Mostrando entradas con la etiqueta Ítem. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ítem. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de mayo de 2019

#hemeroteca #masculinidad | Llega la ‘Teoría King Kong’ masculina

Imagen: El País / Víctor Parkas
Llega la ‘Teoría King Kong’ masculina.
Víctor Parkas ha elaborado un contestatario artefacto post-feminista que anima al hombre a abandonar su “cómoda” posición de simple aliado y lanzarse a una “dolorosa” refundación.
Laura Fernández | El País, 2019-05-08
https://elpais.com/cultura/2019/02/08/actualidad/1549632105_172839.html

El año 1977, los Sex Pistols derribaron la puerta que había que derribar para que el punk saliese despedido en todas direcciones. Hasta entonces, el deseo de libertad había estado contenido, a la espera de una señal. Algo parecido está ocurriendo con la masculinidad en la era del #MeToo y el #MeQueer, dice Víctor Parkas (Sant Boi de Llobregat, 1990), hasta ahora crítico musical, articulista de revista ‘millenial’, desde ‘Game Boy’ (Caballo de Troya), artefacto que mezcla lo confesional con una vibrante y descolocante ficción y cápsulas ensayísticas con aspecto de puñetazo. Parkas es un lúcido pensador del feminismo en masculino, de un ‘masculinismo’ que abandona la posición “cómoda” de la etiqueta ‘nuevas masculinidades’ para lanzarse a la destrucción y reconstrucción de la idea “vacía” de hombre. “Si es el hombre es una performance, que alguien encienda las luces y active la alarma de incendios”, escribe Parkas. Y que ese alguien sea, por una vez, un hombre.

“¿Cómo se explica que, en 30 años, ningún hombre haya producido el más mínimo texto innovador sobre la masculinidad?”, se preguntaba Virginie Despentes en su famosa y fundacional 'Teoría King Kong', más que un manual de feminismo, un manual de estado de la cuestión en lo que a desigualdad de género se refiere, publicado en 2006. La pregunta, dice Parkas, sigue vigente hoy, casi década y media más tarde. Karl Ove Knausgard, desde la ficción confesional, se lanza al relato doméstico de lo incómodo que resulta no ajustarse a la idea de hombre “que tiene más que ver con el Marlon Brando de ‘Salvaje’ que con el que se ausentó en la ceremonia de los Óscars en 1973 para ceder su espacio a la nativo-americana Sacheen Littlefeather”, por el mero hecho de no poder tirar abajo una puerta de una patada o no entender por qué el gorro de piscina de su madre no es adecuado para él, y se le considera un explorador de esas ‘nuevas masculinidades’.

Pero ¿qué son las nuevas masculinidades, insiste Parkas, si no un intento de escurrir el bulto? “Ser feminista es un mínimo, hay que ir más allá. Revisar privilegios. No podemos dedicarnos a observar y a sentirnos perdonados por repartir tareas, tener únicamente relaciones consensuadas y terminar con la invisibilización del talento femenino. El hombre ‘nuevo’ solo puede serlo si acepta adoptar gestos que no le den réditos de cara a la galería, si controla su apetito por acumular marcadores feministas, si detiene la propaganda de sí mismo”, dice Parkas, y escribe: “Lo que sería nuevo es que los hombres, tan ansiosos de refundarse, desistieran para alivio del resto. Que entregasen las armas y se disolvieran”. Porque, insiste, “al hombre, ser un aliado feminista no le reporta nada negativo, al contrario. “Las nuevas masculinidades, para ser realmente nuevas, tienen que estar dispuestas no solo a levantar la bota del cuello ajeno, sino a plantarla sobre el suyo propio o el de alguien que esté por encima”, añade.

Arrimar el hombro, “empezar a trabajar” por llenar “un espacio vacío” desde el que ensayar “probaturas”. La propia idea de un artefacto como ‘Game Boy’, que se abre con un obús de página y media que machaca la idea del bloqueo del escritor – blanco, hetero, hombre – que solo puede concebirse desde el privilegio – y que va ligado a la irrelevancia de su propia condición de hombre, blanco, hetero –, y se cierra con una reflexión sobre los genitales de los bebés – desde una nueva, también por refundar, paternidad –, nació de la necesidad de entender qué había hecho con él la educación, no solo paterna sino también sentimental – “todos esos tebeos de Robert Crumb y Joe Matt, ‘Mallrats’, las novelas de Frédéric Beigbeder” –, “y por qué tenía derecho a estar enfadado”. “Quería encontrar mi propio discurso, un sitio desde el que empezar a trabajar”, una Teoría King Kong propia, “una teoría ‘Game Boy’”, o, quizá, teniendo en cuenta la necesidad de acabar con “los privilegios”, ‘game over’.

Si hacemos caso de la analogía punk, ya no existe ninguna puerta que contenga la necesaria atomización activista del hombre. Y es cierto que Parkas no está solo. Hay, en opinión de Iván Repila, autor de una novela que apunta en la línea de lo que habla Parkas, ‘El aliado’, “una inmensa mayoría de hombres deseando cambiar”, y para hacerlo, “primero van a tener que mirarse al espejo y tomar conciencia de hasta qué punto han sido y siguen siendo machistas, y empezar a corregirse” lo que dará lugar a un proceso “de deconstrucción de la identidad doloroso, triste, y vergonzoso, en el sentido de que te hará consciente de hasta qué punto has sido un mal compañero en una batalla que nos afecta a todos”. ¿Y luego? “Luego tendrán que mirar alrededor y revolucionar a aquellos que aún no se hayan revolucionado, y no dejar pasar ni una al machismo ‘mainstream’, claro”. Hacer frente a lo que Parkas llama “la Contrarreforma”, la respuesta “reaccionaria ante cualquier intento de cuestionamiento de sus privilegios" que el machismo está articulando. Lo que sea que está en marcha, no ha hecho más que empezar.

La conexión Solanas
En su famoso y pisoteado ‘Manifiesto SCUM’, Valerie Solanas, la activista que intentó (y casi consiguió) matar a Andy Warhol, esboza la idea de hombre ‘nuevo’ que defiende Parkas en la teoría, y, en la batalla que presentan las mujeres contra la ‘vieja’ idea de hombre, los incluye en un pequeño ejército aliado llamado Cuerpo Auxiliar Masculino, integrado por, dice Solanas, “hombres que se emplean, metódicamente, en su propia eliminación”. Lo que, desde la teoría, podría consistir en hombres teorizando, como Parkas, contra la idea de hombre con sus propia ideas porque, como apunta él mismo en uno de los ensayos de ‘Game Boy’, “muchos de los libros de no ficción sobre masculinidades firmados por hombres, o bien construyen un discurso a través de la cita feminista, entrecomillando a pensadoras como Judith Butler, Rebecca Solnit y Caitlin Moran, o bien articulan el pensamiento desde la siempre preclara trinchera queer”. La sensación es la de que “el hombre no piensa dedicar ni un minuto de su tiempo a teorizar sobre algo que atañe al hombre”, añade. Y eso va a empezar a tener que acabarse.

martes, 19 de marzo de 2019

#hemeroteca #generonobinario | ¿Qué es el género no binario con el que se define Sam Smith?

Imagen: El País / Pau Eloy-García, trans no binario, y Leo Mulió, hombre trans
¿Qué es el género no binario con el que se define Sam Smith?
Ni cómo vistas ni con quién te acuestes te identifica como tal.
Héctor Llanos Martínez | Verne, El País, 2019-03-19
https://verne.elpais.com/verne/2019/03/19/articulo/1553014834_316987.html

"No soy masculino ni femenino; fluyo en una posición que está entre los dos extremos. A veces pienso como una mujer y por eso siempre he vivido una pequeña guerra entre mi cuerpo y mi mente". Así es como Sam Smith se ha identificado como persona de género no binario en una entrevista para Instagram publicada el viernes 15 de marzo.

Es muy poco común que se defina así una personalidad pública de tal magnitud. Smith ha vendido 10 millones de discos en los últimos cinco años y ha ganado un Oscar y cuatro Grammys.

El término no binario designa a las identidades de género que se identifican con aspectos masculinos y femeninos y, por tanto, no lo hacen con uno de sus dos términos absolutos: hombre o mujer. Tampoco tienen por qué definirse como homosexual o heterosexual.

Mon tiene 23 años y trabaja atendiendo a jóvenes LGTBI+ y sus familias en el colectivo madrileño COGAM. Comenzó a tener dudas a los 19 años. "Un año antes comencé a salir con una chica y al poco tiempo empecé a preguntarme sobre mi identidad. Fue un proceso lento. Me tomé mi espacio para explorar y en 2018 ya empecé a mostrarme como una persona no binaria", cuenta a ‘Verne’ por teléfono.

"Que el género no binario se encuentre en el espectro entre masculino y femenino no significa que esté en un lugar intermedio; solo está en un punto distinto de esos dos extremos", recuerda Mon.

