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lunes, 21 de abril de 2025

#hemeroteca #gais #testimonios | Álvaro Pombo, Premio Cervantes: "Ser gay es un don de Dios, pero algunos gais pueden ser muy pelmas"

Álvaro Pombo en su casa del barrio de Argüelles, Madrid //

Álvaro Pombo, Premio Cervantes: "Ser gay es un don de Dios, pero algunos gais pueden ser muy pelmas"

Aunque postrado en la cama, encara esta entrevista con una dignidad que estremece. Este miércoles recogerá el máximo galardón de las letras hispánicas. "Estoy hecho unos zorros. Es imposible estar más asqueroso que yo".
Jaime Cedillo | El Español, 2025-04-21
https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20250420/alvaro-pombo-premio-cervantes-gay-don-dios-gais-pueden-pelmas/1003743716507_0.html 

"Estás delante de un muerto viviente". Apenas un hilo de voz sostiene la frase con la que nos saluda el escritor y académico Álvaro Pombo (Santander, 1939) en su casa madrileña. Rodeado de libros, maquetas de veleros, medallas que nos recuerdan sus años como atleta de medio fondo y hasta una fotografía en la que recibe un premio de manos de Esperanza Aguirre, ve pasar la vida mientras se acerca el 23 de abril, día en que recogerá el Premio Cervantes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.

"Eso si no me da un supiritaco y me tienen que llevar en un catafalco", bromea desde la cama, emplazada en el habitáculo más espacioso del piso, sin perder un ápice de su proverbial sentido del humor. La turbadora imagen del ganador del Premio Planeta y del Nadal, entre otros reconocimientos, nos transporta a una viñeta que muchos conservarán en su imaginario: el grabado de Jaime Pahissa Laporta, datado en 1897, en el que Don Quijote aparece tumbado en el catre, con un crucifijo en el vientre, debatiéndose con la locura en sus horas postreras.

Aunque transfigurado en el ‘alter ego’ de Cervantes, Pombo mantiene intacta su lucidez. Exquisito en el trato y sonriente a pesar de los achaques, sigue siendo un conversador iluminado y de afilada retranca.

A los pies del lecho desde el que nos atiende, nos interesamos por su fragilísimo estado de salud, sobre el que no escamotea apenas detalles: "Estoy hecho unos zorros, cojitranco y muchas cosas más. Es imposible estar más asqueroso que yo". Lo dice mientras sostiene un ejemplar de ‘Protocolos (1973-2003)’, su poesía reunida en la edición de Lumen. "Estoy contento con mis poemas", admite. Y, entre risas, añade: "Tengo los poemas que a Cervantes no quiso darle el cielo".

Pregunta. ¿Cómo lleva el enclaustramiento, siendo tan apegado a la vida?
Respuesta. Bueno, en los últimos años también he tenido mucho apego por estar encerrado en casa. Por mi condición de vida, el enclaustramiento no me ha causado grandes problemas porque sigo haciendo lo mismo y desde entonces he escrito dos o tres novelas. Luego este ha sido un año muy premiado, pero también muy machacado…

P. ¿A usted también le parece que el Premio Cervantes le ha llegado tarde?
R. No, me ha llegado bien. Ahora estoy disfrutándolo, aunque soy una persona mayor. En realidad, es buen momento porque el premio me ha impulsado un poco para arriba.

P. Toma el relevo de Luis Mateo Díez, uno de los que, casualmente, propuso su candidatura a la RAE, donde ingresó en 2004.

R. Sí, junto a Luis María Anson y Paco Rico. Se lo agradecí mucho a los tres. Siempre he sido muy amigo de Luis Mateo. Además de ser un buen escritor, es muy buen tío. Porque también se puede ser un buen escritor y un mal tío.

P. ¿Qué va a hacer ahora con 125.000 euros?
R. Comprar el puerro, la manzana... sobrevivir. No pienso gastarlo en viajes ni nada parecido. Los escritores hemos vivido siempre muy en precario. Salvo gente como Don Arturo [Pérez-Reverte], Umbral y muy pocos más que han tenido más dinero, más suerte, más ojo…

P. Creo que su discurso irá por esa senda, la de la fragilidad del escritor, a propósito del Licenciado Vidriera [protagonista de la novela homónima de Cervantes].
R. Sobre todo voy a hablar de la fragilidad física de Cervantes, que estaba ‘machacao’. En lugar de buscar una sinecura, que es lo que hacían los frailes, el ‘chalao’ se metió en el ejército y lo primero que hicieron es pegarle un tiro.

P. Ahora llega a las librerías ‘Doña Mercedes o la vida perdurable’, un guion radiofónico que se emitió en 1985. ¿Por qué ha elegido esa obra para la colección del Fondo Cultura Económica?
R. Porque estuvo un año en las ondas. Con todo el grupo de Radio Nacional de España, que eran muy buenos actores. Lo que pasa es que nos hemos medio muerto todos ya.

P. Sus textos para el teatro, el cine y la radio son mucho menos conocidos que sus novelas. ¿Le queda esa espinita?
R. A mí me quedan pocas espinitas. La pasta me vendría bien, pero apenas tengo espinas.

P. Esta pieza nos recuerda lo importante que ha sido para usted la oralidad, aunque en su caso no le influyeron los relatos que se contaban a la luz de la hoguera.

R. No. Eso es de Luis Mateo, José María Merino y Juan Pedro Aparicio, que tenían el filandón, esas reuniones de oralidad comunitaria. Pero mi oralidad es la de la viva voz, contar las cosas como lo estamos haciendo ahora. Estas entrevistas normalmente quedan bien porque yo te cuento las cosas a mí manera y tú luego lo apañas, ¿no?

P. Claro. Lo que ha hecho usted es dictar sus textos, ¿no?
R. Sí. Lo he hecho muchas veces con Iñaki Laguna Aparicio, al que conozco desde hace diez años. Es monitor de gimnasia y un excelente mecanógrafo. Ha copiado literalmente seis de mis libros.

P. ¿Ahora está escribiendo algo?
R. Un libro: ‘Ficciones autobiográficas’, lo tengo casi entero. También escribo todos los viernes para ‘El diario montañés’ de Cantabria. Me divierte mucho esto, tengo 25 o 26 artículos ya publicados [estos los transcribe Mario Crespo, que se encuentra en la casa durante la entrevista. Crespo es académico correspondiente de la RAE y comisario de la exposición ‘Álvaro Pombo. Una narrativa de la fragilidad. Homenaje al Premio Cervantes 2024', de la Universidad de Alcalá de Henares].

P. ¿Y qué ha sido de ese texto en el que quería reflexionar sobre "la homosexualidad como don de Dios"?
R. [Risas] Bueno, al final no lo he publicado. Yo creo que sí es un don de Dios; si no, ¿qué coño va a ser? ¿Tú crees que un homosexual es un monstruo? Pues no. Claro que no lo es, se ponga como se ponga el cura o el papa. ¿Qué es, entonces, una rareza? Pues eso, un don de Dios, y puede ser un don satánico, como pueden ser todas las pasiones incontroladas. Son personas quizás especiales… [piensa durante unos segundos] y pueden ser muy pelmas. Es que los gais pueden ser muy pelmas.

P. A usted nunca le gustaron las caravanas del Orgullo...
R. No, no, no, a mí esas exhibiciones no me gustan, pero esas son otras circunstancias… Un buen homosexual es un buen hombre, como he contado en algunos de mis libros.

Una punzada de dolor que corresponde esta vez a la espalda interrumpe la declaración. Más tarde, un ligero ataque de tos nos hace temblar. Segundos después, tras reponerse, propone fumar un cigarrillo. "Mario, ¿le damos a este chico un poco de café?", pregunta. "No se preocupe, acabo de tomarlo". Pero insiste: "Este es especial, es un licor de café muy bueno". "Agradecido, entonces". Y retomamos la conversación:

P. También ha definido a Dios como una "ficción divina y suprema".
R. Este sí que es un asunto que no he resuelto. La cuestión es que es muy complicado imaginarse a Dios o pensar en Dios. Para hablar de Dios yo utilizo la "ficción suprema". Lo más interesante de este concepto es que incluye la ficción. Para los grandes teólogos, Dios no deja de ser una ficción.

P. O sea, ¿le seduce más lo que tiene de literario que lo religioso?

R. Me seduce lo que tiene de teológico... La cuestión es que no lo sé bien, ¿sabes?

P. Pero ¿han sido la filosofía y el cristianismo sus pilares más sólidos?

R. La filosofía me ha interesado toda la vida, pero yo soy un cristiano viejo si rascas un poco. Quizás no católico… Judío, diría que soy. Sí, yo soy un judío converso [susurra con una sonrisa pícara]. Yo soy un Pombo de Villada [municipio de Palencia]. En el siglo XVI éramos muy judíos: éramos comerciantes... Bueno, mírame el perfil.

P. El filósofo José Antonio Marina, amigo suyo, habla de su literatura como una pugna entre la luz y la oscuridad, lo luminoso y lo sombrío. Si tuviera que hacer balance, ¿qué cree que ha prevalecido?
R. Al final de la vida, prevalece la luz: la del cielo, la del mundo.

