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miércoles, 12 de febrero de 2025

#hemeroteca #homosexualidad | Elementos de crítica homosexual : hacia un gayo comunismo

Elementos de crítica homosexual : hacia un gayo comunismo / Mario Mieli ; traducción Joaquim Jordà.

Madrid : Traficantes de Sueños ; Barcelona : Verso, 2025 [02-12].
294 p.
Serie: Coediciones ; 2.

/ ES / Libros / ENS / Anticapitalismo / Homosexualidad / Liberación gay / Liberación sexual / Queer / Referentes

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419833310 / 22.00 €
🔓 Ed. digital: Open Access / Traficantes de Sueños

https://traficantes.net/libros/elementos-de-critica-homosexual
📝 Cita APA-7: Mieli, Mario (2025). Elementos de crítica homosexual : hacia un gayo comunismo. Traficantes de Sueños.

La propuesta de Mieli, ilustrada en el libro y experimentada personalmente con extrema coherencia, es una utopía para ser vivida, partiendo del supuesto de que la liberación del eros en sus formas desatendidas y reprimidas es el único antídoto serio contra el dominio mortífero de la normalidad y el capitalismo. Se trata, dice Mieli, de abrir una brecha en la psique mutilada por la dictadura de la normalidad para dejar emerger la transexualidad enterrada en cada uno de nosotros, «el hermafroditismo original y profundo de cada individuo».

Este trabajo de liberación es la base de un camino de disolución y recomposición de la identidad humana que pretende alcanzar una nueva subjetividad andrógina y pansexual. Temas de este tipo, también queridos por cierta ciencia ficción, hacen de Mieli un precursor de muchos estudios y reflexiones posteriores que, a partir de los años ochenta, pusieron en juego las categorías de la sexualidad en nombre de una visión creativa de los conceptos de género, orientación e identidad sexual. La receta de Mieli era imposible, pero su horizonte de pensamiento sigue hoy, incluso más que ayer, en sintonía con líneas de transformación cultural y social que avanzan hacia la superación de dualismos e interdicciones de la tradición; hacia un comunismo alegre, vivo, brillante, jubiloso: el gayo comunismo.
«Un ejemplo indispensable y pionero del largo y difícil esfuerzo por articular la lucha queer con la lucha anticapitalista.» Kevin Floyd, autor de La reificación del deseo. Hacia un marxismo queer.

«Elementos nace y permanece como un texto de batalla. Es el manifiesto de una cierta política de la experiencia, una fuente de íntimo aliento, de liberación.» Paola Mieli, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Après-Coup.

lunes, 1 de julio de 2024

#hemeroteca #lgtbi #28j #memoria | Así fue el primer Orgullo LGTBI de España: Barcelona se puso en pie por la liberación homosexual

Primera mani gay, organizada por el FAGC, el 26 de junio de 1977 en Barcelona //

Así fue el primer Orgullo LGTBI de España: Barcelona se puso en pie por la liberación homosexual

La homosexualidad formó parte de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social hasta el año 1978.
Amanda Alonso | 20 Minutos, 2024-07-01
https://www.20minutos.es/noticia/5526478/0/asi-fue-primer-orgullo-lgtbi-espana-cuando-barcelona-se-levanto-por-liberacion-homosexual/

Cuatro días de disturbios en Stonewall Inn sembraron los cimientos del primer Orgullo LGTBI en el mundo. Era un 28 de junio de 1969, cuando, tras una noche represiones por parte de la policía en el local de ambiente neoyorkino, los clientes y residentes de Greenwich Village, cansados de vivir a la sombra de la opresión, decidieron unir fuerzas para protestar contra la discriminación. Fue el origen de una reivindicación que llega hasta nuestros días y que se conmemora con marchas multitudinarias alrededor del mundo.

¿Cuándo llegó el orgullo a España?
Hubo que esperar siete años para que las calles de nuestro país se armasen de orgullo, valor y dignidad en una marcha que clamaría por el fin de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que criminalizaba al colectivo con multas, cárcel o internamiento en centros psiquiátricos.

Ocurría un 28 de junio de 1977, cuando, días después de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco, una organización clandestina convocó una manifestación en las Ramblas de Barcelona que sería histórica. Era el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), que por primera vez en España tomaba la calle para reivindicar los derechos del colectivo LGTBI.

