Mostrando entradas con la etiqueta H-GQ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta H-GQ. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de febrero de 2021

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia #sexilio | El sexilio en el colectivo LGTB+, o cuando tienes que abandonar tus raíces para vivir sin violencia

Imagen: Revista GQ / Fotograma de 'It's a Sin'

El sexilio en el colectivo LGTB+, o cuando tienes que abandonar tus raíces para vivir sin violencia.

¿Cómo es la vida de las personas LGTB+ que tienen que abandonar sus raíces para ser más libres y felices, para huir de la violencia? Hoy hablamos del sexilio, y claro que aún sucede en España. Charlamos con Elena Requena, sexóloga que conoce esta realidad de primera mano, con Pablo Maderuelo, miembro de Jóvenes de Castilla y León, y con Jorge Pérez y Joseka, de Terqueer.
Víctor M. González | Revista GQ, 2021-02-11
https://www.revistagq.com/noticias/articulo/sexilio-lgtb-abandonar-lugar-de-origen-violencia-incomprension 

“Hay muchos chicos que vuelven a casa últimamente. Y no creo que volvamos a verlos. Ritchie, prométeme que no volverás a casa”. It's a Sin ilustra el sexilio del colectivo LGTB+ a la perfección, no solo las razones que llevan todavía a muchas personas a abandonar sus lugares de origen, en ocasiones huir de ellos, sino las contradicciones que esto genera. La serie de HBO narra cómo muchos jóvenes de regiones rurales se trasladaron a Londres en los años 80 para ser, vivir y amar en libertad, y cómo también muchos, en plena crisis del sida, tuvieron que volver a morir a sus hogares natales. Podríamos pensar que era para morir bien, pero no; muchos lo hacían rodeados del odio de su familia y de su entorno.

Tal vez te sorprenda, tal vez no, pero el sexilio sigue sucediendo, y no solo en países en los que es ilegal ser LGTB+, o en los que la violencia LGTBfóbica está legitimada desde la política, sino también en España, en zonas rurales alejadas de las grandes capitales, incluso en barrios o ciudades dormitorio cercanas a estas. Pero también es cierto que el panorama está cambiando poco a poco. Hay ciertas instituciones y colectivos que, conscientes de esta realidad, luchan para poner soluciones, para que los que aún no se pueden ir se sientan arropados, y que los que se pueden ir no se vayan. El sexilio es una importante causa de despoblación.

Pero, ¿cuáles son las situaciones que llevan a las personas LGTB+ a marcharse? ¿Qué tipos de violencia o incomprensión sufren? ¿Qué relación establecen luego con sus raíces, su familia y su entorno? ¿Qué medidas se deben tomar para que el sexilio desaparezca? Charlamos de todo esto con Elena Requena, nuestra sexóloga de cabecera, que conoce bien esta realidad; con Pablo Maderuelo, miembro de Jóvenes de Castilla y León, y con Jorge Pérez y Joseka, del colectivo Terqueer.

“Cuando se habla de sexilio LGTB+, entendemos el abandono del lugar de origen por la presión o la violencia que ejerce el entorno. Y la búsqueda de un espacio donde sentirse seguro o libre de prejuicios”, explica Elena. “Creo que en primer lugar el sexilio más importante se produce desde países donde la violencia hacia el colectivo LGTB+ está incluso legislada, en ocasiones con la pena de muerte. En estos casos, las personas buscan otros países donde dejar atrás esa violencia”.

Qué es el sexilio y cómo sucede en España
“También se habla de sexilio en el medio rural. Mi opinión personal al respecto es que esto ha cambiado mucho en las últimas décadas y la presión en estas zonas es menor. Pero esto no quiere decir que las personas LGTB+ no se vean obligadas a dejar su pueblo de origen buscando lugares donde evitar el juicio o sentirse libres de expresar su género u orientación. En ocasiones, esta huida tiene más que ver con el ambiente familiar que con el medio rural en sí mismo”, añade Elena.

Sobre esto anterior que comenta Elena, reflexiona también Jorge Pérez, de Terqueer, un colectivo que busca crear un lugar seguro, fomentar el apoyo y dar visibilidad a las personas LGTB+. “La situación de Teruel es bastante parecida a la de otras zonas rurales de España cuando perteneces a la comunidad LGTBIQA+. Nos enfrentamos a muchas violencias: discriminación, humillación y agresiones, añadiendo que no tenemos una comunidad de gente cercana que nos comprenda, sea como nosotres y pueda apoyarnos. Ser LGTBQIA+ supone que tu entorno rara vez sea seguro”.

Aunque a veces es difícil poner datos cuantitativos a esta realidad, Pablo Maderuelo, de Jóvenes Castilla y León, que propone crear un estudio específico sobre sexilio y despoblación, apunta lo siguiente: “Una encuesta publicada en mayo por la Agencia de Derechos Fundamentales mostró cómo el porcentaje de gente que nunca ha manifestado abiertamente su sexualidad en España es mayor en pueblos que en ciudades. También reveló cómo, mientras el 42% de la población europea vive en ciudades y el 27% en zonas rurales, las personas LGTB+ que participaron en la encuesta vivían en un 47% en las primeras y un 13% en las segundas”.

