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sábado, 25 de diciembre de 2021

#hemeroteca #arte | Gregorio Prieto: el guardián de los secretos de Lorca

La Razón / Federico visto por Gregorio Prieto //

Gregorio Prieto: el guardián de los secretos de Lorca.

Toledo acoge una exposición en la que se profundiza en la relación del poeta y el pintor.
Víctor Fernández | La Razón, 2021-12-25
https://www.larazon.es/cultura/20211225/ec5bj2yzhrhlha2kvwnv3osprm.html 

La Generación del 27 no solamente fue un grupo literario sino que también lo fue en lo artístico. Algunos de los pintores de aquella época se convirtieron en algunos de los nombres más importantes de ese imponente universo creativo. Uno de sus principales protagonistas fue Gregorio Prieto, un joven artista que retrató a buena parte de los integrantes del 27, además de ser íntimo amigo y confidente de tres de los poetas más importantes del grupo: He ahí a Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Luis Cernuda.

Prieto tuvo el cuidado de conservar un impresionante archivo, imprescindible para conocer de primera mano algunos aspectos, los más personales, de aquellos escritores. Buena prueba de ello es el espacio que se acaba de inaugurar en Toledo, concretamente en la Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha (CORPO). Se trata de una pequeña y representativa selección de los dibujos, las cartas y los documentos que Prieto guardó toda su vida de Lorca. El archivo del artista se conserva en la fundación que lleva su nombre en Madrid, mientras que el fondo artístico está en su museo de Valdepeñas que en breve conocerá un nuevo e importante impulso.

El pintor conoció al poeta el 7 de abril de 1924, cuando Lorca acudió al Museo de Arte Moderno de Madrid donde Prieto tenía una exposición. Se hicieron inmediatamente amigos y el granadino se atrevió a declarare: «Lo que daría yo, Gregorio, por tener un retrato hecho por ti». Se estableció en ese momento un diálogo que tuvo como consecuencia que Lorca regalara a su amigo algunos de sus dibujos, una faceta por entonces casi desconocida dentro de su creatividad. «Muchos tiran mis dibujos, Gregorio, pero yo te los doy porque sé que los guardas y que cuando yo muera los harás famosos. A ti te gustan, y además sabes eternizar las cosas», diría el autor de «Bodas de sangre» a Gregorio Prieto.

Juventud eterna
En el espacio de Toledo, una ciudad que a Lorca le gustaba visitar con Buñuel y Dalí, se expone uno de los retratos en los que Prieto dibujó de manera idealizada a su amigo casi como si fuera una escultura griega viviente, con esa impresión de juventud eterna que quedó truncada por las balas de los asesinos fascistas en 1936.

En cuanto a lo realizado de puño y letra de Lorca destaca el original de una de las cartas que envió a su amigo Melchor Fernández Almagro y donde convierte las palabras «Querido Melchor» en dos alargadas construcciones de colores protegidas por una luna. Igualmente encontramos un sobre con la dirección de Prieto en el Madrid de los años 20, en la calle Corredera Alta, números 9 y 11.

Sin embargo, la pieza que genera mayor interés es un pequeño dibujo en el que es evidente ya el paso del tiempo. Se titula «Nostalgia» y fue realizado en 1927, un año fundamental para el poeta que vuelve a viajar a Cataluña para estar al lado de su querido Salvador Dalí, el mismo que le hará los figurines y los decorados de «Mariana Pineda», la obra que ese verano estrena en Barcelona de la mano de la actriz Margarita Xirgu.

El título es una referencia al sentimiento que el poeta dejaría brotar sentir, una vez de vuelta en la Huerta de San Vicente de Granada después de los días pasados en Cadaqués y Barcelona, tan emocionantes e intensos. El gran historiador y crítico de arte Rafael Santos Torroella estudió con detalle esta pequeña composición e identificó en el dibujo a Dalí y a Sebastià Gasch en la suerte de mapa afectuoso trazado por Lorca. Gasch, un reputado crítico de arte, fue uno de los amigos que más hizo por animar al poeta a que siguiera dibujando.

¿Y Dalí? Lorca siente en ese momento una gran añoranza por el amigo de quien está profundamente enamorado. Pero esos sentimientos no los podía compartir con cualquiera y encontró en Prieto al guardián de sus secretos, como atestigua este importantísimo original. Prieto, y ahí están los epistolarios, conocía la intimidad lorquiana con detalle. Tal vez por eso Federico García Lorca confió en él para que guardara su «Nostalgia».
 
Y TAMBIÉN…
Gregorio Prieto y García Lorca "dialogan" ya con surrealistas en Corpo Toledo.

Con esta exposición se hace un homenaje a un artista de esta región, Gregorio Prieto, que fue el precursor del postismo -cuyo nombre es la contracción de postsurrealismo- y a una de las grandes figuras de la literatura y del arte español, como es Federico García Lorca.
CLM24, 2021-12-20
https://www.clm24.es/articulo/cultura/arte-obras-exposicion-gregorio-prieto-garcia-lorca-dialogan-surrealistas-corpo-toledo/20211220163536340699.html
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Abre sus puertas en Toledo la muestra que recoge dibujos, correspondencia y collages entre Lorca y Gregorio Prieto.

