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jueves, 5 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #violencia | ¿Nosotras contra nosotras?

Imagen: Público / Movilización feminista en Madrid, noviembre 2019
¿Nosotras contra nosotras?
Cristina Fallarás | Público, 2020-03-05

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras/2020/03/05/nosotras-contra-nosotras/

Cuando respondes a una pregunta es porque la aceptas. O sea, en tu respuesta va implícito el reconocimiento no solo de quien pregunta, sino de los términos en los que lo hace. Valdría como ejemplo universal e idiota aquel "¿A quién quieres más, a mamá o a papá?".

He pasado un año largo negándome a responder a la siguiente pregunta sobre la prostitución: ¿Eres abolicionista o ‘regulacionista’? Y lo he hecho porque se trata de una pregunta trampa, además de una pregunta, si se me permite, boba. Me la he tenido que oír decenas de veces, en tanto que feminista, y todas y cada una de ellas he respondido lo mismo: Mi lucha es por los derechos de las mujeres y sobre todo contra la violencia física, sicológica, económica, social, política, educativa, sanitaria, legal etcétera que se ha ejercido siembre y se sigue ejerciendo contra nosotras.

Todo este tiempo, además, me he negado a escribir sobre el asunto, y si lo hago ahora es profundamente preocupada por la fractura brutal que se está imponiendo al movimiento feminista. Más bien, fracturas. Porque como la del abolicionismo / regulacionismo no acabó de funcionar, o sea no acabó de quebrarnos, ha llegado una nueva andanada, la de la transfobia. Y parece que esta viene más dura.

El feminismo es un movimiento político, universal y solidario. Político, no social. Universal porque abarca el mundo entero. Y solidario, porque aquello que funciona en Chile se aplica en Alemania, y la agresión de una mujer en Canadá tiene su representación y respuesta en Italia o Filipinas. Deberíamos remontarnos a principios del pasado siglo XX para encontrar un movimiento político de tal envergadura. Y eso da miedo, claro que da miedo. Eso pone en peligro los privilegios de la mitad de la población, pero sobre todo la construcción económica global y toda opresión derivada del hecho religioso. La lucha feminista es una lucha por los derechos de las mujeres y contra la violencia habitual y constante que se ejerce contra nosotras. Y es una lucha de clase.

Por eso resulta evidente que hay enormes sectores de poder empeñados en fracturar el movimiento, en no permitir que crezca, que prospere, que cunda. Y la mejor forma de quebrar una lucha es desde dentro.

En cuanto al asunto del ‘regulacionismo’ o no de la prostitución, la cosa es bastante simple. Demos por buena la idea de que la prostitución es un trabajo que algunas mujeres ejercen por voluntad propia y libremente. Bien, para regularlo, como sucede con cualquier otro sector, sería necesario un censo de trabajadoras. No se puede reglamentar un sector difuso y confuso. Hay que delimitar el objeto. Eliminemos del grupo, en esto el consenso es total, a todas aquellas prostitutas fruto de la trata; eliminemos también a todas aquellas prostituidas por uno o varios seres humanos a la fuerza; eliminemos a aquellas que lo son como consecuencia del maltrato habitual; eliminemos a aquellas que, a raíz de ser prostituidas o abusadas desde menores, han sido educadas en la prostitución... ¿Qué nos queda? ¿Cómo censamos ese poco o nada que queda? ¿Qué tipo de legislación laboral podría crearse, de acuerdo con los derechos humanos y con la no aceptación de una brutal opresión de clase?

Sin responder a las actuaciones y preguntas anteriores, la cuestión de "regulación, sí o no" se convierte en un enunciado vacío cuya única utilidad reside en enfrentar a una parte del feminismo con otra. Y alimentar la risa de todos los puteros que en el mundo son, o sea millones y millones de hombres. Engordar también, sí, la satisfacción de la carcundia antifeminista, de nuevo millones y millones, de hombres y de mujeres.

Vamos ahora con el asunto de la transfobia, porque es más complejo.

