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viernes, 5 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia #iglesia | El Vaticano no quiere dialogar sobre género

Imagen: El País
El Vaticano no quiere dialogar sobre género.
Un reciente documento de la Iglesia católica elude las investigaciones científicas sobre sexualidad. Asociaciones cristianas y teólogos aperturistas critican la cerrazón.
Juan José Tamayo | El País, 2019-07-05
https://elpais.com/elpais/2019/07/05/ideas/1562327583_874487.html

El 10 de junio pasado la Congregación para la Educación Católica hizo público un documento titulado “Varón y hembra los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del ‘gender’ (género) en la educación”, en el que se sumaba a las condenas contra la “ideología de género” que vienen haciendo al unísono, en cómplice alianza y plena sintonía, los partidos políticos de la derecha y de la extrema derecha, la mayoría de los obispos católicos del mundo —incluidos los españoles, quizá los más radicales—, las organizaciones educativas católicas, las organizaciones provida y un amplio sector de “los evangélicos”, preferentemente en América Latina.

No deja de ser llamativa la coincidencia de opiniones compartidas entre sectores y colectivos con intereses tan aparentemente diferentes. Llama asimismo la atención la falta de creatividad en el argumentario y la repetición mimética de los eslóganes. Tratándose de una institución del más alto nivel eclesiástico como es la Congregación para la Educación Católica, máximo órgano del Vaticano en esta materia, sorprende la pobreza. Todo en el documento es previsible, porque no hay nada nuevo que no hayan dicho las instancias religiosas y políticas del arco conservador.

El tono no puede ser más alarmista y destructivo. En lo concerniente a la afectividad y a la sexualidad, el documento asevera que nos encontramos ante “una verdadera y propia emergencia educativa” y critica aquellos caminos educativos que reflejan “una antropología contraria a la fe y a la justa razón”. El juicio no puede ser más descalificador, y ello apelando a la fe cristiana y a la razón, como si la congregación romana tuviera el monopolio. Ciertamente no lo tiene en el terreno de la razón, que hace varios siglos se independizó de la religión. Pero tampoco en el de la fe cristiana, que implica plurales y divergentes interpretaciones, todas respetables.

El texto responsabiliza a la “ideología de género” de contribuir a desestabilizar la familia, vaciarla de su fundamento antropológico, cancelar la diferencia sexual y la reciprocidad natural entre el hombre y la mujer, y conducir a proyectos educativos que promueven una intimidad afectiva desvinculada de la diversidad biológica. Sitúa a la sexualidad en el centro como elemento básico configurador y constitutivo de la personalidad, al tiempo que presenta la diversidad sexual hombre-mujer aneja a la complementariedad de los dos sexos.

Me parece objetable desde todos los puntos de vista la distinción, e incluso la contraposición, que establece entre la “ideología de género” y las investigaciones sobre género. Resulta científicamente indefendible, pedagógicamente desorientadora y teóricamente falsa tal dicotomía en la que la “ideología de género” es presentada como la imposición de un pensamiento único que determina la educación de los niños, mientras que considera las investigaciones sobre la forma de vivir la diferencia sexual entre hombre y mujer en las diferentes culturas. En realidad, teoría de género e investigaciones son inseparables.

Tras las gruesas e infundadas descalificaciones resulta poco creíble la metodología que se propone en el diálogo sobre el ‘gender’, articulada en torno a las actitudes de “escuchar, razonar y proponer” para favorecer el encuentro. Pero el contenido constituye una negación de dicha metodología; no favorece el encuentro, sino que cierra toda posibilidad del mismo, ya que se orienta a “una educación cristiana arraigada en la fe”, que “todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre”. Dentro de este planteamiento tan totalizante no hay posibilidad alguna de diálogo ni encuentro.

El tono y el contenido del texto vaticano llama más a la polémica que al diálogo, porque más que de cuestionamiento, como era de esperar, parte de presupuestos patriarcales y de prejuicios androcéntricos.

A pesar de estas críticas valoro positivamente la propuesta de “una educación de niños y jóvenes que respete a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etcétera), pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta”. Pero el respeto en este terreno empieza por reconocer el carácter científico de la teoría de género y no descalificarla de entrada calificándola de “ideología de género”, como hace sistemáticamente el texto vaticano.

