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lunes, 19 de febrero de 2024

#hemeroteca #lgtbifobia #deporte | Jesús Tomillero: "Creo que en el fútbol es donde más homofobia hay"

Jesús Tomillero impartiendo la charla en Melilla //

Jesús Tomillero: "Creo que en el fútbol es donde más homofobia hay"
Amlega y la Ciudad Autónoma organizan una conferencia en la UGR para conmemorar el Día Internacional Contra la LGTBIfobia en el Deporte
Juan Luis Espinosa | El Faro Melilla, 2024-02-19
https://elfarodemelilla.es/jesus-tomillero-creo-que-en-el-futbol-es-donde-mas-homofobia-hay/ 

Jesús Tomillero, primer árbitro gay de fútbol en España, ha impartido una conferencia sobre la LGTBIfobia en el deporte a los alumnos de la Universidad de Granada. La charla, que ha sido organizada por la Ciudad Autónoma y la asociación Amlega, conmemora una fecha tan importante en el calendario como es el 19 de febrero, Día Internacional Contra la LGTBIfobia en el Deporte.

Junto a él, han asistido a la ponencia el consejero de Educación y Deporte, Miguel Ángel Fernández, y la viceconsejera de Igualdad, Fadwa Abelhadj, quienes han destacado la importancia de combatir la LGTBIfobia en cualquier ámbito, pero especialmente en el deporte, donde todavía existe mucha discriminación y es fundamental que el respeto sea “la seña básica de identidad” de cualquier deporte, señala Fernández.

Cuando salió del armario públicamente en 2015, Jesús Tomillero lo pasó realmente mal y fue víctima de cientos de insultos y amenazas. Una experiencia que ha querido compartir con los estudiantes de la UGR en esta fecha tan señalada porque, aunque se ha avanzado, el colectivo todavía tiene mucho camino por recorrer para evitar ser objeto de discriminación y de delitos de odio.

Rafael Calatrava, presidente de Amlega, ha querido mandar un agradecimiento especial a todo el equipo y la dirección de la Unión Deportiva Melilla y a las consejerías de Educación, Deporte e Igualdad por hacer posible un acto "tan bonito y cargado de importancia" como el que vivió la asociación este domingo, en el que un miembro del colectivo tuvo el honor de realizar el saque inaugural. Una oportunidad, señalan desde Amlega, para demostrar que el deporte se practica con personas, independientemente de sus orientaciones y diversidades.

Por su parte, Tomillero ha reivindicado la necesidad de que haya una regulación legal dentro del ámbito deportivo para las personas LGTBI. "Sabemos que cuesta mucho salir del armario, por eso yo fui el primer árbitro en 2015 que dio el paso públicamente a nivel español y europeo", afirma. Un paso que, por desgracia, vino acompañado por 1.500 amenazas de muerte.

Asimismo, adelanta que va a dirigir el área LGTBI de la Federación Española de Fútbol para apoyar a futbolistas y entrenadores que pertenezcan al colectivo. Considera que es un gran avance y un "hito" dentro de la propia federación. "Vamos a luchar para apoyar la salida del armario a cualquier futbolista, entrenador o directivo de cualquier club. Creemos que este es el avance que necesita el colectivo para seguir andando en la constitución de nuestros derechos".

El apoyo de la federación al colectivo LGTBI es fundamental para conseguir que en las gradas, estadios y vestuarios la situación consiga cambiar. Pero destaca que es muy importante recibir el apoyo de los principales órganos para conseguirlo. Apuesta porque se legisle un deporte más inclusivo y que "si a los clubes lo que les duele es el bolsillo, le sancionamos doliendo el bolsillo" se podrá erradicar esa LGTBIfobia. Aunque parezca que "venimos de la Prehistoria", cree que en estos últimos años la sociedad ha ido avanzando poco a poco, pero es necesario que haya referentes, es decir, un Cristiano Ronaldo o un Mesi que visibilice el colectivo y consiga acabar con la homofobia dentro del mundo del deporte.

En ese sentido, aunque la discriminación está presente en muchas disciplinas deportivas, cree que el fútbol es donde más homofobia hay. Como ejemplo pone a Victor Gutiérrez, que no sufrió homofobia en el mundo del waterpolo, o algunos jugadores de baloncesto que tampoco han sido víctimas de delitos de odio por salir del armario. Por ese motivo, cree que el fútbol femenino representa los valores del deporte y que si se toma el mundo femenino como ejemplo "avanzaremos en la construcción social del deporte".

Como también activista LGTBI, asegura ser conocedor de muchos futbolistas que no salen del armario por las repercusiones que eso pueda acarrear, y lo hacen una vez que han terminado su carrera profesional.

Para cerrar ha lanzado un mensaje de ánimo a todos los deportistas que todavía siguen en el armario y agradeciendo el apoyo y la labor de Amlega. "Desde aquí animo a todos esos deportistas y a todos esos futbolistas que no tengan miedo y que salgan del armario sin ningún tipo de distinciones. No estamos en 2015, hemos avanzado en una consecución de los derechos. A día de hoy tenemos una ley nacional que nos ampara y apoya, tenemos una federación que está ahí para apostar por el colectivo ante todo. No estáis solos".

viernes, 8 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #poblacionrefugiada | Interior mantiene el hacinamiento de más de 1.600 migrantes en el CETI de Melilla a pesar del riesgo de contagio

Imagen: El Diario / CETI de Melilla
Interior mantiene el hacinamiento de más de 1.600 migrantes en el CETI de Melilla a pesar del riesgo de contagio.
El Defensor del Pueblo urge a Interior trasladar a la península al menos a los niños, así como a las mujeres solas por ser "especialmente vulnerables" debido al riesgo de violencia sexual y machista en el saturado centro.
Gabriela Sánchez | El Diario, 2020-05-08
https://www.eldiario.es/desalambre/existencia-Interior-descongestionar-CETI-Melilla_0_1025048552.html

Son las 14 horas y, como cada día, una larga fila de personas se concentra a las puertas del comedor del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes Melilla (CETI) sin respetar la distancia social exigida por el Gobierno. Cuando caminan por el interior de las tiendas de campaña donde duermen cientos de ellos, es difícil evitar tocar las camas de sus compañeros, ubicadas muy cerca unas de otras. Los migrantes acogidos en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla incumplen todos los días las medidas de seguridad impuestas en pandemia, porque durante casi dos meses de estado de alarma el Ejecutivo mantiene a más de 1.600 migrantes en un espacio creado para alojar a 700.

A pesar de las reiteradas exigencias por parte del Defensor del Pueblo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Amnistía Internacional, Interior no desbloquea los traslados a la península de un número de personas suficiente para descongestionar el centro. “Está trabajando en ello los ministerios implicados y vamos a ver si somos capaces de solucionarlo en breve”, respondió este viernes el ministro de Sanidad tras ser preguntado sobre la situación de saturación.

La respuesta es la misma desde el inicio del estado de alarma. "Desde la secretaría de Estado de Migraciones continuamos colaborando estrechamente con el ministerio de Interior para agilizar los traslados a península de los residentes", insisten desde el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, del que dependen los CETIs. José Luis Escrivá solicitó hace semanas a su homólogo en Interior, Fernando Grande-Marlaska, la aceleración de los traslados de inmigrantes al resto de España, pero la respuesta llega a cuentagotas y resulta escasa para aliviar la sobreocupación del CETI.

Desde el departamento dirigido por Grande-Marlaska no dan explicaciones oficiales acerca del retraso en la ejecución de los traslados de migrantes desde Melilla a la península. Históricamente, gobiernos de distintos colores han tratado de prolongar la estancia de los migrantes en las ciudades autónomas bajo el supuesto argumento de que permitir una rápida salida hacia el resto de Europa podría conllevar un aumento de las entradas clandestinas a través de este punto. Es el viejo fantasma del “efecto llamada”.

Del mismo modo que miles de migrantes permanecen durante meses atrapados en las islas griegas, quien accede a España de forma irregular a través de las ciudades autónomas -una ruta menos peligrosa- suelen quedarse durante largos (y arbitrarios) periodos de tiempo atrapados en ellas. Ni una pandemia global desbloquea las arraigadas políticas migratorias en los enclaves españoles.

Entre las más de 1.600 personas confinadas en el saturado centro, cerca de 400 se encuentran en una situación “especialmente vulnerable”, según ha alertado el Defensor del Pueblo en respuesta a una queja enviada por la ONG Prodein, a la que ha accedido eldiario.es. Francisco Fernández Marugán exige la salida urgente de las mujeres solas, dado que “la situación de sobreocupación no les puede garantizar un entorno libre de violencia sexual y de género”. También realiza una llamada de atención particular sobre los niños y las niñas “a los que no se les puede garantizar unas condiciones mínimas tras las traumáticas situaciones que han atravesado al llegar a nuestro país”.

Entre quienes ha despertado una mayor preocupación del Defensor del Pueblo, se encuentra una mujer solicitante de asilo que huyó de su país, Marruecos, debido a la violencia machista sufrida por parte de su pareja. A Melilla llegó con sus tres niños en busca de protección hace unos meses, pero desde mediados de marzo el miedo al coronavirus también ha llegado a sus vidas. La mujer sufre “asma grave”, explica la familia, y como persona de riesgo vive el temor al contagio en un lugar donde evitar el contacto es casi imposible, aunque por el momento no se ha detectado ningún caso positivo en el centro. El Defensor del Pueblo exigió hace casi dos semanas al Gobierno la salida urgente de Melilla de esta familia “especialmente vulnerable a la pandemia”. No obstante, la institución, no ha recibido respuesta por parte del Ministerio del Interior.

