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viernes, 3 de agosto de 2018

#hemeroteca #chavelavargas #cine | La volcánica vida de Chavela Vargas: olvido, sexo, alcohol y balazos

Imagen: El País / Chavela Vargas
La volcánica vida de Chavela Vargas: olvido, sexo, alcohol y balazos.
Tras ser aplaudido en festivales, llega a las salas mexicanas un documental que bucea en la historia íntima de la artista más allá del mito.
David Marcial Pérez | El Espectador, El País, 2018-08-03
https://elpais.com/cultura/2018/07/30/actualidad/1532915548_045907.html

Terror de las cantinas mexicanas, cómplice tequilera de José Alfredo durante parrandas interminables, la leyenda cuenta que Chavela Vargas abandonó el alcohol en los ochenta después de un trance catártico con unos chamanes. En realidad, fue el ultimátum de su pareja cuando la descubrió, ebria como siempre durante aquella época, enseñando a su hijo de ocho años como se mataban arañas a balazos de revolver.

“O dejas de beber o no nos vuelves a ver”, fueron las palabras de Alicia Elena Pérez Duarte, representante y pareja durante los años más oscuros de la volcánica artista costarricense, hija adoptiva de México y colosal heredera de su tradición ranchera. Desnudando el aura del mito, su dobleces, alegrías y amarguras, el documental 'Chavela' se presenta este fin de semana en las salas mexicanas después de ser aplaudido en su periplo por festivales.

Las directoras, Catherine Gund y Daresha Kyi, arrancan en mitad de la partida. Con una entrevista en 1991, cuando la cantante acababa de regresar a los escenarios después de 12 años de vacío. “La gente creía que estaba muerta”, cuenta una de las promotoras de aquel primer nuevo concierto, que estuvo a punto de caerse antes de empezar. Las promotoras amenazaron con cancelar si Chavela osaba volver a beber un trago.

“El alcohol es la enfermedad de la soledad, del abandono, de estar rodeado de mucha gente pero al final, nada”, reconocía ella misma ante la cámara. Soledad es una de las palabras que más repiten en la cinta. Desde la semblanza de “aquella niña triste, un poco sola, que no tenía el verdadero amor de sus padres”, quienes la consideraban rara, una niña-niño con manos grandes y cuerpo enjuto, que la escondían “para que no la vieran las visitas” y que hasta el cura de San José le prohibía la entrada en la iglesia.

De aquella claustrofóbica Costa Rica salió huyendo a finales de los treinta. Con 17 años llegó al México del ‘cine de oro’, con sus férreos prototipos de machos bigotones y almibaradas dulcineas. “México me enseñó a ser lo que soy, pero no con besos sino a patadas y a balazos. Me agarró y me dijo te voy a hacer una mujer en tierra de hombres y te voy a ensañar a cantar”. O en palabras de otra de las voces del documental: “en un mundo muy macho, muy misógino, donde una lesbiana no tenía lugar, Chavela tuvo que ser la más fuerte, la más macha, la más borracha”.

Se construyó a sí misma como un personaje a la contra de los roles de aquel mundo, como una especie de heroína anti-femenina: parca, altiva, amante imbatible con pantalones y poncho. De Frida Kahlo a Ava Gardner, de jovencitas estadounidenses en la playa de Acapulco a las esposas de los ministros que iban a verla en sus conciertos, ella misma fue cimentando su leyenda depredadora.

Su carrera mientras tanto, pese al apoyo de José Alfredo Jiménez, tótem de la canción mexicana, no lograba dar el gran salto. “Le daban lugares chiquitos, bohemios, nunca los grandes escenarios”, recuerda el hijo de Jiménez. Poco a poco se fue apartado de los focos. Recluida con su perro en su casa de Tepoztlan, una zona boscosa a las afueras de la capital mexicana, pasaba el día bebiendo con quien se encontrase en su camino, viviendo casi de la caridad de los amigos.

Hasta que la sobriedad le devolvió a los escenarios, y en uno de aquellos conciertos el encuentro con un productor español le abrió definitivamente las puertas del reconocimiento, la fama y el éxito internacional. Pedro Almodóvar, amigo, padrino, “mi marido en esta tierra”, la propulsa colocando sus canciones en sus películas. París también se rinde a sus quejidos tras el famoso concierto en el Olimpia. Vuelve a casa y llena el Auditorio Nacional, el Palacio de Bellas Artes, los grandes recintos de la alta cultura mexicana. “Es un orgullo cumplir este sueño cuando ya casi estoy acabando”, cuenta a cámara. En 2012, con 92 años, decide volver a Madrid. Es verano y en aquel último concierto se niega a sentarse durante las más de dos horas de recital.