Arcadie: una revista clandestina por el orgullo
Desde su formación en 1970, el FAGC había enviado cartas anónimas a los arzobispos de las cortes, y publicaba una revista desde Francia -Arcadie-, para sus suscriptores, con voluntad de educar al público y al colectivo y hacer llegar los avances en la lucha LGTBI a todos los rincones del país.

"Leyéndola cubrirás el vacío de tu aislamiento y encontrarás algo más sustancial que una banal conversación. Serás informado de todo cuanto ocurra en España y en el extranjero [...]. Con nuestra relación empezaremos a ser algo más que hombres solitarios en busca de la aventura. Somos hombres conscientes de nuestra peculiaridad, ansiosos por conseguir una mayor libertad y el respeto que se nos debe", firmaba Arcadie

La gran marcha: el primer orgullo español
Bajo el seudónimo Roger de Gaimon y Mir Bellgai, Armand de Fluviá, y Francesc Francino fueron dos de los fundadores del Movimiento Español de Liberación Homosexual -anteriormente Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual (AGHOIS)-. Juntos lograron que aquella primera marcha agrupase hasta 4.000 personas que, al unísono, gritaban demandas tan actuales como la visibilidad trans: "No somos maricones, somos transexuales" y otras como "Detrás de las ventanas, también hay lesbianas. Detrás de los balcones, hay maricones", o "Amnistía sexual", "Nosaltres no tenim por, nosaltres som".

El final de aquella primera gran manifestación se saldó, como era de esperar, con cargas policiales, cinco heridos y un detenido. Dos años después, se eliminaban los artículos de la Ley de Peligrosidad social que penaban los "actos homosexuales".

Al año siguiente, las calles de Madrid se unieron a la manifestación del orgullo un 25 de junio, esta vez organizada por el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, que logró aglutinando una amplia masa social: en total concurrieron 7.000 personas desde Méndez Pelayo hasta la plaza de Mariano de Cavia. En 1979 el FAGC convocó la misma manifestación reivindicando esta vez la legalización de las organizaciones gais, que finalmente llegó en 1980.

lunes, 3 de julio de 2023

#hemeroteca #lgtbi #memoria | El Movimiento Español de Liberación Homosexual, la organización clandestina que retó a Franco y se rebeló contra la homofobia

1975, Sheffield / Josep Domènech, Armand y Marga Trallero //
El Movimiento Español de Liberación Homosexual, la organización clandestina que retó a Franco y se rebeló contra la homofobia
Jose Carmona | Infobae, 2023-07-03

https://www.infobae.com/espana/2023/07/03/el-movimiento-espanol-de-liberacion-homosexual-la-organizacion-clandestina-que-reto-a-franco-y-se-rebelo-contra-la-homofobia/

Durante los años sesenta y setenta, la lucha armada y los movimientos rebeldes antisistema tenían cierta legitimación en la izquierda. En un mundo empañado por dictaduras militares y la presión de Estados Unidos contra el bloque soviético de la Guerra Fría, la victoria de la revolución de Fidel Castro y el movimiento sandinista en Nicaragua dieron alas a una infinidad de Frentes de Liberación que poco a poco, el s.XXI terminó por enterrar y deslegitimar.

Pero había muchos tipos de “liberación”, aunque el concepto evoque a guerrilleros armados en frondosas selvas. No todos requerían un pasamontañas ni todos sabían armar un rifle; los puntos de unión eran otros: la clandestinidad, la insurrección frente al Estado y la desobediencia. Estos últimos términos sí van más acorde a lo que fue el Movimiento Español de Liberación Homosexual, una pequeña y furtiva organización de hombres que, hartos de ser tratados como enemigos, decidieron unirse para exigir al estado franquista y a su máxima autoridad, Francisco Franco, que la homosexualidad no debía ser perseguida ni tratada como una enfermedad.

El franquismo, en ocasiones, ni mentaba de forma explícita la homosexualidad en su legislación, aunque redactaba leyes para ella. Por ejemplo, el Código de Justicia Militar condenaba “actos deshonestos” a la dignidad militar. La ambigüedad, sin embargo, luego era un movimiento evidente para reprimir la homosexualidad en el Ejército.

