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sábado, 30 de enero de 2021

#hemeroteca #gais #testimonios | Gil de Biedma en el cajetín 1.602


Gil de Biedma en el cajetín 1.602.

Ciertos aspectos de la conducta privada del poeta barcelonés merecen la reprobación, pero su obra contiene valores que una sociedad puede exhibir como admirables.
Jordi Gracia | El País, 2021-01-30
https://elpais.com/babelia/2021-01-29/gil-de-biedma-en-el-cajetin-1602.html 

Es verdad que la posición más cómoda consiste en excluir al Estado del ámbito de la cultura para evitar la tentación del control ideológico, la dirección política o la extorsión dulce (o en diferido) en que podemos incurrir profesores, escritores, comisarios de exposiciones y una larga lista de empleados públicos episódicos. La solución consecuente sería eliminar el Ministerio de Cultura y con él el Instituto Cervantes y una interminable lista de instituciones que pretenden custodiar en unos casos y difundir en otros el patrimonio material y simbólico que una cultura ha ido engendrando históricamente. Sí, es una posibilidad, pero es también una frivolidad un tanto hipócrita esa exclusión preventiva, al menos lo es para quienes creemos en el Estado como instrumento (bajo control) de control de calidad. La inmensa mayoría de la población no dispone del tiempo precioso que sí tenemos otros para determinar si Juan Marsé, Pedro Almodóvar, Miquel Barceló o Isabel Coixet merecen alguna forma de respaldo público a través de premios, exposiciones o incluso legados, como el que acaba de recibir el Instituto Cervantes de los herederos de Jaime Gil de Biedma. En todos ellos concurren valores éticos y culturales, compensadores y hasta exaltantes, tanto si han sido partidarios activos de la promiscuidad sexual o de la traición y la deslealtad sentimental, tanto si han consumido todo tipo de drogas y sustancias tóxicas y perniciosas e incluso si se han permitido prácticas privadas punibles de acuerdo con el código penal.

Y eso atañe, sí, a Jaime Gil de Biedma. A mí me parece que la buena poesía, la gran prosa y hasta la trayectoria vital misma del escritor responde sin ningún género de dudas a la calidad ética y estética que puede exhibir una sociedad para sembrar valores sustanciales, duraderos y admirables para la inmensa mayoría de la población, sea de derechas o de izquierdas, rubia o morena, alta o baja. Por supuesto que sé bien, como hemos podido seguir en redes y en medios, que algunas de sus conductas privadas merecen una activa reprobación y hasta la persecución penal, en caso de reproducirse hoy (o ayer). A Gil de Biedma le gustó el sexo con todo tipo de muchachos, más hechos y menos hechos, y no ocultó que esa debilidad erótica y sentimental incluía a menores de edad, cosa que le pone fuera de la ley y a él le puso contra las cuerdas de sus propias contradicciones culpables. Los golfillos pobres que alimentaron sus prácticas sexuales son víctimas inequívocas, como las mujeres de escritores tan respetados como Leopoldo Panero fueron víctimas de las palizas que el alcohol y el valiente arrojo acabaron echándoles encima, y tantas niñas en los burdeles fueron carne de cama de escritores que no pidieron el carnet de identidad antes de proceder: conductas censurables, y penalmente perseguibles.

La pregunta es si el Estado ha de ser fiel a la práctica puritana de negar la realidad viscosa, sucia y admirable de las personas reales y aliarse a la dulce hipocresía de apartarla discretamente de la mirada pública: ¿ha de silenciar y ocultar que nuestros cráneos privilegiados han sido, también, animales de bellota y sórdidos especímenes en algunos rincones oscuros de su alma, o ha de saber explicar a una población adulta que la alta, exquisita y trascendente creación artística a menudo está mechada, injertada y hasta alimentada de prácticas indeseables e inaceptables? Podemos seguir disfrazando de frívola y falsa solemnidad ejemplarizante la alta cultura o podemos asumir que en ella anida también, como en el deporte, la música, la banca y el periodismo, lo peor del animal y de la especie, conductas condenables sin paliativos, pero no secreteadas, ni ocultadas en un Estado democrático, sino públicamente conocidas. La publicidad y la confesión de lo execrable no ha de rebajar o condenar bíblicamente la incuestionable calidad de la obra de quienes puedan haber (podamos haber) incurrido en conductas penal y moralmente reprobables.

Una cultura saludablemente democrática no se fabrica con mentiras u ocultaciones sino con la verdad más íntegra posible, incluida la incierta y dudosa viscosidad de lo real. Entre ellas, esa misma que Gil de Biedma asumió al autorizar la publicación póstuma de sus caprichos sexuales, a la vez que sentía como deber de conciencia de un hombre rico y afortunado la solidaridad con los parias y los pobres de pedir: aquellos mismos muchachos que había buscado en su juventud de 1956, según sus diarios de entonces. De su primera edición en 1974 como ‘Diario del artista seriamente enfermo’ excluyó toda alusión a los niños e incluso a su propia homosexualidad porque bajo la mojigatería represiva del franquismo era esa práctica indecente y civilmente peligrosa. Hoy de ella nadie dirá nada (ni en público ni en privado), pero ante la primera seguimos reconociendo la carcoma de la culpa, como expresa buena parte de la poesía de Gil de Biedma sin que nadie disculpe nada: por eso está perfectamente bien en el cajetín 1.602 de la Caja de las Letras en el Instituto Cervantes.

jueves, 28 de enero de 2021

#hemeroteca #homosexualidad #testimonios | A favor del monstruo Jaime Gil de Biedma

Imagen: Zenda / Jaime Gil de Biedma

A favor del monstruo Jaime Gil de Biedma.

Carlos Mayoral | Zenda, 2021-01-28

https://www.zendalibros.com/a-favor-del-monstruo-jaime-gil-biedma/ 

Jaime Gil de Biedma era, en ese momento, pese a su vigorizante juventud, un hombre atormentadísimo. La crisis vital que le acuciaba en aquel año de 1966 arrastraba consigo una angustia de la cual no conseguía escapar. Pastillas, alcohol, sexo, y de fondo, por supuesto, el suicidio. Gil de Biedma contó en diversas ocasiones cómo se produjo la escena: la zozobra le hizo tumbarse en su corral segoviano de Nava de la Asunción para mirar el cielo y creer que la muerte, por fin, le había alcanzado. Sin embargo, cuando esta crisis existencial estaba a punto de llevárselo por delante, surgió el poema. Se titula Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma, y si alguien de los aquí reunidos no lo ha leído aún, le recomiendo que lo haga antes de pasar al siguiente renglón. Un canto contra sí mismo, ya muerto. Los traumas, la memoria, todo pesaba demasiado; pero aquel poema, paradójicamente, le había salvado la vida.

Estos días se ha desatado la polémica por un homenaje que se le ha dedicado al poeta organizado por el Instituto Cervantes y por su director, Luis García Montero. Algunos compañeros de gremio, entre los que se cuentan, por ejemplo, Andrés Trapiello, Félix Ovejero o Paul Luque, le han afeado a la institución el hecho de que se agasajen las virtudes morales de Gil de Biedma, sobre todo atendiendo a cierto episodio que el poeta relata en sus memorias. Según cuenta el propio Jaime, allá en Manila, cuando desempeñaba su labor dentro de la tabacalera familiar, pagó a un filipino de catorce años para compartir lecho con él. Surge entonces el otro Gil de Biedma, preso de la carne y los excesos, nocturno y lascivo, fatal. ¿Existiría el genio sin ese demonio?

