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sábado, 26 de abril de 2025

#hemeroteca #lesbianismo #lesbofobia | Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso: “Es momento de unirnos y reivindicarnos”

Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso //

Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso: “Es momento de unirnos y reivindicarnos”

Un estudio de la Federación LGTBI+ concluye también que un 10% de estas mujeres han sido agredidas, de ahí que reclamen políticas públicas sólidas y “referentes visibles”
Beatriz Olaizola, Pablo León | El País, 2025-04-26
https://elpais.com/sociedad/2025-04-26/una-de-cada-tres-lesbianas-ha-sufrido-acoso-es-momento-de-unirnos-y-reivindicarnos.html 

Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso y una de cada 10 una agresión física o sexual. Son las conclusiones de la investigación Estado LGTBI+ 2024, elaborada por la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+) con datos de la agencia 40dB. “La situación es devastadora. Para el movimiento LGTBI+, especialmente para las mujeres que son lesbianas”, resume la abogada Eva Pérez Nanclares.

Contesta a El País desde Roma, donde se está celebrando la cuarta conferencia internacional del EuroCentralAsian Lesbian* Comunity (EL*C), que reúne a 700 lesbianas activistas de 55 países. Ella es una de las organizadoras: “Escogimos la capital de Italia en solidaridad con nuestras compañeras, cuyos derechos están siendo cuestionados por el Gobierno de Giorgia Meloni, que, por ejemplo, está apelando a los tribunales para eliminar el registro civil de los hijos de parejas homosexuales, en concreto de las lesbianas”, explica.

Menciona Georgia y sus leyes contra las personas LGTBI+, usando como excusa “los valores familiares y la protección de los menores”; Hungría y su “lgtbifobia de Estado”; Reino Unido y “la terrible sentencia que excluye a las mujeres trans”. Un panorama global sombrío. “Nosotras aquí [en la conferencia lésbica] nos juntamos y cogemos impulso”, matiza: “El movimiento, la red, es internacional, en todas las profesiones y sectores. Estamos trabajando mucho”. Este sábado, 26 de abril, día internacional de la visibilidad lésbica, han convocado la primera “manifestación de bolleras” (‘Dyke march’) de la historia de Italia. Coincide con el funeral de Francisco I. Ellas han conseguido que se mantenga la marcha.

Al margen del acoso y la violencia física y sexual, las mujeres lesbianas enfrentan “discriminación laboral, hipersexualización y estigmatización en ámbitos como la cultura, la política, la sanidad, el deporte o la educación”, señala desde el Grupo de políticas lésbicas de la FELGTBI+ su coordinadora, Inés B. García. “Aunque en España existen marcos legales, la igualdad real sigue sin llegar”, agrega. Desde la Federación reclaman políticas públicas sólidas, pero también “referentes visibles, representaciones dignas y diversas en todos los espacios”.

Nerea Pérez de las Heras es uno de ellos. Esta periodista no cree que haya pocos referentes lésbicos: “Hay muchísimos en todos los campos, otra cosa es que a los medios les apetezca visibilizarlos porque no quieren perfiles demasiado críticos ni demasiado incómodos”. La copresentadora de los ‘podcasts’ Saldremos mejores (Podimum Podcast) y Lo normal (Ser Podcasts) ―y en breve empieza ‘Está el horno para bollos’ (en Playz)―, critica que el sistema busca “una lesbiana aspiracional, pop, sin mucha pluma, blanca, y, a ser posible, con muchos seguidores en redes”.

“A veces me reclaman para espacios muy visibles y contesto: llama a las que llevan 20 años militando, a las académicas que tienen cosas interesantes que decir: Esther (Mayoko) Ortega, Basha Changue, las ‘butch’ [que rompen con las expectativas de género heteronormativas] que organizan movilizaciones por Palestina. Yo no soy activista, hay que dejar de abaratar esa palabra”, continúa.

Llamamiento a la movilización

“Estamos en un momento de llamamiento al colectivo en el que tenemos que unirnos y reivindicarnos. Y hay que hacerlo todes, todas, todos juntas”, defiende la abogada Pérez Nanclares. Apunta que “dentro del movimiento, las mujeres también estamos hasta el moño del arrinconamiento por parte de algunos hombres gais” para a continuación advertir sobre cierto apalancamiento social: “Cuando se vive en una situación privilegiada [como la de España], se produce un efecto burbuja. Están en juego muchas cosas”.

