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viernes, 29 de julio de 2022

#hemeroteca #lesbianismo #memoria | Pia y Marga, la historia de amor de la gran pianista de jazz en el Torremolinos de la libertad

El Diario / Marga Somsonowski y Pia Beck con su hijo Gino Felleman //

Pia y Marga, la historia de amor de la gran pianista de jazz en el Torremolinos de la libertad.

Gino Felleman, hijo de Marga Somsonowski y Pia Beck, rinde homenaje a sus dos madres y a The Blue Note, un emblemático local de jazz del Pasaje Begoña.
Néstor Cenizo | El Diario, 2022-07-29
https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/pia-marga-historia-amor-gran-pianista-jazz-torremolinos-libertad_1_9196949.html

En los años 60, Gino Felleman era un niño al que paseaban en un imponente Dodge descapotable por las calles de Torremolinos. Su familia había preferido la Costa del Sol antes que Los Angeles como refugio del frío y la lluvia, y eso que aquella familia no era cualquiera y hubiese podido desembarcar en cualquier lugar del mundo. La madre de Felleman era Pia Beck, una afamada pianista. Y su otra madre era Marga Samsonowski. Ambas se habían enamorado cuando Marga estaba embarazada de Gino. Así para él tener dos madres siempre fue lo más normal, aunque en la España de entonces las cosas se vieran de otra manera.

Por eso, no es extraño que el spot de Correos que protagoniza Felleman arranque precisamente así: “Hola, madres”. El spot, lanzado a comienzos de julio coincidiendo con la inauguración de un buzón arcoíris junto al Pasaje Begoña, ha servido para rescatar la historia de amor de Beck y Samsonowski en la oscura España del tardofranquismo. “Quiero que toda la gente sepa que en plena dictadura demostrasteis al mundo que es posible convivir respetando la diversidad”, les dice Felleman en el anuncio: “Gracias a gente como vosotras el Pasaje Begoña fueron nueve años de revolución, de visibilidad y convivencia LGTBI, de canciones, de gente valiente que se enfrentó al mundo simplemente siendo como era”.

‘The Blue Note’ en el Pasaje Begoña

Cuando llegó a Torremolinos en 1965, Pia ya llevaba en el bolsillo los papeles de la propiedad de un local en una céntrica calle del pueblo, por entonces un barrio de Málaga. Ella era una afamada pianista de jazz, hay quien dice que la mejor del mundo. Eran tan habituales sus giras y conciertos que el director de KLM le regaló una réplica de un avión y la revista Time la bautizó ‘The flying dutchess’, en alusión a su nacionalidad (holandesa) y su vida de bolo en bolo.

Ambas decidieron alejarse de esa vida en un rincón del sur de España. En Torremolinos, Pia pudo cumplir el sueño de tantos pianistas: desde 1965 hasta 1969, regentó The Blue Note, un emblemático local del Pasaje Begoña, una estrecha calle peatonal donde se respiraba un ambiente libre y bohemio.

Entre tablaos flamencos y discotecas como la legendaria Piper’s, funcionaban en la primera planta del edificio varios locales de ambiente LGTBI, cuya popularidad fue creciendo, hasta que las autoridades franquistas acabaron con aquello en una brutal redada la noche del 24 de junio de 1971. La Policía identificó a unas 300 personas, arrestó a más de 100 y cerraron 23 locales. La intervención preocupó a algunas embajadas extranjeras.

Suele decirse que el franquismo hizo la vista gorda ante lo que ocurría en Pasaje Begoña porque aquello era una etiqueta de aperturismo ante Europa y una fuente de divisas. Pero lo cierto es que la homosexualidad seguía siendo delito, como lo fue hasta el 26 de diciembre de 1978, cuando quedó derogada la Ley de Peligrosidad Social de 1970. En 2019, el Pasaje Begoña fue declarado Lugar de Memoria Histórica en recuerdo de aquel episodio, que algunos señalan como el Stonewall español.

El concierto frente a la homofobia de Anita Bryant
Cuando Gino nació, en 1956, Marga y Pia ya vivían juntas. La relación con su padre biológico no era buena, y para él no había más familia que sus madres y sus dos hermanos. Sentado en una cafetería junto al pasaje, Felleman insiste: “Yo nunca conocí otra cosa y nunca tuve la sensación de que fuéramos diferentes”.

Los cinco habían llegado a Torremolinos en su fabuloso Dodge rojo. Felleman recuerda aquellos años con una nostalgia emborronada por alguna sombra cruel. Recuerda que los niños recogían comentarios de los mayores y se los clavaban sin piedad, así que él no quería ir al colegio. Por lo demás, Pia y Marga vivían su amor con naturalidad. Todos sabían que eran pareja, pero no porque ellas tuvieran un interés en que se supiera. Tampoco en que no se supiera. “Ellas no querían etiquetas ni iban de lesbianas. Nunca salieron del armario porque nunca estuvieron dentro”, dice.

Eso no significa que no se posicionaran. Al contrario. Beck organizó un concierto en Amsterdam (luego editado en disco: ‘Miami Nightmare’) con el fin de recaudar fondos. Querían pagar una página en ‘The New York Times’ que contrarrestara el discurso homófobo de Anita Bryant, una cantante norteamericana impulsora de una campaña para derogar la ordenanza que acababa con la discriminación LGTBI en Miami.

Felleman dice que sus madres no tuvieron demasiados problemas por su homosexualidad. Quizá su carisma y su pasaporte le concedieran una cierta inmunidad, pero al igual que la dictadura acabó mostrando su cara más brutal y represiva en 1971, en una ocasión Beck fue detenida por la Policía. “Siempre nos dijo que fue porque faltaban algunos papeles”, relata. En otra ocasión, la pianista pagó la fianza del hijo de un amigo que había llegado a Torremolinos a trabajar. “La Policía le había pegado tal paliza por ir de la mano de un hombre que, desde entonces, él no ha querido volver a España”.

Nacidas y fallecidas el mismo año: “Estaban hechas para vivir juntas”
Después de cerrar ‘The Blue Note’, Pia y Marga siguieron viviendo en Málaga, y Beck hizo todo lo posible por promocionar España: escribió tres guías turísticas sobre la Costa del Sol en holandés y presentó un programa de radio, nada menos que en cinco idiomas, en La Voz de Málaga, una emisora local.

Su reconocimiento en España ha sido escaso hasta ahora. El año pasado, la Asociación Pasaje Begoña colocó una réplica de los carteles del bar. En Holanda, Beck es un icono de la lucha LGTBI y el próximo 18 de septiembre se celebrará un gran homenaje en su ciudad natal, La Haya.

Pia y Marga nacieron el mismo mes y año (septiembre de 1925), se conocieron en 1956 y no se separaron hasta su muerte, en 2009. “Estaban hechas para vivir juntas”, recuerda su hijo. “Se amaron toda la vida y criaron a sus tres hijos con respeto y amor”.

“Su mayor contribución es la normalidad que aportaban. No había estridencias y no era relevante que fueran lesbianas. La revolución de las piedras de Stonewall aquí se hizo cantando y bailando”, resume Jorge Pérez, presidente de la Asociación Pasaje Begoña. Y en ello tuvo mucho que ver ‘The Blue Note’ y el amor que vivieron Pia y Marga, las madres de Gino Felleman.

viernes, 24 de junio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #memoria | 51 años del Stonewall Andaluz

El Salto / Ambiente en uno de los establecimientos del Pasaje Begoña //

51 años del Stonewall Andaluz.

El 24 de junio se celebra el 51 aniversario de la Gran Redada en el Pasaje Begoña, Torremolinos, un símbolo de la memoria LGTBIQ en Andalucía.
Aurora Báez Boza | El Salto, 2022-06-24
https://www.elsaltodiario.com/actualidad-lgtbiq+/51-anos-stonewall-andaluz

“Era un paraíso, una cosa que es imposible de explicar” así recuerda Manuela Saborido, Manolita Chen (Arcos de la Frontera, Cádiz), referente de la lucha LGTBIQ en Andalucía, el Pasaje Begoña. “Cuando yo veía allí dos chavales dándose besos y dos mujeres con un brazo así por lo alto, yo decía esto no es el mundo, esto es el paraíso”.

El Pasaje Begoña fue durante la década de los 60 y 70 un punto de fuga para las disidencias sexuales en el contexto de una dictadura que los perseguía y criminalizaba. Torremolinos era uno de los destinos turísticos predilectos para los extranjeros en el tardofranquismo, un espacio donde el régimen permitía cierta apertura con fines económicos. Este trasiego de turistas y esta permisividad hizo posible un espacio de ocio donde se encontraban las disidencias sexuales de la época.

Para personas como Manolita Chen llegar a Torremolinos supuso un espacio seguro donde huir de las agresiones que vivía en su pueblo: “Yo estaba en mi Arcos, tan asqueada, tan perseguida, me pegaban palizas, me rapaban al cero, me llevaban a la cárcel”. Y fue gracias a una vecina que le envió una carta desde Torremolinos, que decidió marcharse con 19 años a trabajar fregando platos en uno de los establecimientos de la población. “Muchos disidentes sexuales andaluces se exiliaron a grandes ciudades como Barcelona, pero también de forma temporal o permanente a zonas costeras, donde podían trabajar al margen de la represión política y social que vivieron en sus contextos de origen”, explica el periodista Arturo Arnalte.

