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lunes, 21 de octubre de 2024

#hemeroteca #lgtbi | Paula Iglesias, presidenta de la FELGTBI: "Llamar maricón no es una forma de hablar, es homofobia"

Paula Iglesias, presidenta de la FELGTBI: "Llamar maricón no es una forma de hablar, es homofobia"
"Siempre hemos ido de la mano del movimiento que consideramos feminista: aquel que no excluye a ninguna compañera" / "Con los casos de fraude se ha intentado instrumentalizar a las personas trans para restar valor a una ley"
infoLibre, 2024-10-21
https://www.infolibre.es/igualdad/paula-iglesias-presidenta-felgtbi-llamar-maricon-mierda-alguien-homofobia-no-forma-hablar_1_1883773.html

Paula Iglesias //
Parece difícil imaginar un examen más duro que aquel que se deslizó frente a la Federación Estatal LGTBI (FELGTBI+) allá por febrero de 2021. Entonces, salían a la luz los primeros borradores de la llamada ‘ley trans’. Aunque no era el punto de partida, sino el resultado de años de trabajo minucioso, se convirtió en el comienzo de una contienda extenuante que interpeló no sólo al colectivo, sino también a líderes políticos de distintos colores y a activistas feministas críticas con la ley. Han pasado ya tres años desde entonces, uno con la norma en vigor, y Paula Iglesias respira con aparente serenidad. La desde este viernes nueva presidenta de la FELGTBI cree improbable que la etapa que se abre ahora sea más convulsa que la anterior. Pero, además, la activista tiene tablas: durante los últimos cinco años ha ostentado el cargo de vicepresidenta de la principal organización LGTBI del país, así que sabe bien cuáles son sus prioridades, cuáles sus alianzas y cuáles los frentes donde merece la pena batallar.

En estos momentos está celebrándose el juicio por el asesinato de Samuel Luiz. ¿Qué significaría hacer justicia en este caso?

Lo que esperamos desde la Federación y desde todo el colectivo es que, si te matan al grito de 'maricón', la justicia reconozca que es homofobia.

Los acusados y los testigos admiten haber escuchado a los agresores dirigirse a la víctima al grito de 'maricón', pero las defensas se centran en enmarcarlo en un insulto corriente, sin una carga homófoba.

El lenguaje tiene implicaciones. Llamar 'maricón de mierda' a alguien no debe ser considerado una forma de hablar, es una forma de homofobia. Es un discurso homófobo y de odio que, además, como hemos visto, puede tener consecuencias muy graves, hasta el punto de acabar con la vida de alguien.

Esta semana el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, también ha sido insultado al grito de 'maricón'. ¿Estamos retrocediendo?

Quiero pensar que no. Pero es verdad que existe una minoría que quiere hacer ver a la sociedad que la diversidad es una amenaza y no un valor que la enriquece. Esa minoría quizá está teniendo ahora altavoces que antes no tenía, como las redes sociales y algunas instituciones.

La LGTBIfobia no deja de estar, año tras año, entre las principales causas de delitos de odio. ¿Qué es lo que está fallando?

Desde la Federación y desde otras entidades hemos impulsado el Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos vulnerables, precisamente buscando una alianza entre los movimientos sociales y las instituciones para hacer frente a estos discursos que al final son la antesala de lo que luego es más visible, desgraciadamente, que son las consecuencias del odio.

Las cifras oficiales dejan fuera una parte importante de la violencia que no se denuncia. ¿Es la infranuncia un problema?

Sí, la infradenuncia es un problema. Lo que no se nombra y lo que no se visibiliza no existe, y para lo que no existe no hace falta tomar medidas. Es verdad que el colectivo LGTBI tiene una historia de discriminación que en determinados momentos de la historia también ha partido de los agentes policiales, pero afortunadamente ahora trabajamos con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para que la atención en estos casos sea la adecuada y que el colectivo LGTBI pueda encontrar en estos agentes personas aliadas, que les acompañen en un momento muy complicado y de mucha vulnerabilidad.

La Federación deja atrás una etapa complicada, especialmente en lo que respecta a las relaciones institucionales con los partidos políticos en torno a la 'ley trans'. ¿Será esta etapa menos convulsa?

Cualquiera que asume un cargo como el de la Presidencia de la Federación espera que la etapa sea lo menos convulsa posible y que se establezcan alianzas. El colectivo cada vez tiene más fuerza, pero necesita alianzas en la sociedad y también en las instituciones para seguir avanzando en derechos. Si no remamos todas a una, el camino se hace mucho más complicado.

Y sobre esas alianzas, ¿qué esperan del actual Ministerio de Igualdad? Especialmente tras un inicio difícil debido a los comentarios tránsfobos de la exdirectora del Instituto de las Mujeres.

En esta última etapa del Ministerio de Igualdad hemos percibido predisposición a trabajar conjuntamente, así que esperamos poder ir caminando juntas, especialmente en el tema del Pacto de Estado contra los delitos de odio.

Además de esa, ¿cuáles son las otras prioridades en la agenda?

El desarrollo del protocolo para el acompañamiento a las personas trans en el ámbito laboral, que además la ministra de Trabajo se comprometió a su desarrollo tanto en el Orgullo de este año como el viernes en la inauguración de nuestro Congreso. También nos gustaría abordar todo lo que tiene relación con identidades y realidades que han sido menos visibilizadas, como son las personas no binarias y el reconocimiento de su identidad, o la prohibición de cirugías y tratamientos hormonales a menores intersex y un adecuado registro que garantice sus derechos. También vamos a seguir trabajando obviamente por intentar conseguir centros escolares y aulas libres de esos discursos de odio, porque nos preocupa especialmente cómo se están difundiendo dentro de los centros. Trataremos de mejorar la atención sanitaria no sólo a nivel de atención a temas relativos a la salud sexual y reproductiva del colectivo, sino también abordar la salud mental que muchas veces es consecuencia de que sufrimos violencia.

Respecto a las personas no binarias, ¿cómo esperan que se materialice ese reconocimiento identitario?

Ya contamos con un caso en España: una persona que ha podido registrarse como persona no binaria porque en su país de origen así se lo permitían. Entendemos que es una cuestión de voluntad política y esperamos poder sentarnos para ver cuál es el mejor mecanismo que pueda reconocer la identidad de las personas no binarias.

Durante la legislatura se estuvo a punto. ¿Por qué cree que no han conseguido conquistar ese frente?

No sé qué es lo que falla. Es verdad que es un colectivo muy invisible, afortunadamente está empezando a visibilizarse más, no sólo su identidad, sino también las trabas que sufren a nivel social y a nivel de reconocimiento. Vamos a trabajar porque esa identidad se reconozca de alguna manera.

Esta legislatura también quedó marcada por discursos que ponen sobre la mesa fraudes relacionados con la ley trans. ¿Les preocupa esto?

Como toda ley, se puede cometer algún tipo de fraude. Pero además de suponer un fraude de ley, lo que se intenta es instrumentalizar a las personas trans para irestar valor a una ley que lo que hace es ampliar derechos, para seguir estigmatizándolas y discriminándolas. Pero la realidad es que se está haciendo un buen uso de la ley, únicamente se han rechazado en torno al 1,4% de las solicitudes, así que en general se está haciendo un buen uso de esa ley y está garantizando derechos para las personas trans. En los casos en los que se esté utilizando para cometer fraude, hay que perseguirlos como con cualquier otra norma.

¿Se ha cerrado la herida con el movimiento feminista? ¿Están preparados para ir de la mano?

Nunca han dejado de ir de la mano, siempre han sido movimientos aliados porque han compartido lucha. Las intersecciones nos atraviesan a todas y siempre hemos ido de la mano del movimiento que consideramos feminista, aquel que no excluye a ninguna compañera. Es verdad que ha supuesto una confrontación con determinadas personas que se denominan feministas, pero consideramos que es una minoría que ha hecho más ruido que otra cosa. La verdad es que la mayoría del movimiento feminista sigue de la mano del colectivo LGTBI y no va a permitir que de esa lucha se excluya a ninguna mujer.

Mencionaba antes que los discursos de odio están encontrando un altavoz en las instituciones. Los partidos que son portavoces de esos discursos, como Vox y el PP, ¿tienen cabida en el Orgullo?

No sería muy coherente ir en contra de los derechos de un colectivo y aparecer en el evento más reivindicativo del colectivo, una manifestación que reivindica derechos y que es una explosión del poder ser en libertad. Ahí, evidentemente, no caben los discursos de odio, en ningún caso.

domingo, 9 de julio de 2023

#hemeroteca #gais #politica | El letón Rinkevics se convierte en el primer jefe de Estado homosexual declarado de la UE

InfoLibre / Edgars Rinkevics //

El letón Rinkevics se convierte en el primer jefe de Estado homosexual declarado de la UE

En la UE ha habido jefes de gobierno abiertamente gays, pero nunca un jefe de Estado homosexual, hasta ahora. El primer jefe de gobierno gay de la UE fue el belga Elio di Rupo. Rinkevics se declaró homosexual en 2014 y ha sido desde entonces uno de los principales defensores de los derechos LGTBI+. El matrimonio homosexual es ilegal en Letonia, aunque desde el año pasado se reconocen las uniones civiles.
infoLibre, 2023-07-09
https://www.infolibre.es/internacional/leton-rinkevics-convierte-primer-jefe-abiertamente-homosexual-ue_1_1544905.html

El político letón Edgars Rinkevics se ha convertido este sábado en el primer jefe de Estado homosexual declarado de la UE tras tomar posesión del máximo cargo de su país, informa Europa Press. Rinkevics fue elegido por el Parlamento letón en mayo para ocupar el máximo cargo del Estado tras tres rondas de votación. Este sábado ha prometido en su discurso de toma de posesión seguir apoyando a Ucrania en la guerra contra Rusia.

La política exterior letona "no tiene margen para cometer errores", por lo que se ha comprometido a actuar "rápidamente, con decisión y sabiamente". Además, ha emplazado a la juventud a "romper el techo de cristal" porque la desigualdad es un "problema importante".

"Durante mi Presidencia voy a defender la creación de una Letonia moderna y fuerte, una Letonia legal y justa, por el bienestar de la gente, por una sociedad inclusiva y respetuosa", por lo que ha emplazado a la ciudadanía a "trabajar junta".

Rinkevics tiene una larga trayectoria como ministro de Asuntos Exteriores, cargo que ocupa desde 2011, y ahora ocupará el puesto de presidente de Letonia, una posición fundamentalmente ceremonial, aunque con capacidad de vetar legislación y convocar referéndums.

En la UE ha habido jefes de gobierno abiertamente gays, pero nunca un jefe de Estado homosexual, hasta ahora. El primer jefe de gobierno gay de la UE fue el belga Elio di Rupo.

Rinkevics se declaró homosexual en 2014 y ha sido desde entonces uno de los principales defensores de los derechos LGTBI+. El matrimonio homosexual es ilegal en Letonia, aunque desde el año pasado el Tribunal Constitucional reconoce las uniones civiles de personas del mismo sexo.

domingo, 20 de marzo de 2022

#hemeroteca #lgtbifobia #violenciamachista | Mujeres y personas LGTBI que escapan de Ucrania por la guerra se topan con otras violencias

infoLibre / Huyendo de la guerra /

Mujeres y personas LGTBI que escapan de Ucrania por la guerra se topan con otras violencias.

