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miércoles, 11 de octubre de 2017

#hemeroteca #transexualidad #trabajosexual | Barcelona impulsa ayudas para trabajadoras sexuales ‘trans’

Imagen: El País
Barcelona impulsa ayudas para trabajadoras sexuales ‘trans’.
El Ayuntamiento facilitará asistencia legal al colectivo para garantizarle acceso a la justicia en casos de discriminación y vulneración de derechos.
El País, 2017-10-11
https://elpais.com/ccaa/2017/10/10/catalunya/1507652681_333676.html

La concejal de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona, Laura Pérez, presentó ayer el programa Carolinas para mejorar la situación de las mujeres transexuales que ejercen el trabajo sexual en la ciudad, empoderarlas y garantizar sus derechos básicos.

Pérez explicó que se les facilitará asistencia legal para garantizarles acceso a la justicia en casos de discriminación y vulneración de derechos; se les facilitará información sobre sus derechos básicos y formación para mejorar su itinerario laboral.

Asimismo, se mejorará la formación de los trabajadores de la administración pública “interlocutores” con este colectivo, en especial en los cuerpos de seguridad como la Guardia Urbana y entre el personal sanitario y de servicios sociales.

Pérez afirmó además que se ofrecerá asesoramiento y asistencia letrada a las mujeres transexuales que ejercen el trabajo sexual con un servicio de acompañamiento jurídico a través de la agencia de Abordaje Integral del Trabajo Sexual (Abits) y de la Oficina para la No Discriminación (OND).

Mejorar la ocupación
La trabajadora sexual trans y miembro de la asociación Aprosex, Sabrina Sánchez, lamentó que muchas veces los profesionales médicos no saben cómo tratar a este colectivo. “Somos ciudadanas a pesar de nuestro género, nuestra orientación y nuestro empleo”, reivindicó.

La activista y técnica en inserción laboral, Belén Camarasa, defendió, por su parte, que hay mujeres que quieren continuar ejerciendo el trabajo sexual y que reclaman que se cumplan sus derechos, mientras que otras quieren hacer la transición hacia el mercado laboral formal.

Pérez explicó que Las Carolinas era el nombre con el que eran conocidas las personas trans en del barrio barcelonés del Raval en los años 30, y subrayó que el Gobierno municipal quiere centrarse en las “especificidades” de las mujeres transexuales.

El Ayuntamiento también activará el Plan de mejora de la ocupación de las trabajadoras sexuales, un proyecto impulsado por Abits, Barcelona Activa y entidades del tercer sector a partir del primer trimestre del 2018. Además, se incluirá a este colectivo en los programas municipales de inserción laboral que se pongan en marcha.

miércoles, 6 de julio de 2016

#hemeroteca #travestis #memoria | Barcelona, 1931, una manifestación gay recorre las calles

Imagen: El Periódico / La vespasiana de Genet en 1914
Barcelona, 1931, una manifestación gay recorre las calles.
Jean Genet relata en la autobiográfica 'Diario del ladrón' un Día del Orgullo LGTBI muy anterior a la existencia de esta celebración.
Carles Cols | El Periódico, 2016-07-06
https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20160706/barcelona-1931-una-manifestacion-gay-recorre-las-calles-5251661

El saber wikipédico sitúa en el 28 de junio de 1969 el kilómetro cero de las celebraciones del orgullo gay. Fue en Nueva York, dicen, porque aquel día los clientes del bar Stonewall Inn, punto de encuentro de la comunidad homosexual, se hartaron de las redadas policiales. Pero, aunque con mucho menos ruido, puede que la primera manifestación gay documentada haya que situarla en verdad en Barcelona y en una fecha indeterminada, probablemente de 1931.

Lo ocurrido lo retrata Jean Genet en su autobiográfica ‘Diario del ladrón’, una de las mejores mirillas que se pueden encontrar en una biblioteca para fisgonear en el Raval más sórdido, en este caso en el de los años 30. El novelista francés recoge en una de las páginas un acontecimiento que le sorprendió. Un grupo de hombres travestidos, al parecer algo muy común en aquella década, fueron a llevar flores a las ruinas de un urinario situado en la parte baja de la Rambla. Mejor, sin embargo, que lo cuente él propio testigo.

El fragmento
“Estaba (se refiere al urinario) cerca del puerto y del cuartel, y la cálida orina de millares de soldados había corroído su chapa de metal. Al constatar su muerte definitiva, las Carolinas, con chales, mantillas, trajes de seda y chaquetillas ajustadas acudieron a ella en solemne delegación para depositar un ramo de flores rojas anudado con un crespón de gasa. El cortejo partió del Paral·lel, torció por la calle de Sant Pau, bajó por la Rambla hasta la estatua de Colón. Eran las ocho de la mañana, el sol iluminaba la escena. Las vi pasar y las acompañé de lejos. Sabía que mi puesto estaba en la comitiva: sus voces heridas, sus gritos de dolor, sus gestos exagerados, se proponían atravesar el espeso desprecio del mundo. Las Carolinas eran grandiosas: las Hijas de la Vergüenza. Llegadas al puerto, torcieron a la derecha en dirección al cuartel y sobre la chapa herrumbrosa y hedionda del meadero público, sobre su chatarra muerta, depositaron las flores”.

Las Carolinas eran, obviamente, hombres de pelo en pecho, habituales de las vespasianas, ese tipo de urinario de calle que adoptó Barcelona a finales del siglo XIX, inspirados en los modelos originales de París, y que tantos quebraderos de cabeza dieron a las autoridades. En Francia sobrevivieron hasta muy avanzado el siglo XX, pero en Barcelona, que durante un tiempo fue conocida como la ciudad de las bombas, fueron el blanco ocasional de grupos anarquistas y eso precipitó su desaparición. Eran un lugar perfecto para colocar un explosivo y huir. Del que habla Genet, situado en la Rambla de Santa Mònica, sa sabe que saltó por lo aires tres veces solo entre 1904 y 1908, aunque por el relato del autor parece que lo que precipitó su eliminación fue la corrosión del ácido úrico.

La Criolla
Esa, en cualquier caso, no es la cuestión. Lo fundamental, ya que se celebra el Día del Orgullo Gay, es la desinhibición de Las Carolinas, que hoy puede parecer fuera de época, pero que no lo es tanto si rebusca en la historia del Raval de los años 30, cuando locales como La Criolla eran célebres por su ambiente homosexual. Ni siquiera era un lugar de encuentro discreto, como un Stonewall Inn antes de hora. Allí acudía incluso la burguesía barelonesa, no necesariamente a buscar pareja, sino a ver qué se cocía en ese caldero, de prostitutas, drogas, armas y, como le gusta decir a Nazario, maricones.