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sábado, 30 de abril de 2022

#hemeroteca #lesbianismo #mayores | Vivir el amor con otra mujer a los 60: la historia de Lorenza y el aún difícil camino para lesbianas de todo el mundo

El Diario / Lorenza Machín //

Vivir el amor con otra mujer a los 60: la historia de Lorenza y el aún difícil camino para lesbianas de todo el mundo.

La activista canaria ha relatado su historia en el primer Congreso Internacional de Feminismo y Lesbianismo. La psicóloga Paula Alcaide explica que faltan referentes y que existe miedo al rechazo, que depende del entorno y de la educación.
Jennifer Jiménez | El Diario, 2022-04-30
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/vivir-amor-mujer-60-historia-lorenza-dificil-camino-lesbianas-mundo_1_8955124.html 

Lorenza Machín tiene 76 años y desde que cumplió 60 vive una relación con otra mujer. Su vida cambió tras cuatro décadas de matrimonio con un hombre. Tras el divorcio, explica que empezó a volar. “El amor tocó en mi puerta, al borde del ocaso. Su mirada en mí posó cuando mi alma estaba muerta”, dijo esta semana en el primer Congreso Internacional de Feminismo y Lesbianismo celebrado en Tenerife. Relata que su vida ha estado atravesada como la de todas las mujeres por el patriarcado, pero en su retroceder en el tiempo se ha dado cuenta de algo “maravilloso” y es que siempre ha estado rodeada de mujeres, que la han apoyado en los momentos más duros. Su viaje hasta conocer a su actual pareja lo ha resumido en el reciente libro ‘Caminando’, una antología de una vida que es un ejemplo para otras generaciones, por lo que sigue visibilizando su historia. En él recoge además las distintas luchas de las que ha formado parte, como una de las impulsoras de CCOO en Fuerteventura o ligada la defensa por el derecho al trabajo, la paz, la sanidad o la educación. La activista explica a Canarias Ahora que sigue contando su historia para que la gente la joven siga luchando por sus derechos y que ayude a otras personas de su edad a que puedan romper el silencio.

Para la psicóloga especializada en atención a lesbianas y bisexuales, Paula Alcaide, “esto es como una tela de araña que cuando una se visibiliza sirve de referente para otras y, por lo tanto, en todas las disciplinas y ámbitos faltan justamente personas que lo verbalicen”. La experta añade que con estos relatos, las mujeres empiezan a sentirse acompañadas y no se sienten tan fuera de lugar. “Desde la sororidad y colectividad la autoestima mejora muchísimo”, remarca. La discriminación que aún existe en la sociedad es precisamente lo que dificulta el proceso de autoaceptación para muchas mujeres, unos miedos que no dependen tanto de la edad sino del entorno y la educación. No obstante, matiza que “generaciones más mayores tienen más incorporados esos mensajes de que ser lesbiana es algo negativo y genera lo que se llama lesbofobia interiorizada”, generado por el “miedo al rechazo”.

Lorenza Machín ha vivido la mayor parte de su vida en Fuerteventura y recuerda que su educación estuvo marcada por los valores del catolicismo y la falta de información durante su infancia y adolescencia. “¡Cuánto daño ha hecho la Iglesia!”, apunta. Los sueños de salir de casa y esa educación machista y patriarcal hicieron que “soñara con un príncipe azul que me sacara de allí” y así fue como vivió casada 40 años, un matrimonio del que destaca lo que considera su “mayor tesoro”, sus hijos. Después de los 60 le llegó esa recompensa, su compañera de vida con la que espera aprovechar cada segundo de vida. “Sigo disfrutando con los ocasos, las autoras o con un cuadro bonito”, afirma. En el repaso de su vida recuerda como tres señoras mayores de su barrio la ayudaron mucho cuando se quedó embarazada a los 19 años. “Hoy, yo soy la señora mayor que intenta hacer ver que si tenemos unas obligaciones, también tenemos unos derechos y no se le debe negar a las niñas el derecho a vivir en igualdad”, subraya.

“Necesitamos más psicología feminista interseccional”
La psicóloga Paula Alcaide, destaca que además de problemas de “autoaceptación”, es decir, para visibilizar la orientación sexual, se encuentra con mujeres en su consulta que se cuestionan cómo relacionarse. Es decir, que necesitan sentir que forman parte de un grupo, esa sensación de pertenencia y “de alguna manera en un entorno heteronormativo la sensación de pertenencia se ve como dificultada” al no encontrar iguales. Así mismo, se encuentra problemas de pareja en el sentido de cómo se relacionan dos mujeres y qué problemas puede tener también en sus propios procesos de autoaceptación, es decir, “encontramos lo que llamamos disparidad homofóbica” que una las mujeres de la pareja sea más visible, está más fuera del armario y la otra tiene mucha más lesbofobia interiorizada. Por ello, tienen mucho miedo al qué dirán si salen de la mano con su pareja por la calle y procesos de vergüenza, culpa, miedo…

Alcaide subraya que en la consulta se trabaja la psicología afirmativa. Para ello se trabajan los miedos a las pérdidas reales o imaginarias, es decir, “a veces son pérdidas que sí pueden ser reales y se fortalece la autoestima para que afronten esos riesgos o ese momento con la familia o el trabajo y por otro lado se trabajan los mensajes que han incorporado, los mensajes que han interiorizado sobre qué significa ser lesbiana, y cómo pueden vivir su identidad de una manera positiva”, resume. A partir de ahí, la experta señala que se realiza un proceso de entrenamiento en el cual van conquistando espacios “que al principio vives como inseguros y vas conquistando y van notificando su identidad lesbiana. Así, poco a poco van cogiendo esa confianza en sí misma”. Por otro lado, destaca que se puede trabajar también con familias y en prevención del bullying homofóbico.

En cuanto a las relaciones de pareja también recuerda que la sociedad tiende a asumir que todo el mundo es heterosexual y es la “heteronormatividad la que hace que luego muchas mujeres no sepan cómo relacionarse entre ellas o no encuentren referentes de hasta qué punto es normal o no lo que les pasa en lo referente a las parejas”. Para ello, Alcaide ha escrito el libro ‘Cómo superar un bollodrama’, un manual de psicología que habla específicamente de las relaciones afectivas entre mujeres. La experta remarca que existe una doble discriminación por ser mujer y por ser lesbiana y que a ello se le suman otras intersecciones, por ser migrada, por etnia, por discapacidad o por otros ejes y por ello “necesitamos más psicología feminista interseccional”. También apunta que el hecho de ser mujer conlleva doble riesgo de tener depresión y ansiedad y que se trata de un problema estructural.

Lorenza Machín insistió esta semana en que no se devalúe ni arrincone a las mujeres mayores y que se tenga en cuenta el hecho de ser lesbiana si algún día tiene que entrar en una residencia de mayores, donde aboga por que existan protocolos para no ser separada de su pareja y para que se les respete si en un baile se quieren dar un beso, por ejemplo. Unas percepciones que ha compartido en un congreso inaugurado por la directora del Instituto de las Mujeres, Beatriz Gimeno y la directora del Instituto Canario de Igualdad, Kika Fumero, que han recordado que “el amor entre mujeres es un acto revolucionario”. En ellas han contado sus duros testimonios mujeres como Sonia Vivas, expolicía o Mónica Tereza Azeredo, cuya pareja Marielle Franco fue asesinada en Río de Janeiro.

La activista feminista insiste en que aunque se ha avanzado en la conquista de derechos, aún existen otros que hay que lograr. “No hemos conseguido todo y hay que seguir luchando en la calle”, remarca. Recuerda que desde niña le dijeron que las mujeres llevamos una “cruz” que tenemos que soportar toda la vida y que hoy día aún predomina un sistema patriarcal y machista que hace que no se enseñe igual a niños que a niñas. “Nosotras luchamos para que vaya desapareciendo ese sistema y estamos marcadas y encima eres lesbiana el sistema es mucho peor y si, como en mi caso, eres una persona mayor aún peor”, insiste.

domingo, 15 de diciembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo

Imagen: El Diario / Misa en el exterior de la Colonia Afrícola de Tefía
Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo.
Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2019-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/realidades-Tefia-maleantes-Fuerteventura-franquismo_0_973952604.html

En el año 1953 se crea, con sede en Las Palmas de Gran Canaria, el Juzgado Especial de Vagos y Maleantes del Archipiélago Canario con el objetivo de juzgar y aplicar las medidas de seguridad previstas en la Ley de Vagos y Maleantes a aquellas personas consideradas peligrosas sociales en virtud de la misma. Esta ley, aprobada en el año 1933, tenía como objetivo rehabilitar a personas cuyas conductas tuvieran inclinaciones delictivas. No obstante, la norma se aplicó con frecuencia como instrumento de represión y control social y político, uso este último que el régimen franquista dio a la ley sin complejos hasta su derogación y su sustitución por la Ley de Peligrosidad Social de 1970. En el año 1954, se creó la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, con el fin de aplicar el oportuno tratamiento de vagos y maleantes, según la propia Orden de constitución. La Colonia estuvo ubicada en las instalaciones, en ese momento abandonadas, del antiguo aeropuerto de Fuerteventura, en el pueblo de Tefía, ubicado en el centro de la isla majorera, a 20 kilómetros de Puerto del Rosario.

Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar, hecho que me propongo con este artículo.

Si Tefía se ha hecho conocida ha sido gracias a la difusión que de su existencia realizó el escritor Miguel Ángel Sosa y su novela 'Viaje al centro de la Infamia', en la que narra con escalofriante crudeza las experiencias de algunos presos de ese centro. El libro estuvo inspirado por los testimonios de dos homosexuales, Juan Curbelo y Octavio García, que contaron a Sosa la dura experiencia de haber estado recluidos en la colonia en los años 50 por haber sido considerados peligrosos sociales por su disidencia sexual. Aunque Sosa explicó en su momento, de manera clara, muchos de los errores que ahora intentamos disipar, algunos mitos creados en los últimos años alrededor de la Colonia se han ido reproduciendo de diversa manera en textos periodísticos, obras artísticas e incluso en más de una obra académica. Vamos a intentar desenredar algunos de esos mitos.

Tefía ¿un centro para recluir homosexuales?

Uno de los principales errores que se cometen al hablar de la Colonia de Tefía es considerar que el centro se creó para recluir en él exclusivamente a homosexuales. En Tefía fueron internados no solo homosexuales sino también condenados por otras categorías de las previstas en la Ley de Vagos y Maleantes. Esta conclusión es obvia a partir de varias premisas, la primera es la fecha de la aprobación de la Orden que crea la Colonia Agrícola, 30 de enero de 1954, ya que la homosexualidad no era una categoría de peligrosidad social en ese momento, ya que la reforma de la Ley de Vagos para incluirla como tal fue de 15 de julio de ese mismo año y, por tanto, posteriormente a la creación de la Colonia. Asimismo, la Orden de 30 de enero indica expresamente que se instituye una Colonia Agrícola para el tratamiento de Vagos y Maleantes, en Tefía, sin indicar expresamente una categoría específica, mucho menos la de homosexuales en tanto, en esa fecha, ni siquiera existía. Una última prueba que ratifica lo anteriormente dicho es el estudio de los expedientes de vagos y maleantes que hemos analizado y que obran en el Archivo Histórico Provincial Joaquín Blanco de Las Palmas de Gran Canaria. En dichos expedientes encontramos diversas categorías de peligrosos sociales, así como, presos comunes e incluso, según algunos testimonios, presos políticos.

¿Fueron tan duras las condiciones de reclusión como cuentan?

En este punto nos debemos atener a los testimonios de quienes estuvieron presos en la Colonia, Juan Curbelo y Octavio García. La crudeza de sus recuerdos y la vívida memoria que mantenían de su experiencia no nos permite dudar lo más mínimo de su veracidad. Los presos de Tefía estuvieron sometidos a duros trabajos forzados, a un riguroso régimen disciplinario por el que cualquier mínima infracción era objeto de una duras sanciones, entre las que se incluían terribles palizas. Asimismo, la escasa alimentación que se les suministraba les hacía pasar un hambre atroz, hasta el punto de buscar comida en las basuras o, incluso, de prostituirse con algún funcionario a cambio de comida, como cuenta Juan Curbelo. Sin embargo, según expone Octavio Garcia, este duro régimen no se mantuvo durante toda la existencia de la Colonia. Octavio recuerda cómo, tiempo después de finalizar su encierro se encontró con algún otro preso que estuvo en Tefía con posterioridad a él. Así lo exponía:

"Yo cuento lo mío, mi época. Después los chicos cuando nombraron a este director nuevo (...) Don Prudencio, que era buena persona, era humano, Dios lo bendiga (...). Ese señor dicen que abrió el economato, quitó todos los castigos, todos los castigos los quitó. Las comidas, hacían las perolas de comida, el que quería dos platos le daban dos platos, el que quería tres, tres, daba el pan. Lo que era nuestro, de los presos. Ya yo había salido, afortunadamente".

Según Octavio, el cambio del director de la Colonia hizo que la nueva dirección suavizara el régimen disciplinario de manera importante. En todo caso, el tipo de trabajo a los que forzaron a los recluidos, el nivel de maltrato, el hambre y, en general, las duras condiciones del encierro fueron muy específicas del centro majorero y, según los testimonios, no tuvieron tan rígido carácter en el resto de centros de reclusión canarios, sin quitar por ello importancia al hecho de ser condenados simplemente por su homosexualidad.

¿Colonia Agrícola o Campo de Concentración?

En numerosas ocasiones se habla de la Colonia Agrícola como un campo de concentración, a menudo comparándola con los centros de reclusión del nazismo. Si nos atenemos estrictamente al concepto de Campo de Concentración como aquel establecimiento instalación en la que son recluidas personas por pertenecer a un determinado colectivo (grupo étnico, religioso, político, sexual, etc.) y no por haber cometido algún crimen o delito, difícilmente podemos aplicar este concepto a la Colonia Agrícola. En sentido estricto, las colonias agrícolas eran uno de los tipos de instalaciones previstas en la Ley de Vagos y Maleantes de 1933 que, junto con los establecimientos de trabajo y otro tipo de centros, estaban destinadas a la rehabilitación de los peligrosos sociales mediante el aprendizaje de tareas agrícolas, en el primer caso, o de diversos artes y oficios en el segundo, según establecía el Reglamento de la ley. A la confusión también ayuda el hecho de que también desde el régimen franquista fuera usual utilizar la expresión “campo de concentración” al referirse a la instalación de Tefía, tanto en artículos de prensa como en documentos oficiales que constan en los expedientes de vagos y maleantes.

Sin embargo, en la práctica, la colonia de Tefía se convirtió en un auténtico campo de trabajos forzados y la dura experiencia de Octavio García y de Juan Curbelo les llevó a comparar el centro con los campos de concentración nazis. Aquello era un campo de concentración. Ponlo así, contaba Curbelo en una de las entrevistas a la prensa. Asimismo, Octavio confesaba a Miguel Ángel Sosa en sus conversaciones: "He visto hacer de todo, lo más horrendo que te puedas imaginar...: hambre, palos patadas, vejaciones... El mismo trato que recibieron los judios en los campos de concentración... Solo faltaban las cámaras de gas. Solo eso. Sigo sin conseguir quitarme de la cabeza todo aquel horror..."

Sin lugar a dudas, la dureza de las condiciones en que vivieron los presos durante los primeros años de funcionamiento del centro de Fuerteventura soportan de manera clara esa comparación con los campos de concentración del nazismo.

¿Cuántos homosexuales fueron recluidos en Tefía?

En algunos textos se habla de decenas o de cientos de homosexuales los que cumplieron medidas de seguridad en la Colonia Agrícola. Sin embargo, estas cifras son notablemente exageradas. La colonia estuvo abierta entre los años 1953 y 1966. Es difícil de concretar el número exacto de presos que cumplieron medidas de seguridad o condenas en la colonia majorera. Habría que analizar todos y cada uno de los expedientes de vagos y maleantes de ese periodo para determinarlo claramente, cosa que aún no se ha realizado. Por otro lado, las estadísticas de las Memorias de la Dirección General de Prisiones no recogen todos los años el número exacto de reclusos de Tefía, pues en algunas de ellas este dato no aparece.

Pero de las cifras de altas de presos en el centro y de las medias anuales que se recogen en dichas memorias, podemos deducir que, durante los años de funcionamiento, la colonia agrícola acogió entre 300 y 350 presos. Sin embargo, solo 20 de ellos lo fueron por su disidencia sexual, según los expedientes de vagos y maleantes analizados, un número notablemente inferior al resto de reclusos. Obviamente, el número de expedientes abiertos por homosexualidad durante la vigencia de la ley fue superior. Durante la investigación en el Archivo Histórico, se revisaron un total de 1096 expedientes pertenecientes a los legajos comprendidos entre los años 1954 y 1970. De ellos 192 expedientes fueron abiertos en virtud de la presunta homosexualidad del procesado, de los cuales 68 fueron considerados peligrosos sociales por su homosexualidad y condenados a las correspondientes medidas de seguridad y 120 fueron absueltos. En cuatro expedientes no se llegó a la sentencia por diferentes motivos.

Por lo tanto, en Tefía fueron recluidos algo menos del treinta por ciento de los condenados por el juzgado especial del archipiélago canario por su homosexualidad, y un porcentaje mucho menor del total condenado en la colonia agrícola. El resto fue recluido en las prisiones de Tenerife, La Palma y Gran Canaria.

¿Fue la colonia dirigida por un sacerdote?

En sus declaraciones, Octavio García se refiere al director de la colonia como un ex-carmelita descalzo llamado Prudencio de la Casa de Dios, al que atribuye las terribles condiciones durante el tiempo en el que estuvo recluido. Esto ha llevado a considerar que la colonia estuvo dirigida por un sacerdote, hecho del todo incierto. Es posible, si nos atenemos a las declaraciones de Octavio, que efectivamente esta persona fuera un ex-carmelita y, por tanto, en el momento de ejercer las funciones de dirección estuviera fuera del ámbito religioso. Hemos intentado confirmar este dato a través de los archivos de la Orden de los Carmelitas Descalzos en Italia desde donde, mediante correo electrónico, se nos aconsejó que nos pusiéramos en contacto con la Provincia Ibérica, ya que ellos conservan los catálogos con todos los datos de los frailes de la Provincia. Tras remitir sendas solicitudes de información a dicho contacto, a través de la página web y de correo electrónico, nunca recibimos respuesta.

