Mostrando entradas con la etiqueta 20150114-LAP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 20150114-LAP. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de septiembre de 2015

#hemeroteca #teatro | La obra de teatro que todo el mundo quiere ver

Imagen: El País
La obra de teatro que todo el mundo quiere ver.
El dramaturgo Alberto Conejero triunfa ‘La piedra oscura’ , estrenada la pasada temporada en el Centro Dramático Nacional.
Rocío García | El País, 2015-09-17
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/16/actualidad/1442420497_518797.html

Alberto Conejero conoce bien esa zona oscura e invisible en la que habita el dramaturgo. "La piedra oscura", la obra revelación de la pasada temporada teatral, le ha sacado ahora de la intemperie. Dirigida por Pablo Messiez e interpretada por Daniel Grao y Nacho Sánchez, la obra está inspirada en el personaje real de Rafael Rodríguez Rapún, "el más hondo amor de Lorca". El texto, un mosaico de ficción y realidad, narra el encuentro en una noche trágica entre Rafael, un teniente republicano, y Sebastián, un joven soldado inexperto del bando nacional. La obra se repone en el teatro María Guerrero desde hoy y hasta el próximo 18 de octubre con las entradas agotadas desde hace meses.

Alberto Conejero (Jaén, 1978), que consiguió el premio Ceres de Teatro al mejor autor, —"nunca lo hubiera conseguido sin Pablo Messiez, los actores y el equipo"— es cauto con el éxito y habla de la fortuna del momento en el que le ha llegado, después de 15 años escribiendo, preparándose e intentado, dice, "encontrar el cauce". "Si me hubiera ocurrido antes, hubiera sido una fuerza más difícil de gobernar. Pero lo que está claro es que nunca un dramaturgo llega a puerto seguro. Tengo la sensación de haber traspasado una puerta, esa puerta que me ha abierto el público y no puedo estar más que agradecido, que he subido un peldaño de un camino que no termina nunca, pero sigo escribiendo con las mismas incertidumbres y las mismas ganas que antes de La piedra oscura", asegura Conejero, frente a un café con leche en vaso en un rincón algo solitario y tranquilo del Ateneo madrileño.

Más allá del audiovisual y la narrativa, la poesía es la que ha configurado la mirada de este dramaturgo, que todavía conserva sus carpetas de adolescente llenas de poemas y que confiesa que llegó a la literatura a través de la poesía. "Cualquier poética es válida en el teatro, pero para mí es importante que el lenguaje en el teatro sea teatral, ese que no se encuentra ni en el cine ni en la televisión. No es mejor ni peor, es lenguaje teatral. La poesía en el teatro me sitúa en el corazón de lo humano. Los grandes autores teatrales, como Lorca, Chéjov, Tennesse Williams, Harold Pinter, David Mamet o Rodrigo García son poetas. El día que la poesía abandone el teatro, el teatro va a palidecer. El teatro necesita de la poesía para ser teatro".

Amor a Lorca
"La piedra oscura" nace del amor por los sonetos del Amor oscuro de Lorca —"a Federico le debo sin duda ser escritor de teatro"— y de una preocupación por la suerte de este país. "A veces, hay gente que puede decir que esto es teatro histórico porque se habla del pasado, pero yo llego a La piedra oscura por una necesidad de hablar del presente y de nuestro futuro. La figura de Rapún para mí es un emblema de los raíles sobre los que caminamos como ciudadanos, de los desaparecidos en las cunetas, de las políticas culturales arrasadas por los totalitarismos y de la memoria. La memoria de un país es el futuro de ese país. Un país es un relato que millones de personas deciden compartir. Cuando ese relato se rompe es muy difícil que ese país pueda mirar hacia el futuro".

Para poder explicar bien a Rapún se vio obligado a faltar a la verdad histórica y exploró la relación entre ficción y realidad, entre lo que no ocurrió y pudo ocurrir y lo que verdaderamente ocurrió. "Todo lo que sucede en un teatro, por mucho que tenga una fuente histórica, está sometido a la ficción. Tenía una gran responsabilidad al ocuparme de alguien que existió y cuya familia me ha ayudado tanto, pero tengo toda la licencia para cambiar la historia. A veces, desde la ficción podemos iluminar lugares de la historia exploranado esos márgenes ocultos en los tratados".

