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martes, 3 de enero de 2017

#hemeroteca #politica | El sexo de la izquierda

Imagen: El País / Hillary Clinton admitiendo la derrota
El sexo de la izquierda.
A fuerza de insistir en los derechos de unos grupos, ha dejado de ser vista como representante de la sociedad en su conjunto.
Víctor Lapuente Giné | El País, 2017-01-03
http://elpais.com/elpais/2017/01/02/opinion/1483363407_177719.html

A diferencia de los ángeles y los partidos de derechas, la izquierda tiene sexo. Se declara feminista, como el PSOE desde Zapatero; o quiere feminizar la política, como Podemos. La izquierda ha ganado etiquetas. Además de socialista, es ecologista, feminista y defensora de las minorías. Esta diversidad ofrece oportunidades, pero también riesgos.

Por una parte, la izquierda se ha adaptado a los cambios sociales que han diezmado a su electorado clásico, los trabajadores varones. No se puede vivir de la nostalgia y, en el siglo XXI, la defensa de la igualdad debe incorporar consideraciones culturales, de género, o de orientación sexual. La izquierda hace bien en proponer medidas contra la discriminación de cualquier colectivo en cualquier frente: escuela, trabajo o esfera privada.

Pero todo lo bueno que tienen estas políticas integradoras lo tiene de malo el discurso político que las acompaña. Este es el telón de Aquiles de la izquierda contemporánea. A fuerza de insistir en los derechos de unos grupos, la izquierda ha dejado de ser vista como representante de la sociedad en su conjunto. Ha caído en lo que Bo Rothstein, para Europa, y Mark Lilla, para EE UU, denuncian como la política de la identidad. La izquierda enfatiza más las diferencias entre distintos grupos sociales que las semejanzas entre todos los ciudadanos.

La fallida campaña de Hillary Clinton es una seria advertencia para los progresistas en todo el mundo. Hillary sustituyó una visión general para el país por menciones a colectivos concretos: afroamericanos, latinos, LGTBI y, sobre todo, mujeres. En principio, parecía un buen ‘marketing’ político. Singulariza tu producto. Pone nombre y apellidos, sexo y etnia, a tus potenciales clientes. Pero la política no es como la moda. Cuando apelas a un grupo concreto, alienas a otro. En este caso, al hombre blanco.

La izquierda en muchos países corre el peligro de deslizarse por la misma pendiente: que la defensa de políticas para los más desfavorecidos desemboque en un conflicto identitario. Para evitarlo, los progresistas tienen que ser como los ángeles, inteligentes y asexuados.

viernes, 18 de noviembre de 2016

#hemeroteca #fundamentalismos | Milo, el bufón gay del equipo de Trump

Imagen: El Correo / Milo Yiannopoulos
Milo, el bufón gay del equipo de Trump.
El periodista estrella que trabaja para el estratega del presidente americano ha sido expulsado de por vida en Twitter y fue quien comparó el feminismo con el cáncer.
Óscar B. de Otálora | El Correo, 2016-11-18
http://www.elcorreo.com/bizkaia/internacional/eeuu/201611/18/milo-bufon-equipo-trump-20161117204404.html

La entrada en la Casa Blanca como estratega del periodista Steve Bannon, el mayor difusor de la nueva extrema derecha en Internet, ha supuesto una de las mayores alertas tanto en medios liberales como en Europa, donde Bannon ya ha anunciado que tiene previsto extender su ideología ultra, antimusulmana y misógina. Pero la figura que más inquietud ha causado es la de Milo, el periodista estrella del equipo de Bannon, uno de los mayores provocadores de la 'derecha alternativa' y que, entre otros incidentes, ha sido expulsado de por vida de Twitter por sus campañas racistas e insultantes.

El nombre completo de Milo es Milo Yiannopoulos. Es un británico de 32 años, descendiente de emigrantes griegos y quien, tras ser expulsado de la universidad, comenzó a forjarse una carrera como periodistas en la red. Su primera diana fueron los videojuegos -se autodefinió como experto en tecnología- y comenzó a escribir con su estilo provocador y salvaje contra la industria de las consolas. Milo tuvo la suerte de que en Internet surgiera un fenómeno denominado 'Gamegate' en el que, con unas paranoias muy conspirativas, se denunciaba la feminización de los contenidos de este tipo de ocio al tiempo que se hablaba de una presunta trama en la que diseñadoras alternativas de videojuegos se acostaban con periodista especializados para conseguir que sus productos recibieran la más alta puntuación en las críticas.

Desde este submundo Milo pasó a 'Breitbart', el diario digital de Bannon en el que comenzó la campaña más feroz de apoyo a Trump que se conoce. Bannon, como ideólogo de esta nueva ultraderecha -llegó a ser un tiempo responsable de estrategia electoral del inminente presidente norteamericano- contrató entonces a Milo como su responsable de las sección de tecnología.

Pero Milo se convirtió en algo más potente que en mero crítico de videojuegos. Sus columnas sobre avances tecnológicos pasaron a ser un medio de expresión de su mundo antifeminista, xenófobo y, especialmente, antimusulmán. El periodista, que siempre ha exhibido su condición de gay, empezó a aparecer en vídeos cada vez más desafiantes en los que, entre otras frases, afirmaba que el «feminismo es como el cáncer». Milo se tiñó el pelo rubio al estilo Trump y explotó una imagen aniñada, algo así como el Justin Bieber de la ultraderecha. Acuñó frases del tipo: «Las feministas infollables que prefieren la compañía de hombres gay que desde siempre se han aprovechado de nosotros para lograr lo que quieren». Se mostró también partidario del Brexit y afirmó que una de las características del Islam es la cultura de la violación.

Racismo en Twitter
Su escándalo más fuerte se produjo cuando Twitter decidió prohibirle de por vida que estuviera presente en esta red social. El motivo fue la campaña que desató contra la actriz negra Leslie Jones, por su película de 2015 'Cazafantasmas'. Milo se cebó en el aspecto físico de esta corpulenta actriz y la comparó con un hombre. La cuenta de la intérprete se llenó entonces de mensajes amenazantes e insultantes, lo que motivó que Milo, como instigador de la campaña, se le vetase en esta red social.

Milo inició entonces la gira del 'Dangerous faggot' (traducido literalmente como 'el peligroso maricón') y comenzó a dar conferencias en campus universitarios de Estados Unidos e Inglaterra. Se convirtió en un bufón que era capaz de entrar en las salas de conferencia subido a una silla llevada a hombros por otros jóvenes y convirtió su discurso en una provocación permanente. Además de arremeter contra la feministas y sectores del colectivo gay, el periodista defendió las novatadas y atacó el movimiento ‘Black Lives Matter’ -'Las vidas negras importan', el colectivo que protesta contra el asesinato de ciudadanos afroamericanos a causa de desmanes cometidos por la policía en Estados Unidos-. Sus actuaciones se convirtieron en un esperpento en que enfrentaban a sus partidarios y sus detractores. Muchas de sus intervenciones fueron clausuradas por decisiones de las autoridades del campus y otras se suspendieron por amenazas de bombas. Milo, entrevistado en los principales medios nacionales, alcanzó el estrellato como bufón de la extrema derecha. Además, creó un canal de YouTube que convirtió en uno de sus grandes medios de comunicación. Es capaz de humillar a quienes se enfrentan a él o se recrea en los ataques de sus enemigos.

Cuando se supo que su jefe, Steve Bannon, había entrado en la Casa Blanca en numerosos medios se comenzó a especular sobre cuál sería el futuro de Milo. Incluso se barajó la posibilidad de que fuera nombrado el portavoz del Gobierno en Estados Unidos. El se mostró encantado con esta opción y declaró: “Convertiría las ruedas de prensa en un 'reality show'”.

lunes, 14 de noviembre de 2016

#hemeroteca #xenofobia | Trump ‘ha vencido a los particularismos feminista, homosexual y étnico’

Imagen: El País /
Trump ‘ha vencido a los particularismos feminista, homosexual y étnico’.
Robert Forrester, dirigente histórico del comunismo francés reconoce que el éxito de Trump ha sido desplazar a la izquierda como representante de los trabajadores norteamericanos.
Juan E. Pflüger | La Gaceta, 2016-11-14
http://gaceta.es/noticias/trump-vencido-los-particularismos-feminista-homosexual-etnico-14112016-1924

Robert Forrester fue miembro de la dirección del Partido Comunista Francés desde las revueltas del mayo del 68. Fue uno de los hombres fuertes de Georges Marchais, secretario general de los comunistas franceses entre 1972 y 1994 y se ha dedicado a la enseñanza durante toda su vida. Fue aquella dirección comunista la que planteó en 1981 que el Gobierno francés debía “parar toda la inmigración, ya sea clandestina u oficial”.

