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viernes, 6 de agosto de 2021

#hemeroteca #erotismo | Heladería erótica Kikita: los primeros gofres eróticos salen a la venta en Donostia

Noticias de Gipuzkoa / Chochikis y pollikis en Kikita //

Heladería erótica Kikita: los primeros gofres eróticos salen a la venta en Donostia.
Noticias de Gipuzkoa, 2021-08-06

https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/gipuzkoa/donostia/2021/08/06/primeros-gofres-eroticos-salen-venta/1132314.html

La gofrería-heladería Kikita abrió en la tarde de ayer sus puertas en la calle Pescadería de Donostia, tras arrancar con dos tiendas en Madrid, y empezó a vender los primeros gofres en forma de vulva y pene, como los que muestran en la imagen Alex y Manu, a una clientela que hizo cola para comerse un dulce de forma genital, con nombres como pollikis y chochikis.

En los próximos días, el desenfadado comercio ofrecerá también helados, con las mismas formas, y otros productos como chocolatinas. Tanto los helados como los gofres se pueden personalizar y el cliente puede añadir al sabor básico de la masa o el helado, siropes y chocolates, así como trocitos de una gran variedad de galletas. 


La heladería erótica Kikita, con productos en forma de pene y vulva, abrirá en Donostia.

La gofrería Kikita, con dos despachos en Madrid, elije una ciudad amante de los helados para ampliar su negocio.
Noticias de Gipuzkoa, 2021-07-30
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/gipuzkoa/donostia/2021/07/30/heladeria-erotica-productos-forma-pene/1130867.html

Los helados son un producto muy apreciado entre los donostiarras, como dan fe las numerosas heladerías que se reparten por las calles de la ciudad, tradicionalmente amante de este alimento dulce y refrescante. Y qué mejor que una población aficionada a los helados para acoger el comercio Kikita, especializado en helados y gofres con formas eróticas, para ampliar el negocio tras la apertura de dos tiendas en Madrid, una en la plaza Barbieri y otra en la calle Preciados.

La marca, que se caracteriza por vender gofres y helados en forma de pene y vulva, está llevando a cabo los preparativos para abrir y busca personal para su nueva tienda de la calle Pescadería 4, en plena Parte Vieja donostiarra, donde se concentran otros negocios centrados en el helado.
 
De su inminente apertura (prevén que sea el jueves), da fe el cartel que han colocado en el escaparate de la futura tienda, donde avanza: "Nuestros pollikis y chochikis llegarán muy pronto a Donostia". El reclamo para buscar empleados pide personas que tengan "sentido del humor", sean "extrovertidas" y "con la mente abierta".

Todos los productos a la venta se elaboran en las dos formas genitales, masculina y femenina, para que el consumidor elija la que prefiera y la complete como más le guste. Los gofres, al precio de cuatro euros, pueden tener sabor a chocolate o vainilla y ser aderezados con siropes de fresa, leche, etc. y distintos tipos de chocolate. Trocitos de galletas y otros dulces completan la creación personal que puede encargar cada cliente. También habrá helados lácteos y de hielo con las mismas formas, incluidos sin gluten, y bolsas de chocolatinas, eróticamente modeladas.

La imagen de la gofrería, así como toda su publicidad, juega con frases pícaras como "no sabemos el tamaño, pero la calidad sí importa". Y en las ofertas no olvidan incluir el tono humorístico. La rebaja por comprar tres productos por el precio de dos se publicita como "Hazte un trío".

La firma también quiere destacar la calidad de sus productos. "Nuestros gofres están elaborados con ingredientes de máxima calidad, porque lo que queremos contigo no es un 'affaire' si no una relación duradera, y con nuestros gofres querrás repetir seguro", vaticina la empresa.

jueves, 28 de diciembre de 2017

#hemeroteca #artecallejero | Un pene gigante sorprende a los habitantes de Nueva York

Un pene gigante sorprende a los habitantes de Nueva York.
Una artista sueca pinta un detallado órgano sexual de cuatro pisos de altura en un edificio de Manhattan.
Edward Helmore | El Diario, 2017-12-28
http://www.eldiario.es/theguardian/Nueva-York-grafiti-pene_0_723377815.html

El dibujo de un pene de cuatro pisos de altura que provocó la curiosidad de los neoyorquinos cuando apareció el día de Nochebuena fue borrado con pintura el miércoles por orden del dueño del edificio.

El dibujo apareció en un edificio de apartamentos en la calle Broome, en el Lower East Side de Manhattan, y fue encargado por una fundación de arte callejero. Es obra de la artista sueca Carolina Falkholt, y se une a otro dibujo gigante de una vagina algo más abstracta en la calle Pike.

Falkholt contó a the Guardian que su trabajo a menudo consiste en "no sentirse avergonzado por tu propio cuerpo y de lo que eres como ser sexual".

"Habitualmente pinto vaginas gigantes. Como acababa de terminar una en el lateral de un edificio de cinco pisos, pensé que se necesitaba una polla. El espacio de Broome encajaba perfectamente. Parafraseando a Judith Bernstein, diré que si una polla puede entrar en una mujer, también puede subir por una pared".

En la calle Broome, las opiniones diferían mucho el miércoles. El dueño de una lavandería que prefirió no dar su nombre –en un barrio habitado sobre todo por población china– dijo que la imagen había molestado a los residentes: "No nos gusta y confiamos en que lo quiten".

Avery Plewis, una turista de Toronto, se preguntaba si la pintura era equivalente a un acoso sexual visual. "Es extraño, porque es tan fálica que va más allá del acoso sexual. El acoso se hace a menudo en secreto, pero esto es totalmente una bofetada en la cara".

"Los colores lo convierten en algo muy artístico", dijo Lauren Deutsch, de Los Angeles. "Me parece divertido, pero no lo quiero para mí. No vemos esas cosas en Los Angeles".

Muy cerca, en el Spring Studio, George Petridis acababa de terminar una clase de dibujo donde estudia a Leonardo Da Vinci y su visión de la anatomía: "Salir de allí y ver esto es un contraste masivo. Eso es lo que algunas personas piensan que es arte. No me ofende, pero tampoco me importa y no voy a pasar mucho tiempo pensando en ello".

