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lunes, 1 de enero de 2024

#hemeroteca #inmemoriam | Colita, adiós a la mirada de la Catalunya moderna

Colita vista por Pepe Encinas //
Colita, adiós a la mirada de la Catalunya moderna

Gabriel Jaraba | Catalunya Plural, 2024-01-01

https://catalunyaplural.cat/es/colita-adios-a-la-mirada-de-la-catalunya-moderna/ 

La mirada de Colita quedará como una mirada global, omniabarcante de las distintas facetas de la vida cotidiana, y no sólo un testimonio de la actualidad o de la actividad artística. Artista era ella, y no sólo quienes retrataba, porque no se conformaba con trasladar al papel fotográfico su imagen, sino que reproponía y reconstituía sus personalidades.

El fin de año nos sorprende con la muerte de Colita, mucho más que una gran fotógrafa antes una personalidad muy destacada de la vida cultural catalana de la segunda mitad del siglo XX. Doctora Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​aportó una mirada del todo singular a las realidades y los personajes que marcaban el despertar de la vida ciudadana de nuestro país a medida que caminábamos hacia la democracia y nos adentrábamos en ella.

Colita no fue “la fotógrafa de ‘Gauche Divine’”, como volvemos a leer. Fue una artista de la fotografía y una fotoperiodista que superó los límites de ese encasillamiento y de cualquier otro. Fue una militante de izquierdas, partidaria del socialismo de Joan Reventós y Raimon Obiols, y una activista feminista que mostró el camino a muchas mujeres. Laboralmente luchó por una dignificación de las condiciones laborales y económicas de los fotógrafos, y ayudó a ensanchar los límites de sus entornos: no quedó limitada por ciertos mandarinatos de quienes creían que la actividad fotoperiodística era exclusiva suya –y se repartían el trabajo entre ellos, cerrando el paso a los jóvenes– e hizo de maestra, en el viejo sentido artesanal de la palabra, de los fotógrafos noveles, como Kim Manresa, hoy maestro él mismo.

La exposición antológica de su obra, en 2014 en La Pedrera, comisariada por Laura Terré y custodiada por Francesc Polop, fue una re-visión –con guión, volver a ver para verlo mejor– de los años y la gente que han dado forma a la Catalunya moderna. La mirada de Colita quedará como una mirada global, omniabarcante de las distintas facetas de la vida cotidiana, y no sólo un testimonio de la actualidad o de la actividad artística. Artista era ella, y no sólo quienes retrataba, porque no se conformaba con trasladar al papel fotográfico su imagen sino que reproponía y reconstituía sus personalidades. Cuando hizo la fotografía fija de ‘Los Tarantos’, filme de Francesc Rovira Beleta, mostró un rostro de Carmen Amaya que reflejaba dramáticamente toda la profundidad del arte llamado flamenco, que es en realidad una epopeya de tradición oral desde que las invasiones musulmanas ahuyentaron al pueblo romaní de la India hace 1.500 años. La imagen impactante de la bailarina del Somorrostro barcelonés, que sólo Colita supo llevar a la realidad, le abrió las puertas del mundo del flamenco. Había sido apadrinada por Paco Rebés, coleccionista de arte, galerista, pintor y fotógrafo, y representante de los más importantes artistas flamencos, y entró como laboratorista y estilista en el estudio de Xavier Miserachs, aprendiendo después de Oriol Maspons y Francesc Català Roca.

Colita se convirtió en digna sucesora de estos artistas (añadiremos a Ricard Terré y Ramon Masats) y aportó una mirada juvenil, aparentemente informal, pero en realidad humorística (García Márquez con la cabeza cubierta con un ejemplar de ‘Cien años de soledad’) y transgresora (las secretarias de Jordi Herralde enseñando las bragas en el despacho de la editorial Anagrama). Esto hizo que algunos ignorantes la hayan asociado a la frivolidad, confundiendo humor y veleidad, mientras que ella fue siempre consciente de la impostada falsa trascendencia que ha empapado la cultura catalana; supo introducir un remedio del todo necesario y se asoció con gente que se sentía del mismo, como Terenci Moix, Anna Maria Moix, Juan Manuel Serrat, Ángel Pavlovski, Rosa María Sardà, Nazario Luque o un gran número de profesionales del espectáculo que han hecho que Cataluña sea como es y no como una minoría quisiera que fuera.