Sin embargo, sí podemos acreditar que Prudencio de la Casa de Dios, antes de incorporarse al cuerpo de funcionarios de prisiones, fue militar de graduación. Así, en el Boletín Oficial del Estado de 24 de junio de 1937 se publica su ascenso a Alférez, destinado en agosto de ese año al Regimiento de Infantería de Toledo. En julio de 1938 es ascendido a Teniente. Tras la guerra civil, en el año 1940, es nombrado con carácter provisional oficial del Cuerpo de Prisiones.

Del análisis de los expedientes de vagos y maleantes podemos deducir que Prudencio de la Casa estuvo destinado en Tefía al menos entre los años 1955 y 1959. En enero de este último año es nombrado administrador de la Central del Puerto de Santa María. Durante su destino en Tefía ocupó los cargos de administrador, entre los años 1955 y 1957 y, a partir de julio de este último año, el de director de la colonia hasta el año 1959. Asimismo, la casualidad hizo que otro Prudencio –Prudencio Lafuente–, fuera director durante los tres primeros años de funcionamiento de dicha instalación - probablemente de febrero de 1954 a julio de 1957–.

Todos estos datos nos vienen a aportar la siguiente información. La primera que Prudencio de la Casa de Dios no era sacerdote cuando realizaba sus funciones en Tefía, sino Oficial de Cuerpo de Prisiones. Y por otro lado, nos pone en duda sobre quién pudo ser el responsable de la dureza del régimen de Tefía durante la reclusión de Octavio García en este centro (entre marzo de 1956 y abril de 1957) y de Juan Curbelo (septiembre de 1955 y mayo de 1958), puesto que durante el encierro del primero, Juan de la Casa fue administrador y sólo durante los últimos diez meses de la reclusión de Curbelo actuó como director.

Nos encontramos aquí, por tanto, con cierta incongruencia entre el relato de los testimonios, específicamente el de Octavio García, que da a entender que durante su reclusión, entre los meses de marzo de 1956 y abril de 1957, la dirección de Tefía estaba en manos de Prudencio de la Casa cuando de los expedientes se infiere que durante ese tiempo el director del centro fue Prudencio Lafuente, y el primero ejercía las funciones de administrador.

Octavio García ofreció su testimonio cuando habían transcurrido más de cincuenta años de los hechos por lo que es posible que hubiera confundido nombres o cargos. De esta manera podemos plantear dos hipótesis, la primera que la personalidad y el poder de Prudencio de la Casa de Dios, aun siendo administrador, fueran lo suficientemente destacables como para imponer tan riguroso sistema en la colonia y marcar tan negativamente el recuerdo de los reclusos. Y la segunda, que quien realmente impuso una disciplina tan severa fuera Prudencio Lafuente, por entonces director, y este régimen fuera suavizado por Prudencio de la Casa al sustituirlo en el año 1957, cuando Octavio ya había sido liberado. El fallecimiento de los testigos hace imposible confirmar alguna de las hipótesis.

¿Condenados sin juicio?

Más allá de su reclusión en Tefía u otra prisión, es habitual, y así lo manifiestan muchas de las personas procesadas, creer que la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes se realizaba sin juicio, es decir, sin la aplicación del procedimiento judicial previsto en la legislación correspondiente. En este sentido hay que anotar que tanto la Ley de 1931, en su Título II, como su Reglamento de desarrollo, regulaban el procedimiento judicial destinado a indagar y hacer constar el estado peligroso de vagos y maleantes, según el artículo 78 de la norma reglamentaria. Durante la tramitación de dicho procedimiento, el encausado tenía legalmente derecho a proponer pruebas en su descargo y a designar Procurador que lo represente y Letrado que lo defienda o pedir al Juez que nombre uno de oficio, según el artículo 13 de la ley.

Del examen de los expedientes del juzgado canario se observa que, efectivamente, los procesos están documentados, incluyendo en ellos tanto las declaraciones que se toman a los inculpados como su firma en las diligencias en las que se les informa de su derecho a designar abogado y procurador. Asimismo se les permitía designar representación procesal y presentar escritos de alegaciones y proponer pruebas documental y testifical en su descargo. Una vez dictada sentencia, era posible interponer el correspondiente recurso ante la Audiencia Provincial. No obstante, el hecho de que no existiera juicio oral, sino que el expediente se tramitara fundamentalmente por escrito, produjo la sensación generalizada de que no se les había realizado juicio alguno.

Por otro lado, encontramos un número notable de procesados que no hicieron uso de tales posibilidades de defensa –elección de abogado o solicitud de uno de oficio, presentación de alegaciones o prueba– y en otros expedientes no se garantizaron plenamente de los derechos procesales. Sin extendernos en exceso, en estos expedientes podemos encontrar que la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 se aplicó en los primeros expedientes de manera retroactiva, a personas que fueron detenidas antes de su entrada en vigor, e incluso antes de que la misma ley estuviera vigente. También existen expedientes en los que no se concedió abogado de oficio a algunos procesados que lo solicitaron.

A todo lo anterior debemos añadir los abusos sexuales y malos tratos en las instalaciones policiales y las torturas con los que, en ocasiones, se intentaba extraer información de los procesados durante su estancia en comisaría o la policía armada. La conjunción de estas circunstancias nos ofrece un panorama en el que, a pesar de la tramitación del procedimiento judicial, de estos es fácil deducir en muchos casos la vulneración de los derechos de los inculpados, una situación de notable inseguridad jurídica y la ausencia del respeto a los más elementales derechos humanos.

Más allá de mitos y exageraciones, la realidad de Tefía nos remite a un momento de extrema represión hacia quienes osaban retar al sistema cis-heterosexista del nacional-catolicismo franquista. La Colonia Agrícola de Tefía se ha convertido en un necesario símbolo de esta represión, un espacio que se debe convertir en lugar de encuentro, reflexión y memoria que permita que generaciones futuras conozcan la historia de una comunidad secularmente marginada y cuyas vidas merecen el adecuado reconocimiento.

Víctor M. Ramírez Pérez es activista LGTB e investigador de la memoria histórica de la comunidad del colectivo en Canarias. Acaba de publicar el libro ‘Peligrosas y revolucionarias. Las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición’, editado por Tamaimos.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias

Imagen: Público / Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en la actualidad
Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias.
El Auschwitz de Fuerteventura estaba en Tefía. Durante la represión franquista se confinaron en esta colonia agrícola, entre 1955 y 1966, un centenar de presos que sufrieron todo tipo de vejaciones y torturas. Su historia es inédita. Octavio García cuenta el infierno vivido como uno de los últimos supervivientes.
María Serrano Velázquez | Público, 2019-11-29
https://www.publico.es/sociedad/franco-canarias-campos-concentracion-franco-abrio-50-reformar-colectivo-homosexual-canarias.html

En el archivo histórico provincial de Las Palmas queda intacta la sentencia que llevó hasta el “terrorífico” campo de concentración de Tefía (Fuerteventura) a Octavio García Hernández, con tan solo 24 años, el 12 de septiembre de 1955.

Antoni Ruiz, presidente de la asociación Ex-Presos Sociales, recuerda a ‘Público’ sus días en aquel infierno. Lo llamaban Auschwitz por las terribles condiciones de vida que se vivieron en aquel campo de concentración, conocido como colonia penitenciaria y que abrió sus puertas en enero de 1955.

De todas las conversaciones mantenidas con Octavio, Antoni relata cómo hablaba de aquellos días de terror, de incertidumbre, en un campo que no tenía ni muros. “El propio mar hacía de frontera natural para que nunca salieran de allí y así que creyeran que aquel hacinamiento podría durar mucho tiempo”, aclara a Público.

El joven Octavio García, era uno de los supervivientes que se mantenían con vida de aquellos años en el campo de Tefía. Y en su sentencia (aún bajo secreto de sumario) reza “el traslado a la colonia agrícola” por un tiempo indeterminado. El expedientado era acusado de homosexual, lo que caía de lleno en la “causa de peligrosidad 2º de la ley de vagos y maleantes del 4 de agosto de 1933, y que se adicionaba a la establecida por el régimen de Franco del 4 de julio de 1954”.

Ruiz relata cómo por una causa injusta y falsa este joven canario es acusado de pederastia, siendo “obligado a permanecer en un colonia de trabajo forzado”, como Tefía, un tiempo mínimo de un año y un máximo de tres. Entre el centenar de presos que se hacinaba en aquel paraje casi desierto había incluso algunos presos comunes y presos políticos en una etapa ya tardía de la represión.

Un campo de trabajo forzado en medio de un desierto
La Colonia de Tefía sería instalada en unos terrenos de la Legión que habían sido antes aeródromo del Ministerio del Aire durante la guerra civil. Bajo una orden ministerial de 1954, homosexuales y transexuales fueron confinados en los denominados "centros de trabajo" y "colonias agrícolas penitenciarias”. La Colonia Agrícola-Penitenciaria de Tefía, como sería denominada por el régimen, fue establecida sobre terrenos pedregosos e improductivos donde los presos picaban piedra hasta la extenuación, sin descanso y ante la humillación constante por su orientación sexual.

