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martes, 6 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismo | La liberación de las españolas

Imagen: El País / Manifestación feminista en Barcelona en 1976
La liberación de las españolas.
La lucha por la igualdad se redobló tras la muerte de Franco: 1975 marcó un punto de inflexión.
Charo Nogueira | El País, 2018-03-06
https://politica.elpais.com/politica/2018/03/05/actualidad/1520255765_087307.html

La historia vuelve la página en un año clave para las españolas. En 1975, todavía en vida del dictador, estrenan el derecho a abrir una cuenta corriente sin permiso del marido. “Banco de Bilbao, el banco de la mujer”, se anunció el abuelo de lo que es ahora el BBVA en busca de clientas. El spot, en aquellas teles en blanco y negro, no tiene desperdicio: una joven con falda-pantalón camina hasta el mostrador de una lujosa oficina, donde la atiende un empleado con bigotillo franquista. “Ese andar decidido es el símbolo de la mujer de nuestros días, de la mujer responsable que trabaja y vive su época. Y a ella, por primera vez, un banco le dirige este mensaje de amistad, este tributo de admiración”, dice la voz en ‘off’.

—Sí. El Banco de Bilbao cree en los derechos de la mujer. No se trata de crear diferencias, sino de ofrecer igualdades.

La osadía del anuncio se respalda con el cartel final: “Año Internacional de la Mujer. Naciones Unidas”. La declaración, el primer gran paso de la ONU para avanzar en la igualdad, sirve de acicate tanto al régimen como a los grupos de mujeres que luchan desde el feminismo, clandestino como cualquier oposición a la dictadura —y a menudo maquillado de otra cosa—. También hace reflexionar a muchas españolas sobre su propia situación. Lo del “año de la mujer” se convierte en una muletilla cotidiana, en un argumento para ensanchar las férreas costuras en un 1975 pródigo en acontecimientos.

Ana María Pérez del Campo, feminista ya en aquella época y ahora octogenaria, ha rebuscado en sus viejos códigos civiles para bosquejar la discriminación legal que padecían las españolas durante el franquismo. “Las madres no teníamos la patria potestad sobre los hijos. Las casadas estábamos obligadas a obedecer al marido. Además, en cuanto a la capacidad de obrar y prestar consentimiento en contratos, el artículo 1.263 equiparaba a las casadas con los menores, los dementes y los sordomudos”, dice con su voz ronca.

La suavización legal de mayo de 1975 es, en gran medida, el resultado de largos años de esfuerzo de la jurista María Telo. Impulsó la reforma que, en sus palabras, “hizo de la mujer casada un ser libre al convertirla en mayor de edad”. La ley de mayo de 1975 “sobre la situación jurídica de la mujer casada y los derechos y deberes de los cónyuges”, impulsada por Telo contra viento y marea, introduce cambios de calado en el Código Civil y en el Código de Comercio. Elimina buena parte de las limitaciones en la capacidad de obrar que sufren las desposadas —lo son casi todas las adultas: la soltería sigue siendo una rareza criticable, y la viudedad, una desgracia—.

“El matrimonio no restringe la capacidad de obrar de ninguno de los cónyuges”, establece el flamante artículo 62 del Código Civil. La reforma elimina la licencia marital. La casada deja de precisar del permiso para comparecer en juicio, enajenar bienes —hasta entonces sólo podía decidir sobre compras “destinadas al consumo ordinario de la familia”—, aceptar una herencia —y disponer de ella—, si bien la administración de los gananciales seguirá correspondiendo al cónyuge. Tampoco necesita ya licencia para contratar, ni para ejercer la actividad mercantil. Acaba la obligación de seguir al marido si decide establecerse en otro lugar. El domicilio familiar se elige de común acuerdo —si hay hijos, prevalece la opinión del padre, que dispone en exclusiva de la patria potestad—. El artículo 57, que obligaba al marido a “proteger a la mujer” y a esta a “obedecer al marido”, da un giro: “El marido y la mujer se deben respeto y protección recíprocos, y actuarán siempre en interés de la familia”.

Estos cambios son un intento de lavado de cara del régimen ante la conmemoración en 1975 del Año Internacional de la Mujer, cuya organización se encomienda a la Sección Femenina e incluirá exposiciones de floricultura y filatelia. La camisa azul falangista lleva tiempo apolillada. Toca aggiornamento. Pero es tarde. Las nuevas organizaciones de mujeres asoman la cabeza pese a la clandestinidad y caminan por su propio pie.

