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martes, 20 de noviembre de 2018

#hemeroteca #mujeres #ciencia | Clara Grima: “Yo reivindico los lunares con la cabeza llena de números y grafos”

Imagen: La Marea / Clara Grima
Clara Grima: “Yo reivindico los lunares con la cabeza llena de números y grafos”.
La doctora en Matemáticas por la Universidad de Sevilla acaba de descubrir, junto a un equipo andaluz, el escutoide, una nueva forma geométrica. Esta entrevista forma parte del especial ‘Andalucía sin tópicos’.
Olivia Carballar | La Marea, 2018-11-20
https://www.lamarea.com/2018/11/20/clara-grima-yo-reivindico-los-lunares-con-la-cabeza-llena-de-numeros-y-grafos/

Hoy ‘la Clari’ se ha arreglado un poquito –dice ella–, con blusa verde, gafas negras, chaqueta roja y una pinza en su pelo, también rojo, que se quita para hacerse la foto de esta entrevista. La que se arregla de verdad para ir a la Universidad es su madre, Trini, que tiene artrosis de tantas escaleras como ha limpiado. “Para ella es como venir al templo del saber”, prosigue ‘la Clari’ en su despacho. ‘La Clari’, como la conocían en el barrio de Coria del Río (Sevilla) donde se crió –azotado por las drogas en los 80–, es Clara Grima. Y está sentada en un despacho de la Universidad de Sevilla gracias a las casas que su madre limpió y a las manos manchadas de grasa de su padre, Salvador, mecánico tornero. Clara Grima es doctora en Matemáticas, divulgadora científica, autora de diversos libros, del blog científico para niños y niñas 'Mati y sus mateaventuras'. Clara Grima preside la Comisión de Divulgación de la Real Sociedad Matemática Española, acaba de ser galardonada con el Premio Especial del Jurado en los Premios Prisma, uno de los más prestigiosos en la divulgación científica en España, y acaba también de descubrir, en el equipo liderado por el biólogo celular Luisma Escudero, una nueva forma geométrica. Se llama escutoide. El hallazgo ha dado la vuelta al mundo en los principales medios de comunicación. “Más repercusión internacional es imposible, pero no sé si hubiera tenido más repercusión nacional si el hallazgo se hubiera producido en Madrid o Barcelona. No lo sé, eh”, duda.

P. Dejemos a los niños (y a las niñas) de Castilla y León y Andalucía en paz. ¿Cómo le explicaría a la exministra de Agricultura Isabel García Tejerina, para que lo entienda, qué es un escutoide?

R. Pues no sé si se va a enterar [risas]. El escutoide es la forma geométrica que hemos descubierto aquí en Andalucía. El líder del grupo, Luisma Escudero, se puso a mirar en el microscopio los epitelios, que son los tejidos que cubren casi todos nuestros órganos, y sospechó que no era verdad lo que venía en todos los libros, porque hasta ahora se pensaba que esos epitelios estaban formados por unas cajitas, por unos prismas. A él, que es bastante escéptico y con bastante pensamiento crítico, como debe ser un científico, no le cuadraba. Observó que había dos cajitas pegadas y que por debajo se habían separado. Es decir, no podía ser un prisma, se había metido algo por en medio. A ver, para que lo entienda Tejerina. A diferencia del prisma, las tapas del escutoide no tienen que tener el mismo número de lados arriba y abajo. Es algo así como un prisma que alguien ha retorcido, y ese giro hace que se peguen unos con otros, lo que da consistencia y elasticidad a los tejidos, porque los tejidos no son planos. ¡Imagina para recubrir un hígado! En resumen, es como un prismita que se ha enrollado con otros escutoides para hacer un tejido resistente y consistente. Y eso lo ha hecho la naturaleza.

