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sábado, 27 de julio de 2019

#libros #mujeres #testimonios | La voz sola : poesía y artículos

La voz sola : poesía y artículos / Ana María Martínez Sagi ; Juan Manuel de Prada Blanco (ed.).

Madrid : Fundación Banco Santander, 2019 [07-27].
602 p.
Serie: Colección Obra Fundamental.

/ ES / Libros / ENS / REC / Feminismo / Mujeres - Historia / Periodismo / Poesía / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417264109 / 20,00 €

[.es] Ana María Martínez Sagi (Barcelona, 1907-2000) destacó en las más variadas disciplinas deportivas, llegando a obtener una medalla de oro en lanzamiento de jabalina en el primer campeonato nacional de atletismo femenino en 1931. Fue miembro muy activo del Club Femení i d’Esports, una iniciativa pionera del feminismo catalán. Llegaría también a ser la primera mujer directiva en Europa de un Club de Fútbol, el Barcelona, en 1934. Colaboró en diversos diarios y revistas durante la Segunda República y fue cronista en el frente de Aragón durante la Guerra Civil.

Su producción periodística, de la que recogemos gran parte en este volumen, destacó por su modernidad y compromiso social. El volumen contiene además una cuidada selección de poemas, algunos de los cuales permanecían inéditos o dispersos en varias publicaciones.

👤 Juan Manuel de Prada (Baracaldo, Vizcaya, 1970) ha sido el encargado del estudio y la recopilación de textos de este volumen. Desde hace casi dos décadas, cuando convirtió a Ana María Martínez Sagi en protagonista de su obra ‘Las esquinas del aire’, ha reivindicado la obra de esta escritora injustamente olvidada. Es autor, entre otras, de las novelas ‘Las máscaras del héroe’ (Premio Ojo Crítico), ‘La tempestad’ (Premio Planeta) o ‘La vida invisible’ (Premio Nacional de Narrativa). Sus colaboraciones en prensa han merecido premios como el Mariano de Cavia.

miércoles, 26 de junio de 2019

#libros #literatura | La voz sola

La voz sola / Ana María Martínez Sagi ; Juan Manuel de Prada (ed.).
Madrid : Santander Fundación, 2019 [06-26].
602 p.
Colección: Obra Fundamental.
ISBN 9788417264109 / 20 €

/ ES / REC
/ Feminismo / Lesbianismo / Literatura / Testimonios

Ana María Martínez Sagi (1907-2000) nació en Barcelona. Destacó en las más variadas disciplinas deportivas, llegando a obtener una medalla de oro en lanzamiento de jabalina en el primer campeonato nacional de atletismo femenino, en 1931. Pionera del feminismo catalán, llegaría también a ser la primera mujer directiva en Europa de un Club de Fútbol, el Barcelona, en 1934. Preocupada siempre por la promoción y la participación política de la mujer, colaboró en diversos diarios y revistas durante la Segunda República, enarbolando un periodismo en catalán y castellano –del que recogemos lo más granado de su producción- que destaca por su modernidad, compromiso social y atención a las reivindicaciones feministas, sin olvidar sus crónicas en el frente de Aragón durante nuestra Guerra Civil, en la que fue herida. Sagi llegó a ser considerada ‘heredera de Rosalía Castro’, desarrollando su poesía en castellano durante más de cuarenta años desde 1929. Se exilió en Francia y más tarde en Estados Unidos, donde trabajó como profesora de español y francés en la Universidad de Illinois. A su regreso a España, en los años setenta, decidió recluirse en la localidad de Moià, desengañada de los ambientes literarios. Murió en una residencia de ancianos en Santpedor.

El escritor Juan Manuel de Prada (Baracaldo, Vizcaya, 1970) realiza esta edición antológica como reivindicador de la figura de esta deportista, feminista y escritora olvidada, que recuperó hace ya dos décadas en su novela ‘Las esquinas del aire’. Recientemente, en esta misma colección, se encargó de la edición de ‘Sinfonía en rojo’, libro dedicado a Elisabeth Mulder, escritora por la que Sagi tuvo toda su vida una admiración amorosa.

lunes, 24 de octubre de 2016

#hemeroteca #literatura | Juan Manuel de Prada: "No soy de derechas, soy cristiano: progresista en lo social y reaccionario en lo moral"