Y continúa. “Es preocupante que en 2012, cuando el Observatorio de la Diversidad de Orientación Sexual e Identidad de género hizo una encuesta sobre integración de personas del colectivo LGTB+, ocho de cada diez encuestados respondieran afirmativamente cuando les preguntaban si desearían irse de su autonomía a causa de su orientación sexual. No sabemos cómo habrá evolucionado esta situación, pero debemos detenernos a estudiar cuál es hoy y qué hay que hacer para que nadie se quiera marchar de ningún sitio, ni de Castilla y León ni de otros, a causa de su sexualidad”.

Cómo es ser LGTB+ (no solo en zonas rurales)
Pero, ¿cuáles son las situaciones cotidianas concretas que sufren las personas LGTB+ en las zonas rurales de España? Jorge Pérez detalla.

  • Los insultos, humillaciones y ataques llegan antes de que tú misme puedas saber quién eres y a edades muy tempranas, cuando todavía nuestra autoestima e imagen apercibida se está formando.
  • Te enfrentas a ser señalado como el “maricón”, la “bollera” y una ristra de términos muy amplia en el momento en que se sabe. O ni siquiera hace falta que pertenezcas al colectivo, como es el caso de algunos hombres cisheterosexuales con gestos más socialmente “femeninos” a los que se les trata de “maricón” o mujeres cisheterosexuales con gestos más socialmente “masculinos” a las que se las trata de “marimacho” o “bollera”. En ambos casos este rasgo es conocido como “pluma”, y la violencia se desborda muchísimo.
  • Rumores sobre si portas algún tipo de enfermedad, comentarios sobre si eres un pecador, sobre si eres antinatural. Es una exposición constante al juicio público. No querer juntarse contigo “porque les pegas el sida”, que no les toques “porque los vuelves maricones”, pegar el culo a la pared “para evitar que los violes”...
  • También se sufre de aislamiento. Si tienes suerte puedes encontrar a gente que te apoye y te haga sentir seguro, pero lo normal es encontrarte rechazo. Es un constante sentimiento de que nadie te conoce de verdad y que si lo supieran se alejarían de ti.
  • Miedo constante a poder mirar siquiera de forma medianamente continuada a una persona, o siquiera mantener una relación estrecha de amistad, siendo hombre, con otro hombre, porque enseguida comienzan los rumores. Pierdes muchas amistades y otras cambian por este tipo de rumores.
  • Sentirte fuera de lugar cuando se habla de chicos o de chicas porque no puedes expresar la realidad de lo que te gusta. Y ya ni hablemos de si no te identificas con ninguna de esas categorías.
  • Una parte de esto también es la familia. No tener un entorno familiar que sea seguro es un gran factor para irse.

Este es el día a día de muchas personas en su infancia y adolescencia. “Desgraciadamente, esto sigue siendo frecuente en esta etapa de la vida, no ya en el medio rural, que también, sino en toda nuestra geografía. Una buena educación sexual, que nos hable de diversidad y aceptación, evitaría que todo esto ocurriera. Sufrir acoso por tu género u orientación puede desembocar en conflictos emocionales muy profundos, con síntomas asociados como ansiedad, depresión, dificultad en las relaciones interpersonales, abuso de sustancias...”, explica rotunda Elena Requena.

A esto anterior se añade el proceso emocional que exige el sexilio. “Este movimiento no siempre se ejecuta conscientemente, se produce de forma paralela a la evolución del individuo en otras áreas, como ir a la universidad, o el trabajo. Una vez estamos en el lugar donde el juicio no es tan duro y el ambiente es seguro, nos damos cuenta de lo que nos faltaba. Esto genera muchos sentimientos de ambivalencia”, asegura Elena. Regresar al hogar puede seguir siendo incómodo años después; hay mucha gente que no termina de salir del armario, o les incomoda tener que dar explicaciones.

“Habrá personas que se sientan más ligeras y que no les duela tanto abandonar su lugar de origen, porque para ellas era un infierno. También habrá personas que sientan un pesar enorme por verse lejos de todos a los que quieren para poder ser ellas mismas. Y habrá personas que lleven una doble vida entre su lugar de origen y el nuevo. O en la vida real y en las redes sociales, esto también pasa mucho. En general, tienes esa sensación de desarraigo y lejanía. Todes pasamos por ella de una forma u otra. Nadie quiere irse. Al menos no por ser LGTBIQA+”, lamenta Jorge.

