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martes, 12 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #federicogarcialorca | El Lorca enamorado y celoso de su intimidad

Federico (c, de pie) en Buenos Aires, 1933-1934
El Lorca enamorado y celoso de su intimidad.
Una exposición en el centro consagrado al escritor en Granada transita por el deseo y el sexo en su vida y su obra.
Margot Molina | El País, 2019-11-12
https://elpais.com/cultura/2019/10/09/actualidad/1570636358_811482.html

“Tenemos curiosidad, que no es malsana sino algo muy natural, por saber más sobre Lorca, porque es una persona que despierta simpatías”, apunta Christopher Maurer, el hispanista estadounidense especialista en el poeta granadino que ha comisariado la muestra ‘Jardín deshecho’. Es la primera gran exposición que ofrece el Centro Federico García Lorca de Granada tras recibir, en junio del pasado año, todo el legado del autor de ‘La casa de Bernarda Alba’. “Él mismo, cuando empezaba a ser conocido, le dijo a un amigo: ‘Quiero y retequiero mi intimidad’. Pero debemos de tener en cuenta que entonces la idea de privacidad era muy distinta. Ahora el ámbito privado es como el Ártico, queda cada día menos. Vivimos el gran deshielo de la privacidad”, agrega el comisario.

La muestra, que estará abierta hasta el 6 de enero de 2020, gira en torno a los conceptos de amor, deseo y sexualidad en la vida y la obra del poeta granadino y descubre a un hombre "valiente y sincero, que criticó directamente, sin tapujos, lo que no le gustaba de la sociedad granadina de principios del siglo XX", apunta Sara Navarro, directora del centro.

"Quien ha vivido como yo y en aquella época en una ciudad tan idiota y tan bárbara bajo el punto de vista social como Granada cree que las mujeres, o son imposibles o son tontas. Un miedo frenético a lo sexual y un terror al 'qué dirán' convertían a las muchachas en autómatas paseantes, bajo las miradas de esas mamás fondonas que llevan zapatos de hombre y unos pelitos en el lado de la barba", escribió el poeta recordando su adolescencia en 1932 en su elegía a la pintora María Blanchard.

"En muchas de sus obras está presente el deseo. Sus personajes desean algo que no pueden conseguir, como Yerma, al hijo que no tendrá, o doña Rosita, al novio que nunca vendrá, o la voz del poeta en ‘Sonetos del amor oscuro’", reflexiona Laura García-Lorca, presidenta de la Fundación Federico García Lora y directora artística de ‘Jardín deshecho’.

Un deseo muchas veces frustrado, como el que sintió su amiga Emilia Llanos, de quien se exhibe un sugerente retrato con los pechos desnudos realizado por Ismael González de la Serna, junto al primer libro publicado en 1918 por Lorca, ‘Impresiones y paisajes’, que dedicó a su amiga: "A la maravillosa Emilia Llanos, tesoro espiritual entre las mujeres de Granada; divina tanagra del siglo XIX". "Lo que podía haber sido un amor con una mujer que nunca fue. Al final de su vida ella lamentó que nunca los hubieran dejado estar solos", apunta Laura García-Lorca.

El mismo libro, el único escrito en prosa en el que narra sus viajes por España cuando estudiaba en la universidad, que se autodedica el poeta y que puede verse ahora por primera vez: "A mi queridísimo Federico García Lorca, único que me conoce y sabe ahondar todo el encanto de tristezas que tiene mi corazón. Su propio corazón".

La idea del jardín, tan presente en la producción del poeta español más universal que está traducido a 38 lenguas, se materializa al comienzo de la muestra en una instalación de la granadina María Moreno creada con plantas y frutas que la artista ha recogido en la Vega de Granada y que aparecen en la obra de Lorca. Un jardín poético, humilde, que cuelga sobre una alfombra alpujarreña del siglo XIX en la que puede leerse "Viva mi dueño" y que da paso a las cinco salas que vertebran la exposición y que incluyen algunos libros y documentos que se exhiben por primera vez.

"La mayoría de las obras procede del legado que incorporamos, por fin, en junio del año pasado. Pero también hay préstamos de la Biblioteca Nacional, el Ayuntamiento de Granada, los museos Casa de los Tiros y Casa Natal de Fuente Vaqueros, del Archivo Agustín Penón/Marta Osorio o de la familia de Rafael Rodríguez Rapún, uno de los amantes de Lorca, que fue secretario del grupo de teatro que montó el poeta, La Barraca, y a quien dedicó su ‘Sonetos de amor oscuro’", comenta Sara Navarro. "Es curioso ver el listín de teléfonos de Rafael, en el que aparece el nombre de Federico, pero sin el número; obviamente porque se lo sabía de memoria", apunta Laura García-Lorca, sobrina del poeta, que agradece la colaboración del dramaturgo Alberto Conejero, autor de la obra 'La piedra oscura' inspirada en las últimas horas de la vida de Rodríguez Rapún, quien ha hecho posible que la familia de Rapún preste el material.