Uno de sus hijos, de once años, ha escrito una carta al ministro Grande-Marlaska para pedir su traslado a través de todos los canales posibles. “Hola, Ministerio del Interior”, comienza el menor en su misiva, escrita con su letra irregular. “Somos marroquíes y hemos huido del maltrato de mi padre. Ahora estamos en el centro temporal de Melilla y no podemos salir y hemos pedido salir pero se nos deniega y no saldremos porque siempre es denegada”, explica el pequeño. El niño confiesa al ministro su preocupación por su madre: “Mi mamá es enferma de riesgo y tiene asma grave. Aquí el contacto con la gente es mucho y sube el peligro del coronavirus. Mi madre lo pasa muy mal aquí”. La mujer marroquí asegura haber recibido avisos por parte de su marido: "Él amenaza a una amiga de mi madre en Marruecos, le dice que tiene a alguien aquí", aseguró uno de sus hijos a la Cadena SER.

Más allá de la petición de salida urgente de las personas en situación más “vulnerable” a ojos de la Defensoría del Pueblo, la institución ha realizado una recomendación general a Interior para que se aceleren los traslados a la península de los migrantes acogidos en el CETI de Melilla debido a la sobreocupación de sus instalaciones. “La crónica sobreocupación de Melilla, que en este momento supera las 1.600 personas, hace inviable que se puedan garantizar las obligatorias medidas de distanciamiento social que hemos de respetar todos los ciudadanos durante el estado de alarma”, ha advertido el Defensor del Pueblo, ha solicitado Francisco Fernández Marugán en la recomendación enviada al departamento dirigido por Fernando Grande-Marlaska. “En un contexto de crisis sanitaria como el actual, la cuestión de la sobreocupación y la necesidad de aliviar la presión residencial de los CETI se vuelve más urgente que nunca”, ha destacado Fernández Marugán, quien recuerda que el cierre de fronteras ligado a la pandemia reduce también las “perspectivas reales” de expulsión. Ahmed (nombre ficticio) está rodeado de personas a la espera de recoger su comida cuando responde a los mensajes de eldiario.es. Es uno de los 600 migrantes tunecinos que el ministro del Interior quiere expulsar “a la mayor brevedad posible”, a pesar del cierre de fronteras ligados al coronavirus. Con su móvil fotografía la escena que tiene frente a él: una decena de compañeros, muy juntos, en el comedor del centro. También graba el lugar donde duerme junto a un centenar de compatriotas en una de las tiendas de campaña desplegadas en el CETI debido a la saturación de sus instalaciones. Un paseo por el interior de la lona demuestra la proximidad existente entre las literas, cubiertas con sábanas. Las imágenes, a las que ha tenido acceso eldiario.es, evidencia el incumplimiento de la exigencia de distancia entre los residentes del centro.

“No nos dan mascarillas a nosotros, pero los trabajadores si tienen”, denuncia el joven tunecino. “Hay personas con enfermedades, personas en silla de ruedas. Somos muchos y aquí no se puede mantener las distancias: solemos estar dos horas en la cola para comer”, cuestiona el hombre. “Nadie sabe cuánto tiempo nos tenemos que quedar aquí. Llevamos ya mucho tiempo. Creo que es suficiente”, clama el tunecino.

Una mujer transgénero de origen marroquí es otra de las residentes del CETI cuya situación de vulnerabilidad ha sido denunciada por Amnistía Internacional. "Estoy destrozada y volviéndome loca... No me dejan ni salir a coger dinero que me mandan...”, ha denunciado la migrante en un testimonio recogido por la ONG. “Solo hay un traductor que no siento que me respete. A veces quiero hasta volver a mi país, o incluso matarme... No sé ni por qué estoy aquí. Nos miran (al colectivo LGBTI) como si no fuéramos nada”, lamenta la ciudadana de Marruecos.

"En el CETI no se siente protegida porque, además de que hay personas que cuestionan su identidad de género, la masificación también afecta a otras cuestiones de seguridad en relación a sus objetos personales y pertenencias”, asegura Virginia Álvarez, investigadora de Amnistía Internacional, organización que ha pedido en numerosas ocasiones la aceleración de los traslados de migrantes desde Melilla.

"Llevamos años denunciando que Ceuta y Melilla son un limbo sin derechos para estas personas y lamentamos que, en medio de una crisis sanitaria tan grave como la que nos encontramos, tengamos que volver a repetirlo", ha incidido el presidente de la organización, Esteban Beltrán. "Han pasado más de cinco semanas desde que se decretó el estado de alarma y se impusieron medidas para evitar el contagio sin que se haya adoptado ninguna iniciativa de relevancia dentro del CETI que proteja la salud de los que están allí hacinados", ha reclamado.

A lo largo del estado de alarma, Interior solo ha autorizado la salida de Melilla de 51 migrante el pasado 21 de abril. "Mover a unas pocas decenas de personas a la península, aunque es un paso en la dirección adecuada, no descongestiona un centro tan saturado”, cuestiona Beltrán.

lunes, 20 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #poblacionrefugiada | El Gobierno mantiene a más de 1.600 migrantes hacinados en el CETI de Melilla

Imagen: El País / Llegada de migrantes a Melilla
El Gobierno mantiene a más de 1.600 migrantes hacinados en el CETI de Melilla.
Interior frena los traslados a la Península pese a la saturación de las instalaciones que funcionan al doble de su capacidad.
Laura J. Varo | El País, 2020-04-20
https://elpais.com/espana/2020-04-19/el-gobierno-mantiene-a-mas-de-1600-migrantes-hacinados-en-el-ceti-de-melilla.html

El Gobierno mantiene a más de 1.600 personas hacinadas, en plena cuarentena, en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, un alojamiento provisional de 782 plazas. En circunstancias normales, traslados periódicos a la Península consiguen aliviar la enorme presión de este centro, pero desde que se decretó el estado de alarma Interior los ha paralizado. El confinamiento ha dejado encerrados a todos los residentes, incluidas familias con niños, obligados a convivir en unas instalaciones con más del doble de su capacidad.

Las denuncias sobre la situación del centro se han intensificado en los últimos días. ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, ha pedido al Ministerio del Interior y al de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones “medidas urgentes” para descongestionar el CETI y “proporcionar un alojamiento digno a los residentes”. El Defensor del Pueblo también ha denunciado que estas condiciones impiden mantener las medidas de seguridad ante la covid-19. El centro se encuentra a un 214% de su capacidad, según responde el Ejecutivo a una pregunta parlamentaria planteada por el diputado de EH-Bildu Jon Iñárritu.

El número de residentes en el CETI de Melilla es el mayor, al menos, desde 2015, cuando el centro alojó un pico de 2.000 personas en plena crisis de refugiados de Oriente Medio. Desde entonces, nunca ha estado por debajo de su capacidad (480 plazas en 2015, hasta las 782 actuales). Actualmente, el centro registra su mayor índice de ocupación en el último lustro. En Ceuta, con una ocupación mucho menor (129%), la Delegación del Gobierno sí consiguió orquestar la salida de 105 y 37 personas en dos traslados a finales de marzo, semanas antes de detectarse en un bebé el primer positivo por coronavirus. En abril no se han vuelto a realizar más traslados y, según diversas fuentes, no se prevé que se reactiven.

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, último responsable de la gestión de estos alojamientos temporales, mantuvo esta semana en el Congreso que la situación del centro de Ceuta estaba controlada, pero reconoció su “preocupación” por la sobreocupación del de Melilla. Su Secretaría de Estado de Migraciones no ha dejado de solicitar a Interior traslados desde principios de año, pero estos no se han producido. Pese a que la gestión del centro depende de la secretaría de Estado, las autorizaciones de los traslados llevan el sello del departamento de Fernando Grande-Marlaska.

La semana pasada, y tras multiplicarse las presiones al Ejecutivo de Pedro Sánchez para reducir la saturación del centro, se avisó a varios residentes de que sí habría “salida”, como se llama coloquialmente a los traslados en barco a la Península. Según testimonios recabados por El País, los elegidos ya tenían sus billetes para embarcar rumbo a Málaga y el transporte para llevarlos hasta el puerto estaba preparado. A última hora de la tarde se anuló, sin dar explicaciones a los afectados. El dispositivo, coordinado por la Delegación del Gobierno en Melilla y la dirección del centro, fue paralizado atropelladamente por Interior para reevaluar los perfiles de las personas seleccionadas, según admiten fuentes del ministerio, que aseguran estar trabajando en el traslado de varias decenas de personas para esta misma semana.

Criterios arbitrarios
El listado de los residentes que pueden ser trasladados a la Península lo elabora la Comisaría General de Extranjería y Fronteras; y los criterios de selección, que dependen también del número de plazas disponibles en el resto del territorio (de acogida humanitaria para migrantes o de asilo para solicitantes de protección internacional), suelen ser arbitrarios y desconocidos.

