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viernes, 28 de marzo de 2025

#libros #ideologiadeodio | Las guerras de género : la política sexual de las derechas radicales

Las guerras de género : la política sexual de las derechas radicales / Nuria Alabao.
Pamplona : Katakrak, 2025 [03-28].
312 p.

/ ES / Libros / ENS / Extrema derecha / Género / Ideología de odio / Antifeminismo / Anti-LGTBI / Política / Ultras

📘 Ed. impresa: ISBN 9788416946594 / 21.00 €
📝 Cita APA-7: Alabao, Nuria (2025). Las guerras de género : la política sexual de las derechas radicales. Katakrak.
🔓 Ed. digital: Open Access / RE-Katakrak

https://katakrak.net/cas/editorial/libro/las-guerras-de-g-nero

En marzo de 2019, Świdnik fue la primera ciudad polaca en convertirse en «zona libre de LGTBI». El consejo municipal declaró que su objetivo era proteger a menores y familias de la «propaganda homosexual» y la «degeneración». A finales de junio de 2020, en torno a cien municipios y cuatro provincias habían adoptado resoluciones parecidas. Los ejemplos de este tipo son infinitos: ¿a qué estrategia política responden?

Las movilizaciones contra los derechos reproductivos en Polonia, el neocatolicismo de Giorgia Meloni en Italia o la retórica antifeminista de Vox en España se impulsan en pánicos morales y buscan reconfigurar el panorama político. Al mismo tiempo, estas guerras culturales mantienen activas a las bases de las derechas radicales a través de fake news y de narrativas muy agresivas.

Estos discursos y los ataques a algunos derechos relacionados con el género son parte de proyectos reaccionarios que buscan consolidar las jerarquías de poder y la desigualdad social en un contexto de crisis económica. Sus palancas políticas son la oposición tanto a los valores de la contracultura del 68 integrados en la gobernanza capitalista como a las conquistas del feminismo.

En esta ocasión, Nuria Alabao analiza los elementos centrales de este movimiento ultraconservador global en relación a las cuestiones de género.

😏 Nuria Alabao (1976, Valencia). Investigadora y activista. Licenciada en periodismo por la Universidad Pompeu Fabra. Doctora en Antropología por la Universidad de Barcelona. Coordina la sección de Feminismos de Ctxt.es y forma parte del colectivo editor del medio Zona de Estrategia, revista de investigación militante que pertenece al área política de la autonomía. Estudia el tratamiento de las cuestiones de género en la reacción conservadora —antifeminismos, extremas derechas, etcétera— y sus entrecruzamientos con las migraciones y los procesos de racialización. Su producción de conocimiento surge y se nutre de las discusiones colectivas de las organizaciones sociales de base y sus formas de resistencia. Su libro anterior es ‘Las fronteras de la Salud. La tuberculosis, la desigualdad y sus metáforas’ (Bellaterra/Tigre de paper, 2024).

viernes, 17 de enero de 2025

#hemeroteca #mujeres #activismo | Sindicato de Inquilinas, Afroféminas o Las Kellys: por qué es tan relevante que las mujeres conquisten más espacios de protesta

Una protesta de 'Las Kellys' en Barcelona //

Sindicato de Inquilinas, Afroféminas o Las Kellys: por qué es tan relevante que las mujeres conquisten más espacios de protesta

Además de las asociaciones feministas, actualmente hay otros colectivos encabezados por mujeres que demuestran un gran compromiso por cambiar situaciones injustas, donde la mirada femenina es crucial para buscar soluciones reales
Mar Carmena | El País, 2025-01-17
https://elpais.com/smoda/feminismo/2025-01-17/sindicato-de-inquilinas-afrofeminas-o-las-kellys-por-que-es-tan-relevante-que-las-mujeres-conquisten-mas-espacios-de-protesta.html

Cuando unimos las palabras mujeres y activismo inmediatamente se nos viene a la cabeza las movilizaciones feministas de 2018 y 2019: “La masividad de las marchas, su resonancia en los medios y en la agenda política del gobierno hizo que muchas mujeres descubrieran su capacidad para contribuir y cambiar el estado de cosas”, explica Patricia García Espín, profesora en el departamento de sociología de la Universidad de Granada. Sin duda, el 8M cambió la forma en que se percibe su papel en la lucha social, pero su implicación abarca muchos otros espacios anteriormente conformados mayoritariamente por hombres: ”Investigaciones recientes en España revelan que las mujeres intervienen de manera casi paritaria en la mayoría de las formas de participación desde hace unos 15 años. La antigua división en la que ellos copaban los espacios de la esfera pública y ellas eran expulsadas al ámbito doméstico se ha desgastado en las últimas dos décadas”, afirma la experta.

Las mujeres siempre han estado activas: una parte de ellas silenciadas, en los márgenes, construyendo a oscuros pilares de cooperación y sororidad; otra, con hitos visibles—aunque eclipsados por el protagonismo de los logros masculinos—, como la huelga de las cigarreras de Gijón en 1903 o la formación del primer sindicato femenino de Arte Fabril y Textil de Barcelona en 1913. A día de hoy, la mayor inclusión de las mujeres en la participación pública ofrece nuevos puntos de vista, generalmente más inclusivos. Ejemplo de ello es el Sindicato de Inquilinas, que lucha para que el alquiler sea una opción de acceso a la vivienda asequible y estable. Valeria Racu, su portavoz, afirma que en esta organización hay más mujeres, más disidencias sexuales y de género y más personas racializadas. Según ella, estas personas han estado históricamente presentes, ya que los colectivos oprimidos se componen por quienes realizan tareas esenciales que no son valoradas ni económica ni socialmente, como tejer comunidad: “Anteriormente, hemos colaborado entre nosotras, pero ahora hemos ganado fuerza y visibilidad. Hoy estas labores ya no son algo marginal, sino una cuestión que hemos puesto en el centro: la importancia de la colectividad no solo para sostener la vida, sino también para luchar por mejorarla”.

La perspectiva de género, imprescindible en la lucha social
“La revolución será feminista o no será” es una frase rotunda que puede leerse en pancartas y títulos de libros, escucharse en las bocas de diputadas y vestirse estampada en camisetas. Lo que viene a decir es que sin perspectiva de género no es posible que exista un verdadero cambio para todas y todos; no profundizar en la situación de las mujeres dentro de los problemas sociales supone obviar una gran parte de la realidad. Por eso, que los sindicatos y asociaciones partan del feminismo como pilar permite cubrir más problemáticas que, de lo contrario, corren el riesgo de no ser atendidas: “Tenemos claro que la única forma de mejorar la vida es no dejando a nadie atrás. El patriarcado y el neoliberalismo promueven la competición y el aislamiento, pero lo que hacemos gracias al feminismo y el sindicalismo es romper con estas ideas, apoyarnos mutuamente y cooperar”, explica Valeria Racu.

Por otra parte, Antoinette Torres Soler, mujer afrodescendiente, migrante en España y presidenta de Afroféminas, explica que en la lucha antirracista ocurre lo mismo: “La colaboración ha sido una necesidad para las mujeres negras en particular. Nuestras redes de apoyo vienen del tiempo en que sufrimos la esclavitud, por lo que para nosotras la cooperación es lo natural”.

Asociaciones como Las Kellys, formada por camareras de piso, deben su germen inicial también al desahogo colectivo. Lo que comenzó con denuncias en Internet terminó derivando en una agrupación, autoorganizada dirigida a una amplia diversidad de mujeres, tal y como indica su manifiesto: “En Las Kellys hay algunas están en paro, otras en activo, algunas de prácticas, otras son eventuales, algunas están afiliadas a diferentes sindicatos, otras a ninguno, algunas son españolas, otras extranjeras...”

Conquistar espacios para no ser invisibles

Con respecto al sindicalismo, Eva Bermúdez Figueroa y Beltrán Roca Martínez ambos profesores de sociología en la Universidad de Cádiz, escriben en su artículo ‘Participación de mujeres en el movimiento sindical. Análisis desde la perspectiva de los recursos de poder’ que en los sindicatos las mujeres “no han existido como personas con identidad propia y han sido invisibilizadas por la historia, la literatura y las propias organizaciones, que han presentado una clara hegemonía masculina”. En este texto se recogen, además, testimonios de mujeres sindicalistas que afirman haberse sentido infravaloradas en los sindicatos, y que han tenido dificultades para afiliarse y participar por cuestiones de conciliación familiar. Por eso, se crean asociaciones explícitamente femeninas que nacen con el fin de paliar estas carencias. Al igual que en el cine se habla de la ‘female gaze’ o mirada femenina —que pone sobre la mesa la perspectiva de la espectadora o directora y dota de capacidad de acción a las mujeres en la pantalla—, en la lucha social también es necesaria esta visión para que se genere un discurso en primera persona.

En el caso de Afroféminas: a pesar de haber nacido como un medio de comunicación, terminó convirtiéndose además en una asociación porque, según su fundadora, era el paso lógico que permitía trabajar en temas sociales y denunciar delitos de odio. Antoinette observó con preocupación la situación de la mujer negra, por lo que decidió crear un medio que hablase para ellas: “Siempre fuimos una asociación feminista negra. Se creó para y por las mujeres negras. Los hombres negros monopolizaban muchos liderazgos y nosotras queríamos otras cosas”.

Efectivamente, existen ciertas complejidades sobre las que nadie puede tener más conocimiento que las mujeres, ya que son quienes las sufren. Por ejemplo, explica Patricia Espín que, desde que las mujeres se incorporaron plenamente al mercado laboral, ha habido un aumento de afiliadas a sindicatos que se ha traducido en nuevas reivindicaciones como la conciliación: “Ellas se replantean cómo hacer las organizaciones más inclusivas y accesibles. Su enfoque ha sido fundamental en la creación de agendas”.

