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sábado, 26 de abril de 2025

#hemeroteca #lesbianismo #lesbofobia | Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso: “Es momento de unirnos y reivindicarnos”

Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso //

Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso: “Es momento de unirnos y reivindicarnos”

Un estudio de la Federación LGTBI+ concluye también que un 10% de estas mujeres han sido agredidas, de ahí que reclamen políticas públicas sólidas y “referentes visibles”
Beatriz Olaizola, Pablo León | El País, 2025-04-26
https://elpais.com/sociedad/2025-04-26/una-de-cada-tres-lesbianas-ha-sufrido-acoso-es-momento-de-unirnos-y-reivindicarnos.html 

Una de cada tres lesbianas ha sufrido acoso y una de cada 10 una agresión física o sexual. Son las conclusiones de la investigación Estado LGTBI+ 2024, elaborada por la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+) con datos de la agencia 40dB. “La situación es devastadora. Para el movimiento LGTBI+, especialmente para las mujeres que son lesbianas”, resume la abogada Eva Pérez Nanclares.

Contesta a El País desde Roma, donde se está celebrando la cuarta conferencia internacional del EuroCentralAsian Lesbian* Comunity (EL*C), que reúne a 700 lesbianas activistas de 55 países. Ella es una de las organizadoras: “Escogimos la capital de Italia en solidaridad con nuestras compañeras, cuyos derechos están siendo cuestionados por el Gobierno de Giorgia Meloni, que, por ejemplo, está apelando a los tribunales para eliminar el registro civil de los hijos de parejas homosexuales, en concreto de las lesbianas”, explica.

Menciona Georgia y sus leyes contra las personas LGTBI+, usando como excusa “los valores familiares y la protección de los menores”; Hungría y su “lgtbifobia de Estado”; Reino Unido y “la terrible sentencia que excluye a las mujeres trans”. Un panorama global sombrío. “Nosotras aquí [en la conferencia lésbica] nos juntamos y cogemos impulso”, matiza: “El movimiento, la red, es internacional, en todas las profesiones y sectores. Estamos trabajando mucho”. Este sábado, 26 de abril, día internacional de la visibilidad lésbica, han convocado la primera “manifestación de bolleras” (‘Dyke march’) de la historia de Italia. Coincide con el funeral de Francisco I. Ellas han conseguido que se mantenga la marcha.

Al margen del acoso y la violencia física y sexual, las mujeres lesbianas enfrentan “discriminación laboral, hipersexualización y estigmatización en ámbitos como la cultura, la política, la sanidad, el deporte o la educación”, señala desde el Grupo de políticas lésbicas de la FELGTBI+ su coordinadora, Inés B. García. “Aunque en España existen marcos legales, la igualdad real sigue sin llegar”, agrega. Desde la Federación reclaman políticas públicas sólidas, pero también “referentes visibles, representaciones dignas y diversas en todos los espacios”.

Nerea Pérez de las Heras es uno de ellos. Esta periodista no cree que haya pocos referentes lésbicos: “Hay muchísimos en todos los campos, otra cosa es que a los medios les apetezca visibilizarlos porque no quieren perfiles demasiado críticos ni demasiado incómodos”. La copresentadora de los ‘podcasts’ Saldremos mejores (Podimum Podcast) y Lo normal (Ser Podcasts) ―y en breve empieza ‘Está el horno para bollos’ (en Playz)―, critica que el sistema busca “una lesbiana aspiracional, pop, sin mucha pluma, blanca, y, a ser posible, con muchos seguidores en redes”.

“A veces me reclaman para espacios muy visibles y contesto: llama a las que llevan 20 años militando, a las académicas que tienen cosas interesantes que decir: Esther (Mayoko) Ortega, Basha Changue, las ‘butch’ [que rompen con las expectativas de género heteronormativas] que organizan movilizaciones por Palestina. Yo no soy activista, hay que dejar de abaratar esa palabra”, continúa.

Llamamiento a la movilización

“Estamos en un momento de llamamiento al colectivo en el que tenemos que unirnos y reivindicarnos. Y hay que hacerlo todes, todas, todos juntas”, defiende la abogada Pérez Nanclares. Apunta que “dentro del movimiento, las mujeres también estamos hasta el moño del arrinconamiento por parte de algunos hombres gais” para a continuación advertir sobre cierto apalancamiento social: “Cuando se vive en una situación privilegiada [como la de España], se produce un efecto burbuja. Están en juego muchas cosas”.

Para la periodista y activista Marta G. Franco, hay movimientos minoritarios extremistas que abogan por “una vuelta a los patrones normativos, que buscan atar de nuevo a las mujeres a estrictas reglas”. Describe que las lesbianas aportan “un referente de mujer independiente, libre y luchadora que es muy interesante para la sociedad”, de ahí que se las castigue más: “Cuestionamos la normatividad heterosexual”.

Aunque piensa que en España la situación general para las lesbianas es “mucho mejor que hace unos años”, la también autora del ensayo 'Las redes son nuestras. Una historia popular de internet y un mapa para volver a habitarla' (Consonni) remarca el auge de un furibundo odio digital. “Una minoría de extrema derecha muy organizada busca generar ese ambiente de ira replicando mensajes”, resume.

Elizabeth Duval, filósofa, escritora, activista y exportavoz de feminismo de Sumar y responsable de comunicación, ha recibido mucha violencia en redes sociales. También su pareja, “con palabras que nunca se hubieran atrevido a usar si mi pareja hubiese sido un hombre”.

“Es por la mezcla de ser joven, mujer, lesbiana, trans...”, recalca Duval. Lo que se denomina interseccionalidad. La vulnerabilidad y discriminación de las mujeres lesbianas aumenta en el caso de que con esa realidad interseccionen otras como ser racializadas, migrante, vivir con discapacidad, residir en un entorno rural, ser mayores o jóvenes. Así, un 35% de las lesbianas de la Generación Z ha sufrido ‘bullying’ durante alguna etapa estudiantil, según el estudio de la Felgtbi+.

Duval resalta que, “a nivel global, uno de los principales diques de contención de la extrema derecha ha sido el voto de las mujeres”. Aunque reclama más lesbianas en puestos de poder, no cree que escaseen en política: “Falta visibilidad”, incide, “sigue habiendo un pensamiento de que reivindicarlo de forma abierta va a penalizar a la figura pública”, expresa.

Poco más de la mitad de las mujeres lesbianas y bisexuales (55,8%) son visibles en su entorno laboral, recoge el estudio ‘Las mujeres lesbianas y bisexuales en España’, publicado este viernes el Ministerio de Igualdad, a través del Instituto de las Mujeres. El informe constata que el 81,9% de las encuestadas ha sufrido algún tiempo de violencia por su orientación sexual.

“Nuestros derechos no se debaten, se garantizan. Actualmente, nos vemos obligadas a seguir defendiéndolos ante la amenaza de los movimientos ultras que cada vez toman más fuerza a nivel internacional”, expresa la coordinadora de políticas lésbicas de la FELGTBI+: “No aceptamos retrocesos”.
  • El teléfono 028 atiende a las víctimas de lgtbifobia las 24 horas del día, todos los días del año. También conocido como teléfono Arcoíris, es un servicio de información y atención a víctimas de delitos de odio y de discriminación anónimo, gratuito, confidencial y accesible. Además, se puede contactar por correo electrónico (028-online@igualdad.gob.es) o conectar a través de un chat online.

viernes, 21 de marzo de 2025

#hemeroteca #trans #politica | Elizabeth Duval deja Sumar tras comprobar “las limitaciones de la política institucional y partidista”

Yolanda Díaz (i) y Elizabeth Duval el pasado 28 de octubre //

Elizabeth Duval deja Sumar tras comprobar “las limitaciones de la política institucional y partidista”

La filósofa renuncia a ir en las listas para renovar la dirección en la Asamblea del 29 y 30 de marzo
Paula Chouza | El País, 2025-03-21
https://elpais.com/espana/2025-03-21/elizabeth-duval-anuncia-que-abandona-sumar-y-no-se-presentara-en-las-listas-de-la-asamblea-del-partido.html

La filósofa Elizabeth Duval, uno de los fichajes estrella de Yolanda Díaz en la campaña de las generales de 2023 y actual responsable de comunicación de Movimiento Sumar, abandona el partido. La también escritora, que ejercía como una de las cuatro dirigentes interinas de la organización en la última etapa, ha realizado el anuncio este viernes, antes de que se conozca la composición de la candidatura que optará a la dirección en la Asamblea de los próximos 29 y 30 de marzo. “Tras una profunda reflexión, he decidido no presentarme en las listas y cerrar mi etapa en los órganos de dirección”, ha escrito en un comunicado difundido en redes sociales en el que asegura haber comprobado “todas las limitaciones de la política institucional y partidista”.

Duval, de tan solo 24 años y referente en la defensa de los derechos trans, era mucho más próxima al ala verde de Movimiento Sumar. Mantenía por ello diferencias desde hacía tiempo con la estrategia impulsada por otros dirigentes que representaban la vertiente izquierdista, como es el caso de la secretaria de Organización, Lara Hernández (con pasado en IU, pero también en Podemos y Más Madrid), mano derecha de la vicepresidenta segunda del Gobierno y quien se perfila como una de las dos nuevas coordinadoras.

“La Asamblea de Movimiento Sumar abrirá una nueva etapa, pasando página de la hipótesis con la que inició el proyecto”, señala Duval en su mensaje. “Entré en política el 4 de julio de 2023, tras aceptar el encargo de Yolanda Díaz para ser su portavoz de campaña de Feminismos, Igualdad y Libertades LGTBIQ+, con la convicción de que era posible construir un espacio político fuerte, abierto y con capacidad de transformación. El camino tuvo alegrías, como cuando en aquellas elecciones generales logramos lo que muchos daban por imposible: ganarle a la derecha y revalidar el Gobierno de coalición. También momentos difíciles en los cuales he comprobado todas las limitaciones de la política institucional y partidista”, relata en la nota difundida, de la que se desprende un tono de decepción tras los batacazos electorales de Sumar a lo largo de 2024 y en la que hace explícito un cierto desencanto tras su paso por la primera línea.

“Cuando asumí la portavocía afirmé que la política consiste en la responsabilidad de hacerse cargo de la transformación social, de la producción de un horizonte. También que para mí era un requisito seguir siendo independiente, no representar a un partido, sino a una coalición de fuerzas progresistas. Y que, más temprano que tarde, volvería a lo que siempre he hecho. Mi intención era dejar de ser portavoz el mismo 24 de julio”, afirma. La realidad es que lejos de ser el paraguas que acogiese al resto de formaciones del grupo parlamentario, la deriva de Movimiento Sumar en este último año ha llevado a la formación a convertirse en un partido más dentro de esa coalición electoral.

La escritora cierra su comunicado agradeciendo “la confianza” depositada por Díaz, primero para que fuera portavoz, después secretaria de Comunicación y, transitoriamente, parte de la coordinadora colegiada que debía conducir Sumar a una renovación que califica de “necesaria”. Igualmente, fuentes de Sumar ponen en valor “el gran trabajo” desempeñado por Duval desde 2023. “Agradecemos su compromiso y dedicación durante todo este tiempo. Seguiremos construyendo juntas para avanzar hacia un país mejor. Toda la suerte y acierto en esta nueva etapa”, ha respaldado el partido en redes. “Gracias por este camino compartido estos años, por todo tu trabajo y cariño”, le ha respondido la vicepresidenta.

Con su marcha, después de la dimisión de Íñigo Errejón el pasado noviembre, cercado por denuncias de violencia sexual, la organización pierde a otro de sus referentes intelectuales, lo que deja algo más tocado el proyecto. Duval, una mente brillante que inició su propia transición a los 14 años, nació en Alcalá de Henares y vivió en Plasencia (Cáceres) desde los tres años. Se licenció en Filosofía por la Universidad París 1 Panteón-Sorbona y en Filología Francesa por la Universidad Sorbona Nueva. Meses antes de darle el sí a Díaz protagonizó un encontronazo con la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero, precisamente por la estrategia de Podemos con Sumar. Por su condición de mujer trans, su elección como portavoz de feminismo fue cuestionada por referentes de esa ideología, como Soledad Murillo o Beatriz Gimeno. Está previsto que el partido anuncie este sábado su propuesta de lista para la nueva dirección.

domingo, 21 de mayo de 2023

#hemeroteca #queer | Kim de l’Horizon: “La cultura gay normativa es misógina”

El Diario / Kim de l'Horizon //
Kim de l’Horizon: “La cultura gay normativa es misógina”
'Libro de sangre' es una ambiciosa novela de aprendizaje 'queer' que ha recabado prestigiosos premios literarios en Suiza y Alemania
Elizabeth Duval | El Diario, 2023-05-21
https://www.eldiario.es/cultura/libros/kim-l-horizon-cultura-gay-normativa-misogina_128_10220392.html

¿Quién es Kim de l’Horizon (Ostermundigen, 1992)? En España aún no lo sabemos. Pero cualquiera sabría responder en latitudes germanoparlantes: es la persona (no binaria, por cierto) que se hizo el año pasado con los más prestigiosos premios literarios de Suiza y Alemania al publicar ‘Blutbuch’ (Dumont, 2022). Su obra nos llega ahora mediante la traducción de Ibon Zubiaur: ‘Libro de sangre’ (De Conatus, 2023) es una ambiciosa novela de aprendizaje ‘queer’ sobre la familia, el lenguaje y la escritura, poliédrica y escindida en un crisol de absoluta libertad estilística. No es un texto fácil. Y eso es una buena noticia: se premió la calidad literaria de un libro radicalmente libre y diverso. Se acerca mucho más al complejo estudio familiar que al panfleto ‘queer’ incendiario.