La fotografía de Colita, humorística, testimonial, inquisitiva, reveladora, sensible, compasiva, combatiente, todo esto a la vez, dignificaba la apertura de la mirada del país a todas las sensibilidades de la segunda mitad del siglo XX. La antología de su obra es un compendio de lo que todos hemos sido durante estas décadas; de hecho, un retrato colectivo. Un país moderno, diverso, complejo, plural, hecho de luces y sombras en el que todo el mundo tiene un papel. No es una mirada parcial o sectorial, es una mirada humana, muy humana, que acepta todo lo que el humano es y hace. Una humanidad que incluye a los animales, a los que la artista amaba tanto, como parte de su esfera de vida. Cualquier visión parcial de Colita hace que el fragmento mienta sobre ella; cuando se abraza su trabajo de manera global e inseparable uno se encuentra de repente con un retrato integral de la condición humana.

Recientemente Colita recibió el galardón Oficio de Periodista, concedido por el Col·legi de Periodistes de Catalunya como distinción por toda su carrera. Esto le gustó mucho, porque la Colita artista era también fotoperiodista, y le gustaba sentirse como tal. Su trabajo sirvió de estímulo para la irrupción de toda una generación de fotoperiodistas mujeres, y ella misma quiso recuperar el nombre de Joana Biarnés, la pionera y la primera; Colita había sido la segunda pues en aquella época las periodistas femeninas en las redacciones se contaban con los dedos de una mano; los fotoperiodistas eran hombres.

En la mencionada antológica de La Pedrera participé con Colita en un coloquio sobre su obra –con Laura Terré, Enric Majó y Pilar Aymerich–, y me presentó a la señora Biarnés, la mujer que fotografió a los Beatles. Las abracé a ambas y un escalofrío me recorrió la espalda, me sentí como si John Lennon me hubiera presentado a Paul McCartney. Joana Biarnés murió poco después. Siempre se lo agradeceré a Colita, Isabel Steva Hernández.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

#hemeroteca #fotografia | Isabel Azkarate, la fotógrafa que retrató a toda una sociedad

Isabel Azkarate //

Isabel Azkarate, la fotógrafa que retrató a toda una sociedad

La sala Artegunea de Kutxa Fundazioa expone 300 imágenes, la mayor parte de ellas inéditas, de la primera fotoperiodista vasca
Alex Zubiria | Noticias de Gipuzkoa, 2023-11-29
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/cultura/2023/11/29/isabel-azkarate-fotografa-retrato-sociedad-7581475.html

En una profesión llena de hombres, la donostiarra Isabel Azkarate se convirtió en la primera fotoperiodista vasca en los peores años del terrorismo en Euskadi. Con su cámara captó durante décadas la historia de Euskal Herria y de su gente y, con ello, también "su propia historia de vida". Ahora, Kutxa Fundazioa expone en la sala Artegunea de Tabakalera a modo de retrospectiva 300 de las fotografías de que la autora ha cedido a Fototeka de un archivo que alcanza los 175.000 objetos.

Reducir toda una vida dedicada a la fotografía en una sola exposición no ha sido nada sencillo. Además de trabajar durante años en la prensa escrita capturando atentados, manifestaciones y sucesos, Azkarate capturó a la sociedad donostiarra y guipuzcoana en múltiples eventos, desde el Zinemaldia y los conciertos más multitudinarios hasta las fiestas populares del territorio.

"Es una trayectoria larga y diversa, marcada por una mujer excepcional", ha resumido este miércoles la comisaria de la muestra, Silvia Omedes, durante la presentación de la retrospectiva, que se podrá visitar hasta el próximo 25 de febrero. Omedes conoció a Azkarate en 2019 y le propuso ayudarla en su archivo, un material extenso que la propia fotógrafa ha ido cuidando y digitalizando por su cuenta.

La propia creadora decidió entonces donar su legado, compuesto por más de 175.000 objetos, entre negativos y diapositivas, cámaras, catálogos y publicaciones a la Fototeka Kutxa Fundazioa y comenzó un arduo trabajo de selección de cara a una retrospectiva. "Ha sido muy difícil", ha confesado la comisaria, señalando que la exposición, al igual que sus fotografías, debía tener marcados sus rasgos personales.

El resultado es una muestra dividida en dos plantas en las que se pueden ver las diversas temáticas que Azkarate ha fotografiado en su vida, desde sus años de estudio en Barcelona y Nueva York hasta sus trabajos para periódicos y revistas capturando los años de mayor convulsión en Euskadi. "Había material muy explícito y directo, doloroso, que relata lo que se vivió en esos años, pero que no hemos incluido en la muestra para evitar lo más duro", ha indicado Omedes.