En las últimas conferencias o clases o debates en los que he participado, se me han acercado grupos de mujeres jóvenes a afearme mi supuesta transfobia. Entiendo que eso quiere decir que odio a las personas trans. Llevo los suficientes años defendiendo sus derechos como para no tener que extenderme en explicaciones. Pero baste decir que, por supuesto, contemplo el género como algo diferente al sexo, y que respeto cualquier opción, faltaría más. Tener que decir esto, a estas alturas, me produce sonrojo.

En general, las críticas me llueven del hecho de haber afirmado que yo no soy un "cuerpo gestante" sino una mujer. Porque así lo creo, soy una mujer, y tal afirmación no supone negar que otra lo sea, por descontado. ¿Dónde está, pues, el problema? Supongo que en aquello llamado cisgénero que define a aquellas personas cuya identidad de género coincide con su sexo. Yo nazco con vulva y soy mujer. O sea, soy cis. Bueno, pues aceptemos la definición. Se trata de nombrar. El problema empieza cuando cunde la idea de que ese "cis" supone un eje de represión y de fobia, que son equivalentes, que ser "cis", o sea mujer con vulva, me convierte en alguien macerado en odio que ejerce violencia contra quienes no son como yo. En términos de sexualidad, vendría a ser como si el hecho de ser heterosexual encerrara en sí mismo una agresión. O el hecho de ser blanca. Por supuesto, yo puedo ser blanca y antirracista, lo que sería idiota es pretender que soy negra. Yo soy bisexual, lo que jamás ha hecho que observe con recelo a las personas heterosexuales.

Y aquí viene el meollo de la cuestión: Debe mediar una intención aviesa para considerar que toda aquella persona que no es transexual es tránsfoba. Y debe mediar un movimiento bien orquestado para crear una corriente de pensamiento que cunda en tal dirección. De eso se trata.

Estamos hablando de feminismo y de violencia. Es en la construcción del feminismo y la lucha contra la violencia y contra el capitalismo que la sostiene donde deberían centrarse todos nuestros esfuerzos, ¡madre mía lo que todavía nos falta!, y sin embargo llevamos ya demasiado tiempo enredándonos en debates impuestos y aparentemente incomprensibles. Incomprensibles a no ser que una se pregunte el clásico ‘Qui prodest’: ¿A quién beneficia?

Este miércoles, a cuatro días de la manifestación del 8M, he oído a Diana Cardo, activista trans, declarar a un periodista de la cadena Cuatro que si hace falta usarán "la violencia" (¿ella y quién más?) en la movilización para defender sus derechos.

¿De verdad hemos llegado a este punto?

¿De verdad una mujer activista y en teoría feminista cree que va a darse de hostias con otras mujeres feministas en una manifestación organizada a favor de los derechos de las mujeres y contra la violencia machista?

¿De verdad nosotras contra nosotras?

De nuevo: ¿A quién beneficia? Responda cada una lo que le venga en gana, pero tratemos de no lanzar la respuesta contra la cara de la que tenemos al lado. Si acaso, propongo echar una ojeada a los que, un poco más allá, se están frotando las manos muertos de la risa.

lunes, 24 de febrero de 2020

#hemeroteca #transfobia | Qué es el “lobby trans” al que el Partido Feminista culpa de su expulsión de IU

Imagen: El Salto / Orgullo Crítico en Madrid
Qué es el “lobby trans” al que el Partido Feminista culpa de su expulsión de IU.
Feministas transexcluyentes ven en la expulsión del Partido Feminista del seno de Izquierda Unida la mano del “lobby trans”. Pero, ¿qué es este lobby y quién lo maneja?
Patricia Reguero | El Salto, 2020-02-24
https://www.elsaltodiario.com/transexualidad/lobby-trans-partido-feminista-iu-expulsi%C3%B3n

Un “lobby trans” está detrás de la expulsión del Partido Feminista del seno de Izquierda Unida. No solo eso, sino que, además, “rige los destinos de la izquierda”. Es la explicación que ve el partido de Lidia Falcón tras una cifra: el 85%, el porcentaje de votos de la Asamblea Político Social con el que se ha expulsado a esta organización política de Izquierda Unida.

Estos argumentos han circulado en diferentes versiones en las redes sociales desde que se conoció la decisión de la asamblea de Izquierda Unida. Pero, ¿qué es el “lobby trans” y quién lo maneja?