Kim de l’Horizon y yo acordamos esta entrevista en Madrid, mientras comíamos, antes de la presentación de su libro en el Círculo de Bellas Artes. La complementamos con respuestas que Kim redactó en alemán y luego tradujo con ‘DeepL’, tal y como está traducida la quinta parte de su libro. Aquí, con mutaciones, el resultado:

P. Eras relativamente ‘desconocide’ antes de que tu libro fuera premiado. Llegó todo de golpe: lo ‘mainstream’, sus círculos, el reconocimiento. Cuando en una de esas ceremonias de entrega te afeitaste la cabeza en vivo en solidaridad con las mujeres iraníes hubo mucho ruido mediático...

Fue muy agradable recibir atención tras el premio, pero también agotador. He experimentado odio, pero más amor. Hay mucha gente que me ha reconocido por la calle, pero a veces quienes se entusiasman conmigo se acercan demasiado. Quieren decirme cosas o incluso tocarme. Sentí que mi cuerpo se convertía en una especie de bien público gracias al premio.

P. Casi como si estuvieras a su disposición, ¿no?

Todo el mundo se creía con derecho a tener una opinión sobre mi cuerpo, o enfáticamente positiva o enfáticamente negativa. Como dice Paul B. Preciado, los cuerpos trans somos una especie de encrucijada en la que la sociedad se planta y renegocia sus propios problemas e identidades.

P. ¿Cómo te has sentido, concretamente, en ese extraño espacio de la celebración institucional, algo tan poco ‘queer’?

Estas instituciones oficiales, plenamente comprometidas con la representación, como las embajadas o las editoriales, representan a los Estados nación o a la “literatura”. En ninguno de los dos hay un órgano no binario. En Suiza, por ejemplo, no hay reconocimiento legal más allá de lo masculino o femenino. Por eso me resulta muy agotador estar presente en estos espacios, porque tengo la sensación de que mi cuerpo no puede simplemente “ser”, sino que debe “hacerse”. No me basta con “ser”, tengo que “hacer”.

P. En ‘Libro de sangre’ hay una gran reflexión sobre la literatura posmoderna en la que se critica la herencia de David Foster Wallace: de rebelde contra el canon de su tiempo pasa a convertirse en un nuevo “superpapi”. Esto se contrapone a la reivindicación de otra fuente: la genealogía materna. ¿Cómo encajas que a tu libro le otorguen los premios nacionales de ‘dos’ patrias: Suiza y Alemania? Yo dije, en la presentación, que de alguna manera era un libro muy alemán: la relación con el trauma histórico y personal, la propia identidad y la búsqueda de su origen...

¡No encaja en absoluto! Un Estado es en sí mismo un ‘superpapi’. Quizá sea otro intento de apropiación: dos Estados, Alemania y Suiza, se intentan reapropiar de este texto ‘queer’ que busca salidas al binarismo hombre-mujer y mamá-papá.

P. Es un trabajo muy importante el que ha hecho Ibon Zubiaur, traductor al castellano. A mí me parecía casi un libro intraducible.

Cada lengua tiene sus propios ojos y oídos. Sus propias imágenes lingüísticas, pero también sus propias melodías. La comunicación es solo un tercio del contenido de las palabras y los otros dos tercios son aspectos no verbales: sonidos, entonaciones… Así que toda buena traducción tiene que encontrar algo nuevo.

Hay lectores que me han dicho que el texto estira y rompe la lengua española: una persona me dijo que tenía la sensación de que un trozo de madera antes duro se volvía con mi texto flexible. Pero es verdad que se pierden muchos dobles o triples sentidos de ciertas palabras alemanas. Después de todo, la protagonista llama a su madre ‘Meer’ y a la abuela ‘Grossmeer’. Y solo ahí ya hay tres significados: por un lado, ‘Meer’ es ‘océano’, pero también ‘más’ y, finalmente, en mi dialecto, ‘madre’. Así que las madres son océanos, que fluyen, y son ‘más’ de lo que podemos conocer y de lo que ellas mismas quizá sean.

En alemán, el protagonista suele llamarse simplemente ‘das Kind’. La palabra no es gramaticalmente ni masculina ni femenina: es de género neutro. Junto con Ibon Zubiaur, inventé una regla: el niño se llama ‘el niño’ o ‘la niña’ según la situación, según cómo se clasifique en ese momento. Cuando está consigo ‘misme’, en su mundo de fantasía, se le llama ‘le niñe’. Y esa forma de fluidez de género no es posible en alemán.

P. Es interesante cómo el protagonista busca acomodarse a un modelo estándar de la homosexualidad masculina que luego repudia.

Experimento la mayoría de la homosexualidad masculina como algo muy patriarcalmente estructurado. La masculinidad dura, binaria y machista es el ideal indiscutible: la feminidad y lo afeminado no son deseables para muchos hombres homosexuales; he sido atacado por algunos gays como homófobo, porque en mi texto digo que la cultura gay normativa es misógina. Para estar fuera del poder, primero hay que probar identidades alternativas, como lo fue para mí la identidad gay. Pero esa identidad no está fuera de las estructuras; reproduce mucha violencia contra lo femenino. Mi objetivo no es llegar a una identidad definitiva, sino habitar un lugar fluido.

P. Emerge en la novela un miedo que no había leído demasiado antes: el miedo a no ser lo bastante ‘woke’ para las generaciones más jóvenes. ¿No crees que los jóvenes son, al contrario, un poco más reaccionarios que sus predecesores milenials?


Puede que pensemos en los jóvenes como más ‘woke’ de lo que realmente son. Pero si eso nos motiva a ser más sensibles a la discriminación, no creo que sea malo. No basta con decidir ser menos sexista, misógino, racista, clasista, etcétera. En la novela, para mí, era importante dibujar un personaje que no fuera perfecto. Mostrar que el personaje podía haber pensado mucho el tema del género, y ser muy ‘woke’ al respecto, pero que, en cuanto a su racismo interiorizado, aún no lo había trabajado mucho. Ver que podía reproducir un deseo racializado sin quererlo.

P. En el libro recuperas toda una genealogía de la magia y la feminidad. ¿Qué lugar ocupan para ti las brujas dentro de lo ‘queer’?

A las brujas, a lo largo de la historia, se las ha acusado de estar aliadas con el diablo. Se decía que se habían dejado atrapar por él o que estaban, de alguna forma, “infectadas”. El diablo es la sombra de la modernidad: lo oscuro, lo animal, lo entre-humano-y-animal, lo terrenal, lo sucio, lo irracional, lo autónomo. En Zúrich, la mayoría de los hombres acusados de brujería serían hoy considerados maricones, como las acusaciones de ser hombre lobo en el norte de Europa. Hay algo muy subversivo en la brujería, tal y como la demonización de las brujas se utilizó para crear el capitalismo moderno: había que diseccionar el cuerpo de pobres e indígenas, tomar el útero y la tierra para explotarlos. Hoy, con la catástrofe climática y el auge del posfascismo, los conocimientos mágicos sobre hierbas de las brujas y su creencia en la Tierra como ecosistema vivo ofrecen una alternativa, otro sistema de creencias.

Cito, y me gusta mucho, la teoría de Ursula K. Le Guin sobre la ficción: ella dice que una historia no patriarcal es como un manojo de medicinas. Para mí, la novela es un caldero de bruja en el que puedo cocer, a fuego lento, mi propia sopa curativa; echar todo tipo de ingredientes que serían demasiado para un poema. Elaborar ese brebaje me cambia a mí y a mis lectores y, por lo tanto, no es solo mío, sino una curación colectiva: el texto final se crea solo en la lectura.

jueves, 28 de abril de 2022

#hemeroteca #terf #transfobia | El PP pide ayuda a una exdiputada del PSOE para frenar la reforma de la ley trans vasca

The Objective / Ángeles Álvarez (3i) en una concentración //

El PP pide ayuda a una exdiputada del PSOE para frenar la reforma de la ley trans vasca.

Los cambios en la normativa de 2012 incorporará más derechos sanitarios para estas personas y establecerá la autodeterminación del sexo.
Fran Serrato | The Objective, 2022-04-28
https://theobjective.com/espana/2022-04-28/pp-exdiputada-psoe-ley-trans/ 

La nueva ley trans se abre paso en Euskadi. La segunda reforma del texto original, aprobado en 2012, incorporará más derechos sanitarios para estas personas, nuevos protocolos en el ámbito educativo, laboral y deportivo, obligará a escuchar a los menores y establecerá la autodeterminación del sexo, algo que solivianta a un sector de la sociedad. Para contrarrestarlo, el PP ha solicitado la comparencia de Ángeles Álvarez, exdiputada del PSOE e histórica activista de los derechos LGTBI, en la comisión de Igualdad del Parlamento vasco. La solicitud aún debe ser aprobada por el órgano parlamentario.

El PP sostiene que ha propuesto la intervención de Álvarez como representante de la Alianza contra el Borrado de las Mujeres, una organización que lucha por «eliminar la discriminación contra mujeres y niñas que resulta de la sustitución de la categoría de sexo por la de identidad de género». En su opinión, esta definición es completamente subjetiva y afecta a la realidad material de la mujer en diversos ámbitos. Una cuestión que las deja en «peligro» porque «puede permitir que cualquier varón pueda definirse como mujer».

Ampliar la ley trans
Álvarez sostiene que no tiene aún conocimiento de esta solicitud efectuada por la diputada regional Laura Garrido Knörr. De momento nadie se ha puesto en contacto con ella. Explica a The Objective que, cuando eso ocurra, estudiará el caso y decidirá si acudir a la Cámara vasca. La comparecencia de esta exdiputada, que llegó a ser portavoz de Igualdad del PSOE en el Congreso e impulsó el Pacto de Estado Contra la Violencia de Género en 2017, no es la única que han solicitado los populares.

Garrido también ha pedido que se escuche a otras cinco personas, entre ellas Vicente Bellver, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia; Federico de Montalvo, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Pontificia de Comillas; o Natalia López, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra. Una portavoz del Parlamento vasco explica a este diario que la comisión de Igualdad establecerá en los próximos días el calendario de las comparecencias porque «el plazo acaba en mayo».

La ley trans del País Vasco ya fue reformada en 2019. Este nuevo cambio tiene un amplio respaldo político. PNV, PSOE, y Podemos lo secundan, por lo que cuenta con la mayoría de los escaños de la Cámara. No obstante, hay partidos y asociaciones que no se dan por vencidas. Álvarez, primera política que se declaró públicamente como lesbiana, en 2013, está en esa línea. Se les reconoce como feministas clásicas porque se posicionan en contra del derecho de autodeterminación del sexo, concepto que incorpora la futura ley trans nacional, que espera los preceptivos informes técnicos para ser enmendada y debatida en las Cortes.

«También hay gente que piensa que la tierra es redonda. Teorías hay para todos los gustos, pero existen acuerdos conceptuales», sostiene Álvarez por teléfono. Las asociaciones trans le reprochan un discurso que tiene afinidad con la «extrema derecha, por eso le pide ayuda el PP». Una dirigente de una organización LGTBI que prefiere mantener el anonimato afirma que «resulta curioso que el PP pida la intervención de una mujer que pertenece al PSOE».

«De la mano de la ultraderecha»
Otra activista histórica, que tampoco desea revelar su identidad, sostiene que todas las ideologías son legítimas, pero «me parece contradictorio que mujeres que se llaman feministas vayan de la mano de la ultraderecha porque le prestan su altavoz». La opinión de Álvarez sobre el borrado jurídico de la mujer no es el único asunto que ha causado revuelo. La exdiputada socialista se ha convertido este miércoles en diana de los tuiteros tras responder un mensaje de Elizabeth Duval en el que felicitaba al Ministerio de Igualdad por haber organizado un acto con 70 lesbianas por el Día de la Visibilidad Lésbica, celebrado el martes.