Imagen: El Diario / Juan Manuel de Prada
Juan Manuel de Prada: "No soy de derechas, soy cristiano: progresista en lo social y reaccionario en lo moral".
Hablamos con el escritor sobre su nueva novela, ‘Mirlo blanco, cisne negro’ (Espasa), que aborda la relación maestro-discípulo literario, y de muchas más cosas: las polémicas literarias, la gobernabilidad de España o cómo se hace para creer en Dios. "Me siento una reliquia de otra época". "El nuevo puritanismo solo deja hacer bromas de seres indeterminados". "Podemos ahora está cayendo en uno de los males más grotescos de la izquierda: las divisiones enloquecidas con, sospecho, un componente venéreo".
Edu Galán | El Diario, 2016-10-24
http://www.eldiario.es/cultura/entrevistas/juan-manuel-prada-literatura-religion-podemos-psoe-Cela-Umbral_0_572892751.html

Juan Manuel De Prada (Barakaldo, 1970) acaba de publicar su nueva novela ‘Mirlo blanco, cisne negro’ (Espasa), sobre la relación tormentosa maestro-discípulo entre dos escritores. En su libro, De Prada disecciona el mundo literario (y sangra abundantemente): desde los suplementos culturales o los personajes que ha ido conociendo en su carrera hasta hacia dónde va el oficio de escritor: "Acabaremos siendo bohemios", asegura cuando nos sentamos a charlar en el Hotel Emperador de Madrid.

Como columnista de ABC y con su afición a no callarse, no se le puede dejar escapar sin hablar de política y de religión. ¿Es de derechas? ¿Cómo hace para creer en Dios? ¿Le da miedo Podemos? Enciendo la grabadora y caen titulares sin parar.

¿Cuántas personas hay dentro de su protagonista, el escritor novel Alejandro Ballesteros, y de su maestro, Octavio Saldaña? Parece que dentro de Alejandro hay uno, usted, y dentro de Octavio, más.

En los dos está el propio autor y en los dos están otras personas. En Alejandro, hay autores jóvenes a los que traté y en Octavio están los maestros que conocí: Umbral y Cela. Y luego hay elementos de ficción. Son versiones disparatadas de mí mismo, que podrían haber sido y afortunadamente no son: trataba de reflejar dos estados vitales en la trayectoria de un escritor.

Es una novela del pasado escrita desde el presente, ¿hay una cierta decepción?

Es la novela de un superviviente: de alguien al que su vocación literaria ha sido puesta a prueba durante muchos años y que escribe sin ocultar que hoy en día una vocación literaria se tropieza con muchísimas dificultades que tienen que ver con los cambios que ha sufrido nuestra sociedad y con el derrumbe de la figura del escritor.

Quizá fue un espejismo pero, durante un tiempo, parecía que ser escritor era algo que te garantizaba el cocido. Y también está el escollo del éxito. A mí, por el hecho de haber tenido éxito cuando era muy joven hay gente que me mira con envidia, cuando creo que es lo menos envidiable del mundo. Un éxito a una edad tan temprana te atonta y te puede convertir en un zascandil.

Luego está el posterior escollo de la amargura, la tentación de abandono y conversión a otra cosa: como hace Octavio Saldaña, puedes convertirte en un pelele televisivo. Hay humor pero la novela está expuesta con una mirada desconsolada.

Aunque objetivamente pertenezca a alguna, ¿se siente de una generación?

No. Los escritores de mi quinta y yo estamos sujetos a un mercado de influencias que hace que no solo no pertenezcamos a nada sino que tampoco tengamos nada que ver entre nosotros. Me siento más bien como una reliquia de otra época, pero no en el sentido malévolo que la gente suele atribuirme llamándome ‘viejuno’, sino porque tengo una visión de la literatura que pretende profesionalizar el oficio y que hoy resulta anacrónica.

Asumiendo que Cela y Umbral sean sus maestros, ¿a quién quería más y a quién admiraba más?

Sin duda, a Umbral en ambos casos. Fue un amor muy intenso que degeneró en una aversión muy profunda. Creo que probablemente es el mejor escritor de la segunda mitad del siglo XX en España. Me parece un escritor descomunal mezclado con una, entre comillas, prostituta de la literatura que se desangró entre artículos prescindibles mezclados con otros maravillosos.

Con Cela mi admiración fue tardía porque le conocí en su época de gloria, después del Nobel. Se ofrece una imagen de él como si en esos años hubiese sido un escritor que se dedicaba a comer con banqueros y estuviera secuestrado por Marina Castaño. Creo que esto es falso, a Cela siempre le gustó comer con banqueros. Se han escrito biografías de Cela y el hecho más importante de su vida se oculta: en los 50 y 60 no vendía muchos libros pero vivía como Dios porque tenía un mecenas, Huarte, que le pagaba la revista ‘Papeles de Son Armadans’ o su piso en Torres Blancas. Se movió muy bien en estos ambientes, cosa que me parece muy bien siempre que no actúe en contra de tu libertad creativa.