Una búsqueda en Google da una primera pista y muestra que son medios ultracatólicos o de extrema derecha los que utilizan el concepto de “lobby trans”, una conexión que hace también el sociólogo y activista LGTB Lucas Platero. “Es curioso ver cómo el lenguaje de la derecha es parecido al del feminismo conservador, que es también tránsfobo; estamos viendo alianzas que, por otra parte, no son insospechadas, porque esto lo hemos visto en las “guerras del sexo” con el tema de la antipornografía”, dice Platero en referencia a las 'feminist sex wars' en las que feministas de Estados Unidos se enfrentaron en los años 70 por temas como la pornografía.

En su opinión, la aparición del concepto de “lobby trans” alberga cierto paralelismo con el manoseado “lobby gay” —concepto que también usa Falcón— en el contexto del debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo en España, aprobado en 2005. Hoy, lo que hay sobre la mesa es una propuesta de Ley Trans y un Ministerio de Igualdad que se ha declarado abiertamente transincluyente. “Hablar del ‘lobby gay’ o del ‘lobby trans’ es una manera interesada de introducir cierta sospecha sobre consensos sociales amplios sobre la constitución de derechos que son nuevos y genera resistencias”, explica.

Sin embargo, llama la atención sobre un hecho: no existe en el Estado español una tradición feminista tránsfoba. En sus dos investigaciones publicadas junto a Esther Ortega Arjonilla sobre este asunto (“Building coalitions: The interconnections between feminism and trans activism in Spain” y “Movimientos feministas y trans* en la encrucijada: aprendizajes mutuos y conflictos productivos”), Platero acredita que las mujeres trans han formado parte de las discusiones del movimiento feminista al menos desde 1993. “Cuando se habla de lobby, se presupone que existe una élite trans que se dedica a tomar decisiones: eso es imposible”, concluye.

Pese a que no existen estudios que analicen de manera específica la situación de las personas trans en España, sí hay algunos datos que ayudan a dar algunas pistas. Empleo, salud o educación son algunos asuntos sobre los que reflexionar.

Con una encuesta realizada en 2019, la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) asegura que el 42% de las personas trans que participaron en la encuesta sufrieron amenazas o maltrato psicológico durante 2018. El sondeo releva además que casi el 70% de las 70 personas entrevistadas fueron insultadas en este periodo de tiempo, el 31%, acosadas y que el 42% sufrieron negación al acceso laboral. Además, muestra que el 16% fue víctima de agresiones o abusos sexuales, mientras que el 9% sufrió violencia con lesiones y el 12% violencia sin lesiones. Por otra parte, el 19% reconoció haber sufrido discriminación a la hora de acceder a los servicios sanitarios y el 31% haberla sufrido al intentar acceder a otro tipo de servicios.

Para Platero, lo que hay de fondo es una cuestión sobre la hegemonía: “Estas señoras ahora no son tan importantes porque ahora la gente joven es feminista sin pedir permiso a nadie. Y le interesa Paul B. Preciado, Virginie Despentes, Miquel Missé, Itziar Ziga, Javier Sáez, Fefa Vila... nombres que no son ese feminismo de la segunda ola que llama a la unidad de una mujer, en singular”. 
 
Dos años denunciando
“Lo que ha pasado en Izquierda Unida es lo que pasaría en cualquier otro partido, porque Falcón ha hecho declaraciones contrarias al partido, la pregunta no era si había que expulsarlo sino cuándo se iba a hacer”, explica a El Salto Diana Cardo, una mujer trans que se afilió a Izquierda Unida en los años 90 y es militante desde entonces.

Cardo se cuenta entre las personas que, hace algo más de dos años, empezaron a poner el dedo en la llaga dentro de la coalición, una denuncia que ha venido también desde fuera: la Federación Trans acusó al Partido Feminista de haber cometido un delito de odio por unas declaraciones de este partido en diciembre.

Desde que en 2016 salió del armario e hizo pública su identificación como mujer trans, ha vivido algunas situaciones desagradables en el partido. Sin embargo, el concepto de “lobby trans” ha aterrizado de manera aún más reciente en sus redes.