P. Y todo esto, andaluz, andaluz...

R. Sí, y con pocos recursos. Yo sí soy fija de la Universidad y otro miembro del equipo, Alberto Márquez. Pero Luisma Escudero tiene una beca Ramón y Cajal. Y el único que no está en Andalucía, no porque no quiera sino porque es un cerebro fugado, es Javier Buceta. Es decir, es un equipo con pocos medios y con gente que tiene contratos nada estables, pero gente con muchas ganas y tesón. Gente que ni siquiera tiene buenas condiciones de trabajo, y desde Andalucía se ha sacado esto. Luisma hizo unos escutoides con plastilina de su hija Margarita porque ni siquiera tenemos impresoras 3D. Estamos muy orgullosos. Hemos abierto una puerta y, como pasa en ciencia, abres una puerta y te encuentras un pasillo infinito con más puertas.

Algo así sucede para llegar a su despacho. Muy al fondo, en una segunda planta, hay una puerta distinta a todas las demás. “We can do it!”, se puede leer en un pequeño cartel con un dibujo de Mati, la protagonista de su blog –ilustrado por Raquel García, catalana–. Su brazo, doblado con el puño en alto, tiene tatuado el número pi. Tras esa puerta se abre una habitación llena de fotos de sus hijos, de color, de dibujos infantiles... Hay una maceta, libros y una señal que avisa de que no hay magia ni discriminación que valga: “Soy mujer y hago ciencia“. Punto. Sobre la mesa, junto a un ordenador austero y un jarabe antitusivo, luce un pequeño cuadro con la ecuación de Euler, en punto de cruz, que le regaló su amiga Mamen. “El Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla (IMUS) tiene investigadores en los primeros puestos, una posición a nivel mundial muy importante, y en Medicina somos punteros en muchos terrenos, a pesar de los recortes de Mariano Rajoy y demás. El PP cortó el grifo. Y la ciencia no es darle a un botón. Venga, toma un montón de millones ahora e investiga... Ahora hay que volver a arrancar el coche. Y es verdad que tenemos trabajos precarios, pero también tenemos los mejores hospitales. Mira, también está la candidatura de Granada para el acelerador de partículas”, recuerda.

P. ¿Por qué entonces sigue recayendo sobre Andalucía la etiqueta de ‘atrasada’?

R. Un problema es que, a veces, lo creemos nosotros mismos, estamos un poco acomplejados. Y luego está el comodín del informe PISA. Tú trae a un niño sueco y lo sientas donde estudian mis hijos, en un aula cinco horas sin aire acondicionado y lo pones a estudiar, y luego le haces el PISA. Yo acabo de venir de los Premios Princesa de Asturias, donde he sido jurado en Investigación Científica y Técnica –fue galardonado el biólogo sueco Svante Pääbo–, y he ido vestida de rojo con lunares blancos, presumiendo de ser andaluza –muestra la foto en el móvil–. Y había gente que me miraba como diciendo ‘¿y esta?’. Pues, digo, yo reivindico los lunares con la cabeza llena de números y grafos.

P. También se sigue asociando el humor o la gracia a la falta de rigor. ¿A usted le han dicho que es andaluza con tono despectivo?

R. Lo uno y lo otro. Es decir, a veces me han dicho, ‘ay, me ha encantado tu conferencia, claro, como eres andaluza y tienes ese arte...’. Y también me ha ocurrido lo contrario: ‘Te ha salido demasiado campechana la intervención, como eres andaluza...’. ¡Pero es que en Andalucía hay gente saboría! Yo no es que sea más simpática o dicharachera o espontánea o metepatas por ser andaluza. Mi hermana es andaluza como yo, nos queremos con locura, pero no se le ocurriría hablar como yo hablo. A mí me llaman del gabinete del Ministerio y, al colgar, digo ‘venga, un besito’. Básicamente porque se me olvida con quién estaba hablando [risas]. A mi hermana nunca se le ocurriría despedirse con un besito de alguien a quien no conoce. No obstante, también te digo que en mis clases de álgebra no se ríe ni dios. A veces digo una chorrada, no se ríen porque van que no pueden y me entra más la risa por el ridículo que he hecho [más risas].

