Mostrando entradas con la etiqueta Enfermería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enfermería. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de abril de 2021

#hemeroteca #salud #vih | Cuando las analíticas no lo revelan todo

Imagen: El País

Cuando las analíticas no lo revelan todo.

Síntomas como el dolor, el insomnio o la apatía, en apariencia ajenos, están muchas veces ligados a la evolución de enfermedades crónicas o a sus pautas de medicación sin que el paciente lo sepa. Reconocerlos y una comunicación fluida entre el profesional sanitario y el enfermo es vital.
María Corisco | El País, 2021-04-27
https://elpais.com/sociedad/vihda-positiva/2021-04-27/cuando-las-analiticas-no-lo-revelan-todo.html 

Nos encaminamos hacia un futuro de enfermos crónicos. Lo que parece algo agorero, en realidad es un éxito de la sanidad, que ha conseguido alargar la supervivencia en patologías que, hace décadas, tenían un pronóstico letal. Ha aumentado también la esperanza de vida que, unida a factores de riesgo como la obesidad, el sedentarismo o el tabaquismo, nos ha colocado en la pista de salida de esa cronicidad. En este momento, se calcula que alrededor del 42% de la población española padece al menos un proceso crónico; en el caso de los mayores de 65 años, este porcentaje se eleva al 70%, con una media de cuatro enfermedades por persona.

Sin embargo, alcanzada esa meta, no basta con sobrevivir: se trata, también, de hacerlo con buena calidad de vida. Y todo aquel que esté familiarizado con una enfermedad crónica sabe que los marcadores, analíticas y pruebas radiológicas no lo explican todo: no hay termómetros, escáneres o ecógrafos para evaluar el cansancio, la apatía, la falta de sueño o el dolor. Estos signos, o síntomas, solo se atenderán en la consulta en tanto que el médico pregunte por ellos... o, en su defecto, que el propio paciente sea capaz de transmitírselos.

El punto de partida está precisamente ahí: en la necesidad de ayudar al paciente a identificar, reconocer y comunicar sensaciones, inquietudes, malestares y dudas. “Todo esto forma parte del proceso de ‘empoderamiento’ del paciente”, expone Jordi Puig, enfermero de la Fundación Lucha contra el Sida del hospital Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona). “Él debe aprender a mirarse, a conocerse, a preguntarse. No esperar de forma pasiva a la consulta médica, sino ser agente activo de su proceso de salud”. Puig dice esto desde su conocimiento de una infección cronificada como es el VIH, que evita la aparición de la enfermedad letal derivada, el sida.

La dificultad de saber qué preguntarse
No es fácil tomar estas riendas. En una enfermedad crónica, en la que la variación del día a día puede ser apenas perceptible, se trata de encontrar las preguntas que uno debe hacerse y tener claves para acercarse no solo desde un punto de vista clínico, sino desde la idea de una salud integral que englobe también aspectos biopsicosociales.

En este contexto surge una herramienta conocida como PRO (Resultados Comunicados por el Paciente, por sus siglas en inglés: Patient-Reported Outcomes), que ofrece la percepción, subjetiva, que tiene la persona sobre su propia salud. “Se han utilizado muchísimo en ensayos clínicos en oncología y en patologías crónicas, como por ejemplo la artritis reumatoide, que tienen un fuerte impacto negativo sobre la calidad de vida”, explica el doctor Adrià Curran, del Servicio de Enfermedades Infecciosas del hospital de la Vall d’Hebron de Barcelona.

La idea es ayudar al paciente a que se pregunte a sí mismo cómo está, cómo se siente. Guiarle y mostrarle, mediante unos cuestionarios validados, las preguntas que debe hacerse, dejando que “sea él mismo quien los rellene. Si se lo pregunta directamente el profesional, puede haber un sesgo; es posible que no conteste lo que le está pasando o lo que le inquieta por pudor, por temor, por deseo de agradar...”, advierte Puig.

Siendo muy útiles, señalan tanto Puig como Curran, podrían serlo mucho más: “Hace falta trasladarlos a la práctica clínica. Salir del ámbito de los ensayos clínicos y, ayudados por las nuevas tecnologías, dejar los cuestionarios en papel y dirigirnos hacia los PRO electrónicos que permitan una comunicación bidireccional”.