Los reproches morales que se le puedan hacer al poeta caen sobre terreno mojado. Él mismo dedicó toda su obra y aun su vida a mortificarse por ese otro Jaime Gil de Biedma, el decadente ser que terminó destruyéndose. Hablamos de un hombre que se transformaba por el color de la ginebra mala, que acababa pisando sótanos tan negros como su reputación, con la impaciencia del buscador de orgasmos, que diría él. El Gil de Biedma heredero de Cernuda, cortés, elegante y sofisticado, convivía con el contrario, autodestructivo y fatal. Contaba Miguel Dalmau, su biógrafo, que Jaime sufrió abusos sexuales en su niñez a manos de alguien de su círculo íntimo. Además, tuvo que ocultar su homosexualidad en un contexto que no aceptaba la condición, y bregar entre su vida de señorito burgués y su conciencia de clase. Sobre la mezcla de su atormentada biografía se levantó, como digo, su poética. Mi opinión es que se ha de asumir esa condición de hombre moralmente destruido si queremos glosar la obra del mejor poeta de la segunda mitad del siglo XX. Como siempre, la obra pervivirá cuando estas condiciones éticas dominantes se trastoquen, por eso yo quiero firmar aquí un canto a favor de ese Jaime Gil de Biedma, el poeta, el artista largo frente al humano breve. El genio que dependía, inevitablemente, de su lado oscuro.

jueves, 10 de marzo de 2016

#hemeroteca #vicentealeixandre | Emilio Calderón: «Existen alrededor de 60 cartas de amor de Vicente Aleixandre a Carlos Bousoño»


Imagen: El Comercio / Emilio Calderón
«Existen alrededor de 60 cartas de amor de Vicente Aleixandre a Carlos Bousoño».
«La viuda del asturiano se enfadará, pero yo tengo que contar la verdad. Era algo que no podía obviar». Emilio Calderón Autor de la biografía 'Vicente Aleixandre. La memoria de un hombre está en sus besos'.
Azahara Villacorta | El Comercio, 2016-03-10
http://www.elcomercio.es/culturas/libros/201603/10/existen-alrededor-cartas-amor-20160310002944-v.html

Carlos Bousoño fue «el más grande amor» de Vicente Aleixandre. Ese apasionado idilio entre el Premio Nobel y el poeta y crítico boalés fallecido en octubre, es una de las afirmaciones que se esconden entre las 536 páginas de 'La memoria de un hombre está en sus besos', la primera biografía completa de Aleixandre, escrita por Emilio Calderón (Málaga, 1960) y que «incorpora correspondencia sobre su vida personal y amorosa, hallazgos sobre su bisexualidad o su ambigua relación con el franquismo». En su obra describe, además, su posición durante la guerra o su intento de exiliarse en febrero de 1938 finalmente frustrado por cuestiones burocráticas, su intimidad con varias generaciones de poetas, el ambiente en su casa de Velintonia y los sinsabores de su testamento.

Parece mentira que hayan tenido que pasar tantos años para que tengamos una biografía completa.
Pues sí. Lo llaman el Nobel olvidado. Era una cosa verdaderamente rara porque, después de que le concedieran el Nobel, vivió hasta el año 84. En consecuencia, todas las biografías que habían salido a rebufo de la concesión del premio eran incompletas, no completaban su ciclo vital. Esta, en cambio, aporta muchas cosas novedosas sobre su vida.

Por ejemplo, afirmaciones sobre sus intensas relaciones amorosas.
Sí. He puesto, negro sobre blanco, relaciones suyas que apenas se sabían, como la que mantuvo con Carlos Bousoño, que era conocida en los círculos literarios de Madrid. Otras cosa era que se ocultase, porque Aleixandre tenía una guardia pretoriana que protegía su intimidad.

Saca a la luz correspondencia hasta ahora inédita entre ellos.
Bousoño llegó a comentar a Francisco Brines que era poseedor de unas cartas de amor de Vicente Aleixandre. Existen alrededor de sesenta.

¿Dónde se encuentran?
En su archivo, en manos de Ruth Bousoño. Y ya depende de ella hacerlas públicas. Supongo que no querrá.

De hecho, según mis fuentes, está bastante enfadada con este asunto.
Pues la viuda se enfadará, pero yo, cuando hago una biografía, tengo que contar la verdad. Y no solo eso: tengo que hacer una biografía completa. Así que era algo que no podía obviar.

¿Hay cartas de Bousoño al Nobel?
No lo sé. De lo que a mí me han hablado es de la otra parte. Y lo hacen varias fuentes totalmente fiables. Además, son personas importantes dentro del mundo de las letras. Intelectuales españoles de mucho renombre, por lo que sé positivamente que no estoy diciendo nada extraño.

La biografía incluye, incluso, algunos fragmentos de esos textos.
También he tenido acceso a ellos gracias a fuentes que no voy a desvelar.

¿Qué más podremos descubrir en este libro?
Incluye, por ejemplo, el primer examen de Aleixandre, con diez años, su primer texto autógrafo. O el descubrimiento de que no se llama Vicente Pío, como se decía y como pone la Wikipedia, sino Vicente Pablo.

También habla de su posición en la guerra civil.
Así es. Él era republicano, pero no frentepopulista. Creía en la República porque pensaba que iba a traer aires de libertad. No solamente en cuanto a la igualdad social, sino también en la materia que a él le afectaba, que era su ambivalencia sexual. Es un republicano que, como viene de una familia burguesa, se convierte en sospechoso. La gente no sabe que Aleixandre fue detenido y llevado a una checa. Podía haber corrido la misma suerte que Lorca pero a manos de republicanos. Neruda y Altolaguirre interceden por él para que lo liberen, pero eso marca su futuro. A partir de ahí, pasa mucho miedo en la guerra porque está en el punto de mira.

Su relación con Bousoño surgió en pleno franquismo. ¿Cómo lo vivió?
El franquismo se aprovecha de Aleixandre. Primero lo oculta, durante los años más duros, pero luego es rehabilitado. Y no solo eso: ya para el año 50, es nombrado académico. Él, por el contrario, no colabora nunca de manera directa con el régimen. Aunque es cierto, por otra parte, que el poeta Ángel González le recrimina que no rechazase el nombramiento. Pero esa situación de Aleixandre sirve de aire nuevo para que, en torno a su figura, los poetas del 27 puedan tener un referente. Y también su casa de la calle Velintonia, donde él iba recibiendo a todos ellos.

Una casa por la que pasaron grandes como Lorca o Hernández y que, sin embargo, hoy está a la venta.
Por allí pasaron absolutamente todos, pero lo único que está protegido es el cedro que plantó en el año 40 como símbolo de renacimiento.

Asegura que puso el amor y la amistad por encima de la poesía.
Sí. Su lema era 'La vida por encima de todo'. Y, dentro de la vida, la amistad y el amor. Son sus dos ejes fundamentales. Por encima, incluso, de la poesía. Además, era el gran confraternizador de la Generación del 27. Luis Cernuda lo define como un confesor de almas. Lo sabía todo de todo el mundo porque todo el mundo se confesaba con él. Sabía escuchar, preguntaba y era una persona con un ego moderado, algo difícil de encontrar en el mundo literario.

Su legado terminó en litigio entre sus herederos y los Bousoño, que al final se quedaron con su archivo, también a la venta.
Lo único que me preocupa y me molesta es que el archivo, en manos de los Bousoño, no pueda ser consultado por los investigadores.

Padeció problemas de salud de joven que obligaron a extirparle un riñón y a llevar una vida sedendaria. ¿Cómo murió Aleixandre?
Una de las últimas frases que dice, precisamente a Carlos Bousoño, es: «La vida es un dolor». Era una persona muy lúcida y todo aquel que es lúcido no puede ser del todo feliz.

¿Era creyente?
No. Tuvo algún intento de reconvertirse cuando, siendo muy joven, en el año 22, la vedette Carmen de Granada le transmite una gonorrea. Él lo pasa muy mal y promete volver al seno de la Iglesia, pero, cuando se curó, se olvidó del asunto.


«Oye, Carlitines. Te querré hasta la muerte»
A.V. | El Comercio, 2016-03-10

http://www.elcomercio.es/culturas/libros/201603/10/carlitines-querre-hasta-muerte-20160310002755-v.html

Cuenta Emilio Calderón que, cierto día, Jaime Gil de Biedma adelantó su hora de visita a la casa de Aleixandre en Velintonia y que, «para su sorpresa, es Carlos Bousoño quien, en albornoz, le abre la puerta». Que la pasión era el motor de la vida del Nobel, para quien «Bousoño fue su amor de madurez», aunque, «mientras dura, mantiene otras relaciones, algunas de ellas con mujeres». Amigos y confidentes, ya hay correspondencia datada en 1945, pero las declaraciones de amor del sevillano para con Carlos, Carlitos, Carlitines Bousoño -como le llamaba- se suceden a partir de 1948, en la etapa más árida del franquismo, cuando Aleixandre tiene 47 años y el boalés está a punto de cumplir 25.