Y entonces Clara Grima, que de niña escribía poemas cuando se enfadaba, dice que antes que matemática quería ser cantante de copla. Y luego Madonna. Y luego filósofa –afirma que su profesor de Filosofía, Antonio Hurtado, fue fundamental en esa primera parte de su educación–. Y luego periodista. Hasta que se enamoró, por fin, de las matemáticas: “Siempre me gustaron, no había que estudiar ni aprenderse nombres, aprendías la regla y jugabas, deducías”.

P. ¿Fue duro estudiar la carrera?

R. Yo venía con un expediente magnífico, era la empollona del instituto y suspendí los primeros parciales. Después de llorar, me limpié los mocos y ‘p’adelante’. Lo que sí recuerdo también es que todas mis amigas tenían dinero para ropa, para salir... Y a mí se me iba todo el presupuesto en el autobús y en las fotocopias. ‘Ya tendrás’, me decía mi madre, que fue muy pesada y nunca me dejó abandonar. Vosotras no vais a limpiar escaleras ni a llevar una babuchas en el bolso. Somos cuatro hermanas y dos hermanos. De todos, cinco somos universitarios y uno es empresario, y le va muy bien.

Sobre la mesa también hay una foto en blanco y negro: es ella de niña, con su mano sobre el pecho de su madre, un gesto que aún hoy, solo con verlo, la tranquiliza. “A mis hijos –protagonistas también del blog– le encantan las matemáticas, pero igual me salen físicos, ¿te imaginas? [risas]. No sé. Uno se llama Salvador, por mi padre. Y el otro Ventura, por su bisabuelo paterno, Ventura Márquez Sicilia. “Él se fue de las Minas de Riotinto, en Huelva, porque no quería trabajar en la mina y terminó siendo concejal de Esplugas de Llobregat. Un andaluz que terminó en Cataluña, rojo, en el 36, y se pasó muchos años en la sombra. Tuvo mucho reconocimiento en Francia y poco en España, por cierto”.

martes, 6 de octubre de 2015

#hemeroteca #feminismo | Soy feminista, pero lo normal

Imagen: Google Imágenes
Soy feminista, pero lo normal.
María González Aguado | Pikara, 2015-10-06
http://www.pikaramagazine.com/2015/10/soy-feminista-pero-lo-normal/

Escribo estas líneas en respuesta al artículo de la señora Clara Grima publicado en Eldiario.es el pasado 24 de septiembre. En su artículo, la Sra. Grima nos contaba su visión del feminismo, una visión interesadamente polarizada. De un lado el feminismo que ella profesa, un feminismo racional y razonable, y por tanto deseable para la paz social, y del lado contrario, un feminismo enajenado que adultera los nobles fines del pensamiento igualitario para instaurar un régimen de sadismo femenino de baja intensidad en las redes sociales. Para ello, comparaba el feminismo en red –o ciertos sectores del mismo- con monjas y maestras franquistas.

Mi intención no es criticar el derecho a debatir los fines y vindicaciones de los feminismos, todo el mundo tiene derecho a discutir y dialogar sobre aquello que le ocasiona malestar, sufrimiento e indignación, incluido el feminismo. Pero el debate se basa en el respeto y la argumentación, algo muy distinto a depreciar subrepticiamente a las contrarias para colocarse en una falsa posición de objetividad y sentido común desde la que hablar. La objetividad no es neutral, menos cuando se habla de opresión. Lo que intento explicar es que la autora, en lugar de defender su postura a la luz de la razón de su feminismo razonable, se limitó a escribir una sucesión de tropos y de lo que, ante la ausencia de argumentos, interpreto como prejuicios invocando una objetividad y sentido común totalmente ausentes en su texto. Todo ello envuelto en un aura de campechanía y simpatía para ganarse al público porque, como ya sabemos, las feministas radicales, las feminazis que se pasan de feministas, no tienen sentido del humor.

