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viernes, 28 de noviembre de 2025

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Vigo, o la disidencia sexual en la Transición que no sale en los libros

Primera manifestación por la Libertad Sexual en Galicia, Vigo, 1981 //

Vigo, o la disidencia sexual en la Transición que no sale en los libros

La lucha por los derechos de homosexuales y trans encontró en los 70 un refugio en la ciudad gallega y un sustento en locales de la playa de Samil, bajo las anchas alas de Karina Fálagan, amiga de políticos y comisarios
Silvia R. Pontevedra | El País, 2025-11-28
https://elpais.com/espana/galicia/2025-11-28/vigo-o-la-disidencia-sexual-en-la-transicion-que-no-sale-en-los-libros.html

El 25 de junio de 1981, mientras las pancartas fabricadas con sábanas avanzaban por la Rúa do Príncipe en Vigo, el abogado laboralista Xabier Mañón subió a su despacho, junto a esa Porta do Sol donde ahora, cada año por estas fechas, pega un nuevo estirón un cono de luz que se anuncia como “el árbol de Navidad más alto de Europa”. Desde allí, en plena Transición democrática de una ciudad todavía sin leds virales, Mañón pudo inmortalizar con su cámara un acontecimiento mucho más luminoso: la cantidad de gente que secundaba la que fue primera manifestación del Orgullo Gay de Galicia y también a los muchos curiosos que se agolpaban en los márgenes. Todo transcurría pacíficamente, como si la ciudad asimilara con naturalidad la expresión pública de algo tanto tiempo a la sombra, perseguido y castigado como escándalo público, un delito que no se derogó hasta el 88.

Aquella marcha cívica “supuso una brecha irreparable en el muro de silencio con el que la dictadura escondía la existencia de la diversidad”, valora uno de los paneles que conforman la exposición La disidencia sexual en Galicia. Huellas para un tiempo nuevo, impulsada por el Consello da Cultura Galega en el edificio Redeiras de la Universidade de Vigo hasta el 5 de diciembre. En esa jornada histórica “se difundió el mensaje de que existían personas que vivían fuera de la norma sexual y de género, y de que la verdadera democracia no iba a llegar hasta que lo hiciese para ellas”. Tras desfilar por el centro urbano, la comitiva se citó para pasar la tarde en el parque de Castrelos. Allí, entre la euforia colectiva, algunos gais y lesbianas aprovecharon para salir del armario, incluso a ojos de familiares a los que habían invitado sin advertirles de nada.

Era un paso adelante, sin retorno en un asunto que, no obstante, continúa “pendiente” e “interesa a la sociedad en su conjunto”, recalca la muestra coordinada por Carme Adán y comisariada por la historiadora y activista del movimiento LGBTIQ+ Daniela Ferrández. Esta investigadora lleva años poniendo el foco en los movimientos de liberación sexual que, precisamente, no entran en el foco. Historias humanas lejos de las grandes capitales, que son las que aparecen en los libros. La exposición versa sobre el final del Franquismo y la Transición, recoge publicaciones, testimonios, fotos, documentación varia, y casos muy antiguos de personas que decidieron vivir conforme a lo que sentían a pesar de la represión dominante.

Manolo Santiso, registrado como mujer al nacer, fue detenido en 1939 en Carral (A Coruña) e ingresado en un reformatorio femenino por vestir, trabajar, fumar y hacer cosas “de hombres”, tales como ir a la taberna. Nada que ver con la relación libre que casi nueve siglos antes habían elegido vivir en Rairiz de Veiga (Ourense) Pedro Díaz y Munio Vandílaz. El suyo se considera el primer matrimonio homosexual documentado en la Península Ibérica. El 16 de abril de 1061, Vandílaz y Díaz asumían su compromiso “todos los días y todas las noches, para siempre“, y lo formalizaban en un escrito legal ”para conocimiento de los demás". “En lo relativo a la casa”, recogía el documento, “somos iguales en trabajo, en acoger visitas, en cuidarla, decorarla y gobernarla, así como plantar, edificar y trabajar en la huerta”. 

