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jueves, 25 de julio de 2024

#hemeroteca #lesbianismo #memoria | Isabel Franc: “Las lesbianas no estamos de moda ni lo estaremos nunca”

Isabel Franc //

Isabel Franc: “Las lesbianas no estamos de moda ni lo estaremos nunca”

La escritora presenta ‘Darrere les Persianes’ (Detrás de las persianas) un recorrido sobre el activismo lésbico en Barcelona, ilustrado por Rosa Navarro y editado por el Ayuntamiento de Barcelona
Amparo Pérez | El País, 2024-07-25
https://elpais.com/espana/catalunya/2024-07-25/isabel-franc-las-lesbianas-no-estamos-de-moda-ni-lo-estaremos-nunca.html

“¿Cuántas lesbianas conocéis desde Safo a la tenista Martina Navrátilová?”, es la pregunta con la que Isabel Franc (Barcelona, 68 años) empieza sus lecciones de literatura lésbica en el máster de Género y Comunicación en la Universidad de Barcelona. A esta clase también asisten las protagonistas del cómic ‘Darrere les persianes’ ('Detrás de las persianas'): “Cuando me propusieron el libro empecé a escribir desde una perspectiva autobiográfica, pero no quería que fuera una narración nostálgica”, explica Franc. La escritora, junto a la ilustradora Rosa Navarro, optó por dar voz a las nuevas generaciones y dejar que fueran dos estudiantes las que trazaran un recorrido por la historia de las lesbianas de Barcelona para Trabajo de Fin de Máster.

Franc lleva toda la vida escribiendo sobre lesbianismo, y aún no sabría decir si se trata de un género literario en sí mismo: “Mis alumnas no quieren ponerse etiquetas y me parece estupendo. Pero ellas pueden hacer esto porque otras trabajamos duro para acabar con nuestra invisibilidad, reivindicando la etiqueta de lesbianas, como una cultura y espacio propios”, subraya. ‘Darrere les persianes’ es el relato de las lesbianas con etiqueta y su primera parada es el archivo de Ca la Dona, donde Mercè Otero les descubre a las grandes figuras femeninas de la Segunda República como la deportista olímpica Ana María Martínez Sagi, la primera directiva del Barça.

Las estudiantes avanzan en la investigación, igual que lo hizo la historia. “Elena fue detenida el 17/07/74 en un bar de copas por actitud sospechosa, usando vestimenta masculina con la pretensión de engañar a las mujeres, por las que siente una irresistible inclinación”, reza una ficha policial replicada en el libro. Con la llegada del franquismo desaparecen los colores y el gris inunda las páginas: “Acostumbro a utilizar siempre la misma paleta de colores suaves, como el rosa pastel. Pero, cuando se produce este retroceso, me incliné por la oscuridad para dejar constancia de la pesadez del ambiente durante el régimen”, afirma Rosa Navarro (Vilanova i la Geltrú, Barcelona, 47 años), la ilustradora del libro.

Con sus dibujos, Navarro refleja los códigos que utilizaban las lesbianas durante el franquismo para no ser descubiertas, como llamarse “libreras” entre ellas. También dibuja los centros del Patronato de protección a la Mujer ―cárceles encubiertas donde iban a parar las que eran consideradas como señoritas de vida alegre― y caricaturiza las excursiones al campo y otros puntos de encuentro del colectivo. “Una de las grandes paradojas del franquismo es la segregación de sexos en lugares como las playas, donde, sin quererlo, terminó creando playas de ambiente. Uy, si las casetas hablaran”, bromea Franc.

Viñeta de Rosa Navarro recordando las Jornades de la Dona de 1976 //

Muere Franco, comienza la transición y vuelve el color a las páginas que revisitan las Jornades Catalanes de la Dona, las marchas del Frente de Liberación Homosexual de Castilla, el primer Orgullo LGTBI de Barcelona en 1977 y el activismo de Empar Pineda. “Empar fue la primera lesbiana que salió en TVE hablando de su sexualidad. Ella contaba que, al día siguiente de la emisión, en su barrio, una vecina dijo ‘Ayer Amparito salió en la tele’ y las otras respondieron ‘sí, la vimos, y ¿al final se casó?’, ignorando totalmente el tema del que hablaba en televisión”, critica Franc. “Las lesbianas hemos sufrido menos castigo público que los gays. Si dos mujeres se daban la mano por la calle no pasaba nada y, si vivían juntas, eran solteronas amigas. El beneficio es que tuvimos ‘más libertad’, pero, a la larga, el castigo ha sido más cruel: no existes, te quitan el derecho a ser”, admite Franc.

La “arqueología lésbica” sigue por el Distrito 3, barrio 9, en la calle del Cardenal Casañas, lugar frecuentado por otras activistas como la lesbiana separatista Gretel Amman y su pareja Lola Majoral―fundadora de Ca la Dona―, y remata la ruta con una mapa de locales clave para el lesbianismo de los 90 como el bar Núria, el Daniels, el restaurante Fortuny, o el Casal Lambada.