La vulneración de los derechos humanos de las mujeres es la "tónica general en cualquier desplazamiento masivo", señala Marta González, portavoz de Proyecto Esperanza. El colectivo LGTBI también está en el punto de mira: las mujeres trans son consideradas administrativamente hombres y deben quedarse en el territorio para enfrentarse a la guerra.
Sabela Rodríguez Álvarez | infoLibre, 2022-03-20
https://www.infolibre.es/internacional/escapar-guerra-encontrar-violencia-riesgo-mujeres-personas-lgtbi-ucrania_1_1222860.html 

Ucrania, 2014. El creciente conflicto en el país, alertan los organismos internacionales, es caldo de cultivo para la violencia contra las mujeres. Años más tarde, algunos datos. El Comité para la Eliminación contra la Discriminación de la Mujer (CEDAW) redacta en 2017 un informe sobre las consecuencias de la progresiva destrucción del empleo público, esencialmente femenino, como consecuencia de la crisis; en 2018 la Academia Folke Bernadotte describe el incremento del nivel de la violencia de género y la reducción del apoyo institucional a las víctimas y en 2019 otro estudio trazado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) señala que alrededor del 75% de las ucranianas afirma haber sufrido alguna forma de violencia desde los quince años. La pandemia, señala el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), disparó las llamadas de socorro por violencia doméstica un 23%. En 2020, Aministía Internacional hablaba de una "epidemia de violencia contra las mujeres en la región oriental asolada por el conflicto". A esa violencia hay que añadirle ahora otros muchos apellidos: trata, prostitución, violaciones, matrimonios forzados.

Son las consecuencias de la guerra. Y no son anecdóticas ni hipotéticas: "Todos los estudios a nivel internacional, tanto de las Naciones Unidas como del Consejo de Europa, hablan de las consecuencias específicas de la guerra sobre las mujeres". Lo cuenta Marta González, coordinadora del área de Sensibilización en Proyecto Esperanza. La pobreza, la falta de oportunidades, el riesgo de persecución y la vulnerabilidad "se multiplican" durante los conflictos armados, argumenta, como consecuencia de la dificultad de acceso a los recursos básicos, a un alojamiento seguro y la falta de protección por parte del Estado. Todo ello, continúa, conduce a un enemigo potente: la trata. "Tanto fuera como dentro de las fronteras del propio país en guerra, las mujeres pueden ser captadas por alguien que abusando de ellas las somete a explotación, siendo la sexual la predominante", añade. Pero también hay otras formas de trata que se nutren de la extrema necesidad, menciona, como aquella con fines laborales, matrimonios forzados o la comisión de delitos.

Desde el inicio de la invasión rusa, tres millones de personas han salido de Ucrania, el 90% mujeres y niños, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Bruselas ya ha alertado del riesgo de que traficantes capten a mujeres y niños ucranianos en su huida hacia la Unión Europea: "Existe un enorme problema con el tráfico de personas", señaló esta semana la comisaria de Interior, Yvla Johansson. En Ucrania, Rusia y otros países de Europa del Este, el 80% de las víctimas de la trata con fines de explotación sexual son mujeres jóvenes, el 10% niñas y el 10% niños, documenta la ONG Plan International. Stefano Fino es portavoz de la organización y acaba de pasar diez días en misión especial en Polonia. "Hablamos de personas no acompañadas que asumen un alto riesgo de violencia, abuso, explotación y trata" una vez huyen de la zona de conflicto, reseña el voluntario.

Entre la oleada de solidaridad generalizada, continúa, emergen casi inevitablemente las malas intenciones: "Sin un control efectivo existe un riesgo alto de que puedan aparecer personas sin buenas intenciones, es muy complicado controlar eso", relata Fino. "Hemos escuchado casos de mujeres jóvenes a las que algunos hombres les ofrecen transporte o casa" y que tras la intervención de las autoridades o las organizaciones asentadas en la zona "desaparecen". En algunos países fronterizos se han reportado ya intentos de abuso y explotación a cambio de alojamiento.

Es precisamente de la situación de vulnerabilidad de la que se aprovechan los captadores: "Salir del país huyendo de una guerra, velando por sobrevivir, sin recursos económicos propios, facilita que esas mujeres puedan ser engañadas, manipuladas y captadas por alguien sin escrúpulos que se aprovecha del contexto", completa González. Esto, añade, "es por desgracia la tónica general en cualquier desplazamiento masivo de personas en situación de conflicto". Más aún cuando la problemática era previa: la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) identificó el año pasado más de un millar de víctimas del tráfico de personas en Ucrania.

Prevenir y evitar la exclusión
Tras el estallido de la guerra, las primeras salidas fueron protagonizadas por "personas con familiares o conocidos de confianza en otros países europeos que sí tenían una pequeña garantía de acogida", pero posteriormente se produce una "salida más desesperada de gente que no cuenta con el apoyo de nadie", apunta González, por lo que están "mucho más expuestas". En ese contexto, "es muy importante la capacidad de respuesta que se dé y las salidas reales en los países de destino". La fórmula, como siempre, pasa por la integración. Y eso significa techo, trabajo y acceso a servicios básicos. De lo contrario, advierte la experta, se estarán generando "bolsas enormes de exclusión". La prevención es clave y solo será posible, inciden las voces consultadas, a través de la formación continuada y un acceso a recursos sostenido en el tiempo.

Cuando ese pilar básico falla, recuperar a las mujeres que ya han sido arrastradas a las redes de trata es una tarea titánica. "A veces no entendemos la complejidad de la trata, tenemos un caso tipo en mente, pero hay muchos más", detalla González. La trata interna es también una realidad y muchas veces abarca amplias categorías, más allá del rédito económico, como por ejemplo el uso de mujeres "esclavas sexuales o domésticas en beneficio propio, matrimonios forzados o tráfico de drogas". España, ante esa coyuntura, tiene la capacidad y la responsabilidad de mover ficha mediante el despliegue de una ley integral contra la trata, un compromiso del Gobierno que los colectivos llevan años demandando.

¿Y qué pasa con las que se quedan en Ucrania? El incremento de la violencia machista está en el punto de mira de las organizaciones, pero también la exclusión y la explotación producto de la pobreza, situaciones que engrosan la proliferación de prácticas como la gestación subrogada. Pero en ese contexto, existe también otro colectivo especialmente vulnerable: la comunidad LGTBI. Lo explica Óscar Rodríguez, vocal de relaciones externas de la FELGTBI. Existen, a su juicio, dos grandes grupos perjudicados: las mujeres trans y los hombres homosexuales. En el primer caso, las mujeres trans "no son reconocidas administrativamente como mujeres", por lo que deben quedarse en el territorio para empuñar un arma. "Muchas mujeres trans intentan huir para no tener que luchar ni enfrentarse a la violencia sexual por parte del ejército, tanto el ruso como el ucraniano", señala al otro lado del teléfono, pero no todas lo consiguen. En el caso de los hombres gais, el activista pronostica episodios de "homofobia y violencia por parte de sus compañeros de regimientos militares".

Y a quienes logran huir, perfila, no siempre les espera un destino seguro. Territorios fronterizos como Polonia o Moldavia "no son precisamente países de referencia en respetar los derechos LGTBI", advierte. En Polonia, el partido ultra en el poder, Ley y Justicia (PiS), ha embestido reiteradamente contra el colectivo y desde 2020 varias regiones del país han llegado incluso a proclamarse "zonas libres de ideología LGTBI". En ese sentido, el activista apuesta por medidas como la apertura de centros de acogida para personas del colectivo en los países de destino, pensados para poder "vivir en espacios seguros". Escapar de una guerra es prioritario, pero muchas veces la hostilidad también campa a sus anchas en algunas de las democracias europeas.

domingo, 6 de marzo de 2022

#hemeroteca #trans #terf #feminismo | En el predicado del feminismo caben las mujeres trans

La Izquierda Diario / 'No + muertes trans' //

En el predicado del feminismo caben las mujeres trans.

Raúl Solís | infoLibre, 2022-03-06

https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/predicado-feminismo-caben-mujeres-trans_129_1221499.html 

Un año más, y ya van tres, las feministas vinculadas al PSOE que creyeron que el movimiento feminista era de su propiedad van a romper en dos mitades las manifestaciones del 8M porque siguen sin digerir que el 8 de marzo de 2018 el feminismo saltó de las paredes de las sedes de los partidos políticos y de las instituciones y se hizo popular. La mejor forma de que una causa emancipatoria triunfe es que sea de toda la sociedad para que no sea de nadie. Y esto, el gran triunfo de un feminismo popular que han protagonizado las nuevas generaciones de feministas, logrando poner en agenda mucho más que la paridad y los techos de cristal, es lo que no toleran las feministas que han dirigido las políticas de igualdad de los últimos 40 años y que están enfadadas porque los derechos de las mujeres trans cuestionan el sujeto del feminismo.

El año pasado el autoproclamado “Movimiento Feminista de Madrid”, que es el sobrenombre bajo el que se esconde el feminismo antitrans, ya se lió a bofetadas limpias con las manifestantes de la Comisión 8M, que es la entidad mayoritaria y convocante de las históricas movilizaciones que tuvieron lugar en 2018 y 2019 y con menor impacto, fruto de la pandemia sanitaria, también en 2020 y 2021.

Al grito de “aliadas de los puteros”, “transactivistas”, “queeristas” o “proxenetas”, el feminismo antitrans la emprendió a pancartazo limpio con la entidad que agrupa al feminismo que desbordó las calles en 2018, el día que enmudecieron quienes pensaron que la causa de la igualdad les había caído en herencia. “"El feminismo es de todas, no bonita, nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista", dijo en julio de 2019 la exvicepresidenta primera del Gobierno de España y actual presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso, Carmen Calvo, capitana de este feminismo voxificado que ha encontrado en las personas trans su pelota de ping pong para librar una particular batalla por el control de la lucha feminista.

Esta frase dicha por Carmen Calvo, que de lejos se puede apreciar la potencia feminista que contiene -entiéndase la ironía-, la pronunció a los pocos días de celebrarse la Escuela Rosario Acuña de Gijón, el espacio de pensamiento feminista, dirigido por la filósofa socialista Amelia Valcárcel, que fue donde nació la brillante idea de que la agenda feminista de los próximos años no iba a versar sobre la situación de las empleadas domésticas, de la lucha contra las violencias machistas, de las mujeres migrantes o de las auxiliares de ayuda a domicilio convertidas en las esclavas de los cuidados privatizados a grandes multinacionales que, una vez acabada la burbuja inmobiliaria, se introdujeron en el sector público para hacer caja de forma impúdica con la explotación de las mujeres pobres que recogen los cristales rotos de los techos que se rompen.

Como la batalla trans no ha salido como pensaban y han perdido clamorosamente el debate, en la calle y en el Consejo de Ministros, este viejo feminismo ahora se ha marcado como objetivo aprobar en 2023 una ley de abolición de la prostitución que tiene como intención seguir rivalizando el control de una causa feminista que, según el CIS de febrero de 2019 y por primera vez, los españoles piensan que representa mejor Unidas Podemos que el PSOE. No es casual que la fecha propuesta sea año electoral.

Fue el PSOE quien en 1995 legalizó la prostitución en España eliminando la figura penal de la tercería locativa, gracias a lo cual los proxenetas pueden abrir macroburdeles y decir que las mujeres que están siendo salvajemente explotadas sexualmente son clientas de un establecimiento hotelero. Entonces, en 1995, abolir la prostitución no era una urgencia para el feminismo vinculado al PSOE y tampoco lo fue durante los siete años que transcurrieron desde 2004 a 2011 en los que los socialistas gobernaron nuevamente España, aprovechando para legalizar en 2007 la entrada de niños y niñas gestados en vientres de alquiler en el extranjero, favoreciendo con ello el negocio inhumano de convertir a las mujeres pobres de países como Ucrania en vasijas de las familias que tienen 50.000 euros para comprar un hijo, cantidad que a la madre que pare a la criatura sólo le llegan alrededor de 10.000 euros.