Más allá de lo metafísico, uno de los centros gravitatorios de su obra, es innegable el compromiso de Pombo con la realidad de su tiempo. Como columnista y tertuliano, el autor de ‘Contra natura’ (2005) ha examinado las cuestiones sociales con una mirada agudísima, mientras que su caleidoscópica personalidad ha suscitado a veces desconcierto, como cuando se posicionó en contra del matrimonio homosexual.

Inició su aventura política en las elecciones generales de nuestro país en 2008. Encabezando la lista del partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD) al Senado por la Comunidad de Madrid, fue uno de los personajes más mediáticos del proyecto de Rosa Díez.

P. ¿Un escritor debe ser comprometido?
R. No lo creo. Tiene que comprometerse con su obra, con su trabajo. Pero, hombre, ¿cómo no voy a estar comprometido con la vida? De todos modos, ¿qué tendría que hacer para ser más comprometido: meter a los inmigrantes en mi casa? Pues no lo sé...

P. En todo caso, ¿qué recuerdo guarda de aquellos años?
R. Mi época más política fue la de UPyD. Después de tres legislaturas me fui porque no soy político.

P. Sin embargo, algunas de sus intervenciones son muy recordadas.
R. Sí, pero no tenía vocación.

P. A estas alturas, ¿le da miedo la guerra comercial de Trump y el rearme de Europa o esto le queda muy lejos?
R. Bueno, como empiecen a subir el precio de las patatas… Queda lejos en el sentido de que no vamos a comprarnos coches de alta gama, pero lo de los aranceles puede acabar afectándonos en cosas muy elementales: el precio de los periódicos, los salarios de los empleados… Lo que pasa es que todavía no lo tenemos encima.

P. La muerte es absurda, ha manifestado en alguna ocasión. Un sinsentido...
R. La muerte de los demás es lo que es terrible: la de las personas que he conocido y he querido. El problema es la soledad, más que mi propia muerte. Unamuno decía: "Mi muerte es incomprensible". Nos parece incomprensible la muerte propia, pero la mía llegará un buen día y ‘patapum’, a tomar por saco.

P. Dice que se hace cargo de la muerte "creando sentido" en su vida. ¿Cómo lo hace en esta situación?
R. Lo tengo muy fácil: me dedico todos los días a escribir y a estar con mis amigos.

P. ¿Vienen a verlo?
R. Unos cuantos, tampoco tengo una masa informe [risas]... Pero vienen y charlamos, sí.

P. ¿Cómo le gustaría ser recordado?
R. Pues por algún libro bonito. Quizás por ‘Donde las mujeres’ (1996), que tenía mucha gracia.

P. O sea, ¿por su obra más que por su personalidad?
R. Sí, creo que sí, aunque también me gustaría que me recordasen mis amigos porque fui un hombre bienhumorado.

jueves, 4 de abril de 2024

#hemeroteca #psiquiatria | Mercedes Navío: «Temo más a los cuerdos que a los locos»

Ethic / Mercedes Navío //

«Temo más a los cuerdos que a los locos»

Elena Herrero-Beaumont | Ethic, 2024-04-04

https://ethic.es/2024/04/entrevista-mercedes-navio/

Mercedes Navío es una reconocida psiquiatra, que hoy dirige los hospitales de la Comunidad de Madrid y coordina la Oficina Regional de Salud Mental. Estudió medicina en Granada, donde se doctoró en Psiquiatría y Neurociencia. Pero ha sido en Madrid donde ha desarrollado su carrera profesional, como jefa de sección de Psiquiatría del 12 de Octubre, entre otros cargos. Ha realizado estancias de investigación en el extranjero para profundizar en fenómenos como la creciente ansiedad, la depresión y el suicidio. Tiene una marcada vocación por la filosofía y la literatura, que impregnan su discurso. Su último libro ‘Felices los normales. Memorias de una psiquiatra’, es una memoria ficcionada y un diálogo entre su historia como terapeuta y la de aquellas personas recreadas que la han marcado. Un libro que pretende, desde la humildad de su autora, revelar una posible respuesta a la eterna pregunta: qué hace que una vida merezca ser vivida.

P. Cuéntanos y descríbenos qué es para ti un normal feliz.

El libro es una invitación desde una ironía tierna y cervantina a reivindicar lo antitético de la felicidad y la normalidad. Es un intento de que el ideal de felicidad imperante hoy, que de alguna forma puede llegar a ser tiránico, no sea el que describen las historias que trato de entrelazar. Yo creo más en la invocación de la especificidad y la singularidad de cada persona, y en el sentido que eso confiere al ser humano, más que en la aspiración inhumana de una felicidad como estado permanente y absoluto de bienestar.

P. Escribes en uno de los capítulos que a veces la muerte social es peor que la física, que no encuentras tu lugar en el mundo, que no hay sitio para ti, que no cabes. Esta experiencia de sentirse al margen, de no ser como los demás, la transmites de una forma u otra a lo largo de todo el libro. ¿No crees, como psiquiatra, que es una experiencia común?

Creo que es una experiencia consustancial a la condición humana, sobre todo en algunas etapas de la vida, en aquellas en las que estamos conformando y construyendo nuestra identidad, en la adolescencia y juventud. Aunque el grado de experimentación en determinados márgenes es especialmente doloroso. Con esto no quiero hacer un planteamiento victimista, porque la gran seducción de los relatos victimistas es una forma de permanecer en una situación de alienación, y de no poder construir un proyecto propio. Creo que el trabajo existencial de la mayoría de nosotros, y particularmente de aquellas personas que han tenido experiencias más cercanas a lo traumático, es la de transitar desde ese lugar en el que perdemos la palabra, que es el lugar de víctima, hasta el lugar de superviviente, que es aquel en el que nos apropiamos del proyecto propio y en el que llegamos a poder construir con los demás un proyecto existencial con sentido.

P. «Estar en los márgenes exige no bajar la guardia, estar siempre vigilante», dices. ¿Has aprendido a vivir en los márgenes y a la vez ser feliz?

Yo creo que vivir o haber vivido en los márgenes te da una hondura en el conocimiento del ser humano y de uno mismo que permite construir un sentido más profundo. Los márgenes, esos lugares híbridos, esos lugares de mestizaje, esos lugares en donde tomas especial conciencia de que no eres un alma bella en el sentido Hegeliano, que habitan en ti claroscuros, que en definitiva también está en ti la fragilidad, es paradójicamente fuente de fortaleza. Desde mi entender creyente (me considero una persona creyente) creo que ha sido un regalo de humildad en un sentido bueno, en un sentido noble, no en el sentido de la falsa modestia. Me ha hecho de alguna forma poder sentir más la bondad, esa que no te coloca en una situación de superioridad moral con respecto a los demás, esa que te permite poder sentir compasión auténtica por el sufrimiento de los demás y por el tuyo propio.

P. Vivimos en momentos donde las políticas de la identidad han ganado un protagonismo frente a la responsabilidad personal, la autonomía, la libertad en clave liberal. Desde la perspectiva de la salud mental, ¿cómo dirías que esta obsesión por la identidad de las víctimas está afectando al bienestar de las nuevas generaciones?

Vivimos un momento en el que nadie quiere ser una víctima, pero todos quieren haberlo sido por el prestigio social que esta identidad ha adquirido. Yo creo que es muy dañino por cuanto es epidérmico, impostado, es algo que no se arraiga profundamente en quién eres y en el sentido de tu propio propósito. En los ejercicios de memoria victimista nos olvidamos de una frase de Saramago: «Somos memoria, sin memoria no seríamos, pero sin responsabilidad no merecemos ser». Yo soy una defensora de la tradición clásica liberal, que nos hace autónomos, pero también nos hace profundamente responsables de nuestra propia existencia. No existe libertad sin responsabilidad, y la gran trampa que han dado estas identidades epidérmicas es una trampa muy seductora pero completamente vacía. Esto a las nuevas generaciones les está haciendo especialmente daño. Hay muchos sucedáneos, muchos falsos profetas que son como una especie de gran hermano en el que te miras permanentemente, porque las redes sociales han traído una mirada tiránica, una mirada que te obliga a la aspiración de un ideal falso y completamente tirano, de perfección, de belleza... esa mirada del otro, de la que somos tan dependientes, sobre todo en las etapas en que nos estamos conformando, está haciendo mucho daño. No soy pesimista en absoluto, creo que cada generación tiene sus amenazas, sus retos y también sus fortalezas. Y estoy convencida de que también esta generación encontrará de manera personal sus proyectos.

P. En el capítulo «El mundo de ayer» expresas tu resistencia a pertenecer a colectivos y subrayas de alguna forma no explícita tu carácter liberal, que te acerca a todos, pero sin pertenecer a ninguno. Sin embargo, ahí siempre se trasluce un dolor, ¿es ese sufrimiento del que tanto queremos huir consustancial a esa libertad?