VIH, ir más allá de la indetectabilidad
Desde su consulta en el Servicio de Enfermedades Infecciosas y centrándose en el VIH, Curran sabe cómo este tipo de herramientas puede ayudar a las personas que viven con este virus. “Ya tenemos fármacos que consiguen, en la gran mayoría de los pacientes, mantener la carga viral indetectable; eso es lo fácil. Ahora nos marcamos un objetivo más ambicioso: la calidad de vida. ¿Y eso qué es, y cómo se mide? No tenemos marcadores ni analíticas para ello; por tanto, debemos preguntar al paciente”.

La calidad de vida es, precisamente, el gran reto del abordaje actual del VIH. Es algo imprescindible para todos los pacientes, pero, aún más, para aquellos que llevan muchos años conviviendo con el virus y que tienen toxicidades acumuladas. Es también, señala el doctor Curran, “una forma de hacer medicina personalizada: centrarte en el problema actual que preocupa a la persona que tienes delante. A menudo nos hemos encontrado con pacientes que, al comenzar el tratamiento antirretroviral, han tenido efectos secundarios (mareos, ‘borrachera’...) y no nos los han comentado porque pensaban que era lo normal. Les parecía un mal menor”.

Para evitar estos ‘males menores’ que erosionan el día a día se impone la comunicación entre el profesional sanitario y el paciente. Los PRO pueden ayudar a identificarlos y a adoptar estrategias de cambio, pero falta que se implanten en la práctica clínica. “Estamos en el camino, pero hay que invertir dinero y tiempo, elegir los cuestionarios [hay más de 50 PRO centrados en el VIH], hacer los protocolos...”, señala Curran.

El importante papel de la enfermería
Mientras que llegan estas herramientas, no se puede delegar esta función exclusivamente en la persona que vive con el VIH: es aquí cuando entra el papel del clínico: “Cada cual escoge hasta dónde puede, o quiere, involucrarse. Uno puede conformarse con comprobar que la carga viral está indetectable y los linfocitos CD4 en un nivel correcto, y pensar que el resto de los síntomas (fatiga, osteoporosis, problemas sexuales…) ya no son asunto suyo, sino del médico de cabecera; o puede ir más allá y preocuparse del paciente en conjunto, desde una perspectiva holística”, detalla Curran. Puig destaca: “Hay profesionales más proactivos y otros que no lo son tanto. En este sentido, la enfermería juega un papel importante, ya que a menudo el paciente se abre más, se siente más confiado.

Este enfermero abre otro frente, el de las comorbilidades. Las personas con VIH están haciéndose mayores. En ese éxito de la sanidad del que hablábamos al principio, se ha conseguido cronificar la enfermedad y, como prueba de ello, tenemos a los supervivientes de larga duración (LTS, por sus siglas en inglés). “Suelen tener más comorbilidades, lo que significa tomar más medicación: para la hipertensión, el colesterol, la diabetes... Pero también mayor riesgo de interacciones. Es otra de las razones por las que se hace tan necesaria la comunicación entre el paciente y el profesional sanitario”.

viernes, 27 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica | "Nos están mandando a la guerra con balas de fogueo"

Imagen: Noticias de Gipuzkoa
"Nos están mandando a la guerra con balas de fogueo".
Las enfermeras de Gipuzkoa luchan contra el COVID-19 en primera línea de fuego, ataviadas con la insuficiente protección de la que disponen y con el miedo de ser un foco más de contagio.
Iraitz Astarloa | Noticias de Gipuzkoa, 2020-03-27
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/actualidad/sociedad/2020/03/27/mandando-guerra-balas-fogueo/1021302.html

"Te levantas, te vas a trabajar y cuando entras se te olvida todo: sabes cuál es tu trabajo, que tienes que entrar en esa habitación, que tienes que estar a menos de un metro o metro y medio del paciente porque hay que lavarles y hay que darles de comer, pero no tienes miedo a contagiarte aunque sabes que las protecciones que llevas no son adecuadas. El miedo realmente llega cuando acaba tu turno y tienes que volver a tu casa". Quien habla es Pilar Mendia, enfermera del Hospital Donostia y secretaria territorial del sindicato Satse. Ella es una de los cientos de sanitarios que estas semanas trabaja a destajo en Gipuzkoa contra el coronavirus, una pandemia a la que se enfrentan con los "insuficientes" equipos de protección de los que disponen, arriesgando su salud y la de los suyos en cada turno.