¿Le llamaron 'mirlo blanco'?

Me llamaron 'la gran esperanza blanca de la literatura'. (Nos reímos)

Barataria es, evidentemente, un sucedáneo de Babelia y los odiados suplementos literarios. Pero forman parte del juego.

A un chaval de veintipocos esto le va a parecer un chiste porque los cambios en la sociedad y la atomización de las audiencias de Internet hacen que hoy en día no exista una revista literaria que pueda repartir bulas y anatemas como repartió Babelia hace veinte años. Mi consideración literaria tuvo mucho que ver con que Babelia me acogió con fervor y luego pasé a ser un escritor expulsado del paraíso.

Esto que antes no podías decir porque parecía que supurases por la herida ha pasado a no importar porque ni Babelia, ni ‘Babelio’, tienen esa capacidad para encumbrar o derruir el prestigio de un escritor. Dicho esto, siempre necesitas que el público refrende tu valía como escritor.

Esto es otro tema de la novela: literatura o vida.

Cuando era joven, yo renuncié a la vida. Mi precocidad como escritor tiene que ver con esto. Me dediqué a leer de forma compulsiva y a escribir desaforadamente. Con el tiempo, me di cuenta de que eso era un disparate. Mi amor a la literatura sigue estando pero no como antes, que era algo sacerdotal.

A veces, cuando se dice que el celibato de los curas es imposible pienso que la gente no sabe lo que dice. Cuando tienes una pasión absorbente no te preocupa el resto del mundo. Mientras los chavales de mi generación estaban enloquecidos en busca de novias, a mí ni se me pasaba por la cabeza. Y luego saco mi primer libro titulado ‘Coños’, que entre algunos círculos me ha dado una imagen grotesca de ‘casanova’: cuando lo escribí quizá fuera virgen.

"Cuando hay que odiar, hay que odiar a lo grande" dice uno de sus personajes. En el mundo literario se odia a lo grande, pero ¿no cree que cada vez con menos estilo? Por eso he disfrutado con las réplicas y contrarréplicas de Pérez-Reverte y Rico.


Como espectador, diría que al que le faltó estilo fue a Rico. Creo que Reverte en su réplica a Rico, aunque amenaza, no lo hace de forma barata ni casposa. Con respecto a las polémicas literarias hay que entender que el que en su oficio haga algo de valor, puede hacerse rico. Esto no ocurre en el caso de los escritores y, al no hacerte rico, el escritor no tiene la principal vía de escape para la mezquindad humana. Entonces infla su vanidad, exacerba su envidia... De esas pasiones surgen cosas muy cutres que podían dar literatura en otras épocas.

En su libro aparece también, aunque sea de soslayo, lo políticamente correcto. Y algo que me gustaría resaltar: cuando alguien se autodenomina como políticamente incorrecto porque es un bocazas.

Pienso con respecto a esto en la señora que le deseaba la muerte al niño con cáncer que le gustaban los toros y decía "voy a ser políticamente incorrecta". No, usted no es políticamente incorrecta. Es un ser deleznable.

Hay un nuevo puritanismo, sustitutivo del puritanismo religioso, que consiste en convertir determinadas visiones de la realidad en un dogma de fe, de tal manera que las bromas solo las puedes hacer de seres indeterminados. Así que si la haces de una señora que es tonta, eres misógino; de un homosexual que es un hijo de puta, eres un homófobo; o de un negro que es un capullo integral, eres racista. No, oiga: no hago una broma porque sea mujer, homosexual o negro, sino porque es idiota.

Me parece peligroso pero mucho más aún si se aplica al arte. La literatura tiene que dar voz a las criaturas que crea. Cela da voz a un psicópata en ‘La familia de Pascual Duarte’ que expone por qué mata gente, y Nabokov a un pederasta. Es grotesco pensar que un escritor no pueda tener libertad para componer al personaje que quiera.

Esto lleva a fenómenos como lo que le ocurrió a Trump. Seguramente pueda ser un misógino y un cerdo, pero, ¿hay derecho a que le graben en un autobús de un plató a otro y se saque doce años después? Decía Somerset Maughan que la vida íntima del más anodino de los hombres expuesta públicamente causaría horror a cualquier persona. Este nuevo puritanismo no es tan peligroso por lo que señala, sino por el ámbito de lo que señala: la ficción, la intimidad.

A su protagonista no le gustan los problemas pero usted siendo columnista los afronta y se define. Es decir, no se la coge con papel de fumar: se sabe lo que piensa.


