Mostrando entradas con la etiqueta Edouard Louis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edouard Louis. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de octubre de 2019

#hemeroteca #homofobia #tetimonios | Cómo un joven escritor gay de izquierdas se reconcilió con su padre homófobo y ultraderechista

Imagen: El País / Édouard Louis
Cómo un joven escritor gay de izquierdas se reconcilió con su padre homófobo y ultraderechista.
El francés Édouard Louis publica el volumen autobiográfico ‘Quién mató a mi padre’, una dolorosa crónica de amor familiar desde las antípodas ideológicas.
Álex Vicente | Icon, El País, 2019-10-07
https://elpais.com/elpais/2019/10/04/icon/1570188614_384229.html

Al teléfono, su padre lloraba. Le había llamado por sorpresa tras varios años sin hablarse. “No por estar peleados, sino por ser demasiado distintos. Él, de clase humilde, homófobo y votante de la ultraderecha. Yo, licenciado en filosofía, homosexual y militante de la izquierda”, relata Édouard Louis (Amiens, 1992) en un café del barrio parisino de Montparnasse. “Desde mi nacimiento, nuestro diálogo había sido imposible. Mi cuerpo afeminado representaba todo lo que él detestaba. De pequeño, me decía que querría mandar a los gais a un campo de concentración junto con los árabes y los judíos”. Sin embargo, el escritor de 26 años se empeñó en entender sus razones.

Tras el éxito sorpresa de 'Para acabar con Eddie Bellegueule', donde relataba su brutal infancia en la Francia profunda (Eddie Belleguele es su verdadero nombre), Louis cogió un tren para volver a ver a su progenitor. Al llegar, se encontró con un cuerpo destruido y enfermo. “Mi padre tiene poco más de 50 años y no sufre nada degenerativo. Es el lugar que ha ocupado en el mundo el que explica su estado actual”, sostiene. No ayudó que naciera pobre y no tuviera estudios, al considerarlo “una cosa de chicas”. Ni que trabajase media vida en la fábrica donde se partió literalmente la espalda. Ni que, ya inválido, fuera víctima de los recortes sociales de sucesivos gobiernos, lo que terminó de rematarlo.

De su perturbador reencuentro surge su nuevo libro 'Quién mató a mi padre' (Salamandra), algo parecido a un 'J’accuse' del siglo XXI. “Las decisiones políticas han tenido un efecto directo sobre su cuerpo. Una ley de Sarkozy o de Macron han sido tan íntimas como su primer beso y su primer polvo”, dice Louis, a quien el éxito de su debut en 2014 convirtió en el literato francés más internacional, con permiso de Michel Houellebecq, situado en las antípodas ideológicas aunque con una capacidad similar para generar escándalos.

“La gente siempre me pregunta qué siento al suscitar tantas polémicas. Habría que hacerse la pregunta al revés: si lo que escribes no tiene ese efecto, ¿qué estás haciendo mal?”, ironiza. Observa en la literatura la misma “revolución conservadora” que en la política. “En los últimos 20 años, ha surgido una cultura de la sumisión y del consenso. La radicalidad ha desaparecido de la literatura”. Él preferiría que se pareciera al rap: ardiente, indócil y accesible a todo aquel que tenga un micro. “Aunque tal vez eso sea imposible. Puede que la literatura sea intrínsecamente excluyente. Y eso me parece trágico”.

Louis fue una de las pocas personalidades que apoyó a los chalecos amarillos. Parte de sus lectores le dieron la espalda. “Mejor, si piensan así no los quiero a mi lado”, zanja. “Ese movimiento fue como un psicoanálisis social. De repente, la gente se dio cuenta de quién era y de qué lado estaba”. Que algunos de los manifestantes tuvieran gestos racistas y homófobos no le hizo cambiar de opinión. “Si existe homofobia en las clases populares, combatamos la homofobia y no a las clases populares”, explica. Tampoco le parece contradictorio ejercer de portavoz de un mundo del que no dudó en escapar. “No me siento cercano a mi familia, pero eso no impide que escriba sobre ellos para denunciar la insoportable violencia social que viven”.