El poder del lenguaje, la capacidad sanadora de la palabra cuando se aborda sin manipulaciones recorre de manera tenaz todo el relato de la obra. Tan tenaz como la defensa que hace Conejero de ese mismo lenguaje y de sus capacidades. "Hay que dejar que el lenguaje comunique, que deje de estar secuestrado por los prejuicios. Su función es la de acercanos y comunicarnos, está hecho para que nos sintamos más cerca unos de otros. La piedra oscura es el ejemplo de lo que pasa cuando dos personas que no deberían hablar se deciden a hacerlo. Es entonces, cuando el lenguaje derriba corazas y arrastra a esos dos enemigos a otro lugar donde les permite conocerse de verdad. No hay un lugar más humano que la palabra".

Además de "La piedra oscura", Conejero tiene en cartel en Nave 73 su obra "Cliff", un relato en torno al actor Montgomery Clift, un estrella de Hollywod que vivió su homosexualidad como un estigma, y está en plena preparación de la adaptación de tres clásicos: "Rinconete y Cortadillo", de Cervantes; "La Odisea", de Homero, y "El arte de amar," de Ovidio. Cada uno para un director y una compañía diferente. Tanto trabajo tiene por delante que ha tenido que pedir una excedencia en sus clases como profesor en Valladolid. "Un clásico es un clásico porque es contemporáneo. No se vuelve a los clásicos por ser una custodia del pasado, sino porque resulta amenazante para nuestro presente. Cuando uno se asoma, por ejemplo, a Medea, ves que ahí está todo, el dolor, el abandono, la extranjería, la maternidad. El desafío a la hora de adaptar a los clásicos es la de ser capaz de buscar lo contemporáneo. A los clásicos hay que idolatrarlos pero también sabotearlos", explica Conejero, que ya tiene escrito su próximo texto original. No da el título del relato —una historia de amor entre un hombre y una mujer sobre la incapacidad de amar que se desarrolla en el interior de un invernadero—, pero sí director, Luis Luque, y actor masculino, José Luis García Pérez. Habrá que esperar a finales de 2016.

miércoles, 11 de febrero de 2015

#hemeroteca #teatro #garcialorca | La luz de Federico


Imagen: El País
La luz de Federico
'La piedra oscura' es una joya: de texto, de puesta en escena, de interpretación. Grandes trabajos de Daniel Grao y Nacho Sánchez, a las órdenes de Pablo Messiez
Marcos Ordóñez | El País, 2015-02-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423675372_110251.html

Es hermosa y terrible la historia de Rafael Rodríguez Rapún, que conocí por Ian Gibson. Estudiante de Ingeniería de Minas, fascinado por el teatro, conoce a Lorca, se convierte en secretario de La Barraca y en su compañero. Pasión difícil, porque Rapún no se consideraba homosexual y luchó por alejarse de él, pero fue, cuenta el biógrafo, “su más hondo amor”. Hay varias versiones sobre su muerte en el frente del norte. Todas coinciden en lo esencial: que tuvo algo de suicidio. Al saber la noticia del asesinato del poeta, se alistó y siguió un curso de artillería, tras el que le ascendieron a teniente. En el penal del Dueso, Rivas Cherif escuchó que había saltado fuera de una trinchera diciendo que quería morir, y fue abatido por una ráfaga de ametralladora. Según las fuentes de Gibson, estaba al frente de una batería, no lejos de Reinosa, cuando se adelantó con dos soldados para ocupar una posición. “Les sorprendió un ataque aéreo, pero, a diferencia de sus compañeros, Rapún no se echó al suelo. Una bomba explotó a su lado y fue gravemente herido. Murió poco más tarde, en el hospital militar de Santander”. Gibson destaca la fecha: 18 de agosto de 1937. El mismo día de la muerte de Lorca, un año antes.

Me pareció un asunto para una novela o una película: en teatro le veía difícil plasmación. Se comprende que Alberto Conejero, autor de “La piedra oscura”, que ha dado la campanada en la sala de la Princesa del María Guerrero, haya optado por otro enfoque y, sobre todo, por otro final. En la obra, Rapún va a parar al hospital, en vísperas de ejecución, bajo la vigilancia de Sebastián, un campesino huérfano, soldado del bando sublevado; un muchacho hosco, que no quiere cruzar palabra con los prisioneros ni mirarlos a los ojos porque todos mueren al alba.