Este feminismo antitrans, que es usado como fuente de autoridad por Vox en los parlamentos para arengar en contra de los derechos de las personas trans, podría empezar para abolir la prostitución por exigir la derogación de la ley de extranjería, lo que de facto significaría la abolición de la trata de mujeres para la explotación sexual, o la prohibición de registrar civilmente a los niños y niñas gestados en vientres de alquiler en el extranjero.

El objetivo no es abolir la prostitución, no lo ha sido nunca, sino dividir un poco más el movimiento feminista incluyendo temas de debate apasionados que no cuentan con consenso para que, si el feminismo no es del PSOE, romperlo en mil pedazos. No es el abolicionismo de la prostitución lo que ha llevado al feminismo antitrans a romper la unidad que desbordó las calles de feminismo en marzo de 2018, como arengan en los manifiestos que están viendo la luz estos días por todas las ciudades españolas para justificar la división del 8M, sino el enfrentamiento por la ley trans con argumentos, formas y retórica de la ultraderecha. Las calles volverán a enmudecer un año más a quienes, preocupadas por el sujeto del feminismo, se han olvidado del predicado. Afortunadamente, el 8M es la fiesta de la igualdad y no es de nadie porque es de toda la sociedad española.

Raúl Solís es autor del libro 'La batalla trans'

lunes, 2 de agosto de 2021

#hemeroteca #lesbianismo #testimonios | Boti García Rodrigo: "Ser lesbiana me salvó la vida, me hizo libre"

Imagen: InfoLibre / Boti García Rodrigo //

Boti García Rodrigo: "Ser lesbiana me salvó la vida, me hizo libre".

La directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI publica las memorias de su infancia, marcada por la dictadura, el silencio y la ocultación. En ‘Mayo del cuarenta y cinco’, la activista analiza las huellas que dejaron en ella, pero también en toda la sociedad, la represión y la educación nacionalcatólica.
Clara Morales | InfoLibre, 2021-08-02
https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2021/07/27/boti_garcia_rodrigo_ser_lesbiana_salvo_vida_hizo_libre_123034_1026.html

Dice Boti García Rodrigo (Madrid, 1945) que se le da mal esperar. No le gusta la inacción y ni siquiera parece resultarle sencillo mantenerse sentada. Parece un rasgo vital: en 2020, a los 75 años asumió la recién creada Dirección General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, dentro del Ministerio de Igualdad de Irene Montero. Por primera vez se ponía del otro lado de la barrera. Durante décadas, su tarea como activista LGTBI había consistido en presionar a la administración, incluso desde la presidencia de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) y, anteriormente, de la del colectivo Cogam. Ahora acaba de publicar, además, ‘Mayo del cuarenta y cinco’ (editorial Dos Bigotes), un libro de memorias en el que la activista recuerda su infancia en la posguerra, marcada por la represión política de parte de su familia, por el silencio sobre las experiencias dolorosas de unos padres decididos a olvidar, por la asfixiante educación religiosa, por la admiración secreta hacia un tío que resultaría ser homosexual, por la certeza de ser diferente.

Su historia, contada sin dramatismos y con una pizca de ironía, es la de todo un país, un país crecido en el trauma heredado de la Guerra Civil, desconocedor de su propio pasado, asfixiado por la convención social. Su historia es una historia de ruptura, una historia con final feliz: la niña que aún no sabía que era lesbiana acabaría escapando a la opresión de la dictadura y viviría su vida como una mujer libre. Pero, asegura, no hay que ser complacientes. El asesinato de Samuel Luiz al grito de “maricón” le ha afectado profundamente. Y de pronto no ve tanta distancia con aquel mayo del 45.

Respuesta. Verdaderamente, qué cosas ocurren en la vida.

Pregunta. ¿Por qué lo dice?
R. Mientras esperaba, porque yo espero muy mal, pensaba yo que la vida está llena de casualidades. Precisamente, he dado en escribir este libro ahora que soy directora general, y pareciera que no tiene conexión, pero sí que la tiene. Yo estoy relatando la infancia de una niña que no es cualquier infancia ni cualquier niña. No es cualquier infancia porque fue una infancia marcada por el nacionalcatolicismo, y no es cualquier niña porque era una niña lesbiana, aunque ella no lo sabía. Entonces, vaya si tiene conexión, porque estoy tocando una época que está perviviendo hoy, con una gente —iba a decir gentuza— que son los herederos de aquellas otras gentes que nos hundieron la vida. Tiene sentido, porque están ocurriendo ahora unas violencias que son distintas pero son las mismas que nos infligieron a quienes éramos diferentes, disidentes, en aquella época.

P. En el libro se dice de forma explícita que esta es su infancia pero no solo su infancia, que son unas circunstancias históricas compartidas. ¿Tenía una voluntad de contar algo colectivo?
R. No tenía ninguna voluntad, pero fue saliendo. Es que no pensaba hacer nada, yo estaba aburrida en Barcelona, con perdón, y quise volver a mi casa, que era Madrid, pero también era mi infancia. Fíjate que yo me voy de Madrid a Barcelona justo a la muerte del dictador. Muere el dictador, que es quien con su régimen nos partió la vida —nos la siguen partiendo, la cara y la vida—, y yo me voy a Barcelona buscando libertad. Como mi tío se iba a Barcelona buscando libertad, porque era gay y no podía vivir aquí. Yo escribo esto buscando mi infancia, sin saber que lo que estoy encontrando es a mí misma, y que no estoy sola, sino que conmigo encuentro a tanta gente que somos los mismos que estuvieron machacados, sojuzgados, ninguneados... Cuando no asesinados, como el pobre Samuel.

P. Eduardo Mendicutti dice en el prólogo que "un hombre y una mujer son fundamentalmente su infancia". Si esta infancia ha sido colectiva, y si la infancia nos construye, ¿qué infancia cree que ha tenido esa gran parte del país que se crió en dictadura? ¿Cómo nos ha modelado como sociedad?
R. Este país ha tenido una infancia en la que se sufrió mucho. Sufrimos las minorías sexuales, sufrimos las mujeres, sufrieron todos aquellos que eran diferentes por cualesquiera circunstancias, porque el régimen castigó todo aquello que no pudiera digerir. Y no se digiere bien la disidencia sexual, no se digiere bien la necesidad de libertad de las mujeres, igual que no se digiere bien la necesidad de libertad de la gente intelectual para crear, por ejemplo. Esta sociedad ha crecido en esa ciénaga, ha crecido sobre un fascismo y una dictadura que no se ha asumido. Se quiso hacer tábula rasa frente a la necesidad de hacer memoria y de devolver justicia a quienes no tuvimos justicia. Decimos: necesitamos verdad, justicia y reparación. No hemos crecido en la verdad, porque se nos escamoteó en la escuela, en los libros de texto, en el mantenimiento de una religión opresiva, de una educación castradora, de una sociedad que no nos quería a quienes éramos diferentes. No tuvimos justicia, y estamos exigiendo reparación. Esta mañana [la mañana en que el Consejo de Ministros aprueba el proyecto de Ley de Memoria Democrática] alguien comentaba que tiene que incluirse la reparación de aquellas personas represaliadas por el franquismo. Yo confío en que, si la ley es digna de llamarse ley, lo haga.

P. ¿Son víctimas del franquismo las personas LGTBI detenidas o asesinadas bajo la dictadura?
R. Absolutamente. El franquismo era el nacionalpatriarcado, las normas establecidas por la Iglesia católica, por una dictadura que no podía concebir ninguna ideología disidente y ninguna persona libre, igual que no podía concebir a unas mujeres libres. Las mujeres estaban para servir al padre, para servir al marido y para tener hijos. Impensable que hubiera mujeres que, como las lesbianas, se separaran de la norma. Impensable. Pero es que además la sociedad franquista no podía concebir que hubiera personas que se separaran de los machos que tenían que ser los soldados del régimen. ¿Cómo podíamos sobrevivir las personas disidentes de género? No se podía. ¿Cómo podía admitirse que las mujeres tuviéramos una sexualidad independiente fuera de los hombres? No se podía.

P. Su tío, también homosexual, aparece solo en dos momentos del libro. Se indica que la conversación en la que ambos se confían mutuamente su homosexualidad llegó más tarde, de adulta.
R. Mucho más tarde.

P. Pero, de niña, ¿le tenía como referencia, o tenía al menos la idea de que su tío era distinto?
R. En mi casa paterna se decía: “Hay que ver este hombre, qué manía con irse a Barcelona, con irse al extranjero, y luego vuelve con esas ropas”. Fíjate, las ropas. ¡Eran ropas de color, eran ropas de libertad! Los niños intuyen cosas que los adultos no sospechan, y yo sospechaba que mi tío tenía la verdad, y que estas tías rancias mías, y mi padre también, estaban equivocados. Decían: “Qué maniático, por qué se va”. Yo entendía por qué se iba, aunque no lo entendiera. Quizá porque yo también me sentía así. Me recuerdo agarradita a los barrotes de mi balcón, en la glorieta de Atocha, mirando a la estación. Yo pensaba, sin pensar, que por la estación se iba a la libertad, porque te llevaba a otros sitios. Igual que mi tío se iba a otros sitios porque necesitaba respirar. Eran unas épocas... ¡Y son unas épocas! El asesinato de Samuel Luiz ha sido un punto de inflexión. Samuel ha sido una luz —haciendo un juego de palabras con su apellido— que ha iluminado la barbaridad de lgtbifobia que hemos sufrido y que venimos sufriendo. En el franquismo había campos de internamiento y allí se mandaba a los homosexuales — en ese término estaban también metidas las personas trans—, se les condenaba simplemente por ser. En las fichas se ve: “causa, homosexual”. Por ser. Igual que ahora se nos maltrata y se nos asesina simplemente por ser.

P. Ese tío homosexual es uno de los silencios de su familia. Hay otros, como la enfermedad mental, como el suicidio o como el compromiso político. ¿Cómo le pesaron a usted esos silencios?
R. Me pesaron mucho, pero sin entenderlos. Y yo creo que es un peso fatal: si te pesa algo que entiendes, al menos puedes buscar respuesta, pero si te pesa algo que no sabes lo que es... estás en la oscuridad. En la universidad aprendí que era homosexual, y lo aprendí muy tarde, fíjate. Esa niña rara, esa niña que estaba sola, lo que era era disidente sexual, simplemente. Pero también aprendí algo de política, a entender esa oscuridad, a entender la necesidad de luz. Cuando yo corría delante de los grises con mis compañeras de facultad estábamos escapando de la dictadura, y corríamos, corríamos, creo que hacia la libertad. Entonces me empecé a explicar cosas que nadie me había explicado.

P. Decía antes que era una niña lesbiana que no lo sabía todavía. Era una niña que amaba la corbata de su uniforme, que no caminaba como se supone que caminan las niñas, que no jugaba a cosas de niñas... ¿en algún momento recibió una reacción negativa al respecto?
R. Yo enfoco las cosas con humor. Como en el colegio era la típica bromista, un poco gansa, mis compañeras se reían conmigo, incluso las monjas, entonces no he sido objeto de marginación. Tengo la suerte de que la gente me quiere mucho. Siempre pienso: como soy bajita, piensan que soy inofensiva... aunque inofensiva no soy. Entonces no he sufrido externamente, pero sí que lo he sufrido internamente, la llamada lesbofobia interiorizada. Como me sentía diferente, me llevaba al aislamiento.