“El ‘lobby trans’ es una cosa que se han sacado de la máquina de propaganda las feministas transexcluyentes para desprestigiar al colectivo trans”, dice. Cardo cree que las mujeres trans no podrían invisibilizar a las mujeres (cis), aunque quisieran: “En España solo el 0,025% de la población se declara trans, y podemos suponer que de ellas la mitad sean mujeres, ¿cómo va invisibilizar esa minoría al 50% de la población?”. “Yo no puedo hacer lobby porque mi preocupación es cómo voy a buscarme la vida”, suelta.

Sobre las acusaciones que apuntan a que IU es menos feminista tras expulsar a Falcón, considera que “IU no es menos feminista, al contrario. Ellas se creen que son el feminismo, Lidia Falcón dice qué es el feminismo y que cualquier crítica es un ataque al feminismo: eso es lo que hacen las TERF”.

Sobre la teoría queer, Cardo es tajante: “Yo no estoy de acuerdo”. Además, cree que muchas mujeres trans ni siquiera la conocen. En el mismo sentido apunta Platero: “La teoría queer es una teoría crítica sobre el género pero también de otras categorías sociales. Mucha gente trans no tiene ni idea de teoría queer ni tiene por qué tenerla”.

jueves, 25 de julio de 2019

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Radfems, TERF y el sujeto del feminismo: hablan las mujeres (trans)

Imagen: El Salto / Sylvia Rivera
Radfems, TERF y el sujeto del feminismo: hablan las mujeres (trans).
El feminismo transexcluyente no es nuevo: su historia empieza en los años 70 y su argumentario no ha cambiado mucho desde entonces. Las afirmaciones de algunas participantes de la Escuela Feminista de Gijón han vuelto a poner de manifiesto cómo esta corriente que se autodenomina “radical” violenta a algunas mujeres: las mujeres trans. Lo explican tres de ellas: Carla Antonelli, Diana Cardo y Carmen García de Merlo.
Patricia Reguero | El Salto, 2019-07-25
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/radfems-terfs-sujeto-feminismo-hablan-mujeres-trans

“Todos los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”. La cita no es de Alicia Miyares, ni de Amelia Valcárcel, ni de Anna Prats, las tres feministas “radicales” que el pasado 3 de julio en la XVI Escuela Feminista Rosario de Acuña sostuvieron —con sus palabras o con su silencio— que las mujeres trans “son tíos”. Es de Janice G. Raymond, que se expresa así en ‘El imperio transexual: la creación de la mujer-varón’ en 1979.

Las tesis de Raymond “consolidaron la múltiples líneas de discurso antitransgénero que circulaba en el seno de los colectivos feministas” desde principios de los años 70, como explica la activista y teórica norteamericana Susan Stryker en ‘Historia de los trans’ (Continta me tienes, 2019), libro que dedica buena parte de uno de sus capítulos a hacer historia de lo que llama la “transfobia feminista”.

Pero, ¿qué dijeron las participantes de la mesa “El borrado de las mujeres y la apropiación lésbica” celebrado en Gijón? Algunos de los 'highlights' de la sesión fueron “las activistas transgénero son tíos, y digo tíos porque son tíos”, o “hay muchos problemas con esto del género que se sustentan con conocimiento de la moda”, o “que nos digan que, si somos lesbianas y no nos gustan los penes, somos tránsfobas, es cultura de la violación y del patriarcado”.

Sin embargo, ni estas posiciones —de quienes se autodenomidan feministas radicales, o ‘radfems’— se han mantenido exclusivamente en esta mesa ni este pensamiento es nuevo. Raymond, recuerda Stryker, llega a asociar la transexualidad con el nazismo cuando hace una analogía entre los experimentos médicos de los nazis y las cirugías de reasignación de género (en ambos casos, “ciencia al servicio de la ideología”).

“Los miembros de la comunidad transgénero llevan preguntándose desde la década de 1970 cómo es posible no percatarse de que la retórica y las recomendaciones políticas de Raymond copian los argumentos esgrimidos por curas exgais, fundamentalistas religiosos, activistas antiabortistas y fanáticos intolerantes de todo tipo”, mantiene Stryker.

Sobre ese aspecto, precisamente, llama la atención Diana Cardo hoy, en 2019, cuando critica que las autodenominadas “feministas radicales” se opongan, por ejemplo, a las leyes que consagran el derecho a la libre identidad de género.