«Usted no es lesbiana. Se lo digo yo», le replicó Álvarez. La antigua parlamentaria del PSOE asegura a este diario que se ha limitado a decir la verdad, ya que esta persona «no es transexual» y «no puede tergiversar los términos que definen las cosas». En su opinión, Duval «puede tener relaciones sexuales con quien quiera, puede amar a quien desee, pero no puede definirse como lesbiana porque eso merma los derechos de este colectivo».

Álvarez considera que el tuit de Duval incluye un comentario lesbofóbico. «Hemos peleado mucho como para que ahora traten de reconfigurar los conceptos. Hay gente que se ha dejado mucha vida en esto». La escritora madrileña no ha tardado en contestar: «Usted fue diputada, portavoz de Igualdad y hasta defensora en su día de la ley trans: me merece cierto respeto. Tendrá, supongo, cosas mejores que hacer que acabar siendo la policía de la identidad en una red social».

Diferentes asociaciones y personalidades del colectivo trans han tachado a Álvarez como «reaccionaria», algo que ella rechaza. «El lesbianismo es una orientación sexual que queda definida por el hecho de que quienes se relacionan sexualmente son mujeres. Es una definición académica». Autores de la cuestión trans lo ponen en solfa. Algunos, como Raúl Solís, han afirmado en Twitter que la principal característica del feminismo antitrans es su voxificación: «Acabarán compartiendo bancada con Vox».

Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans, considera osada esta actitud «autoritaria» de Álvarez. «Es una actitud prepotente. Se erige en notaria para certificar quién es mujer, quién es lesbiana y quién es machista». Cambrollé también resta importancia a que la ministra Irene Montero asistiera a los actos de la Visibilidad Lésbica y no a los de la Visibilidad Trans, conmemorado en la sede del ministerio un mes antes, el 30 de marzo.

«No nos sentimos menoscabadas porque Montero no estuviera. Tenía otros compromisos y el día siguiente inauguró las jornadas que habíamos organizado. Nos sentimos agradecidas y, además, felicitamos que por el Día de la Visibilidad Lésbica incluyera a mujeres trans y lesbianas en la representación», insiste la histórica activista. Cambrollé ha aprovechado una vez más para pedir celeridad en la aprobación de la ley trans, una norma que urge, dice, por el aumento de los delitos de odio contra el colectivo.

martes, 9 de noviembre de 2021

#hemeroteca #trans #transfobia | Carta a quienes odian a las personas trans

Google Imágenes / Elizabeth Duval //
Carta a quienes odian a las personas trans.
Elizabeth Duval | Público, 2021-11-09

https://blogs.publico.es/dominiopublico/40981/carta-a-quienes-odian-a-las-personas-trans/ 

Me entrevistaron en un periódico de derechas cuando tenía dieciséis años. Les dejo por aquí una de las lindezas que ya entonces tenía que leer y soportar: "A nadie le interesan las cochinadas que le guste hacer a este engendro desde los orificios de su deforme cuerpo: esto no debe trascender su mugrienta habitación". Dieciséis años, pues, y ya había salido en un par de medios, que se interesaron por mí cuando participaba en algunas de las organizaciones que lucharon por una "ley trans" autonómica en la Comunidad de Madrid, al ser yo una de las primeras menores de la Comunidad en pasar por un tratamiento con bloqueadores.

Te acostumbras muy pronto a que en redes aparezca fácilmente la palabra engendro, a ser monstruosa, a que un sector de la población dictamine que no eres humana. Ni siquiera te sorprende cuando viene por parte de un sector muy escorado a la derecha: las cosas son así, te dices, y acabas naturalizándolo.

Hace ya tiempo que es imposible decir que la situación sea la misma. La trinchera desde la cual surge hoy la mayor parte del acoso y derribo contra personas trans no es la de la extrema derecha, sino la de un sector reaccionario que se disfraza alternativamente de feminista o comunista. En Twitter son siempre las mismas cuentas, con las garras bien afiladas, preparadas desde hace meses para responder a cualquier tweet en el que mencione las palabras ‘trans’, ‘mujer’, ‘feminismo’ o incluso banalidades como ‘merienda’.

En estos últimos tiempos ya ni siquiera hace falta que mi tweet contenga palabras, porque verme la cara es motivo suficiente como para arder en deseos de lanzar bilis, acusarme de querer "exhibirme en baños femeninos delante de niñas", compararme con pederastas y pedófilos o insinuar, como en su día hizo Janice Raymond, que todas las mujeres trans violamos con nuestra existencia el cuerpo de las mujeres. El catálogo de insultos es muy amplio y no merece ser aquí expuesto. Convivo con ello todos los días. A veces no me entero, otras sí; a veces es más fácil abstraerme e ignorar lo que me dicen, otras no tanto.

En otras ocasiones me he dirigido a quienes han podido tener dudas respecto a la "ley trans" o lo queer, y lo he hecho asumiendo que el diálogo era posible, siempre y cuando no partiera de una aproximación desde el miedo, el asco, el odio o la rabia. La filósofa Luisa Posada Kubissa tiene mi más profunda admiración desde que declaró en público, tras haber leído mi ensayo ‘Después de lo trans’, que agradecía la discusión y observaciones que yo aportaba allí sobre su último libro, dándome la enhorabuena desde el desacuerdo. Pero creo que hoy es necesario hasta dirigirme a quienes insisten día tras día en insultarme. Hacerlo, más aún, con ese ánimo tan cristiano de poner la otra mejilla, al considerar que ni su maldad es invencible ni les quedarán algún día razones para perseverar en ella.

No tengo la menor intención de otorgarle a mi vida una importancia que no tiene. Por suerte, he podido llegar a un grado de asimilación tal que me permite olvidarme muchas veces del hecho de que soy trans, y hacer muchas cosas sin tenerlo demasiado presente; no tengo ni tienen tantas otras mujeres trans intención alguna de forzar a nadie a tener sexo, ni deseo de querer acostarme con quien me odia. Vivo en calma cuando olvido que en las redes mi existencia es suficiente como para desatar una marabunta de veneno. No he experimentado un solo drama perverso en los cuartos de baño; prefiero, con mucho pudor, los cubículos cerrados, y no llego a comprender el muñeco de paja según el cual hombres en falda aparecerían por allá para enseñar sus partes. Considero que no borro a nadie por existir. Tengo pareja, dos gatos, soy humana; no es mi vida continuada una reivindicación cotidiana de la teoría queer, aunque quizá no tuviera nada de malo si así fuese. Cocino, lavo los platos, trabajo escribiendo.

Estoy segura de que las personas que escriben día tras día ataques, vejaciones, calumnias y mensajes degradantes contra mí también tienen familia, en ocasiones pareja y, en consecuencia, muchos momentos de ternura. Supongo que de vez en cuando se encuentran con alguna dificultad, algo muy difícil, y se derrumban. Pienso que ninguna de las emociones humanas que yo experimento les es ajena, y que nuestras diferencias, por lo tanto, jamás serán demasiado abismales. Sé, o al menos quiero pensar, que no serían capaces de escupirme los insultos que utilizan en redes a la cara. Prefiero creer en la hipocresía que en la rabia.

Querría decirles a esas personas que no merece la pena malgastar tanto tiempo y energías en responder a la cuenta que has escogido como objetivo de tu odio, igual que me digo a mí misma que no merece la pena leer sus respuestas. Me gustaría poder calmar los ánimos y pensar, sin temblores, en el desmentido lento, en aclarar dudas. Me pregunto a veces cómo se puede ser capaz de tanta crueldad, pero trato de decirme, para entender mejor, que en ciertas dinámicas de grupo (que otorgan a los individuos una identidad, un clan al que pertenecer) yo también podría alcanzar esas cotas de barbarie.

Imagino que su deshumanización es tan humana como lo son el resto de sus reacciones. Estaré dispuesta a perdonar sus insultos y barrabasadas. Trataré de no guardar rencor a quien hoy me escupe. Con el convencimiento de estar en el lado bueno de la historia, capaz de defender vidas, capaz de defender derechos, querré no ser hostil ante quienes tarden un poco más en llegar a esta orilla. Justificaré en mi cabeza sus conductas, sabiendo muy bien que es lamentable justificarlas. Y seguiré intentando que vean su gravísimo error moral, su ausencia de empatía, su incapacidad para ponerse en la piel del otro, aunque eso implique tener que ponerme yo en la suya. No odiaré a quienes me odian y aguardaré para vivir yo tranquila. E insistiré, al final, en decirles: no suponemos una amenaza, ni responderé al odio con más balas, ni leerán nunca que yo escriba reflejando su propia voluntad violenta.

domingo, 2 de mayo de 2021

#hemeroteca #trans #politica | Elizabeth Duval: "La izquierda no tiene por qué bajar al barro para ganar"

Imagen: Público / Elizabeth Duval

Elizabeth Duval: "La izquierda no tiene por qué bajar al barro para ganar".

Juna Losa | Público, 2021-05-02

https://www.publico.es/entrevistas/elizabeth-duval-izquierda-no-bajar-barro-ganar.html 

La filósofa y escritora Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, 20 años) disecciona cada semana en sus columnas en Público los pormenores de nuestra agitada actualidad política. Lo hace sin miramientos, echando mano del bisturí, con precisión y entusiasmo. En esta entrevista nos habla de encrucijadas ideológicas, "conservadurismos progresistas" y transfobia.

Parece que la izquierda no está sabiendo hacer frente a las extravagancias liberticidas de Ayuso. ¿Qué cree que falla?

Sí, y es algo que parece darle banda ancha a la derecha. Creo que hay cierto miedo desde la izquierda a decir barbaridades porque tememos que la reacción va a ser siempre mucho más prejuiciosa. Por eso estamos siempre tan modositos y recatados, orgullosos de analizarlo todo en profundidad, pero esto no deja de ser un complejo. La política, entre otras cosas, se fundamenta no tanto por grandes ideas vehiculadas, sino por absolutas banalidades, cosas que pueden parecer muy poco importantes o aleatorias.

¿Cree que la izquierda se piensa demasiado?

Creo que la izquierda ha creado esta especie de cultura del enfrentamiento por cuadrillas, en la cual un montón de pequeñas organizaciones distintas se enfrentan entre ellas. Esto es algo que habría de cambiar. Luego están esos supuestos todólogos que tienen la solución para todos los problemas de la izquierda y que saben bien qué es lo que necesita. Creo que habría que guardarse un poco y dejar de pensar que se tiene razón todo el tiempo o que por tener razón se va a resultar victorioso.

Tener la razón moral no conlleva tener la razón política... ¿Debe la izquierda bajar al barro?

Creo que hay gente que estaría dispuesta a bajar al barro de lo moral. Hay corrientes dentro de la izquierda que al declararse antiliberal no sólo quieren impugnar el sistema económico del liberalismo, sino también deshacerse de un cierto liberalismo cultural, de una multitud de derechos civiles que van ligados a esta doctrina. Me parece que la respuesta no es tanto bajar en lo moral como ser más inteligentes.

¿En qué sentido?

A veces parece que la izquierda para ser moralmente digna ha de mantener el mismo discurso en todas y cada una de las plazas a las que concurre. Creo que puede ser más inteligente, no creo que sea una traición a sus principios que en discursos puramente instrumentales, como pueden ser los mítines, eluda determinados temas. La izquierda, para ganar, no tiene por qué retorcerse o bajar a ese barro del que hablamos, tampoco volverse homófoba o racista como algunos creen, bastaría con un poco de astucia.

Es obvio que se quiere otra vida... ¿Cómo puede la izquierda conjugar todos esos deseos y aspiraciones individuales con conceptos como la solidaridad o la responsabilidad social?

Mark Fisher dice que la izquierda tiene que hacerse cargo de los deseos que el capitalismo ha creado y que no es capaz de satisfacer. Creo que esto es clave, la sociedad no es lo suficientemente igualitaria ni meritrocrática como para que alguien pueda aspirar a habitar esos modelos de vida con los que el capitalismo nos seduce. La izquierda tiene que ocuparse de eso y vender un modelo de vida que sea deseable, un modelo que sea bueno y al que queramos aspirar. El problema es que ese modelo alternativo de vida tiene que ir ligado a la propuesta de otro modelo socioeconómico, es decir, no se trata exclusivamente de vender esos deseos, eso ya lo hace el capitalismo, sino de ofrecer el camino para satisfacerlos.

¿Qué se puede hacer frente a la provocación ultra?, ¿de qué forma puede la izquierda confrontar estrategias como la de Vallecas?