P. En su casa se escuchaban solo algunos comentarios políticos en susurros, gestos muy sutiles contra la dictadura. ¿Cuándo entendió esa tensión política que se vivía en su casa?
R. De niña nunca me di cuenta. Pero igual que sabía que mi tío tenía la verdad, yo sabía que esas cosas que se hablaban, esa sensación, el NO-DO dando las noticias de Franco, esa obsesión, Franco, Franco, Franco... eso no podía ser bueno. Intuía que la religión, tal y como nos la explicaban, era un ladrillo, un peso. Vivíamos una vida... Era como estar en una olla, con una tapadera puesta, y abajo el fuego del franquismo. A mí me liberó ser lesbiana, siempre lo he dicho. A mí ser lesbiana me salvó la vida, me hizo libre, porque me ayudó a prescindir del padre, del marido —qué suerte— y de la dependencia de los hombres.

P. En el libro habla también de los recuerdos de la guerra de sus padres, con un episodio dramático cuando su madre casi pierde la vida en el bombardeo de Alcañiz.
R. Ese capítulo es uno de mis favoritos del libro. El bombardeo lo escribí verdaderamente afectada, y todavía me afecta. Fue un bombardeo bestial, como fue bestial el de Alicante, no digamos ya el de Gernika, el de tantas poblaciones masacradas por los fascistas y sus aliados, los italianos y los alemanes.

P. ¿Llegaba a sentir miedo del miedo de sus padres a la guerra?
R. Asombro, sobre todo. Pero sí que se intuía el miedo, el hambre... Mis padres estuvieron alojados en Alcañiz con un matrimonio, y cuando se vinieron a Madrid, pasada la guerra, mantuvieron la amistad. Hace poco descubrí una carta de este matrimonio en el que se intuye que les mandan comida a mis padres. Ahí se ve el contraste entre el miedo y el hambre de Madrid y el confort de Alcañiz, donde de verdad tuvieron que ser muy felices. Aunque a punto estuvo mi madre de morir.

P. Usted tuvo una estricta educación religiosa, que sí narra con un punto de ironía. ¿Cómo marca ese aprendizaje, ese continuo apelar a la muerte y al pecado?
R. Marca muchísimo. Hemos vivido con la religión como una capa negra por encima. Mi particular manera de ser me hacía escaparme de aquello. Mis compañeras se lo creían, estaban arrodilladas, querían ser Hijas de María [una especie de distinción escolar]... Yo no. Lo veía con distancia, no entendía nada ni quería entenderlo. Y en el fondo todo aquello me daba como risa. Nunca he temido a la autoridad.

P. Quería preguntarle por una época que no aparece en el libro. Cuando llega a la universidad y empieza a militar: ¿se habla de todo esto, se habla de lo vivido en la infancia, hay una conciencia de su importancia?
R. No, esto empieza a aparecer mucho más adelante. Es luego cuando te das cuenta de cómo has crecido. Antes decías: “Soy la única lesbiana del mundo”. Y era verdad, porque no teníamos dónde mirarnos. Pero sigue pasando ahora, los jóvenes siguen creciendo sin referentes, siguen sin tener dónde mirarse. Estamos construyéndonos como personas porque no nos ha construido nadie desde fuera. Yo he llegado tarde a todo: llegué tarde al activismo, llegué tarde al feminismo, llegué tarde a la política, y mira lo que he escrito ahora, tan tarde. Todo tarde. Soy directora general con esta edad. Le dije a Irene Montero: “¿Pero tú sabes la edad que tengo?”. Me dijo: “No me importa”. Y le respondí: “Pues a ver qué te duro”.

jueves, 22 de julio de 2021

#hemeroteca #queer #inmemorian | El ideal Rampova (1956-2021), o la libertad tenía un precio

Google Imágenes / Rampova //
El ideal Rampova (1956-2021), o la libertad tenía un precio.

Alberto Mira | InfoLibre, 2021-07-22


Anastasia Rampova nos ha dejado, y aunque muchos no lo sepan, se va con ella una parte lúcida, irreverente, esperanzadora, de nuestra historia cultural. El nombre no será familiar a muchos lectores fuera de Valencia. Incluso allí, su leyenda perdura hoy especialmente entre quienes vivimos los ochenta. No sería del todo exacto decir que ha sido olvidada. Fue ignorada con descaro por aquellos que no querían que existiera alguien como ella, y en Valencia esa gente estuvo gobernando mucho tiempo. Pero incluso en años recientes, su presencia en exposiciones, y en diversos homenajes ha sido bastante notable.

En el recorrido por la contracultura valenciana que presentó el IVAM el año pasado, propuse la mirada rampoviana como quintaesencia de los años más interesantes de la vida cultural y estética de la ciudad. Existe una exposición permanente de su trabajo en La Errería, en Xátiva, curada por Graham Bell Tornado, y su legado ha sido protegido, archivado y cuidado con cariño y dedicación por Santi Gregori y por Juan Barba. Sus memorias, fragmentarias y destelleantes, fueron recogidas en el volumen ‘Kabaret Ploma 2. Socialicemos las lentejuelas’, publicadas por Imperdible, complementadas por lúcidos ensayos de especialistas como Juan Vicente Aliaga y Lourdes Santamaría, y sin duda perdurarán como la mejor introducción a su mundo, así como uno de los ejemplos indispensables de autobiografía ‘queer’ en nuestro país. Con todo, es quizá prueba del carácter radicalmente inasimilable de Rampova el hecho de que las instituciones no han sabido muy bien qué hacer con ella, darle un significado que la convirtiera en parte esencial de un nosotros, un nosotros ‘queer’, un nosotros valenciano, un nosotros español, alternativo a los mitos predominantes, tan necesario.

En realidad, Rampova representa, mucho mejor que otros personajes, lo mejor de una personalidad desbordante, mediterránea, poco productiva, caótica, que la gente de orden ha ninguneado. Y no digo que no tengan sus razones: puestos junto a Rampova, muchos de los próceres culturales de la época parecen desavahídos, algo anodinos, un poco lo de siempre, como a punto de disolverse.

Quería proponer un lugar para Rampova en nuestra historia y por ello no puedo permitirme hacer justicia a su obra. Baste decir que incluye cómic, música, ilustración, radio, poesía, diseño y ‘performance’ (la idea de la vida como cabaret radical está en el centro de toda su trayectoria). Tomada en su conjunto, constituye una propuesta esencialmente moderna. Fue un talento heterodoxo y oceánico, que supo crear desde los márgenes del sistema, que nunca perdió la capacidad de expresarse de maneras brillantes y provocadoras, que surgió de un entorno improbable y que lo hizo todo con casi nada. Sus materiales eran el papel, los rotuladores, los tejidos, su voz, su gestualidad, todo su cuerpo, y, sobre todo una inteligencia que supo asimilar y articular materiales que iban de Marlene Dietrich a David Bowie, de Joe Dallesandro a Kurt Weill. Algunos han sabido ver a William Blake y a Andy Warhol en su estética. No sé si para muchos todo esto podrá considerarse como ‘arte’, pero estoy seguro que toda reserva parte de una noción que reduce la práctica artística a sus aspectos más institucionales. De lo que no cabe duda alguna es que si su obra no es arte, tiene algo que va más allá y simplemente muestra las carencias de la práctica artística ortodoxa. En realidad, Rampova transformaba en expresión todo lo que encontraba, incluida su experiencia, a veces amarga, descorazonadora, pero nunca hasta el extremo de apagar su fuego. Resulta especialmente conocida como uno de los miembros fundadores de Ploma 2, que hizo ‘performance’ ‘queer’ radical mucho antes de que en las universidades estadounidenses se empezase a hablar del tema, y quizá esa ‘performance’, disparatada, elegante, siempre libertaria, fue su obra maestra.

La palabra ‘libertad’ es una de las más recurrentes en los textos sobre Rampova, a la vez que el término que se encuentra por doquier en su obra. No sé si en estos tiempos utilizarla en el título de un obituario resulta oportuno. Casi puede parecer una traición. Cuando la libertad simplemente se asocia con tomar cervezas en terrazas y se convierte en una noción cínica, cuando se trata de un lema decorativo que no implica casi nada para casi nadie, la noción se desgasta y pierde sus aristas, su urgencia y todo su valor. Quienes ningunearon a Rampova también le han robado el sentido profundo a la libertad. Y la libertad lo fue todo para ella. Recordar a Rampova, entrar en su obra, es reconocer el valor de la libertad, encontrarnos el concepto como un desafío, como una aspiración en la que realmente nos jugamos algo.

Rampova viene de una coyuntura asfixiante en la cual todas sus aspiraciones vitales estaban prohibidas, cualquier expresión vital se encontraba con muros y amenazas. Nace en 1956 y su adolescencia se lleva a cabo en un mundo, el creado por el régimen franquista, en que la individualidad despertaba sospechas en las instancias de poder. Homosexual, trans plumífera, anarcoide y descarada, incapaz de ocultar su brillo. Fue víctima de esas instancias desde que era casi un niño: a los catorce años fue condenado a prisión a causa de la infame Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social por el crimen de besar a otro hombre. No sería la única ocasión en la que sufrió la etiqueta de “socialmente peligrosa”, que abrazaría con pasión durante el resto de su trayectoria. La cárcel fue una experiencia traumática y en varias ocasiones ha hablado de violencia, por parte de las autoridades y de otros presos, así como de la violación como algo casi cotidiano. El brutal tratamiento a que la sometió la autoridad franquista la convirtió en una republicana vehemente.

Y sin embargo su discurso no cae en el victimismo o lo doctrinario. Hay que recordar que fue disidente sexual cuando la izquierda radical no aprobaba tales desmanes. Rampova desarrolla un orgullo de la marginalidad, de todas sus marginalidades, que le permite enfrentarse a todo. Tampoco se dedica a predicar y regañar a su público: en su trabajo hay más pedagogía que sermón. De hecho algo a lo que jamás renunció fue a la fuerza de la frivolidad como algo que podía transformar el dolor: sentido del humor e ironía se entrelazan siempre con la crítica descarnada a la injusticia. La frivolidad es, de hecho, central a su estética, y su trabajo contrasta con las expresiones confesionales, vehementes y literales que proliferan hoy en día. En sus ‘performances’ había un talento farandulero que permitía comunicar el mensaje libertario de manera inteligente. Política y estética radicales van de la mano. En el cabaret, en sus cómics, en todas sus intervenciones, identificó muestras de racismo, de sexismo, del machismo brutal de la época, de totalitarismo. En el mundo de Rampova hay muchas opresiones y todas coartan el desarrollo de la persona. Rampova logró su libertad y nos ayudó a muchos a tomárnosla más en serio. La amó tanto más por ser consciente del precio que había pagado.

Es tentador hablar de una estética fallera en el arte de Rampova. Ciertamente el Mediterráneo y el sur en España han dado lugar a personalidades coloristas y explosivas y no creo que sea casual que estos rasgos estéticos se den ahí especialmente. Pero este potencial a menudo acaba abocado al mero folclorismo. El torrente de imágenes, palabras y actitudes que es Rampova puede acabar encauzado, controlado por estructuras convencionales. En Rampova encontramos de manera intensa el potencial crítico y liberador de una estética basada en el caos, en la burla carnavalesca, que huye de toda institucionalización, de toda narrativa épica. A finales de los setenta y en los primeros años ochenta esta estética tuvo su momento antisistema, brevemente expresado (después institucionalizado) en las diversas movidas españolas (en Barcelona primero, luego en Madrid o Vigo), y es aquí donde el personaje tiene un significado simbólico. De alguna manera, en la evolución de las cosas, se abandonó el caos, el mediterráneo, el cabaret, la ironía, el color, el collage, para hacernos más ‘europeos’. Puede que fuera necesario o incluso conveniente. Pero conservemos siempre un espacio en nuestra memoria para un ideal cultural alternativo, algo que nos recuerde que otros espacios son posibles. Rampova representa lo mejor de una época, el sueño de un cambio profundo que nos haga menos intolerantes, más abiertos, más libres. Carezco de cualquier sentimiento de orgullo nacional, pero de alguna manera me parece reconfortante, excitante, encontrar afinidades culturales con la imaginación mediterránea de Rampova.