Qué tiene que cambiar: ideas y soluciones
Aún así, Jorge cuestiona esa idea de que con el cambio generacional vaya a desaparecer la violencia. “No hay diferencia entre jóvenes y mayores, es un problema a nivel social. Cuando creces en una zona rural, los ataques directos no los sufres de adultos, los sufres de personas que rondan tu edad. Hay muchísimo que hacer aún”, reflexiona. “Sí es verdad que en muchas zonas y en gente más joven, las cosas han cambiado un poco, pero, por un lado, se debe a una mayor amplitud y diversidad en referentes, y por otro, también influye que algunes de nosotres nos hayamos hecho visibles, nos expongamos y luchemos por mejorar las cosas”.

Es la hora de plantear soluciones. “Nuestra propuesta pasa, en primer lugar, por profundizar en el estudio de estas realidad, para que la ciudadanía sea consciente”, señala Pablo. “Después, desarrollar campañas dirigidas a dar visibilidad a las personas LGTB+ de la región, y crear una web específica sobre diversidad sexual en Castilla y León, que aglutine recursos y se haga eco de noticias, charlas y otras acciones. Finalmente, una red de mentores, personas LGTB+ que vivan dentro de la comunidad y puedan servir de apoyo a cualquier joven que necesite hablar, resolver dudas, compartir experiencias en confianza o simplemente tener un referente”.

“Las charlas en igualdad y creación de espacios LGTB+ deberían hacerse ya, no solo por nosotros, sino por las generaciones futuras”, propone Joseka, de Terqueer. “Pero creo que lo más importante es educar de forma abierta, enseñar que no solo existe un estándar de vida heteronormalizada, que les niñes pueden ser lo que decidan ser, y que nadie debería arrebatarles su libertad”. En ese aspecto, la educación, coincide Jorge. “Hay desinformación en torno a relaciones afectivas, tóxicas y machismo, autoestima emocional y del cuerpo (gordofobia, trastornos alimenticios) y respeto hacia la diversidad en general, como la xenofobia, el racismo...”.

“Esto tiene una solución mucho más sencilla de lo que se pueda imaginar, y es la educación sexual, pero no de carácter preventivo como se ha hecho hasta ahora, y de forma bastante escasa, sobre prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión genital. Sino una educación sexual que abarque la diversidad, el amor, el conocimiento y el respeto. La diversidad nos enriquece en cada lugar donde se nos permite ser y estar, y es trabajo de cada uno dar ese espacio”, concluye Elena.

martes, 17 de abril de 2018

#hemeroteca #psicologia #ligoteo | Tinder (y Grindr) te están destrozando la vida

Imagen: GQ
Tinder (y Grindr) te están destrozando la vida.
Te explicamos por qué las apps de citas te causan tristeza y ansiedad cuanto más te conectas a ellas (y cómo aprender a usarlas bien). Los expertos Elena Requena y Gabriel J. Martín abordan cómo las apps de ligue afectan a nuestra salud mental. La clave está en nosotros mismos. ¿Es el colectivo gay más susceptible de padecer hábitos tóxicos en estas redes? Su experiencia emocional es mucho más traumática.
Victor M. González | GQ, 2018-04-17
http://www.revistagq.com/noticias/tecnologia/articulos/apps-sexo-grindr-tinder-depresion-salud-mental/28792

"No soy capaz de tener citas en persona". "Cuando quedo con alguien, el sexo siempre va primero". "Mi autoestima ya se basa solo en mis habilidades sexuales". "No me siento cómodo relacionándome con gente de otra manera". Quizá pensarás que son testimonios algo alarmantes, pero forman parte de una realidad cotidiana que puede que tú también conozcas: las apps de ligue. ¿Te ves reconocido en ellos? Son fragmentos de entrevistas con las que el psicólogo Jack Turban acompañó un reportaje, publicado en el portal estadounidense 'Vox' la semana pasada, cuyo objetivo es ilustrar a golpe de retazos de vida cómo estas redes sociales afectan a nuestra salud mental. Hay un factor adicional: la investigación se refiere solo a aplicaciones dirigidas al colectivo gay. Las afirmaciones con las que comenzamos el artículo pueden parecer elegidas para apoyar una tesis pesimista (de hecho, hace no tantos años hablábamos de lo mismo sobre los chats de internet), pero es un debate que ya está sobre la mesa y que merece la pena abordar también para el público heterosexual. ¿Pueden estas plataformas provocar adicción o depresión? ¿Fomentan ideales de belleza exclusivos e irreales? ¿Es la comunidad gay más susceptible de caer en hábitos tóxicos? Que hablen los expertos.