“La piedra oscura” es una joya: de texto, de puesta, de interpretación; uno de los mejores espectáculos de la temporada. Alberto Conejero se sumergió durante dos años en la historia de Rafael Rodríguez Rapún. Contactó con su familia, con Tomás, hermano de Rafael, y con su hija Margarita, que pusieron en sus manos recuerdos y documentos, e incluso localizó a los hijos de sus compañeros en el frente.

La pieza es una destilación purísima, conmovedora de principio a fin. Solo le pongo dos pegas menores. A ratos, el lenguaje de Sebastián parece un poco elevado para un campesino. Y el título, que alude a lápidas y paredones, a la obra perdida de Lorca y a los “Sonetos del amor oscuro” (que, al parecer, dedicó a Rapún), tiene un eco excesivamente sombrío, cuando la función rezuma luz. La fuerza de la palabra es, para mí, el eje del relato. Palabra y luz. Lorca no aparece en escena, pero su aura impregna a su amante, deslumbrado y transmutado después de conocer al hombre y a su teatro, dos pasiones parejas. Esa memoria encendida y esa obra llameante son lo que Rapún quiere preservar a toda costa. Quiere dejar mensajes para su propia familia, pero sobre todo ruega a Sebastián que localice a Modesto Higueras o a Martínez Nadal para que los textos inéditos de Lorca no desaparezcan en el río revuelto de la guerra.

La huella de luz es transitiva: el poeta ilumina a su amante, y el prisionero a su guardián. No de un modo inmediato, claro está: “La piedra oscura” es la crónica de una oposición frontal que poco a poco se va resquebrajando hasta convertirse en comunión, en el pase de un legado. Cuando acaba esa larga noche, como bien señalaba Rocío García en estas páginas, el soldado dice al fin su nombre: “Me llamo Sebastián”. Ya no son dos enemigos sino dos hombres, cara a cara, unidos por el dolor, en un abrazo inolvidable.

La dirección de Pablo Messiez es superlativa. Tiene puestas soberbias en su haber (“Muda”, “Los ojos”) pero para mi gusto este es su mejor trabajo, el más sutil, el más intenso, el más minucioso, el más transparente. Ha podado un poco el texto (la voz de Lorca resonaba en un par de pasajes) en aras de una mayor condensación: basta con una carta para tenerle. Y está presentísimo, como decía, en las palabras de Rapún y en la interpretación de Daniel Grao, que ya me llamó la atención en un breve pero sustancioso personaje en “Emilia”, de Tolcachir. Grao muestra a un Rapún herido, que se sabe condenado, pero que va a luchar hasta el final para legar su recuerdo y salvaguardar el de Lorca. No olvido el momento supremo en el que narra su enamoramiento: aquel hombre vestido de blanco, el calor de aquel verano en Madrid. Un amor del que quiso huir y que ha cimentado su culpa, la obsesión de que le abandonó, de que pudo haberle salvado. Hay en Grao algo angélico, de criatura pasoliniana. Muestra la culpa pero entreverada de calma, una suerte de sosiego ante lo irremediable. Y tampoco olvido su estremecido anhelo final: “Nadie puede desaparecer del todo, ¿verdad?”.

Es sorprendente la fuerza y la madurez de Nacho Sánchez (Sebastián), joven licenciado por la Resad, en su primer trabajo profesional. Tiene una mirada honda, penetrante, que me hace pensar en un Luis Tosar adolescente, aunque con más dulzura y desvalimiento. Sánchez recorre un amplio arco: al principio ha de ocultar su angustia, su drama personal; mantener el tipo, la distancia, la poca autoridad. La escucha atentísima, la tensión creciente, el progresivo vínculo que se va tejiendo entre Rapún y Sebastián cortan el aliento. Es muy difícil dar toda esa gama de emociones en 65 minutos. Y que rebose verdad y emoción.