Otra palabra que la coyuntura actual está desgastando hasta hacerle perder su efectividad es ‘queer’. Situemos a Rampova en el contexto de los debates actuales sobre la ley trans y percibiremos la pobreza conceptual que ha cortado las alas de esos debates. La simplificación de una noción revolucionaria como comprensión de la naturaleza humana para servir intereses concretos es una estrategia que, con su proliferación, nos está haciendo perder el sentido real de la propuesta. Incluso antes de que el ‘movimiento queer’ o la ‘teoría queer’ entrasen en cualquier lengua o en cualquier agenda, Rampova representó lo mejor que la idea tenía que ofrecer. Y es algo que tenemos que recordar una y otra vez: la posición de Rampova era libertaria, no doctrinaria. Veía todo aquello que pudiera hacernos más libres dejando atrás lo que nos atenazaba. Y no se refería a las cervezas. Frente al simplismo en que se apoyan muchas posiciones encontradas, en Rampova encontramos una verdadera posición trans radical, revolucionaria, que realmente supera las minucias con que nos ciegan los esencialismos. Reivindicar la figura de Rampova es reivindicar lo que significa, su potencial para abrir puertas, para crear desde la experiencia y para el mundo.

martes, 6 de julio de 2021

#hemerotoca #homofobia #lgtbifobia | Miedo y orgullo

Cadena SER / Protesta en la Puerta del Sol contra el asesinato de Samuel //

Miedo y orgullo.
Alberto Mira | InfoLibre, 2021-07-06

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/07/07/miedo_orgullo_122452_2003.html

No es fácil de explicar. Va mucho más allá de lo que muchos de ustedes saben, de lo que ven, de lo que son conscientes. Lo entenderán mejor las mujeres que sufren algo similar durante la mayor parte de sus vidas. Y es algo así, pero no exactamente así. En el caso de los hombres y mujeres gays, maricas, homosexuales, bisexuales, lesbianas, trans, todo el tema es que “se nos note” o “que se sepa”. Si se nota, si se sabe, puede pasarnos lo que le ha sucedido a Samuel. Hemos crecido con esa idea. Y lo que sucede a muchos de nosotros, cada año, cada semana, cada día. No es fácil saber cómo empieza lo que puede terminar con un muchacho asesinado por unos cobardes. Está en el aire, pero acaba precipitándose en formas de violencia simbólica y real. Para quienes tenemos cierta edad era algo omnipresente, dominaba nuestras vidas, pesaba como el plomo y nos ponía un nudo en la garganta en el patio del colegio, al salir de ciertos sitios a ciertas horas, o en nuestros gestos, o al caminar.

Puedo contar cómo lo vivía yo. A veces sucede de día, pero solía ser de noche. Ante ti, en tu camino, un grupo de hombres jóvenes, en un banco, apoyados a una pared, con todos los signos de la masculinidad heterosexual, ociosos, a la espera de que algo suceda. Por favor, por favor, te dices, que no se fijen en mí. Pero es tarde para cruzar a la acera de enfrente o para dar un rodeo: te han visto y sabes que sería peor. Y sientes arañazos por dentro, algo se eriza. Te miran. Se fijan. Es una mirada provocadora, en tensión, como si esperase cualquier excusa para convertirse en dagas, en puños, en esputo. Pasas por delante, rígido, la mirada clavada en el suelo, contienes la respiración. Dicen algo. Intentas no escuchar. Intentas no reaccionar, intentas que no se te note y sabes que ya han olido tu miedo. Unos pasos más, los oyes murmurar algo. Y esperas (por favor, por favor) que no vaya a más. Sabes que te están llamando maricón, pero sigues adelante. No quieres oírles. Unos pasos más. Si tienes suerte, has conseguido escapar. Respiras hondo. Hasta la próxima vez.

Era el miedo. De hecho es algo que nos hizo tan conscientes de nuestra apariencia que al final no sabíamos distinguir entre la máscara con que nos protegíamos o la expresión de lo que éramos. Y para solucionar el miedo vivimos en la angustia. Esa muñeca. Esa voz. Esos andares. Culturalmente, perder la angustia, reivindicar la pluma, la voz, los andares, fue uno de los triunfos del movimiento gay: desde el movimiento en todas sus facetas (la política y la cultural) se difundió la idea de que el hecho de que se nos note, el hecho de que se sepa, no es algo que tengamos que ocultar. Sí, siempre hubo quien nos dijo que teníamos que ocultarnos, pero las máscaras asfixian tanto como el miedo. Pero la idea de que todos tenemos derecho a que se nos note y que se sepa, que los patrones de masculinidad o feminidad no son absolutos ha ido ganando terreno. Incluso los políticos han llegado a aceptar esta premisa. Y pensamos que no volveremos al miedo. Algunos no superaremos nunca los terrores de la adolescencia. Al ver a quienes han crecido en otras circunstancias no podemos sino sentir placer y un poquito de envidia.

Y sin embargo vemos que aquello que nos atenazaba sigue ahí. Se llama homofobia y hoy hemos visto que sigue matando. A veces tiene formas sutiles. De repente te das cuenta de que alguien te trata de manera distinta, que no te aceptan en un trabajo. A veces es un poco más notable: un insulto, un rumor maligno. Llegamos a pensar que podemos vivir con estas cosas. Me gusta decir que no ofende quien quiere, ofende quien puede, y lo cierto es que años de conciencia, de resistencia, me han convencido que quien me llama maricón simplemente se pone en evidencia. No pertenece a lo mejor de este mundo y esta vez es esa persona quien es asfixiada por su odio. Siempre habrá gente así. Hay veces que tenemos que aceptar que no gustaremos a todos y siempre va a haber algo que provoque celos, reservas, resentimiento. Pero la homofobia tiene grados, debe ser contenida porque si no lo es tiende a ir más allá del insulto. El odio acaba produciendo muerte.

Pero el miedo no es sólo algo abstracto, invisible. Tampoco es fácil de explicar por qué hay gente que se convierte en agente del miedo. Los asesinos de Samuel querían ser temibles. Dar miedo puede hacer que alguien se sienta algo. Querer dar miedo es cobardía, y hay grupos que están fomentando esta nueva forma de terrorismo que quiere borrar al diferente y volver a una sociedad intolerante.

La homofobia se aprende. Nadie nace homófobo. Hay gente que probablemente nace ignorante, insegura, con tendencia al resentimiento, pero la homofobia es un discurso cultural, perfectamente articulado, continuamente difundido. Y existe gente que lo difunde, insistiendo en que quienes no somos hombres y mujeres heterosexuales merecemos menos, que tenemos que ocultarnos, que robamos derechos a otros. Durante años pensábamos que el discurso retrógrado de la homofobia andaba de capa caída. Teníamos suficientes imágenes afirmativas: empresas ‘gay friendly’, banderas arcoiris en las instituciones, series de televisión, columnas en prensa, incluso en los programas de los partidos se nos decía que éramos merecedores de un lugar visible en el espacio público, que existíamos y que teníamos los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. Pero la homofobia siempre vuelve. Y era de esperar que la polarización que se da a todos los niveles de la sociedad la hiciese resurgir. Así ha sido. Un partido como Vox necesita recurrir al odio a los homosexuales para romper consensos precarios. El resentimiento es una emoción que, como todas, produce cierta seguridad al extremarse. No sé si los líderes de Vox “son” o “no son” homófobos. A veces suenan exactamente como sus predecesores en el fascismo y parece que les molestamos. Pero sobre todo su mensaje se alimenta de las inseguridades de otros, se alimenta de un terror histórico a la diferencia, se ceba en emociones irracionales. Vox ha vuelto a hacer de la homofobia un discurso que se convierte en violencia. Y una vez el discurso se pone en circulación es imparable: está claro que los asesinos de Samuel aprendieron en algún sitio su homofobia, está claro que pensaban estar presentando una ofrenda a quienes la aplauden. Los aliados políticos de Vox, el PP y Ciudadanos, no saben o no quieren librar la batalla contra estos mensajes de odio. Y los promueven por omisión. Algunos grupos de izquierdas o de centro están cayendo en la trampa y poniendo peros a las formas olvidando que el problema sigue siendo el mismo: crear odio contra los que sienten de manera diferente.

Este lunes he estado en la concentración de la Puerta del Sol pidiendo justicia para Samuel, solidarizándome con los suyos, llamando a las cosas por su nombre. Homofobia. No es cuestión de siglas. Ni de grupos que buscan una voz. A veces nos preguntamos por el orgullo, por si hace falta. Recientemente hemos sentido divisiones, y desde la política se han favorecido estas divisiones porque somos más manejables si no nos entendemos, si nos limitamos a gritar. La concentración en la Puerta del Sol, convocada por el Movimiento Marika de Madrid ha sido seguida por miles de nosotros que hemos superado facciones, siglas, diferencias de perspectiva y de edad. Hoy un asesinato brutal nos ha unido y lo llamamos crimen homófobo. Nosotros sí sabíamos qué es la homofobia y que la homofobia mata. Los hombres y mujeres que había en Sol mostraban lo mejor de esta sociedad: la capacidad de superar diferencias para estar frente a lo que realmente importa, para decir que no queremos volver a escondernos, para decir a los medios que dejen de invisibilizarnos, para solidarizarnos con el dolor que produce el asesinato de uno de nosotros. Todos los años por estas fechas, el orgullo es cuestionado, o transformado en una épica vacía, o descalificado o se presenta como frivolidad o algo superfluo. Lo que he visto en Sol era algo totalmente distinto, esperanzador. No era un “Orgullo Gay”, ni siquiera un “Orgullo LGTBI”. Creo que todos, dentro y fuera de las siglas, podemos sentir verdadero orgullo ante la solidaridad de quienes no van a dar un paso atrás, quienes están diciendo claramente que la homofobia no es tolerable.

Alberto Mira es escritor y profesor en la Oxford Brookes University.

miércoles, 30 de junio de 2021

#hemeroteca #lgtbi #literatura | La literatura LGTBI para niños y adolescentes triunfa pese a la amenaza del 'pin parental'

'Género queer', de Maia Kobabe //

La literatura LGTBI para niños y adolescentes triunfa pese a la amenaza del 'pin parental'.

Los cuentos y novelas arcoíris llegan a las librerías como nunca antes, pero sus responsables no pierden de vista que están en la diana de la ultraderecha. Los educadores señalan un reto pendiente: que esos títulos lleguen a los colegios y las bibliotecas para garantizar el acceso a ellos de todos los niños.
Clara Morales | InfoLibre, 2021-06-30  

“Vox pregunta a Educación cuántos colegios se han adherido al programa de adoctrinamiento de diversidad sexual y LGTBI”. La noticia, extraída de la web del partido de ultraderecha, se podría traducir de la siguiente manera: Vox pregunta a Educación cuántos colegios se han adherido al programa Escuelas Seguras, que pretende crear una red de centros educativos contra el acoso por ser LGTBI. La iniciativa parte de la FELGTB, la federación de asociaciones en defensa del colectivo, e invita a que los colegios e institutos que así lo consideren firmen un compromiso que contiene preceptos como abordar el ‘bullying’ por ser homosexual, bisexual o trans, integrar a las familias diversas en los eventos del centro o incluir en la biblioteca del centro libros y materiales pedagógicos en los que el colectivo esté presente. Y así es como un cuento en el que un niño tiene dos mamás o una novela protagonizada por una chica trans se convierten en un “programa de adoctrinamiento”. Si la literatura LGTBI ha estado sometida a la censura durante buena parte de la historia, la literatura infantil y juvenil LGTBI es señalada hoy por parte del espectro político como un peligro.