La nueva exposición 'Federico García Lorca y Gregorio Prieto: Dibujo de una amistad poética' ha quedado inaugurada este lunes en la Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha (CORPO) de Toledo. Esta muestra cuenta con un total de once piezas entre dibujos, correspondencia ilustrada, collages y fotografías que definen la relación entre ambos artistas.
EP | 20 Minutos, 2021-12-20
https://www.20minutos.es/noticia/4930240/0/abre-sus-puertas-en-toledo-la-muestra-que-recoge-dibujos-correspondencia-y-collages-entre-lorca-y-gregorio-prieto/
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CORPO inaugura un espacio dedicado a la obra y la relación entre Federico García Lorca y Gregorio Prieto.
EP | La Cerca, 2021-12-18

https://www.lacerca.com/noticias/castilla_la_mancha/corpo-espacio-obra-relacion-garcia-lorca-gregorio-prieto-588400-1.html

sábado, 29 de junio de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #memoria | "Epentismo": Así era la «masonería gay» del 27

La Razón / Víctor María Cortezo, Blanca Pelegrín, Luis Cernuda, María del Carmen García Lasgoity, Manuel Altolaguirre y María del Carmen Antón, verano de 1937 //

"Epentismo": Así era la «masonería gay» del 27.

Los poetas homosexuales de la época, forzados a esconder su tendencia sexual, crearon códigos de reconocimiento entre ellos, de los que, el más llamativo, fue la invención de Lorca de una palabra que les sirviera, en tono jocoso, para definir su mutuo entendimiento.
Gonzalo Núñez | La Razón, 2019-06-29
https://www.larazon.es/cultura/epentismo-asi-era-la-masoneria-gay-del-27-HA23984113/ 

Si colocáramos en fila todas las palabras y expresiones que, a lo largo de la historia, han servido de eufemismo a la condición de homosexual, habría suficientes letras como para recubrir no una, sino dos, tres o cuatro plazas de Chueca. Nada como «el amor que no osa decir su nombre» (Oscar Wilde) se ha expresado con más cantidad de silencios, sobreentendidos, medias palabras o nombres encubridores, caretas y máscaras de una orientación reprimida. Muchos han sido los idiomas y las contraseñas de la homosexualidad a lo largo de la historia, el idiolecto de los «entendidos», fuese éste un lenguaje gestual, social (ropa, hábitos compartidos, etcétera) o realmente fonético. En el Londres de los 50 y 60, por ejemplo, el Polari (contaminado del italiano y las lenguas romances) se convirtió en el «slang» de los maricas de la la metrópoli británica. Y en Estados Unidos, el enorme éxito de «El mago de Oz» llevó a los gays a usar la expresión «amigos de Dorothy» («Friend of Dorothy», abreviado como FOD) para vincularse y reconocerse en medio de un entorno hostil.

Intelectuales y torerillos
Y así llegamos al «epentismo», que sería la palabra clave, el «amigo de Dorothy» de la intelectualidad homosexual española de los años 30: la contraseña con la que se engarzaban y se parodiaban Federico García Lorca y el círculo de invertidos, muchos de ellos grandes poetas, que pululaban por el Madrid a caballo entre la dictadura de Primo de Rivera y la II República. Lo primero que habría que decir es que el «epentismo» no es un fenómeno extendido. Es más bien la broma interna de una serie de creadores que, como era habitual en la época, escondían de puertas afuera su orientación sexual. Pero estos «epentes» no eran moco de pavo: Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Carlos Morla Lynch, Eduardo Blanco Amor, una galaxia a la que se sumaban como satélites aquella cofradía de amigos homosexuales de distinta extracción (a veces hasta buscavidas o torerillos) que tenían algo en común: el pecado nefando.

A Luis Antonio de Villena, fue un ya anciano Vicente Alexandre quien le puso en antecedentes de aquel término: «''Epentismo'' y ''epente'' eran (según todos, pero yo lo supe primero por Aleixandre) términos inventados por Federico para aludir a la homosexualidad o a los homosexuales en contextos donde la palabra –en los años 30 y aún con la libertad de la República– eran indecibles. Por ejemplo, todos sabían (en intimidad) que el gran erudito José María de Cossío era homosexual, pero eso era secreto y nadie lo hablaba. Así, en una comida Federico le decía a Vicente: ''He oído que Cossío es un gran estudioso del epentismo. ¿Tú lo sabías?''. Y Aleixandre contestaba: ''Sí, lo sabía. Sé que lo ha estudiado mucho. Es un ''epente'' muy notable''».

El origen: «intercalar»
Buena parte de lo que narra Ian Gibson en «Lorca y el mundo gay» le viene de sus conversaciones con Luis Antonio de Villena, que trató a Aleixandre y Blanco Amor ya en los años 70 y quienes le confiaron mucho de sus vidas privadas. Pero el biógrafo del poeta granadino añade datos jugosos, como la raíz etimológica y la metáfora que dio pie a la palabra: según el británico viene del griego «epéntesis», o sea, «intercalar», y añade Gibson que se trata de una «figura de dicción, según la Real Academia de la Lengua, que consiste en añadir algún sonido dentro de un vocablo, como ''coránica'' por ''crónica''». El hecho de consistir en una intercalación ya da idea de por dónde iban los tiros de la palabra «epente». Según Saiz de la Calzada –añade siempre Gibson–, se referiría también con el término «a los que crean, pero no procrean».

«¡Somos la gran masonería epéntica!», solía decir Lorca con humor. Las cartas entre todos ellos ofrecen ejemplos del uso jocoso de esta palabra. Letras de Lorca a Aleixandre, a Blanco Amor... Y, desde luego, a Rafael Sánchez Nadal, gran íntimo amigo del poeta. «El epentismo granadino es ya epidemia. ¡Qué barbaridad!», le escribe a este último en una misiva en 1934.