Quisiera decir, antes de comenzar, que coincido con Barbijaputa en que, dado que la señora Grima es investigadora y divulgadora y que el día de publicación del artículo se daba a conocer una encuesta en la que un alto porcentaje de europeos creen que las mujeres no están capacitadas para la ciencia, a lo mejor, era el día para hablar de esto y no de las feministas que se pasan de feministas. O yo qué sé yo, diciéndose la Sra. Grima feminista, podría también haber escrito sobre el acoso sexual a becarias en la universidad española –que anda que no se han dejado tesis por eso- o de que, para un sector nada despreciable del profesorado universitario masculino, mantener relaciones sexuales y sentimentales con alumnas de manera reiterada es tan normal como obtener sexenios de investigación Y si no quiere ser tan feminista, pues siempre hubiera podido hablar de la humillante brecha salarial y de derechos laborales entre funcionarios y personal contratado en ciencia en nuestro país. Pero eso es una preferencia personal, son las noticias que me gustaría leer. No es feminista decirle a una mujer sobre qué tiene que escribir. Como tampoco es feminista, ni honesto, ni racional comparar a las mujeres del franquismo con aquéllas y aquéllos con las que la autora disiente –por no decir ataca- para indicarle al lector lo que tiene que pensar.

Con esta maniobra la autora sitúa a esas otras feministas en un imaginario de sadismo femenino para evitar explicar por qué ella piensa lo que piensa. Eso es muy fácil, Sra. Grima. Yo también podría decir que usted es como las mujeres de la Sección Femenina quienes, si bien reconocían el valor de sus congéneres para la sociedad, defendían la subyugación de la mujer a la autoridad masculina. Para continuar, podría identificar a la señora a quien usted no nombra –Barbijaputa- con las ministras de la República, adelantadas a su tiempo y necesariamente radicales. Y para completar el cuadro, decir que las que piensan como usted son, en realidad, unas “amigas de los hombres” que lo único que buscan es la autocomplacencia y el beneplácito de los varones. Le pongo un par de pinceladas campechanas y “simpaticotas” y me quedo tan ancha como se debió quedar usted.

Pero dialogar, argumentar desde las ideas y la experiencia no es eso. Es algo parecido a lo que sigue, no digo que yo lo haga bien. Sobre los ejemplos de poder femenino excesivo que usted propone, la crítica al uso del espacio en el transporte público que hacen muchos varones y el control sobre el cuerpo de las alumnas por parte monjas y maestras del régimen franquista, le diría lo siguiente: creo que es importante llamar la atención de cómo hombres y mujeres nos sentamos en el metro, porque ello refleja la manera en la que ambos vivimos y usamos nuestros cuerpos. Los varones aprenden que su cuerpo es para disfrutarlo, que pueden enseñarlo, que pueden ocupar el espacio que quieran porque el espacio público es su lugar natural. A las mujeres nos enseñan a controlar nuestro cuerpo, a ocupar el mínimo espacio en el espacio público, a cerrar las piernas, a cubrirnos los hombros y a avergonzarnos de nuestros ciclos hormonales. Y esos regímenes de disciplina, para desgracia de todos, se manifiestan en cosas tan nimias como la manera en que nos sentamos en el metro. Juzgue usted ahora si las feminazis están del lado de la monja franquista o del suyo. A lo mejor estaba usted tirando piedras sobre su propio tejado.

Lamentablemente, la igualdad no se consigue solamente a base de leyes ni de educación, ni la igualdad es solamente conciliar vida familiar y laboral, como usted dice. Los prejuicios también operan y están encarnados en nuestros actos cotidianos por muy absurdo que a usted le parezca. Y de poco sirve una ley o una lección de un temario ante la cultura de la violación, por poner un ejemplo. Para terminar quisiera decirle que no sé si vil, pero cuanto menos falta usted a la verdad, cuando divide a las feministas en buenas y malas, las que odian a las hombres y, las buenas que, como usted, se toman cafés con ellos y dan saltitos ante los piropos. Otra vez paralelismos sin fundamento real que visten de coherencia su postura, pero que no explican ni demuestran nada. Sra. Grima, se es feminista o no se es, no se es “feminista, pero lo normal”. Si usted de verdad aboga por la igualdad, discutamos los porqués de su malestar con otras feministas que no piensan como usted, suponiendo que usted sea feminista, que nadie lo duda o igual sí.