"No sé si llamarlo adicción, pero desde luego generan una enorme dependencia. Además están muy bien pensadas para ello", opina Elena Requena, médico de familia, sexóloga y asesora de parejas: "Igual que en las máquinas de los casinos, el que usa las apps de ligue siempre está esperando que en la próxima jugada le toque el premio gordo". Con esta analogía rescata una tesis que manejan los psicólogos sobre cómo nos seduce la tecnología (empleada además para explicar la ludopatía), que mencionaban también en el reportaje de 'Vox': el programa de reforzamiento variable sostiene que cuantas más veces hagas algo, más posibilidades hay de que logres lo que te propones, y en esa dinámica no es sencillo saber cuándo parar. Por eso te enganchan Twitter, Instagram, Facebook... y también Tinder, claro. "Generan una expectativa que, como una bola de nieve, cada vez es más difícil de cumplir, y seguimos enganchados esperando el milagro", continúa: "Eso nos produce sentimientos negativos, sobre todo de una gran frustración, desamparo y soledad, que se traducen en tristeza y nerviosismo difíciles de controlar, y que parece que solo van a desaparecer volviendo a entrar en ellas. Al final lo que predomina es el miedo a no llegar a una meta que se supone que tenemos que alcanzar a toda costa".

El perfecto selfie en el espejo del baño, la silueta a contraluz frente a la puesta de sol en una playa preciosa, una foto colectiva en el restaurante de moda... ¿Existe en estas plataformas un ideal de belleza y de estilo de vida que nos hace sentir mal si no podemos alcanzarlo? Así lo cree Requena: "Sucede con las redes sociales en general, no solo con las aplicaciones de ligue. Vendemos una imagen irreal de nosotros mismos porque queremos encajar, ser lo que se supone que el otro está buscando". Para averiguar si eso se potencia en un colectivo más minoritario como es el homosexual, recurrimos a Gabriel J. Martín, experto en psicología afirmativa gay y autor de los libros 'Quiérete mucho, maricón' y 'Sobrevivir al ambiente'. "En estas apps tener un cuerpo masculino, musculado y joven proporciona una ventaja competitiva sobre los otros y facilita que ligues. Si alguien se siente inseguro es probable que interprete cada rechazo como una prueba más de que existen razones para sentirse acomplejado". Pero también lo pone en cuestión: "Esos cánones son muy arbitrarios y debemos aprender a relativizarlos. Que mi físico no llame la atención en estas apps no significa que yo no sea atractivo, sino que mi público está en otro lado o que no soy fotogénico, y eso tampoco es un drama".

Es aquí donde entra en juego el punto que mayor conversación merece: según un reportaje de 'Highline' publicado en 2017 y que generó gran controversia en la comunidad, las personas homosexuales son más propensas a padecer patologías del corazón, depresión, ansiedad y a intentar suicidarse, y por tanto, víctimas fáciles de estas apps. Nuestros expertos están de acuerdo. "Mantener un estado de alerta constante, una sensación de miedo y nerviosismo desde edades tempranas, precipita la aparición de estas enfermedades. Incluso en chicos y chicas en los que el ambiente familiar es facilitador, estos sentimientos brotan debido a la presión ambiental", asegura Requena. Gabriel J. Martín también tiene claras las razones: "La violencia que hemos sufrido. Haber sido agredidos sistemáticamente, haber recibido insultos desde pequeños y haber crecido en una cultura que nos ha enseñado que nosotros y nuestras relaciones son menos valiosas, o aún peor, enfermizas o desviadas. Todo esto es extremadamente violento sobre todo durante la infancia y la adolescencia. Deja marcas a cualquiera". Requena añade: "Por eso es tan importante seguir trabajando en un ambiente más amable, acogedor e inclusivo. Todos somos distintos y eso es lo que nos convierte en maravillosos, ¿no crees?".

No obstante, ni Elena ni Gabriel nos aconsejan dejar de utilizar las apps de ligue. "Creo que la premisa es '¿qué quiero conseguir? ¿Es algo que deseo realmente o es autoimpuesto?'. Si nos surgen pensamientos de frustración, de malestar o de soledad, de degradación de nuestro autoconcepto, o nos encontramos haciendo un uso compulsivo, quizá tenemos que comentarlo con nuestro círculo de confianza y buscar ayuda". propone Requeña. Martín es más positivo: "En absoluto recomiendo dejar de usarlas, pueden ser realmente útiles. Es muy positivo para quienes viven en zonas donde es muy difícil hacerse visible a causa de la homofobia, o donde hay poca concentración de gais. Piensa en otros países. Y tampoco olvidemos que facilitan el sexo lúdico e incluso conocer a posibles candidatos a novio, aunque no sea lo más frecuente. Pero antes es bueno saber que uno se encuentra en un entorno artificial donde las relaciones son distintas, donde los demás pueden ser desagradables y aprender a no tomarlo como algo personal. Y fijarse un tiempo en ellas para no perder horas buscando no se sabe qué. Si no has ligado en media hora, no ligarás en cuatro". Y remata: "Sobre todo hay que emplearlas una vez hayamos aprendido que ligar no es lo más importante que hay en nuestras vidas".
 