Llegan los 90, el primer reportaje sobre lesbianas por Rosa Montero en ‘El País’, y los activistas que trataban de quitar el halo de drama al lesbianismo: grupos de música como Xoxo Sisters― vestidas estilo ‘drag queen’―, o las fiestas Fes-Lu (Hazlo). En el 97, Franc publica ‘Con pedigree’ (Egales) bajo el pesudónimo Lola Van Guardia: “Fue un libro para que las lesbianas se rieran de sus “bollodramas”. Tenía una portada muy explícita y el subtítulo era ‘culebrón lésbico por entregas’, pero esto solo aparece en la primera edición, las librerías no lo querían. No sé si lo que no les terminaba era culebrón o por entregas”, recuerda con ironía.

‘Darrere les persianes’ llega hasta 2004, cuando se aprueba la Ley del matrimonio homosexual. “En ese momento aparece el transfeminismo, otra etapa del feminismo, del lesbianismo y de la colectividad LGTB, un paradigma que yo no he vivido en primera persona. Mi infancia, adolescencia, juventud y madurez son esto―dice señalando el libro―, la historia no se ha acabado, pero son las nuevas generaciones las que tienen que terminar de escribirla”. Pese al éxito de ventas del libro en plena celebración del Orgullo LGTBI, Franc advierte: “Las lesbianas no estamos de moda ni lo estaremos nunca. La diversidad se lleva mucho, pero es una tendencia hipócrita. A la gente le encanta un reportaje sobre artistas LGTBIQ+ pero, cuando la lesbiana es tu vecina de abajo, ya no hace tanta gracia”.

Se acerca el final: las estudiantes atraviesan el Paraninfo de la UB hasta llegar a la sala de audiencias, donde exponen su TFM, bajo la atenta mirada de la activista María Giralt, Mercè Otero y la propia Franc. Tras el éxito de la exposición, con Safo y Navrátilová en mente, todas prometen no volver a esconderse detrás de las persianas.

domingo, 10 de marzo de 2024

#hemeroteca #lesbianismo #feminismo | Mirar a los orígenes del 8M en Barcelona con Dolors Majoral: “Estábamos en la vanguardia del feminismo y del separatismo lésbico”

Dolors y Gretel junto a sus compañeras en La Nostra Illa en 1987 //

Mirar a los orígenes del 8M en Barcelona con Dolors Majoral: “Estábamos en la vanguardia del feminismo y del separatismo lésbico”

La acritz y activista recorrió las calles de Barcelona de la transición en defensa del feminismo y el lesbianismo junto a la filosofa Gretel Amman, con quien fundó Ca la dona y el Centro de Estudios de la Mujer
Amparo Pérez | El País, 2024-03-10
https://elpais.com/espana/catalunya/2024-03-10/mirar-a-los-origenes-del-8m-en-barcelona-con-dolors-majoralestabamos-en-la-vanguardia-del-feminismo-y-del-separatismo-lesbico.html

Las flores que asoman por los balcones de Gràcia no engañan: la primavera se acerca, es 8 de marzo de 1984 en Barcelona. Dolors Majoral y Gretel Ammann salen del recién inaugurado Centro de Estudios de la Mujer (‘El Centro’) y se encaminan a la peluquería de Susana. Las “paradas obligatorias” alargan el camino: una barra en la panadería de Elena y Anna, saludar rápidamente a Carme en la carpintería y recoger las fotos reveladas en donde Laia. Un núcleo vecinal exclusivamente formado por feministas y lesbianas en el centro de Barcelona fue el proyecto de vida utópico de Majoral, Amman y sus compañeras de la Red de Amazonas: “Queríamos un pequeño barrio habitado solo por mujeres totalmente autónomas y luchadoras, independientes de modelos heterosexuales y masculinos. Estábamos en la vanguardia del feminismo y del separatismo lésbico”. Cuarenta años después, Dolors Majoral (Rubí, Barcelona, 72 años) permanece tan involucrada en la causa feminista que, por los preparativos del Día de la Mujer, solo tiene hueco para una llamada telefónica.

La cinta se rebobina. El 27 de mayo de 1976 ―ocho años antes de la inauguración de ‘El Centro’― 4.000 personas desafiaban el aforo del Paraninfo de la Universidad de Barcelona para asistir a las I Jornades Catalanes de la Dona (jornadas catalanas de la mujer). Por primera vez las mujeres llevarían al debate público temas como la brecha salarial, el divorcio, el aborto o la sexualidad: el feminismo estaba eclosionando y su ruido despertaba a una España en transición. Majoral señala que, en sus inicios, el movimiento bebía del activismo vecinal: “Casi nadie se denominaba feminista, éramos mujeres que salíamos a luchar por nuestros derechos, y en la calle coincidíamos todas, feministas declaradas y no declaradas”. Majoral tuvo que conformarse con escuchar las jornadas por la radio, mientras atendía la tienda de ultramarinos que regentaba en Rubí. Las jornadas “de sol a sol” tras el mostrador se acabaron a finales de la década de los 70, cuando se mudó a Barcelona para dedicarse profesionalmente al teatro. “Estudié en el Institut del Teatre de Terrassa movida por la curiosidad que genera lo prohibido. El teatro es más abierto que el resto de la sociedad y me permitió entenderme a mí misma”, recuerda Majoral. El arte dramático le abrió las puertas de los garitos feministas de la ciudad.

