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martes, 15 de marzo de 2022

#hemeroteca #lgtbi #cultura | Sevilla dedica dos semanas a la cultura y el ocio LGTB+

Diario de Sevilla / Presentación de lauarta edición de Togaytherland //

Sevilla dedica dos semanas a la cultura y el ocio LGTB+.

Por primera vez, el festival Togaytherland entrega los premios Héroes y Heroínas LGTB+, que recaen en el cantante Agoney, la actriz Juani Ruíz (Veneno), y Antonio Campillo y Manuel García Carmona, fundadores de la discoteca Ítaca.
S.V. | Diario de Sevilla, 2022-03-15
https://www.diariodesevilla.es/vivirensevilla/Sevilla-dedica-dos-semanas-cultura-ocio-LGTB-Togaytherland-2022_0_1665433965.html 

Del 16 al 30 de marzo, la ciudad acogerá en el Espacio Santa Clara y en el Teatro Virgen de los Reyes una amplia y nutrida programación de actividades en la que es la cuarta edición de Togaytherland, Festival de Cultura y Ocio LGTB+ de Sevilla.

El alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, acompañado por la delegada de Igualdad, Participación Ciudadana y Coordinación de Distritos, Adela Castaño, y sus organizadores presentaron el evento. "Sevilla es una ciudad pionera a nivel estatal en su apuesta hacia la comunidad LGTB+, tanto en derechos y libertades como en cultura y ocio", subrayó el alcalde de Sevilla, quien destacó el respaldo del Ayuntamiento a esta nueva edición de Togaytherland a través de la Delegación de Igualdad, Participación Ciudadana y Coordinación de Distritos y la colaboración del ICAS. "Sevilla se señala en el mapa como una ciudad tolerante, abierta y defensora de los derechos de la comunidad LGTB; desde el Gobierno de la ciudad venimos trabajando en los últimos años mediante el Plan municipal para personas LGTBI con medidas y actuaciones que favorecen la lucha contra la LGTBIfobia entre la ciudadanía", señaló Muñoz.

Una de las principales novedades de esta edición es el homenaje y la entrega por primera vez los premios Héroes y Heroínas LGTB+ a personas que han luchado y siguen luchando cada día por los derechos LGTB+ gracias a su visibilidad y trabajo y que este año han recaído en el cantante Agoney, la actriz Juani Ruíz conocida por su papel en la serie ‘Veneno’, y Antonio Campillo y Manuel García Carmona, fundadores de la mítica discoteca sevillana Ítaca.

La otra gran novedad es el taller interactivo de inserción laboral y lúdico para personas migrantes LGTB+, que llega de la mano de CEAR Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y que se centrará en habilidades y competencias para la búsqueda de empleo para personas migrantes LGTB. Esta actividad se encuadra dentro de la finalidad de mejorar las habilidades sociolaborales de las personas LGTB+ desde una perspectiva de la diversidad sexual y de género bajo el paraguas de las actuaciones del I Plan municipal LGTBI de Sevilla.

Actividades y cartel protagonizado por Dorothy de 'El Mago de Oz'
La exposición ‘Transfiguraciones’, del creador Fabio Gomes, el visionado de audiovisuales LGTB+ como los cortos ‘Antes de la Erupción’, del recientemente fallecido Roberto Pérez Toledo, o ‘Purgatorio’, de David Baquero; la representación de ‘Mi Última Voluntad’ y de escenas del musical ‘Si esto fuera una película, sería un drama’; charlas en centros educativos; una mesa de debates literarios con escritores sevillanos LGTB+; un taller/concurso de salud sexual junto a Stop SIDA, son otras de las actividades que trae esta cuarta edición del festival, que se completará con más iniciativas a lo largo de sus 15 días de duración.

El cartel de esta edición está diseñado por el artista sevillano Curro Jackson, donde la protagonista es Dorothy de la película ‘El Mago de Oz’, uno de los iconos LGTB+ de todos los tiempos. Tal fue la influencia del personaje interpretado por Judy Garland que ‘Friend of Dorothy’ (F.O.D como normalmente se ponía abreviado) se convirtió en la contraseña para identificarse con los homosexuales en los Estados Unidos en la década de 1960. Y su ‘Over the rainbow’ es la que inspiró al artista Gilbert Baker a crear la bandera LGTBI en 1978, cuando los organizadores del Orgullo Gay de San Francisco le pidieron que creara un símbolo unificador del colectivo. El autor del cartel siempre ha representado iconos, escenas y protagonistas que viven en nuestra memoria, siempre desde una perspectiva original, atrevida y colorida. Su afición al cine, música y a la cultura pop, marcan su estilo e invaden su obra.

Programación del IV Togaytherland, Festival de Cultura y Ocio LGTB+ de Sevilla
El Espacio Santa Clara vuelve a ser un espacio clave del festival y el 16 de marzo acogerá la inauguración de la exposición 'Transfiguraciones' de Fabio Gomes, que podrá visitarse hasta el 23 de marzo. El artista trata de reproducir su propia vida a través de creaciones artísticas autobiográficas. Se abordan cuestiones de identidad y sexualidad desde la perspectiva de la memoria y de la experiencia. Se usan técnicas de fotografía digital, de aplicaciones para móviles, de dibujo, de tricot y del bordado en tejido.

Por su parte, el teatro llega el 30 de marzo al Espacio Virgen de los Reyes con la obra ‘Mi Última Voluntad’, dirigida por David Sigüenza con un texto basado en anécdotas de Antonio Amaya, con canciones de Rafael Conde 'El Titi', donde se representa la soledad y el vacío a una persona homosexual de la tercera edad. Las entradas para la representación están a la venta en la web del festival y todo lo recaudado irá destinado a la compañía teatral.

Además, de la mano de CEAR Comisión Española de Ayuda al Refugiado, se realizará el 24 de marzo un Taller de Habilidades y Competencias para la Búsqueda de Empleo para personas migrantes LGTB+, con el objetivo de desarrollar las habilidades y herramientas necesarias para la búsqueda de empleo. En el mismo taller, se visionarán series de temática LGTB+ con el objeto de establecer un debate posterior. Esta actividad se encuadra dentro de la finalidad de mejorar las habilidades sociolaborales de las personas LGTB+ desde una perspectiva de la diversidad sexual y de género bajo el paraguas de las actuaciones del I Plan LGTBI de Sevilla.