Y es que, más allá de los, digamos, socios preferentes, en el círculo del «epentismo» se movían, como es natural, los amantes pasajeros de estos artistas. Algunos incluso rebotaron de unos a otros. Ese fue por ejemplo el caso de Serafín Fernández Ferro, un gallego de familia de anarquistas y formación autodidacta que se ganaba la vida a los 17 años en Madrid ejerciendo todo tipo de profesiones, incluida la de chapero. Fue en el café El Universal, en 1931, cuando conoció a los «epentistas». Según el relato de los orígenes de esa relación, parece ser que el gallego se acercó a Lorca y Rafael Martínez Nadal, y les pidió un pepito de ternera porque llevaba días sin comer. Se supone que se insinuó al poeta andaluz, pero éste rechazó la oferta, aunque otras fuentes indican que pudo tener un «affaire» con él más tarde. Lo que está claro es que Lorca le procuró contactos para trabajar y le consiguió un amante fiel: Luis Cernuda. Morla Lynch describe a Serafín Fernández como un bello muchacho de cara «chispeante, simpática y agraciada. Pequeño de estatura, pero proporcionado, de cabellera ondulada y de tez ligeramente broncínea, tiene esa expresión, entre risueña y dolorida, propia de los adolescentes que acaban de atravesar por una infancia triste», según dejó escrito el músico y diplomático, de orígenes acomodados, pero que se sentía cómodo con las clases más populares.

El dinero de Cernuda
Cernuda lo adoptó y financió, y Serafín se dejó querer, tanto que Aleixandre, otro de los «epentes» a quien Lorca recomendó el chaval y que presenció la toxicidad de la relación, llegó a calificarlo de «un chulito de barrio que le hizo sufrir mucho, pues el pobre Luis se enamoró perdidamente y el tal Serafín le hacía poco caso, salvo para pedirle dinero». Sin embargo, este «chulito de barrio», según su descripción, tocó en el poeta sevillano las cuerdas precisas para extraer de él un poemario que se encuentra entre lo más alto de nuestra lírica, «Donde habite el olvido». Blanco Amor también lo tuvo bajo su tutela, y se supone que tuvieron una relación, pero sus recuerdos de Serafín no eran halagüeños y se desconoce si dejó algún fruto literario. El joven gallego acabaría inmerso en el mundo del teatro y, al haber compartido ambiente con los escritores, probó suerte en la poesía. En 1939 tuvo un pequeño papel en «L’espoir-Sierra de Teruel», de Malraux, y luego se le pierde la pista en México.

La guerra disgregó aquella «masonería gay» que refulgió en los años 30. El triste destino de Lorca ya se sabe que hay que buscarlo bajo tierra, quizá cerca de Víznar, donde fue asesinado, mientras Blanco Amor se exilió a Argentina hasta 1965. Cernuda acabó sus días en México presa de otro amor totalizante por un fornido culturista que le inspiró la maravillosa «Palabras para un cuerpo», a Ernesto Guerra de la Cal, otro «epente», la guerra le pilló en Nueva York y en aquellos lares se quedó. Por último, a Aleixandre le tocó en suerte el exilio interior y custodiar la memoria de aquella cofradía de talentosos homosexuales que nunca pudieron decir demasiado alto el tipo de amor que cultivaban.

Morla Lynch, el diplomático y los «garzones»
Por los salones de su distinguida casa del barrio de Salamanca, con vistas al Retiro, pasó lo más granado de la intelectualidad y la literatura española de la Edad de Plata. Carlos Morla Lynch, fue embajador de Chile en España entre 1928 y 1939. Nacido en París en 1888 era conservador, cercano a los falangistas y hasta admirador de Hitler en los años 30, pero todo ello no obstaculizó su admiración y amistad con los «epentistas» y, especialmente, con Lorca, ese granadino que describe como «guasón, bromista, chacotero, disipador de nubarrones», según sus palabras. Llegó a Madrid en 1928 por primera vez y regresó en 1930 tras residir en varios países. Hombre de mundo y elegante, sintió siempre, sin embargo, una querencia hacia las clases bajas y cultivó amores con todo tipo de jóvenes de humilde extracción. Como escribe Andrés Trapiello esa «afición a los guapos garzones le franqueó las puertas del muy clandestino club del que eran socios Lorca, Cernuda y otros artistas del 27».

«El Público», para buenos entendedores
Francisco Umbral veía a Lorca «el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales». Pero, respecto a esta última, ni Lorca hizo gala de esta condición, por no ser aceptada en la época, ni sus obras se pueden leer directamente desde su homosexualidad. Aunque en todo su trabajo hay trazas de ello y de sus amores (como en «Los sonetos del amor oscuro», escritos bajo la influencia de Rafael Rodríguez Rapún), fue con la obra de treatro «El público» donde más cerca estuvo el escritor de mostrar su condición sexual. Eso sí, lo hizo a través de una dramaturgia rupturista, nada clásica, mostrando tanto como escondiendo. Sin embargo, Lorca llegó a proyectar un drama, éste sí realista, tradicional, sobre el asunto de la homosexualidad. Se iba a llamar «La bola negra» y en él quedaría claro el tema. Pero nunca llegó a escribirse.

lunes, 13 de mayo de 2019

#hemeroteca #memoria | La casa del poeta Vicente Aleixandre, perdida entre la ruina y el olvido

Imagen: Público / Casa de Vicente Aleixandre, en Velintonia 3, Madrid
La casa del poeta Vicente Aleixandre, perdida entre la ruina y el olvido.
El hogar de quien fuera uno de los máximos exponentes de la Generación del 27 se encuentra deshabitada y abandonada. Nada que ver con lo que fue en su día: un lugar habitual de reunión de escritores como García Lorca, Cernuda, Alberti, Miguel Hernández y Neruda.
Manuel Tapia Zamorano | Público, 2019-05-13
https://www.publico.es/sociedad/vicente-aleixandre-casa-poeta-vicente-aleixandre-perdida-ruina-olvido.html

En el chalet situado en el número 3 de la calle Velintonia, el premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre vivió su doloroso exilio interior, en aquella casa, en 1928, recibió los primeros ejemplares de su libro de presentación, “Ámbito”, y en esa residencia el que fuera uno de los máximos representantes de la Generación del 27 conoció a Luis Cernuda, Miguel Hernández o Pablo Neruda.