Ahora, publica un interesante análisis sobre el fenómeno Trump y su comparación con la situación que se vive en Francia. En su escrito explica que el voto al presidente electo norteamericano es “un voto de rechazo a la inmigración mundialista que ha tirado a la baja los salarios y aumentado el paro en el país (…) que ha hecho del comunitarismo un pujante instrumento de división permanente y de disminución del nivel de vida”.

Señala como uno de los éxitos del republicano haber sabido mostrar a la sociedad la diferencia entre una sociedad que vive un proceso de empobrecimiento, mientras que las oligarquías financieras son cada vez más ricas y “han incrementado su riqueza durante la crisis de 2008”.

Por eso, considera que Trump ha sabido atraerse el apoyo de los empresarios industriales que se oponen al capitalismo meramente financiero y que pretenden la reindustrialización del país, a la vez que se pone fin a la deslocalización industrial que está llevando el paro en EEUU a cotas desconocidas.

Pero donde Forrester sitúa el grueso del votante de Trump es en los trabajadores los denominados empleados de cuello blanco y los de cuello azul. Los trabajadores de cuello blanco son los técnicos cualificados que ven con miedo la llegada de inmigrantes cualificados, dispuestos a realizar el mismo trabajo por menos dinero. Los trabajadores de cuello azul son los obreros industriales y agrícolas (de ahí su nombre, por el color del mono de trabajo), amenazada por la llegada masiva de inmigrantes latinos, especialmente procedentes de México.

Pero, siempre desde el análisis del antiguo dirigente comunista francés, también ha recibido un importante seguimiento entre los estudiantes universitarios que se ven “endeudados hata el final de sus vidas profesionales” por la devolución de sus créditos de estudio.

Por este trasvase de votos de los tradicionales segmentos sociales que votaban demócrata, Forrester asegura que “la degradación de la situación económica ha prevalecido a la fidelidad partidista de la clase media”.

Quizá la parte más interesante del artículo del antiguo líder comunista francés es la conclusión, en ella explica que esa reacción en el electorado no es un hecho que se circunscribe a EEUU sino “la muestra de un movimiento de fondo, de contestación que sacude al mundo occidental, machacado por el mundialismo y la oligarquía financiera. Un movimiento que se parece mucho a aquel de los años sesenta y setenta por su carácter popular y por su amplitud”. Pero luego marca las diferencias: “pero que se distingue por un color político (…) que se dirige hacia un nuevo compromiso gaullista o hacia un modelo de neofascismo”.

Y termina asegurando que “la clase media blanca masculina ha vencido a los particularismos feministas, homosexuales y étnicos. ¡Es una lección para los pueblos autóctonos, todavía mayoritarios en su casa!”

Y el viejo comunista concluye con una pregunta: “¿Mañana tendremos un Franxit?”.

domingo, 13 de noviembre de 2016

#hemeroteca #politica | Todo encaja

Imagen: El País
Todo encaja.
Hace ya tiempo que los valores que sustentaban el orden moral se han desmoronado.
Manuel Vicent | El País, 2016-11-13
http://elpais.com/elpais/2016/11/11/opinion/1478885905_385243.html

Esa sensación de que ya lo has visto todo y de que ya nada te puede sorprender no ha sido alterada con la llegada de un patán a la cumbre del imperio. Todo encaja. A la comida basura, a la televisión basura, al periodismo basura, a la cultura basura, a la economía basura, a la educación basura, al patriotismo basura, al racismo basura, al machismo basura le corresponde este Donald Trump, un presidente de Estados Unidos también basura. Nada más lógico. Este figurante sabe que la política es un espectáculo y ha aprovechado la pista del circo para realizar su número. He aquí a Donald Trump como un Sansón ciego y hortera dispuesto a derribar los pilares del templo, los fundamentos del sistema. Para ello se ha servido del odio y del miedo, una mezcla explosiva que nunca falla. Los analistas políticos tratan de explicarnos todas las variables sociológicas que han hecho posible que un millonario histrión, prácticamente analfabeto y con una visión de la historia que no va más allá del negocio de la construcción se haya encaramado en lo alto del gran pastel de calabaza de la Casa Blanca, pero nadie ha explicado el placer que un inmigrante habrá sentido al votar a este candidato después de zamparse una hamburguesa de carne de perro, ni la convulsión sexual que habrá generado este macho rijoso en las teñidas amas de casa de la América profunda. El triunfo de Donald Trump ha despertado un sentimiento de vergüenza ajena entre las élites intelectuales y científicas, que no se explican que un país donde están las mejores universidades del mundo y los centros de investigación más avanzados haya votado a un cateto de presidente. No hay por qué sorprenderse. Hace ya tiempo que los valores que sustentaban el orden moral se han desmoronado. También a estos finos intelectuales dentro de poco Donald Trump les va a parecer un político normal.

#hemeroteca #politica | Un sondeo apunta a que la xenofobia de Trump desató un récord de voto latino

Imagen: El País / Jóvenes latinos anti-Trump en Minneapolis
Un sondeo apunta a que la xenofobia de Trump desató un récord de voto latino.
'Latino Decisions' indica que salieron a votar al menos dos millones de hispanos más que en 2012.
Pablo de Llano | El País, 2016-11-13
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/12/estados_unidos/1478990549_595498.html

El voto de los hispanos de Estados Unidos fue uno de los factores más esperados de las elecciones presidenciales. Los insultos de Donald Trump a los inmigrantes mexicanos se veían como un motivo para que hubiese una reacción electoral latina contra él. Y así fue, según la encuestadora Latino Decisions, que indica que la minoría más numerosa del país aumentó su participación y apoyó abrumadoramente a Hillary Clinton. Aunque no bastó.

Según sus previsiones en estos comicios acudieron a votar entre 13,1 y 14,7 millones de hispanos, al menos dos millones más que en 2012 (11,2 millones).

La demócrata Clinton, que perdió las elecciones por votos por colegio electoral pero obtuvo más votos totales que Trump, habría recibido un 79% del apoyo latino (cuatro puntos más que Obama en 2012) y el republicano tan sólo un 18%. Nunca antes un candidato presidencial había cosechado un porcentaje de apoyo tan bajo entre la población de origen hispano. El republicano Mitt Romney logró un 23% hace cuatro años y en 2004 George W. Bush un 40%.

Los datos de ‘Latino Decisions’ son una aproximación basada en una encuesta hecha días antes de la votación del 8 de noviembre con 5.600 entrevistas.

Los expertos de la casa de sondeos han criticado la encuesta nacional electoral que hace el día de las elecciones la firma Edison Research por encargo de varios medios de comunicación. Consideran que no está diseñada para captar con solvencia el voto hispano. Edison estimó durante el día de los comicios cerca de un 30% de voto para Trump entre los latinos.

El sufragio por anticipado (por correo y presencial) mostró en las dos semanas previas a la jornada final de votación un auge del voto hispano en territorios de fuerte demografía latina. En Florida se registró más de un 100% de aumento. También en Texas se disparó su votación en varios condados. Sin embargo, Trump se llevó esos dos estados (67 de los 290 votos electorales que logró).

La campaña de Clinton y organizaciones progresistas hicieron un esfuerzo por alentar la participación de los hispanos. En buena medida parece que lo lograron, aunque fue insuficiente.

Sin embargo la subida del voto hispano apunta a una tendencia decisiva a corto plazo en la política de Estados Unidos. Los latinos son 56 de los 324 millones de americanos y su crecimiento demográfico es el mayor del país junto al de los asiáticos. Si se añade a su poder demográfico al alza una mayor implicación política de las nuevas generaciones el voto latino será determinante y los demócratas cuentan con todas las pepeletas para verse beneficiados de ese poder político en futuras elecciones.

Ni siquiera el voto cubanoamericano sigue siendo fiel a los republicanos. Según ‘Latino Decisions’ en estas elecciones han votado más demócrata (50% para Clinton) que republicano (48% para Trump).