El 19 de marzo, a las 12:00, Togaytherland se centrará en la Salud Sexual a través de un concurso en el que, a través de preguntas y respuestas, los participantes sabrán más sobre las ITS, VIH y el SIDA y en el que se repartirán grandes premios para los ganadores. La Asociación Stop Sida es la encargada de impartir este taller/concurso divulgativo sobre las ITS. Durante el concurso, se podrá ver en exclusiva ‘En To Lo Alto’, una webserie en formato de falso documental. Ese mismo día por la tarde a las 16:00 se celebrará una tertulia literaria sobre la visibilidad LGTB+ en series y libros y con la participación de los escritores sevillanos Miguel Ángel Parra, Salvador Navarro, Fernando Repiso, Daniel Blanco y José de la Rosa, una charla que vendrá precedida del visionado de los cortos ‘Antes de la erupción’ y ‘Purgatorio’.

A las 18:30 tendrá lugar la mesa abierta ‘Héroes y heroínas LGTB+’ en el claustro del Espacio Santa Clara, donde se realizará un homenaje a héroes y heroínas que siempre han luchado por los derechos LGTB. El cantante Agoney, la actriz Juani Ruíz conocida por su papel en la serie ‘Veneno’; y Antonio Campillo y Manuel García fundadores de la mítica discoteca sevillana que ya cuenta con más de 40 años a sus espaldas, son los homenajeados en esta edición. Todo ello en un evento presentado por Sergio Morante. También se llevará a cabo la presentación del musical de Togayther, ‘Si esto fuera una película sería un drama’, que rinde homenaje a todas las travestis que lucharon por los derechos del colectivo LGTB+ en los años ochenta. Protagonizado por las drags sevillanas, Cañadas, Chichi L’Amoroso, Torrija Asúcar, Lakesiss y la actuación especial de Fernando La Estrella, el texto está escrito por el libretista italiano Fabrizio Funari.

Por otro lado, el festival también llegará, como en años anteriores, a los más jóvenes de nuestra ciudad a través ‘Togaytherland va a la escuela’ una actividad en la que en dos centros educativos de Sevilla (IES Velázquez y el IES Diamantino García Acosta) se realiza un taller dinámico con el alumnado. Su fin es informar sobre los derechos civiles en la diversidad sexoafectiva, la no discriminación y la participación social de la población LGTB+ desde una perspectiva de la diversidad sexual a través de la cultura.

viernes, 8 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #cultura #memoria | Contra la supremacía hetero, un siglo de arte 'queer'

Imagen: El Mundo / 'Golden Shower's', de Ashley Hans Scheirl
Contra la supremacía hetero, un siglo de arte 'queer'.
Rocío R. García-Abadillo | Eme, El Mundo, 2019-11-08
https://www.elmundo.es/eme/2019/11/08/5dc306c8fdddff83ba8b45a3.html

En los años 80, una tal Dorothy traía de cabeza al NCIS (Servicio de Investigación Criminal Naval) de la Marina de EEUU. Investigaban la homosexualidad en Chicago y pensaban que esa misteriosa mujer estaba en el centro de un círculo gay dentro del personal militar, ya que los homosexuales a veces se denominaban a sí mismos como "amigos de Dorothy" (en inglés, abreviado FOD).

El término era un código para la homosexualidad masculina, que fue acuñado en los años 40, y su origen podría ser el filme ‘El mago de Oz’ (1939), donde Judy Garland, que interpretaba a Dorothy, se convirtió en un icono gay. "Amigo de Dorothy" y "Mary" funcionaron como códigos para poder hablar de su vida personal o sexual sin problema -así, no sonaría raro escuchar a un hombre decir "he tenido una cita con Mary"-. Códigos y referencias míticas para camuflarse ante los extraños.

La pintura ‘A friend of Dorothy, 1943’, creada en 1986 por David McDermott y Peter McGough, refleja diversas palabras que servían como insulto (reina, hada, maricón...) sobre un fondo amarillo en el que destaca en rojo la palabra "Mary": el código con el que se llamaban los homosexuales frente a los insultos que se usaban para denominarlos.

Es una de las 250 obras entre pinturas, fotografías, murales y carteles activistas que recoge el libro ‘Art & Queer Culture’. Coincidiendo con el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall, la editorial Phaidon ha publicado una edición revisada y actualizada de su histórico estudio sobre la cultura ‘queer’ en los últimos 130 años. Con ensayos de Richard Meyer y Catherine Lord, añade un capítulo titulado ‘Here and Now’, que pone de relieve la nueva visibilidad de los artistas inconformistas en materia de género.

El libro expone solo una obra por artista, sin considerar si es la más importante en su carrera ni si tienen o no una amplia trayectoria artística. Se incluyen figuras conocidas como Francis Bacon, Catherine Opie y Félix González-Torres, pero también artistas menos célebres como Celeste Dupuy Spencer, Lola Flash y Jim Chuchu. Nombres consagrados y ‘underground’; obras exhibidas abiertamente bajo la firma de las bellas artes y otras restringidas o destinadas a audiencias privadas.

Aunque el término ‘queer’ es moderno -entendiendo el término como aquello que reta la heteronormatividad cisgénero-, su significado se extiende mucho más atrás en el tiempo. Desde Oscar Wilde y su ‘Retrato de Dorian Gray’ hasta Susan Sontag y su “Notes on 'Camp'”, pasando por las Molly House del Londres del siglo XVIII o las ‘drag balls’ de Harlem en los años 20, la negativa a las normas sociales y sexuales ha alimentado la creación de arte ‘queer’ de todo el período moderno.

Meyer y Lord se dividen la obra en dos mitades -Meyer se encarga del período entre 1885 y 1980 y Lord de 1980 a nuestros días- por una cuestión práctica: hay tanto arte y cultura ‘queer’ en los últimos 30 años como en el siglo anterior. En ese recorrido, los autores explican los distintos momentos que atraviesa el movimiento gay, en los que se van encuadrando las obras.

La década de los 50 es considerada la más conservadora políticamente y expresamente homófoba del s. XX, con medidas represivas como listas negras o arrestos, que llevaron a una respuesta más organizada por parte de los productores culturales ‘queer’. Esos grupos sentaron las bases de lo que llegaría en los 60-70, una cultura activista con la formación de vínculos entre los movimientos sociales radicales de la época: el pacifismo, el feminismo y el ‘black power’.