El libro también puede leerse como un estudio sobre esa masculinidad tóxica que hoy está en boca de todos. Durante el proceso de escritura, Louis descubrió que, en un tiempo no tan lejano, ese padre ultraviril se puso perfume y bailó en las fiestas, lloró al escuchar ópera y hasta escuchó a Céline Dion a escondidas. “Nadie llega a ajustarse a la regla de la masculinidad al 100% y, a la vez, nadie la cuestiona. Hace siglos que reproducimos un dogma que nadie respeta y que produce violencia contra las mujeres y las personas LGTB, pero también contra los propios heterosexuales. Yo escribo para que esa violencia termine”, concluye con una sonrisa trémula.

jueves, 5 de septiembre de 2019

#libros #homofobia #testimonios | Quién mató a mi padre

Quién mató a mi padre / Édouard Louis ; traducción de Pablo Martín Sánchez.
[Qui a tué mon pèr. Español].
Barcelona : Salamandra, 2019 [09-05].
96 p.
ISBN 9788498389609 /12 €

/ ES / Crónicas
/ Francia / Heteronorma / Homofobia / Masculinidad / Relaciones familiares / Testimonios

Consolidado como el nuevo ‘enfant’ terrible de las letras francesas gracias al impacto de obras tan singulares como ‘Para acabar con Eddy Bellegueule’ e ‘Historia de la violencia’, dos libros de tintes marcadamente autobiográficos que anticipaban la irrupción de la ultraderecha en Francia y sus nefastas consecuencias, Édouard Louis vuelve a la carga con un ‘j’accuse’ tan breve como demoledor acerca de las desigualdades sociales del país, que es, a la vez y sobre todo, un ejercicio de reconciliación muy emotivo con su padre moribundo. Grito airado contra el abandono y el desprecio de los políticos hacia las clases trabajadoras más desfavorecidas, este libro combina retazos íntimos de una tormentosa relación paternofilial fracturada por la vergüenza, la pobreza y la homofobia, con mordaces y específicas denuncias de los salvajes recortes impulsados por los sucesivos gobiernos de Chirac, Sarkozy, Hollande y Macron, a los que el autor acusa, como mínimo, de homicidio complaciente. Éxito fulminante de ventas y de crítica, llevado a los escenarios con enorme repercusión, traducido a numerosos idiomas y rodeado de una gran expectación mediática por su carga de profundidad contra los poderes públicos, este lacerante testimonio personal se ha convertido en un texto de referencia para quienes, como los «chalecos amarillos», no quieren pertenecer a esa categoría de seres humanos a los que, como al padre de Louis, «la política tiene reservada una muerte prematura».

jueves, 8 de marzo de 2018

#hemeroteca #libros #violencia | Édouard Louis: “Vivimos rodeados de violencia, pero la llamamos vida”

Imagen: El País / Édouard Louis
Édouard Louis: “Vivimos rodeados de violencia, pero la llamamos vida”.
El escritor francés publica ‘Historia de la violencia’, donde relata la violación que padeció en 2012 y, a la vez, cuestiona las categorías de víctima y verdugo.
Álex Vicente | El País, 2018-03-08
https://elpais.com/cultura/2018/03/08/actualidad/1520503723_591870.html

Édouard Louis (Amiens, 1992) es el último prodigio de la literatura francesa. Hace cuatro años, cuando sumaba solo 21, triunfó con un debut, ‘Para acabar con Eddie Bellegueule’, en el que narraba su infancia en un pueblo de la Picardía profunda, de esos donde el paro es estratosférico y el 60% de la población vota al Frente Nacional. Daba cuenta también las vejaciones a las que le sometió un entorno furiosamente homófobo, del que lograría escapar, pero no sin profundas heridas. Con su segunda novela, ‘Historia de la violencia’ (Salamandra), que llega esta semana a las librerías españolas, Louis incide en una literatura del yo y donde el papel de la ficción es mínimo, muy influida por las tesis sobre la desigualdad del sociólogo Pierre Bourdieu. En el libro, Louis relata la estrangulación y la violación que sufrió en 2012 por parte de Reda, un joven argelino al que había conocido en la calle y con el que compartió una noche de pasión que terminó mal. Lo sorprendente es que Louis relata los hechos, pero luego los olvida, prefiriendo investigar las causas en la exclusión y el pasado familiar de su supuesto verdugo.