Entre los mexicanos, siempre según la encuestadora, Clinton tuvo un 81% de los votos y Trump un 15%. El republicano inició su campaña calificando de "violadores" a los mexicanos indocumentados. La demócrata recabó el 79% de apoyo de los puertorriqueños, el 82% de los centroamericanos y el 81% de los sudamericanos. El mejor dato para Trump fue el 27% de votantes que logró entre los latinos con ingresos superiores a los 80.000 dólares anuales.

Tras la victoria de Trump en las elecciones, en los medios de Estados Unidos se han podido leer titulares como ‘¿Por qué los latinos no salvaron América?’ y análisis más ponderados como el del New York Times, que resumía: "Si usted está en ‘shock’ por el resultado, no culpe a los latinos".

En cierto modo, la conclusión es que el voto hispano hizo su trabajo en favor de la causa demócrata, pero no en los guarismos necesarios para contrapesar el aún preponderante voto anglosajón.

sábado, 12 de noviembre de 2016

#hemeroteca #politica | Homosexual, rico, culto y votante de Trump

Imagen: El Mundo / Peter Thiel
Homosexual, rico, culto y votante de Trump.
Emilia Landaluce | LOC, El Mundo, 2016-11-12

http://www.elmundo.es/loc/2016/11/12/5825bd1522601d27798b46a3.html

Al final ganó Trump. No me voy a detener en los motivos por los que 59,6 millones votaron a alguien como él pero seguramente estos iban mucho más allá del tópico reduccionista de los ‘white trash’, Honey Boo Boo, [la protagonista de un reality sobre una familia de Georgia], el Ku Klux Klan y la Asociación Nacional del Rifle... Pienso en Peter Thiel, uno de los principales donantes de fondos a la campaña de Trump y dueño de una fortuna de 2.500 millones. A los 35 años, Thiel fundó PayPal. En 2004, no dudó en entrar en una minúscula empresa entonces desconocida llamada Facebook. Pueden imaginar cuánto dinero se ha embolsado Thiel con los 500.000 dólares que invirtió. Actualmente sigue en el Consejo de administración.

Thiel dirige ahora varias compañías y fondos de inversión (Founders Fund, Y Combinator, Clarium Capital...). También concede 20 becas de 100.000 dólares para personas de menos de 20 años no para estudiar sino para empezar sus propios negocios. Pese a que (o quizás por eso) es uno de los principales benefactores de 'Committee to Protect Journalists', una organización fundada por corresponsales en el extranjero para luchar contra las presiones de gobiernos autoritarios, en 2016 confirmó a ‘The New York Times’ que había pagado 10 millones para que Hulk Hogan (en realidad se llama Terry Bollea) pudiera demandar a Gawker después de que la web publicara un vídeo sexual del luchador con una mujer casada. La venganza es un plato que se sirve frío. En 2007, Gawker había publicado que Thiel era homosexual sin su consentimiento. Los tribunales dictaron que Gawker debía pagar 140 millones a Hulk Hogan y el grupo de comunicación se vio obligado a cerrar.

Homosexual (como muchos votantes de Trump, por cierto), rico, supuestamente culto (estudió Filosofía en Stanford pero visto lo visto en Harvard y Brown, nunca se sabe), californiano... Ya sabemos que la educación no garantiza la buena voluntad y que ahora parece difícil creer en la racionalidad colectiva pero... ¿por qué alguien como Thiel apoyaría a un tipo como Trump? Él lo explicó en una conferencia que dio en octubre en The National Press Club en Washington. «Los medios no saben entender a Trump porque interpretan todo lo que dice literalmente, en lugar de tomarle en serio. Sus votantes, sin embargo, se toman a Trump en serio pero no literalmente. En otras palabras: cuando habla de construir un muro para contener a los mexicanos -y además hacérselo pagar al país vecino- o de vetar la entrada a EEUU de los musulmanes, los periodistas lo toman al pie de la letra, en lugar de interpretarlo como un código para decir que va a endurecer las políticas de inmigración» que es como, al parecer, lo entienden los trumpistas. Extraño.

¿Y qué pasó cuando Thiel anunció que había donado 1,25 millones de dólares a la campaña de Trump? Muchos de sus amigos de Silicon Valley le hicieron el vacío si bien ninguno se atrevió a vetarle en los negocios. «Es verdad que Trump ha dicho cosas ofensivas pero tiene razón en los grandes problemas. No podemos estar en cinco guerras no declaradas».

Quizás, los medios nos entretuvimos demasiado en glosar una versión algo parcial de la América profunda (que por lo leído deben de ser unos desgraciados que sólo piensan en comprar Kalashnikovs) y centrarnos en el supuesto machismo de una persona que dice [en privado] que agarra a las mujeres por el co... pero que tiene a su hija Ivanka al frente de sus negocios. A lo mejor, ‘The New York Times’ nos tendría que haber explicado las indignación de los cubanos de Florida cuando vieron a Michelle Obama y sus hijas paseando por La Habana como si fuera el parque de atracciones del comunismo o por qué las mujeres no están dispuestas a votar con su vagina, como dijo Susan Sarandon, a Hillary Clinton.

Un toque español. En los correos filtrados del FBI sobre la candidata demócrata, Denise, viuda de Marc Rich, uno de los indultados por Bill Clinton, figuraba entre los grandes donantes del partido. No sé si se acuerdan, pero Marc Rich estuvo una época por España. ¿Y quién fue su novia? Dolores Sergueyeva, la bella Lola, nieta de La Pasionaria.

#hemeroteca #mujeres #politica | Ganó el machismo

Imagen: El País / Homenaje a la sufragista Susan B. Anthony, 2016-11-08
Ganó el machismo.
Si el retrato de una mujer cuelga en la Casa Blanca será como primera dama, no como presidenta.
David Alandete | El País, 2016-11-12
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/12/actualidad/1478938164_217643.html

Está claro a estas alturas que Estados Unidos ha estado dispuesto a abrirle la Casa Blanca a una persona de raza negra pero no a una mujer. En los ocho años de presidencia de Barack Obama se pueden haber curado muchas heridas raciales, pero las de género siguen abiertas y muy sangrantes. Si no, no puede explicarse que la misma nación que tuvo la audacia de darle una merecida oportunidad a Obama en 2008 haya preferido ahora a un extravagante magnate sin la educación o experiencia necesarias, y no al candidato mejor preparado de la historia electoral estadounidense que, además, da la casualidad de que es mujer.

El martes Donald Trump cosechó menos papeletas que John McCain en 2008 y Mitt Romney en 2012. Hillary Clinton logró 445.000 votos más que él, pero no con la distribución que le hubiera permitido ganar. Con el recuento ya acabado, no solo es que las clases medias y bajas de raza blanca apoyaran decididamente a Trump, es que gran parte de las minorías hispana y negra ni se presentaron a votar por la candidata demócrata.

Ni siquiera puede hablarse de cierta solidaridad de género. El 53% de mujeres de raza blanca votó por Trump (como lo hicieron el 32% de mujeres hispanas y el 6% de afroamericanas).

No ha importado que los ataques machistas de Trump y sus acólitos hayan rozado la injuria en sus cotas más bajas. Rudy Giuliani, alcalde de Nueva York durante el 11-S y posible ministro de Justicia, dijo en septiembre que si Clinton no se dio cuenta de que su marido la engañó con Monica Lewinsky “es demasiado estúpida para ser presidenta”. Trump, en octubre, decidió que no había nada malo en hacer de la vida personal de su oponente un asunto central de la campaña y la acusó en un mitin televisado de haber engañado a su marido: “Creo que no le es fiel, sinceramente”.

Mucho se ha escrito en la prensa rosa de las propias infidelidades de Trump, con las que se pueden llenar libros y libros. Pero Clinton no recurrió a ellas. Se centró en sus propuestas para un país mejor: avanzar en la reforma sanitaria, reforzar la seguridad social, reforma migratoria, protección de las minorías, igualdad de derechos. Mientras en sus mítines ella hablaba de política económica y reformas sociales, en los medios provocaban estupor todo tipo de grabaciones de Trump llamando a una modelo hispana “cerda” por su sobrepeso o jactándose de que puede agarrar a las mujeres por sus partes íntimas cuando quiera por el mero hecho de ser famoso. Cuando le acusaron de acoso sexual, respondió que quienes lo hacían eran demasiado “feas” para que él se fijara en ellas.

