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lunes, 6 de noviembre de 2023

#hemeroteca#pederastia #iglesia | La náusea (respuesta a Fernando Savater sobre la pederastia)

Fernando Savater contra la amnistía en Cibeles, 2023-11-18 //
 
La náusea (respuesta a Fernando Savater sobre la pederastia)
A los niños y niñas que sufrieron abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia se les robó la infancia y se les silenció. Negar la verdad en una columna periodística es una mentira
Alejandro Palomas | El País, 2023-11-06
https://elpais.com/opinion/2023-11-06/la-nausea-respuesta-a-fernando-savater-sobre-la-pederastia.html 

Asco. Profundo. Hoy es un día especialmente nefasto para la lírica porque la música de la palabra ha sonado fea. Señor Savater, a usted me dirijo. Toca —quiero— responder a su columna de opinión, publicada en este mismo medio hace apenas unas horas. Y digo “opinión” porque soy respetuoso y porque, por primera vez, voy a hablar en nombre de todas las víctimas de abuso sexual en la infancia por miembros de la Iglesia católica española, esos —los miembros— que, según usted, cometieron apenas unos “magreos indebidos” que no le quitan el sueño y que a algunos nos dejaron algo de susto pero ningún trauma.

Asco, más profundo aún. Utilizar —¿“magrear”?— al medio millón de víctimas de abuso sexual clerical como arma arrojadiza para vertebrar su crítica a las maniobras de un partido político —”la izquierda”, dice usted— que pretende promulgar “una amnistía” no es sólo irrespetuoso sino perverso. Hemos sido niños y niñas abusados, violados, silenciados, revictimizados una y otra vez por esa siniestra cúpula de encubridores y delincuentes que se expresan como usted, que se burlan de su propia maldad como usted, que nos ridiculizan como usted, que nos acusan de oportunistas, de exagerados, de ser sospechosos de mentir, de inventar... como usted.

Asco. Espantosamente profundo. Dice usted que la gran mayoría de los casos pertenecen a un pasado remoto. Se equivoca. La infancia no es pasado remoto cuando has sido un niño violado. Ni siquiera es pasado del todo. El niño está ahí, camina a tu lado, como una voz pequeña que en cualquier momento te pide que la acunes porque tiene miedo, porque la vida lo aterra desde que a los ocho años un hombre —un docente religioso— dedicó un año de la vida de ambos a abusar sistemáticamente de él dos veces por semana —tres, si había fútbol los sábados— y le enseñó que la maldad anidaba en los hombres y que la confianza era error. Le contaré algo, señor Savater: yo morí a los ocho años, como muchos y muchas de nosotros. Vivimos con lo que podemos, con ninguna fe, intentando confiar en que ese pasado deje algún día de ser presente. A los ocho años un niño tiene que ser niño, ese es su derecho. El de nosotros, los adultos, es velar porque nada lo impida.

Asco. Irremediablemente físico. “Los que fuimos feos de pequeños nunca pasamos por ahí”, dice usted. Es tan demoledor leer una frase construida así, con esa música y con todo lo que respira que debo tomar aire para volver a ella. Es la desubicación y la absoluta falta de empatía, y es también el discurso que todo lo ensucia porque todo lo banaliza. No, señor Savater, usted no se libró del abuso por ser feo. Se libró porque si había algún perverso en su entorno no detectó en usted la vulnerabilidad, la confianza, la inocencia, la orfandad emocional que sí vio en los que, a diferencia de usted, sufrimos el infierno en sus manos. Si se libró no fue por usted, sino porque él no adivinó en usted una diana fácil. Lo feo es el chiste, ese chascarrillo de café, copa, puro y amiguetes de sobremesa tardía. Feo es que un niño se convierta en un hombre que escribe de los que fueron niños con él como si la cuota de “elegidos” para el abuso hubiera tenido que ver con ellos, con su “no fealdad”, y no con el perverso que los destruyó. Decir “los que fuimos feos de pequeños nunca pasamos por ahí”, es desenterrar una vez más el manido “a una mujer la violan por ser como es, por vestir como viste, por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado”. O lo que es lo mismo, recurrir al “A las feas seguro que no les pasa” y reírse con sus amigotes en privado, porque en público ya no, aunque un poco sí, venga, ánimo, una frasecita aunque sea, que no se diga que he dejado de ser aquel niño feo del que lo único que se conserva es justamente eso, la fealdad.