Las mujeres han cooperado desde siempre para sobrevivir a la esclavitud, a la marginación y a la violencia: en las fábricas, en las huelgas, en las familias. Hoy, más visibles que nunca, continúan conquistando poco a poco las calles, las asociaciones, las empresas, los sindicatos, los hogares y, en definitiva, la vida.

jueves, 12 de diciembre de 2024

#libros #cisheteronorma | Democracia no binaria : reflexiones interdisciplinares sobre la des-sexualización de la ciudadanía

Democracia no binaria : reflexiones interdisciplinares sobre la des-sexualización de la ciudadanía / Blanca Rodríguez Ruiz (dir.) , Luísa Winter Pereira (coord.).

Granada : Comares, 2024 [12-12].
416 p.

/ ES / Libros / ENS / REC / Activismo / Binarismo / Cisheteronorma / Género / Identidad no binaria

📘 Ed. impresa: ISBN 9788413698687 / 35.00 €
📝 Cita APA-7: Rodríguez Ruiz, Blanca (dir.), Winter Pereira, Luísa (coord.) (2024). Democracia no binaria : reflexiones interdisciplinares sobre la des-sexualización de la ciudadanía. Comares.


Si la modernidad se caracteriza por organizar la convivencia ciudadana con base en un sistema sexo-género binario, dicotómico y jerarquizado, dividiéndonos en varones y mujeres y consagrando la superioridad de los primeros, el feminismo viene concentrándose prevalentemente en deconstruir esta jerarquía. Menos atención suele prestarse al binarismo moderno, que excluye a quienes no encajan en sus parámetros dicotómicos, produciendo identidades invisibles al tiempo que se entroniza lo masculino como punto de referencia normativo y epistémico. Esta obra colectiva nos sumerge en el análisis crítico del género moderno a través de sus exclusiones, las realidades no binarias, no cisheteronormativas. Lo hace arrojando sobre ellas una mirada poliédrica, interdisciplinar, imprescindible para dar forma a un doble objetivo: comprender las dimensiones superpuestas en que opera la exclusión moderna de lo no binario, y articular vías teóricas y prácticas que permitan revertirla. La filosofía, la antropología, la ciencia política, la historia, los estudios sociales, perspectivas jurídicas diversas y comparadas; sus enfoques confluyen en este libro y entran en diálogo con narrativas procedentes del activismo y experiencias de vida, en el compromiso compartido de elaborar un tejido argumental para una ciudadanía sexogenérica tan inclusiva como paritaria. En el centro de dicha confluencia se encuentra la reivindicación del cuerpo como soporte de ciudadanía, y la afirmación del principio de autonomía (relacional), de la autonormatividad como base axiológica que por definición sustenta todo sistema democrático.

😏 Blanca Rodríguez Ruiz es Profesora Titular en el Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla. Doctora en Derecho por el Instituto Universitario Europeo (Florencia), su investigación gira en torno a la autonomía relacional como principio axial de la convivencia democrática, desde el que aborda con perspectiva crítica de género la construcción teórica del Estado, de la ciudadanía democrática, y de los derechos fundamentales como instrumentales a ambas. Destaca, en relación con esta obra colectiva, su labor como Investigadora Principal del Proyecto de Investigación Ciudadanía sexuada e identidades no binarias: de la no discriminación a la integración ciudadana (Binasex - Bina?ex), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, y como responsable académica de la Clínica Legal en Derechos Fundamentales de la Universidad de Sevilla.

😏 Luísa Winter Pereira es investigadora en el Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla. También trabajó en el Centro de Estudos Sociais de la Universidade de Coimbra. Licenciada en Derecho por la Universidade Federal do Paraná (Brasil) y Erasmus Mundus Master´s Degree in Women´s and Gender Studies (Uniwersytet Lódzki, Polonia, y Universidad de Granada, España). Integrante del Proyecto de Investigación Ciudadanía sexuada e identidades no binarias: de la no discriminación a la integración ciudadana (Binasex - Bina?ex). Trabaja sobre las exclusiones ontológicas del constitucionalismo moderno/colonial, con especial énfasis en corporalidades sexualizadas y racializadas.

lunes, 17 de junio de 2024

#hemeroteka #generoa #transfeminismoa | Zergatik sentitzen duzun

Unsplash / Hulki Okan Tabak //

Zergatik sentitzen duzun

Iñi Etxezarreta · Militante transfeminista | Erria, 2024-06-17

https://erria.eus/sinadurak/zergatik-sentitzen-duzun

Baina ez da sentimendu bat. Generoa ez da sentimendu bat, sexua ez den bezala (finean, gauza bera direlako). Ez duzu modu primario eta esentzialen sentitzen, ez dago zure gizontasuna sortzeko hormonen aliantza eta prozesu kimiko antolatu eta primitiborik. TERFen (euskaraz muturreko feminista transbaztertzaileak) aldarri ere bihurtu da hau, haiek, esentzialismotik, guk, ordea, transfeminismotik.

Alderatu hau zuria izatearekin, errazagoa zaigu identifikatzen zuriak eta beltzak sortuak izan diren kategoria batzuk direla, ez direla sentimendu bat, baizik eta munduarekin harremantzeko, munduan egoteko eta batak bestea azpiratzeko gorputz batzuei eta besteei ezartzen zaizkien aldagai ezberdinen pilaketa, hain zuzen ere.
“Generoa ez da izan, baizik eta egin. Jaio aurretik sexuaren diagnostikoa egin eta segidan ezartzen diren rol, espektatiba, desira, jarrera eta ikuskerak dira, antzeztu egiten direnak, hau da, egin egiten dira”
Baina sentitzen duzu, kontrara, ile motzarekin hobeto ikusten zarela, eta futbolarekin bene-benetan disfrutatzen duzula eta emozioak aztoratzen zaizkizula, eta azkarrago korritzen zara ipurditik zakila sartzen baduzu alutik beharrean (ez da penetrazioa analaren kontrako aldarri bat hau), eta berdin zaizula benetan besteak zer esango duen zuk arrazoia duzula uste duzulako, benetan uste duzu. Ez duzu sentitzen sostengatu behar duzunik, beste batzuek sostengatzen ez badute beste inork egingo ez duela sentitzen duten bezala. Ez duzu sentitzen ez zaintzearen kulpa. Baina zergatik sentitzen duzu, orduan, ez bada sentimendu bat?

Performatu eta errepikatzen duzulako (Butler, 1990). Generoa ez da izan, baizik eta egin. Jaio aurretik sexuaren diagnostikoa egin eta segidan ezartzen diren rol, espektatiba, desira, jarrera eta ikuskerak dira, antzeztu egiten direnak, hau da, egin egiten dira. Horiek errepikatzeren ondorioz barneratzen dugu, inkontzienteki, irrazionalki, automatikoki, eta horrela sortzen da genero identitatea.

Horregatik sartzen gara askotan kontraesanean politikoki egin behar duguna eta antzematen dugunaren artean, gorputza aldarazia izan delako modu zehatz batean funtzionatu dezan. Gizontasunari aurre egiteko, beraz, kategorietara joan behar gara, ez jarrera zehatz edo neurrietara. Horiek estrategikoak izango dira testuinguru, espazio, antolakunde edo komunitate batean, baina gizontasunaren gatazkatsuena, propio, izana bera da, identitatea, gizonen izaerak eta pertsonalitateak, alegia.

Hortaz, gizontasunetik deslotzeko bidea ez da izango jarrera batzuk aldarazteko neurrietatik, baizik eta munduan egoteko tokia aldatzetik. Nola egin dezakegu hau? Bada, ditugun desira heteroarautu (ez soilik erotikoak, baizik eta bizi-ereduari lorturikoak) batzuk ez materializatzeko erabakiak hartzen. Gai izan gara indarkeria matxista eta LGTBIfobikoaren gaineko etika feminista bat sortzen, eta horrek (beste gauza askorekin batera), desira batzuen eta horiek materializatu bitarteko prozesu batzuk moztu ditu.
“Gizontasunetik deslotzeko bidea ez da izango jarrera batzuk aldarazteko neurrietatik, baizik eta munduan egoteko tokia aldatzetik. Nola egin dezakegu hau? Bada, ditugun desira heteroarautu batzuk ez materializatzeko erabakiak hartzen”
Hortaz, desira batzuk ez materializatzearen ardura kolektibizatu egin behar da, ezin da soilik ekarpen indibidual moduan proposatu, baizik eta urrats kolektibo eta kualitatibo moduan antolatu behar da. Hori, eta zaindu, gizona bazara, zaindu. Baina ez hitzaren esanahi erromantikotik, baizik eta bizitza sostengatzeko eta aurrera eraman ahal izateko egin behar den lana, denbora eta ardura hartzen, beste batzuek egiten dutelako zuregatik orain, doanik edo oso egoera prekarizatuetan.

Finean, gizonak eta emakumeak desagerrarazteaz ari gara. Baina lasai, izan ere, tamalez, hau oraindik ez da pasako. Bitartean, generotik deslotu ahal izateko egitura zehatzak sortu behar dira (Goikoetxea, 2021) ezin delako soilik erabaki indibidualetik pasa eta, horretarako, Euskal Estatu Feminista behar dugu ezinbestean.

jueves, 9 de mayo de 2024

#hemeroteca #genero | Una investigación logra identificar la distribución geográfica de la pobreza energética según el género partiendo de datos públicos

Jon Terés Zubiaga, profesor e investigador de la Escuela de Ingeniería de Bilbao //

Una investigación logra identificar la distribución geográfica de la pobreza energética según el género partiendo de datos públicos

Desarrollan una metodología que facilita la incorporación de la perspectiva de género en las políticas destinadas a reducir la pobreza energética
UPV/EHU, Campusa, 2024-05-09
https://www.ehu.eus/es/web/guest/-/ikerketa-batek-lortu-du-pobrezia-energetikoaren-banaketa-geografikoa-generoaren-arabera-identifikatzea-datu-publikoetatik-abiatuta

Un trabajo codirigido por Jon Terés Zubiaga, profesor e Investigador de la Escuela de Ingeniería de Bilbao de la UPV/EHU, ha desarrollado una metodología que utiliza información de carácter público para analizar la vulnerabilidad energética. Permite detectar las zonas geográficas que podrían ser susceptibles de sufrir pobreza energética y aporta información sobre la incidencia que tiene el género en la vulnerabilidad energética de cada área.