A pesar de todo, Clinton perdió cinco millones de votos con respecto a Obama en 2012. Las posibles razones de su derrota son muy variadas: su papel en la fundación de su marido, una supuesta fragilidad física o avanzada edad, su relación con adinerados donantes o el uso de un correo privado cuando era ministra. Trump, en concreto, ha dirigido sus ataques al carácter de Clinton, al hecho de que es, según sus propias palabras, "deshonesta", "una mentirosa", "asquerosa".

Como esas, la mayoría de críticas a Hillary Clinton no se han centrado en su preparación para el puesto. No ha sido un factor decisivo que sea licenciada por el prestigioso Wesleyan College, tenga un máster en derecho por la exclusiva Universidad de Yale y haya sido una abogada de éxito, admirada senadora y eficiente ministra de Exteriores. Ni siquiera que como primera dama no se resignara a servir el té y cuidar el jardín, sino que impulsara una abortada reforma sanitaria que solo se aprobaría más de una década después.

Su principal lastre es el del apellido, ser una Clinton.

Y no hay nada más injusto que describirla a través de con quién está casada, y no por sus aptitudes. Se la ha convertido en un apéndice, en una nota al pie. Trump ha acertado con su estrategia de retratarla como la pérfida consorte de un clan familiar corrupto y sin escrúpulos. No se ha prestado atención a sus propuestas, solo a su imagen y a su familia.

Cuando Clinton nació, en 1947, solo había ocho mujeres en un Congreso de 435 escaños. Hoy no son ni una cuarta parte: 84 asientos, un 19%. Similar es la situación en el Senado. Cuando la candidata nació no había ni una senadora, y hoy son 21 de 100. A las puertas de la Casa Blanca quedaron dos candidatas a la vicepresidencia: la demócrata Geraldine Ferraro en 1984 y la republicana Sarah Palin, en 2008. Y ahora ella, que varias veces quiso romper el techo de cristal y no pudo, porque el mensaje de la mitad del electorado está claro: si el retrato de una mujer debe colgar en la Casa Blanca debe ser solo como primera dama.

#hemeroteca #historia | Los Trump: todo empezó con el burdel del abuelo proxeneta

Imagen: El Español / Friedrich Drumpf
Los Trump: todo empezó con el burdel del abuelo proxeneta.
Friedrich Drumpf, así se llamaba, emigró a EEUU desde Alemania con solo 16 años. Hizo fortuna con hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. El nuevo presidente nunca ha querido hablar de este capítulo familiar.
José Gallego Espinosa | El Español, 2016-11-12
http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20161111/169983417_0.html

El destino es caprichoso. En 1885 llegaba a la Casa Blanca el demócrata Grover Cleveland, un presidente atípico por ser el único que ha tenido dos mandatos no consecutivos, que además vetó una ley que pretendía restringir la entrada de extranjeros al país. Aquel mismo año arribaba a la joven nación un inmigrante alemán de 16 años llamado Friedrich Drumpf. Traía sólo una maleta y no sabía una palabra de inglés, pero su talento innato le llevó a cumplir el sueño americano y levantar un imperio económico, regentando hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. Amasó una fortuna y regresó a su patria con la intención de quedarse para siempre, pero el gobierno germano le expulsó por eludir el servicio militar obligatorio. Aquella decisión cambiaría el rumbo de la historia. Hoy, 131 años después, otro presidente poco común se prepara para tomar el mando de EEUU y, en este caso, cerrar las fronteras: Donald, su nieto.

La presencia de la saga Trump en estas tierras ha sido de todo menos discreta y convencional desde que pisaran por primera vez el nuevo mundo. Al pasado del abuelo se suma el del padre, Fred Jr., que recientemente ha sido vinculado con los grupos del Ku Klux Klan de los años 20 de Nueva York. Pero para narrar la historia de esta estirpe, debemos primero viajar a su lugar de origen, una pequeña aldea rodeada de viñedos en la región germana del Palatinado.

La periodista Gwenda Blair es la autora del libro ‘The Trumps: Three Generations That Built An Empire’ (‘Los Trump: Tres generaciones que construyeron un imperio’), actualizado en una reciente edición como ‘The Trumps: Three Generations of Builders and a Presidential Candidate’ (‘Tres generaciones de constructores y un candidato a la presidencia’), donde investiga el origen de este linaje y sus negocios durante tres generaciones. La obra aún no está traducida al castellano, aunque la escritora dice que le encantaría que algún editor lo hiciera.

En una entrevista con El Español, Blair explica que visitó Alemania y los lugares clave en la vida de este inmigrante. "Hablé con los familiares que aún quedan allí, y también estuve en las ciudades americanas donde trabajó", relata. De aquel trabajo de campo obtuvo la mayoría de los detalles que han ayudado a reconstruir su apasionante periplo.

Friedrich, el abuelo del nuevo presidente de EEUU, vivía con sus padres, Christian Johannes Drumpf y Katharina Kober, dos vendimiadores que se ganaban la vida recolectando la uva, en Kallstadt, un apacible pueblecito germano cuya tradición vitivinícola data del Imperio Romano.

De Friedrich a Frederick
Tras una larga enfermedad, su padre, el bisabuelo Christian, moría en 1877 con 48 años, dejando a la familia en la ruina. Sus cinco hermanos se pusieron a trabajar en el campo, pero la salud de Friedrich era tan endeble para afrontar aquella faena que, con sólo 14 años, en 1883, lo mandaron a la localidad vecina de Frankenthal para trabajar como aprendiz de peluquero.

Cuando aprendió el oficio, tras dos intensos años, volvió a su pueblo natal. Allí, este joven, ya con 16, se dio cuenta de que aspiraba a algo que la vieja Europa ya no podía darle, riqueza. Además, hasta Baviera llegaban entonces los cantos de sirenas de una nueva tierra de oportunidades que se abría paso al otro lado del Atlántico. De modo que una noche, sin avisar, cogió la maleta, dejó una nota a su madre y se encaminó a Bremen, donde embarcó rumbo a EEUU.

Allí lo esperaba Nueva York, ciudad que la historia uniría para siempre a su apellido. Pero no al de Drumpf. El 16 de octubre, como muchos inmigrantes, se inscribió en el registro norteamericano, donde lo anotaron incorrectamente, u optó por asimilarlo a un sonido más inglés, como Frederick Trumpf, que acabaría derivando en Trump. Vivió un par de años en la casa de su hermana Katharina, que había emigrado antes que él. Encontró trabajo en una barbería donde hablaban alemán y se quedó allí seis años.

Pero el primero de los Trump anhelaba más. En 1891, se marchó a la costa oeste, a Seattle, donde compró con sus ahorros un restaurante en el centro de la ciudad, en una zona donde en la época abundaban casinos, salones y burdeles, el ‘red-light district’ conocido como ‘Lava Beds’. El local fue bautizado como ‘Poodle Dog’, y en él servía alcohol, comida y ofrecía "habitaciones para señoritas”, que era como eufemísticamente se anunciaba que había prostitutas.

"Nada era ilegal"
"No creo que exactamente sea correcto llamarlo proxeneta”, apunta Gwenda Blair. “Él abrió restaurantes y otros establecimientos. Cualquiera que los hubiera tenido hubiera hecho lo mismo", valora. A su juicio, "en unos tiempos muy duros fue muy hábil anticipando lo que su clientela iba a demandarle, que básicamente era comida, licor y compañía femenina”.

La autora considera que el abuelo Trump “tuvo la habilidad de medir el mercado y ver hasta dónde podía llegar sin sobrepasar la ley”. “Era un hombre de negocios que facilitaba el acceso a mujeres. Yo, al menos, no encontré evidencias de nada ilegal", subraya la autora.

En 1892 Trump adquiere la ciudadanía estadounidense y vota en sus primeras elecciones, cogiéndole el gusto a eso de las campañas electorales, como veremos más adelante. Un par de años después, vende el restaurante y se instala en la ciudad minera de Monte Cristo, atraído por los rumores sobre la aparición de nuevos depósitos de oro y plata.