Aquí creo que es interesante tener en cuenta que no todos los movimientos son articulables por los partidos políticos. Más allá de que sumarte a los que reaccionaron ante las provocaciones puede conseguirte votos en Vallecas, a un nivel de lógica electoral tampoco es realmente lo más interesante. Creo que no está mal la reacción que tomaron en un primer momento tanto el PSOE, como Más Madrid y Unidas Podemos, consistente en no caer en la provocación, en no darles la atención que buscan.

Usted defiende en 'Después de lo trans' el derecho a que un fascista le llame "travelo de mierda" en un espacio virtual de libertad de expresión. ¿Se habría levantado de la mesa de haber estado en el debate de la SER?

Creo que hizo bien Iglesias. También pienso que es compatible la defensa en un espacio como las redes sociales de la libertad de expresión, con la indignación o la crítica a los excesos que se puedan dar por esa misma libertad. Por otra parte, el hecho de que existan ese tipo de expresiones permite revelarse contra ellas y señalarlas como algo que no es deseable. En todo caso son el síntoma, no el origen de la enfermedad. Lo que es aceptable dentro un debate político y lo que es aceptable que se profiera en espacios como las redes sociales no tiene por qué coincidir.

¿Cómo explica la dificultad de la izquierda a la hora de interpelar a la clase obrera?

Yo creo que aquí hay una cuestión sociológica que es que buena parte de la izquierda actúa como si su base electoral mayoritaria fuera esa presunta clase obrera de la que hablan. En España, el voto de los obreros no especializados va mayoritariamente al PSOE, que no es que apele precisamente a la clase trabajadora con sus medidas económicas. Resulta que la clase trabajadora no cumple ese retrato robot preestablecido por la izquierda, lo cual no quiere decir que esta deba plegarse a lo que la clase trabajadora estaría aparentemente deseando, ni siquiera que aquello que desea fuera algo que ya está configurado, dado de antemano o que es rígido e inflexible a cualquier estímulo externo. La clase trabajadora no vota puramente por sus intereses de clase, si lo hiciera, tal y como algunos desean, el resultado de las elecciones sería bien diferente.

En el epílogo de 'Después de lo trans' hace referencia a un "conservadurismo progresista".

Es una reflexión que va en la línea de esa idea de Alba Rico que dice que hay que ser revolucionario en lo económico, reformista en lo institucional y conservador en lo antropológico. El gran proyecto neoliberal es la fragmentación y la disgregación de las estructuras sociales, debemos ser capaces de combatir esa constante disolución, y para ello hay que conservar, e incluso restaurar y refundar esos lazos sociales que se están perdiendo. Es en ese sentido en el que la izquierda ha de ser conservadora.

¿Qué ha pasado para que en cuestión de un par de años cierta izquierda pase a rechazar a las personas trans?

Yo creo que se debe, entre otras cuestiones, a una lucha de poder entre el PSOE y Unidas Podemos. Cuando Unidas Podemos llega al Ministerio de Igualdad y se hace con organismos como el Instituto de la Mujer, esto no cae bien en el PSOE. A fin de cuentas es un partido que ha hecho de la igualdad su gran bandera, lo que les distinguía. Se ha producido, además, un ciclo de movilizaciones feministas muy fuertes y las encuestas dicen que ocho de cada diez mujeres jóvenes se sienten identificadas con los valores del feminismo. Todo esto ha sido percibido en el PSOE como una amenaza para el poder que sostienen muchas personas vinculadas a este partido desde el ámbito académico.

Esta pérdida de hegemonía, el hecho de que toda esta gente se vea desplazada de espacios de poder, parece haber legitimado determinadas posiciones tránsfobas. Por otra parte, y a un nivel más general, hay una izquierda reaccionaria que con tal de alcanzar mayor nivel de redistribución económica estaría dispuesta a prescindir de determinados derechos civiles. Esto se explica por la relativa caída o desintegración del espacio político de Unidas Podemos, lo que ha generado una desilusión que hace que surja una especie de rebelión o reacción contra lo que representó este partido.

viernes, 16 de abril de 2021

#hemeroteka #trans #identitateak | Elizabeth Duval. Idazlea: «Boterea galtzeko beldurra dago»

Irudia: Berria / Elizabeth Duval

Elizabeth Duval. Idazlea: «Boterea galtzeko beldurra dago».

Zegokion espazio publikoa beti trans izatearekin lotuta egoteaz nazkatuta, auziaz dakien guztia kontatu du Duvalek bere azken liburuan. Hemendik aitzinera bertze gai batzuez mintzatu nahi du.
Ainhoa Larratxea Agirre | Berria, 2021-04-16
https://www.berria.eus/paperekoa/1976/032/001/2021-04-16/boterea-galtzeko-beldurra-dago.htm 

Aurkezpenetik aurkezpenera daramatza azken egunak Elizabeth Duval idazleak (Alcala de Henares, Espainia, 2000). ‘Después de lo Trans’ (Trans izatearen ondoren) saiakera argitaratu berri du, eta Bilbon, Donostian eta Iruñean izan da egunotan. Gaur, Gasteizko Ignacio Aldekoa kultur etxean izanen da, 18:00etan.

Liburuan diozu «pototaraino» zaudela trans aktibista izateaz. Zer izan nahi duzu hemendik aurrera?

[Barreak] Garai batean izan nintzen aktibista, batez ere nerabezaroan, eta dagoeneko badira urte batzuk bertze gauza batzuk egiten ari naizela: poema bilduma bat, nobela bat... Liburu hau bada modu bat errateko dagoeneko gaiari buruz nekien dena erran dudala, eta horri buruz gehiago ez galdetzeko.

Trans izatea aztertu duzu hainbat alorretatik. Liburua idatzi ondotik, definizio zehatzik lortu al duzu?

Zaila da definizio zehatz bat ematea. Nire bizitzan, eta esperientzia propiotik, niretzat Parisen trans izateak ez du anitzik esan nahi, batez ere bertze batzuek izan dituzten bizitza esperientziekin alderatuta. Horregatik gustatzen zait hain gutxi trans kategoria erabiltzea, trans denek gauza bera pairatuko bagenu bezala, eta arrazak, generoak, klaseak, eta jatorriak inolako eraginik ez balu bezala norbere bizipenetan.

Nondik sortu zaizu liburua idazteko bulkada?
Nazkatuta egote horretatik. Katalunian prozesu independentistaren sententzia atera zenean egondako protestei buruzko poema liburu bat aurkeztu nuen, eta hedabide independentista batek honako titular hau paratu zion elkarrizketari: 'Generoa ez da abolituko'. Haserre nengoen, edozer egiten nuela ere espazio publikoan zegokidan lekua trans izateari bakarrik zegokiolako. Liburu hau ultimatum gisa planteatu dut.

Hainbat filosofo eta pentsalariren diskurtsoa aztertu duzu. Zein dira zuretzat garrantzitsuenak?
Generoari zuzenean loturiko diskurtsoez ari bagara, oso interesgarria iruditzen zait Teresa de Laurretiren eta Judith Butlerren diskurtsoak berreskuratzea.

Trans izatea Veneno telesailean nola irudikatzen den ere aztertu duzu. Erreferenteak falta dira?
Bai, dudarik ez. Eta perfektuak ez diren erreferenteak behar ditugu. Telesailarekin oso kritikoa banaiz ere, egin izana bera eta produkzioan transak egon izana baliagarria da. Esperantza dut transen ikusgarritasuna handituko dela eta gehiago ikusiko ditugula.

Espainiako Kongresua trans legea eztabaidatzen ari da. Nola bizi duzu egoera?
Ezkerreko hainbat sektore, eta bereziki PSOE, transengan ondorio lazgarriak izan ditzaketen diskurtsoak zabaltzen ari dira. Duela hiru urte pentsaezina zen transez mintzatzean erotzat hartzea. Sekulako atzerapausoa da hori. Zilegia da 3/2007 legea aldatu nahi izatea, baina aldaketa horietan diskurtso oso arriskutsuak sar daitezke. Oraingo diskurtsoak duela bortz urte zirenak baino erasokorragoak dira.

Eta kalean nola dago eztabaida?

Bueno, Parisko kaleetan ez da gehiegi eztabaidatzen horretaz. Eta orain egiten ari naizen birara etortzen den jendea ere ez da errealitatearen lagin oso zehatza. Baina nekea nabaritzen dut sare sozialetan dagoen eztabaida polarizatu horrekiko.

Feminismoan ere piztu da eztabaida. Belaunaldi arteko talka da?
Alde batetik, uste dut baietz, badagoela talka hori, batez ere feminismo historiko horretatik sortua, eta urte anitz PSOEren orbitan egon den jendea lider duena. Eta, horretaz gain, urte anitzez kargu politikoak izan dituzten hainbat pertsonaren interes pertsonalak ere badaude. Penagarria iruditzen zait.

Indarkeriaren kontzeptua aipatzen duzu liburuan, eta hori anitzetan lotuta dago trans baztertzaile horien jarduerarekin ere.
Beldurra dago pribilegioak eta aginte postuak galtzeko. Badago, hala ere, espazio publikoan botere posturik ez duen eta diskurtso horietan erortzen den jendea ere. Erreakzio naturala da errezeloz begiratzea berria den zerbaiti. Beldur horrek zaurgarritasuna erakusten du, eta horri erantzuna ematea dagokigu.

Nola?
Adibidez, badago beldur irrazional bat batzuk bultzatzen dituena pentsatzera trans legearen ondorioz gizonezkoak emakumeen komunetan sartuko direla. Beldur hori duen jendearekin eztabaidatu daiteke.

Bertzeekin ez?
Batzuetan, beldur hori gaiztotu egiten da, eta gorroto bihurtu, eta hori da azkenaldian pairatzen ari garena. Askotan ez da beldur edo zalantza kontua: gorroto kontua da. Eta, orduan, elkarrizketa ezinezkoa da.

Uste duzu guneak sortuko direla lasai mintzatzeko?
Esperantza badut, baina ez trans legeaz eztabaida parlamentarioa dagoen bitartean. Aktualitate politikotik kanpo dagoenean, 2022an edo 2023an izan daiteke hori. Horregatik da hain beharrezkoa liburua irakurtzea [barreak].

domingo, 4 de abril de 2021

#hemeroteca #identidades #politica | Políticas de la identidad

Imagen: Público / Pablo Iglesias, con la sudadera 'Fariña'

Políticas de la identidad.

Elizabeth Duval · Escritora, filósofa y crítica cultural | Público, 2021-04-04

https://blogs.publico.es/dominiopublico/37241/politicas-de-la-identidad/ 

Acepto que hay algo soberanamente ridículo en algunas versiones casi exclusivamente estadounidenses de lo que venimos llamando las políticas de la identidad: un germen de tonterías que lleva a los ‘trolls’ a afirmar que elegir a Isabel Díaz Ayuso —por ser ella mujer— es lo auténticamente feminista, por ejemplo, o que Margaret Thatcher ejercía su ‘girl power’ cuando alimentaba el terrorismo estatal en Irlanda. Pero esto son casos límite, por su evidente ridículo, y porque no estamos en un contexto estadounidense, no demasiado interesantes, que a poco pueden servir si no somos un columnista aburrido en su sofá en búsqueda de la polémica fácil.

Permítanme —será un instante— examinar, a través de hechos recientes y de la precampaña de Unidas Podemos, tres (o algunas más) vertientes de las "políticas de la identidad", cuya relevancia resultará evidente: mi intención sería demostrar que esta cosa de las políticas de la identidad es un baile mucho más complicado de lo que parece, y que identidad a defender, lo que es identidad... ¡tenemos todos!

Una de las críticas más roñosas y repetidas contra Pablo Iglesias es su caracterización como "marqués de Galapagar", insistiendo en lo mucho, mucho, muchísimo que se habría desconectado de sus orígenes vallecanos, alejado hoy —¡pues ya es casta!— del pisito y la perra. El ejemplo más despreciable, que digamos, es cuando algunos intentan hacer pasar a unos cuantos muchachos simpáticos con el brazo extendido hacia delante y la palma hacia abajo como encantadores curritos y vecinos del barrio de Usera que genuinamente recriminarían al marqués su abandono de la clase trabajadora.

La derecha ha integrado per-fec-ta-men-te las políticas de la identidad; la derecha, una y otra vez, ha hecho de la guerra cultural su bandera, sobre todo cuando ha querido tener éxito: Vox condiciona sistemáticamente sus apoyos a unos cuantos aspavientos sobre el pin parental, la cultura y los medios audiovisuales autonómicos. ¿Su primera consejería? ¡Educación! ¡Cultura!

En esta guerrilla de redefinir los pensamientos para cambiar la realidad, y siguiendo este nuevo mantra de las derechas (que algunos izquierdistas, qué sorpresa, han interiorizado), los representantes tienen que parecerse lo máximo posible a sus representados; no hablamos de pareceres, sino de parecidos, así que la cuestión es, por encima de todo, un asunto de estética.