El dolor existencial es un dolor consustancial a una vida que tiene límites. Negar el dolor es lo que genera más sufrimiento. Cuando yo digo que no pertenezco a ningún colectivo y que en ese sentido reivindico la visión liberal del mundo, me siento identificada con la tradición liberal de la Tercera España de Unamuno o Marañón, por poner solo dos ejemplos de nuestra herencia específica. Somos seres humanos que necesitamos de los demás. No me considero una persona perteneciente a la religión del individualismo, tampoco me siento en el lugar en el que terminas siendo rehén de aquellos que dicen haberte salvado. Soy ‘arendtiana’ y, como Hannah Arendt, el único amor en el que creo es el amor a las personas o la amistad entre las personas. Mi planteamiento no es individualista y tampoco es colectivista. Es un planteamiento que reconoce la dignidad del ser humano y la necesidad de vincularse significativamente con el resto de personas porque ninguno de nosotros es autosuficiente. Ninguno de nosotros somos un falso dios, si vale la expresión o la metáfora.

P. John Stuart Mill, hablando de liberales, confesó que su gran asignatura pendiente era poder relacionarse mejor con sus emociones. Cuando hablamos de bienestar o de felicidad, ¿qué camino te parece a ti más efectivo para alcanzar una mayor felicidad, para alcanzar un mayor bienestar? ¿El de la filosofía y el pensamiento, la psicología, o la espiritualidad y el silencio?


En mi camino personal no he renunciado a ninguna forma de exploración, y he bebido de lecturas filosóficas, y también psicológicas y psiquiátricas que en absoluto son mutuamente excluyentes. El legado de Aristóteles y la sabiduría de la prudencia en la articulación de lo racional y lo emocional es un camino transitable, que recoge la riqueza del ser humano en su dimensión más racional, en su dimensión emocional y también espiritual. Este sentido de la trascendencia, que en mi caso es confesional, es una fuente de sentido que a mí me ha salvado. Adela Cortina hablaba de la razón cordial, yo creo que es una evolución muy sugerente de transitar desde el racionalismo kantiano a la incorporación de la emoción. No me resigno a tener que elegir entre razón y emoción. Me quedo con un maridaje de ambas que te dé norte pero que no renuncie a la dimensión sensible de la vida y a esa fuente también de riqueza.

P. Ahí es donde veo un movimiento que se ha impuesto, desde la psicología y desde la autoayuda, que ahonda mucho más en la cuestión emocional que en el pensamiento y la racionalidad, y que también tiene sus peligros...

Yo ahí tengo una visión pragmática. Lo que pueda ser útil, bienvenido sea, pero se queda corto porque no desciende a la fundamentación, a la base, a la raíz, a la complejidad del ser humano. Se queda en lo epidérmico y de alguna forma se convierte demasiadas veces en un bien de consumo. Los seres humanos no podemos ser reducidos a ser objeto de consumo. Por eso es importante descender a las bases de fundamentación de arraigo más profundas, no descartando lo que puede aportar en un momento dado una autoayuda, pero sabiendo que lo que estás abordando es un síntoma y que muchas veces lo que nos estamos jugando es algo mucho más profundo. En este sentido, cuando escribía el libro, recuerdo decir, «este no es un libro de autoayuda».

P. «Siempre me han dado más miedo los cuerdos que los locos», dices, y citas la teoría de la banalidad del mal de Hannah Arendt, donde el mal brota no de la locura, sino de la falta de pensamiento. ¿Puedes elaborar un poco más la idea de que el mal y la enfermedad mental tienen existencias independientes?


Cuando digo que temo más a los cuerdos que a los locos, lo que estoy diciendo es que allí donde hay certezas absolutas, allí donde hay visiones unidimensionales del ser humano y del mundo, allí donde podemos encontrarnos maximalismos, sectarios o fanáticos, allí muchas veces lo que hay no es cordura. Es una expresión sociológica de una locura colectiva. Cosa diferente es el concepto de enfermedad mental, y está basado en datos y hechos que las personas con problemas de salud mental, la mayoría de las veces, lejos de ser victimarios, son víctimas.

P. La dialéctica, la contradicción, la duda son otros temazos del libro que están muy presentes. ¿Cómo mantenemos esa duda permanente, Mercedes, sin caer en el actual relativismo moral que lo permea todo?

Antes existían valores de referencia que llegaban a ser, de alguna forma, de un imperativo, incluso de un represivo, que no dejaban brotar la singularidad del ser humano. En ese ejercicio de deconstrucción moral hemos abandonado el justo medio, y hemos llegado a un relativismo moral que desnorta, porque si todo vale no hay nada en donde apoyarse. Hay una nostalgia de esas grandes referencias, y soy la primera en reivindicar lo valioso de las herencias que hemos recibido para poder hacerlas nuestras y entregar el testigo a las nuevas generaciones. Pero hay que ser especialmente prudente con esa nostalgia, porque detrás de épocas de relativismo moral se prepara el retorno de nuevos fundamentalismos que históricamente han demostrado ser semilla de barbarie y de deshumanización.

P. Tenías 20 años cuando en 1989 Mecano lanzó la famosa canción ‘Mujer contra Mujer’, y tenías 21 cuando la OMS excluyó la homosexualidad de su listado de enfermedades mentales. En esa época el 50% de la población española no aceptaba la homosexualidad, ¿nos estamos yendo ahora al otro extremo?

La discriminación del ser humano en función de una condición no elegida ha vivido afortunadamente una evolución en la que se han ido pudiendo reparar injusticias. Dicho esto, los agravios que se han sufrido, que han generado mucho dolor en muchas personas, no deberían ser la excusa para articular algo que pudiera parecerse a la venganza y el resentimiento. Igual que la represión es muy dañina porque deshumaniza, los planteamientos epidérmicos pueden ser fuentes de confusión, y sobre todo en determinadas edades en las que estás construyendo tu propio proyecto existencial. Es responsabilidad de todos que nadie sienta que no cabe o no pertenece. Pero también es responsabilidad de todos que nadie pueda confundirse en esa etapa y pueda asumir de alguna forma ideales que no son propios y que a la vuelta del tiempo puedan ser vividos también como dolorosos y dañinos. La represión daña, ha dañado y seguirá dañando, pero a veces se puede hacer daño por omisión, que supone guardar silencio en ese momento de transición a la edad adulta donde hay confusión.

P. Has hablado de condición no elegida. ¿Uno elige o no su sexualidad?

La homosexualidad no se elige, al menos en mi experiencia no la he elegido. Pude elegir, y no sin dificultad, la posibilidad de dejarme ser quien era, de poder adueñarme de quién era. Y ese camino no fue sencillo, pero afortunadamente fue. Probablemente aquí hay un planteamiento de diferencia generacional que de alguna forma se me pueda escapar. Pero las elecciones autónomas y responsables requieren un nivel de autoconciencia y de proceso de maduración que sí puede ser universal. Me parece difícil que pueda haber un planteamiento impuesto que logre efectivamente que una persona sea quien no es. Los planteamientos represivos hicieron daño, pero no lograron convertir a una persona en lo que no era ni podía ser. Estoy pensando ahora en Álvaro Pombo, cuando hablaba de su propia experiencia y de un orgullo incluso teológico, decía él, en una dimensión creyente de cristiano sin Iglesia.

P. Quería terminar esta entrevista preguntándote si puedes compartir con nosotros tus tres pensadores o pensadoras de referencia.

Hannah Arendt, y si nos vamos al pensamiento más español, Ortega, Zubiri… Y pensando en pensadores relativamente recientes, María Zambrano.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

#hemeroteca #gais #homonormatividad | Por un estilo gay contra ‘lo gay’

El País / Fotograma de 'Rojo, blanco y sangre azul' //

Por un estilo gay contra ‘lo gay’

Todas las historias que veo y leo con avidez son insatisfactorias por su deseo de integrar con calzador al homosexual en la vida contemporánea, occidental y capitalista
Juan Gallego Benot | Babelia, El País, 2023-12-06
https://elpais.com/babelia/2023-12-06/por-un-estilo-gay-contra-lo-gay.html 

Mi generación fue de las primeras en toparse con gays en las series y en los libros sin tener que buscarlos. Nada de librerías especializadas ni de videoclubes: durante mi infancia vi que la tele incluía personajes homosexuales como un emblema de modernidad en la España del pelotazo y del matrimonio gay (‘Física o química’, ‘Aquí no hay quien viva’...). En menos de 20 años, esa representación se ha extendido tanto como la imaginación del mercado. En las plataformas hay comedias románticas navideñas gays, dramas nórdicos de gays y películas basadas en novelas gays en las que príncipes ingleses gays se casan con el hijo bisexual de la presidenta de Estados Unidos. Como es de esperar, todas estas historias que veo y leo con avidez son profundamente insatisfactorias por su deseo de integrar con calzador al gay en la vida contemporánea (occidental, capitalista).

