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domingo, 25 de marzo de 2018

#hemeroteca #mujeres #historia | Nellie Bly, la primera periodista gonzo que venció a Phileas Fogg

Imagen: El Diario / Nellie Bly
Nellie Bly, la primera periodista gonzo que venció a Phileas Fogg.
Capitán Swing lanza una antología de esta pionera de la comunicación, que saltó a la fama en 1880 por dar la vuelta al mundo en 72 días y vencer a Verne. Entre sus muchas hazañas, Bly se infiltró en un manicomio de mujeres, en fábricas, en compañías de ballet y boxeo, e incluso en circos de adiestramiento de elefantes.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2018-03-25
https://www.eldiario.es/cultura/Nellie-Bly-periodista-Philleas-Fogg_0_753124958.html

"Si hubiera encontrado el elixir de la vida, no me habría sentido mejor que cuando fragüé la esperanza de que era posible dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días", escribió Nellie Bly en 1889, en la primera de las crónicas que hicieron de ella la periodista victoriana más influyente de Estados Unidos.

Quizá este nombre nos diga poco al otro lado del Atlántico, y eso es lo que la editorial Capitán Swing intenta remediar con la publicación de ‘La vuelta al mundo en 72 días y otros escritos’. Bly es una superestrella entre las adolescentes norteamericanas que aspiran a convertirse en periodistas y escritoras. Su viaje alrededor del globo fue solo una de sus proezas, pero ni siquiera la más impresionante.

Antes de eso, la joven nacida como Elizabeth Jane Cochran al oeste de Pensilvania se había infiltrado en el frenopático más famoso de Nueva York (dando lugar al célebre reportaje 'Diez días en el manicomio'), trabajó en una fábrica, pasó una noche en un albergue para mujeres indigentes, visitó un fumadero de opio e incluso probó suerte con el ballet, el adiestramiento de elefantes y el boxeo.

Todos los artículos que surgían de sus trepidantes aventuras tenían una protagonista indiscutible: ella misma. Nellie Bly fue el adalid del periodismo gonzo varias décadas antes de ser bautizado como tal por Hunter S. Thompson. Ella presumió de ese estilo sensacionalista y egocéntrico hasta sus últimos días, cuando gustaba de mencionarse en primera persona incluso durante sus entrevistas a terceros.

El prólogo del libro advierte que hoy en día se obvia este hecho para ensalzar a Bly como una periodista comprometida con las causas sociales y un referente, en lugar de alguien más interesado en el autobombo. Nada de esto, sin embargo, le resta valía a su trayectoria.

Si en algo destacó esta mujer fue en hacerse hueco a codazos en un mundo manejado enteramente por hombres. "Si, por modestia, Nellie Bly hubiese ocultado su luz bajo el almud, ahí se habría quedado", justifica Maureen Corrigan en el prólogo.

Una vez en la cima, Bly optó por exprimir su firma y su fotografía hasta convertirse en un ‘souvenir’ de Nueva York en sí misma (como ocurrió tras su vuelta al mundo).

En el siglo diecinueve, las publicaciones no eran demasiado exigentes con el ideal del periodismo imparcial y objetivo. Su verdadera preocupación eran las ventas, y tener a Nellie Bly en plantilla era el mejor reclamo que podía tener entonces un rotativo de la gran manzana.

Joseph Pulitzer lo sabía, por eso le abrió las puertas del ‘New York World’. Lo hizo a partir de un mordaz artículo en el que entrevistaba a los directores de periódico más importantes de la ‘city’ y les preguntaba acerca de tener a una mujer entre sus filas. Sus misóginas respuestas dieron forma a un inusual texto que se hizo eco en todas las redacciones del país, incluida la de Pulitzer, que adivinó con un sentido arácnido que ella se convertiría en su firma más preciada.

La primera periodista gonzo

La infancia difícil de Nellie Bly le ayudó a fraguarse un carácter independiente, sobre todo a nivel económico. Aunque al principio tuvo que pasar por el aro y escribir de temas reservados a mujeres -como jardinería, moda y colecciones de mariposas-, pronto supo que su lugar no estaba donde la requerían, sino donde se le antojaba. Y, a los veintipocos, se le antojó Nueva York.

No es menos cierto que sus miserables orígenes plantaron una semilla de conciencia social que chocaba de frente con su arrogancia. Sin embargo, lo primero fue lo que le consiguió su primer puesto como periodista: su carta al director de un rotativo local de Pittsburg en respuesta a una columna que aseguraba que las mujeres solo servían para parir. Tanto llamó la atención del director, que le ofreció una plaza.

La del ‘New York World’ tuvo que sudarla un poco más. Como prueba de fuego, Pulitzer le encomendó la peligrosa misión de hacerse pasar por loca en el internado de mujeres de Blackwell's Island.

Bly soportó baños de agua gélida y sucia, comida rancia y la amenaza del maltrato físico y sexual. Aunque debilitada, la periodista aprovechó su tiempo dentro para alzar la voz por las enfermas más vulnerables y por algunas extranjeras que estaban allí por el simple hecho de no hablar bien en inglés.

