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miércoles, 5 de marzo de 2025

#hemeroteca #cine | La conexión vasca del 'oscarizado' Sean Baker: «El cine de Eloy de la Iglesia es cercano al mío»

La conexión vasca del 'oscarizado' Sean Baker: «El cine de Eloy de la Iglesia es cercano al mío»
El director de 'Anora' sorprendió en el último Zinemaldia con sus conocimientos del 'terror' español, de Jess Franco a Paul Naschy. «Le dimos una colección de DVDs», recuerda Rebordinos
Mitxel Ezquiaga | El Diario Vasco, 2025-03-05 [MyNews]

Sean Baker llegando al María Cristina //
Llegó al Zinemaldia con una sonrisa, su película 'Anora', su mujer y productora Samantha Quan y un perrito que hizo las delicias de los fotógrafos. Pocos podían imaginar que el norteamericano Sean Baker, icono del cine independiente que acaba de triunfar en los Oscar, traía también unos sorprendentes conocimientos del director zarauztarra Eloy de la Iglesia. «Su mundo es muy cercano al mío, con gente al margen de la sociedad», dijo en varias entrevistas, incluida la concedida a este periódico, sobre el autor de 'El pico' o 'Navajeros'. También mostró su interés por el 'terror español'.

José Luis Rebordinos, director del Zinemaldia, recuerda bien las dos visitas de Baker (New Jersey, 1971) a Donostia, en 2021 y 2024. «Es un cineasta de enorme talento, como acaba de verse con la lluvia de Oscar que ha cosechado su película, pero también un hombre extremadamente cercano y con una inesperada cultura del cine español», dice Rebordinos. «Uno espera que un cineasta norteamericano independiente te hable de Almodóvar, pero sorprende que sepa tanto de Eloy de la Iglesia o de las películas de Jess Franco o Paul Naschy. Se interesó mucho por nuestra Semana de Cine Fantástico y de Terror y le enviamos una colección de carteles, unos cuantos DVDs con películas como 'La residencia', de Narciso Ibáñez Serrador, y por supuesto el libro que editó el Festival sobre la vida y obra de Eloy de la Iglesia. Baker ha tenido una vida dura, empezó tarde y con pocos medios a hacer películas, y se interesa mucho por quienes están al margen, en la vida y en el cine. Por eso nos alegra tanto que Hollywood haya premiado a 'Anora' y que tuviéramos la fortuna de presentarla, con su presencia, en el ciclo 'Perlak' del Zinemaldia», añade Rebordinos.

Sean Baker no solo estuvo en la proyección de gala del Victoria Eugenia y en las rondas de entrevistas. Participó en una 'master class' en Tabakalera de la que salió encantado. «Queremos profundizar en ese tipo de actividades», explica el director del Zinemaldia, «porque mucha gente del cine, incluso consagrados, valoran cada vez más el carácter cinéfilo de San Sebastián y la posibilidad del diálogo con el público, no solo con profesionales».

«Este tío te interesa»
Así se soltó Baker ante el público que llenó la sala de Tabakalera: «Entre mis influencias está Almodóvar, claro, pero también dos directores españoles que no mucha gente de mi país conoce», dijo. Por un lado, el icono del underground, Jess Franco (19302013): «La forma de filmar a su musa, Soledad Miranda, me ha marcado mucho, le he terminado apreciando porque reconozco su sensibilidad independiente y su obsesión por hacer una película detrás de otra. Me siento inspirado por eso y a veces también por su falta de oficio. Esa torpeza tiene su encanto»».

Y también se declaró admirador del zarauztarra Eloy de la Iglesia (1944-2006): «A la Universidad de Nueva York no nos llegaba ese cine. Lo he descubierto hace unos cinco años y me siento más alineado con él que con Fellini», explicó. En la entrevista concedida en septiembre a DV lo explicitaba: «Algunos amigos me dijeron, en referencia a Eloy de la Iglesia: 'Este tío habla de cosas que te interesan'. He estado leyendo sobre su vida y su lucha y he sentido una conexión porque trata los mismos temas que yo. También yo he sufrido adicciones y me impresionó que Eloy terminara 'enganchado' por empatía con sus personajes y sus actores».

El cine de Eloy de la Iglesia, no valorado en su momento por su éxito en taquilla y su carácter «de género», fue recuperado después como un espejo de su época. Películas como 'El pico' (1983), 'Navajeros' (1980) o 'La estanquera de Vallecas' (1987), mostraban el mundo 'quinqui' o de las drogas.

El filme vuelve a las salas
Baker vino a Donostia en septiembre con la Palma de Oro que había ganado en Cannes y sabiendo ya que las quinielas lo colocaban en las candidaturas del Oscar. 'Anora', la historia de una trabajadora sexual que cree encontrar en el hijo de un oligarca ruso a su 'príncipe azul', es una muestra de cine independiente finalmente reconocido por la Academia. Esta semana vuelve a numerosas salas del País Vasco.

«Es una pena que 'Cónclave' no haya logrado más», se despide Rebordinos. «Logramos que compitiera en Donostia tras 'pelearnos' con otros grandes festivales y al final no entró en el palmarés del Festival y tampoco en los Oscar, aunque tuviera tantas candidaturas y tan merecidas».

lunes, 7 de octubre de 2024

#libros #homosexualidad #cine | Eloy de la Iglesia : el placer oculto del cine español

Eloy de la Iglesia : el placer oculto del cine español / Carlos Barea (ed.).

Madrid : Dos Bigotes, 2024 [10-07]
296 p.

/ ES / Libros / ENS / REC / Cine / Eloy de la Iglesia / Homosexualidad / Marginación / Memoria histórica / Quinquis / Transición

📘 Ed. impresa: ISBN 9788412765793 / 20.95 €
📝 Cita APA-7: Barea, Carlos (ed.) (2024). Eloy de la Iglesia : el placer oculto del cine español. Dos Bigotes.


‘Eloy de la Iglesia. El placer oculto del cine español’ nos aproxima a la trayectoria, vibrante y compleja, de uno de los directores más importantes de la Transición, responsable de títulos tan populares como ‘El techo de cristal’, ‘La semana del asesino’, ‘El diputado’, ‘El pico’ o ‘La estanquera de Vallecas’. Mirado con desdén por la crítica de la época, que no le perdonó su ambición comercial, y reivindicado por las nuevas generaciones, la figura de Eloy de la Iglesia es fundamental para acercarnos a una de las etapas más convulsas de nuestra historia reciente.

Este ensayo colectivo, coordinado por Carlos Barea, profundiza en los distintos aspectos que confluyen en las películas del cineasta vasco, donde la voluntad de provocación y el erotismo más crudo conviven con la intención de mostrar de manera realista los vaivenes políticos y las transformaciones sociales. Por su extensa filmografía desfilaron las estrellas del momento (Carmen Sevilla, Amparo Muñoz, Simón Andreu, Vicente Parra o José Sacristán, entre otros) y nuevos talentos sin experiencia ante la cámara (como José Luis Manzano, su actor fetiche).

Homosexual y comunista, Eloy de la Iglesia contribuyó decisivamente a retratar las luces y, sobre todo, las sombras de un país que despertaba a la democracia pero que daba la espalda a una parte de la población. Entre los marginados se hallaban los denominados quinquis, que dieron nombre al exitoso subgénero cinematográfico, o los integrantes del colectivo LGTB, a quienes dotó de una voz hasta entonces silenciada.