En Velintonia, 3 su gran amigo Federico García Lorca solía tocar el piano de la madre de Vicente Aleixandre, y allí le leyó por vez primera los magistrales ‘Sonetos del amor oscuro’, todos, los publicados y los perdidos, que aún eran unos sonetos sin título.

Aleixandre concibió en esa casa la mayor parte de su obra. El premio Nobel de Literatura en 1977, que desde finales del año pasado presta su nombre a una estación de Metro situada cerca de su casa, hizo de ella un "refugio vital y un espacio propicio para la amistad, que con tanta entrega cultivó a lo largo de su vida".

Son palabras de Alejandro Sanz, presidente de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre, que cada vez que visita la casa del poeta siente una mezcla de emoción, desolación e indignación porque Velintonia, año tras año, se va deteriorando y el tiempo deja sus huellas terribles en las paredes, en las ventanas, y en el jardín en el que aún vive el imponente cedro libanés que plantó el escritor sevillano en 1940.

"En Velintonia —explica Sanz— sucedieron hechos de un incuestionable valor histórico, reflejados en numerosos textos, cartas, memorias, evocaciones. En Velintonia nuestro poeta vivió y amó. Por eso siento también indignación porque llevamos 24 años denunciando el penoso estado de abandono del histórico inmueble y puede pasar lo peor: que adquiera la casa un particular y destruya irreversiblemente todo lo que representa".

La casa de Velintonia, 3 permanece vacía desde 1986, cuando falleció Concepción Aleixandre, hermana del escritor. El inmueble lleva en venta muchos años y ha habido, según le consta a la asociación, alguna oferta privada. No obstante, la sobrina nieta del Nobel siempre ha manifestado su deseo de hablar con cualquier representante de las administraciones públicas para intentar llegar a un acuerdo razonable de venta.

No a la ideologización interesada
La propuesta defendida por la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre es convertir Ventolina, 3 en la Casa de la Poesía, y cree que para conseguirlo lo más importante y urgente es constituir una mesa de trabajo integrada por representantes de las tres administraciones (municipal, autonómica y del Gobierno central), "y en la que nuestra asociación pueda también participar activamente para poder seguir defendiendo, con garantías, el fin que debe darse a esa casa, evitando cualquier interesada ideologización del espacio", resalta Alejandro Sanz.

En su opinión, la situación de "desprecio institucional" hacia la casa de un poeta y premio Nobel como Vicente Aleixandre no tiene parangón en Europa. "Esto sería inimaginable en Alemania, Francia, Reino Unido o Austria, por ejemplo", subraya.

Sanz no duda en culpar de la ruina y el olvido de Velintonia 3 a gobernantes y políticos, que tienen la "honrosa responsabilidad y la obligación, porque tienen la capacidad y los medios para hacerlo, de velar por nuestro patrimonio histórico y cultural y de protegerlo con todas las garantías, para que las generaciones futuras puedan disfrutarlo con la máxima plenitud".

"Esto —puntualiza— solo se consigue con cierta sensibilidad cultural, respeto por la historia y una firme voluntad en lograrlo. Desgraciadamente, nuestros gobernantes parecen estar más preocupados en mantener sus cargos que en trabajar por preservar el legado histórico de todos los españoles”.

Un conjunto de ladrillos y paredes
En tono irónico, Sanz se pregunta qué se puede esperar en España si la directora general de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, Paloma Sobrini, en unas declaraciones a Radio Nacional en octubre de 2017, fue capaz de negar rotundamente el incuestionable valor histórico de Velintonia al afirmar que la casa era solamente un “conjunto de ladrillos y paredes”, palabras que, a su juicio, merecían su dimisión.

El próximo 21 de junio, la asociación abrirá Velintonia para recordar a Pablo Neruda, que conoció precisamente allí a Vicente Aleixandre, presentado por Federico García Lorca hace ochenta y cinco años. El objetivo es seguir denunciando el lamentable estado de abandono de la casa. En el acto participarán destacados poetas, escritores y artistas, así como las actrices Julieta Serrano y Charo López.

Desde que en 1995 inició la lucha para hacer de Velintonia, 3 una Casa de la Poesía, el colectivo ha recibido el apoyo y solidaridad de decenas de escritores, poetas, intelectuales y artistas.

Entre ellos destacan premios Nobel como Seamus Heaney, Mario Vargas Llosa o Jean-Marie Gustave Le Clézio, poetas como Claudio Rodríguez, José Hierro, Pere Gimferrer, Clara Janés o Antonio Gamoneda, novelistas como Fernando Aramburu, Javier Marías, Francisco Umbral, José María Merino o Vicente Molina Foix y artistas como Luis Eduardo Aute, Miguel Poveda, Alejandro Sanz, Joan Manuel Serrat, Amancio Prada, Patxi Andión, Maga, Carmen Linares, Raphael y Clara Montes.

En cuanto a las esperanzas que pueden tener en el nuevo Gobierno que surja de las recientes elecciones generales y en los que se vayan creando después de los comicios locales y autonómicos, Sanz se muestra pesimista. "No tenemos ninguna esperanza, visto lo visto. En estos años ha habido promesas, leves siempre, de unos y de otros, acuerdos incumplidos, muchas vanas palabras que, como diría Aleixandre ‘son un soplo solo’. Queremos hechos, y para eso hay que trabajar con voluntad", concluye.

viernes, 9 de febrero de 2018

#hemeroteca #mujeres #historia | Carmen Conde, de las barricadas republicanas a la película 'Raza'

Imagen: Público / Carmen Conde
Carmen Conde, de las barricadas republicanas a la película 'Raza'.
A Carmen Conde, poeta, cuentista, dramaturga, memorialista y agitadora cultural, no se la recuerda por su obra, sino porque unos señores académicos, en 1978, la votaron para la RAE.
Aníbal Malvar | Público, 2018-02-09
http://www.publico.es/sociedad/40-anos-primera-mujer-rae-carmen-conde-barricadas-republicanas-pelicula-raza.html

Este 9 de febrero se cumplen 40 años de la elección de la primera académica de la lengua española, y da un poco de pudor recordarlo. Es como si los periódicos conmemoráramos el día en que a Macondo llegó el hielo, y no la obra de Gabriel García Márquez. A Carmen Conde, poeta, cuentista, dramaturga, memorialista y agitadora cultural, no se la recuerda por su obra, sino porque unos señores académicos, en 1978, la votaron para la RAE.

