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viernes, 31 de enero de 2025

#hemeroteca #identidades | "El español es idioma de pobres", dice el director de 'Emilia Pérez'

Jacques Audiard //

"El español es idioma de pobres", dice el director de 'Emilia Pérez'

Euronews, 2025-01-31

https://es.euronews.com/2025/01/30/el-director-de-emilia-perez-siembra-la-polemica-el-espanol-es-un-idioma-de-pobres

Jacques Audiard, director de la película 'Emilia Pérez' (nominada a 13 premios Oscar 2025), ha levantado ampollas entre el público latinoamericano (especialmente México) por una película que califican como llena de estereotipos.

Ni una malinterpretación de las palabras ni una traducción errónea. Jacques Audiard, director de la película 'Emilia Pérez' (nominada a 13 premios Oscar 2025), ha levantado ampollas entre el público latinoamericano (especialmente México) por una película que califican como llena de estereotipos. Si bien es cierto que el francés llegó a pedir disculpas por esta cuestión, ahora se ha viralizado un vídeo de unas declaraciones que hizo el pasado 21 de agosto para 'Kombini' en las que descalifica al idioma español.

"El español es una lengua de países emergentes, una lengua de países modestos, de pobres y de migrantes", afirmó Audiard en su momento. Si bien es cierto que puede que la intención del director no fuese ofensiva, tampoco deja mucho lugar a pensar que fue con buena intención.

La presidenta de México [Claudia Sheinbaum] señaló que, quitando los estereotipos que muestra la película y sin ser ella una persona que comulgue con la censura, México es conocido mundialmente por la historia y riqueza cultural que muestra.

"Nosotros no creemos en la censura, creemos en la libertad de expresión, pero al mismo tiempo nos corresponde y, además, está ocurriendo, el reconocimiento de México por su historia, su cultura y sus tradiciones. A nosotros nos corresponde seguir promoviendo, sin aquellos gastos que se hacían, a México como lo que somos: una potencia cultural", expresó desde el Palacio Nacional. Quiso apuntar además el aumento del turismo en 2024 con respecto al año anterior: "No llegaría este turismo si hubiera una imagen negativa de México. Los mexicanos guardamos mucho orgullo de nuestra nacionalidad, de lo que somos".

La película cuenta la historia de un exiguo narcotraficante conocido como 'Manitas' (Karla Sofía Gascón) que aspira a convertirse en una mujer respetada. La transición hacia el género femenino y su reconversión de los pecados pasados mueven un guión y una fotografía que le han granjeado situarse con 13 nominaciones a los premios más importantes del cine, empatando con películas como 'El señor de los anillos: la comunidad del anillo' o 'Forrest Gump' y por detrás de filmes como 'La La Land' o 'Titanic', que recibieron 14 en total.

sábado, 22 de junio de 2024

#hemeroteca #homosexualidad #historia | Àngel Casals: "La represión homosexual del franquismo es clasista"

Público / Àngel Casals, profesor de Historia Moderna en la UB //

Àngel Casals: "La represión homosexual del franquismo es clasista"
Ona Falcó | Público, 2024-06-22

https://www.publico.es/sociedad/angel-casals-represion-homosexual-franquismo-clasista.html

Entrevistamos a Àngel Casals, profesor de Historia Moderna en la Universitat de Barcelona y coordinador de la investigación publicada en la revista ‘Sàpiens’ bajo el título ‘Cuando la homosexualidad era delito. 1.000 años de represión en Catalunya’.

La revista ‘Sàpiens’ ha publicado este junio una exhaustiva investigación sobre la represión de la homosexualidad en Catalunya, desde la Edad Media hasta la actualidad. La persona encargada de coordinar esta investigación de larga duración –un año entero en varios archivos catalanes y estatales– es Àngel Casals (Barcelona, 1963), profesor de Historia Moderna de la Universitat de Barcelona.

Bajo el título ‘Cuando la homosexualidad era delito. 1.000 años de represión en Catalunya’, el dosier hace un retrato sociológico de las víctimas de la homofobia desde la época medieval, cuando la homosexualidad se castigaba con la pena de muerte, pasando por la Edad Moderna, hasta la lenta despenalización y normalización de las relaciones homosexuales a partir del siglo XIX. La investigación también analiza la opresión durante el franquismo, que, según Casals, era completamente "clasista".

P. ¿Estamos ante una investigación pionera a nivel catalán? Usted mismo ha asegurado que el colectivo LGTBI ha estado "bastante olvidado por la academia"...

Más que una investigación pionera, lo que es innovador es el planteamiento. Siempre se ha tratado la historia de la homosexualidad en secciones separadas: en la época de los romanos, en la Edad Media, en el siglo XX... Nosotros hemos sido de los primeros investigadores en Europa en analizarla como un fenómeno global. El título del dosier es la conclusión que hemos extraído. ¿Cuál es la gran característica de la homosexualidad a lo largo del tiempo? La represión. Yo esperaba encontrar más cosas además de eso, pero hay pocas y están muy escondidas. Lo que es pionero es la visión panorámica desde la época medieval hasta el momento actual.

P. ¿Han encontrado la causa concreta de esta represión a lo largo de la historia?


Básicamente, la construcción del poder. El sexo es poder. La posición ortodoxa y correcta dentro de la moral cristiana u occidental a la hora de tener relaciones sexuales coloca a la mujer abajo o de espaldas y al hombre arriba. Una relación sexual es una relación de dominio en la que está muy claro el rol de la figura masculina y la femenina. ¿Entonces qué pasa con dos hombres? ¿Un hombre puede ser dominado por otro? Sí, pero con condiciones. El hombre dominado debe ser socialmente inferior. La homosexualidad que han practicado los grupos privilegiados sobre esclavos, criados o niños es condenable, pero ha sido tolerada durante mucho tiempo porque no cuestiona la estructura de poder.

La homosexualidad escandalosa es aquella en la que la parte dominada es la que es socialmente superior y la dominante es un esclavo, un hebreo, un musulmán. El gran problema con la homosexualidad es que cuestiona los roles de género y de poder dentro de la sociedad. Por eso el lesbianismo es visto con perplejidad, porque representa que son dos figuras dominadas.

P. ¿Y cuál es el argumento que empleaban para efectuar la represión?


Está el argumento religioso, pero también hay uno pseudocientífico. Hasta el siglo XVIII se pensaba que la cantidad de esperma que un hombre podía generar era limitada. Por lo tanto, cada eyaculación que no tuviera fines reproductivos era un niño perdido. En la segunda mitad del siglo XIV comienza una gran persecución a los homosexuales porque había la peste negra, murió mucha gente y se establecieron políticas natalistas. El control de la fertilidad es otra de las causas de la represión contra los homosexuales.

En función del momento pesa más el factor religioso o el antropológico, pero hay que tener claro que los temas de fondo son el sexo como herramienta de dominio y la reproducción como objetivo final de las relaciones sexuales. Todo lo que salga de aquí, es una aberración y es pecado.

P. Como usted dice, durante la Edad Media era pecado todo aquello que no fuera sexo dentro del matrimonio con fines reproductivos, es decir, la masturbación, la eyaculación fuera de la vagina... ¿Por qué la sodomía era la práctica más mal vista? ¿Es por el factor de sumisión masculina?

Son tres elementos: en primer lugar, una eyaculación que no debería ser. En segundo lugar, una penetración por un agujero que no corresponde y, en tercer lugar, la antinaturalidad que implica. La suma de estos factores hace que la sodomía sea un pecado mucho más grave que la masturbación, que era vista como una debilidad. De hecho, la masturbación era vista como el camino hacia la homosexualidad porque se trataba de un hombre dándose placer a sí mismo.

P. ¿El placer se consideraba un pecado?


Desde el punto de vista religioso y filosófico, el ser humano está formado por la parte material, sucia e impura, el cuerpo, y la parte pura y que se acerca a Dios, el alma. Aristóteles ya diferenciaba entre el mundo imperfecto y el mundo espiritual. Y los cátaros también decían que todo lo que provenía del cuerpo era malo y a la inversa, porque el cuerpo creaba debilidades. Cualquier rendición a la parte impura podía atacar el alma. Por lo tanto, la única manera aceptada de buscar el placer era a través de la vía contemplativa.

En el siglo XVII aparece en Francia el movimiento de los libertinos, con figuras como Cyrano de Bergerac, que son nobles, ateos y viven en un Carpe Diem constante. Lo que pasa es que estos, cuando se hacen viejos, comienzan a preocuparse por el alma y se convierten todos al cristianismo, donde siempre ha quedado excluido el placer.

P. ¿El machismo implícito en el sistema daba cierta impunidad a las relaciones lésbicas? ¿Las protegía de alguna manera?


En cierta medida, sí. En Catalunya no hemos encontrado casos de denuncias, pero en Castilla o València algunos. Son relaciones que se deben atrapar ‘in fraganti’ y que, a la hora de llegar a los tribunales, eran difíciles de juzgar porque no había eyaculación. La pregunta era si había habido penetración con algún objeto. Porque entonces sí, era pecado, pero si lo negaban no se podía demostrar.

P. ¿Estamos hablando solo de la Edad Media?

Y también la Edad Moderna. Las primeras lesbianas se presentan como tales a finales del siglo XVIII, principios del XIX. Las primeras mujeres inglesas que lo proclaman lo hacen a través de actos concretos, como montar a caballo, vestir pantalones... La sociedad las tildaba de desequilibradas. Mientras que un hombre vestido de mujer era un peligro, una mujer vestida de hombre era objeto de burla.

P. El dosier incluye una radiografía gráfica del perfil de las víctimas y acusados de sodomía en la Edad Moderna. Los datos extraídos del Archivo Histórico Nacional revelan que el porcentaje más alto de víctimas de la Inquisición tenía entre 10 y 19 años...


Los griegos y los romanos ya practicaban la pedofilia. Aquí hay un debate sobre cuándo a los homosexuales se les puede llamar como tal. Hay un historiador estadounidense, Randolph Trumbach, que tiene una teoría que dice que la sociedad concibe la homosexualidad o la heterosexualidad como un valor inmutable, es decir, que el que es homosexual es solo eso y a la inversa. La bisexualidad no se acaba de concebir. Posiblemente deberíamos entender que, en la Edad Media y parte de la Moderna, la sexualidad se expresaba independientemente del género y tenía más que ver con las condiciones socioeconómicas que con otra cosa.

Según Trumbach, un hombre joven que no tenía dinero para casarse acababa manteniendo relaciones homosexuales. Este chico iniciaba a otro chico aún más joven en el mundo del sexo. Ahora bien, esto duraba hasta que el hombre más adulto accedía al matrimonio y, entonces, se volvía exclusivamente heterosexual.