Asco. Ya no tan profundo. Las víctimas no hacemos política. No nos acerque a esa hoguera porque no nos quema. Yo conocí el infierno, ardí allí siendo muy niño y no es mi deseo alimentar esos fuegos. Bastante tenemos con salvarnos de las brasas que los miembros de la Iglesia católica de este país dejaron prendidas bajo nuestros pies con su mala fe y su encubrimiento sistemático. No nos torture usted y no mezcle nuestro dolor con esa proclama contra la amnistía que no procede. Aquí, al lado de los 440.000 niños y niñas no. Nunca.

Quizá, y tómese esto como humilde sugerencia, podría usted acompañar a los cuarenta obispos españoles que el Papa ha convocado de urgencia en el Vaticano, puede que para pasar cuentas por recuerdos, delitos y encubrimientos varios. Me aventuro a suponer que le parecerá una buena idea pedir para ellos —para ellos sí— una amnistía por todo el daño causado. Acompáñelos, y recuérdeles, de paso, que negar la verdad es también mentira, que mentir es faltar al octavo mandamiento y que los miles de niños que nos quedamos sin infancia ya hemos aprendido a defendernos. Y a hablar.

Alejandro Palomas es escritor. Autor de ‘Esto no se dice’, donde relata su experiencia como víctima de abusos en el ámbito de la Iglesia católica. 

sábado, 4 de noviembre de 2023

#hemeroteca #pederastia #iglesia #transfobia | Hipocresía

Munilla entra en Orihuela a lomos de una mula blanca, 2022-02-13 //

Hipocresía

La pederastia clerical, cuyos casos suelen ser a veces bastante remotos, tiene gran resonancia en los medios que no quieren hablar de abusos más recientes
Fernando Savater | El País, 2023-11-04 *** [MyNews]
https://elpais.com/opinion/2023-11-04/hipocresia.html

Los soldados del fuerte otean la llanura muy inquietos. Con la mano como visera sobre los ojos, el sargento demuestra vista de lince. “¡Mi capitán, vienen 1.005 indios!”. “¿Estás seguro?”. “Bueno, delante vienen cinco y luego unos mil...”. Este tipo de cálculo es parecido al de los casos de abusos sexuales a menores por parte de clérigos que ha establecido el Defensor del Pueblo. Parece que se documentan unos 400 y luego, aplicando el embeleco de la estadística, otros 400.000. Pues a lo mejor, vaya usted a saber. A mí, perdonen la franqueza, me quita menos el sueño que a Sánchez dormir con Pablo Iglesias. Seguro que ha habido magreos indebidos en colegios religiosos, en institutos laicos, en consultas médicas, en gimnasios, en probadores de grandes almacenes, en la mili y sus derivados, en la sala de espera de dentistas, en transportes públicos, en familia... Algunas víctimas cayeron en manos de auténticos maníacos (seguro que menos de medio millón) y han sufrido dolorosos traumas que les han marcado para toda la vida. Otros pasaron por el trance de modo distinto: algunos lo cuentan años después con su mezcla de sorpresa y susto. Guardan el recuerdo de algo que les repugnó, pero no les traumatizó. Los que fuimos feos de pequeños nunca pasamos por ahí...

La pederastia clerical, cuyos casos suelen ser a veces bastante remotos, tiene gran resonancia en los medios que no quieren hablar de abusos más recientes (la contagiosa moda de metamorfosis trans entre niños, por ejemplo). Y por el escándalo de que sean los que alardean de mayor moralidad quienes dan peor ejemplo. Justo como la izquierda, por cierto: ellos, tan demócratas, promulgan una amnistía que se cisca en los derechos de 47 millones y medio de españoles. El mayor abuso.

sábado, 22 de octubre de 2016

#hemeroteca #violencia | Siguen ahí

Imagen: El País
Siguen ahí.
Hay que pedir sin rodeos la condena del terrorismo, la denuncia de ETA.
Fernando Savater | El País, 2016-10-22
http://elpais.com/elpais/2016/10/21/opinion/1477046503_831906.html