Obviamente, para las miradas conservadoras del momento, la homosexualidad y el comunismo iban de la mano: “La sodomía tiene una función comunista a través de los siglos, pues ambas aberraciones, aun siendo de distinto tipo, son contrarias a la familia, a la propiedad privada y al orden tradicional”, rezaba la obra ‘Sodomitas’, publicada en 1956 y tan exitosa que sus reediciones llegaron hasta la década de los 70.

La organización se fundó en 1971, en esos últimos años del tardofranquismo cuando las generaciones nacidas en dictadura exigían cambios y aires de libertad más parecidos a los vecinos europeos. La homosexualidad fue fuertemente reprimida durante los cuarenta años que duró la opresión. De hecho, la Ley de Vagos y Maleantes se reformó en 1954 para incluir de forma explícita a los homosexuales.

Ya en 1970, llegó la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social (LPRS), que pese al paso del tiempo volvía a apuntar contra “los que realicen actos de homosexualidad” con sanciones que podían llevar al exilio de la región. Incluso con la llegada de la democracia, esas normas se mantuvieron en el tiempo. El primer partido que movió ficha fue el Partido Comunista de España (PCE), aunque sus peticiones se desoyeron hasta 1980, año en el que la LPRS fue derogada. El camino venía de lejos: durante la dictadura de Primo de Rivera, la pena para los homosexuales era de entre dos a doce años de cárcel, multas de mil a diez mil pesetas e inhabilitación para la función pública durante seis y doce años.

Tratados como apestados, el objetivo principal del MELH era ser considerados parte de la sociedad española: “Buscaban concienciar a los homosexuales en la reivindicación de sus derechos, romper con su aislamiento y lograr el reconocimiento y aceptación de la sociedad”, asegura Valentín Galván en su estudio ‘De vagos y maleantes a peligrosos sociales: cuando la homosexualidad dejó de ser un delito en España (1970-1979)’. Sus fundadores fueron Francesc F. (bajo el seudónimo de Mir Bellgai) y Armand de Fluvià (con el de Roger de Gaimon), que a través de cartas logran algo que en su momento se vendió como una concesión: apresar solo a los que realizaran “más de un acto de homosexualidad”.

El tiempo ha colocado a Armand de Fluvià en la posición de líder activista por los derechos LGTBI. Fue la primera persona en España en hacer pública su homosexualidad a través de la televisión y lideró el Movimiento Español de Liberación Homosexual gracias a sus contactos en el extranjero. Las reuniones clandestinas en hogares de Barcelona, donde llegaron a contactar con unas 60 personas —con una escasísima representación de mujeres, aún más invisibilizadas y perseguidas— y a enviar panfletos a Francia para que desde allí se redistribuyeran por España. Ser descubiertos no era una opción, así que nunca se repetía lugar de reunión. Sin embargo, la existencia del grupo fue breve. En 1972, la Policía terminó por identificarles y forzar a la disolución de la organización. No sería hasta la muerte de Franco cuando estos militantes volvieran a tomar la palabra.

El MELH sirvió de despertador, de instigador, y durante el Gobierno de Carrero Blanco se generó una efervescencia del movimiento LGTBI en España. A Cataluña se sumaron Valencia, Mallorca, Madrid, Málaga, Zaragoza, Santiago de Compostela, Bilbao... El país comenzó a demostrar que la fórmula franquista estaba agotada. Una vez murió Franco, el Movimiento de Liberación pudo ampliar sin tanto miedo sus posturas marxistas y eso ayudó a que otros movimientos radicales y politizados irrumpieran en la escena: el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) de Madrid, la Unión Democrática de Homosexuales de Málaga (UDHM) o el Euskal Herriko Gay Askapen Mugimendua (EHGAM) de Bilbao fueron algunos de ellos. Fue entonces, ya en 1976, cuando pudieron ser quienes realmente eran: hombres, gays y marxistas. Así lo constataron en el llamado Manifiesto de Marzo de 1977, cuando dieron a entender que ellos no iban a cambiar, que el cambio tendría que hacerlo el resto del mundo: “Nosotros no somos reformistas, somos radicales y revolucionarios”.