Las disidencias sexuales andaluzas podían encontrarse en bares como el Tony's Bar, considerado el primer bar de ambiente, o como The Blue Note, regentado por la pianista de jazz Pia Beck, que nunca ocultó su orientación sexual. Según la Asociación Pasaje Begoña, la población autóctona de Torremolinos “se habituó a este ambiente desinhibido y lo aceptó con cierta naturalidad” debido al impacto económico que el turismo suponía para la localidad, que hasta el desarrollo económico era un barrio periférico de Málaga. Sin embargo, los sectores conservadores de la sociedad malagueña, que en la época franquista eran bastante amplios, veían Torremolinos como un espacio “de vicio y perversión”, según recoge la Asociación Pasaje Begoña.

No hay que olvidar que en el contexto de una dictadura se produjeron detenciones y persecuciones en el Pasaje Begoña con el amparo de la Ley de Vagos y Maleantes. El 24 de junio de 1971 se producía en el Pasaje Begoña “La Gran Redada”, una serie de detenciones sin precedentes que supuso la detención de 300 personas. La operación se realizaba en el contexto de “la campaña iniciada por la autoridad gubernativa de Málaga, en orden a velar por la moralidad y las buenas costumbres” según publica el medio El Eco de Canarias en julio de 1971. Para muchos medios y parte de la sociedad, la actuación estaba justificada como un proceso para regenerar Torremolinos a través de “Un plan gubernativo para saneamiento y clarificación de los medios de raro ambiente de Torremolinos” justificaba el periódico ABC al hacerse eco de la noticia. Desde la Asociación del Pasaje Begoña reflexionan, en el libro conmemorativo por el 50 aniversario de la Gran redada: El Pasaje Begoña, en la memoria LGTBIQ, sobre la decisión que apuntan, fue “tomada desde Madrid para mostrar fuerza de un régimen que ya se veía estaba agonizando”.

La Gran Redada, de la que hoy se conmemora el 51 aniversario, supuso la perdida de un espacio de libertad para las disidencias sexuales en Andalucía y en todo el estado español. Sin embargo, como también sucedió con las revueltas de Stonewall Inn en 1969, supuso un punto de referencia para el inició del movimiento de liberación LGTBIQ en el territorio. Saborido comenta la importancia de no olvidar acontecimientos como la Gran redada y la violencia hacia el colectivo en el franquismo: “Teníamos una represión tan grande, incluso en la propia familia. Hay muchas Manolitas, no yo sola, que hemos dado muchos pasos, yo con 80 años aún sigo luchando”.

lunes, 21 de junio de 2021

#hemeroteca #lgtbi #memoria | 50 Años del Pasaje Begoña: de la Gran Redada a ser declarado Lugar de Interés Turístico

Torremolinos Chic / Pasaje Begoña. 1968 //
50 Años del Pasaje Begoña: de la Gran Redada a ser declarado Lugar de Interés Turístico

El Pasaje Begoña en la memoria LGTBI+. Parte I.
José Luis Yagüe Ormad / Asociación Pasaje Begoña | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2021-06-21
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2021/06/21/50-anos-del-pasaje-begona-de-la-gran-redada-a-ser-declarado-lugar-de-interes-turistico/ 

*(Con motivo del 50 aniversario de la redada del Pasaje Begoña, en 1 de cada 10 vamos a dedicar varios días a compartir textos sobre su memoria, curiosidades, clientela habitual y devenires. Gracias a Asociación Pasaje Begoña por compartirlo en este espacio.)

El 24 de junio del 2021 se cumplen 50 años de la Gran Redada de Torremolinos que acabó con el esplendor y el halo de libertad y modernidad que se respiraba en el famoso Pasaje Begoña. En Sevilla, el alcalde Juan Espadas, acompañado del alcalde de Torremolinos José Ortiz y otras personalidades, entre las que se espera la presencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska y representantes de Stonewall, de Nueva York y de Pulse, en Orlando, van a presidir un acto conmemorativo en la sede de la Fundación Cajasol.

Aquella monumental Redada que precisó movilizar a todas las fuerzas de Orden Público de Málaga y provincia para detener a más de 400 personas, que fueron hacinadas en la pequeña travesía lateral del Edificio de La Aduana, en cuyos bajos estaba la Comisaria de la Policía Nacional y en los pisos superiores las dependencias del Gobierno Civil y la residencia del gobernador, fue vivida de forma directa por el periodista José Luis Yagüe Ormad, aquel día actuando como Redactor Jefe al frente de la Redacción, situada en una primera planta de la Alameda Principal, del Diario “SOL de España”, cuya Dirección, Redacción, Rotativa y Talleres de impresión se encontraban entonces en la calle Valentuñana alta, en Marbella.

Dos jóvenes e intrépidos becarios que hacían las prácticas de periodismo en aquella Redacción situada encima de “Electrodomésticos Gallardo”, en el lateral derecho de la Alameda, subieron corriendo las escaleras sofocados. “Tenemos la exclusiva del año, exclamaba Luis. Pero la Policía Armada (los grises) nos ha requisado los magnetófonos donde teníamos entrevistas y testimonios, que vamos a tratar de reconstruir”, decía a José Luis Yagüe, que pronto los animó a escribir todo y pasar a informarse el mismo de la situación.

De esta forma fue como el diario “SOL de España” dio un amplio reportaje sobre lo sucedido. Los otros medios se limitaron a una escueta “nota oficial” donde se trataba de justificar la Gran Redada. Pero ya las cancillerías europeas se habían puesto en marcha para reclamar a Franco la libertad inmediata de sus súbditos, ya que además de turistas de diversos países, entre los detenidos había hijos de ministros y personalidades de relieve en Europa. La prensa extranjera se hizo eco dando la relevancia extrema que merecía.

Hoy, 50 años después, el periodista José Luis Yagüe Ormad que vivió el esplendor de las noches de Torremolinos y el deslumbrante mundo de arte y libertad que se disfrutaba en el Pasaje Begoña, nos regala el siguiente relato:

Torremolinos, donde nació el auge turístico de la Costa del Sol

En los años 65-70 Torremolinos era la joya de la corona del turismo español. La plaza Costa del Sol era un hervidero de gentes dispuestas a pasarlo bien. El tablao flamenco El Jaleo ofrecía su llamativo cartel. Sentarse a tomar algo y ver pasar a la gente en el mítico bar Pedro’s era un privilegio. El flamenco hacía furor. Se hicieron famosas las juergas flamencas en El Mañana y más tarde en Las Cuevas, en la cuesta de Las Mercedes, que era una sucursal de Las Brujas de Madrid. Cuando actuó La Contrahecha con el ballet de Las Brujas, aquello fue un acontecimiento.

Pero el ambiente se concentraba en torno a la plaza Costa del Sol. Allí en un sótano estaba la discoteca Le Bilboquet con un ambientazo increíble. Y subiendo un poco la cuesta hacia el Mercado, El Dorado tuvo unos años de gran esplendor.

No hacía mucho que Frank Sinatra había sido detenido por la Policía Armada en el hotel Pez Espada, harto de insultar a Franco. El Pez Espada era el no va más y sus propietarios el joyero Mato, de Madrid y el constructor vasco Alberola, lo mimaban en todos sus detalles. Al lado, el Remo concitaba a muchas personalidades y el club de playa era una gozada. Y Antonio, que nunca ocultó su condición gay, abría la hilera de monumentos al “pescaito” de La Carihuela, compitiendo con Prudencio, cuyo sobrino Félix Cabeza, era el camarero más simpático y avispado de la plantilla. Tanto que en pocos años después, montó el imperio de La Dorada con los mejores restaurantes de pescado de Sevilla, Madrid, Barcelona y hasta París.

En Torremolinos se despertó el auge del turismo en España. Conocí a un juerguista constructor vasco que triunfaba en Londres, Jesús Tamborero, que harto de que la Guardia Civil le cerrase una y otra noche el local nocturno de su pequeña urbanización de bungalows en la desembocadura del rio Guadarranque, lleno de ingleses que volaban hasta Gibraltar, aprovechó que el ministro del Aire, general González Gallarza (uno de los dueños de la Ginebra Larios) empezó a permitir que la cerrada base militar de El Rompedizo donde se posaban 50 bombarderos alemanes Heinkel-111, los famosos “Pedros”, recibiera vuelos comerciales de Gran Bretaña, Bélgica y Francia para empezar a traer a Torremolinos los primeros charter de ingleses, a los que pronto se unieron los vuelos de Sabena, belga, la holandesa KLM y más tarde Transavia que le llenaba el hotel Alay a Miguel Sánchez, su entonces director.

Era el boom del Turismo. Y Torremolinos había cogido la delantera. Hasta el príncipe Alfonso de Hohenlohe a la sazón presidente de la Cooperativa de Promotores de la Costa del Sol que construyó el Palacio de Congresos de Torremolinos, había montado una sucursal del Marbella Club en el King Club de la Nogalera, con un restaurante de gran lujo y exquisiteces junto a una deliciosa boite que contribuía a dar ambiente a las ya famosas noches de Torremolinos, casi enfrente de la recién inaugurada Tifanys.

Aquel ambientazo de la plaza principal de Torremolinos discurría hacia la playa del Bajondillo por la calle San Miguel, todo tiendas con la última moda, algún souvenir para contentar a los turistas y allí mismo el asador de Frutos, abierto hasta la madrugada con sus chuletones a la parrilla y las exquisteces de esa cocina castellana que le ha hecho famoso. Frutos Herrranz Sanz llegó desde Castilla y su primer chiringuito lo tuvo en la gasolinera Los Alamos, justo al lado de donde luego construyó su gran restaurante. Frutos era el gran complemento de la calle San Miguel y sobre todo de su más famoso punto de encuentro: el pasaje Begoña.