¿He venido y me fui; me iré mañana
y vendré como hoy…? ¿Qué otra criatura
volverá para ti, para quedarse
o escaparse en tu luz o hacia lo nunca?

Era, ya se ha dicho, 1978, año de ruido de sables, de constante revuelta vestida de pantalones campana, de Adolfo Suárez –ministro secretario general del Movimiento (no confundir con ‘La Movida’)-- en la Moncloa, de la redacción de esta Constitución tardofranquista que aun hoy jadea, del primer homenaje austriaco a los españoles republicanos asesinados por los nazis, de la despenalización en nuestro país del adulterio y el amancebamiento (castigos solo aplicados sobre las mujeres).

Y Carmen Conde, republicana y bisexual, era votada en aquel 1978 como primera mujer titular de un sillón en la Real Academia Española. Tocaba una mujer, enfatizaban las crónicas de antaño. Lo mismo que se dice ahora: toca una mujer. El País arrancaba así su crónica del acontecimiento, resaltando en el texto –y no en la firma-- que una mujer, o sea, una mujer, era la que había recogido los testimonios de los señores académicos para que justificaran la excéntrica elección de Carmen Conde: “Por primera vez desde la fundación, en 1714, de la Real Academia Española, una mujer ocupará hoy un sillón entre los «inmortales». La elección se efectuará entre las tres candidatas presentadas: Rosa Chacel, Carmen Conde y Carmen Guirado. Una de ellas romperá con la tradicional reticencia de los académicos a compartir sus puestos con colegas femeninos. Los académicos han visto por fin la necesidad de actualizar la Academia a los tiempos que corren, y de esta manera quedan abiertas las puertas de la Real a las mujeres que lo merezcan. Joaquina Prades ha elaborado la siguiente información, tras recabar las opiniones de los académicos que apoyaron la terna”.

Te veo en la alta noche, temiendo que tus ojos
mintieran por amor que era yo la que buscabas.

De Carmen Conde pocos han dicho que es UNO de LOS más grandes poetas de la Generación del 27. Y el cronista resalta lo resaltado para evitar el dadivoso y machirulo recurso de señalar que es UNA de LAS más grandes poetas de la Generación del 27, pues eso la relegaría a la Liga Femenina de aquel bosque de nabos que se nos muestra en las fotos fundacionales. Como ‘El País’, que resaltaba que “quedan abiertas las puertas de la Real a las mujeres que lo merezcan”, tal que si los merecimientos de la mujer fueran más cuestionables que los del varón (así sigue recogido en nuestra Constitución, por cierto, donde el varón aun prevalece en la línea dinástica de sucesión borbónica).

Carmen Conde nació en agosto de 1907 en Cartagena, y de joven oposita para delineante en construcción naval y empieza a estudiar magisterio. Con 20 años, en el año fundacional de su generación, se enrolla con el poeta Antonio Oliver Belmás, y empieza a publicar en las muy líricas y minoritarias revistas de Juan Ramón Jiménez, del que será gran amiga. De aquellos años quizá data -así lo dejan entrever sus intercambios epistolares- su primera relación sáfica con Ernestina de Champourcín, lectora de románticos y simbolistas franceses y de místicos españoles. Champourcín: también poeta, también casada con varón, también 27, brillante y altiva aristócrata, le llega a proponer una fuga que Conde rechaza.

Amiga póstuma de las efemérides, se casa con Oliver en 1931, conmemorando el advenimiento de la República. Y funda con él la Universidad Popular de Cartagena. Y, en otra fecha jalonante, 1936, levantamiento franquista, conoce a Amanda Junquera, que será su amante durante muchos años y amiga hasta el final.

¡Corred siempre, muchachas, que el seguiros excita
el ardor de cogeros, suyas todas, a hombres
que de fieros esgrimen el ademán tan sólo!
Y envolveos en ropas de blanco lino puro
para mojar con ellas esos cuerpos calientes,
y amanecer ceñidas, ante el amor que vibra,
por el celo del agua posesor de las vírgenes.

El filólogo y doctor en Literatura José Luis Ferris ha sido uno de los pocos estudiosos que ha profundizado en la obra y la vida de Conde. Y, en su biografía sobre la autora (Temas de Hoy), analiza la influencia vital y literaria de la relación entre Conde y Junquera: “[Como todas las lesbianas de entonces], lo llevaban con absoluta clandestinidad y el mayor de los secretos; en el caso de Carmen y de Amanda, con más motivo, ya que las dos llevaban años casadas, sus maridos eran figuras de la cultura y habían constituido matrimonios ejemplares. Lo que sucedió es el resultado de un deslumbramiento mutuo y sin más pretensiones iniciales que una profunda amistad. Ninguna de las dos pudo sospechar que aquello duraría cincuenta años y alcanzaría la intensidad que alcanzó. Podría decir también que la homosexualidad apareció como un hecho nuevo en sus vidas, cuando aquel afecto entre las dos llegó a tal grado que se necesitaron también físicamente”.