Allí adquirió un terreno, el primero de la familia, y levantó su primer hotel -o pensión- Trump. La operación estuvo rodeada de ciertos problemas legales, pero nada que no pudiera solucionar para en 1896 presentarse a unas elecciones a juez de paz, que ganó por un margen de 32 a 5. Premonitorio. “Donald Trump no ha sido el primero de su clan en ganar unos comicios en este país”, resalta Blair.

Frederick vendió sus propiedades justo antes de que el negocio se viniera abajo, para luego trasladarse a Klondike, en el territorio canadiense de Yukon, junto a Alaska, donde volvió a repetir la fórmula de ofrecer cama, comida, licor y sexo en establecimientos como el Restaurante Hotel Actic y el White Horse Restaurant Inn.

"Sonidos depravados"
Un periódico local describía su negocio como apto “para los hombres solteros del Ártico, con excelentes alojamientos, así como el mejor restaurante, pero no aconsejable para mujeres respetables que vayan a dormir, porque son susceptibles de escuchar sonidos depravados que ofendería su sensibilidad”. La fórmula se repetía en sus locales. Un bar, instalaciones para juegos de azar y zonas oscuras con cortinas de terciopelo, donde ofrecían sus servicios las conocidas como ‘sporting ladies’.

Tras la aventura americana, Frederick Trump dio por concluido su sueño. Vendió sus inversiones y regresó a Alemania en 1901. Una vez más, le funcionó el olfato y se adelantó al final de la fiebre del oro y el consiguiente declive de la prostitución. En opinión de la biógrafa, “demostró ser muy previsor y supo retirarse justo antes de que aquello empezara a decaer y los mineros se marcharan”. “Y no se contagió de la fiebre del oro. Muchos empresarios como él no hicieron dinero allí".

Una vez de vuelta a su pueblo natal, se casó con su antigua vecina Elizabeth Christ, la abuela de Donald. Regresaron a Nueva York, donde abrió una barbería y regentó un hotel y un restaurante. Allí tuvieron a su primera hija, Elizabeth. Pero al poco, la nostalgia sumió a su esposa en una depresión, y en 1894 volvieron a Alemania con la idea de envejecer allí. Pero el Gobierno germano apareció en escena.

¿Presidente de Alemania?
"Es muy llamativo, pero por muy poco la segunda generación Trump podría haber sido alemana", sugiere la autora. ¿Podría Donald ser ahora mismo presidente de Alemania? "Desde luego que podría, o eso o algo importante. Esos son los asombrosos accidentes de la historia. Algo pequeño puede tener un efecto mínimo o consecuencias colosales, como este caso", explica.

En aquella época el servicio militar era obligatorio en Alemania hasta los 35 años, justo la edad a la que regresó el abuelo Trump. Su ayuntamiento trató de ayudarle, en un intento de conservar en el pueblo la fortuna de aquel hijo pródigo, valorada en 80.000 marcos, medio millón de dólares de hoy. Pero las autoridades de Baviera consideraron que Friedrich, con su aventura americana, sólo perseguía evitar el servicio militar, de modo que le retiró la ciudadanía y lo mandó de vuelta a América en 1905, con su esposa embarazada, que daría a luz en Nueva York a Frederick, padre de Donald, y luego John, ya completamente estadounidenses.

Finalmente, el abuelo del nuevo presidente murió a los 49 años, en Queens, durante la epidemia de gripe española. Su mujer Elizabeth usó su herencia para continuar el negocio inmobiliario con su hijo mayor, nuestro siguiente protagonista, Fred Junior, el padre del comandante en jefe electo.

“El segundo Trump también mostró destreza. No vivió la fiebre del oro y le tocó la gran depresión, pero supo sacar provecho de los programas de ayudas federales y subsidios de la época que buscaban levantar la economía. Él transmitió a su Donald todo sobre negocios y cómo ser competitivo. Le enseñó la frase de ‘ganar lo es todo, no hay límites’. Y mira ahora a su hijo", señala Blair.

Vínculos con el KKK
Al margen de la faceta empresarial que recoge en este libro, sobre el padre del futuro presidente de los EEUU, fallecido en 1999, aparecieron en septiembre de 2015 noticias inquietantes. Justo cuando su hijo daba los primeros pasos de su carrera política, la prensa desenterró de la hemeroteca del ‘New York Times’ un artículo publicado el 1 de junio de 1927 que relacionaba a Fred Trump con el Ku Klux Klan. La crónica periodística lo vinculaba con una pelea que enfrentó a 1.000 civiles relacionados con el grupo racista contra 100 policías en Queens.

Aunque no fue acusado oficialmente, Fred Trump fue uno de los siete arrestados durante el incidente. Hay que tener en cuenta que en aquel momento las prácticas racistas en los EEUU estaban generalizadas y el KKK campaba a sus anchas.

Donald Trump más tarde negaría la relación de su padre con el KKK, aunque no pudo desmentir por completo aquel suceso. El propio ‘New York Times’ publicaba una conversación con el magnate en septiembre de aquel 2015. “Es totalmente falso. Nunca pasó. Y la noticia decía que no hubo cargos, nada. Mencionarlo en los medios es injusto, porque no hubo cargos. No sé contra los otros, pero no contra mi padre. Así que incluso asumiendo que fue él, que yo incluso lo dudo, nunca escuché nada de eso. No es justa la mención. Nunca pasó”, dijo un Trump tan indignado, que incluso pidió al reportero que no incluyera el asunto en la entrevista.

Lo cierto es que aunque el nombre coincide con el de su padre, y el censo revela que vivió en el barrio donde se produjo el suceso, según la información no se le acusó de nada, aunque fue detenido. Después de esto, las acusaciones de racismo continuaron, y dos años después de que Donald se uniera a la compañía inmobiliaria de su padre en 1971, la empresa recibió una demanda de derechos civiles por negar el alquiler de apartamentos a ciudadanos afroamericanos.

Se hizo el sueco
Pero Frederick Trump también fue una víctima del rechazo por razones de nacionalidad. Tras casarse con una joven escocesa llamada Mary Anne MacLeod, retomó el negocio inmobiliario con su madre, la viuda de Friedrich, una mujer orgullosa de su origen germano, algo que espantaba a muchos de los clientes del negocio, judíos. De modo que con la II Guerra Mundial, cuando se generó un sentimiento antialemán en EEUU, el padre de Donald Trump comenzó a decir a la gente que era sueco.

Mientras tanto, la madre, a sus 80 años, organizó un viaje de vuelta a Kallstadt con varios de sus nietos, no con Donald, que heredó la mentira sobre Suecia, y hasta la incluyó en su biografía ‘El arte del trato’. Un periodista en Vanity Fair le preguntó a Donald Trump en 1990 si no era cierto que en realidad era de origen alemán, a lo que el millonario respondió que "en realidad, era muy complicado". “Mi padre no era alemán; los padres de mi padre eran alemanes... suecos, y realmente de toda Europa...". Años después admitiría su origen alemán, aunque nunca ha visitado aquel pueblo.

Simone Wendel, cineasta de Kallstadt, se reunió con él en 2014 en la Trump Tower durante el rodaje de su documental ‘Kings of Kallstadt’, un retrato de esta localidad de 1.200 habitantes de la que salió también la familia Heinz, famosa por el ketchup, que a diferencia de los 'Drumpf' no renegaba de su pasado.

"Durante la reunión, Donald estuvo bastante reservado”, contó Wedel en varias entrevistas, si bien el empresario se entusiasmó cuando vio fotografías de sus abuelos y de la modesta casa de su abuelo. "I love Kallstadt", llegó a decir.

Reconciliado ya con su pasado, Trump es consciente de que no será el primer inquilino de la Casa Blanca de ascendencia alemana. La familia de Dwight Eisenhower se llamaba originalmente Eisenhauer y provenía de Karlsbrunn, cerca de la frontera germano-francesa. Y los antepasados de Herbert Hoover fueron llamados Huber y arribaron desde Baden, en el sur de Alemania.

El papel de Donald Trump en la historia americana está aún por escribir. Lo que nadie podrá borrar ya es su ascendencia. Y aunque no le emocione, sin saberlo, probablemente el futuro presidente de los EEUU tiene más de Kallstadt en su interior de lo que cree. Y es que no deja de ser irónico que a los habitantes de este pueblecito se les conozca cariñosamente como ‘Brulljesmacher’, una palabra que en el dialecto regional significa fanfarrón. Caprichos del destino.