El Pasaje Begoña era algo único en aquella España que quería abrirse al turismo y a las libertades de disfrute y ocio, tal y como pensaba y deseaba el ministro Manuel Fraga con su mente abierta a la Europa que se estaba fraguando.

Era el Pasaje Begoña algo único e impensable en aquellos últimos años del franquismo. Un reducto de luces de colores, de la mejor música, de bares de diferente ambiente y música.

Pia Beck encandilaba con su romántica música al piano, mientras las parejas de chicas se cogían de la mano, se acariciaban y besaban dando rienda suelta a sus verdaderos sentimientos.

En cada uno de aquellos sitios de música, ambiente y placer había algo diferente. Algunos de aquellos bares, con entreplantas, permitían el goce de la compañía de dos chicos que se gustaban y se complacían. Y también otros donde el heterosexual podía estar con la chica que le apetecía. No había distingos. El pasaje Begoña, con sus bares y pubs uno tras otro era el paraíso de la libertad y el disfrute. No hacía falta ser gay o lesbi para disfrutar de la música, del ambiente, de tomar una copa a gusto, de la compañía grata que no tenía porqué ser obligatoriamente del mismo sexo. Había muchas parejas que iban a tomar una copa al pasaje Begoña, para oír el piano de Pía Beck o para deleitarse con la intimidad de las luces de colorines del neón, con la música y el ambiente.

En el Pasaje Begoña, igual que en el Bilboquet, en El Dorado o en El Jaleo, veías gentes de media Europa. Las suecas venían en bandadas a Torremolinos y venían a disfrutar. De Madrid se hacían escapadas de fin de semana, a veces utilizando “el Golfo”, el avión Caravelle de Aviaco que hacía el vuelo de Madrid a Málaga, de madrugada con escala en Sevilla y que llegaba a punto de coger el ambiente del Pasaje Begoña y de Torremolinos en su mejor momento, antes de las claras del día.

Toda marchaba que era una delicia. Y pasar una noche en Torremolinos era el deseo de la gente joven, con inclinación sexual o sin ella.

Pero, hete aquí, que un día, la mujer del gobernador civil Victor Arroyo había recibido a unas amigas de Madrid y éstas, querían conocer Torremolinos. Las llevó por las tiendas de La Nogalera y la calle San Miguel, viendo bañadores y llamativos pareos de diferentes colores. De pronto se metieron en el Pasaje Begoña, atraídas como libélulas en la noche por sus luces de colores. Metieron sus narices en el interior de algunos bares y salieron espantadas de lo que “vieron” allí. La señora, ni corta ni perezosa se fue el despacho del gobernador civil de la provincia y Jefe Provincial del Movimiento, Victor Arroyo y cómo le pondría la cabeza que “ordeno y mando” movilizó a todas las fuerzas de Orden Público disponibles y como no había bastantes autobuses ni vehículos para transportarlas, movilizó a aquellos camiones grises con toldo, del cercano Correos con matrícula PMM (Parque Móvil de los Ministerios) que sirvieron para “amontonar” de cualquier manera a los cientos de detenidos. Hay alguna versión que opina que ya el gobernador tenía en su cabeza intervenir en el Pasaje Begoña, pero fueron los gritos de la exaltada gobernadora, los que provocaron la inmediata decisión de llevar a cabo la Gran Redada del Pasaje Begoña.

Se calculaba que entre 400 y 500 fueron los detenidos en aquella Gran Redada del Pasaje Begoña. Contaban quienes la sufrieron que aquello tenía el más puro sello nazi, propio de la Dictadura que aún perduraba en España. No valieron excusas, ni el “yo soy”. ¡Cállese y arriba al camión!.

Se cerraron los accesos al pasaje Begoña y por allí no podía escapar nadie. Todos a los camiones. Los gritos y los lamentos eran estremecedores. Y los grises acallándolos con sus porras. Sin distinción, fuesen gays o simpatizantes o simples clientes, camareros o trabajadores del Pasaje.

Llevaron a todos los detenidos a Málaga. Cerraron el pasaje donde estaba la Comisaría cruzando unos camiones y con un doble cordón policial, para que no escapara ni uno. Mientras, se intentaba fichar a los detenidos uno a uno. Y a más de uno proponiéndolo para aplicarles la ley de Vagos y Maleantes que, sobre todas las cosas, se cebaba en aquellos gays que se manifestaban como eran. Triste y lamentable.

Con aquella acción del gobernador Víctor Arroyo, España se echó un manchón de tinta negra en sus comienzos como potencia turística y la repercusión internacional fue impresionante.

Hoy, 50 años después, el colectivo LGTB quiere recordar al Pasaje Begoña como el primer canto a la libertad sexual que se escuchó en España y la tremenda forma de represión con que se intentó ahogarlo. Y se vincula con la triste historia de Stonewall, el bar gay del Greenwich Village de Nueva York objeto de la redada policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969, dando origen a los disturbios que en ese mismo año propiciaron el auge del movimiento en favor de los derechos LGTB en los Estados Unidos, luego refrendados por Barak Obama.

Jorge M. Pérez García, como presidente de la Asociación Pasaje Begoña, y el conjunto de esa institución ha obtenido éxitos en su lucha por recuperar el buen nombre del Pasaje y lo que supuso como embrión del movimiento LGTBI consiguiendo reconocimientos importantes a nivel andaluz, nacional e internacional.

Y es que, el recuerdo y el reconocimientos a todos aquellos cientos de personas que fueron apaleadas por su condición sexual en aquel horrible monumento al fascismo más intransigente que fue la Gran Redada, no debe olvidarse, como la página más negra en la historia del turismo en la Costa del Sol.

José Luis Yagüe Ormad. Decano de los periodistas de Málaga, Marbella, el Campo de Gibraltar y la Costa del Sol.

lunes, 1 de febrero de 2021

#hemeroteca #cine #testimonios | La maldición de encarnar al bello Tadzio


La maldición de encarnar al bello Tadzio.

Medio siglo después del estreno de ‘Muerte en Venecia’, un documental en Sundance describe la desgraciada historia de Björn Andrésen, el chico objeto del deseo en el drama de Visconti. El festival fundado por Robert Redford se celebra estos días en línea.
Irene Crespo | El País, 2021-02-01
https://elpais.com/cultura/2021-01-31/la-maldicion-de-encarnar-al-bello-tadzio.html 

Hungría, Polonia, Finlandia... Luchino Visconti llevaba mucho tiempo buscando a su Tadzio, a esa representación de la belleza absoluta, ese joven que era frío como una estatua, pero cuyos ojos del color del agua, como escribió Thomas Mann, eran el camino a la ruina intelectual del protagonista de ‘Muerte en Venecia’. Obsesionado con el relato de Mann y obsesionado por la muerte intelectual y por la belleza perfecta, Visconti recorrió media Europa buscando a su Tadzio, después de que los padres de Miguel Bosé, su ahijado, se negaran a que lo interpretara él. Lo encontró en Estocolmo, en 1970. Era el quinto o sexto chico que entraba en la sala. Era más mayor de lo requerido, tenía 15 años, y más alto. Pero era perfecto. “No tuve dudas de que era él”, confesaba el director italiano un año después en el estreno en el festival de Cannes. Tan perfecto era que no tardó ni un minuto en pedirle que se desnudara ante la cámara. Con esas imágenes, las de las pruebas reales, sacadas del documental que el propio Visconti rodó orgulloso sobre la hazaña de encontrar a Tadzio (‘Alla ricerza di Tadzio’, 1970), arranca el documental ‘The Most Beautiful Boy in the World’, estrenado este fin de semana en el festival de Sundance, que se está celebrando en línea desde el pasado jueves y hasta el miércoles 3 de febrero. Visconti no es el protagonista, sino ese chico, Björn Andrésen, que 50 años después de ‘Muerte en Venecia’, convertido en un hombre enjuto de larga melena y blanca barba, aún no es capaz de mirar directamente a una cámara.

Cinco años tardaron los directores Kristina Lindström y Kristian Petri en ganarse la confianza de Björn Andrésen, cinco años acompañándole con su cámara, hablando con él. “Un viaje increíble en el que Björn nos iba abriendo cada vez una nueva puerta a su vida, nos iba invitando a saber algo más de él”, explica Petri.

De las escenas en 16 mm del 'casting', ese Björn joven, el documental salta a su apartamento actual en Estocolmo, sucio, viejo, pequeño. Rozando el síndrome de Diógenes, Andrésen está a punto de ser desahuciado de su casa. Su novia le salva del enésimo drama de su vida. Los directores se acercaron a Andrésen interesados por ‘Muerte en Venecia’, por cómo aquel rodaje y toda la promoción posterior destruyeron su vida. Las supuestamente halagadoras palabras de Visconti llamándole en Cannes “el chico más guapo del mundo” le persiguieron las siguientes décadas, robándole la felicidad.