¿Es eso lo que queríamos? Paco Vidarte o Shangay Lily responderían que no. Hay esfuerzos por hallar una identidad que huya de esta asimilación, como el reciente libro 'Maricas malas', de Christo Casas, que intenta encontrar al sujeto que escapa de esa representación y mantiene su disidencia. La clave es si esa disidencia es algo que pueda debatirse en términos morales o si en ocasiones se convierte en una pose estética. Es decir, ¿se puede querer ser ‘buena marica mala’? Un gay blanco, con estudios universitarios, que viva en una gran ciudad, como yo mismo, difícilmente puede ser disidente. Y la disidencia, en ocasiones, se convierte en una imagen de la que el mercado se aprovecha. Me parece lógica e inevitable la crítica de Casas a la figura del ‘buen gay’, aquel que cabe en la representación y que copa el hueco de la diversidad con su réplica de los privilegios heterosexuales, pero ya hay productos culturales que recrean tipos de “lo LGTBI” de forma rentable, y en los que la diversidad se convierte de forma inevitable en un reclamo publicitario, por muy elaborado que sea el guion o por muy bien que estén dibujados los personajes: véanse ‘Pose’ o 'Euphoria'.

En su lugar, encuentro más ágiles las estrategias de una serie de obras que plantean formas estilísticas, que no temáticas, para escapar de lo asimilado. La obra del escritor chileno Pedro Lemebel, por ejemplo, presenta la disidencia como una forma de habla casi dialéctica. La novela de culto ‘La vida perra de Juanita Narboni’, de Ángel Vázquez, hace algo similar, desde el Tánger del primer franquismo, y usando la voz de una solterona amargada. Las posibilidades son muchas, pero todas tienen algunos aspectos en común. En el año 2005 se publicó en España ‘Contra natura’, de Álvaro Pombo, una novela cruel y ácida sobre la(s) homosexualidad(es). Sus personajes se caracterizan por la desigualdad fundacional: los separa la edad, la belleza, la educación y la clase. Aunque los ciclos del deseo los reúnen, pronto queda claro que estas desigualdades configuran su propia experiencia gay. Y esta cuestión dinamita cualquier noción de comunidad. Las múltiples digresiones y una sintaxis compleja imitan esa frustración en un baile enrevesado de voluntades e inevitabilidades lujuriosas. La conclusión es efectiva: para Pombo, la homosexualidad es múltiple, inevitable e insuficiente; está marcada por todo lo anterior pero no desaparece en ningún momento.

En consonancia, el autor anunció en televisión su rechazo a la aprobación del matrimonio gay, en pleno debate en la época. Aunque entonces suponía alinearse con posiciones reaccionarias, el escritor estaba motivado por una visión similar a la que hoy defiende Christo Casas. Para Pombo, el homosexual no podía entrar en la rueda familiar ya que su estado ‘contra natura’ era no solo una cuestión legal, sino un eje fundamental de su propia definición. El matrimonio vendría a ser una ficción, un engaño estatal que pretendía ‘tapar’ al homosexual. Aunque Casas denuncia esa misma estrategia —si bien indica que el matrimonio homosexual deberá ser un derecho mientras lo sea el heterosexual—, la identidad alternativa que propone parece dirimirse en la disidencia como categoría suficiente. Y sospecho, como decía, que incluso esa disidencia terminará siendo integrada (domada, higienizada) en algún momento, si es que no lo está siendo ya.

Sesenta años antes que Pombo, Jean Genet inventó otro estilo para evitar la definición moral de la identidad, de la que quizá el mejor ejemplo sea el recientemente reeditado, sin censura, 'Diario del ladrón'. Esta autobiografía hiperbólica defiende una forma antiburguesa que evita la lectura de fácil digestión. Consciente, hasta en épocas en las que la homosexualidad era penada, de que la forma tenía que intervenir en la relación entre raza, sexualidad y clase, Genet escribió a contrapelo de la novela como género, para emborronar y destruir cualquier similitud con este. Su explicitud salvaje es en realidad una cuestión de estilo, no de tema.

James Baldwin insistió en ello en ‘La habitación de Giovanni’, obra en la que la homosexualidad es asunto relevante porque supone un riesgo para la posición social de su protagonista. Los ejemplos se multiplican: ‘Té y simpatía’, la película de Vincente Minnelli donde no aparece ni un solo homosexual, es quizá el ejemplo más radical de que lo gay no necesita aparición identitaria para constituir una forma, y a finales de diciembre la directora Emerald Fennell estrena 'Saltburn', en la que busca tratar la seducción como un asunto de clase. La forma tal vez sea una manera de trabajar con ‘lo gay’ a partir de sus contradicciones, puesto que no parece tener salvación como disputa identitaria contra el mercado.

domingo, 5 de noviembre de 2017

#hemeroteca #testimonios #gais | Álvaro Pombo: "Estuve técnicamente muerto dos días por un cólico miserere"

Imagen: El Mundo / Álvaro Pombo
Álvaro Pombo: "Estuve técnicamente muerto dos días por un cólico miserere".
José María Robles | Papel, El Mundo, 2017-11-05
http://www.elmundo.es/papel/cultura/2017/11/05/59fe0178468aebe7458b45ef.html

De alguien cuyo apellido se corresponde con la onomatopeya del tambor sólo cabe esperar eso: un redoble de genialidad tras otro. Ni siquiera la convalecencia que le retiene en su casa aplaca al Premio Planeta, Académico de la Lengua y ex candidato de UPyD. Aquí el escritor habla de sexo, religión y las 48 horas que estuvo vitalmente «desahuciado».

P. ¿Cuál es su primer recuerdo?
R. Mala pregunta. No hay ningún primer recuerdo fenomenológicamente hablando, hay conjuntos emocionales y cognitivos. En este caso, mencionaré salir en Santander a pescar maganos.
 
P. ¿Qué imagen usa como fondo de pantalla del móvil?
R. No lo sé. La que viene de fábrica.
 
P. ¿Qué rasgo le irrita más de usted?
R. La impaciencia.
 
P. ¿Qué rasgo le irrita más de otras personas?
R. La cobardía.
 
P. ¿Cuál es su mayor miedo?
R. Acobardarme a consecuencia del dolor físico.
 
P. ¿Cuál es el momento más embarazoso que ha vivido?
R. El momento más ridículo suele ser cuando tarareo a Brahms entre mis amigos.
 
P. ¿Qué es lo que menos le gusta de su aspecto?
R. La falta de una buena musculación.
 
P. ¿Qué es lo más caro que ha comprado, aparte de su casa?
R. Una bicicleta híbrida de 1.200 euros que me robaron en la Facultad de Periodismo.
 
P. ¿Cuál es su costumbre menos confesable?
R. En su día morderme las uñas y hacerme paja tras paja. Ahora, masturbarme demasiado poco porque no me empalmo con la antigua frecuencia.
 
P. ¿Qué libro le cambió la vida?
R. 'Cincuenta poemas franceses' de Rilke, traducidos por José María Valverde.
 
P. ¿Cuándo ha sido la última vez que ha llorado?
R. Antes de ayer, al pedir perdón por un acto de impaciencia y mal humor injustificados.
 
P. ¿Qué es lo peor que le han dicho?
R. ¡Maricón!
 
P. ¿Cuál es su bien más preciado?
R. Ser maricón.
 
P. ¿Cuál es el primer deseo de su lista?
R. Una vida larga, laboriosa y lúcida.
 
P. ¿Cuál es su mayor placer culpable?
R. No tengo placeres culpables. Todos son legítimos.
 
P. ¿Qué le debe a sus padres?
R. A mi padre, el careto Pombo. A mi madre, la mirada clara y firme. El entusiasmo incesante.
 
P. ¿Cuál ha sido su mayor decepción?
R. El presidente Puigdemont.
 
P. ¿A quién le gustaría pedir perdón y por qué?
R. Tengo el hábito de pedir perdón, sin el cual no hay vida moral o espiritual que se sostenga.
 
P. ¿Qué le despierta por las noches?
R: Me despierto entre tres o cuatro veces. Es el yo ocurrente desbocado y nocturno. La noche me despierta por las noches.
 
P. ¿Cuál es su olor favorito?
R. Las jaras.
 
P. ¿Cómo vive el amor?
R. Con gran entusiasmo.
 
P. ¿A quién invitaría a la cena de sus sueños?
R. A nadie, porque nunca ceno fuera y mi cena ideal es a las ocho de la tarde con los amigos de siempre.
 
P. ¿Qué palabra o latiguillo usa con más frecuencia?
R. Atención, momento y '¡anima naturaliter christiana!'.
 
P. ¿Cuál es el peor trabajo que ha hecho?
R. Ninguno. El peor trabajo es no tener trabajo.
 
P. ¿Qué superpoder le gustaría tener?
R. La luz de Cristo.
 
P. ¿Qué le ayudaría a mejorar su nivel de vida?
R. Un buen Premio Cervantes, rapidito, aunque sea compartido: entre 500.000 y 600.000 euros en metálico. Me vendría de cine.
 
P. ¿En qué momento ha estado más cerca de la muerte?
R. Hace año y medio, con el cólico miserere, técnicamente muerto dos días y desahuciado.
 
P. ¿Cómo suele relajarse?
R. Oyendo el canal Mezzo de Movistar+, sobre todo los cuartetos, quintetos, etc. Mejor que orquestas o ballet u ópera. Música pura sin representación visual.
 
P. ¿Con qué frecuencia practica sexo?
R. Con ninguna.
 
P. ¿Qué canción le gustaría que sonase en su entierro?
R. Una guitarra poniendo música a un romance mío: 'Era otoño madre / que no sé volver / sol en los zarzales...'
 