😏 Autoría: Carlos Barea | Violeta Kovacsics | Eduardo Bravo | Nicolás Grijalba de la Calle | Diana Aller | Francina Ribes Pericàs | Juan Sánchez | La Caneli | David Velduque | Alejandro Melero | Vicente Monroy

miércoles, 3 de julio de 2024

#hemeroteca #marginalidad #cine | El legado del cine quinqui

El legado del cine quinqui
¿Cine social o extractivismo capitalista a través de la imagen? Volver al cine quinqui es recuperar la periferia como escenario y preguntarse, 40 años después, qué herencia narrativa dejó, qué estereotipos continúan aún vigentes y qué grietas abrió para una representación crítica y politizada de la precariedad juvenil más allá del producto audiovisual
Sonia Herrera Sánchez | Pikara, 2024-07-03
https://www.pikaramagazine.com/2024/07/el-legado-del-cine-quinqui/

José Luis Manzano //
El cine quinqui tiene una narrativa cruda y artificial a la vez, interpeladora y desoladora, aparentemente abandonada en el tiempo y en la historia del cine español, pero, no obstante, actual. ‘La estanquera de Vallecas’, dirigida por Eloy de la lglesia y repuesta hace poco en una conocida plataforma de ‘streaming’, es un claro exponente de este género cinematográfico opuesto al policíaco y más cercano a las aventuras de bandoleros o de ladrones, pero sin la épica de un Robin Hood, ni la fineza de los cacos de Ocean o de ‘The Italian Job’, ni viajes iniciáticos con redención y recompensa como en las grandes historias de piratería. Un género que popularizó un relato supuestamente costumbrista de la precariedad juvenil de los años 70 y 80 del siglo pasado mientras construía una versión ‘made in Spain’ del negocio del ‘exploitation cinema’ de serie B.

Inolvidable resulta aquella secuencia donde Doña Justa se liaba a tiros contra los atracadores dentro de su propio estanco, medio poseída a lo ‘Rápida y mortal’, después de noquear con una maceta a un policía infiltrado. O aquella otra en la que los cuatro protagonistas conversaban y bebían Anís del Mono mientras escuchaban ‘Suspiros de España’ y en la que Leandro decía que “España no hay más que una”, a lo que Tocho respondía “que, si hubiera dos, nos iríamos todos para la otra”.

El cine quinqui, o el quinqui ‘exploitation’ —que diría Rafael Robles Gutiérrez—, se forjó alrededor de la figura de unes jóvenes antihéroes, “talegueros” sin porvenir; adherido al asfalto y a la velocidad desbocada por el hambre, la heroína y un Seat 124. Su puesta en escena fue la del barraquismo, las “casas baratas”, los descampados, los bloques con aluminosis y fibrocemento y las barriadas como Otxarkoaga, en Bilbao, Torre Baró o el Camp de la Bota, en Barcelona, La Mina, en Sant Adrià del Besòs o San Blas y El Pozo del Tío Raimundo, en Madrid. Barrios cuya lucha vecinal pervive, a pesar de la falta de relevo generacional, porque la precariedad testamentaria del desarrollismo franquista persiste crisis tras crisis como una herencia intergeneracional alimentada por las promesas políticas incumplidas y por los deseos de transformación frustrados.
El cine quinqui transformó la aporofobia y la criminalización de la juventud empobrecida y vulnerable en producto de consumo de masas sin asumir una verdadera perspectiva de clase ni politizar el discurso
Aunque con ciertas pretensiones de cinema ‘verité’ y neorrealismo, el cine quinqui nació como un género clandestino y paria dentro de la propia industria cinematográfica de su época, quizás, o precisamente, por la explotación que hizo de aquellos sujetos subalternos que, viendo una posible salida de la marginalidad en el mundo audiovisual, se convirtieron en objetos exprimidos mientras duró el fenómeno pop.

Este aprovechamiento utilitarista anclado en la criminalización de la juventud, la vulnerabilidad y la exclusión, hizo caja con la mirada ‘voyeur’ sobre la fronterización de la vida de aquellos y aquellas que habitaban —y habitan—esas periferias, a veces anómalas y situadas en el centro de la ciudad, marcadas por el paro juvenil y por la desesperanza aprendida.

Víctor Matellano
, en su libro ‘Spanish Exploitation. Sexo, sangre y balas’, define este uso y abuso como “todo un ‘exploit’ a la española”: “Las aventuras y desventuras de los adolescentes marginales se convierten en todo un género explotado por el cine español. En la mayoría de los casos con el exclusivo propósito de hacer taquilla, derrochando únicamente tremendismo, sensacionalismo, acción, sexo y drogadicción de forma explícita”. Un caso paradigmático lo podemos encontrar en la figura del actor amateur José Luis Manzano, protagonista de éxitos como ‘Navajeros’, ‘El Pico’ o ‘Colegas’. Descubierto por Eloy de la Iglesia y tras un fugaz idilio con la fama, Manzano fallecía en 1992, con tan solo 29 años, en el más absoluto ostracismo.

Podríamos decir que el cine quinqui transformó la aporofobia y la criminalización de la juventud empobrecida y vulnerable en producto de consumo de masas sin asumir una verdadera perspectiva de clase ni politizar el discurso para bosquejar siquiera una crítica al sistema político y económico depredador que situaba a las infancias en la encrucijada entre la miseria y la resignación o la resistencia y la evasión, canalizada a través de la navaja y la aguja. Poco o nada contaban esas películas sobre resiliencia y otras posibilidades de organización colectiva en los barrios, estereotipando más aún las posibilidades de futuro para miles de niñes de nuestras ciudades en el tardofranquismo y los primeros años de democracia.

¿Qué tuvo de performativo ese cine en el imaginario de las generaciones posteriores? ¿Qué semillas de cambio dejó en las narrativas cinematográficas de los años 90 y los primeros 2000? ¿Por qué las cineastas no encontraron en el cine quinqui un paraguas bajo el que cobijar un discurso distinto y más complejo y crítico? Son preguntas para las que no he hallado respuesta y que lanzo tras revisionar títulos como ‘Perros callejeros’ (que también tuvo su versión en femenino años más tarde), ‘Los últimos golpes de El Torete' o 'Yo, El Vaquilla’ de José Antonio de la Loma; ‘El pico’, del mismo Eloy de la Iglesia; las pelis de Vicente Aranda sobre ‘El Lute’ o ‘Deprisa, deprisa’, de Carlos Saura, por poner algunos ejemplos del género.

“El carrusel de sexo y delito fascinaba a millones de españolitos crecidos bajo las arengas del NODO. Por militancia ideológica o como coartada para enseñar cacha, el género quinqui exorciza cinematográficamente las formas que le correspondían a un periodo de emergencia de la imagen de la marginalidad urbana, la contracultura y la explicitud en España”, explica Mery Cuesta, crítica de arte y comisariada de la exposición ‘Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle’.
Algunas películas permiten esbozar un imaginario donde la transgresión y los arquetipos más añejos de santas y putas se entremezclan generando narrativas híbridas, grotescas y desafiantes
En ese rasgo del “enseñar cacha”, cabe preguntarse por el papel que desempañaron las mujeres dentro del cine quinqui, un papel —no se puede obviar— que estaba íntimamente ligado al que ocupaban también las mujeres en el llamado cine del “destape” y que la propia historia del cine español y las reposiciones televisivas han invisibilizado. Títulos como ‘Las que empiezan a los quince años’ o ‘Los violadores del amanecer’ (ambas dirigidas por Ignacio F. Iquino en 1978), ‘Maravillas’ (Manuel Gutiérrez Aragón, 1980), 'Nunca en horas de clase' (José Antonio de la Loma, 1978) o ‘Barcelona Sur’ (Jordi Cadena, 1981) permiten esbozar un imaginario donde la transgresión y los arquetipos más añejos de santas y putas se entremezclan generando narrativas híbridas, grotescas y desafiantes sobre cuestiones aún hoy centrales en la agenda feminista como la prostitución, la violencia sexual, el abuso contra las infancias, la relación entre feminización de la pobreza y drogodependencia, la privación de libertad, la heteronormatividad o las representaciones de lo femenino en relación a la criminalidad. Muy a nuestro pesar, queda mucho por decir y analizar desde los feminismos sobre esta versión “patria” del cine de explotación.