Sus amigos aseguran que su intención era morir, literalmente, encima del escenario. No lo logró porque el achaque vino después de cantar. La internaron. “No me voy a morir en España. Daos prisa porque ésta ha estado rondando por aquí y ya me quiere llevar”, recuerdan sus allegados que dijo aquel día. Apenas un mes después, ya en México, se apagaba el volcán.

viernes, 16 de junio de 2017

#hemeroteca #testimonios #chavelavargas | El dolor por dentro de Chavela Vargas

Imagen: El Mundo / Chavela Vargas
El dolor por dentro de Chavela Vargas.
El documental 'Chavela' repasa la figura del icono que supuso Chavela Vargas.
Luis Martínez | El Mundo, 2017-06-16
http://www.elmundo.es/cultura/cine/2017/06/15/5942cf67e2704e21408b45ba.html

Ser Chavela fue una empresa sólo a la altura de la propia Chavela. "Para ser Chavela tenía que ser más macha y más borracha que cualquiera de los chavos que había a su alrededor", se escucha en el documental de Catherine Gund y Daresha Kyi que se estrena este viernes y que, como no podía ser de otro modo, responde al nombre de ‘Chavela’. La película, presentada en el pasado Festival de Berlín, es antes que un simple repaso de las heroicidades, industrias y andanzas de un personaje desmedido, un viaje a lo más íntimo de algo tan íntimo como el dolor. "El dolor forma todo lo que ella hizo. Sin ese sufrimiento no habría sido quien fue. Transmitía esa pena y la compartía. Transformaba su dolor en arte. Ella más que cantante era intérprete. Interpretaba sus canciones, les daba alma, las convertía en otra cosa; en algo que dolía", comenta Kyi para dar la perfecta medida de una cinta que es también herida. Como todo lo que tocaba Chavela.

La película empieza en los años 50. Y ya entonces la veinteañera que luego fue nonagenaria (murió en 2012) era ya la misma. Y de una pieza. En un México furiosamente macho por irremediablemente español quizá, ella se rebela. Se incendia. Contra todos. Viste pantalones, se recoge el pelo, fuma, bebe, vuelve a beber y entona sus canciones de espaldas al exotismo casi tribal de la ranchera al uso. Ni volantes, ni gorgoritos, ni ‘ayayays’. Es lesbiana. Pero no lo dice, lo ejerce. "Manifestaría su orientación sexual de forma abierta ya de muy mayor. A ella no le hacían falta banderas. Era una bandera. El resultado es que ahora mismo todas las ‘lesbianitas’ de México la adoran, la reconocen como su símbolo, le agradecen haber sido quien es todavía", comenta la directora. Y le creemos.

Nació en Costa Rica en 1919 con el nombre de Isabel Vargas Lizano. Pero ella, como se dice en varias ocasiones, pronto supo que su destino era México. "Sentí que me estaba esperando", confiesa. Allí conoció y hasta se bebió entero a José Alfredo Jiménez. Aunque quizá fue al revés: fue él el que se bebió a ella. O los dos mutuamente. El caso es que el tequila se hizo alma y habitó entre nosotros. En la cinta la vemos arrastrar la voz, el cuerpo y la mirada siempre triste por la boca, la piel y los ojos manchados de rímel de mil mujeres, de mil garitos, de mil miradas tristes. Y así hasta agotarlas todas. "Una noche incierta, todo el mundo amaneció con todo el mundo y yo con Ava Gardner", dice. Y después de ella todas las demás. Hasta Frida Kahlo fue suya, o al revés, o las dos de las dos. "Me dijo: 'No te puedo atar a mis muletas y a mi cama'. Y un día me fui", cuenta Chavela que le dijo la mujer de las cejas como "golondrinas en pleno vuelo". La descripción vuelve a ser de Chavela.

Y así hasta llegar a la que fue la gran depresión, el olvido, la coagulación necesaria de la mecánica del dolor en el que siempre vivió. "Tan corto fue el amor y tan largo el olvido", se escucha. "El episodio fundamental tanto en la vida de Chavela como en el de esta película fue el hallazgo de Alicia Elena, la mujer que la salvó", dice Daresha Kyi. Recuerda Kyi que con la película ya prácticamente acabada, sentía tanto ella como su colega Gund que algo faltaba. "Escribimos a Alicia con la esperanza muy vaga de que nos atendiera. Sabíamos que había sido una de las mujeres de su vida. Y la abogada Alicia Elena no sólo nos recibió sino que nos abrió completamente su corazón. Ella es el alma de la película", dice.