Para la periodista y activista Marta G. Franco, hay movimientos minoritarios extremistas que abogan por “una vuelta a los patrones normativos, que buscan atar de nuevo a las mujeres a estrictas reglas”. Describe que las lesbianas aportan “un referente de mujer independiente, libre y luchadora que es muy interesante para la sociedad”, de ahí que se las castigue más: “Cuestionamos la normatividad heterosexual”.

Aunque piensa que en España la situación general para las lesbianas es “mucho mejor que hace unos años”, la también autora del ensayo 'Las redes son nuestras. Una historia popular de internet y un mapa para volver a habitarla' (Consonni) remarca el auge de un furibundo odio digital. “Una minoría de extrema derecha muy organizada busca generar ese ambiente de ira replicando mensajes”, resume.

Elizabeth Duval, filósofa, escritora, activista y exportavoz de feminismo de Sumar y responsable de comunicación, ha recibido mucha violencia en redes sociales. También su pareja, “con palabras que nunca se hubieran atrevido a usar si mi pareja hubiese sido un hombre”.

“Es por la mezcla de ser joven, mujer, lesbiana, trans...”, recalca Duval. Lo que se denomina interseccionalidad. La vulnerabilidad y discriminación de las mujeres lesbianas aumenta en el caso de que con esa realidad interseccionen otras como ser racializadas, migrante, vivir con discapacidad, residir en un entorno rural, ser mayores o jóvenes. Así, un 35% de las lesbianas de la Generación Z ha sufrido ‘bullying’ durante alguna etapa estudiantil, según el estudio de la Felgtbi+.

Duval resalta que, “a nivel global, uno de los principales diques de contención de la extrema derecha ha sido el voto de las mujeres”. Aunque reclama más lesbianas en puestos de poder, no cree que escaseen en política: “Falta visibilidad”, incide, “sigue habiendo un pensamiento de que reivindicarlo de forma abierta va a penalizar a la figura pública”, expresa.

Poco más de la mitad de las mujeres lesbianas y bisexuales (55,8%) son visibles en su entorno laboral, recoge el estudio ‘Las mujeres lesbianas y bisexuales en España’, publicado este viernes el Ministerio de Igualdad, a través del Instituto de las Mujeres. El informe constata que el 81,9% de las encuestadas ha sufrido algún tiempo de violencia por su orientación sexual.

“Nuestros derechos no se debaten, se garantizan. Actualmente, nos vemos obligadas a seguir defendiéndolos ante la amenaza de los movimientos ultras que cada vez toman más fuerza a nivel internacional”, expresa la coordinadora de políticas lésbicas de la FELGTBI+: “No aceptamos retrocesos”.
  • El teléfono 028 atiende a las víctimas de lgtbifobia las 24 horas del día, todos los días del año. También conocido como teléfono Arcoíris, es un servicio de información y atención a víctimas de delitos de odio y de discriminación anónimo, gratuito, confidencial y accesible. Además, se puede contactar por correo electrónico (028-online@igualdad.gob.es) o conectar a través de un chat online.

lunes, 25 de abril de 2022

#hemeroteca #lesbianismo | Detrás de los gais que ves, también hay lesbianas

El Diario / Una pareja de lesbianas en el Orgullo LGTBI de Valencia //

Detrás de los gais que ves, también hay lesbianas.

La invisibilidad es una de las dimensiones de la discriminación que más sufren las lesbianas frente a los hombres homosexuales, que ocupan un mayor hueco en el espacio público y en diferentes ámbitos como la cultura, el trabajo o la política.
Marta Borraz | El Diario, 2022-04-25
https://www.eldiario.es/sociedad/detras-gays-ves-hay-lesbianas_1_8939996.html

“¡Detrás de las ventanas hay lesbianas!”, gritaban las mujeres en la primera manifestación LGTBI de España, que recorrió hace 45 años las Ramblas de Barcelona. El lema, que sigue escuchándose hoy en las movilizaciones, habla de uno de los estigmas de mayor peso que siguen sufriendo las lesbianas incluso en sociedades en las que la homosexualidad ha ganado en aceptación: la invisibilidad. Ocurre aquí mismo, en España se celebra cada 26 de abril el Día de la Visibilidad Lésbica precisamente para reclamar su presencia en el espacio público, una discriminación que a los hombres gais no les ha afectado igual.