El periodista Fernando Olmeda, autor del libro ‘El látigo y la pluma’ (editorial Oberón) relata a ‘Público’ que la colonia de Tefía surge en un contexto muy concreto con “la modificación de la Ley de Vagos y Maleantes que incrementa la acción represiva (detenciones, encarcelamientos)”. La creación de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía responde a ese endurecimiento.

“Aquella represión desmedida respondía a coordenadas intrínsecas de la alianza nacional católica del régimen de Franco, que identificó al franquismo: arbitrariedad e impunidad, crueldad gratuita, poder omnímodo sobre la vida de terceros, en este caso los homosexuales”, concluye Olmeda.

El investigador Felipe Gómez narra en su libro ‘El derecho a la memoria’ cómo la razón de aquel hacinamiento del colectivo en Tefía era el encarcelamiento para una posterior reforma. “Hay informes que no han salido a la luz de cómo los detenidos eran obligados a trabajar hasta la extenuación, sin ningún interés por su bienestar, por no mencionar su interés en su reforma y los continuos maltratos por parte de los funcionarios de prisiones”.

El infierno de Octavio: 16 meses interno y sin juicio
El Ministerio fiscal pediría para Octavio García, en su expediente número 79 de 1955 del Juzgado Especial de Vagos y Maleantes, que en aquel campo no se pudiera relacionar con nadie. Que tendría que quedar incomunicado. El fiscal pide explícitamente “absoluta separación de los demás”.

García fue llevado sin previo juicio a la colonia canaria. Aquel expediente, al que ha tenido acceso Público, “le prohibía residir en el lugar o territorio que el tribunal designara y la obligación de declarar el domicilio durante un año” tras su salida del campo.

En su testimonio sobre aquellos días recordaba como los vecinos de la isla los miraban como si fueran “casi terroristas”. Octavio declara que eran tratados como “ganado” y no olvida cuando llegaron escoltados por la Guardia Civil a una especie de espigón. “Nos tenían a pleno sol para ponernos en evidencia. Nos echaban un toldo y en un camión nos llevaron tapados para que no viéramos el camino si queríamos escaparnos”.

Cuando llegaron a Tefía había en el campo de trabajo unos 50 presos. “Vino un funcionario que le llamaban la Viga, un tío altísimo de un metro ochenta, que nos decía que éramos maricones y nos iba a quitar esa enfermedad y eso era una cosa nuestra, innata”, recuerda Octavio.

La rutina era de instrucción militar. “Nos levantaban a las seis de la mañana para hacer la cama; pero en aquel paraje no había cama, había petate a ras del suelo. Se escuchaba el viento por la noche con una manta muy fina y unos uniformes grises con los que nos identificaban los guardias”.

Octavio García estuvo afincado 16 meses en Tefía. “Estar allí tanto tiempo te estropea la mente. Aquello solo era cargar piedras y agua. Hombres de 80 kilos que llegaban a pesar treinta kilos y si te equivocabas en la marcha te daban con una fusta que los funcionarios llevaban en la mano”.

Octavio no olvidaría los días que vivió junto a su compañero más joven, Juan Curbelo Oramas, que estuvo durante tres años picando piedra en la colonia, unido a castigos y muchas palizas.

En su libro 'Redada de violetas. La represión de los homosexuales durante el franquismo', el periodista e historiador Arturo Arnalte relata cómo Curbelo llegó a Fuerteventura con la cabeza rapada. “Lo mandaron a la isla”, ya que antes del boom turístico era un paraje para desterrar y alejar a los que no eran adeptos al régimen.

El director del campo, sacerdote castrense de Vitoria
Los que vivieron en aquellas condiciones recuerdan cómo un sacerdote vasco era quien controlaba la organización y el orden de aquella colonia agrícola. Un sacerdote que, detalla Arnalte, “era capaz de esconder las cartas de los familiares y tener durante más tiempo recluido a los condenados” en su internamiento en Tefía por el juzgado de Vagos y Maleantes.

Octavio rememora que no había agua corriente. “Con agua de pozo estancada nos teníamos que duchar solo un día a la semana”. Tampoco olvida cómo iban andando para ir a misa hasta un pueblo muy cercano donde los vecinos no entendían “si eran delincuentes comunes, ni por qué aquellos jóvenes se encontraban hacinados y encerrados en tales condiciones”.

La colonia duró muchos más años de lo previsto. En 1966 se decreta su cierre, aunque siguieron enviando a los homosexuales a la cárcel. Las conocidas galerías de invertidos se ubicaban en cárceles como la de Huelva o la de Badajoz “gracias a la Ley de Vagos y Maleantes que en 1970 fue sustituida por la de Peligrosidad Social”.

Fernando Olmeda señala que las penalidades sufridas por quienes tuvieron la desgracia de pasar por allí “son suficientemente elocuentes”. La dictadura convirtió “al diferente en peligroso. De aquí que, de maleantes, pasaron a ser peligrosos, y de ahí la aprobación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social años después".

Los violetas, como la prensa y los propios guardias los llamaban despectivamente, guardan una historia silenciada de aquella represión que está llegando hoy a la sociedad, a través de otros formatos, incluso de cómic. Las viñetas de 'El Violeta' escrito por Marina Cochet, Jesús Sepúlveda y Antonio Santos (editorial Drakul) refleja la historia de Bruno Llopis, un joven homosexual que es detenido en plena dictadura y encerrado. Antoni Ruiz señala cómo en sus páginas queda latente la historia de Octavio y sus días en Tefía para “no olvidar ese episodio tan oscuro y reciente de nuestra historia”.

En 2004, el Cabildo de Fuerteventura quiso dar un homenaje a aquellos presos que lograron soportar las vejaciones y torturas de Tefía. Se instaló una placa en memoria de quienes fueron recluidos en la colonia. Cuatro años más tarde, el Gobierno de Canarias celebró en aquel espacio, hoy albergue juvenil, el primer acto constitucional el Día Internacional contra la homofobia para no olvidar a aquellos presos, ni tampoco sus historias.

viernes, 21 de junio de 2019

#hemeroteca #ablacion #activismo | Hawa Touré, superviviente de ablación: "En la noche de bodas te acuestas con tu marido y el dolor es terrible, pero tienes que aguantar"

IMagen: El Diario / Hawa Touré
Hawa Touré, superviviente de ablación: "En la noche de bodas te acuestas con tu marido y el dolor es terrible, pero tienes que aguantar".
La activista mauritana reside en Fuerteventura y ha hecho de su vivencia su lucha a través de la asociación Diambe, dedicada a sensibilizar sobre las consecuencias de la mutilación genital femenina: problemas vaginales, sexuales, depresión o ansiedad. En el mundo, más de tres millones de mujeres y niñas son sometidas a esta práctica: "Las secuelas de la ablación son eternas, yo la sufrí con diez años y no lo olvidaré jamás". Touré ha hecho de Canarias su campo de batalla por ser un territorio en el que conviven personas procedentes de países donde se ejecuta la escisión: "Muchas mujeres africanas viven aquí y cuando van de vacaciones a su país aprovechan para mutilar a las niñas".
Natalia G. Vargas | El Diario, 2019-06-21
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/Hawa-Toure-superviviente-ablacion-acuestas_0_912359316.html

Hawa Touré tenía solo diez años cuando en el interior de una pequeña casa en la ciudad de Kaedi, al sur de Mauritania, sufrió la mutilación genital. Esta tradición vigente en el país desde tiempos inmemorables condenó a la activista a la ablación, al igual que al 70% de las mujeres de su país que quedan abocadas a la escisión desde su nacimiento, según datos de Unicef. "Más allá de las secuelas físicas, las consecuencias psicológicas son eternas", confiesa. Desde 2005 esta práctica es ilegal en Mauritania y, pese a que se trata de una costumbre menguante, sigue ejecutándose en la clandestinidad. En el mundo, afecta aproximadamente a tres millones de mujeres y niñas.

La vida y la lucha de Touré quedaron marcadas por esta vivencia. En la actualidad tiene 43 años, reside en Fuerteventura y preside la asociación de mujeres mauritanas Dimbe, integrada por 18 personas y encargada de desempeñar una ardua labor de sensibilización acerca de la salud sexual femenina. La activista ha hecho de Canarias su campo de batalla por ser un territorio en el que convive una amplia comunidad de personas procedentes de países donde se ejecuta la ablación. "Por ejemplo, hay muchas mujeres africanas que viven aquí y que cuando van de vacaciones a sus lugares de origen aprovechan para mutilar a las niñas", explica.

La sensibilización y la formación constituyen el eje central de su trabajo, no solo mediante charlas formativas impartidas a las potenciales víctimas de esta práctica y a sus familias, sino también a profesionales de los centros de salud y de servicios sociales porque "son quienes tienen contacto directo con ellas". No es una tarea fácil, ya que en el Archipiélago hay "muchas personas que ni siquiera saben lo que es la mutilación", pese a relacionarse día a día con mujeres condicionadas por esta realidad, revela.