Y, en efecto, así es. Tras asistir a la puntual descripción de un mito lejano, de repente, la película se introduce en la espesura melancólica de la Chavela mujer, la Chavela indefensa, la Chavela que podía ser a la vez miel y granizo. La vemos enseñar a disparar al hijo de Alicia, la vemos extraviarse por el laberinto de un vida demasiado castigada. "Pero está claro que, pese a todo, ella quería vivir. Ella disfrutaba de la vida. No quería dejarse arrastrar por la muerte y sus recuerdos. Quería seguir cantando", rememora Kyi. No está claro que fuera por los chamanes o por simple y clara tozudez, el caso es que un buen día Chavela dejó de beber y se ofreció a sí misma completamente renacida. Y hasta virgen a pesar de todo.

Lo que sigue es la última Chavela. La de los conciertos en Madrid, en la sala Olympia de París y en el mundo. Lo que sigue, para entendernos, es la Chavela de Almodóvar. Dice este último que en sus canciones él encontró un espejo. Lo dice mientras suena ‘El último trago’, la canción que hiere como un rayo el corazón de ‘La flor de mi secreto’. Almodóvar la hizo suya, la protegió, la mimó, la abrió su cine y la posibilidad del reencuentro de nuevo con el público. "De hecho", sigue la directora, "estoy convencida de que fue cosa del destino. A poco que se mire de cerca, Chavela es digno personaje de una película de Almodóvar: trágica y cómica a la vez. Eso y profundamente irreverente. A veces pienso que son la misma persona, que Chavela no es más que un producto de la fantasía de Almodóvar". Y ahí lo deja.

Cuenta la directora que le hubiera gustado profundizar un poco más en la parte más esotérica y misteriosa de su personaje. Y lo dice porque dieron con varias historias mágicas. Curaciones milagrosas. Apariciones en lugares imposibles. Chavela, en efecto, es ya mito, el cuerpo de una mitología que empieza y acaba en ella. Ser Chavela fue una empresa sólo a la altura de Chavela. El mito del dolor hecho cuerpo.

Isabel Chavela
José Manuel Gómez

Isabel nació en Costa Rica pero siempre ejerció de mexicana. Chavela fue una construcción casi perfecta para periodistas, escritores y directores de cine desahuciados o en la cresta de la ola, para lúcidos intelectuales, cantautores y para borrachos clarividentes. "Agustín Lara era el único que me llamaba Isabel", explicó una tarde en la Casa de América de Madrid acompañada por Carlos Monsiváis; el escritor fue el gancho perfecto para sacar las historias de seres mitológicos como José Alfredo Jiménez. Casi todas las frases comenzaban de la misma manera: "íbamos a tomar (tequila)" y... tardaban varias cosechas en volver a estar sobrios. "Un día nos olvidamos al muerto", explicaba sobre un velorio en el que cambiaron de bar y olvidaron los motivos y al finado.

A ratos sonaba como una buena canción de Sabina. Joaquín fue a la peregrinación de 1993 a la sala Caracol de Madrid en la que Chavela escenificó su resurrección. Joaquín Sabina se equivoca de dirección pero no de estribillo. "Vivo en el bulevar de los sueños rotos", dice que dijo ella.

Aquellos conciertos fueron abracadabrantes para todos los que estábamos ahí. Almodóvar, Martirio, Sabina, Laura García Lorca... todos fuimos capturados en las redes de la ‘Chamana’.

Chavela es el gran invento de Chavela Vargas. ¿Es verdad eso de que los borrachos no mienten? pregunté. "Los borrachos no mienten y los poetas tampoco", contestó rotunda.

Una tarde acompañé a Chavela a la Residencia de Estudiantes ¿No te importa hacer la entrevista allí, más tranquilos? Me tomé una cerveza, ella bebió agua. Hablamos de drogas, me contó que conoció a Don Juan, el chamán que convirtió a Carlos Castañeda en un icono de la psicodelia, me dijo que ahí en la Residencia hablaba con Federico. Yo confesé que me sentaba mejor que todas las drogas que había tomado en mi vida. Se alegró.

No importa qué canción canta, nadie canta como canta Chavela.

sábado, 11 de febrero de 2017

#hemeroteca #testimonios #chavelavargas | “Me llamo Chavela Vargas. No lo olviden”

Imagen: El País / Frida Kahlo y Chavela Vargas
“Me llamo Chavela Vargas. No lo olviden”.
Un documental muestra la vida tan salvaje como creadora de la cantante mexicana, una artista que luchó por defender su libertad y su opción sexual.
Gregorio Belinchón | El País, 2017-02-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/02/11/actualidad/1486811487_982421.html

Chavela Vargas tuvo muchas vidas. Todas desaforadas, todas llenas de ansias por su libertad. Algunas más dichosas, unas con más amor, otras con más alcohol. Y en cada una de ellas luchó por no traicionarse, por ser quien quería ser. Catherine Gund y Daresha Kyi han condensado todas las Vargas posibles en ‘Chavela’, que ayer se estrenó en Berlín en la sección Panorama, y que en 90 minutos condensa con éxito una existencia de 93 años.