“Cuando la sociedad piensa en la homosexualidad, piensa más en un hombre. Y cuando piensa en nosotras, hay todavía muchos estereotipos negativos asociados. Ese sedimento sigue ahí...”, opina Laura Terciado, una de las impulsoras del podcast estrenado en febrero ‘Maldito Bollodrama’. Una de las razones fue precisamente esa: “Los gais están por todas partes, las lesbianas, no. Nos ha pasado a lo largo de la Historia. Y no porque no las haya habido, sino porque no sabíamos si lo eran”, reflexiona. Ya durante el franquismo, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social perseguía a los homosexuales, pero fundamentalmente a los hombres. Para la dictadura ellas prácticamente no existían.

Los datos disponibles revelan que ocurre en muchos ámbitos, desde la política a la representación mediática o el mercado laboral, donde los avances son patentes, creen las voces consultadas para este reportaje, pero aún están lejos de la equidad. Un ejemplo: según el último informe del Observatorio de Diversidad en los Medios Audiovisuales, en la ficción española hubo en 2020 un total de 83 personas LGTBIQ, solo un 7%. Uno de cada tres fueron hombres gais, mientras que el estudio llama la atención sobre la “llamativa escasez” de las lesbianas, un 20% del total. “Nosotras no aparecemos en la foto y, cuando lo hacemos, suele ser de forma muy estereotipada”, concluye Terciado.

Otras cifras apuntan al ámbito del trabajo, donde solo un 35% de mujeres está “completamente” fuera del armario frente al 46% de los gais, reveló un estudio en 2019. Eso a pesar de que la visibilización en lo personal es similar en ambos grupos. Cuando se les pregunta por las causas, el 55% de las lesbianas afirmó que para evitar rumores, mientras que los gais eligieron mayoritariamente que “a nadie le interesa lo que haga fuera del trabajo”. Para Eva Pérez Nanclares, secretaria general de la asociación profesional de lesbianas Lesworking, existe “homofobia interiorizada” en ambos, pero percibe “un desempoderamiento profesional de las mujeres lesbianas que hace que intente dar una imagen 'intachable' para la cual la invisibilidad sería una herramienta de escape”.

Machismo y homofobia
Los motivos de la ocultación lésbica son variados. “Es complejo, es una mezcla de muchas cosas”, asegura Beatriz Gimeno, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid y activista feminista y lesbiana. A las lesbianas les atraviesa una doble discriminación, por un lado, lo que tiene que ver con el género y “la tradicional invisibilidad de las mujeres en general” y por otro, la penalización que supone “no seguir la norma heterosexual”, dice Gimeno, que menciona la política como uno de los ámbitos en los que “se ha visto una evolución”, pero aún hay hoy una mayor visibilidad de la homosexualidad masculina.

“Con los políticos gais se nombra, con las lesbianas todavía cuesta decirlo. Hay una ambigüedad que es armarizante”, explica Gimeno, que apunta incluso a que el solo hecho de utilizar la palabra “cuesta más” que hacerlo con el término gay. “Aún no se ha 'normalizado' porque ha estado tradicionalmente asociada a un estereotipo negativo o a la pornografía y al sexo desde la mirada masculina”, manifiesta la ex directora del Instituto de las Mujeres. De hecho, hubo que esperar 14 años desde que salió del armario el primer político gay, Miquel Iceta, en 1999, hasta que lo hiciera una mujer, la socialista Ángeles Álvarez.

La socióloga y activista ‘queer’ Fefa Vila se remonta para explicar las diferencias al activismo de los años 70 y 80 del siglo XX y el encaje de las lesbianas en él. “Se integraron en el movimiento feminista, que aunque sí trata en los discursos la sexualidad lesbiana, lo hace de una forma muy interna, muy poco pública en comparación con otros temas como el aborto o la discriminación laboral. El sujeto mujer que se universaliza es heterosexual y se pierde esa oportunidad histórica”, remarca la experta. Por su parte, los hombres gais, con el embiste del VIH, “comienzan a organizarse por su lado en grandes frentes” que “empiezan a reivindicarse y pedir participación en lo que se está dirimiendo y en la institución”, dice Vila.