El tiempo medio de estancia varía enormemente en función de la nacionalidad y el colectivo en el que encuadran a los residentes. Esto también es caprichoso. Ha habido épocas en las que se ha priorizado el traslado de determinados grupos (refugiados, colectivo LGTB, perseguidos políticos), mientras que hay otras en las que prima el criterio de las nacionalidades (Siria, África Subsahariana) o del perfil (familias u hombres solos). Los bloqueos también afectan prioritariamente a algunos colectivos, especialmente a los magrebíes. A finales de enero, un primer bloqueo provocó una grave crisis con jóvenes tunecinos registrados como solicitantes de asilo a quienes se vetó la entrada en el CETI, que estaba saturado.

Desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) denuncian que las decisiones del ministerio a la hora de aprobar o no los traslados y elaborar las listas no son jurídicamente sostenibles. Normalmente, prima una situación de vulnerabilidad en determinados perfiles: solicitantes de asilo, mujeres o familias monoparentales y enfermos crónicos. La pasada semana, el Defensor del Pueblo solicitó el traslado urgente de una mujer marroquí y sus tres hijos que aún siguen en el CETI. La madre padece asma, lo que la convierte en población de riesgo ante la covid-19, y es víctima de malos tratos.

La actual sobreocupación del CETI en Melilla contrasta con la reducción de llegadas de migrantes y solicitantes de asilo en 2019 y 2020 con respecto a 2018, cuando se registró en Melilla el mayor pico de llegadas en los últimos cinco años. El pasado 6 de abril, 53 jóvenes lograron acceder a la ciudad sorteando la valla. Debido a la congestión, tuvieron que ser acogidos en una carpa instalada en una ubicación distinta, en terrenos de titularidad privada. Pasaron casi 12 horas a las puertas del CETI, algunos heridos, atendidos por sanitarios de Cruz Roja y vigilados por las fuerzas de seguridad. Hasta entonces, tanto el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, como la delegada del Gobierno en Melilla, Sabrina Moh, habían mantenido que la situación en el centro estaba controlada.

lunes, 2 de diciembre de 2019

#hemeroteca #politica | Marruecos pone fin al contrabando con Ceuta y asfixia la ciudad

Imagen: El Confidencial / Porteadora en Melilla
Marruecos pone fin al contrabando con Ceuta y asfixia la ciudad.
Desde la ciudad, se exportaban anualmente mercancías por valor de 700 millones. Este comercio era uno de sus principales motores económicos.
Ignacio Cembrero | El Confidencial, 2019-12-02
https://www.elconfidencial.com/espana/2019-12-02/marruecos-ceuta-contrabando-asfixia-ciudad_2359167/

Después de Melilla, Ceuta. Las autoridades de Marruecos han suspendido el contrabando a través de la frontera ceutí desde hace casi dos meses y varios indicios apuntan a que esa decisión es definitiva. Hace 17 meses, Rabat ya cerró, sin consultar a España, la aduana comercial en la frontera de Melilla, cuya apertura fue pactada en el tratado hispano-marroquí de Fez de 1866.

“Son muchos los síntomas de que Marruecos ha dado por concluido el fenómeno del porteo [contrabando tolerado]”, afirma Abdelmalik Mohamed, presidente de la Asociación Residentes en Ceuta. Sus palabras resumen una opinión generalizada en la ciudad autónoma, asfixiada económicamente por Rabat, que nunca quiso abrir una aduana comercial para que pudiera exportar legalmente a Marruecos.

“Ceuta se muere”, escribía este domingo, en la portada de 'El Faro de Ceuta', Carmen Echarri, su directora. “Lo hace poco a poco”, añadía. “Se va desfigurando. Se arrastra a base de puñaladas que abren heridas que nadie tapona. La suspensión del porteo (…) ha supuesto la puntilla a una situación gravísima. Se está ante un asunto de mayor envergadura que afecta a todos y que muestra ya sus primeras consecuencias en forma de despidos (...). Es una asfixia brutal”, concluía.

El contrabando o “comercio atípico”, como lo llaman los ceutíes, movía, sin embargo, un volumen mucho mayor de mercancías que las exportaciones legales de Melilla a Marruecos (47 millones de euros en 2017). Cuando era consejero de Hacienda de Ceuta, Guillermo Martínez Arcas (PP) calculó que las exportaciones de su ciudad a Marruecos ascendían a unos 700 millones de euros anuales, el equivalente de las ventas españolas de vino y aceite a EEUU.

El director general de Aduanas marroquí, Nabyl Lakhdar, daba, el miércoles pasado, una estimación muy parecida en el diario digital 'Medias 24': entre 565 y 754 millones. En total, según Lakhdar, la Hacienda marroquí deja de percibir anualmente entre 360 y 540 millones de euros en aranceles a causa del contrabando con las dos ciudades españolas. Aunque reconocen el perjuicio causado, expertos españoles consideran esta horquilla muy exagerada.

“Hay dos opciones: seguir conviviendo con este fenómeno con todo el daño que genera a nuestra economía, como así lo hemos hecho durante años, y destruir empleo en casa, o afirmar que el contrabando es una infracción, y pararlo”, añadía Lakhdar. El 'comercio atípico' es una competencia desleal para los que fabrican en Marruecos o importan legalmente mercancías a través de los puertos de Casablanca y Tánger. Un estudio encargado a una consultora por la agencia pública para el desarrollo de la región de Tánger-Tetuán-Alhucemas (ARTTA) aportará pronto datos sobre el perjuicio que el contrabando causa a la economía marroquí.

El 'comercio atípico' era hasta ahora uno de los principales motores económicos de Ceuta, y lo sigue siendo de Melilla. Aunque solo genera unos centenares de puestos de trabajo —los 7.500 porteadores que acarrean los bultos son todos marroquíes—, el impuesto de importación (IPSI) de esas mercancías es una importante fuente de ingresos para la ciudad. Debía de proporcionar este año el 24,43% (71,6 millones) del presupuesto municipal. La recaudación se quedará por debajo, pero el Estado compensará la diferencia.

Rabat venía ya recortando desde hace meses los productos que podían entrar en Marruecos y prolongando los cierres de Tarajal II, la frontera por la que transita el contrabando con Ceuta, con motivo de las fiestas religiosas de ambos países o de las vacaciones veraniegas. También incrementó con nuevos aduaneros —medio centenar, según la prensa ceutí— sus efectivos en la frontera.

En primavera, la aduana marroquí prohibió la entrada de ropa, y el 7 de octubre hizo otro tanto con las almendras, al tiempo que anunció a la Delegación del Gobierno en Ceuta que los productos perecederos, sobre todo el atún y los lácteos, también iban a ser vetados. Manifestó, además, su intención de hacer un censo de porteadores para que solo aquellos en riesgo de pobreza pudieran seguir trabajando.

Los empresarios del polígono ceutí cercano a la frontera, en cuyas naves se almacenan las mercancías destinadas al contrabando, pidieron a la Delegación del Gobierno que solicitara a sus interlocutores marroquíes una moratoria para que pudieran dar salida a su 'stock'. Estos rechazaron la petición. Los patronos del polígono replicaron entonces cortando todo el contrabando. Estaban convencidos de que la protesta masiva de los porteadores obligaría a la aduana marroquí a abrir la mano, según fuentes conocedoras de los contactos que mantuvieron con la Delegación del Gobierno.

Unos 3.000 porteadores se han concentrado, según la estimación de la prensa ceutí, un par de veces del lado marroquí de la frontera bloqueándola por completo durante un par de horas. Eso es todo. “La tibieza de la movilización está incitando a Rabat a prolongar el cierre hasta que sea definitivo”, señala una fuente al tanto de las intenciones marroquíes. “Solo si se produjera una revuelta, la decisión de la aduana sería reversible”, vaticina.

El cierre definitivo goza de apoyos en la incipiente sociedad civil marroquí. Mohamed Benaissa, que preside desde Tetuán el Observatorio del Norte para los Derechos Humanos, lo ha pedido en más de una ocasión alegando el carácter “inhumano” del trabajo de los porteadores. En lo que va de año, han fallecido dos porteadoras del lado marroquí de la frontera y varias decenas han resultado levemente heridas.

En Castillejos (que los marroquíes llaman Fnideq), la aglomeración urbana marroquí de 78.000 habitantes pegada a Ceuta, la supresión del porteo se vive como una crisis. “Si se acaba con el contrabando, nadie saldrá ileso aquí”, comenta al teléfono un joven residente en España que ha regresado recientemente a la ciudad. “Es que no solo los porteadores, sino también los restauradores, los tenderos, los taxistas, etcétera son los que están siendo golpeados” por su suspensión, añade. “Y no solo en Castillejos sino también en Tetuán [380.000 habitantes], donde se vive en parte de ese negocio”, concluye. De Castillejos y sus alrededores salen además a diario unos 5.000 marroquíes, casi la mitad empleadas de hogar, a trabajar en Ceuta, la mayoría en negro.

Para Marruecos, acabar con el contrabando es una tarea ingente, y no solo porque la mayoría de los porteadores se irán al paro sin cobrar ningún subsidio. Para atenuar el impacto, Rabat estudia poner en marcha un plan de apoyo a las mujeres porteadoras, según Lakhdar. Gracias a este comercial ilegal, pero tolerado, cientos de aduaneros y policías redondean sus ingresos cobrando comisiones de los empresarios por hacer la vista gorda o dedicándose ellos mismo a trapichear a través de terceros, como señala un informe del Parlamento marroquí publicado el 9 de julio. Hace ya más de una década, el semanario 'Al Ayam' de Casablanca calculó que se embolsaban al año unos 90 millones de euros en 'propinas'.