Tras la publicación de la declaración de la congregación, se sucedieron las reacciones críticas del movimiento cristiano LGTBI, y de algunos teólogos especialistas en el diálogo fe-diversidad sexual. La Asociación Cristiana Ecuménica de Madrid (Crismhom) cuestiona el “diálogo” que aparece en el título del documento, pero está ausente en el mismo.

No hay diálogo con la psicología, ni la ciencia, como demuestra la ausencia de citas que no sean las del magisterio eclesiástico en un ejercicio de solipsismo intelectual. Tampoco se escuchan las experiencias de sufrimiento, marginación, invisibilidad y vergüenza de las personas LGTBI, ni sus historias de dignidad y liberación. No se escucha el grito cada vez más fuerte de las personas y comunidades LGTBI católicas que reclaman, con todo derecho y legitimidad, su reconocimiento de hijas e hijos de Dios, su dignidad de personas bautizadas y miembros del pueblo de Dios.

Así, Crismhom critica la visión monolítica y carente de fundamento científico de la declaración vaticana. A su juicio es “un triste documento, inmovilista, desinformado, autorreferencial e inane que va a ahondar todavía más la brecha entre la Iglesia y la sociedad, que puede contribuir al rechazo y violencia contra las personas LGTBI, que quiere inducir a la invisibilidad y desconocimiento de la realidad LGTBI en el ámbito educativo y puede aumentar el sufrimiento de las personas LGTBI católicas y sus familias”.

Críticos han sido también los teólogos partidarios de un diálogo respetuoso, comprensivo y acogedor de los cristianos con el LGTBI. El jesuita estadounidense James Martin echa en falta el diálogo con científicos y psicólogos y con las personas LGBTI y subraya la total insensibilidad hacia sus experiencias. Observa que el documento va a ser utilizado por los colectivos cristianos conservadores como “ariete contra las personas transgénero y como una excusa para argumentar que ni siquiera deberían de existir”.

El director de New Ways Ministry, Francis DeBernardo, ha calificado el texto de “herramienta dañina” porque asocia las minorías sexuales con el libertinaje sexual, tergiversa y malinterpreta la vida de las personas transgénero, lesbianas, gais y bisexuales y alienta el odio, el fanatismo y la violencia. Precisamente por no consultar a la ciencia ni escuchar las experiencias de las personas LGTBI, el documento del Vaticano promueve informaciones falsas basadas en mitos, rumores, falsedades y en culturas opresoras y represivas.

El Vaticano cree equivocadamente que el género está determinado solo por los genitales visibles, mientras que la ciencia demuestra que “el género también está determinado biológicamente por la genética, las hormonas y la química del cerebro, cosas que no son visibles al nacer”. En contra de lo que aseveran en Roma, la gente no elige su género, sino que lo descubre a través de sus experiencias.

Juan José Tamayo dirige la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III. Su último libro es ‘Un proyecto de Iglesia para el futuro en España’ (Editorial San Pablo, 2019).

miércoles, 15 de marzo de 2017

#hemeroteca #iglesia | Juan José Tamayo "La democracia española es rehén de la jerarquía católica"

Imagen: Público / Juan José Tamayo
Juan José Tamayo "La democracia española es rehén de la jerarquía católica".
"La reforma del papa Francisco no ha pasado los Pirineos", denuncia Juan José Tamayo sobre el alto clero español: "No estamos en una democracia laica, sino en un Estado que tiene una confesionalidad que no disimula".
Carlos del Castillo | Público, 2017-03-15
http://www.publico.es/politica/entrevista-juan-jose-tamayo-democracia.html

"Puedes ponerlo, fui condiscípulo riguroso del cardenal Cañizares, nuestras tesis doctorales fueron dirigidas por el mismo profesor de Teología. Él nos decía que no había dirigido dos tesis con posiciones más contrarias".

La tesis de Juan José Tamayo (Palencia, 1946) versó sobre la Juventud Obrera Cristiana, mientras que la del cardenal Antonio Cañizares, sobre la vida, obra y milagros de un santo valenciano. Tamayo continuó sus estudios hasta convertirse en uno de los más reconocidos teólogos de la liberación. Ideología que, cuentan, inspiró el giro que el papa Francisco quiso dar a la Iglesia católica.

Justo cuando se cumplen cuatro años de papado de Jorge Bergoglio, cuando la Conferencia Episcopal ha elegido a Cañizares vicepresidente, y cuando el laicismo del Estado español vuelve a ser foco de debate, Tamayo, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III, carga duramente contra el alto clero español y el papel de la Iglesia en la democracia.