El movimiento gay pronto se convirtió en internacional. Los 80 estuvieron marcados por el sida, del que se culpó al colectivo en un primer momento hasta que se fueron conociendo casos entre heterosexuales. La imagen que se transmitía de las personas con sida era de moribundos y demacrados y el reto de los artistas ‘queer’ -muchos de ellos seropositivos o amigos/amantes de quienes lo fueron- fue el de crear representaciones empáticas y positivas. En España hubo silencio hasta los 90, cuando el escultor y artista ‘performance’ Pepe Espaliú, enfermo de sida, plantó una semilla de visibilidad para las personas con sida en nuestro país: con su ‘Carrying Project’, organizó a amigos y conocidos para llevarle en brazos por las calles de Madrid.

Mucho más amable para la comunidad LGTBIQ y, por tanto, para el arte ‘queer’, han sido los 2000, donde se han ido visibilizando las personas transgénero. Pero no olvidemos que esta obra se centra en artistas anglófonos y europeos. En muchas partes del mundo donde la homosexualidad sigue siendo un delito, el arte ‘queer’ quizá siga tirando de códigos tipo "Mary" para expresarse con cierta libertad.

miércoles, 21 de agosto de 2019

#hemeroteca #cine #queer | Un extraño camino de baldosas amarillas

Imagen: El País / Fotograma de 'El mago de Oz'
Un extraño camino de baldosas amarillas.
La influencia cultural de 'El mago de Oz' no ha cesado desde su estreno en agosto de 1939. La enigmática película es un ensayo del poder político de la rareza.
Carlos Primo | El País, 2019-08-21
https://elpais.com/elpais/2019/08/16/ideas/1565948918_002260.html

Si nos limitamos a los datos objetivos, la película ‘El mago de Oz’ fue resultado de una cadena de expectativas frustradas. Victor Fleming, el director que finalmente la firmaría, tuvo que ausentarse sin terminarla para rematar ‘Lo que el viento se llevó’, la gran apuesta de la Metro-Goldwyn-Mayer. Precisamente la historia de Scarlett O’Hara, estrenada ese mismo año, arrasó en los Oscar; ‘El mago de Oz’ compitió en seis categorías y se hizo solo con dos estatuillas, a la que se añadió un premio honorífico juvenil para Judy Garland. También en esto hay algo de equívoco: la actriz tenía 16 años en el momento del rodaje, pero el personaje que interpretaba, Dorothy Gale, contaba apenas 12, así que Garland, a la sazón una estrella en ciernes de la Metro, tuvo que enfundarse en un corsé y abrazar al perrito ‘Totó’ sin pausa para disimular el volumen de su pecho. Las frustraciones continuaron tras el estreno, en el que este largometraje tuvo resultados más bien discretos. Su éxito, a la larga, fue una bomba de relojería que solo estalló cuando las televisiones comenzaron a reponerla; de manera paradójica, varias generaciones de espectadores descubrieron la película sin disfrutar de su mayor golpe de efecto, que es el momento en que Dorothy abre la puerta de su casa en Oz y la imagen pasa del blanco y negro al brillo chillón del tecnicolor. En las televisiones de posguerra, Oz solo existía en escala de grises.

Sin embargo, lo que debía ser una película gafada por los vaivenes y por su propia era histórica (en muchos países no pudo ser estrenada hasta 1945, tras la II Guerra Mundial) acabó convirtiéndose en uno de esos artefactos estéticos que, a falta de otra etiqueta, se acaba calificando como “de culto”. Contaba Salman Rushdie en una crónica publicada en The New Yorker en 1972 que, en el Bombay de su infancia, ver ‘El mago de Oz’ fue una experiencia iniciática. La historia de una niña que, queriendo salvar a su perro, acaba convirtiéndose en la salvadora de un complicadísimo reino de fantasía ubicado al otro lado del arcoíris era todo un ejercicio de exotismo en el que, aseguraba Rushdie, solo un detalle falla: el empeño de la protagonista en regresar a la aburrida y gris Kansas. “Para mí, la idea de ‘Como en casa, en ningún sitio’ es la menos convincente de la película”, escribió.

La novela de L. Frank Baum (1900) en la que se basa la película era un ‘best seller’ de largo recorrido, un cuento de hadas enclavado en un paisaje típicamente estadounidense. Hay carreteras infinitas, páramos vacíos, localidades rurales y capitales de provincia aparentemente (pero solo aparentemente) sofisticadas. En este escenario conviven arquetipos procedentes de cuentos europeos clásicos. Hadas buenas y brujas malas, puntos cardinales irremediablemente enfrentados y personajes alegóricos. Un hombre de paja, otro de hojalata y un león. Un mago tan charlatán como un político, una terrateniente despótica y los conflictos de clase que, para los historiadores, hablan de las disputas monetarias y la desigualdad social.

Alegorías aparte, esta versión ‘country’ de la Alicia de Carroll podría haber sido material excelente para una película de animación (de hecho, Walt Disney sopesó la idea de adaptarla), pero sus productores decidieron emplearla como salvoconducto para mostrar al público el poder del tecnicolor. De aquella decisión deriva hoy una de sus mayores virtudes, que es la sensación de extrañeza y fascinación que experimenta el espectador ante esta fábula híbrida.

En ‘El mago de Oz’ todo, desde las flores de vidrio hasta el complicado vestuario diseñado por Adrian produce la atracción estética de las creaciones extremas. El 'kitsch' refinado de Fleming está más cerca de las fantasmagorías surrealistas de Cocteau que de las superproducciones de Hollywood. De hecho, es un caso aislado. En los años posteriores, el imperio de Disney estableció que la fantasía era territorio exclusivo del cine de animación, y hay que esperar a ‘delicatessen’ como 'Piel de asno' (1970), de Jacques Demy, para asistir a una cabalgata tan espléndidamente desquiciada.