El éxito de “La piedra oscura” ha sido tan rotundo como merecido, con llenos diarios, hasta el punto de que va a reponerse a principios de temporada: del 18 de septiembre al 19 de octubre. No se lo pierdan. […]

lunes, 12 de enero de 2015

#hemeroteca #teatro | Encuentro con el enemigo

Imagen: El País
Encuentro con el enemigo
Pablo Messiez dirige 'La piedra oscura', un relato de Alberto Conejero que indaga en la memoria colectiva
Rocío García | El País, 2015-01-12
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/07/babelia/1420649841_006592.html

Es al final de esa noche tan larga y tan oscura, en ese amanecer que se sabe trágico, con el mar golpeando cerca, cuando el soldado dice por fin su nombre —“me llamo Sebastián, mi nombre es Sebastián”— y no miente sobre su edad —“voy a cumplir dieciocho”—. Es la confesión a un amigo que horas antes era un enemigo desconocido y al que le fue negando tenazmente sus dolores y carencias, sus angustias y la culpa que arrastra. Es el símbolo del muro que se ha desmoronado y con ello las banderas, los estandartes y los bandos de esa maldita guerra. La ideología es cosa interna de cada uno. El teniente de artillería, Rafael, también ha decidido poner palabras a su relato y ha llorado ante ese soldado desconocido por sus culpas y su amor intenso y feliz con un poeta. “Pagarán por cada lágrima y cada muerto… Los que te han obligado a estar aquí. Esos pagarán. Y los perseguirá la vergüenza hasta el último de sus días”, le dice Rafael, ya abrazado al desconsolado Sebastián. Las primeras luces del día inundan entonces esa lúgubre habitación de un hospital militar en Santander el 18 de agosto de 1937, justo un año después del asesinato en Granada de García Lorca. El mar sigue retumbando fuera.

“La piedra oscura”, título de una obra de teatro de Federico García Lorca, no se sabe si perdida o nunca escrita, de la que solo se conocen los personajes y los momentos iniciales, y en la que el poeta iba a abordar el tema de la homofobia, da título también a la pieza que el dramaturgo Alberto Conejero (Jaén, 1978) estrena el próximo miércoles en el teatro María Guerrero, de Madrid, bajo la dirección del argentino Pablo Messiez (Buenos Aires, 1974) y la interpretación de Daniel Grao y Nacho Sánchez. “La piedra oscura”, publicada por Ediciones Antígona con prólogo de Ian Gibson, está inspirada en el personaje real de Rafael Rodríguez Rapún, estudiante madrileño de Ingeniería de Minas, secretario del grupo teatral La Barraca y, según Ian Gibson, “el más hondo amor de Lorca”, que murió a los 25 años el 18 de agosto de 1937, luchando como teniente en el bando republicano tras las heridas sufridas en el frente de Santander, en Bárcena de Pie de Concha. A partir de hechos reales de la existencia de Rodríguez Rapún —dos años de investigación y testimonios directos de conocidos y familiares sobre este estudiante del que se conoce poco, hijo de un frutero y una criada, que muy joven vivió el impacto de conocer a Lorca no solo en su relación homosexual, sino también en ese explosivo y creativo entorno cultural de la II República en España—, Conejero teje un mosaico de ficción y fabula en torno a lo que pudo ser, pero no fue, la última noche de Rafael cuando, hecho prisionero por el bando nacional, pasó esas horas bajo la vigilancia de un jovencísimo e inexperto soldado que antes del comienzo de la contienda se dedicaba a las faenas del campo con su madre. Toda una construcción de una ausencia —nombres, datos y fechas son absolutamente reales— para poner sobre el escenario, de manera directa y emotiva, la necesidad de memoria colectiva —“¿cómo podemos seguir teniendo muertos en las cunetas?”, se pregunta Conejero, que prefiere hablar de memoria colectiva más que de memoria histórica—, pero también la redención a través del encuentro con el “otro” y la capacidad sanadora y salvadora del lenguaje cuando este se aborda sin manipulaciones. De alguna manera, la ficción le ha permitido al autor arrojar luz sobre la realidad.

Pablo Messiez, que con esta obra se estrena como director en el Centro Dramático Nacional, escenario que pisó en 2007 en su primer viaje a Madrid como actor con “Un hombre que se ahoga”, de Veronese, está fascinado. Se le ve exultante. Él, tan obsesionado siempre con el poder de la palabra, se ha encontrado con un texto que califica de “necesario y que trasciende una situación histórica concreta”. “El texto habla de la importancia de la memoria y de mantener los relatos de generación tras generación a través del poder de la palabra, de cómo cada uno de nosotros quedamos en la memoria de los otros. Es algo sobre lo que hay que volver una y otra vez. Y qué mejor que a través de Lorca y del teatro. Es una función que habla de la esencia del teatro, de repetir cada noche las palabras para que la historia no se olvide”. Pero, por encima de Lorca y de la tragedia de la guerra, “La piedra oscura” es, ante todo, según Messiez, el encuentro de dos personas que encarnan dos versiones diferentes y que, a medida que van poniendo palabras a sus relatos, palabras a las culpas que cada uno arrastra, van entrando en comunicación y se van acercando y sus cuerpos se transforman y sudan y lloran. “Lo más conmovedor es poder ser testigos del encuentro de esos dos seres humanos, tan alejados al inicio, y cómo se van necesitando poco a poco para acabar fundidos en un abrazo difícil de separar. Más allá de un trabajo arqueológico y de investigación sobre la historia, lo importante es dejarse llevar por la situación presente de estas dos personas que viven ante el espectador esa necesidad de encuentro profundo y verdadero entre ellas”.