P. ¿Ha logrado la democracia española independizarse de la Iglesia católica?
La democracia española, después de la muerte de Franco, desde la Transición hasta nuestros días, es rehén de la Iglesia católica. O mejor, de la jerarquía católica. Desde la Transición lo que han hecho los diferentes partidos que han estado en el Gobierno ha sido dotar a la Iglesia de cada vez más privilegios esperando una rentabilidad en apoyo político.

No estamos en una democracia laica, sino en un Estado que dudo que sea siquiera no confesional, sino que tiene una confesionalidad que no disimula. Primero en los textos, ya que la Constitución reconoce el estatuto especial de la Iglesia católica, y segundo en la práctica política, ya que le concede todo tipo de privilegios: educativos, económicos, fiscales e incluso militares, ya que el Ejército español cuenta con un arzobispo con sacerdotes a su servicio, y que van ascendiendo en graduación al mismo nivel que el resto de los militares.

Estas prebendas no solamente no se han reducido con el paso del tiempo y con los partidos de izquierda en el gobierno, sino que se han incrementado todavía más. El ejemplo más claro es la casilla de la declaración de la renta, que le supone un ingreso de 250 millones que concedido por el Estado generosa y gratuitamente, sin que haya una justificación para esa aportación.

El trato que se da a la Iglesia católica en este tema es del mismo nivel que el trato que se le da a los asuntos sociales. Eso es una hipoteca gravísima y un ejemplo claro de que seguimos en un Estado confesional.

P. ¿Y la moral del Estado? ¿Cree que también está demasiado influida por la Iglesia católica?

Claro. La moral del Estado es una moral católica, pero además de los sectores más conservadores. Lo que está pasando es que afortunadamente la ciudadanía éticamente es mayor de edad, se rige por su propia conciencia, los derechos humanos y los principios de una ética cívica, y para nada tiene en cuenta ese trasvase desde la moral católica hacia la moral del Estado. El mejor antídoto frente a esa dependencia está en esa madurez y mayoría de edad de ciudadanos y ciudadanas españolas, que en muy poco tiempo han conseguido liberarse de la moralina represiva de la Iglesia católica.

Buena parte de las leyes que se han elaborado en estos 40 años, que han rozado los principios doctrinales de la Iglesia católica, han tenido que salir con forceps. Y además con unas enormes limitaciones, porque la Iglesia católica se ha encargado de identificar pecado con delito, calificando de delitos aquellos comportamientos que en el interior de la Iglesia católica son pecado, cuando tenían que estar clara y netamente separados. Un ejemplo de esta falta de separación está en los juicios de personas que han expresado libremente una serie de actitudes en espacios religiosos que se consideran profanación dentro de la Iglesia católica y el Código Penal los traduce en culpabilidad penal.

Yo creo que todavía la moral del Estado está hipotecada por la moral cristiana... Tradicional. Porque hay una ética del Evangelio, que es la ética de la Liberación, de la justicia, de la solidaridad, la ética de la opción por los excluidos, que no practican los jerarcas, no la ponen en práctica y tampoco se ha traspasado al Estado.

P. Pero a la hora de identificar sus propios delitos...


No se ha producido ninguna colaboración de la Iglesia católica en casos claramente delictivos de sacerdotes, de profesores de colegios, pederastas, que no han sido entregados a la justicia, ni tan siquiera han recibido un castigo dentro de la propia comunidad cristiana.

La jerarquía católica, la Conferencia Episcopal, no se ha pronunciado ante el autobús de Hazte Oír. Tenía que haberlo hecho, porque es un mensaje totalmente homófobo, pero sin embargo ha preferido callarse. ¿Por qué? Porque en el fondo está de acuerdo con esos mensajes ultraconservadores que fomentan el odio.

P. Una Conferencia Episcopal que acaba de elegir como vicepresidente al cardenal Cañizares, conocido por sus declaraciones homófobas.


Cañizares es un cardenal que en sus declaraciones demuestra odio a todo lo que tenga que ver con las relaciones que no son heterosexuales. Que está en contra de la teoría de género, a la que desprecia llamándola ideología de género y diciendo que es una de las ideologías más funestas de la humanidad. Además, con motivo del fenómeno de la inmigración dijo que había que tener mucho cuidado con los inmigrantes porque podían ser como el caballo de Troya.