Y TAMBIÉN…
Putochinomaricón: "La comunidad LGTBIQA es extremadamente racista y no lo ve, como cuando ponen en Grindr 'no busco chinos".
Hablamos con el cantante, arquitecto, violinista e influencer Chenta Tsai, conocido como Putochinomaricón, sobre su papel en la reivindicaciones contra el racismo y la homofobia. "Cuando dices algo reivindicativo la gente se ofende y se lo toma mal, pero si le pones una melodía pegadiza lo aceptan más", enfatiza el artista. Putochinomaricón critica que "a la mujer asiática que sale en El Hormiguero Pablo Motos la trata como si fuera una basura".
Moha Gerehou | El Diario, 2018-04-16
https://www.eldiario.es/desalambre/Putochinomaricon-Dentro-comunidad-LGTBI-racistas_0_760474763.html

miércoles, 3 de mayo de 2017

#hemeroteca #gais #psicologia | La insoportable levedad del gay

Imagen: GQ
La insoportable levedad del gay.
Por qué los heterosexuales siguen sin entender a los homosexuales (aunque se supone que hemos alcanzado la normalización).
Mateo Sancho | GQ, 2017-05-03
http://www.revistagq.com/noticias/articulos/los-heterosexuales-siguen-sin-entender-a-los-homosexuales/25994

Y, por fin, se empieza a hablar del tema. A escribir y a publicar. Se representan obras en Broadway como 'Significant other', donde el protagonista gay se queda sin amigas al llegar a la treintena, su abuela le dice "cuando enviuden volverán a ti", pero acaba saliendo por la noche con el único homosexual de su empresa. Un artículo sobre la soledad homosexual escrito por Michael Hoobes en el Huffington Post se hizo viral y fue también muy crítico con la propia comunidad. Y el psicólogo Gabriel J. Martín acaba de publicar el libro 'El ciclo del amor marica' (Editorial Roca), un ingenioso manual para navegar por el mundo de las emociones homosexuales. Pero, claro, la gente se pregunta: ¿Es necesario? ¿Es victimismo? ¿No estábamos caminando hacia la normalización?

Rebobinemos. Los homosexuales nacidos de los 80 en adelante tuvimos la suerte de llegar, como quien dice, a mesa puesta con el tema de la aceptación y los derechos. Durante nuestra juventud, nuestros amigos heterosexuales se unían a los planes en bares gais. Llegaron Boris Izaguirre, Pedro Zerolo y el Grindr. Y se acabó el (a veces añorado) oscurantismo.

Pero tras una juventud (que afectó a varias generaciones) marcada por el espejismo de la comunión, ahora que nos vamos haciendo (emocionalmente) mayores, llega el momento de la divergencia. Cuando la vida se va poniendo seria, parece que nosotros no lo somos. ¿Por qué?

Chocamos, por un lado, con la incomprensión del heteropatriarcado hacia la reinvención de los modelos emocionales y la estigmatización de la promiscuidad. Esas moderneces de la pareja abierta, de la trireja, de los modelos permeables… mejor no nos cuentes. La insoportable levedad del gay. Por otro, emergen unos cuantos obstáculos internos en la comunidad que habían quedado eclipsados por el hedonismo.

Por partes. A pesar de los esfuerzos de los amigos de siempre, es todavía difícil encontrar empatía en la otra acera cuando se plantean crisis emocionales después de una excursión a una sauna en pareja, o cuesta explicar sin justificarse qué falló en tu pareja abierta que se acabó por algo que nada tenía que ver con la infidelidad.

La realidad es que el entendimiento externo de la dinámica emocional-sexual del mundo homosexual sigue en sus mínimos. Y, por poner un ejemplo, todavía no se puede hablar de gonorreas como si fueran hongos de piscina.

Los nuevos modelos ponen en alerta a los viejos, y frases como "quien juega con fuego se quema" se leen en la mirada del otro, si no se oyen de su boca. Y así, tras la desarmarización sexual e identitaria que a muchos nos trasladó la sensación de que ya no necesitábamos al colectivo para nada y éramos la generación de la normalización, vino el revés cuando intentamos ser felices en el amor y nos dimos cuenta de que el círculo de personas a las que acudir ante una crisis emocional del nuevo modelo se reduce, prácticamente, a aquellos que también lo están practicando.

Así que, más allá de la razón principal apuntada para justificar la soledad homosexual a los 40 años (los heteros se casan y tienen hijos), quizás el repliegue hacia el gueto amistoso-emocional viene dado por un modelo de vida que todavía incomoda a la mayoría, como queda patente que el atentado de Orlando creara tantas resistencias a ser considerado un ataque a la comunidad gay, o el hecho de que el PreP, el tratamiento preventivo para el VIH, siga encallado en la sanidad pública.

Es por eso que, como el feminismo de la diferencia, el colectivo gay tiene que enarbolar (y está enarbolando) con fuerza la defensa de su propio modelo social y emocional. Necesita, como dirían los sociólogos, un marco o un paradigma, porque que la sombra de la marginalidad emocional se hace alargada.

