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lunes, 26 de agosto de 2019

#hemeroteca #bromance | La tensión sexual no resuelta (o sí) en las ‘películas de colegas’

Imagen: El País / Leonardo DiCaprio y Brad Pitt
La tensión sexual no resuelta (o sí) en las ‘películas de colegas’.
Así ha evolucionado la masculinidad en Hollywood a través de las ‘buddy movies’.
Juan Sanguino | El País, 2019-08-26
https://elpais.com/elpais/2019/08/23/icon/1566552479_885993.html

Dos personas incompatibles que, por circunstancias de la vida, se ven obligadas a pasar tiempo juntas acabarán aprendiendo a tolerarse, a apreciarse y a hacerse mejores personas la una a la otra. Cuando son un hombre y una mujer se le llama comedia romántica. Cuando son dos hombres, ‘buddy movie’ (película de colegas). Y todos son hijos de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.

La primera mitad del siglo XX, la de Laurel y Hardy o Dean Martin y Jerry Lewis, presentó las parejas masculinas como escapismo (ante la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial), pero los setenta les dieron por fin un propósito: dinamitar el sistema con una detonación controlada que saciase el ansia del público por ver el orden caer. La excusa para juntarlos era el movimiento social ('Cowboy de medianoche'), literal ('Easy rider') o en huida hacia adelante ('Dos hombres y un destino'). Y entre el público masculino está mucho mejor visto emocionarse con una amistad entre dos tíos que con un romance entre un hombre y una mujer.

Con la 'buddy movie' interracial, los ochenta reintegraron el subgénero en el sistema: trabajar juntos para mejorarlo, tal y como pedía amablemente el presidente Reagan, era una misión más importante que sus diferencias de clase (‘Entre pillos anda el juego’), de metodología (‘Límite: 48 horas’), de capacidades (¡No me chilles que no te veo’) o de valores (‘Arma letal’). 'Thelma y Louise' consolidó una diversidad que ha acabado retrasando tres décadas la existencia de una ‘buddy movie’ con Leonardo DiCaprio y Brad Pitt (en la reciente 'Érase una vez en... Hollywod', de Quentin Tarantino).

Porque ellos llegaron a un Hollywood donde si dos protagonistas blancos, de sexo masculino y de la misma edad compartían póster, el público asumiría que eran idiotas (‘Dos tontos muy tontos’, ‘Wayne’s world’, ‘Beavis & Butthead’), dibujos animados ('Toy story’, ‘Shrek’, ‘Monstruos S.A.’) o enamorados sin saberlo (‘Le llaman Bodhi’, ‘Entrevista con el vampiro’, Matt Damon y Ben Affleck recogiendo su Oscar). Porque la ‘buddy movie’ de los noventa requería sensibilidad (‘Cadena perpetua’), diferencias reconciliables (‘Hombres de negro’), mentoría (‘Seven’), choque cultural (‘Hora punta’) y diversidad racial (todas las anteriores).

Y justo cuando la comedia romántica tradicional pasó de moda con el cambio de siglo, surgieron las comedias ‘brománticas’ (‘bromance’: dícese del amor no romántico entre dos hombres). En ‘Te quiero, tío’, Paul Rudd está a punto de casarse, pero de quien se queda prendado, con quien construye un espacio donde pasar tiempo juntos y discute, se separa y finalmente se reconcilia es con Jason Segel, su mejor amigo.

La comedia ‘bromántica’ derriba tabúes sociales sobre la intimidad entre hombres y sus protagonistas tienen menos reparos a pedir perdón, aprender lecciones, madurar y poner su felicidad en manos de otro si ese otro es su colega, porque no sentirán que su vulnerabilidad les está castrando. Si ‘Superfumados’ estuviese protagonizada por un chico y una chica, el 100% de sus espectadores asumiría desde la primera escena que acabarían juntos.