No. Hay confusiones con lo que pienso. En una sociedad mediática pasa eso. Te voy a poner un ejemplo que te afecta: una vez escribí un artículo dándole un varapalo a Esperanza Aguirre cuando se paró en el cajero. Era un artículo muy sarcástico haciendo como que la defendía para denunciar su conducta y en la revista ‘Mongolia’ no lo entendisteis, cosa especialmente lastimosa en una revista de humor.

No podemos olvidar que vivimos en una sociedad de la imagen y a mí hay mucha gente que me desprecia por la imagen que dio de mí el Gran Wyoming en su programa y que me ha causado un daño gravísimo tanto personal como profesional. Te saca una imagen descontextualizada y te convierte en un pelele. Hay gente que piensa que soy un paladín del PP porque vivimos en una sociedad de la imagen en la que a la gente les basta una imagen para definirte, cuando realmente somos más complejos.

O sea, que no es de derechas.

No, no. Esto no podría ser porque mi pensamiento es cristiano. Soy profundamente antiliberal. Soy antimoderno. Soy cristiano: progresista en lo social y reaccionario en lo moral. La realidad es que esto me ha llevado a tener amistad con gente de izquierda marxista, una izquierda que en algunos aspectos no me identifico pero en otros sí. Para que te hagas una idea: los ataques más furibundos me han venido de Jiménez Losantos o Hermann Tertsch. Es decir, que la imagen que se proyecta de uno no siempre es verdadera. Y con esto no te quiero decir que yo sea una hermanita de la caridad.

¿Cómo se hace para creer en Dios? ¿Tuvo una conversión agustiniana?

No, no. Yo fui un niño muy creyente que en la adolescencia se distanció de la Iglesia. Hay momentos en los que descubres contradicciones muy fuertes: hay cosas extraordinarias y gente que se entrega pero también te encuentras con gentuza.

¿Razones para creer en Dios? Por mucho que se diga, la fe es razonable pero no racional. Creo que sí hay indicios para creer en Dios: no creo que la vocación de belleza, de crearla o de conmovernos ante ella, pueda explicarse químicamente. Además, ¿qué cantidad de casualidades tienen que darse para que se produzcan las circunstancias donde aparezca la vida humana?

¿Cómo ve la gobernabilidad en España?
Hay una lucha por mantener el sistema instaurado en la Transición: dos partidos políticos que defienden cosas distintas en lo accesorio pero que tienen una íntima comunión en lo esencial. Y lo esencial, no nos engañemos, son los planes que la plutocracia internacional tiene para los estados antaño soberanos.

El PSOE sabe que tiene que permitir un gobierno porque este sistema es el único que permite su supervivencia. La crisis del PSOE me parece un chiste, como esos que dicen que el PSOE traiciona su historia. ¿Cómo? ¡Si el PSOE firmó los Pactos de La Moncloa por los que instauró el despido libre, o la reconversión industrial, o el que se cepilló el artículo 135 de la Constitución! Ahora ha surgido Podemos, que es la verdadera herida que se ha abierto en el sistema de alternancia porque es un caballo indómito, al menos de momento.

¿Le da miedo Podemos?

No, a mí no me da miedo. Da miedo al sistema. Con Podemos puedo discrepar muy abiertamente pero no me da miedo. He escrito muchos artículos sobre los "podemonios", este Podemos demonizado por la derecha y la izquierda sistémica. Podemos, que frente a Ciudadanos sí tenía un fondo auténtico, ahora está cayendo en uno de los males más grotescos de la izquierda: las divisiones enloquecidas con, sospecho, un componente venéreo. Ahora te los encuentras en un momento de discusiones absurdas porque tan absurdo es ser un partido socialdemócrata como parece que quiere Íñigo Errejón como el mesianismo de Pablo Iglesias.

Cataluña: ¿se rompe España? ¿Le importa que se rompa España?

A mí sí me importa porque yo, como persona tradicional, creo mucho en la democracia de los muertos. Esto significa que una determinada generación, en un determinado momento histórico, no tiene derecho a destruir la labor que han hecho muchas generaciones a lo largo de la historia.

Yo soy vasco porque mi abuelo y mi padre se fueron a trabajar al País Vasco. Mi abuelo vivió la Guerra Civil con tres años de mili posteriores y, al no encontrar trabajo en Castilla, entregó su juventud trabajando en el País Vasco en unas condiciones paupérrimas y contribuyó a su prosperidad. Algo parecido ocurrió con mi padre, que empezó a trabajar a los catorce. Es que no hay derecho: Cataluña y el País Vasco han formado parte de un proyecto nacional y hemos arrimado el hombro todos. Ahora no puede una generación decir "nos separamos".