Hemorragias, infecciones e incluso la muerte son algunas de las complicaciones inmediatas que puede provocar la ablación, según la Organización Mundial de la Salud. A largo plazo, problemas sexuales, menstruales, vaginales, depresión o ansiedad. La escisión se practica habitualmente a las niñas en edad temprana. Hay ocasiones en las que, cuando llega el matrimonio, el ritual se repite.

"Las mayores dicen que la intención es defender el honor de la familia protegiendo la virginidad", cuenta Touré. Antes de casarse, las mujeres mutiladas no pueden tener relaciones sexuales con ningún hombre. "Lo peor es la noche de bodas, el dolor es terrible cuando te acuestas con tu marido, pero tienes que aguantar", lamenta. El sufrimiento se lleva por dentro y "eso afecta más que el sufrimiento físico, pero es una situación que no es agradable de contar".

En España viven más de 55.000 niñas y mujeres procedentes de países en los que se las mutila, tal y como publicó Médicos del Mundo el pasado 6 de febrero, día mundial contra la mutilación genital femenina. Por su parte, esta asociación ha exigido al Gobierno central un sistema de salud público concienciado en el que se conozca esta práctica y sus consecuencias, con un protocolo integral que garantice la atención especializada no solo a las supervivientes, sino también a familiares.

Este verano, Hawa Touré recorrerá con su asociación Tenerife y Gran Canaria, ya que su activismo se mueve a caballo entre las islas y Mauritania. En los últimos meses ha vuelto a visitar su país de origen en el marco de una investigación sobre la permanencia de la ablación en las distintas regiones de forma ilegal. Sin embargo, confiesa que le ha resultado muy complicado localizar a quienes ejecutan la mutilación genital.

En el país africano hay importantes colectivos de mujeres que luchan por erradicar esta histórica costumbre. Una lucha que trasciende a las aulas, ya que, según cuenta Touré, un amplio grupo de docentes que se ocupa de dar charlas y de recordar a las familias y a las menores las consecuencias de la escisión. Algunos de los países del continente africano en los que la movilización ha logrado que se prohíba la mutilación son Senegal, Níger o Etiopía, entre otros.

domingo, 16 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #memoria | La represión de los homosexuales durante el franquismo en Fuerteventura salta al cómic

Imagen: El Diario / Viñeta de 'El Violeta'
La represión de los homosexuales durante el franquismo en Fuerteventura salta al cómic.
‘El Violeta’ es la historia gráfica novelada de Bruno, un joven homosexual de 18 años en el infierno que sufrieron los gais en el campo de concentración de Tefía. “En Tefía se comen hasta las cagarrutas, date con un canto en los dientes”, le dijeron a Bruno al ser detenido en el cine clandestino Ruzafa de Valencia en 1955. ‘El Violeta’ es una historia a cuatro manos de los guionistas Juan Sepúlveda y Antonio Mercero, con ilustraciones de Marina Cochet.
Eloy Vera | Canarias Ahora, El Diario, 2018-12-16
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/represion-homosexuales-franquismo-Fuerteventura-salta_0_846565450.html

“Cuidando nuestra memoria histórica conseguiremos que no se repitan los errores del pasado”, asegura Juan Sepúlveda, un guionista valenciano que un día decidió contar en viñetas las vejaciones y maltratos a los que sometían a los homosexuales en el campo de concentración de Tefía. Junto al guionista Antonio Mercero y la ilustradora Marina Cochet acaba de publicar la novela gráfica ‘El Violeta’, en la editorial Drakul. ‘El Violeta’ es la historia de Bruno, un joven homosexual de 18 años, pero también el testimonio del infierno que sufrieron los gais durante el franquismo.

Una noche de 1955 Bruno acude al cine Ruzafa, uno de los lugares clandestinos más importantes de Valencia. Allí cae en una trampa de la policía y le envían a la cárcel por ser homosexual. En prisión le hablan de la Ley de Peligrosidad Social y de Tefía. “En Tefía se comen hasta las cagarrutas. Date con un canto en los dientes…”, le asegura un preso a Bruno después de quejarse por la comida de la cárcel. Tefía es “un campo de concentración para homosexuales en Fuerteventura aunque lo llaman Colonia Penitenciaria Agrícola”, le aclara el compañero.

‘El Violeta’ es la historia de la persecución que sufrieron los homosexuales durante el franquismo y la convivencia de las mujeres que se casaron con ellos. Es un relato de fingir lo que no se es, de amores clandestinos bajo la amenaza del miedo, de represiones y apariencias, pero también un documento gráfico de la suerte que corrían los homosexuales que enviaban a la prisión de Tefía.

Desde 1954 hasta 1966 funcionó la prisión de Tefía. Durante 12 años, el centro encerró a alrededor de un centenar de personas condenadas por la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada durante la Segunda República para castigar a vagabundos, pordioseros, rufianes, proxenetas y a todo aquel que no pudiera demostrar domicilio fijo, empleo o modo de sustento. En 1954 Franco modificó la ley para incluir a los homosexuales por considerarlos un peligro público. Mientras el dictador los privaba de libertad, en la calle la prensa reaccionaria y la policía los insultaba al grito de “violetas”

Sepúlveda explica desde su residencia en Canadá que la novela surgió después de descubrir el horror que había sufrido el colectivo LGTB durante el franquismo. “Me impresionaron mucho los testimonios y el desconocimiento que tenemos los jóvenes de mi generación sobre esta época. Que en los planes de estudio de la LOGSE no se incluyera este apartado me pareció alarmante. Y esto me movió a escribir un guion que pudiera recordar este periodo de nuestra historia”, comenta.

‘El Violeta’ es una historia a cuatro manos junto al guionista de cine y televisión Antonio Mercero. En ella cuentan la vida de Bruno, que tras pasar por la cárcel de Valencia, acaba obligado por su padre a internarse en una academia de policía como remedio para curar su desviación sexual, envuelto en un matrimonio concertado y participando en redadas policiales contra homosexuales. “Decidí colocar al protagonista en el ojo del huracán y qué mejor lugar que el cuerpo de policía. Allí Bruno es testigo y cómplice de la represión ejercida contra los homosexuales. Verá con sus propios ojos las redadas, la hipocresía de los agentes y el sin sentido de la persecución”, explica Sepúlveda.

La novela también es un reflejo de la desigualdad de las leyes. El autor de la novela gráfica señala que su intención era mostrar “la diferente suerte que corrían los homosexuales de clase baja y media”. Bruno consigue esquivar la cárcel gracias a los contactos de su familia y los medios para costearse una defensa. En cambio a su pareja Julián, de clase social inferior, se le aplicará la ley sin piedad y acabará en el campo de concentración de Tefía picando piedra de sol a sol, bajo un sol que no da descanso y sometido a insultos y golpes.

“Julián quería que representase a los homosexuales más valientes. Los que pelean en todas las batallas contra la intolerancia. Quería contar el precio que pagaron todos aquellos que desafiaron al régimen sin importarles las consecuencias. Gracias a ellos, a los que lucharon en primera línea, existen hoy las leyes de igualdad”, sostiene el autor.

Historia silenciada
Durante mucho tiempo Juan leyó libros en busca de información que le acercara al tema de la homosexualidad durante el franquismo; rastreó archivos, memorias penitenciarias y páginas en internet en busca de testimonios que pusieran luz a una historia silenciada. En concreto, se interesó por los testimonios de Juan Curbelo y Octavio García, dos expresos que antes de morir contaron cómo había sido el infierno que vivieron en Tefía.

Sepúlveda recuerda cómo Curbelo y García fueron condenados a uno y tres años de prisión. Tras una exploración médica, para establecer qué tipo de “pederastas” eran, fueron enviados desde la cárcel de Barranco Seco en Las Palmas hasta Fuerteventura. Allí, los desembarcaron en botes y fueron llevados en furgonetas a Tefía.

En la colonia agrícola les esperaban palos, hambre y un sacerdote que informaba a los juzgados si debían pasar allí uno o tres años para cumplir la condena completa. “Esa era la fórmula del régimen para quitar a los homosexuales el vicio y reconvertirlos en heterosexuales”, denuncia el guionista. “Al mismo tiempo, el Ministerio de Justicia hablaba en las Memorias de Instituciones Penitenciarias de los magníficos progresos que se habían conseguido en la colonia. Era un delirio tras otro”, añade.

Durante la entrevista, Sepúlveda explica que su intención siempre fue la de “escribir una historia de ficción, pero quería escribir una historia universal sobre la persecución y todo el sufrimiento que causó la Ley de Peligrosidad Social”. Y aclara “quería escribir una historia tanto para el lector heterosexual como para el homosexual y que al mismo tiempo fuera emocionante y emotiva”.

El autor de ‘El Violeta’ partió de una anécdota que le contó Antonio Ruiz, presidente de Ex Presos Sociales para hacer la novela. Él, al igual que Bruno, fue delatado por una monja y encarcelado con 18 años. Bruno también tiene su germen en ‘Las seis caras de un dado’, el primer libro de relatos que escribió Sepúlveda. En él hablaba de un joven que se hacía pasar por heterosexual y que no conseguía llevar esa farsa muy lejos. “Me pareció muy interesante la historia de los homosexuales que trataron de encajar en la España de Franco. Sobre todo los que se hicieron pasar por heterosexuales. Las vidas paralelas que llevaron y la infelicidad que esta mentira causó en sus familias”, explica.