En la manifestación del 81, celebrada en Galicia cuatro años después de la primera en Barcelona, participaron los colectivos gais de Vigo, Santiago y A Coruña, aunados por la coordinadora gallega; asociaciones de vecinos; el Movemento Comunista de Galicia; la Asamblea Nacional-Popular Galega; y hasta el Comité Anti-Otan de la ciudad, los únicos cuya pancarta no reivindicaba la libertad sexual: “Yanquis fuera, ni OTAN ni bases”. Y aquel acontecimiento social protagonizado por los que habían vivido escondidos durante la dictadura encontró su eco en la prensa, pese a que no hacía más que un par de años, en 1979, que un compañero, el reportero Federico Puigdevall, había sido inhabilitado por seis años, condenado a un mes de prisión y al pago de 20.000 pesetas, por retratar desde el 77 la vida de las transexuales que trabajaban en locales de la playa de Samil. Los jueces de la Transición (en la Audiencia Provincial y el Supremo) vieron en su información gráfica un claro caso de “escándalo público” que dañaba la “moral colectiva”, y lo apartaron del oficio de periodista.

Sin embargo, tanto en sus reportajes en ‘El Pueblo Gallego’ y ‘Galicia Deportiva’ como en los que firmaba un joven Fernando Franco —hoy toda una institución ciudadana que a finales de los 70 escribía para la revista viguesa ‘El Pope’— se entrevistaba a artistas trans. Y se relataban con un lenguaje nada encorsetado los graves escollos sociales y las penurias vitales que padecían Paola, Milena, Raquel, Violeta, Gamba y Dalia Flores, con función en la sala de fiestas Riomar, encadenadas al mundo del espectáculo porque no encontraban otra forma de sustento.

Se habían conocido en Le Carrousel de París antes de la muerte de Franco, donde habían accedido a hormonas y en algunos casos a cirugías. Pero al fin habían podido volver a España, y llevaban un año por Vigo, aprovechando el creciente interés de los empresarios y el morbo del público por estos números musicales entre marabúes y lentejuelas. En las entrevistas, recordadas por Ferrández en su trabajo ‘Voces desde el gueto: vidas trans, oportunidades de supervivencia y esperanzas de cambio en el Vigo de la Transición’ (Cuadernos de Historia Contemporánea, Ediciones Complutense) se sinceraban con los reporteros: ellas preferían ser “modistas”, “oficinistas” o “dependientas”, pero ¿quién contrataría a una transexual?. Seguían sin tener un DNI acorde a su físico y todavía daba coletazos la franquista Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que en 1971 había reemplazado a la Ley de vagos y maleantes. En las entrevistas, ellas se mostraban esperanzadas de que, desaparecido el dictador, todo esto se resolvería enseguida.

Estos cronistas del Vigo nocturno también narraron la primera fiesta gay que se celebró públicamente en Vigo, la primera del noroeste peninsular, que tuvo lugar en 1978 al amparo de una rotunda mujer con sombrero de ala ancha: Karina Fálagan. La empresaria de la noche, una especie de animal mitológico que se autoproclamó “Alcaldesa del Atlántico”, acababa de pasar por aquellas fechas de regentar el club Lady Hamilton, donde conoció los secretos de infinidad de políticos que lo frecuentaban, a lograr la concesión de un terreno municipal para montar el Jonathan Livingston Seagull, un restaurante y local de ‘striptease’, variedades y alterne en el arenal más famoso. Samil se sitúa a unos seis kilómetros de la fachada marítima del centro urbano, donde existía otro polo gay y encuentros entre los setos de los jardines de Montero Ríos (citados desde 1975 por guías internacionales como Spartacus International Gay Guide y All Lavender International Gay Guide).

En su trabajo, Ferrández considera a Karina Fálagan “una de las figuras centrales” en la configuración de ese territorio acotado de Samil en el que se respiraba cierta “benevolencia comprensiva” por parte de la policía de Vigo, donde no solía haber arrestos. Allí, según los testimonios que recoge la historiadora, esa mujer que presumía de ser amiga de Fraga y fue militante del PP protegía a la “gente del mundo gay”, probablemente gracias a esas relaciones que aseguraba tener con políticos y comisarios. La primera fiesta gay, celebrada en el Jonathan, fue para Ferrández, como la inauguración de su nuevo “jardín” de lo “prohibido”. La presentadora era la transexual Dalia Flores, y actuaron La Maruja, Paco España, el travesti Francis —asesinado un año después por la policía en Euskadi— y Manolito (o Manoli) Soler, natural de Vigo. “A algunos políticos, en medio de sus copas y sus cachondeos, les demostré que no era una inepta”, contaba Fálagan al desaparecido rotativo vigués ‘El Pueblo Gallego’: “Personas que están ahora en Madrid, a nivel alto, han sido clientes míos, incluyendo algún ministro actual”.