jueves, 24 de septiembre de 2015

#hemeroteca #feminismo | Sor Feminista

Imagen: Jot Down / Clara Grima, ilustración de Raquel Garcia Ulldemollins
Sor Feminista
Barbijaputa | El Diario, 2014-09-24
http://www.eldiario.es/zonacritica/Sor-Feminista_6_434366582.html

Justo salía la noticia de que el 63% de los españoles cree que las mujeres no valen para científicas de alto nivel, cuando leo un artículo de Clara Grima, mujer y divulgadora científica (seguro que la conocen por programas como Órbita Laika), donde hace una reflexión sobre mis artículos feministas nada positivos (por usar un eufemismo) que ha titulado como "Sor Feminismo" con frases así:

“Siento que en internet, en general, y en las redes sociales, en particular, existe una congregación de 'monjas' que se dedican a pontificar sobre qué es y qué no es lo que debemos hacer las mujeres para no caer en el infierno del machismo (...) No es solo una, son muchas, pero en los últimos tiempos, al menos en mi entorno de redes sociales, la que se gana el puesto de madre superiora del convento es una a la que yo llamo Sor Feminismo. Si no saben quién es tampoco se pierden nada, créanme”.

(No me nombra, no me enlaza, pero se refiere a mí, pueden leer el artículo completo en el link de arriba)

“A veces, muchas, pienso que, en realidad, tras este personaje se esconde el más recalcitrante de los machistas (...) O la otra opción, ha encontrado un filón y se está forrando escribiendo panfletos 'feministas’”.

En un primer momento pensé en no responder a un artículo que no me nombra directamente y que sólo se limita a ponerme un mote y ridiculizar mi trabajo. Me costaba bajar al barro y rebatir a quien no enlaza para su lector las reflexiones que me critica, para que él/ella pueda valorar y crearse una opinión, y opta por mascarlo, deglutirlo y dárselo ya envuelto para que no tenga que pensar mucho. No quería hacer ninguna réplica a alguien que me presupone un hombre y da por hecho que me estoy 'forrando' con el feminismo, sin haberse molestado siquiera en buscarme en Google para comprobar que hace tres años que escribo en este medio (desde que comenzó) y que antes de escribir sobre este tema, ya escribía sobre redes y política. No pensaba responder pero creo que el daño que hacen artículos así al propio feminismo sí que merece réplica, al menos para señalar falacias sobre el movimiento y evitar la desinformación que ya hay sobre esto: de esto ya tenemos demasiado. Así que, más que para curar mi orgullo (que de eso tengo mucho, por suerte o por desgracia), he decidido contestar para intentar amortiguar, en la medida de lo posible, el desprestigio que supone para la lucha feminista que una mujer influyente como Clara Grima la ridiculice o minusvalore.

La autora no sólo niega que mis artículos sean feministas, sino que niega que ella misma lo sea porque es incapaz de odiar a los hombres:

“Mi amiga Mamen se enfada conmigo cuando le digo que yo no soy feminista porque no puedo odiar a los hombres, porque hay muchos hombres importantes en mi vida, porque me gusta que un compañero me invite a café, porque algunos piropos en la calle me hacen sonreír y andar a saltitos, porque no quiero pasar por delante de un colega con más méritos que yo solo por ser mujer, porque, cuando les doy un beso de buenas noches, no puedo ni quiero pensar que alguno de mis dos hijos, varones los dos, pueda llegar a ser una copa de champán envenenada. Ella siempre me responde lo mismo: "Clarita, lo de esa gente no es feminismo". Y tiene toda la razón”.

Vayamos por partes, y sin querer hacer sangre o ser sarcástica, me limitaré a corregir significados y falacias:

1. "Yo no soy feminista porque no puedo odiar a los hombres".

Odiar a los hombres se llama misandria, no feminismo. El feminismo es un movimiento que aboga por la igualdad, y eso pasa necesariamente por luchar contra las discriminaciones y señalar los micromachismos y actitudes machistas que todos tenemos. El feminismo no odia, el feminismo pelea.

2. " Hay muchos hombres importantes en mi vida (...) me gusta que un compañero me invite a café".