Interesante podría ser, por ejemplo, un acercamiento desde la deconstrucción de la masculinidad hegemónica a la escena de ‘Navajeros’ en la que El Marqués, interpretado por un jovencísimo Quique San Francisco, alienta la violación del Jaro entre las risas de sus “secuaces” —aunque la agresión en sí misma la oculte una atinada elipsis temporal, recurso que se utiliza muy poco en el caso de las mujeres— y la venganza multitudinaria posterior.

Y en deuda también está el análisis fílmico feminista con el personaje de Ángela (Berta Socuéllamos) en ‘Deprisa, deprisa’, y esos primeros planos en silencio con la mirada perdida frente el cuerpo moribundo de Pablo, y sus pasos seguros con una bolsa de deporte al hombro con el dinero del último palo, perdiéndose en la noche en el fundido sonoro entre los gritos de la chiquillería y el ‘Me quedo contigo’ de Los Chunguitos.

Desaparecido el cine quinqui como género circunscrito a un momento muy concreto de nuestra historia, debemos y podemos interrogarnos sobre su legado: ¿qué punto de vista y qué relatos de ficción audiovisual encontramos hoy sobre la exclusión social en España?, ¿qué ha cambiado y qué permanece?, ¿quiénes serían los y las “quinquis” hoy?, ¿qué otros ejes de discriminación atraviesan ahora la precariedad económica que hace 40 años no se tenían en cuenta o no eran tan notorios?, ¿se ha caminado en algo hacia la autorrepresentación y los relatos de memoria y denuncia?

Quizás nos vengan a la cabeza películas recientes, protagonizadas además por mujeres, como ‘Techo y comida’ (Juan Miguel del Castillo, 2015) o ‘La hija de un ladrón’ (Belén Funes, 2019) y algunas anteriores como ‘Barrio’ (Fernando León de Aranoa, 1998) o ‘Báilame el agua’ (Josetxo San Mateo, 2000). Y, aunque no sea un leitmotiv homogéneo ni conformen un género propio, podemos constatar que la mirada se ha hecho más compleja, aunque todavía son muchas las inercias y silencios que estos filmes arrastran. Pero ¿qué más le podemos pedir al cine sobre la representación de la precariedad en las periferias, en las comunidades desfavorecidas, más allá de la mera visibilización sin sensacionalismo y de que prescinda de convertirlo en un safari por la pobreza como denuncia Darren McGarvey?

Judith Butler ofrece algunas claves en ‘Marcos de guerra: las vidas lloradas’ cuando explica que “si queremos ampliar las reivindicaciones sociales y políticas respecto a los derechos a la protección, la persistencia y la prosperidad, antes tenemos que apoyarnos en una nueva ontología corporal que implique repensar la precariedad, la vulnerabilidad, la dañabilidad, la interdependencia, la exposición, la persistencia corporal, el deseo, el trabajo y las reivindicaciones respecto al lenguaje y a la pertenencia social”.

Repensar las vidas al límite de las periferias hoy a la luz imperfecta del cine quinqui de entonces nos permite empezar a atisbar también reivindicaciones que continúan vigentes desde hace décadas y otras vulneraciones de derechos que aquel cine —más utilitarista que social— solo consiguió apuntar sin atreverse a involucrarse. Habrá que seguir tirando del hilo y hacerlo desde el reto ineludible de los saberes y luchas del antirracismo, de los movimientos LGTBIAQ+, del anticapacitismo..., desde las narrativas de quienes han forjado su mirada en los márgenes, también del relato oficial de la industria audiovisual.

viernes, 4 de marzo de 2022

#libros #homosexualidad #cine | Galopa y corta el viento

Galopa y corta el viento / un guión inédito de Gonzalo Goicoechea y Eloy de la Iglesia ; ed. crítica de Eduardo Fuembuena ; prólogo de Eduardo Mendicutti.

Madrid : Niños Gratis, 2022 [03-04].
320 p.

/ ES / Libros / ENS / Cine / Homosexualidad / Homosexualidad en el cine / Política / Relaciones amorosas
📘 Ed. impresa: ISBN 9788494933363 / 29,90 €

«Al parecer, aún no hay la suficiente democracia para que se pueda narrar una historia de amor entre un etarra y un guardia civil». Eloy de la Iglesia. 1986.

En 1981, Gonzalo Goicoechea y Eloy de la Iglesia escribieron una película que nunca se llegó a rodar. Se llamaba ‘Galopa y corta el viento’. Era la historia de amor imposible entre un abertzale y un guardia civil andaluz destinado en el País Vasco. La osadía era tal que todos los intentos de poner en marcha la producción fracasaron, pero ‘Galopa y corta el viento’ se convirtió en una pequeña leyenda del cine español.

Este libro contiene el guion íntegro de ‘Galopa y corta el viento’, publicado ahora por primera vez, el documento primigenio que escribieron sus autores, un hermoso prólogo de Eduardo Mendicutti y un estudio introductorio en el que Eduardo Fuembuena reconstruye la historia de la película y de la España en la que no se pudo hacer.

DOCUMENTACIÓN
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Galopa y corta el viento.
Jabichillo | Le Cool Barcelona, 2022-03-02

https://barcelona.lecool.com/event/galopa-y-corta-el-viento/
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'Galopa y corta el viento', la historia de amor entre un guardia civil y un abertzale que Eloy de la Iglesia nunca llegó a rodar.

En 1981, en medio de los años más duros de la violencia de ETA, el director y su colaborador habitual, Gonzalo Goicoechea, escribieron un guión al que diferentes obstáculos y el clima político y social de la época condenaron a un cajón.
Carlos Madrid | EPE, 2022-03-09
https://www.epe.es/es/cultura/20220309/galopa-corta-viento-historia-amor-13342186
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‘Galopa y corta el viento’: la historia de amor entre un ‘abertzale’ y un guardia civil que Eloy de la Iglesia no logró rodar.

En 1981 el director de ‘El pico’ y Gonzalo Goicoechea escribieron un guion que hubiera supuesto una película rompedora. Ahora el libreto se publica en una edición crítica.
Gregorio Belinchón | El País, 2022-03-17
https://elpais.com/cultura/2022-03-17/galopa-y-corta-el-viento-la-historia-de-amor-entre-un-abertzale-y-un-guardia-civil-que-eloy-de-la-iglesia-no-logro-rodar.html
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'Galopa y corta el viento': ve la luz el amor entre un etarra y un guardia civil que Eloy de la Iglesia no pudo rodar.

La editorial Niños Gratis* recupera el guion íntegro de la atrevida película nunca realizada del director de 'El pico'.
Manuela Partearroyo | Cinemanía, 20 Minutos, 2022-04-07
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/galopa-corta-viento-amor-etarra-guardia-civil-eloy-iglesia-4979893/
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La historia de amor gay en tiempos de ETA que fue censurada por décadas sale a la luz.

'Galopa y corta el viento': Un guardia civil, un etarra y un romance secreto, así es el guion de la película que Eloy de la Iglesia nunca pudo rodar por la censura. Los guionistas recibieron amenazas por abordar temas controvertidos como la homosexualidad o el terrorismo de ETA. La película no logró superar los controles de censura de la época.
Celia Torres | Uppers, 2022-04-13
https://www.uppers.es/cultura-y-entretenimiento/cine/amor-gay-eta-censurada-decadas_18_3313023339.html
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El romance entre un abertzale y un guardia civil que Eloy de la Iglesia nunca rodó.