P. De hecho, los mismos gráficos revelan que la mayor parte de los acusados eran solteros o religiosos...

Casados hemos encontrado muy pocos. Esto hace pensar que esta idea de Trumbach tiene un fondo de verdad. Estamos hablando de relaciones oportunistas. ¿Por qué no pensamos que tenían un deseo sexual y que lo satisfacían con lo primero que tuvieran delante, fuera hombre o mujer? ¿Por qué tenemos que categorizar?

Hay un caso que explicamos en el dosier en el que un hombre, cuando ya es mayor y quiere salvar el alma ante la Inquisición, confiesa que cuando era joven e iba con los amigos a bañarse al río, mantenían relaciones sexuales. Y que nadie le había explicado en aquel momento que eso estaba mal. Un hombre que de mayor se casa y tiene una vida heterosexual honorable. No ha cambiado, simplemente no ha distinguido a la hora de mantener relaciones en su juventud.

P. ¿Qué tan significativo es el cambio de terminología? ¿De llamarlos sodomitas a llamarlos homosexuales y dotarlos de una identidad?


Es fundamental y es un proceso bastante lento. A partir del siglo XVIII, el mantenimiento del delito de la sodomía, a ojos de la Ilustración y del mundo de la razón, es bastante insostenible. Hay países como Inglaterra que lo mantienen hasta el siglo XX, pero el liberalismo en general cambia el pensamiento y dice que los pecados no pueden ser un delito.

P. ¿Este cambio en el marco mental proviene del pueblo o bien de los pensadores ilustres?

Los historiadores llevamos años discutiendo esto. La existencia de una cultura popular y una de élite y cómo se mezclan entre ellas. No te sabría contestar rotundamente. Quienes expresan todo esto son las élites, que saben escribir. La Edad Moderna se caracteriza por una progresiva laicización de la sociedad y por la misoginia. A partir del siglo XVII, en algunos lugares la homosexualidad es tolerada y en otros no tanto, y una mayor restricción moral comienza a crear una cultura homosexual. En los países protestantes hay una ola puritana que castiga mucho la homosexualidad y esto llevará a la creación de las primeras sociedades cerradas.

Ya hacia el siglo XVIII, a medida que se aparta a Dios de la teoría del mundo y que se sabe que el combustible de la eyaculación no es limitado, la homosexualidad masculina sigue siendo un comportamiento inaceptable porque juega con los roles de poder, pero no es un delito si no es un escándalo público y no tiene una vocación subversiva.

Cuando llegan los primeros regímenes liberales en el siglo XIX y se hacen las primeras constituciones, muchos países consideran que ya no se puede penalizar. Entonces, si no era un delito, pero no lo querían normalizar, ¿en qué lo convertían? En una enfermedad.

P. El hecho de tildar a los homosexuales de enfermos desvía la mirada de la culpabilidad. Un delito es culpa de la persona en cuestión, pero una enfermedad no se elige...

Hasta cierto punto. ¿Esta persona quiere curarse? Nos encontraremos con que, en vez de ingresar en la cárcel, los homosexuales ingresan en manicomios. Por eso es importante que a finales de los años sesenta del siglo XIX aparezca la palabra ‘homosexual’. Hasta el momento, se les llamaba sodomitas o uranitas.

La persona que utiliza por primera vez la palabra ‘homosexual’ en 1869 es un poeta, no un científico, que busca un término neutro que no haga referencia ni al pecado ni al delito. A partir del momento en que se crea una categoría objetiva, podemos pensar en la creación de una identidad colectiva para toda esta gente con la misma tendencia sexual. Desde entonces es cuando comienza el larguísimo proceso de normalización de la homosexualidad.

P. ¿Considera que históricamente España ha tenido un mayor grado de aceptación de la homosexualidad? Aquí se despenalizó antes que en Alemania o en Inglaterra y fue uno de los primeros países del mundo en legalizar el matrimonio homosexual en 2005...

A pesar de las apariencias, la homosexualidad era más perseguida en los países protestantes que en los países católicos durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Si eres católico y cometes un pecado, te puedes confesar y arrepentir, pero si eres protestante, lo llevas contigo y lo tienes que resolver tú mismo con Dios. ¿Y qué pasa si no lo haces? Que lo resolverá la comunidad a través del control social.

A partir del siglo XIV, se instala en Europa la idea de que cuando hay una epidemia o una hambruna hay dos posibles causas que han despertado la ira divina: o bien se ha dejado vivir a los judíos entre cristianos –los asesinos de Jesús– o bien se ha permitido a los sodomitas. Como en los países católicos existía la posibilidad de arrepentirse, había una tolerancia displicente. Trumbach habla del régimen sexual antiguo, que es el que tolera la homosexualidad, y el régimen sexual moderno, que la condena.

El régimen sexual antiguo dura más en los países católicos, en el mundo mediterráneo y, por eso, en España hay una tolerancia más alta respecto a otros países europeos, siempre que se cumpla la condición de la invisibilidad.

P. La burguesía del siglo XIX oculta la homosexualidad...


El mundo homosexual en Catalunya o en Barcelona tiene tres manifestaciones concretas. En primer lugar, la cultura homosexual de la cual hemos encontrado poco rastro, que implica la celebración de determinadas fiestas o la existencia de locales. En segundo lugar, la homosexualidad que busca las relaciones ocasionales y furtivas en teatros o en baños públicos. Y, por último, la homosexualidad socialmente "aceptada" que practicaba gente integrada y casada. De la misma manera que se permitía que los hombres poderosos tuvieran una amante.

Cuando un hombre tenía una relación homosexual permanente, no causaba desórdenes públicos y llevaba una vida formal, no había nada que decir. Esta era la más extendida, pero también la más invisible, porque sin documentación personal, cartas o diarios, es imposible de detectar.

P. Sin embargo, durante el franquismo hay un retroceso. La homosexualidad vuelve a ser delito y es motivo de "peligrosidad social"...


Aparte de toda la hipocresía moral y social que había, no es verdad que el franquismo persiguiera por igual a todos los homosexuales. Este régimen hace una distinción social muy clara. Cuando nosotros miramos los más de 400 procesos que hay en los tribunales de Barcelona, la inmensa mayoría son hombres jóvenes, solteros, sin trabajo conocido o poco cualificado, sin familia o que han venido de fuera. No encontramos catalanes casados con hijos.

La policía franquista reprime dos tipos de homosexuales: los chaperos, es decir, chicos jóvenes que ejercen la prostitución, y los travestidos que actuaban en locales y fiestas. La represión homosexual del franquismo es clasista: mientras el señor de buena familia recibía una reprimenda, el chapero era trasladado a la comisaría de Via Laietana.

P. Si los homosexuales de buena familia no tenían problemas con la justicia y vivían cómodos a la sombra, ¿cuándo nace la necesidad de reivindicarse públicamente como tal?

Aparece más o menos al mismo tiempo que el término ‘gay’. Los cambios de los años sesenta, el amor libre y el disfrute del propio cuerpo generan la reivindicación de ser uno mismo. Toda aquella gente que pensaba que era aceptable vivir su homosexualidad en privado para estar tranquila, de repente reivindica que forma parte de su identidad personal.

P. Por otro lado, el reconocimiento del lesbianismo viene de la mano de la segunda ola feminista...

Sí, porque la homosexualidad masculina, en general, es misógina. La reivindicación del lesbianismo no viene de los hombres homosexuales, sino del feminismo. No considero que sea igual el movimiento de las lesbianas que el de los gays, porque estos fueron más aceptados por el ‘establishment’.

P. ¿Cómo encaja la transexualidad en todo esto?


Transexualidad ha habido siempre. Pero hay pocos casos conocidos y la mayoría terminaron en la hoguera. Siempre ha sido muy mal tolerada y en el siglo XIX, cuando deja de ser un delito, pasa a ser considerada una forma de esquizofrenia.

P. Hemos visto cómo a lo largo de la historia la homosexualidad ha sufrido una represión más o menos fuerte. ¿Considera que actualmente estamos sufriendo una regresión a nivel social?


Hubo unos tiempos en los que la ley siempre iba detrás de la realidad social. Lo único que se esperaba era que se legalizara aquello que ya existía. Ahora estamos llegando a la situación contraria. Ya hay unas leyes de equiparación de derechos aprobadas, pero hay sectores de la sociedad que están involucionando. Una involución ideológica que lo afecta todo: es misógina, racista, homófoba, tránsfoba...

Esta reacción es una respuesta al miedo. Hasta hace 20 años había unas cuantas certezas: si estudiabas en la universidad el ascensor social funcionaba, encontrabas una pareja, un piso y un trabajo hasta la jubilación. Hoy en día, nadie se lo cree y nadie sabe cuál es la alternativa. Por este motivo, la gente mira hacia el pasado y piensa que era mejor. La sociedad culpa a los políticos y por eso surgen movimientos reaccionarios que fomentan la homofobia y el racismo. Son reacciones viscerales de miedo y si no sabemos gestionarlas, terminaremos teniendo consecuencias nefastas.

domingo, 7 de abril de 2024

#hemeroteca #feminismo #cuidados | Alva Gotby: “Se utilizan ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos de minorías”

Alva Gotby: “Se utilizan ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos de minorías”
Alva Gotby, escritora y feminista británica, ha impactado en el debate feminista al analizar el papel de las emociones en la perpetuación del sistema capitalista en su obra más reciente.
Laura Pérez Castaño | El Salto, 2024-04-07
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/alva-gotby-cuidado-trabajo-reproductivo

Alva Gotby //
Alva Gotby, escritora inglesa y destacada voz en el ámbito del feminismo contemporáneo, ha dejado una profunda huella en el debate feminista con su análisis de las complejidades de la reproducción social en el contexto del capitalismo actual. Con una sólida formación académica en Estudios de Medios de Comunicación y Filosofía y Teoría Crítica Contemporánea, en su obra más reciente, ‘Ellos lo llaman amor. Una política de las emociones’, publicada por Verso, Gotby desentraña el papel fundamental que desempeñan las emociones en la reproducción del capitalismo.

A través del concepto de “reproducción emocional”, Gotby expone cómo actividades cotidianas, tales como consolar a un ser querido o brindar apoyo emocional en el trabajo, son elementos cruciales para el funcionamiento del sistema económico y social. Desafiando las concepciones convencionales, la autora muestra que el trabajo emocional, mayoritariamente realizado por mujeres, no solo asegura el bienestar individual, sino que también refuerza las jerarquías de poder y la estabilidad del ‘statu quo’. Además, aborda las implicaciones políticas de estas dinámicas, destacando la necesidad de una reestructuración radical de la sociedad para mejorar las relaciones humanas y abordar las desigualdades sistémicas.