Petri encontró las imágenes de la rueda de prensa de aquel Cannes el año pasado y todo cobró sentido. Visconti hablando de Björn como si él no estuviera delante, aunque el joven tampoco entendía lo que el director les decía a los periodistas en francés sobre lo guapo que era. “El circo empezó allí”, dice el Andrésen actual revisitando aquellas imágenes. “Tenía miedo, parecían murciélagos a mi alrededor”. Después de la ‘premiere’, le llevaron a un club gay de fiesta. “Solo recuerdo las paredes de terciopelo rojas, la pintura negra brillante, las voraces lenguas...”. Aquella noche bebió y bebió para dejar de sentirse un trozo de carne y no recuerda cómo regresó al hotel.

“Al principio, era reticente. No quería que hiciéramos la película porque su historia no es una historia feliz”, explica Lindström. “Pero entendió nuestra visión cuando se dio cuenta de que no iba a ser un documental convencional, de que teníamos una idea muy cinematográfica de cómo realizarlo”, añade Petri. “Y, además, creo que vio una oportunidad de contar por su fin historia, la de Tadzio le había perseguido toda su vida y ahora él podía contar la suya. Queríamos hacer la película con él, no sobre él”.

Entre imágenes de archivo personales y públicas, desde el rodaje de ‘Muerte en Venecia’ y la vergonzante rueda de prensa en Cannes a su viaje a Japón —donde le explotaron durante semanas, drogándole para que aguantara la grabación de un disco, fotos, programas de televisión, etcétera.—, el documental se va revelando casi como un ‘thriller’; no es solo un alegato contra la cosificación y deshumanización de un joven o las oscuras consecuencias de la fama repentina, es una búsqueda de la verdad y la identidad de este hombre encerrado en sí mismo durante años. Esa mirada frágil que enamoró a Visconti era la de un chico roto por la desaparición y muerte de su madre, por una abuela obsesionada con que fuera actor famoso negándole su verdadero placer: la música.

A lo largo del filme, Andrésen va regresando a todos esos lugares que marcaron para mal su vida: Japón, París (donde le trataron como “un objeto sexual” durante un año, esperando a que Malcolm Leigh hiciera una película que nunca ocurrió) o Venecia, donde se reencuentra con Tadzio cara a cara, en esa playa del Lido, para decirle adiós. Hoy, Björn Andrésen, a los 66 años, ha hecho las paces con la interpretación y trabaja regularmente en cine y televisión: con el 'thriller' 'Midsommar', de Ari Aster (2019), incluso recuperó esa atención que nunca buscó.

domingo, 14 de junio de 2020

#hemeroteca #lesbianismo #testimonios | Mari Trini, el icono lésbico de la Transición que cantó a los hombres "yo no soy esa que tú te imaginas"

Imagen: El Español / Mari Trini

Mari Trini, el icono lésbico de la Transición que cantó a los hombres "yo no soy esa que tú te imaginas".

Enigmática, oscura, culta: la artista se calzó los tejanos y sobrevivió al público misógino que la llamaba "marimacho" y "borracha" cantando que no pensaba ser "tranquila" ni "sencilla".
Lorena G. Maldonado | El Español, 2020-06-14
https://www.elespanol.com/mujer/20200614/mari-trini-lesbico-transicion-hombres-no-imaginas/496700936_0.html 

A Mari Trini (Murcia, 1947) la llamaron “marimacho” porque fue la primera mujer en aparecer en Televisión Española llevando pantalones tejanos, y porque no jugaba a la baza de la sensualidad en escena: vestía sobria, sencilla, casi siempre de blanco y negro, dejando caer sobre los hombros su espesa melena rubia, lisa y recta. La compositora quería que se escuchasen sus canciones, no que a nadie se le fuese el ojo hacia otros derroteros. Siempre ignoró la moda de la chica ye-yé y de la minifalda: su espíritu respiraba más cerca de Juliette Gréco que de Karina. Le gustaban los coches grandes y, decía, esa faldita diminuta “no era práctica”. Ella quería encaramarse al toro y tomar el volante.

No fue pizpireta, no fue tintineante. Fue enigmática, y culta, y algo oscura: daba la sensación de que valía mucho más por lo que callaba. De que dentro de sí tenían lugar eventos, fiestas y entierros sin que saliesen jamás a la superficie. Mari Trini fue, ante todo, dueña de su vida, y para conseguirlo tuvo que tejer con cuidado una muralla de discreción a su alrededor: era fácil que la prensa rosa volviese a poner en el foco del debate los amoríos de una mujer como centro de su personalidad.

Su recato físico es un dato innegable de su manera de ser, una elección muy consciente, a pesar de que le costase que cierto sector misógino del público llegase a decir que era coja o que tenía una pata de palo porque enseñaba poco las rodillas: miren ustedes, Mari Trini tenía dos piernas bellas como dos soles que un día llegó a encaramar a la mesa en una entrevista con Pedro Ruiz, cuando por fin se sentía cómoda y se sentía ella misma, en compadreo con el periodista, a quien apreciaba mucho.

Mucho más adelante, en el 84, llegaría a posar desnuda en la portada de Interviú -en unas imágenes, por cierto, naturales y hermosas, donde tampoco jugó a hipersexualizarse, porque nunca le hizo falta-, aunque también hay quien cuenta que, además de para acallar a las malas lenguas que cuestionaban sus potenciales defectos, lo hizo para superar un momento de dificultad económica. Nada nuevo bajo el sol: siempre el sistema sugiriendo a las mujeres que coticen lo que más interesa de ellas. El cuerpo.

Culta, misteriosa y viajera
Pero Mari Trini no era un cuerpo, o no sólo eso: su osamenta férrea y digna sirvió, sobre todo, para sujetar un cerebro privilegiado y culto que viajó por todo el mundo y que se empapó de músicas y de poemas distintos. La niña nacida en Caravaca de la Cruz compuso a los seis años su primera canción. A los siete, ya tocaba la guitarra; y, a los nueve, padeció una larga enfermedad que la obligó a postrarse en la cama hasta los catorce. "Fue una cosa del riñón. Padecí un foco infeccioso. Tuvieron que operarme varias veces de la garganta, la cabeza, los oídos... Mi boca quedó algo retorcida desde entonces”, contaba la artista. Ese gesto suyo también le valió el insulto de “borracha” por parte de sus detractores machistas.

Muchos apuntaron que esos años encerrada en casa apuntalaron su carácter retraído y algo huraño, pero ella no lo consentía: "Cuentan que soy arisca, solitaria, antipática... Falso. Lo que no me presto es a romances inventados, a trucos publicitarios, como hacen otros colegas”, lanzaba. Muy cierto: durante toda su vida fue una mujer hermética en lo personal y de su amor, de su gran amor -del que hablaremos más adelante- se supo poquísimo. “Mi vida particular es mía”, subrayaba. Tenía algo misterioso, Mari Trini, algo exquisito e inclasificable.

Con sólo 15 años conoció en Madrid a Nicholas Ray, cineasta de películas míticas de Hollywood como Rebelde sin causa: quedó encandilado con su talento, se convirtió en su representante y la convenció para trasladarse a Londres a seguir formándose -al principio fue con la idea de rodar un filme, pero no llegó a hacerse-. Allí conoció a Roman Polanski, Paul McCartney, James Mason y Marlene Dietrich, y empezó a coquetear con la canción francesa, por lo que acabó en París grabando sus tres primeros EP.

Yo no soy esa: himno feminista
A su regreso a España, cantó por Aute y por Patxi Andión, hasta que se hartó de interpretar las voces de otros y buscó incansablemente la propia: un trabajo, ustedes lo saben, que le lleva a uno toda la vida. Como le dijeron que las mujeres no sabían componer, se enrocó, como cuenta Miguel Ángel Bargueño en su libro ‘Las chicas son rockeras’.

Por eso fue que en su siguiente álbum, ‘Escúchame’, se consagró como una de las cantautoras fundamentales de habla castellana, fichada por Hispavox. Porque le dijeron “no puedes”. Aquí su ‘Yo no soy esa’, un auténtico himno feminista lanzado en 1971, con Franco vivísimo, con un nacionalcatolicismo implantado hasta la médula.

Yo no soy esa que tú te imaginas
una señorita tranquila y sencilla
que un día abandonas y siempre perdona
esa niña sí, no
esa no soy yo.
Yo no soy esa que tú te creías
la paloma blanca que te baila el agua
que ríe por nada, diciendo sí a todo
esa niña sí, no
esa no soy yo


Como diría la maravillosa Bette Davis en ‘Eva al desnudo’: “Abróchense los cinturones. Ésta va a ser una noche movidita”. Mari Trini vino a desvincularse, con esta letra inolvidable, de la concepción que el españolito medio tenía de la mujer de al lado: manifestaba, desafiante, que no pensaba ser complaciente ni dócil, que no iba a estar esperándole ni disculpándole sus escarceos con otras, que no iba a reírle las gracias tan fácilmente. Es mucho más interesante porque esta canción surge como una respuesta envenenada al ‘Yo soy esa’, la copla entonada por Juanita Reina -más tarde, también por Isabel Pantoja- y compuesta por Quintero, donde el mensaje era el opuesto:

Yo soy... esa
esa oscura clavellina
que va de esquina en esquina
volviendo atrás la cabeza.
Lo mismo me llaman Carmen
que Lolilla que Pilar
con lo que quieran llamarme
me tengo que conformar.
Soy la que no tiene nombre
la que a nadie le interesa
la perdición de los hombres
la que miente cuando besa.