Cardo aclara que ella forma parte del feminismo por derecho propio y no está dispuesta a pedir permiso ni salvoconductos. Como muestra de que este debate no es nuevo en el seno de los movimientos feministas, da un nombre, el de Andrea Dworkin. Una “feminista radical” que ya reconocía las identidades no binarias hace medio siglo. “El sujeto del feminismo somos las mujeres, independientemente de lo que tengamos entre las piernas”, dice.

“Las TERF malinterpretan los datos que no les dan la razón, y obvian a Dworkin, que evidentemente lo nombra de otra manera porque lo dijo en los años 70; lo que hacen es aprovecharse del término radical para sus tropelías”, concluye. Las tropelías son “negar que soy una mujer, decir que quiero entrar a los cuartos de baño de las mujeres para violarlas, decir que soy una pedófila por ser una mujer trans o llamarme en masculino”, enumera Cardo haciendo memoria de cómo tratan las TERF a las mujeres trans.

T-E-R-F es el acrónimo de Trans Exclusionary Radical Feminist, es decir, “feminista trans excluyente”, y Susan Stryker relata en su libro varios ejemplo de cómo esta corriente se abre paso en los año 70 en EE UU. Un ejemplo: a Sylvia Rivera, reconocida activista LGTB, se le intentó impedir que presentara un acto en favor de los derechos LGTB. Ocurrió en medio de un caldo de cultivo teórico que postulaba que las persona transgénero eran “personas retrógadas engañadas por el sistema patriarcal”, dice Stryker.

Otro ejemplo es la campaña contra Sandy Stone, una mujer trans que se unió a un colectivo que impulsaba la música hecha por mujeres y fue blanco de una campaña antitransexual que aseguraba que la presencia de una mujer trans en el colectivo era un engaño a los consumidores, a quienes se indicaba que este colectivo era solo de mujeres.

“TERF es un término para identificar un movimiento que nace en EE UU en los años 70, de gente muy clasista, con ideología de iglesias conservadoras de derechas; que penetra en el movimiento feminista y que expulsa a las mujeres trans de los colectivos feministas”, dice Carmen García de Merlo, presidenta de COGAM y mujer trans. “Su pensamiento es que las mujeres trans son parte del patriarcado porque son o han sido hombres con privilegios y están en el feminismo para minarlo”, añade.

García de Merlo defiende que para estar incluida en el sujeto del feminismo hay que ser mujer, y ser mujer “no solo es un hecho biológico o cultural, es identificarte como tal”. Ella, que hizo la transición ya adulta, dice que ha sido primero una niña, luego una joven y luego una mujer. “Identificarte no es un capricho o algo que adquieres, es algo con lo que naces y mueres”, explica. “Evidentemente, es transmisoginia negar la condición de mujer a aquellas personas que nos sentimos mujer desde que tenemos uso de razón”, aclara.

¿Una corriente con partido?
Diana Cardo señala que la corriente encuentra cobijo en algunos partidos como IU, el Partido Feminista y, sobre todo, advierte, el PSOE. Así lo atestigua, dice Cardo, la presencia de Amelia Valcárcel, filósofa feminista y catedrática de Filosofía Moral de la UNED, además de consejera de Educación con el Gobierno socialista en Asturias.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) señaló en enero de este año en el contexto del debate en torno a la Ley de Igualdad LGTBI que integrantes socialistas de de la Comisión de Igualdad mantenían una “actitud transfóbica” al oponerse a algunos artículos relacionados con los derechos de las personas trans.

Sin embargo, Carla Antonelli advierte: “Esas personas están en todos los partidos pero no son los partidos”, dice la diputada socialista en la Asamblea de Madrid, que insiste en que su partido es el programa del candidato a presidir el Gobierno, Pedro Sánchez, y los acuerdos salidos de sus congresos. “El programa del PSOE deja claros sus compromisos, que son una ley LGTBI y la reforma de la ley 3/2007 para inclusión de los menores y la despatologización de la transexualidad”, señala.