P. ¿Cuál es la mayor lección que le ha enseñado la vida?
R. Heidegger: el hombre es un ser-para-la-muerte. Versus: el hombre es un ser para la vida. Para la gloria.
 
P. ¿Dónde le gustaría estar en este momento?
R. Donde estoy ahora mismo, escribiendo esto, en mi casa.

sábado, 17 de octubre de 2015

#hemeroteca #politica #literatura | Álvaro Pombo: "Apoyé a Rosa Díez, pero votaré a Ciudadanos. El voto a UPyD es casi perdido"

Imagen: Vozpópuli / Álvaro Pombo
Álvaro Pombo: "Apoyé a Rosa Díez, pero votaré a Ciudadanos. El voto a UPyD es casi perdido".
El escritor Álvaro Pombo presenta nueva novela. Aunque está convaleciente tras una peritonitis, Pombo no puede lucir mejor. En una conversación divertida y afilada, Pombo cuenta a Vozpópuli no sólo sobre esta nueva entrega literaria, sino también sobre política.
Karina Sainz Borgo | Vozpópuli, 2015-10-17
http://vozpopuli.com/ocio-y-cultura/69954-alvaro-pombo-apoye-a-rosa-diez-pero-votare-a-ciudadanos-el-voto-a-upyd-es-casi-perdido

Álvaro Pombo no tiene el aspecto de quien se recupera de una peritonitis. Al contrario, parece tocado por una segunda y más obstinada juventud. Y aunque el susto lo llevó al quirófano -estuvo dos días en un coma inducido-, el escritor se mueve ahora sin cortapisas por la sala de estar de ese bote fondado que es su casa en Argüelles. Un lugar donde abundan los libros y los grabados de veleros.

El objetivo de esta entrevista es hablar de la más reciente novela del escritor: 'Un gran mundo', publicada por Destino, y en la que Álvaro Pombo hace un retrato de la España franquista de los años cincuenta y sesenta a través de Elvira, un personaje de los que pueblan su inmenso universo femenino y que le servirá como instrumento para desmontar una sociedad frívola a la vez que opresiva, además de clasista y conservadora.

Excéntrico, provocador y creador de un universo narrativo que se sujeta en la memoria y la identidad, Álvaro Pombo (Santander, 1939) gusta del ruedo político. Es un militante. Un personaje activo. Tanto en 2008 como 2011, fue cabeza de lista por Madrid para el senado por el partido político UPyD. En aquellos días, andaba Pombo micrófono en mano pidiendo el voto para Rosa Díez y su agrupación magenta. Hoy, si se lo preguntan no está tan seguro.

“Yo lo veo todo muy complicado. Y si me preguntas ahora, votaré por Ciudadanos”, exclama Álvaro Pombo, como si se tratara de una frase inofensiva. Quien escucha prefiere repreguntar. Por si las moscas. “Vamos a ver -Pombo suspira, derrotista- No tenemos otra opción. Yo apoyé a UPyD, y sería como una traición votar a Ciudadanos, pero el voto a UPyD en este momento es casi perdido, aunque voté a ellos la última vez”, dice el escritor quien inmediatamente agrega: “Ojo que yo sigo formando parte del partido, todavía pago mis cuotas”.

El filósofo y autor de la novela ‘Donde las mujeres’ (Premio Nacional de Narrativa y Premio Ciudad de Barcelona 1997), habla de estos asuntos partidistas con una mezcla de hartazgo, cansancio y algo parecido al despecho simpático. También, claro, dedica el autor buena parte de la conversación a claves de 'Un gran mundo', una saga familiar y a su manera nacional, donde una generación descubre la necedad y frivolidad ahí donde todos veían cosmopolitismo y belleza.

-En 2011 usted encabezó la lista al Senado por Madrid con UPyD, que fue entonces la cuarta fuerza más votada. Cuatro años después, ¿qué fue lo que pasó?
-Pues una desgracia. Yo lo he vivido así, como una cosa muy injusta. UPyD formó una estructura política interesante y fue contra todas las grandes estafas, entre ellas Bankia. Pero como parece que aquí tenemos cabeza de chorlito, nadie se acuerda. Yo siempre he apoyado al partido externamente, me presentaba a senador y todo lo que querían que hiciera para que tuviera el partido tuviera visibilidad, lo hice.

-De ahí a como acabó todo, pues hay un trecho muy grande, ¿no?
-Las elecciones europeas fueron un palo gordo. Ese es el momento en que Podemos sube. Me parece que fue una equivocación no juntarse con Ciudadanos. Eso de empeñarse en no querer confundir las siglas daba igual, porque la verdad es que nos parecíamos mucho.

-Bueno, ya sabe usted que Rosa Díez es mucha Rosa Díez…
-Totalmente, y eso me parece admirable.

-Ya, pero justamente por eso no quiso entrar en aquel asunto.
-Y fue un error. Que una persona que está en política tenga un carácter fuerte me parece que bien, de lo contrario te comen vivo.

-Pero si igual terminaron devorándola.
-Y malamente.

-Insiste en que ha sido injusto el desgaste de UPyD, pero ¿exactamente a qué se refiere?
-Ha sido injusto, terrible y muy largo, una agonía muy larga. Con todas las deserciones. La historia de Sosa Wagner fue muy perniciosa. Es discutible si debió o no de publicar aquel artículo en El Mundo, pero tampoco era para tanto. Era un artículo correcto que no se merecía una reacción tan airada. Allí comenzó una disgregación que se volvió incontenible.

-¿Cómo ve el panorama de aquí a diciembre?
-Yo lo veo todo muy complicado. Y si me preguntas ahora, votaré por Ciudadanos. Yo no siento simpatía por el PSOE, prefiero a Izquierda Unida, mejor dicho prefería a Izquierda Unida. Ahora estamos en una situación en la que no veo a Podemos llegando a hacer lo que dijeron. Podemos está en una gran bajada y además están diciendo tonterías.

-¿Ha dicho que sí votaría a Ciudadanos?
-¿Me está preguntando si votaría a Ciudadanos?

-Usted acaba de decírmelo, sólo quiero cerciorarme de que he escuchado bien.
-Vamos a ver -... Pombo suspira con un cierto derrotismo que empaña su excelente humor-. No tenemos otra opción. Yo apoyé a UPyD, y sería como una traición votar a Ciudadanos, pero el voto a UPyD en este momento es casi perdido, aunque voté a ellos la última vez. Creo que hay que apoyar a un tercer partido, porque está tan ñoño Pedro el Guapo, y Rajoy…

-Vuelve usted a la carga, literariamente. Tras La transformación de Johanna Sansíleri presenta Un gran mundo. En ambas historias reina el engaño: Johana Sansíleri descubre al morir su marido que éste tiene otra familia. Elvira, a su manera ejerce el engaño: es una falsa mujer cosmopolita en una España franquista.

-A diferencia de Elvira, la protagonista de Un gran mundo, Johana Sansíleri, la protagonista del libro anterior, se transforma y se salva de la frivolidad. Porque lo que nos amenaza es la frivolidad. Eso es lo que le ocurre a Elvira. No hay brillantez ni gracia ni don de gentes si no tienes un corazón que ame, al menos a tu gente.

-Se dice en estos días ‘Pombo ha vuelto al universo femenino’. ¿Pero se ha ido usted alguna vez?
-Nunca, la verdad no lo he abandonado. Y tampoco sé por qué dicen eso.

-La narradora de esta novela, la sobrina de Elvira, es la encargada de contar y desmitificar la vida de su tía y con ella a la España de los cincuenta.
-Sí. En el caso de Elvira, ella pertenece a una España como aquella: impostada y falsa. Aquella fraseología falangista, integrista y conservadora. Este personaje, Elvira, está totalmente metida en aquella sociedad de aprovechados. Ahora hay también otros aprovechados, pero me refiero a los de esa época. Eran privilegiados, vivían de aquellos privilegios, formaban parte del régimen. Aquella España, que es la de mi juventud, era muy clasista. Si tenías suerte y estabas con los nacionales y además tenías relación con las clases acomodadas o altas, bien. Y si no: te las apañabas como podías.

-En esta novela hay una paradoja con la idea de apariencia y el valor, de la ruina y la baratija. ¿Qué simboliza exactamente esta tienda de antigüedades de Elvira y Helio?
-Helio, que es argentino, está enamorado de la España que se encontraba entre las ruinas de las iglesias, en los pueblos, en los rastros. En aquel entonces en esos lugares se encontraba de todo, porque España estaba machacada. Podías llevarte cosas magníficas por dos duros. Por ejemplo, los muebles castellanos, pero también grandes armarios del XVII. Luxor, la tienda que se cuenta en la novela, era verdaderamente bellísima. Ocurre que los españoles somos muy perdularios, lo perdemos todo.

-¿La memoria por ejemplo?
-Yo no, desde luego, porque no olvido nada. Pero España padece de una inmensa desmemoria, para bien (porque hay cosas que conviene olvidar) y para mal.