Es decir, el aspecto de una persona no binaria no tiene por qué ser necesariamente andrógino. Así ocurre con Sam Smith. En la entrevista en la que ha declarado su identidad de género mantiene un aspecto más cercano al estereotipo masculino mientras explica que tiene comportamientos y sensaciones que no son siempre atribuidas a los hombres.

¿Cómo podemos mostrar respeto ante una persona de género no binario? "Llamarlo por el nombre elegido en vez de por el asignado es primordial, porque es lo que canaliza tu identidad. Cuando mis amigos de la universidad empezaron a llamarme de forma cariñosa Mon en vez de Mónica, decidí que me identificaba más con ese nombre y ahora deseo que todo el mundo se dirigía a mí con él", recuerda desde la oficina de COGAM.

El pronombre es otro punto de inflexión para el colectivo. El neutro terminado en -e (elle/elles) es la forma más común en castellano.

Sin referentes populares
"A mi familia le estoy dando un tiempo para que se acostumbre y lo entienda. Con amigos es más sencillo, por cuestiones de edad y porque me dan más pie a explicarlo. Pero nosotres también sentimos rechazo dentro de la comunidad LGTBI+. Y eso que es un asunto cada vez más visible gracias a las redes sociales", dice Mon.

Elle recuerda que hay muy pocos referentes públicos en la cultura popular como Sam Smith. "Los hay en webseries y en YouTube y también en el ámbito del activismo, como Pau Eloy-García".

García, de 27 años, forma parte de Transdiversa, entidad social que trabaja en España por la diversidad de género. Apunta que, aunque el término ‘no binario’ es correcto, quizá es más completo el de ‘trans no binario’ "al ser también un colectivo de personas que no se identifican con el género que se le ha asignado en el nacimiento", explica a ‘Verne’ por teléfono.

"Como trans no binario, uno de tus retos principales es el de luchar contra la presión social que te obliga a que te definas con una etiqueta determinada con la que el resto del mundo pueda identificarte. Es cierto que las etiquetas ayudan a ordenar el mundo, pero lo ideal en este caso es que nadie tenga la necesidad de encerrarse en un cajón", admite Pau Eloy-García.

Reconocimiento social
En otros momentos de la historia, las personas no binarias han forman parte de algunas sociedades con total normalidad. Es el caso de muxes en México o los dos espíritus, pertenecientes a los pueblos amerindios de América del Norte.

En los últimos años, varios países han modificado sus leyes para reconocer de un modo u otro el género no binario. Alemania, Austria, Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido lo han hecho en Europa, pero también existen avances en el resto del mundo: Uruguay, Nepal, Nueva Zelanda, Australia y Canadá son algunos de esos países. En casos como en el de Canadá y Alemania, ya puede quedar registrado en los certificados de nacimiento.

En España, el Congresó abrió la puerta en febrero de 2019 a adoptar una medida similar, pero de momento solo se ha pedido al Gobierno un estudio de impacto que dé pie a reconocer la identidad de aquellos que no se identifican con el género masculino o femenino.

viernes, 15 de marzo de 2019

#hemeroteca #feminismo #identidades | Diversidad identitaria e interseccionalidad

Imagen: Público / Manifestación 8M en Barcelona
Diversidad identitaria e interseccionalidad.
Antonio Antón | Público, 2019-03-15
https://blogs.publico.es/dominiopublico/28103/diversidad-identitaria-e-interseccionalidad/

La diversidad identitaria y su distinta combinación es un tema complejo con gran importancia interpretativa y normativa, particularmente, para la teoría feminista. Existe diversidad individual y grupal respecto de los géneros, clases sociales, naciones y civilizaciones, y también en el interior de estos. La posición social de la persona, su experiencia relacional, su comportamiento y su cultura forman parte e interactúan con su conformación identitaria, su pertenencia colectiva y su subjetividad. Todo ello, sin caer en el extremo del constructivismo subjetivista, culturalista o voluntarista, es decir, idealista, al infravalorar los condicionamientos de las estructuras económico-políticas y los contextos sociohistóricos en los que actúan los seres humanos y los diversos grupos sociales y de poder.

Las mujeres (las personas en general) no tienen solo una identidad de género sino un conjunto de identidades que conforman una suma de identidades parciales y cuya combinación, implementación, reconocimiento (propio y externo) y jerarquización interna se desarrolla según los momentos y contextos. El concepto mujer no se define solo por su especificidad diferenciada del hombre, ya sea en el plano biológico-sexual y de capacidades reproductivas, en el del género (femenino) o sus funciones y culturas (o estereotipos) diferentes de las de los hombres. El conjunto se podría englobar en el concepto de identidad de género (femenino). Pero ello no agota la realidad y la identidad de las mujeres, ya que hay que incorporar el resto de las posiciones y relaciones sociales que también forman parte de su situación e identidad, aunque algunas de ellas sean comunes con las de los hombres. Esas otras identidades (étnico-nacionales, de clase...) son inseparables de la identidad de género en las mujeres concretas; o, dicho de otra forma, su identidad de género interacciona con ellas formando su identidad de mujer (o persona).

Hay que superar un debate convencional sobre la polarización, muchas veces mal planteada, entre la ‘especificidad’ de las mujeres y la ‘genericidad’ de ellas como personas, en que esto último, lo común, no se considera ‘propio’ sino ajeno o impuro, contaminado por los hombres. La identidad de género se suele construir sobre lo primero, pero queda pendiente integrar en la identidad de las mujeres esa otra parte de su vida, bien con una actitud flexible del significado de identidad de género, bien con la simbiosis o interacción de otras identidades de las mujeres mismas (étnico-nacionales, de clase...). Así, esa otra realidad e identidad, aunque sea similar o compartida con los hombres no por ello es menos suya. La cuestión tiene un impacto sociopolítico inmediato.

Respecto de los colectivos LGTBIQ+, en la medida que comparten con el feminismo la oposición a la heteronormatividad impuesta y la rigidez de la separación en dos géneros exclusivos, como dice Judith Butler ('Deshacer el género'), hay campos comunes. Más controversias existen para salvaguardar la autonomía feminista en relación con las dinámicas compartidas o solidarias y su relación con otros sectores oprimidos y sus trayectorias reivindicativas, en particular los derivados de la raza u origen étnico-nacional, por no citar los clásicos de la relación con el resto de los movimientos sociales, las clases trabajadoras o la izquierda política. Todo ello vuelve bajo el paraguas de la cooperación, las estrategias compartidas y la interseccionalidad. Pero aquí se aborda solo un aspecto particular.

¿La igualdad entre mujeres no es igualdad de género?
El interrogante es: ¿La defensa de la identidad de género lleva solo a superar la desigualdad de género, es decir, a conseguir un estatus igual con los varones de su misma categoría social y deja al margen la desigualdad entre las propias mujeres? Si es así, ese feminismo sería insuficiente, sobre todo, para las mujeres más subordinadas en distintas esferas.

Por ejemplo, según datos de la encuesta 40db (El País, 4/03/2019) el objetivo de la lucha feminista más mayoritario (53,3%) es Eliminar el techo de cristal (los obstáculos para el ascenso profesional de la mujer) -los siguientes son: Aumentar y visibilizar la lucha contra la violencia de género (52,3%), Empoderar a la mujer frente al acoso y las agresiones sexuales (41%), Romper con los estereotipos de género (40,8%) y División igualitaria del trabajo doméstico (35,5%)-. Pues bien, precisado el sentido de la pregunta referida a conseguir el ascenso profesional en paridad con los varones no tiene mucho problema, favorece a ‘todas’ las mujeres y es transversal; refleja el gran apoyo cívico por la igualdad de género, modificando la situación de desventaja o discriminación de las mujeres respecto de los hombres.

Pero conviene precisar dos matizaciones importantes dada la estratificación de la sociedad y, por tanto, de la posición de los hombres a la que se quiere igualar la de las mujeres: una, su insuficiencia para las mujeres precarizadas o subordinadas (también en relación con el origen étnico-nacional), cuyo objetivo se podría expresar mejor como despegarse del ‘suelo pegajoso’; dos, la pertenencia paritaria de una élite femenina en el grupo de poder tiene elementos contraproducentes para la igualdad entre mujeres y la propia emancipación del conjunto de ellas.

Por un lado, millones de mujeres, en su mayoría jóvenes, ¿se tienen que conformar con un estatus de precariedad, subordinación y explotación laboral igual que la padecen la mayoría de los hombres, sobre todo jóvenes y minorías étnico-nacionales? ¿Es suficiente conseguir similar trayectoria precaria que la de sus colegas varones? La gran reafirmación feminista de las mujeres jóvenes demuestra que no se conforman con esa perspectiva limitada. Quieren más mejoras para sus trayectorias sociolaborales, mayor igualdad global.

Si se refiere al acceso femenino a las capas medias o al empleo cualificado ese horizonte de igualdad de género es algo más completo y estimulante, al contar con mayor reconocimiento y estabilidad profesional previos.