Pregunta. ¿Por qué quiso escribir un libro sobre la violencia?
Respuesta. Porque nuestro mundo está estructurado a partir de relaciones violentas. Al haber nacido pobre y gay, sentí muy pronto que la violencia era, para muchos individuos, como una acta de nacimiento. Nuestro día a día es fruto de la violencia, aunque esta esté poco representada en la literatura. Uno de los impulsos del libro fue acabar con el desfase entre el mundo y lo que la literatura dice de él. Cuando eso sucede, casi es mejor que la literatura desaparezca, porque deja de tener sentido…

P. ¿Usted se considera un ser violento?
R. Soy violento contra quienes han destruido la vida de mis padres, de Chirac a Macron pasando por Sarkozy y Hollande. La historia política de los últimos veinte años ha sido una guerra contra los más precarios. También ejerzo la violencia contra la literatura, que hoy está formada por un grupo de privilegiados que se limitan a contemplarse a sí mismos de forma congratulatoria. Cuando voy a una librería, el 95% de lo que veo no me gusta. Son libros que siguen haciendo funcionar el mundo, sin ponerlo en duda.

P. Su libro cuestiona categorías como víctima y verdugo. Se pregunta qué le habrá sucedido al segundo para terminar así.
R. En una situación de violencia sexual, hay un agresor y un agredido. Esa distinción está muy clara. Pero eso no impide que la violencia del agresor tenga unas causas. Cuando uno escribe sobre los pobres o los inmigrantes, se suele encontrar atrapado entre el discurso de la derecha, que consiste en decir que son violentos y alcohólicos, y el de una pseudoizquierda que idealiza a la clase obrera y se prohíbe criticarla, como en su día Genet o Pasolini. Yo digo otra cosa: esa clase dominada no hace más que reproducir la violencia que ha recibido. No se trata de justificar nada, pero sí de buscar causas que superan la escala de un solo individuo.

P. Pero usted va todavía más lejos: dice que ese verdugo podría haber sido usted.

R. Ambos tenemos experiencias sociales similares: la pobreza, la exclusión... Yo también robé de joven y varios miembros de mi familia han estado en la cárcel. Reda y yo éramos dos seres llenos de vergüenza, que nos cruzamos en un París burgués donde no encontramos nuestro sitio, lleno de cafés y teatros en los que no nos atrevemos a entrar. Yo podría haber sido ese chico, pero en un momento determinado nuestras trayectorias tomaron direcciones distintas. Solo intenté comprenderlo...

P. ¿Su motor es describir la realidad social de manera casi científica, como hizo Zola en el siglo XIX?
R. Zola está algo devaluado en Francia, como todos los autores que uno aprende en el colegio, pero tiene una belleza y un poder infinitos. Introduce la cuestión de la verdad en la literatura, como hoy siguen haciendo autores como Svetlana Alexiévich, Karl Ove Knausgård o Ta-Nehisi Coates. El mundo ya tiene suficiente ficción. Hasta los Gobiernos crean ficción. Yo no me opongo programáticamente a la ficción, pero cuando empecé a escribir me dije que no podía permitírmela. Me acuerdo de que, cuando Le Clézio ganó el Nobel en 2008, vi un reportaje en la televisión donde explicaba cómo creaba sus novelas. Y recuerdo que me pregunté: ¿Y por qué no habla de nosotros? Mi padre está paralizado, mi madre no tiene derecho a trabajar por ser mujer y mi primo está en la cárcel, pero él prefiere inventarse personajes...”.

P. Tras la publicación de su primer libro, mucha gente afirmó que se lo había inventado todo. También con este segundo. ¿Esa verdad molesta tanto que se prefiere creer que todo es mentira?

R. Exacto. La escritora Christa Wolf dice que, cuando se habló por primera vez de los campos de concentración, la gente también creyó que era mentira. El mundo se protege girando la vista. Es como cuando ves a un sin techo por la calle y miras a otro lugar. Eso también pasa con mis libros: la reacción más común es decir que es imposible que cuenten la verdad.

P. En el libro hay dos registros lingüísticos: el suyo, culto, y el de su familia, coloquial.
R. Céline o Faulkner reflejaron una visión burguesa de la forma de hablar de los obreros. Es una fantasía bonita, pero que no tiene nada que ver con la realidad. Es como si la propia condición de la literatura excluyese ciertas formas de expresión. Cuando James Baldwin o Zora Neale Hurston hablan de la experiencia negra en sus libros, se oponen a eso. El caso de Hurston me influyó, porque se plantea esa exclusión a través del lenguaje, dando una forma literaria al vernáculo afroamericano. Yo he intentado hacer algo así. Si no muestras el lenguaje de esas personas, no estás mostrando su vida.