Combatir la exclusión energética es uno de los grandes desafíos actuales, dado que se trata de un fenómeno que afecta a la salud, el bienestar, la inclusión social y la calidad de vida de muchas personas. En la Unión Europea se calcula que 36 millones de habitantes tienen dificultades para satisfacer sus necesidades energéticas básicas, y luchar contra ello es todo un reto para las administraciones públicas. Estas requieren instrumentos de diagnóstico que les permitan conocer cómo se distribuye geográficamente la pobreza energética y de qué manera afecta a diferentes colectivos, dado que la vulnerabilidad energética varía en función de las características demográficas y socioeconómicas.

Un ejemplo de ello es el género. Diversos estudios han demostrado que las mujeres son más susceptibles que los hombres de tener dificultades de acceso a la energía. De manera que para que las políticas destinadas a reducir la vulnerabilidad energética tengan en cuenta la perspectiva de género, se necesitan herramientas que permitan evaluar la incidencia del género en los diferentes factores que afectan al acceso a la energía (edad, situación laboral, número de progenitores de la familia, etcétera).

Con el propósito de contribuir a esa tarea, el Departamento de Ingeniería Energética de la UPV/EHU ha explorado “el potencial de los datos demográficos y socioeconómicos de acceso público para identificar la distribución espacial de la pobreza energética en un determinado territorio”, explica Jon Terés Zubiaga, investigador del proyecto. Se trata de datos disponibles en las bases de datos de acceso público, como estadísticas municipales, catastros o datos obtenidos mediante encuestas realizadas por los organismos autonómicos y nacionales de estadística.

Junto con el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja y la Universidad de Mons (Bélgica), en este estudio se ha conseguido desarrollar una metodología que aprovecha los datos geográficos públicos que se recogen de manera desagregada. Es decir, que presentan información separada para mujeres y hombres. Esto les ha permitido crear un método capaz de localizar las zonas más vulnerables energéticamente indicando de qué manera influye específicamente a las mujeres y a los hombres. De manera que las administraciones responsables de adoptar las medidas para reducir la pobreza energética podrían emplearla para tener una radiografía más específica del lugar y diseñar políticas y ayudas más efectivas.

El profesor de la UPV/EHU destaca algunas ventajas de emplear datos de acceso público: “Facilita la recolecta de información, y como las bases de datos públicas están en continua actualización, permite revisar las evaluaciones de forma periódica. Esto puede ser útil para que una administración que ha implementado unas medidas concretas en aspectos de vulnerabilidad energética pueda analizar si están siendo efectivas”.

Terés Zubiaga subraya que el método es útil para hacer un diagnóstico preliminar. “Permite realizar una primera aproximación; detectar los puntos calientes de vulnerabilidad energética dentro de un territorio. Una vez que salta la alarma en una zona, para que la evaluación fuese más detallada, el siguiente paso sería analizar la situación con métodos más intensivos que permitan realmente diseñar medidas específicas”.

Metodología visual con múltiples posibilidades

Además, la metodología desarrollada muestra los resultados obtenidos de manera visual. Emplea sistemas geográficos de información y representa los datos en mapas. Esto permite identificar si se dan patrones espaciales específicos o correlaciones dentro del territorio analizado. Por ejemplo, en el estudio que han realizado en Madrid, se observa que en el sur hay una mayor acumulación de vulnerabilidad que en el norte. Y estudiando con más detalle las tendencias de las diferentes zonas, la metodología puede ayudar a identificar las posibles variables que están dando pie a esos escenarios.

Otro aspecto positivo de utilizar datos de acceso público es que permite que la metodología sea aplicable en todo tipo de entornos. Si bien el equipo de investigación ha testeado el funcionamiento de la metodología en Madrid, en realidad puede ser aplicada en diferentes contextos (urbanos o rurales) y a escalas variadas (barrio, ciudad, provincia...). Todo depende de las necesidades de quienes realicen las evaluaciones.

Por último, cabe destacar que la metodología es capaz de cruzar los resultados obtenidos con evaluaciones anteriores, dando la posibilidad de comprobar si las conclusiones varían o no cuando se incorpora el análisis de género.

Información complementaria
Este trabajo se ha desarrollado en el marco del Máster Erasmus Mundus en Comunidades y Ciudades Inteligentes (SMACCs), titulación en la que Jon Terés Zubiaga, doctor de la Escuela de Ingeniería de Bilbao, imparte clase. Se trata del trabajo de fin de máster de Nayely B. Capetillo-Ordaz.

miércoles, 8 de mayo de 2024

#libros #queer | ¿Quién teme al género?

¿Quién teme al género? / Judith Butler ; traducción de Alicia Martorell Linares.

Barcelona : Paidós, 2024 [05-08].
384 p.
Serie: Biblioteca Judith Butler.

/ ES / Libros / ENS / Género / Ideología de odio / Queer / TERF / Trans

📘 Ed. impresa: ISBN 9788449342387 / 22,80 €
📝 Cita APA-7: Butler, Judith (2024). ¿Quién teme al género? Paidós.

Judith Butler, una de las figuras clave del pensamiento contemporáneo, presenta un libro contundente y combativo contra la grave amenaza del autoritarismo. Una intervención esencial sobre una de las cuestiones más delicadas de nuestro momento.

Judith Butler, cuyo pionero trabajo ha redefinido la forma en que pensamos sobre el género y la sexualidad, se enfrenta a los ataques contra el género que predominan en los movimientos de derecha actuales. Redes mundiales han fundado movimientos de ideología antigénero dedicados a hacer circular la fantasía de que el género es una amenaza peligrosa para las familias, las culturas locales, la civilización, e incluso para el propio «hombre». Inflamados por la retórica de figuras públicas, estos movimientos han intentado derogar la justicia reproductiva, socavar las protecciones contra la violencia y despojar de sus derechos a las personas trans y queer.

Pero, ¿qué es exactamente lo que perturba tanto del género? En este libro tan vital como valiente, Butler examina detenidamente cómo el género se ha convertido en un fantasma para los regímenes autoritarios emergentes, los grupos fascistas y las feministas transexcluyentes, y cómo funciona este fantasma. Operando en tándem con los engañosos relatos de la teoría crítica de la raza y el pánico xenófobo a la migración, el movimiento antigénero demoniza las luchas por la igualdad y deja a millones de personas vulnerables a la subyugación.

‘¿Quién teme al género? es un llamamiento audaz a todos aquellos que luchan por la igualdad y combaten la injusticia a formar una coalición. Imaginando nuevas posibilidades tanto para la libertad como para la solidaridad, Butler nos ofrece una obra esencialmente esperanzadora que es a la vez oportuna y atemporal.

👤 Judith Butler
ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica, Literatura comparada y Estudios de la Mujer en la Universidad de California (Berkeley), además de una de las figuras relevantes de la filosofía postestructuralista. Es, sin duda, una de las filósofas más influyentes e inspiradoras de teorías y conceptos en el campo de los estudios de género. Su libro ‘El género en disputa’ (Paidós, 2023) está considerado la obra fundadora de la teoría queer y es ya un clásico dentro de la teoría feminista. Butler sobrepasa el género y afirma que el sexo y la sexualidad lejos de ser algo natural son, como el género, algo construido. Llega a esta conclusión basándose en las teorías de Freud y sobre todo de Lacan Ha publicado también, entre otros títulos, ‘Mecanismos psíquicos del poder’ (1997), ‘Excitable Speech’ (1997) y ‘El grito de Antígona’ (2000).

domingo, 5 de mayo de 2024

#hemeroteca #queer | Judith Butler, filósofa: “Las feministas que no repudian a la derecha antigénero son sus cómplices”

Judith Butler //

Judith Butler, filósofa: “Las feministas que no repudian a la derecha antigénero son sus cómplices”

La intelectual estadounidense, una de las más influyentes de nuestro tiempo, regresa a su tema bandera con ‘¿Quién teme al género?’, libro en el que acusa a las feministas antitrans de formar “una alianza inconsciente” con las corrientes conservadoras, que han hecho del género una batalla cultural
Marc Bassets | El País, 2024-05-04
https://elpais.com/ideas/2024-05-05/judith-butler-filosofa-las-feministas-que-no-repudian-el-ataque-de-la-derecha-contra-el-genero-son-sus-complices.html 

De lejos, impone. El impacto de su obra en el debate público, raro en alguien de la academia. La prosa críptica. El estatus de símbolo en el que adoradores y enemigos proyectan sus fantasmas. Judith Butler (Cleveland, 68 años) es una de las figuras intelectuales más influyentes de nuestro tiempo. De cerca, es otra cosa. Aparece una persona menuda y de aspecto frágil en la puerta de La Coupole, la vieja 'brasserie' de escritores y artistas en el parisiense bulevar Montparnasse. En la conversación se descubre como una mente de acero, implacable: no deja pasar una. También irónica, sarcástica. Ligereza y sesuda seriedad. La profesora de la Universidad de Berkeley, California, que está en París porque ha participado en un ciclo en el Centre Pompidou, además de abrir el género, ha escrito ensayos sobre la violencia por parte de los Estados, la resistencia o el dolor, entre otros temas.

Butler, que se registró hace unos años como persona no binaria en California, explica cuando se le pregunta por los pronombres: “Es una forma de solidaridad con los otros ‘elles’ (‘theys’, en inglés) del mundo”. Cuando le decimos que la Real Academia Española no admite el pronombre elle, y le preguntamos qué hacer, responde: “Mencione esta norma, si El País quiere estar en conformidad con la Real Academia, pero ponga que es consciente de que no es correcto respecto a mí. Depende de usted. No soy la policía. No voy a decir: ‘Haga esto”.