Ahora bien, en la tercera situación, la de la pertenencia al bloque de poder, ese objetivo también se refiere al acceso de las mujeres de la élite a ese poder establecido (institucional y económico); es decir, en las élites dominantes, aunque sean mixtas, existe una infrarrepresentación femenina y se pide una paridad en su composición personal. Ello es positivo y se corrige una discriminación por razón de sexo-género; incluso se puede valorar el efecto simbólico y de arrastre para el resto de las mujeres que puede tener esa victoria (muy significativa entre famosas o lideresas en el ámbito político, económico o cultural). Esa perspectiva con una visión neutra de las jerarquías institucionales es atractiva por el tirón de la movilidad ascendente deseada. Pero, desde una interpretación del conflicto social o del antagonismo (sea de oligarquía/pueblo o élites dominantes/clases trabajadoras), resulta que el bloque de poder actual de carácter neoliberal y regresivo y con tendencias autoritarias es el causante, entre otras cosas, de la consolidación de la precariedad, la desigualdad social y el recorte de derechos sociales y laborales que afectan a millones de mujeres (y también varones).

Ese grupo de poder (capitalista) es también patriarcal, en la medida que favorece e instrumentaliza la segmentación y división existente en la sociedad y, específicamente, de las mujeres y entre las mujeres. O sea, el objetivo de que el núcleo dominante, el llamado 1% de arriba (y la colaboración del 20% superior), sea paritario y se rompa ese techo de cristal que dificulta esa igualdad con los varones de la élite es positivo, pero conlleva un elemento contraproducente: amplía la desigualdad entre las mujeres (poderosas y populares) y corresponsabiliza a las élites femeninas en el incremento de la desigualdad, la subordinación, el empobrecimiento y la división con la mayoría de las mujeres (y el resto de la sociedad), mientras las unifican con los intereses y demandas de los hombres poderosos. La aparente solidaridad de género, con aspectos comunes compartidos de discriminación y violencia machista, que deja entrever la ambigüedad semántica de eliminar el techo de cristal respecto de la cúpula del poder, deja paso a la polarización de intereses, actitudes e identidades en la pugna por la igualdad social en sentido amplio; o sea, en todas las facetas humanas de las mujeres, incluso su desigualdad con las mujeres de la élite dominante. Por ello, el feminismo del llamado 99% (o del 80% popular) no debe reducirse solo a la igualdad de género, en sentido restrictivo, sino a la emancipación e igualdad de las mujeres y su realidad vital multidimensional.

El enfoque de la interseccionalidad
En este sentido, el enfoque de la interseccionalidad ayuda a superar las rigideces o unilateralidades de la separación analítica de distintas categorías formales (precarias, blancas, emigrantes, europeas…). Su abstracción y diferenciación entre sí y respecto de la realidad pueden servir para analizar o clasificar aspectos o componentes específicos; pero sin explicar su interacción e intersección no permiten valorar el conjunto de las características de las mujeres concretas de un determinado grupo social y los aspectos comunes que comparten o que les dividen frente a otras mujeres y el resto de la realidad social y del poder. O sea, es imprescindible una tarea interpretativa de la pertenencia múltiple a distintas situaciones de opresión y/o privilegio, a sus conexiones internas según qué ámbitos, que permita una comprehensión (que diría Weber) del conjunto, desde sus interacciones y la evolución de sus distintas combinaciones en el propio sujeto individual o colectivo.

Pero, para evitar quedarse en una simple constatación atemporal o formalista de la existencia de la diversidad o la multiplicidad de opresiones e identidades y su suma mecánica, hay que dar un paso analítico e interpretativo que explique la situación concreta de las mujeres (y cada grupo social). Y, sobre todo, que valore su dinámica social, su práctica relacional y su comportamiento sociopolítico. Es decir, su desarrollo práctico, su experiencia y su interpretación son variados y, al mismo tiempo, están focalizados o han priorizado unos aspectos y no otros, según qué coyunturas, oportunidades y aspiraciones.

Por tanto, se debe explicar su posición global de subordinación/dominación, según qué contextos, y cómo se conforma su identidad de identidades y su adaptabilidad e implementación concreta. En consecuencia, una visión interseccional e interactiva de la diversidad y las polarizaciones (dialéctica) facilita el análisis de la variada y compleja articulación de sus procesos de identificación, con sus conexiones y, sobre todo, permite explicar mejor los ejes de su selectiva y adecuada actuación y las ‘luchas de fronteras’ (producción/reproducción, origen étnico-nacional, relación medioambiental...).

Es interesante la reflexión de Judith Butler sobre la conveniencia de deshacer los géneros, para hacer frente a la diferenciación esquemática o rígida de los sexos y opciones sexuales. No obstante, me centro en el plano sociológico del papel social y relacional de la diversidad, la intersección y lo común que construyen identidad, frente a la idea esencialista del ‘ser mujer’, como elemento compartido a partir de una base fija biológica o estructural.

Esa superación de la división esencialista identitaria hay que aplicarla a la identidad de género, para darle un sentido más amplio que enlace con el conjunto de la problemática de las mujeres no solo con lo que les diferencia de los hombres, sino de sus múltiples y diversas opresiones y lo común (o intersección) entre ellas y el resto de los seres humanos. De un feminismo de la diferencia, y sin desconsiderarla, se amplía a un feminismo de la igualdad y lo común. La identidad específica de género tiene muchos fundamentos relacionales, históricos y civilizatorios. Lo que hay que eliminar es la relación de desigualdad y desventaja, no necesariamente todos los aspectos de diferenciación voluntaria no discriminatoria. En ese sentido, es una tarea identitaria que recomponer en la medida que se avanza en el horizonte de la igualdad y no expresa la profundidad de esa dicotomía desfavorable y la acción por superarla. La identidad de género no desaparece, sino que cambia su carácter y se ligaría más a una identidad cívica como ser humano igual y libre.

Por tanto, la identidad de género (o ‘del’ género femenino) no solo debería abordar la igualdad entre ambos géneros sino combatir también la desigualdad entre mujeres y su problemática más general en su especificidad femenina.

En resumen, la existencia de ese bloque de poder genera mayor desigualdad y precarización para la mayoría de las mujeres. Por tanto, aunque se mejore la participación femenina en el mismo y se conserven componentes transversales comunes, al estar aquellas mujeres también marginadas o en desventaja respecto de los valores y posiciones de los varones de su grupo de poder, se abre una brecha de intereses, confianza y solidaridad entre las mujeres. El feminismo y su cultura igualitaria se debe generalizar con el apoyo preferencial a las mujeres vulnerables, que son la mayoría de las capas populares. Sus demandas tienen más que ver con superar el suelo pegajoso que en romper con los techos de cristal de las élites que impiden su pertenencia paritaria en el poder. Por tanto, es necesario romper todos los techos de cristal, pero especialmente los de los escalones bajos y medios que afectan a las capas trabajadoras y profesionales. Y cuidar, como dice Nancy Fraser, que los vidrios de los techos de cristal en torno al poder que rompen las mujeres que aspiran a ser de la élite no les caigan encima y los tengan que recoger las mujeres que limpian los suelos pegajosos.

Antonio Antón. Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid

martes, 12 de marzo de 2019

#hemeroteca #queer #interseccionalidad | ¿Quién teme a lo queer? – Contra la pureza (interseccional / queer o no será)

Imagen: Oprimide
¿Quién teme a lo queer? – Contra la pureza (interseccional / queer o no será).
Abanderar y poner sobre la mesa una de las categorías o dinámicas que nos definen resulta fundamental para visibilizar problemas y combatir las opresiones, pero no debemos caer en la trampa esencialista que reduce nuestros cuerpos, expresiones y prácticas a un elemento, y que nos define por oposición excluyente.
Victor Mora | Oprimide, 2019-03-12
https://www.oprimide.com/quien-teme-a-lo-queer-contra-la-pureza-interseccional-queer-o-no-sera/

Escuchamos con frecuencia hablar de lo ‘interseccional’ y, en lo que refiere a lo ‘queer’ (como teoría y, desde luego, como práctica política), la interseccionalidad es un eje imposible de obviar para explicarnos como cuerpos atravesados por un mundo de significados en movimiento. Pero, ¿qué es ‘interseccional’ y por qué es importante recordar que es una clave fundamental para tejer alianzas?

En ‘Sister/Outsider’ Audre Lorde definía la ‘diferencia’ como un lugar, como una casa en la que era posible encontrarse y compartir experiencias, sin que para entrar fuera necesario habitar las mismas categorías. La ‘casa de la diferencia’ en Lorde es, precisamente, el espacio donde poder encontrarnos sin tener que escoger entre una de las marcas con las que nos han convertido en ‘diferentes’. Es decir, sin tener que elegir cuál de las opresiones que atraviesan nuestro cuerpo es ‘más importante’, protagonista o es directamente excluida en según qué espacios de activismo.