Veíamos a Iglesias en Vallecas con una sudadera de Fariña —pobre hombre: ¿no puede ir por la calle, ya absuelto de sus responsabilidades, con la sudadera que le dé la gana?— y las redes sociales de la derecha, sedientas, ávidas de carne y sangre, se lanzaban a recriminarle sus atavíos, como si llevar chaqueta de traje en los actos como ministro y ropa casual en el barrio fuera una ofensa o juego a dos caras y no una simple cuestión de decoro.

Comparto la preocupación por la ropa, pero no me vengan con el cuento de que los barrios, como si fueran entes monolíticos o mentes colmena, detestan hoy a Iglesias. Espero que lo bien que viste Yolanda Díaz traiga votos a la izquierda, y de ello estoy casi segura, pero lo que resulta verdaderamente preocupante es cuando cierta izquierda compra estos marcos conceptuales al mismo tiempo que denuncia las malvadas, divisorias, ‘atómicas’ políticas de la identidad.

¿Se olvidó la izquierda de la clase trabajadora, que aparentemente marcharía desde hace unos cuantos años en estampida en dirección a Abascal y Rocío Monasterio? Vuelvo a repetirlo: no hay en política formación más obsesionada con los asuntos culturales-identitarios y no económicos o de clase que la ultraderecha, por más ejemplos de bares fachas en el barrio que se quieran sacar a la luz-. El problema, recurriendo a refranero, es ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio: "¿De qué políticas de la identidad me habla usted si yo sólo soy español y —aunque, a veces, sin presumir mucho de ello— de derechas?". Rocío Monasterio, tan tranquila, dice que muchos amigos suyos de izquierdas van a votar a Vox; y la gente, en respuesta, no dice nada ante la mentira, pues estamos un poquito atolondrados.

Si la cuestión son las políticas de la identidad, hablemos de la verdadera identidad que Unidas Podemos quiere implantar en esta campaña: ha situado los comicios, desde un principio, como una batalla entre democracia y fascismo, encarnando ellos a los adalides de la cruzada antifascista. Esto, que a algunos ha recordado (a mi parecer de hace unos cuantos días, que a lo mejor ya no se aplica, con acierto) a las elecciones andaluzas de 2018, con su marco no-demasiado-ganador de la alerta antifascista y sus concentraciones no-demasiado-útiles, podría encontrar en Madrid resultados bien distintos... más que otra cosa porque los fascistas madrileños se empeñan con esmero en ser abiertamente fascistas, dándole día sí y día también publicidad y razón a Iglesias.

La penúltima adhesión a este grupo de fascistas-que-se-empeñan-en-ser-fascistas ha sido desde Cartagena, con un atentado a la sede de Podemos empleando un artefacto explosivo. Al día siguiente, la sede de COGAM, el principal colectivo LGTBI de Madrid, aparecía llena de pintadas tránsfobas y homófobas... que nos recuerdan fatalmente a los ataques que recibió el Centre LGTBI de Barcelona, con pintadas que anunciaban "estáis muertos" y simbología fascista. Si electoralmente acaba funcionando la cruzada de Iglesias, y esta vez puede que sí, se deberá a una variable clave: el fascismo, lamentablemente, insiste en recordarnos cada día su perseverancia, fuerza nueva y legitimación social.

Tercer y último examen de las políticas de identidad. Hemos asistido, estas últimas semanas, a la aparición de varios fichajes independientes en las listas de Unidas Podemos, buscando —aparentemente— el voto de sectores concretos o nichos poblacionales. Ante este fenómeno habría que hablar no tanto de políticas de la identidad, sino de una política de la representación resucitada: probablemente Mbayé o el taxista Cecilio González se parezcan más a lo que hoy sea la clase trabajadora en España que cualquier fantasma obrero de mono azul en fábrica industrial. La izquierda, a nivel nacional, tiene que deshacerse de tentaciones internas reaccionarias, que la llevarían a asumir discursos en el fondo contraproducentes... y tan conservadores e identitarios, tan obsesionados por la estética, como ya lo son los discursos de la derecha.

En el fondo me aburren los cantos de sirena sobre la importación de teorías norteamericanas surgidas de campus universitarios y cómo estarían haciendo estragos en la izquierda; me aburren, ¡porque he escuchado esos mismos discursos de la boca de Marion Maréchal Le Pen, y de ministros franceses de la derecha! Dudo con frecuencia entre dos opciones: o algunos no se dan cuenta del apoyo explícito y consistente que les ofrecen medios de derechas para propagar su bilis presuntamente "desde la izquierda" contra la izquierda, o bien son perfectamente conscientes y les da absolutamente igual seguir artículo tras artículo con la misma cantinela.

Más Madrid ha introducido en sus listas a una mujer trans. Cuando lo hizo el PSOE hace unos cuantos años, antes de su reciente (o no) viraje, nadie dijo que se tratara de otro ejemplo más de las malvadas "políticas de la identidad"... ¡pero quién sabe si hoy sí, si pronto algún nuevo columnista de la novísima escuela de la sospechita sacará su próximo texto metiéndose con los pijos identitarios másmadrileños! Desde esta humilde columna consideramos, dejando a un lado las pajas mentales, que todo voto a Unidas Podemos o a Más Madrid en las próximas elecciones es bienvenido como un voto que fortalece a las izquierdas. Pero desde esta humilde columna también aspiramos a que la izquierda gane; no extraemos beneficio económico de sus miserias y sus derrotas. Allá cada cual. He aquí el culmen definitivo de las políticas de la identidad: ser columnista presuntamente de izquierdas en un medio abiertamente de derechas y escribir sobre lo mal que hace presuntamente las cosas todo lo que abiertamente dices hace bien la derecha.

#hemeroteca #trans #transfobia | Elizabeth Duval: «He recibido una cantidad de odio en redes brutal»

Imagen: Forbes / Elizabeth Duval
Elizabeth Duval: «He recibido una cantidad de odio en redes brutal».

La escritora, filósofa y crítica lanza su nuevo ensayo 'Después de lo trans' (La Caja Books) coincidiendo con el polémico borrador de la Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las personas Trans.
Bárbara Ayuso | Forbes, 2021-04-04
https://forbes.es/forbes-interview/93014/elizabeth-duval-he-recibido-una-cantidad-de-odio-en-redes-brutal/ 

Aunque Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, 2000) deteste las etiquetas, tiene preparadas algunas para responder quién es: escritora, filósofa y crítica. En París, donde vive, es una estudiante de La Sorbona, en España es una estrella mediática a quien se intenta constantemente encasillar como activista trans: «Quien dice eso no sabe de la misa, la media», se rebela. Después de la novela ‘Reina’ (Caballo de Troya, 2020) y el poemario ‘Excepción’ (Letraversal, 2020), dedica las primeras páginas de su nuevo ensayo ‘Después de lo trans’ (La Caja Books) a desgranar la misa entera, punto por punto. La publicación coincide con el polémico borrador de la Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las personas Trans (conocida como «ley trans») que Duval defiende, y también critica, con su característica vehemencia argumentativa.

Dice que el ensayo no es «un argumentario para que tú te quedes en casa y descubras qué es lo que tienes que decirle a tus amigos sobre el concepto de lo trans». ¿Qué es?
Es muy fácil lanzar libros con la intención de que sean polémicos, monten un escándalo y por ello vendan; pero sin nada de contenido que profundice en esas cuestiones. Es una casualidad bastante buena que el mío salga en medio de la tramitación de la ley, pero yo lo dedico a reflexionar con más profundidad no solo sobre lo trans, sino también en relación con las personas que han pensado o han hablado acerca de ello en España, e intentar aclarar ese concepto. Tiene algo de alma pedagógica, porque no hace falta el requisito de que el lector se haya leído chorrocientos ‘papers’, o toda la bibliografía relacionada con los estudios de género.

¿Y cuál es la relación de los españoles con lo trans?
Planteo un estado de la cuestión y cómo se trata el tema en los medios, y en qué tópicos, clichés o bulos se cae. También hay cosas que ataco frontalmente, como la falsa tolerancia de muchos políticos y personas que se ponen a hablar del tema, y ven a los trans como los pobrecitos del mundo, los famélicos y condenados de la tierra a los que van a otorgarles derechos, pero sin comprender muy bien a quién ni para qué le otorgamos derechos.

El debate en torno a la ley no solo ha enfrentado a detractores y defensores, sino que ha creado un cisma dentro del feminismo. ¿Están los puentes rotos?
A raíz de defender mi postura en debates televisivos, he recibido una cantidad de odio en redes brutal, se me ha echado encima una caterva particularmente agresiva. No es la primera vez, lo que ha sido diferente es que hay una minoría dentro de ese sector de lo transexcluyente al que molesta no lo que yo pudiera decir, sino simplemente el hecho de que yo pudiera hablar y tuviera una plataforma, por una especie de sentimiento irracional de miedo o vulnerabilidad.

Como filósofa, ¿qué lectura hace de esta reacción?
Hay que atender a ese tipo de acercamientos a través del miedo y ver de dónde vienen. Hay que empatizar con esos argumentarios que dicen que se está hormonando masivamente a las niñas pequeñas... Decir que las cosas en realidad no son así no tiene que estar reñido con hacerlo de una forma más o menos empática. Pero sí que es cierto que construir puentes con parte de esa facción que ahora se ha visto trasladada a una posición de odio tan brutal es muy difícil, creo que prácticamente imposible, porque esos debates no se pueden dar de una manera genuina. Con quiénes sí que intentaría construir puentes sería con aquellas personas que legítimamente, sobre todo feministas, puedan tener dudas sobre la ley, pero cuyo acercamiento no se produzca desde posiciones de odio.

Parece que las únicas alternativas es estar radicalmente a favor o en contra, sin matices.
Es algo que yo misma he podido experimentar, son masas de estás conmigo o estás contra mí. Es una pena, pero no creo que sea responsabilidad de las personas favorables a la ley, la polarización no sale de ellas. Las provocaciones más bestias han venido sobre todo desde la facción transexcluyente, con discursos como el de Lidia Falcón en los que acabó llamando «mutantes» a las personas trans. El caso es que hay una responsabilidad mutua que impide que se debatan otras cosas más minuciosas.

¿Por ejemplo?
El precedente de la ley irlandesa. En ella, no solo se contempla que los delitos de violencia de género cometidos con anterioridad al cambio de sexo registral se juzguen por el sexo registral de la persona en el momento de los hechos; sino que si una persona se cambia de sexo registral pero luego comete un delito que esté relacionado con ello, se la juzgue igualmente como si no hubiera tenido lugar el cambio. Entrar en ese tipo de matices legales, comparando con otras leyes del entorno me parece que ahora mismo no es posible, por cómo se ha enconado el debate en términos que no tienen sentido. Sobre todo, porque hay una parte transexcluyente que está diciendo que la ley hace cosas que no hace.

¿Es solo un rechazo ideológico?
Hay que recalcar que hace pocos años, en comunidades como Andalucía, se aprobaron leyes muy parecidas a esta que propulsa ahora el Ministerio de Igualdad, con unanimidad del arco parlamentario. Esto evidencia dos cosas: que detrás hay intereses políticos mucho más que morales para obstaculizar la ley por parte del PSOE y que el relato que se está haciendo en los medios acerca de lo trans ha retrocedido. Que en 2015 existiera este tipo de guerra, o esta violencia contra lo trans era una cosa inconcebible.

Se opone a la autodeterminación de género, ¿cómo explica esta postura?
Se puede resumir de una forma muy simple: se ha cometido un error al trasladar una noción jurídica al campo de la reflexión conceptual o política. La autodeterminación de género, entendida como reconocer la identidad de género libremente manifestada de una persona, a nivel jurídico, puede estar bien y puede ser el mejor mecanismo disponible para reconocer a las personas trans. Pero a nivel conceptual o político, hablar de autodeterminación es caer en este cliché de que las personas trans llegan por la mañana, se levantan, se ponen una peluca y un vestido, escogen o deciden libremente cuál es su género. Se puede entrar aquí en debates sobre la noción de libertad o libre albedrío, pero yo creo que se cae en la trampa que se ha reprochado muchas veces desde el movimiento transexcluyente, que lo relaciona con el neoliberalismo y la libertad absoluta de consumir los géneros o etiquetas casi como identidades o marcas. Hay que distanciarse lo máximo posible de ese discurso. Porque tener una perspectiva despatologizadora y a favor de los derechos de las personas trans no es incompatible con decir que la identidad de género, conceptualmente, es una cosa imposible. Porque el género ya viene dado por un montón de factores sociales y también biológicos.

viernes, 19 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #identidades | Elizabeth Duval: “A las personas trans sólo nos preguntan por nuestra identidad”

Imagen: Presentes / Elizabeth Duval

Elizabeth Duval: “A las personas trans sólo nos preguntan por nuestra identidad”.