Elle, pues, acaba de publicar ‘¿Quién teme al género?’ (Paidós, 2024, traducción de Alicia Martorell Linares), quizá el más accesible de sus libros desde que irrumpió en 1990 con ‘El género en disputa’, escrito en una jerga que espantaba a muchos lectores, un estilo que defendía diciendo que “sería un error pensar que la gramática heredada es el mejor vehículo para expresar ideas radicales”. Ahora opta por una mayor claridad: “Si hubiese sabido que 'El género en disputa' tendría una audiencia amplia, probablemente lo habría escrito de otra manera.”

Pregunta. Hablaba en 'El género en disputa' de su tío, “encarcelado debido a su cuerpo anatómicamente anómalo”. ¿Cómo influyó en su manera de entender el género?
Respuesta. Yo no era consciente, cuando crecía, de que tenía este tío. Nunca le vi. Mi madre nos decía que le mandaron a otro lugar, que no era capaz de pensar ni hablar, que no era comunicativo y que no podríamos visitarlo. Cuando murió, un primo mío descubrió que de hecho sí hablaba y que podríamos haberlo conocido. Con mi primo investigamos y preguntamos a mi madre, que ahora lamenta cómo se gestionó la vida de su hermano. Mi tío no desarrolló rasgos sexuales y mentales considerados normativos, y mi familia, al parecer, se sentía avergonzada de él, y le mandaron a una institución para personas desafiadas psicológicamente. ¿Estaba desafiado psicológicamente? ¿O respondía al rechazo por parte de su familia? La pregunta está abierta.

P. ¿Cómo era su familia?
R. Mis padres y abuelos, especialmente mis abuelos, se esforzaban por asimilarse a las normas culturales de Estados Unidos. Venían de Europa oriental y, al menos en el lado de mi madre, muchas personas en su familia eran judíos que fueron asesinados por los nazis. Así que a mi familia les preocupaban las apariencias. Copiaban las figuras de Hollywood y querían tener un aspecto muy americano, muy chic y elegante. El género era importante. Uno debía aparentar bien su género: ser un hombre guapo y una bella mujer. Crecí en este mundo de secretos e ideales de género. Y supongo que así empecé a pensar en la crueldad de las normas de género y en lo importante que es la libertad de género, la libertad de producir un mundo en el que las personas que no siempre encajan en la norma son libres de vivir y respirar, y ser aceptadas y amadas y reconocidas por ser quienes son, sin discriminación ni patología.

P. La idea del libro ‘¿Quién teme al género?’ parte de una experiencia de acoso y violencia en Brasil. ¿Qué ocurrió? ¿Y qué aprendió?
R. Quemaron una efigie mía en el exterior del centro cultural Sesc Pompeia en São Paulo, yo lo vi por internet, estaba escondida dentro. Era 2017. Después me acosaron en el aeropuerto cuando estaba marchándome con mi novia, mi pareja [la politóloga Wendy Brown], no mi mujer porque no quiere casarse conmigo. Llevamos 33 años en pareja y no quiere casarse conmigo, es marxista, no cree en esto [se ríe].

P. ¿Le gustaría a usted?
R. No, pero me gusta pedírselo, se lo pido siempre, es como una broma. Dice que debería divorciarse de mí si me casase con ella. Puede ponerlo en la entrevista.

P. Contaba que les acosaron en el aeropuerto.
R. Sí. Me decían: ‘¡Eres pedófila!’. O: ‘’¡Quite sus manos de nuestros hijos!’. Me confundió profundamente. Yo no había entendido que, al menos para algunas personas que forman parte del movimiento antigénero, si quitas la prohibición contra la homosexualidad, entonces se derrumba la prohibición de la sexualidad con los animales, con los menores, y te conviertes en una peligrosa y caótica criatura sexual sin restricciones morales. Es una fantasmagoría. Y me pregunté: ‘¿Qué creerá esta gente que es el género?’. No es un movimiento depredador ni adoctrinador, y, sin embargo, se nos atribuyó la depredación y el adoctrinamiento.

P. Entonces, ¿quién teme al género?
R. Todo el mundo.

P. ¿Todo el mundo? ¿De verdad?
R. Sí, eso creo [estalla en una carcajada]. Disculpe, se supone que soy intelectual y hablo con seriedad. Lo soy, por cierto.

P. ¿Por qué dice que todo el mundo lo teme?
R. Si Giorgia Meloni dice que estos ideólogos del género te quitarán tu identidad sexual, suena terrorífico. La mayoría de las personas quiere saber que su identidad sexual es firme y que nadie le puede quitar su estatus legal como hombre o mujer. Meloni lo dice porque quiere quitar la identidad sexual de las personas trans, les quiere quitar el derecho legal de autoasignarse una identidad sexual. Hay que producir un fantasma, un relato ficticio que asuste a la gente para atraerlo a su bando y atacar a comunidades trans, ‘queer’, que son, en una parte mayoritaria, comunidades vulnerables. Pero la verdad es que a todos, en relación con nuestro sexo o género, sea cual sea el lenguaje que usemos, se nos puede hacer sentir ansiedad al respecto. El psicoanálisis va de eso.

P. ¿Usted siente esta ansiedad?
R. Probablemente tanto como usted.

P. Así que todos tenemos miedo del género...
R. Pueden lograr que tengas miedo, o que experimentes una inestabilidad. Los niños, ¿deben actuar así, o jugar así? El género siempre va acompañado de normas, y hay que aprenderlas, no son naturales. Y se aprenden, en parte, con errores, y cuando dicen: “Quítate este lazo del cabello”, o “el color rosa, no, querido”. Aunque Rafa puede llevar rosa.

P. ¿Quién?
R. Rafael Nadal. ¿Cómo puede Rafa llevar el color rosa? Siempre va de rosa. Es el tipo de masculinidad definitiva. Él está cómodo con su masculinidad: “Dadme rosa, dadme violeta”. ¡Me encanta!

P. La ansiedad, ¿cómo la explica?
R. ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Cómo se me percibe? ¿Soy un hombre suficientemente fuerte? Si no lo soy, ¿no soy un hombre? Si no llevo según qué cosa, ¿no soy una mujer? Hay muchas normas sociales que nos pueden hacer sentir ansiedad por el género. Los padres, las religiones, las instituciones educativas o estatales. Esta ansiedad la explotan las fuerzas de extrema derecha, la amplifican.

P. ¿Votará a Joe Biden para evitar que gane Donald Trump?
R. No. Le diré lo que pienso. Rechazamos votar por Biden hasta el último minuto. Presionamos a la Administración de Biden, porque todos los jóvenes que se oponen a Biden hace bien en oponerse. Así que no diré nada en favor de Biden.

P. Pero en el último minuto lo dirá.
R. Probablemente, pero dependerá de cómo estén las cosas. Al votar en California [un Estado no decisivo, donde la victoria demócrata ya está garantizada], no es necesario que vote.

P. Su voz tiene peso.
R. No apoyaré a Biden. Criticaré a Trump. Los criticaré a ambos, francamente.

P. ¿Por qué no apoyará a Biden?
R. Porque está apoyando este genocidio horrible en Gaza, y porque ha continuado con las políticas de Trump en la frontera sur de EE UU dejando a una enorme cantidad de personas en una condición de detención indefinida. La frontera sur viola cualquier ley de derechos humanos posible. Prometió que lo cambiaría y no lo ha hecho.

P. Llama genocidio a lo que ocurre en Gaza. ¿No es un término legal, algo que los tribunales decidirán?

R. Es un genocidio. Centenares y centenares de juristas han confirmado que lo que está ocurriendo en Gaza está conforme con lo que dice la Convención contra el genocidio. Esto está establecido.

P. Se ha metido en problemas por sus opiniones sobre esta cuestión.
R. Siempre me meto en problemas.

P. Ahora nos apartamos del género, pero volveremos...

R. ...puede que se trate del género. La manera en que se me trata puede que tenga que ver con el género. Quizá, no lo sé. ¿Se me habría tratado igual si fuese un hombre? Es una pregunta.

P. En todo caso, para usted está claro que lo que sucede en Gaza es un genocidio. El ataque de Hamás del 7 de octubre, ¿diría que fue genocida?
R. No. Hubo atrocidades, pero no buscaban la muerte de todas las personas en la región sobre la base de su religión o de su nacionalidad.

P. ¿Lamenta haber dicho que lo que Hamás hizo el 7 de octubre fue un “levantamiento” y un “acto de resistencia”?

R. Debemos hacer una distinción. He condenado a Hamás desde el principio y continúo condenándolo. Yo defiendo una ética y política de la no violencia. Las organizaciones palestinas a las que apoyo son todas no violentas. La resistencia, para mí, no es algo romántico ni un ideal, es descriptivo. Entiendo que resisten, combaten la ocupación, pero nunca he apoyado a Hamás y sigo condenando sus atrocidades.

P. Volvamos al género. Hay algo que se le ha criticado en el nuevo libro y puede sorprender a los lectores, y es que pone en el mismo saco a la extrema derecha, al Vaticano y a las feministas progresistas...

R. ... ¡Oh! ¿Feministas progresistas? ¿O bien feministas regresivas? ¡Wow!

P. Se consideran progresistas.
R. No lo creo. ¿Usan esa palabra? Me sorprendería. Si me lo puede usted documentar…

P. Así que no son progresistas.
R. Regresan al reduccionismo biológico, que es aquello contra lo que el feminismo siempre luchó. La biología no es el destino: Simone de Beauvoir.

P. Simone de Beauvoir también dice que la biología existe, habla de hembras y machos.

R. Y yo también lo digo. Yo acepto que la biología existe, no niego la biología. Una cosa es decir que la biología te determina y otra distinta decir que la biología existe. Puede existir sin determinarte. Yo afirmo que la biología existe, pero lo interesante es que las ciencias biológicas constantemente están cambiando el marco en el interior del cual decidir la determinación del sexo. ¿Leemos toda la biología, y vemos los debates internos, los estudios biológicos sobre el sexo y la sexualidad? ¿O solo elegimos los que nos gustan y los conectamos a nuestra teoría para decir “esto es lo que dice la biología”?