Chavela Vargas no nació siendo Chavela ni en México. Costarricense nacida en San Joaquín de Flores en 1919, María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano fue una niña especial, a la que sus padres escondían cuando venían las visitas por su extraña manera de ser y de vestir. Cuando el matrimonio se divorcia, ella se va a vivir con sus tíos, y a los 17 años toma una determinación: irse a México, comenzar una nueva existencia como Chavela Vargas. El filme mezcla entrevistas con la artista en distintas épocas, con declaraciones actuales de quienes la rodearon y la quisieron, y actuaciones y grabaciones históricas. Por eso Chavela acaba siendo quien cuenta sus propias vivencias, como cuando recuerda cómo en aquellos primeros años en México intentó actuar como el resto de las cantantes, con tacones y vestidos con los que se tropezaba en el escenario. Finalmente, acabó usando sus míticos pantalones y ponchos, y así la descubrió un día en un club en la década de 1940 por la esposa del mítico compositor y cantante José Alfredo Jiménez. Su voz era única, su forma de moverse en un escenario también, y José Alfredo entendió que Chavela poseía una extraordinaria capacidad de canalizar el dolor a través de su voz, un sentimiento que burbujeaba en todos los temas del compositor.

Aquella unión, perfecta en lo artístico, también fue mítica en su alcoholismo. Ambos bebieron y bebieron, cayeron al suelo decenas de veces embriagados por miles de litros de tequila. Sin embargo, el talento de Vargas chocaba con el México tradicional. Nunca llegó a actuar más allá de clubes y cabarés. Fue pareja de Frida Kahlo. Logró cierta fama en el Acapulco de finales de los años cincuenta, repleto de turistas estadounidenses. Actuó en la boda de Elizabeth Taylor y Michael Todd -"y amanecí con Ava Gardner", apunta-, y tuvo romance con decenas de mujeres, incluidas esposas de jerifaltes del gobierno. Entre ellas, a la novia de Emilio Azcárraga, el todopoderoso empresario que vetó su carrera musical en compañías de discos. Y sí, hizo alguna serie de televisión y alguna película, pero languideció. Durante años vivió de la caridad de amigos. Hasta que un día se cruza en su camino la joven abogada Alicia Pérez Duarte, con la que inicia una intensa relación.

Pérez Duarte da muchas claves en ‘Chavela’ sobre la cantante. por ejemplo, su capacidad para reinventar hechos de su vida y convertirlos en leyenda. Como su abandono del alcohol. Según la artista, lo lograron unos chamanes. Según Pérez Duarte, ocurrió tras un feo incidente con una pistola que involucró al segundo hijo -entonces de ocho años- de la letrada. La misma cantante dice que Isabel es una persona maravillosa, pero Chavela es un toro complejo de lidiar.

Sobria, Chavela Vargas retoma su carrera. La mayor parte de sus fans pensaba que había muerto, y a finales de los ochenta reaparece actuando en Ciudad de México. Allí le ve un empresario español y en 1993 actúa en la Sala Caracol de Madrid. Comienza su segunda carrera, con la que por primera vez pisará teatros. Pedro Almodóvar se convierte en su amigo y padrino y logra que actúe en el Olympia de París. Y solo entonces es cuando definitivamente México le abre las puertas y canta en el teatro Bellas Artes.

En ‘Chavela’ se escuchan sus frases rotundas, sus sentencias que resuenan por su voz como bombas: "Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ese es el precio que tienes que pagar: la soledad"; "Nadie se muere de amor, ni por falta ni por sobra"; "El amor no existe, es un invento de noches de borrachera". También se ilustra su soledad, su independencia, su lesbianismo nunca anunciado públicamente hasta que cumplió 80 años (probablemente porque no hacía falta; probablemente porque en México se permite todo en un escenario pero nada en la calla), su liderazgo en la comunidad lésbica mexicana... En España hablan de ella Miguel Bosé, Elena Benarroch o Laura García-Lorca: su último concierto es en la madrileña Residencia de Estudiantes en julio de 2012 y dos días después vuelve rápidamente a México para poder morir allí, lo que ocurre el 5 de agosto de 2012.

Chavela es un documental excepcional porque en 90 minutos fija la imagen y la vida de la artista sin regatear sus contradicciones, sus dolores (murió aún rabiosa por la falta de amor de su madre con ella), sus pasiones y su talento. Ayer en Berlín el aplauso fue merecido.