Gran parte de este comercio se hace además en efectivo y en dírhams, lo que permite a Marruecos ahorrar divisas. Ceuta y Melilla son los dos únicos lugares del mundo donde se cotiza la moneda marroquí. El contrabando es, por último, uno de los cauces del blanqueo del dinero de la droga (resina de cannabis) que mueve a ambos lados del Estrecho de Gibraltar unos 10.750 millones de euros al año, según Naciones Unidas. Marruecos es el mayor exportador del mundo de ese estupefaciente.

En Melilla, el “comercio atípico por ahora no está interrumpido, aunque existe temor y un profundo malestar entre los empresarios que se dedican a él”, comenta Julio Liarte, que hasta hace 10 días era consejero de Hacienda de la ciudad. Allí, la delegación del Gobierno sí hizo, hace más de una década, una estimación de cuánto dinero movía y llegó a la conclusión de que ascendía a unos 450 millones de euros anuales, un cálculo que también coincide con el marroquí.

Para Melilla, el cierre unilateral por Rabat de la aduana comercial fue, el 1 de agosto de 2018, un enorme revés por el que el Gobierno español nunca formuló la menor queja, mientras que el ministro Josep Borrell hizo a los melillenses promesas incumplidas. Ahora se añade la amenaza de que, si la supresión del contrabando no causa demasiados problemas en Ceuta, las autoridades marroquíes harán otro tanto en la frontera melillense ahogando aún más a la ciudad autónoma.

Reconvertir a los porteadores, entre 3.000 y 5.000, que cruzan a diario la frontera de Melilla, según la estimación del Ministerio del Interior español, sería para Rabat todavía más difícil de hacer en los aledaños de Ceuta. La región de Tetuán y Tánger, que circunda Ceuta, es la que más se ha desarrollado en Marruecos durante los 20 años de reinado de Mohamed VI, por lo que las posibilidades de encontrar allí un trabajo de subsistencia son algo mayores que en Nador y Beni Enzar, las ciudades colindantes con Melilla.

Y TAMBIÉN…
Trampa mortal en la frontera entre España y Marruecos: "Es un pasillo de Guantánamo".
Avalanchas, asfixias, golpes y empujones. Así es el día a día de las mujeres porteadoras.
Rebeca Hortigüela | El Confidencial, 2019-07-20
https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-07-20/la-muertes-invisibles-del-comercio-en-la-frontera-de-espana-con-marruecos_2120735/

viernes, 28 de junio de 2019

#hemeroteca #pinkwashing #homonacionalismo | La ‘venta’ del Orgullo

Imagen: Twitter / Orgullo LGTBI en Melilla
La ‘venta’ del Orgullo.
Amelia Neumayer | Más de la mitad, 2019-06-28
https://blogs.20minutos.es/mas-de-la-mitad/2019/06/28/la-venta-del-orgullo/

Cuando tenía 19 años me mudé a Nueva York para estar más cerca de mi primera novia. Encontré un trabajo de verano como captadora de socios a pie de calle de la parte de la Unión Americana de los derechos civiles. Mi primer cargo fue aprender un texto sobre el matrimonio gay. Me sentí rebelde estando en la ciudad, hablando todos los días sobre el derecho de las personas gais de casarse. En junio fui al Orgullo y recibí un montón de productos arcoíris con nombres de empresas, cosas que unos meses más tarde mi madre descubriría en mi armario (lo sé, la ironía no se me escapa) y me echaría una bronca sobre “los valores cristianos”. Dos años más tarde se legalizó el matrimonio gay en los EEUU.

El primer Orgullo conmemoró las revueltas de junio de 1969 lideradas por mujeres trans de color como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera que protestaban en Nueva York contra la violencia de la policía. En 1970 el primer orgullo conmemoró y continuó esta lucha. Sin embargo, en la actualidad el Orgullo parece haber perdido su carácter de reivindicación política, su herencia de revuelta, de denuncia y parece haberse convertido en una fiesta más.

Las raíces del Orgullo han sido eclipsadas por las corporaciones a través de lo que se llama ‘pinkwashing’, o el lavado rosa. El término viene de la lucha de apoyo a las personas con cáncer mamario y ha sido extrapolado para hablar de cómo se usa una causa para fines lúdicos de empresas o para lavar la cara de políticos, el caso más conocido siendo con los derechos de las personas LGBTIQ+.

¿Pero por qué debe preocuparnos el ‘pinkwashing’? En primer lugar, es una arma atractiva para corporaciones que quieren usar una causa para sacarse dinero. Pero va más allá que una cuestión de captación de fondos. No se puede entender el ‘pinkwashing’ de forma aislada, es importante pensarlo dentro del contexto de homonacionalismo, concepto acuñado por la académica Jasbir Puar -donde un Estado incorpora a algunas personas homosexuales (normalmente personas blancas, cis y con pasta) como sujetos merecedores de su reconocimiento- en una manera superficial, sobre todo a través de legalizar el matrimonio igualitario. Esta forma de reconocimiento conlleva un estatus de país moderno, civilizado, a diferencia de los países “bárbaros” o retrógrados. Los países homonacionalistas se dotan entonces del papel paternalista y colonizador de proteger a poblaciones víctimas de otros países, lo cual sirve para legitimar todo tipo de intervención violenta.

El ejemplo más conocido es el de Israel, que con la ayuda de empresas americanas en 2005 empezó una campaña de lavado de imagen presentándose como el paraíso para personas gais en el Oriente Medio, mientras seguía matando a personas palestinas, con sus asentamientos y checkpoints violentos y con todo una política islamófoba. En EEUU el homonacionalismo asoma la cabeza con el tema del Orgullo -con el apoyo financiero de los desfiles de Orgullo por empresas que manufacturan drones o que pagan las tuberías que destrozan territorios sagrados indígenas-. La visibilidad de estas empresas en el Orgullo no es nada baladí. Al contrario, sirve para legitimar la violencia ejercida por los EEUU, como país occidental “moderno” porque acepta a (ciertas) personas gais con los brazos abiertos – al nivel nacional y también en el extranjero.

Pero el homonacionalismo no se limita a las políticas de Israel y los EEUU. El fin de semana pasado fue el Orgullo de Melilla, llamada “El XV Orgullo del Norte de África” y celebrado como “el único Orgullo en el continente africano” que proponía “darle voz a quienes no la tienen en esta parte del mundo”. Pero esta perspectiva ignora la historia de la presencia violenta y colonizadora de España en África y el miedo al moro que sigue siendo evidente en la prensa melillense. También esconde el hecho de que para el pueblo amazigh, que vivía en la región antes de las colonizaciones árabe y europeo-católico, las personas homosexuales y trans fueron considerados como una bendición especial. Aunque para las personas que organizan el evento europeizarse parece significar modernizarse, Melilla no puede negar las coincidencias con el caso israelí – también es una frontera ultra desigual y violenta, con devoluciones en caliente y denegaciones de solicitantes de asilo LGBTIQ+.

Este tipo de “celebración” nos da un buen ejemplo del homonacionalismo como herramienta para la construcción de una nación “moderna” y por cierto “europeizada”, donde algunos cuerpos de personas gais son reconocidos por el Estado como válidos, como merecedores de protección y visibilidad, en diferencia de los cuerpos más vulnerados que no lo son. Es imprescindible preguntarnos si queremos este tipo de reconocimiento, y pensar nuestra propia posición dentro del país en que vivimos cómo cómplices en el fomento del homonacionalismo, por ejemplo apoyando el ‘pinkwashing’ en eventos puntuales.

Ahora, 6 años después de mi primer Orgullo, imagino otro Orgullo fruto de una lucha colectiva cotidiana, del diálogo continuo con las personas más afectadas por la violencia del estado y de cada ciudad, de compromiso común contra los sistemas que actúan para negar la humanidad y que ejercen violencias que no se oculten sólo a golpe de purpurina.

Amelia Neumayer es politóloga estadounidense y vive en en Melilla investigando la infancia vulnerada en la Frontera Sur. Antes trabajó en Washington DC para Human Rights Watch, donde formaba parte de colectivos anti-racistas y de solidaridad con personas migrantes.

martes, 25 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | #ConOrgulloVoy: Melilla resiste

Imagen: 20M / Orgullo LGTBI de Melilla
#ConOrgulloVoy: Melilla resiste.
AMLEGA Melilla | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2019-06-25
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2019/06/25/conorgullovoy-melilla-resiste/

En la primavera de 2005, mientras el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo estaba en su punto álgido, tanto en los debates en el Congreso de los Diputados como socialmente con manifestaciones a favor y en contra, en Melilla, varios miembros del movimiento asociativo juvenil de entonces y del actualmente extinto Consejo de la Juventud de la Ciudad, ya habíamos dado los primeros pasos para constituirnos como asociación LGTB.