P. Pone a estas feministas en el mismo saco que los fascistas.

R. No el mismo saco. Son sacos muy distintos. Lea con atención. Lo que digo es que es una alianza inconsciente. Me pregunto por qué feministas que deberían estar aliadas con gais, lesbianas, trans y con movimientos sociales a veces rompen estas alianzas y se hacen eco de los mismos argumentos de la derecha.

P. Las llama “cómplices”.
R. Si no repudian el ataque de la derecha contra el género, entonces son cómplices. Deberían repudiarlo, luchar en contra. ¿Les importa la violencia basada en el género? ¿El derecho al aborto? ¡Sí! ¿Quieren oponerse a la discriminación basada en el sexo? Todo esto está siendo atacado por el “movimiento contra la ideología de género”, que ataca también al feminismo porque lo coloca junto a los movimientos de gais, lesbianas y trans. ¿Por qué no se disocian de ello? Sería genial si lo repudiasen. Necesitamos una solidaridad contra el fascismo y el autoritarismo emergente. Es una invitación.

P. ¿Una invitación a abandonar su punto de vista?

R. No, pueden mantenerlo, pero asegurándose de que lo hacen de manera que también censuran la crítica fascista del género, para no ser identificadas con ella. J. K. Rowling lo hizo maravillosamente cuando Putin dijo: “Estoy de acuerdo con J. K. Rowling”, y J. K. Rowling rápidamente dijo: “No, somos diferentes”. Y pensé: “Qué bonito”.

miércoles, 14 de febrero de 2024

#hemeroteca #mujeres #feminismo | ¿Qué es una mujer?

¿Qué es una mujer?
Como feminista nunca diría que a las mujeres nos matan por tener vagina sino por nacer en una sociedad que ha creado unas estructuras sociales jerárquicas y de desigualdad en la que unas personas valen más que otras.
Beatriz Gimeno | Pikara, 2024-02-14
https://www.pikaramagazine.com/2024/02/que-es-una-mujer/ 

Ilustración de Nadzeya Dzivakova //
Esta es una pregunta trampa que le hacen periódicamente a Irene Montero con la única intención generar un poco de ruido por las redes. Sin embargo, si es una pregunta plausible es porque, en realidad, no es fácil de responder. Por una parte todo el mundo sabe lo que es una mujer; es decir, hay una definición que suponemos compartida (aunque no sea así) por la mayor parte de la humanidad. Pero, por otro lado, parte de esa definición, o toda, lleva siglos puesta en cuestión por algunas corrientes de pensamiento, especialmente feministas; hay filósofas que han dedicado obras monumentales a responderla. En ‘Carta de una mujer indignada’, Wassyla Tamzaly, por ejemplo, una mujer que reivindica el feminismo ilustrado frente a, digamos, el feminismo posmoderno, escribe que la pregunta “¿qué es una mujer?” es la pregunta fundamental que ha llevado al feminismo a hacer frente al orden patriarcal. Esa pregunta, radical y política, dice, es la única capaz de sacarnos del caparazón del sistema patriarcal. Es obvio que si la respuesta a esta pregunta fuera “una persona con vagina” o una “hembra de la especie humana”, la pregunta no tendría ningún sentido.

Hace 25 años, cuando yo comencé a estudiar feminismo en el seminario Feminismo e Ilustración, el biologicismo y el esencialismo eran anatema. Nadie hubiera dicho entonces que mujer era equivalente a hembra, precisamente porque lo que entonces se decía es que confundir mujer con hembra y hombre con macho era un error conceptual. Cuando la propia Celia Amorós reconoce que la categoría mujer es problemática está, simplemente, diciendo esto: que no es tan sencillo. Desde entonces han ocurrido muchas cosas, pero una de ellas es que la cuarta ola supuso, entre otras cosas, la masividad del feminismo, situación que tiene ventajas e inconvenientes, más de las primeras que de las segundas. El feminismo, o los feminismos, son un conglomerado de teorías críticas, filosóficas, éticas, de prácticas políticas… que pueden llegar a ser contraintuitivas en tanto que, en ocasiones, son saberes y propuestas que desafían lo que entendemos por la base antropológica o epistemológica de nuestras sociedades. Yo me tuve que preguntar el otro día qué hubiera respondido a la pregunta que le hicieron a Irene Montero, y mi respuesta era muy parecida a la que dio ella que, inmediatamente, fue acusada por las redes y por muchas feministas de ser ‘queer’, posmo, ‘woke’...

Soy muy crítica con la teoría ‘queer ‘y una de las razones para serlo es que mantengo que no ha sido tan original como se suele pensar y que mucho de lo dicho por Butler ya lo habían dicho antes otras feministas. No hace falta ser queer para dar una definición de mujer que no haga referencia a lo biológico y sí a la posición social. Y justo en el momento en que Irene contestaba esto yo estaba leyendo a Christine Delphy, una feminista materialista, amiga y compañera de Simone de Beauvoir, cofundadora con ella de la revista ‘Nouvelles questions feministes’ en 1980. Ella explica perfectamente la similitud (y la pertinencia) de la pregunta ¿qué es una mujer? con la de ¿qué es un negro? Que tampoco tiene una respuesta evidente, aunque la mayoría de la gente respondería que ser negro es tener la piel negra. Delphy asegura con firmeza que tanto ser mujer como ser una persona negra son posiciones sociales que nada tienen que ver con la biología. Si lo que hace a la mujer es su vagina (o cualquier otra parte de su biología), entonces la relación con los hombres será de diferencia biológica y no de dominación. Para ella, pensar en estos términos es esencialista y supone un límite para poder pensar la humanidad fuera de las categorías biológicas. La idea principal de Delphy es que las mujeres no están dominadas por la biología ni por las ideas, sino por las relaciones materiales de producción. En otras palabras, para Delphy las mujeres no son esos seres que tienen vulva, sino esos seres que trabajan más que los hombres de sus familias o de sus sociedades, pero que tienen menos dinero, capital, tiempo, espacio… Y esto es así en cualquier lugar del mundo. Lo importante no es lo que sea una mujer, sino qué significa serlo, es decir, el lugar social que ocupa; exactamente lo que dijo Irene Montero.

De Monique Wittig es de sobra conocida su aseveración de que las lesbianas no son mujeres ya que lo que sea que es una mujer se define siempre en la matriz heterosexual, que es lo que la coloca en su posición de dominada en relación con los hombres. No hay mujeres, para ella, fuera de la relación heterosexual. No hay espacio en este artículo para seguir citando a feministas que se han preguntado y respondido a la pregunta fundamental de qué es una mujer, pero si nos movemos al feminismo antirracista, entonces la explicación biologicista goza de aun menos prestigio, precisamente porque las definiciones de lo que sea la raza y el sexo han recorrido caminos paralelos.

Ya sé que la respuesta fácil a esto es afirmar que, en realidad, toda posición social que ocupen las mujeres se levanta sobre la diferencia biológica por lo que responder a la pregunta haciendo alusión a la biología es más claro y preciso, ya que al final nos vamos a encontrar con ella. Pero esto sería como decir que las causas biológicas explican la dominación. Si podemos imaginar una sociedad igualitaria en la que la diferencia biológica no significase nada, ni jerarquía ni dominación, entonces esa diferencia no es la causa de esta. La categoría mujer es una categoría que cumple una función sociopolítica para la dominación y debe estar en cualquier definición política de la misma.

Por cierto, también fue el feminismo materialista de los años 70, y no el feminismo ‘queer’, el que sostuvo con claridad que la política cambia la biología. Sí, la biología se transforma, se comprende y se mide culturalmente, dicen las materialistas. Y hasta hace poco, no había dudas acerca de esto. Y siguiendo a Marx, este feminismo defiende que todo conocimiento es producto de una situación histórica, tanto si lo sabe como si lo ignora, y que es la organización social la que construye las ideas y no al revés. Las funciones biológicas, lo que percibimos como diferencias biológicas, no son un dato para Delphy, que solo habla de mujeres sociales y hombres sociales y esto vale para el sexo y para la raza.

Pero entonces... ¿la categoría biológica no es importante? Por supuesto que lo es, pero depende del contexto y para qué. Es obvio que no se puede entender la realidad humana sin esa categoría (que a su vez está sujeta a múltiples definiciones y tensiones) pero será más o menos importante dependiendo del contexto y de para qué la utilicemos. Como feminista nunca diría que a las mujeres nos matan por tener vagina sino por nacer en una sociedad que ha creado unas estructuras sociales jerárquicas y de desigualdad en la que unas personas valen más que otras. Y no lo diría porque creo que el factor más relevante explicativamente para una definición feminista es la posición social que ocupan las mujeres, esta es la definición que permite entender el patriarcado y combatirlo. Esta es la definición que nos importa.

Es cierto que la inmensa mayoría de las personas que ocupan una posición social u otra en el sistema sexo/género tienen determinados rasgos biológicos, nadie niega eso, pero esto puede cambiar (de hecho cambia dependiendo de las sociedades y de las épocas) y puede ocurrir que haya personas con otras características biológicas que ocupen sin embargo las posiciones sociales que consideramos de mujeres; lo que no cambia es que quien ocupa dicha posición sufrirá las discriminaciones propias de ese lugar social: discriminación de tipo laboral, económica, cultural, sexual, etcétera. ¿La misma discriminación exacta? No, como tampoco sufre la misma discriminación exacta una mujer rica que una pobre, una blanca que una negra, una guapa según el canon normativo que una fea… las discriminaciones se enredan en eso que se ha llamado interseccionalidad. Por ejemplo, las mujeres trans sufrirán discriminaciones laborales y pueden sufrir acoso o agresiones sexuales que no sufrirían si fueran hombres, pero dependiendo de sus trayectorias vitales pueden tener una mayor autoestima o seguridad en sí mismas adquiridas en un proceso de socialización masculino. También es probable que una mujer rica tenga más autoestima que una mujer pobre. Las trayectorias vitales son definitorias.