Porque los ‘buddies’ están hechos el uno para el otro. La tensión sexual no resuelta, que Santiago Segura resumió mejor que nadie en ‘Torrente, el brazo tonto de la ley’ en esa escena con Javier Cámara (“¿Nos hacemos unas pajillas?”, “sin mariconadas ¿eh?”), ha cancaneado en la ‘buddy movie’ desde que Laurel y Hardy hacían la cucharita para dormir. Y eso lo sabe Quentin Tarantino, uno de los primeros en proponer que ‘Top gun’ es, en realidad, una historia de amor no asimilado entre Tom Cruise y Val Kilmer.

'Érase una vez en... Hollywood' es también la primera ‘buddy movie’ de Tarantino con dos blancos (tras ‘Pulp Fiction’ y ‘Django desencadenado’) y ha tenido que ambientarla en la última década donde esa combinación no levantó cejas, los setenta, con un tipo que literalmente se juega la vida por su mejor amigo. La estrella de cine de tercera Rock Dalton (DiCaprio) y su doble en las escenas de acción, Cliff Booth (Pitt), escribirán una nueva página, atestada de diálogos chispeantes, en un subgénero que no pasará de moda mientras siga existiendo una crispación social que conciliar.

La última ganadora del Oscar, Green book, conectaba a los dos polos más opuestos posibles: un artista negro homosexual y un obrero blanco heterosexual. Quizá la única forma de revitalizar el género sea poner a dos tíos que están tan de acuerdo en todo que no se soportan. Claro que para eso ya está la vida real.

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #bisexualidad | No eres ni “heteroflexible” ni “heterocurioso”, eres bisexual

Imagen: 20 Minutos
No eres ni “heteroflexible” ni “heterocurioso”, eres bisexual.
Duquesa Doslabios | El blog de Lillih Blue, 2018-11-15
https://blogs.20minutos.es/el-blog-de-lilih-blue/2018/11/15/heteroflexible-bisexual-debate/

Basta con escribir en Google el término “heteroflexible” para que la red nos regale lo mejor del concepto, artículos del estilo “Es posible que seas heteroflexible y no lo sepas” o “¿Cómo saber si tu novio es heteroflexible?”.

Este último me produjo especial curiosidad ya que lo que comenta es que heteroflexible es aquel hombre heterosexual que, siempre de manera puntual, puede mantener relaciones sexuales o afectivas con otros hombres.

Pero, ¿esto no es eso precisamente lo que engloba la bisexualidad?

Parece ser que “bisexual” era un término con el que los hombres heterosexuales no se sentían a gusto a la hora de definir sus paseos por la otra acera.

Independientemente si te has dado una vuelta rápida o si ha sido una buena caminata, de esas de pararte a mirar los escaparates y comprar algo, cambiar de acera, lo que se dice cambiar, has cambiado.

Es como afirmar que por tomar sushi de vez en cuando no se considera que te guste el pescado, o al menos es lo que vienen a decir las palabras “heteroflexible”, “heterocurioso” o “bromance” que se dedican a dar vueltas sobre especificaciones nimias de si a los practicantes les gusta o no la penetración o si no besan pero sí que la chupan.

Una serie de jaleos innecesarios para categorizar algo tan sencillo como es que te puedas sentir atraído de una manera o de otra tanto por hombres como por mujeres (independientemente de los porcentajes o letras pequeñas que quieran añadirle al respecto).

Que surjan palabras para explicar conceptos que no existen como es el caso de 'hater', una palabra que tarde o temprano tenía que llegar a nuestro vocablo, lo entiendo, pero creo que no es el caso de la heteroflexibilidad.

Porque, en mi opinión, el hecho de tener que recurrir a esta palabra para explicar algo que lleva años existiendo es quizás la connotación negativa que pueda tener (todavía) la bisexualidad.

El estigma de que caigan los célebres “maricón”, “bujarra”, “reinona” o cualquier otro apelativo despectivo es demasiado grande.

Y para escapar, por lo visto, no queda más que la opción de inventar algo nuevo que no dañe la virilidad ni la estima de aquellos que se sienten inseguros con su propia identidad creando un término a estrenar, sin un pasado plagado de términos, que, más que seguramente, el propio heteroflexible (bisexual) incluso ha llegado a usar peyorativamente.