Resultó que no era necesario que se preocupara. Un inspector de edificios de Nueva York al que habían llamado para que fotografiara la imagen y que no quería dar su nombre dijo que "serán mis superiores los que se ocupen, está fuera de mis competencias. Es una decisión para los de arriba".

Katie Grinero, gestora de edificios en otro punto de la ciudad, comentó lo que creía que pasaría con la obra por considerarla un daño a la propiedad. "Imagine si alguien pusiera eso en su casa sin permiso. No me gustaría. Puedes tenerlo en tu estudio, pero no creo que sea apropiado para la calle con todos los niños fuera. No enseña nada".

Según Low-Down NY, el blog que primero informó de la instalación, los líderes de las comunidades de vecinos cercanas pidieron que se eliminara la obra tan pronto como se terminara.

Naomi Peña, presidenta del consejo educativo del distrito 1, escribió al restaurante peruano Baby Brasam que dirige la fundación de arte callejero The New Allen, que fue quien encargó la obra, con la solicitud de que se borrara.

En el diálogo con the Guardian, Falkholt se mostró filosófica: "El arte es uno de los pocos lugares donde podemos ser realmente libres y discutir cualquier tema por difícil que sea, porque el arte tiene la capacidad de trasladar y transformar el lenguaje en cualquier dirección".

jueves, 3 de agosto de 2017

#hemeroteca #lenguaje | Vulva, hay que decirlo más

Imagen: El País
Vulva, hay que decirlo más.
Muchas niñas crecimos sin una palabra compartida para hablar de la nuestra sumando al pudor anatómico, el lingüístico.
Patricia Gosálvez | El País, 2017-08-03
https://elpais.com/cultura/2017/08/02/actualidad/1501690142_000166.html

“¡Vuva, vuva! ¡Aua vuuuu-vaaaaa!”, grita la niña en pelotas por la orilla. Sí, señora que me mira raro desde la sombrilla, la niña está gritando vulva. “El agua me llega a la vulva”, para ser precisas. Es apenas un bebé, no tiene dos años, pero por si alguien duda de sus palabras, cada vez que viene la ola, se la agarra con dos manos muerta de frío y de risa. “¡Vuvaaaaa!”.

Cuando yo era pequeña, en mi casa la vulva era la ‘potola’ y no se gritaba en público. Siempre pensé que era una palabra privada, inventada por mis ‘ancestras’, traspasada amorosamente de madres a hijas. Pero no, mi madre me contó hace tiempo que se la copió a una vecina, porque el chichi de mi abuela le parecía vulgar. Desde entonces llevo un listado de las denominaciones genitales infantiles de mis amigas. Tengo más de 50. Los comunes ‘pipi’, ‘tete’ y ‘toto’. El callejero ‘parrús’, y el cursi ‘mariposita’. Los autonómicos ‘figa’ (en Valencia) y ‘shoshete’ en el Sur. El obsoleto ‘pesetilla’. Alguno más rebuscado como ‘castañita’, ‘tortuguita’... ‘Pañuelito’, ¿en serio? También ‘rajita’, ‘chirla’ y ‘huchita’, para que la niña aprenda de dónde sale el dinero, imagino. Muchas simplemente lo llamaban ‘ahí’, ‘abajo’ o ‘eso’, como el primo de la Familia Addams antes de que le creciese el pelo. A mí el peor me parece ‘culito de adelante’. Es oírlo y ponerme a hacer los Kegel.

Yo decidí empezar a usar vulva en 'sororidad', bañando con dos amigas (que de pequeñas decían ‘miniculo’ y ‘ahí’) a nuestras hijas. Las suyas ya decían vulva con naturalidad. Me convencieron. Al principio se me hizo raro, frío, hasta que otra amiga me dijo que a ella vulva le sonaba como a heroína vikinga. Rollo ‘Juego de tronos’: ‘Vulvareis de Vulvaria’, la ‘khaleesi’ de los chochos. Más empoderamiento imposible.

Admito que a veces digo ‘vulveta’. Que quieren, me gustan las palabras y ser vulgar e inventar códigos con mis hijos. Con el niño mayor ni me lo planteé en su momento y siempre le dije pito. Intento corregirme y decir más pene y testículos, pero él ha optado por el concepto unitario ‘pitohuevo’ y no hay quien lo saque de ahí. Me da igual, porque no es lo mismo para los niños y las niñas. ¿Por qué? Es el patriarcado, estúpido.

Lo malo de los ‘chichis’, las ‘maripositas’, las ‘potolas’ y las ‘huchitas’ no es que infantilicen, sexualicen, sean machistas o simplemente un poco tontos. Creo que el problema de fondo es que muchas niñas crecimos sin una palabra ‘compartida’ para hablar de nuestra vulva, sumando al pudor anatómico, el lingüístico. Quiero que mi niña pueda hablar de su vulva sin que la primera traba sea cómo referirse a ella para que la entiendan sus amigas, su médico, su novio o la señora de la playa. Ese es mi regalo. Y luego ya, cuando crezca y me odie, que la llame como le salga del coño.

jueves, 2 de febrero de 2017

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | La eyaculación femenina es una institución en Ruanda

Imagen: L'eau sacrée
La eyaculación femenina es una institución en Ruanda.
El documental ‘L’eau sacrée’ revela las tradiciones sexuales del país del este africano.
Ángeles Lucas | El País, 2017-02-02
http://elpais.com/elpais/2017/02/01/africa_no_es_un_pais/1485975880_689852.html

“Es agua como en la corriente de un río, confía en mí, un montón. A veces tienes hasta que apartar la cara y disfrutar cuando te cae por el pecho, por el cuerpo”, dicen los ruandeses complacidos. “Si ellos encuentran esa agua, es un verdadero honor. Te sientes como una mujer de verdad. Es como si se rompiera una presa”, comenta una ruandesa orgullosa. El documental L’eau sacrée (El agua sagrada), ópera prima del director belga Olivier Jourdain, revela las profundidades de la eyaculación femenina en Ruanda y una práctica tradicional llamada ‘kunyaza’. Placeres envueltos en leyendas orales, técnicas detalladas, excitantes sonidos, pícaras sonrisas y también alteraciones corporales y presión marital.