En junio de ese mismo año celebramos el primer, por aquel entonces, “Orgullo Gay de Melilla”. Ese Orgullo nacía con varias flores, España se convertía en el tercer país en aprobar el matrimonio igualitario, y el Delegado del Gobierno, máximo representante del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero en la Ciudad, acudía a la fiesta organizada por la recién constituida Asociación Melillense de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, AMLEGA, en un conocido local del Puerto Deportivo de la Ciudad. Como artista de honor, traída gracias a la ayuda de la Viceconsejería de Festejos del Ayuntamiento popular, ‘Sandra, Chica Almodóvar’, vieja transformista imitadora oficial de Sara Montiel, saludaba desde el escenario a la auténtica Sara, presente entre el público, cuyas visitas de veraneo en Melilla ya empezaban a ser noticia en la prensa rosa nacional.

España había pasado de ser un país más de la Europa Mediterránea, con esa imagen tan machista y heteropatriarcal que sus sociedades proyectan hacia el exterior, a convertirse en la vanguardia de los derechos de la mujer y del colectivo LGTB, y Melilla, que siempre ha necesitado sentirse cerca de España, quería formar parte de esos cambios que para buena parte de su sociedad significaba europeizarse y, por qué no decirlo, modernizarse. Lo cierto es que siempre ha habido cierta complicidad social e institucional para con el colectivo en esta tierra.

Pero los comienzos no fueron fáciles para un movimiento tan significado políticamente, que había cosechado impensables éxitos legislativos y la confrontación con buena parte de los sectores más retrógrados del país. En Melilla, después del primer orgullo, la asociación se encontró con el rechazo de ciertos grupos sociales y políticos, y no siempre fue fácil continuar organizando un evento que, en los primeros años, se financió con las cuotas de sus socias, en su mayor parte personas heterosexuales. Tras cinco años de sequía, empezaron a concederse subvenciones desde el Área de Juventud de la Ciudad Autónoma. Al siguiente año se perdían y se volvía a hacer todo con las cuotas de las socias. Y en 2012, primer Orgullo a lo grande, con artistas de nivel nacional y conciertazo con más de dos mil personas. Había nacido el “Orgullo del Norte de África”.

Un título con mucho significado nos colocaba en el mapa, éramos el único Orgullo que se celebraba en todo el continente africano, excepto Canarias y Sudáfrica. Una región que penaliza la homosexualidad y la transexualidad con multas, años de cárcel, e incluso la muerte. Lo que empezó siendo un reclamo turístico de cara a la península, pronto se convirtió en lo que realmente debía de ser, el faro de muchas personas LGTBI obligadas a huir de su tierra para poder vivir la identidad sexual y de género sentida sin sufrir marginación y violencia.

Ese conciertazo de dos mil almas había tenido previamente una manifestación de tan solo seis activistas sosteniendo una pancarta que rezaba “Jóvenes sin armarios”. Cuánta soledad en medio de tanto éxito de convocatoria, para ver a los artistas del momento, que no participar en el “Orgullo del Norte de África”. -¡Nunca más!-, nos propusimos. Y desde entonces nuestras manifestaciones han ido creciendo en número, llegando a más de trescientas almas el año pasado. Y las personas refugiadas nos han acompañado desde entonces, primero dos, luego diez, hasta casi la cincuentena en los últimos años. También han venido activistas de Marruecos, que se manifestaban con máscaras para no ser reconocidos al volver a su tierra. La mayoría ya han solicitado protección internacional en España y Europa.

Este año, el 22 de junio, hemos celebrado el XV Orgullo del Norte de África con manifestación, manifiesto, pregón y gala. Como viene siendo normal cada año. Han vuelto ha manifestarse con nosotras las personas LGTBI solicitantes de asilo con sus máscaras y algún que otro activista marroquí que aún puede volver a su tierra. Volveremos a dar premios buenos, ‘Arcoíris’, y su reverso, ‘Nubarrón’. Hemos hecho de Melilla, una vez más, un ejemplo de convivencia en la diversidad.
 
AMLEGA Melilla. Asociación Melillense de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales 

martes, 30 de abril de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | Cárcel y persecución para homosexuales a menos de 20 kilómetros de España

Imagen: El País / Violet y Samira, nombres ficticios, pareja de lesbianas refugiadas en Melilla
Cárcel y persecución para homosexuales a menos de 20 kilómetros de España.
El Código Penal marroquí castiga las relaciones entre personas del mismo sexo con hasta tres años de prisión. Melilla es uno de los principales destinos de paso entre las personas LGBTI que huyen a pie.
José Ignacio Martínez Rodríguez | El País, 2019-04-30
https://elpais.com/elpais/2019/04/22/planeta_futuro/1555935260_673996.html

Youssef (nombre ficticio) apura su mojito antes de dar una respuesta. “¿Qué si alguna vez diré a mi familia que soy gay? No, nunca. Soy hijo único. Preferiría decir a mis padres que he matado a alguien a que soy homosexual. Lo primero lo verían como un error, algo que podría subsanar con un tiempo en la cárcel. Lo segundo no me lo perdonarían jamás”, afirma tajante. De 25 años, figura delgada y vistoso flequillo tupido, Youssef nació y vive en Marrakech, una de las ciudades más grandes y cosmopolitas de Marruecos.

Pero a este joven le gustan los hombres en un mundo en el que ser gay no está permitido. “Creo que la única forma de no tener problemas es usar Tinder, Grindr o Growlr. Los utilizo para conocer gente nueva. Soy homosexual. Y no es un error. Nadie va a cambiar eso. Es simplemente que soy así, aunque tenga que vivir sin mostrarlo en público. Porque aquí existe una hipocresía grande. A los extranjeros homosexuales se les permite venir en pareja, pasear por la calle... Pero a nosotros, que somos de aquí, no. Nos meten en la cárcel”, asegura.

Youssef, como tantos otros, teme las consecuencias que pueden derivar del artículo 489 del Código Penal marroquí, que castiga las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Las penas van desde los seis meses hasta los tres años de prisión y una multa de hasta 1.000 dirhams (unos 100 euros). El juez tiene la facultad discrecional de fijar e individualizar la pena, para lo cual tendrá en cuenta, de un lado, "la gravedad de la infracción" y, de otro, las "circunstancias personales del individuo". No existe una lista explícita de circunstancias atenuantes, sino que corresponde al magistrado su apreciación y motivación. Según el Informe de Procuraduría de 2018, en 2017 fueron perseguidas por su condición de homosexual 197 personas en Marruecos. En el momento de la presentación del informe, en junio del pasado año, todavía había 137 casos abiertos por este mismo delito.

Youssef dice que nunca nadie le ha visto con otro hombre. “Creo que será más difícil cuando llegue una edad en la que se supone que me tengo que casar. Entonces tendré un problema porque voy a tener dos opciones: la primera, por la que opta mucha gente, será fingir que soy heterosexual y vivir una vida ‘fake’ para que nadie me cuestione. La segunda, será ir a otro país y vivir allí como yo quiera, lejos de donde he crecido. Y realmente no me apetece”.

Esta reflexión se repite en personas de otros barrios de Marrakech, por todo el país e incluso hay marroquíes que arrastran esos problemas cuando salen de la frontera. “En Marruecos y en el Magreb se viola la libertad en materia de identidad de género y orientación sexual, que son Derechos Humanos, tanto a nivel ciudadano y social como desde el Estado”, denuncia José María Núñez, presidente de la Fundación Triángulo, una ONG que trabaja en varios países de la región con la financiación de la Agencia Extremeña de Cooperación (Aexcid).

“La homosexualidad en Marruecos es tabú; hay mucha homofobia”, afirma la activista Betty Lachgar. “Hay dos maneras paralelas de combatirla: luchar contra la ley, por un lado, y contra la opinión pública, por el otro”, dice convencida. Lachgar vive en una vivienda de tres plantas en un popular barrio de Rabat, la capital marroquí, y en las paredes se ven banderas y carteles de diversas proclamas sociales. Es cofundadora del Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales (MALI) y una de las activistas marroquíes de más recorrido internacional. Ella también, como Youssef, habla de hipocresía. “También pasa con los colectivos que nos dedicamos al activismo LGTBI. Las autoridades saben que intentamos cambiar las cosas, que estamos en contra de la ley y todo lo que hacemos, pero no nos permiten legalizarlos”, explica.

Chafiq, que como Youssef vive en Marrakech, no ha tenido tanta suerte. Su historia se hizo viral el pasado diciembre, cuando volvía de celebrar el fin de año con algunos amigos. Entonces, al volante de su coche, tuvo un pequeño accidente con una motocicleta. “Seguí conduciendo, pero unos metros más adelante decidí dar la vuelta para ver qué había pasado”, recuerda. Fue la peor decisión de su vida. Chafiq iba vestido de mujer, con un traje morado ceñido, unos tacones altos y una vistosa peluca morena. “Cuando llegué ya estaba allí la policía. Fueron ellos los que me sacaron del vehículo para ridiculizarme, me humillaron, me esposaron, me llevaron a la comisaría y después difundieron mis datos por Internet y también a diferentes periodistas”.

Chafiq, que se define como una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre, reconoce que se viste con ropa femenina desde hace mucho tiempo, pero hasta el pasado 31 de diciembre había llevado una vida admirada por familiares y amigos. Sirvió durante algo más de una década en las fuerzas armadas marroquíes y, cuando finalizó su servicio, encontró un buen empleo en una clínica dental que le permitía llevar una vida cómoda. El accidente con la moto lo cambió todo. “Después de la difusión de los vídeos ya nada fue como antes. Mis vecinos me reconocieron, me insultaban por la calle... Mi madre entró en shock. Fue algo catastrófico”, resume. Pese a que el Gobierno marroquí expedientó a los agentes que lo humillaron, el daño, afirma Chafiq, ya estaba hecho.