Los derroteros críticos de la pe­lícula han sido, por lo menos, igual de retorcidos que el camino de baldosas amarillas desplegado en espiral desde el punto exacto en que la casa de Dorothy aplasta a la malvada Bruja del Este. Al fin y al cabo, ‘El mago de Oz’ es una historia de criaturas marginales que no acaban de encajar en el mundo racional del siglo XX. Y Judy Garland, futura estrella maldita del entretenimiento, supo convertir el tema musical más famoso de la película, ‘Over the Rainbow’, en el momento álgido de los espectáculos que ofrecía en los años sesenta en el Carnegie Hall, todo un punto de encuentro para la comunidad gay neoyorquina. Garland falleció en el verano de 1969, 30 años después del estreno de la película que la había consagrado. Tras sus multitudinarias honras fúnebres, muchos de sus fans se fueron a ahogar sus penas en alcohol a The Stonewall Inn, un antro de Greenwich Village. Y pocas noches después la rabia, el desencanto y el cansancio ante el atosigamiento policial fueron la chispa que prendió las protestas que dieron origen al movimiento del Orgullo Gay, y cuya bandera arcoíris es, en parte, una referencia al tema más famoso de la más inclasificable de las películas. ‘Over the Rainbow’, por cierto, suena este verano insistentemente como hilo musical de ‘Camp: Notes on Fashion’, la exposición en la que el Costume Institute del Metropolitan Museum de Nueva York explora fenómenos estéticos entre lo grotesco, lo cursi, lo disruptivo y lo sublime.

Si el ‘camp’ es político, ‘El mago de Oz’, como obra maestra ‘camp’, se adentra en profundidades simbólicas que convierten cada fotograma en un interrogante. El que ha reivindicado el diseñador Virgil Abloh en su colección de este verano para Louis Vuitton es uno de los más inquietantes: en su camino a la Ciudad Esmeralda, Dorothy cae en la trampa de la malvada Bruja del Oeste y se adentra en un campo de amapolas capaces de hacerla caer en un sueño letal. Basta entender la conexión entre la amapola y los opiáceos para que la imagen de Dorothy dormida se transforme en una alegoría y una premonición: la de los estragos que las drogas y la enfermedad hicieron en los años ochenta y noventa entre las filas de los “amigos de Dorothy”, una expresión habitual en la época para aludir a los hombres gais.

Tampoco resulta casual que, en una exposición dedicada a la influencia de la película celebrada en 2008 en el Wattis Institute de California College of the Arts, la obra que diera la bienvenida al público fuera Untitled (Passport II), una de esas instalaciones de Félix González Torres consistentes en una pila de láminas que el público puede coger libremente, decidiendo si contribuir o no a la desaparición final de la obra. La obra data de 1993, tres años antes de que González Torres falleciera de sida, y la imagen impresa en el papel mostraba la sombra de unos pájaros. Una visión del otro lado del arcoíris y una lectura insospechada, pero pertinente, de una película de entretenimiento que es, en realidad, todo un ensayo sobre el poder político de la rareza.

jueves, 4 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #arcoiris | La bandera que acabó con un símbolo nazi e imaginó un mundo de color

Immagen: El País / Gilbert Baker
La bandera que acabó con un símbolo nazi e imaginó un mundo de color.
Diferentes teorías sobre su creación acompañan al emblema de la lucha por los derechos del colectivo internacional. Te contamos su significado y el de las distintas versiones, y compartimos un sueño más allá del arcoíris.
Esperanza Balaguer | Icon Design, El País, 2019-07-04
https://elpais.com/elpais/2019/07/02/icon_design/1562087596_637697.html

En el comienzo de la célebre película ‘El Mago de Oz’, Dorothy Gale cantaba "en algún lugar sobre el arcoíris" antes de volar desde un mundo en blanco y negro hasta otro en tecnicolor. Ni el director, Victor Fleming, ni su protagonista, Judy Garland, pudieron imaginar entonces que ese momento cinematográfico se convertirían en la referencia visual para el movimiento LGTBI y la celebración del Orgullo Gay. Era tan solo 1939. Pero su impacto se consolidó a través de los años. Y cuando en 1978 los organizadores del Orgullo Gay y Lésbico de San Francisco pidieron al activista Gilbert Baker que creara un símbolo unificador para el colectivo, buscó inspiración en la adolescente de Kansas. Él también nació allí.

Baker murió en marzo de 2017. Su creación ya era un símbolo universal. Cuatro años antes confirmó en una entrevista para el documental ‘El día que nevó en Miami’ sobre la historia del movimiento, que la balada de la película le influyó en la creación de la bandera. "Cariño, yo soy Dorothy", le dijo al entrevistador.

No aclaró la segunda teoría que corre entre los expertos del diseño gráfico ‘queer’. En ella, se asegura que fue una copia de la bandera de la raza humana utilizada por el movimiento hippy en los sesenta con rayas horizontales de color rojo, negro, marrón, amarillo y blanco. Según esta teoría, el resultado fue la adaptación de los colores del arcoíris a este modelo. "Yo era una de las ‘drag queens’ más conocidas de San Francisco en los setenta. Sabía coser. Estaba en el lugar correcto en el momento adecuado", explicó en una entrevista publicada por el MoMA en 2015, con motivo de la incorporación de la tela a su colección permanente de emblemas contemporáneos.

El objetivo principal de Baker fue eliminar de la lucha del movimiento LGTBI la exhibición de los triángulos —rosa para ellos, negro para ellas—, utilizados por los nazis en los campos de concentración para identificar a los prisioneros. "El arcoíris era perfecto porque se ajustaba a la diversidad de raza, género, edades, todas esas cosas", apuntó Baker.

La ejecución final fue un éxito inmediato, tanto para el movimiento como para los intereses comerciales. "Es un símbolo tan poderoso que el colectivo no necesitó nada más", sentencia Debbie Millman, presidenta del programa de Diseño de Marcas de la School of Visual Arts (SVA) de Nueva York, y autora del podcast Design Matters.

Se puede comprobar estos días en las calles de Manhattan durante la celebración del World Pride con motivo del 50 aniversario de los disturbios del Stonewall Inn el 28 de junio de 1969, fecha oficial del inicio del movimiento por los derechos LGTBI. El arcoíris luce en las tarjetas de metro, en lo alto de más de una docena de rascacielos, en las gigantescas escaleras del Parque Roosevelt y en un tobogán de nueve metros instalado en Union Square por Tinder. Son solo algunos de los miles de ejemplos.

"El éxito de la bandera es una evidencia de la profunda necesidad instintiva de los humanos de representar sus creencias y afiliaciones. De marcar su lugar en el mundo", explica Millman. Los dos primeros ejemplares cosidos por Baker ondearon por primera vez el 25 de junio de 1978 en la Plaza de las Naciones Unidas de San Francisco. La original estaba compuesta por ocho franjas: rosa intenso para el sexo, rojo para la vida, naranja para la curación, amarillo para el sol, verde para la naturaleza, turquesa para la magia, añil para la serenidad y violeta para el espíritu. Debido a la escasez de oferta de telas de algunos colores, se eliminaron más tarde el rosa y el turquesa.

