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martes, 27 de noviembre de 2018

#hemeroteca #machismo #lenguaje | Lenguajx inclusivx

Imagen: El Diario / Sede de la RAE patriarcal
Lenguajx inclusivx.
Mientras la UNESCO hace guías desde hace décadas para nuestra inclusión en el lenguaje, los miembros de la RAE siguen pensando que el lenguaje inclusivo es eso de acabar las palabras en -e, en -x o en arrobas.
Barbijaputa | El Diario, 2018-11-27
https://www.eldiario.es/barbijaputa/barbijaputa-rae-lenguaje_inclusivo_6_840325983.html

"No hay razón para pensar que el género masculino genérico excluye a las mujeres", ha dicho sobre el masculino genérico Darío Villanueva, director de la RAE, y uno de los encargados de presentar el nuevo libro de estilo que la institución.

La propia historia de la RAE es un ejemplo de cómo de excluidas estamos las mujeres de la lengua. Una representación mísera que no es casual ni arbitraria.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) no opina lo mismo, por eso podemos encontrar guías de lenguaje no sexista desde hace décadas. Por ejemplo, en esta de 1999, además de recomendaciones para un lenguaje no excluyente, deja constancia de una obviedad que los señores de nuestra sacrosanta academia se empeñan en negar e invisibilizar: "El lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que influye en nuestra percepción de la realidad. Al transmitir socialmente al ser humano las experiencias acumuladas de generaciones anteriores, el lenguaje condiciona nuestro pensamiento y determina nuestra visión del mundo. Los prejuicios sexistas que el lenguaje transmite sobre las mujeres son el reflejo del papel social atribuido a éstas durante generaciones".

No sólo se empeñan en negar esta realidad (que a ellos por supuesto no les afecta) sino que no es raro encontrar a sus miembros en redes y artículos haciendo parecer ridículas a las personas que la señalan. Endiosados como suelen, los académicos, se arrogan el poder que no tienen para anular e intentar ridiculizar cualquier movimiento o lucha contra la discriminación. Así que sí, mientras la UNESCO hace guías desde que éramos pequeñas para nuestra inclusión en el lenguaje, la RAE sigue pensando que el lenguaje inclusivo es eso de acabar las palabras en -e, en -x o en arrobas.

La lengua es el vehículo del pensamiento, y no sólo puede ser machista, también homófoba, racista, etc. Por mucho que se empeñen los señores en eximirse de responsabilidades al respecto, ya no van a engañar más que a los que quieren ser engañados. Por más que repitan que ellos sólo recogen el uso de las palabras y nada más, la realidad es otra y además accesible para cualquier que tenga a mano un diccionario o Internet. Vamos a poner un par de ejemplos de cómo el lenguaje, más allá de ser excluyente, puede ser machista. Ejemplos que no hace falta buscar fuera del propio diccionario:

cocinillas
Tb. cocinilla.

1. m. coloq. Esp. Hombre que se entromete en las tareas domésticas, especialmente en las de cocina.
2. m. y f. coloq. Esp. Persona aficionada a cocinar. U. t. c. adj.


La propia definición que dan a cocinillas es marcadamente machista. No solo la definen, sino que hacen un juicio: el hombre que hace tareas domésticas se está entrometiendo en labores que no le corresponden. Y además, está colocada en primer lugar. Ya, después, como segunda, está la acepción que conocemos y usamos a día de hoy.

También tenemos putón.

Del aum. de puta. 1. m. malson. Esp. Mujer de comportamiento promiscuo y de indumentaria zafiamente provocativa.


La RAE considera un hecho que una prenda puede ser provocativa. Que provoca por sí sola. Esto sólo ocurre con prendas femeninas. No encontrarán ejemplos de ropa de hombres que provoquen absolutamente nada en el diccionario. Mucho menos de manera "zafia".

Hay muchos más ejemplos como este en la RAE, donde no sólo se definen palabras sin ningún tipo de objetividad, sino que perpetúan nuestra discriminación y generan violencia sobre nosotras.

Pero si la institución en sí está llena de hombres cuyo sexo les beneficia a la hora de sentarse en esas sillas, si se han ido eligiendo entre ellos para suplir las que se iban quedando vacías, ¿cómo van a identificar su propio machismo a la hora de pulir, fijar y dar esplendor a nuestro diccionario? Estamos a años luz de que los presentes miembros abran la mirada y reconozcan tanto su machismo como el machismo que desprende su trabajo. Están tan alejados del feminismo y de la lucha por la igualdad, que es más que palpable que cualquier transformación del lenguaje para la inclusión de todas las personas es para ellos una afrenta. Una afrenta a su masculinidad. ¿Qué vamos a saber las mujeres sobre el lenguaje si somos mujeres? Nosotras somos las que somos capaces de vestir de forma zafiamente provocativa, las que nos encargamos de las tareas domésticas. Somo las que, en nuestro conjunto, formamos el sexo débil. Esta última definición sigue apareciendo en nuestro diccionario. Pero, tranquilas, que el sexo fuerte, el de la RAE, aceptó hace unos meses poner una nota (después de miles de reclamaciones y recogidas de firmas), donde admiten que es una expresión con intención despectiva o discriminatoria. Guau. El progreso ya está aquí.