Para Antonelli, hay que hablar de “personas” que, a nivel individual, transmiten este discurso pero, en ningún caso de una corriente mayoritaria en su partido y no entiende que se trate de identificar a las mujeres con sus genitales —“es una aberración”— y no oculta su enfado con las ponentes de las jornadas de Gijón. “Estos discursos poco o nada se alejan de los de la ultraderecha que niega nuestra existencia”, dice; y añade: “Que a mí alguien me diga que no existo es fácil de desmontar, porque yo me veo cuando me miro en el espejo y estoy ahí”.

Sobre si el PSOE es un espacio seguro en el que las mujeres trans puedan expresarse ante las compañeras que mantienen puntos de vista transexcluyentes, es tajante: “Por supuesto, mi partido me protege y salvaguarda mis derechos”.

Ni mayoritaria ni determinante
Pese a la polvareda que levantaron y levantan las radfems, esta postura no es mayoritaria, insiste Carla Antonelli. “Hay una estrategia de hacer parecer que esto es el feminismo contra, en este caso, las mujeres transexuales, y eso es una falacia”, dice, para recordar que, en los años 90, el feminismo recibió a las mujeres trans con los brazos abiertos: “El feminismo con mayúsculas es transincluyente”. Además, añade, las feministas transexcluyentes son unas “copionas”, porque no dicen nada que no se dijera ya en los 70.

Stryker también señala cómo entonces, en los 70, la hostilidad hacia las personas transgénero no fue “ni uniforme ni determinante” y, así, dentro del feminismo radical convivían posturas “reaccionarias” junto a otras que postulaban “una inclusión transgénero dentro de los movimientos feministas”.

Según Cardo, “son pocas, muy escandalosas y en posiciones de poder”. Para ella, un feminismo en el que quepan todas las mujeres no solo es posible, sino que ya es una realidad. “Existe un feminismo donde cabemos todas, cada una con sus particularidades”, explica, y pide poner a prueba la pregunta “¿tienen cabida las mujeres trans en el feminismo?” sustituyendo “trans” por otro adjetivo: “¿Las mujeres negras caben en el feminismo? ¿Y las mujeres árabes? Sí, claro que sí. ¿Tienen particularidades diferentes a las de las feministas blancas de países occidentales? Sí, porque las mujeres no somos homogéneas”.

Cuando las lesbianas amenazaban al feminismo
En 1970, un grupo feminista irrumpió en el Segundo Congreso para Unir a la Mujeres, celebrado en Nueva York, con un panfleto titulado 'The Woman Identified Woman' (‘La mujer que se identifica como mujer’). En este texto, responden a los comentarios peyorativos de Betty Friedan sobre la cuestión de la participación de las mujeres lesbianas en el feminismo. Friedan, un referente feminista, se oponía a vincular los asuntos lésbicos con el feminismo por miedo a que la homofobia de la sociedad pusiera freno al éxito feminista: lo llamó “la amenaza violeta”. La anécdota la cuenta Susan Stryker en su libro ‘Historia de lo trans’ y ejemplifica cómo los debates en torno al sujeto del feminismo han tensionado al movimiento, no solo en torno a la cuestión trans.

lunes, 4 de marzo de 2019

#hemeroteca #lgtbi #feminismo | Mujeres lesbianas y trans hacen memoria y explican sus motivos para ir a la huelga feminista

Imagen: El Salto / Rosa Araúzo, Boti García, Arantxa Miranda y Diana Cardo
Mujeres lesbianas y trans hacen memoria y explican sus motivos para ir a la huelga feminista.
Las mujeres lesbianas, trans y bisexuales apenas denuncian las violencias que sufren. La FELGTB hace memoria de estas mujeres en la semana previa al 8M y explica sus motivos para sumarse a la huelga feminista.
Patricia Reguero | El Salto, 2019-03-04
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/mujeres-lesbianas-trans-huelga-8-marzo-2019

Varias mujeres han explicado en primera persona las discriminaciones que sufren y que han sufrido a lo largo de la historia las mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales, tanto por su condición de mujeres, como por su pertenencia al colectivo LGTBI, en un acto con el que la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales e Intersexuales (FELGTBI) ha argumentado por qué la organización se suman a la convocatoria de huelga feminista del 8 de marzo.