Y Ferris rescata una cita de la propia escritora para explicar el alcance de aquel amor/amistad: “Aprendí viva. No sabía nada fuera de mi apasionada existencia en agraz. Ahora ya conocía la música, mi propia incipiente creación. Todo era nuevo, fresco, auténtico, arriesgado íntimamente. Nunca había yo escrito tanto y mejor que nunca”.

Terminada la guerra civil, Carmen Conde vivió de alquilada en un piso de su amigo Vicente Aleixandre y trabajó en Radio Nacional de España, en el CSIC, en la Universidad Central de Madrid y en la Editorial Alhambra. El régimen franquista no la obligó al exilio ni al arrabal social a pesar de su pasado comprometidamente republicano. “Carmen Conde no sólo adquirió notoriedad durante la República sino que, en el verano de 1940, era una mujer procesada en busca y captura. Me refiero al Expediente de procesamiento sumarísimo ordinario nº 559 instruido contra ella desde el Gobierno Militar de Murcia y seguido por la Auditoría de Guerra del Ejército de Ocupación de la misma plaza. Sin embargo, ella estaba en Madrid, en casa del matrimonio Alcázar-Junquera. El esposo de Amanda [Cayetano Alcázar] adoraba a Carmen y no dudó en protegerla, siendo él un franquista significado y una autoridad académica”, explica Ferris.

Sorprendentemente, Carmen Conde acabaría colaborando en la película de exaltación fascista más ambiciosa de España: “Su primer trabajo remunerado llegó, no obstante, del mundo del cine, al ser contratada como secretaria de dirección gracias a Luis Díaz-Amado, hombre de cine que ese mismo año había sido jefe de producción de la película ‘Raza’, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y basada en la novela de Jaime de Andrade (seudónimo de Francisco Franco)”, señala Ferris.

Sobre su ingreso en la RAE, el biógrafo tiene claro cierto sesgo ideológico en la elección: “En 1978, el pasado republicano de Carmen Conde estaba enterrado y más que enterrado. Nadie tenía conciencia de él. Lo que pesaba en contra de ella para ser elegida era todo lo contrario: su acomodo durante cuarenta años a la vida y la cultura de un país regido por la dictadura franquista. En el ambiente de aquellos primeros años de la Transición española se dejaba traslucir cierta preferencia por otra de las candidatas: la novelista Rosa Chacel, que representaba el exilio de los intelectuales que habían regresado. Había mucha expectación”.

La producción literaria de Carmen Conde comprende más de un centenar de libros. Murió aquejada de alzheimer en 1996, más olvidada que olvidante a pesar de la enfermedad. Ahora sus libros son rarezas. Solo es “la primera mujer que ingresó en la RAE”, que no es poco, pero es menos. Y solo nos acordamos de ella en este raro aniversario academicista: no es de extrañar en una mujer que colisionó su vida con los acontecimientos históricos y literarios más llamativos del pasado siglo: 1927, 1931, 1936, 1978.

En la tierra de nadie, sobre el polvo
que pisan los que van y los que vienen,
he plantado mi tienda sin amparo
y contemplo si van como si vuelven.
Unos dicen que soy de los que van,
aunque estoy descansando del camino.
Otros "saben" que vuelvo, aunque me calle;
y mi ruta más cierta yo no digo.
Intenté demostrar que a donde voy
es a mí, sólo a mí, para tenerme.
Y sonríen al oír, porque ellos todos
son la gente que va, pero que vuelve.
Escuchadme una vez: ya no me importan
los caminos de aquí, que tanto valen.
Porque anduve una vez, ya me he parado
para ahincarme en la tierra que es de nadie.

Uno de los libros más hermosos de Carmen Conde se titula ‘Los poemas del Mar Menor’ (1962). Y es aun más mala suerte su amor por ese mar, hoy el mayor estercolero turístico del Mediterráneo, al que escribió este epitafio:

¡Quisiera yo ser eterna, solo por verte!

jueves, 29 de septiembre de 2016

#hemeroteca #mujeres | Luisa Carnés cuenta los brioches

Luisa Carnés cuenta los brioches.
'Tea Rooms' recupera la mirada lúcida de una de las más importantes narradoras de la generación del 27, voz imprescindible de la novela social de la preguerra.
Marta Sanz | El País, 2016-09-29
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/23/babelia/1474641997_033382.html

Luisa Carnés nació en Madrid (1905) y murió en México DF (1964). De clase media empobrecida, se puso a trabajar en una sombrerería a los 11 años. Fue autodidacta: observaba la realidad y leía folletones, ‘Los hermanos Karamazov’ por entregas, Tolstói, Gorki, clásicos de la literatura española… De aquellos trabajos y días, pasados por el filtro de los autores rusos, surgieron ‘Peregrinos del calvario’ (1923) y ‘Natacha’ (1928). Luisa se hizo mecanógrafa en una editorial donde conoció a su primer marido; disfrutó de notoriedad como escritora. Después cerraron la editorial y emigraron a Algeciras, pero ella regresó a Madrid, donde trabajó en un salón de té. Siguió escribiendo novelas y cuentos y colaboró con diferentes medios periodísticos. Estalló la guerra, firmó teatro de combate en defensa de la República y estrenó con Alberti. Militó en el PCE. Se exilió a México y allí murió en un accidente de coche del que salieron ilesos marido e hijo. Luego desapareció, como muchas otras mujeres y hombres —especialmente mujeres— del imaginario cultural porque todos sabemos quiénes escriben la historia… Esta podría ser una visión acelerada de la biografía de Luisa Carnés, a quien se ha considerado “la más importante narradora del 27” o representante de la “novela social de preguerra” como Sender, César M. Arconada o Carranque de Ríos. Carnés denunció las desigualdades económicas y sociales del sistema capitalista, y se concentró en la emancipación de las mujeres a través de la lucha colectiva y la cultura; en la necesidad de que las obreras se desvincu­laran de padres, maridos, patrones y confesores, para transgredir un modelo de vida abocado a una domesticidad matrimonial o prostibularia, que a menudo se confunden. Carnés apoyó a Clara Campoamor en su defensa del sufragio femenino. Otras voces se sumaron: María Martínez Sierra, Concha Espina, Elena Fortún, María Teresa León…