Cuentan los ruandeses así de oídas que esta agua brotó por primera vez de una reina que pidió a un sirviente que la complaciera en la cama, aburrida de esperar a que su marido volviera de las interminables guerras. Este criado, medio nervioso, empezó a moverse descontroladamente, sin mucho tino e inquieto por la situación, lo que provocó unos roces inesperados y vibrantes en la señora. Surgió entonces ese manantial de agua que después todas quisieron probar y el método ‘kunyaza’ que ellos anhelaban emular. La eyaculación femenina se convirtió pues, en una institución en Ruanda. Algunos incluso aseguran que se remonta a más de 1.000 años atrás.

Como un ritmo acompasado y ágil de tambores, como un agitado silbido, con la lengua, con los dedos, con la palma de la mano, con estudiados movimientos... ellos van aprendiendo los métodos más sofisticados para satisfacer a las mujeres y disfrutar del fenómeno. “Todo empieza con los preliminares entre marido y mujer. Deben estar relajados. No es bueno que se haga el amor si ella está seca, ninguno disfruta. Al principio, ella te puede enseñar”, dice en el documental un educador ante un aforo de curiosos jóvenes y mayores de una aldea ruandesa, mujeres y hombres con gestos universales ante una charla sobre sexualidad.

Para ellas, esto comienza como un ritual de paso de niña a adulta. Salen de las aldeas por primera vez para reunirse con otras mujeres en medio del bosque y estrenarse en el ‘gukuna’, un estiramiento de los labios inferiores que realizan durante meses, según se cuenta en la cinta. Dusabe Vestine, una despampanante locutora de la estación Flash FM, estrella de la comunicación nocturna en zonas con luz de velas y radios a pilas, hace de maestra de ceremonias del documental empeñada en perpetuar la tradición. “Los estiramientos tienen que ser con cuidado, puede llegar a escocer, para ello hay que aplicarse esto, y así va mejor”, dice mostrando un mejunje de hierbas elaborado en el campo.

En una residencia de chicas, unas adolescentes hablan confidencialmente y en voz baja del tema, sentadas con sus uniformes en el suelo. “Me pregunto si eso es pecado”, se pregunta una. “Eso ayuda a que sean fieles”, replica otra. “No es pecado, Dios dio libertad en nuestra voluntad”, insiste la más espabilada. Entre todo, se plantea si esta eyaculación, que es un proceso independiente al de los orgasmos, se convierte también en una medida de presión para las mujeres, que no siempre, o no todas, pueden alcanzar. “Deme las botellas que tenga, quiero volver a tener agua”, pide desesperada una esposa a un doctor que vende un líquido amarronado hecho en una caldera que se supone estimulante.

En un símil entre las imponentes montañas de Ruanda que emanan protuberantes arroyos a su antojo, la eyaculación femenina, fundamentalmente en zonas rurales, se presenta así como palpable e imbricada en su paisanaje. “Es un acercamiento humanístico a la realidad. Creo en la humanidad. Quería mostrar algo natural, a la gente como seres humanos, como todos iguales. Como personas que pueden decidir sobre sus vidas”, apunta el director Jourdain tras la proyección de la película en el festival y mercado internacional de cine documental Miradasdoc de Tenerife, donde fue seguida de un unísono aplauso.

“Es muy interesante ver las reacciones. Hay quien piensa que es machista, o feminista. Creo que es como un espejo de la vida real del espectador. Te puedes reír, discutir, ser más abierto, intentar entender, sentir empatía. Me gusta que el documental deje muchas preguntas abiertas”, plantea Jourdain, que ha proyectado una vez “exitosamente” la película en Ruanda, proseguida de un debate de más de una hora. También aspira a que sea vista en países musulmanes. “Será difícil, pero lo intentaré”, asegura este amante de la antropología visual, que ha financiado el proyecto prácticamente a pulmón, con ‘crowdfunding’, algo de ayuda de la televisión belga y una fundación. “Si no haces dramas humanitarios, es muy difícil la financiación institucional”, señala.

El director ha evitado intencionadamente vincular el cotidiano sentir del genocidio en el país para proyectar estas escenas íntimas. “La gente no es solo política, también es cultura. Esto es una imagen que no sale en los medios”, dice sobre un rodaje que ha durado tres años. “Se necesita mucho tiempo para conseguir su confianza. Al principio acudía sin cámaras, solo para escucharlos. Es un proyecto que quería hacer con mucho respeto. Después, al grabar, simplemente planteaba la cuestión y ellos contaban lo que quería. Obviamente no hay guion”, apunta.

“Decidle a los blancos que busquen también cómo hacerlo”, dice un ruandés desafiando simpático durante el documental. “Hay veces que no me apetece, he trabajado mucho durante el día o tengo hambre. Pero tú piensas que tengo un ‘affaire’ y no es así”, le confiesa una mujer a su marido durante una larga secuencia del documental que deja contrapuestas escenas para la reflexión. Un audio del momento de la eyaculación enviado a la radio acalora a la potente Vestine, que con sudores y una pilla sonrisa, casi enmudece en antena. ‘Voilá.’

martes, 21 de abril de 2015

#hemeroteca #libros | “Esta cultura nos ha secado el cerebro y el coño”


“Esta cultura nos ha secado el cerebro y el coño”
Diana J. Torres nos cuenta cómo el patriarcado, el catolicismo y el capitalismo arremeten históricamente contra las mujeres acuáticas y reclama venganza para recuperar el placer y la autonomía sobre nuestros cuerpos.
Itziar Abad | Pikara, 2015-04-21
http://www.pikaramagazine.com/2015/04/esta-cultura-nos-ha-secado-el-cerebro-y-el-cono/

Una mujer que grita o muestra emociones intensas es una histérica; una mujer que eyacula es una guarra enferma con defectos congénitos. Y más allá de lo sexual se nos ha dicho que nosotras no manchamos pues nacimos para limpiar la mierda de otros, no para ir dejando charcos por las camas”. Diana J. Torres (Madrid, 1981) es la autora del libro “Coño potens. Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos”, ilustrado por MagnaFranse y editado por Txalaparta. En él, ‘la Pornoterrorista’ revela todo lo que sabe acerca de la próstata en las mujeres y de su capacidad para eyacular, tras investigar al respecto a lo largo de ocho años. En este artículo ya nos adelantaba “lo que puede un coño”.