Tras años de trabajo psicológico específico para homosexuales, Gabriel J. Martín explica, en declaraciones a GQ, que existe la necesidad de encontrar "unos referentes, alguien que hable en tu idioma de lo que ocurre en tu cultura y en tu mundo, que dé soluciones que sean para ti. En un manual heterosexual no se habla de estos temas". Y punto.

Pero hasta ahí los balones fuera. Los balones dentro también nos recuerdan que, aun en tiempos de tolerancia, salir del armario sigue siendo un proceso que pasa por una fase necesariamente inhibitoria y las consecuencias se arrastran más de lo que nos gustaría pensar.

"Somos gente que durante mucho tiempo tuvo miedo a contar cosas suyas, que tuvo miedo a que los demás se inmiscuyeran en su vida por miedo a descubrir su homosexualidad. Como mecanismo de defensa hemos desarrollado un escudo protector que impedía que los demás entraran en nuestra vida más íntima, y eso crea una barrera para conectar íntimamente con los demás", explica Gabriel J. Martín, quien tituló su libro anterior “Quiérete mucho, maricón”, apuntando también la necesidad de aceptación natural de las diferencias dentro de la propia comunidad.

Y es que, antes de llegar al público general, quizás esta corriente teórica tenga que hacer una primera parada en la comunidad gay, pues los modelos de relación que desafían a la heteronormativa todavía desestabilizan, por la incertidumbre que generan, a los propios homosexuales, que no escapan al machismo, a los celos, al instinto posesivo ni a la homofobia interiorizada. Temas muy graves dentro de nuestra cacareada levedad.

miércoles, 21 de mayo de 2014

#hemeroteca #sociologia | Por qué no deberías meterte con los 'canis'

Imagen: GQ / The Valleys
Por qué no deberías meterte con los 'canis'.
Owen Jones, autor de 'Chavs: la demonización de la clase obrera', nos explica por qué te han hecho creer que eres mejor que ellos.
Iago Dávila | GQ, 2014-05-21
http://www.revistagq.com/actualidad/cultura/articulos/por-que-no-deberias-meterte-con-los-canis/19991

Owen Jones (Sheffield, 1984) ha estado estos días en el CCCB, el Círculo de Bellas Artes de Madrid y la Universidad Complutense hablando de cómo nos hemos habituado a la desigualdad y cómo los más desfavorecidos están pagando por ello. Con sólo 29 años, este periodista y comentarista británico, que colabora de forma regular con 'The Independent' y 'The Guardian', puede presumir de ostentar el galardón de Mejor Escritor Joven de Reino Unido y de haber colado su primer libro, 'Chavs: la demonización de la clase obrera' (Capitán Swing) entre los mejores de 2011 según el 'New York Times'.

Para los que no lo sepáis, los 'chavs' son una especie de versión británica de los 'canis' españoles: jóvenes de barrios deprimidos, que ni estudian ni trabajan, dependientes de las ayudas sociales, racistas, maleducados, alcohólicos y que lucen un look hortera y prendas falsas de primeras marcas (especialmente Burberry).

La proliferación de 'chavs' en Reino Unido en los últimos años ha sido tal, que en los principales medios del país se dedican extensos reportajes sobre su estilo de vida y, tanto las élites como la clase media, los considera basura blanca y se burlan de ellos en foros de internet y programas de televisión.

En el prólogo de 'Chavs: la demonización de la clase obrera', Jones cuenta cómo durante una cena en su casa uno de los invitados dijo: "Cierran Woolworth's (un centro comercial inglés de precios bajos). ¿Dónde comprarán ahora los 'chavs' sus regalos de Navidad?". Entre los asistentes había gente con formación universitaria, de ideas de izquierdas, gays y negros. Y todos rieron a carcajadas.

Desde la perspectiva de Jones, el rechazo a los 'chavs' es el resultado de una estrategia del neoliberalismo (que luego han abrazado los socialistas) para responsabilizar a las clases trabajadoras de sus desgracias, justificando así la existencia de élites que acumulan la mayor parte de la riqueza.

Su libro no sólo ha vendido millones de copias en todo el mundo, también ha devuelto a la arena política el debate sobre la conciencia de clase. Este concepto, que puede sonar caduco en el siglo XXI, vuelve a estar de absoluta vigencia en la situación que atravesamos, y la lectura del ensayo de Jones (que, por otro lado, es ameno y cargado de ejemplos que te dejarán con los ojos abiertos) te hará reflexionar sobre tu papel en este proceso de demonización.

Ayer tuvimos la suerte de compartir unos minutos con este niño prodigio del periodismo británico, durante los que hablamos de por qué no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, del machismo de Cañete y de las amenazas en Twitter. Bueno, y de 'chavs', Wayne Rooney y programas como 'Geordie Shore' y 'The Valleys'.