NOTA DE IGLU: Pese a lo que se afirma en el artículo, la LPRS no fue derogada en 1980. lo que sí se hizo el 26 de diciembre de 1978 fue despenalizar la homosexualidad, eliminándola de ahí. El efecto de la despenalización tuvo lugar en enero de 1979. 

martes, 24 de mayo de 2022

#hemeroteca #mariomieli | Proletarios de todo el mundo, acariciaos. A Mario Mieli, en su 70 aniversario

El Salto / Mario Mieli //

Proletarios de todo el mundo, acariciaos. A Mario Mieli, en su 70 aniversario.

Carta de amor a Mario Mieli. Por haberse atrevido a imaginar lo que nadie pudo en su tiempo: que los amores y las miradas particulares de las invertidas eran una simiente de las nuevas relaciones comunistas universales por venir.
Ira Hybris. Militante marxista queer | El Salto, 2022-05-24
https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/proletarios-todo-mundo-acariciaos-mario-mieli-70-aniversario 

Querido o, tal vez, querida Mario:

Te escribo esta carta el 21 de mayo de 2022. Hace exactamente setenta años de tu llegada a este mundo ‘heterocapitalista’ que, si bien quisiste revolucionar, terminó por acabar contigo. Te escribo esta carta porque tengo muchísimas cosas que me gustaría decirte. Te escribo en calidad de hija bastarda y de militante torcida. Te escribo desde la prosa de las amantes promiscuas con la esperanza de que esta carta pueda llegar a ese infierno de Dante donde, intuyo, estarás organizando talleres de teatro subversivo y bailando envuelta en lentejuelas con tu paisana Raffaella. ‘La luna piena questa è una sera se vuoi, tutta per noi, per noi...’

Cuando nací, en un ejercicio disciplinario, me pusieron tu mismo nombre, y aunque ya no me presento con él, sigo sintiendo un enorme orgullo de compartirlo contigo. Me pregunto, compañera, cuánto desprecio tuviste que sobrellevar, por ser tú tan libre, en la lucha revolucionaria. Pues como dice Susy Shock, que es otra hermana torcida nuestra de más allá del mar: “todos con nombres de varones de la revolución pero lejos de semejantes mariposonas andanzas ¡que las ideas no entran por el culo mi niño!... ¡Eso es burguesa debilidad compadre!”. Me pregunto cuántas veces te llamaron enemigo del socialismo por tener alas de mariposa.

No obstante, quería agradecerte en esta carta el trabajo que empezaste y que algunas proseguimos con el orgullo de las deshonradas. Tú imaginaste un futuro comunista que, en lugar de en la familia tradicional, encontraba su reflejo en los charcos de los urinarios públicos. Tú abriste la puerta a un marxismo desviado que comprendiera que la sólida heterosexualidad habría de desvanecerse en el aire, para dar lugar a una humanidad emancipada de todas las viejas cadenas: “Ya no existirán hetero u homosexuales sino seres humanos polisexuales, transexuales; mejor dicho: ya no existirán hetero u homosexuales sino seres humanos: la especie se habrá (re)encontrado a sí misma”.

Tú revelaste que la ‘normalidad’ no es sino una ideología guardiana de la sociedad burguesa y su opresión, pues “lo que es hipostasiado como «normal» y normativo [...] no constituye otra cosa que la versión aparente de lo que en realidad cambia, se transforma y deviene con el desarrollo de los medios y del modo de producción, con la dinámica de la contradicción entre el capital y la especie humana, con el movimiento del conjunto de la sociedad”. Así, la gente “normal” jamás consigue librarse de su culpa porque, en el fondo, todas las personas se saben tendencialmente fuera de la Norma. Dicha culpa, dijiste, “es el cordón umbilical que liga la especie humana al capital, intentando estrangularla”. Tú ya sabías por qué nos asesinan con la injuria en sus bocas, compañera.

Además, como buena revolucionaria, comprendiste que la solidaridad puede rehacer el mundo, pues: “Si la ideología es una cosa sola y antropomorfa, mascarón (in)humano del capital, hoy, por otra parte, nosotros, aunque tan diversos y sobre todo diversas entre sí, estamos cada vez más, todos en la misma situación de fondo, sofocados por el peso del sistema. Somos diferentes (pero) es el capital lo que nos contrapone y nos separa. Al cultivar las especificidades profundas de cada caso concreto de opresión personal, podemos llegar a la conciencia revolucionaria que ve en mi caso tu caso específico de opresión (porque también tú, hetero, eres un gay negado) y en tu caso mi caso específico de opresión (porque también yo soy una mujer negada) y reconocer un nosotros/as todas/os, más allá de cualquier separación y autonomía históricamente determinadas, la especie humana negada”.