El guion de su filme inédito 'Galopa y corta el viento' se publica en una edición que viene acompañada de un estudio del experto en su obra Eduardo Fuembuena.
El Diario, 2022-04-16
https://www.eldiario.es/cultura/cine/romance-abertzale-guardia-civil-eloy-iglesia-rodo_1_8914165.html

martes, 6 de julio de 2021

#hemeroteca #libros #testimonios | Del mito a la realidad

El Periódico de Aragón / Eloy de la Iglesia en Donostia //

Del mito a la realidad.

El zaragozano Eduardo Fuembuena desvela la vida de José Luis Manzano y Eloy de la Iglesia en ‘Lejos de aquí’
Daniel Monserrat | El Periódico de Aragón, 2017-07-06
https://www.elperiodicodearagon.com/cultura/2017/07/06/mito-realidad-46909141.html 

Una historia alucinante pero llena de leyendas y muy incompleta. Esa era la historia de José Luis Manzano, actor del cine quinqui por excelencia de la mano de Eloy de la Iglesia elevado a mito por los seguidores del género, que se encontró el zaragozano Eduardo Fuembuena cuando tras revisionar El pico hace siete años, se fijó «en la presencia de Manzano». «Había visto la película cuando era bastante joven pero no había tenido esa fascinación por el cine quinqui como otra mucha gente. Sin embargo, en esta ocasión, me atrapó la película y su protagonista y empecé a investigar en la red». Su conclusión, faltaba un estudio riguroso sobre su figura. Siete años después, Fuembuena acaba de publicar 'Lejos de aquí' (Uno Editorial), un libro que se centra en José Luis Manzano y Eloy de la Iglesia.

Primer contacto
Una relación que comenzó en 1978 en la puerta de los billares Victoria de Madrid donde el joven se ofrecía a los gays. La versión oficial que contaban los propios protagonistas es que Eloy de la Iglesia lo había sacado de la obra donde trabajaba. Y es que, dos años después, el director lo buscó para que protagonizara su película Navajeros. Desde entonces y durante ocho años, Manzano, de 17 años, vivió en casa del cineasta donde le puso una profesora particular para que se alfabetizara. «Era un actor natural, sin formación actoral -explica Fuembuena. Su manera de entender la interpretación era desnudarse delante de la cámara. No vivía el personaje, simplemente los personajes eran él. Eloy era muy inteligente porque lo que le ofrecía siempre eran papeles que tenían que ver con él y Manzano los asimilaba porque los podía entender, miraban a su altura». El tándem De la Iglesia-Manzano duró cinco películas (a 'Navajeros' le siguieron 'Colegas', 'El pico', 'El pico 2' y 'La estanquera de Vallecas') que situaron tanto al director como al actor en el primer plano de la escena española, que retrata, como a la época, de manera detallada el libro.

«Es que de él hasta la fecha de nacimiento se desconocía... El libro no es una biografía al uso. Yo he querido utilizar algunas herramientas de ficción como la novela histórica pero también doy voz a una serie de ensayos sociológicos y también hay unos capítulos de análisis fílmico de las películas de De la Iglesia. Tiene una estructura de novela dividida en tres partes clásicas y por capítulos», explica el autor que ha buceado durante siete años en un buen número de fuentes: «Contacté con ambas familias, con los compañeros del cine, del PCE de Eloy, montadores, ayudantes de dirección, productores y paralelamente ha habido una documentación exhaustiva en hemeroteca que no había en ninguna biografía publicada, en el archivo de la administración, en el archivo de su productora y todos los expedientes de cinematografía de proyectos realizados, no realizados, contratos...». El resultado, este Lejos de aquí, es un libro abrumador y minucioso de 810 páginas que hasta ahora sólo se puede comprar por internet bajo petición o en Amazon (en formato electrónico).

En todo este proceso, Eduardo Fuembuena ha confirmado sospechas que ya tenía («no es normal que De la Iglesia pasara 16 años sin hacer una película después de firmar las más comerciales y taquilleras de esos años») y ha descubierto historias «apasionantes». «Después de 'La estanquera de Vallecas', una radiografía de una España posfranquista muy crítica con el partido que estaba en el gobierno en esa época que suscita tanta incomodidad en la administración que los demás proyectos se le bloquean», explica un Fuembuena que, por otro lado, destaca la historia de Manzano con «el cura obrero que, una vez abandonado por Eloy de la Iglesia, lo recoge en un poblado sur de Madrid para su desintoxicación».

Todo hasta llegar a su triste final cuando, tras cumplir condena en la cárcel por un robo con violencia «que él no cometió sino la persona que iba con él», acaba en casa de Eloy de la Iglesia donde, cinco horas después de hablar con su madre, fallece por sobredosis de heroína en una escena reconstruida por el propio Fuembuena en el libro: «Yo hago mi hipóteis en la que no acuso a nadie. Si hubiera que hacerlo posiblemente sería a una sociedad en general que auspicia a un actor por intereses capitalistas de joven rebelde y delincuente para luego cuando deja de tener valor desecharlo generando en él unas frustraciones enormes. Y eso habría que encuadrarlo en la problemática general del país».

sábado, 17 de abril de 2021

#hemeroteca #libros #testimonios | Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: una historia de amor, cine, heroína y autodestrucción

El País / Estreno de la película 'El pico 2', en 1984 //

Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: una historia de amor, cine, heroína y autodestrucción.

El libro ‘Lejos de aquí', que se convertirá en serie de televisión, explora la tortuosa relación entre el director y el actor de películas como ‘El pico’ o ‘La estanquera de Vallecas’, fallecido por sobredosis a los 29 años.
Gregorio Belinchón | El País, 2021-04-17
https://elpais.com/cultura/2021-04-17/eloy-de-la-iglesia-y-jose-luis-manzano-una-historia-de-amor-cine-heroina-y-autodestruccion.html 

Esta es una historia de amor. Y de adicciones, a las drogas y a las personas. Es también una historia de cine y de una parte de España empujada a las alcantarillas de la historia por la versión oficial y sus creadores culturales, que escondieron bajo la etiqueta de cine quinqui a muy distintas visiones de lo que ocurría a espaldas de la movida. Es, sobre todo, la historia de una relación atormentada, tóxica y apasionada, la del director Eloy de la Iglesia y su actor fetiche, José Luis Manzano. Juntos rodaron ‘Navajeros’ (1980), ‘Colegas’ (1982), ‘El pico’ (1983), ‘El pico 2’ (1984) y ‘La estanquera de Vallecas’ (1987). Se conocieron en otoño de 1978 en la puerta de los Billares Victoria, en el centro de Madrid, donde chavales de extrarradio se ofrecían a gays por dinero; el actor murió en el piso del director por una sobredosis de heroína el 20 de febrero de 1992.

Entre medias, un drama y dos vidas, ilustradas por el zaragozano Eduardo Fuembuena en 'Lejos de aquí', un libro autoeditado que está en fase de desarrollo para convertirse en serie de televisión. Ochocientas páginas que radiografían ese amor/odio, cartografían la España de esa década, y reproducen cada conversación gracias a los 10 años que Fuembuena ha dedicado a la investigación. En 2017 publicó una primera versión del libro, que ahora ha reescrito en un 70%, en pro de la exactitud de los hechos y del material aportado por nuevas fuentes sobre la relación entre De la Iglesia (Zarautz, 1944-Madrid, 2006) y Manzano (Madrid, 1962-1992).

Fuembuena estudió en la ECAM, la escuela de cine de la comunidad de Madrid, donde coincidió una vez con De la Iglesia. “Recuerdo que por curiosidad pasé por la puerta de la clase donde él estaba dando una charla y hubo un momento en que nuestras miradas se cruzaron”, cuenta el cineasta y escritor. Ya le atraía su cine, aún no había convertido aquella historia en la historia de su vida. “Mi libro ha sido un acto de necesidad”, reflexiona. Hoy forma parte de la segunda promoción del programa Residencias de la Academia de Cine, donde está desarrollando, tutorizado por Agustí Villaronga, una serie de televisión centrada en este amor. “Porque siempre tuve una intención audiovisual para plasmar esta pasión”.

