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jueves, 13 de diciembre de 2018

#libros #gestacionsubrogada | La gestación para otros : una reflexión jurídico-constitucional sobre el conflicto entre deseos y derechos

La gestación para otros : una reflexión jurídico-constitucional sobre el conflicto entre deseos y derechos / Octavio Salazar Benítez ; prólogo de Ana de Miguel.
Madrid : Dykinson, 2018 [12-13].
288 p.
ISBN 9788491489269 / 26 €

/ ES / ENS
/ Derecho / Gestación subrogada / Neoliberalismo / Patriarcado / Progenitura

Este libro supone un sólido punto de apoyo para comprender en profundidad adónde nos están conduciendo las nuevas tecnologías de la reproducción en un mundo gobernado por el patriarcado y el capitalismo en su versión neoliberal. Un mundo en que, como siempre, quienes tienen poder suficiente no está dispuestos a tolerar ningún límite a sus deseos. A costa de quien sea y como sea.

La función de las mujeres como contenedores reproductivos viene de un largo pasado patriarcal, del poder de los padres. Hoy, sencillamente, estamos asistiendo a una nueva versión del uso de mujeres como “vasijas vacías” para la reproducción. Reproducción de la carga genética de personas que, por razones varias, o pueden o no quieren gestar en sus cuerpos. Estamos hablando de lo que se denomina “gestación subrogada”, “madres sustitutorias” o el nuevo mercado de “vientres de alquiler”. Estas denominaciones como se podrá ver a lo largo del libro no son indiferentes, están determinadas por una posición moral y política ante el caso. – Ana de Miguel

viernes, 8 de septiembre de 2017

#hemeroteca #transexualidad #historia | Elena o Eleno de Céspedes : un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II

Elena o Eleno de Céspedes : un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II / Ignacio Ruiz Rodríguez, Alexander Hernández Delgado.
Madrid : Dykinson, 2017 [09-08].
259 p.
ISBN 9788491482840 / 20 €

/ ES / ENS
/ Derecho / Eleno de Céspedes / Historia – Siglo XVI / Hombres trans / Inquisición / Testimonios / Transgénero / Transexualidad

Este libro de Ignacio Ruiz Rodríguez, Catedrático de Historia del Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos, nos proporciona un detallado análisis del proceso civil e inquisitorial al que se vio sometida Elena o Eleno de Céspedes, para su autor, "un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer", en tiempos del reinado de Felipe II. Y si nos preguntamos qué hay detrás de este proceso, vemos que el detonante para que Elena (Eleno) de Céspedes sea juzgada y finalmente condenada a graves penas, no fue otro que su matrimonio, en 1586, con otra mujer. 

El profesor Ignacio Ruiz nos regala, generosamente, una obra concebida para ser el brillante resultado del ejercicio científico, histórico-jurídico y heurístico que ha materializado en el libro. Se trata de una publicación accesible a toda suerte de lectores, y no sólo para especialistas en materia jurídica o en la historia de la época moderna, sencilla, pero a la vez rigurosa. Un texto para ser leído como un ensayo biográfico, para ir avanzando en el conocimiento del personaje y comprendiendo su trayectoria vital, las circunstancias de los procesos en los que se vio inmerso y la grave condena que se le infligió. 

La obra se completa con una bibliografía actualizada que orienta al lector, no faltando el listado de lugares por los que transitó Elena (Eleno) de Céspedes en los estertores de la España imperial del Quinientos.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

#libros #feminismo | Razones y sinrazones para una criminología feminista

Razones y sinrazones para una criminología feminista / María Luisa Maqueda Abreu
Madrid : Dykinson, 2014 [12]
298 p.
Colección: Biblioteca de Criminología
ISBN 9788490852057 / 24 €

/ ES / ENS
/ Criminología / Delincuencia / Feminismo / Mujeres / Rol según el sexo 
Biblioteca UPV/EHU

Este libro habla de la falta de empatía que la criminología convencional ha mostrado hacia las mujeres como sujetos de delito. Ignoradas, cuando no deformadas bajo una mirada interesadamente sexista, ellas han permanecido al margen de la evolución de las ideas acerca de la criminalidad y su definición, como seres natural y socialmente conformes. Concebido el delito como masculino, su desviación tenía que ser interpretada como signo de una anormalidad individual, fruto de disfunciones y patologías propias de su sexo, o de una socialización frustrada en los roles normativos de género destinados a asegurar su vinculación al espacio privado y a los dictados de una domesticidad y una pasividad impuestas.