Cuando Audre Lorde hablaba de sí misma, recordaba que se identificaba con múltiples marcas que por defecto la asumían como parte de distintos grupos definidos como ‘diferentes’; y su propio cuerpo se encontraba atravesado por elementos distintos y cada uno de ellos podía ser motivo de exclusión:

“En mi condición de feminista, negra, lesbiana, socialista, de cuarenta y nueve años, madre de dos hijos, uno de ellos varón, miembro de pareja interracial, suelo encontrarme incluida en diversos grupos definidos como diferentes, desviados, inferiores o sencillamente malos.”

Cada una de esas categorías, en función del contexto, los espacios y relaciones que el cuerpo habite, se manifiesta con intensidad variable, y condiciona nuestro relato de manera distinta. Es decir, dependiendo del paisaje contextual, cada una de esas marcas (mujer / negra / feminista / madre / lesbiana…) cobrará una relevancia particular, una importancia protagónica o secundaria. Será inevitable causa de combate, de resistencia, o quizá motivo de pedagogía encarnada o, tal vez, en espacios de seguridad, un elemento tan común que se volverá invisible.

Contra la pureza, contra lo ‘esencial’, que siempre debería hacernos sospechar, Lorde mostraba su cuerpo atravesado por múltiples intersecciones. Un cuerpo en fuga que escapaba de toda marca que la quisiera en exclusiva. No sólo negaba la necesidad de jerarquía, sino que problematizaba toda definición categórica con su existencia misma. El cuerpo atravesado en intersección transita contextos pragmáticos que, nuevamente, recolocarán sus marcas para otorgarle significados otros. ¿Tiene sentido “escoger” una de esas marcas como principal? La reflexión de Audre Lorde sirve como pregunta desestabilizadora de las lógicas exclusivas de la identidad. ¿Soy antes negra que lesbiana, marica que trans, sorda que vieja? Lorde avanza la necesidad de encontrar un espacio donde podamos encontrarnos y poner en común las experiencias de la intersección sin necesidad de definirnos de forma esencialista y excluyente con una sola categoría en oposición al resto. Esa es la casa de la diferencia, ese el espacio que se reivindica como red colectiva desde donde tejer nuevas alianzas para trabajar por objetivos comunes.

No se trata de ignorar la importante emergencia de cada una de esas categorías como tales categorías de enunciación. No se trata de olvidar (por favor, no olvidar) las razones históricas por las que a partir de categorías oprimidas emergieron sujetos políticos, para combatir precisamente las relaciones de poder que las habían definido como marginales. Lo interseccional trata, al contrario, de reconocer todas las dinámicas que nos atraviesan, para ver qué diálogos y relaciones establecen entre sí y con el mundo. A ser sensibles, también, a aquello que nos hace habitar el privilegio (por ejemplo cis, por ejemplo blanca, por ejemplo esta voz que tengo que se escucha aquí y ahora…) y que no somos capaces de ver porque no han generado resistencia/violencia/disidencia en nuestro desarrollo cotidiano, en nuestro contexto pragmático.

La noción de mestizaje, de identidad fronteriza atravesada por intersecciones como estas, hace visible la imposibilidad de esa especie de ‘pureza esencialista’ que se pretende desde sectores conservadores, y también desde ciertos activismos, a mi juicio equivocados. Insisto en que no se trata de decir que ensalzar una de esas intersecciones en un momento y contexto no sea absolutamente necesario, lo es. Abanderar y poner sobre la mesa de forma individual y también colectiva y organizada, una de las categorías o dinámicas que nos definen, como las generadas por racismo, sexismo, clasismo, etc., resulta fundamental para visibilizar problemas y combatir las opresiones que marcan específicamente esos ejes. Pero debemos evitar caer en la trampa esencialista que reduce nuestros cuerpos, expresiones y prácticas a un elemento, y que nos define por oposición excluyente.

Lorde propone habitar ‘la casa de la diferencia’. Es una invitación a vislumbrar esas disidencias otras (en mi cuerpo, en todo cuerpo), y a no atender (necesariamente, siempre) a lo que ‘marca la diferencia’, sino a comprender que la condición misma de habitar la diferencia puede ser el indicio de reconocimiento que nos falta; puede ser el umbral de la solidaridad de la que demasiado a menudo carecemos.

Como otras imprescindibles / inapropiables (Anzaldúa, Moraga…) Lorde anticipa que frente a la imposible jerarquía y a la imposible ‘esencia’, el horizonte de lo posible dibuja lo corporal mediante formas otras de escritura. La narrativa de la identidad es atravesada, por el cuerpo y sus prácticas híbridas, múltiples, que no (nunca) aspiran a la pureza. Al contrario, lejos del cuerpo puro y adscrito a una línea de identidad demarcada y limitada por las lógicas normativas, el cuerpo corrupto, mestizo, atravesado y móvil (cuerpo queer), es el cuerpo en fuga permanente, que se escapa como fluido por las fisuras del sistema que se pretende sólido, pero está lleno de fallas.

El hecho de que una intersección no nos haga habitar el marco de la opresión, no quiere decir que no nos afecte, eso es falso: condiciona hasta la asfixia el contexto en el que vivimos. Y no se trata de banalizar unas experiencias frente a otras, no se trata de correr más ni de colocar ‘mi diferencia’ en jaque frente a la tuya. Lo interseccional ofrece un mapa nuevo de redistribución y lectura de las experiencias, y nos increpa a ser capaces de leernos y escucharnos fuera de las lógicas de la competición. No se trata de quién tiene una colección mayor de daños, se trata de comprender cómo interactúan esos ejes entre sí y para con otres, y qué hacemos respecto a esas relaciones. Se trata de imaginar nuevas formas de narrarnos, individualmente, en colectividad y puestas en contexto.

La intersección camina en dirección contraria al esencialismo. Todo eje de intersección es una pieza narrativa, y la visión de quiénes somos es la lectura de su conjunto, de sus relaciones y su potencial de posibilidades.

miércoles, 6 de marzo de 2019

#hemeroteca #lgtbi | La comunidad LGBT aumenta su población frente a la ofensiva de Trump

Imagen: Huffpost
La comunidad LGBT aumenta su población frente a la ofensiva de Trump.
Pese a la hostilidad del gobierno federal, en Estados Unidos hay 11,3 millones de personas que ya se identifican como LGBT.
Oscar Balderas | Huffpost México, 2019-03-06. Recogido por Yahoo Noticias:
https://es-us.noticias.yahoo.com/comunidad-lgbt-aumenta-poblaci%C3%B3n-frente-221200793.html

A pesar de la embestida de la administración del presidente Donald Trump contra la comunidad LGBT, las personas que se identifican como gais, lesbianas, bisexuales o trans incrementaron su número hasta ubicarse en 11,3 millones de habitantes.

Así lo señala una medición nacional realizada por la casa encuestadora Gallup, que señaló que durante 2018 el 4,5% de la población en Estados Unidos se identificó como LGBT. La cifra marca un crecimiento constante de esta comunidad en el país: en 2016 era 4,1% y en 2012, 3,5%.

La cifra duplica a la población que se identifica como LGBT en otros países de habla inglesa. Por ejemplo, apenas 2% de los habitantes de Inglaterra se consideran parte de la diversidad sexual, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas de Reino Unido.

Kerith Conron, director del think tank Instituto Williams, atribuyó el cambio a que cada vez más personas se sienten más cómodas adoptando una identidad distinta a la heterosexual o cisgénero.

"La cifra crece especialmente entre las personas más jóvenes, que cada vez se sienten más representados en espacios públicos, como los medios de comunicación, y han aprendido a reconocer sus sentimientos y actuar en consecuencia", señaló.

Sin embargo, ese reconocimiento no ha ido de la mano con iguales oportunidades para todos: el estudio de Gallup afirma que la comunidad LGBT es más pobre, en general, que la heterosexual y tampoco llevan una mejor dieta que el resto de la población; esto se explicaría por una persistente discriminación que sigue afectando a gais, lesbianas, bisexuales y personas trans áreas clave como trabajo, educación y acceso a una programas para adquirir vivienda.