En el libro De la Iglesia explica: “Cuando escribo, siempre asumo como referencia de destino un cine de barrio. Lo que cuento debe llegar al mayor número posible de espectadores; el de autor es un término que desprecio como marxista que soy”, y Fuembuena añade: “Sus películas son autobiografías encubiertas”. A finales de los ochenta, el director ya se había ganado un nombre como cineasta con películas como ‘Juegos de amor prohibido’ (1975) o ‘El diputado’ (1978). Metido en la preproducción de un drama sobre José Joaquín Sánchez Frutos, El Jaro, precoz delincuente y mito popular tras morir en febrero de 1979 con 16 años, De la Iglesia recordó a un chaval bellísimo de Vallecas que se sacaba de vez cuando dinero con su cuerpo. Era José Luis Manzano, al que llamaban ‘Muñequita Ortopédica’ por el arnés que durante mucho tiempo llevó para curar una grave lesión de espalda.

Y así Manzano pasó de la UVA (unas viviendas proporcionadas por el Estado) de Vallecas a la casa de De la Iglesia, que le pagó una educación y le preparó para el rodaje. Comenzaron una apasionada relación sentimental, que el chaval compaginaba con varias novias, y el cineasta, maestro de las imágenes explícitas, con otros pretendientes. El estreno de ‘Navajeros’ convirtió a Manzano en el gran rostro de ese género de cine, que Fuembuena prefiere llamar “poesía del lumpen” y que se acuñó como “cine quinqui”. Un corpus fílmico “producido por el choque entre un vasco marxista materialista de educación humanista y un adolescente de Vallecas de familia desestructurada”. En esa película también debutó José Luis Fernández, ‘Pirri’, otro mito de los ochenta que falleció de sobredosis. ”Como decía Diego Galán, eran películas de crónica con olfato comercial”.

La carrera de Manzano es la perfecta ejemplificación de lo que pudo ser y no fue. Su relación sentimental y profesional con De la Iglesia, en la que por etapas uno fue parásito del otro, fagocitó su recorrido profesional. Solo trabajó con él (solo tuvo pequeños papeles en otras dos películas). Era un monumento de actuación auténtica, natural, sin poses. Su talento acabó cercenado por un parón de un año al realizar la mili y por su adicción a las drogas, un enganche que compartió con su mentor. “El carácter de José Luis, débil, siempre le hizo depender de alguien”, se cuenta en el libro, construido a la manera anglosajona de las biografías: mucha investigación, más de un centenar de voces, relato novelizado basado en abundantes fuentes. Así se asiste al triunfo del cine de De la Iglesia, a pesar de la oposición que encontró en los creadores procedentes del PSOE. El mejor ejemplo es que tras ‘La estanquera de Vallecas’ estuvo sin dirigir 16 años. Volvió en 2003 con ‘Los novios búlgaros’, ya con el PP en el poder (dejó 47 guiones sin filmar en diversas fases de desarrollo). Era un cine que encontró su público, que llegó a ir a festivales como el de San Sebastián y que a cambio recibió furibundos ataques en contra en las críticas periodísticas.

En ‘Lejos de aquí’ hay también sordidez, podredumbre moral y física, y una hábil reconstrucción de la fauna cinematográfica, política y social de la época. La heroína (y la posterior llegada del sida) acabó destruyendo a varias generaciones. Tras ‘La estanquera de Vallecas’, De la Iglesia, para desengancharse, echa de su mundo a Manzano, que se apoya en un cura de Getafe, Pedro Cid, que lucha por rehabilitar a chavales como él. Por eso, el rostro del actor aparece en un mural sobre la Última Cena en la iglesia getafense de Nuestra Señora de Fátima. Encontró un trabajo de ayudante en una productora, pero le despidieron por robarles material y venderlo para pagarse la droga. Hundido, acabó atracando a un peatón en la Gran Vía e ingresó en la cárcel de Carabanchel para cumplir una condena de 18 meses.

Al salir de prisión, Manzano entró durante dos semanas en un nuevo tratamiento de desintoxicación y buscó a De la Iglesia, que se arrastraba de piso en piso, sin levantar ningún proyecto, aunque apoyado por Juan Diego y Juan Antonio Bardem, viejos compañeros de luchas comunistas. “La industria cinematográfica en España se diluye en esos años y solo se filman los proyectos subvencionados desde el Estado”, explica el escritor. Manzano se coló en la casa de De la Iglesia el 18 de febrero de 1992 y dos días después, al despertarse el director a las seis de la tarde, encontró a su examante en el baño, sin vida por una sobredosis. “Es una historia de desencantos”, resume Fuembuena. “De la Iglesia, marxista convencido, en cuanto a lo ideológico y lo cinematográfico. Manzano, en lo vital, porque había rozado un sueño que se le escapó entre los dedos. Él aprendió a vivir a través del cine”.

#hemeroteca #libros #testimonios | Prostitución, heroína y comunismo: la terrible historia de amor de Eloy de la Iglesia y Manzano

El Español / José Luis y Eloy en La Concha donostiarra //

Prostitución, heroína y comunismo: la terrible historia de amor de Eloy de la Iglesia y Manzano.

En 'Lejos de aquí', el historiador e investigador Eduardo Fuembuena destripa, tras una investigación de once años, los secretos de esta pareja de amigos, amantes y dependientes que triunfaron con el cine quinqui.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2021-04-17
https://www.elespanol.com/cultura/20210417/prostitucion-comunismo-terrible-historia-eloy-iglesia-manzano/573694224_0.html 

Eloy de la Iglesia era una santería de navajas y besos con lengua, de cabinas reventadas, de voltios en el coche y chupetes mojados en heroína. Un héroe inrreinsertable que quiso airear las cloacas de la Transición y dejó al irse un rosario de esquelas tristes, aunque con él pudo sólo un tumor maligno. De la Iglesia llevaba los años perros de España en las cavidades de la cara, en los hundimientos que van de la mejilla a la boca. Homosexual gozoso, comunista de médula: alojado para siempre en una marginalidad que no terminó de subsanar la democracia.

Extraño y auténtico en medio del tiempo, dueño de un cine vilipendiado por los biempensantes, y por toda la crítica, hasta hace poco -que nos llenamos de nostalgia de su talento-: porque habló de las drogas, de la prostitución, del sexo. El cine quinqui era una oda a los niños malos del extrarradio, al lumpen tierno y atroz, a los excluidos de la verbena democrática: todos aquellos chicos analfabetos que vivían de robos modestos. Ahí José Luis Manzano (Paco en ‘El Pico’) soplando las velas de su dieciocho cumpleaños con la ‘Obertura 1812’ de Tchaikovsky de fondo y los antebrazos negros. "¿Quieres un tirito?". Busca la paz. Ráscate esos picores. "Revienta de potro", como dicen en la película.

Felipe González salía en la televisión. Los Calis cantaban aquello de "Más chutes no, ni cucharas impregnadas de heroína, no más jóvenes llorando noche y día". Las paredes de Bilbao rezaban ETA. La población crecía a la vez que el paro. Las clases ricas salían a exhibir sus alegrías como pavos reales. Claro que la vida era la obra y también el retrato de la España bochornosa. Claro que la realidad se extendía como un virus por las periferias. Eloy -que había dejado Filosofía y Letras en el tercer curso y se había puesto a escribir para medios televisivos- ya llevaba metiéndose desde los 60. Y no sólo se juntó con otros adictos como él, sino que casi los creó, como le sucedió con Manzano.