Algo está pasando fuera de esas cuatro paredes lúgubres. Se oyen voces lejanas, gritos, portazos, órdenes. También el mar. Pero en esa habitación del hospital militar aguardan su destino dos hombres solos que no se conocen y que pertenecen a bandos enemigos. Uno es el guardián del otro, lleva una cruz colgada al cuello y tiene un fusil en el regazo. En la otra esquina, el prisionero, herido sobre un camastro sucio, con la camisa ensangrentada. Los dos nerviosos, angustiados. El guardián no quiere hablar, tampoco quiere oír las palabras del que tiene a su cargo —“Voy a aclararte una cosa. No me gusta hablar. Nunca me ha gustado hablar ni la compañía de los otros. No solo es el protocolo. No es solo que no nos convenga que alguien ahí fuera pueda escucharnos. Soy un hombre reservado. Piensa lo que quieras pero es así”—. El prisionero, Rafael, sí siente la necesidad de contar quién es, cómo se llama, quiénes son sus padres y hermanos, quiere que avisen a su familia si algo le ocurre… Insiste ante la cerrazón de su compañero. “¿Dónde estabas?”. “¿Cuándo?”. “Cuando empezó todo esto”. “Basta”. “Yo estaba en San Sebastián, de vacaciones…”. Y la conversación continúa y el soldado se va aflojando y cuenta que quería ser músico, que nunca fue al teatro y que a Lorca solo le oyó hablar una vez por la radio. Daniel Grao y Nacho Sánchez insisten en el tema del encuentro, ellos lo están viviendo en cada función de ensayo. “Es a partir de la escena donde nos contamos dónde nos pilló la guerra cuando todo se empieza a resquebrajar, la otra España, el bando contrario se desmorona y pierde todo el sentido. Es entonces cuando empiezan a aflorar los dos seres humanos con sus dolores y sus carencias”, asegura Grao, mientras Sánchez apunta: “Se ve cómo ambos personajes arrastran una culpa que comparten, que no les deja descansar y que todo ha sido provocado por ese suceso externo a ellos”. Y con el plus de belleza y admiración de “Federico y su teatro”, añade Grao, para quien esta función tiene un poder sanador. “En este encuentro no hay víctimas ni verdugos, ni malos ni buenos. Hay un punto de mayor conciencia y de pérdida del sentido de las banderas, las insignias y los estandartes de uno y otro bando. Es una manera sana de enfrentarse al pasado, de que cicatrice, pero para conseguirlo hay que enfrentarse a ello y no olvidarlo jamás”.

Y para que el espectador no olvide esa situación todavía inconclusa de los muertos en las cunetas, para que todos puedan detener un momento su mirada y ponerse en la piel de los familiares afectados, las 68 butacas de la sala de la Princesa del María Guerrero estarán cubiertas por unas camisas blancas con rastros de heridas y sangre, como la que lleva el prisionero Rafael, para, de manera simbólica, dar cabida en el teatro a los muertos de guerra. “Para ver esta función hay que sentarse sobre una ausencia”, dice Messiez.

"La piedra oscura." De Alberto Conejero. Dirección: Pablo Messiez. Intérpretes: Daniel Grao y Nacho Sánchez. Teatro María Guerrero. Madrid. Del 14 de enero al 22 de febrero.