Múltiples versiones en pro de la diversidad
La actual también tiene sus versiones como el añadido del marrón y el negro para representar a la raza negra, y la bandera del Orgullo Trans con cinco franjas en rosa, blanco y azul. Otro símbolo gráfico anterior, fue la undécima letra del alfabeto griego, llamada Lambda, adaptada en 1970 por el activista y diseñador Tom Doerr. Símbolo de catalizador, en el ámbito químico, que presenta el intercambio de energía, la introdujo para representar el trabajo político de la Alianza de Activistas Gay, fundada en Nueva York seis meses después de los sucesos del Stonwell Inn, entre los que se encontraban las legendarias líderes Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson. La ciudad de Nueva York anunció el 3 de junio que las honrará con el que será el primer monumento a dos mujeres transgénero del mundo.

En esa época inicial, surgieron también los círculos entrelazados con cruces para representar a los gais hombres y con flechas para las mujeres. Ya entrados los ochenta, el pintor y activista Keith Haring creó toda una iconografía gay y anti-VIH con sus sencillos dibujos de figuras danzando y abrazándose, donde no faltan los corazones ni los miembros sexuales masculinos, y a la que la Tate de Liverpool le dedica una exposición que puede visitarse hasta el 10 de noviembre.

Nada comparado con el impacto de la obra de Baker. "Pintemos la ciudad de orgullo", tuiteó el lunes el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, para dar comienzo a la semana clave del World Pride, que culminó el sábado con el desfile, en el que se hizo homenaje al creador de la bandera con un coche dedicado a él. Además de las instituciones, las empresas, los pequeños comercios y, sobre todo, las grandes marcas, llevan ya varios meses subidas a la carroza LGTBI.

¿Oportunismo o integración?
Ediciones especiales con los seis colores decoran las zapatillas de Nike, Converse o Adidas; la correa del Apple Watch, una nueva versión del clásico asiento Love Seat, de Lucian R Ercolani para Ercol, realizada por el estudio 2LG, o la popular bolsa azul de Ikea, entre otros. "Este oportunismo ayuda a integrar al movimiento, pero ¿dónde estaban hace 10 años?", reflexiona la experta en diseño. En el mismo mundo en blanco y negro en el que Dorothy le preguntaba a su perro si algún día conocería una realidad con color: "¿Crees que ese lugar existe, Toto?" Ochenta años después, esa nación imaginaria sigue sin ser realidad, pero ya tiene su bandera.

sábado, 29 de junio de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #memoria | "Epentismo": Así era la «masonería gay» del 27

La Razón / Víctor María Cortezo, Blanca Pelegrín, Luis Cernuda, María del Carmen García Lasgoity, Manuel Altolaguirre y María del Carmen Antón, verano de 1937 //

"Epentismo": Así era la «masonería gay» del 27.

Los poetas homosexuales de la época, forzados a esconder su tendencia sexual, crearon códigos de reconocimiento entre ellos, de los que, el más llamativo, fue la invención de Lorca de una palabra que les sirviera, en tono jocoso, para definir su mutuo entendimiento.
Gonzalo Núñez | La Razón, 2019-06-29
https://www.larazon.es/cultura/epentismo-asi-era-la-masoneria-gay-del-27-HA23984113/ 

Si colocáramos en fila todas las palabras y expresiones que, a lo largo de la historia, han servido de eufemismo a la condición de homosexual, habría suficientes letras como para recubrir no una, sino dos, tres o cuatro plazas de Chueca. Nada como «el amor que no osa decir su nombre» (Oscar Wilde) se ha expresado con más cantidad de silencios, sobreentendidos, medias palabras o nombres encubridores, caretas y máscaras de una orientación reprimida. Muchos han sido los idiomas y las contraseñas de la homosexualidad a lo largo de la historia, el idiolecto de los «entendidos», fuese éste un lenguaje gestual, social (ropa, hábitos compartidos, etcétera) o realmente fonético. En el Londres de los 50 y 60, por ejemplo, el Polari (contaminado del italiano y las lenguas romances) se convirtió en el «slang» de los maricas de la la metrópoli británica. Y en Estados Unidos, el enorme éxito de «El mago de Oz» llevó a los gays a usar la expresión «amigos de Dorothy» («Friend of Dorothy», abreviado como FOD) para vincularse y reconocerse en medio de un entorno hostil.

Intelectuales y torerillos
Y así llegamos al «epentismo», que sería la palabra clave, el «amigo de Dorothy» de la intelectualidad homosexual española de los años 30: la contraseña con la que se engarzaban y se parodiaban Federico García Lorca y el círculo de invertidos, muchos de ellos grandes poetas, que pululaban por el Madrid a caballo entre la dictadura de Primo de Rivera y la II República. Lo primero que habría que decir es que el «epentismo» no es un fenómeno extendido. Es más bien la broma interna de una serie de creadores que, como era habitual en la época, escondían de puertas afuera su orientación sexual. Pero estos «epentes» no eran moco de pavo: Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Carlos Morla Lynch, Eduardo Blanco Amor, una galaxia a la que se sumaban como satélites aquella cofradía de amigos homosexuales de distinta extracción (a veces hasta buscavidas o torerillos) que tenían algo en común: el pecado nefando.

A Luis Antonio de Villena, fue un ya anciano Vicente Alexandre quien le puso en antecedentes de aquel término: «''Epentismo'' y ''epente'' eran (según todos, pero yo lo supe primero por Aleixandre) términos inventados por Federico para aludir a la homosexualidad o a los homosexuales en contextos donde la palabra –en los años 30 y aún con la libertad de la República– eran indecibles. Por ejemplo, todos sabían (en intimidad) que el gran erudito José María de Cossío era homosexual, pero eso era secreto y nadie lo hablaba. Así, en una comida Federico le decía a Vicente: ''He oído que Cossío es un gran estudioso del epentismo. ¿Tú lo sabías?''. Y Aleixandre contestaba: ''Sí, lo sabía. Sé que lo ha estudiado mucho. Es un ''epente'' muy notable''».