En el acto, algunas de ellas han aprovechado para denunciar el feminismo transfóbico. “Algunas feministas se acercan a las posiciones terribles de ciertos partidos en este momento: que una feminista pueda pensar como piensa el señor Santiago Abascal me parece bastante peligroso”, ha dicho Rosa Araúzo, activista de la Fundación 26 de Diciembre, que trabaja para crear espacios de atención especializada a personas LGTB en la vejez.

“El feminismo tiene perfectamente identificado al enemigo de las mujeres, que es el cisheteropatriarcado”, ha dicho la activista Boti García, expresidenta de la federación, que ha recordado la importancia de hacer memoria histórica. “En este país, hablar de memoria de nuestro colectivo es hablar de la memoria oscura del sufrimiento en los duros años del franquismo”, ha asegurado. Para las mujeres, la represión se tradujo en “negación, convento, matrimonios forzados, tratamientos con electroshock... fue terrible”.

Araúzo ha compartido su experiencia en el año 76, cuando “me encontré con mi realidad lesbiana”. “Yo quería salir a la calle a gritar la maravilla que había encontrado con el amor de una mujer, pero no podía, porque ella me pidió que no lo hiciera”, ha explicado. Cuando se lo contó a su entorno cercano “toda la gente a la que le conté que estaba enamorada de una mujer se fue”.

Diana Cardo, por su parte, ha contado su experiencia como mujer trans al “salir del armario” hace dos años. Cardo ha explicado como en los años 80, cuando hizo el primer intento de mostrarse como quien era, se encontró con un muro que la llevó a estar 31 años más en el armario hasta que hace dos decidió decir “soy una chica”. Para Cardo, el sistema sanitario fue su primer batacazo contra el sistema. Luego, vinieron otros, como la discriminación para acceder al mercado laboral. Cardo, que también ha alertado contra el feminismo transfóbico, ha contado cómo, tras ser seleccionada en un entrevista para un puesto de trabajo, la empresa se echó atrás al ver su antiguo nombre en el DNI.

Violencia invisibilizada
Según Arantxa Miranda, vocal de delitos de odio de la Federación, “las mujeres lesbianas y bisexuales somos concebidas por un amplio sector masculino como objetos sexuales susceptibles de satisfacer todas sus fantasías, mientras que aproximadamente, el 80% de las mujeres transexuales tiene que recurrir al trabajo sexual debido a la discriminación laboral que sufre”.

Miranda ha explicado que las mujeres LTB siguen estando prácticamente invisibilizadas y ha recordado que, según el informe de delitos de odio elaborado y presentado por FELGTB en noviembre de 2018, entre un 60 y un 80% de los actos violentos que sufre el colectivo no se denuncian. Este estudio muestra cómo, a consecuencia de esa invisibilidad, las mujeres de la comunidad LGBT apenas denuncias: “El 73% de los delitos de odio fueron denunciados por hombres gays, mientras que solo el 21% fueron denuncias realizadas por mujeres lesbianas. Sabemos que estos datos no demuestran que los hombres sufran mayor violencia que las mujeres, si no que están más empoderados para denunciar”, ha declarado.

Miranda también ha destacado que la mayor discriminación que sufren las mujeres transexuales es seguir sin ver reconocida la autodeterminación de su identidad y ha puesto en evidencia que las mujeres lesbianas o bisexuales tienen necesariamente que estar casadas antes de que nazcan sus bebés para poder inscribirlos en el registro civil, a diferencia de las parejas heterosexuales, a las que no se les pide prueba de paternidad. Asimismo, las parejas de mujeres no casadas no pueden inscribir conjuntamente a su bebé: la no gestante debe iniciar un proceso de adopción de su propio hijo.

Por estos motivos, la Federación pide la aprobación de la orden ministerial que garantizará el acceso a todas las personas con capacidad de gestar a las técnicas de reproducción asistida, que los bebés que nazcan en el seno de una pareja de mujeres puedan ser inscritos en igualdad de condiciones que las parejas heterosexuales, creación de protocolos sanitarios y geriátricos, y programas educativos para incorporar al currículum la diversidad afectivo-sexual, entre otras medidas. 
NOTA DE IGLU: Por error, se denomina a la Federación Estatal como FELGTBI, con una I final que sobra. Es interesante, porque la propia Federación decidió en su día que no iba a añadir más letras a su denominación, aunque englobara otras orientaciones, identidades o expresiones sexogenéricas.