Gotby representa hoy el feminismo visionario del que hablaba bell hooks en ‘El feminismo es para todo el mundo’, cuando diferenciaba entre el feminismo que aboga por una revolución total, desafiando directamente las estructuras de poder establecidas, y un feminismo reformista que no pretende acabar con el orden social discriminatorio, sino reformar algunas cuestiones, particularmente las que afectan a las mujeres blancas de clases sociales favorecidas. Durante su visita a Barcelona para presentar su último libro, tuvimos la oportunidad de dialogar con ella sobre esta propuesta de transformación radical del sistema de género, la familia y el trabajo. Eso que ellos llaman amor.

P. Desde la década de los 70, la lucha feminista se ha considerado un gran eje de transformación radical de las desigualdades y ha conseguido enormes avances. A pesar de ello, la feminización de la pobreza y la división sexual del trabajo persisten... ¿siguen intactas las estructuras de dominación o ha cambiado algo?
Creo que ambas cosas, de alguna manera. Definitivamente hay muchas cosas que han cambiado desde los años 70. En la mayoría de los países de Europa, ha habido un cambio de una mayoría de mujeres dedicadas al trabajo en el hogar a más mujeres trabajando en diversas formas de empleo remunerado, e incluso algunas de ellas tienen ocupaciones de alto estatus, de las que habrían sido completamente excluidas hace solo 50 años. También es cierto que los hombres están más involucrados en el cuidado de los niños y asumiendo parte del trabajo doméstico. Pero la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado siguen haciéndolo las mujeres y buena parte de ese trabajo se ha trasladado de las amas de casa a trabajadoras mal remuneradas en sectores feminizados como servicios infantiles o de atención a personas mayores. Aún queda trabajo por hacer para lograr una distribución justa de las responsabilidades de cuidado.

P. En el libro dices que hay que rechazar el papel femenino que el capital ha inventado para nosotras, ¿en qué consiste ese papel y qué tiene que ver el amor en todo eso?
Creo que ese papel se centra en el cuidado de los demás, en estar atenta a sus necesidades y a menudo implica sacrificar el propio bienestar. Aunque este trabajo puede ser difícil, a menudo no se reconoce como trabajo, sino como una expresión de amor y casi se glorifica. Quiero desafiar la idea de que este rol femenino sea natural; cuestionar la noción de que amar a tus hijos implica sacrificar tu propia vida. Podemos organizar el cuidado de una manera diferente.

P. Le das mucha importancia a la parte emocional dentro de los trabajos de cuidado ¿De qué hablas cuando hablas de “reproducción emocional”?
Hay un componente emocional bastante importante en los cuidados. Y eso es algo que mucha gente menciona cuando habla de trabajos reproductivos pero rara vez se teoriza por sí mismo. Yo pienso en la emoción como algo que a menudo estructura las relaciones de cuidado. Y también que hace que sea más difícil para las personas decir que no. Puede hacer que esas relaciones sean más explotadoras, porque si tienes una especie de inversión emocional en el bienestar de otra persona, es muy difícil decir: “no quiero hacer esto, voy a reivindicar mi bienestar o hacer huelga”.

P. Hablas del amor como trabajo... ¿cómo se mercantiliza el trabajo emocional y qué rol juega la clase social en la mercantilización?
Desde los años 70, ha habido un cambio notable en las economías capitalistas de Europa y América del Norte, especialmente con la creciente importancia del trabajo de servicios en los mercados laborales. Esta demanda repentina resalta la habilidad tradicionalmente feminizada de satisfacer las necesidades emocionales de otros, lo cual es interesante ya que intenta valorar algo difícil de medir y que cambia su significado cuando se convierte en mercancía. Al contratar a una cuidadora para atender a tus padres mayores, se crea una dinámica diferente a la de cuidar a un padre por cuenta propia, lo que introduce una nueva jerarquía en las relaciones familiares. Aunque se presenta como una solución para las mujeres que trabajan y necesitan cuidado para sus hijos, también genera nuevas formas de explotación.

P. Y aquí hay claramente un factor de clase... de quién puede pagar y quién necesita el dinero.
Creo que muchas personas que tienen ciertos privilegios en términos de su posición de clase, género o raza, a menudo tienen sus necesidades satisfechas sin tener que pensar realmente en ello. Y eso significa que hay otras personas que tienen que suprimir sus propias necesidades o sentimientos, y simplemente tienen que estar ahí para asegurarse de que las personas en la jerarquía social se sientan bien consigo mismas y con su posición en el mundo. Eso es algo que a menudo no se piensa demasiado. Es tan invisible y está tan naturalizado que algunas personas pueden comportarse como quieran con otras, y no tienen que reconocer sus sentimientos o sus necesidades. En cambio, una persona trabajadora del sector servicios, por supuesto no va a expresar sus propios sentimientos o su enojo hacia su empleador o hacia un cliente. Porque simplemente tienen que suprimir sus propios sentimientos.

P. Dice Silvia Federici ¿Más sonrisas? Más dinero...
Sí, creo que la capacidad de cubrir las necesidades emocionales de otros se está volviendo más importante como habilidad de la clase trabajadora. Especialmente, aunque no exclusivamente, las niñas de clase trabajadora están siendo socializadas para realizar ese tipo de trabajo que ofrece bienestar, porque muchas de las oportunidades laborales que estarán disponibles para ellas implicarán alguna forma de trabajo de servicio o cuidado. Por lo tanto, eso se ha vuelto más importante.

P. En tu base teórica recoges el legado del movimiento Wages for Housework ¿Qué discursos y qué prácticas articula este movimiento y qué razones lo hacen tan relevante en tu libro, en el reconocimiento de la reproducción emocional?
Sí, este fue un colectivo feminista internacional fundado en los años 70, en un momento en que muchos movimientos feministas empezaron a enfocarse más en lo que ocurría en el ámbito privado y en las tareas domésticas. Lo que encuentro especialmente relevante en los escritos sobre el salario para el trabajo doméstico es tanto su perspectiva teórica, ya que ofrecen un análisis profundo de las inversiones emocionales que muchas madres, pero también otros tipos de trabajadoras de cuidado tienen en relación con aquellos a quienes cuidan. De esta manera, logran destacar cómo estas dinámicas influyen en nuestra percepción de nosotras mismas y en nuestra comprensión del género. Por otro lado, el colectivo también mostraba un claro deseo de transformar el sistema en sí. Su interés no se limitaba a pequeñas reformas que pudieran hacer la vida un poco más fácil para las madres que cuidan de sus hijos u otras cuidadoras. Más bien, aspiraban a un cambio social más amplio que transformara por completo nuestra manera de relacionarnos entre nosotras como personas, así como nuestra concepción misma del cuidado. Considero que este intento de repensar profundamente cómo nos cuidamos mutuamente es sumamente relevante hoy en día. Aunque el discurso feminista y de derechos de las mujeres más liberal ha tenido un impacto significativo, parece haber alcanzado sus límites. Para superar los desafíos actuales, donde muchas personas luchan por conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades de cuidado, es crucial reflexionar sobre cómo podemos transformar la sociedad en un nivel más profundo.

P. Diría que se relaciona de manera muy directa con la propuesta de huelgas feministas que hemos visto en España desde 2018 y hace pocos meses en el País Vasco.
Sí, el movimiento feminista en varios países ha adoptado la idea de la huelga, lo cual es realmente interesante y emocionante. Es algo difícil de hacer, ya que obviamente no queremos dejar a la infancia abandonada ni a las personas enfermas sin cuidado.

Me interesa esto como una forma de cambiar nuestra forma de pensar sobre el cuidado, tratando de convertirlo en una responsabilidad compartida. A veces, esto implica que las mujeres se alejen del trabajo de cuidado y digan: “Necesitamos un descanso, no podemos seguir así”. Esto puede hacer que el cuidado se convierta en un tema político y que se busquen soluciones que involucren a toda la sociedad. Si las mujeres dicen que no pueden seguir bajo estas condiciones, entonces algo debe cambiar.

P. Ese algo está basado en una ética de apoyo mutuo e interdependencia, según explicas en el libro, para superar la dominación, ¿cómo se transforma ese mensaje en un proyecto colectivo?
Definitivamente no es fácil. Y creo que incluso para mí, a menudo es difícil ver cómo podemos avanzar hacia ese tipo de cambio social. Pero también creo que muchas personas realmente sienten la necesidad de ello. Hay bastante ira, hay bastantes personas que sienten que esto es una injusticia y que las cosas no pueden seguir como están. Se utiliza el término crisis reproductiva para describir el momento en el que estamos ahora mismo, lo que sugiere que algo tiene que ceder o que algo necesita cambiar. Creo que, si ponemos esto en la agenda política, y lo convertimos en una lucha colectiva, habría realmente mucha gente receptiva a esta idea. Porque la gente lo siente en su vida diaria, que simplemente no es sostenible.

P. Me parece particularmente complicado en una época en que la cultura popular exalta el individualismo. Es decir, tu libro ‘Ellos lo llaman amor’ convive con “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan” de Shakira. Es difícil competir con eso.
Sí, entiendo a lo que te refieres. Creo que, desde los años 80 o 90, se están utilizando ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos profesionales de minorías. Y tienes este tipo de feminismo ‘girlboss’ que utiliza ideas feministas para justificar llegar a la cima en cualquier carrera en la que estés. Y eso definitivamente es un gran problema para el pensamiento feminista, y por eso creo que es importante cambiar el enfoque lejos del empoderamiento individual o tener, no sé, igualdad de género en el lugar de trabajo. Por importante que sea eso, no será suficiente para cambiar fundamentalmente la sociedad porque, como sabemos, se basa en la explotación de trabajadoras migrantes y otras personas que terminan asumiendo los trabajos de cuidado que las personas necesitan.

P. En tu libro hablas de grupos autónomos de mujeres negras, lesbianas y trabajadoras sexuales, estas últimas, aseguras a la vanguardia de la lucha contra el trabajo sexual(izado) ¿Qué mundo construiremos las malas madres, las trabajadoras sexuales, queers y otros sujetos reproductivos desviados?
Estoy considerando una amplia coalición que abarque a personas de diversas posiciones sociales. Algunos enfoques feministas han destacado la respetabilidad, perpetuando una dicotomía entre mujeres “buenas” y “respetables” y el resto. Mi objetivo, al igual que el del movimiento salario para el trabajo doméstico, es superar esas divisiones y destacar las similitudes en la lucha contra las condiciones laborales. No siempre es sencillo y es cierto que las circunstancias son diversas, por ejemplo, las condiciones laborales de una ama de casa de clase alta difieren de las de una trabajadora sexual migrante. Sin embargo, propongo explorar cómo mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras más marginadas, especialmente en el ámbito del cuidado, lo cual también podría beneficiar a aquellas más privilegiadas.


P. ¿Puede ser útil para ello la idea de cuirizar la reproducción emocional?
Se trata de ir más allá de la familia nuclear como el epicentro del cuidado en la sociedad y considerar cómo las personas queer han creado arreglos de cuidado más colectivos y creativos, sí. Las estrategias de supervivencia bajo condiciones restrictivas ofrecen ideas para el futuro.