Son necesarias presiones de multitud de frentes para que este pequeño matiz se introduzca. En ningún caso se hace un barrido para unificar criterios, sólo matizan en aquellos casos donde se arma demasiado barullo. En crudo: hay que dejarse los cuernos para que vayan soltando la mano y reconociendo matiz por matiz, definición por definición. Nosotras empujamos y ellos ya van viendo cuándo nos dan una limosna o cuándo se enrocan como los reyes que son.

El lenguaje inclusivo, como su propio nombre indica, no excluye a nadie, pero para esta RAE no va a estar nunca bien visto porque la habitan hombres burgueses apoltronados y privilegiados. Y a sus defensoras nos ven como... qué sé yo, "feminazis", o lo que es lo mismo para ellos: "feministas radicalizadas".

Twitter / RAE / 21 ago. 2018 / La voz «feminazi» (acrónimo de «feminista» + «nazi») se utiliza con intención despectiva con el sentido de 'feminista radicalizada'.

Todavía no han incluido la acepción más influyente y actual de patriarcado (palabra que resuena hasta en los altavoces en mítines del PP) y ya han perpetrado esta definición de " feminazi".

En la vida real, como siempre alejada del púlpito de esta gente, feminazi es un término que acuñó un locutor de radio de EE.UU en los setenta para denominar a las feministas que luchaban por su derecho al aborto libre. Según este caballero, el número de abortos en el mundo era el peor de los holocaustos, peor y más numeroso en víctimas que el holocausto nazi.

De esta realidad, la academia fantasea y redefine: una feminazi es una "feminista radicalizada", o lo que es lo mismo: feminista. Porque aunque de esto tampoco se hayan enterado, no hay otra forma de ser feminista que yendo hasta la raíz.

miércoles, 18 de julio de 2018

#hemeroteca #lenguajeinclusivo | El Gobierno seguirá con la reforma de la Constitución con o sin el asesoramiento de la RAE

Imagen: El País / Pedro Sánchez y Carmen Calvo
El Gobierno seguirá con la reforma de la Constitución con o sin el asesoramiento de la RAE.
Carmen Calvo: “La Constitución solo tiene un lenguaje masculino y eso no se corresponde con una democracia desarrollada”.
El País, 2018-07-18
https://elpais.com/cultura/2018/07/18/actualidad/1531900525_107086.html

El Gobierno está decidido a seguir adelante con una reforma de la Constitución para que se adapte a un lenguaje inclusivo. La vicepresidenta y ministra de Igualdad, Carmen Calvo, aseguró ayer que "ha llegado el momento de que nuestra Constitución tenga un lenguaje respetuoso a ambos géneros. Solo tiene un lenguaje masculino y eso no se corresponde con una democracia desarrollada (...) Las mujeres no tenemos por qué reconocernos en el masculino, que además es absoluto en la Constitución".

En una entrevista en los micrófonos de la Cadena SER, Calvo afirmó que la consulta a la RAE le pareció "una deferencia obligada". "Hay una parte de esta polémica que se me escapa. He pedido por carta a la RAE que nos asesore. Si no hay asesoramiento de la RAE, evidentemente continuaré con el proceso", remató.

La ministra de Igualdad cree que "el masculino universal no engloba al femenino" y que "hay que ir cambiando cosas". "No afecta al contenido de la Constitución, eso se planteará cuando se plantee. Se trata de evaluar el lenguaje de la Constitución en términos democráticos. Luego cada cual hace lo que quiere con sus declaraciones. Todos los grupos lo entendieron y consideré que la RAE era suficientemente importante para respetarla y pedirle asesoramiento", afirmó en la SER.

Por su parte, el director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, aseguró también ayer que no veía que fuera el momento para reformar la Carta Magna. "No hay clima político como para aprobar una reforma por dos tercios del Congreso y del Senado, que se disuelvan las Cámaras, se convoquen elecciones generales, se ratifique por el nuevo Parlamento y se convoque un referéndum" para que se pronuncien los ciudadanos, pasos que habría que seguir, explicó Villanueva, aunque sea para modificar "una coma" del texto constitucional.

Esta misma semana, en una entrevista en El País, Villanueva dijo que "las lenguas se rigen por un principio de economía; el uso sistemático de los dobletes, como miembro y miembra, acaba destruyendo esa esencia económica. Las falsas soluciones, como las que proponen poner en lugar del 'o' y el 'a', el 'e', me parecen absurdas, ridículas y totalmente inoperativas" y que el problema estaba en confundir la gramática con el machismo.

lunes, 16 de julio de 2018

#hemeroteca #lenguaje | Más allá de la economía del lenguaje

Imagen: El Diario / Sede de la Real Academia Española
Más allá de la economía del lenguaje.
La negación es un buen ejemplo de cómo la economía no es necesariamente el principio que siempre prevalece en lengua. Cuando queremos decir que no a algo podemos simplemente decir ‘no’. Esta sería la respuesta más neutral y económica. Pero también podemos decir que ni de broma; que de ninguna manera; que ni harta a vino; que ni por todo el oro del mundo...
Elena Álvarez Mellado | El Diario, 2018-07-16
https://www.eldiario.es/zonacritica/alla-economia-lenguaje_6_793430676.html

Hace unos días, el presidente de la RAE Darío Villanueva decía lo siguiente al ser preguntado por el lenguaje inclusivo en una entrevista de El País: "Las lenguas se rigen por un principio de economía; el uso sistemático de los dobletes, como miembro y miembra, acaba destruyendo esa esencia económica".