No era su caso: Mari Trini sí tenía nombre, tenía autoría, tenía palabra, y no se refugió nunca en el arquetipo de femme fatale. No quería ser la “perdición” de nadie ni ir “de esquina en esquina”. Mucho esfuerzo ya era no perderse ella misma y dejarse llevar por la moral imperante. No se pensaba “conformar”. Por eso su canción continúa así, disparando al aire:

No podrás presumir jamás
de haber jugado
con la verdad, con el amor
de los demás
Si en verdad me quieres, yo ya no soy esa
que se acobarda frente a una borrasca
luchando entre olas encuentra la playa
esa niña sí, no
esa no soy yo.


Lo dejaba claro: nadie iba a jugar con ella, nadie iba a torearla. No tenía miedo. Pero sí tenía ganas de vivir y se mostraba poderosa, emancipada, incluso temible, como cuando al final, remata: “Pero si buscas tan sólo aventura / amigo, pon guardia a toda tu casa / yo no soy esa que pierde esperanzas”. Cuidado con ella.

Triángulos amorosos
Entre otros hits, como el celebérrimo 'Una estrella en mi jardín', resalta 'Ayúdala', que fue censurada en Argentina por tratar un triángulo amoroso, en un ejercicio de fraternidad -o lo que hoy llamaríamos sororidad-:

Ayúdala
no la lleves la contraria
pon sus pies sobre la tierra
sin que apenas se de cuenta
pero no quiebres sus alas
hoy teñidas de esperanzas
Ayúdala
que yo existo, no le digas
es tu amante, es tu amiga
la elegiste libremente
(…)
Yo te ruego que la quieras
y la aceptes como es. 

Más segura aún, y más reveladora, se muestra Mari Trini en 'Diario de una mujer':
 
Con un diario de mujer me encontré
lo recogí, lo leí y lloré
un imposible fue su vida
su decepción llegó hasta el fin
eso y mucho más leí.
Por un amor en igualdad
apostó y perdió
y sin embargo lo dejó.
Fingía ser feliz en su entorno familiar
y en un duelo interno escribió:
“Oh, dios… oh, no… puedo más”.
Voy a salir de esta prisión, del mundo al que me uní
no soy feliz, voy a alcanzar mi libertad, que está esperándome
sin temor.


Aquí la cantautora se refiere a la complejidad de la vida de una mujer cualquiera, que, en realidad, era la crudeza de la vida de todas. Esfuerzos, decepciones, lucha por un amor igualitario y digno, hipocresía familiar, guerras civiles dentro de ella misma. Y siempre, siempre, la búsqueda de la libertad.

Icono lésbico (en secreto)
Al respecto de una de sus grandes versiones, ‘Ne me quitte pas’, Mari Trini dijo que era un tema “inmenso” por la “humildad del hombre ante la mujer”: “No es normal que un hombre diga cosas así, cosas como ‘déjame ser la sombra de tu sombra, la sombra de tu mano o la sombra de tu perro’, no es normal. Es el colmo de la debilidad”, alegó, en referencia a la supremacía machista. Ella sabía mucho de amor. Pensaba que “el amor es cuestión de inteligencia”, de capacidad para “dominar el carácter”: “Para enamorarse hay que ser inteligente, lo otro es como estar en celo. Y digo que para enamorarse hace falta ser inteligente, no ser culto, que es distinto”.

Su amor, su gran amor, fue Claudette Loetitia Lanza, una mujer francesa que había dejado a su marido por la cantante y que pasó con ella toda su vida -fue su secretaria personal 40 años-, aunque siempre lo llevaron con discreción porque la familia de Mari Trini era muy conservadora y católica.

También se sabe que la mismísima Gloria Fuertes se enamoró de ella y que intentó cortejarla, sin éxito, pero se convirtieron en grandes amigas. Hasta le dedicó un poema inédito. A pesar de que nunca hizo pública su condición sexual, Mari Trini fue un icono lésbico en su época. Así lo contaba Mili Hernández, activista LGTB y librera de Berkana: en las primeras reuniones lésbicas en los estertores del franquismo, las canciones de esta artista eran muy escuchadas porque para ellas “estaba muy claro todo”.

El 8 de marzo de 2008 recibió el premio "Lucha por la Igualdad" concedido por la Comunidad Autónoma de Murcia, donde había nacido, "por retratar a través de sus melodías las carencias, problemas y desigualdades de la mujer”. Fue uno de los últimos eventos a los que asistió. Falleció un año después, víctima de un cáncer de pulmón.

viernes, 12 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Pasaje Begoña de Torremolinos: pasado, presente y futuro de la lucha LGTBI

El Diario / Torremolinos recupera el Pasaje Begoña y su memoria //

Pasaje Begoña de Torremolinos: pasado, presente y futuro de la lucha LGTBI.

Declarado lugar de Memoria Histórica LGTBI por la Junta de Andalucía y por el Congreso de los Diputados, el Pasaje Begoña de Torremolinos necesita una reforma urgente para recobrar el esplendor de su pasado. Paraíso de las libertades sexuales en plena dictadura franquista, la ‘gran redada’ del 24 de junio de 1971 no solo supuso el arresto de 114 personas sino el cierre de los locales y la decadencia de la zona.
Laura Ferrer | El Diario, 2019-07-12
https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/pasaje-begona-torremolinos-lgtbi-pasaje-begona_1_1444845.html

En el Pasaje Begoña, apenas una callejuela con forma de L en pleno centro de Torremolinos, hubo al menos 50 locales de copas y música en directo entre 1962 y 1971. En plena dictadura Franquista, este rincón de la costa malagueña era un pequeño oasis de libertad para el colectivo LGTBI. No es tan difícil de explicar. La entrada de divisas gracias al turismo, la presencia de celebridades de Hollywood y de la jet set internacional y el deseo de proyectar al mundo una imagen de modernidad hicieron que Torremolinos se convirtiera en una auténtica isla de libertad donde las autoridades, por lo general, hacían la vista gorda.

Los testigos de aquella época de libertad y diversión recuerdan a John Lennon con el manager de The Beatles, Brian Epstein, en una de las terrazas del Pasaje Begoña, mirando pasar a los muchachos. Ambos hacían apuestas sobre quién sería el elegido por Epstein para pasar la noche.

Fue tal la fama nacional e internacional que adquirió el Pasaje Begoña que allí era frecuente ver a personalidades de toda orientación sexual: Coccinelle, célebre transexual francesa; Amanda Lear, musa de Salvador Dalí; Helmut Berger, actor austriaco muy unido al director de cine Luchino Visconti y protagonista de muchas de sus películas; Luciana Paluzzi, actriz italiana y una de las primeras ‘Chicas Bond’; Grace Jones, cantante, compositora, supermodelo, productora y actriz jamaicana; o celebridades españolas como Sara Montiel y Massiel, entre muchas otras.

Mención aparte merece Pia Beck, uno de los personajes clave del Pasaje Begoña. Esta cantante y pianista de jazz holandesa puso al frente del bar Blue Note y no tuvo ni reparos ni miedo ni vergüenza de presentarse de la mano de su mujer y de convertir su local en un lugar de encuentro para gays, lesbianas, travestis y todo aquel que quisiera escuchar buena música y pasar un buen rato.

Toda esta historia, que había caído prácticamente en el olvido, ha vuelto al presente gracias a la labor de la Asociación Pasaje Begoña, que ha conseguido que tanto el Congreso de los Diputados como el Parlamento de Andalucía lo hayan declarado Lugar de Memoria Histórica y Cuna de las Libertades y los Derechos de las personas LGTBI.

Pasaje Begoña: Un futuro para un lugar cargado de pasado
Actualmente, el Pasaje Begoña, que debe su nombre a la hija del constructor del edificio donde se ubica, ni siquiera se llama así. Para localizarlo hay que buscar el Pasaje Gil Vicente. Le cambiaron el nombre en los años ochenta, pero la buena noticia es que el Consistorio ha accedido a recuperar su nombre original gracias al trabajo de la asociación y a la enorme repercusión que está teniendo su historia como cuna del movimiento LGTBI en España.

Pero lo más urgente para la asociación es que el Ayuntamiento de Torremolinos ejecute con urgencia un proyecto de reforma, ya redactado y definido, que le devolverá la esencia y el espíritu de aquellos años históricos.

La popularidad mediática que está adquiriendo el Pasaje Begoña no tiene un reflejo material. Quienes quieren visitar el pasaje se encuentran con que es complicado de localizar y con que no hay ni una placa o pequeño monumento que recuerde lo que allí sucedió.

Hermanamiento con The Stonewall Inn
La directiva de la asociación acaba de visitar EEUU, donde han hermanado el Pasaje Begoña con el mítico local The Stonewall Inn, donde se originó en movimiento LGTBI en 1969. El acto se celebró en junio, durante el WorldPride de Nueva York. Hasta allí viajaron Jorge Pérez y Juan Carlos Parrilla, presidente y vicepresidente de la asociación, respectivamente, quienes conocieron en persona a Stacey Lentz, copropietaria de The Stonewall Inn.

Y es que el Pasaje Begoña y el local neoyorquino tienen mucho en común. Es más, toda la atención mediática que han recibido en los últimos meses se ha centrado en recordar aquel pasaje terrible de la historia más oscura de España que les hermana con los disturbios en Estados Unidos. “Hay que recordarlo pero no hay que centrarse en el morbo ni en el pasado, tenemos que mirar hacia el futuro”, remarca Jorge Pérez.