Es entonces cuando le escribe párrafos entregados: «Qué bonito estás, Carlitines. Qué guapo y dulce para mi amor». Misivas que «evidencian que no se trata de una relación efímera, sino profunda, canónica»: «Oye, Carlitines (qué precioso nombre, Carlitos, niño mío, mi amor, mi dicha, mi locura, mi único destino). Te querré hasta la muerte. Tú, español mío, chiquillo mío, no te irás nunca. ¿Verdad que nunca? ¿Verdad que no nos separaremos jamás?». Que demuestran que«eran almas gemelas»: «¿Te acuerdas de aquellas horas, en el cuarto mirándonos, besándote, sonriéndonos, fundiéndonos». O: «Te amo ¿Ves? Lo he dicho y no se ha hundido el firmamento. Soy feliz. Estoy como el nadador por el agua, por el cielo. Carlitos: vente conmigo y vámonos... 'a Sevilla por amor'. A donde sea. Ay, cómo me desencadeno cuando te amo (quiere decir a toda hora)». Un año más tarde, 1949, el asturiano se doctoraba con la tesis 'La poesía de Vicente Aleixandre'.

domingo, 6 de marzo de 2016

#hemeroteca #libros #vicentealeixandre | Las cartas de amor de Vicente Aleixandre a Carlos Bousoño

Imagen: Google Imágenes / Aleixandre (4) y Bousoño (7) en el Congreso de Poesía, Segovia, 1952
Las cartas de amor de Vicente Aleixandre a Carlos Bousoño.
El escritor Emilio Calderón ha logrado reconstruir la relación que mantuvo Vicente Aleixandre con Carlos Bousoño, una de las principales revelaciones de la biografía, la más completa sobre el Nobel, que se publica en la próxima semana.
Víctor Fernández | La Razón, 2016-03-06
http://www.larazon.es/cultura/musica/las-cartas-de-amor-de-vicente-aleixandre-a-carlos-bousono-DA12125798#.Ttt1uI2PcG6jxRs

Vicente Aleixandre necesitaba amar y ser amado. Por eso decía que «amo con frenesí, con inmenso deseo de sacrificio, de dedicación, de dar mi sangre y mi vida». El contenido de su corazón incluso se filtró en buena parte de su producción literaria, hasta el punto de que su yo poético se fundía con su propio yo.

Todo eso queda patente en la biografía que Emilio Calderón ha escrito sobre el Premio Nobel de Literatura y que obtuvo el II Premio Stella Maris de Biografías y Memorias. «Vicente Aleixandre. La memoria de un hombre está en sus besos», que llega la próxima semana a las librerías, documenta la vida y la obra del autor de «Espadas como labios», siendo especialmente significativos los nuevos datos sobre sus relaciones sentimentales, algunas de ellas fundamentales para entender su producción literaria. Calderón, en una laboriosa investigación, acaba con varios tabúes sobre el escritor, entre ellos, su relación con Carlos Bousoño.

El biógrafo ha podido acceder a la correspondencia hasta ahora inédita que Aleixandre mantuvo con Carlos Bousoño. En ella para nada oculta el tono de lo que evidentemente era algo más que una amistad. Bousoño, quien falleció el pasado 24 de octubre a los 92 años, fue una de las principales relaciones sentimentales de Aleixandre, que debió iniciarse probablemente a principios de 1948, aunque ambos se conocían de años atrás.

La vecina de velintonia
La relación siempre fue conocida por aquellos que formaban parte del círculo más íntimo, del poeta, como Carmen Conde, que vivía en el piso de arriba de la mítica residencia de la calle Velintonia, la hoy abandonada casa de Aleixandre. Ella misma anotó este hecho en sus diarios personales el 16 de marzo de 1949. En estas agendas tampoco faltan los reproches hacia Aleixandre o la desconfianza hacia Bousoño, Carlitos para la escritora. Véase, por ejemplo, lo que escribió la académica el 8 de julio de 1950: «Cena en Mariano, con Vicente y Conchita. La comida de fin de curso que todos los años da Amanda [Junquera]. El padre de Carlitos viene y quiere que su hijo vaya con él a Europa, en coche..., y Vicente se prepara a que le lleven a él, o a ellos dos hermanos, también. –Lo de siempre: habilidad, economía, ¡y el chico en la mano!». Conde llegó incluso a sopesar la idea de dedicarle un libro a Aleixandre, proyecto del que solamente parece ser que escribió un índice. El capítulo número 10 debía titularse «Se define un muchacho: Carlos Bousoño».

Gil de Biedma, testigo
Carmen Conde no fue la única testigo de aquella relación. Uno de los grandes admiradores literarios de Aleixandre, Jaime Gil de Biedma, adelantó un día su visita al domicilio de Velintonia. Para su sorpresa, fue el mismísimo Bousoño quien abrió en albornoz la puerta.

Las cartas recogidas por Calderón nos ilustran que Bousoño, además de amante, fue el receptor de las confidencias de Aleixandre. En este sentido, se sabe que existen misivas en las que el autor de «La destrucción o el amor» le hace partícipe de otras relaciones. Es el caso, por ejemplo, de la que redacta el 7 de julio de 1945, desde Vistalegre, donde le habla de Clara, la «niña rubia» que inspiró «Historia del corazón»: «Porque a ti puedo hablarte de Clara. He sufrido un engaño, y es que creí que aquí sufriría menos del mal de ausencia [...]. Sufro tanto que resulta que estoy un poco enfermo». Ese tono contrasta con el del epistolario que mantiene en la misma época con su buen amigo José Luis Cano, a quien le afirma, en referencia a Clara, que «pienso cómo amé a la rubia, preciosa, bellísima niña cuyo nombre no he puesto aquí. Y tengo sin embargo conciencia de que amo más a mi tremendo amor de hoy. Amo como no amé nunca».

Porque Aleixandre se volcaba cuando amaba. Eso es algo que no puede evitar reprimir cuando se pone en contacto con Bousoño. Así lo demuestra el 24 de marzo de 1948 cuando le dice «Carlitines: qué gusto, voy a escribirte como me de la gana. Libertad: diosa mía. Acabo de recibir tu carta hermosa: dulce, alegre, fresca. Una pura delicia. Ah malísimo: lo que me has dicho [y cantado con tus versos]. Qué chispeante eres, chiquillo. [Borro eso, que era un piropo]. Da gusto decir eso: “piropo”. Me da la gana de decirlo. A Carlitos le digo eso, y mucho más. Porque es guapísimo [¡mentira!] y porque le adoro, y porque es mío y me lo como a amor. A AMOR, qué gusto escribirlo con todas sus letras, y no llamarlo filosofía ni eufemístico circunloquio que le estrujan a uno el alma y le hacen a uno polvo. Pues sí: Te Amo ¿Ves? Lo he dicho y no se ha hundido el firmamento. Soy feliz. Estoy como el nadador por el agua, por el cielo. Carlitos: vente conmigo y vámonos... “a Sevilla por amor”. A donde sea». En la misma carta, el poeta apunta «ay, cómo me desencadeno cuando te amo [que quiere decir a toda hora]».

Volviendo a Bousoño, de la correspondencia, como apunta Calderón en su ensayo, se sabe que le comentó a su amigo Francisco Brines que estaba formada por unas sesenta cartas de amor, pero nunca habían visto la luz hasta ahora. El biógrafo ha tenido acceso a algunos de estos documentos, hoy guardados entre los numerosísimos papeles que Bousoño atesoraba relacionados con el Premio Nobel, entre ellos, su archivo personal, el mismo que trató de vender en octubre de 2007 junto con su esposa Ruth Crespo por unos cinco millones de euros a la Junta de Andalucía y la Diputación de Málaga. Sin embargo, la sobrina y heredera del poeta, Amaya Aleixandre, reclamó el legado de su tío, llevando a los Bousoño a los tribunales. Finalmente, el Supremo sentenció en enero de 2014 que los papeles eran propiedad de quien los había tenido siempre. No se conoce cuál será el destino definitivo de todo este fondo, probablemente uno de los más importantes de la literatura española en manos privadas.

Algunas de las cartas
7 de julio de 1945. «Querido Carlitos, sólo recibir tus cartas y escribirte es mi alegría. Porque a ti puedo hablarte de Clara. He sufrido un engaño, y es que creí que aquí sufriría menos del mal de ausencia [...]. Sufro tanto que resulta que estoy un poco enfermo. No digiero, duermo mal y me he desmejorado. En Madrid tenía a José Luis, al menos, con quien me desahogaba; aquí estoy absolutamente solo y no puedo sacar mi alma un poco a [la luz]. Como consecuencia no duermo, y al mismo tiempo no tengo ganas de comer, y tampoco digiero. Mi hermana está preocupada conmigo. Pero tú no te preocupes conmigo, porque creo que lo físico pasará, aunque lo moral no pueda pasar hasta octubre».