Su facilidad camaleónica para cambiar de identidad como de muda se convirtió en su seña periodística, y como consecuencia se aficionó a ofrecer cada lunes ideas más kamikazes. Cuando no se hacía arrestar, estaba probando un nuevo invento llamado bicicleta o pidiendo a un practicante de vudú que le realizase un conjuro de amor.

Hasta el día en que, seca de temas, deseó muy fuerte aparecer al otro lado del mundo para no tener que enfrentarse a su editor con las manos vacías. Y así lo hizo, solo que en lugar de una escapatoria se convirtió en el fenómeno mediático de 1880.

Una vuelta al mundo sin final feliz

-Es imposible que lo haga usted -fue el terrible veredicto-. En primer lugar, es mujer y necesitaría a alguien que la protegiera. Incluso aunque pudiera viajar sola, necesitaría llevar tanto equipaje que la retrasaría para hacer transbordos rápidos. No puede hacerlo nadie más que un hombre.

Esa fue la descorazonadora respuesta de su editor cuando le ofreció una idea basada en la mítica obra de Julio Verne. "Muy bien, que salga el hombre, yo saldré ese mismo día y llegaré antes que él", contestó Bly ni corta ni perezosa. En menos de dos días, estaba zarpando en un barco rumbo a Londres con una diminuta maleta en la que no cabía ni su crema facial.

Consiguió volver a casa setenta y dos días después, en los cuales ‘New York World’ había retado en público a una periodista rival (a la que venció), sorteado un viaje por Europa entre sus lectores y convertido la imagen de Nellie en una postal publicitaria.

Pero esta peripecia no tuvo un final tan dulce como el que se le auguraba. Al hacerse conocida, sus investigaciones como infiltrada, que habían sido la piedra angular de su carrera, dejaron de ser posibles. Además, sus editores no le ofrecieron aumentos ni bonificaciones tras haberles hecho ganar miles de dólares con los cuatro reportajes y el pábulo anterior.

Se marchó del lado de Pulitzer, pero no para siempre. Gracias a su regreso publicó algunos de los reportajes más notables y comprometidos de su carrera. También se marchó a cubrir la Primera Guerra Mundial desde Austria, se hizo rica al frente una fábrica y después perdió todo su dinero. Pero siempre regresaba a la máquina de escribir, y así murió, cinco días después de publicar su último texto.

Pero, de todas, las mejores palabras fueron las que le dedicó un director de periódico amigo suyo en su obituario:

Su vida fue útil y se lleva consigo todo lo que fue importante para ella: un nombre respetable, la consideración y el afecto de sus compañeros, el recuerdo de buenas luchas bien luchadas y un sinfín de buenas acciones que jamás olvidarán quienes no tenían más amigos que Nellie Bly. Afortunado el hombre o la mujer que pueda dejar un recuerdo tan bueno.

martes, 20 de marzo de 2018

#hemeroteca #mujeres #historia | La reportera Nellie Bly estuvo allí

Imagen: El País / Nellie Bly
La reportera Nellie Bly estuvo allí.
Una antología reúne por vez primera en español los artículos más conocidos de la intrépida periodista estadounidense de finales del XIX.
Andrea Aguilar | El País, 2018-03-20
https://elpais.com/cultura/2018/03/19/actualidad/1521475527_526076.html

Mucho antes de que el iconoclasta Hunter S. Thompson popularizara en 1970 un estilo periodístico conocido como ‘gonzo’ en el que se metía a fondo en las historias y era parte integral de sus reportajes, una señorita nacida en Filadelfia en el siglo XIX se convirtió contra todo pronóstico en una rutilante estrella mediática entrando de cabeza en los titulares de sus artículos. Bajo el pseudónimo Nellie Bly, Elizabeth Jane Cochran (1864-1922) se hizo pasar por loca para adentrarse en el hospital psiquiátrico de mujeres de Nueva York; desafió las convenciones de la época y emprendió un viaje alrededor del mundo como el personaje de Julio Verne Phileas Fogg; y simuló ser una obrera en una fábrica de cajas para denunciar la situación en la que subsistían “los esclavos blancos”. Bly rechazó quedar confinada en el llamado gueto rosa, —los artículos sobre cocina, jardinería y moda—, conquistó a miles de lectores y demostró que el periodismo intrépido no era un coto exclusivamente masculino. ‘La vuelta al mundo en 72 días y otros escritos’ (Capitán Swing) reúne por primera vez en castellano una docena de los reportajes con notas de Jean Marie Lutes, y traducción de Silvia Moreno Parrado.