Es más complejo que esto, desde luego, porque el objetivo final de una gran parte del feminismo es que la categoría “mujer” desaparezca, lo que se aprovecha para afirmar que esto va en contra de la autoafirmación como tales de muchas mujeres trans. Tan en contra como la afirmación de que mujer es sinónimo de hembra. En definitiva, como feministas, pienso que debemos pensar en dicha categoría de manera estratégica, para construir un sujeto político imprescindible y en esta cuestión, curiosamente hay más acuerdo del que parece.

Complicado, sí, pero basta con señalar que la respuesta a la pregunta ¿qué es una mujer? no es sencilla ni obvia desde el feminismo y que desde hace décadas se han dado múltiples respuestas que han servido para contribuir a iluminar el camino.

miércoles, 12 de abril de 2023

#hemeroteca #sociologia | Cuadrillas en el siglo XXI: ocio, nuevas tecnologías y perspectiva de género

EuskoNews / Chavalería y juventud con sus móviles //

Cuadrillas en el siglo XXI: ocio, nuevas tecnologías y perspectiva de género

Mireia Larrañaga | EuskoNews, 778, 2023-04-12

https://www.euskonews.eus/zbk/778/cuadrillas-en-el-siglo-xxi-ocio-nuevas-tecnologias-y-perspectiva-de-genero/ar-0778001003C/ 

En mi artículo “Cuadrillas y sociabilidad de las y los jóvenes vascos en el siglo XXI: una perspectiva de género”, planteo la oportunidad de abordar el estudio de cómo las y los jóvenes socializan entre sí a través de prácticas y herramientas sociales modernas y en especial a través de las cuadrillas y en el uso y consumo de los espacios de ocio y de las nuevas tecnologías. Defiendo también que todo ese conjunto de prácticas sociales puede entenderse desde una perspectiva de género que permite profundizar en la toma de conciencia feminista de los jóvenes, en la socialización diferencial de hombres y mujeres o en las relaciones de género que se establecen en las cuadrillas.

Como introducción al contexto de la juventud vasca, es importante señalar que la llegada del siglo XXI conllevó numerosos y profundos cambios en las relaciones interpersonales de los jóvenes. La transformación de una sociedad industrializada a una posindustrial hiper-tecnologizada y el cambio de paradigma de la ética del trabajo a la ética del consumo individual han hecho que se replanteen y se redefinan muchas dinámicas y discursos en la forma en la que los jóvenes se socializan. En este nuevo orden de cosas, y dentro del marco de la sociedad vasca, ámbitos como la religión, la politización de la vida cotidiana o la identidad étnico-territorial han pasado a ser aspectos difusos y cambiantes en los discursos y prácticas de la población vasca, y más concretamente, de sus jóvenes. Por el contrario, otros parámetros sociales, como el ocio, el consumo, la conciencia de género o las nuevas tecnologías se mantienen o han irrumpido con fuerza en su imaginario social y en las formas de socialización que ponen en acción en su vida diaria.

A raíz de este contexto, y también como agentes activos de cambio, las y los jóvenes vascos han sido participantes y receptores directos de estas transformaciones, y con ellas han construido nuevas formas de socializar y estar en sociedad. Dentro de este campo sociocultural, las cuadrillas, como grupos informales de iguales, surgen como fondo y vehículo de la socialidad e identificación juvenil vasca. Las cuadrillas han sido la forma de socialización de la juventud vasca desde hace mucho tiempo, y en este sentido son tradicionales, pero esta forma de socialización tradicional también se ha visto afectada por los cambios que hemos experimentado como sociedades en las últimas décadas. Por ello defiendo que aunque la cuadrilla se mantiene como algo existente desde hace mucho, esta no es la misma de hace 30 años. Surgen por tanto preguntas en relación a cómo se ha transformado la cuadrilla y en qué aspectos.

Cabe destacar, por un lado, que si hay una cuestión de la realidad actual de la juventud que ha experimentado cambios de forma más evidente desde principios de siglo es la de las Nuevas Tecnologías. Su uso entre los jóvenes ha aumentado de manera exponencial y constante en las últimas décadas y constituyen hoy día uno de los mecanismos de socialización y comunicación más importantes en sus vidas cotidianas. Y no es tanto que el proceso de socialización haya cambiado, sino que ahora es el soporte digital el que sirve como vía para hacer las mismas cosas que los jóvenes hacen en otros entornos, como entretenerse, relacionarse, informarse, etc. Estas tecnologías se apropian en torno a las necesidades e intereses de los jóvenes y su uso gira alrededor de sus círculos sociales cotidianos más cercanos y fuera de la familia, esto es, los amigos. Aplicaciones como Whatsapp, Youtube o Instagram forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes y vienen a remarcar la evidente presencia de Internet y las nuevas tecnologías de comunicación y socialización en la forma de comunicarse y relacionarse de los jóvenes.

Por su parte, otro aspecto relevante que adquiere actualmente mayor importancia que nunca entre la juventud es el ocio y el consumo asociado a él. Dentro de la socialización juvenil, el tiempo de ocio supone un tiempo esencial para relacionarse en cuadrilla, puesto que la cuadrilla está directamente relacionada con el tiempo libre y el tiempo que se pasa en espacios de ocio. Y dentro de las condiciones de espacio y tiempo que caracterizan al ocio joven, cabe señalar la centralidad del fin de semana y de la noche como contexto de ocio principal y los lugares asociados a prácticas de socialización como las calles o la zona de bares y terrazas. Estos lugares son espacios creados o elegidos por los jóvenes para el ocio intensivo, hechos a su medida y que permiten fomentar expresiones propias y otorgan sensaciones de libertad, evasión y placer. Y en gran medida este ocio se asocia con el consumo de alcohol por parte de los jóvenes, relacionado en términos generales con motivaciones de carácter lúdico, con la diversión y con procesos de aceptación e integración del grupo.

En conjunto, las nuevas prácticas surgidas en relación al uso de nuevas tecnologías y a la apropiación y ocupación de espacios de ocio y de consumo son también un termómetro de cómo los procesos de adaptación y experiencia de los y las jóvenes están marcados por una socialización diferencial de género y una negociación con su propia identidad sexual y de género. Es necesario entender la socialización joven como algo relacional y de mutua influencia, en el sentido de que aquello que les sucede a las mujeres ocurre en relación a lo que les sucede a los hombres y viceversa, y que muchas veces ese proceso social relacional lo es en términos desiguales y todavía dicotómicos. Es cierto que los jóvenes son más conscientes o más críticos con la desigualdad y sus causas, ya sea por el grado de influencia del feminismo en las áreas y contextos donde se mueven, o por una cada vez mayor normalización de la participación social y colectiva de las mujeres, así como de la participación de los hombres en esferas y actividades “no masculinizadas”. Aun así, la persistencia de estereotipos sexistas y de visiones tradicionalistas de la mujer, y de aspectos como el miedo o la inseguridad en las calles, siguen siendo factores que influyen en la forma de sociabilidad de las jóvenes.

En suma y en términos generales, las cuadrillas surgen como un ámbito de estudio fructífero que permite conocer las prácticas material-simbólicas de los jóvenes sin supeditar ningún género a otro. En la constitución de la relacionalidad entre amigos y amigas, investigar dentro y entre las cuadrillas puede servir para analizar cómo los jóvenes utilizan las herramientas sociales que van conociendo (tecnológicas, cognitivas, económicas, políticas, ideológicas...) en su sociabilidad cotidiana y de ocio.

lunes, 13 de marzo de 2023

#libros #feminismo #decolonial | Colonialidad, género y democracia

Colonialidad, género y democracia / Breny Mendoza.
Tres Cantos, Madrid: Akal, 2023 [03-13].
254 p.
Colección: Inter Pares.

/ ES / ENS / Libros / Decolonial / Feminismo / Género / Poder / Política
 
📘 Ed. impresa: ISBN 9786078898077 / 20,00 €
📝 Cita APA-7: Mendoza, Breny (2023). Colonialidad, género y democracia. Akal.


[.es] Los ensayos reunidos en este libro se constituyen a partir de conversaciones que la autora lleva con distintas tradiciones del pensamiento decolonial tanto del Norte como del Sur. Ponen en diálogo a autores, autoras y corrientes de pensamiento que suelen estar distanciados geográfica y lingüísticamente, o que han sido artificialmente separados para colocar el Norte europeo como único referente de la
historia de la colonialidad. En el proceso, se desmitifican no sólo teorías y conceptos, sistemas de creencias y prejuicios que han contaminado el relato de la colonización, sino que también se cuestionan los autorrelatos que los europeos han tejido de su propia historia.

‘Colonialidad, género y democracia’ aborda temas que giran alrededor de preocupaciones centrales de la autora, como los orígenes de la democracia y el Estado-moderno en el hecho colonial, el papel del género en la constitución del poder colonial y los aportes del feminismo decolonial, sobre todo de su vertiente indígena, que, según Mendoza, ofrece una de las teorías más complejas y subversivas del feminismo occidental. También explora cuestiones como el Antropoceno o la crisis ecológica, y el modo en que se conciben en ámbitos como el posmodernismo, el poshumanismo y las diversas teorías decoloniales. Para concluir, se presenta un manifiesto feminista como una manera de pasar de la teoría crítica a la acción, de la desesperanza a la esperanza decolonial.

Breny Mendoza
es una académica hondureña, directora y profesora del Departamento de Estudios de Género y de la Mujer en la Universidad Estatal de California, Northridge. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Cornell y realizó estudios de pregrado y maestría en la Universidad Ruprecht-Karl de Heidelberg y en la Universidad Libre de Berlín. Entre sus libros figuran ‘Sintiéndose mujer, pensándose feminista’ (1995) y ‘Ensayos de critica feminista en Nuestra América’ (2014); es asimismo coeditora de ‘Rethinking Feminism in the Americas’ (2001), con Debra Castillo y Mary Jo Dudley. Asimismo, ha publicado numerosos artículos en español e inglés en revistas especializadas de América Latina, Europa y Estados Unidos.