El intento de linchamiento de dos guardias civiles y sus mujeres en Alsasua ha servido para sacar a flote algo de la basura sumergida bajo la relativamente serena superficie del embalse vasco. No solo son resabios del terrorismo aparcado a la fuerza, sino que las formas torticeras de contar lo que pasó encienden a veces nostalgias activas del matonismo “heroico” que padecimos hasta hace poco. Los viejos que ya no se atreven a dar ni paraguazos azuzan ocasionalmente a la carne de cañón juvenil que puede descontrolarse. Entonces se llevan las manos a la cabeza —“¡no es eso, no es eso!”— o tratan de absolver a los brutos, como ha hecho EH Bildu en el caso de Alsasua, empleando la técnica defensiva del quinteto violador de sanfermines: la culpa es de la agredida, que abusó del tropel con pérfido disimulo.

Por eso es importante no conformarse con componendas que deploren la situación vivida pero legitimen los motivos de quienes la provocaron. Cuando se habla de víctimas del terrorismo no nos referimos a todos los que han padecido abusos violentos (que siempre deben ser perseguidos), sino a quienes fueron atacados por la banda criminal y sus imitadores. Sin duda hubo miembros de las fuerzas del orden que cometieron delitos, pero traicionando su mandato social; ETA en cambio fue diseñada como cuña totalitaria contra la democracia. Por eso se equivocan los que exigen sin más contrición por los daños causados y una condena de la violencia: hay que pedir sin rodeos la condena del terrorismo, la denuncia de ETA. La Guardia Civil solo “crispa” a los herederos de los que ya no campan por sus respetos gracias a ella. Para los demás es garantía contra el regreso de los lobos. Etarras, cómplices e imitadores: ‘¡alde hemendik!’.

jueves, 17 de diciembre de 2015

#hemeroteca #reproduccion | Carta abierta a Fernando Savater

Carta abierta a Fernando Savater.
Mercedes Navío Acosta | El País, 2015-12-17
http://elpais.com/elpais/2015/12/16/opinion/1450283979_118747.html

Vaya por delante don Fernando que en lo que pretendo sea una refutación de su reciente artículo ‘Discriminar’ no cabe la consideración de homófobo para su persona. También le diré de antemano que yo no sufro de heterofobia, soy hija, hermana, sobrina, amiga de heterosexuales y mis vínculos de amistad y amor para con ellos transcienden mi orientación sexual, condición que no opción, de lesbiana, perteneciente en sus palabras a ‘la identidad civilizada que de veras cuenta, que es la identidad humana’. Y a ella pertenezco.

Hace usted alusión a la sentencia judicial reciente que condena por “discriminatoria” la disposición del Ministerio de Sanidad que sólo permite la fecundación artificial a las mujeres que hayan fracasado más de un año en los intentos por coito vaginal y despacha el asunto recurriendo como principal argumento, casi único, a la descalificación anticipada de su condición de “malo” en esta sociedad demasiadas veces frívola, de lo políticamente correcto.

Esboza luego un argumento con juicio de intenciones incluido a mi parecer falaz; y le diré por qué. No es defendible su afirmación de la intención de abolir al varón o la mujer en una suerte de dialéctica excluyente ajena a la verdad. Ya es triste tener en contra de entrada la carga de la prueba a propósito de tu idoneidad para ser padre o madre, presumida muchas veces trágicamente en cualquiera que pueda serlo de modo “natural” aunque no haya hecho en muchos casos la reflexión ética a que usted nos emplaza a nosotros, como para escuchar un planteamiento tan epidérmico de quien tiene mi consideración intelectual y humana. Si hubiera planteado la complejidad de la disquisición entre los valores eficiencia y equidad para el sistema sanitario, aun le comprendería, y no obstante habría mucho que debatir al respecto.