Las marcas sacando maquillaje masculino en envases oscuros o los botes de champú en negro o gris son los ejemplos de que, a estas alturas, de la importancia de la masculinidad. Porque todos sabemos que si un hombre se compra un champú cuyo bote sea de color pastel, se le caen los testículos y ruedan irremediablemente hacia el desagüe de la ducha.

Pero tranquilos, es muy español cambiarle el nombre a las cosas. Solo que por mucho que se llame “agresión sexual” sigue siendo una violación y por mucho que te definas como “heterocurioso” sigues siendo bisexual.

lunes, 5 de noviembre de 2018

#hemeroteca #homoerotismo #feminismo | Homoerotismo intelectual

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'El club de la lucha'
Homoerotismo intelectual.
Tasia Aránguez Sánchez | Estrella Digital, 2018-11-05
https://www.estrelladigital.es/blog/tasia-aranguez-sanchez/homoerotismo-intelectual/20181105135123357103.html 

La lesbofeminista Marilyn Frye escribió estas célebres palabras: "Decir que un hombre es heterosexual implica solamente afirmar que tiene relaciones sexuales exclusivamente con el sexo opuesto, es decir, con las mujeres. Todo o casi todo lo que es propio del amor, la mayoría de los hombres heterosexuales lo reservan exclusivamente para otros hombres. Las personas que ellos admiran, respetan, adoran, veneran, honran; a quienes ellos imitan, idolatran y con quienes cultivan vínculos más profundos; a quienes están dispuestos a enseñar y con quienes están dispuestos a aprender; aquellos cuyo respeto, admiración, reconocimiento, honra, reverencia y amor desean: son, en su enorme mayoría, otros hombres. (...) De las mujeres ellos quieren devoción, servidumbre y sexo. La cultura heterosexual masculina es homoafectiva. Cultiva el amor por los hombres."

Sobra decir que Frye no pretende criticar la homosexualidad, sino la transformación de las mujeres en instrumentos a la par que se nos excluye de la auténtica posibilidad de ser amadas. El amor (respeto, admiración, reconocimiento) es una prerrogativa masculina. Puede que esta reflexión nos resulte radical o que pensemos que es cosa del pasado, pero si observamos el mundo cultural constataremos que los hombres suelen escuchar la música de otros hombres, leer los libros escritos por otros hombres, ver las películas dirigidas por hombres, reflexionar sobre las teorías planteadas por otros hombres, construir con otros hombres proyectos políticos y que se proponen, con sus amigos, “transformar el mundo”. Se entregan a sus ídolos con el mismo entusiasmo exagerado del amor platónico y con el mismo fervor del deseo reprimido.

Hasta los niños rehúyen de las historias protagonizadas por chicas. Los hombres casi nunca leen los libros que escribimos las mujeres, ignoran los debates que se producen en los medios feministas, desprecian los interrogantes que nos desvelan a las mujeres y permanecen en la completa ignorancia de los dos siglos de teorías y categorías feministas. Las mujeres, en cambio, sí leemos las reflexiones de los hombres (aunque nos acusen de no opinar al respecto), nos empapamos de sus aportaciones culturales y continuamos desempeñando los papeles de “fan” y de discípula intelectual (que confirman su inconfesable presunción de superioridad), pero además, hemos construido una cultura en paralelo.

Desde la cultura se desdeñan las aportaciones del feminismo o se las reduce a una “parcialidad”, una “especialidad”, un asunto “de mujeres”, mientras los hombres se arrogan para ellos el privilegio de la razón universal. Cuando una obra cultural va sobre feminismo la descartan con un rápido gesto inconsciente y ellos mismos se privan de reflexiones que podrían iluminar los temas que les interesan. Justo al contrario de lo que nos acusan, es la cultura masculina la que se mantiene hermética, mientras la cultura feminista es mestiza y bebe de todas las fuentes. Las feministas no exponemos, como creen, quejas sobre asuntos femeninos. Desde nuestras profesiones y ocupaciones hacemos ciencia, arte, filosofía, política, deporte. Hablamos de ecologismo, de la muerte, del capitalismo, del amor, de medicina.