P. La desigualdad en el trabajo de la reproducción emocional se alimenta del sistema de género. Sobre la abolición del género sostienes dos cuestiones: la primera, que se puede hacer a través de la amplificación colectiva de los sentimientos disponibles para sujetos feminizados y la segunda, que el feminismo tránsfobo socava la abolición del género.
Cuando hablo de abolición de género, tengo en mente un proyecto político para superar la forma en que las personas son categorizadas por género y cómo esto afecta su experiencia y el tipo de trabajo que realizan. No estoy abogando por una sociedad más andrógina, sino que defiendo la libertad para expresar el género como se desee. Creo que la socialización de las mujeres, centrada en el cuidado de otros, es problemática en la sociedad capitalista. Sin embargo, creo que, si logramos superar las restricciones actuales del trabajo de cuidado y la división de género en el trabajo, esto podría llevarnos más allá del individualismo que caracteriza a nuestra sociedad en este momento.

P. ¿Cómo?
Imagina una sociedad donde se generalice la responsabilidad de cuidar a otros, al mismo tiempo que se minimiza la carga individual de hacerlo. Esto podría ser una forma radicalmente diferente de concebir la sociedad y también de relacionarnos con nosotras mismas y nuestra expresión de género. Los puntos que quería abordar sobre el feminismo transfóbico... Muchas de ellas se ven a sí mismas como queriendo ir más allá de una sociedad de género, pero la forma en que lo están haciendo termina reforzando normas de género y reinstalando ideas bastante naturalizadas sobre lo que es el género. Para mí, creo que el potencial de liberación radica en que las personas sean realmente libres de explorar su propia expresión de género y gran parte del pensamiento queer en el que me baso no ha establecido un límite claro entre la sexualidad o la orientación sexual por un lado y la expresión de género por el otro.

P. ¿Y el rol de los hombres en una socialización más justa del cuidado?
Supongo que, en este momento, es importante estar más involucrado en reorganizar el cuidado, sin dar por sentado que es responsabilidad exclusiva de otra persona ocuparse de ello. Considero que esto es fundamental y no quiero minimizar su importancia en absoluto. Pero a menudo, hay una tendencia, especialmente en el discurso feminista más liberal, a convertir esto en una responsabilidad individual. Por ejemplo, sugiriendo que, si los hombres aprendieran a cuidar a sus hijos, todo estaría bien, como una cuestión individual a trabajar en el ámbito familiar. Pero claro, hay un papel para los hombres en esto. Se trata de un proyecto que concierne a toda la sociedad y creo que verlo como una cuestión individual dentro de la propia familia no nos llevará muy lejos. Se necesita la participación de todos, incluidos los hombres, en un proyecto colectivo para repensar el cuidado.

P. Tú propones un horizonte en el que construir una unidad de clase en la lucha contra la explotación en la que los hombres se sumen en nuestros términos a una revolución feminista.
Esa es en realidad una línea inspirada en Selma James, quien fue una de las personas más conocidas del movimiento salario para el trabajo doméstico y una pensadora feminista muy importante. Ella tiene esta crítica hacia los movimientos sindicales que veían las luchas feministas como una especie de desviación de la verdadera causa, y decían, ¿por qué las mujeres no se unen a nuestra lucha, la lucha de clases, la verdadera lucha? Creo que ella es realmente buena al darle la vuelta a eso y decir, ¿por qué no podemos reconsiderar la lucha de clases desde el punto de vista de las necesidades de las mujeres y luego exigir que los hombres respalden esas demandas? Creo que es una manera útil de pensar en cualquier lucha política, decir: “Mira, todos necesitamos unidad, pero esa unidad no puede basarse en que algunas personas simplemente guarden silencio sobre lo que necesitan”. Debe ser una unidad que realmente esté considerando las necesidades de las personas que son aún más explotadas.

P. ¿Qué papel pueden jugar las izquierdas en Europa?
Gran pregunta. Creo que hay que entender que las demandas que se plantean en torno a la reproducción social, en torno al cuidado, son cosas que nos conciernen a todas las personas. Todas estamos afectadas por el cuidado y la reproducción, en un momento u otro, todas necesitamos cuidado y todas necesitamos que nuestras condiciones de vida sean mejores. Así que creo que hay bastante potencial de unidad en estos temas porque la mayoría de las luchas políticas de una manera u otra tendrán implicaciones sobre cómo nos estamos reproduciendo y cómo estamos viviendo y sobreviviendo en la sociedad capitalista. Y muchas veces se trata simplemente de poner eso en la agenda. Todas necesitamos acceso a una vivienda digna. Todas necesitamos cuidado de ancianos y atención médica decente. Incluso aquellas personas que no tienen hijos probablemente quieren que el cuidado infantil sea bueno y accesible. Creo que sería muy beneficioso que la izquierda buscara más autonomía del trabajo remunerado para replantear nuestras relaciones de cuidado. Sin embargo, las restricciones del actual sistema social limitan esta posibilidad, impidiéndonos simplemente abandonar el capitalismo para reconfigurar nuestras relaciones personales.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

#libros #comic #lesbianismo | Como Comida : un festín de bollerapps

Como Comida : un festín de bollerapps / Flor M. Yustas y Lidia Toga.
Madrid : Continta me tienes, 2023 [11-29].
164 p.
Serie: La pasión de Mary Read ; 47.

/ ES / Libros / Cómic / Novela gráfica / Bolleras / Clasismo / Cosificación / Lesbianismo / Lesbofobia / Ligoteo / Racismo

📘 Ed. impresa: ISB N 9788419323187 / 20.95€
📝 Cita APA-7: Yustas, Flor M., y Toga, Lidia (2023). Como Comida : un festín de bollerapps. Continta me tienes.

«Sobre las sábanas. Con la obstinación del corcho. Abandonas el fondo. Te impulsas hacia la superficie» -- Sara Torres

‘Como Comida: Un festín de Bollerapps’ es una novela gráfica con idea original de Flor M. Yustas y Lidia Toga. Combina narrativa e ilustraciones antropomórficas inspiradas en Bojack Horseman, Mouse y el furry art, salpicadas de gemidos y fluidos.

La protagonista ha roto con su novia tras diez años de relación y parece que la única opción plausible es rodearse de clínex y helados. En contra del criterio de sus amigas, decide apostar por las apps de citas como laboratorio de experimentación para transitar el duelo a través del deseo. Aunque únicamente pretendía olvidarse del dolor mediante el sexo, en el camino se enfrenta con las diferentes tensiones derivadas de la cosificación y el consumo de cuerpos, el racismo, el clasismo o la lesbofobia. Todos estos temas estarán presentes en sus conversaciones, citas y (des)encuentros. Una celebración del placer no exenta de vulnerabilidad, que nos permite adentrarnos en territorios tradicionalmente vedados para las mujeres, incluidas las bibolleras.

«Romper con las expectativas impuestas es un acto de resistencia que merece ser celebrado, ya sea en la colectividad de las calles, en la intimidad de la cama o en el desvanecimiento de lo público-privado del playroom. Como Comida logra todo esto.» -- Catia Faria.

😏 Flor M. Yustas es escritora. Lidia Toga es artista plástica.

martes, 25 de abril de 2023

#hemeroteca #feminismo #punitivismo | Una agenda propia para el feminismo de las de abajo

ctxt / Protesta feminista contra la sentencia de La Manada. Bacelona, 2018 //

Una agenda propia para el feminismo de las de abajo

Tanto la ley de paridad como la del ‘solo sí es sí’ han sido redactadas bajo la óptica que da pertenecer a una determinada capa social privilegiada
Nuria Alabao | ctxt, 2023-04-25
https://ctxt.es/es/20230401/Firmas/42741/Nuria-Alabao-violencia-sexual-ley-paridad-feminismo-punitivismo.htm 

Dos de los logros feministas más recientes en el ámbito institucional han sido la ley de paridad, que fija por ley el tanto por ciento de mujeres que tienen que estar en determinados puestos de poder –como consejos de administración, gobiernos y listas electorales–, y la ley del ‘sí es sí’. Aunque esta nueva norma tenga una parte de reparación y asistencia a las víctimas, no podemos olvidar que también se está utilizando para reforzar el Código Penal: incluye nuevos delitos como el acoso callejero, medidas cautelares más duras y dificulta el acceso a beneficios penitenciarios como el tercer grado. Y aunque parece que en principio no era su objetivo, al final está consolidando también penas más altas; tanto el PSOE como Podemos han acabado confluyendo aquí. Este es el resultado final de una ley que se ha justificado por las movilizaciones feministas de estos años.

En las últimas dos décadas, el derecho penal sexual ha pasado a ser uno de los principales campos de experimentación del populismo penal: cada reforma endurece sistemáticamente las respuestas y las aproxima peligrosamente a los derechos penales excepcionales de los delitos de terrorismo, como señalan muchos juristas. Esta parece que no va a ser la excepción en un país que tiene una de las poblaciones carcelarias más numerosas de Europa mientras mantiene índices de criminalidad muy bajos. De manera que, bajo la bandera de la lucha contra la violencia machista, se está legitimando y reforzando el sistema de encarcelamiento, policial y represivo. También se ha defendido esta norma desde el feminismo de base –que se autodenomina “antipunitivo”– ya que contiene una parte asistencial. Sin embargo, nada impedía aprobar las medidas de asistencia –que necesitan presupuesto para implementarse– sin el penal –de aplicación automática y en principio más “barato”, aunque en definitiva implique la ampliación indirecta del presupuesto para sostener la pata represiva del Estado. En realidad, las cárceles y las fuerzas de seguridad del Estado salen caras si se piensa en todo el dinero que se deja de invertir en derechos sociales –también para las mujeres–. Además, tenemos pendiente una reflexión sobre por qué se tendría que condicionar el acceso a algunos de estos derechos que deberían ser universales –vivienda, renta, etc.– al hecho de ser categorizada primero como víctima.