«Te haré la cuartilla de biografía, y esa otra que quieres sobre Pasión de la tierra; de la biografía ya he empezado esta tarde y te la mandaré en mi próxima carta, que será enseguida. ¡Qué lástima no poder decir algunas cosas! En broma, se me ocurriría escribir: “de otros datos de mi vida íntima no existe, por el momento, documentación accesible. Hemos pretendido alguna declaración directa del poeta; pero éste nos ha remitido a las memorias que está escribiendo y que anuncia para después de su muerte. Cuando hemos insistido en solicitar algún adelanto sobre su contenido, se ha sonreído ofreciéndonos mostrarnos depositarios o testamentarios de sus papeles”. ¿Qué dirá la gente?».

Marzo 1948
«Otro día. Otro día hacia ti. Qué impaciente estoy. Esperándote te escribo. Qué bonito estás Carlitines. Qué guapo y dulce para mi amor. Has entrado en mi cuarto; es de noche, como cuando cenaste aquí y nos vinimos a esta habitación, y yo me acosté y tú sentado en el borde de la cama reclinaste tu cabeza de niño sobre mi pecho. ¿Te acuerdas? ¡Cómo nos mirábamos! Yo creo que fue el día más feliz de mi vida, aunque el día de nuestro desposorio fue aún más por ser el más sagrado. ¡Qué verdadera mística es el amor! ¿Te acuerdas de aquellas horas, en el cuarto, mirándonos, besándote, sonriéndonos, fundiéndonos?

«El amante, el amado [qué graciosa palabra] es entonces eso: pedazo de cielo arrojado a los brazos de su amor para su con-fusión y su gloria. [¿Quién sabe lo que es gloria, divinidad [sí, divinidad], si no sabe lo que es estar enamorado y tener para él al ser entero que nos enloquece? Yo sé que mi capacidad de amor es inmensa y toda se desencadena para mi Carlitos. Para mi chiquillo. Chiquillo mío, te amo. Te amo: qué hermoso decirlo así, libre, feraz, reidor, latidor. Agresor también [...]».

«Oye, Carlitines [qué precioso nombre, Carlitos, niño mío, mi amor, mi dicha, mi locura, mi único destino]. Te querré hasta la muerte. Tú, español mío, chiquillo mío, no te irás nunca. ¿Verdad que nunca? ¿Verdad que no nos separaremos jamás?»

«El otro día estaba yo arriba con [nombre ilegible] y Carmen y Amanda. Aquél me preguntó “¿Tienes algo en preparación?”. Y yo contesté “Un libro de poemas amorosos”. Amanda y Carmen supieron. Tienen gran curiosidad... pero ni me piden que les lea nada. Cuando lean el poema con pausa, dirán: “Malísimo Carlitos” que “no le ama”. Pero yo las tranquilizaría diciéndoles: “Me ama... y le amo. Nos amamos. Nos amaremos [...]”.»

Poema inédito sin fecha dirigido a Bousoño


Bésame en la boca, me dijo el faraón
y yo le di mi cuerpo de varón
Ah, malo,
es un palo,
me dije después.
Qué talle más duro:
es un puro
ciprés.
Un detalle: el beso
era tan mojado
que había que pedir un paraguas.
“¿Me quieres?”, me dijo.
“Hombre, como a un hijo
no hay inconveniente”.
“Pero entonces, fijo,
quiéreme Vicente.
Pero no le quise. Sólo le di por...
fin amablemente
gracias por su amor.

lunes, 28 de diciembre de 2015

#hemeroteca #jaimegildebiedma | Gil de Biedma, un poeta en la charca de la memoria

Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma
Gil de Biedma, un poeta en la charca de la memoria.
Es uno de los poetas españoles clave del siglo XX, murió hace 25 años. Acaba de publicarse la edición completa de sus ‘Diarios’, iniciados en 1956.
Manuel Vicent | El País, 2015-12-28
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/27/actualidad/1451233688_686695.html

El lunes 21 de octubre de 1985, Jaime Gil de Biedma supo de verdad que la vida iba en serio y tuvo que internarse bajo un nombre ficticio —Jaime Costos Sánchez— en el hospital Claude Bernard, pabellón Roux, de París, para tratarse de un sarcoma de Kaposi, el primer síntoma de sida, que se le había diagnosticado ese verano. Empezaba así el martirio de su cuerpo, como el de un San Sebastián, cuyas flechas tomaban la forma de pinchazos, radiografías, termómetros y pastillas. No era la primera vez que la salud le había fallado. En 1956, de regreso de su primer viaje a Filipinas, una tuberculosis lo tuvo varado entre la cama y la hamaca del jardín en la casa solariega de La Nava, en Segovia, pero aquella enfermedad era una evanescente aura que nimbaba la imagen de un joven poeta y que le permitió iniciar un diario en que vertió toda la experiencia erótica de jabalí en busca insaciable de adolescentes masculinos en su estancia en Manila; en cambio, el cuerpo lacerado en 1985 por máculas de Kaposi no tenía nada de literario. Era un estigma que había que mantener en secreto. De hecho, solo Ana María Moix, la psiquiatra Rosa Sender, la familia más íntima, aparte de su pareja sentimental, Josep Madern, y algún consejero de la empresa Tabacos de Filipinas, de la que era secretario, sabían el alcance de su tragedia. En este último diario de 1985 expresa muy bien la angustia que le suponía recorrer un túnel que entonces solo llevaba a la muerte. En la clínica de París alternaba lecturas del economista Schumpeter en la cama con el tedio de la duermevela a la hora de la siesta, los insomnios y las pesadillas nocturnas con los calmantes, reconocimientos táctiles de los ganglios, inyecciones de interferón, electrocardiogramas, análisis de heces, ecografías de estómago. Con todo este bagaje infernal el poeta imaginaba el tormento que sería volver a Barcelona, donde habría que seguir el tratamiento y hacer frente a los rumores que inevitablemente iban a suceder.

El diario iniciado el 21 de octubre de 1985 se interrumpió el viernes 1 de noviembre. Fue como ese avión que deja de emitir señales en pleno vuelo y los controladores ignoran dónde ha ido a caer. De hecho, sus últimos apuntes son como registros en una caja negra: “O sea, 2 ampollas de 18 millones. Diluida cada ampolla con 1cc de agua para preparación inyectable. Más 2/3 ampolla de tres millones (o sea diluirla con 1cc de agua y tomar 2/3 partes)”.

El silencio perduró hasta el 8 de enero de 1990, fecha de su muerte. Pocos días antes había muerto Carlos Barral, su amigo desde los tiempos de la universidad. De esta forma, acabó la Escuela de Barcelona, aquella dorada tropa que en los felices setenta tenía asiento en los peluches rojos del pub Bocaccio de la calle Muntaner y que previamente había ensayado la modernidad en los baretos y boutiques de Tuset street, un remedo de Carnaby st. de Londres. ¿Qué habían aportado a la posteridad aquellos jóvenes de la gauche divine? Tal vez fueron los primeros en saber hundir con el dedo el hielo del gin tonic frente a los escritores del realismo social, que abrevaban vino tinto en vasos de vidrio mojado servido en los mostradores, también mojados, de las tascas de Madrid. Juan Marsé solía decir que en Madrid si pedías una ficha de teléfono en un bar el camarero siempre la daba mojada.

Entre Madrid y Barcelona se repartían la vida los poetas Caballero Bonald, Ángel González, Valente, Jaime Gil de Biedma. Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo. De todo este grupo, el heraldo hacia la muerte fue Gabriel Ferrater, quien se suicidó en 1972, a fecha fija al cumplir los 50 años, como había prometido. El 19 de marzo de 1999, día de su onomástica, José Agustín Goytisolo se cayó por la ventana mientras estaba arreglando una persiana que se había atascado. De hecho, no cayó a plomo en la acera sino en medio de la calzada, lo que demuestra tal vez que el salto fue premeditado.

Un canto maldito
Carlos Barral pasó por diversas curas de desintoxicación del alcoholismo, pero ninguna muerte tan duramente conseguida a través de un largo camino de autodestrucción como el de Jaime Gil de Biedma. Toda su vida partida en dos, como su cuerpo, de cintura para arriba el yin, poeta excelso y ejecutivo honorable de empresa; de cintura para abajo el yang, el lobo nocturno contra sí mismo en vicios estéticos en busca de la máxima degradación. Felices tiempos aquellos de la lucha antifranquista cuando todo eran hamacas, amigos, fiestas de esmoquin blanco, poemas, playas y viajes entreverados con cuerpos adolescentes. Un día llegaron a casa de Gil de Biedma dos policías de la Brigada Social para detenerle. Los recibió el mayordomo. “Tengan la bondad de esperar en la sala de visitas, —dijo— el señorito Jaime se está bañando pero les atenderá en seguida”.