El Pasado oscuro: La noche del 24 de junio de 1971

“Había habido alguna redada anterior pero eran simples toques de atención que se quedaban en anécdota. Todo el mundo sabía lo que pasaba allí, pero nadie veía al colectivo como peligroso, se los tomaban a guasa”, relata Juan Carlos Parrilla. Pero algo cambió el 24 de junio de 1971. El Gobernador Civil de Málaga, Víctor Arroyo, ordenó una gran redada en la que se identificaron a 300 personas y 114 de ellas fueron arrestadas por “atentar contra la moralidad y las buenas costumbres”. Las vejaciones a las que les sometieron y el trato que recibieron escriben una de tantas páginas oscuras de la dictadura.

La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, vigente en aquella época, consideraba delito la homosexualidad y la castigaba incluso con pena de prisión. De hecho, algunas de las personas arrestadas aquella noche fueron encarceladas y los extranjeros fueron deportados. A todos se les abrió un expediente policial y se les amenazó con estar “bajo vigilancia de las autoridades”, recuerda Pérez mientras muestra algunos de los documentos que han ido recopilando sobre aquellos acontecimientos.

Muchos de los locales fueron multados y clausurados, y la mayoría quedaron cerrados para siempre. La historia del Pasaje Begoña enmudeció enterrada bajo capas de polvo, suciedad y escombros. Esta callejuela acabó convertida en un lugar de prostitución y marginalidad.

Gracias a un recorte de prensa que hablaba de este lugar, los miembros de la asociación conocieron la historia hace pocos años y se pusieron en marcha, no solo para recuperar la memoria del movimiento LGTBI en Torremolinos, sino para darle un futuro al Pasaje Begoña.

Pasaje Begoña: Revitalizar un lugar histórico

Un grupo de valientes empresarios y empresarias se han atrevido a abrir sus negocios en este pasaje, todavía por reformar, y han bautizado a sus locales con los nombres de los emblemáticos bares que había allí en los años 60 y 70.

Además, los comerciantes han creado su propia asociación bajo el significativo nombre de Fénix. Entre sus objetivos está poner en marcha actividades de revitalización y dinamización del pasaje.

Poco a poco van dando vida y color a la calle. La agencia de viajes La Sirena recuerda con su nombre uno de los locales más glamurosos del pasaje; la tienda de ropa Gogó homenajea a un bar que abrió solo 21 días antes la gran redada; los apartamentos turísticos Aladín deben su nombre a la Cueva de Aladino, otro de los bares más populares; la inmobiliaria Pia Beck lleva el nombre de la carismática pianista y la heladería La Boquilla recupera la denominación de otro de los lugares míticos del Pasaje.

Investigación con la Universidad Pablo de Olavide
Investigación con la Universidad Pablo de OlavideLa recuperación de la memoria del Pasaje Begoña ha sido posible gracias a un exhaustivo trabajo de investigación dirigido por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en el que, además de la Asociación Pasaje Begoña, han contribuido un buen número de personas y entidades.

“La Universidad trabaja en el marco del Laboratorio Iberoamericano para el Estudio Sociohistórico de las Sexualidades”, explica Pérez, que subraya que esta investigación ha permitido entrevistar a personas que vivieron la ‘gran redada’, además de descubrir partes policiales y otros documentos entre miles y miles cotejados en diversos archivos (Archivo Histórico Provincial de Málaga, Archivo Municipal de Málaga, Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Archivo Histórico Provincial de Granada). También han revisado las hemerotecas y libros con referencias a este lugar y al movimiento LGTBI.

“Muchos de los que fueron expulsados de Torremolinos se fueron a Ibiza, a Barcelona, a Benidorm, ciudades que comenzaron a crecer como destinos turísticos LGTBI. Pero el germen estuvo aquí: el boom de este tipo de turismo comenzó en los años 50 en Torremolinos. Aquí se hospedaba, por ejemplo, el poeta Luis Cernuda, que en sus poemas se refiere al pueblo como Sansueña”, apunta Parrilla mientras recorre el Pasaje Begoña.

Tras esta labor de investigación, ahora se centran en la recuperación. Quieren colocar placas en el suelo en homenaje a los personajes más emblemáticos de la época dorada del Pasaje Begoña y pintar grafitis y colgar placas informativas generales en las que se resumirá la información general sobre los motivos que explican que el Pasaje Begoña fuera un referente internacional. Además, gracias al kiosco que les ha cedido la ONCE podrán tener un ‘punto visible’ cerca del Pasaje Begoña donde informar a los turistas sobre este lugar y otros temas relacionados con el movimiento LGTBI.

El pasaje Begoña ya ha protagonizado un cupón de la Once y un décimo de la Lotería Nacional, otros detalles que contribuyen a la difusión de un lugar que no puede caer en el olvido.

Entre las acciones más exitosas de la asociación ha estado la exposición ‘Pasaje Begoña, isla de libertad’, con imágenes del artista cordobés Xe Marz y con una selección de documentos fruto de la investigación con la Universidad Pablo de Olavide.

Llaman la atención un conjunto de imágenes de gente en los locales durante los años 60 y 70, en las que aparecen todos con los ojos tapados con una franja negra. Preguntamos si se trata de una intervención artística. “No, en absoluto, las hemos tenido que publicar así porque hay personas que frecuentaban esos locales pero que ahora no quieren ser vinculados al ambiente gay. Personas que ahora tienen sus familias y su vida y para las que aparecer en estas fotos sería un problema”, explica el presidente de la asociación, Jorge Pérez. Un detalle que demuestra lo mucho que todavía queda por hacer en el movimiento LGTBI.

sábado, 6 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | La noche en la que el franquismo liquidó el movimiento LGTBI en Torremolinos


La noche en la que el franquismo liquidó el movimiento LGTBI en Torremolinos.

Una redada policial similar al Stonewall estadounidense acabó con 300 detenidos y con el cierre de los primeros bares de ambiente de España.
Marina Prats | Huffpost, 2019-07-06
https://www.huffingtonpost.es/entry/el-stonewall-espanol-la-noche-en-la-que-el-franquismo-liquido-el-movimiento-lgtbi-en-torremolinos_es_5d11e3a1e4b0a3941867cbae 

“Fue horrible. Vi cómo los policías con metralletas se llevaban a todo el mundo a empujones. Habían bloqueado las salidas del pasaje. Si alguna vez podías escapar, esta no”.

Así vivió Ramón Cadenas, el dueño del bar Gogó, dentro del Pasaje Begoña de Torremolinos, la noche del 24 de junio de 1971. Eran las 11 o 12 de la noche cuando tres furgones de la Policía franquista entraron armados con metralletas en este enclave donde se situaban los bares gais de la época. Esta redada acabó con lo que fue un núcleo de diversidad y diversión en los años 60.

El Begoña fue un símbolo a nivel internacional. Los locales que se encontraban en este pasaje en forma de L en pleno centro de la localidad, que entonces aún pertenecía a Málaga y que vivía su época dorada, recibían asiduamente a grandes estrellas internacionales.

Las actrices Ava Gardner y Brigitte Bardot, el intérprete Sean Connery, el músico John Lennon, el mánager de Los Beatles, Brian Eipstein, e incluso la exemperatriz de Irán, Soraya, fueron algunos de los rostros conocidos que pisaron Torremolinos en la década de los 60.

Diez años antes de la bautizada como ‘La Redada’, en pleno tardo franquismo, en el Pasaje Begoña abría el primer bar gay de España, en 1962, y seis años después lo haría el primero de lesbianas.

En estos locales había hombres que se vestían de mujer, mujeres que lo hacían de hombre, había hombres que bailaban con hombres y las mujeres, con mujeres. Esos homosexuales y travestis estaban rodeados de familias heterosexuales y de muchos extranjeros a los que nada de lo que veían y vivían les escandalizaba.

Este oasis de libertad se saldó con 114 detenidos y unas 300 personas identificadas, muchas de las cuales fueron sancionadas con multas de unas 3.000 pesetas de la época. Los extranjeros fueron deportados.

Al igual que Stonewall, el bar de ambiente neoyorkino símbolo de la lucha LGTBI, el Pasaje Begoña es un emblema en España. Las revueltas del establecimiento estadounidense se conmemoran cada año en el Orgullo LGTBI en el mes de junio y, desde el 26 de ese mismo mes, este enclave está hermanado con su homólogo en la Costa del Sol como símbolos del colectivo.

Sesenta años después de ‘La Redada’, pasear por el Begoña es muy distinto. Ya no hay fiesta, ni música, ni siquiera el Pasaje se llama así. La galería, que recibía ese nombre por la hija del constructor del edificio donde se aloja, se llama desde 1981 Pasaje Gil Vicente. En lugar de los dueños de los bares y sus bailarinas que lo habitaban en los sesenta, ahora sus vecinos son familias de inmigrantes y de españoles. Lo que sí se mantiene es ese espíritu de libertad.

Los bares de copas se han reconvertido en una inmobiliaria, una agencia de viajes, una tienda de ropa, apartamentos turísticos y una bombonería. Todos mantienen los nombres de los locales de fiesta de la época dorada del pasaje. Las parejas de homosexuales (casi todas extranjeras) que por allí pasean ya no se tienen que esconder ni refugiar en ningún establecimiento y reconocen perfectamente su bandera.

Torremolinos fue el principio de todo, al menos en España, y sigue siendo uno de los destinos predilectos del turismo ‘gayfriendly’: se nota solo con caminar por su centro. Basta con pasear por la calle principal de la localidad para ver decenas de parejas homosexuales.