La llegada de todos los manuscritos, documentos, fotografías y dibujos que custodiaba la Residencia de Estudiantes de Madrid va a convertir a Granada “en el epicentro del universo lorquiano”, ha asegurado Maurer por teléfono desde Boston (EE UU), en cuya universidad es profesor de Literatura Española. "Hemos incluido una sección con las lecturas de Federico, para recordar que no fabricó su obra espontáneamente; sino que es fruto de sus lecturas. En su poesía amorosa él dialoga con autores del Renacimiento, con Góngora, Juan de la Cruz o Teresa de Jesús; algo que me parece muy bonito. Siempre me han interesado los artistas que reconocen sus influencias", añade Maurer, académico correspondiente de la Real Academia Española desde 2009, especialista en el Siglo de Oro y en la Generación del 27 y autor de más de 15 ediciones.

Dibujos, pinturas, libros, carteles de las representaciones de sus obras de teatro, el traje de marinero con el que posó en Buenos Aires (entre finales de 1933 y principios de 1934) y cartas, muchas cartas, componen esta partitura a cuatro manos —las de Maurer y Laura García-Lorca— con la que el espectador tiene la sensación de estar abriendo cajones en la casa del poeta.

lunes, 25 de agosto de 2014

#hemeroteca #garcialorca | El hombre que no desapareció tras Lorca

Imagen: MiZonaTV
El hombre que no desapareció tras Lorca
Rafael Rodríguez Rapún fue mucho más que el último novio de Federico García Lorca. Una obra firmada por Alberto Conejero, y un ensayo que aún busca editorial, reivindican la figura de un joven que encarna los temblores de una era que marcó a España para siempre.
Esther Alvarado | El Mundo, 2014-08-25
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/25/53fa03e5ca4741cd6c8b4579.html

"Nadie puede desaparecer del todo", desea Rafael Rodríguez Rapún en la obra 'La piedra oscura' (Antígona), firmada por Alberto Conejero, que se estrenará en enero de 2015 en el Centro Dramático Nacional. "Nadie puede desaparecer del todo"... y nadie es sólo una cosa en la vida. El mismo Rafael, por ejemplo, no fue sólo el último novio de Federico García Lorca, aunque la historia, tozuda, se esfuerce en recordarle de este modo.

No hay contribuciones con su firma a la literatura universal, es cierto, pero es muy probable (de hecho, algunos estudiosos así lo consideran) que 'Los sonetos del amor oscuro' de Lorca estuvieran dedicados a él. Su relación tormentosa con Federico los marcó a ambos y quién sabe si fue su última discusión lo que decidió fatalmente sus destinos.

Eso es lo que investiga el dramaturgo y filólogo Alberto Conejero en el archivo de la familia de Rafael. Tomás, el hermano pequeño de Rafael colaboró hasta su muerte (en 2012) a unir las piezas de este rompecabezas que Conejero se empeñó en desentrañar hace algunos años. "Esta pieza y el ensayo que le prometí a Tomás que escribiría nacen de mi amor por la obra de Lorca. Yo escribo teatro por Lorca. Cuando era joven escribía poemas y mi referencia era él", confiesa este joven autor que tiene entre sus títulos 'Cliff', 'Sweet Home' o 'Sicalipsis Now!'

El detonante fue la convocatoria de las becas de Dramaturgias Emergentes del INAEM hace tres años. "Pensé escribir este texto porque el momento político me llevaba a ello. 'La piedra oscura' [prologada nada menos que por Ian Gibson] sucede en el 37 y lanza preguntas sobre los cimientos de la democracia que me interesaba mucho hablar en este momento", comenta.

Para ello fabuló sobre un final distinto a la vida de Rafael Rodríguez Rapún, que en realidad murió justo un año después que Lorca, en un hospital de Santander a consecuencia de unas heridas producidas por el bombardeo de un avión italiano. "Sólo la ocasión es distinta. Todo lo que dice el personaje es real", aclara.

En 'La piedra oscura', Rafael es hecho prisionero y encarcelado por los sublevados. Le vigila Sebastián, un personaje inventado que le da a Conejero la oportunidad de poner en valor la mirada inocente del conflicto. Ambos se enzarzan en una conversación a tumba abierta que termina con ese dubitativo "nadie puede desaparecer del todo, ¿verdad?", pregunta que al autor le vale para la memoria de Rapún y para "los cadáveres que hay sin identificar en las cunetas de este país, incluido el de Lorca. No concibo que dar sepultura a estas personas sea un problema".

Aunque aún falta tiempo para que se estrene en el escenario del María Guerrero (Madrid), ya se sabe que el actor Daniel Grao será Rafael Rodríguez Rapún (a quien llamaban 'Tres Erres') bajo la dirección del argentino Pablo Messiez. "Si la obra puede conseguir algo es que, al ser nombrado en el teatro, Rafael por un momento viva en nosotros... Para mí eso es suficiente", señala el autor.