Ahora bien, también pienso que la situación de estas regiones debería revisarse. Seamos serios: la unidad de España no solo es cosa de estos patriotas que llevan la banderita en la muñeca, hay gente que ha dejado su sudor, su sangre o sus lágrimas en este trabajo.

lunes, 25 de abril de 2016

#hemeroteca #pornografia | Porno, izquierda y derecha

Porno, izquierda y derecha.
La forma que le da el porno a nuestra sociedad es grotesca, de abuso y humillación, de explotación y de falta de respeto absoluto por las mujeres. Nadie nace queriendo ver porno de violaciones, se les educa para ello, y se les educa a través del propio porno.
Barbijaputa | El Diario, 2016-04-25
http://www.eldiario.es/zonacritica/porno-barbijaputa_6_509259101.html

Juan Manuel de Prada ha sido objeto de mofa por sus declaraciones sobre el porno, tras afirmar en su artículo en el ABC que los consumidores de pornografía convencional desearán también en algún momento "consumir pornografía en la que aparezcan niños", definiéndolos como "esclavos de [sus] instintos". Siendo como es un conocido machista, las burlas en Twitter no se han hecho esperar. Y no es para menos, el texto parece haber sido escrito en el siglo XV, hablando de los pecados de la carne y de la sobriedad como virtud.

Nuestros padres ya crecieron pensando que si se masturbaban se quedaban ciegos, y nuestras madres se avergonzaban de su sexualidad de tal forma que no hacía falta amenazarlas con ceguera alguna. A nosotras, hoy día, nos toca rebelarnos contra esa o cualquier otra imposición. Nuestra sexualidad es nuestra, el sexo es sólo eso y ya hemos aprendido a pasarnos la moral católica por las trompas de Falopio.

Pero en todo este jaleo nadie parece haberse dado cuenta de que la oposición a la industria del porno, el movimiento antipornografía, no es ni de lejos propiedad de la derecha y su moral cristiana.

En la década de los 80 el movimiento antipornografía se alzó en los EEUU. Libre de las ataduras 'moralistas' de movimientos antipornografía anteriores, esta crítica no se basaba en la pureza del pensamiento o la lucha contra la degeneración: era un movimiento centrado en la liberación de las mujeres. Feministas como Andrea Dworkin, Gloria Steinem o Catharine MacKinnon se atrevieron a alzar su voz y retratar a la industria del porno como lo que realmente es: la representación de la humillación de las mujeres para disfrute y placer de los hombres. Pornografía significa literalmente "la representación de las putas", y entendieron que ninguna mujer podría ser libre mientras su clase fuese representada siendo violada, humillada y agredida para el beneficio de las erecciones de los hombres.

Pero los 80 pasaron, y lo que ahora se considera progresista está influenciado por el liberalismo, y la primacía del individuo por encima de la clase. El feminismo había luchado por revelar la naturaleza política del sexo (es decir, que no es meramente un acto físico, sino que tiene consecuencias importantes en nuestra visión de la sociedad y de otros), pero ahora el individuo ha pasado a ser el centro de la cuestión. Los debates se centran en el consentimiento de la práctica, y no en el análisis de la misma, que se ha dejado de lado. La humillación deja de ser algo material y objetivo, sino que se encuentra en los ojos de quien la padece. Una escena no es humillante a menos que tú lo interpretes como una humillación. Y basándonos en esto, entonces, es difícil decir que algo es humillante.

Es decir, si una mujer accede a ser humillada, golpeada y atada, no hay nada de malo, porque ella ha consentido. Lo que consienta cada uno en su habitación es la elección de cada uno, ahí sí es defendible el individualismo (aunque plantea preguntas como por qué siente alguien excitación con la humillación, pero ése es otro tema). Pero cuando se trata de una escena que verán millones de personas, muchas de ellas aún formándose, no nos debería valer con el hecho de que la protagonista lo haya consentido. Y esto es extrapolable a muchas otras cuestiones.

Ante esta disyuntiva, estas dos posturas enfrentadas: si hay consenso es bueno vs aunque haya consenso es perjudicial y perpetúa roles patriarcales, deberíamos preguntarnos ¿qué sabemos sobre el porno? O más importante, ¿qué sabemos de la sociedad que lo consume y lo produce?

Sabemos que el porno es una industria multimillonaria, producida y consumida principalmente por hombres heterosexuales. Sabemos que es propaganda de género. Sabemos que la inmensa mayoría de los hombres la consume de forma habitual a partir de la adolescencia. Sabemos que millones de adolescentes son educados por Internet antes que por sus padres en cuanto a sexualidad se refiere. Y lo que aprenden es básicamente lo que está representado: escenas misóginas donde el hombre siempre tiene poder sobre la mujer, donde la mujer es un mero objeto que está ahí para que el hombre llegue al orgasmo. Una vez se corre, se acabó la escena.