Sobre estas fotografías, que han sido expuestas en una espacio cerrado de la exposición, muchas de ellas realizadas para el periódico La voz de Euskadi, se incluyen algunos de sus reportajes en la cárcel de Martutene y en el psiquiátrico de Santa Águeda y diferentes sucesos que vivió en primera línea, desde atentados en los que llegaba incluso antes que los servicios de emergencia y manifestaciones, hasta atracos. "Lo he pasado fatal al volver a ver todo lo que tenía. Regresé a la pena de esos años", ha confesado la fotógrafa.

No obstante, Azkarate siempre trató de ser más que una fotoperiodista más y, por ello, capturó decenas de eventos como los carnavales de Ituren, a los que acudía cada año, o las procesiones de Semana Santa, siempre con la habilidad de "girar 180 grados la cámara" y convertir en protagonistas a los espectadores. "Le interesan los personajes y sus vidas", ha resumido Omedes sobre unos trabajos de los que hay pequeñas pinceladas de su extenso trabajo en la exposición. Entre ellas, algunas de sus capturas más icónicas para el Zinemaldia, como la que le realizó a Bette Davis, en conciertos de leyendas de la música como Iggy Pop, Lou Reed, Mikel Laboa, Miles Davis y Tina Turner, o artistas, muchos de ellos amigos suyos, a los que fotografió minutos antes de salir al escenario. "Todo el mundo la conoce por la de la última fotografía de Bette Davis, pero, en realidad, es la de la tribu artística vasca al completo. Están todas las figuras más importantes de Euskadi", ha señalado la comisaria.

Interés "por lo raro y diferente"
Esa inquietud por lo artístico nació de un interés "por lo raro y diferente" que ya materializó en sus primeros años de formación en Barcelona y en Nueva York. "Estudió en una escuela que la invitó a salir a la calle a retratar a las personas y los lugares", ha descrito Omedes sobre su estancia en la ciudad condal, a la que le siguió una estancia en Estados Unidos, donde puso en práctica todo lo aprendido y se abrazó a la comunidad LGTBI y sus fiestas en plena década de los 80, antes de que el sida lo pusiera todo patas arriba.

Allí también fotografió por primera vez un circo, una temática que repetiría a lo largo de los años con cada visita de espectáculos de este tipo a Donostia y de la que se puede apreciar parte de su trabajo en la segunda planta de la exposición. Junto a ella, una sección dedicada al arte que contará con una muestra complementaria en el Museo San Telmo a partir de enero. "Hay más cosas, sus viajes a la India, Egipto o Perú, o las fotografías a las tribus urbanas, que no han entrado. Para ella, la cámara siempre ha sido un pasaporte que le ha permitido saciar su atracción hacia lo desconocido", ha agregado Omedes.

La exposición se cierra con una proyección de autorretratos que Azkarate se ha ido haciendo a lo largo de los años con las últimas tomas de los carretes. "Encontró en la cámara la manera de descubrir el mundo y a sí misma", ha apuntado la comisaria, que cree que la exposición y el libro que la acompaña "la ponen en el lugar donde se merece".

La propia protagonista, por su parte, se ha mostrado encantada con el trabajo y con la posibilidad de que su archivo pueda estar al alcance de todo el mundo. Sobre esto, Ane Abalde y Ander Aizpurua, directora de Arte y Patrimonio y director de Kutxa Fundazioa, respectivamente, han señalado que la exposición "pone en valor el territorio y el trabajo de las mujeres".

domingo, 11 de diciembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #fotografia | El legado invisible de Leonor

El legado invisible de Leonor.
Retrató casi medio siglo de la historia de Argentina y fotografió a artistas e intelectuales. A sus 90 años, malvive en un piso de Madrid temiendo que cientos de sus instantáneas queden en el olvido. Su cámara retrató a Ernesto Sabato, el pintor Juan Carlos Castagnino o a su maestro Anatole Saderman.
Roberto Bécares | El Mundo, 2016-12-11
http://www.elmundo.es/madrid/2016/12/11/584c50d1ca47411c768b460c.html