Se dice que la nueva ley de Libertad Sexual está redactada para “proteger a las mujeres”, pero ¿a qué mujeres? Las que piensan en el sistema penal como una solución son las que tienen una experiencia del Estado como protector antes que opresor. No pertenecen a grupos que han sido categorizados como prescindibles, indignos de protección o no ciudadanos. Muchas de las “víctimas” –este también es un estatuto al que no pueden acceder todas– no se sentirán protegidas por esta ley porque no encajan en los estándares de la clase media blanca. Son las que se encuentran en la base de la pirámide social: las migrantes sin papeles, las trabajadoras sexuales, las mujeres trans o las gitanas pobres, y muchas otras que tienen hijos, compañeros o amigos en prisión –o han sido ellas mismas encarceladas–. Es decir, muchísimas mujeres pobres ni tienen fe en la justicia, ni pueden pagarse una buena abogada, ni la policía representa para ellas una imagen de seguridad. Algunas además dependen económicamente de los hombres que las han agredido o comparten hijos con ellos y por eso no denuncian, como ya expliqué en este artículo. Otras tampoco pueden hacerlo, aunque hayan sufrido violencias por miedo a ser expulsadas del país. Los CIES están llenos de mujeres afectadas por estas violencias a las que se suma la violencia que ejercen sobre ellas las instituciones del Estado. Apelar al sistema criminal, reforzarlo, legitimarlo, tiene impactos en las personas más desfavorecidas –racializadas y migrantes– y en las que están más abajo en general. Es una cuestión de clase, como explica Alison Phipps. Los principales problemas de estas mujeres son no tener papeles, no tener vivienda, no tener trabajo ni dinero, y otros muchos asociados con la pobreza y la falta de recursos. Muchas de ellas dicen que haber sufrido violencia sexual solo es uno más de esos problemas, probablemente no el más importante, como explica por ejemplo Laura Macaya en sus charlas a partir de su experiencia atendiendo a mujeres de barrios marginales como El Raval de Barcelona. Quizás esta óptica es difícil de entender para las que no tienen que enfrentarse a estos problemas.

El aumento de penas, los nuevos delitos, las dificultades para excarcelar o sustituir penas de reclusión, pueden acabar perjudicando a estas mujeres y a su entorno, y a los que ya están en el punto de mira. Por ejemplo, sorprendentemente la nueva ley castiga más a los menores, con una pena mínima de reclusión de un año, ¿a quién van a acabar encerrando, a un alumno de Nuestra Señora del Pilar donde estudia la jet-set o a un niño marroquí que migra solo y que únicamente por eso ya es sospechoso? ¿A qué sujetos se va a aplicar el acoso callejero y cómo se puede utilizar ese delito para reafirmar el control del espacio público? (Aunque se haya insistido en que se llame a todo agresión, hay que recordar que podemos estar hablando de conductas de muy diversa gravedad.) Las leyes penales no impactan sobre todos por igual. Con la excusa de proteger a las mujeres se puede acabar legitimado la violencia contra comunidades marginalizadas, como explica Phipps.

No podemos mirar para otro lado ante cuestiones como la brutalidad policial, la violencia sexual endémica en las prisiones o el racismo sistémico que se materializa en las cárceles, ni pensar que vale todo para “proteger” a las mujeres blancas de clase media de la amenaza sexual. Así, la ley de paridad y la del ‘solo sí es sí’ tienen algo en común: han sido redactadas bajo la óptica que da pertenecer a una determinada capa social privilegiada.

Además, no hay que olvidar que en la violencia contra las mujeres se entrecruzan tanto el patriarcado como el capitalismo y el colonialismo. A partir de elementos como la raza o el género, el capitalismo divide y estratifica a las poblaciones para poder explotarlas mejor, sobre todo en el ámbito del trabajo. La violencia sexual sirve para sujetar a las mujeres a esta posición subordinada. Sin embargo, se suele enfrentar esta cuestión únicamente desde el marco de los comportamientos individuales de determinados hombres “malos” a los que hay que castigar penalmente. Normalmente no se habla de cómo la desposesión capitalista y sus consecuencias sociales –desempleo, problemas de salud mental, explotación, etc.– están vinculadas con la reproducción de esa violencia, como explica Phipps. Además, el sistema penal y carcelario es una herramienta de control –para enfrentar las consecuencias del empobrecimiento o para frenar las propias luchas de transformación– y de reproducción de la violencia estructural. En realidad, la prisión es una escuela de violadores, un espacio donde se reafirman los peores aspectos de la masculinidad y el machismo, y donde cuantos más años se pasan más difícil es la reinserción, y por tanto, aumenta la posibilidad de reincidencia. Acabar con la violencia tiene que ver, pues, con apuntar más lejos: con desarmar este orden de dominación, con cambios culturales y estructurales, y por tanto con la lucha por la justicia social, no penal. Así que poner el acento en este tipo de leyes no solo no va acabar con la violencia sexual, sino que con ello podemos estar apuntalando este régimen de desigualdad. La violencia sexual es terror; también lo puede ser la forma en que se aborda y controla, dice Phipps, sobre todo si acaba, como en este caso, en una subida de penas.

¿Repensar nuestras prioridades?
El feminismo no debería quedar atrapado en la cuestión sexual cuando no hay una mirada de clase, como expliqué con más profundidad en este artículo. Centrar nuestras luchas en la cuestión de la violencia, si no forman parte de un proceso de transformación más amplio, nos enreda en debates que nos despotencian. Además, como hemos visto, estas luchas pueden acabar siendo instrumentalizadas para la aprobación de leyes que van en contra de nuestros objetivos. Tenemos pues un reto enorme a la hora de imaginar líneas políticas y propuestas que se desmarquen frontalmente del clima punitivista imperante y de las lógicas que se han infiltrado entre nosotras mismas. Un objetivo prioritario debería ser la mejora de la autonomía económica de las mujeres –sobre todo de las que más lo necesitan–, ya que aquí convergen la lucha contra las violencias y contra la opresión. Mejorar esta autonomía posibilita tener más posibilidades de huir de la situación de violencia o enfrentarla con mayor capacidad, y también aumenta las posibilidades de organizarnos y de impulsar nuestras luchas contra la propia violencia del sistema. Por tanto, tendríamos que apuntar a las políticas de vivienda, de redistribución de renta, de ampliación de la democracia e incluso por la protección de los derechos civiles –la lucha contra la Ley Mordaza, sin ir más lejos–.

El feminismo antipunitivo pone el foco en eliminar aquello que causa violencia y busca alternativas al modelo existente, acordando y fortaleciendo otras formas de comprender y practicar la justicia. La justicia transformativa no es únicamente reparar el daño que la violencia ha causado a la víctima, sino influir sobre las condiciones (materiales y simbólicas, culturales, sociales, políticas, económicas...) que han posibilitado la violencia misma, con el fin de transformarlas. Aquí entraría la propia cárcel y la cultura del castigo, pero también las condiciones de vida.

Hacerse con el capital político del feminismo e instrumentalizarlo para sus propios fines, como hace el feminismo institucional, es más difícil si está construido en términos materiales: no queremos cuotas en consejos de administración, sino acabar con las diferencias radicales de salario y condiciones entre los distintos trabajos, y también terminar, como fin último, con el trabajo asalariado y la propiedad privada. Solo desde este “feminismo situado” y desde los conflictos concretos –en el sindicalismo social, en las luchas de vivienda, en las luchas laborales, etc.– podremos preservar nuestra autonomía como movimiento, dejar de trabajar para el feminismo institucional y de adoptar su agenda como propia –en tiempos de precampaña electoral–. Aunque el debate sobre el consentimiento y su significado ha sido importante para el cambio cultural, cuando se lleva al terreno de la ley penal, en realidad estamos discutiendo un tecnicismo legal –si tiene que haber dos tipos penales como antes o uno solo donde la pena se module a partir de los agravantes como ahora–, porque por más que se repita la propaganda, la ley no invierte la carga de la prueba –por suerte, ya que esto subvertiría todo el sistema de garantías procesales– y seguiremos teniendo que demostrar la agresión. Por tanto, ¿debería ser la discusión de tecnicismos legales del sistema penal una prioridad del feminismo de transformación? ¿Tenemos que ignorar las subidas de penas que se están produciendo o trabajar por acabar con las cárceles? ¿Hay que salir a la calle a defender una ley penal en vez de manifestarnos a favor de una ley de vivienda más garantista justo cuando esta se está negociando? ¿Hay que privilegiar la violencia sexual por encima de otras violencias como la de ser desahuciada o de que te quiten a tus hijos por no tener casa o con quién dejarlos cuando trabajas? ¿Cuál es nuestra agenda y cuáles son nuestras prioridades?

lunes, 19 de diciembre de 2022

#hemeroteca #homosexualidad #cofradias | ‘¡Dolores guapa!’, el documental que reivindica el papel de la comunidad LGTBIQ+ en la Semana Santa sevillana

Imagen del video que dio origen al documental '¡Dolores guapa!' //

‘¡Dolores guapa!’, el documental que reivindica el papel de la comunidad LGTBIQ+ en la Semana Santa sevillana

Hablamos con Jesús Pascual, que dirige un film divertido y profundo galardonado con el premio a Mejor Película de la Sección Panorama Andaluz en el Festival de Sevilla, y que ahora se puede ver en Filmin.
Juanjo Villalba | EPE, 2022-12-19
https://www.epe.es/es/cultura/20221219/dolores-guapa-documental-reivindica-papel-80002438

El clasismo, la homofobia y la plumofobia de una buena parte de la población de nuestro país quedó en evidencia cuando en 2019 se viralizó un vídeo en el que unos jóvenes sevillanos vitoreaban a la Virgen de los Dolores durante una procesión de la Semana Santa de Sevilla. “¡Dolores, guapa!”, “¡Reina del Martes Santo!”, “¡El barrio entero pa ti!”, gritaban emocionados. Las imágenes también le acabaron llegando a Jesús Pascual, un joven director, nacido en Alcalá de Guadaíra en 1997, y que se estaba licenciando justo en aquella época en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla.

“Lo que aparecía en las imágenes no me sorprendió en absoluto”, nos explica. “Expresiones de fervor como esas son bastante habituales en Andalucía. Lo que sí llamó mi atención fueron los comentarios de muchas personas en redes sociales: ridiculizaban a los protagonistas del vídeo con comentarios crueles. Me daba la sensación de que muchas de las personas que lanzaban críticas no entendían del todo lo que estaban viendo. Incluso a mí mismo se me escapaban muchos de los códigos que estaban ahí en juego: sabía que existía la figura del mariquita capillita, pero tenía muchas preguntas al respecto, así que empecé a investigar”.

Fue así como Jesús acabó arrancando el rodaje de ‘¡Dolores guapa!’, un documental que supone un acercamiento, sensible y filmado de forma bellísima, pero a la vez directo y muy esclarecedor, a toda la cultura marica que existe hoy en día y desde hace décadas en torno a la Semana Santa de Sevilla. Intentando comprender cómo y por qué se ha ido gestando a lo largo de los años. “Para Antonio Bonilla, el productor de la película”, continúa Pascual, “el tema principal siempre fue el sentimiento de pertenencia a la ciudad. A mí me atraía más explorar el modelo de homosexualidad local que existió en Andalucía hasta hace pocas décadas, cuyo rastro, considero, se conserva de forma especialmente vivo en el ámbito de las hermandades. En cualquier caso, la película habla de cuestiones que sobre todo tienen que ver con la identidad. Intenté reflejar esto desde la primera secuencia, en la que las imágenes se combinan con otro elemento fundamental en ‘¡Dolores guapa!’: la voz, el testimonio oral”.