En ‘Lejos de aquí’, un libro autopublicado por el cinéfilo, cineasta, historiador e investigador Eduardo Fuembuena, se cuenta por fin la historia verdadera -hiperrealista hasta el dolor- de Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano. Once años de trabajo para destripar y abrazar un amor de esos locos y viejos, entre la amistad, la complicidad, la prostitución, la simbiosis, el compañerismo, la pasión, la devoción ante el cine, la supervivencia y el tremendo dolor de dos adictos a la heroína y también dos adictos a sí mismos. El uno al otro.

Cuando Eloy conoció a José Luis
Manzano era un chaval de la UVA de Vallecas, aún menor de edad, cuando una noche en medio de su calamidad le dio por rondar los billares del centro de Madrid en busca de algún curro, algún favor, alguna tropelía para pillar algo de pasta. Allí conoció a Eloy de la Iglesia, quien iba a ser su mentor, su maestro, su media mitad, su tremendo amante. Se habían encontrado una vez primera, cuando el chaval tenía 15, pero a los 17 empezarían a ser uno.

“Se vieron en la trasera del cine Carretas. José Luis era uno de tantos chavales que saltaba de un oficio a otro para ganarse la vida”, cuenta Fuembuena a este periódico. Ahí se le ofreció a cambio de subsistencia. A cambio de resquebrajar su destino de lumpen. Primero en cuerpo, evidentemente: luego llegó todo lo demás. Algo había que vender a cambio de esa Derbi Diablo 80 CX5 roja que le compró Eloy, algo había que entregar a cambio de protagonizar las películas más taquilleras de su época, de Navajeros a ‘Colegas’ pasando por ‘El Pico’ o ‘La Estanquera de Vallecas’. Fue el rostro de un tiempo roto. De todos esos chavales jóvenes y viejos al mismo tiempo que no tenían futuro desde el momento de su nacimiento.

Venía de una familia muy desestructurada, Manzano. “Una familia con valores férreos, pero populares, digamos, no exactamente tradicionales, sino muy telúricos, muy conectados a la tierra. Eran inmigrantes manchegos de la ola migratoria que se desplazó a finales de los años cuarenta hacia el centro de la península. Su madre era de Urda y el padre que le dio el apellido era de Consuegra, pero si investigas un poco más, la historia es diferente: a lo mejor el padre biológico de Manzano era gato”, desliza, sin querer concretar más. “Esa es otra historia”.

Sin amor y sin futuro
“Manzano tenía muchas carencias emocionales y educacionales. Eran ocho hermanos de distinto grado. Él era el tercer varón. Era de una de esas familias que vivían en focos chabolísticos, en cuevas. El Instituto de la Vivienda creó en esas barriadas viviendas provisionales que se conocían como UVAS. La construcción que se les prometió en el 63 se les entregó a finales de los ochenta, lo que dice mucho de la historia de este país”, expresa. José Luis nunca recibió educación primaria: era casi analfabeto. Su vida era como aquel poema de Mark Strand: “En un campo / yo soy la ausencia de campo. / Donde quiera que esté / yo soy lo que falta”. Su vida era una oquedad constante, un grito silencioso pataleando por atención. Por cuidados. Por dignidad.

Tanto fue así que cuando tuvo un terrible accidente en el que se rompió la columna vertebral, Manzano pasó once meses en el hospital de San Rafael. “Lo recordará toda su vida con cariño porque a sus doce años y medio recibió por fin un afecto que no había tenido anteriormente. La operación fue tremenda. Se le extrae la tibia y se le coloca en la columna con unos clavos. Su crecimiento se detiene. Nunca llegó al 1,70. Pero además jamás tendrá vello facial ni corporal, lo que subrayaba esa apariencia aniñada de eterno adolescente”, relata Fuembuena.

A ojos del investigador, es escandaloso que ese chaval que demostró tantos talentos interpretativos no tuviera una carrera mayor, de corte internacional. ¿Por qué no tuvo más oportunidades a partir del 86, con ‘La Estanquera de Vallecas’, hasta su fallecimiento en el 92? La belleza de Manzano era descacharrante. Desarmante. Había algo desquiciantemente triste en su cara, una hermosura herida que avisaba de todos los malos presagios, de todas las malas horas. El cabello rizado. La mandíbula cuadrada. Una diminuta nariz de boxeador. Una especie de ángel maldito, frágil, gamberro a la vez, callejero, envalentonado sólo en la ficción, colmado de una ternura incomparable.

Sexo y víctimas
¿Fue una víctima Manzano de Eloy de la Iglesia? “Bueno, consensuaron un pacto según el cual Manzano obtendría algo que hacer en la vida, ya que no había tenido la oportunidad de desarrollarse profesionalmente por las tasas de paro de la juventud, tan altas... estos chicos no eran del interés de los políticos reformistas, no. Entonces él acepta y Eloy lo elige como intérprete, así que le enseña a leer, a transmitir, le da nociones de cultura... lo convirtió en un privilegiado, y Manzano responde como había aprendido a responder: con disposición, estando prácticamente a su merced”, revela.

“Claro que había una faceta sensual y carnal. La relación nació así. De ese intercambio: un encuentro sexual a cambio de compensación económica. Pero todo va más allá y Eloy tiene la intuición y la valentía de apostar por este chaval. No creo que José Luis fuese consciente de que se estaba prostituyendo. Era algo muy común en la época y también lo hacían los militares totalmente heterosexuales”, comenta. “Para demostrar su hombría o para redondear su sueldo o para tener un estatus económico mínimo le hacían este tipo de servicios a los señores. No sólo a los señores. Mucha gente humilde tenía esa apetencia sexual y buscaba a chavales de 15 o 16 años”.

La policía, dice, hacía oídos sordos. “Sabían que existía esta actividad económica subterránea en plena puerta del Sol, pero el código penal no contemplaba que eso pudiese pasarle a un varón. Además, entonces la edad de consentimiento eran 14 años, ahora 16. Y además vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto y todo tiene estos aires tan puritanos... es lógico que ahora nos resulte chocante y escandaloso”, concluye.

Pero había amor, recalca, porque “el amor pertenece al mundo de las ideas y significa poner tus ideas en otro ser, proyectarse en otro ser, y eso fue lo que hicieron juntos”. Ambos fueron vulnerables, ambos fueron dependientes y ambos -juntos- construyeron una gran poética del lumpen. “En la crítica triunfaba más Manzano que Eloy, porque era un estupendo actor natural, pero las películas de De la Iglesia no eran bien recibidas en las publicaciones de masas, sólo se celebraban en revistas del partido comunista, Mundo Obrero, o en revistas marxistas... pero todo el mundo destacaba la interpretación de aquel joven de 17 años como el Jaro en Navajeros. Destacaron su valor interpretativo y lo llegaron a comparar con José Luis Gómez en La estanquera de Vallecas”.

Heroinómanos y amantes
Mientras tanto, obviamente, “los amores y las apetencias de José Luis iban por otros derroteros”: “Tuvo sus novias y se las ocultaba a Eloy de la Iglesia o él apartaba la mirada. Era un chaval heterosexual, aunque sentía mucha dependencia emocional de Eloy. Tampoco Eloy le era exclusivo, porque era muy promiscuo y él estaba en una situación de privilegio”. Pero había algo de posesión ahí, porque el cineasta se encargó de que nadie más contratase a Manzano, de que todos entendieran que era suyo. Pronto la atracción física se diluyó y su relación se centró en el mundo del cine.