Pero sigamos con su desarrollo. No sólo somos caprichosos y “utilizamos” en una suerte de perversión la tecnología que hoy hace posible la maternidad o paternidad a quienes no podemos serlo de manera “natural” si no que producimos un daño a aquellos que más queremos infligiendo una “discriminación” al “privarles de las dos líneas de filiación que pertenecen a la condición humana” convirtiendo a nuestros hijos en “huérfanos programados”.

Don Fernando, nuestros hijos no son huérfanos. Desde cuando nuestra condición humana está sujeta a la falacia naturalista en que se basan determinadas cosmovisiones excluyentes, desde cuando han vuelto a fundirse el orden natural y el orden moral de las cosas que discriminaron antaño por razón de raza o sexo en virtud de supuestas inferioridades, y provocaron auténticos holocaustos. Y sigo, a qué antropología se refiere por omisión para propiciar el ocultamiento de lo humano en palabras de Martha Nussbaum en nosotros hechos de la misma carne que cualquiera. A qué psicología apela para afirmar que es necesario, imprescindible, tener un padre y una madre. Nuestros hijos, como todos los niños, necesitan niveles bien enrasados de amor incondicional, puesta de límites y respeto a su dignidad de ser con proyecto vital propio, en el futuro emancipado de nosotros. Y eso puede ser ofrecido por dos hombres, dos mujeres, y un hombre o una mujer solos. Hay historias de éxito existencial en este modo de crianza previas a cualquier ley, incluso mucho antes de aquella que reconoció nuestros derechos y casi le diría que en cierta medida nuestra existencia; e historias de fracaso en familias a las que usted alude sin mencionar. ‘Porque ya se sabe que todas las familias dichosas se parecen pero las infelices lo son cada una a su manera.’ Lo esencial, don Fernando no está en el quién, sino en el cómo hace cada quien. Las llamadas funciones materna y paterna las puede encontrar desempeñadas en la familia tradicional por el rol complementario al estadísticamente más frecuente, y en una familia monoparental por la misma persona al unísono en equilibrio y armonía. Esa es la clave. Ni siquiera las éticas consecuencialistas podrían darle prueba y fundamento para las afirmaciones apodícticas que se permite realizar.

Don Fernando, nunca hubiera planteado esta argumentación si el autor de este artículo no fuera quien es. Estoy acostumbrada a tener que ofrecer la prueba diabólica de inocencia en relación a mi “defecto óntico” por más que sepa por mi existencia y profesión que todos tenemos alguno, aunque socialmente sean mucho menos visibles, y que la máxima aspiración como padres no es ser perfectos sino solo suficientemente buenos. La perversión es ubicua en la condición humana y no está asociada de modo inherente a ninguna categoría derivada de la orientación o identidad sexual. Somos como todos, ni mejores ni peores per se. Elevo mi voz porque usted ha aludido a terceros, nuestros hijos, y su aventura personal, y aunque nosotros estuviéramos equivocados y usted en lo cierto y aquí le hablo desde las éticas de la responsabilidad que presidieron mi toma de decisión en torno a la maternidad, hay algo sobre lo que no tengo ninguna duda: mi hijo, ningún hijo elige nacer, y es la obligación de todo padre o madre proteger su dignidad al modo en que lo hacía la madre de la judía Hannah Arendt. Artículos como el que usted ha escrito hacen este mundo menos habitable para él y son impropios de una ‘autoritas’ ética como la suya.

Mercedes Navío Acosta · Médico Psiquiatra, Profesora Asociada de Psicología y Máster en Bioética

miércoles, 16 de diciembre de 2015

#hemeroteca #lgtbifobia | Recapacitar

Imagen: Google Imágenes
Recapacitar.
Respuesta conjunta de la Plataforma Estatal de Familias Homoparentales al artículo de Fernando Savater en El Pais del 12 de diciembre de 2015.
Son Nuestros Hijos, 2015-12-16
http://sonnuestroshijos.blogspot.com.es/2015/12/recapacitar.html

El pasado 12 de diciembre Fernando Savater, personaje público y filósofo, publicaba en el diario El País un artículo de opinión titulado “Discriminar”.

Más que un artículo de opinión se trata de una declaración de intenciones de oscurantismo manifiesto, una manipulación desde la posición homófoba del autor que confunde legalidad, moralina y juicio personal. Si bien ya es conocida la postura de Savater frente a la reproducción asistida y las familias homoparentales, sorprende la falta de argumentos, de fundamento y de base científica de alguien que se expresa como supuesta autoridad ética y académica.