De todas estas vicisitudes biográficas da cuenta Antonio Plaza en el epílogo de ‘Tea Rooms. Mujeres obreras’, una singularísima novela-reportaje a la que Carnés traslada su experiencia como empleada de un salón de té. Una voz en tercera persona focaliza la figura de Matilde, una obrera a quien el pensamiento le duele y recorre Madrid buscando empleo. La ciudad se describe con enumeraciones sensoriales que son interrumpidas por fragmentos en estilo directo, interferencias de la publicidad o la propaganda. Sobrecoge lo mucho y lo nada que hemos cambiado: ya no se fríen buñuelos en la Puerta del Sol y los turistas se hacen fotos con Minnie Mouse, pero aún existen los mendigos, los parados, las mujeres especialmente golpeadas por la crisis e invisibilizadas por la cultura. Las vertiginosas descripciones remiten a las dotes de observación de la escritora y a esos chaplinianos tiempos modernos donde las prácticas capitalistas automatizan las conductas mientras la realidad se divide entre ricos, pobres y engreídas clases medias sin conciencia de sus precariedades.

Carnés, encubierta tras la lúcida mirada de Matilde, sabe que está en el bando de los perdedores incluso antes de haber perdido una guerra. El estilo capta lo que la escritora piensa del mundo: roto, voraginoso, lleno de ruido… La visión de la pobreza no es idílica ni buenista, sino violenta, corruptora y sucia. Sin embargo, no se deposita en el individuo toda la responsabilidad de sus buenas o malas acciones. Porque Carnés no es católica: reivindica la utopía comunista subrayando el significado de la solidaridad. Tampoco ve con buenos ojos a quienes rentabilizan el relato de la pobreza, la apología del origen humilde. De esa lección deberíamos aprender los escritores de la crisis, que a veces transformamos la lacra social en eslogan.

Carnés utiliza la literatura como arma cargada de futuro sabiendo que en su destreza para controlar la clave retórica reside su eficacia. Literaria y política. Es precioso el pasaje donde cuenta por qué las mujeres pobres no se alegran con la llegada del verano mientras la fina desnudez de las mujeres pudientes se exhibe en playas cosmopolitas. En la novela se evidencia el peso literario de lo concreto: las horas de jornada laboral, la cantidad de brioches, las exactas 10 pesetas del salario, la insistencia en el número en los tiempos de escasez.

La novela-reportaje como género sintetiza la observación naturalista de la experiencia laboral auténtica, los diálogos de magnetofón con sus entrañables laísmos madrileños, con la esperanza utópica del lenguaje de vanguardia, las girándulas de Guillermo de Torre, los poemas de grúas de Salvat-Papasseit, el cubismo, la máquina y la reducción metonímica de la persona a su traje que tan atinadamente resume esa denuncia de la deshumanización, la razón físico-matemática y la lógica economicista, que está en la raíz de las poéticas del 27. También como los autores del 27, en Carnés se percibe cierta influencia cinéfila que cuaja en una crítica —alienación de las obreras fascinadas por los actores que van al Tea Room— y un procedimiento: la cámara congela con rapidez opresiva al hombre travestido, la mantenida por un viejo, la encargada, la adaptable Antonia, la beatona, Marta y sus hurtos, Laurita y su ingenuidad de novela que la convertirá en carnero sacrificial… Poliedro dramático de mujeres que tienen todas las de perder. Las cosas terribles suceden con la naturalidad con la que suceden las cosas terribles en las sociedades inhumanas: abortos practicados con la varilla de un paraguas roñoso, mujeres prostituidas, obreros muertos, despidos… ‘Tea Rooms’ se cierra con un interrogante: “¿Cuándo será oída su voz?”. Carnés se refiere a la emanci­pación proletaria. Los lectores sospechamos que, habida cuenta de los últimos acontecimientos nacionales e internacionales, nunca hemos dejado de estar sordos.

jueves, 8 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | Olvidadas y silenciadas. Las mujeres de la generación del 27 que debes conocer

Imagen: Cadena SER
Olvidadas y silenciadas. Las mujeres de la generación del 27 que debes conocer.
El documental 'Las Sinsombrero', que emite RTVE este viernes, trata de recuperar la memoria de las artistas e intelectuales de la generación del 27 que apenas aparecen en los libros de Historia.
Pepa Blanes | Cadena SER, 2015-10-08
http://cadenaser.com/programa/2015/10/08/la_script/1444288990_684693.html

Decía Simone de Beauvoir que el problema de las mujeres siempre ha sido un problema de hombres. En realidad la historia de las mujeres y, podemos ir más allá, la historia en general, solo la han escrito los hombres. Solo así puede entenderse que la generación de oro de las artistas e intelectuales españolas, la del 27, apenas aparezca en los libros de texto y apenas sea conocida por el imaginario colectivo de nuestra sociedad.

Es aquí donde surge la iniciativa Las Sinsombrero. Un proyecto liderado por un documental, que este viernes por la noche estrena La 2 de RTVE. Dirigido por Tania Balló, ‘Las Sinsombrero’ retrata el perfil de algunas de estas mujeres que tuvieron un peso enorme en la profusión de las vanguardias artísticas y también en la política de la España de principios del siglo XX. "No es solo por el hecho de ser mujeres por el que deban estudiarse; es que más allá del género, el relato debe cambiar porque está incompleto. Como bien decimos en la película, sin ellas la historia no está completa", explica la realizadora.