"La situación es muy mala, nos están mandando a la guerra con balas de fogueo. No tenemos Equipos de Protección Individual (EPIs), los primeros días no teníamos ni mascarilla quirúrgica; íbamos a pelo", cuenta en un momento en el que el volumen de pacientes continúa en una curva ascendente y cada vez son más los sanitarios que se han contagiado –más de 5.400 en todo el Estado–, lo que disminuye el personal disponible para enfrentar al COVID-19.

"Todos sabemos que cuando tenemos un SARS o cualquier otro virus o bacteria dentro de una unidad, viene preventiva, ve qué bicho es y establece las medidas que hay que tomar: guantes, gafas, calzas, dependiendo del bicho que sea son unas u otras. Todos sabemos cuáles son las medidas para el COVID-19, todos los sabemos, sabemos que los protocolos son insuficientes", considera.

Cree que ha existido "falta de previsión" y lamenta que la globalidad de la pandemia está dificultando sobremanera la adquisición de material. "Todo el planeta está pidiendo lo mismo, las empresas son las que son y no dan abasto. Al ser una pandemia tan bestial, la demanda es tan alta que no hay fabricación que lo soporte", explica, al tiempo que censura que esta falta de equipos de protección está llevando a adoptar protocolos más laxos: "Cambian cada dos o tres días y van rebajando las medidas de seguridad para los trabajadores", con el consiguiente daño colateral que tiene en la salud de los sanitarios. "Aparte de que te puedes morir, sin ponernos en lo peor, esta enfermedad te puede producir unas secuelas graves, como fibrosis pulmonares severas que te pueden impedir volver a trabajar", advierte.

Mendia asegura que "lo veía venir". "Cuando empezaron a llegar las primeras noticias de China en enero, le decía a mi marido que no me encajaba. No puede ser que las chinas vayan como van vestidas y digan que es una gripe. Es que no podía ser cierto. Mi marido me decía que eran cosas mías, que siempre me pongo en lo peor, algo que por cierto siempre hacemos los sanitarios. Pero yo veía que a las enfermeras les rapaban el pelo, que llevaban los EPIs del ébola, eso no podía ser una gripe, no encajaba. Alguien no ha dicho la verdad", afirma.

La pandemia en un hospital: enfrentar el miedo y la soledad
Pese a toda la incertidumbre que rodea su trabajo estos días, continúan fieles a su vocación, dispuestas a "arrimar el hombro" en esta crisis sanitaria.

En los turnos, que por ahora mantienen los horarios –de 8.00 a 14.00, de 14.00 a 22.00 y de 22.00 a 8.00 horas– se enfrentan a muchos momentos de tensión, pero también al miedo y a la soledad que sufren los pacientes. "Los turnos son complejos. Estar con el EPI puesto es muy duro porque sudas mucho, no te puedes tocar, te molestan las gafas, la cara, la mascarilla... La incomodidad es alta. Y entre los pacientes hay de todo, gente asustada, gente más resignada... Lo más duro para ellos es no tener las visitas, la soledad es compleja", admite.

Sin embargo, para los sanitarios, lo más duro llega al salir del hospital. "Te baja la adrenalina y te entran hasta temblores. Te tienes que enfrentar a tu casa, a tus hijos, a tu marido, a tu pareja, a tus padres... El miedo real que tenemos los sanitarios es que seas la persona que les contagie por tu trabajo", reconoce.

Al menos han logrado que las condiciones de acceso al trabajo mejoren: la gerencia del hospital les ha habilitado 350 plazas gratuitas de parking para que puedan desplazarse con mayor facilidad y se han reforzado los autobuses que conectan con el hospital durante las entradas y salidas de los turnos.

Son algunos de los pequeños consuelos que tienen estos días, que se suman al aplauso sanitario que cada día a las 20.00 horas les otorga la población, que según reconoce esta profesional, les ha llegado a hacer "llorar de la emoción".