Pocos días después de morir Franco, del 6 al 8 de diciembre de 1975, se celebran las I Jornadas por la Liberación de la Mujer en Madrid. El escenario, un colegio de monjas franciscanas, el Montpellier, en el barrio de La Concepción. Más de medio millar de mujeres debaten y expresan sus reivindicaciones en todos los órdenes, desde la educación a la sexualidad o la equiparación legal hasta el divorcio y el aborto. Fue una cita clave, una puesta de largo para el movimiento feminista.

Muerto Franco, los vientos de libertad que se habían ido colando por las rendijas abren brechas y se hacen imparables. Ana María Pérez del Campo, feminista autodidacta a fuerza de rebelarse contra su situación personal —primero— y contra la situación general de las españolas, redobla el activismo desde la Asociación Española de Mujeres Separadas. Va a comenzar 1976 y el futuro se escribe cada día. El edificio del franquismo va a derrumbarse.

Las madrileñas estrenan su primera gran manifestación feminista a mediados de enero, donde los grises se emplearán a fondo contra las que caminan bajo el lema “Mujer: lucha por tu liberación. ¡Únete!”. Son unas 2.000, bajan por la calle de Goya rumbo a la sede presidencial del paseo de la Castellana, 3. Pocas logran llegar porque la policía armada, vestida de gris y porra en mano, carga contra las ciudadanas que piden libertades democráticas y denuncian la desigualdad. (…) “En esa época manifestarse podía llegar a costar la vida. Hubo muertos por disparos de la ultraderecha o de la policía, que aseguraba que había disparado al aire. Por eso decíamos que los manifestantes volaban”, relata la activista.

“En la Asociación Española de Mujeres Separadas habíamos planteado que la materia matrimonial debía ser competencia civil, y no religiosa, porque si no era dar pábulo a un sistema como el de la Inquisición: la Iglesia condenaba —separaba en este caso—, pero ejecutaba el fuero civil. El tribunal eclesiástico concedía la separación —o la nulidad del matrimonio, que era algo excepcional y suponía disolver el vínculo, como un divorcio—, pero señalaba un culpable. Como no nos hacían ni caso, empezamos a pedir el matrimonio civil sin trabas. En la práctica no existía, porque había que apostatar para poderse casar ante un juez. Pedir eso entrañaba, de paso, el derecho al divorcio. Con una salvedad fundamental: el divorcio que queríamos afectaría también a los ya casados por la Iglesia”, relata Ana María Pérez del Campo Noriega.

“Para caldear, nos movíamos mucho con la prensa, radio y televisión. Nuestra presencia en los medios de comunicación, los grandes aliados de la época, amplificaba el mensaje”. Pero también servía para colocarse en la diana de una ultraderecha que se tomaba la justicia por su mano. “Esos grupos me amenazaron durante un tiempo. Llamaban por teléfono de noche y decían: ‘Ya te queda menos’ o ‘Mira debajo de las ruedas de tu coche”.

Extracto de ‘La mujer que dijo basta’ (Editorial Libros_com), de Charo Nogueira, que llega a las librerías esta semana.

lunes, 5 de marzo de 2018

#libros #feminsimo | La mujer que dijo basta : la larga lucha por la igualdad y contra la violencia de género en España (1970-2017)

La mujer que dijo basta : la larga lucha por la igualdad y contra la violencia de género en España (1970-2017) : memorias de Ana María Pérez del Campo Noriega / Charo Nogueira.
Madrid : Libros_com, 2018 [03-05].
302 p.
Colección: A contraluz
ISBN 9788417236595 / 18 €

/ ES / ENS
/ Activismo / Ana María Pérez del Campo / España / Feminismo / Igualdad / Mujeres - Historia / Mujeres en el franquismo / Testimonios

Ana María Pérez del Campo Noriega ha impulsado el profundo cambio en la vida de las mujeres desde el franquismo hasta nuestros días. Pionera y protagonista de la gran revolución femenina, ha abierto camino a los derechos y libertades de las ciudadanas y fomentado la lucha contra la violencia de género en España. Con ochenta años cumplidos, esta feminista aún alza la voz contra la desigualdad, los abusos y el patriarcado. Ella es ‘La mujer que dijo basta’, y este es su testimonio. «El feminismo es solidario y lucha contra las injusticias, por la igualdad, por compartir el poder, no por quedárselo todo» - Ana María Pérez del Campo

Charo Nogueira (Madrid, 1959) es periodista desde los años ochenta. Especializada en igualdad de género, ha vivido en primera fila la revuelta contra la violencia machista y la puesta en marcha de nuevas leyes igualitarias. Ha narrado estos grandes cambios en ‘El País’, donde trabajó durante un cuarto de siglo. Con varios premios por su labor informativa, ahora hace balance del gran salto adelante de las españolas junto a una de las activistas más veteranas. Profesora, conferenciante y trotamundos, es autora de ‘Viaje a la Antártida’ (Alianza Editorial, 1997).

martes, 21 de noviembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #franquismo | Cómo una señora bien se hizo feminista en pleno franquismo

Imagen: El País / Charo Nogueira y Ana María Pérez del Campo
Cómo una señora bien se hizo feminista en pleno franquismo.
Charo Nogueira narra el vuelco de las mujeres desde la dictadura a la vez que el periplo de una pionera, Ana María Pérez del Campo.
Ana Alfageme | Mujeres, El País, 2017-11-21
https://elpais.com/elpais/2017/11/16/mujeres/1510856289_710001.html

-Charo, te molesto porque quiero dejar un testamento.