Desde el feminismo se hacía imprescindible elaborar un nuevo saber criminológico destinado a ofrecer un marco ideológico crítico con esa realidad simplista y exasperante, empeñada en una explicación ahistórica de la trasgresión femenina, sin referencia a las características estructurales de la sociedad y la cultura en que las mujeres están insertas, como si fueran seres excluidos del orden social y simples víctimas de una jerarquía sexual imposible de desafiar.

Las páginas de este libro se proponen recorrer las trayectorias marcadas por ese pensamiento crítico para investigar, en nuestra realidad penal y penitenciaria, acerca de posibles procesos selectivos de criminalización que sitúen a las mujeres en una posición de desventaja y de discriminación que una criminología feminista deba desvelar, poniendo remedio a una ignorancia que dura ya demasiado tiempo.

María Luisa Maqueda Abreu es Catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada. Desde el año 1998 ha realizado investigaciones relacionadas con la violencia contra las mujeres, en particular, sobre malos tratos, tráfico, explotación sexual y prostitución. Ha participado asimismo en diversos proyectos de investigación relacionados con el género, la multiculturalidad y los colectivos en los márgenes (2005, 2010, 2012). Entre sus publicaciones más recientes sobre esos temas destacan: “Prostitución femenina y control: una relación controvertida” (1998); “La violencia de género: entre el concepto jurídico y la realidad social” (2006); “¿Es la estrategia penal una solución a la violencia contra las mujeres?: algunas propuestas desde un discurso feminista crítico” (2007); “Prostitución, feminismos y derecho penal” (2009): “A propósito de la trata y de las razones que llevan a confundir a l@s inmigrantes con esclav@s” (2009); “1989/2009: veinte años de ‘desencuentros’ entre la ley penal y la realidad de la violencia contra las mujeres” (2010); “La trata sexual de mujeres: entre mitos y realidades” (2011); “El peso del género y otras identidades culturales en la criminalización de las mujeres” (2014). Otras líneas de investigación recientes se orientan hacia materias de política criminal y criminología relacionadas con la expansión del control del delito y los jóvenes de la calle. Entre ellas: “Políticas de seguridad y Estado de Derecho” (2004); “La expansión del control y la hipocresía de las leyes penales” (2008); “Aproximación a la violencia juvenil colectiva desde una criminología crítica (bandas, tribus y otros grupos de calle)” (2010). En la actualidad trabaja sobre criminalización del espacio público.

domingo, 31 de marzo de 2013

#libros #igualdad | Masculinidades y ciudadanía : los hombres también tenemos género

Masculinidades y ciudadanía : los hombres también tenemos género / Octavio Salazar Benítez
Dykinson, Madrid : 2013
468 p.
ISBN 9788490313961 [2013-03] / 30 €

/ ES / ENS
/ Derechos / Género / Igualdad / Masculinidad / Mujeres / Política / Rol según el sexo / Sociología

La conquista de una plena igualdad entre mujeres y hombres requieres la superación del orden jurídico-político y cultural del patriarcado. Ello pasa necesariamente por la revisión de la masculinidad hegemónica y de un contrato social hecho a imagen y semejanza del diligente padre de familia. Una tarea que ha de empezar por el análisis crítico de la identidad masculina y que ha de proyectarse finalmente en los dos ejes que articulan un sistema constitucional: la ciudadanía y el poder. O lo que es lo mismo, por la asunción de que los hombres también tenemos género y de que la democracia o es paritaria o no es.

"Gracias al patriarcado, los hombres también tenemos género, es decir, también "nos hacemos" de acuerdo con unas reglas sociales y culturales que determinan nuestro lugar en la sociedad así como nuestra propia identidad. Somos educados para desempeñar el papel que se espera de nosotros y que está ligado a las posiciones de privilegio que durante siglos nos han convertido en sujetos activos frente a unas mujeres sometidas en lo privado y condicionadas por su papel de cuidadoras. Y no sólo nos hemos visto obligados a asumir como máscaras inalienables la agresividad, la competitividad, la obsesión por el desempeño o la fortaleza física, sino que al mismo tiempo hemos renunciado a las virtudes y capacidades vinculadas a lo emocional, a los trabajos de cuidado, al mundo femenino que ha carecido de valoración socio-económica y cultural".