Sabemos que cuando estos adolescentes y hombres consumen pornografía, los términos que más buscan son "adolescentes", "lesbianas", "hermanastra", etc. y términos como "facial" y "violación" son tan recurrentes que tienen su propia categoría en muchas de estas páginas, cuando no, páginas para sólo vídeos sobre esos temas. Sabemos que "el 12 por ciento de internet es pornografía -4,2 millones de sitios web, unas 28.000 personas mirando porno por segundo" (Caitlin Moran, 'How to be a woman') , es decir, que todos esas personas están viendo desde que son adolescentes (en la mayoría de los casos, mucho antes de que padres o profesores les hayan hablado del sexo) imágenes de mujeres a cuatro patas, de rodillas recibiendo la eyaculación de uno o varios hombres a la vez, etc. Imágenes que, de una u otra forma, representan a la mujer como un recipiente que el hombre usa para darse placer. Misoginia, en resumidas cuentas.

¿Y qué sabemos de nuestra sociedad? Sabemos que vivimos en lo que las feministas denominan "la cultura de la violación", una sociedad en la que los hombres se esmeran en ver hasta dónde pueden llevar a las mujeres, en comprobar qué son capaces de hacerlas hacer. La mitificación del sexo anal es la prueba más evidente: es la fantasía de millones de hombres, y lo es precisamente porque muchísimas mujeres se niegan a practicarla, no porque esa penetración difiera mucho de la otra.

Sabemos que las mujeres son también cosificadas e hipersexualizadas en todos los ámbitos: publicidad, programas de TV, superproducciones de Hollywood, etc

Sabemos que la violencia contra las mujeres en nuestra sociedad está ya considerada por la OMS como una pandemia. Y sabemos que existe una problema de género que va desde no encabezar jamás un gobierno a ser víctima de violencia de género, pasando por todo lo que ya sabemos: acoso callejero, violaciones, etc.

Pero volviendo al porno. Los términos más buscados, la pornografía más consumida, es aquella que rompe los límites que las propias mujeres establecen: relaciones sexuales con chicas jóvenes sobre las que existe una relación de poder, prácticas de humillación que las mujeres no suelen consentir, y el fruto prohibido, las mujeres que jamás podrán tener: las mujeres lesbianas (top 1 de búsquedas sobre porno). ¿Qué relación existe entre el porno que consumen los hombres y el comportamiento de los hombres? ¿El arte imita a la vida o la vida imita al arte?

La respuesta que cada persona da a esta última pregunta suele ser clave en la postura que toma frente al porno. Quienes defienden la actual pornografía (y entre estas personas hay muchas que se consideran progresistas) suelen defender que el arte imita a la vida. Sí, el porno es machista, pero machista es la sociedad. Cambiando la sociedad, cambiará el tipo de porno que se consume. En definitiva, que la misoginia precede al porno, el porno no la causa ni la perpetúa.

Esta postura (claramente liberal, puesto que defiende que el mercado se autorregula para satisfacer la demanda) tiene algo de cierto. Sí, sólo una sociedad profundamente misógina podría haber creado una industria multimillonaria basada en la humillación, sin duda la pornografía no precede a la misoginia. Pero ¿es eso importante para el debate? Sin duda, el imperialismo precede a los ‘sweat shops’ (talleres del Tercer Mundo donde hacinan y explotan a trabajadores), y la esclavitud (la cristalización más brutal del racismo) precedió al Ku Klux Klan en Estados Unidos. Sí, claro. Pero la clave no es qué vino antes, sino qué perpetúa y fomenta el qué. El racismo concibió los linchamientos, y los linchamientos son racismo. El imperialismo metió a millones de personas a producir para nosotros en condiciones infrahumanas, y eso es imperialismo. La misoginia concibió el porno, y el porno es misoginia. Por lo tanto, el porno perpetúa la misoginia. No se puede luchar contra uno sin luchar contra el otro.

Ninguna quiere que se nos meta en la cama nadie que no queremos, como se metió la Iglesia en las camas de nuestros padres, y precisamente por eso no debemos obviar que otra institución lleva metida en la cama con nosotras desde el principio: el porno. El porno moldea el deseo masculino, la percepción de la sexualidad femenina, y pasa horas influyéndonos a nosotras y a las personas con las que nos relacionamos.