P. ¿Qué opina sobre el #MeToo y el nuevo despertar del feminismo? ¿Es el principio del fin del patriarcado?

R. No es grave ser un hombre blanco y heterosexual. Por ejemplo, Bourdieu lo fue y lo considero uno de los grandes pensadores de la humanidad. El problema es que eso te vuelva ciego respecto a la realidad de los demás. Está siendo una transformación que, como todos los cambios de envergadura, tiene muchas resistencias. Pero esa violencia demuestra que está produciéndose un cambio en la forma de hablar de la exclusión social. Ya no tiene nada que ver con la de hace solo 20 años.

P. ¿Por qué dudo antes de denunciar a su agresor?
R. No quería solucionar la violencia con más violencia. Hay gente que no quiere que su agresor vaya a la cárcel. Lo odian y no quieren volver a verlo en la vida, pero no creen en la idea del castigo. Preferirían resolverlo de otra forma, aunque al Estado le dé igual. En el sistema penal, el perdón está prohibido.

P. ¿Cómo se llega al perdón tras un caso tan grave como una violación?
R. Nunca diré que todo el mundo debe perdonar, porque entonces estaría proponiendo lo mismo que el Estado: la misma solución para todos. Tal vez la reparación sea una palabra más precisa. Y existen mil maneras de reparar. Hay víctimas que quieren hablar con sus agresores, otros exigen no verlos nunca más y los de más allá piden dinero. Lo que digo es que hay que poner a la víctima en el centro. Que cada uno encuentre su propia solución para atenuar su trauma. En algunos casos extremos, hay locos que necesitan una vigilancia más intensa, pero yo creo que la cárcel no elimina la violencia del mundo, sino que la hace crecer.

P. Termina su libro con una frase de Kertész. “Resultó que escribir sobre la felicidad era imposible”, dice la cita. “Resultó que, al escribir, buscaba el sufrimiento más agudo posible, en el límite de lo insoportable, porque el sufrimiento era la verdad”.

R. Todo el mundo me pregunta si escribir mis libros fue una catarsis. Yo respondo que no, porque no quiero librarme de esa violencia. El problema es que vivimos rodeados de tanta violencia que ya ni la percibimos e incluso la llamamos vida. Mi objetivo es hablar de esa violencia que no es enunciada en voz alta. En realidad, no soy pesimista. Solo intento ver lo que resulta problemático para intentar que mañana suponga un problema menor.

#libros #literatura | Historia de la violencia

Historia de la violencia / Édouard Louis.
Barcelona : Salamandra, 2018 [03-08].
192 p.
ISBN 9788498388381 / 17 €

/ ES / FR* / NOV
/ Literatura / Testimonios / Violencia / Violencia sexual

La publicación de ‘Para acabar con Eddy Bellegueule’ proyectó a Édouard Louis como uno de los escritores jóvenes más destacados en el panorama de las letras francesas. La novela, de tintes marcadamente autobiográficos, se convirtió de un día para otro en un auténtico fenómeno de ventas y crítica, que se extendió a países tan dispares como Albania, Dinamarca o Estados Unidos. Dos años después, Louis vuelve con una historia sobrecogedora. La madrugada de un veinticinco de diciembre, cuando regresaba a casa tras cenar con sus amigos más íntimos, Édouard se encontró casualmente con un desconocido y lo invitó a su apartamento. Unas horas más tarde, en un acto de una brutalidad inusitada, el hombre lo violó e intentó estrangularlo. Basándose en esta experiencia traumática, el autor ha realizado un audaz ejercicio de catarsis literaria no sólo para analizar y comprender los impulsos más viles y ultrajantes de los que es capaz el ser humano, sino también para explorar las múltiples facetas de la violencia. En un alarde de sinceridad extrema, Édouard Louis franquea la barrera del pudor y consigue algo que está al alcance de muy pocos creadores: hacernos sentir y pensar a la vez. Sin ningún tipo de restricción, su testimonio es profundamente emotivo e inteligente, por lo que merece figurar entre las obras más representativas de nuestro tiempo.

sábado, 10 de febrero de 2018

#hemeroteca #violenciasexual | Niños que violan a niños

Imagen: El País / Edouard Louis
Niños que violan a niños.
La hipersexualización, la barra libre de porno y la escasa educación sexual juegan en contra de los niños.
Berna González Harbour | El País, 2018-02-10
https://elpais.com/elpais/2018/02/09/opinion/1518197174_104144.html

Es mucho más fácil hablar de violaciones colectivas cuando ocurren en un autobús de India y podemos ponernos de acuerdo en que el salto de la miseria a la era de Internet en sociedades poco desarrolladas genera disfunciones difíciles de controlar. La barra libre de porno en ese país de tradición machista y sin revolución sexual es difícil de asimilar. Lo analizaba así la prensa más interesante de India y no el clero de ninguna iglesia ni los dueños de ninguna verdad. Lo difícil —lo espeluznante— es analizar qué ocurre cuando la violación colectiva tiene lugar en el recreo de un colegio español a manos de chicos de 12 a 14 años y la víctima es un pequeño de apenas nueve. Como primera reacción, apetece convocar a los más finos analistas indios.

