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viernes, 9 de abril de 2021

#hemeroteca #homofobia #politica | Pene

Imagen: El Diario / Juan Ignacio Viciana

Pene.

La escandalera que Coalición Canaria y sus mariachis montaron por un artículo publicado en Canarias Ahora se queda en una clamorosa espantada.
Carlos Sosa | El Diario, 2021-04-09
https://www.eldiario.es/canariasahora/carlossosa/pene_132_7390780.html

El pasado mes de marzo tuvimos que soportar en este periódico un chorreo de críticas y de insultos tras la publicación de un artículo de opinión del periodista Ignacio Viciana, hoy en labores de gestión política en el Ayuntamiento de La Laguna, sobre la polémica suscitada alrededor de la declaración ante la justicia del exconcejal socialista de esa Corporación Javier Abreu. En su artículo, Viciana se mofaba abiertamente de las declaraciones que Abreu hizo a la salida de los juzgados de la ciudad, y más concretamente de su anuncio de que iba a ver si encontraba en su casa un pendrive en el que, supuestamente, debería estar registrada una conversación telefónica que él habría tenido con el actual concejal (y ahora senador socialista) Santiago Pérez. Esa conversación, supuestamente registrada en ese pendrive, vendría a ser la prueba definitiva de las presiones que Abreu habría sufrido por parte de Pérez para que colaborara en la investigación del caso Reparos en la línea de agravar las acusaciones que pesan contra el exalcalde de esa misma ciudad Fernando Clavijo.

En uno de los pasajes de ese artículo, Viciana especulaba con que Abreu ya habría encontrado el famoso pendrive pero que en su interior lo que realmente encontraría el juez instructor sería una película pornográfica, y específicamente una escena en la que se vería “un pene de gigantescas dimensiones, que ocupaba la pantalla casi completa, con una chica de muy buen ver al fondo”.

El comentarista político regional Paco Pomares rápidamente fijó la estrategia a seguir por Coalición Canaria y por sus medios afines: calificar esa mención a un pene gigantesco junto a una mujer como un ataque homófobo hacia Javier Abreu, haciendo expresa mención a la condición homosexual del presuntamente ofendido. Los nacionalistas y algunas personas de muy estricta moral se tomaron en serio el argumentario de Pomares y, a partir de ese momento, nos cayeron las críticas y los insultos.

Inmediatamente, Coalición Canaria y el Partido Popular se conjuraron en el Ayuntamiento de La Laguna para reprobar a Ignacio Viciana, gerente de la empresa pública de Urbanismo (Muvisa) por “sus comentarios homófobos”. La correspondiente moción llegó al pleno de la Corporación este mismo jueves, pero llegó desinflada, sin la más mínima mención a lo que había sido el ataque principal al autor del artículo y a este periódicio: que somos unos homófobos.

La moción, de la que se retiró el PP, venía a reprobar a Viciana por haber escrito un artículo con expresiones “de mal gusto”, seguramente por escribir la palabra pene, o -vaya usted a saber- por hablar de un pene “de gigantescas dimensiones”. Allá cada cual con sus cosas.

La polémica encendió a algunas personas preocupadas por la utilización de esa expresión, “pene de gigantescas dimensiones”.

Muy pronto, el guardián de las esencias a este lado de la reserva espiritual de occidente, el honorable diputado Díaz-Estébanez, de Coalición Canaria, nos dedicó un cariñoso tuit : “Y cuando creía que “el cupo de repugnancia” ya estaba sobradamente colmado con los “sueños húmedos” de Arriaga, alguien que lo consigue superar con creces: un artículo infame de un supuesto periodista a sueldo (y muy bien pagado) en el habitual POR (Panfleto Oficial del Régimen)”

El periodista Octavio Caraballo, que ha ejercido como jefe de prensa y diversos cargos institucionales con Coalición Canaria, nos dedicó esta coplilla: “Homófobos que publican en diarios que son una referencia para la comunidad #LGTBIQ para desacreditar a una persona por ser homosexual”. Seguro que el bueno de Octavio no se había leído el artículo, porque de haberlo hecho, no habría opinado así. Él sabe perfectamente lo que es desacreditar a alguien por su condición sexual.
 