sábado, 11 de junio de 2022

#hemeroteca #disidenciasexual #memoria | Historia de la disidencia sexual gallega: del jardinero que protegió a los gays en la dictadura a las Maribolheras Precárias

El Diario / Manifestación del 8 de marzo de 1983, imagen cedida por Nanina Santos //

Historia de la disidencia sexual gallega: del jardinero que protegió a los gays en la dictadura a las Maribolheras Precárias.

Un libro de la historiadora Daniela Ferrández repasa más de un siglo de historia de la “disidencia sexual” en la comunidad.
Daniel Salgado | El Diario, 2022-06-11
https://www.eldiario.es/galicia/historia-disidencia-sexual-gallega-jardinero-protegio-gays-dictadura-maribolheras-precarias_1_9065732.html

El tránsito convulso, incierto, de la dictadura a la democracia lo vivieron en Vigo. A Paola, Milena, Raquel, Violeta, Gamba y Dalia las unía el trabajo, un espectáculo en la popular sala de fiestas Riomar, en la playa de Samil. Y su condición sexual disidente. “No somos travestis, sino transexuales”, explicaban en un reportaje elaborado por el semanario ‘El Pope’. Aquella pieza periodística de 1977, firmada por Fernando Franco, supuso quizás la primera manifestación pública de la existencia de un colectivo transexual en Galicia. La recoge ‘A defunción dos sexos’, el ensayo de Daniela Ferrández Pérez cuyo subtítulo es ‘Disidentes sexuais na Galiza contemporánea’ y que recorre la memoria de quienes, desde finales del siglo XIX, “cuestionaron la norma sexual imperante”.

La crónica de Fernando Franco daba algunos detalles sobre la vida de estas mujeres. Eran emigrantes que se habían sometido a tratamiento hormonal en el extranjero y esperaban una cirugía en países como Holanda, Reino Unido o Suecia. Acababan de regresar a Galicia –Ferrández calcula que en 1976–, optimistas por la situación política. “En cinco o seis años, las cosas cambiarán en España”, afirmaba Dalia Flores unos meses después en otro periódico, ‘El Pueblo Gallego’. El caso es que los tiempos, efectivamente, estaban cambiando. Tanto que incluso lo hacían en sectores sociales inesperados. “La policía se está portando muy bien con nosotras. Porque sabe que somos personas que trabajamos”, decían al periodista, “que ni hacemos escándalo ni nos metemos con nadie. En un año no hemos tenido problemas”.

La expectativas no se cumplieron. Daniela Ferrández (Almoradí, Alacant, 1988) explica en su libro como de la victoria de la UCD de Adolfo Suárez y las Cortes constituyentes derivadas de esas primeras elecciones tras la dictadura nació una Constitución, la del 78, “que no incluyó las demandas de los colectivos homosexuales ni garantizó la 'libertad' para las transexuales”. Dos décadas tardaron los movimientos de liberación homosexual en asumir las reivindicaciones de derechos e igualdad de las mujeres trans.

Con la Transición, los primeros colectivos gais militantes o los frentes de liberación homosexual, en tensión pero a la vez con cierto apoyo de la izquierda nacionalista o comunista, comienza la tercera de las tres etapas analizadas en ‘A defunción dos sexos’ (Xerais, 2022, en gallego), la que va de 1977 a 2017. Las otras dos estudian el período de 1875 a 1936 bajo el título ‘Invertidos na Galiza de hai un século’, y la dictadura, con el epígrafe ‘Invertidos e disidentes durante o franquismo en Galiza’. “La división es producto de mi formación como historiadora. Para facilitar el estudio. Por supuesto, no es una periodización inamovible”, cuenta Ferrández, quien aduce que antes del golpe fascista del 36 la investigación resulta más difícil. La historia de Elisa y Marcela, pormenorizada por el profesor Narciso de Gabriel y objeto de un polémico filme de Isabel Coixet, es más o menos conocida. No mucho más. Ferrández se detiene en el transformismo, la transigencia del ‘entroido’ (carnaval gallego) o en la tolerancia popular con lo diferente. “La disidencia sexual ya existía, pero hay que esforzarse para identificarla”, añade.