Están "agradecidas" por el reconocimiento, aunque piden al Gobierno gestos reales más allá de aplausos. "El reconocimiento está muy bien, pero no vivimos de aplausos. Te puedo decir que en Ifema a las enfermeras les están pagando 1,50 euros la hora. Es una vergüenza. Ahora vamos a arrimar el hombro, sí, pero cuando esto pase tendrá que haber un reconocimiento de verdad al personal sanitario y no me refiero a aplausos", concluye.

viernes, 28 de junio de 2019

#hemeroteca #educacion #enfermeria #lgtbi | Las enfermeras escolares, motor de la educación contra la homofobia

Imagen: Diario Enfermero
Las enfermeras escolares, motor de la educación contra la homofobia.
Ángel M. Gregoris / David Ruipérez | Diario Enfermero, 2019-06-28

https://diarioenfermero.es/las-enfermeras-escolares-motor-de-la-educacion-contra-la-homofobia/

España se sitúa entre los países con una de las legislaciones más avanzadas y tolerantes proderechos LGTBI+, que se han ido consolidando a lo largo de los años con la ayuda de una ciudadanía abierta y respetuosa. Aun así, España ha salido este año del top 10 de los países europeos más respetuosos con los derechos del colectivo, situándose en el puesto 11, tal y como apunta el último informe de ILGA Europa, entidad internacional referente en materia de derechos LGTBI+. Así, desde 2011, cuando alcanzó el número 2, nuestro país ha descendido nueve posiciones, dato muy alarmante que no hace más que reseñar la necesidad de abordar un problema grave de retroceso en lo que a derechos se refiere. Según un informe de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), en 2017 se denunciaron 623 incidentes de odio por la orientación sexual o la identidad de género. Una situación inadmisible para una sociedad tolerante como la española, que en muchas ocasiones se solventaría con una educación abierta y progresista desde la infancia.

Para que las nuevas generaciones crezcan en valores de tolerancia, la presencia de enfermeras escolares en todos los centros educativos resulta fundamental. El Consejo General de Enfermería reclama esta medida como un pilar básico para el desarrollo y la garantía de la salud en los menores. Pero además de atender urgencias, administrar medicación y llevar a cabo acciones de educación para la salud, "las enfermeras pueden fomentar el respeto entre compañeros y ayudar a todos aquellos niños y niñas que sufran algún tipo de discriminación en los centros escolares".

Desde las administraciones y las instituciones sanitarias no podemos consentir que en 2019 España sufra un retroceso en las políticas sociales que se han conseguido tras tantos años de lucha. Y esto, sin duda, se logra con educación y formación desde el inicio de la vida”, asegura Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería de España, con motivo del Día Mundial del Orgullo LGTBI+.

Así lo confirma también Patricia Castillo, vocal de Formación de la Asociación Madrileña de Enfermería en Centros Educativos. Nacional e Internacional (AMECE. N.I.), que asevera que es fundamental que “la educación para la salud, que incluye la educación sexual, esté incorporada en las escuelas desde que los niños son pequeños para que crezcan abiertos y tolerantes a la diversidad. Es imprescindible el seguimiento que las enfermeras hacemos a lo largo de una etapa tan importante de sus vidas en las que están, precisamente, poniendo los cimientos para construir su sexualidad”. Cuando en un centro educativo hay una enfermera escolar permanente “se genera una relación de confianza que permite un acceso natural tanto a los alumnos y las familias como a los docentes, facilitando el diálogo, la tolerancia y la integración”, añade Castillo. Asimismo, una enfermera escolar también posibilita que la educación afectivo-sexual sea un hilo a lo largo de toda la vida del alumnado y facilita la visibilización del colectivo LGTBI+ en el colegio y los procesos de inclusión, protección y acompañamiento de estos alumnos y sus familias.

“La educación para la salud viene condicionada por un compromiso a la comunidad escolar que promueva valores básicos sobre la vida y la convivencia en su entorno, con libertad, igualdad y respeto en la diversidad”, subraya José Antonio Zafra, profesor de la Escuela Superior de Enfermería del Mar (Barcelona), que considera necesario “empoderar a los niños y adolescentes desde la diversidad, el respeto al otro y el trabajo conjunto sobre actitudes discriminatorias”.

Muchas veces es la enfermera quien detecta estas situaciones y se ponen en marcha los procedimientos y protocolos ante posibles casos de acoso y evitar que deriven en un sufrimiento tal que acabe -como hemos visto en demasiadas ocasiones- con el peor de los desenlaces posibles. “Es algo que no podemos tolerar. Los colegios deben de ser espacios de entendimiento y convivencia y la presencia de una enfermera puede resultar de mucha utilidad”, concluye Pérez Raya.