Sergio Alonso, el concejal que este jueves debía haber defendido la moción en el Ayuntamiento de La Laguna, que se rajó para no hacer el ridículo después de tantas idas y venidas, escribió en la misma red social: “El periodista @nachoviciana a sueldo de @sparezlaguna en #muvisa como consejero delegado, destila con desesperación, homofobia viejuna, intentando caricaturizar una investigación judicial. Seguro que #idaira_afonso sale al quite reprobándole y exigiendo su cese. Seguro”.

Hermano del inefable Carlos Alonso, ambos de Coalición Canaria, este concejal de La Laguna ni siquiera se presentó al pleno y dejó encargado a una concejala de su partido que defendiera la retirada de la moción de reprobación, introduciendo, eso sí, una apostilla en nombre de Javier Abreu según la cual el ofendido pedía esa retirada por la poca unanimidad mostrada por la oposición para defenderle. Alonso no se constituyó en el pleno alegando motivos laborales, pero es profesor de Universidad y tiene derecho a los permisos correspondientes para asistir su trabajo como representante público. En realidad, lo que trataba de evitar, como sus compañeros de CC, que se ausentaron de la sesión tras la orden de su portavoz, el exalcalde Díaz, era el debate de una moción condenada al fracaso y al revolcón dialéctico porque su recorrido de infamias y de mierda se había acabado hacía tiempo.

Que Coalición Canaria se haya quedado sola en la defensa de este exconcejal socialista contribuye a acrecentar la certeza de que solo le interesa a ese partido, de momento y por muy concretas cuestiones, como la de intentar echar toda la basura posible sobre Santiago Pérez, el denunciante del caso Las Teresitas, del caso Grúas y ahora, del molesto caso Reparos. En cuanto se demuestre que no tiene nada, que no hay ni una sola prueba de las acusaciones que ha vertido, la cobertura se acabará. Y a este no le van a traer a Choclán para que lo defienda.

viernes, 5 de marzo de 2021

#hemeroteca #homofobia #politica | El pen drive boca arriba

Imagen: Público / Fernando Clavijo saliendo de los Juzgados de La Laguna

El pen drive boca arriba.

Juan Ignacio Viciana | El Diario, 2021-03-05

https://www.eldiario.es/canariasahora/canarias-opina/pen-drive-boca_129_7277502.html 

Fernando Clavijo alza el cuello de su chaqueta para protegerse del frío lagunero y sale corriendo del rincón más oscuro del Bar Cienfuegos a subirse al taxi que espera en la calle. No quiere que lo vean en compañía de Javier Abreu ni perder el avión que despega en una hora con destino a Madrid, camino del Senado. Pero siempre hay alguien mirando.

No sabe por qué, pero justo en eso piensa mientras se arrellana en un cómodo sillón que vuela camino de la capital y se deja dormir. Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero el perfume de la funcionaria que pasó cerca de él para llevarle una tonga de folios al juez César Romero Pamparacuatro. Luego un aroma familiar que lo acercaba de nuevo al Cienfuegos.

Cesaron los olores y se acomodó en el rincón más lejano que pudo en la sala del Juzgado. No debería estar allí, no quería que lo relacionaran con todo aquello, y además Abreu tenía las cosas claras. Lo habían repasado mil veces, en el bar y hasta en su propia casa. De vez en cuando metía cosas de su cosecha, pero en esencia diría lo que había que decir para imputar a Pérez. Y a otra cosa mariposa. Lo único que le torturaba era la idea de sentirse descubierto.

- Señor... ¿desea alguna cosa señor? --le dijo la azafata, despertándolo sin remedio-- ¿Le sirvo algo?