Pero ha ocurrido. La Fiscalía de Menores investiga la supuesta violación de un niño por parte de cuatro compañeros de la ESO en un colegio de Sierra de Cazorla, en Jaén. La víctima había sufrido meses de acoso y en lugar de estar haciendo sencillas divisiones con restos, distinguiendo conos de pirámides o separando nombres de pronombres bajo el amparo de sus maestros, como corresponde a un niño de su edad, estaba sufriendo una penetración anal.

Desbordaba ya nuestra capacidad de asombro conocer los casos de abusos de menores por parte de religiosos pederastas que han azotado la Iglesia católica en muchos países, también España. Después la desbordaron casos de violación colectiva como la que se vivió en Pamplona en 2016. Ahora simplemente no encontramos ni cómo ni dónde encajar las que hemos conocido de menores que violan a menores. Ni en el plano moral ni en el plano judicial, pues los menores de 14 años ni siquiera son imputables.

Los profesionales que se ocupan del acoso alertan de que se ha adelantado la edad de las víctimas (ahora tienen 8 o 9 años, cuando antes eran principalmente adolescentes) y se han multiplicado los casos. Tampoco sabemos si la violación de una menor por parte de varios menores en Barakaldo o la de este niño en un colegio de Jaén son casos aislados o una señal de alarma de un problema más extendido. Pero sí sabemos que la hipersexualización que inunda la publicidad, la amplia accesibilidad al porno por parte de los niños y la escasa o nula educación sexual deja el aprendizaje en manos ajenas, manos interesadas, en ocasiones pervertidas y sin fácil control parental.

El joven escritor francés Edouard Louis contó crudamente en 2014 las violaciones que sufrió de niño en un libro muy recomendable: ‘Para terminar con Eddy Bellegueule’ (Salamandra). Su autobiografía fue un ‘best seller’ y una espoleta que puso en marcha miles de denuncias parecidas que le llegaron por carta. En 2015, en una entrevista en Babelia, nos regaló una respuesta que tal vez sirva para darnos pistas de lo que no alcanzamos a comprender: “La violencia que he conocido no es responsabilidad de los que la ejercían, sino producida por su propia exclusión”. Y es que, además de proteger a la víctima en primerísimo término, urge estudiar qué ha fallado socialmente para que cuatro compañeros de un colegio de Jaén hayan preferido acosarle y violarle a jugar con él al balón.

jueves, 11 de junio de 2015

#hemeroteca #libros #homofobia | El niño acosado se hace escritor

Imagen: El País
El niño acosado se hace escritor
Édouard Louis revive en un libro la violencia homófoba que sufrió durante su infancia
Tereixa Constenla | El País, 2015-06-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/22/actualidad/1432306012_795615.html

Durante dos años, Édouard Louis acudió fielmente a la cita con sus acosadores en un pasillo del colegio. No contó las vejaciones ni los golpes hasta muchos años después, cuando decidió escribir un libro sobre su infancia en Hallencourt, un pequeño pueblo del norte de Francia donde no había lugar para la diferencia. Y no lo contó porque Louis batalló contra sí mismo —su amaneramiento, su delicadeza, su orientación sexual— para ser como los demás. Por las mañanas se decía ‘Hoy voy a ser un tío duro’. O, lo que es lo mismo, jugar al fútbol, beber hasta rozar el coma etílico, besar a chicas, faltar a clase, disimular que no le concernían pintadas como “Muerte a los marikas”. La cima de aquel ejercicio de falseamiento se alcanzó el día que se acercó a otro alumno de su centro, tan sospechoso como él, y le espetó: “Cierra esa bocaza, maricón”.

Louis, que acaba de licenciarse en Sociología en la Escuela Normal Superior de París, nació en 1992 con un nombre que le aplastó tanto como sus ademanes afeminados: Eddy Bellegueule, algo así como Eddy el Guaperas. En 2013 se lo cambió. “No era solo un nombre, era también una historia. Cada vez que que escuchaba Eddy Bellegueule, escuchaba ‘maricón’ y ‘pobre’. Era el nombre de mi infancia y yo odiaba mi infancia. Mi autenticidad es lo que yo construyo. Eddy Bellegueule era algo que los otros habían hecho, no lo que yo era. Cambiar el nombre era una manera de decir lo que quiero ser”, explica durante una entrevista en Madrid.