Marina Cochet es la tercera pata de ‘El Violeta’. Esta ilustradora francesa afincada en España conoció a través de Facebook la oferta de Juan Sepúlveda. El valenciano la eligió para ilustrar su historia y “se lanzaron a la aventura”. Durante dos años estuvo dibujando las historietas que dan vida al cómic.

La imaginación, el surrealismo y el humor que suelen acompañar sus obras se echaron a un lado para conformar unas historietas impregnadas de realismo. ‘El Violeta’ es su primera incursión profesional en la novela gráfica. Marina explica que en ella “me interesaba plasmar los malos sentimientos de los personajes para que el público se metiese en la historia y viviese los sentimientos desde muy de cerca. Se metan en su piel y empaticen”.

“No había visto ninguna novela gráfica que trate este tema en nuestro país y era bastante necesario hablar de ello”, considera. “La sociedad está dormida en estos asuntos y piensa que como es el pasado eso ya se acabó, pero esa gente, que lo ha pasado tan mal y ha sobrevivido, sigue sufriendo”.

“El albergue de Tefía debería ser un museo sobre la memoria histórica del colectivo LGTB”
Juan Sepúlveda visitó hace algún tiempo Tefía en busca de los barracones del Auschwitz de Fuerteventura. Encontró un albergue y un monolito con una placa donde se reconoce la lucha de aquellas personas que fueron perseguidas, encarceladas y torturadas por su orientación sexual. El autor de ‘El Violeta’ cree que “no tiene sentido que sea un albergue”. A su juicio, debería haber un museo, “un espacio de divulgación donde los ciudadanos puedan conocer más sobre las leyes de igualdad y la memoria histórica del colectivo LGTB. No podemos permitir que un antiguo campo de detención sea hoy un albergue y quede olvidado lo que ocurrió allí. Todo lo que se olvida vuelve a ocurrir”.

viernes, 2 de noviembre de 2018

#hemeroteca #memoria #franquismo | Un campo de concentración para aislar a los gais del turismo

Imagen: La Marea / Recuerdo a los represaliados en Tefía, Fuerteventura
Un campo de concentración para aislar a los gais del turismo.
La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, fue creada para encerrar a los homosexuales.
Eduardo Robaina | Rutas de la Memoria, La Marea, 2018-11-02
https://rutasdelamemoria.lamarea.com/un-campo-de-concentracion-para-aislar-a-los-gays-del-turismo/

Tefía, Fuerteventura (Canarias). Estado de conservación: Las instalaciones están perfectas y la zona está cuidada, debido a que ahora cumple funciones de albergue. Se han construido nuevos edificios alrededor, pero el principal sigue igual. Esta ruta fue realizada en septiembre de 2018.

“Desierto es esta solemne y querida tierra aislada de Fuerteventura”, escribió Miguel de Unamuno durante su destierro a la isla en 1924. Allí lo envió Primo de Rivera por sus continuos ataques a él y al rey. Casi un siglo después, el paisaje que dibujó el escritor a través de sus letras se mantiene inmutable. A medida que se avanza hacia el interior, los campos se vuelven cada vez más áridos, y las paradisíacas playas de arena dorada desaparecen de la vista. El verano, que araña sus últimos días de protagonismo, se hace notar con gran temperatura. La humedad, que no pide permiso, contribuye a que el ambiente sea aún más agobiante. En Fuerteventura las carreteras no abundan. Y llegar a Tefía no entraña gran complicación. Estamos en un modesto pueblo de apenas 200 habitantes situado a 20 kilómetros de la capital, Puerto del Rosario –por entonces Puerto de Cabras–, que acabó siendo el lugar elegido para la llamada Colonia Agrícola Penitenciaria.

Ahora es necesario continuar la carretera que atraviesa el pueblo. Lo primero que puede verse es un Ecomuseo, principal atractivo turístico de la zona. En la parte derecha, continuando la andadura por la FV-207, queda al descubierto un gran tablón de madera: “Albergue de Tefía”, anuncia. La carretera asfaltada desaparece y el camino se vuelve salvaje. A lo lejos, un molino, como tantos de los que pueblan la isla. Tras él, el centro juvenil que adelantaba el cartel. Las puertas están abiertas. Unos cuantos edificios, un gran patio, y un modesto observatorio astronómico completan el lugar. Sobre estos metros cuadrados, cientos de personas fueron recluidas por la dictadura franquista con el fin de “proteger la paz social y la tranquilidad pública”. Ahora es un lugar de encuentro para la diversión. Antes lo era del sufrimiento.

El grueso de personas que fueron encerradas en aquel lugar eran “maricones”, apelativo empleado por los policías y resto de funcionarios. No habían cometido ningún delito. Se castigaba a los que hubiesen realizado “actos de homosexualidad”, tal y como figuraba en la modificación del 17 de julio de 1954 de la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada por el dictador Francisco Franco. Tefía se convirtió, así, en el centro al que fue a parar la mayor parte del colectivo LGTBI de las islas.

La idea de su creación llevaba tiempo en mente. El 30 de agosto de 1947, el periódico Falange publicó una entrevista con el entonces director general de prisiones, Francisco Aylagas Alonso, quien afirmó que su visita a Canarias se debía a la búsqueda de unos “magníficos terrenos” en los que establecer “una Colonia Agrícola Penitenciaria Modelo”. No se supo más del proyecto hasta el 17 de julio de 1953, cuando en el mismo medio, el nuevo encargado de prisiones, José María Herreros de Tejada, ya hacía directamente alusión a Fuerteventura, y particularmente a Tefía. Y así fue. Mediante una orden ministerial, el 15 de enero de 1954 se creó la Colonia. El Ministerio del Aire había cedido un aeródromo convertido en cuartel de la Legión tras la guerra civil.

Como atestigua la memoria de instituciones penitenciarias, en su primer año ya había 43 internos y 6 funcionarios. En sus inicios era capaz de albergar a 200 individuos, pero su capacidad fue aumentada hasta los 300, cifra jamás lograda. El objetivo, más que cumplido según afirmaban, resolvía el grave problema “que preocupaba a las autoridades, pues habida cuenta de la importancia del turismo en las islas, se hacía preciso aislar a los nocivos elementos que con sus ademanes hacían desmerecer el magnífico concepto que al arribar a aquellas tierras adquirían tanto los extranjeros como los nacionales en el momento de desembarcar”.

En su construcción colaboraron la Dirección General de Prisiones, autoridades civiles y militares de Las Palmas y el Cabildo de la isla, quien dio todo tipo de facilidades y “costeó materiales y utensilios”, señalan documentos oficiales. Fue un campo de concentración, como destacan los que lo sufrieron; pero no fueron los únicos en usar esa definición. El presidente de la Audiencia Territorial, en unas declaraciones recogidas por el diario del régimen, tampoco dudó en llamarlo así. Otros lo denominaban campo de trabajo. Un término que hacía referencia a la realidad a la que se enfrentaban los presos, obligados a tareas más allá de las relacionadas con la agricultura.

Fueron usados como peones en muchas de las obras que hoy pueden verse; cargaban piedras y agua; o se les obligaba a explotar una cantera de piedra de cal de la zona, como atestiguan periódicos de la época. Las obligaciones también pasaban por practicar la instrucción militar con sesiones de gimnasia.

Muchos presos guardaron silencio. Unos por miedo, otros por vergüenza. El transcurso de la vida se ha ido llevando, sin posibilidad de retorno, todos esos testimonios. Otros, sin embargo, sí decidieron alzar la voz. Octavio García jamás se calló nada de lo que vivió en aquel lugar. Nació en 1931 en Las Palmas de Gran Canaria, y a los 23 ya fue encarcelado. Fue uno de los primeros de Tefía, donde pasó 16 meses. Octavio falleció el pasado agosto. Tenía 87 años y un sinfín de horrorosos recuerdos. En varias de las entrevistas que concedió a lo largo de su vida, relató las palizas que les propiciaba el personal, las humillaciones verbales y físicas. “Te transforma; te quita la mente”, dijo en una de ellas. Su intención al dar la cara siempre era la misma: “Para que la juventud sepa lo que fue la homosexualidad, cómo la reprimían”. Tras casi tres años encerrados volvió a Gran Canaria, a su hogar, del que había sido desterrado por las autoridades isleñas.