La escritora española Elizabeth Duval tiene 20 años y acaba de publicar su tercer libro.
Presentes, 2021-03-19
https://agenciapresentes.org/2021/03/19/elizabeth-duval-a-las-personas-trans-solo-nos-preguntan-por-nuestra-identidad/ 

El periodista Franco Torchia entrevistó a la escritora española Elizabeth Duval para su programa radial “No se puede vivir del amor”, emitido en la Radio Pública de Buenos Aires. Duval tiene 20 años y tres libros publicados, entre poemas, novela y ahora ensayo con “Después de lo trans”, aún no editado en Argentina pero disponible en ebook. Reproducimos parte de la conversación radial.

F: En tu producción escrita, en tu poemario ‘Excepción’, en tu autoficción llamada ‘Reina’ y ahora en este ensayo llamado ‘Después de lo trans’, hay una especie de secuencia, por lo menos desde los títulos, vinculada a lo siguiente: tu tránsito de la excepción al reinado y de allí a este tiempo después, a este después que ¿cómo caracterizarías?

E: Sí que hay una progresión, pero creo que en el caso de ‘Después de lo trans’ lo que marca, aunque no sea en absoluto un ensayo intimista o autobiográfico, es de estar hasta el coño del tema trans. Básicamente porque incluso cuando promocionaba los otros libros, que tenían poco que ver con la cuestión trans, había una especie de morbo mediático. Con lo cual un poco sí que me dije: Voy a dejar este ensayo escrito para casi poder pasar página. Decir: Que me pregunten este 2021, pero ya en 2022 si me vuelven a preguntar sobre lo trans estaré haciendo otras cosas y podré decir “no sabe, no contesta”.

F: Una de las preguntas hacia el comienzo de ‘Después de lo trans’, es: ¿Soy una activista por el mero hecho de existir? Esto se recorre todo tu último trabajo y esto resuena de una manera muy especial en la Argentina en este momento y me atrevería decir en ciertos países de la región. De esa dinámica, en líneas generales, en la Argentina nadie ha logrado salir. Yo quisiera en este sentido citar un ejemplo. Vos leés y citás a Camila Sosa Villada, que ha estado en tantísimas ocasiones en este programa, que es alguien tan importante para este programa y ahora por suerte para la literatura, para la escritura de una buena parte del mundo. Pero quizás sea Camila una especie de ejemplo de esa posibilidad. Luego, no es una posibilidad realmente fortalecida o -voy a permitirme una especie de redundancia- no es una posibilidad muy posible. ¿Por qué?


E: Yo creo que hay mucha gente trans que no puede renunciar, no puede dejar de hacer que se la catalogue constantemente como activista por el mero hecho de existir. Porque básicamente si estás en una sociedad en la cual tu identidad se ve cuestionada, si estás en una posición donde eres una persona trans visible, es muy difícil que deje de ser algo que rompe con los esquemas de la gente el mero hecho que tú existas. Pero es una cosa que cansa mucho y cansa mucho emocionalmente.

Ahora en España estamos asistiendo a los debates por el borrador del anteproyecto de la ley trans, que es una cosa que en Argentina vosotros nos tenéis muy avanzades en ese sentido, ya tenéis parte de ese camino recorrido. Pero aquí en España estamos con eso, y sí que noto que ese debate es una cosa que cansa mucho aquí por el mero hecho de que esa gente trans que no necesariamente tiene una vocación activista se ve obligada a tener que defender algo tan básico, tan fundamental, como su existencia. Pero creo que sí hay algo iluminador en lo de Camila, y es que a ella ahora por el éxito también de Las malas ya no se la toma solamente como referente o activista trans, sino que se valora su literatura como literatura. Eso me parece algo enriquecedor.

Identidades y privilegios


F: En otro momento vos decís en ‘Después de lo trans’, “en cualquier caso soy la anulación de categorías, de formas, de generizar”. Ahora bien, ¿esa anulación es accesible para cualquiera, sentís, o es accesible para aquelles que pueden por ejemplo, hoy, autodenominarse no binaries?

E: Yo esto lo comento luego dentro del ensayo en relación con la posición de Paul B. Preciado. Esta cosa de cómo muchas veces las posiciones aparentemente más transgresoras, como la no binaria, también están posibilitadas por el hecho de vivir en un cierto ambiente cultural, de prácticas artísticas de vanguardia, que ve con mejores ojos esa transgresión. Cuando realmente en aspectos más cotidianos de la vida si intentas conscientemente transgredir de forma constante esa norma -es lo que hablo luego cuando hablo de la violencia correctiva-, te conviertes con frecuencia en un foco mucho más claro de violencia y de castigo, porque aquellos comportamientos que se escapan de esa norma, de esas categorizaciones, se ven reprimidos, se intenta silenciarlos, se ven como algo peligroso. Y creo que es tanto el rehuir de ello, o de intentar anular esas categorías, intentar hacer de lo trans algo menos importante como la asunción de las posiciones aparentemente más radicales, necesitan detrás ciertas estructuras que a veces son estructuras de privilegio. Claramente una persona trans que pueda vivir sin estar siendo recordada por la sociedad constantemente el hecho de serlo, seguramente va a ser una persona trans que no tiene que hacer frente a ciertos problemas de precariedad económica o de clase, o a lo mejor no es una persona trans racializada, a lo mejor se trata de una persona trans que tiene ciertos privilegios estructurales que la permiten asumir esa posición. Así que yo creo que, desde luego, no está al alcance de todo el mundo y que de hecho es una cosa que por ejemplo, en España tenemos que tener en cuenta que no todas las personas trans sufren grados de violencia similares. En otro momento del ensayo hablo de la Veneno, de mujeres trans mayores que por situaciones históricas han tenido que estar muy vinculadas al mundo de la prostitución, de la precariedad, del cabaret, y creo que su sufrimiento no es equiparable al de menores trans que empiezan la transicion a los 12 años, y que pueden vivir vidas más facilmente asimiliables dentro del sistema. Creo que España, por ejemplo, tiene una gran deuda de memoria histórica con esas personas trans más mayores a las que prácticamente el Estado incluso no ha dejado existir.

F: Hay una especie, entonces, de sistema -escrito con s escrito con c-, entre esa imposibilidad de, para las personas trans en general, no poder hacer más que contarse a sí misma, es decir ser -como decís vos en el libro-, los mejores y peores relatores posibles para explicar aquello que les pasa. El hecho de que todo el tiempo la esfera pública condene a las personas trans a contar su pasado, a contar su existenciabilidad, por decirlo con un neologismo, y el hecho de que por el otro lado los activismos siempre estén pataleando con las mismas consignas, ¿establece una especie de laberinto sin salida?

E: Yo creo que en parte sí. Pero seguramente por el hecho de que esas narrativas de lo íntimo, de estar todo el rato explicando o justificando la vida propia, a lo que llevan, igual que llevan algunas estadísticas, es a construir un rol social muy específico para las personas trans que es el rol de víctima. Cuando yo creo que no es tan necesario el rol de la víctima o el rol de aquel que está contando su intimidad para ser reconocido. Creo que podemos ir más allá y asumir que puede haber perfectamente, las queramos más o no, existencias trans casi conservadoras o casi bien asimiladas al sistema. Porque creo que el hecho de hacer como que todas las existencias trans son necesariamente de víctimas o revolucionarias, implica que reconocemos menos aquellas existencias trans de mujeres trans más mayores, hablándolo como diríais vosotros, las travas mayores putas que han tenido que pasarlo mucho peor que las generaciones más jóvenes. Y esa especie tabula rasa lo que hace también es ocultar la violencia o sufrimiento que han sufrido aquellas que han estado en las peores situaciones, y hacer como si todos fuéramos lo mismo. Eso me parece una manera igual, que lo digo en el contexto de la Veneno, de desenfocar las violencias, modificar el foco de esa violencia, que es bastante contraproducente.

“A las personas trans sólo nos han dado arco mediático para hablar de nosotras mismas”

F: Se habla siempre de que les trans deben hablar de les trans. Esto vos lo discutís, y lo discutís largamente en el ensayo -no vamos adelantar todo el contenido de tu libro, claro- pero es una idea que aquí tiene un alcance problemático, y a mi criterio un alcance muy bienvenido. ¿El campo de los interlocutores sobre lo trans debe ser un campo reducido a les trans o no?

E: Diría que no solamente en Argentina tiene un alcance problemático, sino que incluso en España. Y creo que está tan integrada esta idea porque es una consecuencia indirecta o ejerce un poco de causa-consecuencia de esto que comentaba antes, de cómo las personas trans solamente se le dio arco mediático o espacio en la opinión pública para hablar de sí mismas o hablar de aquellos problemas o cosas que les suceden por la diferencia de ser trans. Yo cito estas palabras, en un momento del ensayo, de Pier Paolo Pasolini cuando él crítica la noción de la tolerancia. Dice que nunca existe una tolerancia verdadera, una tolerancia real porque a los ojos de la mayoría -él toma el ejemplo de un hombre negro-, la mayoría es incapaz de olvidarse de la diferencia que les separa, de la existencia minoritaria. Y una consecuencia de eso es que se exige que si las personas trans existen dentro de lo público que todo el rato estén hablando de lo trans. Yo creo que es una tesis que puede ser bastante polémica, que mientras por ejemplo la izquierda esté enroscada en esta posición de decir solamente las personas trans pueden hablar de lo trans, o solamente son interlocutores válidos las personas trans. Mientras estemos en eso se va a seguir exigiendo esta reducción a esa parte propia de la identidad, cuando pueden tocar muchísimos más temas.

Esencialismos y biología

F: Por otro lado vos insistís y mucho en una crítica a los argumentos materialistas de las personas trans o de la transexualidad o del transgénero -por decirlo de una manera bien simple- un materialismo que decís roza mucho con lo religioso. Son sólo les fieles quienes pueden terminar hablando de la experiencia trans, y es en virtud de una especie de esencia entendida como materialidad del cuerpo. Esto, me imagino, resulta todavía hoy en España, y acá también, bastante por lo menos alarmante y provocador.

E: Claro. Y no solamente en relación con la cuestión de lo trans. Recordemos cuando en España se empieza a hacer la defensa de matrimonio para personas homosexuales, muchas veces un argumento al que se apela es esta cuestión del “born this way”, se nace esta manera, es una cosa con la que se nace que se es por un tipo de materialidad biológica, no se puede cambiar y por eso merecemos derechos. Cuando desde las ciencias sociales también -no es una manera en absoluto de quitarle validez a la orientación sexual o a la identidad- hay teorías que dicen por ejemplo: si colocáramos a alguien que en la antigüedad griega consideraríamos como homosexual en la actualidad, no necesariamente sería homosexual ahora mismo y viceversa. Las identidades también están circunscriptas a su momento histórico, a un montón de consideraciones y circunstancias socio culturales que hacen por ejemplo que mujeres trans en la actualidad puedan sentir disforia o incomodidad con tener pelos en las piernas. Pero no es que las mujeres sientan una especie de disconformidad biológica con tener pelos en las piernas, sino que hay toda una sociedad detrás que inculca el mensaje de que tienen que ser impolutas, prístinas. Creo que estos análisis tienen que incorporar la perspectiva histórica, la perspectiva sociocultural y desde luego que puede haber desde la ciencia utilizaciones de lo biológico, pero que la biología en ningún caso es destino.

F: Te dedicás y mucho a la serie Veneno. Como hemos contado en más de una ocasión en este programa la serie no se ha estrenado oficialmente en América Latina aún, pero reviste la particularidad de ser a esta altura una serie muy vista ya, muy consumida por el público que puede llegar a tener. El público que tiene en esta parte del mundo es un público que la serie sin estar estrenada oficialmente ya tuvo, por lo que entendemos de qué tipo de fenómeno estamos hablando, de la serie Veneno sobre la vida de Cristina Ortiz y sobre la vida de Valeria Vegas.

E: Yo creo que lo que ha pasado es que la reacción ha sido bastante positiva. La serie surge y a los pocos meses empieza a debatirse el nuevo borrador que es un avance en los derechos humanos de las personas trans, el borrador de la ley trans, y eso implica una reacción conservadora muy fuerte, muy potente en España, que, claro, la serie por sí misma no es tampoco capaz de reducir. Pero los efectos de la serie, aunque yo me ponga a hacer crítica cultural, a criticarla un poco como artefacto discursivo, yo creo que mayoritariamente son positivos, y que mayoritariamente es un trabajo a alabar.