Una necesaria huida
Como Chafiq, hay personas que optan por pedir asilo en países europeos desde Marruecos, aunque los procesos burocráticos suelen eternizarse y no siempre desembocan en un resultado positivo. Pero hay otras que, asfixiadas por la persecución, por el estigma o por el rechazo, deciden huir a pie. Desde 2009, cuando se reconoció la persecución LGTBI como justificación para solicitar asilo en España, los demandantes por esta cuestión suben cada año de manera significativa. Aunque el Ministerio del Interior no desglosa las peticiones de asilo según el motivo, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, Acnur, sostiene que entre las nacionalidades con más demandas está la marroquí.

A Said nadie puede darle lecciones de dignidad. Vive desde hace cuatro meses en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, junto a otras 700 personas, frente a un campo de golf y a la valla que separa España de Marruecos. “Yo estoy aquí por todos los problemas que he tenido con mi familia en mi país por ser gay”, afirma.

De 20 años, nació en una pequeña población al sur de Nador, una ciudad a unos 10 kilómetros de la frontera de Melilla. “Ya he solicitado formalmente una petición de asilo, pero todavía no han resuelto nada”, dice con resignación. Después recuerda cómo era su vida en Marruecos. “No tenía empleo fijo, pero me ganaba la vida con diferentes trabajos. Me iba bien. Un día, mi hermano me vio con mi novio en casa y todo se torció. Me dio una paliza terrible. También se lo dijo a mi padre. Fueron a por mi novio, que ahora mismo está en la cárcel, y yo tuve que irme de allí. Ellos ya no me aceptan. Mi madre sí, pero ellos dos no”. Y, mientras habla, enseña las fotos de las heridas que le produjeron aquellos golpes, de las que ya solo quedan un par de cicatrices, paradójicas herencias familiares.

Por la facilidad para comprar un pasaporte falso, para atravesar la frontera infiltrado entre las 30.000 personas que pasan diariamente de Marruecos a Melilla, esta ciudad autónoma se ha convertido en refugio de la gente que huye de horrores como los que cuenta Said. Primero, en la propia frontera o ya en suelo español, piden asilo en territorio. Luego manifiestan que necesitan protección internacional. Después han de responder un cuestionario y realizar una entrevista en la que deben estar presentes un abogado y un traductor. Por último, para una primera acogida, las autoridades los mandan al CETI, donde deben esperar una respuesta. “Pero a nosotros, los marroquíes, tardan mucho en contestarnos. Los sirios o palestinos se van enseguida. A nosotros nos dejan aquí varios meses. No entiendo por qué”, protesta Said.

“Los solicitantes de asilo por cuestiones de identidad sexual denuncian que, en Marruecos, han sido testigos desde palizas hasta asesinatos por honor”, confirma Rafael Robles, presidente de la Asociación Melillense de Lesbianas y Gais (Amlega). Este colectivo, que trabaja con migrantes con proyectos como el Observatorio Melillense contra el odio LGTBI, cifra en 50 las personas que en esta ciudad piden cada año asilo por cuestiones de identidad de género. “Ya en Melilla, los chavales nos trasladan las trabas que se encuentran en el ambiente familiar, como la imposibilidad total de visibilizar su homosexualidad. Algunos de estos solicitantes de asilo, además, provienen de Nador, por lo que su pesadilla continúa incluso cuando han atravesado la frontera ya que tienen que seguir viendo a sus familias casi a diario”, afirma.

Violet y Samira (nombres ficticios) son dos de esas personas que pasaron por la frontera con pasaportes falsos. Ahora, en Melilla, ni se sueltan las manos ni dejan de sonreír. Van a casarse dentro de muy poco. Pero a su boda no asistirán invitados, ni apenas amigos, ni habrá un gran festejo ni un copioso banquete. Violet y Samira tuvieron que huir de Casablanca por ser lesbianas. “La policía nos pilló juntas y se lo dijeron a nuestras familias. Entonces los insultos comenzaron a ser constantes. Me decían: tú eres lesbiana, una puta. No nos gustas”, recuerda Violet. Pese a que hasta 2016 no se juzgó a las primeras mujeres por lesbianas y con sentencia absolutoria incluida, para Violet y Samira la huida se convirtió en su única opción de vida. La presión social, explican, pudo en su caso mucho más que las leyes.

Una realidad penada y perseguida en 70 países
Mohamed (nombre ficticio) es un activista marroquí que está a punto de registrar otra asociación de respeto a las libertades sexuales. “Aquí nadie lucha por obtener derechos como el matrimonio o la adopción, sino por sobrevivir, por conseguir ser libres y no ser criminalizados”, dice tajante. Pese a lo retrógrado del fondo de la afirmación, no parece serlo tanto si se compara con otros países. El nuevo informe Homofobia de Estado 2019, de la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA por sus siglas en inglés) pinta un panorama todavía algo desalentador en el mundo. Hasta 11 naciones castigan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo con la pena de muerte y, en otras 26, la condena máxima por estos actos puede ir desde los 10 años de prisión hasta cadena perpetua. El mismo organismo califica, además, como “sumamente peligroso” la expresión de la diversidad sexual en los países del Magreb y alertó el pasado año de la presión creciente sufrida por las minorías sexuales debido "al incremento de la influencia y el control del movimiento islámico".

martes, 19 de febrero de 2019

#hemeroteca #derechos #menas | La ONU condena por primera vez a España por la devolución en caliente de un niño que saltó solo la valla de Melilla

Imagen: Público
La ONU condena por primera vez a España por la devolución en caliente de un niño que saltó solo la valla de Melilla.
Los guardias civiles que lo bajaron de la verja se limitaron a esposarlo y "expulsarlo sumariamente". Se trata de la primera ocasión en la que Naciones Unidas se pronuncia rotundamente respecto a la ilegalidad de estas expulsiones de menores.
Público, 2019-02-19
https://www.publico.es/sociedad/onu-condena-primera-vez-espana-devolucion-caliente-nino-salto-valla-melilla.html

Naciones Unidas ha condenado a España por deportar a un niño, D.D. de 15 años que saltó solo la valla de Melilla para pasar a España. Ocurrió hace cinco años cuando el joven logró entrar al país huyendo de la guerra de Mali. Según informa Cadena Ser, los guardias civiles que lo bajaron de la valla, tras varias horas encaramado a la verja, se limitaron a esposarlo y "expulsarlo sumariamente" en contra de numerosos artículos de la Convención de sobre los Derechos del niño.

Se trata del primer dictamen de la ONU que condena la devolución en caliente de un menor. Es la primera vez que Naciones Unidas se pronuncia clara y rotundamente respecto a la ilegalidad de este tipo de acciones ya que el Comité señala claramente "la obligación de los Estados de proveer protección y asistencia especiales a niños no acompañados". El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) que ya condenó a España en octubre de 2017 por estas expulsiones ilegales de dos personas, pero la sentencia está pendiente de pronunciamiento tras el recurso presentado por el gobierno español.

El Dictamen del Comité ha concluido que la ley y la práctica española vulneran los derechos contenidos en los artículos 3, 20 y 37 de la Convención de los Derechos del Niño. "Las autoridades españolas no identificaron al menor, no tuvieron en cuenta el interés superior del niño, no le proporcionaron asistencia especial como menor de edad e incumplieron la prohibición de tortura u otros tratos crueles, inhumanas o degradantes", critican desde European Center for Constitutional and Human Rights (ECCHR) y la Fundación Raíces, entidades que acompañaron y apoyaron a D.D durante el proceso judicial.

Desde que tuvieron lugar estos hechos, en diciembre de 2014, el joven ha vivido una batalla judicial y administrativa. En el dictamen, el Comité sobre los derechos del niño de la ONU ha sido contundente al constatar que, España, al expulsar al entonces quinceañero de Mali , "no le brindó" protección y asistencia especiales en su condición de niño no acompañado (artículo 20 de la Convención sobre los Derechos del Niño); no respetó el principio de no devolución y expuso al autor a correr el riesgo de sufrir actos de violencia y tratos crueles, inhumanos y degradantes en Marruecos (artículo 37) y no consideró el interés superior del niño (artículo 3)” se detalla en el texto firmado tras la adopción de esta decisión el pasado 1 de febrero.

Este caso ha sido posible gracias a que 28 días después de la acción ilegal de los guardias civiles, el chico consiguió saltar y quedarse en España. Fue el 30 de diciembre de 2014 , cuando empezó a demostrar que solo era un niño y que, por lo tanto, se le tenía que dar el trato que exigía la ley del menor. Pero el Estado español intentó desacreditar su versión. Alegó que cuando entró a España "declaró tener otro nombre y ser mayor de edad", o que el 2 de diciembre, el día de los hechos condenados por la ONU, el chico "no portaba ningún tipo de documento de identidad", pero nadie le preguntó su nombre y nunca recibió asistencia jurídica en esa "deportación sumaria".

El Ejecutivo del Partido Popular introdujo en 2015 la figura del "rechazo en frontera" en la Ley de Extranjería a través de la 'ley mordaza' para tratar de dar encaje jurídico a las devoluciones en caliente de inmigrantes. Pero el TEDH condenó a España por estas prácticas en 2014 y echó por tierra el intento de legalizarlas.