En la vida de toda mujer hay hombres importantes. En la vida de las feministas también. Novios, padres, hermanos, hijos, amigos, compañeros de trabajo, compañeros de piso... En la vida de servidora hay varios, de hecho, a cada cual más importante.

A las feministas también nos gusta que nos inviten. De hecho, aceptamos invitaciones de cualquiera, siempre y cuando no sea una constante y o la invitación se deba al hecho de que el que invita es un hombre y la invitada una mujer. No tiene sentido tener que pagar todo siempre por el hecho de tener un pene.

3. "Algunos piropos en la calle me hacen sonreír y andar a saltitos".

Claro que sí. A usted y a muchas. No es nada por lo que deba sentirse culpable pero sí invita a la reflexión: ¿por qué esos saltitos con las valoraciones masculinas sobre nuestro físico? ¿Por qué esa necesidad del juicio de un extraño sobre la normatividad de nuestro cuerpo? Obviamente así nos han educado: gustar a un hombre y alegrarle la vista nos hace dar saltitos que no damos cuando el cumplido viene de una compañera. A una mujer que nos dice que estamos muy guapas sólo le sonreímos, le damos las gracias. Nada de saltitos. Es fácil llegar a la conclusión de que el patriarcado nos ha hecho creer que para autorreafirmarnos y sentirnos seguras hemos de agradar con nuestro cuerpo al espectador masculino. Yo también di en su día di esos saltitos, así que lo entiendo. Quizás gracias al feminismo, ahora, esas valoraciones y juicios de extraños sobre mi cuerpo -que nunca les he pedido- me hacen sentir cosificada y sexualizada. Ahora, quizás gracias al feminismo, me cuesta más entender por qué un hombre se cree con el derecho de puntuar mi falda o mi escote; ya no puedo entender por qué se le ha enseñado a él que puede estar ahí arriba valorándome y por qué se me ha enseñado a mí que debo estar aquí abajo esperando la valoración para que, cuando me la dé, poder dar saltitos hasta el siguiente.

4. "No quiero pasar por delante de un colega con más méritos que yo solo por ser mujer".

El feminismo no busca la superioridad de la mujer ni conseguir con menos méritos lo que le corresponde a otro. El feminismo busca que las mujeres puedan dedicarse a la ciencia, por no ir más lejos, sin que la sociedad rechace su presencia o no confíe en su labor. El feminismo busca que desaparezca el techo de cristal que actualmente sufrimos y que no nos deja avanzar laboralmente. El compañero hipótetico al que se refiere en su ejemplo, puede estar tranquila, no va a quedarse sin un ascenso merecido porque la vayan a poner a usted delante por ser mujer, muy al contrario, el techo de cristal es para usted y para mí, para nosotras, y a lo largo de toda la historia han sido ellos los que, con menos méritos, han conseguido elevarse pisándonos la espalda.

El feminismo no busca la discriminación positiva, intenta eliminar cualquier tipo de discriminación, incluida la brecha salarial que, no sé si le constaba, ha aumentado este año de nuevo, de forma que usted y yo, tendríamos que trabajar 79 días más al año que un hombre para cobrar lo mismo. Su compañero, aquí de nuevo, no necesita que usted lo defienda, al revés, usted y sus derechos necesitan ser defendidos.

Hay otra frase que me gustaría comentar: “Ver machismo en cualquier gesto nimio de la sociedad me recuerda mucho aquel cuento de Pedro y el lobo”. Teniendo en cuenta que esta sociedad es machista, ¿qué sinsentido es resaltar el hecho de que estamos impregnados de machismo en cada cosa? ¿Tiene sentido admitir que vivimos en una sociedad machista (usted misma lo dice: “A ver, que hay aún mucho machismo en la sociedad es más que evidente”) y luego criminalizar en un artículo a las que denunciamos su presencia en la grandes y pequeñas cosas? Realmente no entiendo el motivo que la ha llevado a escribir su artículo, pero en defensa del feminismo, evidentemente, no ha sido.