La plaza de Cardona está en el corazón el barrio de Sant Gervasi. Allí, una mujer de pelo corto y con vaqueros de tiro alto se asoma a la rendija del número 7. Tras identificarse rápidamente, le abren las puertas de Daniel’s, epicentro del lesbianismo de la época. Como la normativa de la época prohibía los clubes no mixtos, el bar disponía de un sistema de alerta de las redadas policiales. “Cuando se encendía la luz roja, dejábamos de bailar y de darnos cariño. Sacábamos los juegos de mesa y les decíamos que era un local donde charlar y tomar el té, algo inofensivo”, recuerda. Cuando la Policía se marchaba, el parchís y el dominó eran sustituidos por la música de Mari Trini y la mesa de billar, entorno a la que Majoral conoció a la que sería su pareja los próximos 20 años.

Dolors Majoral y Gretel Ammann //
Gretel Ammann (San Sebastián, 1947-Barcelona, 2000) fue filósofa, ensayista, pionera de la teoría feminista y el separatismo lésbico en España y, sobre todo, activista. “Gretel estaba involucrada en todas las luchas sociales ―ecologista, pacifista, vecinal, asamblearia―, durante un tiempo llegó a pertenecer al movimiento comunista de Barcelona”, expone Majoral. De todas las causas, el feminismo fue protagonista y de la mano de Majoral y sus compañeras, Ammann fundó el primer grupo de teatro de mujeres y la primera escuela de verano, y lanzaron ‘Red de Amazonas’, la revista que editaban desde el número 256 de la calle Roselló. “Acudíamos casi diariamente al Centro de Estudios de la Mujer para celebrar debates, organizar charlas o hacer presentaciones. Terminábamos empoderadas y convencidas de la lucha separatista pero al salir, nos dábamos de bruces con la realidad”, cuenta. La realidad es que si querían tomar una cerveza en un lugar sin hombres tendrían que abrirlo ellas mismas: La Nostra Illa, la pequeña barra de bebidas y frutos secos, cumple ahora 38 años siendo un espacio para el cine, karaoke, charlas, talleres y, en especial, “para combatir la soledad de las integrantes de la comunidad”, destaca Virginia Rayuela, directora de la asociación.

La comodidad de contar con una cafetería pegada al centro les incitó a reproducir el modelo de comunidad que ya existía en ciudades como Paris o Berlín. “Teníamos la golosina en la boca, visualizábamos un barrio exclusivamente lesbiano en el centro de Barcelona. Pero, aunque de la ilusión se viva, esta no paga los alquileres”, lamenta Majoral. El paso de los años, las circunstancias personales y la apertura de la primera sede de Ca la Dona, retiró a Majoral y a sus compañeras de Gràcia y las “encerró” en Diagonal para editar, durante más de una década, ‘Laberint’, el “legado de Gretel” o la revista de difusión y discusión para mujeres y lesbianas. El magazine integraba artículos feministas, piezas de escritura creativa, convocatorias de eventos y un rico repertorio de las investigaciones, libros y estudios europeos traducidos por Ammann. Majoral opina que el feminismo es inseparable del internacionalismo. Ella y sus compañeras fueron por las distintas capitales europeas “de feria en feria” del libro, para tejer una red de mujeres incorporando la experiencia, la teoría y las dinámicas de cada lugar. “El componente internacional es igual o más necesario ahora que nunca”, advierte.

Después de años reducido a una actividad puramente institucional y de “puertas a dentro”, desde hace unos años el feminismo ha vuelto a las calles, ampliando su campo social y creando más conciencia, “a pesar de que luego solo hablemos de discrepancia”, critica. Como mujer entregada a la causa, a Majoral le duele ver cómo el debate enriquecedor se convierte en discusión, “cuando necesitamos tanto que esté fuerte y unido”, añade. A los partidarios de que “todo está hecho”, Majoral les da un último consejo antes de volver a los preparativos vecinales del 8-M: “No es necesario que se califiquen como lesbianas, feministas o vecinas. Que sean ellas mismas, que se pongan las gafas violetas y entonces se pregunten a sí mismas si tienen todos sus derechos cubiertos, si se desenvuelven íntegramente y si son capaces de vivir en plenitud todos los momentos de sus vidas. Seguramente la respuesta sea no, y luchar por ello es feminismo, aunque lo quieran llamar de otra manera”.