Dice la RAE de la próstata: “Glándula pequeña irregular, de color rojizo, que tienen los machos de los mamíferos unida al cuello de la vejiga de la orina y a la uretra, y que segrega un líquido blanquecino y viscoso”.
Desde 2002, el “Diccionario de Terminología Anatómica Médica” reconoce la próstata en mujeres, pero ya sabemos lo que es la RAE: una mesa de señores con telarañas en el cerebro y en el ano.
Abogas por utilizar el término próstata en lugar de Punto G.
Antiguamente, cuando el semen era un líquido sin género, ese era el nombre usado y nos lo robaron; reivindico restaurarlo. La palabra próstata viene del griego parastátês, que significa ‘lo que ayuda’, nada más. También me gusta llamarlo así para rebelarme contra el binarismo. Nos han vendido que los géneros están basados en cuestiones biológicas. Sin embargo, si abres el cuerpo de un hombre y el de una mujer, te das cuenta de que las diferencias son muy pocas. Ambos tienen próstata y es prácticamente idéntica. La nuestra suele ser algo más pequeña, según los niveles de testosterona. Las razones para seguir sosteniendo la dominación patriarcal se desvanecen. No hay nada más queer que la realidad de los cuerpos.

Dime que no has abierto nunca uno…
No, pero he visto muchos dibujos anatómicos y me encantaría poder hacerlo. La ciencia ha monopolizado los estudios sobre él. Tengo colegas que han donado su cuerpo a la ciencia, qué está guay pero, ¿por qué no me lo donan a mí? Está tan regulado que yo, por ejemplo, no puedo abrir a mi abuela si se muere para ver qué tiene por dentro.


Eso se hacía en la antigüedad. Cuando moría una persona, su cuerpo no tenía ya ningún tipo de valor. Entonces se abría, se miraba qué había dentro y se descubrían los misterios de la vida. Ahora está todo controlado porque esa práctica desvela muchas verdades que nos han ocultado.

Seguramente, como cuando reivindicamos la existencia del clítoris y salió el psicoanálisis a decir que teníamos envidia del pene… Los machirulos quieren tener el monopolio de algunas cosas.

¿Por qué no llamarlo Punto G, como se conoce popularmente?
Este término surgió en los 80, en Estados Unidos. Se presentó como remedio para las mujeres incorrectas, que por fin podían tener un orgasmo ‘vaginal’, el placer adecuado. Desplazó así el protagonismo del clítoris en la sexualidad femenina, que las feministas llevaban ya dos décadas reclamando. El libro que hablaba por primera vez de Punto G, titulado “El Punto G y otros descubrimientos recientes sobre sexualidad humana”, le daba la razón a la falocracia. Fue el más vendido sobre sexualidad en ese país; vender respuestas a misterios confundiendo más está dentro de las dinámicas del capitalismo. Habría sido una publicación más sensata de haber contado lo que en 1950 el ginecólogo alemán Gräfenberg no pudo. En sus escritos, decía que el líquido eyaculado por las mujeres no tiene nada que ver con la orina y que la próstata tiene tejidos “homólogos” o “análogos” en mujeres y hombres. Afirmaba además que, en ambos sexos, su posición, tamaño, dimensiones y afecciones son casi idénticas.

¿Alguna queja más?
También me chirría el enigma que lo rodea, cual Triángulo de las Bermudas, y el eufemismo. Se llama Punto G en honor al señor Gräfenberg. Debieron de pensar que, si no utilizaban una metáfora, las mujeres no entenderíamos de qué se trata. Como somos tan poco técnicas… Otro motivo para dejar de hablar de Punto G es la colonización de nuestro coño. Lo traemos lleno de apellidos de señores: Falopio, Skene, Bartolino, Gräfenberg… Por todo esto, ¡también me molesta que las feministas lo llamen así!

Según has dicho, en la antigüedad la próstata en las mujeres estaba reconocida. ¿Quién nos la extirpó ideológicamente?
El patriarcado y el catolicismo, en nuestro contexto. Al catolicismo no le interesaban las mujeres acuáticas, porque tenían poder. Cuando se pusieron a perseguir el placer comenzaron por nuestro cuerpo. La cuestión de volverse líquida está también muy relacionada con la flexibilidad del pensamiento, con la idea de que las categorías son inestables, que es mucho más divertido que que sean rígidas o secas. Yo me imagino el pensamiento que nos imponen como una habitación de madera, sin nada más. Cuando pienso un poco más fluido me imagino en el monte, rodeada de ríos. También el capitalismo se encargó se secarnos. La sexualidad tiene la capacidad de empoderarnos y de hacernos felices. En el momento en que un grupo de personas intenta únicamente ser feliz, el capitalismo entero se viene abajo porque, ¿quién va a ser feliz trabajando diez horas al día, con 15 días de vacaciones al año y una hipoteca? Esta cultura no solo nos ha secado el cerebro, sino el cuerpo completo y el coño, en particular.