¿Se puede reformar el porno? En el feminismo también hay debate en torno a esto. En mi opinión, sí que se puede cambiar. Si el feminismo entrara en tromba en la industria pornográfica, sin escenas con relaciones de poder, sin imágenes de mujeres siendo humilladas sistemáticamente, no sólo aumentaría el número de mujeres que ven porno, (recientemente, una de las mayores web de porno, ha hecho un estudio sobre qué porno ven las mujeres y más de la mitad de las mujeres del planeta eligen el porno lésbico, allí donde no hay hombres, ni escenas como las antes descritas, curiosamente), sino que dejaría, antes o después, a la actual pornografía a la altura de las películas de Pajares y Esteso. Rancias, obsoletas, irreproducibles.

Pero, claro, para que el feminismo entrara en tromba en el porno debería generar dinero, y a día de hoy, lo único que genera el feminismo son comentarios violentos y agresivos en los artículos feministas, luego es la pescadilla que se muerde la cola.

De momento, el porno feminista que existe, aunque es muy pequeño, se ha consolidado. Eso no cambiará los gustos de un día para otro en aquellos que teclean “violación” al buscar porno, pero sí abre un nuevo frente y es un porno que consigue no herir la sensibilidad de muchas personas.

Pero como todo, el porno también es interseccional, y ni eliminando el actual porno se acabará la misoginia ni introduciendo nuevas perspectivas al porno se conseguirá cambiarlo por completo.

En resumen, De Prada se equivoca al referirse a la pornografía como la expresión de los instintos, al hablar del naturalismo, pero en nuestra reacción no podemos obviar que, como dijo Brecht, el arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma. Y la forma que le da el porno a nuestra sociedad es una forma grotesca, de abuso y humillación, de explotación y de falta de respeto absoluto por los límites de las mujeres. Nadie nace queriendo ver porno de violaciones, se les educa para ello, y se les educa a través del propio porno. Si no podemos ver eso, si nos negamos a hablarlo y discutirlo, si nos empeñamos, en pos de no ser unas puritanas o unas estrechas, en tratar la pornografía como el culmen del progresismo, acabará cumpliéndose aquella cita de Dworkin de que el porno es el cementerio de elefantes al que la izquierda ha venido a morir.
 
Y TAMBIÉN…
¿Existe de verdad el porno feminista?.

Hoy varias realizadoras escriben y producen películas X. Su llegada a la cúspide se traduce en un nuevo cine adulto que persigue respetar los derechos de los actores y mostrar placer genuino.
María Ovelar | SModa, El País, 2013-07-14
http://smoda.elpais.com/moda/existe-de-verdad-el-porno-feminista/ 

martes, 10 de noviembre de 2015

#hemeroteca #machismo | Juan Manuel de Prada: «Las mujeres no han traído novedad a la política, salvo la tontería de la paridad»

Imagen: Diario Sur / Juan Manuel de Prada
«Las mujeres no han traído novedad a la política, salvo la tontería de la paridad».
Juan Manuel de Prada retrata a Santa Teresa y a la Princesa de Éboli en su nueva novela, ‘El castillo de diamante’, y contrapone sus vidas a la actual sociedad de «personas en serie».
Francisco Griñán | Diario Sur, 2015-11-10
http://www.diariosur.es/culturas/201511/10/mujeres-traido-novedad-politica-20151109220915.html

Es un hombre de trato afable, lo que no le impide mostrar una determinación afilada y acorde a sus convicciones políticas y religiosas. Dos ámbitos que Juan Manuel de Prada (Barakaldo, 1970) ha retratado en su nueva novela, ‘El castillo de diamante’ (Espasa), a través de sus protagonistas, la Princesa de Éboli y Santa Teresa de Jesús. Dos mujeres aparentemente diferentes y que vivieron un gran enfrentamiento, pero que el autor descubre como «almas gemelas». De Prada habla en este entrevista de la proyección de esos personajes a la actualidad y sus opiniones son tan sinceras como polémicas.

–¿Por qué estas dos mujeres?
–Son personajes insólitos, no solo por su brillantez e inteligencia, sino por sus vidas fuera de lo común. Santa Teresa se puso a reformar la orden tardíamente, a los 47 años, mientras que la Princesa de Éboli fue una mujer con una pulsión política extraordinaria. Son dos raras y por eso dan mucho juego. Su relación fue además muy conflictiva, por lo que ahí había un drama humano muy novelesco.

–Fueron mujeres diferentes, pero se impusieron en un mundo de hombres.
–Pues creo que eran dos almas gemelas. Tenían unas condiciones y virtudes muy similares, pero una la encauzó hacia una vocación espiritual y la otra a lo mundano. Eran mujeres acostumbradas a salirse con la suya. La princesa era más imperativa y Santa Teresa, más cameladora. También fue una época que dejó mucho más hueco a mujeres avispadas y decididas.