#hemeroteca #politica | La conexión vasca con Trump

Imagen: El Correo / 'The Basque Fry', fiesta de los vascos republicanos
La conexión vasca con Trump.
El fiscal general de Nevada, descendiente de pastores de Iparralde, organiza la fiesta vasca republicana a la que asiste cada año la cúpula del partido de Trump.
Óscar B. de Otálora | El Correo, 2016-11-12
http://www.elcorreo.com/bizkaia/internacional/eeuu/201611/12/conexion-trump-euskadi-20161112020432.html

La conexión vasca de Donald Trump se llama Adam Laxalt, un político republicano del Estado de Nevada, procedente de una familia de pastores del País Vasco francés y cuyo abuelo es Paul Laxalt, uno de los hombres de confianza de Ronald Reagan y quien consiguió que el expresidente norteamericano recibiera al lehendakari José Antonio Ardanza en la Casa Blanca en 1988. Laxalt, que apoya al excéntrico magnate que acaba de ganar las elecciones en EE UU, es el creador de la fiesta vasca de los republicanos -‘The Basque Fry’-, un evento popular en el que la ikurriña aparece junto a la bandera de las barras y las estrellas. Al acto asiste cada año la cúpula del partido de Trump.

Adam Laxalt, de 38 años, abogado y exteniente de la Armada, está considerado uno de los políticos en ascenso dentro de las filas republicanas. Su carrera cuenta con padrinos de renombre y un gran pedigrí en la formación del elefante. Su abuelo, como gobernador de Nevada, fue uno de los impulsores de los apoyos a la diáspora vasca en el territorio y su tío, el ya fallecido escritor Robert Laxalt, es uno de los impulsores de la cultura vasca en ese Estado de EE UU.

Al igual que sus ancestros, Adam Laxalt se ha mostrado orgulloso de su pasado vasco. Hace dos años creó la denominada ‘Basque Fry’, un evento del Partido Republicano que consiste en una comida popular -se sirven chorizo y criadillas- y en el que también hay un espectáculo de danzas vascas. Por esta fiesta han pasado líderes como el neurocirujano Ben Carson, un aspirante a la Casa Blanca que, tras ser derrotado por Trump en las primarias, pasó a formar parte de su equipo. En la noche electoral, el nuevo presidente de Estados Unidos citó expresamente a Carson en sus agradecimientos. Su nombre suena en los medios norteamericanos como uno de los posibles miembros del nuevo Gobierno. Esa noche, el propio Adam Laxalt se fotografió con Donald Trump.

Laxalt está directamente vinculado con el grupo de republicanos descendientes de vascos que se instalaron en los Estados de Nevada y Idaho, donde consiguieron labrarse un futuro tanto en el mundo empresarial como en la política. Este grupo de presión siempre ha tenido una buena relación con el nacionalismo vasco; en especial, con el PNV. Además de Laxalt, que consiguió el hito de que un lehendakari fuera recibido en la Casa Blanca, otro de sus hombres fuertes ha sido el ya fallecido Pete Cenarrusa, cuya familia emigró desde Gernika a Estados Unidos y quien también ayudó a que Reagan recibiera a Ardanza. Cenarrusa, un republicano del ala más conservadora del partido, consiguió que, en plena efervescencia por la discusión del ‘plan Ibarretxe’, el Congreso de Idaho aprobase una moción a favor de la autodeterminación de Euskadi. En 2001 recibió el premio Sabino Arana, que concede el PNV, y en 2010 fue distinguido como Ilustre de Bizkaia.

Hijo ilegítimo
El fiscal general de Nevada es una figura con una gran proyección en el Partido Republicano -aunque en las últimas elecciones en este Estado ganó Hillary Clinton-. No sólo está relacionado con la cúpula de la formación del elefante, sino que sus discursos, por ejemplo, aparecen en la página web oficial de la campaña de Donald Trump.

Dentro de su carrera política, hace tres años hizo público que es el hijo ilegítimo del exsenador republicano de Nuevo México Pete Domenici, que tuvo una relación extramatrimonial con la hija de Paul Laxalt, Michelle Laxalt. Esta relación se produjo en los años 70, cuando la joven formaba parte del equipo de trabajo del Partido Republicano. Según algunos medios, el fiscal general de Nevada hizo pública esta información sobre su vida privada para que no pudiera ser utilizada contra él en su carrera política.

viernes, 11 de noviembre de 2016

#hemeroteca #politica | La izquierda necesita urgentemente su propio populismo

Imagen: El Diario
La izquierda necesita urgentemente su propio populismo.
La victoria de Donald Trump refleja cómo la derecha se ha aprovechado del vacío para prosperar, y la izquierda debe haber un plan para abordar esa amenaza.
Owen Jones · The Guardian / Traducción de Javier Biosca Azcoiti | El Diario, 2016-11-11
http://www.eldiario.es/theguardian/izquierda-necesita-urgentemente-propio-populismo_0_578842795.html

La victoria de Trump es una de las calamidades más grandes que ha golpeado a Occidente y el resultado es que todo racista, misógino, homófobo y autoritario de derechas se sienta legitimado. Este populismo de derechas ya no puede ser menospreciado como un incidente puntual. De hecho, sin un cambio urgente en la estrategia, la izquierda y probablemente toda la opinión progresista quedará marginada hasta el punto de la irrelevancia. Nuestra crisis es existencial.

Muchos factores explican esta calamidad. Primero: racismo. El legado de la esclavitud supone que el racismo esté en el ADN de la sociedad estadounidense. Los esfuerzos resueltos de los afroamericanos por sus derechos civiles se han topado con un rabioso contragolpe. Los sondeos a pie de urna sugieren que Trump arrasó entre las personas blancas no graduadas, hombres y mujeres: solo las mujeres blancas graduadas han votado mayoritariamente a Hillary Clinton.

Segundo: misoginia. Trump, que presume de haber asaltado sexualmente a sus víctimas, dirigió una campaña definida por el odio a las mujeres. Clinton era evidentemente una candidata del 'establishment', pero a un hombre del ‘establishment’ se le hubiese tratado de otra forma. Muchos hombres estadounidenses se sienten castrados debido a dos factores: la desaparición de puestos de trabajo seguros y cualificados que les daban un estatus y la sensación de orgullo y el auge de los movimientos de mujeres y LGTB que algunos hombres piensan que debilitan una legítima posición de superioridad.

Pero existe un factor que no puede ser ignorado. El centrismo, la ideología de los supuestos moderados, está colapsando. En los 90, la tercera vía por la que abogaron Bill Clinton y Tony Blair podía sostener la dominación política en la mayor parte de Estados Unidos y Europa. Pero se ha marchitado ante los retos del resurgimiento de la derecha populista y los nuevos movimientos de la izquierda.

Los más jóvenes están preocupados porque se ven condenados a un futuro menos próspero que el de sus padres; y los votantes más mayores de clase trabajadora se sienten desplazados. El auge espectacular de Podemos en España, la popularidad de la extrema derecha del Frente Nacional en Francia o el Brexit, está todo interrelacionado.

Las consecuencias de la crisis financiera han dejado al centrismo con cada vez menos respuestas y, aun así, sus defensores siguen atacando la supuesta desesperación política y los fracasos de sus oponentes de izquierdas. Repartir golpes de forma indiscriminada siempre es más fácil que abordar su propia y evidente falta de visión o estrategia en tiempos de crisis.

Siempre que se mencionan las inseguridades económicas que han alimentado el 'trumpismo', se plantean varias objeciones. Es una explicación, dicen algunos, que no cuenta con la inmensa mayoría de los estadounidenses de clase trabajadora y de minorías que votan al Partido Demócrata. También está el asunto de la culpabilidad. Muchos insisten en que los votantes republicanos de clase trabajadora deben asumir la responsabilidad de haber elegido a un candidato misógino y racista. Verdad, algunos serán racistas y misóginos hasta la médula, pero otros tienen el potencial de desvincularse si el señuelo es lo suficientemente atractivo.

Las primeras indicaciones sugieren que una participación en decadencia de los demócratas es la prueba de una falta de entusiasmo por la campaña de Clinton. Pero donde mejor parece que le ha ido a Trump es en la clase media, y casi gana a Clinton entre los más pudientes. Pero el giro más grande hacia Trump, un cambio de 16 puntos porcentuales, llegó de aquellos que ganan menos del equivalente a 27.500 euros al año, aunque sigue por detrás de Clinton en este grupo. La última vez votaron por el primer presidente negro del país. Esta vez viraron hacia un candidato apoyado por racistas declarados y se aseguraron de que ganase.