Nuestras reflexiones son de gran interés para enfrentar los temas de moda en los círculos intelectuales de la izquierda masculina: auge de la ultraderecha, populismo frente a republicanismo, renta básica o trabajo garantizado, decrecimiento, batallas culturales frente a lucha de clases, etc. Mientras los hombres de izquierdas reflexionan de forma circunspecta y solemne sobre el cambio civilizatorio, a su lado ha aparecido una gran ola que se está transformando en un tsunami y que amenaza con tambalear las estructuras sociales sobre las que hablan en sus tertulias endogámicas y vanidosas.

El feminismo constituye, en cierto sentido, una cultura autónoma de las mujeres. Usualmente, cuando llegamos al feminismo, apenas sabemos nada de lo que las mujeres han hecho y escrito a lo largo de la historia. Por eso es normal que pasemos un tiempo prolongado tratando de compensar este vacío: leyendo las grandes obras y escuchando a las intelectuales recién descubiertas. Es usual que este hallazgo nos llene de entusiasmo, porque acabamos de descubrir que somos alumnas de párvulos en lo concerniente a aportaciones fascinantes realizadas por la media humanidad de la que formamos parte.

Quien mira desde fuera puede pensar que nos recluimos en nuestros temas y espacios, que somos “una especialidad” que se encuentra al margen de la llamada “cultura universal”. Sin embargo, este hermetismo no es real. El feminismo está en permanente diálogo con la cultura escrita por hombres. Son los guardianes del hermetismo masculino que dominan las instituciones de la cultura quienes se empeñan en ignorar las aportaciones del feminismo y de las mujeres a la cultura. Los hombres intelectuales, desde su capacidad de financiar y organizar los Congresos y eventos, invitan a otros hombres como ponentes y no les importa la ausencia de mujeres en el cartel, o que estas tengan un protagonismo reducido. Las mujeres presenciamos su orgía homoerótica sintiéndonos extraterrestres infiltradas o planetas que se encuentran a años luz de estos brillantes soles.

Si eres mujer y te gusta la cultura, puede que te preguntes: ¿por qué hay pocas mujeres en el grupo de los mejores?, ¿dónde están mis hermanas?, tal vez estés mirando desde lejos los eventos sobre feminismo a rebosar de mujeres, pero te digas: yo no hago feminismo, yo hago Ciencia (o arte, etc.). Acercarse al feminismo supone todo un descubrimiento intelectual. De repente te encuentras esos cerebros brillantes de mujeres que estabas buscando. Pronto descubres que la teoría feminista no es solo (y no sería poco) un conjunto de categorías encaminadas hacia la emancipación de las mujeres, sino también un repositorio de la filosofía y la ciencia que han sido escritas por las mujeres y que la cultura dominante ignora.

Son las dinámicas excluyentes del homoerotismo intelectual masculino las que provocan que las mujeres necesitemos comenzar toda reflexión con una lucha por nuestra emancipación. El hermetismo masculino es asfixiante y aniquila la creatividad de las mujeres. Ya acompañadas y respaldadas por esa comunidad intelectual de mujeres, podemos hacer arte, hablar sobre ciencia, sobre filosofía y sobre todo lo que queramos. Por primera vez sabremos lo que es la reciprocidad intelectual, escuchar y ser escuchadas. A menudo los hombres intelectuales no esconden su desinterés ante todo lo que suena a feminismo y tienen la falsa impresión de que las feministas hablamos siempre de lo mismo y de que no entramos en los “grandes temas”. Mary Wollstonecraft les diría: “todavía con el mismo tema, diréis. Cómo voy a evitarlo si casi toda la lucha de una vida azarosa ha sido provocada por la opresión de mi sexo”.