  • ÍNDICE
  • Introducción
  • Sección I. Conexiones coloniales
  • I. La cuestión del Imperio español y la Leyenda Negra
  • II. Conexiones coloniales
  • III. Teoría decolonial comparada
  • IV. ¿Puede salvarnos el subalterno salvarnos?
  • Sección II. La colonialidad del género y la epistemología del sur
  • V. La epistemología del Sur, la colonialidad de género y los feminismos latinoamericanos
  • VI. La colonialidad de género y el poder: de la poscolonialidad a la decolonialidad
  • VII. Filosofía feminista decolonial y las formas de producción de conocimientos en
  • América Latina
  • Sección III. La colonialidad de la democracia
  • VIII. La cuestión de la colonialidad de la democracia
  • IX. Los "fundamentos no-democráticos" de la democracia: un enunciado desde Latinoamérica pos-occidental
  • X. Manifiesto Feminista Decolonial: los nuevos principios de la democracia

domingo, 9 de enero de 2022

#hemeroteca #binarismo #transfobia | Género y violencia: sobre la abolición, las fronteras y les hijes de otres

20 Minutos / Roberta Marrero, 2018 //
Género y violencia: sobre la abolición, las fronteras y les hijes de otres.

A propósito de la afirmación tan contundente como poco específica de la “abolición del género”, se despliegan de tanto en tanto tormentas de críticas y agresiones en red (que más pronto que tarde, como sabemos, pueden transformarse en otra cosa). El uso de ‘todes’, por ejemplo, como marca de género neutro, se critica hasta la náusea por parte de ‘abolicionistas del género’. Es frecuente también ver el enfrentamiento violento contra personas o familias que optan por una crianza crítica con los estándares del género. Una crianza crítica que puede ir desde cuestionar los elementos tradicionales asociados al género y ponerlos en disputa, hasta posicionarse políticamente en el uso lingüístico de ese neutro en lo que refiere a sus hijes, para generar con ello un espacio de habitabilidad del género más libre y, en fin, respirable. Quienes se enfrentan y tratan de ridiculizar estos posicionamientos hablan como si utilizar las marcas de género binarias y tradicionales no fuera también un posicionamiento político que, por demás, es continuista de la violencia que la estructura misma del género contiene. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de abolición del género?

Hasta hace unos años afirmar que el género era una cuestión cultural, una construcción (esto es: no natural) era algo común salvo, claro está, en reductos conservadores. Las implicaciones de la naturaleza quedaban atrás desde el consabido “no se nace mujer” para comenzar un nuevo camino en la desarticulación de la subordinación de las mujeres, sometidas a una opresión política, social y cultural, que nada tenía de natural (o ‘biológico’). Mucho ha llovido desde entonces.

La desvinculación de la “naturaleza” del sexo de sus devenires políticos supuso una revolución epistémica que sigue siendo difícilmente rebatible, aunque de unos años a esta parte, no obstante, se haya pretendido desmantelar todo el trayecto en nombre, paradójicamente, de la lucha contra la misma opresión. Quizá, lo más difícil de desmantelar era la propia noción de género, por lo que se ha pretendido afirmar que como tal ‘construcción cultural’ no era, pues la ‘opresión verdadera’, que pasaría a ser, entonces, el sexo (ese natural, ese biológico). Lo único cierto es que el hecho de que unos genitales sean visibles y tangibles y la normatividad de género no sea algo medible en los mismos términos no quiere decir, evidentemente, que el género no exista o exista menos. La primera opresión que se administra al sexo es, efectivamente, el género, como conjunto de códigos sociales, culturales y políticos que se administran simbólicamente a cada criatura que nace con unos genitales determinados.

Aquí hay dos problemas, el primero es entender que ese “simbólicamente” conlleva toda una estrategia establecida de códigos que se traducen también en elementos físicos (como ropa, adornos, juguetes o libros) y en otros que, nuevamente, no por no ser físicos existen menos (comportamientos, actividades sociales, formas de hablar, etc.). Todo ello está marcado por el género. El segundo problema, y es el más difícil de comprender porque no tiene una respuesta concreta (ni tiene porqué tenerla, pero ya hablaremos de eso), es que si bien todas las existencias en sociedad, todos los cuerpos, están marcados por una relación entre el sexo y el género, es una relación que en muchos aspectos permanece velada para nosotros, es diversa, inesperada, no es siempre binaria, y sigue siendo, en gran medida, misteriosa. Los códigos culturales de la masculinidad y la feminidad se imbrican en los cuerpos de maneras variadas, complejas y plurales. El binarismo es un empeño (contextual, cultural y situado) que no se corresponde con el despliegue de múltiples formas de habitar el espectro que conforma la relación sexo-género. Históricamente hemos tratado de buscar respuestas paramédicas, morales, religiosas... todas han contribuido a la violencia. Y es que el género es la violencia, y en esa afirmación podríamos encontrar un principio de acuerdo, pero, ¿desde dónde/cuándo comenzamos?

Primero, quizá, por asumir que sea cual sea nuestro habitar sexo-género, hubo un principio de imposición de un modelo (patriarcal, cis, binario, heterosexual) que se dio por hecho cuando nacimos y que se nos desplegó encima con toda su fuerza cultural (y toda su violencia implícita).

Decir que el género es la violencia, es afirmar que es una opresión que nos afecta a todes, lo cual no significa que sus implicaciones sean equivalentes. Sí significa, sin embargo, que es una cuestión estructural que atraviesa a todos los cuerpos y que organiza su distribución en el espacio social, y condiciona el acceso a la redistribución y el reconocimiento, como lo hacen todas las opresiones estructurales. Si decimos que el género es la violencia, ¿convenimos en que abolir el género es un objetivo común? De acuerdo, por qué no, vamos a probarlo. ¿Cuáles son las estrategias? Veamos dos de ellas.

Una de las estrategias más recientes en nuestro contexto, en nombre de la abolición del género, ha sido atacar a una minoría vulnerable. Como sabemos el argumento que más se suele utilizar contra las personas trans (concretamente contra las mujeres trans) es que perpetúan los roles de género, y como lo que se pretende es abolir el género, atacar a las mujeres trans se ha convertido en el estandarte de un sector que se autodenomina ‘radical’ y que, desde luego, ha reproducido y esparcido radicales violencias. Sobre el problema TERF, es interesante ver el video que compartió en 2019 la youtuber ContraPoints, titulado ‘Gender Critical’, en el que expone claramente todos los puntos (hasta el absurdo) de este posicionamiento político (porque es un posicionamiento político, que elige la exclusión de cuerpos vulnerables y la violencia sobre los mismos). ContraPoints explica que un buen símil podría ser posicionarse políticamente en contra de la existencia de las fronteras geopolíticas, y como estamos en contra de las fronteras geopolíticas, nos negamos a dar la documentación a los migrantes que las cruzan, porque lo que hay que hacer es abolir las fronteras. Y más allá, en lugar de ir en contra de las instituciones políticas que recrudecen la división fronteriza, elegimos ir en contra de los migrantes que las cruzan, es decir, de las personas que más sufren esta división política. Otra estrategia podría ser la de asumir que las fronteras existen y que, como el género, por más que no sean visibles o tangibles, los parámetros históricos y políticos han levantado estas divisiones que desembocan en situaciones, a veces, de invivible injusticia. Si asumimos que las fronteras, como el género, existen, por más que nuestra intención final sea abolirlas (esto es: que no sean necesarias), el camino que tenemos por delante, el primer paso, el urgente, es hacer que sea lo más habitable, lo más fácil, lo menos violento posible para todas las personas.

A la luz de esta idea (que también es un posicionamiento político), parece que, por ejemplo, una crianza crítica con los estándares del género, que los enfrente, que no asuma el despliegue patriarcal cis heterosexual sobre unos genitales como necesario y dé por hecho una identidad esencial, es un posicionamiento que va, precisamente, contra las estructuras y no contra personas o colectivos. Es un posicionamiento que genera otro espacio posible de desarrollo, no sometido a los estándares que el sexo-género impone, y que tratará de dar la mayor autonomía y libertad posibles sobre el propio reconocimiento. En resumen, parece que las tentativas críticas de agitación de los estándares, la transformación de usos lingüísticos, la reapropiación de conceptos y el intento de generación de espacios de intimidad y desarrollo más respirables, al final, hacen más por deconstruir la estructura del género que ir en contra de las personas que más se perjudican de esta división binaria, construida y cultural (y que no por construida y cultural, insisto, existe menos).

Quizá no se trata tanto de imponer un eslogan contundente que caiga en lo inespecífico (y que sirva como excusa para llevarse por delante a quien te incomoda), sino de tratar de crear más y más espacios de libertad con alternativas posibles para hacer que el género sea (o intentar, al menos, que acabe siendo) un lugar habitable para más personas, menos violento, menos determinista y lo más fluido posible.

jueves, 2 de septiembre de 2021

#llibres #llenguatgeinclusiu | Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou : prou textos incoherents i confusos. Canviem el món i canviarà la llengua

Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou : prou textos incoherents i confusos. Canviem el món i canviarà la llengua / M. Carme Junyent (ed.).

Vic, Barcelona : Eumo Editorial, 2021 [09-02].
264 p.
Serie: Punts de vista.

/ CAT / Libros / Género / Lenguaje inclusivo / Lingüística / Sexismo
📘 Ed. impresa: ISBN 9788497667425 / 20 € 
Cita APA-7:  Junyent, M. Carme (ed.) (2021). Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou. Prou textos incoherents i confusos. Canviem el món i canviarà la llengua. Eumo.

[.cat] Què significa incorporar la perspectiva de gènere en la manera d’expressar-nos? Sovint la perspectiva de gènere només emmascara una realitat que continua sent sexista i discriminatòria. I cada vegada més, és una imposició política que ningú no gosa discutir. Forçar la llengua per canviar la realitat només ens distreu de l’objectiu real: canviar el món perquè la llengua canviï. Carme Junyent i una setantena de dones lingüistes analitzen l’ús i l’abús del llenguatge suposadament no sexista i proposen alternatives, maneres de dir i maneres de fer, que responguin als canvis socials i reflecteixin la presència de tots en tots els àmbits de la vida.