De ahí, cree la experta, que buena parte de los colectivos LGTBI también hayan estado lastrados por una mayor masculinización que, aunque con diferencias, todavía pervive hoy en día. “También hay un punto que tiene que ver con que a los gais se les ha invitado a participar en un mundo existente de privilegios que un tipo concreto de hombre, basado en la reafirmación de la masculinidad, blanco y adinerado, ha encarnado”, remarca Vila, que pone el foco dos efectos: con ello “también se ha desplazado a otros sujetos gais” y ha hecho que las lesbianas “no participemos de la misma manera en ese escenario”.

Unas más visibles que otras
Esta infrarrepresentación en el espacio público, cree Tatiana Romero, activista mexicana y lesbiana, está especialmente marcada por la precariedad femenina frente a la masculina. “Tenemos unas condiciones materiales totalmente distintas y la visibilidad se vuelve más complicada cuando las necesidades básicas son más difíciles de cubrir, veo una desventaja de origen marcada por el género y la clase muy clara. La capacidad adquisitiva les permite ocupar los espacios públicos de una manera que nosotras no”, esgrime.

Terciado apunta a otro motivo más que tiene que ver con las “estrategias de supervivencia” comunes en las lesbianas, las de ocultarse por la mayor aceptación social del contacto entre mujeres o esconderse bajo relaciones calificadas de amistad, algo que fue frecuente durante el franquismo. “Para ellos es más complicado. Nosotras podemos ocultarlo y es una forma que hemos tenido de vivir también muy relacionada con la invisibilidad de las mujeres en general. Si no me muevo y no digo nada, no existo. Eso también es violencia”, añade la conductora de ‘Menudo Bollodrama’.

Aun así, la invisibilidad no se da igual que antes, cree Beatriz Gimeno, que sí ve señales de avance en este sentido. Sin embargo, lo observa sobre todo “para un tipo muy específico de mujer lesbiana”, añade la diputada, que lamenta el escaso abanico de representaciones de lesbianas que suelen mostrarse. “Se ha dado una mayor visibilidad en los últimos años, pero no han entrado todas las posibilidades. Este hueco está ocupado mayoritariamente por mujeres femeninas, que siguen unos cánones concretos. Una lesbiana masculina creo que tendría más dificultades”.

A lo mismo se refiere Tatiana Romero cuando nombra la interseccionalidad que también se manifiesta entre las mujeres lesbianas. “No es lo mismo tener poder adquisitivo que no tenerlo, ser migrante, racializada o marcadamente masculina que no serlo. Son opresiones que están imbricadas unas con otras y que no se pueden separar. A mí me han insultado siempre llamándome bollera, sudaka y gorda, todo junto”. Y en la medida en que estas “marcas” se van sumando “en los cuerpos”, “más invisibilidad sufren”.

Un círculo vicioso de invisibilidad
Los efectos de la invisibilidad son muchos y variados, coinciden las mujeres lesbianas consultadas para el reportaje, pero algunos les preocupan especialmente. En un momento de ascenso de las denuncias por delitos de odio hacia el colectivo LGTBI, las cifras revelan que la inmensa mayoría de las víctimas son hombres; en concreto el 77% según el último estudio del Ministerio del Interior. Pero eso no quiere decir que las mujeres lesbianas no sufran lesbofobia. “Ocupamos menos el espacio público, pero las violencias que sufrimos pueden ser muy invisibles también, muy naturalizadas y normalizadas”, cree Romero.

Quizás no se trata tanto de agresiones físicas como las denunciadas por hombres gais y bisexuales en el último año, pero sí acoso callejero o en espacios de fiesta, intimidación o actitudes prejuiciosas como las que muchas lesbianas llevan tiempo denunciando en, por ejemplo, las consultas ginecológicas, ejemplifica la activista.

A ello se suman las consecuencias que la falta de referentes tiene para la sociedad en general y para las jóvenes y otras mujeres lesbianas en particular. “De alguna forma es cómplice de esta invisibilidad que sufrimos, generando el círculo vicioso de ignorar que existimos o que nuestra existencia debe llevar esa carga de inferioridad o estigma” que acaba repercutiendo en la ocultación de las que vienen detrás, concluye Pérez Nanclares.