Y sin embargo, brilla el sol. En la librería especializada Berkana, en Chueca (Madrid), la sección infantil no para de crecer. “Al principio había poquitos”, dice el librero Carlos Valdivia, “y se han multiplicado, como ha pasado con la literatura feminista”. Solamente hay que mirar a su estantería infantil y juvenil, dice, continuamente desbordada por las novedades. En las baldas esperan 'Titiritesa', de Xerardo Quintiá y Maurizio A. C. Quarello, sobre una princesa cuyos padres insisten en casar con un príncipe; '¡Vivan las uñas de colores!', de Luis Amavisca y Alicia Acota, donde Juan no entiende por qué los demás niños se ríen de su esmalte; o 'Monstruo Rosa', un personaje cansado de ser juzgado por ser diferente que decide emprender un viaje para encontrar un lugar donde nadie le mire raro. Berkana piensa lanzar pronto una guía de lectura, con recomendaciones para distintas edades, con el fin de orientar a las bibliotecas públicas, colegios e institutos que a menudo se dirigen a ellos para pedirles orientación. “Cada vez hay más colegios y bibliotecas que, en muchos casos porque en el equipo hay alguien del colectivo o gente muy concienciada, nos piden un listado”, apunta el librero. “Aunque deberían ser más, porque la educación pública y las bibliotecas públicas son la única manera de que muchos niños accedan a ciertos contenidos”.

Juan Naranjo, profesor de secundaria y autor de Mariquita, está también lejos del derrotismo. Cuando mira a la literatura juvenil (la que, por cercanía con sus alumnos, más controla) disponible en su adolescencia y la que hay en la actualidad, ve mundos absolutamente distintos. “No había representación LGTBI dirigida a los adolescentes y las adolescentes, directamente, entonces a poco que se hubiera avanzado habría sido un avance grande. Pero es que el avance ha sido realmente significativo”. Mucha gente, en la industria editorial, se ha dado cuenta de que “no todos los adolescentes son iguales” y que representar esa diversidad podía tener consecuencias positivas en las personas que, al fin, pudieran verse reflejadas en sus lecturas... pero también en la balanza comercial. En 2019, último año del que se tienen datos, la literatura infantil y juvenil recaudó en España más de 312 millones de euros, el 13% de la facturación total del sector y un 3% más que el año anterior. “Se ha visto la necesidad y además la oportunidad”, apunta, “y es algo que tenemos que seguir trabajando y pidiendo. Los éxitos editoriales respaldan que esto no es un capricho de cuatro tiquismiquis”. Entre los disponibles, él recomienda títulos como 'Rojo, blanco y sangre azul', de Casey McQuiston; el cómic 'Género queer', de Maia Kobabe, o 'El beso número 8', de Colleen AF Venable y la ilustradora Ellen T. Crenshaw.

Esta tendencia incluye auténticos fenómenos: desde su publicación en 2013, ‘Monstruo Rosa’ acumula 20 ediciones, más de 120.000 ejemplares y la traducción a 15 idiomas. “Y eso que es un libro para niños, que no manejan las cifras de la literatura para adultos”, dice Raquel Garrido, su editora en Apila. Incluso para los parámetros de la ficción ‘de adultos’, esas cifras constituyen un fenómeno indudable. Garrido cree que una de las claves del libro es, primero, su calidad (fue el primer álbum de Olga de Dios, hoy una ilustradora reputada), y, segundo, el gran número de personas que se pueden sentir identificadas con la historia. No es que su contenido sea ambiguo: el subtexto LGTBI está claro y hay una aparición estelar de un arcoíris muy elocuente. Pero es un libro, explica Raquel Garrido, que no está pensado ‘para algo’. “Hoy hay muchos libros que están diseñados con un objetivo concreto: para hablar a los niños del respeto al medio ambiente, para que los niños coman verduras... Son libros ‘para eso’, no para disfrutar de la lectura”. El de Olga de Dios, dice, no es así. Y tampoco lo es 'Raro', de Canizales, donde un personaje aparentemente gris se alarma ante lo extravagantes que son sus vecinos... para acabar descubriendo que él tampoco es tan normal. Todos los (numerosos) comentarios que les han llegado de colegios y bibliotecas son positivos.

Las consecuencias de estos avances no son menores. Naranjo imagina qué habría supuesto para él haber contado, de pequeño, con los libros a los que tienen acceso sus alumnos. “No es solo la sensación de soledad, de ¿seré yo el único del mundo que se sienta así?, sino la homofobia interiorizada, del qué puedo hacer yo para dejar de sentirme así y para que el mundo deje de percibirme de esta manera”. Ambas cosas, dice, son “producto del desconocimiento, de la falta de referentes”. Contra ellas, “la visibilidad: en las series, por las calles, pero también en las bibliotecas y en las clases”. Pero Consol Aguilar, formadora de maestros en la Universitat Jaume I, especializada en literatura infantil y juvenil, género e identidades diversas, recuerda que esto no va solo de la experiencia individual de los alumnos LGTBI, sino de los valores colectivos. “Los referentes que les demos a los niños sobre la sociedad que queremos construir son aquellos con los que van a crecer, con los que se van a formar y los que van a hacer que avancemos hacia tal o cuál tipo de sociedad”, defiende. Por eso ella insiste en este “no es un problema que tenga que ver con el colectivo LGTBI, sino con los derechos humanos”.

Por eso Aguilar se resiste a caer en el triunfalismo. Ve y celebra el avance experimentado en las últimas décadas, pero no cree que esté todo hecho. “El corpus de libros que hay es magnífico, tenemos libros para trabajar estos temas desde niñas y niños muy pequeñitos hasta los cursos de bachillerato. El problema”, apunta, “no es que no exista esta literatura, sino que el profesorado a menudo la desconoce y que, a mí me lo han comentado, a veces tienen miedo”. El desconocimiento hace que los maestros no aborden en el aula temas como la diversidad afectiva o el género. El miedo hace que los consideren asuntos peliagudos que pueden acarrearles problemas con algunos padres. El problema es que ese desconocimiento y ese miedo hacen que no se aplique correctamente la legislación: la ley estatal que regula la educación pública incluye entre sus principios “el respeto a la diversidad afectivo-sexual” y “la educación afectivo-sexual, adaptada al nivel madurativo”. “Se ha demostrado que en el contenido curricular de la formación de maestros y maestras todo esto está muy ausente”, lamenta Aguilar. “Si los propios maestros y maestras no tienen esa formación y no conocen esos libros, es complicado que luego lo introduzcan en sus bibliotecas de aula y en los planes de lectura de sus centros”. El miedo, apunta, es lo que alimenta el cacareado “pin parental”, particularmente el de los padres, temerosos de que sus niños aprendan ideas nocivas en el colegio. Para disiparlo, la pedagoga anima a los profesores a reunirse con los padres, a hablar con ellos, a atender sus dudas y sus inquietudes. Cualquier estrategia, excepto la de dar un paso atrás.

La editora de Apila cree que en España está tan consolidado “el respeto a la diversidad y al colectivo LGTBI” que es impensable imaginar un futuro en el que no existan libros como ‘Monstruo Rosa’. Pero sería peligroso, apuntan varios entrevistados, que el acceso a estos libros quedara a la discreción de los padres, ya sea por sus convicciones o por su poder adquisitivo. Inculcar el “respeto a la diversidad”, recuerda Juan Naranjo, no es una ‘opción’ de los profesores, sino un ‘deber’, de la misma forma que la ley educativa señala la necesidad de educar en la igualdad entre hombres y mujeres, en el ecologismo o en el “espíritu crítico”. El profesor señala que el “deber de las instituciones educativas”, en las que incluye desde el colegio hasta las casas de cultura, es el de “dar a conocer y fomentar la diversidad en todos sus aspectos”. Eso tan rimbombante se puede traducir en algo muy sencillo: “Simplemente mostrar que esos libros existen, que esos libros se tienen, ponerlos a disposición de los chicos y las chicas que puedan estar interesados, y que por una vez a lo mejor puedan leer una historia en la que el protagonista se parezca un poquito a ellos”. ¿Y si Vox u otro partido se interpone? Habla Carlos Valdivia, de Berkana: “No dejaremos que nadie nos amedrente, hay que plantar cara y ya nos encargaremos de hacer algo, docentes, asociaciones y familias”. 
 
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viernes, 16 de abril de 2021

#hemeroteca #trans #politica | Asociaciones trans se concentran ante la sede del PSOE para pedirle que no vete la ley que prepara Igualdad

Imagen: Euforia / Concentración trans en la calle Ferraz, Madrid

Asociaciones trans se concentran ante la sede del PSOE para pedirle que no vete la ley que prepara Igualdad.

"Pedimos a PSOE que recupere la senda por la que siempre ha caminado, siendo el partido que ha traído a nuestro país los grandes avances en derechos humanos", señala la presidenta de la Plataforma Trans. Los activistas, que hace un mes estuvieron en huelga de hambre unos días, se han concentrado en nueve ciudades para exigir una ley en términos de autodeterminación, despatologización y reconocimiento de los menores.
infoLibre, 2021-04-16
https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/04/16/asociaciones_trans_concentran_ante_sede_del_psoe_para_pedrirle_que_no_vete_ley_que_prepara_igualdad_119352_1012.html

Asociaciones en defensa de los derechos de las personas trans se han manifestado este viernes ante las sedes del PSOE de diferentes ciudades de España para pedir a los socialistas que dejen de "vetar" la Ley Trans de Igualdad y que regresen al camino que han marcado como el partido que ha traído grandes avances en derechos humanos, informa Europa Press.

Tal y como han informado las asociaciones organizadoras de esta iniciativa, Federación Plataforma Trans y Euforia-Familias Trans-Aliadas, las concentraciones se han celebrado en Madrid, Zaragoza, Sevilla, Córdoba, Almería, La Línea de la Concepción (Cádiz), Girona, Palma de Mallorca y Pamplona. Estas concentraciones se realizan dos meses después de que se hiciera público el borrador de la Ley Trans, realizado por el Ministerio de Igualdad en colaboración con las asociaciones trans, y en el que se recoge la autodeterminación de género de este colectivo.

Con esta norma, el único requisito que se pediría a las personas trans para hacer un cambio registral en personas mayores de 16 años es "el expreso deseo" de la propia persona, una medida que rechazan los socialistas, contrarios a las conocidas como ‘teorías queer’. Para el PSOE, el sexo es un hecho biológico y el género una construcción social que marca la sociedad a través de sus estereotipos. La vicepresidenta primera del Gobierno, la socialista Carmen Calvo, ya se ha mostrado en numerosas ocasiones "preocupada" porque la autodeterminación se determine por ley en España.

Fundamental para la igualdad
De hecho, el Ministerio de Igualdad ha acusado a Calvo de estar "bloqueando" la aprobación del texto en el Consejo de Ministros, que lleva ya semanas esperando a pasar por este trámite. Las asociaciones trans han asegurado, en estos dos meses de debate público, que no cederán en materia de autodeterminación de género. Federación Plataforma Trans y Euforia, han indicado que se trata de una herramienta fundamental para alcanzar la plena igualdad de las personas trans.