ENLACES
CDN · Centro Dramático Nacional | La piedra oscura
http://cdn.mcu.es/espectaculo/la-piedra-oscura/
>
DOCUMENTACIÓN

La piedra oscura
Eduardo Nabal Aragón | Diario Progresista, 2015-01-27
http://www.diarioprogresista.es/la-piedra-oscura-60076.htm
El CDN estrena «La piedra oscura», una obra sobre el último amor de García Lorca
Alberto Conejero rescata en esta pieza al que fue secretario de La Barraca, Rafael Rodríguez Rapún
Julio Bravo | ABC, 2015-01-14
http://www.abc.es/cultura/teatros/20150114/abci-piedra-oscura-conejero-messiez-201501131547.html
El sueño perdido de García Lorca
Esther Alvarado | El Mundo, 2015-01-14

http://www.elmundo.es/cultura/2015/01/14/54b5455322601d3b568b456d.html
El hombre que no desapareció tras Lorca
Rafael Rodríguez Rapún fue mucho más que el último novio de Federico García Lorca.
Una obra firmada por Alberto Conejero, y un ensayo que aún busca editorial, reivindican la figura de un joven que encarna los temblores de una era que marcó a España para siempre.
Esther Alvarado | El Mundo, 2014-08-25
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/25/53fa03e5ca4741cd6c8b4579.html
"Rapún era un cerdo que se acostaba con mujeres"
Luis María Ansón | El Cultural, El Mundo, 2013-09-13
http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/33272/Rapun_era_un_cerdo_que_se_acostaba_con_mujeres

lunes, 25 de agosto de 2014

#hemeroteca #garcialorca | El hombre que no desapareció tras Lorca

Imagen: MiZonaTV
El hombre que no desapareció tras Lorca
Rafael Rodríguez Rapún fue mucho más que el último novio de Federico García Lorca. Una obra firmada por Alberto Conejero, y un ensayo que aún busca editorial, reivindican la figura de un joven que encarna los temblores de una era que marcó a España para siempre.
Esther Alvarado | El Mundo, 2014-08-25
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/25/53fa03e5ca4741cd6c8b4579.html

"Nadie puede desaparecer del todo", desea Rafael Rodríguez Rapún en la obra 'La piedra oscura' (Antígona), firmada por Alberto Conejero, que se estrenará en enero de 2015 en el Centro Dramático Nacional. "Nadie puede desaparecer del todo"... y nadie es sólo una cosa en la vida. El mismo Rafael, por ejemplo, no fue sólo el último novio de Federico García Lorca, aunque la historia, tozuda, se esfuerce en recordarle de este modo.

No hay contribuciones con su firma a la literatura universal, es cierto, pero es muy probable (de hecho, algunos estudiosos así lo consideran) que 'Los sonetos del amor oscuro' de Lorca estuvieran dedicados a él. Su relación tormentosa con Federico los marcó a ambos y quién sabe si fue su última discusión lo que decidió fatalmente sus destinos.

Eso es lo que investiga el dramaturgo y filólogo Alberto Conejero en el archivo de la familia de Rafael. Tomás, el hermano pequeño de Rafael colaboró hasta su muerte (en 2012) a unir las piezas de este rompecabezas que Conejero se empeñó en desentrañar hace algunos años. "Esta pieza y el ensayo que le prometí a Tomás que escribiría nacen de mi amor por la obra de Lorca. Yo escribo teatro por Lorca. Cuando era joven escribía poemas y mi referencia era él", confiesa este joven autor que tiene entre sus títulos 'Cliff', 'Sweet Home' o 'Sicalipsis Now!'

El detonante fue la convocatoria de las becas de Dramaturgias Emergentes del INAEM hace tres años. "Pensé escribir este texto porque el momento político me llevaba a ello. 'La piedra oscura' [prologada nada menos que por Ian Gibson] sucede en el 37 y lanza preguntas sobre los cimientos de la democracia que me interesaba mucho hablar en este momento", comenta.

Para ello fabuló sobre un final distinto a la vida de Rafael Rodríguez Rapún, que en realidad murió justo un año después que Lorca, en un hospital de Santander a consecuencia de unas heridas producidas por el bombardeo de un avión italiano. "Sólo la ocasión es distinta. Todo lo que dice el personaje es real", aclara.

En 'La piedra oscura', Rafael es hecho prisionero y encarcelado por los sublevados. Le vigila Sebastián, un personaje inventado que le da a Conejero la oportunidad de poner en valor la mirada inocente del conflicto. Ambos se enzarzan en una conversación a tumba abierta que termina con ese dubitativo "nadie puede desaparecer del todo, ¿verdad?", pregunta que al autor le vale para la memoria de Rapún y para "los cadáveres que hay sin identificar en las cunetas de este país, incluido el de Lorca. No concibo que dar sepultura a estas personas sea un problema".

