qué ocurrió para que las mujeres desaparecieran de la informática o para que los hombres llegaran en masa a desplazarlas? Tres cosas, según Thompson. Uno, el software era cada vez más importante y las empresas empezaban a nombrar a directivos con esa formación. Una cosa era introducir a programadoras para que teclearan, otra distinta para la época era hacerlas directivas.

Dos, la llegada de los ordenadores personales a los hogares. Los adolescentes podían trastear desde muy jóvenes con sus Commodore 64 y los padres solían regalar el aparato al niño o al menos ponerlo en su habitación. Según un estudio sobre la diferencia entre géneros de Jane Margolis, de la Carnegie Mellon University, en los años 90, los padres tenían el doble de probabilidad de regalar un ordenador a un hijo que a una hija. Y era más fácil meterse en la carrera con conocimientos previos de ordenadores, aunque investigaciones posteriores han desmontado la idea de que los hackers adolescentes son mejores licenciados en informática.

No solo eso. "Esa irrupción vino acompañada de videojuegos con narrativas bastante simples pero que enganchaban y que hizo que se empezara a popularizar la imagen del informático como un friki, un ser asocial que no se relacionaba con nada salvo con su máquina, que es un estereotipo que no funciona entre las mujeres", explica Paloma Díaz, catedrática del Departamento de Informática de la Universidad Carlos III.

Ese modelo del informático friki cuajó y tuvo consecuencias: "Se comenzó a valorar más a la persona que se moldeaba como geek, que trabajaba a todas horas, sin importarle su apariencia, ni su higiene y estaba obsesionado con la computadora. Se veían como inteligentes, se escuchaban y valoraban, y se comenzó a crear un ambiente tóxico que repelía a los que eran diferentes. Ese ambiente sigue y crea una cultura de exclusión", cree Ordóñez.

Y tres, la llegada del dinero. "Como los sociólogos han demostrado hace tiempo", escribe Thompson, "cuando un sector está cada vez mejor pagado y es prominente, los hombres que lo habían despreciado se apresuran a entrar".

Así recordaba Diane Greene, ex presidenta ejecutiva de Google Cloud, en una conversación reciente con EL PAÍS, los años del cambio, en 1985: "Mi clase en la Universidad de Berkeley estaba llena de mujeres. Éramos un 30%. Todo el mundo inventaba y nadie se daba cuenta de si eras una mujer o un hombre. Simplemente hacíamos esa cosa nueva juntos. Después, un día que me encontré en un avión, pregunté a [la activista] Gloria Steinman qué pasaba, por qué era tan difícil ahora para las mujeres, por qué había tanta discriminación de género. Me contestó: 'Es muy obvio. Cuando una profesión nueva se convierte en estable, su estatus sube, hay más dinero y los hombres empujan a las mujeres hacia fuera'".

A pesar de las diferencias entre el desarrollo informático inicial con Estados Unidos, en España los porcentajes entre estudiantes de informática son parecidos. En 1985, un 30% de los alumnos de informática en España eran mujeres. En 2016 cayeron hasta el 12%, según datos de una investigación de Juan Julián Merelo y Cecilia Merelo.

En otro trabajo de estos dos autores, detectaron que "existe un punto de inflexión alrededor de los 10 años en los que las niñas dejan de tener interés por la Informática como una carrera profesional". Este problema de percepción, que no existía al principio de la programación porque era un oficio sin pasado, es clave ahora: "Cuando una parte importante del mercado de trabajo más cualificado requiere habilidades de programación y computación, que una parte de la población se autoexcluya por motivos subjetivos, es un problema. Que perdamos parte del talento por una percepción equivocada de esta profesión, es un problema", explica Díaz. "Hay que mostrar a las chicas que es una carrera profesional más, con grandes, medianas y pequeñas figuras, y sobre todo con un gran mercado laboral."

jueves, 2 de noviembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #trabajo | “No somos princesas consumidoras, somos reinas creadoras”

Imagen: El País / Nuria Oliver, Asunción Gómez y Cristina Aranda en AIshow
“No somos princesas consumidoras, somos reinas creadoras”.
En Europa solo el 30% de los trabajadores en tecnología son mujeres, según la Comisión Europea. Cuatro mujeres tecnólogas debaten sobre cómo superar este problema.
Isabel Rubio | El País, 2017-11-02
https://elpais.com/tecnologia/2017/10/30/actualidad/1509378543_688590.html