Para entrar a casa de Leonor Martínez Baroja en Cuatro Caminos no hace falta llamar al timbre, sólo hay que avisar de que ya estamos aquí y empujar con cierto ímpetu la puerta de su casa, semientornada, clavada en el suelo porque se ha abombado el parqué. "Pasa, pasa, querido", susurra mientras se la intuye avanzar por el pasillo gracias al chirriar de la silla de madera que usa de andador. Pero, ¿por qué no la manda arreglar? "Es que no me gusta tener extraños en casa". La casa de Leonor parece más que un hogar un lugar de paso. Una cocina donde sólo cabe uno, un pequeño baño y un saloncito que es en verdad un dormitorio. Una cama, un televisor encendido a todo volumen, una mesita y una lámpara de pie con una repisa de cristal rota. "Me caí y se me clavó, aquí en la pierna", lamenta mientras a duras penas consigue doblarse para tocarse el muslo. Sus únicos muebles son dos maletas, dos tesoros que guardan más sorpresas que la valija de Mary Poppins.

Cientos de fotografías, negativos y diapositivas retratando casi medio siglo de Argentina. Las protestas antiperonistas. Los grafitis de las calles. Las gentes y los mercados de San Telmo o el Barrio Sur, "al que cantaba Borges, donde nació Buenos Aires". Las Madres de la Plaza de Mayo, en cuya primera manifestación ya estuvo ella. También hay muchos retratos, a artistas e intelectuales de la época. A Ernesto Sábato, a los pintores Carlos Alonso, Juan Carlos Castagnino o Raquel Forner -"Me decía que la única que la podía fotografiar era yo"- o al fotógrafo Anatole Saderman, un maestro del retrato, su maestro. "Estuve 10 años con él, me enseñó todo".

"No me interesa fotografiar hombres que no luchan, un hombre que ha bajado los brazos no me interesa", explicaba Leonor en los años 50 en una entrevista a una revista de Buenos Aires. Leonor va sacando retazos de su vida de una carpeta, fotografías publicadas en revistas, su libro publicado de instantáneas, titulado ‘Buenos aires al Sur’, "que se vendió muy bien". Recuerda fechas, apellidos y frases enteras. Su mente viaja a mil por hora, pero sus 90 años le ponen baches en el camino. "Tengo artrosis, y las caderas me duelen mucho, casi no puedo bajar a la calle, tengo una chica que viene dos días por semana. Estoy ya como el jorobado de Notre Dame. Tengo además una verruga que no saben si es un tumor maligno", explica.

Pero a esta riojana hay algo que le angustia aun más: el destino de su legado. "Hace unos años en un mercado de Buenos Aires, vi que vendían una foto mía, las han utilizado sin yo saberlo". Nunca las registró. "Soy muy descuidada". Algunas de las que guarda sí tienen un sello con su nombre. "Querría registrar mis trabajos, quizá en un libro, porque si no me van a robar todo el material cuando me muera. Quiero ponerlo en un lugar institucional y dejarlo para que el dinero que pudiera dar un libro sirva para investigar la tumba de Lorca, y para el barrio sur de Buenos Aires, y quizá para irme a otro sitio, aquí no tengo bidé ni ducha". Pero casi no se puede mover. "Sólo se quita el dolor cuando me tumbo y me doblo".

La historia de esta historia nace en un taxi, al que suele llamar Leonor. El taxista observa las fotos, escucha su historia y llama a un redactor de este periódico. "Este legado no se puede perder". Y a los pocos días ahí están dos compañeros de la sección de Fotografía: "Tiene una historia que hay que contar". Y Leonor empieza a contar su historia, llena de sinsabores, de lucha y de muchas luces también, las mismas que acariciaban las calles del Buenos Aires que retrató.

Leonor nació en Cenicero en 1926, un pequeño pueblo riojano. Emigró con su madre y su hermana a Argentina con solo tres años, siguiendo los pasos de un padre que pocas veces se ganó tal apelativo. Aprendió a leer de muy chica con las "letras grandes" de La Nación, los pocos ratos que su madre, sirvienta, les podía dedicar. En el 36, al inicio de la Guerra Civil, volvió en un barco de vuelta a España, donde se crió con sus abuelos y con sus tíos, "que siempre estaban en el campo". No fue al colegio. Andurreaba por las calles del pueblo y por la noche leía la revista de toros a su abuela. "Se pasaba mucha hambre". Si podía, robaba huevos y conejos. "Yo me hice una machorra, las niñas conmigo no querían ni jugar", recuerda mientras saca una fotografía donde se la ve con "el único juguete" que tuvo en su vida, un barrilete de hojalata.