El diario que Gil de Biedma inició en 1956, mientras se reponía de unas manchas en los pulmones en la casa solariega de La Nava, se ha dado a conocer ahora en sus partes sumergidas. El poeta lo reescribió cuando ya sabía que iba a morir. Esas partes ocultas constituyen un canto maldito al placer de la carne en el que la pasión por la belleza se transforma en una charca donde agonizan los peces oscuros de la memoria.

lunes, 7 de diciembre de 2015

#hemeroteca #jaimegildebiedma | Los diarios de Gil de Biedma, al fin

Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma
Los diarios de Gil de Biedma, al fin.
Un cuarto de siglo después de su muerte, esta nueva edición nos acerca más al gran poeta que quiso reformar la prosa española y cambiar de raíz el contenido de la intimidad.
José-Carlos Mainer | Babelia · El País, 2015-12-07
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/01/babelia/1448987655_710451.html

Cuando en 1974 Jaime Gil de Biedma publicó 'Diario de un artista seriamente enfermo', era un hombre convencido de su valía literaria. Dos anotaciones de febrero y abril de 1960 de los diarios que ahora conocemos revelan que ya releía entonces sus notas de 1956, antes de que en 1971 emprendiera una reconstrucción larga y minuciosa. En 1987, cuando se le diagnosticó una enfermedad más seria que la tisis de 1956, amplió notablemente el libro añadiéndole textos mucho más personales, y en 1989 entregó a Carmen Balcells para su publicación el Retrato del artista en 1956, que apareció en 1991. Un cuarto de siglo después de su muerte, esta nueva edición suma al corpus el llamado Diario de ‘Moralidades’ (1959-1965), otro de 1978 y el más breve y crepuscular de 1985, lo que duplica holgadamente lo que ya conocíamos.

Andreu Jaume (que ya editó el importante epistolario del escritor, 'El argumento de la obra. Correspondencia', en 2010) ha hecho un trabajo ejemplar como editor y anotador y ha escrito un prólogo espléndido, digno de las páginas que le siguen. Es patente, como recuerda, que el rifaciamento del diario nació como boletín del taller poético del autor y, sobre todo, como un reto de reformar la prosa española que consideraba poco apta para expresar, con sencillez, sinceridad y eficacia, la vida personal. Compartía ese sentimiento con Carlos Barral, que luego dedicó varios libros al mismo propósito, y no sé muy bien si tal era el caso de Sánchez Ferlosio y Juan Benet, cuyos modelos y objetivos fueron algo distintos. Pero cuando, en la ampliación de 1987, Gil incorporó a los asuntos de amistad y poesía páginas sobre su vida sexual y desprejuiciadas confesiones sobre sus amigos, es patente que buscó además algo más provocativo: cambiar de raíz el contenido de la intimidad en las letras españolas. Y configurar ante un lector una imagen de sí mismo. Quería que las escenas filipinas (que escandalizaron a tantos y en tantos otros provocaron una insana efusión de beatería) fueran vistas como un “dejar en suspenso toda opinión y criterio propios; interesarse de buena fe por los temas y los problemas de los demás”. Y, a la vez, demostrar que “soy todo menos espontáneo: existe un hiato intelectual que percibo demasiado bien entre el que me siento siendo y el que me siento ser y comportarse…”. Sabía, en fin, que sólo en esa duplicación se producía el mayor de sus dones: ser un poeta capaz de “el súbito don de la contemplación de un ser, de penetración de un sentido que me sobrecoge, igual que una emoción”.

El bien bautizado Diario de ‘Moralidades’ (1959-1965) escolta la creación de un libro capital en la historia de la poesía española y, sin duda, el mejor de su autor. Aunque delimitó con claridad su contenido (pensó en escribir otros poemas sobre el Valle de los Caídos o sobre su recuerdo personal de Alberto Jiménez Fraud y Natalia Cossío), concibió cada uno de ellos como un ente autónomo en un concierto total, al modo de las piezas musicales: no es casual que se refiera a sus partes como “movimientos” o hable de la búsqueda de un 'finale' certero y que, a menudo, trace un borrador o 'monstruo' que anticipa la melodía a las palabras escogidas luego. Se sabe ya dueño de una voz (el “tono fundamental de rudeza, sabiduría erótica, cinismo y sentimentalismo”) y de su personaje (con “tono de locutor de radio o periodista”, escribe con humor), a la vez que selecciona impiadosamente los modelos y antimodelos de su escritura: nada concede a Juan Ramón Jiménez (“increíble descenso hacia la tontería pura”) y todo para Antonio Machado; elogios a Espronceda, devoción por Cernuda y tedio ante Jorge Guillén, sobre quien acaba de escribir un libro (su epitafio: “Nada más irritante que esto de desarrollar ideas viejas que han dejado de interesarnos”).

El diario de 1978 es ya la obra de un poeta póstumo, como él mismo diría, que ha hecho buena su premonición de principios de 1965, un año antes de publicar en México 'Moralidades': “Lo malo mío es que ni siquiera tengo ambición de poder literario”, aunque ya sabe que ha logrado ser “un gran poeta…” intermitente. Las páginas de 1978 se cierran con una declaración más tajante: “Nada más triste que saber que uno sabe escribir, pero que no necesita decir nada de particular, nada en particular, ni a los demás ni a mí mismo…”. Pero no es cierto del todo. Necesitaba, cuando menos, vivir con intensidad en compañía, aunque fuera a costa de la enfermedad y del desorden y de la autocomplacencia mezclada siempre con la lucidez. “Mi felicidad no es otra en el fondo que querer y que me quieran”, confiesa tras una cena —copiosamente etílica— en una taberna de Girona. Las pocas páginas de 1985 se escribieron en la clínica de París donde estaba internado y anotan minuciosamente efectos de la medicación, llamadas telefónicas esperadas y alguna lectura: un repaso de las novelas de Henry James se alterna con las páginas de 'Capitalismo, socialismo y democracia', de Schumpeter, igual que en los días filipinos de 1956 las noches de orgía en los catres más sucios dejaban paso a la solemne lectura de De La Rochefoucauld en el hotel. No fue la suya una vida fácil, pero fue fiel a sí mismo, a sus versos y a sus amigos.

jueves, 5 de noviembre de 2015

#libros #testimonios | Diarios 1965-1985

Diarios 1965-1985 / Jaime Gil de Biedma ; edición de Andreu Jaume.
Barcelona : Lumen, 2015 [11-05].
672 p.
ISBN 9788426402516 / 24,90 €

/ ES / BIO
/ Crónicas / Historia - Siglo XX / Literatura / Testimonios

Poco antes de morir, Jaime Gil de Biedma dejó lista la versión íntegra de su diario de juventud, que se publicó en 1991 con el título de ‘Retrato del artista en 1956’, al que en esta edición, prologada y anotada por Andreu Jaume, se le añaden otros tres que escribió años más tarde y que habrían permanecido inéditos hasta ahora. El primero cubre un periodo comprendido entre 1959 y 1965, una época decisiva en su vida y en la que alcanzó la madurez poética. El segundo es un diario de 1978, momento en que el poeta, después de abandonar casi la poesía a finales de los años sesenta, intentó volver a escribir. Y el último es un breve dietario que Gil de Biedma llevó en una clínica de París, en octubre de 1985, cuando fue ingresado para recibir tratamiento contra la enfermedad que acabaría con su vida, en enero de 1990.

En conjunto, este libro conforma una espléndida autobiografía intelectual y moral, desde el despertar de su vocación literaria en 1956, su primer viaje a Filipinas, la consolidación de su perfil sentimental y poético, hasta la lenta y laboriosa composición de sus mejores poemas y de sus ensayos, el agotamiento de la vena lírica y el avistamiento de la muerte. A lo largo de estas páginas vemos cómo uno de los grandes poetas europeos del siglo XX escribe, ama, trabaja como alto ejecutivo de una empresa, y hace lo suyo por vivir en «este país de todos los demonios». Si antes apreciábamos solo una parte del retrato, ahora la obra está completa.