Afirmas que “no poder eyacular no es estar perdiéndose algo particularmente placentero, un orgasmo sideral o algo por el estilo”, que el placer de eyacular “es político”. ¿En qué ‘te eyaculas’ tú, si cabe la expresión?
En los siglos de represión, en los manuales que tienen los médicos en su mesita que dicen que nosotras no tenemos la capacidad de eyacular, en nuestra cultura y en la ciencia, patriarcal y misógina. También, en las complicidades de quienes se tienen por progres. Parece que están de nuestro lado, pero luego dicen que hablaremos de la eyaculación cuando hayamos ganado la revolución. No se dan cuenta de que todo está totalmente vinculado, de que la manipulación de los cuerpos no es casual. El hecho de que haya gente en la cárcel no está separado de las violaciones a las mujeres. ‘Me eyaculo’ en todo eso, cual tsunami. Como la canción de la Jurado, “como una ola”, pues como un tsunami (risas).

Ante el histórico maltrato médico reclamas venganza. ¿Qué sugieres?
Lo primero, recuperar el tiempo perdido y reencontrarnos con nuestra próstata. ¿Cómo? Cuando estés bien caliente, en mitad de un polvo, te paras, te pones de cuclillas con la espalda pegada a la pared, te metes dos dedos y aprietas contra el pubis. Ahí vas a encontrar como una especie de bultito que se va para los lados. Esa es tu próstata. Salúdala por las mañanas: “Hola, sé que estás ahí, sé que existes”. Tenemos que restaurarla en el mapa mental. Otra venganza es difundir el conocimiento silenciado durante tanto tiempo. Propongo conversar sobre el sexo y el cuerpo con las personas que nos quieren y a las que queremos, con quienes muchas veces hablamos de puras banalidades. Finalmente sugiero desconfiar de la ciencia, sobre todo si no nos duele nada, e intentar conocer nuestro cuerpo por nosotras mismas.

¿Tienes algún truco?
Hay uno muy bonito, a base de remolacha, para asegurarnos por ejemplo de que la eyaculación no es pis. La remolacha tiñe la orina, pero ningún otro líquido del cuerpo. Si te comes dos crudas, con aceitito, mearás morado total, pero verás que el líquido eyaculado no está teñido. Si eres eyaculadora hacia dentro, también puedes hacer la prueba. Recoge la orina justo después de follar o de masturbarte y verás que no tiene color. Si esperas diez minutos, aparecerá el morado.

Tus vendettas son puro empoderamiento y autodefensa feminista.

Funcionan como herramientas para que nosotras seamos las soberanas de nuestros cuerpos, pero también para combatir la violencia ginecológica sobre ellos. Porque es violencia que una mujer joven, sin ningún tipo de problemas de incontinencia, le explique al ginecólogo su ‘meada’ en la cama y, para solucionarlo, la metan a un quirófano y le extirpen la próstata; porque son violencia los traumas que cargan las mujeres cuando sus parejas les dejan por eyacular y los problemas de salud derivados de la invisibilización de la próstata en nosotras; porque es violencia que la RAE defina así este órgano.

¿Qué les dirías a las mujeres que viven con culpa, miedo o vergüenza sus eyaculaciones?
Que cambien de amantes, que no vayan por nada del mundo a un médico, que recurran al círculo afectivo y que traten de entrar en contacto con los feminismos prosex. Además, que hagan los experimentos que comento, supernecesarios para reconocerle al cuerpo su identidad eyaculadora y restaurar la conexión entre el cerebro y el órgano.

¿En qué consisten tus talleres sobre eyaculación femenina?
Primero cuento de forma resumida todo lo que sé al respecto, utilizando imágenes en las que muestro la próstata, dónde están los orificios por los que eyaculamos o las evidencias de cómo la ciencia maltrata nuestro cuerpo. Por ejemplo, enseño un corte anatómico en el que faltan justo los dos órganos maléficos para el patriarcado: el clítoris y la próstata. Después viene lo más interesante de los talleres: las preguntas y el intercambio de conocimiento. La parte práctica la he hecho muy pocas veces.

¿Algo que ver con que eres ‘la Pornoterrorista’?
Cuando anunciaba un taller teórico-práctico de eyaculación no venía ni dios; creo que las tías se imaginaban que les iba a sentar en una mesa y a meterles el puño por el chocho hasta que estallaran como una fuente (risas).

Vistas tus performances, yo habría imaginado algo parecido.
La vida real no es lo mismo que un escenario, que empodera mucho. En Granada hubo un taller práctico muy bonito. Pedí que trajeran unos guantes de látex, unas toallas y lubricante. Después de la parte teórica nos quedamos alrededor de 15 tías follando en el sótano de una cafetería, porque los talleres prácticos consisten en ponerte a follar. Les dije que se localizaran la próstata y la estimularan para que saliera algo de líquido, que si no podían les ayudaría yo. Eyacularon todas. Algunas ya sabían cómo hacerlo, otras se ayudaron entre sí para conseguirlo. El mejor práctico fue en una okupa de mujeres, en Nantes. Había 30 tías y llenaron una ensaladera gigante de corridas. ¡Yo me fui del taller, no podía más con aquello!

¿Se conocían entre ellas?
Sí; se ‘coñocían’ bien (risas). Eso puede facilitar las cosas. Si follar con personas desconocidas no fuera tan terriblemente complicado en esta sociedad, los talleres prácticos serían mucho más fáciles. En el maravilloso taller de Granada había un par de chicas con sus chicos, que estaban espantados y se querían largar. Luego empezaron a emocionarse y decidieron entrar en el juego. Uno acabó bebiéndose una taza entera de lo que su churri había echado por el coño.

Entonces los talleres son mixtos.
Esta cuestión es otra que complica la organización, sobre todo con feministas. Si son mixtos hay que ver que no se cuele ningún baboso, aunque parezca mariquita e inocente, que vaya a estar después intentando meter mano a todas. Claro que eso también lo puede hacer una tía…

¿Te han montado broncas por empapar colchones?
Una vez tuve que salir corriendo de la casa de un tipo muy anarcopunk, que tenía en la pared un póster del Che o de Bakunin, ya no recuerdo, y un colchón de viscolatex, de esos que se pagan a mensualidades. El wey se puso bien violento, me acusó de haberle meado en la cama, me tiró la ropa fuera y me dijo: “Vete de aquí, cerda”. Otra vez me pasó con una chica. El chorretón le cayó en la cara y le entró una crisis de pánico porque pensó que le había pegado el VIH. Una pija.