En Hallencourt fue víctima de la miseria física (frío, a veces hambre) y moral. Muchos allí lo son. El anciano que se dejó morir en su cama entre orines y heces, con los calcetines incrustados en los tobillos. Los niños que juegan a ahorcar gallinas con hilo de pescar. El padre de Édouard era el único con derecho a hablar durante las comidas. La madre le reprochaba que fuese la vergüenza de la familia. Leer estaba mal visto. Todo ello, y crueldades mayores, se relata sin artificios literarios en “Para acabar con Eddy Bellegueule” (Salamandra), la novela autobiográfica escrita por Édouard Louis traducida del francés por María Teresa Gallego Urrutia. Tres editoriales rechazaron el original antes de que Seuil lanzase una tímida tirada de 2.000 ejemplares y después de una cuarentena que duró 14 meses. El libro fue un mazazo en el país que inventó los derechos humanos. La prensa se dividió a favor y en contra. Sus antiguos vecinos le insultaron. Algunos medios enviaron periodistas a Hallencourt para verificar si la historia narrada era real. Manipularon el entorno. Su madre le atacó. “La llevaron a otra casa y le dieron otras ropas para decir que yo mentía”, revive. Nadie pidió perdón por haberle insultado, escupido, agredido o difamado en la infancia. La obra se convirtió en un superventas: 230.000 ejemplares, traducciones a 20 idiomas, miles de cartas y correos electrónicos de víctimas de la homofobia en otros lugares (también en España). Louis se liberó al huir, aunque paradójicamente vivió su alejamiento del pueblo como un fracaso. “A esa edad vencer habría supuesto ser como los demás”, escribe.

Un día antes de la entrevista había entregado su segundo novela, “Historia de la violencia”. De nuevo vida real: la de un inmigrante de la Cabilia que Louis utiliza para denunciar la marginación que sufrieron en Francia oleadas de argelinos tras la guerra de la independencia. Literatura política. Vivencias personales al servicio de la historia colectiva contemporánea. Una nueva disección de la violencia. “No me gusta la literatura que es un mero ejercicio de estilo. Tenía razones políticas para escribir mi libro. El mundo de mi infancia estaba ausente de la literatura. Intenté incluir en la literatura lo que la literatura excluye”.

lunes, 9 de febrero de 2015

#hemeroteca #libros #homofobia | Édouard Louis: “Yo protegía a mis agresores homófobos”

Imagen: El País
Édouard Louis: “Yo protegía a mis agresores homófobos”
Llega a España la dura autobiografía de un joven francés que ha sido una revelación literaria y un grito contra la discriminación. “Es difícil confesar que uno es humillado.”
Gabriela Cañas | El País, 2015-02-09
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/04/babelia/1423060827_175327.html

Lo habitual a su llegada al colegio es que el niño Eddy Bellegueule sufriera las humillantes palizas de un chico pelirrojo y otro un poco jorobado. Le escupían a la cara. En ocasiones le obligaron a comerse el esputo. Sus dos verdugos son chicos reales, viven en Picardía (norte de Francia), pero su víctima nunca les puso nombre. La violencia, dice ahora ese niño adulto, “está fuera de los individuos. Es el sistema el que la produce”.

“Para terminar con Eddy Bellegueule” fue uno de los libros más exitosos del año en Francia en 2014. Era y es todavía la primera obra de un joven homosexual que ha puesto palabras a su calvario. Eddy huyó de su casa a los 16 años, rompió con su pasado y se cambió el nombre. Ahora es un universitario llamado Édouard Louis y una revelación literaria: este su primer libro ha vendido 250.000 ejemplares. Su impacto ha sido enorme. Tras su publicación recibió entre 2.000 y 3.000 cartas. “En ellas todos me decían lo mismo: que habían sufrido la misma situación”.

Traducido a una decena de idiomas, su libro, que sacude los cimientos de una sociedad que se quiere culta e igualitaria, llega a España.

Esta entrevista tiene lugar en un gran café de París, donde ahora vive. Con solo 22 años y sus maneras delicadas, habla echando el cuerpo hacia delante, con la misma pasión y la misma fuerza de su estilo narrativo.