DOCUMENTACIÓN
Los diarios de Gil de Biedma, al fin.
Un cuarto de siglo después de su muerte, esta nueva edición nos acerca más al gran poeta que quiso reformar la prosa española y cambiar de raíz el contenido de la intimidad.
José-Carlos Mainer | Babelia · El País, 2015-12-05
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Los inéditos de Gil de Biedma: crónica de un distanciamiento.
Ven la luz los diarios completos del poeta, editados por Andreu Jaume, que dan cuenta de su ambición literaria y su progresiva desmoralización.
Fernando Díaz de Quijano | El Cultural · El Mundo, 2015-10-30
http://www.elcultural.com/noticias/letras/Los-ineditos-de-Gil-de-Biedma-cronica-de-un-distanciamiento/8543
Jaime Gil de Biedma, inédito, íntimo y político.
Se publican los diarios completos del poeta barcelonés que terminan su autobiografía.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-10-30
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/30/actualidad/1446205095_547096.html 
Fotogalería: Lujuria y ternura del fantasma en Manila.
El país, 2015-10-27

http://elpais.com/elpais/2015/10/27/fotorrelato/1445967807_107947.html
Gil de Biedma, el inédito de su vida.
En otoño saldrán sus últimos escritos, que lo ratifican como uno de los grandes poetas.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/29/actualidad/1440878478_014267.html

viernes, 30 de octubre de 2015

#hemeroteca #testimonios | Jaime Gil de Biedma, inédito, íntimo y político


Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma con su padre Luis. La Nava, Segovia, 1956
Jaime Gil de Biedma, inédito, íntimo y político.
Se publican los diarios completos del poeta barcelonés que terminan su autobiografía.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-10-30
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/30/actualidad/1446205095_547096.html

“Ahora, cuando examino la serie de accidentes y de crisis sucedidas durante este tiempo, se me despierta la sospecha de hasta qué punto no habré provocado yo mismo algunos de ellos y agravado otros inconscientemente. Y me parece como si hubiera estado huyendo –huyendo de algo o huyendo de mí”.

Es lo que plasmó en su diario Jaime Gil de Biedma, a sus 32 años, el sábado 19 de mayo de 1962. Ese era el vivir de uno de los poetas españoles más importantes del siglo XX, cuya onda expansiva no para de crecer. Y así queda reflejado en los inéditos que trae el libro ‘Diarios. 1956-1985’ (Lumen), con edición de Andreu Jaume, que incluye una introducción y un gran aparato de notas. Los escritos nuevos son: “Diario de 'Moralidades'. 1959-1965” (su época de esplendor creativo), ‘Diario de 1978’ (su vida tras la muerte de Franco y constatación de su sequía literaria) y ‘Diario de 1985’ (su enfrentamiento ante el diagnóstico del sida). Completa la utobiografía diarística registrada en ‘Retrato del artista en 1956’ (título definitivo y sin censurar del publicado en 1974 como ‘Diario del artista seriamente enfermo’). El volumen de 665 páginas llegará a las librerías el 5 de noviembre.

Estos diarios completan el autorretrato personal, íntimo, intelectual y creativo de este escritor nacido en Barcelona en 1929 y fallecido en esa misma ciudad en 1990, con una infancia inolvidable en Nava de la Asunción (Segovia), paraíso de sus recuerdos y de su poesía. "Es una biografía literaria y moral desde su juventud y el despertar de su vocación hasta el enfrentamiento con la muerte", ha dicho Jaume. Además, hay luces de su clarividencia sobre el tardofranquismo y la Transición. Es el Gil de Biedma buscador de la gran poesía, visionario de España, que escribía en los ratos que le dejaba su trabajo de ejecutivo en la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

Conquistador de musas
Es el mundo real de Gil de Biedma, cuya lectura lo engrandece y produce en el lector agradecimiento y conmoción. Agradecimiento por compartir el proceso creativo, la gestación y evolución del poema rodeado de los fantasmas de su vida. Sobre todo en ‘Diario 1959-1965’, donde se ve la creación de ‘Moralidades’, uno de sus grandes poemarios. En esas páginas se aprecia, explica Andreu Jaume en la introducción, “el minucioso sistema compositivo, de una lentitud tan extrema que resulta en realidad muy poco contemporánea. Gracias a ello, cada poema tiene varias capas que suelen disolverse en la facilidad con que el lector pulsa el fraseo, quedando en la memoria como un embrión que crece y segrega sentido con el tiempo, a medida que uno envejece”. También se ve, continúa Jaume, que es un Diario más esquemático del de ‘Retrato…’, “donde Gil de Biedma no se preocupa tanto por la imagen que de sí mismo trata de ofrecer cuanto por lo que quiere averiguar, aprender y escribir. Es hasta cierto punto más honesto”.

Se ven los hallazgos del tono, de la música o de la difícil transparencia. Es la oportunidad de presenciar el milagro de una creación artística. De la búsqueda de la belleza que nace de la incertidumbre, el dolor, el extravío, las heridas, la búsqueda y reconocimiento del Yo, del hallazgo de los fantasmas que lleva dentro y su lucha por aceptarlos y vencerlos.

Una persona que lo que más ambicionaba era “llegar a ser un gran poeta”. Y lo logra con menos de cien poemas. Y sin escribir siempre porque ya en los años 70 deja de hacerlo. Su honestidad queda reflejada en 1978: “Nada más triste que saber que uno sabe escribir, pero que no necesita decir nada de particular, nada en particular, ni a los demás ni a sí mismo”.

Franco y la Transición
Son los años del desencanto. De todo. Franco ha muerto tres años antes, la democracia se abre paso, pero Gil de Biedma y muchos de su generación ya llegan cansados, agostados, y ha sido tan larga, grande e ilusionante la espera que la realidad parece más pequeña. Los fantasmas de la dictadura aún lo persiguen. El poeta sueña como condenado a muerte. Varias veces. “Por garrote esta vez, junto con otros dos condenados a quienes conocía pero que no recuerdo. Conducción en una camioneta: viajan con nosotros el verdugo y la silla”, escribe Gil de Biedma.

Sobre su mirada de la dictadura escribe, el 4 de marzo de 1965: "El franquismo no es más que un caos ideológico, aglutinado por el miedo, y presidido por un individuo de enorme astucia política y con una increíble intuición -hasta ahora- de por dónde pasan las líneas de fuerza que le permiten mantenerse en el ejercicio del poder".

Y Gil de Biedma avista la situación cuando muera el dictador: "Los frenos del proceso de liberalización , una vez desaparecido Franco, son fundamentalmente dos: 1) la tendencia de todo ‘stablishment’ político a perpetuarse tal cual. 2) Mucho más importante: el recuerdo de la guerra civil y el miedo de las clases actualmente en el poder -si ese miedo es capaz de impedir toda tentativa de racionalización política derechista de un estado de cosas que les será aún, en muchos aspectos, resueltamente favorable".

Luego reflexiona sobre la actitud de la sociedad española: "Quizá sea optimista, pero pienso que ese segundo factor puede aminorarse espectacularmente si en los doce meses que sigan a la muerte de Franco no se produce ningún estallido -y me extrañaría muchísimo que se produjera".

Erotismo y felicidad
El registro de su vida sentimental, amorosa y sexual es mucho menor comparado con el intelectual. Da cuenta de algunos enamoramientos, de sus relaciones en parejas estables como cuando el 31 de mayo de 1961 escribe: “la enfermedad de L., que lo ha mantenido en su casa, me ha desmoralizado por completo, echándome en brazos de las obsesiones eróticas y de la bebida como exceso habitual. Bastante preocupado por esto último –el incremento de mi consumo diario de alcohol a partir de las ocho de la tarde”.

La poca presencia de pasajes eróticos o sexuales parece quedar explicada cuando el 23 de marzo de 1965, Gil de Biedma reflexiona, tras recibir la carta de un amigo con profusión de aventuras sexuales: “He recordado mi diario de Manila, hace nueve años, en el que aparecen consignados con la misma candidez notarial y con el mismo entusiasmo detalles muy parecidos, y he caído en la cuenta de cómo la edad modifica nuestra actitud con respecto a las actividades eróticas. A los 25 años consideraba casi obligatorio decir lo que uno tiene gusto en hacer, llamando pan al pan y vino al vino; ahora pienso que para qué contar lo que a uno le gusta, si a todos nos gusta hacer lo mismo y con media palabra nos entendemos”.