El origen: «intercalar»
Buena parte de lo que narra Ian Gibson en «Lorca y el mundo gay» le viene de sus conversaciones con Luis Antonio de Villena, que trató a Aleixandre y Blanco Amor ya en los años 70 y quienes le confiaron mucho de sus vidas privadas. Pero el biógrafo del poeta granadino añade datos jugosos, como la raíz etimológica y la metáfora que dio pie a la palabra: según el británico viene del griego «epéntesis», o sea, «intercalar», y añade Gibson que se trata de una «figura de dicción, según la Real Academia de la Lengua, que consiste en añadir algún sonido dentro de un vocablo, como ''coránica'' por ''crónica''». El hecho de consistir en una intercalación ya da idea de por dónde iban los tiros de la palabra «epente». Según Saiz de la Calzada –añade siempre Gibson–, se referiría también con el término «a los que crean, pero no procrean».

«¡Somos la gran masonería epéntica!», solía decir Lorca con humor. Las cartas entre todos ellos ofrecen ejemplos del uso jocoso de esta palabra. Letras de Lorca a Aleixandre, a Blanco Amor... Y, desde luego, a Rafael Sánchez Nadal, gran íntimo amigo del poeta. «El epentismo granadino es ya epidemia. ¡Qué barbaridad!», le escribe a este último en una misiva en 1934.

Y es que, más allá de los, digamos, socios preferentes, en el círculo del «epentismo» se movían, como es natural, los amantes pasajeros de estos artistas. Algunos incluso rebotaron de unos a otros. Ese fue por ejemplo el caso de Serafín Fernández Ferro, un gallego de familia de anarquistas y formación autodidacta que se ganaba la vida a los 17 años en Madrid ejerciendo todo tipo de profesiones, incluida la de chapero. Fue en el café El Universal, en 1931, cuando conoció a los «epentistas». Según el relato de los orígenes de esa relación, parece ser que el gallego se acercó a Lorca y Rafael Martínez Nadal, y les pidió un pepito de ternera porque llevaba días sin comer. Se supone que se insinuó al poeta andaluz, pero éste rechazó la oferta, aunque otras fuentes indican que pudo tener un «affaire» con él más tarde. Lo que está claro es que Lorca le procuró contactos para trabajar y le consiguió un amante fiel: Luis Cernuda. Morla Lynch describe a Serafín Fernández como un bello muchacho de cara «chispeante, simpática y agraciada. Pequeño de estatura, pero proporcionado, de cabellera ondulada y de tez ligeramente broncínea, tiene esa expresión, entre risueña y dolorida, propia de los adolescentes que acaban de atravesar por una infancia triste», según dejó escrito el músico y diplomático, de orígenes acomodados, pero que se sentía cómodo con las clases más populares.

El dinero de Cernuda
Cernuda lo adoptó y financió, y Serafín se dejó querer, tanto que Aleixandre, otro de los «epentes» a quien Lorca recomendó el chaval y que presenció la toxicidad de la relación, llegó a calificarlo de «un chulito de barrio que le hizo sufrir mucho, pues el pobre Luis se enamoró perdidamente y el tal Serafín le hacía poco caso, salvo para pedirle dinero». Sin embargo, este «chulito de barrio», según su descripción, tocó en el poeta sevillano las cuerdas precisas para extraer de él un poemario que se encuentra entre lo más alto de nuestra lírica, «Donde habite el olvido». Blanco Amor también lo tuvo bajo su tutela, y se supone que tuvieron una relación, pero sus recuerdos de Serafín no eran halagüeños y se desconoce si dejó algún fruto literario. El joven gallego acabaría inmerso en el mundo del teatro y, al haber compartido ambiente con los escritores, probó suerte en la poesía. En 1939 tuvo un pequeño papel en «L’espoir-Sierra de Teruel», de Malraux, y luego se le pierde la pista en México.

La guerra disgregó aquella «masonería gay» que refulgió en los años 30. El triste destino de Lorca ya se sabe que hay que buscarlo bajo tierra, quizá cerca de Víznar, donde fue asesinado, mientras Blanco Amor se exilió a Argentina hasta 1965. Cernuda acabó sus días en México presa de otro amor totalizante por un fornido culturista que le inspiró la maravillosa «Palabras para un cuerpo», a Ernesto Guerra de la Cal, otro «epente», la guerra le pilló en Nueva York y en aquellos lares se quedó. Por último, a Aleixandre le tocó en suerte el exilio interior y custodiar la memoria de aquella cofradía de talentosos homosexuales que nunca pudieron decir demasiado alto el tipo de amor que cultivaban.

Morla Lynch, el diplomático y los «garzones»
Por los salones de su distinguida casa del barrio de Salamanca, con vistas al Retiro, pasó lo más granado de la intelectualidad y la literatura española de la Edad de Plata. Carlos Morla Lynch, fue embajador de Chile en España entre 1928 y 1939. Nacido en París en 1888 era conservador, cercano a los falangistas y hasta admirador de Hitler en los años 30, pero todo ello no obstaculizó su admiración y amistad con los «epentistas» y, especialmente, con Lorca, ese granadino que describe como «guasón, bromista, chacotero, disipador de nubarrones», según sus palabras. Llegó a Madrid en 1928 por primera vez y regresó en 1930 tras residir en varios países. Hombre de mundo y elegante, sintió siempre, sin embargo, una querencia hacia las clases bajas y cultivó amores con todo tipo de jóvenes de humilde extracción. Como escribe Andrés Trapiello esa «afición a los guapos garzones le franqueó las puertas del muy clandestino club del que eran socios Lorca, Cernuda y otros artistas del 27».