En primer lugar, saludamos la sentencia que confirma que es discriminatorio demostrar un periodo de coito vaginal para acceder a la reproducción asistida; es discriminatoria contra todas las personas que no contemplan la relación coital como medio necesario para acceder a la maternidad o a la paternidad y restringe el acceso a los servicios públicos.

En segundo lugar, muchos de los miembros integrantes de las asociaciones de la Plataforma Estatal de Familias LGBT hacemos uso de las técnicas de reproducción asistida que nos permiten la sociedad y la legislación españolas, además de la adopción. Al no ser una acción inmediata, sino un proceso mediado y largo, las familias que accedemos a estos medios de reproducción —independientemente de nuestra composición y orientación sexual— lo hacemos por una acción meditada, preparada y sopesada. Se trata de una decisión madura que se alcanza al entender que existen las condiciones necesarias para este acto recíproco de donación, amor, esfuerzo y disfrute que supone la maternidad y la paternidad.

En tercer lugar, nadie elige la familia ni las circunstancias en las que nace. La elección de familia se hace a partir de la vivencia de respeto, educación, amor y responsabilidad que acompaña los diferentes momentos de la vida del niño o de la niña en el seno de la comunidad en la que crece. Resulta ridículo decir que hay un modelo de familia único y que todos los demás son proyectos que privan a los niños y a las niñas de una figura, pues al decir esto se obvia que lo realmente necesario para crecer no es el salario, la filiación de los padres o madres o su identidad sexual, sino la calidad y el proyecto en el que se funda.

En este sentido nuestros colectivos intentan favorecer una reflexión que apoye la paternidad y maternidad diversa, respetuosa y responsable y potenciar el apoyo mutuo a la hora de abordar este complejo y vital proyecto. Resulta evidente que Savater, desde su limitación retrógrada, desconoce profundamente a nuestras familias, lo que le impide hablar de la realidad de cariño, de diversidad y de esfuerzo educativo que desarrollamos para que nuestros hijos e hijas puedan afrontar las vicisitudes de nuestro tiempo y puedan tratar con tolerancia y respeto incluso opiniones infundadas y ofensivas como las de este autor.

Cabe destacar la malicia y la ignorancia de este texto, que pretende ofender a los niños y niñas de un colectivo bautizándolos como “huérfanos programados”, cuando no ha habido muerte de progenitor. O cuando se refiere a “los gustos eróticos” para referirse a la orientación sexual de los padres y madres, cuya libre manifestación, es, como sabrá, un derecho de todas las personas reconocido por la ley.

Por suerte, en nuestra sociedad, las personas y opiniones reaccionarias y ofensivas como estas tienen cada vez menor cabida y por lo general los ciudadanos y ciudadanas estamos implicados en la construcción de un frente común solidario formado por familias, personas adultas y responsables que se apoyan mutuamente en este proyecto de criar, educar y formar hijos e hijas, en todas las etapas, desde la primera a la última. Contamos y queremos seguir contando, además, con los medios y apoyos que desde el servicio público se ponen a disposición para apoyar a todas las personas que lo requieran. El colectivo LGBT quiere seguir participando activamente en este proyecto de sociedad plural y solidaria.

La Plataforma Estatal de Familias Homoparentales está formada por las siguientes organizaciones: FLG: Associació de Famílies Lesbianes i Gais, Área de Familias de Fundación Triángulo, Galehi Asociación de Familias Homoparentales LGTB, Galesh Associació de Famílies Homoparentals, Magala Asociación de Familias Homoparentales de Gipuzkoa, Sehaska, Son Nuestros Hijos Familias por la Gestación Subrogada.

sábado, 12 de diciembre de 2015

#hemeroteca #lgtbifobia | Discriminar


Discriminar.
Querer ser padre sin madre o madre sin padre hurta a un tercero una parte esencial de su aventura personal.
Fernando Savater | El País, 2015-12-12
http://elpais.com/elpais/2015/12/11/opinion/1449834586_045192.html