Debido a esto, el documental se sostiene principalmente sobre sus personajes: una galería de personas pertenecientes a la comunidad LGTBIQ+ sevillana que nos relatan sus experiencias y reflexiones alrededor de la Semana Santa, la religión, Sevilla como concepto (casi podríamos decir, como ‘state of mind’), las cofradías, la actitud de la Iglesia y todas las complejas ramificaciones de todos estos temas. “Encontrar a los protagonistas fue más fácil de lo que podría pensarse”, confiesa Pascual. “Nos sorprendió la cantidad de personas que estaban deseando hablar del asunto. Muchas de las cuestiones que queríamos tratar en el documental eran temas que ellos ya habían reflexionado y discutido entre amigos maricas del ámbito cofrade. Empezamos a tener conversaciones con los perfiles que más nos interesaban y estos, a menudo, nos conducían hasta otras personas, amigos suyos, que iban ampliando el plantel”.

Los recuerdos de los protagonistas más mayores, especialmente de Antonio, de 88 años, conocido en su época como la Palomita de San Gil, plantean casi inevitablemente la relación que los habitantes de Sevilla habían tenido tradicionalmente con la homosexualidad. Parecería que, incluso en los oscuros tiempos del franquismo, existía cierta tolerancia hacia estas personas, algo inédito en otros lugares de nuestro país. “En el modelo local de homosexualidad vigente en la Andalucía franquista, el mariquita tenía unas funciones sociales reservadas para él”, nos explica Jesús. “Esto permitió a muchas personas vivir su pluma con mayor visibilidad. Antonio cuenta que, por ejemplo, se paseaba por la ciudad en los años cincuenta con vestido y tacones, y asegura no haber sufrido nunca represalias. Al menos, él no las percibió como tal. Otra de esas funciones ‘sociales’ era la de ser el chiste, divertir, entretener. También existían oficios concretos propios de mariquitas y, por supuesto, labores en el ámbito religioso-ritual mediante las que estas personas podían alcanzar cierto prestigio social”. Según Pascual, la transgresión de género que encarnaba la figura del mariquita llegaba a resultar incluso necesaria para el resto de la comunidad. ¿Podemos hablar entonces de tolerancia? Sí, pero con matices y matices que, nos asegura el director, no caben en una simple respuesta. “Lo que, desde luego, no podía cruzar a la esfera pública era todo lo relativo al deseo y la sexualidad. Aunque todo el mundo imaginaba que el mariquita tenía relaciones sexuales, este tema era completamente tabú”, afirma.

¿Por qué esa devoción?
Pero, ¿por qué la Semana Santa? ¿Qué ha impulsado tradicionalmente a los gais sevillanos a integrarse en las cofradías? “Era una pregunta que nosotros mismos teníamos y nadie nos daba exactamente la misma respuesta”, confiesa el director. “En muchos casos, existe una fascinación estética desde la infancia que te inclina a acercarte. También es normal para la mayoría de gente de Sevilla llegar a una hermandad por tradición familiar. Luego, ya dentro, conoces a otros como tú, de tu edad y mayores, que te sirven de referente y con los que puedes compartir esa fascinación”.

Una predilección que puede adoptar razones y formas muy diversas. Unos la ven como una exaltación de la belleza; otros como una catarsis, un cuelgue colectivo sin necesidad de drogas que casi estaría relacionado con el Carnaval; otros como un teatro y otros incluso comparan la celebración con el programa de televisión ‘RuPaul's Drag Race’. ¿Dónde queda la religión en todo esto? “¡Es que todo eso está muy ligado al sentimiento religioso!”, responde Jesús. “A mí todo eso me suena a Barroco y a Contrarreforma, ‘RuPaul’ incluido. En el documental, Antonio habla de las folclóricas como si fueran Vírgenes y de las Vírgenes como si fueran folclóricas. Otro de los entrevistados cuenta cómo compró para el Cristo de su hermandad la misma peluca que le vio a una amiga travesti. La religión, tal y como se vive en Sevilla y en Andalucía, incluye también toda esa fantasía. Ahora bien, no podemos dejarnos deslumbrar por lo llamativo de todos estos elementos; en ningún caso anulan todo lo reaccionario que emana de instituciones como la Iglesia. Conviene andar con pies de plomo, ponerlos siempre en cuestión”.

Bachi, uno de los protagonistas del documental, afirma en un momento que “hay dos religiones, la de Roma y la de Sevilla”. Para el director, esa frase, que a muchos les podría parecer una exageración, tiene todo el sentido. “A poco que entres en contacto con la forma de vivir lo religioso en Andalucía, enseguida te das cuenta de que en muchos aspectos la cosa difiere de la doctrina católica pura y dura. Le leí a Amiri Baraka que el Dios del que se habla en las canciones de los negros no es el mismo que el de las canciones de los blancos, aunque las palabras sean las mismas”.

Quizá precisamente por esto, y como se deja entrever en el documental, la Iglesia mantiene una actitud ligeramente ambigua respecto a su convivencia con la comunidad LGTBIQ+ en el entorno de la Semana Santa. Casi parecería que la institución se aprovecha del fervor de estas personas, pero sin acabar de aceptarlas. “A principios del siglo XX, el escritor y periodista sevillano Chaves Nogales ya escribió que la autoridad eclesiástica es uno de los principales enemigos de la Semana Santa”, nos explica el director. “Durante la fase de investigación, nos contaron que los arzobispos no suelen estar al tanto de los entresijos de las hermandades y su actitud con respecto a este asunto es la de ‘pasar la mano’, siempre que no haya ningún ‘escándalo’. En cuanto a la relación con la Iglesia, no hay unanimidad. Hay quienes sienten que las hermandades están dentro de la Iglesia pero que funcionan de manera distinta, quienes son católicos practicantes y van a misa todos los domingos, quienes son ateos y críticos con la Iglesia pero pagan su cuota de hermano y salen de nazareno… Las personas a las que entrevistamos que participan activamente en la vida de sus hermandades durante todo el año nos hablaban de su cofradía como el grupo pequeño de gente que conocen desde siempre y que ven con frecuencia, y nos reconocían que hay gente homófoba y tránsfoba dentro de las hermandades. En este sentido, a menudo lo comparaban con cualquier ambiente laboral”.

Aunque muchas de estas cofradías han sido, especialmente en el pasado, un refugio para los gais de Sevilla, un sitio en el que podían ser ellos mismos sin censura, sentirse útiles y queridos, e incluso ligar, hay que dejar claro que no siempre son un entorno seguro para la gente del colectivo. “Hay hermandades y hermandades, cada una con su idiosincrasia. Pero sí es cierto que algunas han supuesto históricamente y en muchos sentidos un refugio, un punto de encuentro para los diferentes, entre ellos los maricones. Como decía antes, el modelo de homosexualidad vigente en la Andalucía anterior a la influencia post-Stonewall permitía cierta visibilidad al mariquita; especialmente, en lo que se refiere a la transgresión de género. Dentro de las hermandades había tareas prácticamente reservadas para él: la de vestidor de imágenes marianas es, quizá, la más paradigmática”, comenta Pascual.

En definitiva, ‘¡Dolores guapa!’ es una carta de amor, más que a la Semana Santa, a la propia Sevilla, a su arte, a su manera de ser y de vivir y a la comunidad LGTBIQ+ de la ciudad. Una realidad quizá intuida por algunos, pero desconocida por la mayoría de los que no vivimos en Andalucía. “Nosotros siempre lo entendimos así”, explica Jesús, “sobre todo Antonio Bonilla, el productor”. Por desgracia, en la pieza no hubo espacio para mostrar todo lo que recopilaron a lo largo de su investigación. “Hubo anécdotas buenísimas que tuvieron que caerse, incluso entrevistas enteras ya montadas que desaparecieron”, reconoce Jesús. “Estamos muy agradecidos a todas las personas que colaboraron con nosotros, que son muchas más de las que aparecen en el documental. Pero, sin duda, le guardo un cariño especial a Antonio, la Palomita de San Gil. Conocerlo me impactó mucho. Haber podido registrar su testimonio es lo que más me enorgullece de la película, es un privilegio que forme parte de ella. El documental está dedicado a él”, concluye.

jueves, 21 de julio de 2022

#hemeroteca #feminismo | ¿Hay que abandonar el feminismo? Potencias y límites en la coyuntura actual

El Salto / Cristina Cifuentes (i), 'feminista' y 'arreglá' //

¿Hay que abandonar el feminismo? Potencias y límites en la coyuntura actual.

Desde el grupo coordinador del espacio “Tranfeminismos y luchas queer” de Communia, planteamos estas líneas surcadas de preguntas para utilizar como material en los debates.
Fundación de los Comunes, 2022-07-21
https://www.elsaltodiario.com/palabras-en-movimiento/hay-que-abandonar-el-feminismo-potencias-y-limites-en-la-coyuntura-actual

Cuando el feminismo se vuelve institucional, clasista y punitivista –y esto está ocurriendo incluso en muchos movimientos contraculturales europeos–, este feminismo –que hoy es hegemónico– ¿nos resulta útil para afrontar las luchas en las que estamos?

Después de unos años de gran potencia del movimiento feminista parece que nos encontramos con algunos de sus límites. La fuerza que hemos sido capaces de desplegar no está exenta de peligros si apostamos por un feminismo que sirva para transformar la sociedad y no para apuntalar el 'statu quo'. El primero al que se enfrenta es el de su institucionalización: el de su conversión en ideología que sirva para dar legitimidad “feminista” a políticas neoliberales, gobiernos, instituciones y al propio Estado –que también sostiene nuestra opresión–. A veces parece que esta configuración del poder en la que estamos lo asume todo siempre que nuestras luchas no aparezcan como suficientemente trabadas con la redistribución del poder y la riqueza. ¿Lo están las luchas feministas? ¿Todas? ¿O necesitamos un feminismo “con apellidos”? También hemos visto cómo este movimiento es utilizado para impulsar políticas de carácter punitivo y de reforzamiento del sistema penal –como aquellas que criminalizan la prostitución o las que buscan nuevas penas o el castigo como única vía de solución para la cuestión de la violencia machista–. ¿El feminismo mainstream solo genera víctimas necesitadas de protección estatal? Y si es así ¿cómo cortocircuitamos estos planteamientos?

Frente a este feminismo de Estado, luchas feministas de base –como las de carácter sindical o de clase– proponen una agenda autónoma hermanándose con aquellos feminismos latinoamericanos con fuertes componentes de feminismos comunitarios, decoloniales y populares –de pobres, de putas, de trans...–, capaces de desbordar la agenda de paridad neoliberal. Por tanto, la principal fractura del feminismo hoy no es la cuestión de la prostitución o de los derechos trans, sino aquella que separa a un feminismo del poder –que sirve como herramienta de gobierno– y uno de base o autónomo –capaz quizás de generar contrapoder–.