Solo un par de experiencias feas; has tenido suerte.
Antes de meterme en la cama con alguien le echo bien el ojo y me fijo en su entorno, en cómo se mueve, en lo que habla. Parece que con esto del devenir perra, del pornoterrorismo y del posporno nos metiéramos en la cama con cualquiera pero, en realidad, somos bastantes selectivas. No me apetece nada tener malas experiencias porque tengo unas prácticas que no son normativas. Para mí ser prosex no es follar con cualquier cosa que se mueva, sino tener presentes los cuidados, las afinidades ideológicas, políticas, corporales y emocionales de las personas con las que nos acostamos. Prosex dirán que son todos los machirulos que van al fútbol porque les encantaría follar con una diferente cada día, pero eso no tiene nada que ver con mi idea feminista del término.

¿Cómo has hecho posible "Coño potens"? Encerrada en una biblioteca no te veo…
No, no; soy del software libre y de la navegación por la infranet, donde encuentras todo lo que quieras, desde un riñón hasta artículos científicos. Este libro es el resultado de una investigación hecha prácticamente por la red y del montón de información y de dudas que salieron en los más de 200 talleres que he dado hasta ahora. En un punto resolver esos enigmas me divierte; de pequeña quería ser detective (risas). Sayak Valencia, mi única amiga académica, me pasó una web fantástica en la que descargar artículos gratis.

¿Y a partir de ahora?
De no haber sabido bien inglés este libro no habría sido posible. Por eso, mi idea es ponerme a traducir artículos y, poco a poco, ir subiéndolos a yeswecum.org, web que he creado para compartir el conocimiento colectivo. He escrito este libro también para ver si encuentro colaboraciones de personas de diversas ramas y generar así una red de conocimiento. No tengo ninguna intención de pasarme la vida en una biblioteca, la verdad. Cuando termine la gira de presentaciones por aquí, Italia y México, me iré de vacaciones a Cancún a traducir textos, en una hamaca con mi mojito. Me lo merezco (risas).

En pocas palabras
Lo sugerente: La voz grave de una mujer hablando de feminismo
Lo deserotizante: Una manicura francesa, ¡puaj!
Lo pendiente: Un libro o sortilegio escrito que nos ayude a actuar con más ética y menos prepotencia
Un éxito: Que un coño consiga eyacular tras uno de mis talleres
Algo como para tirar la toalla: Mmm… ¿la muerte?
Una feminista: Frieda
Una época: Esta
Un lugar en el mundo: Ciudad de México

Las mujeres tienen próstata y eyaculan
Conocida como Glándula de Skene y después como Punto G, en homenaje a dos médicos que estudiaron las glándulas parauretrales femeninas, la próstata de las mujeres tiene características similares a la de los hombres. En las mujeres discurre de forma paralela a la vagina y se encuentra enraizada en la uretra. Por eso, cuando crece al ser estimulada, causa la sensación de tener ganas de orinar. Ante la histórica negación de su existencia, se cree comúnmente que el líquido eyaculado por las mujeres es pis. Este es el motivo por el que las que eyaculan hacia afuera y provocan charcos más o menos abundantes sean muchas veces rechazadas por sus parejas sexuales. En consecuencia, acaban sintiendo vergüenza o culpa por vivir así este proceso fisiológico.

El tamaño de la próstata oscila entre los dos y los cinco centímetros, en reposo, —nada de ‘Punto’ G— y puede llegar a triplicarse cuando está llena. Al ser estimulada genera y almacena el líquido que expulsa en los momentos de intenso placer o durante el orgasmo. Todas las mujeres eyaculan. Hacia afuera, a través de los orificios destinados expresamente a esa función, o hacia la vejiga. En este último caso, el líquido eyaculatorio es desechado junto con la orina.

miércoles, 11 de marzo de 2015

#libros #sexualidad #mujeres | Coño potens : manual sobre su poder su próstata y sus fluidos

Coño potens : manual sobre su poder su próstata y sus fluidos / Diana J. Torres
Txalaparta, 2015 [03-11]
178 p.
Colección: Gebara
ISBN 9788416350100 / 16,99 €

/ ES / ENS
/ Coños / Disidencia sexual / Heteropatriarcado / Mujeres / Sexualidad / Transfeminismo
Ed. Open Access, a partir de 2016-03-08:
TEXTO COMPLETO | Pornoterrorismo
http://yeswecum.org/wp-content/uploads/2016/03/CONO-POTENS-VERSION-DIGITAL-Desconocido.pdf

Durante siglos, la ciencia médica ha sido uno de los principales enemigos del cuerpo y la sexualidad de las mujeres, silenciando realidades anatómicas y patologizando todo lo que no encajara dentro de los parámetros de la falocracia, la heterosexualidad y los roles binaristas de género. Las palabras de este ensayo brotan como puñales, desvelando uno de los aspectos más controvertidos de la sexualidad de los coños: su eyaculación. De forma didáctica, con bastante mala leche, desde una visión feminista radical y combativa, y partiendo de su propia experiencia personal y un largo proceso de investigación, la autora de “Pornoterrorismo” nos presenta un nuevo artefacto explosivo, una bomba líquida con la que hacer saltar por los aires la colonización heteropatriarcal que la medicina oficial ha llevado a cabo en cuerpos y mentes durante toda la historia.

Diana J. Torres (Madrid, 1981) fue criada en una amorosa y antiautoritaria familia de clase obrera con fuertes intereses artísticos. De este modo tuvo el privilegio de crecer en un entorno donde la imaginación, la expresión y la libertad eran los únicos caminos a seguir. Así, cuando entró en contacto con el llamado mundo real, se le hizo un terrible lugar donde habitar. Frustrada y decepcionada, devino feminista y luchadora y empezó a mostrar su descontento mediante los recitales de poesía en antros, antes de embarcarse en la performance radical, el trabajo literario, la acción directa y la organización de eventos. Como parte de su activismo feminista, Diana ha dado más de 100 talleres de eyaculación femenina que la han llevado por diversos lugares de Europa y México. En 2011, Txalaparta publicó su primer libro, “Pornoterrorismo”, que, posteriormente, fue editado en México por SurPlus (2013) y traducido al francés (Gatuzain, 2013) y al italiano (Malatempora, 2014).