No siempre fue así. Después de la época dorada, hubo oscuridad y el renacer del colectivo LGTBI en Torremolinos se produjo a partir de los 80 y ha convertido el Pasaje Begoña en un referente.


Un secreto a voces

Ese ambiente que se respiraba en el Begoña lo conocían los miembros del gobierno franquista, la Policía y, por supuesto, los vecinos, que en su mayoría eran dueños de locales o bailarinas. Pero, como decía Quevedo, “poderoso caballero es don Dinero”.

“Se hacían redadas, pero eran casi de guasa”, cuenta Jorge Pérez, presidente de la Asociación Pasaje Begoña. “El franquismo sabía lo que pasaba, pero dejaba que ocurriese porque los clientes generalmente eran extranjeros y convenía que siguieran viniendo por el dinero que generaban”, señala.

Ramón Cadenas recuerda que antes de ‘La Redada’ del 24 de junio de 1971 “se cerraban bares cada dos por tres” y luego abrían en otro lugar. Era un concepto efímero de ‘negocio’, que no estaba directamente perseguido por el franquismo, pero sí bajo lupa. “Antes de esa noche me habían detenido ya 80 veces”, recuerda. “Te llevaban a la Aduana [comisaría central de Málaga] y te ponían 3.000 pesetas de multa. Yo lo llamaba el ‘impuesto revolucionario’ porque lo hacían para recaudar”, señala.

En 1962 estaba vigente la Ley de vagos y maleantes franquista de 1954, que perseguiría a “los homosexuales, rufianes y proxenetas”. A pesar de esto, en estos bares hacían una excepción.

“En esas redadas hubo una travesti llamada ‘La Daniela’ que se quitó los tacones y echó a correr para el furgón diciendo: ‘Ay, dejadme sentar que siempre me pilláis de pie’. Sabía que la identificarían y ya está”, cuenta Pérez.

El ambiente era tan distendido que el tonteo entre clientes, camareros y dueños era algo bastante común. Ángel Domínguez, escritor y coordinador del libro 'Contaré lo que fui', recuerda que el actor austriaco Helmut Berger, posteriormente pareja de Luchino Visconti, se paseaba por los bares buscando que se le acercase algún chico.

“Se apoyaba en la barra de 'La Boquilla' [uno de los bares del Pasaje] y, como no tenía dinero para consumir, se bebía los restos de los vasos y se fumaba las colillas de los clientes. Se iba también a un semáforo que había en La Nogalera y le apodaban por eso ‘La Semáforo’. Se apoyaba allí y era su excusa para ligar”, detalla.

Este ambiente de libertad no se forjó de la noche a la mañana. En las primeras actuaciones, las transformistas y travestis se asomaban a los lados para vigilar si veían a algún policía de paisano. “Además, avisaban a los camareros para que estuviesen vigilando la puerta. Luego se relajaron, pero no fue automático”, indica Domínguez. “El travestismo era un lujo que podían permitirse solo aquí”, añade.

“Hasta el momento de ‘La Redada’ había tranquilidad, en esa época los extranjeros venían de un ambiente mucho más abierto y copiaron los modelos de negocio que había en otros países, sobre todo en Ámsterdam”, detalla Domínguez. Estos primeros locales, abiertos en un principio por extranjeros, provocaron todo un efecto llamada y los españoles se sumaron.

Por esta razón, los que iban desde Málaga —que eran una minoría, ya que la mayoría eran extranjeros— se cambiaban de ropa en los portales de Torremolinos. “Iban vestidos ‘de Málaga’ y, al llegar, pasaban a vestirse ‘de Torremolinos’, mucho más colorido y acorde a la moda europea”, comenta Cadenas.

Cuando aparecía la Policía, los propios homosexuales tenían códigos de protección entre ellos. Si el camarero de la puerta avistaba a un agente de paisano, daba la voz de alarma y los hombres gais que estaban bailando con hombres se cambiaban con las mujeres lesbianas que bailaban con otras mujeres. Tal y como señala Domínguez, los más desprotegidos eran los travestis, que no tenían cómo ocultar su identidad.

La noche más negra de Torremolinos

El 24 de junio de 1971 el Begoña se apagó. Lo que parecía una excepción en el régimen franquista, que había actualizado apenas un año antes su normativa contra los homosexuales con la Ley de Peligrosidad y Reforma Social, acabó de la noche a la mañana.

A pesar de lo repentina que fue ‘La Redada’, tanto los investigadores como Cadenas coinciden en que partió del Gobernador Civil, Víctor Arroyo Arroyo, que había llegado apenas un año antes a Málaga y era miembro del Opus Dei. Dio la orden de acabar con este ‘libertinaje’, pero hay tres teorías que explicarían lo que le llevó a hacerlo.

Domínguez y Pérez señalan que el gobernador quiso reprender a su hijo, que era homosexual y solía ir a esos locales, mientras que Cadenas argumenta que un grupo de mujeres de Torremolinos le presionaron para hacerlo. Hay quien incluso señala a un amigo de Franco que tenía terrenos en Marbella y quiso trasladar los locales hasta allí.

A Cadenas le avisaron de ‘La Redada’ desde la Policía cuando abrió su local, tres semanas antes: “Me contó que habían cerrado otro bar y me dijo: ’Ten cuidado que aquí va a caer una gorda. Estad atentos”.

La noche del 24 de junio estaba tranquilo en su local hablando con un camarero en la ventana. Ya se había olvidado del aviso. Su bar hacía esquina, por lo que podía ver los coches que venían de la parte trasera donde estaba la comisaría.

“Era fiesta y no había mucha gente. De pronto vi que venían dando la vuelta a la calle tres furgones grandes, que no eran muy habituales. Cerré las ventanas y las puertas y apagué la música”, recuerda. Eso le salvó de ser uno de los más de 300 detenidos de esa noche. Se quedó junto a las personas que había en su bar mirando por el hueco del cierre de la ventana.

“Se llevaron a todo el mundo, a los dueños, a los camareros, a las familias...”. Esa noche cerraron todos los locales del Pasaje, cerca de una decena.

Unas 300 víctimas
Los extranjeros fueron deportados y no volvieron nunca a Torremolinos. El trato de España hacia ellos provocó una oleada de críticas que llegó incluso a medios internacionales como ‘The Sunday Times’ o ‘Der Spiegel’.

“Los consulados pusieron el grito en el cielo. Ninguno volvió a Torremolinos, casi todos se trasladaron a Ibiza”, señala Domínguez. De hecho, del 71 al 74 se redujo el turismo de Torremolinos en beneficio de otros destinos.

Por supuesto, los diarios de la época, como ‘ABC’ o ‘La Vanguardia Española’, pasaban por alto la orientación sexual de los detenidos y los acusaban de “faltas a la moral”, “drogadicción” o “peleas”.

Los españoles corrieron peor suerte. A algunos simplemente los identificaron y multaron, mientras que otros fueron encarcelados con penas de cinco años. “No te podían meter en la cárcel por ser gay porque eso no existía. Con Franco no había maricones en España”, bromea.

Una de las encarceladas fue Sandra Amodóvar, por aquel entonces con DNI y nombre masculino, que estuvo recluida en la Cárcel Modelo de Málaga antes de ser trasladada a la cárcel de pasivos de Badajoz, donde sufrió palizas e insultos por parte de los funcionarios y policías. Para reducir su pena cosió balones de reglamento, pero no le sirvió de nada. A pesar de ese mal trago, a sus más de 70 años sigue dedicándose a la actuación en el ‘Pourquois Pas?’, que reabrió décadas después.

La mayoría de los encarcelados fueron hombres gais, mientras que las lesbianas eran reprendidas por sus familias y enviadas, con su consentimiento, a conventos o psiquiátricos. La excepción fue María [nombre ficticio], que estuvo internada más de seis meses en la cárcel por “invertida femenina” y por mantener “relaciones homosexuales con mujeres”. Además, se le prohibió residir en Málaga durante un año.

“Las lesbianas estaban invisibilizadas, eran muy pocas. Había sobre todo hombres y mujeres hetero, hombres gais y travestis”, apunta Domínguez. El investigador señala que, en el caso concreto de María, se debería probablemente a que era un hombre transexual o una lesbiana muy masculina y “llamaría mucho la atención”.

Mientras que los hombres homosexuales se reconocían entre ellos en la cárcel y se apoyaban mutuamente, María no tuvo esa suerte. “Debió de ser durísimo para ella y para su familia. Era la excepción dentro de la minoría”, cuenta.

Tras la revuelta, Torremolinos murió poco a poco. La fiesta se trasladó a Ibiza y a Marbella y aquellos locales de ambiente no volvieron a abrir hasta los años 80.

Cadenas se vio afectado también por estas medidas y por el control de la zona que tenía desde entonces la Policía. “Me fui a Alemania porque el ambiente y la gente con la que trabajaba había desaparecido y no iba a volver”.

Con el cierre del Pasaje se clausuraron también otras discotecas en zonas más alejadas del centro de Torremolinos. “Después de eso cerraron bares de alterne de la carretera y discotecas como Villa Ariel, que era de gais y era donde íbamos cuando cerraban los bares”, recuerda Cadenas. “Torremolinos no volverá a ser nunca como lo conocimos. Esto no tiene nada que ver”.