Pero, ¿qué podría ser un feminismo autónomo más allá de definir por contraposición a lo que no está en las instituciones? ¿Podemos hablar de unos contornos definidos que nos permitan lanzar propuestas conjuntas? ¿A la potencia de esta oleada feminista le ha correspondido un nivel equiparable de nuevas organizaciones de base? ¿Qué “demandas” se han visibilizado estos años de lucha? ¿Hemos generado una agenda propia? ¿Cuáles serían sus contenidos? ¿Se han transformado en conquistas? ¿A qué otros desafíos nos enfrentamos con la popularización del feminismo? ¿Necesitamos un feminismo que ponga en el centro el reparto de la riqueza aunque no parezcan temas “de mujeres”? ¿Esta nueva ola ha relanzado los nuevos pánicos morales sobre el sexo, nuevos puritanismos, intentos de criminalización del trabajo sexual o que han impulsado un aumento de la transfobia? ¿Puede que nuestros discursos estén reforzando algunos de los efectos indeseables de esta nueva ola? ¿Estamos asistiendo a un declive de esta ola y qué lo provoca? ¿Esto constituye solo un problema o abre nuevas oportunidades?

Punitivismo, represión y pánicos sexuales
En los últimos años, el #Metoo y la insistencia en poner en primer plano la violencia sexual ha tenido resultados ambivalentes. Por un lado, hemos puesto en la agenda la violencia sexual y los abusos en todos los ámbitos, también los militantes. Cosas que estaban normalizadas por fin se verbalizan, por fin dejan de excusarse. Probablemente este cambio cultural es uno de los mayores logros de este último ciclo de movilización feminista. Sin embargo, quizás hemos construido sin querer un imaginario de pánico sobre la sexualidad. Quizás la hemos dibujado como un ámbito únicamente de peligro y no de disfrute, de exploración. Nos ha faltado (y mucho) hablar del placer, de lo que implica conquistar ese espacio siendo mujeres, de lo que ganamos en libertad, en autonomía, en goce.

Vale también la pena abrir el debate sobre nuestra categorización como víctimas porque esta concepción católica y pasiva de la sexualidad de las mujeres también es un pilar que sujeta el orden de género, enquista sus lógicas y refuerza los marcos estructurales de la violencia de género. A ellos se les presupone un deseo siempre despierto y el pleno dominio de su voluntad y sexualidad. Aunque a veces esta se representa también como algo salvaje e incontenible, un argumento que ha servido históricamente tanto para legitimar la violación, como para sexualizar el racismo -los moros, los negros, los “otros” racializados de turno, esencialmente incapaces de contener sus impulsos sexuales-. A nosotras, por el contrario, se nos presupone pasivas, atesoradoras de un deseo celosamente guardado para recompensar, para agradecer con él a un varón. De ahí provienen algunas de las objeciones feministas a la Ley del Sí es Sí, que tal y cómo está formulada nos ata a esta concepción de la sexualidad femenina, mientras sitúa la agencia y el deseo en el terreno masculino. Nos envía un mensaje inequívoco: el sexo y el placer son dominios de los hombres, territorios hostiles para las mujeres.

Asistimos también a esos peligros: de la victimización y el mojigatismo sexual. Las campañas de terror sexual desatadas en los medios después de violaciones y asesinatos son funcionales a la limitación de los comportamientos y movimientos de las mujeres; a su contención, personal y sexual. El miedo nos hace más pequeñas, nos encierra, nos hace restringir movimientos y dejar escapar oportunidades.

También inaugura un nuevo peligro de reforzamiento del sistema penal, tanto por la cuestión de las violencias machistas, como por los llamados “delitos de odio” –que se han impulsado en parte por una demanda de colectivos LGTBIQ–. Aquí, en vez de atender a una dimensión política que tiene como horizonte la transformación social, se buscan respuestas en un sistema judicial que es patriarcal y que pone en el centro el castigo y la victimización; se individualizan los casos y las soluciones mientras se deja de lado su dimensión estructural.

¿Qué hemos ganado y qué nos queda por ganar en la lucha contra todas las violencias? ¿Hay que volver a hablar de sexo o simplemente confiar en que la sociedad ya está en lugares distintos? ¿Los discursos reaccionarios respecto de la sexualidad/identidades no normativas pueden tener consecuencias más allá de lo simbólico? ¿Cómo trascendemos la victimización? ¿Qué soluciones más allá del Estado somos capaces de imaginar y de poner en marcha? ¿Qué significa realmente tener una visión antipunitiva, se refiere solo a rechazar el ámbito penal –como solución privilegiada– o podemos estar reproduciendo su marco político/afectivo en nuestros entornos y organizaciones? ¿Qué pasa con la violencia que recibimos las disidentes sexuales o de género? ¿Cómo se combaten? ¿Cuando hablamos de violencia machista estamos incluyéndolas? ¿Por qué no?

La cuestión del sujeto
El feminismo ilustrado de la órbita PSOE –pero también sectores de los nuevos feminismos radfem– quieren erigirse en vigilantes de las fronteras del sexo: quién puede definir qué es una mujer podrá convertirse en portavoz de sus demandas –sobre todo en portavoz institucional–. En el feminismo de base, que hace bandera de la diversidad de su composición, hay menos debate pero lo hay ¿hemos retrocedido en esta cuestión? Tanto esta guerra como la de la prostitución en muchos sitios también se han lanzado para romper las asambleas del 8M –cuyas demandas les resultan demasiado radicales- y descomponer parte de la fuerza del movimiento con el objetivo de obtener un feminismo más “manejable” para el poder. Además, sabemos que no es un debate teórico porque el sujeto del feminismo (como cualquier otro sujeto de transformación) se forma en las propias luchas.

Cuando los fundamentalismos cristianos y las extremas derechas hablan de ideología de género no distinguen, hacen causa común contra los derechos de las mujeres y las disidencias sexuales: ambos desestabilizan el orden social. Entienden, mejor que algunas feministas, que es parte de la misma guerra. Desde una perspectiva de las visiones más emancipadoras, no podemos pensar un feminismo como exclusivo de las mujeres, de sus cuerpos o de sus experiencias. ¿Ha dejado de tener valencia política la categoría mujer? ¿Es útil? ¿Podemos superarla incluyendo a todos los sujetos que desafían el orden de género? ¿Y a los hombres? ¿Siguen siendo útiles estas identidades? ¿Cómo rompemos fronteras identitarias de nuestras luchas que nos impiden lanzar luchas más fuertes? ¿Se pueden tratar de derrocar el orden social desde luchas compartimentadas? ¿O cómo se podrían componer entre sí? ¿Tenemos que abandonar estas luchas compartimentadas y sumarnos a movimientos de transformación más amplios? ¿Las llevamos al interior de las organizaciones por la vivienda, el trabajo, a los espacios de apoyo mutuo, etc.)? ¿O seguimos en espacios “separatistas”?

La cuestión de la clase
El feminismo institucional se mueve mejor en las cuestiones sexuales. Si el eje que explica la desigualdad de género es el sexual, todas estamos oprimidas por igual, mientras que si se le da centralidad a la división sexual del trabajo quizás hay que empezar a reconocer las diferencias entre nosotras. No somos todas iguales. Hacerse con el capital político del feminismo se vuelve así más resbaloso cuando su contenido se une a cuestiones materiales y redistributivas como pretende el movimiento de base. Desde ese feminismo nos llegan demandas que son ignoradas o arrinconadas por los partidos “feministas” de gobierno, como las sindicales, muchas de ellas relacionadas con el sector de cuidados, –las de las trabajadoras domésticas que no tienen todos los derechos o las de las Kellys, descontentas con la reforma laboral, entre otras–. También se omiten las luchas que tienen que ver con la desprotección en la que quedan las migrantes sin papeles o las que están sujetas a las restricciones que les impone la Ley de Extranjería. El feminismo como ideología de gobierno tiene muchas dificultades para asumir estas demandas.

Nosotras creemos que desestabilizar el orden de género tiene que hacer parte de un proyecto más amplio de transformación de carácter universalista que se oponga al capitalismo y al colonialismo. ¿Sirve el feminismo para hacer esto? ¿Por qué? ¿Es deseable seguir apoyando un feminismo interclasista como la alianza que se materializa en las grandes manifestaciones del 8M donde caminamos junto a ministras, empresarias y aquellas que quieren su 50% del infierno? ¿Para qué nos es útil? ¿Justifica la ofensiva reaccionaria la necesidad de estas alianzas? ¿Cómo avanzar entonces con nuestras propias propuestas?

Organización y herramientas de lucha

Hablar de organización es hablar de cómo imaginamos las luchas presentes y futuras, sus conflictos y los espacios de articulación y potencia que despliegan. A nuestro modo de ver es pensar los lugares posibles de creación de contrapoder y actualizar nuestras prácticas para ir construyendo otra sociedad posible. Si abandonamos cualquier ilusión de lo que se puede alcanzar mediante la política institucional ¿cómo construimos estos otros espacios que articulen unas prácticas autónomas, antipunitivistas capaces de poner la reproducción de la vida, la clase, las luchas antiracistas en el centro? ¿Cómo generamos contrapoderes que transformen la realidad existente? ¿Tiene el feminismo que atravesar otras luchas en marcha o debe configurarse en espacios separatistas que impulsen una agenda feminista específica? ¿Deben acaso estos espacios hacerse eco de las otras luchas de transformación social o de ampliación de los sujetos políticos? ¿Se puede hacer una política de transformación efectiva desde el identitarismo? ¿Qué fuerzas nos dejamos fuera si definimos estrechamente los límites del sujeto de lucha? Si decimos que nuestra lucha es por cambiar la sociedad, ¿acaso para eso no necesitamos también a los hombres cis?

jueves, 16 de junio de 2022

#hemeroteca #homosexualidad #cofradias | Jesús Pascual: «La presencia activa y visible del mariquita en una hermandad sevillana es completamente legítima”

Secretolivo / Jesús Pascual, director de '¡Dolores guapa!'

Jesús Pascual:
La presencia activa y visible del mariquita en una hermandad sevillana es completamente legítima”
Alejandro López Menacho | Secretolivo, 2022-06-16

https://secretolivo.com/index.php/2022/06/16/dolores-guapa-jesus-pascual-hermandad-mariquita/

El director sevillano Jesús Pascual presenta en los cines su primer largometraje, ‘¡Dolores guapa!’, en el que analiza la relación entre la Semana Santa sevillana y la homosexualidad, situando la lupa en la figura del “mariquita andaluz” como icono representativo.