“Aunque por otra parte a Eloy le venía bien tener a una persona que estaba siempre a su servicio, que le solucionaba un montón de problemas y cualquier necesidad cotidiana que pudiera tener. José Luis era extremadamente servicial, pero todo se complicó cuando ambos se engancharon a una sustancia tremenda como los opiáceos, la heroína, y a partir de ahí todo gira alrededor de conseguir la dosis. Eran heroinómanos que se aislaban en su mundo aunque estuviesen rodando una película”, cuenta. Si hacían falta 4 gramos de caballo al día, Eloy los compraba. Luego llegaron los tiempos malos, la falta de chavos. Las peleas. Las tensiones. Incluso las amenazas por parte del chaval al director para que le diese más heroína.

En el 88, al contrario de lo que se pensaba, Eloy dejó de consumir heroína, pero Manzano vivió siempre con reenganches y recaídas, como El Pirri. ¿Qué cree Fuembuena que hubiera sido de él si hubiera seguido vivo? “Lo he hablado con sus familiares y con sus seres cercanos. Pensamos que en José Luis había una tendencia muy marcada a la fatalidad. Si miras a los chicos que se criaron con él, a sus primos maternos o sus compañeros de la UVA de Vallecas, acabaron igual. El camino iba a ser siempre terrible, o incluso peor. Se hubiera enganchado al caballo igual, hubiera tenido una muerte violenta como la que tuvo. Quizás menos cinematográfica, pero habría muerto por enfermedades derivadas del VIH, un tiroteo con la policía o una sobredosis. O hubiera durado menos. Él era consciente de la desgracia que le marcaba”, revela.

Marxismo y muerte
Habla del niño como un chaval “con una personalidad no construida, pero una persona muy generosa, de alma muy bella, muy entregado a los demás”. Un chico desclasado, sin más signo político que la supervivencia, aunque acabó diciendo, por ósmosis con Eloy, que era comunista, aunque no sabía enunciar ningún dogma marxista. No le importaba, en verdad, traicionar a los de su clase. Tenía que vivir. Vivir, también, para consumir. Consumía por pánico a la soledad, por miedo, por aislarse del horror del mundo.

Cuando intentó salvarse -o dejarse ayudar por los sacerdotes que acogían a los errantes en sus parroquias- ya era demasiado tarde. El único reproche que se le puede hacer a alguien es a las clases altas de la sociedad y a los supuestos popes de la democracia. Al final, Eloy acabó temiendo a Manzano. “Temía su propia creación, el monstruo que había construido y que le reclamaba droga con violencia... ya le era casi un objeto abandonado en un Rastro”. Un día apareció muerto en su apartamento en la calle Rafael de Riego número 5, cerca de Atocha. Eloy no fue al tanatorio ni a entierro. Temía a su familia.

La intención de Fuembuena con este libro ha sido retratar “cómo dos historias humanas se unen para cambiarlo todo”, aunque al final no cambien nada: “Por un lado ese mundo de los chavales de barrio con un pie en la delincuencia que necesitan sustancias y luego un grupo de intelectuales marxistas... ambos, juntos, intentan cambiar este país como buenamente pueden; los primeros, de manera inadvertida, sin ser conscientes del hecho, y los segundos, intentando imponer un modelo de sociedad que no se producirá”. Es tan hermosa y desgarradora esa frustración. “Quisieron cambiarlo todo, pero al final no consiguieron siquiera cambiarse a ellos mismos”.

miércoles, 31 de marzo de 2021

#libros #homosexualidad #memoria | Lejos de aquí : la verdadera historia de Eloy de la Iglesia y Jose Manzano

Lejos de aquí / Eduardo Fuembuena //
Lejos de aquí : la verdadera historia de Eloy de la Iglesia y Jose Manzano / Eduardo Fuembuena.

Madrid : Autor, 2021 [03]
968 p.

/ ES / ENS / Libros / Capital erótico / Cine / Drogas / Eloy de la Iglesia / Homosexualidad / José Luis Manzano / La Movida / Marginalidad / Memoria sentimental / Transición
📘 Ed. impresa: ISBN 9788409274543 / 30,00 €
Nota: Se trata de una edición muy revisada y ampliada de ‘Lejos de aquí’, publicada por Uno Editorial en 2017 [03].


[.es] 1978. Jose Manzano, un chaval de la UVA de Vallecas, sumiso y fantasioso, se ofrece a la salida de unos billares del centro de Madrid. Lo recoge Eloy de la Iglesia, rara avis, vasco, homosexual, comunista y el cineasta más comercial del momento. Eloy queda fascinado con Jose, se lo lleva a vivir a su apartamento y lo elige como protagonista de ‘Navajeros’, exponente del nuevo cine coyuntural sobre la situación de la juventud española en una apenas estrenada España constitucional. Eloy modela a la medida de sus deseos a José Luis Manzano, el actor, imagen del lumpen, del quinqui y del delincuente juvenil. Para los chicos de barrio él es el Jaro, su héroe, un rebelde con causa. Manzano se convierte en un icono de esa España que De la Iglesia codifica, presentando sus claroscuros, en cinco películas, las más valientes de su tiempo. Sin embargo, José resulta un chico contradictorio e infeliz, que sobrevive entre las apariencias reales y ficticias, en busca de un lugar en el que poder ser lo mejor que intuye de sí mismo.

‘Lejos de aquí,’ el libro sobre la generación perdida de los años ochenta —el lado oscuro de la Movida madrileña— y sus conexiones con el cine, ofrece la posibilidad de mirar hacia atrás con perspectiva histórica y a la vez introspectivamente. Con el fin de comprender por qué la España de hoy es lo que es —algo a lo que De la Iglesia y Manzano contribuyeron—, el autor hace balance del periodo histórico relatado 1977-1992 a partir del paradigma y las vivencias de dos seres desarraigados.

martes, 23 de marzo de 2021

#hemeroteca ##libros #testimonios | La verdadera historia entre Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: dos desarraigados a quienes el mundo del cine dio la espalda

Imagen: Cinemanía / José Luis Manzano en 'El pico' //

La verdadera historia entre Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano: dos desarraigados a quienes el mundo del cine dio la espalda.

El historiador Eduardo Fuembuena publica una nueva versión de su rigurosa investigación sobre el director de 'Navajeros' y su actor fetiche.
Álex Andre | Cinemanía, 20 Minutos, 2021-03-23
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/eloy-de-la-iglesia-jose-luis-manzano-verdadera-historia-4628863/ 

Siete películas. Ni un filme más, ni tampoco uno menos, necesitó el joven actor José Luis Manzano para convertirse allá por los ochenta en todo un icono de la España constitucional. Este mes de marzo, coincidiendo con el 15 aniversario de la muerte del que fuera su mentor, Eloy de la Iglesia, ve la luz ‘Lejos de aquí. La verdadera historia de Eloy de la Iglesia y José Manzano’, la nueva versión de un riguroso y exhaustivo ensayo escrito por el historiador Eduardo Fuembuena donde se relatan sin titubeos las peripecias vitales del director vasco y su pupilo, así como la historia de la generación perdida de los ochenta y sus sorprendentes conexiones con el cine.

Eloy conoció a José Luis Manzano un día de finales de 1978, en unos billares de la madrileña calle Victoria que el vasco solía frecuentar en busca de chicos jóvenes con los que acostarse. José, un humilde chaval heterosexual procedente de una familia desestructurada de la UVA de Vallecas, mantuvo entonces un encuentro íntimo y puntual con Eloy, comunista aburguesado y homosexual.

"Soy un marginado y, como tal, defiendo y analizo la marginación porque, para mí, no deja de ser un hecho cotidiano. Sé lo que es sentir y vivir las contradicciones de una sociedad reaccionaria", explicaría en una entrevista el propio cineasta, un tipo políticamente incorrecto que retrató como nadie la marginalidad y la delincuencia juvenil presentes en la España postfranquista.