"Nunca más"
“Me siento feliz y más libre ahora. Me gustaría que todo el mundo lo supiese y que no volviese a ocurrir nunca más”, dice D.D., que, además, con anterioridad había sufrido, maltrato y violencia por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes. Actualmente ya posee el permiso de residencia. Gracias a la ayuda de la Fundación Raíces, recibió la debida protección y consiguió aliviar el daño físico y emocional sufrido. Ahora trabaja como jardinero en Madrid.

El Comité con esta resolución obliga al Estado español a revisar la ley de Seguridad Ciudadana y la legislación que autoriza este tipo de devoluciones en caliente” en Ceuta y Melilla para evitar que se cometan violaciones de derechos similares en el futuro y condena a España a proporcionar a D.D. una reparación adecuada, incluida una indemnización financiera y rehabilitación por el daño sufrido.

“La decisión tiene una importancia fundamental para la protección de los menores no acompañados, no sólo en la frontera hispano-marroquí, sino en las fronteras terrestres en general”, afirma Carsten Gericke, representante de D.D. y abogado cooperante de ECCHR. Lourdes Reyzábal, Presidenta de Fundación Raíces, añade que "este caso, una vez más, pone en evidencia que, en España, en el caso de los niños extranjeros, las políticas de protección a la infancia están sometidas a las políticas de extranjería y del control de los flujos migratorios y las fronteras siguen siendo espacios donde no se respetan los derechos de las personas y donde no existen las garantías jurídicas básicas. Esperamos que España cumpla con el Dictamen de la ONU y recuerde que debe cumplir con el Derecho Internacional y con todos los Tratados y Convenios que voluntariamente ha firmado y ratificado".


Y TAMBIÉN…
La ONU recrimina a España la devolución en caliente de un menor en Melilla.

El Comité de los Derechos del Niño concluye que España devolvió en 2014 a un menor maliense que saltó la valla sin identificarlo ni proporcionarle asistencia. El organismo que vela por los derechos de la infancia entiende que no se tuvo en cuenta el interés superior del menor y se incumplió la prohibición de tortura y pide que se proporcione reparación "adecuada" y se revise la ley.
Desalambre, El Diario, 2019-02-19
https://www.eldiario.es/desalambre/ONU-dictamina-Espana-devolvio-Melilla_0_869663145.html

domingo, 25 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | Ceuta y Melilla, la falsa libertad para los gais de África

Imagen: El País
Ceuta y Melilla, la falsa libertad para los gais de África.
Los centros de inmigrantes son la pesadilla de los solicitantes de asilo perseguidos por su orientación sexual.
María Martín / Laura J. Varo | El País, 2018-11-25
https://elpais.com/politica/2018/11/24/actualidad/1543079049_803591.html

Wessam ha sufrido palizas desde que tiene 12 años. Le ha pegado su padre, sus seis hermanos y hasta los vecinos de cada pueblo en los que ha vivido. Está lleno de cicatrices, no sabe decir cuántas veces le han apedreado. “En mi país es así como creen que deben morir los gais”, dice este marroquí de 26 años. Su amigo Yamil, con quien vive en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta, escondió su homosexualidad hasta los 20 años. “Me miraba al espejo y lloraba, le preguntaba a Dios por qué me había hecho así”, recuerda. Cuando se desveló su secreto hace cinco años, su hermano casi lo mata a cuchillazos.

Los dos sortearon la frontera para alcanzar la libertad de Europa. Pero los centros para inmigrantes de Ceuta y Melilla, las dos ciudades españolas del norte de África, se están convirtiendo en el armario cerrado de un continente donde la homosexualidad es delito en 33 de sus 54 Estados reconocidos. En estos territorios fronterizos se aplica una excepción que la jurisprudencia española no respalda y se restringe la libertad de movimiento de los solicitantes de asilo, como Wessam y Yamil. Su libertad se limita a los 18 y 12 kilómetros cuadrados de cada enclave hasta que se resuelva su expediente o hasta que el Ministerio del Interior autorice su traslado. La convivencia con el resto de inmigrantes es un infierno.

En Marruecos ser gay es un delito penado con hasta tres años de cárcel y la persecución, en la mayoría de los casos, comienza en casa. “Mis vecinos le dijeron a mi familia que besaba a hombres. Mi madre se puso muy nerviosa, pero mi padre me pegó mucho. Son muy religiosos”, rememora Wessam, que durante su época universitaria vivió en casa de su tío, aislado en un cuartucho construido en el hueco de la escalera para que no se mezclase con sus primos: “Por ser gay y femenino me tuvieron cinco años encerrado como a un animal”.

Samir (nombre ficticio, como el del resto de protagonistas de este reportaje) se enfrenta a los mismos tres años de prisión si regresa a Túnez, solo por ser algo que él no puede evitar: “Gay, gay, pero gay auténtico”, enfatiza. El joven salió de la conservadora provincia de Kasserine hace dos meses y ya lleva cuatro semanas bloqueado en el CETI de Melilla, donde espera que se resuelva su solicitud de asilo.

En su pueblo ni sus padres ni sus dos hermanas dirigían la palabra al único varón de la prole. No le envían dinero, ni le prestan apoyo, así que malvive pidiendo y saliendo de tarde en tarde del centro para beber con la gente de su mismo colectivo. En el CETI melillense, cuentan, son unos 30. En el de Ceuta, varía, pero ronda la decena. “Yo he dejado mi país para encontrarme aquí con 300 tunecinos”, protesta Samir, “y solo cinco me hablan”.

En Melilla, donde estos trámites se han agilizado, quienes alegan persecución por orientación sexual pueden tardar meses en salir. En Ceuta, el limbo llega a alargarse un año. Wessam y Yamil ya cuentan ocho y seis meses conviviendo con cerca de un millar de africanos, sintiendo el desprecio a diario. Yamil, que muestra un vídeo en el que se ve a más de una decena de subsaharianos intentando echar su puerta abajo, ya ha intentado suicidarse con un puñado de pastillas que recopiló durante días. “No quiero morir, pero ¿qué tengo que hacer para que me saquen de aquí?”, clama. “Todos los días tenemos problemas. Un día me tiraron piedras. Otra vez”, lamenta Wessam. “Nos gritan ‘maricones’, sufrimos racismo como árabes y como gais...”, lamenta Samir, en Melilla.

“Se trata de un grupo especialmente vulnerable alojado en un centro no especializado en el asilo”, explica Rafael Roldán, presidente de AMLEGA, organización LGTBI melillense. “Aunque el centro de Melilla se ha adaptado con baños y cuartos propios, ponen un pie fuera del CETI y les pegan y les roban”.

Morir antes que volver
Hana, una adolescente marroquí que aún no ha cumplido 18 años, ya comparte centro con los adultos, según cuenta, por petición expresa. Antes vivía en un centro melillense gestionado por una congregación religiosa que acoge a menores extranjeras no acompañadas tuteladas por la ciudad. Pidió el traslado, asegura, porque le costaba contenerse. En el CETI, sin embargo, tiene que llamar al vigilante para que dejen de toquetearla. “Los hombres te agarran y te preguntan que si no te vas a casar. Cuando les contesto que sí, pero con una chica, me dicen que necesito un psicólogo”, cuenta.

“La droga es lo único que nos queda”, exclama Hana y ríe elevando al aire una lata de cerveza del pack que comparte con Samir y Sheila. “Ella es lesbiana 100%”, se indigna mirando a su amiga a la que han denegado el asilo. Sheila es parca en palabras, pero cuando se expresa, es contundente. “Mi problema ha sido la entrevista”, comenta sobre su solicitud. “Me daba vergüenza contestar, yo normalmente me trago el dolor y pensarían que estaba mintiendo. Hay que llorar para que te crean, pero yo no lloro”. Sheila no ha firmado la denegación de su solicitud y alerta: “Como me devuelvan a Marruecos, me suicido”.

Wessam descubrió antes de marcharse de Marruecos que tiene VIH. “Ahora solo tienes que esperar a morirte. Todo el mundo va a saber que eres gay y enfermo, me dijo mi padre”, recuerda. Él solo quiere que le dejen en paz. “Soy gay y estoy enfermo, pero no soy solo eso. Quizá me muera pronto, pero me gustaría vivir al menos un año o dos tranquilo. Quiero morir normal, no por una piedra”. Al despedirse, Wessam se emociona cuando recibe un abrazo. “Aquí nunca nadie me toca”.

viernes, 20 de abril de 2018

#hemeroteca #lgtbi | Uge Sangil, nueva presidenta de la FELGTB: "Le dimos un voto de confianza al PP y no ha cumplido su palabra"

Imagen: Cuarto Poder / Uge Sangil
Uge Sangil, nueva presidenta de la FELGTB: "Le dimos un voto de confianza al PP y no ha cumplido su palabra".
“Entre las prioridades políticas de la federación está la aprobación de nuestra Ley de Igualdad LGTBI, que nos situará como referente internacional”. “En 2017, la federación le dio un voto de confianza al PP para que apoyara la Ley LGTBI y no ha cumplido su palabra. No se merecen estar con nosotros reivindicando”. “Tenemos que abrirnos a todas esas personas que no son transexuales y que viven otras identidades. Hay que revindicar a los no binarios y los transgénero”.
Sara Montero | Cuarto Poder, 2018-04-20
https://www.cuartopoder.es/sociedad/2018/04/20/uge-sangil-felgtb/

El pasado fin de semana se celebró el VIII Congreso de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), en el que se puso un nuevo rumbo a esta organización y se eligió como nueva presidenta a la canaria Eugenia Sangil. En sus manos, Uge, como la llaman los más cercanos, tiene la responsabilidad de conducir una federación histórica, que aún tiene muchos retos pendientes, entre ellos, lograr la despatologización de la transexualidad y conseguir que en España se apruebe la Ley de Igualdad LGTBI.