Abrió los ojos y divisó por la ventanilla un mar de nubes con el sol jugando a esconderse al fondo. Sonrió a la azafata para decirle que no, agradeciendo que lo hubiera rescatado del mal sueño y se estiró con disimulo, satisfecho. Todo marchaba según lo previsto: habían conseguido archivar el caso Grúas, pronto lograrían lo mismo con el caso Reparos, como habían hecho antes con la parte del caso Corredor que le afectaba. Daños menores. El abogado Choclán era muy caro pero bueno. Pronto retornaría todo a su lugar y con suerte acabaría pagando el Ayuntamiento.

Volvió a acomodarse en su sillón, deslizándose de forma imparable por un agujero negro que lo sentó de nuevo en su rincón de la sala del Juzgado. Hablaba el juez: “Vamos a ver, ¿dijo usted en su última declaración que había recibido llamadas amenazantes en su domicilio?”.

- Sí, señoría. Primero me llamaron los periodistas Lucas Fernández y Carlos Sosa, luego la abogada Sandra Rodríguez. Todos de parte de Santiago Pérez, para decirme que si no me portaba bien acabaría imputado. Están todos confabulados, con el interventor, la jueza Rosell y hasta Juan Fernando. Son terribles, dan pánico- dijo Abreu.

Ya está improvisando el jodido --pensó Clavijo-- como siga por ese camino acabará involucrando al propio Villarejo. Carraspeó un par de veces lo más alto que pudo para llamar su atención y que se ciñera al plan establecido. Aunque no estaba de más pedirle a Pomares que desarrollara aquella línea argumental, apuntó mentalmente.

- Bueno, vamos a ver, ¿ha traído hoy el ‘pen drive’ con las conversaciones grabadas? Es lo que vamos a escuchar ahora, ¿verdad?- ordenó el juez a la funcionaria al tiempo que preguntaba: Está bien, procedamos.

Unas breves turbulencias despertaron a Clavijo de su sueño en el peor momento, molesto de perderse el instante estelar en que se escuchara a Pérez y compañía al otro lado del teléfono. No bastaba con una relación de llamadas de hacía más de cuatro meses, no era suficiente con el papelón de Abreu por muy bien que lo estuviera haciendo. Era necesaria una voz, aunque fuera un saludo, una conversación trivial, cualquier grabación con la voz de Pérez o alguno de aquellos de fondo sería suficiente para seguir hinchando el perro.

Tal vez por eso volvió a cerrar los ojos después de sonreír a la azafata.

En el Juzgado, la funcionaria se disponía a darle al ‘play’. La tensión era máxima. Todas las miradas se concentraron en la gigantesca pantalla de plasma. Solo Víctor Díaz sonreía esperanzado mirando por el rabillo del ojo.

Un silencio sepulcral inundó la sala en espera de una voz que no terminaba de llegar desde el más allá. Tres, dos, uno... pero no fue una voz la que apareció sino un pene de gigantescas dimensiones, que ocupaba la pantalla casi completa, con una chica de muy buen ver al fondo.

El juez fulminó con su mirada a Abreu, que solo pudo balbucear: “Lo siento, señoría, debo haberme equivocado de ‘pen drive’. Si me deja un momento voy a casa a buscar el otro...”.

Fernando Clavijo sintió una punzada en el pecho. Se llevó la mano instintivamente al corazón, trató de tranquilizarse, en la confianza de que pronto despertaría, volviendo a la comodidad de su sillón y a punto de aterrizar en Madrid.

Pero seguía allí, encerrado entre aquellas cuatro paredes frías de cemento, tan duras y compactas como el informe de la Farnés en el caso Reparos, que seguiría adelante inventara lo que inventara Abreu.

Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría porque el perfume de la funcionaria se parecía al de la azafata.

Pero el murmullo de fondo y las carcajadas reprimidas solo por el cabreo del juez mandando a desalojar la sala le hicieron saber que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, un sueño en el que lo esperaba un taxi para acercarlo al calor, las moquetas y la calefacción del Senado, lejos del frío lagunero que ya comenzaba a sentir ajeno.