Pasó cuatro años en dos conventos de la Rioja y a los 15 años su madre le reclamó desde Argentina. Viajó desde Galicia con una maleta de cartón y una botella de rope. "Lo único que me dieron". Llegó hecha una "salvaje". "Es que en el pueblo nadie se bañaba". A los pocos días, su madre le buscó un trabajo de interna en Buenos Aires. "Eran 70 pesos, una plata, pero yo le dije que quería ser artista". Su madre le arreó una paliza que la tuvo tres meses en el hospital. "Me dio con un zapato en la espina dorsal".

Se escapó. Fue hilando trabajo tras trabajo. De niñera, cuidando a enfermos, en un taller de costura, en una fábrica de textil... Se apuntó al partido, al Comunista, claro. Allí conoció a su marido, con el que años más tarde tendría dos hijas y adoptaría su apellido, Marsicano. Repartía folletos por las calles en plena dictadura peronista. Precisamente la propia fábrica donde trabajaba fue en una en la que se iniciaron las huelgas contra el peronismo. Un día vio a una chica retocar fotografías y aquello le gustó. Un compañero del partido le dio la dirección de Anatole Saderman, un reconocido fotógrafo, experto retratista. Se convirtió en su ayudante. De él aprendió que "la cultura profunda debe ser sin ostentación y a ser una persona decente con lo que haces". Por entonces empezó a leer de política, de historia, "empecé a enterarme del porqué de las guerras. Era hermoso, me apasionaba".

Retocaba diapositivas para otros fotógrafos y en el año 55 ganó el Segundo Premio de Retrato Internacional de una conocida asociación de Buenos Aires con la instantánea de Saderman que acompaña este artículo. Con sus primeros ahorros se compró una Rolleiflex, que todavía guarda en otra maleta, con otras cuatro cámaras de época, entre ellas una Hasselblad. "Sacaba fotos del barrio". Le encantaban las pintadas de protesta: "Había una que decía 'El que afloja, pierde'; son muy ingeniosos los argentinos".

Iba a los talleres de pintores y escritores y les retrataba. A cambio, recibía un cuadro, un dibujo. Seguía acudiendo a las manifestaciones del partido. Contra los peronistas. Contra Videla. "Me escondía la cámara debajo del poncho y hasta los policías me ayudaban a pasar la barrera". Hacía fotos aquí y allá. "Lo que más me gustaba era la crónica, el personaje con el suceso, la calle, y los retratos, claro". Pocas veces cobraba. Era su afición pasional. Su marido le construyó con maderos un laboratorio en el patio de la casa. Dos días a la semana revelaba. "Casi no tenía tiempo, me dedicaba cuando acostaba a las niñas".

En Banfield, el barrio donde vivía, colocó su marido un escaparate en la estación con su trabajo. La gente le llamaba para que le hiciera fotos. Siguió pasando la vida con su cámara al hombro. Ya de mayor fue a la escuela. Qué ironía:"Yo, que ya había leído a Marx". Hace unos años volvió a España para quedarse. Su único patrimonio, sus fotos. Antes, en un último intento por salvar su legado, acudió a la Secretaría de Cultura de Argentina. "Me dijeron que mis fotografías no representaban al país". ¿Y no habla con sus hijas? "No, no, me apartaron de mis nietos; me invitaban y yo hablaba de política, y dejaron de invitarme... ellos están muy alto en el peronismo... ya me acostumbré".

domingo, 28 de febrero de 2016

#hemeroteca #poblacionrefugiada | Gervasio Sánchez: "A España han llegado 18 refugiados; parece un insulto a la conciencia"

Gervasio Sánchez: "A España han llegado 18 refugiados; parece un insulto a la conciencia".
Gervasio Sánchez es fotoperiodista, especializado en mostrar el horror de los conflictos armados de los últimos 30 años. "Europa ha perdido su prestigio como continente capaz de poner fin al sufrimiento humano". "Me da vergüenza que partidos de izquierdas que critican la "casta" no hablen de la crisis de refugiados". “El buenismo existe. Otra cosa es si es efectivo. Tiene que ser la estructura del estado quien organice la llegada de refugiados”.
Ana Sánchez Borroy | El diario, 2016-02-28
http://www.eldiario.es/aragon/sociedad/Espana-llegado-refugiados-insulto-conciencia_0_488901392.html

Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) estaba fuera de España cuando le llamamos por teléfono para quedar. Solo tiene previsto pasar por casa un par de días antes de emprender otro viaje, tendrá que acudir a una reunión y la semana que viene inaugura en el Centro de Historias de Zaragoza la exposición de fotografías 'Mujeres. Afganistán'. Con todo, ninguna duda: sacará un rato para atendernos. También tiene muy claros sus argumentos; los expone rápido, sin rodeos. Terminamos mucho antes de nuestra hora límite. Y le ha dado tiempo incluso de tomarse el café con hielo.