El estudio aseguró que Washington D.C. experimentó el mayor porcentaje de crecimiento de población LGBT con 9.8%, mientras que en Dakota del Norte solo 2,7% se identificó como parte de la diversidad sexual, el estado con menos población LGBT.

domingo, 3 de marzo de 2019

#hemeroteca #libros #trans | Ocho historias de la revolución transexual

Imagen: Público / Raúl Solís, Mar Cambrollé y María José Navarro
Ocho historias de la revolución transexual.
El periodista Raúl Solís reivindica en el libro 'La doble transición' el papel de las mujeres transexuales en el movimiento por la igualdad de derechos de los disidentes sexuales.
Raúl Bocanegra | Público, 2019-03-03
https://www.publico.es/sociedad/sociedad-ocho-historias-revolucion-transexual.html

‘La doble transición’ es el título del libro que acaba de sacar del horno el periodista Raúl Solís. En él, a través de la historia de ocho mujeres, reivindica el papel de las personas transexuales en el movimiento por la igualdad de derechos de las disidentes sexuales. “El libro nace de la hipótesis de que ellas son las que lideran el movimiento de liberación sexual. Eran todas mujeres transexuales las que dieron la cara. El relato épico está apoderado por gais. Y las trans no forman parte de él”, reflexiona Solís, al sevillano sol de febrero, mientras comparte un café con Público y con dos de las protagonistas del libro, la activista transexual Mar Cambrollé (Sevilla, 1957), una de las personas que más han hecho por la visibilización de la causa en los últimos tiempos, y María José Navarro (Sevilla, 1953), también conocida como la otra Pantoja.

Cambrollé y Navarro se conocen desde hace 40 años. Han elegido la orilla sevillana del ramal del Guadalquivir -al otro lado Triana y la calle Betis- para este encuentro, porque allí fue donde todo empezó. Donde comenzó la historia de su emancipación y el descubrimiento del sexo. Allí iban a ligar, allí se escondían de la persecución. Allí iniciaron “una gran guerra”, en palabras de Cambrollé. “Raúl ha sabido contar las vidas de mujeres sin discurso político, de mujeres que no necesitaban de teoría ni de filosofía, de mujeres que supieron subsistir, vivir, burlando y riéndose de las almas fascistas y de la moral judeocristina y nacionalcatólica. Ellas hicieron una gran guerra desde unas herramientas que hoy nos pueden parecer superfluas, pero que fueron herramientas que no tenían sinónimo con violencia: lo hicieron desde el carmín”.

Recuerda Navarro aquella época: Yo tenía el show normal de dos pases. Primer pase y segundo pase. Yo hago Isabel Pantoja. Cambié al principio una vez, por Sarita Montiel. Me atrae la forma de actuar de la Pantoja, su estilo, su carisma, sevillana, de aquí de Triana. La conocí. Fui, incluso, a Cantora.

Tercia Solís: Cuéntale de La Esmeralda.

Retoma Cambrollé: La Esmeralda era una marica de Sevilla. Siempre se la ha conocido en un rol femenino. Era un empresario antiguo, con peso en la venta Marcelino, donde se hacían shows de travestis, como se decía entonces. Iban por la noche gente de la burguesía, policías, comisarios… Gente que de día hacía ascos, pero que de noche iban a alternar y a pasárselo bien y si tocaba, algún escarceo.

Navarro: Tenían una cara y luego, por detrás… Y lo hacían. Yo lo he vivido. Hay mucha hipocresía. Es una gente muy rara. Lo blanco y luego lo negro.

Luego, Mar puso en el Duque un puesto, un quiosquito. Ella siempre ha sido muy trabajadora.

Cambrollé: Siempre hemos tenido contacto.

Navarro: La amistad es lo más grande. Como un familiar allegado o más. Las personas de la calle, muchas veces son mejores que la familia. Las que son buenas. Las que son malas, no. Una persona de la calle te da y te toma y si hace falta, da la vida por ti. Yo con mi familia, bien. Con mis padres. Lo demás me sobra. Jamás he tenido problema con mis padres. Me han ayudado toda la vida. Me han ayudado toda la vida.

Cambrollé: No era la suerte de todas. Muchas han tenido que irse a la calle.

Navarro: Sí. Otros no le hablan al hijo por ser como es. Por ser trans. ¿Eso se hace? Tienes que tener un corazón de cocodrilo diabólico. Tienes que criar a tu hijo como es, como salga, porque es tu hijo.

Cambrollé: Mi padre sí me ha maltratado. En esta época lo hubieran metido preso. Me daba palizas. La mayoría de personas trans eran desterradas de la familia y exiliadas de la escuela. El caso de María José es mínimo. Su caso es un 7%, un 8% de lo que pasaba. Si quieres ser mujer, haz lo que quieras, pero en la calle. Y pasaba a edades muy tempranas. 16-17 años. ¿Qué haría una mujer en esa época? Ponerse en una equina a trabajar, o ponerse por la noche a hacer espectáculos. Muchas han tenido que pagar más dinero en pintura o en traje que lo que les pagaban por una actuación.

Navarro: A mí me ha costado el dinero trabajar. Algunas son desgraciadas de la vida, porque esa pena se las come por dentro, de ver que sus padres no las quieren y las echan a la calle. Eso no se hace.

Cambrollé: Eso ha condicionado que la gente no tuviera un trabajo reglado, que la gente viviera de la prostitución, se arriesgara a las palizas, al VIH, se arriesgara a no tener una casa propia, a llegar a esta edad, la de jubilación, y no tener para vivir. Ni siquiera una paga digna.

Navarro: Todo, todo.

Cambrollé: Ha sido, digamos, una situación de discriminación estructural. Yo creo que es el momento de que se haga justicia y se repare. Esto tiene que repararlo el Estado. Ha sido el responsable de esta discriminación. Ha permitido que no podamos trabajar ni acceder a puestos de trabajo reglados. Las personas transexuales que están vivas tienen una vejez de extrema precariedad. Han sido vulneradas y pisoteadas en su juventud y tienen una vejez, en la que también se las discrimina. Es hora de que el Estado repare.

Tercia Solís: El común denominador de casi todas las mujeres transexuales que tienen más de 50 años es la exclusión social. El común. Del libro, casi todas. Ella tiene una paguita muy pequeña, no contributiva. Soraya cobra 420 euros. Silvia y Miriam, igual.

Cambrollé: Es la exclusión social.

Navarro: Qué pena. ¿Tú me ves a mí como una persona o como un bicho? ¿De qué planeta soy?

Bromea Cambrollé: Tú de Marte, por lo menos. Guapa.

Navarro: Pero bueno, ¿qué tienen que ver las tendencias de esta mujer y la mía? ¿Qué tiene que ver?

Cambrollé: Nuestras tendencias políticas. (risas)

Navarro: Si a ti te gusta un caramelo de fresa y a mí de menta, ¿qué pasa? ¿A la gente no le cabe en la cabeza?

Cambrollé: Y también la gente a la que le gusta el caramelo de menta y se lo toma a oscuras.

Navarro: ¿Y los del vicio qué hacemos con ellos? Y en la Iglesia los ves metidos.

Las siglas LGTBi: desgajar la T

“Las transexuales han sido el último colectivo en salir de la Dictadura. La primera ley de reconocimiento de derechos para la comunidad transexual no llegó hasta el año 2007, 29 años después de que se aprobase la Constitución. [...] Las personas transexuales han sufrido -afortunadamente, cada vez menos- un apartheid social, laboral, afectivo, político y médico. Son las más nadies de los nadies, las castigadas entre los castigados, las humilladas entre los humillados”, escribe Solís en la introducción de su libro.

Cambrollé tiene un discurso profundo, que le brota con pasión, fruto de la experiencia y de la reflexión permanentes acerca de la situación de las personas transexuales. Cambrollé cree que ha llegado el momento de separar la lucha transexual, desgajar la letra T de las siglas LGTBi. Estas son sus razones: “Sigue predominando el gaycentrismo y el gaypatriarcado. ¿Qué tenemos que ver en un conglomerado de siglas? ¿Las mujeres por qué están discriminadas? ¿Por lo que les gusta o por lo que son? Por ser mujeres. Por una cuestión de identidad. Y nosotras lo estamos porque nuestra identidad no coincide con la asignada al nacer. Mientras que las políticas trans se sigan abordando dentro de las políticas LGTBi, las personas trans seguiremos como seguimos ahora. Que después de 40 años, la democracia no ha llegado a nosotras”.

“Hasta que nosotras no estemos presentes, no se va a acabar este apartheid político e institucional. Nuestra situación es de transfobia y no de homofobia. LGTBi es un acrónimo que nos invisibiliza. Niega nuestra existencia como un grupo humano que tiene discriminación distinta de las personas gais y lesbianas”, remacha Cambrollé.

Un logro y una reflexión
El café termina con una reflexión de Cambrollé, con la que Navarro se muestra de acuerdo: “La falsa moral sigue igual. Pero un logro hemos conseguido. Que lo políticamente correcto sea una norma, que de boca para afuera o públicamente te tengas que callar tu hipocresía. Ahora, aunque lo pienses lo haces en privado. Y eso es un logro. Hemos conseguido que el no respeto sea políticamente incorrecto”.

Después del café, Solís, Navarro y Cambrollé se acercan a la vera del río Guadalquivir. Allí, entre bromas, se hacen unos selfies -uno de los cuales ilustra esta crónica-, y hablan de lo mismo que habla todo el mundo en España: Vox. 