Resulta algo irónico que la trayectoria de esta reportera que hizo de sí misma una noticia, empezara con una carta firmada como “Huerfanita solitaria”. En 1885, Cochran escribía en respuesta a un artículo de un conocido columnista del ‘Pittsburg Dispatch’: “Si las chicas fuesen chicos, bien pronto se diría: ‘Que empiecen por donde quieran; si tienen ambición podrán labrarse un nombre y fortuna’. ¿Cuántos hombres ricos y notables que empezaron desde lo más abajo podríamos señalar? ¿Pero dónde están las mujeres?”. El director del periódico, sorprendido por aquella carta, puso un anuncio para que la firmante anónima se identificara y cuando Cochran apareció la contrató. Había nacido una estrella. A lo largo de las siguientes tres décadas, la periodista se empeñó en responder las preguntas que planteaba en aquella carta y cambiar las cosas.

Hija del segundo matrimonio del dueño de un molino en Pennsylvania, de pequeña la apodaban ‘Pink’ (rosa) por la costumbre de su madre de vestirla de un rosa chillón. Su padre murió siendo ella muy pequeña y su madre volvió a casarse, pero se divorció cuando Bly tenía 14 años. Ella no se casaría hasta los 30, con un rico industrial que le doblaba la edad, cuando ya era la reportera más famosa de Estados Unidos.

Bly pegó un primer salto desde la redacción del ‘Pittsburg Dispatch’ a México. Con su madre, decidió cruzar la frontera y mandar crónicas como corresponsal. A su regreso, unos meses después, no tardó en volver a hacer las maletas y marcharse a Nueva York, donde se abrió paso a codazos hasta llegar al ‘New York World’, propiedad de Joseph Pulitzer. Cuando le preguntaron si le interesaría tratar de infiltrarse en el manicomio de la ciudad, Nellie no lo dudó. “El reportaje resultante tuvo tanto éxito que ofrecieron un puesto fijo y así, el periodismo ‘gonzo’ pasó a ser su seña de identidad”, escribe Lutes en la introducción de la nueva antología. “Bly nunca se preocupó demasiado por si molestaba a alguien. Se especializó en una forma muy personal de recopilar las noticias”.

Cabeza de lanza del sensacionalismo que multiplicaba las ventas de los periódicos, los reportajes de Bly no buscaban una verdad objetiva sino narrar de forma directa el testimonio de quién ha estado ahí, y en ellos asoman prejuicios y subjetividades que al lector de hoy pueden chocarle. pero sería un error pensar que su trabajo era una mera exposición, sus historias a menudo trataban de denunciar injusticias y problemas, y muchas de ellas lograron cambios legislativos y mejoras.

La aventura era también parte de la apuesta. Osada hasta rozar la temeridad, le dieron dos días para preparar su viaje alrededor del mundo y se embarcó sola. La popularidad que alcanzó con este reportaje por entregas complicó su tarea de periodista infiltrada. Probó entonces como escritora de ficción, pero aquello no duró mucho. Al casarse se apartó un tiempo de las redacciones para ponerse al frente de las empresas de metalurgia de su esposo, pero regresó de nuevo a la prensa como reportera desde el frente austriaco en la Gran Guerra, y a su regreso arrancó una serie de columnas de consejos. Murió de neumonía a los 57 años. “Esa fuerza femenina de la naturaleza conocida como Nellie Bly sigue estando envuelta en misterio”, escribe en el prólogo al nuevo libro Maureen Corrigan. “Parece tan hecha a sí misma como Jay Gatsby, otro gran enigma de la ficción estadounidense”.

lunes, 12 de marzo de 2018

#libros #mujeres #historia | La vuelta al mundo en 72 días : y otros escritos

La vuelta al mundo en 72 días : y otros escritos / Nellie Bly ; prólogo de Maureen Corrigan ; introducción de Jean Marie Lutes ; traducción de Silvia Moreno Parrado.
Madrid : Capitán Swing, 2018 [03-12].
440 p.
ISBN 9788494808609 / 22 €

/ ES / EN* / Crónicas
/ Estados Unidos / Historia – Siglo XIX / Mujeres – Historia / Nellie Bly / Periodismo / Testimonios

Nacida como Elizabeth Jane Cochran, Nellie Bly fue una de las primeras y mejores periodistas de Estados Unidos. Se convirtió en un fenómeno nacional a fines del siglo XIX, con un juego de mesa basado en sus aventuras y ‘merchandising’ inspirado en la ropa que usaba. Saltó a la fama por ser la primera reportera en terreno y por escribir artículos que en aquel momento nadie creía que una mujer podía o debía escribir, como el reportaje donde denunció el tratamiento que recibían las pacientes de un manicomio para mujeres y el diario de viaje sobre cómo batió el récord de la vuelta al mundo sin acompañante. Este volumen, la única recopilación impresa y editada de los escritos de Bly, incluye sus obras más conocidas: ‘Diez días en un manicomio’, ‘Seis meses en México’ y ‘La vuelta al mundo en setenta y dos días’, así como muchas piezas menos conocidas que captan la amplitud de su carrera, desde sus feroces artículos de opinión hasta su notable reportaje de la Primera Guerra Mundial.