Octavio Salazar Benítez es profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad e Córdoba. Sus línea de investigación prioritarias son igualdad de género, participación política, diversidad cultural y religiosa. Entre sus monografías cabe destacar “Las cuotas electorales femeninas: una exigencia del principio de igualdad sustancial”, “Las horas. El tiempo de las mujeres” o “Cartografías de la igualdad”. Recientemente ha sido galardonado con el Premio de Investigación e Innovación para la Interculturalidad que otorga la Cátedra Córdoba Ciudad Intercultural.

Los hombres también tenemos género
Octavio Salazar | Mujeres | El País, 2013-04-18

http://blogs.elpais.com/mujeres/2013/04/los-hombres-tambi%C3%A9n-tenemos-g%C3%A9nero-1.html

Todavía hoy a muchos, y también a muchas, les sigue sorprendiendo que me defina como hombre feminista, algo que además en estos tiempos de retrocesos democráticos proclamo con contundencia siempre que puedo. No obstante, a estas alturas debería ser incuestionable que la igualdad de derechos de mujeres y hombres es un presupuesto ineludible de la democracia. En consecuencia, cualquier demócrata, hombre o mujer, debiera ser feminista, en cuanto que individuo comprometido con el objetivo de que el sexo no sea un obstáculo para el acceso a los bienes y el disfrute de los derechos. Desde el convencimiento de que el feminismo no es lo contrario al machismo y de que la lucha de aquel no es contra los hombres sino contra el orden social y cultural que representa el patriarcado.

A diferencia de las mujeres, que llevan siglos cuestionando su lugar en la sociedad y el pacto social que las ha mantenido históricamente discriminadas, los hombres no hemos tenido la necesidad de mirarnos en el espejo y mucho menos de analizar críticamente una estructuras que nos beneficiaban. Como bien sentenció John Stuart Mill, hemos sido educados en la “pedagogía del privilegio” y, por tanto, nos hemos limitado a ejercer el poder en unas estructuras binarias basadas en la supremacía de lo masculino sobre lo femenino. Todo ello además con el respaldo garantista de los ordenamientos jurídicos y desde la identificación de lo universal con lo masculino.

Con ese desigual reparto de posiciones se configuraron los Estados contemporáneos, la teoría de los derechos humanos y hasta las mismas democracias que durante décadas excluyeron a las mujeres de la plena ciudadanía. Como bien ha analizado el feminismo, el pacto social estuvo precedido de un “contrato sexual” mediante el que se consagró el privado como espacio de sometimiento de las mujeres mientras que en el público nosotros ejercíamos plenamente los derechos como ciudadanos.

En paralelo se consolidaron dos mundos, el masculino y el femenino, articulados de manera jerárquica y a los que correspondieron valores, hábitos y actitudes concebidos desde la oposición. En este contexto los hombres hemos sido siempre socializados para desempeñar la función de proveedores y para monopolizar la esfera pública.

Se nos ha educado para el ejercicio del poder, el éxito profesional y la individualidad competitiva, lo cual ha implicado a su vez el desarrollo de unas capacidades y la renuncia a otras. Es decir, se nos ha socializado en el marco de unos valores y habilidades que contribuían a alcanzar y mantener nuestro papel de héroes, al tiempo que negábamos las capacidades consideradas femeninas. La masculinidad patriarcal, por tanto, se ha construido sobre una afirmación –la que la vincula con el ejercicio del poder y, en consecuencia también, con el uso en su caso de la violencia– y sobre una negación –ser hombre es ante todo “no ser una mujer”.

No en vano el diccionario de la RAE mantiene como una de las acepciones de feminidad “el estado anormal del varón en el que concurren uno o varios caracteres femeninos”. De ahí que la homofobia, entendida en un sentido amplio como rechazo de lo femenino y en sentido estricto como negación de las opciones no heterosexuales, forme parte de la definición de una virilidad que ha acabado actuando sobre nosotros como un “imperativo categórico”.

En definitiva, y gracias al patriarcado, los hombres también tenemos género, es decir, también “nos hacemos” de acuerdo con unas reglas sociales y culturales que determinan nuestro lugar en la sociedad así como nuestra propia identidad. Somos educados para desempeñar el papel que se espera de nosotros y que está ligado a las posiciones de privilegio que durante siglos nos han convertido en sujetos activos frente a unas mujeres sometidas en lo privado y condicionadas por su papel de cuidadoras. Y no sólo nos hemos visto obligados a asumir como máscaras inalienables la agresividad, la competitividad, la obsesión por el desempeño o la fortaleza física, sino que al mismo tiempo hemos renunciado a las virtudes y capacidades vinculadas a lo emocional, a los trabajos de cuidado, al mundo femenino que ha carecido de valoración socio-económica y cultural.