"No he hecho una hagiografía, porque no quería mostrar a Rafael como un santo. Y por eso aparece Sebastián: un muchacho que vive en un pueblo de Santander, que toca en la banda municipal, cuya madre ha muerto... Me da mucho miedo el teatro que se hace desde una supuesta superioridad intelectual y una supuesta certeza. Ése no es el lugar del teatro. El teatro debe lanzar preguntas para las que uno no tiene respuestas", reflexiona el autor.

La figura de Rafael no ocupa un lugar subsidiario en 'La piedra oscura' respecto de Federico; todo lo contrario. "No le he escogido para hablar de Federico, su figura merece atención autónoma por sí mismo", añade el autor y empieza a desgranar los pocos retazos que se saben públicamente de la vida de su protagonista y los que ha encontrado después de dos años de investigación.

"Federico y Rafael pasaron juntos los cinco últimos años de la vida de ambos". Cuando se conocieron, Rafael era un muchacho de 20 años que estudiaba Minas y Derecho y tenía el carné de socio del Atlético de Madrid. Federico, de 32, era ya un poeta y autor teatral consagrado. Según la obra de Alberto Conejero, Rafael se sintió fascinado por Federico. Iba y venía a él presa de una atracción irresistible entre tormentosas discusiones a causa de la penumbra en la que se desarrollaban sus relaciones.

"De hecho, 'Los sonetos del amor oscuro' están escritos en 1935 y hablan de una gran crisis entre Federico y Rafael, una de las muchas, por la clandestinidad a la que estaban condenados", asegura el filólogo.

Era la batalla, como recogió en un verso Federico, del "número y la rosa", que sirve igualmente en referencia al científico y el amante del teatro que Rafael llevaba dentro de sí. "Rafael entra en el teatro a través de la UGT, a la que él estaba afiliado, y llegó a ser secretario de La Barraca". De esa época, en el archivo familiar de los Rodríguez Bernís se conservan libros de gira, la agenda de La Barraca y otros documentos que revelan que "la salida de Federico no fue nada amable", fotografías inéditas, postales y primeras ediciones de las obras de Lorca dedicadas con letra picuda y dibujos infantiles a su "entrañable y leal camarada".

Para llegar a este "tesoro", Alberto Conejero tuvo que buscar a los familiares de Rafael y encontró que su hermano Tomás aún vivía. "Cuando le llamé por teléfono me preguntó qué quería contar de su hermano y le dije que quería rescatarlo del papel de "el amante de" que es algo peor que el olvido. Me dijo: 'Muchacho, coja un taxi', y me fui a verle". Fueron unas cinco o seis entrevistas, 10 horas de grabación en las que Tomás le contó al investigador detalles importantes y nimios y, junto con sus hijas Margarita y Sofía puso en sus manos el legado familiar.

"Tomás murió unos meses después de que yo terminase el texto teatral y a él va dedicado. También le prometí que escribiría un ensayo sobre todo lo que he encontrado en su archivo, y en ello estoy. Ya lo tengo empezado, pero todavía no tengo editorial", lamenta Conejero, que considera muchas de las imágenes que ha encontrado como históricas.

El ensayo mostrará a Rafael como lo que fue: "Un testigo inesperado e inopinado tanto de la vida artística de España (Generación del 27, nuestra historia teatral) como de la guerra. Su vida es un hilo conductor que, desde lugares no transitados, va a arrojar luz sobre algunos aspectos, como la propia muerte de Federico". "Yo no voy a hacer una biografía que no sea literaria. No quiero hacer un ensayo que no transmita el temblor de la vida de este hombre", añade Conejero.

El temblor de Rafael cuando, después de volver del norte, donde el estallido de la guerra le sorprendió, entró en su casa y su padre le recibió con un estoico: "Que sepas que han matado a tu amigo, el poeta". "Le han matado por mi culpa", se lamentó 1.000 veces ante su hermana María, que más tarde le contó a Toña, una modistilla de la familia con una memoria privilegiada, toda la historia de su hermano. Cuando está a punto de estallar la guerra Federico y Rafael discuten por lo mismo de siempre. Ha terminado sus exámenes y Rafael marcha al norte mientras Federico, que no se había exiliado para no irse de España sin él, se marcha a Granada "donde puede que se sintiera más seguro".

La muerte de Lorca no fue culpa de Rafael, sino de quien dio la orden y quien apretó el gatillo, pero durante mucho tiempo él "tuvo que vivir con esos fantasmas, aunque no es cierto que se dejase matar por eso", aclara el filólogo. "Fue a la guerra a luchar por la República, en la que creía, y murió desangrado porque un avión italiano le llenó de metralla".

Lo último que se sabe de él son las postales que mandó a la familia desde el frente, con los renglones bien firmes y la letra afilada. La última la envió desde Oviedo. Después está su tumba en el cementerio de Ciriego (Santander) y una anotación en el libro de registro justo antes que la de "un muchacho desconocido", triste metáfora del significado de la función, según su autor. "Es una obra que habla de la memoria como un espacio de Justicia. No puede ser malo enterrar a nadie. 'La piedra oscura' no es un acto de venganza; es un acto de reivindicación del dolor de los otros".