Pero, sobre todo, tú te atreviste a imaginar lo que nadie pudo en tu tiempo: que los amores y las miradas particulares de las invertidas eran una simiente de las nuevas relaciones comunistas universales por venir, y “ya que somos cuerpos —dijiste— relaciones eróticas entre todes”. En tanto “nosotros sabemos que el descubrimiento de cuanto está oculto detrás de la etiqueta «anómalo», con que la ideología dominante cubre muchísimas manifestaciones de la vida, contribuye a poner en evidencia el absurdo de dicha ideología”, tú confiaste en las marginadas de la sociedad y de la sexualidad burguesa la capacidad de percibir la tramoya de la ideología que presenta la heterosexualidad, así como el resto de relaciones sociales capitalistas, como naturales y eternas. Que nada es eterno en nuestras heridas, que el presente que violentamente nos torna diferentes puede ser radicalmente transformado. Así, tú nos enseñaste que la liberación queer sólo podía darse como consecuencia de la abolición del capitalismo.

Por último, yo quería decirte que en tus palabras me siento menos sola, cobijada, ante este profundo desarraigo de quienes seguimos queriendo bordar de pájaros la bandera de la patria libre. Me he confeccionado una capa con tus páginas, para que me dé calor en el invierno del cisheterosexismo de quienes dicen ser nuestros camaradas pero, tristemente, no quieren que nuestras genealogías torcidas ensucien el hilo rojo de la historia. Algunos de ellos nos dicen, aún a día de hoy, que saquemos nuestra purpurina de su marxismo. Ay compañera, si ellos supieran, como tú supiste, el potencial revolucionario que se oculta en la oscuridad de los callejones, si ellos pudieran, como tú pudiste, ver en el brillo de una travesti el amanecer de un mundo nuevo. Pero precisamente por eso, querida, siguen siendo tan necesarias tus ideas desviadas, porque la rectitud de las suyas no repara en toda la vida de los márgenes, desconoce nuestras asambleas subterráneas y nuestras conspiraciones deseantes, demanda la unión de todos los proletarios del mundo, pero sin la ternura radical de la caricia.

Querida madre bastarda,
serás eterna hasta que este viejo y “normal” presente se sepa mortal.

‘Va bè, va bè, facciamo finta che, felicità…’

Todas las citas del texto están extraídas del libro de Mario Mieli ‘Elementos de crítica homosexual’, Anagrama, Barcelona, 1979. (Edición original: ‘Elementi di critica omosessuale’, Einaudi, Milano, 1977).

lunes, 15 de noviembre de 2021

#hemeroteca #gais #testimonios | Blas Matamoro, el francotirador que jamás se sintió un escritor maldito

El País / Blas Matamoro //

Blas Matamoro, el francotirador que jamás se sintió un escritor maldito.
El narrador argentino, cofundador del Frente de Liberación Homosexual en 1971, acaba de reeditar ‘Las tres carabelas’, dos ‘nouvelles’ sobre educación sentimental gay, la dictadura y el exilio.
Raquel Garzón | El País, 2021-11-15
https://elpais.com/cultura/2021-11-15/blas-matamoro-el-francotirador-que-jamas-se-sintio-un-escritor-maldito.html 

Septiembre de 1976. La dictadura argentina, que lleva seis meses en el poder, censura 'Olimpo’, del periodista y escritor Blas Matamoro (Buenos Aires, 79 años), e inicia una siniestra tradición. “Incautaron la edición oficial de dos mil ejemplares. Pero la editorial Corregidor había tirado tres mil y los primeros ya se habían distribuido; esos se salvaron”, cuenta el autor 45 años después en Madrid, convencido de que el contenido del libro era lo de menos. “Fue una forma de terrorismo para asustar a la gente que escribía, pero sobre todo a la que publicaba”.