Maruja Mallo, Marga Gil-Roësset, María Zambrano, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín o Concha Méndez son algunas de las representantes de una generación que sufrió, como la de los hombres (Lorca, Dalí, Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Buñuel, Alberti...) el exilio y la Guerra Civil; pero sumó otra discriminación, la de género.

"¿Quién decide la nómina de una generación?", se pregunta una de las muchas expertas consultadas en este documental que combina el testimonio académico con imágenes de archivo, vídeos, audios y fotografías. De hecho, en el filme se escucha a la escritora Concha Méndez explicar cómo Gerardo Diego creaba las antologías poéticas que incluían a los autores más destacados de esa generación.

Sobre la actividad de sus compañeros masculinos, los representantes por antonomasia de esta generación, habla Balló e insiste en la importante que hubiera sido que ellos las mencionaran. "Aunque la revisión histórica ha estado hecha por hombres, si ellos hubieran puesto a estas mujeres en el nivel que se merecían, seguramente el propio historiador se hubiera visto obligado a saber más de estas ellas para saber más de la generación del 27". Dalí no habla casi nada de Maruja Mallo, Juan Ramón Jiménez no menciona a Marga Gil-Roësset, Buñuel no se refiere a niguna, ni siquiera a Concha Méndez que fue su novia siete años. "Ellas quedaron reducidas a ser mujeres de", repite la directora.

El proyecto consta, además, de una exposición, que recorrerá distintas ciudades españolas; de un libro, que profundizará en los perfiles de ellas; de una página en Wikipedia; de un proyecto educativo, que se encargará de suministrar material a los docentes y, por último, de una campaña de comunicación a través de las redes sociales, en la que todo el mundo puede participar enviando una foto de una mujer anónima de nuestro pasado reciente.

Las claves del proyecto
#WEBDOC
Documental Interactivo. Un viaje único a través del conocimiento de una parte de la Historia olvidada. A través de distintas capas el usuario irá profundizando en el conocimiento sobre la vida de las artistas pertenecientes a la Generación del 27 y de la época que les tocó vivir. Esta experiencia interactiva se construirá a través de propuestas de contenido y acciones virales, que podrán ser compartidas en las redes sociales. Coproducido y emitido en la url de TVE.
#DOCUMENTAL TV
Bajo el título de Las Sinsombrero, el documental de 60’ está coproducido y será emitido por TVE (1ª cadena pública española). En esta pieza audiovisual se tratarán las vidas de nuestras protagonistas, las artistas pertenecientes a la Generación del 27, y se las contextualizará en la época que vivieron.
#PROYECTO EDUCATIVO
Ofrece a la comunidad educativa material y propuestas que les permita, de forma original e innovadora, el estudio y la divulgación de la vida y legado de las artistas de la Generación del 27. Este proyecto es en colaboración del Ministerio de Educación.
#WIKIPROYECTO
Se ha firmado un acuerdo con Wikimedia España para la creación de un Wikiproyecto bajo el nombre de Las Sinsombrero que albergará toda la información sobre el tema tratado. Este Wikiproyecto será traducido a distintos idiomas.
#SOCIAL MEDIA
Storytelling. Una Campaña en facebook que descubre, narra y difunde la vida de las mujeres olvidadas de principios del s XX. A través de las redes sociales difundimos también las novedades del proyecto.
#EXPOSICION
Creación de una instalación expositiva itinerante sobre la vida y obra de las artistas de la Generación del 27 y su aportación social a la época. Hemos recibido una propuesta de la Universidad de Málaga para crear una instalación dónde se invitará al conocimiento y reflexión del legado artístico e intelectual de estas figuras.
#LIBRO
Recopilación de las historias de las artistas pertenecientes a la Generación del 27 en formato papel.

miércoles, 7 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | Las del 27

Imagen: Concha Méndez
Las del 27.
Todavía hoy una mujer se ve obligada a quitarse el sombrero para ser alguien susceptible de ser recordado.
Elvira Lindo | El País, 2015-10-07
http://elpais.com/elpais/2015/10/06/estilo/1444147701_525953.html

Quitarse el sombrero, en 1927, era una actividad de riesgo. Lo hicieron en plena Puerta del Sol tres jóvenes valientes, Margarita Manso, Concha Méndez y Maruja Mallo, musa, poeta y pintora, secundadas por dos compañeros de radicalismos artísticos y correrías madrileñas, Lorca y Dalí. Las tres convirtieron aquel gesto en una performance de la que salieron a pedradas. Ya quisiera Marina Abramovic cosechar tal éxito. El documental de Serrana Torres y Tània Balló, LasSinsombrero, se estrena el viernes en La 2 y no estaría de más que lo vieran. Trata sobre mujeres que habiendo pertenecido por actitud y obra a la generación del 27 han sido casi marginadas de los estudios dedicados a aquel grupo de jóvenes brillantes. No ha consistido sólo en el ninguneo de los académicos, tampoco sus compañeros de generación, que tantas experiencias vivieron con ellas, tienen a bien recordarlas en sus memorias. Están Rosa Chacel, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, María Zambrano, Ernestina de Champourcin, Josefina de la Torre y una vibrante Marga Gil Roësset, que con su suicidio truncó una prometedora carrera.

Poco estudiadas y poco recordadas, estas mujeres que se quitaron el sombrero irrumpieron en un mundo hecho a la medida de los hombres. La conclusión a la que intuyo nos conduce sutilmente el documental es que todavía hoy una mujer se ve obligada en demasiadas ocasiones a quitarse el sombrero para ser alguien susceptible de ser recordado no como mero adorno del simpático anecdotario de una época.

Dejar de ser la cuota o paternalmente definidas como sabiondas avispillas, qué difícil parece.