Cuando en una ponencia, la directora de ‘marketing’ de Intelygenz y cofundadora de Mujeres Tech, Cristina Aranda, pregunta al público cuántas veces ha escuchado la expresión “este niño es un mandón”, pocas personas levantan la mano. Sin embargo, al hacerlo con “esta niña es una mandona”, casi todos los oyentes alzan el brazo. “Ya con eso se nos dice que no podemos ser líderes”, explica. Solo el 30% de los trabajadores en el sector tecnológico en Europa son mujeres, según la Comisión Europea. En España, la cifra es aún más preocupante: representan un 18%, según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Algunos eventos apuestan por dar visibilidad al trabajo de las mujeres en el sector de la tecnología. Por ejemplo, en la feria de Inteligencia Artificial AIshow, que tuvo lugar la semana pasada y en la que una serie de mujeres debatieron sobre la importancia de tratar esta problemática desde diferentes ámbitos como la educación.

Aranda cree que un problema es cómo “somos educados”: a la “rosificación” en los juguetes y la falta de referentes femeninos. “Si no tenemos nombres de inventoras y de científicas en los libros de texto, ¿cómo vamos a querer ser una de ellas?”, afirma. Solo 48 mujeres han ganado un premio Nobel frente a 847 hombres. En el caso de los premios Turing, los considerados Nobel de ciencias de la computación, solo dos chicas han sido galardonadas desde 1966.

A la falta de mujeres referentes, la ingeniera en telecomunicaciones y directora de investigación en ciencias de datos en Vodafone Nuria Oliver añade que existe una imagen errónea sobre qué significa trabajar en tecnología. “En las películas, series y medios de comunicación el informático suele ser un chico friki, con pocas habilidades sociales, gafas y poca higiene personal. Pero no hay que olvidar que todas las disciplinas usan tecnología: desde el periodismo hasta la medicina”, explica.

Según el ministerio de Educación, las mujeres suponen el 55% de las matrículas totales en universidades de España. Sin embargo, solo el 10% de los alumnos de Ingeniería Informática son mujeres, según el ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Sin embargo, en 1980, el porcentaje de chicas que cursaban esta carrera estaba entorno al 30%. Así lo afirma la vicerrectora de Investigación, Innovación y Doctorado en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), Asunción Gómez, que sostiene que varios estudios demuestran que aún habiendo menos mujeres, sus notas son mejores que las de los hombres.

Desde la universidad se impulsan iniciativas para captar talento femenino: desde charlas en los colegios a talleres sobre cómo hacer un robot o desarrollar una app. “Si a los 15 años una chica duda entre hacer una ingeniería u otra carrera, siempre se puede apuntar a uno de estos cursos”, señala Gómez. Además, la UPM ha solicitado financiación a la Comisión Europea con el fin de incrementar el número de ayudas a mujeres que hacen doctorados de ingeniería.

Esta desigualdad de género en el sector tecnológico afecta en ocasiones a los productos que fabrica la industria. Por ejemplo, Aranda recuerda cómo un grupo de hombres informáticos crearon un reloj inteligente que tenía en cuenta todas las variables de salud de los usuarios menos la menstruación, y se pregunta si esto hubiera ocurrido si en el equipo hubiera alguna mujer.

Las máquinas también reproducen los sesgos sexistas de los humanos. Al buscar ‘chief executive officer’ (director ejecutivo, en inglés) en Google, salen imágenes de hombres blancos en traje. Mientras tanto, al escribir ‘house cleaner’ (limpiador del hogar), aparecen solo mujeres. Hay un sesgo de género porque el algoritmo aprende de los ejemplos que se le muestran.

Nuria Oliver sostiene que el problema no tiene solución a corto plazo, pero hay que abordarlo porque “no se están teniendo en cuenta las contribuciones de la mitad de la población”. Las empresas son más eficientes si cuentan con talento diverso. Un estudio de 2013 de la Unión Europea sostiene que una mayor presencia de las mujeres en el sector digital del continente impulsaría un incremento anual del PIB estimado en 9.000 millones de euros.

La directora de innovación de Fujitsu, Cristina Magdalena, subraya que grandes compañías tecnológicas como IBM o Microsoft y la propia Fujitsu ya cuentan con varias mujeres en cargos directivos. “La cabeza de las chicas está organizada buscando más flexibilidad, es decir, estamos más abiertas a nuevos cambios y eso es muy importante en el sector digital”, afirma.