Ya sabemos que hoy el mejor modo de refutar cualquier crítica que se hace a una ideología o comportamiento es acusar al crítico de padecer fobia contra lo que censura. Invocando la “fobia”, la discusión pasa del terreno argumental al clínico: aunque aporte muchas razones, el adversario es un enfermo moral o mental, un psicópata social. No hay ni que examinar lo que dice, basta con aplicarle salfumán fóbico y sanseacabó. Un ejemplo entre mil: la sentencia judicial “pionera en España” (¡excelente!) que condena por “discriminatoria” la disposición del Ministerio de Sanidad que sólo permite la fecundación artificial a las mujeres que hayan fracasado más de un año en los intentos por coito vaginal. Se asegura que la disposición legal ahora vencida discriminaba a las lesbianas o a las solteras que se negaban a mantener relaciones procreativas. ¡Era homofóbica, ni más ni menos! Y que nadie se atreva a decir que era una medida contra la heterofobia, porque me van a oír…

Pues bien, apúntenme en la lista de los malos (la prefiero a la de los bobos). Que una mujer sana procree un hijo artificialmente para abolir al varón (o que uno o dos hombres utilicen un vientre de alquiler para un fin semejante pero inverso) es realmente discriminatorio para el recién nacido, huérfano programado y privado de una de las dos líneas de filiación que pertenecen a la condición humana. Es lícito querer ser padre o madre, pero querer ser padre sin madre o madre sin padre puede ser aceptado por un juez pero no por la reflexión ética, ya que hurta a un tercero una parte esencial de su aventura personal. Cualquiera puede criar a un niño, sean cuales fueren sus gustos eróticos, pero nadie participa en la paternidad como pareja de una probeta.


Fernando Savater vuelve a cargar desde las páginas de “El País” contra la homoparentalidad.
Flick | Dos Manzanas, 2015-12-15

http://www.dosmanzanas.com/2015/12/fernando-savater-vuelve-a-cargar-desde-las-paginas-de-el-pais-contra-la-homoparentalidad.html

Diez años después Fernando Savater vuelve a cargar desde las páginas de El País contra la igualdad de las personas LGTB. Como hiciera entonces, el mediático intelectual y ahora candidato al Senado por Unión, Progreso y Democracia (UPyD) ha vuelto a tener palabras despectivas hacia la homoparentalidad, en concreto hacia el derecho de las parejas de mujeres (y también de mujeres solas) a recurrir a la reproducción asistida para ser madres.

En una columna titulada Discriminar, Savater muestra su enfado por la reciente condena de un tribunal al Hospital Fundación Jiménez Díaz y a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid por discriminar a una pareja de mujeres en su acceso a la prestación de reproducción asistida en la sanidad pública. “Pues bien, apúntenme en la lista de los malos (…) Que una mujer sana procree un hijo artificialmente para abolir al varón (o que uno o dos hombres utilicen un vientre de alquiler para un fin semejante pero inverso) es realmente discriminatorio para el recién nacido, huérfano programado y privado de una de las dos líneas de filiación que pertenecen a la condición humana. Es lícito querer ser padre o madre, pero querer ser padre sin madre o madre sin padre puede ser aceptado por un juez pero no por la reflexión ética, ya que hurta a un tercero una parte esencial de su aventura personal. Cualquiera puede criar a un niño, sean cuales fueren sus gustos eróticos, pero nadie participa en la paternidad como pareja de una probeta”, argumenta Savater.

Palabras muy similares a las que escribió, también en El País, tres días antes de la histórica aprobación por las Cortes Generales de la ley que hacía posible el acceso de gais y lesbianas al matrimonio civil, algo que no gustó demasiado a Savater, según el cual una cosa era ver reconocida legalmente “ciertas formas de convivencia” y otras llamarlas matrimonio, “denominación que recibe la familia formada por una pareja de distinto sexo”. “Invocar la igualdad de derechos en este campo es una tontería, porque las condiciones desiguales permiten derechos específicos para cada una”, argumentaba.