F: Claro. Para entender efectivamente cuál es esta coyuntura que recién nos mencionabas, Elizabeth, ¿qué implica que todos los discursos sobre lo trans en este momento en España insistan en ese ser que no es hacerse, en ese ser que no es un devenir, en eso del orden de lo identitario en el sentido más restringido posible?

E:. Se induce a una especie de debate que yo creo que puede ser muy tóxico sobre si hay personas que son lo suficientemente trans o no, o quién es verdaderamente trans. Si de repente para ser trans tienes que tener un cierto tipo de cerebro, un cierto tipo de características, tienes que haberlo mostrado desde los 4 años porque sino no eres auténticamente trans. Yo creo que eso es problemático en un momento en que lo que se busca es ampliar los derechos para la mayoría.

Volver al psicoanálisis

F: Hay otro capítulo también que es importante en ‘Después de lo trans’, que es ese capítulo en el que vos te dedicás a describir cuál fue tu intercambio con el filósofo español Paul B. Preciado. En estos días, por esta parte del mundo, se armó una suerte de discusión alrededor de la participación de Paul B. Preciado en una campaña de Gucci. Esto es lo que en América Latina, en esta parte del mundo donde no existe Gucci, no es Europa central ni mucho menos, y si existe, existe en la excepcionalidad total. Esto es lo que impacta. Esto es lo que aquí genera mucho intercambio. ¿Qué te pasa a vos con eso?


E: Jo, fue muy curioso, porque lo de Gucci surgió en plenas revisiones del ensayo y metí como una pequeña coda para mencionarlo. Y eso ha generado muchísimo debate también en Francia, también en España, sobre cómo parte de esa estética queer, subversiva, revolucionaria se ve dentro de una recuperación por parte del lujo o de las empresas hipercapitalistas de la industria de la moda. Había un artículo que me parecía muy fino sobre este tema que publicó una revista en línea francesa que se llama Trou Noir o Agujero Negro y ese artículo respondía a la participación de Preciado en Gucci, haciéndose la pregunta de a qué mundo nos atamos en nuestras luchas, y hablaba también sobre cómo una cuestión fundamental para hacer frente no solamente al cisheteropatriarcado sino también por ejemplo a la dominación capitalista era que esas luchas no se hicieran daño las unas a las otras. O que quizás habría que calcular cuál es el beneficio de que ese mensaje subversivo, revolucionario, de la revolución del deseo, tenga el mismo fin cosmético o estético que el resto de productos, vestimentas, actores guapísimos, ropa de lujo en medio de ese spot publicitario para una marca. Un principio fundamental para articular tanto las luchas LGTBI como la lucha feminista, la antirracista, la lucha contra la dominación capitalista, es reconocerse de igual importancia y sobre todo que esas luchas no se dañen las unas a las otras, que peleen por un mundo compartido en el que nos excluyen.

F: Elizabeth, vos volvés al psicoanálisis y mucho en ‘Después de lo trans’, de hecho uno de los epígrafes del libro es un epígrafe bellísimo de Lacan, citás a Lacan, citás a otro montón de psicoanalistas de todas partes del mundo, muchos incluso norteamericanos. Esto también marca una especie de cambio, porque como vos bien sabés, en buena medida las aproximaciones a las cuestiones vinculadas a lo que entendemos como género en la circulación social de los discursos, en estas últimas décadas han dejado muy de lado a la psicología. ¿Esa es una especie de apuesta también, lo pensaste, es en parte estratégico -como decís que es la identidad trans, identidad trans estratégica-, es en parte estratégico de tu parte, Elizabeth, volver a la psicología?

E: Yo creo que sirve como herramienta explicativa también para sobrepasar esas distinciones tan radicales entre lo biológico, lo natural y lo cultural o lo construido. El psicoanálisis parte también de algunas consideraciones biológicas o naturales para cuestionarlas y de las construcciones. Yo no comparto necesariamente esa idea que le hace Preciado. Me parece que es una herramienta que realmente puede ser muy útil, que no solamente utilizo yo. Sino que por ejemplo Judith Butler en sus ensayos, en sus libros, tiene una influencia lacaniana y post lacaniana muy grande, constantemente referencia a estos conceptos que yo creo que son muy útiles sobre para aquellos temas que tienen que ver con la identidad, con el otro y con la mirada del otro. Fundamentalmente algunas de las recuperaciones que yo hago dentro del ensayo son cuestiones tan francesas como son el psicoanálisis lacaniano y la firmenología.

F: En esa cita de Lacan, Lacan habla de un poema. Y vos a lo largo del ensayo también insistís en la ficción identitaria, algo que a mí me interesa sobremanera, dedicándote a lo de que te dedicás, siendo escritora y ‘Después de lo trans’, y después de ‘Después de lo trans’, entiendo que ese es tu proyecto, seguir adelante con la escritura y con la escritura de ficción o de autoficción. Pero en algún punto eso es lo que también creo que resta absorber, la idea de que toda identidad finalmente es una ficción modificable, borrable, desechable.

E: Sí, desde luego. Y esa cita de Lacan lo encapsula muy bien: Me dicen que soy un poeta, pero no soy un poeta, soy un poema que se escribe. Yo creo que es algo muy importante para tomar cuenta de cómo las identidades son maleables.

martes, 9 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans | Elizabeth Duval: "El putero es una lacra social: la agenda trans no ha de regular la prostitución"

Imagen: El Español / Elizabeth Duval

Elizabeth Duval: "El putero es una lacra social: la agenda trans no ha de regular la prostitución".

“Dejar atrás la hipersexualización de las mujeres trans es muy deseable: necesitamos nuevos referentes" / “La Ley Trans no borra a la ‘madre’ ni a la ‘mujer’, sólo incluye conceptos como ‘progenitor gestante’” / “El mayor enemigo de lo trans no es Lidia Falcón, sino la derecha que utiliza su discurso”.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2021-03-09
https://www.elespanol.com/cultura/20210309/elizabeth-duval-putero-social-no-regular-prostitucion/564444892_0.html 

Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, 2000) es ya un icono de nuestro tiempo: jovencísima y brillante escritora, pensadora, filósofa, crítica e, inevitablemente, perspicaz comunicadora, porque su discurso es generoso, empático, divulgador y, por qué no decirlo, compasivo con la estupidez o incluso la intolerancia de los otros. En los años del ruido, lean a Duval. En los años del caos cae su palabra como una razón luminosa, trabajada, humanista, sensata, juguetonamente irónica con sus detractores y también genuinamente polémica para los dogmáticos de un lado y el otro: una palabra fundamental que reinicia la conversación deprimente del mundo, que la limpia y la pone a andar. Duval es el antónimo de "panfleto".

La han llamado "activista trans", pero nada más lejos de la realidad: a menudo el activismo es terco, simplón, sordo a los matices, a ratos negado al debate de lo incómodo, enrocado en una idea sin salida y además, carente de humor. Elizabeth Duval es lo contrario a todo eso. Es más, está literalmente "hasta el coño" del tema trans, como avisa en las primeras páginas de su ensayo -literario, poético, panorámico, felizmente molesto- ‘Después de lo trans. Sexo y género entre la izquierda y lo identitario’ (La Caja Books). Con esta obra viene a zanjarlo, viene a aparcar definitivamente la cuestión, viene a quitarse la cáscara de la pregunta obligada para que la dejen ser libremente ella a partir de ahora. Charlamos con Duval sobre ‘lo trans’ por primera y última vez.

P. ¿Qué es ser trans? Parece una pregunta de perogrullo, pero no lo es.

R. Es más complicado de lo que parece en un primer momento, y es por eso que al final del libro hago la distinción entre lo que puede suponer el ser trans para una persona y lo que se diferencia de otro tipo de categorizaciones como puede ser “hombre” o “mujer”. Según en qué categorizaciones vemos lo “trans” casi como adjetivos sustantivados que tienen un sentido propio y que no modifican a la otra cosa. Lo trans, en todo caso, supone una modificación o movimiento dentro del espectro del género.

Se es hombre trans o se es mujer trans o se puede ser persona no binaria pero no se es simplemente trans, se es trans en relación con alguna cosa. A menudo se utiliza una definición muy simple que es la de “no coincide tu identidad de género con el sexo asignado al nacer”, y es problemática, porque al fin y al cabo a lo que te estás refiriendo y a partir de lo que estás ‘recibiendo’ a una persona es a través de sus genitales.

P. Es algo intrusivísimo, morboso y horrible.

R. Sin duda. Y además, a nivel visual hay tanta variedad de personas dentro del colectivo de lo trans como en cualquier otro aspecto de la vida humana. Podría darse el caso, es viable, de que existieran dos mujeres, una cis y una trans, que fueran indistinguibles a primera vista. Planteo en el libro que si se diera ese caso con qué derecho categorizarías a una como distinta de otra por aquello que tiene entre las piernas y planteo cómo afecta eso a su vida diaria.

P. ¿Qué es ser mujer? ¿Qué tenemos en común todas las mujeres, ya seamos cis o trans?

R. Ser una mujer es ocupar -dentro de una sociedad patriarcal dividida por géneros- la posición de la dominada por el género masculino y la identidad de género mujer. Una de las cosas que muchas veces parte del argumentario feminista transexcluyente es que critican que hablar de género en la ley esté invisibilizando la violencia de género, cuando yo creo que no es así. En el ensayo muestro que hay teóricas del feminismo que son trans o transexcluyentes y que separan el género como estructura social y la identidad de género.

Existe una estructura de la que luego bebemos, unos roles imbuidos que absorbemos, una identidad nuestra que se construye en base a esos roles y que es, en parte, políticamente modificable, pero también hay unos aprendizajes que tienen en sus raíces componentes biológicos, vivenciales, culturales… donde se internaliza ese ‘ser mujer’. Ese ser mujer en la sociedad actual está apegado a absorber ciertos roles y cierta mentalidad de ser dominada.

P. ¿Qué es el género y por qué has señalado que no se abolirá? ¿Te gustaría, no obstante, que se aboliese: es el género un mecanismo social de opresión?

R. Dice Amelia Valcárcel, a la cual cito en el ensayo para hablar de mi postura sobre la abolición de género, lo siguiente: claro que cualquier tipo de feminismo tiene que aspirar a la abolición del género en tanto que esa abolición del género sea una superación de ese carácter opresivo o ese dejar atrás la dominación del hombre hacia la mujer, pero el género, histórica y culturalmente, no se reduce sólo a esa dominación -aunque esa dominación sea su fuente-. Hay un conjunto de normas sociales y de relaciones que hay que tener en cuenta e intentar comprender. La manera de ocupar e espacio. Muchos comportamientos en el trabajo o en la familia están construidos en base al género.

Cuando digo que no se abolirá digo lo mismo que ella: dudo que se puedan superar estas divisiones binarias de la mente humana, olvidar miles de años de historia… si hacemos un análisis materialista, si consideramos que desde el neolítico hay una utilización de la función reproductora de las mujeres, si ya desde ahí hay división y roles de género -aunque cambiantes a lo largo del tiempo pero que siguen existiendo para comprendernos con el otro-, veo difícil que esos sistemas desaparezcan. A lo mejor dejan de ser opresivos, pero para que dejen de ser inherentemente violentos no hace falta que desaparezca lo que es ser un hombre o una mujer.

P. Dices que el género ni siquiera es autodeterminado, sino que esta marcado -en parte- por la familia y la sociedad. ¿Cómo funciona este proceso?

R. Hay variables que juegan dentro de ello. La filosofía no debe separarse radicalmente de la ciencia, está obligada a tenerla en cuenta. Hay estudios que dicen que puede haber factores biológicos en la existencia de las personas trans, cuestiones genéticas, variaciones. Si tenemos en cuenta que estos roles de género no existen fuera de una sociedad mediada socialmente por ellos… cuando simplemente hablamos de la ideología de los cuerpos o de un estado puramente animal donde no hay relaciones sociales o no existe el género, sigue habiendo factores biológicos que confluyen para que haya mayor receptividad a esos mensajes.

En el caso de las personas trans: el cuerpo, según los mensajes que lanza la sociedad o la familia, entiende que tendría que recibir otros. Si un cuerpo recibe mensajes relacionados con el género masculino puede producirse que acabe desarrollando una identidad de género femenina. En el centro de la familia se aprenden roles y comportamientos familiares, igual que en el seno de la educación o de los seres sociales… esa es la problemática con la que se encuentra alguien que intenta ciar a sus hijos fuera de las normas o roles estereotipados de género, que quizás pueden hacerlo en la familia ¡o a lo mejor no!, porque esos comportamientos ya están genetizados y lo que intenta escaparse del género sigue siendo género.

P. Interesante.

R. Hay estudios que dicen que los bebés distinguen entre voces, que a los 24 meses ya son capaces de elaborar casi una taxonomía mental, una distinción categorizada en base al género desde el primer momento en que escuchan una voz. Y ahí empiezan a separar sus comportamientos en base a cuestiones genetizadas. En ese primer momento que es el momento de la niñez.