–En la novela está muy presente la envidia de la princesa hacia la santa. Eso es muy español.
–Es nuestro pecado original, pero también es algo muy humano. A veces la envidia se mezcla con la admiración que es lo que pasa en la novela.

–En ese sentido, tenemos una gran heroína ante una excelente villana.
–Santa Teresa era buena, pero no libre de sus picardías y, cuando se siente agredida por la princesa, se defiende. Y Ana de Mendoza es una mala, pero con la que el lector se puede identificar. Confieso que me cae simpática y la presento como una mujer juguetona y enamorada de su marido. Le cayeron muchos sambenitos, entre ellos, que era una puta, pero lo cierto es que el único amante que se le conoce fue después de enviudar.

Divertirse escribiendo

–En la novela hay mucho humor. ¿Se ha divertido escribiéndola?
–Es con la que más he divertido al hacerla. El libro tiene un tono burlesco constante que además se acentúa al final en la que lo esperpéntico y lo caricaturesco se acentúa.

–¿Tenemos hoy día dos referentes como estas mujeres?
–Ellas son personalidades originales, auténticas y únicas, y nuestra época fabrica personas en serie. Las que destacan en el mundo político no son mujeres que enardezcan a las masas o tengan un discurso propio, sino que están apoltronadas en los partidos y hablan como loritos para soltar las consignas. No encontraríamos una mujer con la personalidad de la princesa y, en cuanto a Santa Teresa, tenía una personalidad que le permitía estar en el mundo sin ceder a cantos de sirenas. Hoy, las monjas que vemos, como estas televisivas absurdas, han perdido la capacidad para amalgamar el reino de Dios y el mundo.

–¿Se refiere a Sor Lucia Caram?

–Sí, como Teresa Forcades o Caram, que salen mucho en la tele y que, a priori, tiene una semejanza porque adquieren celebridad como lo hizo Santa Teresa. Ella fue por fidelidad a su carisma, mientras que hoy una monja para alcanzar celebridad tiene que convertirse en una titiritera.

–Lo de que las mujeres de los partidos repiten el mensaje como «loritos», ¿se referirá también a los hombres de estas formaciones, no?
–Sin duda, sin duda. Al final las mujeres lo que hacen es reproducir modelos masculinos. No han traído ninguna novedad a la política, salvo la tontería de la paridad. Bajo una apariencia de mayor protagonismo de la mujer, se trata de un protagonismo irrelevante y vicario. Así lo veo yo.

–La última vez que hablamos fue por su anterior novela, ‘Morir bajo tu cielo’, que trata el desastre del 98. ¿Con el desafío catalán estamos en una crisis parecida?
–Estamos en una época en la que los problemas se agudizan y una falsa solución a la crisis intenta presentarse como la solución a todos los problemas y esto es radicalmente falso. El problema de España es más hondo, es de identidad moral y constitutivo, por lo que no veo fácil solución. La partidos emergentes son demagogos. Dicen la cosas que la gente quiere oir. Cuando Ciudadanos y Podemos gobiernen también tendrán corruptos. ¡Por el amor de Dios! Es grotesco pensar que la corrupción se va acabar porque entren otros partidos.

El consenso es la pasta

–¿También le preguntaba por la independencia que hoy –por ayer– se vota en el parlamento catalán?
–No debemos ser tan idiotas de pensar que España ha sido un ejemplo de democracia. La española se constituyó sobre un gravísimo error que fue el consenso, que se considera algo positivo. Pero ¿qué es el consenso? Pues que la gente dimite de sus principios para encontrar un punto en común que, al final, es la pasta. Con los nacionalistas se llegó al consenso de la pasta: «Vosotros dejáis de dar la murga, nos apoyáis en Madrid y nosotros os damos más dinero». Eso no es consenso, es soborno. A los nacionalistas se les tendría que haber dejado las cosas claritas y reconocerle derechos históricos, jurídicos y cosas que tuvieran un arraigo secular, pero las concesiones económicas son soborno.

–¿Y la situación qué exige?¿Actuar como la santa o como la Princesa?
–Para solucionar los problemas de España hay que remangarse y tener dotes políticas. No hay que consensuarlo todo y, a veces, hay que imponerse porque para eso tienes la confianza de la gente que te ha votado. Pero también hay que tener una mirada más alta y moral que no nos lleve a una política degenerada y barriobajera. Hay que tener algo de Princesa de Éboli y algo de Santa Teresa.