Acaba su artículo con una frase de su amiga sobre su propia reflexión de lo que es el feminismo. Ella concluye: "Clarita, lo de esa gente no es feminismo". A lo que usted apostilla: "Y tiene toda la razón”.

Y claro que la tiene, la reflexión que usted hace de mis artículos, de mí, de la presión en redes, de mis 'acólitas' y del feminismo en general, no es más que una visión distorsionada y alienada de lo que pretendemos en realidad.

Feminismo es contestar a un artículo que desprestigia la lucha feminista como el suyo sin ponerle mote a usted, sin ningunearla, sin insinuar que en realidad es un hombre, sin insultarla y sin boicotearla. Feminismo es entender que todas hemos recibido una educación patriarcal que nos hace sacar las uñas por los derechos de los hombres, como si lo necesitaran. Feminismo es poder analizar que, en su discurso, usted me ve como una enemiga o como alguien que odia a todo aquel que nace hombre. Y feminismo también es intentar no enfadarse, empatizar con este contexto y explicarse, como espero estar haciéndolo yo ahora.

Feminismo es también creer que en algún momento usted se dará cuenta de que mis artículos no van ni contra usted ni contra el hombre por ser hombre, sino contra el patriarcado que la hace a usted saltar por la calle cuando la piropean, contra la desazón que sentirá cuando no lo hagan, contra el miedo a envejecer porque ahí ya nadie le dirá nada ni en la calle ni en ningún sitio, contra el hecho de que esta sociedad no la ve capaz de hacer su trabajo de científica –que no tengo ninguna duda de que desempeñará de manera brillante–, contra el alienamiento al que nos somete este sistema que la hace ver en mí una contrincante y no una compañera de lucha.

Contra todo eso es con lo que combate el feminismo, y yo, Sor Feminismo, también. Al menos, eso intento.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

#hemeroteca #feminismo | Sor Feminismo

Imagen: Google Imágenes / Sor Citroen
Sor Feminismo.
"He descubierto esta mañana que vuelvo a sentir, en algún sentido, ese miedo al pellizco de monja por no ser lo suficientemente feminista".
Clara Grima | El Diario, 2015-09-23
http://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/Sor-Feminismo_6_431566858.html

Haber nacido en un pueblo de la Andalucía profunda a comienzo de los 70 tiene muchísimas ventajas y algún pequeño inconveniente; por ejemplo, el haber recibido una educación con marcado carácter religioso. En mi caso y en el de mis hermanos más por inercia que por otra cosa puesto que mis padres ni eran muy creyentes ni muy practicantes: tenían seis hijos y mucho que trabajar.

Pero sí, me criaron en la fe católica y en el miedo que esta nos imponía: miedo a hacer algo mal que te condenara al más crudo de los infiernos. Es la baza con la que cuenta esta gente para conseguir tantos seguidores. Así que sufrí, como muchos de ustedes quizás, los terribles pellizcos de monja, esos que, con la más sádica de las sonrisas, te daban estas señoras mientras te retorcían la piel del brazo para avisarte de que estabas pecando.

En mi colegio, público, no había monjas de hábito pero sí eficientes guardianas de la moralidad con grandes crucifijos sobres sus vírgenes pechos. Como aquella cuyo nombre no quiero recordar, que me soltó su pellizco de monja por ir, con once años, con un vestido de tirantes a clase un día de verano sevillano mientras se asombraba de que no me diera vergüenza mostrar mis hombros gorditos y redonditos provocando con ello la lujuria de mis compañeros. Todos de mi edad, por cierto.

La misma que me llevó a la dirección para gritarme que había perdido el respeto de todos mis compañeros por haberme manchado mi pantalón amarillo y la silla de sangre en una de mis primeras menstruaciones. Yo vivía con miedo. Miedo a pecar, a que se me moviese la puta compresa que era enorme por aquella época. Miedo a que, como me contó un catequista que me preparaba para la confirmación cuando empezaba a dudar del chiringuito y le dije que eso del infierno con fuego era un rollo, el infierno fuese pasar a otra dimensión para descubrir que tu familia se olvidaba de ti y tus mejores amigas se reían de ti contándole a todo el mundo tus secretos. Tenía doce años. Y mucho miedo. Afortunadamente, cuando tenía dieciséis años uno de los mejores profesores que he tenido, Antonio Hurtado, planteó un par de preguntas acertadas sobre eso de la fe en la clase de filosofía y abrí los ojos. Y me liberé del miedo. Del miedo al pecado y a los pellizcos de monja.