Gil de Biedma escribió de la felicidad furtiva; del paso del tiempo, que es el Tiempo y sus criaturas en la oscuridad. De la orfandad amorosa. Estos inéditos muestran sus cambios sobre su concepción de uno de sus grandes temas. Jaume siempre ha dicho: “La reflexión sobre la experiencia amorosa es constante, como en sus poemas. Y lo importante es que no se trata de un poeta gay, como lo es Cernuda o Cavafis. Gil de Biedma amaba seres humanos, no causas”.

Era un poeta que tenía una gran conciencia de su Yo, de su mundo para la poesía, y ese mismo Yo lo aplasta y le ahonda la sensación de desamparo.

En 1978 Gil de Biedma confiesa: "Pero mi felicidad no es otra en el fondo que la de querer y que me quieran, sumada a la de encontrarnos el uno con el otro, inesperadamente rescatados de la rutina urbana, sin nada que hacer más que disfrutar del intermedio".

Los vaivenes de su ánimo y su duelo con sus fantasmas y demonios lo llevan a reconocer que es feliz con Josep, pero escribe: "Lo que he descubierto ahora, siendo feliz, con una certeza que se ha ido haciendo cada vez más consciente, día tras día, es que hay una parte de mí que ya no desea vivir mucho".

Un privilegio conocer aún más a este Gil de Biedma conquistador de musas y domador de demonios.

DOCUMENTACIÓN
Fotogalería: Lujuria y ternura del fantasma en Manila.
El país, 2015-10-27

http://elpais.com/elpais/2015/10/27/fotorrelato/1445967807_107947.html#1445967807_107947_1446198862
Gil de Biedma, el inédito de su vida.
En otoño saldrán sus últimos escritos, que lo ratifican como uno de los grandes poetas.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/29/actualidad/1440878478_014267.html

lunes, 31 de agosto de 2015

#hemeroteca #testimonios | Gil de Biedma, el inédito de su vida


Imagen: El País / Jaime Gil de Biedma en Nava de la Asunción, Segovia
Gil de Biedma, el inédito de su vida.
En otoño saldrán sus últimos escritos, que lo ratifican como uno de los grandes poetas.
Winston Manrique Sabogal | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/29/actualidad/1440878478_014267.html

La voz de Jaime Gil de Biedma volverá este otoño. Lo confirmará como un poeta libre en la poesía española con la publicación de unos diarios inéditos y reveladores de su vida literaria y privada. Recordarán que fue un eslabón con el tiempo extraviado de la poesía española con el Romanticismo para ponerla en la modernidad real.

La primera vez que Gil de Biedma (Nava de la Asunción, 1929 - Barcelona, 1990) fue consciente de su propia voz tenía tres o cuatro años. Sus palabras se abrieron paso en la penumbra de una siesta para preguntar cuándo irían a San Rafael, la casa familiar de veraneo en Segovia. Medio siglo después, en 1981, dejó escuchar su última voz poética: “La vida a veces es tan breve / y tan completa que un minuto / —cuando me dejo y tú te dejas— / va más aprisa y dura mucho”. Nueve años después moriría de sida.

Veinticinco años más tarde la voz de Gil de Biedma, gran poeta de la Generación del 50, retornará en ‘Diarios’ (Lumen), con edición del crítico Andreu Jaume. “Es una biografía literaria y moral desde su juventud y el despertar de su vocación hasta el enfrentamiento con la muerte”, avanza el editor y crítico, antes de que llegue la ventisca del morbo sobre sus andanzas sexuales.

Es un volumen que reúne sus voces conocidas y por descubrir: ‘Retrato del artista en 1956’ (título definitivo y sin censurar del publicado en 1974 como ‘Diario del artista seriamente enfermo’), una serie de apuntes de los años 60, el mítico diario de 1978 y otro de 1985, cuando le diagnosticaron sida. Todo acompañado de un aparato de notas y un estudio introductorio de Jaume.

Retazos de vida donde se ve a un poeta que “siempre se enfrentó a sí mismo con enorme severidad”, según el editor. Escritos de alta calidad, pues era consciente de estos diarios como parte de su obra, “con un gran interés porque aportan algo a su poesía y su vida”, cuenta Juan Marsé, quien fuera uno de sus mejores amigos.

En esos ‘Diarios’, asegura Jaume, se reafirma como uno de los grandes poetas españoles del siglo XX; confirma su acertada y acerada mirada sobre la literatura y sus creadores; hay más luces de su clarividencia sobre el tardofranquismo y la Transición; y eclipsa “la banalización a que ha sido sometido su nombre” en el imaginario popular derivada de su vida sexual y no deja dudas de que no era un ‘poeta homosexual’, solo era un poeta en quien los sentimientos, el amor y el sexo son sentidos, apreciados y vividos sin etiquetas, sin prejuicios, sin vergüenzas, sin miedo.

No solo buscó insertar la poesía española “en el gran romanticismo europeo, superando el techo del simbolismo”, explica Jaume, “sino que ha sido el poeta español más consciente de su oficio. Su dominio técnico, su trabajo crítico y su conocimiento de las posibilidades expresivas de la lengua, desde la Edad Media, pasando por el Renacimiento y el Siglo de Oro, hasta su ruptura con el 27”.

Todo Gil de Biedma es voz. Voz que conversa con los lectores, en lírica o meditación; que le habla a cada uno como si fuera solo a él porque le cuenta sus intimidades y preocupaciones, deseos y sueños. Lo que hace es prolongar las voces que lo acompañaron en su infancia en San Rafael y Nava de la Asunción (Segovia) donde pasó la Guerra Civil y muchas temporadas, con familiares que hablaban, incluso, como reconoció, “de una manera deliberada para producir un efecto estético”.

Escribió de la felicidad furtiva; del paso del tiempo, que es el Tiempo y sus criaturas en la oscuridad. De la orfandad amorosa. Estos inéditos mostrarán los cambios sobre su concepción de uno de sus grandes temas, según Jaume: “La reflexión sobre la experiencia amorosa es constante, como en sus poemas. Y lo importante es que no se trata de un poeta gay, como lo es Cernuda o Cavafis. Gil de Biedma amaba seres humanos, no causas”.

Esparcida y extraviada, aquí y allá, España como esquirlas. Mucho antes de que muriera Franco en 1975 publicó el tercero y último poemario, Poemas póstumos, de 1968. Después poemas sueltos en revistas. El problema de Gil de Biedma, como el de muchos compañeros de generación, recuerda Andreu Jaume, “es que cuando llegó la democracia estaba ya muy herido, cansado y desencantado de todo. Luego se acomodaron a la libertad, sin grandes entusiasmos. Sabía que España era un país con un retraso histórico muy difícil de solucionar”.

Veinticinco años han esperado estos diarios para dejar el silencio, los años que lleva muerto su autor. Tan esperados, tan legendarios. “¿Por qué ahora?”. Avanzado el sida, aquel que escribiera “que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde” pasó el verano del 89 con Marsé y su mujer, luego murió su madre, en diciembre su amigo Carlos Barral y 27 días después él, el 8 de enero de 1990, y cuatro años más tarde Pep Madern, su pareja. El material inédito quedó en manos de la agente literaria Carmen Balcells, a quien el poeta pidió que no los publicara hasta pasados por lo menos 20 años, y se despejaran prejuicios y sombras sobre lo allí contado. Ese tiempo se ha cumplido.

Será su última voz. ¿Cómo será? Lo que sí se sabe es que una de sus voces más queridas por él es la de ‘Pandémica y celeste’, en cuyos versos Jaime Gil de Biedma confiesa: “Yo persigo también el dulce amor, / el tierno amor para dormir al lado / y que alegre mi cama al despertarse, / cercano como un pájaro”.

Las voces del autor
‘En palabras de Jaime Gil de Biedma’ es la exposición que el Centre Arts Santa Mònica inaugura en Barcelona el 9 de septiembre hasta el 25 de octubre. La comisaria es Inés García-Albi, sobrina del poeta, cuya intención, cuenta, “es volver a su concepción poética, su manera de crear poesía, por eso se oirán sus poemas, porque para él era importante la lectura en voz alta”.

Es un Gil de Biedma sonoro, con muchos audios sobre él y de los acontecimientos que marcaron su vida. Además, agrega García-Albi, “estarán los sonidos de Jaime, lo que él oía en casa y algunas músicas como el cuplé”.