-Toda su obra gira alrededor del mismo impulso: busca la identidad. Opone en los personajes individuales, retratos colectivos. En esta ocurre lo mismo.
-En este caso hay un desmontaje del tinglado. Lo que hace posible es justamente la memoria. La memoria colectiva y la literatura como fuente de reconfiguración, porque se trata de volver a contar la misma historia desde otro ángulo. La tía Elvira era percibida como una mujer importante y distinguida, cuando no era más que una frívola.

martes, 13 de octubre de 2015

#hemeroteca #literatura | Álvaro Pombo: Soy muy feminista

Imagen: El Diario / Álvaro Pombo
Álvaro Pombo: Soy muy feminista.
Carmen Sigüenza · EFE | La Vanguardia, 2015-10-13
http://www.lavanguardia.com/cultura/20151013/54437201119/alvaro-pombo-soy-muy-feminista.html

Apasionado del universo femenino porque considera que la mujer es "más sustancial que el hombre", el escritor y académico Álvaro Pombo vuelve con "Un gran mundo", un retrato del periodo de entreguerras parisino y la alta sociedad madrileña de los años 50 con la mujer como protagonista.

Y con una mujer de alta sociedad, "fascinante y superficial", llamada Elvira, cuya vida es vista por su nieto y dos primas de éste, una de ella que se constituye como la otra protagonista de la novela en segundo plano y la voz narrativa de Pombo.

"Me gustan los retratos femeninos. Los hombres son accidentales, y la mujeres sustanciales, atendiendo el cuadro aristotélico. Soy muy feminista, partidario del feminismo como movimiento creador. Las feministas de las que hablo en mis libros son anónimas", explica a Efe el escritor en su casa madrileña, que bien parece un camarote de barco, rodeado de montañas de libros y cuadros de barcos en altamar.

Y es que la nueva novela de Álvaro Pombo (Santander, 1939) sale a la calle también con la reedición de "Donde las mujeres", una novela con la que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 1997, otro retrato del mundo femenino, de mujeres cultas e independientes, aunque también elitistas y soberbias.

"No es que me haya puesto en la piel de una mujer, sino que la he dado voz -dice-. He vivido rodeado de mujeres toda mi vida, por mi familia y por las que he conocido. Y eran mujeres divertidas e interesantes; en general, a los hombres en conjunto los encuentro pesados, aunque hablo de mi tiempo. No sé como son los jóvenes".

"Sé que tengo más lectoras porque los hombres prefieren un tipo de relato sin tantas complicaciones psicológicas", subraya.

Según el escritor y académico, que está convaleciente de una operación como consecuencia de una peritonitis, "las grandes educadoras sentimentales han sido las mujeres".

"En España tenemos un grupo de mujeres que fue muy importante, las mujeres del Liceo, entre las que se encontraba Zenobia Camprubí, que fue mucho más interesante que su marido, Juan Ramón Jiménez. Él era un pesado, y eso no le quita su grandeza", precisa el autor de "El metro de platino iridiado", Premio de la Crítica en 1990.

Y ese interés por Camprubí le ha llevado a Pombo a estar escribiendo un ensayo "descriptivo" en el que destacará -precisa-, la personalidad poética y sensible de aquella escritora "poética, como Juan Ramón, pero con muchos más quilates afectivos".

"Lo que cuenta en la vida son los afectos y la profundidad de las relaciones, no como para Juan Ramón, para el que lo único importante era la obra", sostiene Pombo.

Pero, como en la mayoría de sus obras, "Un gran mundo", una novela río donde el amor por las palabras y la buena literatura empapan sus páginas, es también un tratado filosófico, una novela llena de idas y venidas y una lupa sobre el ser humano para, por ejemplo, hablar de la voluntad, y todo ello en medio de situaciones duras como la guerra y la falta de dinero.

Pombo pone a su protagonista, a la tía Elvira y a tantas de sus mujeres de clase alta y que tan bien retrata, en medio de mujeres que en aquella época estaban resignadas a la obediencia y a la resignación.

"Lo único malo que puedo ver en las mujeres jóvenes de hoy -advierte- es el peligro que tienen por copiar los malos modos, los tics de los chicos, entre ellos, el deseo de notoriedad, el deseo de poder o la victoria".

Un canto al universo femenino trazado por este escritor que un día se metió a político. Fue en las listas por UPyD, partido del que ahora solo es militante y cuya situación ve, dice, "con "tristeza", porque le parece "una injusticia".

"Es una gran tragedia, porque UPyD ha hecho muchas cosas buenas, muchas iniciativas como cuando se hablaba de Bankia; muchas de las que ahora propone Ciudadanos ya estaban en mi partido", añade con resignación el escritor y sin saber explicar cómo se ha llegado a una "situación tan difícil", dice.

"La derrota no es culpa de Rosa Díez; ella, como todos, ha podido tener muchos errores y tendrá defectos, todos los tenemos. La derrota tiene muchos culpables. Que se equivocó con Sosa Wagner, pues sí; que teníamos que haber ido con Ciudadanos, unos piensan que sí y otros que no, no sé bien, es una mezcla de motivos", concluye el autor.

jueves, 31 de marzo de 2011

#hemeroteca #homofobia | Álvaro Pombo: “Soy un homosexual homófobo”

Imagen: Periodista Digital
Álvaro Pombo: “Soy un homosexual homófobo” 
Vicente Undurraga | The Clinic Online, 2011-03-31
http://www.theclinic.cl/2011/03/31/alvaro-pombo-%E2%80%9Csoy-un-homosexual-homofobo-%C2%BFes-que-no-se-puede-hacer-una-puta-broma-con-la-homosexualidad/

Fue, con su novela “El héroe de las mansardas de Mansard”, el primer ganador, en 1983, del hoy prestigioso (y apetecido) Premio Herralde de la editorial Anagrama. De visita en Chile como jurado del Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América y como partícipe en un congreso literario, Álvaro Pombo (1939), uno de los narradores actuales más relevantes (y prolíficos) de España, habló con The Clinic sobre su afición a Wikipedia, sobre su homosexualidad distante del orgullo gay y sobre política, sorprendiendo, mientras come papas fritas, con su defensa de Pinochet y Franco.

¿Cómo ha estado la pasada por Santiago?
-Primera vez que he venido y me ha encantado.

¿Le gustó el smog?
  -¡El frío! Veníamos con la idea de que era verano y menos mal que he traído una gabardina. He pasado frío.

Andaba en un congreso sobre literatura y nuevos medios. ¿Qué se saca en limpio de una instancia tan fascinante?
-Es un tema muy apasionante, aunque yo no tengo ideas claras, pero todos tenemos miles de ideas sobre el asunto, y… déjame terminar las patatas antes de seguir.

¿Están buenas?
-Hombre, son muy ricas estas patatas fritas… Y hemos tomado mucho pisco sour, que no es chileno sino peruano.

Así parece.
-Es que a mí lo que me gustaría, en vez de que me entrevistaran a mí, pues estoy aburridísimo de mí mismo, sería entrevistarlos a ustedes, los chilenos, porque me interesa mucho Chile.

Hablemos un poco sobre Chile entonces. ¿Qué le ha parecido?
-Es que no me ha parecido nada. Llevo muy poco. Pero a Chile venimos todas las personas con montones de ideas.

¿Qué ideas? ¿Algún escritor chileno actual conoce?
-Nosotros conocemos Chile muy bien.

¿Sí? ¿La literatura por ejemplo? 
-Pues claro, la literatura chilena, hombre, la grande, desde Neruda, Edwards, Gabriela Mistral, aunque a mí no me gusta tanto ella. Las “Odas Elementales” para mí fueron un descubrimiento poético de primera magnitud. Y al “Canto General” le doy mucha importancia. Neruda es para mí un autor del calibre de Eliot, de Rilke, o de Thomas Mann en novela.

Pero algún escritor posterior a Neruda conocerá, José Donoso más que sea…
-Donoso, pues claro… Pero es que leo más ensayo que literatura últimamente. De todos modos tengo una muy buena opinión de lo que se está escribiendo en este continente. Se me van los nombres ahora… Lo que sí he seguido con mucha atención son los movimientos políticos. Particularmente el paralelo que se da entre Franco y Pinochet.

¿Cuál es el paralelo?
-Pinochet se modeló en la figura de Franco, lo tomó como referente, lo citaba mucho. Pinochet se muere en la cama, lo mismo que Franco, después de muchos años de mandato y otros tantos en los cuales es un senador… Es que es muy curioso. Pinochet fue una figura paternalista, muy análoga a la de Franco al final. Una especie de abuelo, aunque pesado.

No le termino de captar el tono; para explicitarlo le pongo una situación hipotética: usted es chileno y le toca votar para el plebiscito del 88; SÍ, para que siga Pinochet, o NO, para que se vaya. ¿Qué habría votado?
-NO, seguramente, pero hubiera hecho el recitativo de todas las ventajas que tiene un personaje, un gobierno fuerte en un país.

Si aprecia eso tanto, ¿por qué habría votado que no?
-Pues porque fue un hombre cruel.

¿Y lo que viene después de Pinochet en Chile, lo conoce?
-Hombre, claro, lo que viene después de Pinochet es la prosperidad. Parecidamente, lo que vino después de Franco fue la prosperidad.