Es por eso que, este viernes, han pedido el fin de este veto a la ley y también han exigido un "apoyo sin fisuras" a la aprobación de dicha norma en los términos de autodeterminación, despatologización, reconocimiento de los menores trans, personas no binarias y personas migrantes trans.

"Pedimos a PSOE que recupere la senda por la que siempre ha caminado, siendo el partido que ha traído a nuestro país los grandes avances en derechos humanos, como el matrimonio igualitario, que reconozca que es el momento de las personas trans y eso pasa por reconocernos como sujetos de derecho a través del principio de autodeterminación sin condiciones", ha señalado la presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé.

Derechos de los menores
La activista ha recordado que IIGA Europa -que representa a más de 600 organizaciones de todo el mundo- y Trasgender Europe han pedido al presidente Pedro Sánchez, a través de sendas cartas, su preocupación por "el viraje del PSOE en un momento donde la ultraderecha amenaza Europa con un recorte en derechos sociales y civiles". "Hoy venimos aquí a exhortar a PSOE a que se baje del autobús de 'Hazte Oír' y se suba al lado correcto de la historia", ha apuntado Cambrollé.

La presidenta de Euforia, Natalia Aventín, ha explicado, por su parte, que existe una sentencia del Tribunal Constitucional de 2019 que dice que "hay que respetar y reconocer la identidad de los menores trans", una situación que, según señala, "a día de hoy el PSOE como socio mayoritario del Gobierno de coalición se niega a reconocer".

"Esto supone un enorme menoscabo para nuestro Estado de Derecho y aún más grave, para los menores trans, ya que la infancia y adolescencia es un periodo muy corto y que marca para toda la vida. No reconocer la identidad de menores y adolescentes trans supone en la mayoría de los casos graves consecuencias emocionales que los marcaran de por vida", ha concluido Aventín.

martes, 23 de marzo de 2021

#hemeroteca #transfobia #terf | El Partido Feminista y Vox se unen contra la Ley Trans que consideran "peligrosa" y anticonstitucional

Imagen: HazteOír / Lidia Falcón, transodiante

El Partido Feminista y Vox se unen contra la Ley Trans que consideran "peligrosa" y anticonstitucional.

Lidia Falcón y Alicia Rubio participan en un acto organizado por la organización HazteOír. La única diferencia entre ambas formaciones ha sido la educación de los menores y la responsabilidad de las familias sobre ella.
infoLibre, 2021-03-23
https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/03/23/el_partido_feminista_vox_unen_contra_ley_trans_que_consideran_peligrosa_anticonstitucional_118380_1012.html

La presidenta del Partido Feminista, Lidia Falcón, y la diputada de Vox en la Asamblea de Madrid Alicia Rubio, se han unido este martes contra la Ley Trans de Igualdad, que califican de "peligrosa" y anticonstitucional.

Ambas han participado en un acto organizado por la organización HazteOír bajo el nombre de Desmontando la Ley Trans. Si naces niña, lo seguirás siendo, en donde han analizado lo que implica esta norma, su redacción y sus consecuencias, informa Europa Press.

En su intervención, Falcón ha destacado la "visión catastrófica" que le merece la posibilidad de que la sociedad pueda adoptar esta "filosofía" de que "los seres humanos no existen", siguiendo las directrices de "campañas" que dicen que hay personas que "no se sienten bien en su cuerpo" y que, por ello, hay que "mutilarlo", "modificarlo" o "cambiarlo".

La presidenta del Partido Feminista cree que el texto de Igualdad llevará al país a vivir una "distopía" por la que se busca un mundo "sin hombres y mujeres" y basado en un género que "no existe".

Consecuencia de la Ley de Violencia de Género
Falcón, ha explicado que "estos lodos" vienen de la aprobación, con su "rotundo disgusto", en 2004 de la Ley contra la Violencia de Género porque "eliminó" a la mujer y la convirtió en un género como término que "importa".

Ahora, explica, la Ley Trans deja a España en una situación que considera "peligrosa" y cuyos responsables son "descerebrados" que "se han metido en competencias feministas". A su juicio, la norma está "tocada" desde sus inicios y lamenta que el PSOE esté ahora condicionado por el acuerdo de Gobierno con Podemos, motivo por el cual, a su juicio, el país tiene a la peor ministra de Igualdad, Irene Montero, "de la historia".

Así, ha dejado claro que "las feministas" están en "primera línea de fuego contra" la norma y contra los "populismos" que se han "metido en los gobiernos" haciendo "campañas" en este sentido y que, ha insistido, el movimiento feminista "nunca va a defender" porque supondría la "desaparición" del "objeto de la lucha" del mismo, que es "la mujer".

Falcón ha denunciado, en este sentido, la presencia de mujeres trans ocupando cuotas femeninas en partidos políticos, instituciones o responsabilidades en las empresas.

Una Ley que viola derechos
De forma similar se ha expresado la representante de Vox, quien ha señalado que la norma de Igualdad vulnera "la igualdad ante la ley" de los españoles, genera "indefensión judicial", "viola la libertad de expresión y de opinión" y "se cargan el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus valores", entre otras medidas. Se trata, ha indicado, de una norma anticonstitucional.

También considera que es la "culminación" de las leyes que en esta materia se han aprobado a nivel autonómico y que suponen multas de entre 40.000 y 120.000 euros por "delitos laxos de homofobia o transfobia" y la conversión de un "fenómeno psicológico" en una "realidad biológica que encima se registra".

Rubio ha criticado la teoría de interseccionalidad que divide a la sociedad en grupos concretos que, después, son clasificados en opresores u oprimidos y que, explica, la Ley Trans usa para que aquellas personas que no quieran ser oprimidas pasen a decir, por ejemplo, que se sienten hombres o blancos y viceversa. Es un método, ha indicado, que tiene como objetivo que la sociedad sea "igual" para acabar "no siendo nada".

También ha puesto como ejemplo el mundo del deporte, en el que, ha explicado, las mujeres trans acabarán con las categorías femeninas; o la intrusión de estas personas en otros ámbitos como Eurovisión o Miss España, cuya última representante fue una mujer trans. Además, ha advertido del riesgo de que personas que se autodeterminan de un género puedan entrar en baños o cárceles del género contrario.

Falcón defiende la educación pública
A su juicio, la disforia de género no se puede eliminar de la legislación porque "es una patología que necesita una serie de recursos médicos".

El único punto en el que se han notado las diferencias entre el Partido Feminista y Vox ha sido en la Educación. Mientras que los de Abascal reclaman la libertad de los progenitores a educar en sus valores a sus hijos, Falcón cree que esta "no se puede dejar al albur de las familias" sino que es el Estado quien se tiene que responsabilizar.

La presidenta del Partido Feminista argumenta esta postura, precisamente, en que hay padres que acompañan a sus hijos a realizar un cambio de género cuando les dicen que son trans. "También hay testigos de Jehová, padres que abusan de sus hijas o que las abandonan", ha declarado.

La solución, a su juicio, es que todos los partidos se pongan de acuerdo en esta materia sobre "las normas de educación moral" para hacer "ciudadanos" que sepan sobre "las diferentes tendencias políticas, religiosas e ideológicas" y que este sistema "se cumpla".

martes, 2 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #identidades | Elizabeth Duval: "Un período de reflexión antes de cambiar el nombre en el registro puede entrar en el debate sobre la ley trans"

Imagen: InfoLibre / Elizabeth Duval

Elizabeth Duval: "Un período de reflexión antes de cambiar el nombre en el registro puede entrar en el debate sobre la ley trans".

La escritora publica ‘Después de lo trans’, un ensayo sobre los debates filosóficos que plantea la transexualidad, y que coincide con la publicación del borrador de la nueva ley. En el volumen, Duval cuestiona conceptos como el de "autodeterminación de género" mientras critica los argumentos transexcluyentes que ven en este movimiento un arma del neoliberalismo.
Clara Morales | InfoLibre, 2021-03-02
https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2021/02/26/entrevista_elizabeth_duval_despues_trans_117153_1026.html

'Después de lo trans' es un libro que Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, Madrid, 2000) querría no haber escrito. Nace de una certeza: por mucho que sus intereses fueran por otros senderos, el hecho de ser una mujer trans hacía que, sí o sí, en las entrevistas y debates acabaran preguntándole sobre la transexualidad. Lo vio en la promoción de sus libros ‘Reina’ y ‘Excepción’, el primero, una narración autobiográfica de sus vivencias como estudiante en París; el segundo, un poemario. “Esta cuestión de la autorreferencialidad”, dice, “cómo se nos exige a las personas trans que si tenemos un espacio en el discurso público es para que estemos hablando de lo trans. Eso me repatea”.

Pero ‘Después de lo trans’, editado por La Caja Books y disponible en librerías el 3 de marzo, es un libro sobre... lo trans. Sobre los posibles orígenes de la transexualidad, sobre si estos son relevantes o no en el debate, sobre los desafíos filosóficos que plantea, sobre su relación con el feminismo o con la izquierda, sobre los desarrollos normativos de los derechos de las personas trans, y no solo. Por una vez, las preguntas insistentes sobre lo trans están justificadas. ¿No hay ahí una incoherencia? Al contrario: “El ensayo se plantea casi como una manera de pasar página, de pasar a otra cosa”. Por ahora, imposible: la publicación del libro, previsto para finales de 2020, ha coincidido finalmente con la publicación del borrador de la Ley Trans y su debate público. Pero cuando pase el año se ha propuesto rechazar las preguntas sobre el tema y remitir al libro. Hay que aprovechar.

Pregunta. En una columna publicada recientemente en ‘El País’, Elvira Lindo escribía: “Hay algo que ha dificultado la comprensión de este asunto y quiero decirlo: el lenguaje académico. Los derechos humanos se defienden con el lenguaje del pueblo, comprensible, directo. De qué sirve engolfarse en una jerga destinada a un público universitario”. ¿Qué piensa de esta idea, sabiendo que usted misma escribe desde ese “lenguaje académico”?

Respuesta. Creo que son esferas distintas. Es evidente que para la defensa de la Ley Trans no se puede entrar minuciosamente a intentar elaborar distintos conceptos. Una de las razones por las que las posiciones transexcluyentes pueden ser tan seductoras es porque dan definiciones muy simples, aunque muy falseadas, de las cosas. Cuando dicen que el sexo es una realidad que no se puede negar, lo dicen con un desarrollo que tiene poco que ver con los planteamientos antropológicos o científicos sobre este tema. Es más fácil decir que el sexo es una realidad que entrar a hablar de las variaciones entre personas catalogadas dentro del mismo sexo, de cómo influye la mirada en el género, cómo se separa el género en identidad y en estructura social... Un hándicap es que tengamos que responder diciendo precisamente que las cosas son más complejas, que la realidad no se deja reducir a esas definiciones tan simplistas; esto hace que el mensaje tenga un calado más difícil. Pero no creo que desde la defensa del colectivo trans se haya hecho eso, veo el lenguaje académico más presente en la reacción transexcluyente. Desde la defensa de lo trans se ha apelado a los derechos humanos, que es la única respuesta posible que no requiere debate.

P. ¿Por qué en estas conversaciones está tan presente la teoría queer, siendo esta una escuela filosófica marginal?
R. En 'Neoliberalismo sexual', de Ana de Miguel, un libro que tiene unos años [2016], ya se construye un hombre de paja terrible sobre la teoría ‘queer’, diciendo entre otras cosas que incluye pedofilia o expandir el deseo a los animales. Creo que es una cuestión de aires de época: en el momento en el que estamos, una parte más conservadora de la izquierda, construida en torno al rechazo a la posmodernidad, encuentra en la teoría ‘queer’ algo a partir de lo cual se puede crear una caricatura para ridiculizar al oponente. En lugar de reflexionar sobre por qué se sufren derrotas o por qué la izquierda tiene dificultades para salir victoriosa, es más fácil decir que esto es porque el capitalismo nos ha engañado y se está colando en la izquierda con su relativismo.