ENLACES
Txalaparta | Coño potens

http://www.txalaparta.eus/libro/9314/co%C3%B1o-potens/
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DOCUMENTACIÓN
Lo que puede un coño

Diana J. Torres, ‘Pornoterrorista’, nos cuenta cómo descubrió que los charcos que acompañaban a sus orgasmos eran eyaculaciones y cómo se embarcó en una apasionante investigación sobre este proceso fisiológico invisibilizado por la ciencia médica y vivido con vergüenza por muchas mujeres.
Diana J. Torres | Pikara Magazine, 2015-03-03
http://www.pikaramagazine.com/2015/03/lo-que-puede-un-cono/

martes, 3 de marzo de 2015

#hemeroteca #sexualidad #mujeres | Lo que puede un coño


Lo que puede un coño
Diana J. Torres, ‘Pornoterrorista’, nos cuenta cómo descubrió que los charcos que acompañaban a sus orgasmos eran eyaculaciones y cómo se embarcó en una apasionante investigación sobre este proceso fisiológico invisibilizado por la ciencia médica y vivido con vergüenza por muchas mujeres.
Diana J. Torres | Pikara Magazine, 2015-03-03
http://www.pikaramagazine.com/2015/03/lo-que-puede-un-cono/

Todo empezó con unas sábanas negras. Cayeron en mis manos como un regalo de cumpleaños un 26 de enero en 2006 o 2005, la verdad, no recuerdo. ¡Mis primeras sábanas negras! Elegantes, suaves, sexys. Esa misma noche las estrené porque no hay mejor regalo de cumpleaños que unos buenos orgasmos.

Todo estaba en su sitio hasta la mañana siguiente. Cuando desperté, por supuesto con una resaca enorme y mi cerebro trabajando en sus mínimas funciones, me levanté a mear y al volver a la habitación fue cuando lo vi: un enorme cerco blanco, que parecía el puto mapa de África, estaba dibujado en mis sábanas negras. Lo que por la noche había sido un charco inmenso (porque no hay mejor regalo de cumpleaños que unos orgasmos, pero bien mojados), la luz del sol lo había transformado en un dibujo tras el cual residían muchas respuestas ansiadas. ¿Qué coño es esto? ¿No era pis?

Quedé unos minutos simplemente contemplándolo. Luego lo olí, lo lamí, lo emborroné con el dedo. Y una avalancha de recuerdos inconexos vinieron a mi cabeza para formular uno de los mejores “clicks” que he tenido jamás: ¡No me meo!

Hasta ese día siempre pensé que era pis. Que una de las características exóticas de mi sexualidad era que cuando me follaban relativamente fuerte y bien, de mi coño salía orina a borbotones. Un problema muy común cuando no nos cuentan que tenemos la posibilidad de hacer algo es que ese algo sencillamente no existe.

Afortunadamente mi caso es particular: tuve el grandísimo privilegio de crecer en un entorno bastante positivo a nivel sexual y mi cuerpo nunca fue un desconocido o algo de lo que avergonzarme, mi manera de vivir mis “meadas” orgásmicas siempre fue buena. Por muchos años creí que así funcionaba mi coño y que a quien le gustara perfecto y a quien no, “puerta”. Más tarde supe que la gran mayoría de mujeres que eyaculan se sienten mal por este hecho.

Pero en ese día, frente a aquel cerco, decidí que todas las experiencias acuáticas que había tenido hasta la fecha estaban cargando una mentira. Aquello no era pis. No me estaba meando.

Como buena hija del patriarcado y del capitalismo (porque aunque te críes entre hippies hay cosas de las que no pueden salvarte), cuando decidí empezar a buscar respuestas recurrí a la ciencia médica. Así me planté yo, toda confiada en el templo del saber, durante unos días, en el apartado de ginecología de la biblioteca de una gran universidad. Leí y leí en busca de algo que pudiera explicar ese cerco blanco. Lo que encontré fue básicamente algo profundamente ofensivo para cualquier mujer con un mínimo de sexualidad autónoma o disidente y extremadamente molesto para cualquier conciencia feminista. Ya sabemos que cuando una es feminista se pasa la vida enfadada, pero aquello sobrepasaba todos los límites. Básicamente, y para resumiros mi calvario, descubrí que la ginecología divide nuestros cuerpos en dos de una manera bastante esencialista: lo que sirve para la reproducción de la especie y lo que no. Todo lo que no es ovario es prescindible y “accesorio”. O en otras palabras: todo lo relacionado con el placer no interesa. No me fue mucho mejor en la sección de anatomía: había deliberados huecos en blanco en todas esas ilustraciones, huecos en blanco maléficamente situados.

Después de esa gran decepción, que más que respuestas me generó bastante rabia, decidí buscar por otras vías. Para entonces ya tenía suficientemente claro que los enemigos de nuestros coños eran el patriarcado y la Iglesia católica. Y siguiendo la premisa de que sólo en sociedades como la nuestra pasaban cosas así, decidí investigar en otras culturas o en otros momentos en los que Occidente no estaba tan envenenado con el catolicismo. Es así como llegué a algunas de las informaciones más valiosas. En la antigua China y en la India, la eyaculación de los coños era un líquido sagrado que cualquier amante que se preciara debía extraer antes de intentar cualquier tipo de penetración. Descubrí también que, para uno de los pocos matriarcados vigentes que el colonialismo no ha podido contaminar, las Batoro de Uganda/Rwanda, la eyaculación forma parte de uno de los rituales más importantes a través del cual las niñas se convierten en mujeres y que son las señoras mayores las encargadas de ayudarlas a eyacular.

En ese momento ya tuve bien claro que esas “meadas” que me habían acontecido desde siempre no eran pis sino eyaculación.