Aunque aún falta tiempo para que se estrene en el escenario del María Guerrero (Madrid), ya se sabe que el actor Daniel Grao será Rafael Rodríguez Rapún (a quien llamaban 'Tres Erres') bajo la dirección del argentino Pablo Messiez. "Si la obra puede conseguir algo es que, al ser nombrado en el teatro, Rafael por un momento viva en nosotros... Para mí eso es suficiente", señala el autor.

"No he hecho una hagiografía, porque no quería mostrar a Rafael como un santo. Y por eso aparece Sebastián: un muchacho que vive en un pueblo de Santander, que toca en la banda municipal, cuya madre ha muerto... Me da mucho miedo el teatro que se hace desde una supuesta superioridad intelectual y una supuesta certeza. Ése no es el lugar del teatro. El teatro debe lanzar preguntas para las que uno no tiene respuestas", reflexiona el autor.

La figura de Rafael no ocupa un lugar subsidiario en 'La piedra oscura' respecto de Federico; todo lo contrario. "No le he escogido para hablar de Federico, su figura merece atención autónoma por sí mismo", añade el autor y empieza a desgranar los pocos retazos que se saben públicamente de la vida de su protagonista y los que ha encontrado después de dos años de investigación.

"Federico y Rafael pasaron juntos los cinco últimos años de la vida de ambos". Cuando se conocieron, Rafael era un muchacho de 20 años que estudiaba Minas y Derecho y tenía el carné de socio del Atlético de Madrid. Federico, de 32, era ya un poeta y autor teatral consagrado. Según la obra de Alberto Conejero, Rafael se sintió fascinado por Federico. Iba y venía a él presa de una atracción irresistible entre tormentosas discusiones a causa de la penumbra en la que se desarrollaban sus relaciones.

"De hecho, 'Los sonetos del amor oscuro' están escritos en 1935 y hablan de una gran crisis entre Federico y Rafael, una de las muchas, por la clandestinidad a la que estaban condenados", asegura el filólogo.

Era la batalla, como recogió en un verso Federico, del "número y la rosa", que sirve igualmente en referencia al científico y el amante del teatro que Rafael llevaba dentro de sí. "Rafael entra en el teatro a través de la UGT, a la que él estaba afiliado, y llegó a ser secretario de La Barraca". De esa época, en el archivo familiar de los Rodríguez Bernís se conservan libros de gira, la agenda de La Barraca y otros documentos que revelan que "la salida de Federico no fue nada amable", fotografías inéditas, postales y primeras ediciones de las obras de Lorca dedicadas con letra picuda y dibujos infantiles a su "entrañable y leal camarada".

Para llegar a este "tesoro", Alberto Conejero tuvo que buscar a los familiares de Rafael y encontró que su hermano Tomás aún vivía. "Cuando le llamé por teléfono me preguntó qué quería contar de su hermano y le dije que quería rescatarlo del papel de "el amante de" que es algo peor que el olvido. Me dijo: 'Muchacho, coja un taxi', y me fui a verle". Fueron unas cinco o seis entrevistas, 10 horas de grabación en las que Tomás le contó al investigador detalles importantes y nimios y, junto con sus hijas Margarita y Sofía puso en sus manos el legado familiar.

"Tomás murió unos meses después de que yo terminase el texto teatral y a él va dedicado. También le prometí que escribiría un ensayo sobre todo lo que he encontrado en su archivo, y en ello estoy. Ya lo tengo empezado, pero todavía no tengo editorial", lamenta Conejero, que considera muchas de las imágenes que ha encontrado como históricas.

El ensayo mostrará a Rafael como lo que fue: "Un testigo inesperado e inopinado tanto de la vida artística de España (Generación del 27, nuestra historia teatral) como de la guerra. Su vida es un hilo conductor que, desde lugares no transitados, va a arrojar luz sobre algunos aspectos, como la propia muerte de Federico". "Yo no voy a hacer una biografía que no sea literaria. No quiero hacer un ensayo que no transmita el temblor de la vida de este hombre", añade Conejero.