Para algunos.
-El asunto es que Chile es hoy un sitio próspero e integrado. Yo no voy a hacer el argumento de decir que todo fue gracias a Pinochet. Hubo gente después que ayudó a eso, pero sí es verdad que no hubiera podido hacerse nada con el allendismo, nada con lo que había antes de Pinochet. Esto no es un argumento a favor de los dictadores crueles…

Así suena.
-Sé que suena mal, el asunto es que España prosperó gracias a Franco, la gente tuvo su cochecito, su residencia, y la democracia fue posible gracias a Franco.

¿Está diciendo que necesitan los pueblos a caudillos de esa calaña para tener democracia y prosperidad? ¿Esa es la tesis?
-No, vamos, esa no puede ser la tesis.

Pareciera serla. La suya, no la mía.
-Esa no puede ser la tesis, pero esa es desde luego la pregunta. Pero sí me hago esa pregunta, de si no tendríamos, por ejemplo en España, que pasar a una fase suprapolítica, suprapartidista, de gestores firmes. ¡Si tenemos cinco millones de parados (cesantes)! Y hay parados irrecuperables, gente de 60 años que ya es un lío. Estoy preocupado porque en España tenemos una mala situación; ¿vamos realmente a ser capaces de recolocar a toda esa gente? ¿Va España a reabsorber esa mano de obra de gente joven o vamos a sacrificar dos generaciones de gente joven que no tiene empleo y no tiene nada?

¿Y qué hace falta? ¿El fantasma de Franco?
-Un dictador con mano fuerte… No lo sé, no lo sé, pero hay que tener cuidado de no ponerse demasiado bravo con los dictadores que produjeron riquezas económica. Hitler fue un dictador que metió a los países en una guerra espantosa, pero Franco no. Y Pinochet tampoco.

A usted lo podría matar por estas declaraciones.
-Lo sé, lo sé.

¿Tiene problemas con la izquierda en España?
-No, pero los tendré si sigo diciendo estas cosas. Es que creo que la izquierda de España está totalmente desactivada.

Usted le tiene ojeriza a José Luis Rodríguez Zapatero.
-No, hombre, ojeriza no, pero a todos nos ha cansado. Yo le voté la primera vez, y no le tengo ojeriza, pero su “buenismo”, su especie de “aquí aparezco yo e invento la política” me cansó. En España hemos pasado por un periodo muy “buenista” con Zapatero.

¿Qué es el buenismo exactamente?
-Cuando todo el mundo es bueno y todo sucede para bien.

Optimismo y autocomplacencia ha criticado usted en el zapaterismo.
-Sí, exacto. Esa es una mezcla que nos pone muy enfermos a los de la vieja generación.

Usted se metió de lleno en la política presentándose hace unos años como candidato a senador por el Partido Unión Progreso y Democracia (fundado por Rosa Díez y Fernando Savater).
-Sí, aunque me presenté porque estaba asegurada la no elección. Tenía una finalidad noble: apoyar a Rosa Díez y su partido, y hacer visible la posibilidad de una tercera vía entre el Socialismo y el Partido Popular. Hay una posible transversalidad que coja lo mejor de las dos partes. Y se puede lograr modificando las leyes electorales.

Desde sus inicios (años 70) usted ha publicado muchos libros de narrativa (y poesía), y cuando ganó el Premio Planeta, pasándose de su editorial histórica, Anagrama, a una transnacional, no tuvo complejos en asumir que lo había hecho por dinero. Es raro, o inusual al menos, escuchar a un escritor reconociendo como móvil al dinero.
-Hombre, es un móvil sin duda. Hay que reconocer las cosas porque si no se está mintiendo. Y yo digo lo mismo en política: si no se reconoce que España se benefició mucho con la dictadura franquista, y que la democracia fue posible gracias a Franco, se están diciendo cosas raras. Eso no quiere decir que queramos otro Franco. Yo no quiero otro Franco. A mí me echaron del país…

¿Diría usted que el fin justifica todos los medios?
-Yo no justifico todos los medios, pero a veces los gobiernos demasiados sublimes… a veces nos ponemos demasiado finos, quiero decir.

¿Le gusta entonces el dinero?
-Sí, yo hago una vida muy sencilla, pero vamos: tengo que vivir.

Y con ese premiazo, ¿qué hizo?
-Me lo estoy gastando, he vivido con él todos estos años.

¿Dándose una muy buena vida?
-No, una vida idéntica a la que llevaba antes de ganármelo.

¿Ningún lujo?
-Soy dado a pocos excesos, soy una persona rutinaria, con una vida muy ordenada.

Ha reconocido por ahí su afición a Wikipedia. ¿Cómo aprecia una enciclopedia popular un miembro, como usted, de Real Academia Española (RAE)?
-Leo mucho Wikipedia. No sé si me fío de todo, pero cuentan ahí muchísimas cosas. Aunque asumas que pueda haber cosas mal, no quita para que de verdad haya mil cosas valiosas. Y me da la sensación de que estoy sabiendo las cosas que saben los jóvenes al leer Wikipedia. Y por tanto puedo hablar mejor con la juventud ahora, comunicarme, pues puedo saber lo que ellos saben.

Como miembro de la RAE, ¿qué valor le atribuye al garabato? En España tienen un contenido religioso… Acá, en cambio, remiten más a la sexualidad o derechamente a la genitalidad.
-He escrito un libro que se llama “Contra natura” en el cual he utilizado deliberadísimamente el garabato y el lenguaje amoroso garabatero. Uso el discurso amoroso desde la perspectiva del garabato puesto que los homosexuales no tienen un discurso amoroso fino.

¿No?
-No hay trovadores homosexuales, no hay Petrarcas homosexuales, la homosexualidad ha sido una cosa prohibida y sin discurso. Y ahora que lo tiene, es muy próximo al garabato, es decir a lo malsonante. El uso de palabras como falo, pene, polla, a mí me parecen legítimos. No te digo que estemos todo el día con eso, pero me parece legítimo si estás, por ejemplo, describiendo ciertos actos amorosos. ¿Cómo sino vas a decir mamada? Si una mamada es una mamada, y una mamada es un acto de amor.

No siempre. Puede ser un negocio.
-Sí, puede ser un negocio. Pero cómo, si no mamada, le vas a llamar a una mamada.

Justamente su novela “Contra natura” tiene una crítica al matrimonio gay, en circunstancias que usted mismo lo es.
-Sí. Bueno, yo estoy dispuesto a morir por el matrimonio homosexual, pero no estoy dispuesto a no reírme cada vez que un tío me dice: “Este es mi marido”. Me da la risa tonta. Porque soy un machista, por lo que quieras, por que soy un homófobo.

¿Un homosexual homófobo?
-Soy un homosexual homófobo.

¿Cómo es eso?
-Dale la explicación que quieras, pero me da la risa tonta cada vez que escucho cosas de esas. No olvides mi edad (72). Es una causa por la que moriría la del matrimonio homosexual, pero la boda con velo y lazo entre dos hombres o dos mujeres me dará risa siempre… El fundamento del matrimonio homosexual lo veo en la necesidad que todo amor tiene de institucionalizarse. Lo apoyo en ese sentido aunque me río… ¡es que es muy cómico, perdona, pero son muy cómicas las cosas que te pueden decir!

“Pre-gay” le apodan sus amigos.
-Sí, pre-gay; soy pre-todo.

“A mí la cultura gay tal y como se manifiesta, lo que se vende como cultura gay, me cansa un poco y me preocupa su frivolidad”, dijo a una entrevista hace unos años.
-Sí, me pasa eso.

Toma distancia del orgullo gay. ¿Por qué?
-Te convido a que vengas a Madrid a ver cómo es un día del orgullo gay -no sé si aquí es igual-: es grotesco. Los osos van con las chupas con una raja en el culo ridículo. Que te tiren condones y vaselinas desde las carrozas es ridículo y además reduce la homosexualidad a una sola clase de homosexualidad: la gay. Hay otras formas, como por ejemplo la de la película “Secreto de la montaña”, que fue mucho la de nuestra generación. La homosexualidad no era una cosa que pudiera salir adelante, el amor entre dos personas del mismo sexo no podía salir adelante, había una especie de sentimiento entre los homosexuales de que fracasaríamos, y eso daba una especie de dignidad, y ahora hay una especie de facilidad plana: chico-encuentra-chico y Pedro Zerolo les da la bendición, ay qué bien. Pero no tienen sentido del humor, no se puede hacer una puta broma con la homosexualidad, ¡por favor! Cuando subes a un ascensor y un gay cruza los brazos sobre su pecho exageradamente, es que da mucha risa.

Pero gracias a estos gays activos…
-Sí, gracias a ellos se han creado leyes justas.

¿Usted por qué decidió hacer pública su homosexualidad sólo reciente, tardíamente?
-Yo no lo he contado tardíamente, en el primer libro que publiqué en España aparecen muchos relatos homosexuales.