GQ: Tu primer libro trataba sobre los 'chavs' en Inglaterra. ¿Se puede trasladar este fenómeno a otros países?
Owen Jones: Sí, claro. En los países ricos te encuentras a un grupo de gente que acumula el poder y los recursos y otro que lucha para salir adelante y cuidar de sus hijos. Y eso tiene que justificarse de alguna manera, que es a través la demonización de los débiles. Porque el discurso de las élites es que los ricos se lo han ganado porque trabajan duro, son más inteligentes y son mejores personas. Y los que están abajo se merecen esa posición porque son estúpidos, son vagos y están estancados. Esto ocurre porque antes los problemas sociales, como el desempleo o la pobreza, se veían como un mal funcionamiento de la Administración, un error del sistema. Pero con la llegada del neoliberalismo, todos estos asuntos empiezan a considerarse fallos personales: si eres pobre, es porque no te esfuerzas; si no tienes trabajo, es porque no lo buscas con suficiente ahínco. Así que, efectivamente, los 'chavs' son un fenómeno británico, pero –con sus particularidades– se puede trasladar a cualquier país que esté en las mismas condiciones.

GQ: Al comienzo de esta crisis, el presidente del Gobierno de España dijo que habíamos estado viviendo "por encima de nuestras posibilidades". ¿Es ésta una manifestación de era estrategia del poder para criminalizar al ciudadano?
OJ: Efectivamente, y es una estrategia muy inteligente, culpar a los ciudadanos de los crímenes de las clases poderosas. Esta crisis que estamos viviendo fue causada por el sector financiero, que estaba fuera de control, impulsado por la codicia y promovido por gobiernos que desregularizaron el mercado. Esto ha llevado a la quiebra, con distintas intensidades, de todas las economías de Europa Occidental, y con comentarios como ése se utiliza a los ciudadanos, que nada han tenido que ver con el origen de la crisis, como cabezas de turco. Para que lo entiendas, es como si los tipos que están en el poder celebran una fiesta, destrozan el local y luego hacen que pagues tú la factura. Y encima te dicen que es tu culpa, porque dejaste que ocurriese. La realidad es que el nivel de vida estaba bajando y la gente tuvo que recurrir a créditos baratos, cuando lo lógico era que subiesen los salarios y no tener que endeudarse. Lo que hay que hacer ahora es impedir que los causantes de esta situación se vayan de rositas y asuman las consecuencias de lo que han hecho.

GQ: Algunos críticos te acusan de idealizar a la clase trabajadora. ¿Hay algo de cierto en el cliché del 'chav'?
OJ: Por supuesto que hay gente disfuncional. En el primer capítulo de 'Chavs' cuento el caso de una mujer que secuestró a su hija para conseguir dinero. No se puede ser más disfuncional que eso. Mi postura es que esa gente no representa a nadie más que a ellos mismos, y lo que no pueden hacer los medios de comunicación es convertirlos en la punta del iceberg de todo un colectivo de gente trabajadora. El año pasado, por ejemplo, vivimos en Inglaterra el caso de un asesino, que quemó su casa y mató a sus siete hijos. Un acto despreciable, y obviamente fue juzgado y condenado a prisión. Pues bien, la portada del segundo diario más leído del país, el 'Daily Mail', rezaba "El resultado violento del estado de bienestar en Reino Unido". Es decir, utilizan a individuos para representar a todo un grupo social. La mayoría de las personas que están en ese estrato lucha a diario para sacar adelante a sus familias. Es lo mismo que se dice con el alcohol: los pobres son los que tienen problemas con la bebida. Si ves las estadísticas, los ricos beben más que los pobres. Es lógico, porque necesitas dinero para comprarlo. Si, por ejemplo, tomásemos el caso también inglés de un médico que asesinó a 200 de sus pacientes, a nadie se le ocurriría decir que todos los médicos son unos asesinos, o que sus orígenes tienen algo que ver con sus actos.

GQ: ¿Cuál es la diferencia entre el fenómeno 'chav' y otras comunidades obreras que también han sido demonizadas, como los mods o los punks?

OJ: Esas son subculturas con las que sus integrantes se identifican y se definen por su ropa y por la música que escuchan. "Chav" es un insulto, nadie se llama a sí mismo "chav". No hay ningún tipo de cultura asociada a este grupo social.

GQ: ¿Y no podríamos decir que programas como 'Geordie Shore' o 'The Valleys' son la manifestación cultural de los "chavs"?
OJ: No, ya que ningún espectador se ve representado por los personajes que aparecen en ellos. Estos programas son sensacionalistas y en sus casting buscan a individuos peculiares y, desde luego, ellos no se consideran "chavs". Catalogar a alguien de "chav" es insultante, porque es un calificativo que se atribuye a alguien, no por el que alguien se defina a sí mismo. Así, hay gente que inventa acrónimos como Council House And Violent o Council House And Vulgar. O sea, que se asocia directamente a los orígenes de esta gente.