Eligen por mayoría absoluta a un cardenal que es homófobo, que es xenófobo, que es machista, patriarcal y sexista. ¿No es esto un ejemplo claro de cómo está posicionada la Conferencia Episcopal? No es un obispo sin más, es que este obispo con estas declaraciones ha sido ratificado por mayoría absoluta como vicepresidente de la Conferencia Episcopal. ¿No es esto grave?

P. ¿Es esto una prueba de la progresiva radicalización del discurso de la Conferencia Episcopal?

En la medida en que avanzan las leyes críticas con la violencia de género, defensoras de la Igualdad entre hombres y mujeres, respetuosas con las diferentes identidades sexuales, ellos radicalizan todavía más sus posiciones reaccionarias e integristas. Se consideran los guardianes de la moral.

Yo nunca he hecho declaraciones contra Cañizares, fue mi condiscípulo y fuimos buenos amigos. Él era un hombre… Nunca progresista, pero tampoco tan integrista como ahora, sino más centrista, del Vaticano II, de planteamientos más moderados. Nunca sacó los pies del estribo como lo está haciendo ahora.

Que haga esas declaraciones me parece muy mal, aún cuando nunca le he criticado públicamente, las repruebo radicalmente. Pero que a esta persona la hayan nombrado vicepresidente de la Conferencia Episcopal me parece la mejor prueba, la verificación empírica de la deriva inmovilista que está siguiendo la jerarquía católica.

P. ¿Podría estar Cañizares radicalizando su discurso precisamente para ascender en la jerarquía eclesiástica?


Precisamente ahora con [el papa] Francisco, hacer esas declaraciones tan generadoras de odio debería generar todo lo contrario. Pero claro, la reforma de Francisco no ha pasado los Pirineos. Y por eso Cañizares, que se posiciona de manera clara y directa y sin ningún tipo de reparo contra las orientaciones renovadoras del papa, puede ascender. Si realmente los obispos españoles caminaran en la dirección del papa, a Cañizares nunca le habrían podido elegir vicepresidente.

Se ha impuesto la continuidad integrista y conservadora en contra de la orientación reformadora. Estas elecciones han sido una bofetada en contra del proyecto del papa Francisco.

P. ¿Se ha quedado la Iglesia española anclada en el pasado?


A la Conferencia Episcopal le falta sentido profético, están demasiados instalados en el sistema eclesiástico, son demasiado complacientes con el poder político del que reciben muchas prebendas, y en agradecimiento no demuestran esa crítica que por ejemplo hace Francisco al capitalismo por ser injusto de raíz. Estos obispos, a lo largo de la crisis no han hecho apenas declaraciones contra la responsabilidad que tiene el neoliberalismo al provocar todavía más desigualdad.

Es ingente la cantidad de documentos que han publicado los obispos españoles en estos últimos 40 años contra el divorcio, contra el aborto, contra la píldora del día después, contra las relaciones prematrimoniales, contra la fecundación in vitro, contra la ordenación de las mujeres, contra el matrimonio de los sacerdotes, contra y contra y contra todo aquello que supone una apertura en la sexualidad, en las relaciones de pareja, en los modelos de familia, etc. Yo he recogido hasta 14 noes de los obispos. Sin embargo muy pocas veces, y de manera encubierta, han condenado la violencia de género. Condenan la teoría de género descalificandola como ideología, incluso algunos obispos consideran que esta ideología de género es la responsable de que las mujeres se rebelen y luego los hombres ejerzan la violencia contra ellas. Es escandaloso.

Tantos documentos contra la ideología de género y ni una sola manifestación, ni una solo documento público contra la violencia de género que se lleva por delante mujeres. ¿No es eso una falta de piedad, de misericordia, de sensibilidad hacia la violencia contra las mujeres? ¿No está también legitimando, al menos indirectamente, esa violencia?

P. ¿Y no va eso contra su propio interés? ¿Cómo logrará la Iglesia llegar a la gente si adopta una postura tan reaccionaria?

Son los peores propagandistas de su propio producto. Ellos mismos se están haciendo el harakiri. Con estas posiciones cada vez es mayor el número de apóstatas explícitos que abandonan la Iglesia porque no pueden compartir estos planteamientos que no tienen ninguna sensibilidad hacia los sectores que sufren.

Ellos van a decir que la causa de la falta de fe es de la secularización, de la pornografía, del libertinaje… Pero en el fondo la responsabilidad en la crisis que está sufriendo la Iglesia hoy es interior, están eligiendo el peor camino para poder defender la autenticidad y la verdad del mensaje que dicen anunciar.