Es precisamente esa idea de disidencia sexual el eje vertebrador del volumen. Con ella, Ferrández intenta ir más allá de la historia del movimiento LGTBI. “Esta no tendría un recorrido tan largo. Al hablar de disidencia sexual, establezco un hilo conductor entre hechos y realidades diferentes y me aseguro de no caer en anacronismos”, dice, “se trata de estudiar a aquellos sujetos que cuestionaron la norma sexual imperante en su tiempo, sin poner las distintas memorias a competir”. Así, por las páginas de ‘A defunción dos sexos’ transita la moda del transformismo escénico que, a finales del XIX, causó furor en los salones gallegos de ‘varietés’, un análisis de las condenas del Juzgado Especial de Vagos y Maleantes de León –que supervisaba el juez especial Mariano Rajoy Sobredo, padre de Rajoy Brei–, o Maribolheras Precárias, colectivo que ya en los 2000 se apoyaría en las teorías ‘queer’ para manifestaciones y acciones de calle. También la dignidad, en su día anónima, que explicita conductas de “permisividad y protección” en la ciudadanía, pese al ambiente hostil.

La comunidad y la disidencia sexual
Fue el caso de Ricardo Ramallo, jardinero municipal en A Coruña. En el año de 1944 recibió una notificación del Gobierno Civil según la cual debía abonar 150 pesetas de multa. ¿El delito? “Permitir la comisión de actos inmorales” en los jardines de Méndez Núñez, en el centro de la ciudad. El lugar, asegura Ferrández, forma parte todavía hoy “de los mapas del denominado ‘cruising’ gallego”. “A Ramallo lo multaron por no denunciar a homosexuales que se encontraban en el jardín”, ahonda, “historias como la suya nos dicen que siempre hubo personas seguras”. Incluso en épocas menesterosas. No fue el único tópico que se le cayó a Ferrández durante la elaboración del libro. “Me sorprendió ver cómo en Galicia, durante el franquismo, no había demasiadas denuncias de familiares o vecinos. En otros lugares del Estado son más abundantes”, afirma, “lo que indica que la comunidad no siempre es negativa para la disidencia sexual. Puede serlo, pero no siempre lo es”.

Eso y el tránsito son dos de las características singulares de la disidencia sexual en Galicia, según ha detectado Ferrández. Y con tránsito se refiere a que muchas de las protagonistas de ‘A defunción dos sexos’ son “personas que están en tránsito”: de la aldea a la ciudad, del espacio privado al espacio público, o a la emigración y el exilio. Las trans de Samil en Vigo, sí, pero también Teresita, “asignada hombre al nacer a finales del siglo XIX en una familia de la aristocracia urbana”. En 1898 se embarca hacia Buenos Aires, presionada por un entorno que “no aceptaba ni su homosexualidad ni que quisiera vivir como una mujer”. Sus idas y venidas entre Galicia, Argentina, Uruguay y Madrid son constantes. La pista se pierde en 1923. “Solo nos queda de ella su descripción como un hombre que se vestía siempre de mujer, que tenía facciones femeninas y que frecuentaba la Zarzuela acompañada de 'alegres muchachos”, escribe Ferrández. ‘A defunción dos sexos’ es un libro repleto de vidas e historias, de rebeliones microscópicas y de organización para el cambio colectivo. Las disidentes eran, al fin y al cabo, “las perseguidas y apartadas, relegadas a los márgenes, sancionadas, apresadas durante décadas”.