Cuartopoder_es charla con la presidenta sobre las actuales metas del colectivo, tanto en lo social como en lo político. Pocas horas antes del encuentro, Sangil había recibido una pequeña alegría, tras enterarse de la aprobación de la Ley ‘trans’ en Aragón, que recibió luz verde por parte de todos los grupos, incluido el PP.

— El fin de semana pasado se celebró el VIII Congreso del salió una nueva Ejecutiva, ¿cuáles son las novedades y las prioridades de este nuevo liderazgo?
— Primero, el cambio de nombre de la federación. Hemos sustituido la palabra “transexual” por “trans”. Tenemos que ser más inclusivos y abrirnos a todas esas personas que no son transexuales y que viven otras identidades. Hay que revindicar a los no binarios y los transgénero. La segunda apuesta es una insistencia mayor por lo internacional, especialmente por la cooperación. Somos referentes ya a nivel mundial, pero tenemos que seguir siéndolo a nivel de legislación. Hay países en los que ser LGTBI se paga con la muerte. Entre las prioridades políticas está la aprobación de nuestra Ley de Igualdad, que nos situará como referente internacional. También es un momento clave para hablar de despatogilización de la transexualidad y de la autodeterminación de estas personas.

—Es cierto que en los derechos LGTBI España es una referencia a nivel internacional, ¿pero durante los últimos años, con un gobierno conservador, se ha mantenido ese avance?
— Socialmente hemos avanzado. En casi todas las casas, hay una hija o un nieto LGTBI o una familia homoparental. Pero cuando hablamos de legislación, hay controversias con el PP. Cuando hablamos con el partido del Estado nos encontramos homofobia y transfobia. Hay paradojas en el PP. Ayer, por ejemplo, se aprobó por unanimidad la ley ‘trans’ en Aragón. El PP votó que sí. Sin embargo, a nivel estatal sigue sin moverse. Creo que queda mucho por hacer. Necesitamos esa Ley de igualdad. Nos siguen discriminando en el día a día. Por ejemplo, hay empleados que prefieren no visibilizar su condición si trabajan para una organización religiosa.

— ¿Estará el PP en la cabecera este año como el año pasado?
— No. Es un partido que ni siquiera cumple los compromisos que deja por escrito. La federación le dio un voto de confianza para el apoyo de la ley y no ha cumplido su palabra. No se merecen estar con nosotros reivindicando.

— De hecho, creo que se abstuvieron en la Ley de igualdad LGTBI...

— No solo se abstuvieron, sino que presentaron una Ley de igualdad alternativa, que era una enmienda a la totalidad a la nuestra. Es una ley que hemos hecho desde FELGTB, pero también con otras entidades sociales que no pertenecen a nuestra federación. Se oponen a una ley que ha hecho la ciudadanía. No tiene sentido. No gobiernan solos, les votan personas. Y muchas de esas personas han votado para que yo tenga una vida digna y con igualdad de derechos. Es un partido que gobierna para sí mismo, sin escuchar.

— ¿Cree que hay un debate interno dentro del PP sobre esta cuestión que aún tiene que resolver?
— Creo que en el PP camina cada uno por su cuenta. El debate ni siquiera está abierto. Si lo tuvieran abierto, creo que las cosas cambiarían. Nosotros les dimos un voto de confianza y no lo han aprovechado.

— ¿Serán invitados a la manifestación del Orgullo 2018?
— No.

— ¿Qué cambiará con la aprobación de la citada ley?
— Todo. Es una ley completa. Se nos nombra y se nos avala en cada situación social: educación, sanidad, derechos laborales... Nos va a proteger para que los niños cuando vayan al cole no sufran acoso. A las personas ‘trans’ se les da la libertad de autodefinirse y autollamarse como quieran, etc.

— ¿Cuáles son los problemas más habituales que os llegan a la federación?

— De todo. Hay muchas dudas con el papeleo administrativo. Nos preguntan mucho por la filiación de los hijos, sobre todo, mujeres lesbianas. Aún teniendo el matrimonio igualitario, a la hora de tener un hijo, tienen que casarse. No tienen el mismo derecho de una pareja heterosexual, que va al registro y le ponen “papá” y “mamá”. Las lesbianas tienen que estar casadas. También nos llaman muchos jóvenes que sufren acoso en los colegios y, en menor medida, también casos de problemas laborales.

— Otra de las novedades de este año es que vais a establecer un orgullo prioritario además del de Madrid, en este caso, el Orgullo del Norte de África...
— Sí, se focaliza en Melilla. En la federación somos muchas entidades y hay espacios que son más vulnerables. A Melilla llega mucha gente LGTBI huyendo de Marruecos y del norte de África. Es muy importante que tengamos presencia y que la federación esté dando la cara y amparando a nuestros activistas. No es lo mismo vivir allí que en Madrid o en Barcelona.

—¿Cuáles son las particularidades de ser LGTBI en Melilla?
—En primer lugar, el espacio. Estás más expuesto a la sociedad al ser un sitio más pequeño. También llegan muchas personas de África huyendo de situaciones de persecución. Están en los CETI y, además, bastante abandonados.

— Este año, lo dedicáis precisamente a las personas ‘trans’.
— Es otra de las prioridades. Es un año ‘trans’ que no va a acabar. Esas reivindicaciones van a continuar hasta que tengan todos sus derechos conseguidos y toda la comunidad les va a apoyar para visibilizarlos, empoderarlos y darles la dignidad que se merece.

— En los últimos años se ha hablado más, especialmente, de las trabas administrativas y de los menores.
— Sí, nos hemos centrado mucho en los menores, pero a veces nos hemos olvidado de nuestros mayores ‘trans’, que han estado ahí toda la vida. No podemos olvidarnos. Las personas ‘trans’ tienen todas las trabas, no solo la administrativa, sino también la sanitaria. Tenemos que pensar en el derecho de las personas no binarias a hormonarse, o el derecho a no hormonarte, pero sí a cambiar de nombre. Queremos que nadie tenga que firmar un papel diciendo quién es. El nombre hay que dignificarlo, es lo que te identifica.

— Las personas LGTBI que protagonizaron las luchas más duras por los derechos en los 70 hoy están envejeciendo, ¿hay suficiente atención especializada para las personas mayores homo y trans?
— No hay nada. Se da la paradoja de que hay personas visibles, incluso activistas históricos, que salieron en el 78 a las primeras manifestaciones y ahora, a los 65 o 70 años, se vuelven a meter en el armario. En las residencias, por ejemplo, no se trata la sexualidad de nadie, y menos de lesbianas, homosexuales, ‘trans’ o bisexuales. Nuestros mayores están volviendo al armario. Yo todavía encuentro a gente de 70 años que me dice “yo llevo toda la vida llamándome Manolo, pero quiero llamarme Juana”. Hay que darles las alternativas y protegerles. Vivir dentro de un armario provoca tristeza, depresión. No te deja vivir plenamente tu vida.

— Hablando de cambios generacionales, los jóvenes hoy tienen una relación distinta con el VIH de la que tenían las personas de los 80. El VIH ya no mata, ¿hay nuevos retos en este sentido?
— Es cierto que el VIH no mata, pero hay otra cosa muy dañina: el estigma social. Los jóvenes que se infectan no salen del armario. Viven estigmatizados socialmente, no se muestran. En este ultimo congreso, una de las decisiones importantes que hemos tomado es crear un grupo identitario de personas VIH para empoderarlas. Vamos a trabajar la identidad de las personas VIH. Son ciudadanos con todas las capacidades, pero tienen miedo. Ahora no tenemos esos referentes de los años 80 y 90. Ningún joven lo dice. Tienen pánico a que le aparten, a no enamorarse, a vivir el día a día.

— Otro tema invisibilizado es la violencia intragénero.
— Hicimos un informe en 2011. Es un tema que hay que abordar. Sabemos muy poco en España sobre violencia intragénero. Tenemos que hablar de esta violencia de manera específica, no podemos confundirlo con violencia de género. Es distinto y hay que empezar a sacarlo a la luz.

— También trabajáis mucho los delitos de odio, ¿hay más homofobia de la que pensamos?
— Creo que hay homofobia, pero también que hoy se denuncia más y, por tanto, se hace más visible.

— Por último, se habla mucho de homofobia, pero menos de bifobia…
— Hay un problema en el lenguaje. A veces usamos “homofobia” como un término general, donde incluimos todo. Al hablar con un nombre genérico, invisibilizamos todas las realidades como la bifobia o la transfobia. Hace dos años pusimos la bifobia en el centro. Creo que es una realidad muy atacada. A veces, el concepto va ligado a una persona viciosa o indecisa. Son conceptos bifóbicos. Hay que cambiarlo. Se puede amar a quien sea una vez, mil veces o en distinto grado.