El centrismo ha fallado a estos y a muchos otros votantes. Clinton no fue cuidadosamente seleccionada por la élite del Partido Demócrata: se enfrentó a un desafío inesperadamente exitoso proveniente de Bernie Sanders y venció, en parte porque este no logró atraer a los afroamericanos. Pero su maquinaria política se lo puso prácticamente imposible a otros candidatos, como Elizabeth Warren.

En los tiempos de un sentimiento antisistema generalizado en Occidente, una candidata dinástica del ‘establishment’, cercana a Wall Street, cercana a déspotas extranjeros y patrocinadora de guerras extranjeras catastróficas, fue una elección desastrosa.

Los centristas tienen una réplica fácil. Vale, radical engreído, si nosotros no somos la respuesta, enumera la lista de gobiernos izquierdistas prósperos y explica cómo la izquierda soluciona sus divisiones. Y, por supuesto, tienen algo de razón. El estilo y la cultura de la izquierda radical está a menudo formada por jóvenes con educación universitaria (un grupo en el que me incluyo). Son un grupo cada vez más grande y diverso; a menudo provenientes de un entorno modesto. Pero sus prioridades, su retórica y su actitud son a menudo radicalmente diferentes a los votantes de clase trabajadora más mayores de un pequeño pueblo de Inglaterra, Francia o Estados Unidos. Ambos grupos son fundamentales para construir una coalición electoral victoriosa y, sin embargo, están divididos.

Eso debe cambiar. A menos que la izquierda eche raíces en las comunidades de clase trabajadora —desde los diversos barrios de Londres a las antiguas ciudades fabriles del norte—, a menos que utilice un lenguaje que cale en aquellos a los que una vez vio como sus votantes naturales y a menos que deje de ignorar los valores y prioridades de la clase trabajadora, la izquierda no tiene futuro político. En Reino Unido, Theresa May ha entendido hacia donde va la historia, y de ahí su intento torpe y partidista de enfrentar a una élite progresista supuestamente no patriota contra una clase trabajadora para quien el patriotismo es una prioridad.

En su influyente libro, ‘Don't think of an elephant!’ (‘¡No pienses en un elefante!’), el lingüista político estadounidense George Lakoff señaló que los votantes se sienten más motivados con la “identidad moral y los valores” que con cualquier otra cosa, incluso si eso supone votar en contra de los intereses económicos de uno mismo. Los progresistas, por el contrario, creyeron que gritar los datos convencería de algún modo a la gente.

Pero los humanos son seres emocionales. Queremos historias conmovedoras. El tono de Clinton era el de alguien intentando convertirse en director ejecutivo de un banco. Era la candidata presidencial con más experiencia de la historia del país, pero eso apenas importó. Fue derrotada por Obama, entonces un joven senador, y ahora ha sido superada de nuevo por un político inexperto.

¿Qué será lo siguiente para la izquierda? No puede ceder en la lucha contra el racismo, la misoginia y la homofobia, pero debe planear urgentemente cómo hacerlo de una forma que conecte con los marginados. La clase trabajadora cada vez es más diversa y la izquierda debe tener un mensaje que cale con todos los votantes. No puede permitir que la derecha populista retrate a la izquierda como una ideología que odia los valores de la clase trabajadora.

Necesitamos proyectar una visión conmovedora. Porque ahora sabemos que decir los datos y limitarse a esperar lo mejor no mitigará a la derecha ni construirá una alianza progresista. Existe un hilo común, pero los centristas y radicales no han logrado encontrarlo. Debemos redoblar nuestros esfuerzos. Desde Estados Unidos, vemos la tragedia que ocurre con el vacío.

#hemeroteca #mujeres #politica | Tres lecciones de feminismo a la americana

Imagen: El Diario / Donald Trump en la campaña elctoral
Tres lecciones de feminismo a la americana.
Es verdad que estas elecciones han sido un espectáculo bochornoso para las mujeres de todo el mundo, pero no es menos cierto que no podemos olvidar lo que ha ocurrido.
Isabel Mastrodoménico - Directora de la Agencia Comunicación y Género | El Diario, 2016-11-11
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/lecciones-feminismo-americana_6_579252090.html

Las elecciones en Estados Unidos nos han dejado tres lecciones importantes sobre la igualdad de género y el papel de las mujeres en la política contemporánea.

En primer lugar, siendo lo más extremo y grosero, hemos asistido incrédulas a la utilización de un lenguaje y argumentario machista como eje articulador de la campaña de Trump. Un tema que ha sido glosado suficientemente en medios y redes al haberse convertido en la desviación más extrema del principio de igualdad en Occidente desde la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Lo que queremos destacar, además de nuestro rechazo directo a la exaltación de la violencia machista y la denigración de las mujeres, utilizadas por el presidente electo y nuestra exigencia para que se tomen medidas legales al respecto, es el hecho de que su oponente fuera precisamente una mujer. Entendemos que la igualdad de género debería ser una línea roja muy clara y su traspaso tendría que ser perseguible de oficio por la fiscalía.

En segundo lugar, el debate postelectoral en el entorno demócrata más progresista se coló un argumento digno del neomachismo más sofisticado. Justificándose, entre otros argumentos de mayor peso político, la supuesta preferencia del votante estadounidense por los candidatos masculinos, se señalaba el error de haber elegido a la candidata Clinton en lugar del candidato Sanders como representante en la contienda electoral.

Para nosotras sacrificar la igualdad de género de forma utilitarista en una elecciones es inaceptable. Nos queda aún un camino muy largo para reducir la brecha de género en las candidaturas políticas y cualquier paso atrás es un golpe irrecuperable en el avance hacia una sociedad igualitaria.

En tercer y último lugar nos hemos encontrado en esta campaña con unos medios y analistas políticos que hasta esta misma mañana no han sabido estar a la altura de un principio político que debería estar consagrado universalmente: "¡Sin mujeres no hay democracia!".

Nosotras representamos el 51% del electorado y deberíamos igualmente estar representadas como candidatas. Desde esta posición exigimos que nuestros derechos no sólo se protejan de forma más eficiente y efectiva, sino que se consagren transversalmente en todas y cada una de las manifestaciones de la vida política a nivel universal.

Desde la elaboración de los programas políticos a la elección de las candidatas, pasando por una campaña de comunicación elaborada con perspectiva de género, el principio de igualdad ha de ser el eje vertebrador democrático en una sociedad igualitaria.

Es verdad que estas elecciones han sido un espectáculo bochornoso para las mujeres de todo el mundo, pero no es menos cierto que no podemos olvidar lo que ha ocurrido, hacer un análisis realista de la situación y así aprender de estas tres lecciones a la americana, por eso de que aunque no se escarmienta en cabeza ajena, nos preparemos para no cometer los mismos errores de nuevo y si no reciben el mensaje, quienes se llaman "entendidos en la materia", entonces no habrán entendido nada.

#hemeroteca #testimonios | Melania Trump: una primera dama de perfil bajo, políglota y criada en el comunismo

Imagen: El País / Melania Trump
Melania Trump: una primera dama de perfil bajo, políglota y criada en el comunismo.
Su origen inmigrante es paradójico, dado el discurso de Trump, aunque ella asegura no tener nada en común con los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos. Su perfil bajo contrasta con el de su predecesora, Michelle Obama, pero asegura que quiere dedicarse a combatir el bullying en las redes sociales. Su infancia en la entonces Yugoslavia comunista ha cultivado sus habilidades lingüísticas: habla esloveno, serbio, alemán, inglés y francés.
Jon Henley · The Guardian / Traducción de Javier Biosca Azcoiti | El Diario, 2016-11-11
http://www.eldiario.es/theguardian/Melania-Trump-primera-dama-perfil_0_579192713.html

En diciembre de 1999, un redactor de ‘The New York Times’ planteó a la modelo nacida en Eslovenia Melania Knauss una pregunta que en aquel momento parecía rocambolesca. Si su entonces novio Donald Trump lograse algún día llegar a la Casa Blanca, ¿qué tipo de primera dama sería?