También entonces (era un artículo de opinión bastante más largo que el ahora publicado) Savater cargaba contra la homoparentalidad buscada a través de la reproducción asistida, al asegurar que “nadie tiene derecho a programar y fabricar huérfanos en probeta para complacer a solteros o parejas del mismo sexo“. “Decir que tener padre y madre puede ser sustituido por tener dos papás y dos mamás es una sandez del mismo calibre que sostener que pueden tenerse dos pies izquierdos”, llegaba a escribir (en aquel momento no existía nuestra web, pero dos años después recuperamos aquellas palabras en nuestra sección Una carta en dosmanzanas).

Han pasado diez años, pero el fondo homófobo de Fernando Savater parece seguir igual de robusto. Al igual, por cierto, que la tolerancia del diario El País hacia los textos homófobos… y no solo con Savater. Aún recordamos, los que tenemos memoria, el infame artículo de opinión publicado por ese periódico en 2004 No puede ser en derecho lo que no es por naturaleza, en el que el ya fallecido Rafael Termes revistió de intelectualidad las que entonces eran posiciones contrarias al matrimonio igualitario.

jueves, 26 de noviembre de 2015

#hemeroteca #laicismo | Aulas y púlpitos

Imagen: Heraldo / Cecilia Giménez y su Ecce Homo
Aulas y púlpitos.
La formación religiosa no es una asignatura. Podría serlo si tuviese como objetivo una historia de las mitologías o algo así, en cuyo caso los profesores serían elegidos como el resto: por razones académicas, no designados por el obispado.
Fernando Savater | El País, 2015-11-26
http://elpais.com/elpais/2015/11/24/opinion/1448390403_035861.html

El otro día vi una tertulia televisiva en la que remaché mi convicción de que nuestros políticos en ejercicio actuales son frecuentemente mediocres, pero que peor será cuando dentro de poco gobiernen los tertulianos. El tema era el litigioso asunto de la asignatura de Religión en la escuela. Se oyeron las cantinfladas de siempre. “Nosotros somos partidarios de la laicidad, no del laicismo, que no es lo mismo”, decía, pedagógica, la representante socialista. En efecto, no es lo mismo: la palabra castellana es “laicismo”, mientras que “laicidad” es un galicismo no aceptado por la RAE hasta fecha muy reciente (que, por cierto, define laicismo de forma cuidadosamente errónea). De modo que o laicismo o ‘laicité’: lo de “laicidad” podemos dejárselo a los clérigos, que se trabucan en cuanto hay que nombrar algo referido a la libertad de conciencia.

Otro contertulio, más de derechas pero no más diestro, recordaba que España es un Estado aconfesional, no laico, de modo que el laicismo le parecía anticonstitucional. Supongamos que “aconfesional” no sea un eufemismo por “laico”, que es como lo suele entender la gente bienintencionada, sino que significa “sin una confesión religiosa privilegiada, aunque reconociendo el hecho religioso y favoreciéndolas a todas”. Bueno, sin duda entonces recogerá tanto las actitudes religiosas positivas como negativas. Santo Tomás de Aquino, el cardenal Newman y Juan Pablo II fueron pensadores religiosos (de muy distinto calibre, claro) como también lo son Nietzsche, Freud y Richard Dawkins (ídem).

No es arriesgado asegurar que la postura religiosa mayoritaria en las democracias occidentales entre científicos, humanistas, etcétera, es la incredulidad, cuando no hostilidad, sobre los dogmas eclesiales: los más favorables los consideran un lenguaje poético que puede inspirar conductas solidarias y compasivas… pero también todo lo contrario. De modo que una aconfesionalidad consecuente obligaría a incluir junto a la enseñanza religiosa otra asignatura que explicase escepticismo, críticas a las creencias eclesiásticas, etcétera... Demasiado para el ya sobrecargado programa escolar de los tiernos infantes.