Todas ellas sostienen que la clave está en acercar la tecnología a las niñas desde la escuela. Oliver propone incorporar una asignatura troncal llamada pensamiento computacional, en la que se enseñe a programar, resolver problemas o representar la información. “Si incluimos esta asignatura nadie pensará que la tecnología no es de niñas, ya que por ejemplo nadie piensa que leer es de niñas o de niños. Es decir, si todo el mundo estudia tecnología por igual conseguiremos reducir la brecha de géneros”, señala. Para Aranda, también es fundamental acabar con los estereotipos y enseñar a las chicas que la tecnología es una oportunidad para ganar mucho dinero. “Es un reto tremendo el desaprender lo aprendido. No somos princesas consumidoras, somos reinas creadoras”, concluye Aranda.

viernes, 9 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres | Por qué las mujeres ‘hackers’ son invisibles


Imagen: El País
Por qué las mujeres ‘hackers’ son invisibles.
El 'hacker' más famoso en la ficción es una mujer, Lisbeth Salander, de 'Millenium'. En la vida real, son una minoría
Luis Gómez | El País, 2015-10-09
http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2015/10/08/actualidad/1444323800_709453.html

La comunidad hacker ha sido cosa de hombres, o así lo ha parecido, a pesar de que el más famoso en la ficción es una mujer, Lisbeth Salander, de la serie Millenium. Los hombres acaparan la lista de los hackers más conocidos, dominan con carácter absoluto la paternidad de los virus más perversos y monopolizan el registro de los tipos más buscados por los cuerpos de policía. ¿Y las mujeres? ¿Dónde están las mujeres en este mundo de bits y testosterona?

Algunos autores habían indagado sobre las razones de este desequilibrio y encontrado una primera evidencia: hay menos mujeres matriculadas en las escuelas de informática. Así se deduce de las estadísticas en Europa (en 2009, solo el 25% de los graduados en informática eran mujeres, según Eurostat), y en Estados Unidos (el número de licenciadas en informática era del 17,4%, según National Science Foundation), cifras que se contradicen con lo que está sucediendo en algunos países asiáticos (India, Vietnam, Malasia) donde el porcentaje de mujeres en la industria de tecnologías de la información ya alcanza la mitad de la fuerza de trabajo.

Estas cifras no explican por si solas el grado de invisibilidad que han tenido las mujeres en este tipo de actividad. Un estudio financiado en 2006 por la Comisión Europea sitúa en el 1,5% el porcentaje de mujeres en comunidades de software libre. Aunque no es lo mismo desarrollar software libre que hackear, el dato supone un acercamiento a la cuestión. Algunas encuestas entre mujeres hackers han tratado de bucear en los motivos y solo han llegado a la conclusión de que no hay un comportamiento machista dentro de las comunidades hackers. “En estos foros, se acepta sin problemas al que tiene algo que aportar, se impone el mérito, no hay cuotas ni nada parecido”, explica Mercé Molist, una periodista especializada que conoce el mundo del hacker español desde sus inicios.

Hace una semana se celebró en Albacete uno de los eventos más auténticos que reúnen a hackers y expertos en ciberseguridad. Se trata de Navaja Negra y la edición de 2015, la quinta en su breve historia, llevaba aparejada una novedad: había tres mujeres entre los ponentes y un buen número entre los asistentes, si bien claramente en minoría respecto a los hombres. Dos de las tres ponentes daban su primera charla en este tipo de evento.

María Isabel Rojo, de 31 años, era una de ellas. Estudió Ingeniería de Sistemas y antes de terminar la carrera ya le había fichado el banco de Santander. Ahora trabaja en Indra. Está especializada en calidad del software. Manejó un ordenador desde muy joven y reconoce haber utilizado apodos (nicks) masculinos para ser reconocida en algunas comunidades. Cree que la mujer se apasiona igual que un hombre por un asunto que le interese. “Puede que la tecnología les guste menos a las mujeres”. A diferencia de los hombres, a Rojo no le interesa tanto buscar agujeros en los programas como establecer mecanismos de defensa. “No quiero llevar ese tipo de vida en el que notes que te están pinchando el teléfono”.