Dice Cambrollé: “Pienso que el resurgir de una ideología no es nuevo. El discurso de Vox lo siguen repitiendo los obispos desde la entrada a la democracia. Siguen diciendo que los maricones tienen que estar fuera, que nosotras somos ideología de género. Se atreven a decir que son ellos los provocados por los menores. Esas salvajadas que dice Vox las han estado diciendo los obispos con total impunidad. El fascismo no lo trae Vox. El fascismo no se ha ido de España nunca. Ahí tenemos a la Fundación Francisco Franco cogiendo dinero. Hemos permitido que durante 40 años siga enterrada en las cunetas la gente torturada y asesinada por el franquismo”.

Remacha la activista: “Hoy cualquier país nos adelanta, todos tienen legislaciones que nos protegen contra los delitos de odio. Hoy estamos vendidas, ¿eso lo trae Vox? No, mire usted. Llevan dos leyes en trámite más de un año y pico paradas en el Congreso. ¿Las tiene paradas Vox? No, las tiene paradas un arco político que impiden que salgan adelante. Creo que el miedo no ha sido nunca consejero de los avances sociales y civiles. El miedo ha sido herramienta para utilizarnos y para frenarnos bien en derechos o bien para que confrontemos políticamente. Nuestros derechos no me parece que formen parte de una estrategia política, ni que sean una herramienta de carga, de munición para confrontar con los demás. Nuestros derechos son derechos humanos y hay que sacarlos adelante. Y si ahora tienes la posibilidad porque las cuentas salen, es indigno que mañana te quejes y critiques que esto no sale por Vox, PP, Ciudadanos. Todo esto sale de la misma hipocresía”.

Cambrollé, Navarro se despiden. “La sociedad las intentó convencer de que habían nacido en cuerpos equivocados, pero su lucha por la libertad en los duros años del franquismo y la Transición permitió demostrar que quien estaba equivocada era la sociedad”, escribe Solís. “Este país tiene una deuda impagable con todas ellas”.

Al fondo, frente a Triana, la obra del escultor Eduardo Chillida: unos brazos de piedra que quieren simbolizar el encuentro entre culturas. ¿Su nombre? Monumento a la Tolerancia.

viernes, 1 de marzo de 2019

#hemeroteca #travestis #identidades | Argentina: Por primera vez, un documento de identidad dirá "femineidad travesti"

Imagen: Presentes / Lara Bertolini
Por primera vez, un documento de identidad dirá "femineidad travesti".
Agencia Presentes, 2019-03-01
http://agenciapresentes.org/2019/03/01/por-primera-vez-un-documento-de-identidad-dira-femeinidad-travesti/

Argentina tendrá su primer documento de identificación nacional (DNI) con la expresión “femenidad travesti” en el campo asignado al “sexo”. Así lo estableció en un fallo el Juzgado 7 en lo civil de la Ciudad de Buenos Aires.

La protagonista de este hecho inédito es la activista travesti Lara Bertolini, estudiante de derecho y trabajadora del Ministerio Público Fiscal, quien hizo el pedido desde hace meses por no sentirse identificada con la categoría binaria de género “femenina”.

“Lo importante es que este fallo no es solo sobre las identidades travestis sino sobre todas las identidades que estaban establecidas desde 2012. Interpelan desde este fallo a los partidos políticos y organizaciones que no hicieron nada desde esa fecha. Por Lohana, por Diana, por Maite Amaya y por todas las que han muerto en manos del patriarcado asesino, ahora nos establecemos como género identitario dentro de la identidad humana”, dijo a Presentes Lara Bertolini.

En 12 páginas, el fallo recorre jurisprudencia local e internacional, haciendo especial hincapié en la ley de identidad de género argentina 26.743 que “reconoce a toda persona el derecho al reconocimiento de su identidad de género; al libre desarrollo de su persona conforme a su identidad de género; a ser tratada de acuerdo con su identidad de género y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada.” Asimismo, la ley define a la identidad de género como “...la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”.

jueves, 21 de febrero de 2019

#hemeroteca #racismo | Nueva York aprueba una normativa que prohíbe la discriminación racial por el tipo de peinado

Imagen: El Diario
Nueva York aprueba una normativa que prohíbe la discriminación racial por el tipo de peinado.
La norma de la comisión de Derechos Humanos, la primera de este tipo en EEUU, apunta contra las empresas y escuelas que prohíben las rastas y otros estilos de pelo. "Las prohibiciones y restricciones de peinados asociados con la población afroamericana a menudo se basan en patrones de apariencia blancos", establece.
Erin Durkin | El Diario, 2019-02-21
https://www.eldiario.es/theguardian/Nueva-York-normativa-discriminacion-peinados_0_869663801.html

En un movimiento dirigido a poner freno a las políticas que afectan a la población afroamericana, la ciudad de Nueva York ha aprobado una nueva normativa que centra sus esfuerzos en detener la discriminación en base a los peinados utilizados.

La comisión de Derechos Humanos del Ayuntamiento de Nueva York publicó la nueva reglamentación el pasado lunes. Supuestamente, es la primera ciudad que toma una medida de este tipo en Estados Unidos, donde, a partir de ahora, los afroamericanos neoyorquinos estarán amparados legalmente para llevar peinado afro, trenzas africanas, rastas, trenzas ‘twist’, nudos Bantu y otros estilos.

El objetivo es impedir que las empresas y escuelas puedan prohibir peinados como estos. En diciembre, Andrew Johnson, un luchador de una liga estudiantil de Nueva Jersey se vio obligado a cortarse el cabello antes de participar en una competición, un incidente que desató la polémica en el país. "O un corte ‘in situ’ o la penalización. Johnson eligió el corte, y aun así ganó la competición", describe en Twitter un reportero de deportes de la cadena estadounidense SNJ Today.

"Las prohibiciones y restricciones de peinados asociados con la población afroamericana a menudo se basan en patrones de apariencia blancos y perpetúan el estereotipo racista de que los peinados afros son poco profesionales", asevera la comisión en las nuevas directrices.

"Existe una noción muy expandida y fundamentalmente racista de que los peinados asociados con la población negra no son adecuados para entornos formales, que pueden ser poco higiénicos, desarreglados, alborotadores o descuidados", añade. En 2016, un tribunal federal emitió un dictamen a favor de una empresa de Alabama para que le retirara la oferta de trabajo a una mujer que se negó a cortarse las rastas.

En 2017, en una línea similar, las Fuerzas Armadas estadounidenses derogaron una normativa que prohibía que las mujeres en servicio llevaran trenzas.

Por su parte, la comisión de Nueva York adopta medidas contra la discriminación a toda la ciudad e incluye multas para las empresas o propietarios que se nieguen a referirse a una persona transgénero según el género de su elección, por ejemplo.

La normativa en cuestión se dirige a todos los peinados asociados con la identidad racial, étnica o cultural de una persona, pero aclara explícitamente que se protege el derecho de la población afroamericana de mantener su cabello natural. Las violaciones a la nueva ley se considerarán actos de discriminación racial y las empresas se enfrentarán a multas de hasta 222.000 euros por las infracciones que se consideren maliciosas.

También establece que no se podrá exigir a los empleados que se alisen el cabello ni se podrá prohibir que alguien lleve el cabello más largo que un número determinado de centímetros, ya que eso permitiría penalizar los peinados afros. Además, las empresas no podrán discriminar a potenciales clientes. Por ejemplo, un club nocturno no podrá imponer un código de vestimenta que excluya ciertos peinados.

La nueva ley de Nueva York no afecta a las normativas que obligan a los trabajadores a llevar una redecilla o recogerse el cabello por razones de sanidad o seguridad.

La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Carmelyn Malalis, publicó en Twitter una foto de Barack Obama agachándose para que un niño negro le toque el pelo. "El pelo es parte de ti", escribió. "La discriminación racial basada en el cabello ya es ilegal en Nueva York".

domingo, 17 de febrero de 2019

#hemeroteca #lgtbi | Entrevista al escritor y activista Ramón Martínez autor de “Lo nuestro si que es mundial”

Imagen: Google Imágenes / Ramón Martínez
Entrevista al escritor y activista Ramón Martínez autor de “Lo nuestro si que es mundial”.
Eduardo Nabal | Burgos Digital, 2019-02-17

https://burgosdijital.net/entrevista-al-escritor-y-activista-ramon-martinez-autor-de-lo-nuestro-si-que-es-mundial/

Ramón Martínez (Madrid, 1982) es doctor en filología por la Universidad Complutense de Madrid, activista para la erradicación de la homofobia y escritor. Fue finalista del Premio Odisea de Narrativa con su primera novela ‘Esta noche tú decides’ (2007), y autor de ‘La cultura de la homofobia y cómo acabar con ella’ (2016), un manual que analiza pormenorizadamente cómo funciona el odio y la discriminación hacia la diversidad sexual y de género.

P. “Lo nuestro sí que es mundial” es uno de los libros más exhaustivos, al menos hasta la fecha, sobre el activismo LGTB+ en el estado español. Pero empecemos por el principio tú mismo no te sientes cómodo con la utilización indiscriminada de estas siglas.