El temblor de Rafael cuando, después de volver del norte, donde el estallido de la guerra le sorprendió, entró en su casa y su padre le recibió con un estoico: "Que sepas que han matado a tu amigo, el poeta". "Le han matado por mi culpa", se lamentó 1.000 veces ante su hermana María, que más tarde le contó a Toña, una modistilla de la familia con una memoria privilegiada, toda la historia de su hermano. Cuando está a punto de estallar la guerra Federico y Rafael discuten por lo mismo de siempre. Ha terminado sus exámenes y Rafael marcha al norte mientras Federico, que no se había exiliado para no irse de España sin él, se marcha a Granada "donde puede que se sintiera más seguro".

La muerte de Lorca no fue culpa de Rafael, sino de quien dio la orden y quien apretó el gatillo, pero durante mucho tiempo él "tuvo que vivir con esos fantasmas, aunque no es cierto que se dejase matar por eso", aclara el filólogo. "Fue a la guerra a luchar por la República, en la que creía, y murió desangrado porque un avión italiano le llenó de metralla".

Lo último que se sabe de él son las postales que mandó a la familia desde el frente, con los renglones bien firmes y la letra afilada. La última la envió desde Oviedo. Después está su tumba en el cementerio de Ciriego (Santander) y una anotación en el libro de registro justo antes que la de "un muchacho desconocido", triste metáfora del significado de la función, según su autor. "Es una obra que habla de la memoria como un espacio de Justicia. No puede ser malo enterrar a nadie. 'La piedra oscura' no es un acto de venganza; es un acto de reivindicación del dolor de los otros".

domingo, 30 de junio de 2013

#libros #teatro | La piedra oscura

La piedra oscura / Alberto Conejero ; prólogo de Ian Gibson ; notas de Alejandro Tantana
Antígona, Madrid : 2013 / 2ª ed. - 2014
Colección: Teatro ; 30
110 p.
ISBN 9788415906070 [2013-06] / 12 €

/ ES / Teatro
/ Federico García Lorca / Franquismo / Guerra Civil / Historia – Siglo XX / Memoria colectiva / Rafael Rodríguez Rapún / Relaciones humanas

Una habitación de un hospital militar cerca de Santander; dos hombres que no se conocen y que están obligados a compartir las horas terribles de una cuenta atrás que quizá termine con la muerte de uno de ellos al amanecer. Un secreto envuelto en remordimientos y un nombre que resuena en las paredes de la habitación: Federico. Queda tan solo la custodia de unos documentos y manuscritos como último gesto de amor.

Inspirada en la vida de Rafael Rodríguez Rapún —estudiante de Ingeniero de Minas, secretario de la Barraca y compañero de Federico García Lorca en los últimos años de sus vidas—, La piedra oscura es una vibrante pieza sobre la memoria como espacio de justicia y también sobre la necesidad de redención. Un texto en el que se aúnan tensión dramática y pulso poético para levantar interrogantes sobre la naturalización de nuestro pasado más reciente y el destino de los olvidados en las cunetas de la Historia.

ENLACES
Antígona | La piedra oscura

http://www.edicionesantigona.com/index.php/es/colecciones/teatro/la-piedra-oscura
>
DOCUMENTACIÓN
El CDN estrena «La piedra oscura», una obra sobre el último amor de García Lorca

Alberto Conejero rescata en esta pieza al que fue secretario de La Barraca, Rafael Rodríguez Rapún
Julio Bravo | ABC, 2015-01-14
http://www.abc.es/cultura/teatros/20150114/abci-piedra-oscura-conejero-messiez-201501131547.html
Encuentro con el enemigo
Pablo Messiez dirige 'La piedra oscura', un relato de Alberto Conejero que indaga en la memoria colectiva
Rocío García | El País, 2015-01-12
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/07/babelia/1420649841_006592.html
El sueño perdido de García Lorca
Esther Alvarado | El Mundo, 2015-01-14

http://www.elmundo.es/cultura/2015/01/14/54b5455322601d3b568b456d.html
El hombre que no desapareció tras Lorca
Rafael Rodríguez Rapún fue mucho más que el último novio de Federico García Lorca.
Una obra firmada por Alberto Conejero, y un ensayo que aún busca editorial, reivindican la figura de un joven que encarna los temblores de una era que marcó a España para siempre.
Esther Alvarado | El Mundo, 2014-08-25
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/25/53fa03e5ca4741cd6c8b4579.html
"Rapún era un cerdo que se acostaba con mujeres"
Luis María Ansón | El Cultural, El Mundo, 2013-09-13

http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/33272/Rapun_era_un_cerdo_que_se_acostaba_con_mujeres