Llevamos ya meses hablando de la crisis de refugiados, ¿usted pensaba que a estas alturas íbamos a seguir así?

No imaginaba que fuésemos a seguir tan mal; aunque, a la vez, casi lo veía venir porque llevo décadas cubriendo tragedias humanitarias y el comportamiento de Europa siempre ha sido muy parecido. Ahora, el punto de vista está en el desastre humanitario que están provocando los conflictos de Siria, Irak y Afganistán y otros menores, pero hace veinte años pasaba en los Balcanes. En el corazón de Europa, había guerras brutales y los diplomáticos y los políticos europeos, tanto los de derechas como los supuestos de izquierdas, miraban a otro lado. Yo creo que Europa ha perdido su prestigio como continente capaz de poner fin o de reducir el sufrimiento humano. Hemos perdido la memoria de lo que significa una guerra, ser refugiado, ser obligado a irte de tu casa porque están bombardeándola. Llevamos 70 años sin vivir en nuestra piel qué es una guerra. Me sigue sorprendiendo que la actitud ante un desastre humanitario de la magnitud de lo que está ocurriendo sea la pasividad absoluta. No solo de los políticos y de los diplomáticos, también de la prensa, que es una gran responsable. Hay medios que han tratado mejor el tema, pero la mayor parte de los que tienen más proyección social, las televisiones, las radios... solo lo tratan de cuando en cuando, si hay una imagen de impacto que sobresale por encima de las demás. Esto tiene mucho que ver con el gran fracaso de Europa, que ha perdido sus principales virtudes. Espero que algún día nos demos cuenta del monstruo que estamos creando

Ha mencionado la guerra de los Balcanes, ¿la actitud de la comunidad internacional le parece comparable incluso a los primeros meses de holocausto nazi?


A mí no me gusta establecer paralelismos con historias del pasado tan dramáticas como el holocausto, pero está claro que al principio del verano, cualquier persona mínimamente informada ya sabía que estábamos ante una gran tragedia; en julio en Belgrado había miles y miles de sirios en las estaciones de trenes. Si se hubieran tomado decisiones políticas serias en junio o julio, no habríamos llegado a este límite. Los países europeos miraban hacia otro lado, han sido incapaces de crear campos de tránsito decentes, donde la gente pudiese pasar unos días mientras descansan de este dramático viaje. Ha sido imposible acabar con las mafias, ni con las turcas ni con el resto. Ha sido imposible ordenar que se abriese la frontera entre Turquía y Bulgaria para que la gente entre en Europa por tierra, en lugar de ahogarse en el Egeo. Ni siquiera se han cumplido las promesas que se hicieron. Después de la famosa foto del niño Aylan, Europa se comprometió a acoger a 160.000 refugiados, 15.500 en España. Hasta el día de hoy, a España han llegado 18; parece un insulto a la conciencia. Y nadie dice nada, tan apenas aparecen críticas serias. En el mes de noviembre estuve viajando por las diferentes fronteras balcánicas; salvo con Heraldo de Aragón, me tuve que pelear con los medios con los que colaboro para que le dieran cobertura a este trabajo. Pelearme. ¿Qué es esto? Me decían que como ya habíamos estado en septiembre, ir otra vez en noviembre era reiterativo. Reiterativo es ser permisivos con este desfalco político permanente, con políticos de cuarta categoría que están todo el día ocupando medios de comunicación, tertulianos también de cuarta categoría que se repiten de una forma abrumadora... Eso sí que es verdaderamente reiterativo. El drama de más de un millón de personas en campos de refugiados en Líbano y en Jordania no puede parecernos reiterativo. Cada persona tiene su propia historia.

En los últimos días, el cierre de fronteras ha sido uno de los argumentos de Reino Unido para distanciarse del resto de la Unión Europea. ¿La comunidad internacional está pasando de la pasividad ante los refugiados a un rechazo explícito?