GQ: Insistes mucho en la importancia del lenguaje con el que nos referimos a los colectivos desfavorecidos. El otro día, por ejemplo, el candidato del Partido Popular en las Elecciones Europeas, Miguel Arias Cañete, dijo que "es muy difícil demostrar superioridad intelectual cuando debates con una mujer porque corres el riesgo de que te tachen de machista". ¿Qué opinas?
OJ: Decir eso es todavía más machista, obviamente. El sexismo y la misoginia son grandes problemas en toda Europa. Por ejemplo, en el Parlamento británico sólo el 20% de las representantes son mujeres. Y a diario ves cómo se trata con condescendencia a mujeres que están en cargos públicos. Éste no es un problema exclusivo de la derecha, también lo es de la izquierda. En general, a cualquier mujer que sea una figura pública y tenga opiniones sólidas acerca de cualquier tema se le ataca y se le trata con paternalismo. ¡En cuántas ocasiones hemos presenciado que se criminalizaba a víctimas de violaciones por la ropa que llevan! Es inaceptable, y creo que debería ser un eje central del debate público en estos momentos. Al año, en Gran Bretaña, 1,2 millones de mujeres sufren violencia doméstica, 400.000 padecen acoso sexual y 80.000 son violadas. Y va más allá de eso: el problema es la forma en que las mujeres son tratadas y convertidas en objetos sexuales inferiores al hombre. Hay que terminar con todo eso.

GQ: Siguiendo con la actualidad española, recientemente ha sido asesinada la presidenta de la Junta de León, que pertenece al partido que ostenta en el poder. Algunas personas que han celebrado este asesinato en las redes sociales están siendo ahora juzgadas y encarceladas, lo que ha provocado que otros colectivos reclamen las mismas medidas contra quien promueva la violencia contra judíos, inmigrantes o comunistas. ¿Es necesario crear una legislación a este respecto o internet se regula solo?
OJ: Gente desagradable y horrible hay en todas partes. Yo mismo recibo amenazas continuamente. Pero no creo que haya que meter en la cárcel a toda la gente que es ofensiva. Cuando se trata de amenazas de muerte dirigidas a minorías deberían ser perseguidas. Si alguien pinta en el muro de tu casa "Matemos a los judíos", es un delito. Y me da igual que sea en el muro de tu casa o en las redes sociales, es intolerable. En Reino Unido hay una clara diferencia entre amenazar de muerte y ser ofensivo. No creo que los segundos debieran ser arrestados, pero si incitas a la violencia, entonces la legislación debe intervenir.

GQ: Algunos jugadores de fútbol, como Wayne Rooney, están considerados 'chavs' por un amplio espectro de la sociedad inglesa. ¿Crees que ídolos de estos colectivos como él deberían realizar algún tipo de acción para favorecer a las comunidades de donde provienen y defender sus derechos?
OJ: La razón de que a personajes como Rooney se les siga tachando de 'chavs' es por sus orígenes: da igual cuanto dinero tengas, naciste entre la basura y siempre serás basura. En todo caso, no creo que el cambio de este tipo de actitudes dependa de actuaciones individuales de personajes famosos. El cambio se produce por la acción colectiva, aunque obviamente ayuda que ellos se comprometan. Cheryl Cole, por ejemplo, sí que ha defendido sus orígenes. Pero no tenemos que reclamar responsabilidades a los que han salido de esa situación, sino a quienes la han provocado.

GQ: ¿Crees que tu libro ha devuelto el debate sobre clases a la palestra política?
OJ: Bueno, los libros son sólo libros, y la verdad es que éste funcionó mucho mejor de lo que esperaba. Creo que gran parte de su éxito se debió a que salió en el momento oportuno, ya que la conciencia de clase era algo que había sido enterrado en el debate político. La salida del libro coincidió con la llegada de un partido conservador en el gobierno, que aprobaba medidas para beneficiar a las élites mientras la gente perdía sus empleos e incrementaba el número de dependientes de las ayudas sociales… Así que los problemas de clase han vuelto por sí mismos.

GQ: A la vista de los discursos de algunos políticos durante esta campaña electoral, ¿podríamos decir que España es la 'chav' de Europa?
OJ: Supongo que dices esto por la postura de algunos políticos alemanes. Es el típico prejuicio de los mediterráneos vagos que se gastan las ayudas sociales frente a la productividad germánica. Es ridículo. España era una economía floreciente antes de la crisis, no había déficit, y la razón de que se arruinase no tiene nada que ver con sus ciudadanos, sino con las acciones de las élites en este país, en Reino Unido y en tantos otros lugares. Yo creo que si tú le prestas dinero a gente que no lo puede devolver, eres tanto o más responsable que ellos de su situación. Mi intención es acabar con las barreras nacionales y que los ciudadanos se den cuenta de que estamos todos en la misma situación. Si eres cajero de supermercado, o estás desempleado, o eres enfermera, da igual que estés en Madrid, en París o en Manchester, afrontas los mismos problemas que el resto: ingresos bajos, inseguridad laboral, recortes en las ayudas sociales y élites que viven muy bien. Así que estamos todos en el mismo barco, y la única manera de revertir esta situación es unirnos.