Al cabo de un año de aquel fortuito encuentro, Eloy volvió a buscar a José Luis para pedirle que protagonizase su siguiente película, 'Navajeros' (1980). Como no tenía muchas oportunidades y debió pensar que había poco que perder, el joven lumpen aceptó esa propuesta para debutar en el mundo de la interpretación.

“Como Eloy había buscado a Manzano solo unas semanas antes de comenzar a rodar 'Navajeros' y no se podía cubrir el tiempo mínimo de su formación, el joven memorizó el guion de la película con alguien próximo al director que se lo hacía repetir. Llegó al rodaje con el texto aprendido, incluidos los diálogos de los otros personajes. Concluido aquel rodaje, Eloy le puso una profesora privada que consolidó su alfabetización en menos de cuatro meses", señalaría Fuembuena en una entrevista concedida a nuestra revista el pasado año.

José Luis Manzano, actor fetiche
Tras filmar 'Navajeros', José pasó a ser el actor fetiche de Eloy, que gracias a sus películas —a menudo criticadas por su supuesto estilo efectista y truculento— se convirtió en el cineasta más comercial del momento. Además, el vallecano se erigió también en uno de los máximos exponentes de eso que llaman cine quinqui —gracias a su trabajo en melodramas sociales como 'El pico', la película más taquillera del año 1983—.

Según cuenta el escritor zaragozano, Eloy y José Luis mantuvieron durante años una relación tan intensa como imposible de etiquetar. "José y Eloy suscribieron un pacto personal y artístico", explica ahora a Cinemanía. "José se ponía siempre al servicio de Eloy y realizaba cualquier labor cotidiana que el adulto necesitara, pero también se situaba delante de la cámara en los rodajes y encarnaba retratos de la juventud de la Transición política española. Eloy elevó el nivel intelectual y social de Manzano y le dio algo que hacer en la vida: ser actor. Funcionó, con todas las contradicciones que provocan las carencias afectivas y de personalidad y la marginación social que los dos sufrían, hasta que la droga dura lo jodió todo".

En este sentido, ambos comenzaron fumando porros y tomando cocaína, pero, al cabo de un tiempo, acabaron enganchados también a la heroína. Eloy empezó entonces a perder rápidamente el interés por aquel joven, a la misma velocidad que su carrera cinematográfica se iba al garete. De hecho, tras el rodaje de ‘La estanquera de Vallecas’ (1987), pasaría más de tres lustros sin ponerse detrás de las cámaras.

Entrevistas para conocer la historia
Aunque muchos lo desconocen, ‘Lejos de aquí’ es fruto de años de esfuerzo y sacrificio en los que Fuembuena tuvo que ganarse la confianza de numerosos familiares y allegados a Eloy y José para escribir la historia definitiva del dúo. "Todos son personas extraordinarias. Creo que entendieron enseguida que mis intenciones eran idealistas y buenas, y me hace muy feliz haber mantenido su respeto y aprecio a lo largo de los años", asegura el historiador, quien por distintas razones acabó tomando la decisión de autopublicar su obra.

"Antepongo mi independencia y mi integridad personal y carezco de ambición, por lo que he escrito el libro que hacía falta escribir sobre Eloy y Manzano, no el comercial y luciferino que se podría haber fabricado sobre su historia. Además, la de ellos, y la mía como escritor, son realidades que se encuentran muy alejadas de los planes y los intereses de los editores tradicionales y, desde luego, de los de los grandes grupos de comunicación. Luego se da una cuestión que ha pesado más que el rechazo. Esta es el silencio editorial, que he terminado aceptando como algo inevitable en esta sociedad por una cuestión práctica: la mayoría de los editores no saben que yo y mi obra existimos. Dicho esto, Eloy, como cualquier persona que cuestiona el sistema de poder y no se arrastra ante este, es siempre incómodo".

De todas las personas a las que pudo entrevistar para su proyecto, Fuembuena recuerda con especial afecto a Pedro Cid Abarca, "un humanista y la persona más grande que he conocido. Fue un sacerdote salmantino que cuidó de Manzano durante sus últimos dos años y medio de vida, y que es el tercer vértice de un triángulo que era necesario mostrar". No en vano, Pedro acogió al actor madrileño en la casa de su parroquia entre junio de 1989 y abril de 1990, consolidando su alfabetización, pagándole también unos estudios de producción audiovisual y, sobre todo, dándole el calor humano que tanto necesitaba.

"Pedro inició un trabajo con Manzano para que este recuperase una dignidad personal y para que naciese en él la persona consciente. El resultado final no cambió por ello, pues la fatalidad tan propia de Jose, la desmemoria crónica, por no decir otra cosa, del cine español y el mal que lo ensombrece todo en este mundo pesaron mucho", cuenta.

La caída de José Luis Manzano

En cierto modo, José Luis era un chico contradictorio e infeliz. Pero Eloy le hizo creer que podía ganarse la vida como actor y, quizás por eso, él se entregó en cuerpo y alma a la misión. Pero el mundo del cine le acabó dando la espalda sin contemplaciones y eso terminó de hundirle. En junio de 1991, José Luis fue detenido junto a otro joven por asalto con intimidación. Aquello condujo a que terminara cumpliendo condena en régimen abierto en la antigua prisión de Yeserías.

Tras su periplo carcelario, el muchacho intentó esquivar la muerte ingresando diez días en el Sanatorio Esquerdo e iniciando después un programa de reinserción para expresos con problemas de drogodependencia en una asociación religiosa. Tristemente, no encontró la fuerza necesaria para conseguirlo. En febrero de 1992, apenas un día y medio después de abandonar el programa, murió de una sobredosis de droga con solo veintinueve años.

El libro de Fuembuena ahonda en cómo Eloy descubrió el cuerpo sin vida de José Luis en su apartamento, con una jeringuilla hipodérmica clavada en la rodilla izquierda. Un episodio bastante dramático y sórdido que, en el fondo, funcionaba como la perfecta crónica de una muerte anunciada. "A partir de 1987, José vivía en un estado de ansiedad prolongado frente a la incertidumbre de su situación vital y sin alcanzar a comprender que el mundo del cine le había dado la espalda", relata el autor. "En cambio, Eloy sí era consciente del ostracismo alrededor de su persona y también de un estatus profesional perdido o negado por la profesión del cine".

El escritor piensa que "José nunca entendió el valor ni el significado de la muerte, a pesar de estar sumergido en un proceso de destrucción personal como politoxicómano que era, aunque, por otra parte, manifestó en ocasiones que deseaba morir, ya que sentía que su juventud y belleza física se le escapaban de las manos. Por lo tanto, la muerte fue un punto final consecuente y liberador para el joven. Eloy aceptó este hecho como inevitable cuando se produjo. Y creo que debió de sentirse liberado de la amenazadora presencia de su exactor, que lo maltrataba en la última época".

Diez años después de su muerte, los restos de José Luis fueron incinerados y esparcidos en un cenicero común por impago de la renovación de la sepultura. Tampoco le fue mucho mejor a Eloy, que no acudió ni a su funeral ni a su entierro y, además, vio cómo varios de sus proyectos cinematográficos eran bloqueados administrativamente. En 2006, tres años después de rodar su última película, falleció en Madrid tras someterse a una operación de cáncer de riñón. Un dramático final, el de ambos, a la altura del mejor guion de filme de temática social rodado jamás en nuestro país.
 

Y TAMBIÉN…
40 años de 'Navajeros', la película que convirtió a José Luis Manzano en un icono quinqui.

Fue la película más emblemática del cine quinqui y la que impulsó el mito de José Luis Manzano. Hablamos con el experto Eduardo Fuembuena sobre 'Navajeros'.
Álex Ander | Cinemanía, 20 Minutos, 2020-10-07
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/navajeros-eloy-iglesia-jose-luis-manzano-icono-quinqui-160915/