Daniela Ferrández es historiadora de formación y profesión. Aunque estudiada en Alacant, su tesis la redactó en Galicia, y trataba sobre el clientelismo político. Fue durante su elaboración cuando salió del armario como mujer trans y comenzó a involucrase en el activismo LGTBI. “Sentí la necesidad de pesquisar en el pasado del movimiento. No está tan trabajado, existe un silencio al respecto en Galicia, que tampoco aparece en historias a nivel estatal”, comenta. Una beca de la Deputación da Coruña le proporcionó las condiciones materiales para la investigación de este proyecto, que desarrolló en archivos, hemerotecas, en entrevistas. Y aunque la materia nunca se había tratado de forma tan global como en esta ocasión, siempre sin perder de vista algunos textos pioneros: los de Carlos Callón sobre homosexualidad en la literatura medieval galaico portuguesa, Narciso de Gabriel y la aventura de Elisa y Marcela, o la reconstrucción de los movimientos de liberación homosexual por Antón Lopo.

“Queda claro también en este trabajo”, afirma en el epílogo, “que cuando las disidentes sexuales se organizaron, siempre lo hicieron de un modo transversal, llegando más allá de su propia parcela. El cambio y la conquista de derechos se entendió en colectivo, como parte de la lucha por la democracia, por el feminismo y por la igualdad”. El libro de Ferrández, historiadora preocupada por la transferencia social del conocimiento y la investigación, es además una contribución a la construcción de la memoria democrática. “La memoria democrática, de la que forma parte la memoria de la disidencia sexual, nos beneficia a todos, no solo a la academia”, concluye. La última palabra de ‘A defunción dos sexos’ la cede a la histórica activista trans y sindicalista Laura Bugalho: “Nosotras estamos en todas las luchas y estamos por todas, pero hay una cosa que para mí es primordial en cualquier lucha y es anterior a todo. La cuestión de clase”.

jueves, 12 de mayo de 2022

#libros #disidenciasexual | A defunción dos sexos : disidentes sexuais na Galiza contemporánea

A defunción dos sexos : disidentes sexuais na Galiza contemporánea / Daniela Ferrández Pérez.

Vigo : Edicións Xerais, 2022 [05-12].
216 p.

/ GL / Libros / ENS / Disidencia sexual / Galicia / LGTBI / Memoria histórica / Queer / Testimonios / Trans
📘 Ed. impresa: ISBN 9788411101202 / 18,50 €
Cita APA-7: Ferrández Pérez, Daniela (2022). A defunción dos sexos : disidentes sexuais na Galiza contemporánea. Xerais.

[.gl] ‘A defunción dos sexos: disidentes sexuais na Galiza’ contemporánea é un libro divulgativo que recompila historias e memorias de persoas que viviron alén da norma sexual na Galiza dos últimos cento cincuenta anos. A través de fontes de arquivo e xornalísticas reflexiónase sobre algúns dos itinerarios que estas persoas tiveron que percorrer e o seu enfrontamento co xugo dunha sexualidade obrigatoria que as condenaba ás marxes e ao ostracismo. Este libro parte coa conciencia de que a saída dese caixón agochado no que a historia depositou as disidentes sexuais é un paso imprescindible á hora de articular unha memoria LGBT na Galiza de hoxe. Para isto, o desenvolvemento do traballo non se centra nun relato exhaustivo sobre a disidencia sexual e de xénero en cada unha das épocas investigadas, senón que estas se configuran como pequenas xanelas das que se extraen historias e memorias de persoas diversas. Persoas perseguidas, aceptadas, toleradas ou reprimidas. Vidas, a fin de contas, necesarias para unha reflexión actual e colectiva sobre o pasado, o presente e o futuro das disidentes sexuais que poboamos hoxe o país galego.

Nada no País Valencià, Daniela Ferrández Pérez (Almoradí, 1988) é galega de adopción dende o ano 2011. Doutora en Historia Contemporánea pola Universidade de Santiago de Compostela (2020), investigou sobre cuestións como a violencia política do franquismo, o clientelismo político, e o feminismo e os partidos políticos na Transición. Paralelamente, implicouse, xunto coa súa familia, no activismo pola memoria histórica na procura dos restos do seu bisavó, fusilado polo franquismo en Alacant en 1941. Como muller trans, leva varios anos involucrada no activismo LGBT do país, principalmente a través da asociación Amizando. Na actualidade é investigadora posdoutoral adscrita ao grupo Histagra USC.