Fueron 11 los años que permaneció en funcionamiento la Colonia. Su clausura llegó por orden del Ministerio de Justicia el 21 de julio de 1966 debido al casi inexistente número de reclusos. Quedaban siete personas que fueron derivadas a la prisión de Barranco Seco en Las Palmas de Gran Canaria, hoy usada como Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). Una placa fijada en 2008 por el Cabildo de Fuerteventura reconoce el horror y la injusticia que por esos caminos de tierra y escasa vegetación se perpetuó durante más de una década. Una isla asociada como destino de sol y playa forma parte de la historia que nuestro país no debe olvidar.

lunes, 20 de agosto de 2018

#hemeroteca #inmemoriam | Octavio García, in memoriam

Imagen: Diario de Fuerteventura / Octavio García
Octavio García, in memoriam.
Facebook, Colectivo Gamá LGTB, 2018-08-20

Nos enteramos hoy, lunes 20 de agosto, del fallecimiento de Octavio García, uno de los presos homosexuales que durante el franquismo cumplieron condena en la colonia agrícola de Tefía, en Fuerteventura, tras ser declarados “peligrosos sociales”. Octavio y Juan Curbelo Oramas fueron los únicos presos de aquel campo del terror que tuvieron la entereza suficiente como para dar testimonio de sus padecimientos en lo que el mismo Octavio calificó como un auténtico campo de concentración. Los años de Tefía fueron para ambos, al igual que para todos los que fueron recluidos en Tefía, un tiempo de hambre, malos tratos, humillaciones y trabajos forzados. Tuvieron que pasar muchos años hasta que reunieron la fuerza suficiente para hablar libre y abiertamente de su dura experiencia, gracias al trabajo del historiador Miguel Ángel Sosa, que convirtió sus entrevistas con ellos en la imprescindible novela “Viaje al centro de la Infamia”.

Octavio era un hombres sensible y educado. Oírle narrar sus memorias de aquellos años siempre fue una experiencia escalofriante. En su mirada se percibía el dolor de los recuerdos aún varias décadas después de su liberación. Consciente, además, de la importancia de su experiencia, no dudó nunca en abrir las puertas de su casa y las de su memoria para colaborar con investigadores, escritores y cineastas que lo solicitaban. Gracias a su compromiso tenemos un privilegiado testimonio de primera mano de aquellos temibles años, de un valor incalculable para la recuperación y mantenimiento de la memoria histórica de la comunidad lgtb canaria.

Octavio se ha ido, pero nos quedan sus colaboraciones en forma de libros, artículos, documentales y, también, en el recuerdo de quienes le conocimos, pleno de afectos y vacío de rencores. Desde Gamá, honramos su memoria y nos comprometemos a mantenerla permanentemente viva.

DOCUMENTACIÓN
Un símbolo de la represión franquista contra los homosexuales.
Diario de Fuerteventura, 2018-02-18

https://www.diariodefuerteventura.com/noticia/un-s%C3%ADmbolo-de-la-represi%C3%B3n-franquista-contra-los-homosexuales
Los homosexuales durante el franquismo: vagos, maleantes y peligrosos.
La homosexualidad y la bisexualidad, tanto masculina como femenina, así como cualquier ruptura con el binarismo de género, se consideraban en el franquismo no sólo pecaminosas sino además delito y enfermedad. Y se legisló contra ello. La influencia del turismo una de las causas a las que el régimen atribuye tal tsunami homosexual. Obviamente Canarias no fue ajena a esta influencia extrajera. Numerosos testimonios de los represaliados indican que, el afeminamiento o ‘la pluma’, era suficiente para ser detenido y pasar varios días en un calabozo de la comisaría.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2016-05-17
https://www.eldiario.es/canariasahora/premium_en_abierto/Homosexuales-vagos-maleantes-peligrosos_0_516549100.html
Octavio García: "Me pusieron a picar piedra".
Lo denunciaron por `tirarse´ al hijo de un médico. Pasó por el camop de trabajo de Tefía (Fuerteventura). Lo soltaron por enseñar a rezar a otros presos.
Interviú, 2007-02-05
http://www.interviu.es/reportajes/articulos/octavio-garcia-me-pusieron-a-picar-piedra/
Tefía, en la memoria.
El País, 2006-08-26

https://elpais.com/diario/2006/08/26/babelia/1156549817_850215.html

miércoles, 23 de mayo de 2018

#hemeroteca #transexualidad | «Soy Cristina ante todo: no soy sólo una transexual y ya está»

Imagen: Canarias7 / Cristina Macario Hernández
«Soy Cristina ante todo: no soy sólo una transexual y ya está».
Es la coordinadora del área de transexualidad del colectivo LGTB Altihay desde donde informa y asesora a partir de su propia experiencia a especialmente adolescentes y adultos sobre un proceso que puede alargarse una vida entera y que empieza con la aceptación de sí mismo.
Catalina García | Canarias 7, 2018-05-23
https://www.canarias7.es/siete-islas/soy-cristina-ante-todo-no-soy-solo-una-transexual-y-ya-esta-YC4620414

Aceptarte, aceptarte y aceptarte. Es la palabra y el consejo que más repite Cristina Macario Hernández, coordinadora del área de transexualidad de Altihay. Desde hace un año y medio, ha activado el servicio de información y asesoramiento a estas personas en el colectivo LGTB de Fuerteventura, sito en la calle Goya nº 3 de Puerto del Rosario, en horario de 9.00 a 14.00 horas, de lunes a viernes. Su propia trayectoria vital es el mejor de los asesoramientos, aunque matiza que es su propio caso y que cada persona es distinta: desde hace unos diez años, inició un proceso que, en su caso, ha decidido no terminar y que empezó en una época en que la visibilización de la identidad estaba muy lejos, casi en otra galaxia social.

La transexualidad es su vida y su bandera, de hecho recuerda que 2018 es el Año por la Liberación Trans y que Altihay, el colectivo de gais, lesbianas, transexuales, bisexuales y simpatizantes de Fuerteventura, organiza una exposición de fotos ‘TRANSformando Fuerteventura’. Aunque, a renglón seguido, deja muy clarito que rechaza etiquetas: «Soy Cristina ante todo: no solo soy una transexual y ya está. Tengo nombre y soy también hija, sobrina, nieta, amiga».

De la mano de los padres
Cristina (Las Palmas de Gran Canaria, 1994) tiene ahora 23 años y lo primero que reconoce es que, cuando ella empezó su propio proceso, resultó todo más difícil porque existía menos visibilización, pero que contó con una baza fundamental: el apoyo de los padres, que fueron quienes la llevaron a la sede de Altihay con 14 años. «Antes no había tanta información, tanta visibilidad social. Sólo estaba de adolescente, sin ningún referente de mi edad. Sólo con mis padres y toda mi familia, que siempre me han dejado ser yo».

A esa edad, a los 14, no sabía ni ponerle nombre a lo que era, ni a cómo se sentía. «En casa, de niña, me vestía de princesa, pero en la calle no estaba acostumbrada a vestirme de chica y no sólo por las miradas de la gente o las críticas. Es que no sabía».

domingo, 18 de febrero de 2018

#hemeroteca #homosexualidad #franquismo | Octavio García: Un símbolo de la represión franquista contra los homosexuales

Imagen: Diario de Fuerventura / Octavio García
Un símbolo de la represión franquista contra los homosexuales.
Diario de Fuerteventura, 2018-02-18
https://www.diariodefuerteventura.com/noticia/un-s%C3%ADmbolo-de-la-represi%C3%B3n-franquista-contra-los-homosexuales

Octavio García (Las Palmas de Gran Canaria, 1931) llegó en 1954 al actual El Castillo (Antigua) a bordo de El Correíllo. “No había ni muelle”, recordaba en 2012 para una entrevista para el Archivo de la Memoria Histórica, en la que colaboró el colectivo LGTB Gamá. En el momento de la grabación habían pasado casi 60 años, pero Octavio se acordaba perfectamente de la “humillación” a la que se sometió a los presos que llegaron desde Gran Canaria a cumplir pena en el campo de concentración majorero de Tefía (Puerto del Rosario), en su caso “única y exclusivamente por maricón” según sus propias palabras.

Octavio pasó 16 meses en la bautizada como granja agrícola penitenciaria, en cumplimiento de la ley de vagos y maleantes, promulgada durante la II República y donde el franquismo encontró el hueco para incluir a los homosexuales en un período de 12 años, hasta 1966. Por Tefía pasaron unas 90 personas, la mayoría reclusos comunes que se acogían a la reducción de pena (cada día de estancia contaba por dos).

El campo acogía, así, a “parásitos y sujetos indeseables que torpemente dañan la convivencia humana; rufianes y proxenetas; mendigos profesionales; ebrios y toxicómanos habituales y demás personas que con su irregular o anormal conducta fueren merecedores de esta saludable y enérgica sanción social”, categoría en la que se englobaba a los seis gais que pasaron por la granja.

El ahora acogedor albergue era en plena época franquista un aciago edificio donde se sometía a duros trabajos a los reclusos, picando piedra o trabajando en las gavias, “inhóspitas, improductivas”, privados de cuestiones básicas como el propio alimento. “Allí se entraba con 80 kilos y se salía con 45”, explica Víctor Ramírez, investigador y expresidente de Gamá, que ha participado en el proyecto de Memoria Histórica de Canarias.

La crueldad de los administradores, sobre todo en la primera época, con un excarmelita al frente del centro, llegaba a extremos de retener los paquetes de comida que enviaban los familiares y entregarlos cuando los víveres estaban ya podridos.

Sin embargo, para Octavio García, que se libró de los trabajos forzados por sus conocimientos de la religión católica al ser él mismo un devoto creyente y fue elegido para instruir al resto de presos, lo más doloroso fue que lo acusaran de corrupción de menores y pederastia pasiva. Una terrible y falsa calumnia que ha pesado sobre él toda su vida. “¡Corruptor de menores y escándalo en la vía pública! ¡No he sido ladrón, ni maleante, ni mala persona! El único motivo para ser detenido era ser maricón”, explicó a Víctor Ramírez, que en su documentado artículo ‘Los homosexuales durante el franquismo: vagos, maleantes y peligrosos’ indica que Octavio enfatiza el insulto, “la palabra que lo ha definido durante toda su vida, la única con la que, al final, se siente identificado”, asegura el investigador.