P. En el ensayo habla de manera crítica de un concepto como el de “autodeterminación de género”. ¿Por qué no le parece adecuado o útil el concepto de autodeterminación de género?
R. Ha habido un error, tanto por parte de la reacción transexcluyente como por parte de la defensa de los derechos trans, al trasladar el concepto de autodeterminación, que en origen es un concepto jurídico, a la esfera de la reflexión político-filosófica. A nivel jurídico, la autodeterminación no es sino el reconocimiento de la identidad de género libremente manifestada. Lo que pasa es que al hacer la traslación a nivel político o filosófico, se ha concebido esta autodeterminación como si realmente fuera una elección. Esa es la caricatura que se hace: te levantas una mañana, te pones una peluca concreta y escoges tu género. En ese error ha incurrido también una parte de la izquierda: en el programa de Catalunya en Comú a las elecciones catalanas se habla de autodeterminación no como concepto jurídico, sino como el derecho de las personas trans a elegir libremente su género. Si entramos en esos términos del debate tenemos todas las de perder, porque es ahí donde quiere la reacción transexcluyente que estemos, porque habla de una especie de liberalismo absoluto. El género en ningún caso se escoge, pero sí es totalmente lícito asegurar los mecanismos más transparentes, seguros y eficientes para que se reconozca la identidad libremente manifestada. Sin caer en un determinismo biológico —aunque haya causas biológicas que influyan en el desarrollo de las identidades trans—, si entramos en un marco que asume que no existe esa libertad, que la libertad del sujeto es la libertad para reconocerse, es un marco mucho más favorable que estar hablando del derecho a decidir.

P. Algunos activistas LGTB defienden que “los derechos humanos no se debaten”, pero usted insiste en que que no sería bueno renunciar a la conversación filosófica o científica sobre lo trans. ¿Para usted, qué condiciones de partida tendría que tener el debate sobre la existencia trans y sobre los derechos trans, de tener alguna?

R. Esa conversación no se puede dar por redes sociales. Yo me he dado cuenta a lo largo de este último mes, con el debate sobre la Ley Trans en Playz, que es que una parte de lo que molesta a esa reacción transexcluyente no es tanto lo que yo pudiera decir o el tono que pudiera tener, sino el mismo hecho de que yo tuviera una voz y pudiera expresarme. Hay buena parte de esa reacción transexcluyente a la cual va a ser imposible convencer o incluir dentro de un proyecto político. Pero porque esa parte exista no se debe renunciar a apelar a aquellas personas que puedan tener reticencias, pero que se acerquen a ello no desde el miedo o desde un lugar un poco vil, sino que lo hagan con preocupación genuina. Puede haber personas que cuando están manifestando este miedo a que se cuelen violadores en los baños públicos haciéndose pasar por mujeres —aunque sepamos que no tiene sentido, porque los verdaderos violadores ya se cuelan en los baños públicos y ya hay agresiones sin que exista esta ley—, estén haciéndolo sin mala fe. Hay que debatir y tender puentes con aquellas personas con las que sea posible.

P. De las críticas a la Ley Trans, ¿cuáles le han parecido más legítimas o interesantes?
R. Es complicado, porque todo el debate está embarrado de tal manera que es difícil distinguirlas. Hay una cuestión que me parece que puede entrar dentro del debate, que es la propuesta de establecer un periodo de reflexión antes de llevar a cabo el cambio registral. Las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos prohíben que el cambio registrar tenga que obedecer a una modificación hormonal o a algún tipo de cirugía, pero no contempla que sea una vulneración la posibilidad de un informe psicológico o un periodo de reflexión. También creo que tienen razón las personas trans que señalan que sería ridículo exigirle a una persona trans seis meses de reflexión sobre su identidad cuando probablemente hayan tenido que esperar muchísimo más. Yo, cuando cambié mi DNI —un proceso que va por registro civil y por lo tanto tiene un juez—, me tocó un juez que ralentizó las gestiones, por lo que pasó prácticamente un año desde haber depositado la demanda, con todos los requisitos, hasta que esa petición me fue concedida. Pero en esos términos del debate, y no en los del borrado de las mujeres, sí es posible entrar en un diálogo.

P. En el libro señala cómo este choque entre parte del feminismo y la militancia trans ya se veía en la Segunda Ola. ¿Hay algo intrínseco en este conflicto a las reivindicaciones feministas y trans?
R. En España, no hace tanto, esta cuestión de la Ley Trans no era algo que fuera conflictivo. En 2014, Andalucía aprueba una ley autonómica votada por unanimidad por todos los partidos. Pero se han importado debates que ya se daban en los Estados Unidos, por ejemplo, en los años setenta, y que se producían entonces por este cuestionamiento de la noción de sexo y género y la fundamentación de la opresión. No es necesariamente lo que teníamos en España hasta hace poco. Hay una trampa muy común dentro de la reacción transexcluyente: la noción de que hay un solo feminismo, que es el suyo, y que tiene unos preceptos muy específicos. Esto es claramente falso. Hay un feminismo de la igualdad, hay un feminismo de la diferencia, hay desarrollos ecofeministas... El feminismo nunca ha sido una corriente teórica que se postulara como un bloque monolítico. El conflicto quizás tiene algo de inevitable, pero lo que no es inevitable es el resultado. En el Reino Unido hemos visto cómo este debate ha acabado resultando en una disminución de los derechos de las personas trans, particularmente de los menores, en el acceso a los bloqueadores hormonales. La izquierda favorable a los derechos de las personas trans no tiene que entrar en el fatalismo, pero tampoco en su contrario, en celebrar la victoria prematuramente. Creo que podría suceder que se produjera un retroceso en los derechos de las personas trans, sobre todo cuando algunos de estos colectivos no se posicionan solo contra la nueva ley, sino contra la de 2007.

P. Este sector transexcluyente viene a defender que la propia definición que hacen de sí mismas las personas trans cuestiona los fundamentos teóricos del feminismo en cuanto a la relación entre sexo y género, y que esto por tanto es inadmisible. ¿Qué piensa de esto?
R. Esto no es así. Incluso teóricas feministas que luego han sido transexcluyentes, como es el caso de Judith Lorber, que la cito en el libro, distinguen entre el género como identidad y el género como estructura social y proceso. Fundamentalmente porque aunque sean estructuras sociales, no somos ajenos a cómo nos influyen y cómo funcionamos dentro de ellas, y tampoco lo son las feministas de la reacción transexcluyente, que también cumplen con ciertos roles de género y cierto guion generizado de cómo tiene que comportarse en sociedad una mujer. Creo que esa separación no es tan radical y no se fundamenta en nada que constituya una divergencia teórica tremendamente importante. Muchos planteamientos feministas ya han analizado esta relación, y eso no es antifeminista ni va en contra de los postulados del feminismo.

Creo igualmente que hay planteamientos que no tienen mucho sentido, como que la opresión se fundamenta en el sexo: evidentemente, la opresión no se fundamenta en una división cromosómica ni genital, y la opresión tampoco se fundamenta en una mención registral. Cuando hay una agresión en la calle, no intervienen cuáles son los documentos legales o cómo se está registrado. Y hay que recordar que todo este pánico a la entrada de hombres en los baños de mujeres es algo que han sufrido mujeres biológicas ‘butch’ [término en inglés para definir a las mujeres lesbianas consideradas masculinas], cuando al entrar en baños de mujeres se les percibía como el otro, como lo raro, con miradas bastante despectivas, como diciendo no es este tu sitio. Para la gente obsesionada con la realidad del sexo, este fenómeno sería inexplicable.

P. El movimiento transexcluyente defiende la abolición del género, pero usted explica en el libro que no cree que eso sea posible a corto plazo.
R. Me alejo de la tesis de Paul Preciado de que el régimen de la diferencia sexual va a desaparecer en los próximos 50 años, porque creo que no es así, que esa epistemología binaria no desaparece tan fácilmente. Se hace más permeable, se extiende, se amolda a lo que hay en una época, pero el hecho de que vengamos de una historia en la que esas categorías no han dejado de existir hace que esa diferencia sexual vaya a permanecer durante mucho más tiempo de lo que los más optimistas con su desaparición quieren creer. Es curioso, porque una de las personas a las que cito para decir que estoy de acuerdo con ella es a Amelia Valcárcel [contraria a la ley trans y crítica con el transfeminismo], que dice que este sistema de mecanismos duales está fijado en la mente humana con absoluta impronta. Creo que en esto tiene un poco de razón. El feminismo transexcluyente, que habla de las personas trans como un obstáculo para la abolición del género, debería leer a las que supuestamente son sus referentes. Debería leer a Amelia Valcárcel y descubrir qué es lo que dice.

P. En el libro aborda también las tensiones entre PSOE y Podemos como socios de Gobierno como un factor que ha condicionado el debate público.
R. Este ambiente de crispación y polarización para mí obedece mucho a motivos partidarios. Toda la parte en la que hablo de las tensiones entre el PSOE y Podemos está escrita hace seis meses o así, y luego las cosas se han desarrollado tal cual. Creo que obedece a motivaciones políticas y luchas de poder.

P. ¿Cómo cree que ha afectado este enfrentamiento al debate público o al sentir social, teniendo en cuenta que España es uno de los países más receptivos a los derechos de las personas trans? ¿Hay otros elementos más allá de la disputa entre PSOE y Podemos?
R. Creo que hay otros elementos. Dentro del feminismo hay una tensión por ver quién conduce el movimiento. Después de movilizaciones como los últimos 8 de marzo, una generación anterior de feministas ve cómo su hegemonía dentro del movimiento, que anteriormente era menos mayoritario, se ve desplazada por la irrupción de generaciones más jóvenes, que tienen otras demandas. Hay tensiones también dentro de la izquierda que se enlazan con esa corriente pseudomaterialista o de izquierda reaccionaria. Además de tensiones con el PSOE, hay tensiones por el mero hecho de que Podemos esté en el Gobierno: creo que su presencia en el Gobierno hace que ciertos sectores de la izquierda se sientan huérfanos y tiendan a criticar todo lo que desde él se propone. Y hay un ambiente internacional que influye: el hecho de que en Reino Unido se vea este debate desde hace tiempo condiciona cómo lo vivimos aquí. Vemos incluso cómo han empezado a surgir Alianzas LGB [grupos de gais, lesbianas y bisexuales], excluyendo la T de trans, y cómo si analizamos las conexiones entre ellos vemos que vienen del Reino Unido y que se han implantado de manera meramente virtual en distintos países. Por último, a posiciones conservadoras les interesa que se le dé voz a estas ideas, y no se puede menospreciar la alianza tan estrambótica entre Lidia Falcón y Libertad Digital u otros medios de ultraderecha para hablar de estas cuestiones, o cómo medios de derechas han dado voz a feministas para oponerse a esto cuando hace un tiempo estarían tirándose de los pelos.

P. ¿Cree que la ley va a salir adelante?
R. Tengo la esperanza de que al PSOE le importe más que la dinámica partidista el hecho de que, siendo un partido de Estado, le interese canalizar y asimilar los avances LGTBI. La ley creo que eventualmente se aprobará, pero tampoco porque el PSOE sea una fuerza magnánima, sino porque será lo que mayoritariamente le interese. A no ser que el debate se contamine hasta tal punto que le vaya mejor dando más voz y voto a la transfobia.