P. Viene una cuestión un poco abstracta, quizá, Elisabeth. ¿Cómo sabe verdaderamente una persona que es hombre o mujer? Me digo siempre a mí misma que, si no tuviésemos cuerpo, es decir, esta realidad material con la que hemos nacido, yo no sabría si soy mujer u hombre. No lo sabría porque entiendo que tengo características históricamente atribuidas a lo femenino y a lo masculino. Mis gustos son variados, sexualmente también -y ya sabemos que las lesbianas son mujeres y los gais, hombres: entiendo que es un debate superado, pero si no es así, cuéntame por qué-. ¿Qué opinas de esto?


R. De hecho, uno de los errores que se comete mucho al hablar de personas trans es pensar que a todas las personas trans a las que puedes preguntar sobre su género tienen una definición desarrollada en estudios de género, concepciones feministas o cualquier otra cosa sobre qué es ser mujer y qué es ser hombre. Esa internalización o esos mecanismos psicológicos, en la mayoría de la gente, lo que son es una adecuación entre cómo tú (ni siquiera conscientemente) te percibes y cómo te percibe el resto de la sociedad. Nunca llegas realmente a hacerte una pregunta sobre ello. Lo dice Butler: el género nunca es una posesión propia, es, sobre todo, maneras de ser para el otro, en virtud del otro y siendo desposeído por el otro. Una cosa es la identidad de género que es propia, personal e intransferible y otra cosa es el género como sistema relacional.

Yo soy mujer, en parte, porque los ojos de quien me contempla me ven de esa manera. Digamos que me adecuo a esos ojos. En el caso de las personas trans a la hora de ver manifestarse su género… todo es tan granado… dentro de la existencia de esa persona no es ninguna decisión sopesada, o autodeterminada, o voluntarista, sino algo más bien irracional e íntimo. Es lo que digo siempre: no comprendo el argumento de quien dice que se puede escoger ser mujer, ¿cómo lo escogerías voluntariamente, con todas las violencias que acarrea?

Aunque ser mujer tenga cosas buenas, ¿quién en su sano juicio tomaría esa decisión? Si puedes elegir entre no estar en peligro caminando por la calle sola o estarlo, eliges no estarlo. Esta identidad se construye de forma inconsciente, no deliberada. Es la cosa de “no podría vivir el resto de mis días si se me obligara a levantarme de la cama y a pretender ser un hombre”. Es una imposibilidad.

P. ¿Qué opinas de la hormonación y de las operaciones? ¿Ser mujer consiste, también, en tener un ‘aspecto’ clásicamente asociado a la mujer?

R. En muchos casos, para lo que son necesarias las hormonaciones es para modificar la percepción social que los demás tienen sobre ti y tener una vida más vivible. Para que la percepción de los demás coincida con la autopercepción propia. En el caso de las operaciones, está más ligado a un malestar con el cuerpo propio que se debe a una internalización de esos roles de los que hablábamos. A largo plazo se debería aspirar -y se ha intentado con campañas en respuesta a lo que decía Hazte Oír de ‘los niños tienen pene y las niñas tienen vulva’- a que uno pueda estar lo máximo de cómodo posible con sus partes íntimas y con lo más íntimo de su cuerpo. Eso sería un éxito a nivel cultural: que disminuyera el número de operaciones de personas trans.

P. Cuando hablamos de esta transición física, ¿cuál es el límite? Uno de los temas que me parecen reseñables ha sido el cuestionamiento a la hipersexualización en la que han caído gran parte de las personas trans, sin duda, no por su culpa, sino precisamente para adaptarse a esa mirada condenatoria de la sociedad que entiende a las mujeres como seres con grandes pechos, labios carnosos, etc. Una imagen estereotipada de la que el feminismo siempre ha pretendido huir.

R. Igual que para atacar a las personas trans se ha usado la cuestión voluntarista de “lo son porque lo deciden” -es decir, caen en la trampa neoliberal de la libre elección-, aquí sucede lo mismo. Para hablar de hipersexualización se tiene que tener en cuenta a las mujeres trans mayores de cincuenta años y la precariedad que han vivido. La única salida posible que han tenido hasta hace unos cuantos años era la prostitución, y para prostituirse tenían primero que hipersexualizarse.

En España salimos de la dictadura muy tarde, con todas sus leyes de peligrosidad social y su marginación a las personas trans. Para que La Veneno pudiera existir, tuvo que pasar por esa hipersexualización. A partir de 2015, las familias, los padres y madres de gente trans, han instaurado nuevos modelos que no pasan por esa hipersexualización. De hecho, dejar atrás la hipersexualización es algo deseable a largo plazo: necesitamos más referentes.

P. Leía una entrevista el otro día en la que Miquel Missé decía que “los derechos de las trabajadoras sexuales deben ser una prioridad de la agenda trans”. ¿Choca el abolicionismo de la prostitución -del feminismo radical- con la agenda trans? ¿No es un reduccionismo y un cliché terrible asociar el ‘trabajo sexual’ con las personas transexuales?


R. No tiene por qué chocar el abolicionismo con la agenda trans ni tiene que chocar la crítica al vientre de alquiler con la defensa de los derechos trans. El abolicionismo siempre ha sido la postura en la que yo históricamente me he visto más identificada, y así lo defendí en Playz, por ejemplo, aunque después algunas de las personas con las que yo estaba de acuerdo en eso me dijeron de todo por Twitter a raíz del tema trans.

No sé cuáles son necesariamente las mejores soluciones, pero tengo claro que el putero es una lacra social, lo que no sé bien es cómo se ataja el problema. En cualquier caso, decir que los derechos de las trabajadoras sexuales son un componente de la agenda trans es excesivo, yo diría que un titular mal cogido. En la agenda trans no tiene por qué estar la regulación de la prostitución. Los derechos trans no están vinculados a una lucha regulacionista.

P. “La ley no debe ser un reflejo de identidades o reconocer todos y cada uno de los sentimientos de los individuos, sino de funcionamientos y órdenes sociales”. A tu juicio, ¿qué conquistas legales le faltan al colectivo trans -sea eso lo que sea, como dices en tu libro, siendo, al menos, una asociación política que abraza también muchas formas de ser trans-?

R. La propuesta de ley que se hace ahora no es que sea muy novedosa, porque las competencias de Sanidad están transferidas a las comunidades autónomas que han registrado el tema y las instituciones penitenciarias llevan ya diez años aplicando la norma. Esta ley lo que intenta es armonizar esas normativas, pero no propone tantas cosas nuevas. Se adecua a ciertos estándares internacionales que surgen de sentencias. Entender que las personas trans no tienen obligatoriamente que someterse a tratamientos hormonales o quirúrgicos y construir procesos que sean lo más ágiles posibles, lo más eficaces, transparentes y menos intensivos posibles... es un avance.

Es fundamental la labor de ofrecer alternativas y de ocuparse y de cuidar a la población trans más envejecida, que ha padecido mayor precariedad. Mujeres de 50 o 60 años que han vivido la prostitución. Hay que hacer con ellas una labor de memoria histórica. Uno de los grandes problemas de la serie de La Veneno fue hacer pasar por decisión de ella el hecho de que fuese a una cárcel de hombres, hacerlo pasar por una elección individual cuando se debía a cuál era la legislación vigente en ese momento. Estaría bien una declaración de perdón por parte de las instituciones y del Estado.

P. Cierto es que esta sociedad tan amarillista y cotilla anda muy preocupada por lo que tenemos todas entre las piernas, pero he leído a muchas personas trans señalar que han sido rechazadas a la hora de intimar -sexualmente, en la cama- porque la otra persona no ‘deseaba’ sus genitales. Lo han acusado de transfobia. ¿Lo es?


R. No creo que esa sea una conducta censurable. En el ensayo digo que la orientación sexual puede formar parte de un esquema sexual donde subyace una imagen de lo que va a ser el otro que contenga también esa genitalidad. Desde luego, eso viene de una incapacidad primera para concebir que existan las personas trans o que sean sujetos deseables, pero creo que más allá de señalar transfobia en casos particulares, la única manera de atajar esto es ofrecer referentes culturales y un imaginario para que esas personas trans puedan ser sujetos deseables. Señalar casos específicos en los que se han dado conductas tránsfobas no es muy productivo. Lo fundamental es, a nivel social, educa la mirada ajena.

P. ¿Hay que estar avisando constantemente de que una es trans? ¿Por qué parece que sí, para que nadie se ‘sorprenda’ después o, incluso, se ‘ofenda’? ¿Hasta qué punto es necesario comunicar algo así?


R. Creo que no hay que decir por adelantado que alguien es trans, surge solo, pero hablo de que hay personas trans con una apariencia física o con variedad de motivos que hacen que no puedan ocultarlo y que sea más perceptible el hecho de que son trans. Es una conversación que en los casos ideales se puede dar de forma natural, en lugar de verlo como una etiqueta. Cuál es tu trabajo, cuál es tu nombre… datos para que los sepa el cliente, por ejemplo. No creo que esto entre ahí. No creo que deba comentarse como ‘aviso de contenido trans’.

P. ¿La heterosexualidad es peligrosa, como decía Paul B. Preciado en aquel polémico artículo en El País?

R. Recientemente ha habido muchos artículos en esa línea, no solamente contra la heterosexualidad, sino contra la monogamia. Antonio J. Rodríguez decía en su último libro que la monogamia era una posesión, una propiedad privada de los hombres sobre los cuerpos de las mujeres y planteaba el poli amor como un modelo liberador. Yo no creo que sea liberador per se, creo que igualmente en las relaciones homosexuales y heterosexuales pueden darse violencias. No hay un componente inherentemente liberador, porque reproducimos los mismos esquemas. El poliamor puede ser una trampa neoliberal de consumo de cuerpos particularmente adaptada al momento en el que estamos, a nuestra sociedad de consumo rápido y líos de una noche donde no llega a existir ningún tipo de afecto duradero.

Que la heterosexualidad históricamente haya estado vinculada con violencias no hace que las relaciones heterosexuales sean peligrosas o algo condenable. Que exista la violencia machista no convierte a todos los hombres en el diablo.

P. Hay que reconocer que corren muchas fake news en cuanto al tema lingüístico, pero, intentando no hacer una categoría de las anécdotas, es cierto que se ha hablado de que la palabra “madre” puede ser “fascista” y de que hay que buscar una nueva. Se dice que “el embarazo está muy feminizado” o se vuelven cada vez más presentes términos como “persona gestante”. ¿Qué opinión te merece?

R. Lo que hace el borrador de la propuesta de Ley Trans es sensato, porque no borra las instancias de legislación que hacen referencia a la 'madre' ni a la 'mujer' ni la forma de inscribir a los hijos una vez han nacido, sino que se expande y habla o bien de madre o bien de progenitor gestante. No borra el hecho de que la enorme mayoría de personas que van a gestar son madres y son mujeres, ni que el aborto mayoritariamente es un derecho de las mujeres, pero añade la posibilidad de que los hombres trans puedan hacer uso de él y hace que eso esté contemplado por la ley.

No hay necesidad de borrar ningún término que se aplica a una mayoría de la población. Se soluciona incluyendo a personas sin hacer desaparecer la cuestión original. Expandir conceptos en vez de sustituirlos es clave en este asunto. Sustituirlo sí me parece problemático, pero hay que expandirse a otra realidades existentes.

P. Me decía Valeria Vegas en cuanto al lenguaje inclusivo que ella prefería hablar en femenino genérico antes que usar la ‘e’, porque era una conquista aún pendiente. Me gustó.

R. Sí, yo estoy de acuerdo y utilizo más el femenino genérico que la ‘e’. En Francia son particularmente reacios a estas cosas. De hecho, el Gobierno acaba de sacar una prohibición del femenino genérico, y eso hace pensar que tiene interés defenderlo políticamente.

P. ¿Cuál es hoy el mayor enemigo de las personas trans?

R. A nivel político, sigue siendo la derecha. El mayor enemigo de las personas trans no es Lidia Falcón, por mucho que la veamos en Libertad Digital o en Intereconomía, o por mucho que veamos a Vox pidiendo su comparecencia: el mayor enemigo sigue siendo la derecha que utiliza su discurso y que procura confrontar al feminismo con la gente trans, aprovechándose de que ese feminismo tenga dudas sobre la ley para convocar ruedas de prensa conjuntas. El movimiento feminista en su mayor parte es transinclusivo y nuestro enemigo común es la dominación patriarcal y económica. El enemigo a abatir sigue siendo el mismo y hay que darse cuenta de ello para construir ese sentimiento de lealtad compartida.