Pregunta. Resulta llamativo comprobar que haya tanta homofobia en la sociedad francesa.

Respuesta. No creo que sea diferente en otros países. Mucha gente me dice que esta realidad que yo describo no existe, y no es cierto. Lo que pasa es que es algo de lo que no se habla. Es invisible porque se excluye del discurso político y del discurso literario. Es uno de los mecanismos de la violencia: hacerla invisible. También sucede que hay mucha dificultad en contar el sufrimiento, confesar que uno sufre, que es humillado y excluido. Porque eso también es violento para uno mismo. Eddy Bellegueule se deja pegar en el colegio. Yo mismo protegía a mis agresores. Yo mismo era el más eficaz mecanismo de simulación. Empecé a escribir mi libro en 2010, antes de los movimientos homófobos que hemos conocido, como “La Manif Pour Tous” [contra el matrimonio homosexual]. Son movimientos que demuestran la existencia de esa realidad que describo. Aunque es verdad que vivir la homosexualidad en París es algo más sencillo.

P. Sorprende también la falta de cultura que describe en su entorno.
R. Sí. Describo un mundo en el que la literatura está completamente ausente. Desde que nací hasta los 16 años nunca leí. Leer era, de hecho, un síntoma de afeminamiento. Son cosas que fomentan aún más la exclusión. Que te guste la escuela, someterte a su disciplina, también es cosa de maricas. Hay una especie de desajuste entre el sistema escolar y los hijos de clases populares. Se encuentran en el mismo espacio, pero no hablan el mismo idioma.

P. Finalmente, usted se ha convertido en un burgués culto, como dice que se veía a sí mismo en su libro, alejado del monstruo que creyó ser. Se ha liberado.

R. El transfuguismo es un elemento habitual en la literatura y el cine, pero yo soy ahora libre casi por azar. No tenía otra salida más que la huida.

P. Podía quedarse y seguir sufriendo.
R. No. La vida de Eddy Bellegueule era imposible. Yo no podía convertirme en un duro y huyendo no tenía nada que ganar. Ahora estoy contento, pero me interesa explorar esto de la huida, que no es fácil ni en la vida ni en la política. Ahí está el caso de Edward Snowden.

P. ¿Ha podido reconstruir su relación con su familia y sus amigos de antaño?

R. Es imposible. Los reencuentros son violentos. Cada cosa que digo es tomada por una agresión. Soy el único de mi familia que ha estudiado y me echan en cara cómo visto y cómo hablo. Creen que lo hago para humillarles. Es una violencia que nos aleja. Hay una obra de teatro que me gusta mucho de Jean-Luc Lagarce, “Juste la Fin du Monde” (“Solo el fin del mundo”), una pieza autobiográfica. Lagarce murió de sida muy joven, era de origen humilde y vino a París. Cuenta que antes de morir volvió a su familia, a la que no veía desde hacía mucho, para anunciarles su muerte. Y no logra hablar con ellos. La obra de teatro es una sucesión de monólogos. Nunca consigue un auténtico diálogo. De modo que se va sin decirles que va a morir. Es lo que me pasa a mí. Cualquier intento de diálogo es violento. Mi libro es en realidad una llamada a la revuelta contra este tipo de vida que lleva gente como mi familia. Es una vida dominada.

P. Produce mucha tristeza saber que usted no tiene un solo recuerdo feliz de su infancia.

R. Es cierto. El rechazo que yo sentía por ser diferente era tan poderoso que condicionaba toda mi visión del mundo. Pero de lo que me interesa hablar es de la violencia, porque cuando llegamos a este mundo se nos etiqueta: eres marica, negro, judío, árabe, mujer, provinciano… Me parece que todos nos hemos constituido en esa dominación a veces invisible que nos conforma como personas.

P. ¿Le ha salvado la literatura?
R. Por supuesto. Al irme de casa sentí una gran necesidad de dar la palabra a ese mundo que había vivido. Hice teatro y he sido militante político, pero la literatura es para mí el mejor medio de expresarme. Hablar de la violencia es una forma de combatirla. Mi madre, por ejemplo, es víctima de todo ello. Si se le pregunta por qué dejó de estudiar, responde que no le interesaba, que fue ella la que eligió dejarlo, cuando en realidad fue excluida violentamente porque su perfil no se correspondía con el medio en el que estaba, porque no tenía las herramientas para tener éxito en la escuela.