Se invocaron en la discusión, como no podía ser menos, los acuerdos con la Santa Sede. Urge suprimirlos ya, puesto que ahora a nadie sorprendería tal decisión y sin embargo escandaliza a muchos el empeño en mantenerlos. Su contenido contradice evidentemente la aconfesionalidad constitucional y encierra una paradoja no respecto a la religión sino respecto al Vaticano. ¿Estamos hablando de un Estado propiamente dicho o de una especie de parroquia de proporciones y pretensiones imperiales? Si nos lo tomamos en serio como Estado, resulta que es la única teocracia vigente en suelo europeo, antidemocrática puesto que no respeta en sus elecciones a cargos públicos, derechos humanos fundamentales como la igualdad de los sexos o la libertad de conciencia, que se ha negado a firmar algunos de los tratados más importantes sobre estas cuestiones suscritos por las democracias de todo el mundo. ¿Por qué tiene España que mantener acuerdos privilegiados con semejante entidad, que representa lo contrario de lo que deseamos para las instituciones de nuestro país y de Europa? Pero quizá su apariencia estatal es sólo un disfraz histórico para esa gran parroquia antes mencionada. Entonces no hay nada que objetar a las peregrinaciones y reconocimientos piadosos que recibe, pero resulta inaceptable que dicte, por medio de acuerdos privilegiados, normas que afectan a la organización de nuestra educación y otras instituciones militares, penales, etcétera… en contra de la aconfesionalidad proclamada. Se tome como se tome, son lazos comprometedores que conviene cuanto antes disolver discreta y amistosamente.

Nuestra Constitución reconoce el derecho de los padres a optar por la educación de sus hijos más acorde con sus convicciones, pero este es un punto que si se renueva la Carta Magna convendrá aclarar. Porque sería inaceptable que ese derecho incluyese la enseñanza de nociones anticientíficas como el creacionismo en lugar de la teoría de la evolución o la diferencia de derechos cívicos entre varones y mujeres, como quieren algunas doctrinas piadosas. Las familias tienen derecho a educar a sus hijos según sus preferencias… dentro de la oferta escolar establecida. El punto importante aquí es que, ni optativa ni obligatoria: la formación religiosa no es una asignatura. Podría serlo si tuviese como objetivo una historia de las mitologías o algo así, en cuyo caso los profesores serían elegidos como el resto: por razones académicas, no designados por el obispado. Para que los niños reciban formación religiosa no hace falta que la estudien en el colegio, véase lo que ocurre en países laicos como Francia (modélica en tantas cosas). A este respecto se fomentan errores interesados. Una entrevista publicada por Abc (23 de octubre) con Tibor Navracsics, comisario europeo de Educación, llevaba el siguiente titular: “Hay que garantizar el derecho a elegir la asignatura de Religión”. Pero lo que el entrevistado decía, líneas más abajo, era: “Un sistema educativo tiene que ofrecer el derecho a elegir y garantizar a los padres la elección del mejor modo de educar a sus hijos”. ‘C’est pas la même chose.’

Este asunto no es cosa menor, un incordio electoral para hacerse el ‘progre’. En la situación actual de Europa y del mundo, es un tema vital saber cómo vamos a educar a los ciudadanos para que en una sociedad mercantilizada no tengan que buscar el “suplemento de alma” exclusivamente en dogmas religiosos. Con desparpajo ofensivo, el portavoz de la Conferencia Episcopal señala que nos amenazan dos peligros, el laicismo y el fundamentalismo. El segundo provoca matanzas, está de sobra visto, y el primero, según él, quiere extirpar la religión de la vida pública (otra mentira: el laicismo reconoce el derecho de los creyentes a manifestarse en público pero a título privado, no institucionalmente).

Es el momento de que los partidos laicos detallen de nuevo la oferta de Educación para la Ciudadanía, en lugar de esa asignatura de “Inteligencia emocional” que coinciden en reivindicar C'S y Podemos (lo cual demuestra que Chesterton tenía otra vez razón: es más difícil luchar contra las nuevas supersticiones que contra las antiguas, lo mismo que es más difícil vencer a un joven que a su abuela). No olvidemos que en el torticero argumentario contra la Educación para la Ciudadanía del ministro Wert jugó un papel importante el manual escrito por los luego promotores de Podemos Luis Alegre y Carlos Fernández Liria, cuyo radicalismo intemperante y bastante bobo se convirtió, como en otras ocasiones, en el mejor aliado de los reaccionarios. Por nuestro bien y nuestro futuro esperemos que, a partir del 20-D, las cosas se planteen mejor.