En aquel entonces, Trump estaba inmerso en la carrera por la nominación presidencial del Partido de la Reforma de Estados Unidos y sus posibilidades de llegar al Despacho Oval eran nulas. Además, su relación con Knauss apenas tenía un año. 16 años después, esa pregunta ha recuperado todo el sentido.

"Sería muy tradicional, como Betty Ford o Jackie Kennedy. Yo le apoyaría", señaló entonces. La imagen de esposa tímida tradicional explica el papel que ha jugado Melania Trump durante la campaña. Su perfil bajo, siempre detrás de su marido en los mítines y raramente interviniendo, contrasta con el de Michelle Obama.

En 2008, por ejemplo, Michelle Obama provocó varios problemas a su marido por hacer comentarios provocadores en sus intervenciones durante la primera carrera presidencial de Barack Obama. De hecho, generó una tormenta de indignación entre los conservadores al afirmar: "Por primera vez en mi vida adulta, realmente me siento orgullosa de mi país", una afirmación que se interpretó como falta de patriotismo.

Por el contrario, Melania Trump, de 45 años, se ha agarrado en sus raras apariciones en el podio a generalidades insulsas pronunciadas con un fuerte acento esloveno. En ocasiones se ha limitado a decir que su marido "será el mejor presidente".

Posición ante la inmigración
Melania Trump nació en 1970 y creció en el pequeño pueblo esloveno de Sevnica, de 5.000 habitantes. Habría seguido seguramente una vida anónima de no ser por un fotógrafo de moda que le fotografió cuando era una estudiante de la Universidad de Liubliana.

Ello llevó a Melania a Nueva York en 1996 y a una fiesta en el Kit Kat Club dos años después, donde conoció a Trump. Ella tenía 28 y él, 52. Melania se convirtió en residente permanente de Estados Unidos en 2001 y consiguió la nacionalidad en 2006, después de casarse con el constructor multimillonario en 2005.

Se casaron en el Mar-a-Lago Club de Trump, en Florida, junto a 450 invitados, entre los que estaban Bill y Hillary Clinton. Según las informaciones, Melania llevaba un vestido de Dior de 92.000 euros. La tarta de boda pesaba 92 kilos y tenía siete pisos.

Por primera vez desde 1825, Melania Trump será una primera dama nacida en el extranjero. La primera fue Louisa Adams, inglesa, esposa de John Quincy Adams. Será la primera primera dama que no tiene el inglés como lengua materna y la primera en dominar cinco idiomas: esloveno, alemán, francés, serbio e inglés. También será la primera en haberse criado en un bloque de edificios de un país comunista, Yugoslavia, y, desde luego, será la primera en haber hecho desnudos fotográficos para revistas (en 1995 para Max Magazine y en 2000 para GQ).

Su estatus de inmigrante es paradójico, dado el discurso de Trump contra los mexicanos "asesinos" y "violadores" y su promesa de construir un muro en la frontera sur. Pero ella ha desestimado la ironía de su situación insistiendo en que no tiene nada en común con los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos. "Yo cumplo la ley", declaró a MSNB. "Nunca pensé en quedarme aquí sin papeles. Yo tenía visa", añadió.

Su causa, el bullying
El furor tras su discurso en la Convención Nacional Republicana, cargado de llamativas similitudes con un discurso anterior de Michelle Obama, podría haberle tentado a quedarse en un segundo plano. Pero, según señaló unos días antes de las elecciones, le gustaría trabajar para reducir el ‘bullying’ en las redes sociales.

"Nunca está bien cuando se burla o ataca a un niño o niña de 12 años. Es terrible cuando pasa en el patio del recreo y absolutamente inaceptable cuando se hace por alguien escondido en la red", señaló. "Debemos encontrar mejores formas de honrar y apoyar el bienestar básico de nuestros hijos, especialmente en las redes sociales. Será uno de los principales focos de mi trabajo", añadió.

La ironía de la propuesta, dado el habitual comportamiento agresivo de su marido en las redes sociales no pasó por alto entre muchos, incluida Lady Gaga, que acusó a Melania de "pura hipocresía".

Aunque defendió a su marido cuando se le acusó de comportamiento sexual depredador, Melania advirtió a Trump que debía "actuar como se espera de un presidente". El mes pasado, Melania declaró a la reportera de la CNN Anderson Cooper que no se cortaba a la hora de aconsejar a su marido, incluyendo "dejar de tuitear".

"Le doy mis opiniones muchas veces", señaló. "No estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero eso es normal. Soy una persona independiente y le digo lo que pienso. Me mantengo fuerte sobre el suelo que piso y creo que eso es muy importante en la relación", añadió.

#hemeroteca #politica | El voto identitario

Imagen: El País / Seguidores de Trump en Nueva York
El voto identitario.
Una amplia coalición de ciudadanos blancos animados por factores migratorios, económicos y de seguridad encumbró a Trump.
Marc Bassets | El País, 2016-11-11
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/11/estados_unidos/1478819722_656080.html

Una amplia coalición de estadounidenses blancos —una mayoría que está dejando de serlo en un país cada vez más hispano— ha llevado a Donald Trump a la Casa Blanca. Los ciudadanos de origen europeo, hegemónicos en Estados Unidos desde su fundación hasta los tiempos recientes, ha actuado en estas elecciones como una minoría, un grupo identitario, una nación dentro de un país continental, que vota preferentemente por un partido, en este caso el Republicano.

Motivos económicos explican el resultado electoral. Trump entendió que una parte de la población blanca, la clase trabajadora del Medio Oeste, se había quedado desamparada, sin un partido que representase sus intereses y escuchase sus inquietudes. Este partido había sido, tradicionalmente, el demócrata. Era el partido de los sindicatos, del ‘little guy’, el hombre de la calle, el que defendía al obrero de las fábricas ante el patrón y las grandes corporaciones, representadas por los republicanos del ‘country club’, una élite económica y política.

El proceso por el que estos demócratas dejaron de serlo fue dilatado y nunca en línea recta. Comenzó en los años sesenta, cuando el presidente Lyndon B. Johnson, que era demócrata, firmó las leyes que abolían la discriminación y perdió el gran bastión histórico de los blancos del Sur segregacionista. Continuó en los setenta, cuando el republicano Richard Nixon conectó con la mayoría silenciosa de blancos espantados ante los cambios sociales acelerados —la conquista de derechos de los negros y las mujeres— y por las posiciones pacifistas de los demócratas. Otro republicano, Ronald Reagan, conquistó a este electorado con su mensaje de optimismo patriótico y económico. Eran los “demócratas de Reagan”, un perfil de votante —obreros blancos en el Medio Oeste industrial— clave para Trump.

El magnate ha captado el malestar económico de estos estadounidenses. Un mensaje fundamental ha sido la oposición a los tratados de libre comercio, a los que el presidente electo achaca los males del cinturón industrial que va de Pensilvania a Wisconsin, pasando por Ohio, Michigan e Indiana. En 2008 y 2012 estos votantes se alejaron del Partido Republicano, identificado con la familia Bush, con Wall Street y con la Gran Recesión. Candidatos como Mitt Romney, un multimillonario con una imagen elitista, no ayudaban. El Medio Oeste votó a Obama. Y el martes se volvió contra Clinton, identificada, como Romney en 2012, con las élites globales que maquinan contra el little guy. Trump le ha dado voz, ha apelado a su dignidad. “Los hombres y mujeres de nuestro país no volverán a ser olvidados”, dijo en la noche electoral.

Pero la explicación económica del triunfo de Trump es incompleta. Los sondeos a pie de urna muestran que las personas con menos ingresos votaron a Clinton. Y entre las preocupaciones principales de los votantes republicanos no figuraba la economía, sino la inmigración y el terrorismo.

El primer dato revela que la coalición de votantes demócratas tiene en los negros e hispanos uno de sus pilares: entre las personas con menos ingresos figuran las minorías (el otro pilar demócrata son los blancos con niveles educativos más altos, los que viven en las ciudades y en las costas).

El segundo dato muestra que las dislocaciones económicas no son el único motor de Trump —con Obama se ha reducido el desempleo, y el PIB crece— sino los miedos relacionados con la identidad: al inmigrante mexicano, o al terrorista musulmán. De ahí la eficacia de la promesa de construir el muro en la frontera con México o vetar la entrada a musulmanes. La raza, trauma fundacional de este país, es un factor central en los Estados Unidos de 2016.