Al otro lado de la línea telefónica, una voz familiar. Ana María Pérez del Campo, de 82 años, presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. Una veterana del feminismo desde los tiempos de la dictadura deseaba que la periodista Charo Nogueira, especialista en igualdad, contase su ancho periplo vital. Por entonces, era 2015, la experimentada reportera pergeñaba una historia sobre la formidable andadura de las mujeres españolas desde el franquismo donde eran poco más que esposas y madres sometidas, a la actualidad.

“Me di cuenta de que ambos proyectos convergían”, cuenta Charo. Ese fue el punto de partida. Entretejer la epopeya de las españolas desde la sumisión a la aspiración, cada vez más vehemente, de la igualdad real con el calvario, primero, y la generosidad, después, de una mujer que podría ser todas.

Desde junio de ese año, Ana María y Charo conversaron una vez a la semana. Además, hubo que bucear en archivos de todo tipo, construir el hilo cronológico de los avances en igualdad de más de cuatro décadas, documentarse sin desmayo, “y sintetizar”, se ríe la periodista. El resultado de más de dos años de investigación y periodismo es 'La mujer que dijo basta', un volumen que está en periodo de mecenazgo en la editorial Libros_com. Básicamente, es una yuxtaposición de dos experiencias, la de una periodista con casi cuatro décadas de trayectoria (25 años en El País) junto a la más inesperada de las feministas.

En los años sesenta, Ana María estaba casada, había alumbrado dos hijos y tenía otro en camino. “Aquello no era un matrimonio y dije basta”, relata firme como una roca en el video de promoción del libro. “Entonces se dio cuenta de todo, de que no podía hacer nada sin el permiso de su marido, de que el matrimonio civil era simbólico, porque para poder contraerlo había que apostatar", relata Nogueira. La joven madre tardó nueve años en tener la sentencia de separación que dictaba el tribunal eclesiástico. El divorcio, claro, no existía. Con tres bocas que alimentar, Ana María buscó trabajo sin la necesaria autorización del cónyuge del que había huido. "El marido le puso un detective, que averiguó que ella se empleaba como fisioterapeuta en el Hospital del Niño Jesús", prosigue la periodista. "Total, que ella le dijo a la monja que si no podía trabajar allí, se tendría que dedicar a ser prostituta. La religiosa se quedó asustadísima y la permitió seguir, eso sí, entrando por otra puerta".

¿Qué resulta singular en la trayectoria de Ana María? "Básicamente es la historia de una señora de origen aristocrático que acaba siendo feminista a través de su experiencia personal y de una reflexión sobre todo lo que le ocurre”. Es también una pionera. "Es la primera que, en pleno franquismo, en 1973, logra la legalización de una asociación de mujeres separadas, cuando la mayoría de estas, como dice ella, iban a la iglesia a rezar para que volvieran los maridos". La autora comenta que la biografía de esta mujer está llena de anécdotas que dan cuenta de la naturaleza de Ana María. "Fueron ella y otra de las fundadoras, Mabel Pérez Serrano, a un cursillo de cristiandad a reclutar a las primeras asociadas". El primer activismo, con encierros, estudios sobre discriminación y hasta un programa de radio, le valió el paso por los calabozos

Empezaron así, y luego se fueron sumando las causas. Primero la del divorcio, en cuya elaboración legal colaboró la fundadora; después la de la violencia de género. La federación asesora en todos estos casos y tiene un refugio para mujeres maltratadas. Ana María Pérez del Campo sigue yendo todos los días al despacho a ofrecer asesoría. “No se va a jubilar porque es una mujer con una bandera, una causa. Eso forma parte de su vida”, mantiene Nogueira.

La periodista, gran especialista en un ámbito como el de la igualdad y pionera en la información sobre la violencia machista, ha seguido aprendiendo también con este proyecto: "Es bueno que las mujeres conozcamos nuestra historia y que seamos agradecidas a las que nos abrieron el camino", dice. "Yo quiero tratar de contribuir a difundir este viaje".