He sentido vergüenza ajena cuando he visto las imágenes de la policía alemana increpando a los refugiados, en lugar de poner orden entre los fascistas que estaban aplaudiendo que se quemara un centro de acogida. Ahí sí que verdaderamente hemos retrocedido en la historia, hasta los años 30 en Alemania. Alemania ha hecho un gran esfuerzo y ha dado una lección a todos los países europeos juntos, incluido España, la Francia socialista y la Inglaterra conservadora. Pero realmente, que la policía increpe a los refugiados... Me parece vergonzoso, un escándalo. Sobre el terreno, yo estuve viendo cómo la policía eslovena actuaba exactamente igual que la policía nazi: sacando a la gente de los trenes golpeando los vagones y las puertas, como si estuvieran llevando gente a Auschwitz o Treblinka, los campos de concentración polacos de la Segunda Guerra Mundial. Los policías eslovenos insultaban a los refugiados, los maltrataban, algunos se limpiaban las porras con desinfectante después de golpearlos... Todo eso lo he visto con mis propios ojos y por eso, no me extraña lo que está pasando en Alemania: el gobierno debería actuar y echar a esos agentes del cuerpo. Creo que está ocurriendo algo muy grave: los ciudadanos medios no son capaces de ponerse del lado del que sufre. Hemos olvidado nuestra historia, como decía al principio, y somos incapaces de hacer el esfuerzo de ponernos en el lugar de los que huyen, de preguntarnos directamente qué haríamos a nosotros. ¿Qué haría yo si tuviera a mi esposa y a tres hijos bajo las bombas en Siria? Me iría, huiría. Todos huiríamos. Todos queremos sobrevivir, nadie quiere morir en una guerra. Nadie quiere huir de su país si puede vivir bien. Los ciudadanos son poco críticos, miran para otro lado. Y los gobiernos actúan de forma pasiva, indecente, hipócrita, obscena.

A finales de agosto, vimos vídeos de ciudadanos alemanes recibiendo con aplausos a refugiados sirios y esos días lo que hemos visto ha sido esa celebración por un incendio en un centro de acogida… ¿Cómo se explica?

Esas imágenes no pueden explicarlo todo. En Alemania viven 80 millones de habitantes, ¿cuántos aplaudían? ¿Y cuántos aplauden ahora la quema del centro de refugiados? La inmensa mayoría de la gente no hace nada, mira hacia otro lado o no sabe qué hacer. Incluso cuando alguien decide acoger refugiados, ¿durante cuánto tiempo quiere hacerlo? ¿Un mesecito como cuando vienen aquí los saharauis? ¿Para decir "¡Qué bien, qué buenos somos!"? ¿Dedicamos un mes a ser generosos? Esta gente no va a poder volver a su país en años, si es que vuelven alguna vez. Y, ¿a qué te comprometes cuando acoges a alguien? ¿A darles de comer, a buscar que puedan tener una vida estable, que los niños puedan ir al colegio, comprarles ropa? Los gastos se pueden disparar. No se trata de acoger una noche a una persona que estaba en una estación y te la llevas a casa porque no había más trenes hasta el día siguiente. Estamos hablando de algo más serio. Eso tienen que hacerlo los estados. Para eso están; tienen capacidad para movilizar al ejército, a voluntarios, asociaciones humanitarias... Son refugiados que tienen derechos internacionales; tienen derecho a ser protegidos porque están huyendo de una guerra.

¿Qué le parecen los nuevos movimientos que intentan organizar esos deseos individuales de acoger a los refugiados?

En todas las crisis pasa algo parecido. Recuerdo que cuando estuve en Ruanda en los años 90, todo el mundo quería acoger a un niño ruandés. Ahora llega una imagen muy impactante de Siria y todo el mundo quiere acoger a un potencial Aylan. El buenismo existe. Otra cosa es si es efectivo o no. Por eso, insisto en que, aunque la gente quiera ayudar, tiene que ser una estructura del estado quien organice todo: saber qué familias están disponibles, que oenegés locales, qué voluntarios... Estamos en un 'impasse' absoluto. Este rollo patatero de las elecciones que no gana ni uno ni otro... Además, ningún partido político ha hablado de este tema. Me da vergüenza que partidos de la izquierda, que dicen que son partidos distintos a lo que ellos llaman "casta", actúan exactamente igual: nadie habla de este tema. Ni se lo plantean. Y es muy importante.

¿La manifestación de este fin de semana puede suponer un estímulo para los gobiernos?