En nuestro país lo religioso y lo sexual siempre han mantenido una relación difícil, tortuosa, casi clandestina. Pero paulatinamente y siguiendo el sendero del progreso, nuestra sociedad ha ido rompiendo tabúes y abriendo los debates. Hace algunas décadas hubiera sido impensable ver un largometraje como el que estos días se proyecta en latitudes de todo el país, ‘¡Dolores guapa!’. Pese a la incertidumbre de sus creadores, el documental, que ha sido completamente autoproducido, recibió el pasado año una buena acogida en el Festival de Cine de Sevilla. Jesús Pascual (Alcalá de Guadaíra, 1997), su director, se ha atrevido como pocos a indagar en la figura del homosexual en el ámbito cofrade de la capital andaluza. Un acercamiento plasmado en un reportaje respetuoso, bien hilado y que derriba estereotipos a uno y otro lado del espectro político.

P. Hay distintas formas de acercarse a la Semana Santa; la artística, la histórica, la sociológica, la familiar, la pintoresca… tú has elegido que el nexo de unión de todas estas facetas y de los participantes en el documental sea su homosexualidad. ¿Por qué?

Pero no la homosexualidad como la entendemos ahora. Queríamos investigar la figura del mariquita andaluz. En la Andalucía del siglo pasado, el mariquita funcionaba como una especie de tercer género. Ser mariquita no tenía que ver con ser un hombre que desea a otro hombre; de hecho, había hombres que tenían sexo con otros y seguían manteniendo su estatus de hombre. Ser mariquita estaba ligado, sobre todo, a una cuestión de expresión de género: ser leído como un cuerpo que no es del todo ni hombre ni mujer. Las teorías que luego llegaron desde, sobre todo, Estados Unidos proponían una forma diferente de entender el género y la sexualidad que no coincidía en muchos aspectos con el paradigma local andaluz. Pero un modelo no sustituyó al otro; chocaron y se generaron muchas nuevas realidades que tomaron cosas de uno y de otro. En el documental, queríamos rastrear qué queda del modelo autóctono del mariquita andaluz en las identidades del presente. Y lo hemos hecho buscando en uno de los ámbitos donde la presencia del mariquita andaluz ha sido históricamente más patente: el mundo de las cofradías.

P. Es una obviedad que en el mundo cofrade ha habido, hay y seguirá habiendo una representación notable del colectivo homosexual, tanto en las cofradías como fuera de ellas. ¿Cómo vive la Iglesia sevillana esta contradicción?


Depende. Hay párrocos que conocen bien a las personas que hacen una vida más activa en la hermandad. Están al tanto de cada situación y no ponen problema alguno. Luego, a medida que subes en la jerarquía, el asunto va cambiando. Durante la fase de investigación nos explicaban cómo los arzobispos muchas veces no entienden del todo lo que pasa dentro de las hermandades ni cómo funcionan y eso les lleva a adoptar una actitud de connivencia. Pero, al margen de la cuestión homosexual, las hermandades de Sevilla nunca han sido grandes amigas de la autoridad eclesiástica. Chaves Nogales ya escribió que el cardenal es uno de los enemigos naturales de la Semana Santa sevillana.

P. ¿Qué sentimiento entiendes que existe en el colectivo LGTBIQ con respecto a participar en la Semana Santa en particular y/o en el día a día de la Iglesia Católica? En el documental parece que el colectivo lleva esta relación con naturalidad, eso sí, al margen de las élites de las cofradías y de la propia Iglesia.


De nuevo cabe decirlo; hay de todo. En Sevilla, el hecho de pertenecer a una hermandad se vive con naturalidad, desde luego. Primero, porque tiene que ver con sentirse parte de la ciudad, del barrio, de sus ciclos y sus costumbres. Segundo, como marica, porque supone entrar en un mundo que muchos otros mariquitas antes fueron creando, configurando, cuidando… Por eso, la presencia activa y visible del mariquita en una hermandad sevillana es completamente legítima. Además, en muchos casos, las hermandades han funcionado como puntos de encuentro, y descubrir a otras personas como tú es un alivio cuando eres adolescente. En cuanto a la relación con la doctrina católica, cada una lo lleva a su manera: hay quien es más fiel y quien lo es menos. Está la que va a misa los domingos y la que se declara atea. Y las dos conviven dentro de las hermandades. Pero, de nuevo, esto no es exclusivo de las personas LGTBIQ+.

P. ¿Qué enfoque querías mostrar al público en ‘¡Dolores guapa!’?, ¿cuál era su objetivo principal?

El fenómeno de ‘el mariquita capillita’ me ha llamado la atención siempre. En el instituto, los compañeros que empezaron a tener sus primeras experiencias románticas y sexuales con otros niños al mismo tiempo que los heteros de la clase, lo hacían siempre en el marco de sus hermandades. Y a mí me intrigaba muchísimo qué pasaba ahí dentro. Luego, en 2019, se viralizó el vídeo de los jóvenes de El Cerro gritándole «¡Dolores, guapa!» a su Virgen y leí bastantes reacciones en redes cargadas de homofobia, plumofobia y clasismo. Noté que mucha gente no comprendía del todo lo que pasaba en ese vídeo. Yo tampoco tenía todas las claves. Y así nació el proyecto, desde la curiosidad. Me puse a investigar, leí todo lo que se ha escrito sobre el asunto, que es bien poco. Recurrí, entonces, a bibliografía paralela —por ejemplo, no encontré nada que explicara la inclinación del mariquita por la figura de la Virgen, pero sí se ha estudiado mucho su fascinación por las divas, así que acudí ahí y busqué similitudes y diferencias— y, sobre todo, a conversaciones con hombres homosexuales o mujeres trans cofrades. Algunas de estas personas llegaron a salir en el documental, otras se quedaron por el camino, pero todas nos ayudaron muchísimo. El documental lo realizamos Antonio Bonilla y yo, tardamos prácticamente un año. El verano lo pasamos entero montando el material. Nuestro objetivo no era otro que dilucidar el famoso vídeo viral, dar con las claves que lo explicaran, acercarnos con rigor a este fenómeno.

P. Buena parte de la izquierda política, sobre todo la más dogmática, ha manifestado siempre sus reservas con la Semana Santa, y más que con ella, con su idiosincrasia. ¿Qué les dirías a estas personas sobre la Semana Santa sevillana?


Que, desde luego, hay mucho, mucho, que reprochar a la Semana Santa de Sevilla, pero que conviene entender en profundidad cómo funciona y cómo ha llegado a ser lo que es hoy para que el reproche sea certero.

P. “Todo lo maneja el patriarcado; pero lo que hacen en la Semana Santa es puro mariconeo”, asegura uno de los entrevistados. ¿Crees que hay paralelismos entre la fiesta y la estética de las comunidades homosexuales y la Semana Santa?, ¿por qué ese gusto por lo rococó, lo ostentoso?

¡Claro que hay! La estética de la Semana Santa va cambiando y no es inmune a su contexto. Y los mariquitas han tenido y tienen bastante que ver en su configuración. Aquí, el ejemplo por antonomasia es Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que renovó toda la estética de la fiesta a principios del siglo XX, ocupó varios cargos de gobierno en la hermandad de la Macarena, fue expulsado de ella por celebrar fiestas con hombres y hoy tiene un monumento frente a la basílica. Ese gusto por lo rococó o lo ostentoso, como dices, está en las vírgenes, pero también en las folclóricas o las travestis.

P. Hay un giro de guion interesante con el nazareno que se va vistiendo y que finalmente deja al descubierto un tatuaje con las siglas A.C.A.B, ¿es un caso real o es simplemente una metáfora?, ¿cuál era la intención?

Es un caso real. Con esa secuencia quería cerrar el primer bloque de la película, en el que intento exponer que la Semana Santa sevillana convoca a personas muy diferentes que, de compartir algo, comparten cierto sentimiento de pertenencia a la ciudad o a sus barrios. Los textos que aparecen sobre las imágenes del nazareno son de Chaves Nogales y Núñez de Herrera, que interpretaron la Semana Santa sevillana escapando del relato ortodoxo.

P. ¿Crees que la derecha, como con la bandera del país, se ha apropiado de la Semana Santa y ha impuesto su ideario?


Sí. Esto ya lo denunciaba Isidoro Moreno hace más de cuarenta años cuando hablaba del secuestro interpretativo por partes de estamentos y esferas de la ciudad —que coinciden, en parte sí y en parte no, con quienes conforman el mundo cofrade— interesados en que el tema permanezca intocable para cualquiera que no sean ellos mismos. Este secuestro de la interpretación responde a intereses concretos y defiende no pocos privilegios. La película es también una contestación a aquellos que siguen creyendo que son en exclusiva Sevilla.

P. ¿Veremos antes de morirnos alguna apertura oficial de la Iglesia al mundo homosexual?


Quizá sí, pero no será suficiente.

P. ¿Has encontrado problemas a la hora de que los protagonistas dieran la cara ante la opinión pública en el documental?


Encontramos a varios artesanos (bordadores, vestidores…), que querían participar pero que no se atrevieron por miedo a represalias. Estas personas viven de los encargos que les hacen las hermandades y temían que estos peligraran si salían en una película identificándose abiertamente como homosexuales. Una cosa es que se sepa en Sevilla, que se viva con naturalidad en el entorno de las hermandades, que la Iglesia «pase la mano»... y otra cosa es hablarlo en una película. Tampoco nos conocían ni sabían qué enfoque íbamos a darle al tema. Desconfiaban porque cuando este asunto se ha abordado alguna vez en televisión, se ha hecho desde la burla o el sensacionalismo. Tuvimos claro desde el principio que no queríamos voces distorsionadas ni caras pixeladas: había que llevar a la película la naturalidad con la que esta realidad se vive en los círculos cerrados. También está el tema de que cada hermandad tiene su propio carácter. De las que históricamente han tenido un perfil de hermano de clase alta no encontramos a nadie que quisiera hablar con nosotros. Al final, esto también es ilustrativo: el mariquita andaluz siempre ha pertenecido a las clases populares.

P. Hace pocos años se estrenó una película sobre el papel de la mujer en las cofradías, que llegó a generar cierta polémica en la comunidad católica. ¿Cómo está siendo el recibimiento de tu documental?

Estábamos preocupados por cómo iba a sentar el documental porque no nos hemos dejado nada en el tintero, nos hemos atrevido a contar todo lo que íbamos encontrando. Pero lo cierto es que la acogida del público y de la prensa ha sido muy buena. Notamos que mucha gente siente la película como suya, como si estuviéramos contando su historia, y se alegra con cada cosa buena que le pasa. Eso es lo que más nos emociona. La prensa más conservadora apenas se ha hecho eco de la película, así han demostrado su desaprobación. Supongo que lo que les escuece es, simplemente, que se le haya prestado atención al tema y se haya tratado sin tapujos, que exista una película que dé pie a dejar de hablar de todo esto en voz baja. Lo digo siempre: una buena crítica negativa sería bienvenida, pero el berrinche de un señoro no nos quita el sueño a estas alturas.