Otra ponente fue Yaiza Rubio. Tiene 28 años. Hija de padre militar, le preocupaba la seguridad. Estudió Ciencias de la Información, pero se dio cuenta de que se había equivocado de carrera y se decidió por el Análisis de Inteligencia. Trabaja en Telefónica en un servicio de ciberinteligencia para multinacionales. “No se por qué hay menos mujeres, solo sé que me muevo en un entorno de hombres, en un porcentaje de una mujer por cada 50 hombres”. Yaiza analiza información, amenazas, trabaja con herramientas que en dos minutos obtienen el perfil de un usuario, ayuda a empresas a buscar en bases de datos filtradas o robadas en Internet credenciales de clientes. Sabe que nada de lo que dejes en la red acaba de borrarse.

Presentes en su charla estaban dos colegas. Carmen Torrano, 33 años, recién doctorada en Informática con una beca del CSIC. “He notado más la diferencia cuando he salido de la universidad. La diferencia es abismal, sobre todo en el sector de la ciberseguridad. Hace poco estuve en unas jornadas: de más de 1.000 asistentes, solo 12 eran mujeres”. Carmen investiga en herramientas para detectar intrusos.

Esperanza (no quiere dar su apellido, solo su edad, 31 años) también asistió a charlas y talleres. Estudió Criminología, pero su pasión era la informática, así que hizo un aprendizaje muy autodidacta. “Si quieres aprender, cúrratelo”. Ha hecho lo que muchos hackers, desmontar un teléfono Nokia, un ordenador portátil, y participar en comunidades, “que te mantienen la mente abierta. A mí me han tratado perfectamente”, confiesa. A Esperanza le acaban de hacer un contrato indefinido en la compañía de teléfonos española BQ. Se dedica a probar el software.

La más reconocida de las ponentes es Kaótica (no da su nombre). Tiene “entre 20 y 40 años”. Es un personaje muy peculiar, la más próxima al estereotipo de un hacker, incluso a su estética. “A los 13 años elegí Informática como optativa en el colegio. Al poco me echaron de clase y los profesores le dijeron a mis padres que no se les ocurriera comprarme un ordenador: había llegado a entrar en el directorio del colegio sin ninguna mala intención y llamé al profesor para preguntarle una duda. No he hecho ninguna carrera. He sido autodidacta y mi vida ha sido muy complicada. Me junté con colegas frikies a videojuegos y aprendí a participar sin tener que pagar. Llegamos a crear nuestro propio servidor. Me dedico a asegurar. No se por qué los chicos les gusta tanto atacar. Supongo que será cuestión de testosterona. Me han atacado mucho, así que aprendí a defenderme”.

Kaotica trabajó para Telefónica (“aunque me cueste reconocerlo”), donde, “sin estudios” terminó dirigiendo equipos. Ha creado dos empresas (“el conocimiento debe ser libre") y solo contrata con ongs o clientes que respeten su ética. Trabaja para darle más seguridad a las máquinas.

Ninguna de las encuestadas disfruta buscando agujeros o rompiendo sistemas. Ninguna se ha formado atacando. Solo defienden, un rasgo muy común entre las escasas mujeres de la comunidad hacker. Seguirán siendo minoría. Pero, quizás haya que concluir que, son más de fiar.

Cómo piratear una ciudad por no más de 30 euros
En un evento especializado en ciberseguridad como el de Navaja Negra se puede asistir a charlas y demostraciones interesantes incluso para el neófito en la materia. Navaja Negra iene una cualidad: nadie viste corbata. Así, un consumado hacker como Jordi Selvi dio una magnífica conferencia sobre cómo romper sistemas simplemente alterando la fecha del ordenador “Usamos el tiempo para casi todo lo que hacemos, y los ordenadores no son una excepción”, expone Selvi. “Nuestros ordenadores y dispositivos usan el tiempo de diferentes maneras como por ejemplo para expirar cachés, planificar tareas o incluso implementar protecciones de seguridad”. Selvi altera el reloj y le hace creer al sistema que está diez o 50 años en el futuro. Hay cosas que caducan. Viaja al futuro y al pasado...y consigue que se abran muchas puertas. Es un ejemplo.

Una charla, de Carlos García, tenía este títuto: “¿Tienes 30 euros? Escucha tu ciudad y la podrás hackear”. García explica y demuestra cómo se pueden escuchar las comunicaciones de hospitales, de policías locales y servicios de ambulancias, en semáforos controlados por ondas...con varios aparatos de fácil adquisición. Incluso pudo entrar en la cabina de un avión, o en los radares de un aeropuerto.