«El Público», para buenos entendedores
Francisco Umbral veía a Lorca «el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales». Pero, respecto a esta última, ni Lorca hizo gala de esta condición, por no ser aceptada en la época, ni sus obras se pueden leer directamente desde su homosexualidad. Aunque en todo su trabajo hay trazas de ello y de sus amores (como en «Los sonetos del amor oscuro», escritos bajo la influencia de Rafael Rodríguez Rapún), fue con la obra de treatro «El público» donde más cerca estuvo el escritor de mostrar su condición sexual. Eso sí, lo hizo a través de una dramaturgia rupturista, nada clásica, mostrando tanto como escondiendo. Sin embargo, Lorca llegó a proyectar un drama, éste sí realista, tradicional, sobre el asunto de la homosexualidad. Se iba a llamar «La bola negra» y en él quedaría claro el tema. Pero nunca llegó a escribirse.

miércoles, 26 de junio de 2019

#hemeroteca #cine #homosexualidad #memoria | 'Los amigos de Dorothy': 'El Mago de Oz' y el Orgullo

Imagen: El Mundo / Fotograma de 'El Mago de Oz'
'Los amigos de Dorothy': 'El Mago de Oz' y el Orgullo.
El clásico cumple 80 años. Un libro del sello Notorious explica el filme, incluido su valor como símbolo para miles de homosexuales que vieron en él una representación de sus vidas.
Luis Alemany | El Mundo, 2019-08-26
https://www.elmundo.es/cultura/cine/2019/06/26/5d12577621efa0627f8b4768.html

«Judy Garland personifica una forma gay de manejar los valores, las imágenes y productos de la cultura dominante a través de la ironía, la exageración, la trivialización, la teatralidad y una manera ambivalente de reírse con y de lo respetable».

El entrecomillado pertenece al ensayista Richard Dyer y aparece citado en ‘El mago de Oz’ como icono de la cultura gay, uno de los capítulos del libro dedicado al 80º aniversario de 'El mago de Oz' que acaba de publicar la editorial Notorious. En sus páginas, 24 artículos explican la película de Victor Fleming en cada fleco. Ninguno parece tan atractivo en la semana del Orgullo LGTBI como el que explica el vínculo entre Dorothy, el hombre de Hojalata y compañía y la lucha por los derechos de los homosexuales.

«Dorothy es una chica de pueblo que no encaja en su mundo. Su familia le quiere pero ella sabe que es la rarita del lugar, la que siempre está un poco de más. Su único amigo es un perro y sueña con encontrar otro mundo en el que se sienta más cómoda. Entonces, emprende un viaje hacia ese mundo, que es la ciudad de Oz, y por el camino se va encontrando con otros raritos como ella. Juntos van descubriendo un mundo en el que les rodean la música y los colores y en el que van comprendiendo que en realidad no existe ningún problema en ser como son. Que sólo necesitan encontrar la fuerza que está en su interior para estar cómodos en el mundo. Esa idea nos puede parecer un poco tópica hoy, pero ha sido muy importante para las sucesivas generaciones de homosexuales que han peleado por su libertad durante estos años».

Quien habla ahora es el escritor Alejandro Melero, el autor de ‘El mago de Oz’ como icono de la cultura gay. Tal y como la cuenta, es imposible no entender la película de Judy Garland como una gran representación de la experiencia de crecer siendo homosexual y una explicación de todo aquello que hoy hemos entendido como cultura gay durante muchos años: el juego estético con el kitsch, el fondo desafiante, el hedonismo... Todos esos rasgos no son caprichos sino que tienen explicación.

«La Ciudad Esmeralda representa la promesa de un refugio, es el sitio seguro, que han anhelado tantos gais», explica Melero. «Es un lugar seguro en el que en el que poder ser uno mismo y, entre otras muchas cosas, reconciliarse con el mundo exterior... En cambio, el León Cobarde representa la opción del ocultamiento, simboliza al chico que decide no enfrentarse a aquellos que no lo aceptan, el que prefiere una vida asexuada para no enfrentarse a sus deseos y que está permanentemente temeroso de ser descubierto en su secreto».

El león, además, es un personaje de maneras amabilísimas, ‘insuficientemente’ masculinas para el mundo heterosexual. Vito Russo, el primer académico que estudió el ‘El mago de Oz’ en clave LGTBI, colocó su fotografía en uno de sus estudios con una leyenda provocadora debajo: «¿Quién es un marica?»

Continuemos con los simbolismos: «Es imposible ser gay, ver la película, el momento en el que los personajes se encuentran y caminan juntos y no pensar en el momento en el que uno empezó a tener una pandilla de amigos homosexuales o fue por primera vez a un bar gay», explica Melero.

Más: en algún momento de la película, la Bruja Buena del Oeste grita a los ‘munchkins’, los duendecillos de Oz, «salid, salid de donde quiera que estéis» y existe la teoría de que esa frase fue el origen de la expresión «salir del armario». Además, , en una encrucijada del camino de ladrillos dorados, Dorothy duda por qué lado continuar y el Espantapájaros le da consejo: «Unos siguen este camino, otros siguen el otro y hay gente que unas veces va por un camino y otras veces el otro».

«Incluso la Bruja del Este representa el estereotipo de la lesbiana que es como una vampiresa, la lesbiana mala que está tramando maneras de seducir a la inocente Dorothy», explica Melero. «Es una interpretación que hizo Alexander Doty, que viene del psicoanálisis y que yo, personalmente, veo con algunos reparos, pero que también es interesante».

Y esa inmensa alegoría, ¿la pensó alguien conscientemente o fue un asunto ‘freudiano’, una falla en la tierra que nadie veía pero que estaba a punto de crujir?

Por si a alguien le interesa saberlo: el guión de El mago de Oz tiene tres autores oficiales y un ejército de escritores subcontratados que ayudaron con los textos. De los tres autores, Y.E. Harburg, Noel Langley y Edgar Allan Woolf, sólo éste último era homosexual. En cuanto a Frank Baum, el autor de la novela original, fue un señor casado que tuvo cuatro hijos, si es que esa información cambia en algo las cosas.

Gay antes de tiempo
«Es difícil saber cómo salió adelante esta historia. No sé si fue una obra conscientemente gay, para empezar, porque el concepto de gay no existía en 1939 o, si existía, era muy diferente al que tenemos hoy», explica Melero. «Pero había una mirada homosexual en el cine, eso es una certeza, porque hasta 1934, el cine pre code [el Hollywood anterior al código de moralidad impulsado por William Hays] representó a los homosexuales muy libremente y no necesariamente en papeles negativos. También sabemos que existían redes, grupos de amigos que funcionaban como familias de homosexuales en Hollywood. Es imposible explicar esa época ignorando esa mirada homosexual».

Son dos certezas, igual que sabemos que siempre existieron espectadores homosexuales que reconocieron en Dorothy su historia personal. Cuando Judy Garland murió, hace ahora 50 años, algunos de esos espectadores cantaron ‘Over the rainbow’ en su funeral en Nueva York, la ciudad a la que habían llegado sus restos embalsamados de Garland desde Londres. Aquel duelo terminó en los sucesos de Stonewall, donde varios dolientes desafiaron a la policía. Y aquella canción inspiró la bandera del arcoíris que esta semana ondea por medio mundo.