La resurrección del Begoña
Tras estar cerrado durante años y con la decadencia que trajeron los años 70 a Torremolinos, el Pasaje y sus aledaños se empezaron a llenar de clubs de alterne y de prostitución. Sin embargo, con el tiempo, la localidad malagueña ha acabado recuperando el título de destino turístico LGTBI de España, y el Pasaje no iba a ser menos.

La Asociación Pasaje Begoña junto a la de comerciantes de la zona está incentivando la creación de negocios donde antes se encontraban esos bares. Jaione —dueña de la inmobiliaria Pía Beck—, Cédric —de la tienda Gogó—, Carlos —de la bombonería La Boquilla— y Gabriela —de los alojamientos Aladín—, han tomado el relevo de Ramón Cadenas, Pía Beck y compañía para intentar recuperar este símbolo de la lucha LGTBI.

Cuentan que resucitar un lugar que ha estado abandonado, incluso okupado, no es fácil, pero que merece la pena invertir en un sitio así. Su clientela no es toda LGTBI, al igual que ocurría en el Pasaje, pero sí se han integrado perfectamente los vecinos que residen en las 150 viviendas de la parte superior del Pasaje Gil Vicente.

El presidente de la Asociación Pasaje Begoña, Jorge Pérez, señala que ya fue todo un logro cuando el Congreso les declaró Lugar de Memoria Histórica, pero que un emblema como Stonewall y que la embajada estadounidense les reconozcan su labor en la lucha LGTBI es prácticamente un sueño. El Stonewall español tiene nombre de mujer y está despertando de su letargo.

El misterioso Tony’s Bar, el primer bar gay de España

Ni en Chueca, ni en Sitges, ni en Maspalomas. El primer bar gay en abrir en España fue el Tony’s Bar, en 1962, en el Pasaje Begoña. A pesar de que al revisar la hemeroteca no aparece este nombre, los autores de una tesis sobre el Pasaje para la Universidad Pablo Olavide de Sevilla señalan que el local pudo ser itinerante o que directamente ese no era el nombre real del enclave.

El Tony’s no estaba estrictamente dirigido a ese público, al igual que los demás bares gais que nacieron en esa época en Torremolinos. “Eran locales que tenían propietarios gais y, algunos también, mujeres lesbianas. Más bien eran sitios diversos donde todo el mundo era bien recibido y se convivía con naturalidad y diversidad”, señala Pérez.

Según cuenta, el alquiler costaba hasta mil pesetas al día, prácticamente un mes de alquiler en el Madrid de entonces, y ninguno superaba los 40 metros cuadrados.

Además del Tony’s, La Boquilla, La Sirena, Le Fiacre, La Cueva de Aladino o The Blue Note son algunos de los nombres que se veían en los carteles luminosos del Pasaje, cuyo espíritu se extendió por las zonas aledañas, como la Plaza de la Nogalera, donde abrió el primer bar para mujeres lesbianas: el ‘Pourquois Pas?’.

lunes, 15 de abril de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #musica | Diez años sin Mari Trini: la verdadera historia de una mujer escondida detrás de la artista

Imagen: El Cierre Digital / Mari Trini
Diez años sin Mari Trini: la verdadera historia de una mujer escondida detrás de la artista.
En sus últimos años se sintió engañada por el mundo musical pero siempre tuvo a su lado a su pareja, la francesa Claudette.
David González | El Cierre Digital, 2019-04-15
https://elcierredigital.com/cultura-y-ocio/555331155/Mari-Trini-cantente-muerte.html

Hace diez años fallecía Mari Trini, la cantautora más famosa de los 70. La artista acabó sus días apartada del mundo de la música después de sentirse engañada en la grabación de su último disco. Siempre estuvo a su lado, en la sombre, Claudette, la mujer de la que se enamoró a principios de los años setenta y que fue su sombra durante casi cuatro décadas.

En el panorama musical español, Mari Trini siempre ocupó un lugar sin definir y que, unido a su discreción, han hecho que injustamente se la recuerde menos de lo que debería. Tenía algo de francesa y de hecho fue la respuesta ibérica a la ‘chanson’ del país galo y, claro, también tenía algo de existencialista. En la era de la minifalda y lo ‘ye-ye’ ella apostaba por la maxi-falda y el tono un tanto lánguido en sus declaraciones. Estaba más cerca de Juliette Grecó que de las ‘Karinas’ que triunfaban en la España del desarrollismo.

María Trinidad Pérez-Miravete Mille, su verdadero nombre, nació el 12 de julio de 1947 en Caravaca de la Cruz (Murcia) en el seno de una familia no vinculada al mundo artístico. Desde pequeña vivió en Madrid y estudió en un colegio religioso. Su familia pertenecía a la nobleza ya que su madre era, Duquesa Viuda de la Torre, aunque tampoco es que nadasen en la abundancia.

La infancia de la artista estuvo marcada por la enfermedad que la obligó a pasar seis años en cama. "Fue una cosa del riñón. Padecí un foco infeccioso. Tuvieron que operarme varias veces de la garganta, la cabeza, los oídos… Mi boca quedó algo retorcida desde entonces” contaba la cantante en una entrevista. Esos años sin poder salir de su cuarta perfilaron su carácter lago retraído y uraño. "Cuentan que soy arisca, solitaria, antipática... Falso. Lo que no me presto es a romances inventados, a trucos publicitarios como hacen otras colegas", afirmaba. En ese tiempo que pasó en cama se aficionó a leer y escribir y a tocar la guitarra.

Con la llegada de la adolescencia también lo hizo el choque generacional. Comenzó a frecuentar el pub Nika’s que tenía en la capital el cineasta americano Nicholas Ray. El director de cine estaba instalado en nuestro país a expensas del productor Samuel Bonston que había hecho de España su plató particular y que contó con los servicios de Ray para filmes como ‘55 días en Pekín’ o ‘Rey de reyes’. Ray le animó a Mari Trini a rodar cine, pero el proyecto no llegó a buen puerto. Lo que sí hizo fue irse con él a Londres. Allí hizo teatro para la BBC a las órdenes del histórico actor y director Peter Ustinov. En sus años londinenses llegó a coincidir con Paul McCartney.

De Londres pasó a París y allí coincidió con el ‘pope’ de la música existencialista: Jacques Brel. Allí es donde se enamora de la música con aire melancólico y letras poéticas. A su vuelta a España a finales de 1968 ya poco tenía que ver con el resto de jovencitas que querían cantar. Era mucho más culta y había viajado más que cualquiera de sus coetáneas. Probó suerte en la multinacional discográfica RCA, cantando composiciones de Aute y Patxi Andión, pero el disco no funcionó.

Fue en 1970 cuando realmente comenzó su carrera de éxitos. Sus primeros números 1 fueron versiones de canciones francesas como Ne me quitte pas de Jacques Brel. Con su álbum ‘Amores’ (1971) se confirmó en el mundo de la música. A partir de ahí comenzó a acumular clásicos durante los siguientes 15 años con títulos como ‘Yo confieso’, ‘Si no te vas con la tarde’, ‘Ayúdala’, ‘Mi tercer amor’, ‘Cuando me acaricias’, ‘Mañana’, ‘Vals de otoño’, ‘Yo no soy esa’, ‘Un hombre marchó’ o ‘Una estrella en el jardín’.

Su carrera comenzó a pasar a un segundo plano cuando la artista murciana intentaba ampliar su registro sin que la compañía de discos le dejara. Estaba harta de su imagen melancólica. En esos años, a mediados de los 80, protagoniza un sonado desnudo en ‘Interviú’ para intentar romper con su imagen de mujer excesivamente seria. También en esa época se supo que durante años había participado como piloto de Fórmula 1 en plan ‘amateur’.

En los 90 intentó buscar nuevos estilos en la discográfica catalana Divucsa sin éxito. Su último trabajo discográfico fue en 2001 y sería su remate final. Se trataba de un disco donde se unía a Rafael Basurto y Los Panchos. Un periodista le convenció a la artista para que aportara dinero y lo que es más importante sus derechos de autora. Denunció a aquel ocasional socio porque se sintió estafada. Así lo denunció, ganando finalmente el juicio, aunque sólo recuperó los derechos de sus canciones, pero no sus ahorros. Fue en ese momento cuando decidió poner fin a su carrera musical.

Quien siempre ha acompañó a la artista, tanto en el éxito como en los momentos de frustración fue su pareja Claudette, una mujer francesa años mayor que ella que dejó a su marido por la cantante. Rosa Villacastín en un reciente libro, ‘Los años que amamos locamente’, narra como ella acabó ligando con el marido de Claudette y, gracias a ello, pudo acceder a entrevistar a la artista y a conocer una parte de su vida que siempre mantuvo resguardada. Nunca quiso hacer pública su condición sexual y muchos creen que en ese cierto ocultismo se encuentra la raíz de esa tristeza que parecía acompañarla siempre. Cuando murió víctima de un cáncer de pulmón en 2009, Claudette ni siquiera apareció en la esquela de la artista. No quería molestar a la familia de Mari Trini que era muy tradicional. Sólo esta mujer francesa tuvo acceso a conocer a la mujer detrás de la artista que se presentó en los 70 como un icono feminista. Con todo, la activista LGTB Mili Hernández, relató como en las primeras reuniones lésbicas en los estertores del franquismo, la música de Mari Trini era un ‘must’ porque para ellas “estaba muy claro todo”. Este ocultismo evitó que Mari Trini hubiese acabado siendo reivindicada por el público gay algo que le hubiese servido en sus últimos años. También en esto fue distinta.