¿Por qué les cuento hoy todo esto? No espero frases que me sirvan de terapia, gracias, está más que superado. Ay, ojalá me importase ahora algo de eso... Se lo cuento porque he descubierto esta mañana que vuelvo a sentir, en algún sentido, ese miedo al pellizco de monja por no ser lo suficientemente feminista. Porque siento que en internet, en general, y en las redes sociales, en particular, existe una congregación de 'monjas' que se dedican a pontificar sobre qué es y qué no es lo que debemos hacer las mujeres para no caer en el infierno del machismo. Sí, como un valenciano frente a alguien que cocina una paella (es un chiste para desdramatizar, no tengo nada en contra de los valencianos. Yo tengo amigos valencianos).

¿Cómo sentarnos en el metro?
No es solo una, son muchas, pero en los últimos tiempos, al menos en mi entorno de redes sociales, la que se gana el puesto de madre superiora del convento es una a la que yo llamo Sor Feminismo. Si no saben quién es tampoco se pierden nada, créanme. Pues bien, los pellizcos y el paternalismo de esta hermana y sus acólitas consiguen, a veces, que muchas personas midan sus palabras y sus hechos hasta lo absurdo por no ser tachadas de machistas. Todos los hombres son, según su misal, violentos maltratadores en potencia. Coño, si es que pretenden hasta enseñarnos a sentarnos en el metro como nos enseñaban a sentarnos en misa.

A veces, muchas, pienso que, en realidad, tras este personaje se esconde el más recalcitrante de los machistas y que lo que se propone es, en realidad, dinamitar desde dentro el más que necesario movimiento en pro de la igualdad. O, es la otra opción, ha encontrado un filón y se está forrando escribiendo panfletos 'feministas'. Esta última es bastante creíble.

A ver, que hay aún mucho machismo en la sociedad es más que evidente. Que hay que fomentar campañas y cambios de hábitos para ir convergiendo a la igualdad entre sexos también. Y legislar consecuentemente para acelerar el proceso, claro. Que necesitamos urgentemente la implicación de las administraciones para conseguir la conciliación laboral y poder ser madres sin que nos castiguen profesionalmente por ello está más que claro. Que hay que eliminar el sexismo de las televisiones y de los catálogos de juguetes también. Que nos queda mucho trabajo (y se destina poco dinero) para erradicar el cáncer de la violencia de género lo sabemos todos. Y así, existe una lista casi infinita de reivindicaciones que son necesarias para que no exista la brecha de género.

Somos muchos los que estamos tratando de aportar nuestro granito de arena en esta lucha, sin pontificar, sin atacar a los hombres en conjunto, sin dar pellizcos de monja a los que no piensan como nosotros. Porque no creo que este sea el camino, en serio. Ver machismo en cualquier gesto nimio de la sociedad me recuerda mucho aquel cuento de Pedro y el lobo. Es así. Los indecisos terminan por cansarse de estas pataletas (y de que los metan a todos en el mismo saco) y se vuelven a lo suyo; no estarán cuando llegue algún lobo.

Mi amiga Mamen se enfada conmigo cuando le digo que yo no soy feminista porque no puedo odiar a los hombres, porque hay muchos hombres importantes en mi vida, porque me gusta que un compañero me invite a café, porque algunos piropos en la calle me hacen sonreír y andar a saltitos, porque no quiero pasar por delante de un colega con más méritos que yo solo por ser mujer, porque, cuando les doy un beso de buenas noches, no puedo ni quiero pensar que alguno de mis dos hijos, varones los dos, pueda llegar a ser una copa de champán envenenada. Ella siempre me responde lo mismo: "Clarita, lo de esa gente no es feminismo". Y tiene toda la razón.