«El arte es un referente muy importante cuando eres homosexual y creces al margen de loq ue es normativo. Te da modelos en los que reconocerte y también sirve para que tus amigos heterosexuales entiendan las cosas de otra manera. Por eso hay que insistir tanto en la cultura gay», termina Melero.

La historia de ‘El Mago de Oz’ tiene un epílogo que lleva hasta los años 70, cuando Sidney Lumet estrenó una nueva versión de la misma historia protagonizada por actores negros: Michael Jackson hizo de Espantapájaros, Richard Pryor de Mago y Diana Ross (otra actriz predilecta para el público gay), de Dorothy. Kansas dejó de ser Kansas y se convirtió en Harlem. El país de Oz fue el lado de Manhattan que queda al sur de la calle 125, el límite que nunca había se había atrevido a cruzar Dorothy. En cuanto a la ciudad Esmeralda, su color era el del dinero, la herramienta que utilizaba el Mago para manipular a los habitantes de Oz.

La película, llena de música disco y soul, tenía la estética de una película de ‘blaxplotaition’ para niños. Fue candidata a cuatro premios Oscar pero no tuvo éxito comercial y quedó olvidada para siempre. Da igual: lo interesante es descubrir que el mensaje de liberación de ‘El mago de Oz’ funciona igual si cambiamos la homofobia por el racismo o por cualquier otra forma de discriminación.

lunes, 27 de mayo de 2019

#libros #cine #culturagay | El mago de Oz : el libro del 80 aniversario

El mago de Oz : el libro del 80 aniversario / Quim Casas, Gerardo Sánchez (eds.).
Madrid : Notorious, 2019 [05-27].
240 p. : il.
ISBN 9788415606819 / 29,95 €

/ ES / ENS / REC
/ 1939 / Aniversarios / Arcoíris / Cine / Cultura gay / Dorothy / Judy Garland / Historia – Siglo XX / Signos y símbolos

En el 80 aniversario del film ‘El mago de Oz’, varios autores de prestigio analizan los diferentes aspectos de la película. El original literario, el rodaje, los personajes, la dirección artística, las canciones, el technicolor, los efectos especiales, las influencias... Todo ello acompañado por un gran despliegue gráfico con fotografías de la película.

‘El mago de Oz’, 80 años de magia, color y simbolismo.
Álex Ander | Culturamas, 2019-07-30

https://www.culturamas.es/blog/2019/07/30/el-mago-de-oz-80-anos-de-magia-color-y-simbolismo/

La vida de Judy Garland —con más de 35 películas y varios discos a sus espaldas— estuvo plagada de éxitos y escándalos. Y su muerte —por una sobredosis de barbitúricos aparentemente accidental, con tan solo 47 años— copó multitud de portadas de periódicos y revistas.

El 28 de junio de 1969 —apenas unas horas después del funeral por Garland—, un grupo de gais de Nueva York se organizó, espontáneamente, para reaccionar frente a una redada policial contra el colectivo homosexual que tuvo lugar en el bar Stonewall Inn, en el barrio de Greenwich Village. Un año después, coincidiendo con la conmemoración del aniversario de aquel episodio, comenzarían oficialmente las manifestaciones del Orgullo Gay.

Desde entonces, se ha hablado bastante de la conexión directa entre las revueltas de Stonewall y el mito de Judy Garland. “Muchas fuentes (por ejemplo, la dueña del Stonewall y otros testigos de aquellos incidentes) han confirmado que, efectivamente, la diva gay, la pena de su pérdida y la frustración que provocaba que no les dejaran rendirle tributo libremente fueron alguna de las chispas que hicieron saltar la revolución”, señala Alejandro Melero en la obra colectiva ‘El Mago de Oz. El libro del 80 aniversario’ (Notorious Ediciones).

Para Melero, la Dorita de Garland —gracias, sobre todo, al paroxismo y la vulnerabilidad que la actriz logró transmitir con esa interpretación— trascendió al paso del tiempo como referente absoluto e icono para muchos homosexuales. “En España es difícil de entender el mito de Judy Garland, entre otras razones porque la mayoría de sus películas ni siquiera se estrenaron aquí en su momento”, asegura el autor a ‘Culturamas’. “Esto puede parecer extraño porque hoy se consideran clásicos, pero fue una actriz poco relevante en comparación con otras de su generación. En Estados Unidos y otros países, sí que fue un gran icono del cine musical, y caló entre gais de distintas edades, hasta nuestros días. Todavía se la sigue imitando en bares de drags, por ejemplo. Su vida es muy dramática, y muchos de sus papeles cuentan esas historias de melodrama que tanto han gustado al público gay. Por ejemplo, ‘Ha nacido una estrella’, que es muy importante para entender su lugar en la historia del cine”.

Pero Stonewall no es el único símbolo que las culturas homosexuales han tomado de la película. Alguno de ellos, como la bandera arcoíris —un homenaje claro al archiversionado tema ‘Over the Rainbow’, considerado un himno gay—, es de sobra conocido. “La canción habla de escapar de un lugar opresor para encontrar un mundo de fantasía y, a partir de ahí, reconciliarse con el hogar. Así que es fácil entender que ese mensaje calara entre gais y lesbianas”, apunta Melero.

Asimismo, el autor recuerda que el personaje del poco valiente y amanerado León guarda bastante relación con las preocupaciones de muchos homosexuales: “El León es, como Dorita, un personaje que tiene que entender que la solución a sus problemas está, más que dentro de sí mismo, en pasar por aceptarse como es. Y luego están los tirabuzones…”.

Eso sí, simbolismos a un lado, no cabe duda de que ‘El Mago de Oz’ de Víctor Fleming no es una película musical más. La cinta sigue influyendo en las distintas generaciones de espectadores y Melero tiene claro el porqué: “Visualmente, sigue siendo muy atractiva, y eso creo que no se va a perder con el paso del tiempo. Su plástica es brutal, y conecta con los espectadores de cualquier lugar o edad. Lo mismo ocurre con la música, que está a la altura de cualquier gran musical clásico, y por eso puede volver a escucharse e incluso revisarse para montajes teatrales contemporáneos. Y, claro, la historia es universal, llena de metáforas que no pierden su valor. El mundo está lleno de magos de Oz”.