P. ¿Ha empezado ya su segundo libro?
R. Sí, estoy a punto de acabarlo. Se centra en las condiciones de vida de los inmigrantes argelinos en Francia. Conocí a un chico con el que estuve hablando toda la noche. Me contó su vida y la de su padre, y de golpe descubrí ahí toda la violencia racista que no conocía. El racismo de la gente, pero también del Estado francés, que alojaba a los argelinos después de la guerra en inmuebles inmundos, insalubres, donde había reglas estrictas para volver a casa o acostarse a una hora determinada. Comer todos juntos... Un sistema inimaginable en el siglo XX en Francia. Son vidas que no se conocen. Para mí, utilizar la fuerza de la literatura para dar la palabra a todo eso me parece importante.

P. Ha desarrollado usted una gran sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno.
R. La violencia que he conocido no es responsabilidad de los que la ejercían, sino producida por su propia exclusión. Es el principio de la conservación de la violencia. Por eso construyo mi libro describiendo la vida de los otros. Todo está calculado literariamente para lograr una revuelta no contra la violencia de las clases populares, sino contra lo que produce toda esa violencia. Mire lo que ha pasado con los atentados de París. Cuando se mira la vida de esos hombres que mataron se ve que verdaderamente llevaban una existencia miserable, muy violenta, de una extrema pobreza. Evidentemente, lo ocurrido se puede comprender.

P. Aunque no justificar.
R. Exacto. Lo difícil es operar una reformulación del compromiso político. No se trata de excusarlos, pero la cuestión es buscar las causas, porque estas suelen estar fuera de los individuos. Decir simplemente que esos tipos son monstruos no lleva a ninguna parte. Nada cambia. Si modificas el sistema escolar, si se renuevan las prisiones y todo eso, quizá las cosas sean diferentes. Yo no creo que mi padre sea culpable de llamarme marica cuando era niño. Es un sistema el que lo produjo.

DOCUMENTACIÓN
Masiva protesta contra la política familiar francesa

El movimiento contra el matrimonio homosexual amplía sus exigencias
Gabriela Cañas | El País, 2014-10-05
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/05/actualidad/1412525139_820929.html
La ley del matrimonio homosexual recrudece la homofobia en Francia
La votación del texto definitivo, el próximo martes, espolea las protestas y los actos violentos. Dos manifestaciones de distinto signo recorrerán este domingo las calles de París.
Miguel Mora | El País, 2013-04-20
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/20/actualidad/1366478731_658239.html

jueves, 5 de febrero de 2015

#libros #literatura #homofobia | Para acabar con Eddie Bellegueule


Para acabar con Eddie Bellegueule / Édouard Louis ; traducción de María Teresa Gallego Urrutia
[En finir avec Eddy Bellegueule. Español]
Salamandra, Barcelona : 2015 [02-05]
192 p.
ISBN 9788498386486 / 16 €
/ ES / NOV
/ Bullying homofóbico / Francia / Homofobia / Infancia / Juventud / Literatura / Relaciones familiares / Testimonios

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí.

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.» Édouard Louis

ENLACES
Salamandra | Para acabar con Eddie Bellegueule
http://salamandra.info/libro/acabar-eddie-bellegueule

DOCUMENTACIÓN
El niño acosado se hace escritor
Édouard Louis revive en un libro la violencia homófoba que sufrió durante su infancia
Tereixa Constenla | El País, 2015-06-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/22/actualidad/1432306012_795615.html 
Édouard Louis: “Yo protegía a mis agresores homófobos”
Llega a España la dura autobiografía de un joven francés que ha sido una revelación literaria y un grito contra la discriminación. “Es difícil confesar que uno es humillado."
Gabriela Cañas | El País, 2015-02-09
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/04/babelia/1423060827_175327.html
‘Para acabar (¿realmente?) con Eddy Bellegueule’
José Antonio Serrano Segura | Literaria, 2015-02-07
http://jaserrano.me/2015/02/07/para-acabar-realmente-con-eddy-bellegueule/
>
Y TAMBIÉN...
Día Internacional contra la Homofobia
¿Qué he hecho yo para leer esto? | Biblioteca de la Universidad de La Rioja, 2015-05-18
https://quehehechoyoparaleeresto.wordpress.com/2015/05/18/dia-internacional-contra-la-homofobia/
¿Es sincero Eddy Bellegueule?
¿Qué he hecho yo para leer esto? | Biblioteca de la Universidad de La Rioja, 2015-05-12
https://quehehechoyoparaleeresto.wordpress.com/2015/05/12/es-sincero-eddy-bellegueule/