👤 Carme Junyent (Masquefa, Anoia, 1955) és lingüista i professora a la Universitat de Barcelona, on dirigeix el Grup d’Estudi de Llengües Amenaçades (GELA) i fa recerca sobre les llengües de la immigració a Catalunya. És autora d’una àmplia obra sobre la situació de les llengües del món i la diversitat lingüística.

martes, 30 de marzo de 2021

#hemeroteca #feminismo #universidades | Entregados los Premios Valedora do Pobo a los mejores trabajos de fin de grado y fin de máster con perspectiva de género

Imagen: GaliciaPress / Entrega del I Premio Valedora do Pobo

Entregados los Premios Valedora do Pobo a los mejores trabajos de fin de grado y fin de máster con perspectiva de género.

Europa Press | GaliciaPress, 2021-03-30

https://www.galiciapress.es/texto-diario/mostrar/2816071/sergas-contiuara-vacunacion-todos-dias-semana-santa-preve-casi-100000-citas 

Este martes ha tenido lugar el acto de entrega del I Premio Valedora do Pobo a los mejores trabajos de fin de grado (TFG) y fin de máster (TFM) con perspectiva de género, un galardón fruto de un convenio suscrito por la institución autonómica y las Universidades de Santiago de Compostela (USC), A Coruña (UDC) y Vigo (UVigo).

Al acto, celebrado en el Pazo de Fonseca en Santiago de Compostela, han asistido, entre otros, la conselleira de Emprego e Igualdade, María Jesús Lorenzana; la valedora do pobo, María Dolores Fernández; el presidente del Parlamento gallego, Miguel Santalices, y los rectores de las Universidades de Santiago, Antonio López, y de A Coruña, Julio Abalde.

La conselleira ha destacado la importancia de que este tipo de actuaciones nazcan de la Valedora do Pobo y ha agradecido la implicación de los centros superiores. "Que desde las universidades se apueste por la reflexión y el estudio sobre la desigualdad aún existente entre mujeres y hombres y por avanzar en propuestas para su erradicación, representa una clave de futuro que combina formación e investigación con su vertiente más práctica, real y actual", ha asegurado María Jesús Lorenzana.

La responsable de Igualdade de la Xunta también ha tenido palabras de agradecimiento para las galardonadas, de las que ha dicho que "contribuyen a concienciar a las futuras generaciones en un campo esencial para el progreso colectivo como es la igualdad".

Destapar y erradicar desigualdades estructurales
De los 59 trabajos presentados, el jurado, cuyo fallo se publicó el 24 de febrero, premió a Amara García Adán por 'Inxustiza epistémica y argumentación xurídica. Especial atención aos casos de violación' en la categoría de TFG, y a Ángela Fernández Dasilva por 'As políticas de igualdade de xénero na Universidade. O caso de Galicia', como mejor trabajo de fin de máster.

Las finalistas han sido Sabela Pérez Martín con el trabajo de fin de grado 'Unha realidade silenciada. Violencia machista institucional' y Noelia Álvarez Estévez con 'Análise da representación das mulleres nos libros de FOL (Formación e Orientación Laboral) a través da revisión bibliográfica", en la sección de TFM.

Las galardonadas han coincidido en el agradecimiento a aquellas mujeres, "referentes feministas", que las han apoyado y que "han hecho camino para que ahora otras puedan recorrerlo", y muy especialmente a sus madres.

Amara García, por su parte, ha querido dedicar el premio a todas aquellas mujeres que, víctimas de violencia sexual, no pudieron denunciar por "no ofrecer el derecho del momento una respuesta adecuada" y a aquellas a las que, simplemente, "nadie creyó".

Ángela Fernández ha recalcado que con su TFM tenía "la necesidad" de dar a conocer que las desigualdades están presentes en todos los ámbitos de la vida, también en la universidad, y contribuir así "a destaparlas y erradicarlas".

"Igualdad efectiva es feminismo"
Tanto la ganadora del premio al mejor trabajo de fin de máster como el rector de la Universidad de A Coruña han subrayado el trabajo de las directoras de las oficinas de igualdad de las tres universidades gallegas, que llevan a cabo "una labor excepcional, clave y generosa".

"Avanzamos, como queda claro con estos trabajos, pero lo hacemos lentamente", ha comentado Julio Abalde, que ha denunciado además que en lo que respecta a la igualdad, "no caben equidistancias". "La igualdad efectiva entre hombres y mujeres es feminismo. Si creemos en esta igualdad, tenemos que declararnos, hombres y mujeres, feministas", ha afirmado el rector de la universidad coruñesa.

La valedora do Pobo, por su parte, ha recalcado que "lo que no se nombra, no se conoce" y que, gracias a trabajos como los de las premiadas, "se fomenta el estudio y la investigación para nombrar esas situaciones de desigualdad e intentar erradicarlas".

martes, 2 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #genero | Lo que oculta el género

Imagen: El País / Concentración trans en Madrid

Lo que oculta el género.

El problema es que el sexo y las diferencias sexuales biológicas siguen existiendo, mientras los roles sociales y los estereotipos cambian.
Lucía Ruano | El País, 2021-03-02
https://elpais.com/opinion/2021-03-01/lo-que-oculta-el-genero.html 

La elaboración por el Ministerio de Igualdad de dos anteproyectos de ley para mejorar la tutela antidiscriminatoria de las personas transexuales y de otros grupos sociales, como las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (integrados bajo el acrónimo LGBTI)) ha dado lugar a un complejo debate dentro del Gobierno, que la sociedad no debería de soslayar.

El centro de la polémica es extensión de derechos de las personas transexuales a los menores de edad para modificar en el Registro Civil su sexo, la garantía de acceso desde la pubertad a los tratamientos hormonales y, en particular, la eliminación de requisitos de tipo médico o psicológico para el cambio de sexo en los registros públicos, a los que se daría acceso con la manifestación de sentir una identidad de género diferente al sexo físico o biológico con el que se ha nacido, también en el caso de menores de edad (de entre 16 y 18 años). También se posibilitaría omitir cualquier identidad sexual en el caso de las personas que se denominan no binarias, porque no se identifican plenamente con ninguno de los dos sexos.

Junto a los complejos problemas de orden médico, ético y jurídico, particularmente en relación con los menores, la desvinculación material y conceptual entre sexo y género, ha hecho también saltar las alarmas en el pensamiento y la política feminista. Las críticas no son infundadas.

En el prólogo a la reedición en 2013 de ‘Sexo y Filosofía’, editado por primera vez en 1991, de la filósofa Amelia Valcárcel, se decía lo siguiente: “Desde hace dos siglos el pensamiento de la igualdad es uno de los nudos esenciales de la conciencia europea (...) Las primeras vindicaciones de la igualdad entre los seres humanos proceden del racionalismo. Fue el racionalismo quien descubrió el sexo como construcción normativa”. Y continúa diciendo algo que cobra especial relevancia en el debate actual: “(...) cuando el fundamento implícito de la igualdad abre ese continente inaugura un camino en el que los pasos atrás siempre son posibles. Cada nueva generación ha debido enfrentarse al tema y contrastarse a través de él (se refiere al sexo) con mayor o menor virulencia”.

El feminismo ha abordado el sexo a lo largo de su historia de diversas formas. Si durante siglos los fundamentos del orden social estaban en la naturaleza y la naturaleza había creado seres sexuados, según nos enseñó Aristóteles, el objetivo del feminismo parecía claro. En los años 70 y de los 80 tuvo que desterrar las ideas del naturalismo y apartarse lo más rápido posible del pensamiento que legitimaba la desigualdad y la discriminación en las diferencias biológicas. El determinismo biológico y sexual era una fuente inagotable de discriminación. Era preciso desenmascararlo. Para ello nos atrevimos a casi todo. No siendo militaristas luchamos para que las mujeres pudieran ser militares. Después de que las mujeres hubieran podido abandonar los trabajos físicos más duros y peligrosos, como los mineros, lo que décadas anteriores había sido una conquista histórica, en los años 80 los reivindicamos. Conseguimos la igualdad formal y avanzamos frente a la discriminación. Para ello resultó muy útil el concepto de género, porque permitía visualizar lo infundado de las diferencias jurídicas asociadas a los roles sociales atribuidos secularmente al sexo femenino y al sexo masculino. El género revelaba las discriminaciones ocultas y también las que aparecían bajo tratamientos formalmente iguales, pero sustancialmente discriminatorios (discriminaciones indirectas) y permitió avalar políticas de igualdad efectivas a través de las “acciones positivas”, en favor del sexo/género femenino, en situación histórica de desventaja. Pero el nuevo término, de origen anglosajón, ‘gender’ -que comprendía sexo y género- fue adoptado entre nosotros de forma acrítica y finalmente ha acabado por mostrar sus carencias e insuficiencias para seguir avanzando en determinadas políticas que exigen matizaciones a la igualdad.

Del sexo biológico, como determinante de una construcción normativa profundamente injusta y discriminatoria para las mujeres nos alejamos cuando fue necesario. El problema es que no todo es género, porque el sexo y las diferencias sexuales biológicas, siguen existiendo, mientras los roles sociales y los estereotipos cambian. Amparar los derechos fundamentales de las minorías con disociaciones sexuales biológicas, psicológicas y sociales, garantizando su derecho a la dignidad y al pleno desarrollo de su personalidad, procurándoles una más intensa tutela antidiscriminatoria que evite su actual estigmatización social, no necesariamente debe llevarnos a trasladar a la legislación y a las políticas públicas lo que, por el momento y, a falta de nuevas aportaciones de la ciencia médica, desvinculado de su base material, es fundamentalmente una abstracción ideológica, una construcción social en permanente transformación. Si todo es género y el sexo no importa, ¿cómo podremos continuar transformando la realidad y combatiendo las múltiples discriminaciones padecidas por las personas del sexo femenino cuando nosotras las mujeres, suponiendo que pudiéramos hacerlo, no deseamos cambiar el sexo biológico que se nos asignó al nacer?

Lucía Ruano Rodríguez
es jurista y feminista.