R. No suele gustarme tratar de resumir todo un movimiento social que persigue la erradicación de la discriminación hacia la diversidad sexual y de género bajo cuatro simples siglas por varios motivos: por un lado utilizarlas como forma de aglutinar a todo un conjunto polimorfo de personas, con sus particulares sensibilidades y vivencias de la sexualidad el género, es excesivamente reduccionista; creo que mucha gente a cuyas necesidades hemos de dar respuesta como movimiento se queda fuera de esas cuatro letras.

Por otra parte hay un conflicto ideológico y un conflicto histórico: cuando hablamos de «políticas LGTB» afrontamos un discurso fundamentado en la identidad, en cuatro identidades concretas, y no todas las ideologías de este movimiento coinciden en esa estrategia identitaria, ni ahora mismo ni a lo largo de la historia de lo que hoy llamamos «movimiento LGTB», que en su día recibió otros nombres, quizá más interesantes, cuando reivindicaba la «liberación sexual».

P. Nos explicas la dificultad de un proyecto tan amplio y donde pusiste tu frontera.

R. El proyecto del libro, cuando empecé a investigar, consistía fundamentalmente en ofrecer una visión general sobre la historia de este movimiento social que recuperase una genealogía reivindicativa que me temo va quedando olvidada con cada nueva generación que se incorpora a sus filas. La dificultad era evidente: yo mismo tenía que informarme de muchos sucesos de los que mi generación jamás ha escuchado hablar, y que resultan claves para entender cómo se articulan hoy los diferentes puntos de vista sobre cómo llevar a cabo la reivindicación.

Luego me encontré una dificultad esperable: resumir todo de tal modo que pudiera explicarse bien en un libro que intentaba ser breve. Esa fue la frontera, tratar de hacer una introducción sencilla, de 350 páginas, presentando la historia de un movimiento social que debería ser desarrollada -y recuperada- en varios tomos. Queda aún muchísimo por contar, y habrá que seguir contándolo.

P. El autor es muy respetuoso, apasionado y a la vez imparcial. Eso da puntos al libro pero también uno piensa que a veces “hay que escribir con rabia”. ¿Has intentado ser “neutral” o simplemente te ha salido así?

R. He sido muy cuidadoso con la redacción. Tengo unos puntos de vista personales muy particulares sobre este movimiento social que llamamos ‘nuestro’ y que creo que es patrimonio común de la humanidad, pero entendí que lo que debía primar en este libro no eran mis lecturas subjetivas, sino tratar de ofrecer a quien quiera acercarse a mis páginas una visión lo más objetiva posible del devenir histórico de una reivindicación ya centenaria.

La «neutralidad» es deliberada, y he intentado ser tan objetivo como he sido capaz de conseguir. Considero que para poder ofrecer mis propias consideraciones hará falta otro volumen, porque la intención de este era, fundamentalmente, ofrecer los hechos tal como sucedieron. Puede que ahora sea el momento de que, con ‘Lo nuestro sí que es mundial’ en la mano, podamos restablecer interesantes debates donde defender, o seguir defendiendo, nuestras visiones particulares de la reivindicación sobre sexualidad y género.

P. Marcas un punto de inflexión en el matrimonio gay. Eso ha ocurrido en muchos países del mundo pero en todos hay voces críticas con respecto no solo al ensueño de “una revolución sexual más allá de la heteronorma” sino también hacia el peligro de una desmovilización de cara a otras demandas también importantes que precisamente han aumentado como consecuencia de la actual desestructuración económica (la precarización, la plumofobia, la violencia, el auge de la extrema derecha, el racismo dentro de nuestra propia comunidad, la despatologización trans...)

R. La consecución del derecho al matrimonio para las parejas del mismo sexo ha resultado, y sigue resultando según se reconoce en diferentes países, un punto de inflexión evidente. La igualdad legal no deja de ser un avance impresionante, y siempre he pensado que resulta muy útil estratégicamente para disponer de una relativa posición de poder desde la que reivindicar otras cuestiones.

El problema es que desde hace más de una década en España, y vamos viendo que también en otros lugares donde se aprueba, el Matrimonio Igualitario conlleva una considerable desmovilización: parece que se hubiera interpretado como un fin en sí mismo, cuando realmente hemos de plantearlo como una estrategia más en el camino hacia la consecución de otros objetivos mucho más importantes. Personalmente considero que el objetivo último ha de ser la erradicación de todas las violencias que se dirigen contra todas las personas cuya sexualidad y expresión de género se apartan de lo normativo y, para alcanzar ese punto el matrimonio resulta útil, claro está, pero no creo que sea un objetivo en sí mismo. Considerarlo así, y darnos por venidos, no solo reduce el discurso reivindicativo a una expresión mínima: denota una preocupante falta de imaginación sobre el mundo que pretendemos construir, porque entre las consecuencias del Matrimonio Igualitario no solo está la igualdad legal: también se esconde el peligro de la incorporación a la heteronorma y una desmovilización preocupante.

P. Hay una idea interesante y es la necesidad de construir memoria para encarar el futuro. ¿Cómo crees que es posible dejar paso a las nuevas generaciones de pensadores y activistas sin abandonar del todo la lucha? Te lo pregunto desde una posición personal. Yo he aprendido mucho de otras personas pero hay experiencias que personales que “determinan la conciencia”. ¿Crees que es necesario construir o reconstruir una identidad “marica” para este milenio que viene?

R. Nuestra cualidad como personas heterodoxas en cuanto a la sexualidad y el género conlleva una peligrosa maldición: como personas no heterosexuales estamos condenadas a la carencia de genealogía, de referentes entre la generación que nos precede. Por eso la visibilidad sigue siendo tan relevante. Construir, o reconstruir, una memoria colectiva me parece una obligación ética no solo para reconocer los trabajos y padecimientos de quienes estuvieron antes, sino, y es aún más importante, para intentar asegurar a quienes vendrán después un bagaje cultural que puedan tomar como punto de partida para construir su forma de plantear el mundo; una tradición de la que no se hayan eliminado interesadamente planteamientos y puntos de vista que pueden resultarles útiles.

En cuanto a lo puramente político, creo que nuestras experiencias han determinado nuestra forma de plantear la reivindicación, pero considero que es una obligación de nuestra generación garantizar que la siguiente podrá contar no solo con sus propias experiencias sino con el recuerdo de las nuestras y de las anteriores.

Tenemos la responsabilidad de asegurar el crecimiento de una nueva generación activista que por primera vez tenga un acceso fácil a su propia genealogía: por eso me pareció importante escribir ‘Lo nuestro sí que es mundial’. Lo que hagamos ahora, y lo que se haga en el futuro con el eterno debate identitario creo que será muy diferente dependiendo de cómo articulemos el cambio generacional, que en el «movimiento LGTB» se ha caracterizado por la ruptura. Y, en todo caso, hay algo que me preocupa mucho más que cómo construir, deconstruir o reconstruir nuestras identidades, si estas son útiles o no: estamos viviendo hoy una gran eclosión de nuevas identidades, y quizá nos estemos deteniendo en su valor aislado sin recordar que no son más que estrategias para conseguir una transformación social.

Me preocupa sinceramente que este movimiento social que aspiraba a construir un mundo libre de violencias haya perdido la imaginación para delimitar sus objetivos a largo plazo y camine entretenido, despistado dentro de una curiosa desmovilización reivindicativa, planteando cuestiones que quizá nos alejen de la victoria final, que creo que debe ser una absoluta revolución en nuestra forma de vivir la sexualidad y el género.

viernes, 15 de febrero de 2019

#hemeroteca #identidades | Efmamjjasond González, el futbolista que lleva los meses del año en su nombre

Imagen: Público / Efmamjjasond Gonzáles
Efmamjjasond González, el futbolista que lleva los meses del año en su nombre.
Strambotic, Público, 2019-02-15
https://blogs.publico.es/strambotic/2019/02/efmamjjasond/

“Nos gustan los meses del año”, es la lacónica respuesta de los padres del futbolista colombiano Efmamjjasond González, que lleva en su nombre de pila las iniciales de los doce meses del año, de enero a diciembre, sin saltarse ni la doble jota veraniega. A los papás les gustan los meses del año, pero al joven -nacido en 1999- no le hacen ni p*** gracia y prefiere que le llamen “Jasond”, un nombre que no despierte las carcajadas entre compañeros y rivales. Hay quien incluso ha rebautizado al jugador como ‘Calendario González‘.

En Colombia no es difícil encontrarse sujetos con nombres tan rimbombantes como Oyarbides Cassiani, Yosvidas Fuentes, Boanerge González, Jersson Amur González, Eulalio Eulises Arriaga o Leiner Arnelicie Orejuela, según enumera el periódico colombiano El Tiempo.