Pero es una colección de ficción, no es una confesión…
-Es que yo no creo en esas confesiones. Hay un punto en que para el homosexual su ideal es Ricky Martin, bueno: livin la vida loca. ¡Por favor! ¿Qué quieres que te diga? Mi ideal es Borges o qué sé yo. La vida privada es privada, no hay que andar subiéndose arriba de un piano para contarla. Eso de “ay, vamos a contarlo”, no, no. La vida privada, la sexualidad, la ternura, no se puede contar. Convertir en movimientos políticos todas esas cosas es complicado. Hay una película muy interesante, “Milk”. Aceptando su movimiento y dándole la razón, yo hubiera odiado a Milk. Me hubiera llevado muy mal con él. Su compañero se suicida, no puede soportar la chorrada de la perpetua exposición. 

Álvaro Pombo: "España prosperó gracias a Franco"
"Eso no quiere decir que queramos otro Franco. Yo no quiero otro Franco. A mí me echaron del país…"
Periodista Digital, 2012-08-27
La endohomofobia de Álvaro Pombo
Shangay Lily | Palabra de Artivista | Público, 2011-11-15
http://blogs.publico.es/shangaylily/2011/11/15/la-endohomofobia-de-alvaro-pombo/

lunes, 21 de septiembre de 2009

#hemeroteca #endohomofobia | Álvaro Pombo: «Es el momento de entrar otra vez en el armario»


Álvaro Pombo: «Es el momento de entrar otra vez en el armario»
Manuel Calderón | La razón, 2009-09-21

http://www.larazon.es/alvaro-pombo-es-el-momento-de-entrar-otra-vez-en-el-armario-NLLA_RAZON_167340#.Ttt1g3edWEjbPZq

Hay muchos escritores, pero pocos que actúen tan decididamente, hasta el histrionismo y sin ese sentido púdico de hablar flojito y para entendidos, sobre lo que pasa en el mundo y en su calle. Novelista, poeta, incansable estudioso de la filosofía y miembro de la Real Academia Española, Álvaro Pombo es un personaje tautológico: Pombo es Pombo y cuando habla se deja escuchar. Escuchemos: tiene ganas de hablar.

-¿Por qué quiere entrar en el armario?
-Es una decisión cómica, aunque yo no he cambiado ni de naturaleza ni de proyecto. Sí que he cambiado en un sentido, y es que el mundo reivindicativo gay se está poniendo muy pesado y es contraproducente para el movimiento mismo. Éste debe ser un momento de normalización y no de exacerbación porque no hay nuevas ideas.

-¿Normalización? Está empleando una palabra políticamente incorrecta.
-Yo apoyo la normalización del mundo homosexual, pero para que haya normalización tenemos que comportarnos normalmente, o no debemos hacer fiestorros como el del Día del Orgullo Gay. Es descabellado, porque lo que se subraya es justo la diferencia y si se subraya la diferencia una vez aceptada, lo que queda es el gueto otra vez. Claro que hay homofobia en España, pero la homofobia no se arregla saliendo treinta carrozas a la calle.

-Eso es ir «contranatura», por poner el título de su novela más abiertamente gay.
-Por eso volver a entrar en el armario es una metáfora visual de una especie de llamada a la prudencia, no al miedo, porque con setenta años no tengo miedo a casi nada, lo único que digo es que no nos conviene esa cosa estrafalaria. Así que frente a esa banalización, es el momento de entrar otra vez en el armario.

-¿Se lo piden el cuerpo y los años?
-Yo me he comprometido con los derechos de los gays hace muchísimos años, cuando casi no se hablaba de esto. Siempre he dicho que he estado fuera del armario, porque nunca lo he ocultado, desde que llegué a España de vuelta de Inglaterra en el año 1977 y con un libro como «Relatos sobre la falta de sustancia», que prologó José Luis Aranguren, que trata claramente el tema de la homosexualidad. Creo que soy una persona que tengo autoridad para decir que debemos repensarlo todo un poco.

-Después de todo, hablar de la homosexualidad es hablar del amor y de la amistad.
-Sin duda, no hay nada más, y es de lo que trataba mi libro «Contranatura». La heterosexualidad también trata del amor y la amistad. Lo que estoy planteando es ese dislate de fiestas con uniformes nazis.

-Usted se opuso a la utilización de la palabra «matrimonio» para las bodas gays.
-Sí, esas cursilísimas bodas... Me opuse a que se usara la palabra «matrimonio», pero si quieren emplearla... yo no puedo hacer nada.

-¿Intervino para que la Real Academia no la aceptara?
-He intervenido clarísimamente y dije que matrimonio no era la palabra adecuada, ¡pero es que además es una estructura social anticuada! El asunto estaba en que legislativamente, si no utilizas la expresión matrimonio, es como si se pierde categoría. Pido que los homosexuales hagan un esfuerzo de normalización, que no es volver a ser todos heterosexuales. ¡Como si quieren hacer unos sanfermines gays! Insistir demasiado en la diferencia es un error.

-Debe ser algo de su generación, pero la palabra culpa no está en su vocabulario.
-Yo estoy liberado del sentimiento de culpa, que es un lenguaje que se empleaba en Europa entera hasta los años 60. Tal y como están las cosas, la metáfora de entrar en el armario no va mal. Es que se ha llegado a hablar de «outing» forzoso, que es obligar a todo el mundo que lo sea a declararse públicamente homosexual. No me parece mal que lo hicieran los políticos, eso sí, si quieren. Yo no quiero que nada me clasifique.

-Ni como un hombre religioso.
-Si hablamos de amor y amistad no entra en contradicción con mis creencias religiosas. Los homosexuales más sensatos que conozco están más o menos en mi línea. Me llama la atención que no haya nuevas ideas y sí en el feminismo, que reflexiona sobre qué hacer con los hijos, cómo educarlos, o cómo compaginar la vida profesional con la familiar.

-Por cierto, ¿cómo educar?
-Los niños, desde muy jóvenes, tienen que tener una educación competente. Hay que educar con firmeza; no que todos estudien sus asignaturas, sino que aspiren a la excelencia. Las diferencias que se ven entre gente de veinte años que estudia con entusiasmo y quien no lo tiene es absolutamente abismal. Me parece que si hay un territorio hacia donde dirigir nuestra energía es hacia la educación seria, la educación para la convivencia, la lectura, la música, la literatura. Yo no veo un gobierno con una política educativa fuerte, veo mucho politiqueo.

-¿Qué le sugiere Zapatero?
-Le voté en la primera legislatura y luego voté a Rosa Díez porque me parecía que estaba siendo frívolo, ligero, y no me gustaba su retórica. Creo que no se puede hablar sólo de una política de derechos civiles; hay que acompañarla de una estructura económica sólida. Leí hoy mismo un artículo de Paul Krugman donde dice que va a haber una mejora de las condiciones económicas y financieras pero con desempleo. ¿Y qué pasará en España? ¿Cinco millones de parados? Creo que estos temas deberían ocupar más espacio en la conciencia nacional. Por eso el mundo gay me parece una broma.

-La promesa del 68 se ha cumplido: la juventud ha tomado el poder.
-Pero no es sólo achacable a este Gobierno. Hay una mala idealización de la juventud, como si siempre tuviera razón a la manera de «il Duce ha sempre ragione». Pero, primero, la juventud no siempre tiene razón, y, segundo, es un estado transitorio. Por ejemplo, todas las protestas sobre el plan Bolonia: llega junio y desaparecen. La juventud debe ser consciente de que lo importante es que se tienen que formar bien. ¡Es que luego no voy a tener un empleo!, dicen. Pero vas tener una cabeza bien montada y un corazón.

-¿Obama de quién es un personaje?
-Quizá de Kierkegaard. Creo que Obama siempre ha pensado que podría perder y ha tenido una actitud cauta. A mí lo que más me interesa de Obama no es su «glamour», y eso que es muy «cool» y su mujer y sus hijas y el perro... Pero lo que es divertido de ver en Obama es lo cauto que es, lo ha desmostrado en Rusia e Irán. Eso es la prudencia política, que es una virtud clásica.

-Para terminar, le pongo un ejercicio: una casona en Santoña, agosto de 1937, se oye algo de Puccini y luego un chistu... Continúe, por favor.
-(silencio) Podríamos tener un personaje dividido en dos: que recordase los textos de José Antonio Primo de Rivera sobre la gaita y la lira y sus peligros y que pensara que el chistu era la expresión de un nacionalismo exacerbado que iba a empequeñecer; y luego ese mismo personaje pensando que toda esa música era extranjera y que, por lo tanto, España era un país sin música, que no había salido musicalmente de las regiones. Haría un personaje a medio camino entre el falangismo y el nacionalismo vasco.

Un ordenado caos de humo y libros
Quizá los sueños de Álvaro Pombo sean como la estancia en la que lee, escribe, piensa, fuma y duerme: un caos envuelto por un elegante polvillo dorado. ¡Pero qué orden! No saldrá de este espacio donde los libros crujen en una estructura inestable durante todo el verano, dedicado a escribir, de cinco a nueve de la noche, todos los días. Él se siente poeta y cree que es ahí donde tiene su voz más verdadera: si se le oye recitar se entiende por qué Pombo sólo puede ser Pombo. Ahora acaba de publicar «Los enunciados protocolarios». Su obra narrativa se dio a conocer, en 1983, con «El héroe de las mansardas de Mansard», al que le siguió «El metro de platino iridiado» en 1990. Con «La fortuna de Matilda Turpín» ganó, en 2006, el Premio Planeta.