Matamoro, uno de los fundadores hace 50 años del clandestino Frente de Liberación Homosexual (FLH), espacio pionero en la lucha por los derechos gay en el que participaron, entre otros, los escritores Manuel Puig, Juan José Hernández y Juan José Sebreli, acaba de reeditar dos 'nouvelles’ de los años 80, reunidas en ‘Las tres carabelas’ (Blatt & Ríos). En ellas, la prosa elegante e incisiva de quien dirigió la revista ‘Cuadernos Hispanoamericanos’ entre 1996 y 2007 recrea la educación sentimental en tiempos de deseo silenciado, para los que no se ajustaban a la norma hetero, y pinta una Argentina cruzada por la efervescencia política, el psicoanálisis y las esquirlas del miedo que desencadenó la dictadura.

“Te tenés que ir, Blas”, lo convenció su hermana cuando escuchó por radio el decreto de prohibición. “Yo no había sufrido amenazas”, recuerda Matamoro, “pero poco antes a mi compañero lo habían tenido desaparecido una semana por un error policial, junto a gente que había estado presa. Primero eran siete, al día siguiente eran seis, al día siguiente cinco... Cuando salió y durante años, no podía oler carne quemada sin ponerse mal. A su lado habían aplicado la picana y ese olor le recordaba aquel infierno”, cuenta el escritor con acento argentino inconmovible.

Temiendo por su vida, Blas Matamoro se exilió el día después de la prohibición de ‘Olimpo’, censurado por “atacar las tradiciones del ser nacional y la moral cristiana”. La portada de esa colección de ensayos sobre personajes que trenzaron hechos y mitología (de Perón a Drácula, pasando por Carlos Robledo Puch, el asesino en serie con cara de ángel) definía el talante de francotirador intelectual que aún distingue a su autor: el rostro sensual de Isabel Sarli, la bomba porno de la época, se sobreimprimía sobre la cúpula de una iglesia de Bahía en Brasil, invitando a zambullirse en las páginas.

¿Cómo se meten 34 años en una sola maleta? ¿Qué se lleva? ¿Qué se pierde para siempre? Matamoro llegó a Madrid con una máquina de escribir Olivetti Lettera, un par de libros, algo de ropa y 300 dólares en cheques de viajero. Nada más. “¿Está eso en las novelas?”, pregunta. Sí, aunque no recuerde haberlo escrito. El olvido, a veces, protege de lo que arde.

La experiencia de emigrar
De los primeros años madrileños recuerda la libertad (“existían ya clubes para gays y no había restricciones en las calles, en los parques ni en los lugares de reunión”), la estrechez económica y los trabajos variopintos: escribía para ‘La Opinión’ de Buenos Aires, hacía traducciones, colaboraba donde podía y fue, incluso, el ‘negro’ literario de las memorias de un peluquero cuyo nombre no dará. En diciembre de 1979, empezó a trabajar como redactor en ‘Cuadernos Hispanoamericanos’ y mejoraron los vientos.

Madrid trajo también el amor de Fernando y una pareja de más de 40 años (“es mucha vida compartida”). ¿Nunca quiso tener hijos? “Tengo sobrinos, que me dicen a veces: ‘Sos anticuado, tío’. Pero a mí sí me gustaría que hubiera alguien que me llamara ‘padre’, eso es algo que le falta a mi vida. Nunca se planteó”.

‘Las tres carabelas’ reúne dos ‘nouvelles’: la que da título al volumen, en la cual el protagonista recuerda desde España su infancia y juventud, la sensación de “ser distinto”, los primeros amores y discusiones filosóficas y políticas, y ‘La canción del pobre Juan’, que narra el regreso y apasionado encuentro entre un prestigioso escritor y Daniel Dávila, joven estrella del ballet. “El origen de ambas es la necesidad de contar la experiencia de la emigración. Los dos personajes tienen eso en común: rememoran algo que pasó, pero que al ser visto nuevamente no se reconoce”, reflexiona.

Como autor de una treintena de libros (‘Nietzsche y la música’, ‘Novela familar’ y ‘El pasadizo’, entre ellos) sorprende escucharle decir que jamás pone “escritor” en los formularios preguntones que indagan cómo se gana uno la vida. “Con lo que he cobrado por mis libros siempre me alcanzó para cigarros, pero no para los fósforos con los que los encendía”, bromea.