Tampoco es extraño toparse con chavales con nombres tan excéntricos como Maximillian, Montserrath, Shunguemaku, Shimunkezhu y Bunkuawimaku. La explicación a tanta floritura es que, a falta de un buen apellido, los padres tiran de imaginación para que su hijo destaque por el nombre (aunque sea para convertirse en el hazmerreír de clase). Según el sociólogo colombiano Fabián Sanabria, la responsabilidad de estos nombres rimbombantes recae en los padres de los menores: “Esta es una maldita desgracia, porque a esos niños les van a tomar del pelo en el colegio y de seguro los van a convertir en blanco fácil del bullying”.

De momento, parece que el bueno de Efmamjjasond está destacando no solo por su nombre sino por su calidad futbolística. El ariete de impronunciable nombre puede ser el próximo fichaje del equipo argentino San Lorenzo de Almagro. ¡Suerte, Calendario!

Y TAMBIÉN…
Efmamjjasond, la insólita explicación que esconde el nombre más extraño del fútbol.

El Atlético Nacional de Medellín cuenta en sus filas con un nombre único en el mundo.
La Vanguardia, 2017-07-05
https://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20170705/423907440326/efmamjjasond-gonzales-atletico-nacional-nombre-extrano.html

viernes, 8 de febrero de 2019

#hemeroteca #identidades | El ‘halal’ se consolida en Francia como signo de identidad y gran negocio

Imagen: El País / Carnicería halal en París
El ‘halal’ se consolida en Francia como signo de identidad y gran negocio.
Macron estudia maneras de regular el Islam francés mediante un mayor control de los productos ‘lícitos’.
Marc Bassets | El País, 2019-02-08
https://elpais.com/sociedad/2019/02/02/actualidad/1549064658_519558.html

Saint-Denis, la ciudad de 110.000 habitantes al norte de París, concentra algunos traumas y obsesiones de la Francia contemporánea. La basílica de Saint-Denis alberga las tumbas de 43 reyes de Francia, de Dagoberto, en el siglo VII, a Luis XVIII, en el XIX. Diez minutos en dirección al sur, se encuentra el imponente Stade de France, a cuyas puertas un terrorista islamista cometió uno de los atentados con bomba que el 13 de noviembre de 2015 golpearon la capital francesa y sus alrededores. Cinco minutos a pie al norte de la basílica, epicentro del cristianismo francés que el presidente, Emmanuel Macron, le gusta frecuentar para reconectar con la tradición nacional más profunda, se encuentra la ‘rue’ Gabriel Péri, una calle comercial parecida a tantas en Francia. Su particularidad reside, primero, en la abundancia de peluquerías afro. Y segundo, en que en muchas de las pizzerías, carnicerías, locales de kebab y restaurantes asiáticos, hay estampada una pegatina bien vistosa con la palabra halal, donde venden carne sacrificada según los ritos musulmanes.

“Esta explosión del halal es uno de los fenómenos más significativos de las transformaciones y de la afirmación identitaria del islam en Francia desde la primera década del siglo XXI”, escribe Gilles Kepel, especialista en el islam, en su libro ‘Quatre-vingt-treize’ (Noventa y tres), publicado en 2013.

El 93 del título es el código postal del departamento francés de Seine-Saint-Denis, cuya ciudad más poblada es Saint-Denis. Es el primer departamento musulmán del país, el que presenta una tasa de pobreza más elevada en la Francia continental y el espejo de las disfunciones —fracaso escolar, precariedad, discriminación, ‘guetoización’— que aquejan a la ‘banlieue’, la periferia mestiza y episódicamente convulsa de las grandes ciudades. En ningún otro lugar como en el 93 se proyecta en Francia el fantasma de la islamización, el temor a un avance de una versión fundamentalista de la religión musulmana, a que —en la manifestación más radical de estos miedos— el islam acabe barriendo a los reyes cristianos de Saint-Denis.

El halal, un negocio que representa más de 5.000 millones de euros anuales en Francia, según algunos cálculos, se ha convertido en una manera de reafirmar su identidad para muchos musulmanes franceses. También, dada la cantidad de dinero que mueve, puede suponer una oportunidad para las autoridades: quien controle este dinero podrá manejar un islam francés que hoy depende en parte de dinero extranjero.

La posibilidad de obligar sin excepciones al aturdimiento de los animales a la hora de sacrificarlos, como ocurre en países del norte de Europa o, recientemente, en Bélgica, parece remota aquí, el país occidental con más musulmanes (casi seis millones, un 8,8% de la población) y el primer mercado europeo, además de potencia exportadora a Oriente Próximo.

En Francia, donde la extrema derecha del Frente Nacional sumó más de 10 millones de votos en las últimas elecciones presidenciales, la batalla del halal es otra. Es cultural y política. Refleja las tensiones por la definición de la laicidad, el principio que garantiza la libertad de culto y la separación del Estado y las iglesias.

El veterinario de Burdeos Alain de Peretti es el responsable de la organización Vigilance Halal, que ha presentado varias denuncias ante la justicia para lograr la suspensión de la matanza de animales sin aturdimiento previo. Su combate abarca desde la protección de los animales y los consumidores —cuestiona la higiene de los procedimientos para matar según las normas halal— al cuestionamiento del halal como instrumento para imponer la sharia o ley islámica. “El islam puede evolucionar, pero tal como es hoy es incompatible con nuestra sociedad”, dice Peretti en un café de la plaza Trocadéro, en París.

A 15 kilómetros de ahí, desde su despacho en el sexto piso del único edificio alto en Rosny-sous-Bois, otro municipio de Seine-Saint-Denis, M’hammed Henniche domina con la vista la banlieue oriental de París. Henniche, nacido en Argelia e inmigrado a Francia en los años noventa, es una de las figuras centrales del mundo musulmán en “el 93”. Es el secretario general de la organización Unión de Asociaciones Musulmanas 93 (UAM 93), un grupo de presión que influye en la política local. También es el responsable de Halal Verif, una de las organizaciones que acreditan que una carne es halal o no.

Signo de identidad
“El halal se ha convertido para los musulmanes de Francia en un elemento de identidad. Quizá los jóvenes no rezan, beben alcohol, tiene relaciones con chicas, pero la línea roja es el halal”, dice Henniche. “Para ellos, es lo que marca la diferencia entre ser o no ser musulmán”. En la generación de los padres y abuelos que llegaron a Francia era distinto. La norma era menos estricta. Desde finales de los años noventa se estableció una competición para endurecer las condiciones para que un producto fuera halal. En algunos sectores, los certificadores de pureza tradicionales —las mezquitas de París, Lyon y Évry, ligadas a países como Marruecos y Argelia— empezaron a estar bajo sospecha de laxismo. Aparecieron nuevos certificadores que debían velar porque la carne era efectivamente lícita, que es el significado de halal. Halal Verif' es uno de ellos. Se abrió una batalla que mezclaba lo mercantil con lo teológico. ¿Puede un musulmán consumir carne de animales sacrificados por cristianos o judíos? Si el halal prescribe que se degüelle al animal sin aturdirlo previamente, ¿se le puede electrocutar para atenuar el sufrimiento?

En su libro, Kepel describe un “choque de halales”, entre un modelo más estricto, de inspiración religiosa, y otra cultural o de estilo de vida, que compara con el consumo de productos bio. “En este debate planetario”, escribe, Francia “es ante todo una cámara de eco de las tensiones que atraviesan el islam mundial, parcialmente filtradas por la tradición magrebí de la cultura musulmana francesa, pero que cada día cede terreno a un 'e-islam' cuyos portales [de internet] ponen en relación directa a la generación joven con los centros dogmáticos y financieros de la península Arábiga y Próximo Oriente”.

Macron se ha propuesto reducir la dependencia del dinero extranjero con capacidad para intoxicar a los musulmanes franceses con ideas extremistas. Una posibilidad, sugerida por el ensayista Hakim El Karoui, próximo a Macron, consistiría en crear una oenegé que actuaría como autoridad central y recaudaría un canon o tasa sobre el comercio halal y otras áreas de negocio como los viajes organizados a La Meca.

“Hay mucho dinero, y mal utilizado por quienes pretenden ser representativos. Propongo una organización que no represente sino que regule”, dijo El Karoui en una entrevista en septiembre al presentar un informe sobre el avance del islamismo elaborado para el laboratorio de ideas Institut Montaigne. “La toma de control de la teología por parte de los salafistas es un inmenso problema para los musulmanes y para Europa, porque los salafistas explican que hay que separarse del resto de la sociedad. Hay un problema de formación de los cuadros religiosos. Se necesita dinero para instruir a imanes y remunerarlos. En Francia hay 2.500 lugares de cultos y mil imanes permanentes, de los que 300 están asalariados por un país extranjero”.

De la injerencia extranjera a la deriva radical, del apego de la República a la laicidad al riesgo de la fragmentación de Francia en comunidades estancas, el halal puede ser una pieza clave en la política de Macron para reorganizar el islam francés.