Está muy bien salir a la calle, salgamos todos, pero... ¿Servirá de algo? ¿Va a cambiar las cosas? Lo dudo. Además, estamos en una sociedad en la que se sale a gritar contra la guerra de Irak en 2003 y no se sale a gritar contra las guerras de Siria, Ruanda, Bosnia o Somalia. ¿Por qué los ciudadanos son tan "generosos" con algunas guerras y no con otras? ¿Por qué deciden que un conflicto se va a poner de moda y otro se olvida? ¿Nos tiran de un hilito y nos llevan a todos a gritar contra la guerra de Irak? Es bastante complicado entender por qué ocurren estas cosas. Aunque tengo información, me gusta analizar lo que ocurre y llamar a las cosas por su nombre, no tengo explicación.

Lamentablemente, la guerra de Siria no es el único conflicto al que damos la espalda… Usted está preparando la exposición en Zaragoza de fotografías 'Mujeres. Afganistán'. ¿Qué denuncian esas fotos?

Es una exposición que he hecho con Mónica Bernabé, una periodista que ha estado siete años trabajando en Afganistán, la única corresponsal permanente allí para la prensa española, para el diario El Mundo. Durante los últimos seis años, de 2009 a 2014, hemos estado trabajando juntos en un proyecto sobre la situación de las mujeres adultas y niñas en el interior del hogar, sobre el papel que juega la mujer en la sociedad. En Afganistán está prohibido casar a niñas menores de 16 años, pero el 60% de las mujeres se casan antes y en la inmensa mayoría de los casos, son matrimonios forzosos. No hay planificación familiar, la mujer se carga de hijos que acaban con malnutrición infantil severa, hay un índice de drogadicción tremendo: más de un millón de hombres son toxicómanos, unas 100.000 mujeres y unos 300.000 niños... Y todo esto es en los últimos años, con la presencia de la comunidad internacional. No estamos hablando del Afganistán oscuro de la época de los talibanes; es en un Afganistán abierto, con una supuesta democracia, bajo el paraguas económico de la comunidad internacional. La situación de la mujer es un escándalo, es un desastre tremendo. La exposición se presentó por primera vez en Barcelona en octubre de 2014, ha pasado por Burgos y Valencia y en septiembre irá a Madrid. Intentamos mostrar todas estas contradicciones: ¿Qué significa ser mujer o niña en Afganistán? ¿Qué ocurre en tu vida cuando tu padre te saca del instituto y te casa forzosamente? ¿Qué pasa cuando te das cuenta de que todo lo que has aprendido no ha servido para nada porque vas a tener que aceptar la tradición de que te casen forzosamente?

viernes, 31 de octubre de 2014

#libros #catalogos #mujeres #fotografia | Mujeres = Women : Afganistán

Mujeres = Women : Afganistán / fotografías de Gervasio Sánchez y Mònica Bernabé ; texto de Cristina Rodríguez Fischer ; diseño de Roser Colomer Pinyol ; traducción de Kevin Krell.
Barcelona : Blume, 2014 [10].
224 p.
ISBN 9788498018011

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Un documento sobre la situación de las mujeres en Afganistán, que analiza su situación en profundidad y hace balance de los logros conseguidos y el largo camino que queda por recorrer, de la mano de dos profesionales que conocen la realidad afgana en profundidad: la reportera Mònica Bernabé, única periodista española establecida permanentemente en Afganistán, y el periodista y fotógrafo Gervasio Sánchez. Un libro que refleja la realidad de las mujeres en Afganistán, un país en el que viven continuas violaciones flagrantes de los derechos humanos, acompañadas de una impunidad generalizada y un peso enrome de la tradición, que ahorcan la vida de las mujeres. Fotografías que invitan a reflexionar para seguir luchando por el respeto de los derechos humanos en todo el mundo. El silencio y la indiferencia nos hacen cómplices y estimulan a los agresores a continuar tratando a las mujeres como sombras furtivas sin derechos. La falta de empatía y solidaridad con las víctimas es tan condenable como la agresión. Este libro está dedicado a todas las personas que luchan por acabar con unos niveles de impunidad y violencia contra las mujeres afganas únicos en el mundo. Con la colaboración de Ajuntament de Barcelona y ASDHA.

DOCUMENTACIÓN
Mujeres afganas o la violencia cotidiana.
Hoyesarte, 2016-03-02

http://www.hoyesarte.com/evento/2016/03/mujeres-afganas-la-violencia-cotidiana/