Otra novedad será el documental ‘Apuntes para una autobiografía’. Además, habrá un ciclo de conferencias coordinado por Jaume Andreu.

domingo, 1 de febrero de 2015

#hemeroteca #gildebiedma | Veinticinco años sin Gil de Biedma

Imagen: Hoy es arte
Veinticinco años sin Gil de Biedma
Javier López Iglesias | hoyesarte, 2015-02-01

http://www.hoyesarte.com/in-memoriam/25-anos-sin-gil-de-biedma_190678/

'Que la vida iba en serio...'. Así emerge uno de los míticos poemas de Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929) del que se cumplen 25 años de ausencia. Fue en enero de 1990. Aquella madrugada, como contrapunto a aquel verso y apaleado por el sida, el poeta comprobó en sus propias carnes que, en realidad, lo que iba en serio era la muerte.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
–como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería 
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y a verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.


En continuo viaje

Había nacido el 13 de noviembre de 1929 en una familia de la burguesía castellana. Su vida transcurrió entre Barcelona, “aquí he vivido casi siempre”, Nava de la Asunción (Segovia), “donde mi familia posee una casa en la que pasé los tres años de la Guerra Civil y a la que siempre acabo por volver”, Manila (Filipinas) y su casa de Ultramort (Bajo Ampurdán).

Tras estudiar Derecho en Barcelona y Salamanca y Economía en Oxford, empezó a trabajar en la Compañía General de Tabacos de Filipinas lo que le llevó a pasar largas temporadas en Manila, “ciudad que adoro y que me resulta bastante menos exótica que Sevilla, porque la entiendo mejor”, aunque una década después de esas palabras, escribía: “Manila ya me aburre y en cambio me fascina Sevilla, por primera vez descubierta en noviembre de 1976, después de haber estado en ella cuantísimas veces”.

Poeta desde siempre

“Durante años he aspirado a ser un gran poeta. ¿Por qué no? Inteligencia, experiencia, sensibilidad, don verbal, curiosidad y pasión por el oficio… todo eso tengo y, sobre todo, el súbito don de contemplación de un ser o de una cosa, de penetración en un sentido que me sobrecoge igual que una emoción”.

En 1956 recoge estas palabras, en su diario, Jaime Gil de Biedma. Cabría pensar, a bote pronto, que quien habla es persona segura de sí misma, soberbia si se quiere, engreído. En absoluto. Hablamos de un diario privado para no ser leído nada más que por él mismo y en esas líneas concebidas en la intimidad se radiografía la esencia de una obra, –concretada en tres libros: "Compañeros de viaje" (1959); "Moralidades" (1966) y "Poemas póstumos" (1968)– que convierte a su autor en un grande de la poesía en español. Creador que lejos de autocomplacencias se autorretrata con sarcasmo y dureza:

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación –y ya es decir-
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.


(Contra Jaime Gil de Biedma)

De la Generación del 50

Poco amigo él mismo de encuadrar la literatura en grupos y generaciones cerradas, es considerado poeta social de la llamada Generación del 50.

Su carrera literaria arrancó con la publicación de dos "plaquettes": "Versos a Carlos Barral" (1952) y "Según sentencia del tiempo" (1953), pero no será hasta 1959 cuando da a la luz su primer poemario "Compañeros de viaje", al que seguirá siete años más tarde "Moralidades" y, en 1968, "Poemas póstumos". En 1975, bajo el título "Las Personas del Verbo", reunió el conjunto de su producción poética, que amplió con ocho poemas más en una última edición de 1982.

El paso del tiempo y la memoria como constantes. Una memoria siempre nimbada de nostalgia y, a su modo, de engaño. El propio Gil de Biedma apuntaba que lo que caracteriza el paso del tiempo que la memoria pretende conservar o rescatar es su constante movilidad. A menudo se pretende reemplazar la historia –la de cada uno también– por el mito y se asume como visión permanente del pasado lo que no fueron más que momentos; flecos de felicidad.

Nada hay tan dulce como una habitación
para dos, cuando ya no nos queremos demasiado,
fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo
y parejas dudosas y algún niño con ganglios,

si no es esta ligera sensación
de irrealidad. Algo como el verano
en casa de mis padres, hace tiempo,
como viajes en tren por la noche. Te llamo

para decir que no te digo nada
que tu ya no conozcas, o si acaso
para besarte vagamente
los mismos labios.

Has dejado el balcón.
Ha oscurecido el cuarto
mientras que nos miramos tiernamente, incómodos
de no sentir el peso de tres años.

Todo es igual, parece
que no fue ayer. Y este sabor nostálgico,
que los silencios ponen en la boca,
posiblemente induce a equivocarnos

en nuestros sentimientos. Pero no
sin alguna reserva, porque por debajo
algo tira más fuerte y es (para decirlo
quizá de un modo menos inexacto)
difícil recordar que nos queremos,
si no es con cierta imprecisión, y el sábado,
que es hoy, queda tan cerca
de ayer a última hora y de pasado mañana
por la mañana…

(Vals de aniversario)


Su bibliografía se completa con la colección de ensayos y estudios literarios "El pie de la letra" (1980) y el peculiar diario de juventud "Retrato del artista" en 1956, cuya versión íntegra y respetando su voluntad no fue publicado hasta después de su muerte.

Admirador confeso de Luis Cernuda, César Vallejo, Antonio Machado, Baudelaire y Byron, no es desdeñable su labor como traductor de autores tan distintos como Bertolt Brecht, Auden, George Brassens, Àlex Susanna o T.S. Elliot.

Nunca hizo alarde, aunque nunca ocultó su condición de homosexual. El amor, el consumado y el inalcanzable, y el erotismo desinhibido son temas de peso a lo largo de su producción.

Frustraciones y nostalgias

Pero el poeta no cae en la tentación de eludir realidades, agarra la poesía por los cuernos y en ese extraordinario ejemplo de madurez y franqueza que constituye el libro "Moralidades", que por razones de censura hubo de publicar en México en 1966, nos lanza a la cara (entre frustraciones y nostalgias) una serie de verdades:

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo…

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado sólo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
–con cuatrocientos cuerpos diferentes–
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…

Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
–mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

(Pandémica y celeste)


Y la amistad, que cultivó y mucho (Gabriel Ferrater, Luis Cernuda, Juan Marsé, José Olivio Jiménez, Carlos Barral, José Ángel Valente, María Zambrano, José Agustín Goytisolo, Àlex Susana…)

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.

Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
qye se conocen
por encima de la voz y de la seña.

(Amistad a lo largo)

Cine y muerte

Gran aficionado al cine fue coguionista, con Juan Marsé, de la película "Tocar el piano mata", rodada por Jaime Camino en 1972. La biografía del poeta escrita por Miguel Dalmau fue adaptada al cine por Sigfrid Monleon en 2009 en la polémica e irregular "El cónsul de Sodoma", en la que el actor Jordi Mollá interpreta a Gil de Biedma.

E inevitable, la muerte. La de los otros:

Nos lo dijeron al volver a casa. Estabas
mirándonos, caído en la sillita del planchero,
con los ojos atónitos del que acaba de ver
la inexplicable proximidad de la muerte

y casi no se queja. Te ofrecimos
algunas vagas frases que hicieran compañía,
cualquier cosa, porque estabas ya solo
definitivamente. Cuanto hubiese querido
ser el mismo de entonces…

(Muere Eusebio)


Y la propia que el poeta imagina, según parece y cuentan quienes le trataron, como resultado directo de una depresión. Angustiado ante la idea del suicidio decidió que un modo de quitarse ese miedo de encima era escribir su “después de”:

En paz al fin conmigo
puedo ya recordarte
no en las horas horribles, sino aquí
en el verano del año pasado,
cuando agolpadamente
–tantos meses borradas–
regresan las imágenes felices
traídas por tu imagen de la muerte…
Agosto en el jardín a pleno día.

Fue un verano feliz.
…El último verano
de nuestra juventud, dijiste a Juan
en Barcelona al regresar
nostálgicos,
y tenías razón. Luego vino el invierno,
el infierno de meses
y meses de agonía
y la noche final de pastillas y alcohol
y vómito en la alfombra.
Yo me salvé escribiendo
después de la muerte de Jaime Gil de Biedma.


Y a la postre, toda una declaración de intenciones en "De vida beata", el poema con el que cierra, persiguiendo el sosiego, el último de sus libros.

En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.


A los 61 años, la muerte se lo llevó por delante el 8 de enero de 1990. Han pasado 25 años. Desde entonces yace en el cementerio segoviano de Nava de la Asunción.

DOCUMENTACIÓN
Veinticinco años sin Gil de Biedma
Peio H. Riaño | El Confidencial, 2015-01-07

http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-01-07/contra-jaime-gil-de-biedma-25-anos-despues-de-su-muerte_616720/