La economía del lenguaje es uno de los argumentos estrella que nunca falta en los debates lingüísticos y que, sobre todo, vemos aparecer cuando se habla de lenguaje inclusivo y desdoblamiento (aunque no solo). Básicamente, lo que el principio de economía lingüística viene a decir es que los hablantes tienden a expresarse de la manera más corta, más breve y menos trabajosa posible. Este principio de mínimo esfuerzo lingüístico es el que explicaría la creación de abreviaturas (‘mates’, por ‘matemáticas’), la tendencia fonética a que las palabras se erosionen hacia formas más sencillas de pronunciación (como el desgaste fonético que nos lleva a comernos la D del participio: ‘te he llamao’), o la manera en que se distribuyen las frecuencias dentro del vocabulario de una lengua (con unas pocas palabras muy frecuentes y una larga ristra de palabras muy infrecuentes).

Que la economía y el ahorro lingüístico rigen el lenguaje es un mantra tan repetido que hasta los hablantes más desapegados de las cuestiones lingüísticas lo han interiorizado y es ahora una verdad absoluta inamovible: el agua hierve a 100ºC y la lengua se rige por el principio de economía lingüística. Sin embargo, merece la pena pararse a matizar algunas ideas generalizadas (pero erróneas) que se suelen asumir alegremente cuando hablamos de economía lingüística.

Y es que mentamos el principio de economía lingüística como si fuese el pilar fundamental sobre el que se asienta toda la estructura del idioma. Pero esto no es así. Si el principio de economía fuera la única fuerza motora de la lengua, nos veríamos abocados a expresarnos en gruñidos mínimos. De hecho, si nos paramos a mirar con detenimiento cómo hablamos, observaremos que buena parte de nuestra comunicación lingüística no puede ser explicada bajo una óptica tan limitada como la del principio de economía del lenguaje.

La negación es un buen ejemplo de cómo la economía no es necesariamente el principio que siempre prevalece en lengua. Cuando queremos decir que no a algo podemos simplemente decir ‘no’. Esta sería la respuesta más neutral y económica. Pero también podemos decir que ni de broma; que de ninguna manera; que ni harta a vino; que ni por todo el oro del mundo; que muchas gracias pero que prefiero quedarme en casa. Hay infinidad de situaciones lingüísticas de la vida cotidianas en las que el muy económico ‘no’ se nos queda corto o no nos parece la forma más adecuada de rechazar algo, así que optamos por hacer giros más largos: sacrificamos lo económico en aras de una mayor expresividad, bien para ser más contundentes o para que nuestra negativa resulte socialmente más aceptable, por ejemplo. Economía y expresividad son dos fuerzas contrapuestas que viven en un sutil equilibrio lingüístico. No debemos otorgarle todo el peso al principio de economía del lenguaje obviando el resto de fuerzas que rigen el funcionamiento de la lengua.

Pero es que además, tal y como solemos verlo enunciado parece que el principio de economía lingüística fuese una norma que ha de ser obedecida, como si existiese una cifra máxima de prolijidad lingüística o un techo de gasto lingüístico no rebasable que los hablantes tuviésemos que respetar conscientemente y en todo momento. “¡No hagáis eso con la lengua, que incumplís el mandamiento de economía lingüística!”. Pero esto no es exactamente así: el principio de economía lingüística no es una norma que debamos cumplir porque si no se nos viene abajo la torre del idioma. El principio de economía lingüística es una descripción que intenta dar cuenta de un fenómeno (fascinante) que hacemos naturalmente los hablantes en diversas facetas del idioma y que ocurre al margen de nuestra voluntad y consciencia. Volviendo al ejemplo de la erosión fonética, no es que un buen día los hablantes nos sentásemos y dijéramos “¡Qué derroche de consonantes! Hay que ahorrar, ¡a la basura con ellas!”. Precisamente, que esa autorregulación ocurra al margen de nuestra decisión consciente es lo que la hace fascinante. La economía del lenguaje, pues, es una cosa que sucede, no algo que los hablantes tengamos que obedecer.

Podemos argumentar ateniéndonos al principio de economía que cierta propuesta lingüística puede tener pocos visos de arraigar y sobrevivir a largo plazo. Pero creer que la economía del lenguaje es una ley que debemos cumplir (y hacer cumplir) o el único principio que rige y sustenta todo el equilibrio de una lengua es una aproximación muy limitada que refleja mal como funciona el lenguaje en su conjunto.