Estos fueron los meses que le tocó vivir al que hoy se ha convertido en un símbolo del movimiento LGTBI y que volvió al centro en 2004, para recibir un homenaje del colectivo majorero Altihay. “Recuerdo que llegó taciturno, como avergonzado y casi escondido en sus gafas y su bufanda”, dice Ramírez, que participó en el encuentro. “Pero pronto se dio cuenta de que estaba entre amigos, de que todos estábamos allí para escuchar su testimonio y recompensarle de alguna manera”, concluye.

Ayudó también que el actual albergue no le recordara en nada al lugar en el que él había vivido. “Ahora es un palacio. Antes se dormía con las ventanas abiertas, con aquel viento entrando a todas horas, con una manta picona en aquel colchón, que no era ni colchón”, contaba Octavio en la entrevista para Memoria Histórica. “Los funcionarios creían que humillándonos de esa manera eso se nos iba a quitar. Y eso no se quita, es una cosa nuestra, de nuestro interior”, relata.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

#hemeroteca #menores #transexualidad | Natalia, la bloguera que ayuda a padres y madres de niños transexuales

Imagen: Diario de Fuerteventura / Natalia y Daniel
Natalia, la bloguera que ayuda a padres y madres de niños transexuales.
Eloy Vera | Diario de Fuerteventura, 2016-11-16
http://diariodefuerteventura.es/noticia/natalia-la-bloguera-que-ayuda-padres-y-madres-de-ni%C3%B1os-transexuales

Natalia Medina se sentó un día detrás del ordenador y decidió abrir un blog. Su intención no era convertirse en una bloguera que marcara tendencias ni empezar a sumar seguidores. La finalidad era dar a conocer su historia y la de su hijo Daniel, un niño transexual de 10 años de edad. El objetivo: “ayudar a otras familias a no verse tan perdidas como me vi cuando me dijeron que mi hijo era transexual”.

La historia del blog “A mi querido Daniel” comenzó en septiembre de este año. La de Natalia y Daniel hace algo más de diez años, justo en el momento en el que ella se enteró de que estaba embarazada de su segundo hijo. El embarazo fue, desde el principio, distinto al de su hija Irene. “Sentía que era un niño, pero el ginecólogo me dijo, finalmente, que no”, recuerda.

El 30 de enero de 2006 nació una niña, pero siempre fue un niño. Natalia explica cómo al principio todo iba bien hasta que “empezó a crecer y hablar y veo que no era feliz”. El pequeño era hiperactivo, vivía malhumorado y lloraba por cualquier motivo. La situación terminaría desbordando a Natalia, que llegó a recurrir a ayuda psicológica cansada de plantearse si “era una mala madre”.

Con tres años Daniel acudió a una fiesta en el colegio con el traje típico masculino canario. Días antes, le había dicho a su madre “que quería uno como el de papi”. Natalia se lo compró y, a partir de ahí, el pequeño empezó a vestirse con prendas masculinas, algo que llegaría a generar comentarios en su entorno. Ella hizo oídos sordos y solo quería ver feliz a un hijo que cuando le crecía el pelo no dudaba en coger unas tijeras y hacerse el corte que realmente deseaba.

En una ocasión, Daniel viajó una semana a Gran Canaria para ver a su abuela. Durante su estancia el niño acudió, junto a su abuela, a una boda con un vestido. Poco después, Natalia vio la foto y no tardó en preguntarle el motivo por el que había decidido ponerse esa ropa. La contestación fue: “para hacer feliz a abuela”.

Un día Natalia llegó a su puesto de trabajo. Allí, su sobrina Cahora la llamó a su mesa para mostrarle en Internet el documental emitido la noche antes en televisión y donde varias mujeres contaban su experiencia como madres de hijos transexuales.

Natalia se envalentonó y decidió llamar al teléfono que aparecía en pantalla. Al otro lado, se oyó un “hola”. Ella no pudo seguir hablando y fue su sobrina quien terminaría contando la historia a los miembros de la Asociación de Familias con Menores Transexuales Chrysallis.

Al principio, Natalia creía que se iba a volver loca. “No sabía realmente lo que era la transexualidad. Lo asocias a lo que hasta ahora conoces y no puedes creer que un niño de ocho años lo sea”, explica.

Tras el impacto inicial, esta madre empezó a sacar coraje y comenzó a buscar información, leer libros sobre la transexualidad, ver documentales sobre el tema y a marchas forzadas incorporar a su léxico términos como sexo sentido, sexo registral o disforia de género, que es el término médico para designar la transexualidad de su hijo. Sin darse cuenta había iniciado un máster en la materia.

El 20 de noviembre de 2014 Natalia mantuvo una conversación con Daniel. Tal vez, el nerviosismo de aquel día le impida recordar hoy de qué se habló exactamente aquella fecha en la que su hijo decidió llamarse Daniel. Dos días después, el niño aprovechó una reunión familiar para decir a los asistentes “hasta hoy me han conocido como Isabel. A partir de ahora me gustaría que me llamaran Daniel”, recuerda su madre.

Daniel celebró el 30 de enero su noveno cumpleaños. Ese día fue especial para el pequeño que no paró de recibir regalos. Entre ellos, uno muy especial. Dos amigos le obsequiaron con una camisa del Real Madrid con el número 9 impreso en su espalda y donde también se podía leer el nombre de Daniel.

La primera batalla estaba ganada. A partir de ahí, Natalia y su hijo inician una carrera de fondo cuya meta es que Daniel tenga los mismos derechos que cualquier niño de su edad. En la carrera les acompaña la Asociación Chrysallis, en su delegación canaria y su presidenta Eva Pascual, madre de un niño transexual y una de las activistas más importantes de esta organización que en el archipiélago aglutina a unas 30 familias, tres de ellas majoreras, asesora a otras 30 y atiende como mínimo a una nueva familia cada semana.

Eva Pascual explica desde Gran Canaria el trabajo de esta organización creada en el archipiélago en junio de 2015. “Prestamos asesoramiento y acompañamiento a familias, colegios, centros sanitarios…en definitiva a todos aquellos que nos lo solicitan y están vinculados al entorno de los menores. Debemos ser su primer abrazo”.

El 5 de mayo de 2015 entró en vigor en las islas la Ley 8/2014 de no discriminación por motivos de identidad de género y de reconocimiento de los derechos de las personas transexuales. Canarias fue después de Cataluña y Andalucía la tercera comunidad autónoma en aprobar esta ley, gracias al esfuerzo, en gran parte, de los colectivos LGTBI.

Sin embargo, en ella se sigue reconociendo como una patología mental la transexualidad. Chrysallis Canarias, junto a otras asociaciones LGTBI, trabaja para despatologizar la transexualidad y que no sean unos informes médicos los que verifiquen si una persona es o no transexual.

La lucha personal de Eva Pascual, junto al equipo humano de Tarjeta Sanitaria en Las Palmas, ha permitido que, en la actualidad, todos los niños transexuales de Canarias tengan una nueva tarjeta sanitaria con el nombre sentido por el menor y que evita, entre otras cuestiones, la humillación que supone para el pequeño que el pediatra lo llame a consulta por su nombre anterior.

Cómo evitar "microviolencias diarias"
Otra de las luchas que ha iniciado Chrysallis es que aparezca el nombre sentido por el menor en su Documento Nacional de Identidad. La Ley de Identidad de Género, aprobada en 2007, no reconoce a los niños transexuales y solo permite el cambio de nombre en el DNI a las personas transexuales mayores de 18 y que lleven dos años hormonándose.

Eva lamenta esta situación, ya que supone “un sinfín de microviolencias diarias a nuestros menores”, pero se niega a tirar la toalla. El esfuerzo del secretario estatal de la asociación, Javier Maldonado, un padre y profesor universitario de Derecho, ha permitido a más de 50 menores, algunos desde los cuatro años, modificar su nombre sentido en el DNI. Este especialista en abogacía ha buscado el resquicio legal para pedir que se cambie el nombre por uso habitual y causa justa de estos menores en los registros civiles españoles.

Natalia trabaja desde hace algún tiempo para conseguir que Daniel también pueda sustituir su nombre en el DNI. Ha tenido que presentar informes del colegio, médicos y del fiscal. La última decisión la tendrá el juez. Ese día será muy importante para ella y su familia “más que nada porque no tendrás que dar más explicaciones a nadie”, argumenta.

Daniel es hoy un niño feliz, un gran conversador que no para de lanzar frases cargadas de madurez y reflexión y que sueña con hacer la Primera Comunión el próximo año. Quizá se convierta en el primer menor transexual de Canarias en hacer la Primera Comunión acorde a su sexo sentido.

A su madre aún le quedan dos objetivos por ver cumplidos. El primero es que su hijo se coma las uvas este 31 de diciembre con su nuevo DNI. El otro que Daniel crezca y “sea lo más feliz posible en este mundo”. Mientras tanto, el blog “Mi querido Daniel” en www.nataliamedinaartiles.es suma ya más de 6.900 entradas.