1971: el FLH y la militancia gay
Ensayista punzante y crítico musical exquisito en ‘Scherzo’ y ‘Revista de Occidente’, Matamoro fue uno de los intelectuales que iniciaron el Frente de Liberación Homosexual (FLH), creado hace medio siglo en su apartamento porteño (“La Rioja 169, 5to B, en el barrio de Once”, precisa mientras bebe una caña, tras haber dictado una conferencia en la Fundación Ortega y Gasset).

La pujanza actual del colectivo LGTBI+ contrasta con la situación que se vivía entonces en Buenos Aires, donde el Edicto 2 H prohibía que un varón estuviera en el espacio público junto a otro varón menor de edad; la norma —de 1932— sirvió en no pocas ocasiones para la persecución policial de minorías sexuales. “En 1971, en plena dictadura de Lanusse, los objetivos que se fijó el FLH fueron dos. Ir a los medios y ganar visibilidad, porque de homosexualidad no se hablaba (lo hicimos, ocultando nuestras verdaderas identidades), y lograr que se derogara el edicto policial por el cual te podían llevar preso por ser homosexual”, sintetiza Matamoro, que no tenía militancia, pero que se había comprometido como abogado de familiares de presos políticos. El final de los edictos policiales llegó mucho después, en 1998, con la sanción de un nuevo código contravencional para la ciudad.

¿Cómo surgió el FLH? “Nos convocó Héctor Anabitarte, un dirigente del gremio de correos que había intentado organizaciones previas y que conocía a Juan José Hernández. Nos reunimos en casa, a principios de agosto de 1971, porque los demás vivían con sus familias. No éramos más de 15 o 20 ese día. Se formaron distintas células; no había una dirección formal y nuestro grupo que se venía reuniendo pasó a llamarse Grupo Profesionales. Héctor había sido comunista y se había ido del PC tras un viaje a la URSS, donde le hablaron de la homosexualidad como enfermedad y degeneración pequeñoburguesa. Los demás simpatizábamos con cierta izquierda, aunque ¿con cuál? Digamos que con la visión de un código de libertades más elástico. En eso todos estábamos de acuerdo. Para los políticos no era un problema a tratar”, analiza.

Algunas discusiones internas partían aguas. “Debatíamos, por ejemplo, si se tenía que normalizar o no la condición homosexual. Néstor Perlongher, un poeta que se sumó después, entendía que no, que había que ocupar una marginalidad dorada, seguir siendo anómalo. Yo nunca coincidí con ese malditismo; para ser maldito se requiere que alguien te maldiga y sacralizás al represor. Nuestro grupo aspiraba a que la homosexualidad fuera una más entre diversas opciones sexuales”.

En ese tiempo de “renacimiento peronista” el FLH reflejó las disidencias ideológicas. “Aparecieron distintas tendencias, anarcoides y peronistas que resultaron mal, porque el peronismo no quería saber nada con el tema”. El Frente se disolvió antes de la nueva dictadura, afirma Matamoro. “Ya no había actividad visible, aunque la gente que se seguía juntando “.

En 2018 la Academia Argentina de Letras premió ‘Con ritmo de tango’ (Fórcola), un diccionario personalísimo en el que Matamoro reflexiona sobre la argentinidad, y comenzó una merecida revalorización de su obra. Además de ‘Las tres carabelas’, en 2021 se reeditó en España ‘Los cuentos de Hegel’ (Taugenit) y el sello Blatt & Ríos anticipa la publicación de una novela inédita, ‘Fundido a negro’, y una reedición de ‘El pasadizo’. “Me han propuesto incluso publicar los diarios que escribo desde 1995. No sé. Pero en cualquier caso, me emociona porque son lectores jóvenes, con formaciones ligadas a lo digital, al pop, nada que ver conmigo que me siento más bien clásico”.

¿Dónde radica la clave de ese interés? “Mis editores dicen que hay cierta ansiedad por una ‘literatura bien escrita’ frente a una línea dominante que no aspira a estarlo (he escuchado a Aira en esa tesitura, hablando del derecho a escribir mal). Puede ser. Pero me parece que incide también la nostalgia de una épica perdida: la noción de que lo que te pasa significa algo y se puede contar como si fuera fatal, necesario, explicable o no, misterioso, frente a la pura eventualidad que no deja rastros. La épica sí deja rastros”.