Comencé a recavar información por la red, siendo lo suficientemente prudente como para no caer en las manipulaciones mediáticas que sobre la eyaculación de los coños circulan. El artículo, por poner un ejemplo, de la Wikipedia, era terrible (hablo de 2008, ahora lo han apañado medianamente). Mencionaba más veces la palabra “pene” que la palabra “vagina”, como si fuera imposible hablar de una cosa sin la otra. Miles de artículos sobre el maldito Punto G y nuestras eyaculaciones que estaban principalmente orientados a enseñar a los hombres cómo hacer estallar en chorros a sus mujeres. Y entre toda esa bazofia también di con algunos textos bastante reveladores sobre el origen de mis tsunamis sexuales.

Una vez que tuve plena conciencia de que el órgano (sí, órgano) que generaba tales líquidos era mi próstata, todo el resto de información útil empezó a fluir.

Resultó que esa próstata traía incrustado el apellido de un señor ilustre que alrededor del año 1880 “descubrió” que las glándulas parauretrales de las mujeres tenían un sospechoso parecido con las de los hombres. En su época, por supuesto, hubiera sido demasiado atrevido decir que se trataba de lo mismo, así que las bautizó como glándulas de Skene y así han seguido llamándose hasta ahora a pesar de que desde el 2004 el Comité Federativo de Terminología Anatómica decidió establecer para ellas el sinónimo de “próstata femenina”.

Después del señor Skene vino el señor Gräfenberg, que avanzó significativamente en el estudio de este órgano llegando a conclusiones también bastante inadecuadas para su momento histórico (1950). Decía en sus escritos que las analogías con la próstata masculina eran ineludibles y que además el líquido hallado en esas “expulsiones orgásmicas” poco o nada tenía que ver con la orina. De él y a raíz de sus estudios salió toda la idea del Punto G (esa G es precisamente la inicial de su apellido). Tres personas pseudocientíficas escribieron el libro sobre sexualidad posiblemente más vendido de todos los tiempos, ‘El Punto G y otros descubrimientos recientes sobre sexualidad humana’, que fue publicado en Estados Unidos en el año 1982 y que se basaba en la idea de que dentro de la vagina teníamos un “punto” (jamás llamaría así a un órgano que puede medir 5 centímetros) que podía proporcionarnos un orgasmo sideral y también provocar una eyaculación.

Me voy a explicar bien. Lo que me jode del Punto G son principalmente tres cosas:

1) Apareció en un momento en que las feministas habían hecho un grandísimo trabajo para plantear que el clítoris es el único dispensador de orgasmos en el cuerpo de las mujeres, desbancando así toda la maldita teoría falocéntrica del sexo. Este libro cometió el grandísimo error de hacer creer a muchas que en realidad el placer correcto, el placer esperado, estaba dentro de la vagina, de nuevo hacia el punto de partida… El Punto G ralentizó ese protagonismo que el clítoris, una vez fuera de la patologización histérica que durante siglos sufrió, estaba tomando e impulsó una excusa perfecta para que el falocentrismo no se sintiera incómodo con el cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

2) Hizo y hace (y por desgracia hará) perder el tiempo a muchísimas personas que, absorbidas por la presión de la corrección sexual, se la pasan buscando ese “punto”, tan misterioso a veces como el Triángulo de las Bermudas, que muy posiblemente jamás aparecerá. Porque para empezar no es un “punto” sino un órgano con su localización y funciones relativamente exactas en cada cuerpo y, segundo, porque cuando se habla de eufemismos acerca de nuestra anatomía, cualquier forma de conocimiento verdadero se transforma en un laberinto insondable.

3) Muchas feministas cayeron en la trampa y, en lugar de leer detenidamente los escritos del señor G o de tratar de buscar en los artículos científicos que desde entonces ya afirmaban que nosotras también tenemos próstata, se dedicaron a expandir la idea de ese lugar casi místico de las vaginas donde reside un placer y un poder estratosféricos. De hecho, una buena parte de la bibliografía feminista en torno a la eyaculación habla de Punto G sin siquiera cuestionar que ese nombre es bien patriarcal y bien manipulador.

Yo misma tuve mis dudas a la hora de hablar de “próstata”. Venía a mi mente constantemente esa idea feminista de que no necesitamos el cuerpo de los hombres para nombrarnos y que provenía del rechazo a nombrar el clítoris como un pene pequeño. Pero la verdad es que una se pone seriamente a leer sobre anatomía y se da cuenta de que no hay nada más “queer” que la propia realidad de los cuerpos. Que eso de que el género es nomás una performance perversa que sustenta la dominación patriarcal se convierte en algo absolutamente real cuando el cuerpo es observado desde una mente crítica y curiosa. Así, del mismo modo que tenemos pulmones o corazón, tenemos próstata. Y ésta tiene prácticamente idéntica posición, forma y funciones que la de los cuerpos que el Estado y la medicina diagnostican como varones.

¿Acaso hay algo más feminista que mandar a la mierda los géneros? Nuestros cuerpos, nuestras entrañas, están ahí para decirnos exactamente eso, que lo que nuestras sociedades de mierda se empeñan en perpetuar no tiene ningún tipo de sustento fisiológico.

Durante 8 años he investigado este tema en profundidad, como digo, de forma obsesivo-compulsiva. Eso, sumado a las interacciones con otros coños durante los más de 200 talleres de eyaculación que he hecho a lo largo del mundo, me ha dado una ingente cantidad de información e ideas que considero relevante para cualquier persona con un coño entre las piernas: las causas políticas del silenciamiento de la eyaculación y la próstata de los coños; la relevancia que tiene en otras culturas; cómo es y cómo funciona el órgano; los diversos “exorcismos” necesarios para restaurarla en nuestro mapa mental; las “técnicas” para tratar de conseguir eyacular; de qué maneras se representa en la pornografía, o lo interesante que puede ser el formato taller como forma de intercambio de conocimiento.

Por eso he tenido que escribir un libro. 10.000 caracteres con espacios no dan para nada si pensamos en el milenario crimen que pesa sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros grifos cerrados a golpe de manipulación.