Esa omnipotencia también ha generado sus patologías, las cuales nos han mantenido en muchos casos aferrados a un yugo. Prisioneros en la cárcel de la masculinidad hegemónica que nos ha exigido demostrar de forma permanente nuestra hombría y ocultar bajo mil escudos nuestra humana vulnerabilidad.

Es urgente, pues, que los hombres empecemos a mirarnos por dentro y a analizar críticamente nuestro lugar en un pacto social que nos hizo vencedores, aunque paradójicamente también nos condenara a renunciar a todo lo que no cabía en el prototipo del que Joaquín Herrera denominó "depredador patriarcal". Es necesario que nos reubiquemos en lo privado, que reivindiquemos y ejerzamos nuestro derecho-deber de corresponsabilidad en el ámbito familiar, que asumamos los valores y las habilidades que durante siglos negamos por entenderlas como negadoras de nuestra masculinidad y, por supuesto, que encabecemos junto a nuestras compañeras las luchas aún pendientes por la igualdad. Un compromiso que se hace especialmente necesario ante la crisis del Estado Social y la reacción patriarcal que empieza a vislumbrarse, dos factores que no sólo ralentizan la agenda feminista sino que incluso ponen en peligro los derechos que creíamos definitivos.

La conquista de la democracia paritaria pasa necesariamente por la revisión de la masculinidad patriarcal y por un proceso de transformación socio-cultural en el que los hombres hemos de asumir un papel protagonista. Sin él, los logros serán puntuales y frágiles, de manera que se continuará prorrogando un orden que sigue empeñado en ofrecer más obstáculos a las mujeres en el ejercicio de sus derechos y que en los últimos tiempos está desarrollando mecanismos cada vez más sutiles de dominación.

Esa revisión debe incidir a su vez en la armonización entre lo público y lo privado, así como en la redefinición de una racionalidad pública hecha a imagen y semejanza de los hombres. En estos momentos de crisis política y económica es más oportuno que nunca plantear otras maneras de ejercer el poder, de organizar la convivencia y de gestionar los conflictos.

Es necesario encontrar, como ya plateara Virginia Woolf en sus “Tres guineas”, “nuevos métodos y nuevas palabras”. Un reto que exige la superación de la subjetividad patriarcal, la apuesta por masculinidades heterogéneas y disidentes y la configuración de una ciudadanía capaz de superar los binarios –público/privado, razón/emoción, producción/reproducción, cultura/naturaleza, heterosexualidad/diversidad afectivo-sexual– que durante siglos han servido para mantener subordinadas a las mujeres y en posición de privilegio a los hombres.

Aunque también, y eso es algo que yo he ido descubriendo al quedarme desnudo frente al espejo, esa hombría impuesta nos haya condenado, a la mayoría sin ser conscientes de ello, a perdernos todo aquello que el orden cultural dominante entendía que entraba en contradicción con la demostración pública de nuestra virilidad. De ahí el doble compromiso que como hombre demócrata asumo como irrenunciable, el que comienza por quitarme la máscara del género que me atosiga y que continúa con la militancia feminista que parte del convencimiento de que la democracia “o es paritaria o no es”.

DOCUMENTACIÓN
Masculinidades y ciudadanía: los hombres también tenemos género
María Mangas | Sur de Córdoba, 2013-06-16

http://www.surdecordoba.com/cabra/masculinidades-y-ciudadania-los-hombres-tambien-tenemos-genero
Octavio Salazar reflexiona sobre la igualdad desde lo masculino
Los hombres también están "condicionados" por su sexo, dice el autor
Carmen Lozano | Diario Córdoba, 2013-05-16
http://www.diariocordoba.com/noticias/cultura/octavio-salazar-reflexiona-igualdad-masculino_803861.html
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RESEÑAS
Octavio Salazar Benítez, "Masculinidades y ciudadanía. Los hombres también tenemos género" / Javier Vilaplana Ruiz
En: Derechos y libertades: Revista del Instituto Bartolomé de las Casas (ISSN 1133-0937), año 18, n. 30 (2014), p. 299-306
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VISA PREVIA | Huffington Post

http://big.assets.huffingtonpost.com/INTRODUCCIONMASCULINIDADESYCIUDADANIA.pdf